«¡Qué fastidio!»
Sentado de lo más aburrido con la mejilla apoyada en una de
sus manos, Jaejoong sopló sobre un mechón de cabello rebelde que se empeñaba en
caerle sobre el rostro para fastidiarle. Era viernes por la tarde y no había ni
una sola clase que pudiera salvarle de prolongar por más tiempo aquella
tortura.
¿Cuánto tiempo tenía sentado en aquel lugar, escuchando sin
escuchar una y otra vez las mismas preguntas? Estaba fastidiado, acalorado y
demasiado aburrido. ¿Por qué había tenido que aceptar darle una entrevista
exclusiva a esa fastidiosa mujer?
«Ah sí, ahora lo recuerdo. Se lo prometí a Taeyeon para
ayudar a Jessica a salir de la depresión»
Era una suerte que la pelirroja le hubiese mandado, el
jueves por la mañana, una especie de libreto con lo que se suponía que debía
decir en la entrevista. Se lo había aprendido auto convenciéndose de que se
encontraba representando un papel, porque lo que era Im Yoona, parecía fiscal
luchando por obtener información de un acusado a muerte. Le repetía una y otra
vez la misma pregunta, siempre de una manera distinta tratando de hacerlo
cometer un error y atraparlo en la mentira. ¿Taeyeon sabía que Yoona era de esa
forma? Quizá sí, y por ello le había enviado el guion.
—No. —respondió por enésima vez, seco, a la pregunta:
“¿Mantienes alguna relación romántica con Changmin?”
Intentaba revolverlo, confundiéndolo para obtener respuesta
a lo que en verdad le interesaba. Preguntaba siempre lo mismo y en diferentes
maneras, pero siempre conseguía la misma respuesta.
—Ya le he dicho que no mantengo ninguna relación con
Changmin, ni siquiera somos amigos, y si le acompañé a los BIFF fue porque
perdí una apuesta.
Sólo que la mujer no parecía entender, cual si le hablara en
árabe o tailandés, porque seguía insistente sobre el mismo tema. La pregunta
que a él le había interesado contestar había pasado muy rápido, porque lo de
Jessica y su rompimiento no parecía interesarle tanto como averiguar si
mantenía alguna clase de romance con el frío y antipático actor.
No tendría que haber aceptado esa entrevista, pero lo había
prometido y ahora debía cumplir, si eso ayudaba a su rubia amiga. «¿Por qué
diablos tengo que ser tan blando con las mujeres? ¿Acaso no soy gay?» se
preguntó mientras volvía a soplar ese mechón de cabellos rebeldes sobre su
rostro. Había sido una buena idea el que Taeyeon le enviara por e-mail ese
libreto con todas las posibles preguntas y lo que él debería de responder. «¿Serán
los actores psíquicos para conocer estas cosas? Aunque tal vez sea sólo la
experiencia con estos buitres cazadores de noticias». Pero fue gracias a
aquello que cuando Yoona comenzó a cuestionarle sobre Jessica, sólo interpretó
su papel de ex novio sin temor a mentir.
No obstante, sus pensamientos estaban muy lejos de cada
pregunta hecha con verdadera saña. Su mente se encontraba todavía suspendida en
aquellas palabras que Changmin le hubiera dicho en un tono que nunca antes
hubiera imaginado. El ‘Te amo’ se había quedado haciendo eco en sus oídos,
grabado, al grado de continuar escuchándolo muchos minutos después de haber
sido pronunciado. Y al abrir la puerta, no fueron sino los rostros de miradas
inquisitivas de Yoochun y Hangeng quienes le recibieron, pero había estado tan
aturdido, tan dolido y desquebrajado que quizá su pálido semblante y la torpeza
con la que se hubiese abierto paso logró que sus amigos no le detuvieran. Medio
escuchó una que otra pregunta y medio musitó una que otra respuesta sin
sentido, hasta que llegó a su habitación y consiguió encerrarse, deslizándose
de espaldas contra la puerta cerrada hasta que llegó al suelo. Apoyó el rostro
entre sus rodillas y dejó que los espasmos de dolor se apoderaran de su cuerpo.
No entró a clases, y tampoco salió del cuarto en todo el día, ni para cenar.
Quizá lamer sus heridas en soledad, sin nadie que le viera sufrir.
A Im Yoona no le mentía al decirle que Changmin y él ni
siquiera eran amigos, pues cualquier relación que tuvieran o hubieran tenido,
había terminado en cuanto descubrió que sólo había sido una herramienta en
medio de la venganza de su madre. No había ninguna clase de sentimiento amoroso
para él en el corazón de hielo del menor. No podía confiar en él, jamás debería
haberlo hecho, haberle entregado el corazón (y el cuerpo) como lo hizo, pero ya
no había marcha atrás; lo había hecho, y ahora sólo le quedaba recoger los
pedazos e intentar remendarlo.
Sólo que no podía olvidarlo tan fácil. A pesar de todo,
seguía sintiendo amor por ese desgraciado. Por más que trataba de odiarlo, no
podía… Su corazón se negaba en rotundo y su cuerpo le secundaba, porque también
extrañaba sus caricias, su calor, su aroma…
«¡Diablos, no!»
No podía, no debía olvidar todo lo que había padecido con
ese desgraciado, arrogante, engreído y frío actor. Todavía sentía sus últimas
palabras taladrarle el corazón.
“Te amo”. ¿TE AMO? ¡Era una cruel mentira! Changmin sabía
que se había enamorado de él y trataba de aprovecharse. Le había dicho que lo
odiaba, pero no podía odiarlo, porque no podía dejar de amarlo aunque no se lo
mereciera.
No quería saber nada más de Changmin, y aun así, tuvo que
verlo. Aunque fue una coincidencia.
Yoochun le había ido a buscar para llevarle algo de cenar, y
aunque no tenía nada de hambre, lo tomó agradeciéndoselo; Entonces lo vio,
acercándose por el pasillo. Ambas miradas chocaron por un instante. Su
hiperactiva imaginación comenzó a trabajar a mil y se vio a sí mismo siendo
atacado en su habitación, pero sacudió la cabeza y se dio prisa en girar hacia
el músico.
—¿Quieres cambiar de habitación conmigo esta noche? —La
mirada inquisidora que Yoochun le dedicó no le hizo retirar sus palabras. Ni
siquiera vio la otra mirada inquisitiva que Changmin les dedicaba a ambos,
reduciendo su paso para acercarse con exagerada lentitud hasta su habitación—.
Vas a salir esta noche, ¿no? Te voy a facilitar las cosas. No tendrás que
venir, tocar, cambiarte y salir. Saldrás a la hora que quieras y regresarás
igual —Yoochun siguió en silencio—. Así que, ¿cambiamos?
Empero la mirada del músico se deslizó por encima del hombro
de su amigo, notando cómo Changmin volteaba a verlos a ambos. Si la mirada del
chico fuese tan transparente como la de Jaejoong, quizá habría podido leer en
él la respuesta que quería que le diese al pelinegro. Pero leer a Changmin era
como leer dentro de una caja fuerte, por lo que tomó a consideración lo que
Jaejoong le proponía y asintió, escuchando cómo el menor cerraba de un sonoro
portazo y el modelo sonreía.
Según parecía, la pelea entre ambos debía haber sido fuerte,
pero Yoochun no podía hacer nada. Las cosas de pareja se arreglaban entre dos,
se dijo mientras llevaba sus cosas a la habitación de Jaejoong y éste llevaba
las propias hasta la del músico.
—Vamos, Jaejoong-ssi. No está bien que te hagas el sordo,
respóndeme. —pidió la voz irritada de Yoona, quien le regresó de golpe a la
realidad. Los ojos negros se clavaron en los castaños de la reportera—. ¿La
relación oculta que mantienes con Changmin se terminará cuando te vayas a Seúl?
Jaejoong frunció el ceño molesto, se estaba cansando de que
continuara con lo mismo. No podía seguir siendo sutil, tenía que ponerle un
alto y ya. Colocándose de pie sin despegar la vista de la mujer, respondió.
—No. Ya le he dicho que yo no mantengo ninguna relación
amorosa con ese idiota, ni con ningún otro hombre. Y no estoy interesado en
relaciones gay de ningún tipo. ¿Me voy a Seúl? Sí. No tengo idea de cómo te
enteraste. No dejo aquí ningún corazón roto —Esperaba—. No tengo ningún
conocido en la capital, así que no voy a encontrarme con alguien allá, sólo voy
a trabajar. ¿Satisfecha? —cuestionó cortante, pero Yoona le observó con una
sonrisa en los labios, girándose después hacia el joven que sostenía la cámara
tras ellos.
—Apágala, Taemin. —Jaejoong alzó la vista al instante, se
había olvidado de que le estaban grabando. Ahora esa mujer tenía suficiente
material para meterlo en problemas. Tal vez lo tacharan de agresivo, aunque
ella se lo había buscado insistiendo sobre lo mismo sin cesar. Si llegaran a
pasar toda la entrevista la gente lo sabría, pero bien sabía también que
siempre editaban a su conveniencia y, muchas veces, sólo buscaban una nota
escandalosa omitiendo ciertas cosas.
—¡Ya conseguiste lo que viniste a buscar! —atajó molesto,
pero su mueca de fastidio cambió a una de dolor al recordar esa misma frase de
labios de Changmin, aquella vez de su primer beso. Trató de mandar al fondo de
su corazón ese sentir para poder dar por terminada esa entrevista, sin embargo,
Yoona parecía tener otros planes.
—¿Por qué Changmin te dijo esto al terminar los Blue Dragon
Film Awards? —Acto seguido, la mujer encendió la pequeña grabadora que tenía en
mano y su voz inundó la habitación por segundos.
“¡Desgraciado!”
“Te lo advertí.”
Jaejoong se sintió perturbado, como si fuese un ladrón
descubierto con las manos en la masa. Lo recordaba, claro que lo recordaba.
Changmin lo había besado justo al momento en el que bajaba las escaleras rumbo
al panel de entrevistas, donde aún se encontraba Jessica hablando con los
reporteros. ¿Los había visto? ¿Era por eso que insistía tanto en preguntar por
su relación con Changmin? ¡Maldición! ¿Hasta cuándo estaría Changmin metiéndolo
en problemas? Acababa de obtener el papel principal en la obra de El Fantasma
de la Opera, no podía salir una noticia escandalosa que se lo quitara. ¡No
podía ser! ¿Y ahora qué podría decirle a la reportera? Maldición, ¿qué?
Los latidos de su corazón le ofuscaban, latiendo tan fuerte
que casi podía sentir que las dos personas en la sala de prensa podían
escucharle. Tenía que calmarse y adoptar una postura fría, serena; trataría de
imitar el estoicismo de Changmin, mandando al fondo de su corazón todo lo que
sentía. Apretó fuerte los puños y sin importarle que todavía hubiera un
camarógrafo que quizá continuara grabando a pesar de la orden previa de no
hacerlo, procedió a explicarse en voz baja pero suficientemente alta como para
ser escuchado por ambos.
—Mantengo cero relaciones, amorosas o sexuales, en estos
momentos —Al fin y al cabo, no estaba mintiendo—. Y en el pasado las tuve con Boa
y con Jessica —Por lo menos las oficiales—. No ha habido ni habrá ningún hombre
a quien pueda llamar ‘amor’ de verdad —Porque Changmin no lo quería—. Lo que
traes grabado fue parte de una discusión previa y lo que casi suscitó la
apuesta que me llevó a los BIFF. No intentes encontrarle tres pies al gato
—sonrió al notar la expresión de desilusión en el rostro de la reportera—.
Entre Changmin y yo hay una profunda revalidad. A veces nos toleramos, ya que
estamos juntos en clases y un par de talleres, pero no hay amistad entre ambos.
—¿Lo odias? —La pregunta le hizo enderezarse en su lugar,
extrañado. ¿Lo odiaba? Se lo había preguntado a sí mismo, pero la respuesta
llegó demasiado rápido. Y así de rápido intentó desecharla.
—¿Debería? —devolvió a su vez, evitando que la respuesta se
viera en su mirada. No sabía si aquella mujer podría leerle igual de fácil que
lo hacían sus amigos, pero esperaba que no.
—No lo sé, dímelo tú. Changmin se caracteriza por ser muy
agresivo. He sabido por una buena fuente que has tenido varios enfrentamientos
con él en la escuela, incluso llegando a los golpes. Todavía ayer se encerraron
para discutir. Primero en tu habitación, después en la de él. —relató Im Yoona
con el orgullo de saberse capaz de sorprenderlo, pero Jaejoong no estaba
dispuesto a dejarse sorprender.
—¡Vaya! Sólo falta que me digas de qué hablamos para que
completes tu reporte —masculló mordaz. Empezaba a sentirse atacado y no sabía
cómo reaccionar. Quizá lo mejor fuera terminar con eso—. Tus espías te tienen
bien informada.
—Por supuesto, ese es el trabajo de las fuentes —enmarcó una
mueca en forma de sonrisa—. Entonces, ¿lo odias? —insistió. Jaejoong bajó la
vista. Debería odiarlo, pero no podía.
—No —concluyó dándose la vuelta para andar hasta la puerta, girándose
antes de abrirla para dedicarle una sonrisa—. Con esto damos por terminada la
entrevista. —Y entonces sí, salió a toda prisa rumbo a su habitación.
Im Yoona apagó la grabadora que había mantenido encendida
bajo la mesa. Tal vez no había obtenido lo que había ido a buscar, pero no
quitaría el dedo del renglón hasta averiguar a ciencia cierta si había o no
alguna relación entre ese par.
—Vámonos, Taemin. Ya tenemos suficiente material.
—Claro. —asintió el chico guardando todo el equipo para
salir de la escuela.
–.—.—.—.—.—.–
Ese domingo había transcurrido más caluroso de lo normal,
por lo que había decidido salir a nadar en la piscina del colegio, aprovechando
que casi no había alumnos en la escuela y que, gracias al alboroto y la locura
que causaban los Asian Film Awards en el mundo del entretenimiento, su trabajo
como modelo se había pospuesto para dentro de un par de semanas más adelante.
Ahora corría por los pasillos que llevaban a las
habitaciones del ala Este, destilando agua porque había salido a las prisas
tras darse cuenta que la alfombra roja estaba casi a punto de empezar. Ni bien
había tomado una bata de toalla para envolverse en ella había salido presuroso
hasta su cuarto para darse una ducha rápida, cambiarse e ir con sus compañeros
para escuchar lo que comentaban los críticos de moda sobre el traje que Boa
había diseñado. No iba a perderse el desfile de estrellas y no, no era por ver
a Changmin, sólo quería cómo calificarían a su amiga, ¡nada más! Changmin había
dejado de ser importante. Se había convencido a sí mismo de que no había
posibilidad alguna de regresar a sus brazos… o su cama, y con tal de
reafirmárselo, Changmin parecía haberse cansado demasiado pronto de tratar de
convencerle de que le amaba.
Al comienzo habían sido recaditos bajo la puerta al
encontrarla cerrada, al igual que con la del balcón, pero no había leído
ninguno, rompiéndolos en mil pedazos para arrojarlos al cesto de basura. La
primera noche tras volver a ocupar su cuarto lo escuchó tocando el cristal, tratando
de abrir la puerta, pero la había cerrado bien y las cortinas impedían ver el
interior; por lo que no pudo notar cómo se cubría la cabeza con la almohada
para no escucharle, luchando por mantener a raya sus sentimientos y su cuerpo
bajo control. Porque de haberles dejado libres, sin importar lo que Changmin
había hecho, habría corrido a él para entregarse, para amarse aun si el actor
sólo le estuviera utilizando.
—Jaejoong, por favor, abre… Tenemos que hablar.
Y así apretó más la almohada sobre su cabeza para bloquear
el sonido. Su corazón latía tan apresurado que creyó en cualquier instante se
saldría de su cuerpo, pero aguantó aquel martirio y, poco a poco, fue
quedándose dormido, arrullado por la voz del menor quien tono quedo le pedía
una y otra vez que le abriera.
Llegó a las escaleras del ala Este y casi resbala por el
agua que aún destilaba. Ya no había nadie por los pasillos, lo que quería decir
que quienes se habían quedado el domingo en el colegio ya se encontraban en la
sala de estar. Al llegar a su habitación sacó las llaves del bolsillo de la
bata, abriendo la puerta a la carrera y estampándose de espaldas contra ésta
cuando dentro se encontró con quien menos esperaba ver.
—¿Qué diablos haces aquí? —alzó la voz alterado. Aquello
tenía que ser una broma provocada por sus estúpidos pensamientos de recién—.
Changmin… ¿Cómo entraste? Todo estaba bien cerrado. —Recordaba perfecto haber
echado llave a las puertas de la entrada y el balcón.
Pero el alto chico no se movió de su lugar, sentado en la
silla del escritorio con las piernas cruzadas mientras su mirada se escurría
por la figura semi cubierta del modelo. Jaejoong se dio cuenta y se sintió
estremecer. ¿Por qué algo tan simple le hacía reaccionar así? Debería que dejar
de sentir cosas por ese desgraciado, pero le era inevitable, su cuerpo
reaccionaba sin su permiso. En un intento por controlarse, apretó los ojos y
puños con fuerza, adelantándose para reclamarle.
—¡Dime cómo diablos entraste! —exigió, mirando entonces cómo
Changmin le mostraba una tarjeta de crédito Amex Black.
—Es increíble lo que puedes hacer en estos días con un
pedazo de plástico. —Jaejoong frunció el ceño molesto.
—¡¿Sobornaste a una de las mucamas pasando con eso en lugar
de efectivo?! —Changmin se levantó de su sitio con suma seriedad, lo que hizo
que el pelinegro retrocediera.
—No seas idiota, sólo forcé la puerta del balcón. —Jaejoong
parpadeó un par de veces hasta que vio por sobre el hombro del menor cómo las
cortinas del balcón se agitaban. De nuevo su hiperactiva imaginación le había
hecho pensar de más.
Ignoró por completo la burla del chico y trató de serenarse
ante la increíble presencia de Changmin tan cerca. Tenía que calmarse, mandar
al fondo de su alma todo lo que su simple presencia le provocaba. Tenía que ser
tan frío y controlado como lo era él, o por lo menos aparentarlo. Pero estaba
tan consciente del aroma que la figura del actor desprendía, de ese olor a
colonia cara que tan bien conocía y le ponía los vellos en punta, que el
controlarse le resultaba una tarea titánica.
Sabía ya lo que un simple beso le podría ocasionar, la
reacción que había aprendido a aceptar gracias a aquella maldita apuesta; pero
ahora también descubría que su sola presencia bastaba para hacerle estremecer. La
sola mirada ajena recorriéndole le provocaba escalofríos que iban de la cabeza
a los pies, sin que pudiera detenerlos. Necesitaba calmarse, serenarse, y eso
sólo lo lograría hablando, hablando mucho para olvidar todo lo que Changmin le
hacía sentir.
—Deberías estar ya en los premios. —rompió el tenso
silencio.
—Todavía tengo tiempo —aseguró tranquilo y arrogante—. Soy
uno de los invitados principales, así que puedo darme el lujo de llegar casi al
final de la alfombra roja si me place.
—El mismo arrogante de siempre. —revoleó la mirada un
instante antes de regresarla al actor. Lo estudió por un instante y sonrió—. Me
gusta. —señaló al frente, con lo que Changmin le regresó una mueca a modo de
sonrisa.
—Ya sé que te gusto. —Jaejoong arrugó el ceño, sabiendo que
distorsionaba sus palabras para usarlas en su contra.
—¡Tú no, idiota! El traje que te hizo Boa, porque es ese,
¿no?
—Sí, pero no he forzado la puerta y venido hasta acá para
hablar los Asian Film o el traje de tu amiga. Quiero que sepas…
—¡No quiero oír nada! —negó enfurecido, evitando que más
mentiras salieran de la boca del actor, mentiras que sus oídos pudieran atender
y creer—. Ya te escuché lo suficiente y no has dicho nada nuevo.
—Jaejoong, ¿por qué no crees que te amo? —El menor intentó
acercarse, pero el modelo alzó la mano para indicarle que se detuviera.
—¡Porque te odio! —Y aunque intentó imprimir fuerza en la
declaración, lo único que había conseguido salir había sido un quejido incapaz
de convencer a nadie.
—No, tú me amas. —No lo había conseguido. Pero algo debía
hacer para que le creyera, aunque… ¿cómo convencer a Changmin de algo de lo que
no podía ni convencerse a sí mismo?
—Lo que te dije aquella noche fue sólo un arrebato de
pasión. No era cierto. —Mintió. Bien sabía que cuando un hombre buscaba llevar
a una mujer a la cama era común decirle que le amaba, y quizá ahora funcionara
igual; si bien cuando se había confesado a Changmin, ya se había entregado en
cuerpo y alma.
—No fue la primera vez que te oí decirlo. —aseguró el
castaño con tal calma y claridad, que cuando las palabras taladraron la mente
del pelinegro, la inseguridad asomó a su rostro.
—¿Eh?…
—La noche que quisiste matarme —Los ojos negros de Jaejoong
se abrieron al momento. Sus manos habían actuado siguiendo las órdenes de su
cerebro y por poco y lo había ahorcado—. Te seguí hasta el teléfono público y
te escuché hablar.
El corazón de Jaejoong casi botó de su pecho. Había corrido
como loco fuera de la escuela hasta aquella cabina telefónica, marcando un
número que se sabía de memoria. ¿Changmin le había escuchado hablar con el
amigo? ¿Qué tanto había escuchado? ¿Qué tanto sabía de sus verdaderos
sentimientos? ¿Le había escuchado decirle al amigo que lo amaba? ¿En dónde se
había escondido que no lo había visto? Aunque… había estado tan afectado, tan
aturdido que bien habría podido estar a sus espaldas y no se habría percatado.
—¿Cuánto oíste? —ahogó intentando controlar sus brazos y
piernas que temblaban de miedo.
—Lo suficiente. Sé que me amas, sé que…
—¡No! —gritó fuerte—. Sólo fue una confusión provocada por
el shock de la violación. ¡Y no digas que no lo hiciste! Te pedí muchas veces
que te detuvieras y no paraste. —declaró, desesperado por aferrarse a esa
versión.
—¡BASTA, JAEJOONG! —Changmin apresó al mayor contra la pared
de la habitación, donde su calor le impregnó por completo, acalorándolo al
acto.
—¡Suéltame! —forcejeó, jalando de la tela del traje con
fuerza, si bien Changmin no se movió, sino que oprimió más su cuerpo contra el
mayor.
La bata se abrió por el movimiento y la piel blanca y
cremosa bajo la gruesa tela de toalla quedó expuesta.
La mirada oscura se clavó en la castaña, pero por más que
intentaba soltarse no lo conseguía. Changmin lo tenía bien sujeto, sin signos
de querer liberarle. ¿Qué pretendía? Volvió a jalar la tela del saco y un
pequeño rasgón, como si la tela hubiera cedido, resonó.
—Procura no romper el traje que con tanto esfuerzo hizo tu
amiga para mí.
Las manos de Jaejoong se detuvieron de inmediato, recordando
que aquel traje era la calificación de Boa, no podía arruinarlo. La chica había
trabajado tanto en él, incluso cosiendo por las noches y fines de semana para
olvidarse de toda diversión. No, no iba a ser él quien rompiera la primera
oportunidad de su amiga de fungir como diseñadora profesional. ¿Acaso Changmin
lo había planeado? ¿Por eso se había vestido con aquel traje, a sabiendas de
que él no podía hacer nada para librarse si le llegaba a sujetar?
—Eres un idiota, lo tenías planeado. —acusó, pues bien sabía
que el actor no era alguien que actuara por impulso, todo lo tenía siempre bajo
control, bien planeado… como tomarlo a él como amante.
—¿Cómo no quieres que me abalance sobre ti dejando tan poco
a la imaginación con un traje de baño tan ceñido como el que llevas puesto? —La
mirada del menor le recorría hambrienta, y un instante después le asaltó por
sorpresa.
Jaejoong sintió entonces aquellos labios apoderarse de los
suyos con salvajismo, lo que produjo en su cuerpo un chispazo de pasión que
desbordó ante el sólo roce de sus bocas. Había estado esperando ese ataque casi
desde que le viera cómodamente sentado en la silla de su escritorio y quizá
fuera por ello, su cuerpo permaneció controlado, cerrándole el paso a aquella
lengua que insistía por entrar a paso acelerado; ni siquiera sus manos se
movieron para responder a esas caricias. La frustración de Changmin ante la
poca respuesta pronto le fue palpable, pero no estaba dispuesto a ceder esta
vez a un impulso que lo llevaría a su propia destrucción.
—Respóndeme. —demandó el actor contra la piel de su cuello,
volviendo a apoderarse de su boca. Pero una vez más, mantuvo sus labios
sellados y sus manos empuñadas evitando así ceder ante él.
El duro miembro del menor se rozaba contra su vientre,
estremeciéndole pese a que su cuerpo consiguiera mantenerse, ante todo, bajo
control. Sus manos se mantenían a sus costados y sus ojos fuertemente cerrados,
luchando por no responder a las caricias que le enloquecían, a los labios que
presionaban intentando acceder, pero no, no respondería, no cedería… Obligaba a
su cerebro a recordar las duras palabras de la madre del actor; a su cuerpo a
recordar cómo había sido utilizado por ese frío actor como instrumento de
venganza; y a su corazón, hacerle entender lo mucho que Changmin le despreciaba…
Ante la frialdad de Jaejoong, el menor coló una de sus
piernas entre las del modelo, obligándole a abrirlas sólo para conseguir
enterrarse en su entrepierna, lo que le hizo respingar de dolor. Oportunidad
que él aprovechó para profanar la boca del pelinegro y besarlo con pasión,
salvajismo, probando y recorriendo su interior con hambre, de manera que la
sangre del mayor corriendo a toda velocidad inflamó su cuerpo, alertando a los
sentidos que tanto había intentado controlar. Sintió la lengua de Changmin
abrirse paso en su boca y haciéndole reaccionar al acto, endureciendo su
intimidad sin que él pudiera hacer más por evitarlo. Aquellos besos cargados de
deseo, de pasión, le arrebataban todos los sentidos, haciéndole olvidar todo
cuanto le había hecho sufrir, cuanto le había lastimado al saberse tomado sólo
por venganza.
El calor que las manos del actor le proporcionaba era
abrasador, quemaba su piel por dentro. Los largos dedos deslizándose con
lentitud a lo largo de su pecho incendiaban la pálida dermis, llevándose en su
camino la bata hacia su espalda, para llegar a su trasero.
—¡Detente! —exigió cuando aquella mano hubiera conseguido
deslizarse bajo el traje de baño, apretándole las nalgas para presionarlo
contra su cadera y hacerle notar cuán excitado se encontraba. Pero para su
sorpresa, Changmin sí se detuvo.
Escuchaba su respiración errática y acelerada junto a la
propia. ¿Hacía cuántos días que no tenía intimidad con nadie? ¿Sería por eso
que había reaccionado tan rápido ante aquellos besos y caricias? No lo sabía,
aunque sí se sentía desilusionado de que se hubiese detenido. Hubiera deseado…
¿Pero en qué tonterías estaba pensando?
Abrió de golpe los ojos, topándose de lleno con la mirada
ajena fija en su rostro. Parecía haberse recuperado demasiado rápido. ¿Qué
había pretendido atacándole de esa forma? ¿Desahogar sus nervios antes de ir a
la ceremonia? Ceremonia que iba a perder si no se iba ya mismo…
—¡Lárgate de aquí! —exigió enojado—. No volverás a conseguir
nada más de mí. ¡Nada! ¿Escuchaste, Témpano de Hielo Shim?
Changmin se separó sólo un poco, si bien era aún capaz de
sentir a la perfección su calor cerca suyo. ¿Por qué le había soltado? Nunca
antes lo había hecho, y cuántas veces le había pedido que se detuviera sin que
le hiciera caso.
—Pregunta —le escuchó decir de pronto. Jaejoong no entendió,
aunque el menor le veía fijo—. Tienes tatuado en la cara el signo de
interrogación, así que pregunta. ¿O prefieres que adivine? —Con un demonio.
¿Por qué tenía que ser tan transparente?—. ¿Quieres saber por qué me detuve?
¿Por qué no continué con lo que hacía si ya había logrado romper tus defensas?
—Jaejoong sintió sus mejillas arder, sabiéndose descubierto ante lo bien que el
chico le conocía. Sí, era verdad que había logrado romper su defensa, y quizá
si hubiese continuado… Para qué negarlo, era más que probable que hubiese
caído.
Entonces… ¿Por qué?
—Porque me lo pediste. Me detuve porque me pediste que lo
hiciera —Los ojos oscuros se abrieron de la impresión—. Las cosas jamás
volverán a ser como antes.
—Eso ya lo sé, ¡estúpido! —ahogó amargo, sin perder tiempo
en darle la espalda.
Respingó cuando sintió el toque tibio de la mano ajena sobre
su hombro desnudo, pero pronto se apartó y cerró la toalla que había
permanecido abierta. Al girarse lo acusó con la mirada.
No quería continuar viéndolo, pero ahí estaba él, ocupando
toda su habitación con su presencia. ¿Por qué se empeñaba tanto en seguir
molestándolo? ¿Por qué? Si lo único que quería era vengarse de su madre, ya lo
había hecho, ¿no? ¿O acaso faltaba algo más?
¡No quería ni imaginarlo! Si lo había convertido en su
amante por venganza, ¿qué faltaba por hacer? ¿Destruirlo por completo?
Tenía que largarse. Necesitaba sacarlo de su habitación y
tal vez, sabía cómo, aun sí muy dentro no deseaba que se fuera…
—¿Por qué no te has ido ya? —Y aunque había sonado fuerte y
hostil, su voz se volvió después un murmullo—. Vas a perder la ceremonia.
—Me alegra que te preocupes, pero todavía tengo tiempo de
llegar. Sólo quiero que me prometas que esta noche verás la TV. —Jaejoong
arqueó las cejas por el asombro. ¿Changmin le pedía ver la televisión? ¿Para
qué? Aunque el hecho de picarle la curiosidad le obligaba a verla, no era algo
que tuviera que importarle al actor.
—Eso no te importa. Yo sé si la veo o no, y si te veo o no a
ti. Todo lo que a mí concierte no tiene por qué importarte. —aseveró con tono
duro, pero la mirada de Changmin no cambió, igual de inmutable y fría. No
obstante, lo que diría después no coincidiría con su semblante.
—Pero me importa —afirmó, y un segundo después lo acorraló
contra la pared—. Lo que pienses, lo que sientas, hasta lo que te haga reír,
llorar o sufrir.
—¡Eres un maldito mentiroso! —lo encaró para empujarlo,
obligando al menor a retroceder un tanto. A punto estuvo de insultarle, de
recordarle cuánto le había hecho sufrir con la presión para volverlo su amante
cuando aquellos ojos castaños le detuvieron. Pero… ¿por qué Changmin le veía
así? Como si quisiera decirle algo, transmitir, convencerle de algo que jamás
podría creerle.
—Jaejoong… —Dio un paso para acercarse a él, pero el modelo
retrocedió asustado hasta la puerta. No le gustaba esa mirada. Prefería mil
veces la fría, autosuficiente e imperturbable que ya conocía, a esa que no
entendía… o no quería entender.
—Vete. —musitó firme, si bien desvió la vista lejos de él.
No quería seguir viéndole ahí, donde percibía su olor y su
mirada de deseo y algo más, que tanto le hacía reaccionar. Estaba casi seguro
de que si Changmin continuaba insistiendo, si llegaba a robarle los sentidos
como hacía unos momentos, quizá… No, no quizá, estaba seguro que caería y
volvería a su cama aunque no a su corazón.
—No quiero escucharte, no quiero verte ni saber de ti. Ojalá
te fueras de esta escuela o te ocuparas suficiente como para no verte hasta que
me vaya. Pero no voy a preocuparme, ocuparé mi agenda a tal grado que…
—Sólo ve la TV esta noche, y ojalá eso baste para
convencerte —le interrumpió—. Y ahora sí, tengo que irme o no alcanzaré a
hablar sobre el traje que llevo puesto.
Sin esperar más, el menor avanzó hacia él, aunque Jaejoong
se hizo a un lado para evitar a toda costa su cercanía. Sus ojos oscuros no
perdieron ni un solo movimiento del actor. Puro ver una de esas finas manos
tomar el pomo de la puerta y comenzar a girarlo. La puerta se abría, Changmin
empezaba a salir por ella y Jaejoong sintió en ese momento cómo su corazón
saltaba a latir desenfrenado; como si esos pedazos que había comenzado a
enmendar fueran a caer nuevamente al suelo.
Lo amaba…
LO AMABA
Y Changmin estaba a punto de irse de su habitación, y no
sabía si de su vida. Pero debía ser fuerte, porque el menor no le amaba, aunque
lo jurara o lo gritara a los cuatro vientos, no podía, no debía ni quería
creerle.
Bajó la vista lastimera por instantes, pero más pronto
volvió alzarse cuando algo tibio le tomó por la barbilla. Se encontró de frente
con aquellos ojos castaños que le miraban insistentes y no supo qué decir, la
voz se le fue y sólo fue capaz de sentir aquella corriente recorrerle desde la
barbilla hasta los pies. No pudo moverse al notar que el rostro del actor se
acercaba y, de improviso, le plantaba un suave beso en los labios, tan sólo
rozando sus labios con los propios.
Se sintió acalorar, con su cuerpo reaccionando ante aquella
tierna caricia que, sin darse cuenta, le provocó a cerrar los ojos para
disfrutar de aquel beso que no parecía exigirle nada, si bien la alarma en su
interior se lanzó en advertencia; se separó de golpe y arrugó el ceño.
—Sólo quería algo de suerte para esta noche. —aseguró el más
alto, dejando entrever su conocida sonrisa torcida. Jaejoong curvó la boca con
disgusto, luchando por no enrojecer.
—¡Pero tú no necesitas suerte! —protestó enfurecido.
—Ojalá te no te equivocaras, porque esta noche es cuando más
suerte necesito… —Jaejoong estaba aún enojado, por lo que no alcanzó a
comprender aquellas palabras.
—Pues ve y búscala con Fukutaro —recriminó con el enojo a
tope al recordar que aquel había sido uno de sus tantos amantes. Changmin
arrugó el entrecejo y Jaejoong notó que el comentario le había molestado; él no
tenía la culpa de que tal vez hubiese acabado mal su relación de amantes—. Ya
te dije que no volverás a conseguir nada más de mí. Ahora, ¡lárgate! —señaló la
puerta con un grito, tras lo cual Changmin salió con un sonoro portazo.
¿Suerte? ¿Desde cuándo a Changmin le importaba ganar un
premio?
Las yemas de sus dedos se deslizaron sobre sus labios,
acariciándolos ligeramente, recordando ese último beso que le transportaba a
aquella última vez en que hubieran hecho el amor.
¿Amor?
¿Realmente habían hecho el amor?
En esos momentos, ya no sabía qué pensar.
–.—.—.—.—.—.–
Era tarde, lo sabía, pero nunca había llegado temprano a esa
clase de eventos, ni siquiera cuando niño; tiempos en los que acudía gustoso en
compañía de su madre… o quien creía que era su madre. Sonreía y contestaba todo
cuanto le preguntaban.
A los 12 años dejó de asistir a la mayoría de ellos, y si
por alguna razón se veía obligado a ir, se las arreglaba para colarse por la
puerta trasera con tal de no ser visto por los paparazzi. Dentro del evento,
era acompañado por su representante, quien contestaba por él cuestiones de la
prensa autorizada a estar dentro.
Dejó de sonreír y empezó parecer siempre molesto. Se negaba
a responder a los reporteros y, en su contrario, comenzó a pelear con
periodistas y camarógrafos, ganándose el calificativo de conflictivo, agresivo
e inaccesible; convirtiéndose así en el chico malo del cine. No obstante y para
coraje de la prensa, su carrera iba en ascenso.
Así había llegado a ser ahora quien era, un actor de
renombre y capaz de influir en la gente –según la revista Asta TV–. Su nombre
en la cartelera era sinónimo de taquilla en toda Asia Oriental, razón por la
que le buscaban tanto. A lo largo de su carrera había conocido mucha gente y
recibido muchos premios, pero nunca el Bambú de Oro –El más codiciado por
todos–, y esta sería su única oportunidad de obtenerlo… como actor, porque iba
a retirarse para dedicarse a lo que más le apasionaba hacer, donde esperaba
ganar muchos más.
Giró la vista de nuevo hasta al interior de la limusina,
asintiendo a lo que su acompañante decía para regresar al exterior.
Hubiese deseado que fuera Jaejoong quien le acompañara, como
en los BIFF, pero el enojo del modelo –Bien justificado– le había impedido
escucharle. Sabía de antemano que antemano
que ni habiendo ido a verle pocas horas antes de la ceremonia influiría
en su decisión de acompañarle (¡Ah, qué bien le conocía!), por lo que ahora,
llegaría con alguien a quien nadie esperaría ver en ese lugar; ni siquiera
Jaejoong. Aunque también sabía que aquella presencia a su lado no haría
diferencia en el enojo del pelinegro. Ojalá se equivocara, pero bien sabía que
Jaejoong era tan o más orgulloso que él.
Y tanto que le criticaba su orgullo.
La limusina avanzó lento al ir llegando al Centro de
Convenciones Plaza. Las luces de los grandes reflectores iluminaban el cielo y
los flashes de las cámaras guiaban el camino de los actores invitados. El
tumulto de la gente alrededor del auto hizo que Changmin despertara de sus
pensamientos. Habían llegado.
La puerta a su lado se abrió y pronto apareció ante su vista
el inicio de la alfombra roja rodeada por un millar de luces centelleando.
Tener el privilegio de contar con un jet privado que le ahorrara varias horas
de viaje le había dado, también, la oportunidad de llegar pocos minutos antes
del comienzo de la ceremonia, pero sabía que sería tiempo suficiente para
cumplir con la diseñadora de su traje.
Suspiró un par de veces y apartó aquella máscara de frialdad
por una expresión más cálida.
—Vamos. —animó en voz alta al salir del coche para ver al
exterior del Plaza.
La gente a los alrededores gritaba su nombre, las cámaras de
los fans deslumbraban, los anfitriones de la alfombra, los conductores de los
programas de chismes, un par de helicópteros dando vueltas en el cielo; todos
estaban ahí guardando por ver al actor que llegaba y destrozarlo o elogiarlo.
Lo primero que le criticarían sería su tardanza, pero poco le importaba.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong se había dado su tiempo para darse un baño a
consciencia, borrando de su piel y sentidos el aroma que el actor había
impregnado por todo su cuerpo. Se había cambiado y encaminado no sin cierta
ansiedad hasta la sala de estar donde ya estaban casi todos reunidos, donde
buscando no tener que dar explicaciones por su tardanza, se siguió de largo
hasta la pequeña cocina para preparar unas palomitas en el microondas y
servirse un poco de refresco de dieta.
Cuando la puerta de entrada se abrió, nadie hizo caso,
siendo que la mayoría se encontraban sentados y acomodados conversando. Ese día
se caracterizaba por la poca afluencia de maestros o censores que les
restringieran la comida o la bebida, si bien el alcohol era algo que sólo metían
de noche.
Al alzar la vista, Jaejoong abrió los ojos asombrado de
encontrarse con la última persona que esperaba ver en domingo.
—Yoochun, ¿qué haces aquí? —preguntó apenas meter las
palomitas en el microondas. El músico sólo sonrió un poco—. No me digas que te
volviste a enojar con ella… —Pero su amigo negó.
—Tuvo un evento familiar al que no podía faltar. Me invitó,
pero preferí no asistir —Jaejoong apenas estaba abriendo la boca para preguntar
cuando Yoochun se le adelantó a explicar—. No le caigo muy bien a su padre.
—¿Cómo? Pero si tú eres muy agradable, su hija no puede
estar en mejores manos. —afirmó porfiado, con el tronar de las rosetas de
fondo.
—Gracias, aunque él no está muy de acuerdo con nuestra
relación. La mantuvimos en secreto por algún tiempo, así que ya era tiempo de
que se enterara y no le gustó… nada. —confesó con pesar.
—Lo lamento, Chun —Aunque él no entendía el porqué de tanto
secreto. Al menos estaba enamorado de una chica y no de un hombre—. Estoy
seguro que se solucionará pronto, cuando él te conozca mejor y sepa lo mucho
que su hija te ama, terminará por aceptarte.
—Ojalá sea así. Por lo pronto dejaré de quedarme los fines
de semana como antes, pero seguimos viéndonos en la sinfónica y los miércoles
en la noche, que es cuando me escapo del colegio para verle.
—¡Genial! Eso quiere decir que ya están bien ustedes dos.
—se animó Jaejoong intentando infundirle algo de esa alegría a su amigo, que
lucía tan cabizbajo.
—Sí, y es gracias a ti, Jae… —susurró el músico tan bajo que
el pelinegro fue incapaz de oírle, por lo que sólo se dedicó a ayudarle a
llevar las cosas a la sala de estar.
En el interior de la misma, todo estaba dispuesto. La legión
de estudiantes se encontraba dispersa, ya acomodados frente al televisor sin bajar
el volumen de sus conversaciones mientras escuchaban las críticas hacia las
vestiduras con que iban apareciendo los famosos. Algunos esperaban por ver la
llegada de Changmin con impaciencia, hasta que a alguien se le ocurrió iniciar
con las apuestas.
—Apuesto a que Changmin llegará con Taeyeon —codeó uno de
los chicos a Jaejoong—. ¿Tú qué dices, Jae? —insinuó tratando de sacarle
información a quien más parecía conocerle en algo. Al fin y al cabo, eran
rivales declarados.
—No creo, va a llegar con su representante, seguro —dijo
otro al voltear a ver al modelo, que seguía sentado con las palomitas en la
mano—. ¿Verdad, Jaejoong? Como en la mayoría de las premiaciones, excepto en
los BIFF, que fue contigo. —bromeó de buen ánimo, pero cuando Jaejoong se metió
un puñado de rosetas a la boca y perforó con la mirada al chico, éste dejó de
sonreír y retrocedió un poco.
—Eso fue sólo porque perdí una apuesta con él, así que no
esperen que apueste con ustedes. ¿Yo cómo sé con quién va a llegar? Tiene
bastantes conocidos como para ir con quien sea. Pero si yo fuese a apostar,
diría que llegará a la persona que más quiere en el mundo… —Las miradas de
extrañeza general recayeron sobre él ante el deje de amargura en su voz—.
Consigo mismo. —Algunos rieron, pero Yoochun y Hangeng se preocuparon de notar
tanta seriedad en su amigo.
Jaejoong regresó la mirada al televisor sin escuchar las
bromas que continuaron sobre el actor. La mayoría sólo estaba apostando. Él,
sólo esperaba ver las críticas al traje de Boa que, quizá, el muy engreído no
iba a llevar.
—¿Jaejoong? —llamó Yoochun sentándose a su costado—. Si
estás tan enojado con Changmin, ¿por qué estás así? —Hangeng se había acercado
al sofá donde ambos se encontraban, pero no dijo nada. Jaejoong frunció el ceño
de vuelta. ¿Acaso no podía ni ver la TV a gusto sin que ese desgraciado
apareciera en el tema de conversación?
—Estoy enojado con ese ególatra, Témpano de Hielo de Shim,
no con la TV y su contenido. Además, quiero saber qué crítica le darán al traje
de Boa, claro, si es que el idiota se lo iba a llevar. —Aún cabía la
posibilidad de que se hubiese cambiado de ropas antes de llegar a la
premiación, al fin y al cabo pudo haberlo rasgado al forcejear con él hacía
rato.
—No creo que Changmin haya dejado el traje aquí. Estoy
seguro que vestirá lo que le diseñó Boa —aseguró Hangeng ante la mala cara que
el modelo mantenía—. Ah no, no me veas así —recriminó al sentir los ojos de
pistola sobre él—. Él me prometió arreglarme una cita con el secretario del
embajador ruso y lo cumplió —aseguró sonriente, en lo que no perdió tiempo en
sacar la cartera de su bolsillo para mostrarle su interior—. ¡Miren! Mi visa de
trabajo.
Jaejoong cerró los ojos con pesar. Hangeng viajaría para
estar con su novio en poco tiempo, sólo estaba esperando esa visa para irse y
sabía que Changmin cumpliría su promesa de mover sus influencias para ayudarle.
Lo sabía, pero no podía aceptarlo: Changmin no siempre mentía.
Su corazón empezó a latir fuerte, desesperado y doloroso.
Alzó una mano para tocarlo, como si eso bastara para tranquilizarlo. ¡No!
Changmin no lo amaba, ni le amaría nunca. Tal vez se lo había dicho, pero había
sido sólo porque quería conseguir que lo acompañara a los Asian Film o porque…
porque… ¡Porque quería tenerlo de vuelta en su cama! Sí, eso seguro.
—¡Miren, miren! ¡Llegó Changmin! —fue el llamado de alarma
dentro de la sala de estar—. No ha bajado nadie más del auto, ¿irá solo?
El sonido distorsionado de las voces de sus compañeros
distrajo sus pensamientos y logró que Yoochun y Hangeng voltearan hasta la
pantalla por igual. Al parecer, no se habían dado cuenta de que no les había
puesto atención.
—No creo que haya ido solo —dijo otro de los apostadores—,
aunque no va a entrar con Taeyeon ni con Rain, ambos llegaron juntos hace rato.
—Va a entrar solo —aseguró alguien más con pesar—. Si
Jaejoong hubiera apostado nos habría ganado.
Pero el pelinegro sólo los observó sin decir nada, metiendo
otro puñado de palomitas a su boca. Estaba tan ansioso como ellos por saber con
quién llegaría el alto actor, pero se encargaba de mitigar su curiosidad
comiendo.
Changmin tomó la mano de su acompañante y el color negro y
dorado de un hermoso vestido de fiesta comenzó a ondear con el viento nocturno,
en tanto la bella mujer de largos cabellos oscuros y facciones occidentales
descendía de la limusina con una radiante sonrisa; la cual amplió al tomar del
brazo al actor.
Las palomitas cayeron de la boca abierta por la sorpresa de
Jaejoong. ¡No podía ser! Changmin jamás la llevaría a ella. Tenía que ser su
loca e hiperactiva imaginación haciéndole otra de sus bromas. Pero si fuera su
imaginación, ¿por qué parecía que todos sus compañeros se habían encontrado con
su misma sorpresa?
—¿Quién es ella? —fue la pregunta generalizada—. ¿Una
modelo?
—No, debe ser alguna actriz extranjera. Changmin es
americano, su familia lo es. —aseguró otro de los presentes, muy seguro de sus
palabras.
—Changmin es coreano —aclaró Jaejoong, asombrando a los
chicos—. ¿Qué? Su padre lo es, por lo tanto es coreano. Además, toda su vida ha
vivido aquí.
—¡Miren! ¡Ya lo van a entrevistar! —el aviso hizo que todos
guardaran silencio y regresaran su atención al televisor. Jaejoong dio gracias
al cielo por ello, casi había metido la pata al hablar de la familia del actor y
su nacionalidad. ¿Cómo era posible que si se odiaban a muerte pudiera saber
tanto de él?
La primera reportera en la alfombra se acercó casi corriendo
al actor y a su acompañante, micrófono en mano y camarógrafo detrás. Im Yoona
se detuvo al ver que le habían ganado la entrevista. No tenía más remedio que
esperar a que la chica terminara para poder acercarse.
—Changmin-ssi, ¿nos concede unas palabras por favor? —pidió
la joven con una sonrisa, y el aludido sólo cabeceó en acuerdo sin soltar a la
mujer que le acompañaba—. ¿Espera ganar el Bambú de Oro?…
Changmin escuchó y respondió con paciencia cada cuestión,
hasta que la medio sonrisa apareció cuando llegó la hora de las preguntas
clave.
—… Podemos ver que volvió a escoger un traje Armani, aunque
este estilo es más juvenil y moderno que el clásico al que nos tenía
acostumbrados. ¿Armani sacará nuevos trajes esta temporada?
—Este no es un Armani —aseguró el actor, que no perdió
detalle de la expresión sorprendida de la reportera—. Es un Kwon…
Las lágrimas de Boa aparecieron al tiempo que entrelazaba
sus manos con esperanza y un sonoro “OOOOOOOOHHH” se soltaba en toda la sala
del ala Oeste (que era la de las chicas). Muchas eran las personas que sabían
que la pelicorto estaba confeccionando un traje para el actor, pero la mayoría
creía que Changmin no lo usaría. Aquello claro, los había acallado a todos por
la sorpresa.
—¿Kwon? ¿Es algún diseñador chino?
Jaejoong dejó la mano con las palomitas flotando en el aire.
Al parecer, Changmin estaba cumpliendo con lo que había prometido, ahora sólo
faltaba la crítica que le dieran al traje de corte oriental que Boa había
diseñado. No podía negar que le sentaba de maravilla el diseño, el pendiente
que llevaba en su oreja le hacía lucir como un rebelde, acentuando aquella aura
que de por sí le rodeaba siempre.
—Boa Kwon es una amiga del colegio, ella hizo este traje
para mí.
Jaejoong tragó despacio. ¿Desde cuándo ese pesado y frío
actor consideraba a Boa como su amiga? Seguro la pelicorto estaría en ese
momento muriéndose de la emoción, como si no la conociera bien. Posteriormente,
se vio cómo la reportera señalaba al camarógrafo para que le tomara de arriba
abajo el diseño del traje, porque la crítica venía ahora…
—Es magnífico, Changmin-ssi, no cabe duda de que su amiga
llegará lejos en el mundo del diseño. Este traje es un modelo juvenil, muy al
estilo oriental con su cuello mao —comenzó a indicar la reportera a la cámara,
señalando así cada parte del atuendo para que la gente que sintonizaba el canal
lo apreciara—. ¿Y ya vieron ese pendiente de zafiro? Creo que ha sido un
detalle muy atinado, cierra a la perfección este magnífico look.
Aunque ella no era la experta en moda, su opinión era tomada
en cuenta por muchos famosos. Por otro lado, se sabía que la verdadera crítica
se daba a las espaldas de los actores y no de frente. Las brujas de la moda,
como las conocían todos, estaban en la tvN, listas para repartir ponzoña a
diestra y siniestra en cuanto los invitados a los Asian Film pasaban por su
lado. Esa sería la prueba de fuego para el traje de Boa, y estaba cada vez más
próxima. Sin embargo, la siguiente pregunta de la reportera era la que más les
importaba a todos en ese momento.
—Y díganos Changmin-ssi, ¿quién es la hermosa mujer que le
acompaña en esta ocasión a los Asian Film? Creímos que llegaría con Taeyeon o
con Kim Jaejoong.
Changmin tomó la mano de su acompañante para acercarla al
frente, donde pudiera ser captada por la prensa. Ella sonrió de manera amplia.
—Ella es la mujer más importante en mi vida, mi madre, Mia
Shim. —La sorpresa acudió al rostro de la reportera y de todos aquellos a su
alrededor. Nadie parecía haber imaginado que la madre del actor acudiría con él
al evento más importante del año.
La noticia comenzó a correr con rapidez entre todos los
reporteros y, en pocos segundos, todos los canales que transmitían la alfombra
roja daban a conocer que la mujer que acompañaba al actor Shim, no era sino su
madre. Muchos esperaban ya con ansias poder acercarse a entrevistarlo, pero
Changmin no estaba dispuesto a ser acorralado por aquellos a quienes tanto
detestaba, así que sólo hubo presentado a su madre musitó un ‘Con permiso’ y se
dio a la tarea de seguir su camino.
Muchos otros se acercaron a intentar entrevistarlo, pero
sólo concedió un par de palabras a cada uno de los que aún se encontraban a los
lados de la alfombra entrevistando y criticando, incluidas las ‘brujas’ de la
tvN, quienes se deshicieron en elogios para el novedoso traje que portaba el
actor, así como el sobrio y apropiado traje de su madre.
—¿Puede decirnos cómo se encuentra sentimentalmente? —Esa
cuestión hizo que Changmin se detuviera y que los ojos almendrados de su madre
se centraran en los de la reportera que sonreía tan amplío.
—Im Yoona —reconoció el actor con seriedad—. Me preguntaba
cuándo sería el momento en que te presentarías —acusó a la mujer que no dejaba
de sonreír—, pero sólo diré una cosa al respecto: Sentimentalmente estoy bien,
salgo con la misma persona desde hace unos meses y espero seguir con ella por
mucho tiempo más. Con tu permiso, debemos llegar.
Jaejoong casi escupió las palomitas al escuchar semejante
declaración. Se imaginó de pronto que la reportera mencionaría su nombre al
aire y confirmaría –a pesar de que lo había negado– que era él a quien Changmin
se refería. Pero nada ocurrió, y por un momento eso le permitió volver a
respirar. Aunque tal vez fuera sólo un complemento más en el reportaje que le
hizo… La revista saldría hasta el lunes y casi se comía las uñas por saber qué
iban a decir sobre él. Ahora iba a perder el sueño pensando que de nuevo iban a
relacionarlo con él por ese comentario.
Por otro lado, ¿por qué el actor llevaría a su madre a los
Asian Film Awards? La última vez que le había pedido reconciliarse con ella le
respondió con que jamás lo haría. Incluso lo puso como condición para creerle…
Momento. ¿Changmin le había pedido disculpas a su madre porque él se lo había
pedido? El solo pensamiento le hizo abrir cuan grandes eran sus ojos. Eso no
era posible. Changmin no sería capaz de disculparse con ella sólo porque él se
lo pedía, debía haber algo más ahí. La curiosidad lo estaba matando.
—¡Eh, Jaejoong! Te impresionó la madre de Changmin, ¿verdad?
Es una hermosura, pero no deberías babear por ella. —se burló uno de sus
compañeros, ante lo que la sala se llenó de risas y Jaejoong tuvo que cerrar la
boca y arrugar el ceño con molestia.
–.—.—.—.—.—.–
El centro de convenciones ya se encontraba lleno cuando
Changmin hizo su aparición por el atrio de la parte superior del anfiteatro. En
ningún momento soltó la mano de su madre, conduciéndola cortés y
silenciosamente por el pasillo hasta llegar a su lugar en la parte baja del
lugar. Taeyeon le sonrió al verlo y él le saludó sólo con una inclinación de
cabeza, mientras a Rain le saludaba de mano para dejar que su madre saludara a
ambos hermanos y a otros conocidos que se encontraban ya ocupando sus lugares.
Quizá Taeyeon no había sido nominada, pero bien sabía que no faltaría a una
premiación como esa, y tenía su invitación asegurada.
Jessica, una fila más atrás, observó fijo al actor, quien al
sentirse observado giró el rostro y respondió con una inclinación más de cabeza
al saludo que la rubia le dirigía con la mano. Esos interminables rituales de
cortesía y galanteo le fastidiaban sobremanera, por eso entendía tanto a
Jaejoong al decir que no le gustaban. Una buena parte de esos saludos eran mera
apariencia, como el enojo entre Jessica y Taeyeon… O el de él y Jaejoong.
El show dio comienzo.
Una ingeniosa presentación se mostró en la parte alta del
teatro llena de luces, música y baile. Todas las películas nominadas fueron
representadas, mostrándose fragmentos de cada una mientras el conductor del
evento, Henry Cho, ocupaba su lugar al frente y comenzaba la ceremonia con
algunos chistes.
Pero la mente del actor estaba muy lejos de los chistes de
Henry o del resto de la gente que se encontraba nerviosamente sentada entre
aquellas sillas aterciopeladas. En su mente sólo había un pensamiento: Ganar.
Todo transcurría tan lento que cara presentación se le antojaba interminable,
cada canción, cada diálogo que aparecía en el prompt que leían los actores.
Ojalá todo terminara rápido, sólo leyeran a los ganadores, les dieran su
premio, hablaran unos cuantos segundos y se fueran, Pero no, las cosas las
hacían interminables. Estaba la presentación y el bailable del comienzo de la
ceremonia, después los chistes del presentador que no podía dejar de hablar de
política y de los nominados –Incluido él–. Después aparecían los nominados de
todas las categorías, hablaban un poco de los films, se cantaban cada una de
las cinco canciones hasta llegar a los premios principales: Mejor actriz
principal, mejor actor principal, mejor película y por último, mejor director.
Pero para eso faltaba aún demasiado…
Changmin estaba nervioso, las manos le sudaban cada vez más
conforme se acercaba el premio que tanto esperaba. Jamás se había sentido así
en cuanto a algún galardón, jamás le había importado ganar o perder alguno, le
tenían sin cuidado; pero ahora necesitaba ganarlo. Necesitaba subir a aquel
estrado y terminar lo que había comenzado al llevar a su madre al evento.
—Tranquilo, Min. Estoy segura de que tú serás el ganador.
—le susurró su madre al tomar su brazo, un agarre firme que hizo que el joven
se tranquilizara un poco.
Hacía mucho tiempo que no se sentía así con la mujer que
ahora le acompañaba. Antes de enterarse que no era su hijo, su madre solía
infundirle confianza y ánimos de esa forma, tomándole del brazo y susurrando
palabras de aliento. A veces le abrazaba y plantaba un cariñoso beso en la
frente, y eso bastaba para sentirse feliz. Tal vez, si no hubiese sido tan
orgulloso y su estupidez tan grande, podría haber disfrutado de todo eso por
más tiempo, en lugar de cerrarse a su enojo y alejarla de él. Tal vez, si
hubiese sabido tragarse su orgullo –como solía decirle Jaejoong–, no hubiese
terminado siendo lo que era: Un antisocial, frío y arrogante. Pero tal vez
tampoco habría conocido a la única persona que le había hecho recapacitar y
arreglar una parte de su vida que creía jamás lograría arreglar.
Jaejoong…
Ahora y por primera vez, no estaba seguro de nada con
respecto al modelo. Por mucho tiempo lo tuvo seguro, sabía que le gustaba
porque la primera reacción a aquel primer beso en su habitación había sido
recibido sin protestas. Hubiese esperado un rechazo, algún golpe, pero nunca
nada de eso llegó, por lo menos no esa primera vez. Y si le gustaba o no, si
sentía algo por él o no, era lo que menos le importaba porque sólo había estado
buscando su venganza.
¿Cuándo había cambiado todo?
—No tengo la menor idea, omma. —musitó a modo de respuesta.
Estaban por anunciar el mejor guión original y Mia Shim le preguntaba si sabía
quién iba a ganar. Su película estaba nominada, pero ya antes habían perdido
ante otras cintas, y un Bambú de Oro a veces es impredecible, por lo que estar
seguro de un premio en esa ceremonia era un albur.
Sus pensamientos regresaron a la cuestión anterior. ¿Cuándo
habían cambiado las cosas con Jaejoong?
No sabía…
Comenzó torturándolo con besos, porque le divertían sus
reacciones. Le gustaba ver ese destello de tonalidades en aquella mirada que se
veía negra, grisácea u ocre. Pero conforme sus besos y caricias avanzaban, las
iba disfrutando mucho más. La pureza de la mirada del modelo le delataba
constantemente. Él gritaba una y otra vez que lo detestaba, y sin embargo cada
que le besaba lograba hacerlo reaccionar… justo igual que él. El sabor de sus
besos, el olor de su cabello y su piel, solían mantenerle despierto por largas
horas. Se despertaba por las noches, sorprendido de haber soñado con él, con su
cuerpo, siendo aquella la causa de que se levantara casi de madrugada para ir a
hacer ejercicio y quemar esos impulsos que por poco y le obligaban a ir hasta
la habitación del pelinegro para asaltarle, tal cual como aquella vez.
¿Pero cuándo cambiaron las cosas?
¿Sería acaso el día en que empezó a sentirse celoso de las
miradas que las chicas le dedicaban? Jaejoong se sabía atractivo y utilizaba su
apariencia para salir con las mujeres más hermosas, lo había visto cientos de
veces en las revistas… Pero también había visto cómo las chicas del colegio le
buscaban, se le insinuaban, le provocaban, y aquello lo había hecho enloquecer
hasta el grado de advertirle que se encargaría de borrar la huella de cualquier
beso ajeno con los propios.
¿Desde esa vez cambiaron las cosas con Jaejoong?
Seguía sin saber…
Lo único que entendía era que Jaejoong se abría paso a
través de su coraza de hielo, logrando arrancarle palabras que jamás había
dedicado a nadie más. Logró arrancarle que era gay desde el primer día, logró
que le contara del problema con su madre, y también lo de la demanda. Lo dejó
más que a otros en su departamento, arriesgándose a que Mei soltara la lengua
como era su costumbre, e incluso así lo dejó. Lo llevó con Rain,. ¿Cómo fue que
le convenció de ir con aquella niña con cáncer y dar autógrafos a los fans en
los BIFF? Sin duda, Jaejoong le había hecho hacer y decir cosas increíbles.
Pero cada vez que lo notaba, cada vez que sabía que había dicho más de la
cuenta y sentía que el pelinegro se acercaba demasiado a él, soltaba alguna
frase hiriente que lograba alejarlo de nuevo.
Ese había sido su error…
—Jessica no ganó, qué pena… —susurró Mia Shim, sacando a
Changmin de sus pensamientos para girar la vista hasta el lugar de la rubia.
Sin embargo, Jessica sonreía. Ganar los BIFF no era boleto seguro a ganar
también los Asian Film Awards, eso le puso aún más nervioso—. Pero tú sí vas a
ganar, estoy segura de ello. —Mia volvió a tomar el brazo de su hijo y Changmin
se obligó a sonreír para mostrarle algo de confianza, pese a que por dentro su
corazón se acelerara. Estaban por
anunciar el premio al mejor actor.
¿Pero en qué momento había cambiado todo con Jaejoong?
Por más intentos que hacía por recordarlo, no lograba ubicar
el momento exacto. Lo que también sabía es que las cosas habían cambiado mucho
antes de que se convirtieran en amantes. Mucho antes de saber que Jaejoong le
amaba, él ya le amaba también, sólo que no había estado dispuesto a
reconocerlo.
¿Pero en qué momento había sido?
¡Maldición! No sabía.
Pero tenía muchas cosas que agradecerle. Una de ellas era
que gracias a él había logrado algo que por más de ocho años no había sido
capaz de hacer: Perdonar a su madre por lo que había dicho estando enfadada,
así como doblegar su orgullo para pedirle una disculpa por haber tomado parte
de su vida y ponerla en la película sin habérselo consultado primero.
Si Jaejoong estaba viendo la premiación, estaba seguro de que
se encontraría sorprendido. Había tenido que doblegar su orgullo –¡Y vaya que
le costó trabajo!– e ir a la mansión donde vivía su madre para pedirle
disculpas.
Había estado toda la noche del miércoles tratando de
establecer su siguiente movimiento, repasando mentalmente todo lo dicho por él,
por su madre y por Jaejoong. Sabía que no tenía la oportunidad de disculparse
con el mayor esa noche, pues había intercambiado habitación con Yoochun, pero
podría hacerlo al día siguiente y sin embargo no logró que le abriera. Deslizó
un par de recados bajo la puerta, esperando que los leyera y comenzó a
contemplar la posibilidad de hacer aquello que Jaejoong le había pedido:
Disculparse con su madre.
Se negaba. No quería hacerlo. Pero si quería recuperarlo,
iba a tener que tragarse su orgullo e ir a pedir esa disculpa. Tardó mucho en
aceptarlo, bastantes horas repitiéndose que era lo mejor para todos, pero al
final se decidió. Y como dicen, al mal paso darle prisa.
La tarde que abandonó el colegio se dirigió derecho a la que
había sido su casa con la firme convicción de hablar con su madre. Cuando el
ama de llaves abrió la puerta, sus ojos mostraron la enorme sorpresa que
representaba el verlo ahí, de pie en el umbral. La mujer, algo madura y
regordeta, había entrado a trabajar después de que Mei se hubiese ido con él,
así que jamás le había visto en persona.
—¡Dios mío! Eres Shim Changmin —ahogó excitada, él sólo
asintió—. Vienes a ver a la señora, Dios, Dios, estoy tan emocionada de poder
conocerle que se me han olvidado los modales, pase por favor, pase. ¿Quiere un
refresco? ¿Ya comió? —soltaba a toda carrera mientras lo conducía hasta la
estancia.
—Sólo quiero ver a mi madre, gracias de todas formas.
¿Podría avisarle que estoy aquí? —La mujer salió corriendo para subir las
escaleras y dar el aviso que el más joven pedía.
Había recorrido toda la estancia bajo la escalera con la
mirada y descubrió que las fotos donde aparecían los tres (su madre, su padre y
él) seguían en su lugar. Quizá su madre atesoraba los mismos recuerdos que
atesoraba él, porque entonces notó justo al centro de aquella repisa, la misma
foto que él tenía al centro de la suya. La tomó entre sus manos, y no pudo evitar que los recuerdos acudieran a su
mente. Él y su tía… No, su madre, siempre habían sido muy unidos. Había estado
siempre con él, en cada en ensayo, en cada capítulo; le ayudaba a estudiar los
libretos y por las noches le arropaba en la cama y le contaba un cuento. Le
cuidaba cuando enfermaba, e incluso una noche le descubrió poniendo dinero bajo
su almohada cuando perdió uno de sus dientes. Entonces supo que su madre era el
ratón de los dientes. Si bien lejos de enfadarse o desilusionarse, rió y le
preguntó si de casualidad no era también Santa Claus, entonces ambos rieron a
carcajadas y se abrazaron.
—¡Changmin! —El actor alzó
la vista hasta las escaleras y encontró a Mia de pie sobre los peldaños,
expectante, como si esperase ver en su semblante el motivo de la visita. Pero
Changmin no dejaba ver nada.
Tragó saliva, mientras dejaba la fotografía en su lugar,
inseguro. Ella siempre le decía lo mucho que le quería, que aquello que había
escuchado no era cierto, que había sido dicho sólo para molestar a su padre.
Él hizo lo mismo…
Había dicho cosas hirientes sólo para molestarla a ella, no
a Jaejoong, pero Jaejoong se había enterado y ahora no quería perdonarlo… ni
creerle. Sin duda, lo estaba pagando. Pero podía intentar remediarlo. Primero
se disculparía con su madre, y después lo haría con Jaejoong.
¿Cómo pretendía que Jaejoong le perdonara si él no la
perdonaba primero a ella? Con ese pensamiento, habló.
—Omma, yo… —intentó comenzar para aligerar la tensión, pero
no supo cómo continuar.
—¿Cómo me dijiste? —Una pregunta y Ami corrió escaleras
abajo, para sorpresa de Changmin. Nunca le había visto así de alterada, como
para bajar tan apurada en semejantes tacones. Al tenerla frente a sí, pudo ver
en sus ojos ese brillo que había podido encontrar como siempre que le veía
actuar, con esa emoción y orgullo que sólo una madre podía sentir por un hijo—.
¿Cómo me dijiste, Min? —preguntó de nuevo, muy pausado.
—Omma…
Fue ese instante. Ella se abrazó a su pecho con fuerza y
empezó a llorar, mientras él correspondía por igual al abrazo. Después, decir
un ‘Lo siento’ fue más fácil…
Hablaron por tanto tiempo que sin darse cuenta, ya se les
había hecho de madrugada. Changmin supo entonces que su verdadera madre era,
sería y seguiría siendo Mia Shim. Cuánta razón tenía Jaejoong… Por eso le
habían dolido tanto aquellas palabras. Pero ahora sabía que ambos eran iguales
en carácter, solían decir cosas que no sentían cuando estaba enfadados y, la
mayoría de las veces, se arrepentían de ellas.
El pedirle que le acompañara a los Asian Film Awards y ella
aceptara, había sido la culminacióna una reconciliación que creía jamás iba a
llegar. Aunque muy dentro de sí, moría porque llegase.
—Y EL GANADOR ES…
SHIM CHANGMIN…
Ni siquiera había escuchado algo de la nominación, de su
premiación y su posterior triunfo. Sus pensamientos habían estado demasiado
lejos hasta que el cúmulo de aplausos y el que prosiguieran a palmearle la
espalda le regresó a la realidad.
¡Había ganado! Ahora tenía la oportunidad de hacer su
siguiente movimiento y darle jaque al rey.
Aunque aún estaba muy confuso. Recibir un premio de
semejante naturaleza debería tenerlo sin cuidado, debería sentirlo igual a como
había sentido el ganar los Blue Dragon o los BIFF, pero no era así. Cuando la
noticia de su galardón por fin llegó a su cerebro, algo fue llenándolo por
dentro, y sonrió. Se puso de pie, recibiendo el beso emocionado de su madre, y
tomó la mano que Rain le tendía para felicitarlo. Taeyeon le gritó un
‘Felicidades’, pero nola vio acercarse para intentar besarlo.
Fue el momento en que subió con la sobreexcitación a tope,
tratando de encontrar las palabras correctas con las que se dirigiría a un
público al que tenía tanto de no hablarle.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong sintió que todo el aire que había estado
conteniendo por la tensión del momento, se liberaba al escuchar al ganador del
premio. Se sintió contento y orgulloso como jamás pensó sentirse. «A pesar de
todo, te lo mereces» se dijo en silencio, dejando la bolsa de palomitas vacía
sobre la mesa frente a él. Por un momento había pensado que perdería, tal como
sucedió con Jessica, pero esta vez sí había coincidido el BIFF con los Asian
Film, y sonrió por ello.
Vio a Changmin ponerse de pie con una sonrisa en los labios
–¿Desde cuándo ese frío Témpano de Hielo sonreía en televisión?–, recibir el
beso de su madre y tomar la mano de Rain como felicitación. No supo qué hizo
Taeyeon, porque no la captaron. Pero quien tenía toda su atención no era sino
el actor y cada uno de sus gestos, pues le desconcertaba saber si aquella
felicidad era real, o mera actuación.
—Yo apuesto a que dirá sólo ‘Gracias’.
Las pujas comenzaron de nuevo mientras Changmin avanzaba con
paso pausado por el largo pasillo que conducía al estrado, donde el reflejo de
las cámaras captaban el resto del teatro desbordándose en aplausos. El flash de
las cámaras fotográficas no paraban de trabajar e iluminarlo todo.
Jaejoong había sido el precursor de semejante juego de azar.
En años anteriores se preparaba con los diarios y revistas que mostraban cada
categoría y a los nominados; hacían sus quinielas, apostaban y se sentaban a
esperar por ver quién ganaba o perdía; al terminar la ceremonia festejaban
jugando al póker para tratar de reponer lo perdido o incrementar lo ganado. Por
lo general terminaban hasta altas horas de la noche, demasiado tomados cabe
decir, y dado que esa era una ceremonia a la que muchos de los maestros
asistían no había necesidad de guardar mucho silencio o poner un centinela que
vigilara la puerta.
Pero eso había sido en el pasado…
Para ese momento, se encontraba sentado frente al televisor
sin prestar atención a las apuestas que alguna vez él había iniciado y
disfrutado. No hizo caso de los chistes que decían sobre su rubia ex novia,
sobre Taeyeon o sobre el propio Changmin. Se quedó ahí, sentado, contemplando
en silencio y con atención cada asentimiento del actor, cada gesto, cada
movimiento de sus manos o labios al inclinarse a decirle algo a su madre o a su
representante. Daría cualquier cosa por saber qué era lo que pasaba por la
cabeza de ese egocéntrico y arrogante, pero tan buen actor. Sí, no podía
negarlo, era un magnífico actor. Podía estar detestándolo por lo que había
hecho, podía estar odiándolo por haberle utilizado, pero no podía borrar tantos
años de admiración por su trabajo de la noche a la mañana.
No…
Había convivido con él –para su desgracia–, había conocido y
formado parte de su vida por muy corto tiempo y aprendió –a la mala– a
conocerle. Sí, sabía que era por demás orgulloso, pero noble; sabía que era
testarudo, pero justo; enérgico, pero sensato; idiota, pero comprometido; sabía
cumplir una promesa aunque en ello se le fuera la vida y si estaba molesto,
sabía cómo deshacerse de su enojo –fumaba–. A pesar de todo, sabía que el
Témpano de Hielo Shim tenía corazón –escondido en alguna parte–, pero lo tenía.
—Yo a que dirá poco más de tres palabras. —continuaban las
apuestas sin que les hiciera el menor caso.
—Ah, ¿apostamos cantidad de palabras? Entonces yo apuesto a
que dirá sólo una. —Jaejoong no pudo
evitar oír aquello, por lo que frunció el ceño y volvió a ignorarlos.
—Más de tres y menos de diez. —trató de acaparar uno, pero
aquel que llevaba la batuta de la apuesta no estaba dispuesto a ceder tan
fácil.
—Eso es mucho. Más de tres y menos de seis te lo acepto.
—De acuerdo. —accedió.
—Entre siete y doce y no creo que diga más, es demasiado
para él, Changmin es demasiado serio. —dijo otro.
—Jaejoong, ¿tú qué opinas? —volteó uno de los chicos que
estaba sentado junto al modelo. Jaejoong ni siquiera se molestó en voltear a
verle, cruzó las piernas y se recargó en el sillón con la mirada fija en la
televisión.
—Nada.
—Vamos, Jaejoong, apuesta algo y deja de sólo tragar
palomitas. —Ese comentario logró molestarle un poco, pero sólo les observó de
reojo.
—No quiero apostar, Changmin es impredecible. —Y la
respuesta dejó sorprendidos a más de uno.
Volvió a desviar la mirada de sus compañeros a la tv.
Changmin atravesaba la parte trasera del teatro en esos momentos, mientras
Jaejoong optaba por tomar de su refresco. Las palomitas le habían dado mucha
sed. Changmin tomó la estatuilla de la mano de Zhang Ziyi, quien parecía tener
una sonrisa tatuada en la cara. Se había inclinado ante él en señal de saludo,
pero ningún momento se vio algún intento por darle un beso (como sabía habría
hecho Taeyeon o la propia Jessica), se limitó a darle su premio e indicarle que
se colocara frente al podio. Ver a la joven china con esa sonrisa cándida le
recordaba mucho a su papel interpretado en Memorias de una Geisha, no parecía
haber cambiado mucho, de repente la imaginaba andado con su kimono y los zori
para entregar el galardón; sólo que no ocurrió así.
Dejó su refresco por un momento, esperando por lo que diría
el actor. No mentía al decirle a sus amigos que Changmin era impredecible. Si
realmente supiera lo que iba a decir, seguro hubiese apostado algo, pero en un
momento como aquel no tenía ni idea de lo que se pasaba por la cabeza del más
joven.
Pudo ver a Changmin levantar el trofeo con una mano y mirar
al frente dispuesto a hablar, y sólo eso bastó para sentir que la boca se le
secaba de golpe y un escalofrío le recorría la espalda, pero no iba a tomar más
refresco hasta escuchar las palabras del chico.
El silencio se hizo en la sala de estar y en todo el
interior del teatro Plaza. Jaejoong sólo era capaz de escuchar el latido acelerado
de su corazón y sin darse cuenta, fue acomodándose sobre la orilla del sillón
presa de los nervios que ahora mantenían sus manos casi blancas por la presión
que ejercía sobre los reposabrazos.
–.—.—.—.—.—.–
Sentir aquel pedazo de metal entre las manos le produjo tal
revuelo interior, que había sido inevitable el mantenerlo en una de sus manos,
observándolo por interminables segundos. ¿Por esto peleaban tanto? ¿Ese trozo
de metal podía hacer que un actor ganara más o menos que otros? Era increíble
lo que un simple trozo de metal podía causar en la gente. Sin embargo, había
necesitado ganarlo para tener la oportunidad de estar frente a esa cámara de TV
y conseguir hablar… lo que no sabía cómo hacer. Hablar frente a los micrófonos
nunca había sido su mayor fuerte, pero ahora sólo podía comenzar como sabía que
todos lo hacían, y esperar por ver qué ocurría…
–.—.—.—.—.—.–
—Gracias a la academia por este premio…
—Ya perdimos. —ahogaron a coro un par de apostadores, tan
resignados como divertidos. Changmin había dicho más de seis palabras en una
sola frase y al parecer, iba a continuar; o eso parecía por su semblante, tan
fijo al frente, como si buscara las palabras adecuadas a pronunciar.
Jaejoong tomó su vaso de refresco con gesto nervioso, presuroso
de llevarlo a sus labios al sentir que la sed se incrementaba con los segundos.
No obstante, la sensación arenosa y áspera que dejó el líquido en su garganta
estuvo lejos del alivio fresco que esperaba recibir.
Vio entonces que Changmin se disponía a continuar y un
intenso escalofrío volvía a recorrer su espalda, haciéndole temblar.
—Agradezco también a mi representante, a mis padres y a mis
amigos. Al público y a mis fans, que sin ellos no estaría aquí hoy…
¿Amigos? ¿Desde cuándo Changmin tenía amigos? Oh, ¿y
agradecía a aquellos que había maldecido y con quien hacía poco aún estaba
peleado? ¡Y vaya! Hasta que reconocía algo a quienes lo habían llevado a donde
estaba. Pero algo malo estaba pasando con Changmin, y debía ser muy malo,
porque entonces vino el desastre…
—Y principalmente, agradezco a mi pareja sentimental: Kim
Jaejoong.
“Kim Jaejoong”
“KIM JAEJOONG”
Jaejoong empezó a toser sin cuidado al sentir que se
ahogaba, regresando la soda hasta por la nariz.
¿Changmin había dicho qué? ¿QUÉ?
¿Que era su pareja sentimental?
El silencio inundó el ala Este y no sólo de su escuela,
también el interior del teatro Plaza se sumó a la tensa e inusual afonía.
Changmin permanecía ahí, de pie, habiendo acabado de pronunciar la frase que le
hundiría para siempre. Después y tras tomarse un segundos, se dio la vuelta y
se encaminó a salir por el costado del teatro en compañía de su anfitriona, en
tanto el sonido de la multitud jamás terminaba por llegar.
–.—.—.—.—.—.–
Quizá había cometido un terrible error al soltar aquello de
un modo tan directo, pero ya se los había advertido antes: “El día que salga
con alguien no me esconderé, y lo gritaré a los cuatro vientos”.
Jaejoong también lo sabía.
Si bien jamás imagino llegar a causar tal impacto. Era mejor
salir de ahí antes de recibir una sorpresa desagradable.
Se giró para tomar el brazo de Ziyi quien le miraba con la
boca abierta, pero no le dio tiempo a que dijera nada cuando la encaminó a paso
seguro hasta el interior del escenario intentando alejarse lo más rápido que a
la chica le resultara posible. El público seguía mudo.
Pero entonces, como si fuera sólo el eco de un vítor lejano,
el primer aplauso resonó por sobre el mutismo y, un instante después, el
estruendo refulgente de muchos más, así como los flash de las cámaras
activándose y los gritos de asombro y felicitación. Changmin consiguió
detenerse un instante, tras el cual giró la mirada y logró mostrar una diminuta
sonrisa antes de perderse por completo tras las bambalinas rojas que envolvían el
gran salón.
–.—.—.—.—.—.–
En Jaejoong no había ninguna sonrisa. Se puso de pie
despacio, con la mirada fija en la enorme pantalla plana como si esta y todo lo
que hubiera visto y escuchado fuese sólo producto de su muy hiperactiva
imaginación. No podía ser.
Changmin… ¿él había dicho QUÉ?…
Las palabras resonaban una y otra vez en sus oídos y no
terminaba de dar crédito, pero tampoco tuvo tiempo suficiente. El resto pasó
demasiado rápido como para reaccionar. Había girado el rostro muy, muy lento al
sentir las miles de dagas royendo su espalda, y ahí estaban, numerosas y fijas
miradas observándole con burla, con morbo. Changmin no los acababa de declarar
gay a ambos, y no conforme con ello los relacionaba sentimentalmente cuando no
eran nada… No ahora, por lo menos.
Y como una avalancha, la lluvia de preguntas y bromas
pesadas comenzó a caer, siendo rodeado por los chicos que pronto hicieron una
pared interminable de cuerpos y brazos que franqueaban cualquier oportunidad de
escape; le jalaban para preguntarle sobre su relación con Changmin, hacían
preguntas morbosas, llenas de saña. Eran mucho peores incluso que las que había
hecho Im Yoona, tal vez valiéndose de su falsa amistad para hacer bromas
crueles y de mal gusto…
Ahora estaba ahí, en medio de todos aquellos que solían
conocerle como un Don Juan, a merced de aquel mar de preguntas que no tenía
idea de cómo contestar. Se sintió como hundiéndose en el agua, a punto de
naufragar porque para ir de mal en peor ya no sólo eran los chicos, sino
también algunas de las chicas del ala Oeste que habían conseguido colarse hasta
ahí para cuestionarle por igual la veracidad de las palabras de Changmin.
Se sintió desfallecer, con las rodillas temblando y el
cuerpo sin responder. Incluso entre los gritos de protesta, llegó a escuchar varios
“¡Con razón, Jaejoong!” de chicas que alguna vez había rechazado, como Sulli o
Luna. Sólo faltaba que también Boa también se apareciera por ahí a reclamarle
por no haberle contado sobre sus preferencias sexuales y ahora exponerla como
la ex novia de un homosexual. ¡Cielos! Sólo de pensar que Jessica, su rubia y
violenta ex novia también se presentara ahí le llenaba de un profundo malestar.
No podía más, se hundía y no había de dónde asirse, el mar
lo golpeaba embravecido y en completa contra suya… Cerró los ojos y pronto sus
manos volaron hasta cubrirle los oídos, buscando huir, dejar de escuchar. Fue
entonces cuando, como una pequeña luz en medio de la oscuridad, o cual si
alguien le hubiese tirado un salvavidas, alguien le tomaba del brazo y lo
jalaba con fuerza, logrando sacarlo a empujones de la sala de estar para
arrastrarlo por los pasillos y meterlo en la seguridad de una de las
habitaciones del fondo. No se animó a abrir los ojos en ningún momento,
temiendo que aquella luz al final del túnel se apagara, o el salvavidas se
desinflara y resultara ser la subdirectora o el propio director Lee quien le
hubiera sacado de aquella sala de torturas sólo para llevarlo hasta el pabellón
de la muerte.
—Jaejoong…
El eco de su nombre retumbó entre las paredes, pero no se
animó a moverse o abrir los ojos. No fue hasta que le sujetaron del brazo y
llamaron a la fuerza que se animó a ver. El miedo que había sentido se disipó
de golpe, liberando un profundo suspiro tras el cual se dejó caer en la cama.
—¡Chun! Qué alivio. Por un momento pensé que era el director
o peor aún, la subdirectora quien me había sacado de esa locura.
Las palabras salían como disparadas de su boca mientras
dejaba descansar la cabeza entre sus manos, producto del nerviosismo. Yoochun
se acercó hasta quedar frente a él y le tendió un vaso de plástico con un poco
de alcohol. ¡Vaya que le hacía falta! Lo tomó y bebió de golpe.
—¿Tú no… vas a decirme nada? —cuestionó con miedo, sí, pero
sin alejar la mirada de la de su amigo. Creía que Yoochun era homofóbico, era
la razón por la que no le había contado nada de Changmin, pero ahora, igual que
los demás, sabía lo del actor; sólo que él no había dicho ni preguntado nada.
¡Nada de nada! ¿Qué pasaba en esos momentos por la cabeza del músico?
—No voy a preguntar si es verdad o no. —afirmó cruzándose de
brazos sin dejar de verlo.
—Gracias, Chun… —suspiró aliviado. No sabía lo que pensaba
su amigo, pero agradecía aquello porque, con lo transparente que era, seguro
igual podría llegar a ver en él la respuesta.
—No voy a preguntarte, porque sé que es verdad.
—Eh, ¿QUÉ? —Los ojos de Jaejoong se abrieron como platos, a
lo que se dio prisa en negar—. No, Yoochun, no es verdad. Entre Changmin y yo
no hay absolutamente nada. —afirmó a la carrera.
—No te esfuerces en mentir, de antemano sé que es verdad.
—Pero Jaejoong se paró de golpe, determinado a negarlo. Si no podía convencerlo
a él, ¿cómo convencería a los demás?
—No lo afirmes de esa forma, ¡porque no es verdad!
—insistió, pero la dura mirada que Yoochun le dirigió lo hizo titubear.
—¡Jaejoong, basta! Deja de mentirle a tu mejor amigo. Ya no
lo niegues, yo los vi. —Fue como si un rayo lo golpeara, porque las fuerzas le
fallaron y le dejaron caer sentado sobre la cama, con la boca y los ojos
abiertos de asombro. Eso bastó para confirmarle a Yoochun que era posible
cualquier cosa que hubiera visto. ¿Pero qué había visto? ¿En qué situación y en
qué momento?…
—… ¿Qué viste? —forzó a las palabras a salir de su boca.
Yoochun se giró nervioso, pasándose las manos por el cabello y eso no le gustó
nada. El músico estaba incómodo, podía notarlo—. ¿Qué viste? —insistió. Yoochun
volteó a verle con las cejas fruncidas y los labios tensos, apretados.
—A ti con Changmin… —Eso no le decía mucho, por lo que le
miró inquisidor. Yoochun ya sabía que Changmin lo había besado, ¿tanto le había
sorprendido verlos?—. A ti con Changmin… —repitió—. ¡Por Dios, Jaejoong! Lo
tenías esposado a la cama…
Eso sí fue demasiado. Tanto que no pudo sostenerle más la
mirada a su amigo, cubriéndose el rostro con ambas manos por la vergüenza.
Jamás hubiese imaginado que Yoochun, o cualquiera, pudiera llegar a verlo en
semejante situación.
—Pero cómo pudiste, Jaejoong… —comenzó la voz en reproche de
su amigo. Pero él no sabía cómo habían sido las cosas, él no sabía que todo lo
había comenzado y terminado el propio Changmin—. Jamás lo creí de ti…
—Espera, espera —interrumpió poniéndose de pie de vuelta—.
Las cosas no sucedieron como seguramente piensas. Yo no lo violé ni nada por el
estilo…
—Era obvio que no era violación, si se notaba lo mucho que
ambos disfrutaban. —afirmó tenso. No quería recordarlo, pero estaba seguro de
que esas imágenes le perseguirían el resto de su vida.
—¿Qué tanto viste? —cuestionó el modelo intrigado y
temeroso. Yoochun se sonrojó y Jaejoong no supo si reír o llorar. ¡Yoochun
nunca se sonrojaba!
—Eso es lo de menos, Jaejoong. No puedo creer que te
atrevieras a tanto, lo esposaste a la cama y… —Yoochun lo estaba
malinterpretando todo, no podía dejarlo pensar así.
—No, ya te dije que las cosas no sucedieron así… —El músico
le miró intrigado, y él no iba a desperdiciar esa oportunidad para desahogarse.
Aunque después le rechazara por haberse convertido en gay, sabía, al menos ya
no habría secretos.
—¿Entonces cómo? Porque no me entra en la cabeza que tengas
una relación sexual con alguien a quien se supone odiabas tanto.
—¡Y LO SIGO ODIANDO!
—Si lo odias, ¿entonces cómo? ¿Cuándo comenzó todo? —La voz
de su amigo se volvía impaciente.
—¿Cuándo? —Jaejoong bajó la vista, recordando aquel preciso
instante—. Fue… justo en el momento en que fui a dejarle la tarea a su cuarto,
cuando me besó por primera vez…
Yoochun se dispuso a escucharlo con toda calma y paciencia,
sorprendiéndose a cada momento de la narración, que a veces bajaba de volumen
para después elevarse en un grito; tomando asiento incluso en el suelo para no
alejarse de su amigo y prestar atención a aquello que relataba con tanta
tristeza y dolor. Porque pudo darse cuenta, que a pesar de que el pelinegro
repetía una y otra vez cuánto lo odiaba, el amor que desbordaba por la mirada.
Jaejoong lo amaba sinceramente…
¿Changmin lo amaría de la misma forma?
–.—.—.—.—.—.–
Ya se lo esperaba. Estaba preparado mentalmente para la
lluvia de comentarios y preguntas que surgirían después de su declaración
pública, pero todos esos buitres esperando devorarle se toparon con una presa
nada dispuesta a decir más en lo referente a su relación con Jaejoong. A cada
pregunta respondía con un ‘No hay más comentarios’, y la sorpresa llegó grata
cuando vio a Rain aparecer para ayudarle con el asunto, afirmando que se les
daría una declaración por escrito de lo dicho antes por televisión; por fortuna
se vieron obligados a salir –o huir– del palco de prensa cuando fue llegando
tras él el director ganador del Bambú de Oro.
Su noticia había desatado tal revuelo que nadie parecía
querer perderse los detalles, pero él tenía prisa en salir del Plaza y regresar
a la escuela, que si se daba prisa quizá podría encontrar con las puertas
abiertas. Tenía que hablar con Jaejoong. No sabía cuál sería su reacción al
enterarse de su declaración, tanto por si lo había visto o si se lo habían
contado, pero necesitaba saber si estaría ahora dispuesto a creerle.
—¡CHANGMIN! —El fuerte llamado a sus espaldas le detuvo.
Todavía llevaba el premio en la mano, pero al girar a ver quién le hablaba poco
le faltó para querer lanzárselo a la cabeza y así escapar de él. En su lugar,
se contuvo para seguir su camino, claro, hasta que esa persona se le cruzó
enfrente para obstruirle el paso—. ¿Pero qué fue lo que hiciste? —sonó enojado,
y él pocas veces se mostraba enojado, pero sólo obtuvo una mirada dura de
regreso.
—No te metas en mis asuntos, Junsu. —E intentó apartarlo con
una mano, pero fue detenido por el brazo de aquella figura que aparentaba ser
débil y pequeña, pero que al parecer poseía toda la fuerza que el enojo le
podía otorgar.
—¡Vas a escucharme, quieras o no! —Changmin se detuvo—. ¿Qué
derecho te daba destruir la vida de Jaejoong?
—No la he destruido.
—¿Ah no? ¿Y declarar a los cuatro vientos que es tu pareja
no es echar a perder su vida? Tal vez a ti no te importe la tuya, ¿pero cómo te
atreviste a arruinar la de Jaejoong? ¿No te era suficiente vengarte de él para
desquitarte con tu madre? ¿Aún te faltaba dañarlo más revelándole al mundo
entero que es gay? ¿Cómo puedes creer que después de eso alguien crea que es un
‘Fantasma’ enamorado? ¿Te das cuenta que ya no podrá actuar ni en la obra de
Junho ni en ninguna otra de corte heterosexual? —Y sólo por un instante,
Changmin pareció considerarlo de verdad.
—Jaejoong no necesita actuar, me tiene a mí.
—¡Egoísta! ¿Crees que eso es suficiente? Jaejoong ha soñado
toda su vida con ser actor, y tú lo has arruinado. —afirmó lleno de coraje,
pena y pesar por el pelinegro.
—Deja de meterte en mi vida, Junsu, y en la de Jaejoong. Ya
no más. —empujó a su primo para darse prisa en salir por la parte trasera del
teatro. La ceremonia había terminado y le quedaba poco tiempo para llegar a la
escuela.
—Señor Shim…
Aquella voz la reconoció de inmediato, girándose una vez más
para encontrarse con aquellos dos hombres que ya hubiera encontrado alguna vez
al término de los premios BIFF. Habían vuelto, entonces era un hecho.
—Prometimos regresar para ultimar detalles, señor. Queremos
que trabaje con nosotros.
Changmin vio su reloj. Habían pasado 15 minutos desde que le
dieran su premio, hablado –o no– con la prensa y discutido con su primo. El
hablar con los ejecutivos de Sony Pictures Entertainment, Johnson y Lee, le
llevaría por lo menos una hora o más. No iba a alcanzar a llegar a la escuela
para hablar con Jaejoong.
Bien, aunque quizá dejar que las cosas se enfriaran podría
darle la oportunidad de que Jaejoong entendiera el verdadero motivo por el que
había hecho aquello, en lugar de creer que buscaba destruirlo.
—Está bien, podemos ir a otro lugar con Jung Jihoon y ver
todos los detalles.
Ambos hombres sonrieron con una reverencia, tras lo cual
pudieron abandonar el Plaza en compañía de Changmin y su representante. La
prensa, al verlo, no perdió tiempo en cuestionarlo, pese a que los cuatro
permanecieron herméticos. Changmin sabía que si Jaejoong decidía negarlo, sólo
era cuestión de negarlo, así él podría afirmar que había sido una broma de mal
gusto de su parte.
Pero primero debía hablar con él.
–.—.—.—.—.—.–
Ese lunes todo estaba patas arriba. Los teléfonos de
dirección no dejaban de sonar en busca de alguna declaración de Jaejoong, pero
este se negaba a decir nada; y nada, ni a sus compañeros, ni a la prensa. Por
suerte, esta última tenía vetado el paso al interior de la escuela, si bien eso
no les impedía apostarse a las orillas del camino o frente al enorme portal que
franqueaba el recinto con la esperanza de ver aparecer a Changmin o a Jaejoong
y poder abordarlos.
—No, no voy a salir.
La fría voz del modelo inundó el pasillo de las habitaciones
del ala Este. Yoochun lo había dejado quedarse a dormir en su habitación, pero
muy temprano había descubierto que el chico había desaparecido y al ir a
buscarlo a la suya, la encontró cerrada. Al tocar, Jaejoong se había negado a
abrir.
—Vamos, Jaejoong… Hay que bajar a desayunar e ir a clases.
—No, ya dije que no voy a salir. Además, no tengo hambre.
Yoochun volvió a tocar, pero fue la misma respuesta. Había
estado velando el sueño de su amigo toda la noche, hasta que el cansancio lo
venció. Jamás se le había pasado por la mente que Jaejoong estuviera sufriendo
tanto, mucho más de lo que sufría con su hermano Hyunjoong. ¿Y él se
consideraba su mejor amigo? Cuán equivocado estaba. Jaejoong no había
encontrado en él un hombro para desahogarse, y había terminado acudiendo a
Junsu. ¿Por qué? Porque lo consideraba a él homofóbico, cuando en realidad
también era gay… Sólo que no había tenido oportunidad de decírselo.
—Jaejoong, abre. No hemos terminado de hablar… —insistió.
Quería contarle lo de Junsu, quería que supiera que lo
entendía, pero sólo escuchó el portazo de la puerta del baño. Jaejoong estaba
enojado, dolido, triste y pesimista. Anoche mismo le había expuesto todo. Ahora
jamás podría ser un actor de teatro, su sueño se había terminado incluso antes
de empezar y todo gracias a Changmin.
Pero en la negrura que pintaba el panorama de su amigo había
faltado algo que él había notado muy claro. Changmin había declarado en la
ceremonia televisada a medio mundo que eran pareja, y eso no lo hacía alguien
que deseaba destruir a otro.
Con un suspiro desganado se dio media vuelta y se encamino
para ir a desayunar con Hangeng, quien parecía tan preocupado como él por su
amigo. Ya después hablaría con Jaejoong para exponerle su teoría y, tal vez,
hacerle reaccionar.
Al parecer, Changmin realmente le quería.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong se quedó bocarriba en la cama, usando aún el pijama
que Yoochun le había prestado. No supo en qué momento de la madrugada se había
quedado dormido, pero al menos había logrado descansar con sueños libres de
pesadillas, y no como al principio, cuando se reencontró con su torturador
permanente. Cuando despertó todavía no salía el sol, así que se había decidido
regresar a su propia habitación para seguir lamentándose por su suerte y odiar
a Changmin más que nunca.
Había arruinado su vida para siempre.
Ahora todos sabían que era gay. Ya no iba a ser sólo un rumor
que pudiera negar y ya, o que se ocultaba saliendo una que otra vez con chicas
o inventando un noviazgo ficticio como lo había hecho con Jessica. No, esto era
mucho más complicado.
¿Cómo iba a poder desmentirlo?
¿Cómo?
En cuestión de influencia, Changmin pesaba mucho más que él.
No podía sólo convocar una conferencia de prensa y decirles que Changmin
mentía, preguntarían, cuestionarían para confundirlo y terminaría confesándolo
todo. Si tan sólo tuviera un libreto como el que le había mandado Taeyeon… pero
no lo tenía, y entre más tardara en responder, más creerían que era cierto. Y
lo había sido, pero ya no.
Volvieron a tocar la puerta, pero no respondió. Si era
Changmin buscando disculparse o restregarle en la cara que lo había aniquilado,
no quería saberlo.
«Maldito desgraciado» renegó mentalmente cubriéndose la
cabeza con la almohada.
—Jaejoong oppa… Soy yo, Seohyun. Sé que estás ahí, abre por
favor.
Llegó a la puerta luego de levantarse de un salto, para
abrir de golpe. Seohyun se sonrojó al encontrar al pelinegro con el torso
desnudo, por lo que se apresuró a bajar la vista. Jaejoong enrojeció a su vez
al sentirse de pronto avergonzado, pero no era común que las chicas llegaran
hasta el ala Este, a menos que fuera algo importante (lo de anoche no había una
excepción y muchas de aquellas chicas ahora estaban en detención). Sabía, de
hecho lo esperaba, que el director Lee le llamara para ver ese penoso asunto.
—Op… Oppa, alguien te espera en la sala de prensa dos.
—Jaejoong se sorprendió un poco. ¿No debería estarlo esperando en dirección?
—¿No es el director Lee quien me llama? —preguntó dudoso,
pero ella negó con la cabeza.
—Mi abuelo se reportó enfermo, ahora no está en la escuela.
Pero regresa por la tarde, así que estate preparado, se escuchaba un poco
alterado.
—¿Es grave? —la miró preocupado, casi interrumpiéndola. No
quería ser el causante de otro infarto como el que había sufrido su padre, y
todo por culpa de las declaraciones de Changmin. No obstante, Seohyun le sonrió
y negó suave con la cabeza.
—Para serte franca, no lo escuché enfermo… Creo que más bien
se está tomando su tiempo para darte un buen castigo. A ti y a Changmin. —le
sonrió muy leve, y Jaejoong sintió que intentaba darle apoyo, pero no quiso
preguntar más. Siempre había tenido la impresión de que la joven sabía mucho
más de lo que aparentaba, desde aquella vez en que había afirmado estaría ahí
para cuando él necesitara hablar, le había hecho sospechar, y el que ahora sólo
le sonriera y no cuestionara nada aumentaba esa incómoda sensación.
—Es un joven. —aclaró Seohyun, dándose la vuelta para
partir.
Jaejoong se quedó ensimismado. ¿Un joven le esperaba en la
sala de prensa? Bien, eso descartaba por completo a su representante. Había
estado esperando que Sunny fuera a buscarlo, considerando que no había querido
responderle ninguna de sus llamadas; aunque sabía que una vez pasado el trago
amargo, quizá entre los dos pudieran armar algún plan para salir del atolladero
en el que lo había ubicado el actor. Pero ya que no se trataba de la bajita y
adorable rubia, ¿quién sería? Estaba seguro que no era nadie de la escuela, no
habría ido con Seohyun para que le sacara del cuarto y así encerrarlo en la
sala de prensa.
Ya se había bañado cuando Yoochun aún insistía porque
saliera, así que sólo se cambió a prisa por su uniforme y salió sin mucho
ánimo, preguntándose aún quién podría ser. Su familia quedaba de inicio
descartada, considerando que a ninguno le importaba otra cosa que no fuera la
herencia que ya había sido repartida.
Los pasillos estaban solos a esa hora de la mañana, y se
sentía extraño caminar por ahí, como si de pronto la escuela ya no fuera la
misma. ¿Sería ese raro presentimiento que tenía, de que pronto la iba a dejar?
Esa escuela, que desde que tenía seis años había considerado su hogar, más que
la mansión Kim, y ahora no podía verla sin sentir que se encontraba en un lugar
extraño.
Al llegar a la sala de prensa abrió apenas con lentitud,
esperando por encontrar a alguien sentado en el escritorio, pero no había nadie.
No fue sino hasta el abrirla por completo que se encontró a quien menos
esperaba ver, al otro extremo de la puerta y con las manos descansando sobre
una buena cantidad de periódicos y revistas, todos con el tema de los Asian
Film Awards. Sus ojos se abrieron enormes y la vergüenza le invadió a grado tal
que no pudo sostenerle la mirada, teniendo que bajarla al suelo.
—Junho-ssi, yo… —trató de sonar seguro, pero el nerviosismo
terminó por quebrarle la voz.
—Pasa, tenemos que hablar sobre tu participación en la obra.
Esas palabras le hicieron temblar el corazón y alzar la
mirada con miedo. Lo que tanto había temido estaba por ocurrir. Kim Junho
cancelaría su participación en El Fantasma de la Opera por haber sido declarado
gay.
Otro motivo más para odiar a Shim Changmin y sin embargo, no
podía hacerlo…
–.—.—.—.–
Al salir de la sala de prensa, unos 20 minutos después de
que Kim Junho se hubiera marchado, tuvo que avanzar sosteniéndose de las
paredes. Su cuerpo temblaba y la fuerza no le bastaba para sostenerle. «Es que
no he comido nada» se regañó a sí mismo por sentirse más afectado por lo
referente a ese Témpano de Hielo que por lo que la plática con Junho le hubiese
producido.
¿Acaso todo había sido un maldito sueño?
No quería saberlo. Quizá en cualquier momento acabaría, tal
como sucede al despertar de una pesadilla.
Decidió así dejar de preocuparse por su antigua entrevista y
pensar que había sido sólo producto de su imaginación, optando por ir a la
cocina a robar algo para la cena; lo primero era mitigar el hambre que ya le
hacía desfallecer. No tenía humor de ver o hablar con nadie, por lo que sólo
sacó un poco y se encerró en su habitación para pensar y esperar a que el
director Lee le llamara.
¡Maldición!
Junho había dicho tantas cosas. Entre otras, que no podía
creer que Changmin se hubiese atrevido a revelar su condición sexual por
televisión. Junho parecía tan aliviado con eso, y sin embargo él se sentía
perdido ante tal revelación. Ahora jamás podría ser un actor serio, sólo otro
más de esos que se encasillaban a un solo papel, y en este caso sería uno de
gay.
Ignoraba aun lo que decían aquellas revistas que Junho había
llevado, así que ya algo entrada la noche se decidió por mitigar la curiosidad
e ir a la farmacia de 24 horas para conseguir unas cuentas. Dio gracias que
fuera tan noche y el dependiente estuviera más dormido que despierto, porque no
lo reconoció, y eso era bastante considerando que su rostro y el de Changmin
aparecían en una gran parte de los ejemplares.
Quería repasar cada nota, cada detalle, aunque no se había
animado a hacerlo con Junho, porque se sentía demasiado avergonzado. No podía
ver la TV para enterarse de los chismes que contaban en aquellos programas que
tanto gustaban a sus compañeros, así que sólo le quedaba informarse por la
prensa escrita. Y lo que leyó no le gustó nada.
Todas las revistas que habían salido el lunes lo vinculaban
sentimentalmente con Changmin. Algunas incluían aquellas fotografías tomadas en
los BIFF, y unas más la foto mal tomada con un celular donde Changmin llevaba a
alguien de la mano y lo comparaban con él. Se añadían las declaraciones hechas
por Fukutaro donde aseguraba que el actor salía con un modelo conocido y de
nuevo aparecía su nombre.
¿Y qué había declarado Changmin al entrevistarlo después de
ganar? Por más que buscó, no encontró esa respuesta. Todo parecía indicar que
el actor no había dicho más después de aquellas controversiales palabras, e
incluso su madre, al ser abordada al salir del Centro de Convenciones Plaza,
había respondido con amabilidad sobre su sentir por su hijo ganador al Bambú de
Oro:
—Me siento muy orgullosa. —había dicho Mia Shim.
—¿Y qué opina sobre la relación que su hijo mantiene con Kim
Jaejoong?
—Creo que en estos momentos no puedo responderte. Sólo puedo
decir que me siento muy orgullosa del triunfo de mi hijo y que voy a apoyarlo
en cualquier proyecto que decida comenzar. Es el trabajo de toda madre y estaré
encantada de estar con él. Gracias.
Mia había sido inteligente, había afirmado entre líneas que
apoyaba a Changmin y se despidió de manera digna. Del actor sólo se mencionaba
que no había dado declaraciones, que pronto mandaría un comunicado de prensa,
según su representante, y que se había ido con dos hombres de apariencia
occidental en el vehículo de Rain, mandando a su madre con su chofer.
En otra nota, se mencionaba que los hombres con los que se
había visto salir al actor eran dos ejecutivos de Sony Pictures Entertainment,
y especulaban que el actor hubiese sido requerido para interpretar el papel de
alguna película.
En la sección de moda, el traje que Boa había diseñado para
Changmin recibía grandes calificaciones y elogios. Cada uno de los críticos de
moda daba su aprobación al diseño, corte y modernidad, asegurando que el cuello
mao había sido tomado de la película Matrix, pero modernizado a tal grado que a
Changmin le sentaba de maravilla. El color azul de su camisa combinaba a juego
con el pendiente de su oreja izquierda, que cerraba con broche de oro el
atuendo. Las joyas elegidas habían sido sobrias y de buen gusto: un reloj de
oro y unas mancuernillas a juego. Debido a la forma del cuello del saco, había
sido un acierto no llevar cadenas. Le había faltado peinarse, pero era por
todos sabido que el actor solía llevar siempre ese tipo de peinado a la
‘despreocupé’ que le sentaba tan bien.
Después continuaban con la crítica al resto de famosos
presentes en el evento, incluida su madre. Pero no había nada más en las
revistas o diarios, así que no sabía si Changmin habría aclarado algo a la
prensa o la TV en las pasadas horas, y ya que no estaba no podría
preguntárselo. Aunque tampoco lo haría si estuviera en la escuela.
—¡Vete al diablo! Maldito Témpano de Hielo Shim —masculló
arrojando todo lo que tenía sobre la cama al suelo—. ¡Maldito cubo de hielo!
—insistió más atropellado y triste.
¿Qué podía hacer? ¿Qué?
En vano esperó porque Changmin llegara esa noche, observando
de tanto en tanto la ventana. Por una parte no quería verlo ni escucharlo, pero
por otra… necesitaba una explición, saber por qué había dicho aquello ante las
cámaras de televisión siendo ese programa en especial, visto por millones de
personas en el mundo. Ahora la noticia era sabida por todos.
¿El maldito quería terminar de destruirlo? ¿Era eso? ¿No le
había bastado con hacerlo su amante, también lo daba a conocer al mundo?
¿Ese maldito desgraciado nunca se cansaría de hacerle daño?
Se durmió pasada la madrugada sin haber querido hablar con
nadie, ni siquiera Yoochun o Hangeng (quienes habían ido a tocarle pasada la media
noche) y se metió bajo las cobijas pensando lo peor.
Y ahora seguía encerrado, esperando que el director Lee le
llamara para regañarlo, mandarlo a detención o algo por el estilo, si bien nada
sucedía y la espera sólo aumentaba sus nervios. Daría lo que fuese porque el
director le llamara ya y pasara esas horas de encierro en alguna aula de
detención, en lugar de su cuarto donde ese maldito de Changmin pudiera
encontrarlo con facilidad. Aunque, tampoco Changmin había aparecido aun por la
escuela, y no sabía qué pensar.
—¡Ese desgraciado!
Se había enterado de todo escuchando a través de la puerta.
Sus compañeros no se molestaban en bajar la voz, al contrario, parecía que lo
hacían apropósito para que escuchara. El director había llegado muy temprano y
Changmin no se había presentado a clases de nuevo, lo mismo que él. No había
querido entrar a clases o salir a comer a las horas específicas, en su lugar
procuraba colarse a la cocina y tomar algún alimento del refrigerador escolar
cuidando que nadie le viera, como lo había hecho la noche anterior.
Un inesperado golpe a la puerta le sacó de sus pensamientos.
Eran las 3:30 de la tarde, según su reloj digital. Ya Yoochun había intentado
de nuevo que saliera de su cuarto sin lograrlo, ni en la tarde, ni en la noche
o la madrugada anterior. Hangeng también había estado tocando a la puerta con
el mismo resultado. Había escuchado incluso a Yoochun decir detrás de la puerta
que Boa estaba preocupada y que Yunho había preguntado por él, pero no dio
respuesta alguna.
Otra vez el golpe a la puerta, pero ninguna voz.
¿Quién sería ahora?
No iba a levantarse para abrir, quien quiera que fuera. No
les había abierto a sus amigos ni a sus compañeros, menos a un mudo. Todos
debían estar ya en sus talleres en ese preciso momento, así que no abriría.
—¡Jaejoong-ssi, abra ahora mismo la puerta!
La voz imperativa y rasposa de la subdirectora lo puso de
pie de un brinco, con esa odiosa impresión que le regresaba a cuando tenía seis
años y la maldita vieja le levantaba en medio de la noche para obligarle a
limpiar las paredes que había rayado durante el día. Aun ahora, con veinte años
encima, le seguía temiendo como cuando tenía seis.
Al abrir la puerta, la cara totalmente arrugada y huesuda de
la mujer apareció ante sus ojos con esa mirada inquisidora que, desde que podía
recordar, era capaz de tatuar la palabra ‘Culpable’ en todo aquel en quien se
posaba. El mentón alzado y los labios apretados eran característicos de ella.
Esa mujer jamás sonreía. Por un momento la imagen de un Changmin anciano, con
el cabello largo, lleno de arrugas, labios apretados y el mentón alzado pasó
por su cabeza, y eso le hizo sonreír un poco. Sin duda alguna aun Changmin con
80 años encima lucía mejor que la vieja regañona de la subdirectora.
—Vamos a ver si se ríe después de que vaya a ver al director
Lee —Y la sonrisa en el rostro de Jaejoong se borró. La hora de la verdad había
llegado y todavía no sabía qué podía hacer—. Le está esperando en el despacho.
¡Vamos! Mueva su trasero que estoy ansiosa por aplicarle el castigo que se
merece.
Jaejoong tembló casi imperceptible. No tenía idea de lo que
el director iba a decirle, pero por las palabras de la subdirectora ya
comenzaba a sentirse culpable. ¿Qué pensaría el director Lee de él? ¿Qué pensaría
que había hecho con Changmin? ¿Habría pasado por su cabeza que habían hecho el
amor?
¡Dios no!
Salió casi corriendo hacia la dirección. Estaba temblando de
miedo. El director era a quien podría considerar su segundo padre, a quien
acudía cuando tenía algún problema o necesitaba de algún consejo, al único a
quien le debía alguna explicación. El director Lee le apreciaba mucho, lo
sabía, él mismo se lo había dicho muchas veces y le había ayudado un sinfín de
ocasiones en las que se metía en líos con la subdirectora al hacer tantas
travesuras.
¿Iría a ayudarle ahora, a creerle si le decía que entre
Changmin y él no había nada?
Llegó y entró a la carrera a la oficina de Seohyun sin
siquiera tocar, extrañándose de que la chica no
estuviera en el lugar, pero ya que escuchaba voces dentro del despacho
imaginó que ahí se encontraría ella en esos momentos, hablando con su abuelo.
Al llegar a la puerta aspiró profundo y tocó. Al escuchar el
“Pase”, abrió la puerta.
Sus ojos se abrieron enormes, el corazón a latir acelerado y
sus manos a sudar al ver sentado, en la silla contigua a la que debía ocupar,
al causante de todas sus desgracias.
Shim Changmin permanecía frente al director Lee, y no tenía
idea de cuánto tiempo llevaba con él o qué tanto le había contado…
«Maldita sea» rezongó para sus adentros, incapaz de alejar
su mirada de aquellos ojos asimétricos que parecían estudiarle de pies a
cabeza, poniéndolo todavía más nervioso si es que eso era posible.
–.—.—.—.—.—.–
Changmin había atravesado los oscuros pasillos de la
escuela. La reunión con los de Sony Pictures había durado más de lo que
esperaba y había terminado saliendo de madrugada del restaurante donde hubieran
estado discutiendo los términos del contrato. Hubiese deseado llegar a la
mansión Shim y ver cómo se encontraba su madre tras la declaración que había
dado, pues no había podido acompañarla luego de semejante noticia, pero era de
madrugada y prefirió quedarse en su departamento para no despertar a nadie.
Al día siguiente le habían despertado las noticias a todo
volumen que Ping escuchaba sentada, con los pies arriba de los muebles de piel
–que cuidaba tanto–. Junto a ella estaban ya varios diarios y revistas que
hablaban sobre la declaración. Mei le saludó amable y Ping casi se va de espaldas
al verlo tras ella, levantándose con la carita roja porque no había creído
verlo en casa. No obstante, esta vez pasó de regañarla, estaba más interesado
en saber hasta dónde había llegado el daño que le había causado a Jaejoong.
Parecía irreparable…
Estando con Johnson y Lee se dio cuenta de lo que Junsu le
había reclamado. Él estaba a punto de cumplir uno de sus sueños al viajar a
América a realizar una de sus pasiones, y su estúpida arrogancia había echado a
la basura el sueño de Jaejoong con semejante declaración. Debió haberlo
meditado un poco más, si bien el modelo no le había dado otra opción.
Jaejoong estaba en su derecho de odiarle, aunque él le
amara.
El lunes por la tarde había terminado de arreglar el papeleo
con los americanos, pero una vez más no pudo regresar al colegio pues su madre
le retuvo hasta entrada la noche. Había estado escuchando sus consejos para
recuperar al pelinegro, ella le apoyaba y estaba feliz por eso, pero sabía que
por más consejos que le diera, recuperar a Jaejoong iba a ser casi imposible.
Por eso ahora llegaba a media tarde. Había tenido que
sortear a la prensa que seguía apostada a la entrada de la reja, pero Zhoumi
estaba acostumbrado a esos tumultos y los franqueó con facilidad.
Dentro, pudo notar cómo los guardias de la entrada le
miraban de reojo y murmuraban entre sí con sonrisitas burlonas. O al menos
hasta que volteó a verlos, porque bastó una mirada fría para hacerlos
enmudecer; más les valía darse cuenta
que él no había cambiado en nada, pese a haberse declarado gay. Todavía podía
darles una paliza, aunque tuviera que pagarles después.
No obstante, no bien
hubo ingresado con rumbo a su habitación atravesando los pasillos, esa tétrica
presenta le hizo frente y le mandó al último lugar de la escuela en el que
deseaba estar. Quería ir a ver a Jaejoong, saber qué pensaba, qué sentía por lo
que había hecho y sin embargo, era obligado a posponerlo para después.
—Maldita sea.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong se sentó frente al director, quien se mantenía inusualmente
serio y ceñudo. Mantenía ambas manos entrelazadas sobre el escritorio y los
miraba fijo. Jaejoong no recordaba una actitud tan seca, ni siquiera con la más
loca de sus travesuras había sido así de frío y hermético. Les observaba, pero
no podía saber si meditaba en algún castigo o decidía si creer o no las
palabras que, de seguro, Changmin le había dicho. Ojalá supiera cuáles habían
sido, así podría intentar adivinar lo que pasaba por la cabeza de aquel hombre.
Los nervios le dejaban la mente en blanco, incapaz de
imaginar cualquier cosa sino sólo sentir sus manos transpiradas, que insistía
en limpiar sobre la tela de su pantalón. Eso sumado a la mirada de Changmin
clavada sobre sí no le ayudaba en nada. No quería voltear a verlo, pero era
imposible que entre su inquietud sus ojos tomaran vida propia como sus manos y
le mirara de soslayo cada tanto, sólo para reparar en la mirada del actor fija
sobre él.
Fue el inesperado golpe, fuerte, producido por los puños del
director sobre el escritorio lo que le puso los vellos en punta. El hombre se
había puesto de pie molesto, dejando caer las manos enla madera para captar la
atención de ambos.
—¿Es cierto todo? —preguntó con voz tensa—. ¿Son pareja?
Jaejoong tragó saliva nervioso. El director no parecía
dirigirse a él, pero tampoco a Changmin, había lanzado la pregunta al aire a la
espera de ver quién la tomaba y, por lo visto, ninguno de los dos quería
hacerlo.
—¡RESPONDAN! ¿Son pareja? ¿Y a pareja se refieren con que
han tenido relaciones? —De nuevo, ninguno de los dos respondió. Entonces
sucedió lo que Jaejoong más temía: Los ojos del director se posaron sobre él—.
Jaejoong, ¿son pareja?
—¡No! No lo somos. —respondió a la carrera, intentado
deshacerse de su propio sentir con respecto a esa pasada relación, si bien muy,
muy en el fondo seguían que lo seguían siendo, pese a negarse a aceptarlo.
Esa respuesta bastó para aliviar al director, que soltó un
fuerte suspiro y tomó asiento. Todos sabían (menos Changmin, quien parecía no
creerle), más el director, que Jaejoong jamás mentía. Era por ello que se había
decidido a preguntarle a él, y no al actor. Y sí, se calmó, al menos hasta que
Jaejoong se removió incómodo y estrujó sus manos, susurrando mucho más bajo.
—… Lo fuimos, pero ya no.
—¡¿QUÉ?! —vociferó volviendo a ponerse de pie—. ¿Lo fueron?
¡Entonces lo hicieron en mi escuela! —señaló colérico.
—Básicamente, fue en su cama —aclaró Changmin al señalar al
pelinegro—. En su cuarto. Pero si lo ve de forma amplia, sí, fue en su escuela.
—Jaejoong enrojeció.
—¡CHANGMIN! ¡Cállate! Tus palabras no están ayudando en
nada. —retó alzando la voz y muerto de vergüenza. Changmin lucía tan tranquilo
ventilando aquello que para él era tan privado y bochornoso.
—Y lo dicen así, tan tranquilos… —El director no daba señales
de notar que el único tranquilo era Changmin. Jaejoong temblaba y el muy
idiota, Témpano de Hielo sólo se había cruzado de brazos y observaba sin
inmutarse—. ¡No saben el entredicho en el que estamos! ¿Verdad? Jaejoong —miró
al modelo—. Jamás habías hecho algo que ameritara tu expulsión, pero ahora…
Fue esa última palabra la que le hizo abrir los ojos con el
terror tatuado en la mirada. ¿Iban a expulsarlo? ¿Y a dónde iba a ir? No tenía
ningún lugar al que pudiera llamar casa. Sí, iba a irse de la escuela al acabar
el curso, pero no contaba con que fuesen a echarlo justo en ese momento. No
había tenido tiempo de pensar en su futuro, no en tan poco tiempo.
El director observó su semblante y se preocupó por él.
Jaejoong era como un hijo y no quería causarle semejante daño, pero era lo que
él se había buscado. Por ello se serenó, y buscó volver a hablar.
—Deben entender que no pueden seguir los dos en esta
escuela. Me veo en la necesidad de expulsarlos a ambos. Este colegio ya quedó
muy mal parada con esa declaración, jovencito —Esta vez era a Changmin a quien
miraba—. Todos estarán al pendiente de lo que aquí se haga. Ningún padre
volverá a tener la confianza de dejar aquí a sus hijos, la seguridad que les
afirmábamos era inquebrantable, ya no lo es.
—Lo que hicimos fue de mutuo acuerdo, no se quebrantó
ninguna ley. —aseguró Changmin con tono frío. Jaejoong le miró de reojo,
consciente de que no podía reclamarle ahora por una violación si no quería
meterlos en un lío mucho peor. Además, Changmin tenía razón en algo, había sido
con consentimiento de su parte.
—¡AUN ASÍ! ¡Aquí no está permitido que los alumnos mantengan
relaciones sexuales! —sentenció el director.
—Ah, pero se nos da toda la teoría. ¿No sería conveniente
llevar algo de eso a la práctica? —El sarcasmo desbordó en cada palabra del
actor y el director volvió a enfadarse.
—¡Cállate, Changmin! Sólo estás echando más leña al fuego.
—ahogó Jaejoong preocupado. Lo único que el menor hacía era retar al director
para que la expulsión fuese inminente.
—¡Ni un minuto más permanecerán ambos en esta escuela! Vayan
a preparar sus cosas. Voy a enlistar los papeles necesarios y hablaré a sus
respectivos representantes para que vengan por ustedes. Lo que hagan fuera de
estas instalaciones ya no será problema mío.
Ya estaba hecho. Había sido expulsado y tendría que
abandonar la que había sido su casa por casi 14 años. No había más qué hacer,
ni cómo remediarlo. Iba a ponerse de pie para retirarse a su habitación cuando
Changmin se le adelantó. Sólo que en lugar de que el chico se fuera, se quedó
ahí, con la mira fija en el director. Daba la impresión de que se contenía para
no golpearlo.
Un segundo después, sacaba unos papeles del saco de su
uniforme y los tendía sobre el escritorio con expresión decidida.
—No expulse a Jaejoong. Quien se va de aquí soy yo.
«¿Eh?»
El pelinegro lo miró sin entender, sin poder creer que el
actor estuviera ofreciendo irse a cambio de que él se quedara. ¿Qué estaba
pasando ahí? ¿Por qué Changmin parecía cargar con una culpa que debía ser
compartida? ¿Qué acaso no habían hecho el amor estando en mutuo acuerdo?
—Las cosas no funcionan así, Changmin-ssi. —Pero incluso
así, el director tomó aquellos papeles para hojearlos. Jaejoong estaba curioso
por saber qué eran, y al parecer el director más, porque continuó leyendo hasta
el final. Al terminar los observó a ambos por unos minutos, poniéndolo más
impaciente. Al final, encaró al modelo—. Puedes quedarte, pero Changmin se va.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Y ese repentino cambio por qué? —preguntó
a la carrera y sin meditarlo, sin creer lo que el hombre decía, sin creer que
había sido salvado por Changmin… de nuevo. Como aquella vez en que le había
salvado de terminar en detención por activar la alarma contra incendios, cuando
el menor se había echado la culpa.
—Changmin se va de la escuela voluntariamente. Son los
papeles y la tramitología para su baja —abanicó las hojas con la mano—. No voy
a negarme a su salida. Si tú te quedas y él se va, y no hacen ninguna
declaración sobre lo dicho en los Asian Film, me olvidaré de tu expulsión,
Jaejoong. Todo quedará como una mala broma.
—Pero… no entiendo. —balbuceó confundido, su corazón
latiendo desaforado.
—Changmin se va del país este fin de semana.
Fue como un golpe directo en la boca del estómago, uno que
le traía a la realidad como un brusco latigazo. Las piernas amenazaron con no
sostenerle más y si no fuera porque se mantenía apoyado en el escritorio,
estaba seguro de que hubiera caído. Su mente se nubló y las palabras huyeron de
su boca. La noticia del director le había afectado más que si lo hubiese oído
del propio actor.
—Va a Estados Unidos a filmar una película. Según estos
papeles, estarás fuera… ¿cuánto? ¿Un año, Changmin-ssi? —Jaejoong sólo pudo
percibir de soslayo cómo el menor asentía, y su corazón se paralizó—. En un año
esto quedará olvidado, así que puedes quedarte. De cualquier modo, no se verán
en 12 meses.
¿Doce meses?…
Changmin iba a irse…
¡A irse por doce meses!…
Sin él.
—Jaejoong, aun así estarás confinado a tu habitación por una
semana por lo que hiciste. La comida y las tareas las harás ahí, no saldrás y
nadie podrá entrar a verte a menos que sea para algún trabajo. ¿De acuerdo? —Él
apenas logró cabecear—. Ahora vete, aún tengo que hablar a solas con el joven
Shim.
Jaejoong se giró en su lugar cabizbajo, con el cuerpo pesado
como plomo, cansado y demolido. Era como si de pronto hubiese corrido una
maratón de diez mil kilómetros sin descanso, donde ahora las piernas y el
cuerpo le tiraban. Pero lo que más dolía, era el pecho. Al llegar a la puerta
giró un poco, notando que la mirada del más joven no le había perdido detalle
en ningún momento.
Antes de que pudiera procesarlo, sus labios silabearon para
él sin emitir sonido alguno: «Vete al diablo»
Y sin decir nada más, salió de aquella oficina lo más rápido
que sus piernas se lo permitieron para ir a encerrarse a su habitación.
Changmin se iba el fin de semana y sentía que su corazón se le comprimía en el
pecho, robándole el aire.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿POR QUÉ?
Changmin despegó la mirada de la puerta y miró al director.
Este no le había perdido detalle en ningún momento. Lo estudiaba, tal como le
había hecho con Jaejoong al llegar. Era una persona madura y sabía. Quizá era
su manera de determinar si podía confiar en él o no.
—Mi representante vendrá a verle dentro de unas horas para
arreglar lo de mi salida. —aseguró volviendo su atención a la puerta, como si
esperara que Jaejoong apareciera, si bien sabía que no iba a pasar.
—¿Quieres ir a hablar con él?
Sabía que Changmin no respondería a su pregunta. Lo había
estado retando a cada instante con la mirada, con su actitud y palabras
evasivas desde que hubiera aparecido en su despacho. Changmin no demostraba
tener mucha facilidad para someterse a la autoridad, pero aquello había
cambiado en cuanto Jaejoong apareció. Se notó incómodo y ansioso por igual ante
las reacciones del pelinegro. Molesto, cuando Jaejoong negó su relación, y
aliviado cuando afirmó que sí lo habían sido. Incluso ahora, se veía
desesperado por salir, y no precisamente por ir a arreglar sus cosas.
—Sí. Quiero ir a verle. —Aquello sorprendió al hombre, pero
Changmin estaba tan ocupado en apreciar la puerta que no lo notó. Había creído
que el chico no respondería.
—Entonces ve. Yo esperaré a tu representante para hablar de
tu salida.
Changmin volteó para verle con las cejas alzadas por el
asombro, pero fue sólo un momento, porque al siguiente su máscara de calma e
inmutabilidad volvió a aparecer. Tal parecía que la usaba con todos, menos con
Jaejoong. Aun así, se inclinó en señal de agradecimiento y salió lo más rápido
que pudo en busca del mayor.
—El amour, el amour. —murmuró el director, que ya se ponía a
tararear una tonada romántica mientras continuaba firmando algunas órdenes y
requerimientos, y olvidando por un instante de las cartas de expulsión que
había sacado justo antes de que ambos jóvenes llegaran.
Jaejoong era como un hijo para él, y desde siempre había
sabido de la admiración que el modelo tenía por Shim Changmin. Muchas veces en
su despacho, el chico le había contado su sueño de conocerlo y convertirse en
su amigo, llegando incluso a contarle de aquel incidente a sus seis años donde
afirmaba querer casarse con él; ambos habían reído mucho por ello.
Ese había sido el motivo por el que, apenas llegaron a sus
manos los papeles de inscripción de Changmin, se apresuró en aceptarlo y
anotarlo en el salón de Jaejoong, además de colocarlo en la habitación contigua
a la del pelinegro. Confiaba en que a Jaejoong le daría mucho gusto.
Y al parecer el gusto había sido mutuo…
Lo que el director nunca supo, es que entre la montaña de
problemas que habían causado aquellas decisiones erradas, algo de mano divina
había tenido. Y es que si Jaejoong le hubiese contado del problema que había
tenido con el actor un año atrás, aquello hubiese bastado para que las cosas
hubieran sucedido de un modo muy diferente.
–.—.—.—.—.—.–
Las cortinas de la habitación se agitaron con la corriente
de aire que comenzaba a soplar del exterior. Había olvidado cerrar la puerta
del balcón, pero no se sentía con fuerzas suficientes para llegar hasta ella y
cerrarla.
Sentado en su cama, observaba el piso. Sentía frío, pese a
que el clima fuera algo caluroso y trajera pues el uniforme con todo y saco. El
cuerpo lo tenía adolorido, como aquella primera vez en que hubiera hecho el
amor con Changmin…
¿Amor?
¡Cuál amor! Changmin lo había atado a la cama y lo había
poseído, un acto que le había traído terribles consecuencias. Ahora se sentía
igual, aunque por diferentes motivos. En aquel entonces había sufrido, moral y
físicamente, pero ahora era algo más bien interno. Le sofocaba, se sentía
ahogar. El dolor punzante en el pecho le provocaba alzar las manos para frotar
la zona e intentar aminorarlo, pero este no cedía.
—Me duele… —musitó a la nada, su mano cerrada con fuerza
sobre su pecho.
—A mí también…
La mirada oscura se elevó veloz hasta el balcón abierto, y
ahí, de pie sobre el marco, se encontraba su peor pesadilla, aquel que tanto
odiaba pero amaba a la vez; aquel que no se merecía su cariño, porque no sentía
más que deseo por él.
Quiso sostenerle la mirada, convencerse de que lo odiaba,
pero su sola presencia le estremecía. Ese aroma a colonia cara le inundaba los
sentidos, y la mirada sensual que recorría con lentitud su cuerpo le inflamaba
la sangre. Changmin sabía cómo mirarle, cómo tocarle y besarle para que
reaccionara.
—No sé qué haces aquí —desvió la mirada lejos de aquella que
no perdía detalle de su figura. Se sentía perdido con solo verle—. Supongo que
has venido a restregarme en la cara lo fácil que fue cerrar con broche de oro
tu venganza. Pues, te felicito —masculló con voz amarga y seca—. Tu partida a
Estados Unidos ha sido lo mejor de todo —regresó a mirarle—. Lo mantuviste todo
tan bien guardado, que jamás pasó por mi mente que después de revelarme tu
‘magnífico plan’ te largarías para evitar cualquier relación conmigo. Sólo
plantas la semilla y esperas que florezca. Eres un verdadero desgraciado —le
miró lleno de rencor—. ¡No sabes cuánto te odio!
—Sé que merezco tu odio —aceptó acercándose a él. Esas
palabras logaron confundirlo por un momento, pero al segundo arrugó el ceño—.
Sólo escúchame primero, después ódiame.
—¡Eres un maldito arrogante! —se puso de pie, quedando a
escasos pasos del actor con las ganas apenas contenidas de agarrarlo a
puñetazos. Changmin vio los puños del mayor apretándose y bajó los brazos a los
costados de su cuerpo.
—Hazlo —instó calmado—. Si te sientes mejor, adelante,
golpéame.
Jaejoong sonrió, si el actor pensaba que no sería capaz,
estaba muy equivocado. Levantó el brazo derecho con la mano empuñada fuerte y
en alto, y sin más lo lanzó con todo coraje contra el menor, impactando contra
su mejilla. Changmin giró por la intensidad del golpe, dejando que incluso
algunas gotas rojizas salpicaran contra el impecable papel tapiz de la
recámara.
Por un momento creyó que se sentiría mejor al desquitarse de
esa manera, pero el alivió que creyó sentir se convirtió en preocupación al ver
cómo el más alto se llevaba una mano a la boca para limpiar el hilillo de
sangre que brotaba de la comisura de la misma.
—Si estás listo para escucharme, me gustaría empezar. —murmuró
el menor sin rastro de enojo. ¿Pero por qué no se molestaba o tomaba
represalias? Fuera como fuera no quería escucharle, le dio la espalda.
—No quiero hablar contigo, ni saber nada de ti. Que te vaya
bien en Estados Unidos y ojalá no vuelvas. Por fin se hará realidad mi sueño y
saldrás de mi vida para siempre. —Estaba dolido, aunque trataba de sonar seguro
y feliz porque Changmin se fuera, sabía que era demasiado transparente como
para convencerlo, y es que su verdadero sentir siempre salía reflejado en su
voz.
Antes de poder evitarlo se encontró siendo tomado con fuerza
por los hombros, un toque que le provocó una violenta corriente eléctrica y de
la que trató de alejarse. Sólo que las fuertes manos del chico le apretaron
más, acercándolo hacia sí para poder susurrarle.
—Mientes.
Sí, estaba mintiendo. ¿Por qué maldita razón no podía ser
como los demás y mentir cuando lo considerara conveniente? Ahora Changmin sabía
que a pesar de decir que se alegraba, no era así. Le dolía, mucho, pero no lo
diría. No sería humillado de nuevo por confesar de nuevo un amor que sabía, no
era correspondido.
—Suéltame —pidió en tono calmo, aunque por dentro estuviera
destrozado, su voz no lo denotó esta vez. Changmin se notó sorprendido por
ello, y él aprovechó ese instante para encararlo—. ¡Lárgate!
—Jaejoong, escúchame. —pidió dando un paso para acercarse,
pero Jaejoong retrocedió igual.
—¡No! Ya has dicho suficiente. ¿Qué más puedes decir? Hasta
tengo miedo, lo último que dijiste acabó con mi vida como la conocía, si
vuelves a hablar no sé qué más daño puedas hacerme. No vaya a ser que ahora sí
me mates. —acusó mordaz.
—Sólo hice lo que me pediste. —Jaejoong abrió mucho los
ojos.
—¿Qué? ¿Ahora me echarás la culpa? ¿Cuándo te pedí que le
dijeras a medio mundo que soy gay, eh? No estoy loco como para suicidarme
socialmente y perder una fortuna en campañas. Ya estoy esperando la visita de
Sunny para reclamarme por eso, seguro que todos mis grande proyectos se han de
haber caído gracias a tu chistecito.
Otra cosa en la que Changmin no había pensado. Jaejoong
tenía razón, había campañas, como la de Nike, que seguro quitarían a Jaejoong
de su lista de posibilidades o cancelarían los promocionales que ya hubiesen
filmado y quién sabe, tal vez incluso le cobrarían una multa por exponer su
imagen de esa forma.
—Lo siento. —Esas dos palabras lograron que Jaejoong quedara
con la boca abierta por el asombro. ¿Changmin disculpándose? Eso era digno de
otro premio, porque sonaba tan sincero. Lástima que no pudiera creerle.
—Si no supiera que eres un magnífico actor, podría haberte
creído. —La única vez que había visto a Changmin vulnerable sucedió la noche en
que Kyuhyun murió, aunque ahora lo veía de la misma forma, y no le agradaba. No
podía saber si el chico realmente se encontraba afectado o sólo actuaba para
bajar sus defensas—. Si un ‘Lo siento’ es todo lo que querías decir, ya puedes
irte. —Pero Changmin no se movió, sólo le recorrió lento con la mirada,
provocándole estremecimientos involuntarios.
—Lo hice porque me lo pediste, con la esperanza de que
pudieras creer que te amo. —Jaejoong revoleó la mirada. ¿Por qué decía que él
había pedido que le destruyera la carrera?
—¿Por qué insistes con eso? ¿Qué fue lo que te pedí? Porque
yo no recuerdo haberte dicho que terminaras con mi carrera para que nadie me
diera trabajo.
—Sé que Junho te canceló el papel del fantasma… —La risa de
Jaejoong le interrumpió. ¿Acaso su primo no había cancelado su participación?
Con lo quisquilloso que era con su trabajo no creía que fuese a arriesgarse. Y
sin embargo, el modelo reía.
Jaejoong, no sin satisfacción, recordó en ese momento las
palabras que el joven Junho le dedicado al verle postrado casi contra la puerta
por el miedo.
—Pasa, tenemos que hablar sobre tu participación en la obra.
Eso le había hecho temblar. Las peores cosas pasaron por su
cabeza, pero fue el mismo Junho quien le regresó el alma al cuerpo al darle
también una leve esperanza.
—A mí, en particular, no me importa tu condición sexual —Esas
palabras casi le habían lanzado al cielo—, pero al público sí —Y después le
dejaron caer—. Montar una obra, cualquiera, por más sencilla que sea, cuesta.
Hay que pagar la renta del teatro, la confección de trajes y escenografía, así
como el pago a empleados y personal que abarca no sólo a los actores, sino a
acomodadores y tramoyistas, ingenieros de sonido y luces, músicos de orquesta;
está la impresión de publicidad, posters, afiches, programas y demás. Yo, como
productor, no puedo arriesgarme a que fracase.
Jaejoong lo sabía. Al haberse involucrado en un escándalo,
era más que seguro que la gente se abstuviera de asistir a la función y
fracasara, logrando que la producción y socios perdieran toda inversión. Ser
consciente de ello le deprimió.
—Entenderé si quiere que deje la obra. —aceptó tratando de
ahogar el nudo en la garganta. Su sueño, su gran sueño iba a irse a la basura,
y quizá jamás podría recuperarlo.
—Las noticias de ti y Changmin en los diarios y revistas son
bastante comprometedoras —prosiguió Junho sin ver los artículos mostrados en
las impresiones bajo sus manos. Daba impresión de que se había leído ya cada
una de ellas—. Pero todas son conjeturas, no hay ni una sola afirmación, nada
que demuestre que es cierto, y si no hay confirmación de tu parte ni de la de
Changmin, entonces sólo es un rumor —Jaejoong alzó la mirada hasta los ojos
contrarios, asombrado—. Changmin bien pudo haberte hecho una broma de mal
gusto, y mientras él o tú no digan nada más… no hay por qué disolver el contrato.
—¿Qué? —consiguió balbucear incrédulo.
—Así es, Jaejoong-ssi. Voy a arriesgarme contigo y con esta
obra. Tú eres la persona indicada para interpretar al fantasma, tienes una gran
voz, un magnífico potencial actoral y yo pienso explotarte al máximo. Me
hubiera gustado que interpretaras otro papel en un musical que aún estoy
considerando… —confesó pensativo, sonriendo de pronto para sí, algo que el
pelinegro no entendió—. Pero, bien, consideraremos este escándalo como
publicidad gratis. Todos querrán ir a verte al teatro para saber si la
afirmación de Changmin es verdad o no, pero mientras ustedes no digan nada,
todo quedará como un rumor.
—¿Eso es una condición? —musitó incómodo. No quería que le
condicionaran nada, no quería un trabajo en el que necesitaba guardar alguna
clase de secreto para ser aceptado que por cierto, siendo él como era,
resultaría imposible. Él jamás mentía.
—No, no estoy condicionándote —sonrió Junho—. Si tú y
Changmin están saliendo y quieren revelarlo a medio mundo, adelante. Aun así
pienso arriesgarme contigo. —Eso le hizo sentir mucho mejor, pese a que entre
ellos no hubiera ya nada.
—Pero Changmin y yo no tenemos ninguna relación. —Cuánto
deseaba que hubiera algo entre ellos, pero era imposible.
—Junsu me dijo lo contrario —Jaejoong enrojeció. ¿Cómo podía
saberlo el chico de cabellera platinada que tocaba el violín? Tal vez Changmin
le había contado, aunque según los había visto tratarse en la audición, no se
llevaban bien—. No puedo creer que Changmin se atreviera a revelar su condición
sexual por televisión —admitió con una extraña felicidad, pero el pelinegro
seguía desconcertado—. Sólo debes considerar lo siguiente —le miró más serio—:
Si la obra es un éxito, como espero que sea, no tendrás que preocuparte porque
el mundo entero sepa que eres gay. Tus bonos como actor estarán lo bastante
altos como para conseguir más papeles —Jaejoong sonrió—. Pero, si fracasa —La
sola idea le puso los vellos en punta—, vete despidiendo de cualquier obra
seria. Serás encasillado en papeles de homosexual para toda tu vida.
«Como Hong Seokcheon» se recordó al volver a la realidad,
donde el alto actor seguía observándole con curiosidad en la mirada.
—Te equivocas —se jactó orgulloso—. Junho estuvo aquí ayer y
me aseguró que se arriesgará conmigo, así que si tu plan era que no me fuera de
Busán, fallaste.
Changmin lució de pronto aliviado, y eso lo desconcertó. ¿No
se suponía que debería estar molesto porque su plan no salió según lo planeado?
—Me alegro por ti, ahora podrás seguir tu sueño de ser un
gran actor, y sé que lo lograrás. —Jaejoong le vio extraño de nuevo. Parecía
tan sincero que casi le creía.
—¡Deja de hacerte el payaso! No me vengas a felicitar. Tu
plan para impedirme ser actor fracasó. ¡Falló! —recalcó—. Y ahora dime qué fue
lo que te pedí, porque yo no recuerdo haberte pedido nada. —Changmin volvió a
acercarse, pero esta vez él no retrocedió. Quería saber.
—Me pediste tres cosas y las tres las he cumplido —Jaejoong
negó con la cabeza. Él no le había pedido nada—. Me pediste que me reconciliara
con mi madre, y lo hice por ti. —¿Acaso estaba loco?
—¡No! Eso no debías hacerlo por mí, debías hacerlo por ti
mismo, por acercarte a tu familia, para tenerla de regreso contigo y no porque
yo te lo pidiera. —interrumpió molesto. Aunque por otro lado, le alegraba que
se hubiese reconciliado con la mujer que tanto le quería, si bien aquello debía
haber sido porque Changmin estuviera convencido, no porque alguien lo presonara.
—Entonces lo recuerdas. —señaló el menor, ladeando una breve
sonrisa.
—Sí, sí, eso sí lo recuerdo. Pero me dijiste que jamás lo
harías. —acusó airado.
—Pero lo hice, y no sabes lo que le costó a mi orgullo pedirle
una disculpa y que me perdonara, incluso fue conmigo a la ceremonia de los
Asian Film. Fue por eso que te pedí que vieras la TV esa noche. —Jaejoong lo
vio con asombro, sabiendo que era cierto. La mejor prueba era haberlo visto en
compañía de su madre en la ceremonia. También sabía que Changmin debió haber
batallado para tragarse su orgullo, lo que era una dura prueba para él…
Momento. ¡Eso no quería decir nada!
—¡Eres un maldito desgraciado! El que lo hayas hecho no
quiere decir que esté dispuesto a creerte. ¡Y menos después de lo que dijiste
en televisión!
—Esa fue la segunda cosa que pediste.
—¿Que yo QUÉ? —No podía creer que se atreviera a decir que
le había pedido algo como eso.
—Dijiste que lo gritara a los cuatro vientos, y qué mejor
forma que el estar frente al podio, delante de las cámaras y en la TV de
millones de telespectadores. —A la mente del modelo llegaron de inmediato esas
palabras. Se llevó los dedos temblorosos a la frente al recordar las palabras
exactas.
—¡No! Nunca te dije que lo gritaras, ¡te dije que NI aunque
lo gritaras a los cuatro vientos te creería!
—Entonces lo malentendí. —se encogió de hombros sin darle
mayor importancia, lo que enfureció a Jaejoong más, de por sí. Sabía que
mentía, era la típica pose y tonito que usaba cuando había hecho algo
apropósito.
—¿Y lo último? —masculló entre dientes. Si las cosas no le
hubieran pasado a él, quizá estuviera muerto de la risa, pero ahora sólo podía
intentar mantener a raya las ganas de asesinar al actor.
Changmin dio unos pasos más para acercarse a sólo
centímetros de él, pero no se movió. Tomó las manos del pelinegro sin dejar de
verle a los ojos y Jaejoong se sintió hipnotizado, perdido en aquella
profundidad cual si estuviera en un sueño, donde la calidez de aquellas manos y
los dedos masajeando la piel de su palma le hacían estremecer. Sus ojos se
entrecerraron, sin saber qué hacer o pensar. Se sintió regresar atrás, justo
antes de saber la verdad; ahí donde podía sentir que el amor que veía en
aquellos ojos era tan real como el que se mostraba en los suyos.
—Lo último, que es tuyo… —El menor acortó más la distancia,
acariciando su oído con palabras susurrantes—. Me pediste mi corazón…
Aquellas palabras regresaron como una cachetada de realidad,
y Jaejoong se separó de golpe. Changmin había dicho en TV que eran pareja,
destruyendo así cualquier posibilidad de conseguir un trabajo serio si la obra
de Junho fracasaba en taquilla, sin contar que le había hecho su amante como
parte de su venganza contra su madre. Le había dicho que aprendió a odiarlo
cuando eran niños, ¿y ahora decía que su corazón le pertenecía?
—¡Eres un mentiroso! —negó de inmediato—. Tú no tienes corazón,
maldito témpano de hielo. ¿Tu corazón es mío? Sí, cómo no. Para lo único que me
sirve un trozo de hielo como ese, es para medio enfriar una limonada —se mofó
irónico. Changmin sólo lo observaba—. Vas a irte del país este año, ¿y así
pretendes que te crea lo que dices? ¿Qué pretendes? ¿Que sea tu amante hasta
que te vayas?
—Me voy este sábado, salgo en el vuelo de las cuatro.
¿Qué? ¡Tan pronto!
No podía negar que las palabras le habían afectado tanto que
casi le cree. Sólo que también conocía la habilidad del chico por manipularle,
y ahora no lo lograría. ¿Por qué causarle más daño? ¿Cuál era el plan?
—Si ya te vas, ¿entonces qué buscas? —le enfrentó con la
mirada, luchando por ocultar el dolor que su partida le causaba. Quizá era mejor
así, que se fuera de una vez para poder remendar su vida.
Pero entonces vio a Changmin llevarse la mano a la bolsa
interior del saco, de donde sacó un sobre membretado. Al reconocer lo que
contenía el sobre, sus ojos se abrieron con sorpresa por lo que aquello pudiera
significar.
—Quiero que vengas conmigo. —Y le tendió el boleto a Estados
Unidos con su nombre impreso en él.
Pasó saliva nervioso y tomó dudoso el boleto para verlo
fijo. Tenía la fecha abierta, pero era sólo de ida, no era un boleto redondo.
¿Acaso pensaba abandonarlo una vez estando allá? ¿Iba a usarlo de nuevo para
después botarlo a la basura? Frunció el ceño y, tomando el boleto entre ambas
manos, lo partió a la mitad; y se lo lanzó a la cara.
Changmin cerró los ojos al sentir los pedacitos de papel en
el rostro, pero no se inmutó. En su lugar mostró esa mueca suya en forma de
media sonrisa, por lo cual el pelinegro le miró fijo.
—Ese boleto no puedes pegarlo con cinta, como hiciste con
las notas que te dejé bajo la puerta. —se agachó a recoger los trozos, y las
mejillas de Jaejoong se colorearon.
¿Cuándo había visto las notas que había roto sólo para
buscar pegarlas después? Su curiosidad había podido más, y no había resistido
leer lo que el actor le había escrito. Y ahora que lo recordaba, tal vez había
sido aquella vez que forzó la puerta del balcón. Las notas estaban sobre el
escritorio, y ahí es donde lo había encontrado. No imaginó que Changmin pudiera
haberlas leído.
—No me interesa pegarlo o hacerlo válido de alguna manera. —acusó
a la defensiva, pero fue como si no hubiese dicho nada porque el menor
continuó.
—Puedes pedir una copia en la terminal aérea, sólo asegúrate
de que haya lugar en el vuelo. Si quieres puedo reservarte un asiento para que
vengas conmigo este sábado. —Jaejoong se sintió de nuevo molesto. ¿Acaso se
había vuelto loco? Ya le había dicho que sería El Fantasma de la Opera en la
obra de Junho, ¿y ahora quería que lo dejara todo por él?
—¡No! No iré a ninguna parte contigo. ¿Para qué me quieres
ahí? ¿Para tenerme de tu amante gratis? ¿Alguien a quien puedas usar mientras
filmas tu dichosa película? —Changmin sólo volvió a sonreír torcido.
—No sería gratis. —Y eso bastó para hacerlo estallar. Lo
hacía de nuevo. De nuevo asestaba un golpe para humillarlo, confirmando lo que
ya sabía. Él no lo amaba, sólo quería usarlo.
—¡Desgraciado! Intentas comprarme otra vez. —gritó, pero
Changmin negó suave con la cabeza.
—Lo siento, lo hice de nuevo —explicó calmo—. Es tan fácil
hacerte enojar, que no puedo evitarlo. —aceptó no sin cierto deje de diversión.
Jaejoong no entendía. ¿Iría a Estados Unidos a filmar una película cuando antes
ya había rechazado dos que le pagarían millones? ¿Por qué tan lejos? ¿Por
alejarse de él?
—Aclárame una cosa —pidió—. Dijiste que estabas tomando un
año sabático, te escuché rechazar dos ofertas millonarias, ¿y de buenas a
primeras aceptas una oferta en América para aparecer en una película? ¿Quieres
quitarte de encima a la prensa y de paso a mí?
—Te equivocas, no voy a actuar. —aclaró, sorprendiendo al
mayor una vez más. ¿Qué?
—Pero… ¿entonces qué…?
—Voy a dirigir.
Jaejoong guardó silencio, perturbado. ¿Changmin sería el
director de una película? ¿En Estados Unidos? ¿Desde cuándo el actor podía
dirigir? ¿Sería por eso que tomaba clases de dirección en la escuela? Entonces
que su partida no tenía que ver con la prensa, su madre o cualquier tontería
que hubiese pensado. Changmin iba a trabajar en algo en lo que se había estado
preparando.
—Será mi primer largometraje, sólo he dirigido cortos hasta
ahora. He ganado varios premios con ellos. Quizá hayas visto alguno en mi
departamento, están bajo el pseudónimo de Choikang.
Sí, sí los había visto en su departamento aquella vez, pero
no les había dado importancia. Le habían llamado más atención las fotografías.
—¿Vendrás conmigo? —preguntó el actor, acercándose
peligrosamente a él. Jaejoong alzó la mirada y se perdió al encontrarse una vez
más con aquellos ojos castaños. Se sentía… tan confundido. Por una parte, moría
por estar con él, por sentir aquellos labios sobre los suyos, derretirse bajo
el calor de su cuerpo; pero por otro, sabía de antemano que lo único que él
quería era su cuerpo, y no su corazón.
—No. —afirmó firme, cerrando sus ojos para acallar su
corazón desbocado, aquel que luchaba por gritar que sí.
—Te amo, Jaejoong…
Sus ojos se abrieron enormes al ver a través de aquellas
pupilas, como si tratara ver en ellas si aquello era verdad. La mirada de
Changmin parecía brillar con una emoción que no pudo identificar. No era la
misma que había tenido al ganar en los Asian Film, ni la que encontró en sus
ojos al contarle sobre la muerte de Kyuhyun, ni siquiera aquella que mostraba
cuando hablaba sobre su madre y la pelea. Tampoco era lo que veía en él cuando
le besaba presa de lo que él creía eran celos. ¿Qué era lo que veía en esos
ojos? Aquello que le hacía brillar, casi iluminarle por completo el rostro pese
a que afuera atardecía y la habitación se oscurecía.
Changmin se acercó de nuevo sin que Jaejoong retrocediera.
Las últimas palabras del menor todavía le taladraban el corazón. ¿Cómo podía
decir aquello y que sonara tan sincero? Sus ojos castaños se habían dilatado al
pronunciarlo, e incluso el color del iris se había intensificado. ¿Por qué?
¿Por qué su corazón latía tan a prisa al escucharle y sin embargo, no le creía?
Sintió los labios del actor posarse suaves sobre los suyos,
humedeciéndolos en un roce cálido, dejando que su lengua acariciara su labio
inferior, pidiendo permiso para ingresar. Y le dejó, sin proponérselo
realmente, abriendo la boca para que Changmin pudiera entrar y saborear, jugar
con su lengua y logrando que la sangre amenazara con incendiarle.
Su cuerpo empezó a reaccionar ante la caricia, y respondiendo
suave y sin meditarlo elevó los brazos para rodear al menor por el cuello,
correspondiendo al beso. Sintió las manos del chico buscando reconocer su
figura, volviendo el toque más apasionado, más urgente. Sus dedos se colaban
bajo el saco del uniforme y sobre la camisa, donde el calor impregnó su cuerpo
logrando hacerle temblar por instantes.
—Jaejoong, te amo. Más que a mi vida, yo… —escuchó la voz
ronca pronunciar cada palabra sobre sus labios, cargadas de una sinceridad que le
dolió.
Se separó buscando la mirada del actor, la respiración
entrecortada. Le miró con desconcierto y desconfianza, sin saber si creerle o
no. Su corazón gritaba que no era mentira, que era sincero, pero su cabeza
dictaba lo contrario. Changmin aún no se ganaba su confianza, y de aquí al sábado,
sin estar en la escuela, no iba a ganarla.
Ni siquiera notó que golpeaban la puerta. Ambos voltearon
hacia la puerta y Jaejoong se obligó a recuperar el aliento.
—¿Quién?
—El director Lee me ha mandado a buscar a Changmin-ssi. Su
representante llegó y le esperan en dirección. —avisó la voz suave y femenina
que Jaejoong identificó al instante, era de Seohyun.
—Dígale que ya bajo —respondió Changmin, sin dejar ver
aquellos ojos que de pronto parecían distantes. Al escuchar los pasos alejarse,
buscó su atención—. ¿Sigues sin creerme? —cuestionó deslizando el dorso de sus
dedos por la mejilla del pelinegro, pero éste se alejó como si el contacto le
quemara.
—Me has mentido mucho como para poder creerte ahora. —respondió
sin pensar. Podría amarle, pero no confiaba en que él le amara como decía.
—Ahora tengo que irme —Recordárselo hizo que a Jaejoong se
le hiciera un nudo en la garganta—. No creo que me permitan volver a la escuela
para verte. Tengo muy poco tiempo para arreglar mi viaje, debo arreglar todavía
un par de asuntos aquí antes de irme —explicó, tomando después al mayor por los
hombros y que le mirara a los ojos—. Pero pienso volver. Dentro de un año
volveré, y nada evitará que te recupere. ¿Entiendes? Voy a regresar sólo para
recuperarte… Por ti, eso te lo prometo.
Una inusitada emoción le infló el pecho. Jaejoong sintió que
el corazón empezaba a latirle desbocado, diciendo que sí, que Changmin le amaba
como lo amaba él. Esa voz interna gritaba cada vez más alto, mientras la otra,
la que susurraba que el chico mentía, se iba alejando.
—Changmin, yo… —Pero no pudo continuar, porque el castaño
volvía a apoderarse de sus labios. Todo le daba vueltas, demasiado sensible aún
por el reciente beso interrumpido y el que ahora sólo lograba hacerle
reaccionar. Tan sólo pensar que Changmin se iría para siempre bastó para que su
resolución se perdiera y se dejara embriagar por aquella deliciosa sensación sobre
sus labios. El cuerpo del más joven se apretaba contra el suyo…
¡Oh, por Dios!…
Changmin iba a irse…
No quería que se fuera… No…
Lo amaba, tanto como había dicho él. Más que a su propia
vida…
Poco a poco, conseguía corresponder al beso que Changmin le
daba y que le hacía despertar el deseo. Pero no podía, ya no más. Se había
prometido a sí mismo que no volvería a caer, y estaba cayendo de nuevo.
Changmin volvía a romper sus defensas y le manipulaba como sólo él sabía
hacerlo.
Se obligó a evocar en su memoria todo lo que había padecido
por el actor, sin dejar olvidar el pasado. Sólo era un instrumento de su
venganza, de la cual desconocía si era o no parte el reconciliarse con su madre
y volver con él.
No…
No podía ni debía confiar en él.
Su beso se volvió frío y alzando una mano, lo empujó lejos
por el pecho. Ambas miradas se toparon, la del menor desconcertada. Sabía lo
que Changmin se preguntaba, el qué había fallado.
Su memoria, eso le había fallado.
—Ese fue tu regalo de despedida —le mostró una sonrisa
forzada, una que se veía cruel en aquel rostro tan atractivo y blanco—. Ahora
vete, te están esperando.
Vio a Changmin andar hasta el peinador, donde dejó algo
antes de girarse para verle. El pelinegro seguía de pie junto a la cama, viendo
cómo el menor se alejaba; cuando llegó a la puerta, tomó el picaporte y abrió.
Un impulso inconsciente hizo a Jaejoong dar dos pasos para
intentar detenerlo, pero un instante después se detuvo, regresando a su costado
la mano con la que había pretendido alcanzarlo. Changmin giró sin que hubiera
podido ver aquello, murmurando algo en voz baja.
—Piénsalo. Tienes hasta el sábado a las cuatro PM —Después
guardó silencio, sólo observando aquellos ojos negros antes de seguir—. Si no
te amara, no te estaría suplicando. —aseguró. Jaejoong tardó antes de atreverse
a verle. Sentía el corazón querer saltarle del pecho… Si tan sólo fuera verdad.
—No tengo nada qué pensar —afirmó con la mano bajo el saco
de su uniforme, ahí donde sus dedos estrujaban su camisa—. Si tuviera seguro de
que me amas, habría dicho que sí. Pero como no te creo, la respuesta es más que
obvia…
Silencioso, Changmin cabeceó en acuerdo y dio la vuelta,
saliendo de la habitación para cerrar detrás suyo.
Un segundo después, Jaejoong corría hasta la puerta,
cerrando ambas manos temblorosas sobre la misma. Su corazón dolía. Quería
gritarle que no se fuera, que se quedara o lo llevara con él, que lo amaba. Que
todo estaba olvidado, que volvieran a empezar. Pero tenía orgullo, y no
quería volver a ser utilizado por el
actor. No quería más desprecios, ni palabras hirientes. Aunque su corazón
rogaba que le creyera, su cabeza se negaba a tomar las palabras del actor como
ciertas; y esta vez su corazón no había tenido voz ni voto.
–.—.—.—.—.—.–
Changmin había salido de la habitación de Jaejoong
apesadumbrado. No había conseguido nada. Se lo había esperado, sabía que lidiar
con el pelinegro iba a ser difícil, pero esperaba que no imposible y sin
embargo, había fracasado. Se sintió de pronto tan cansado que terminó por
recargar la espalda contra la puerta del modelo, llevándose la mano hasta el
área de los ojos.
La cabeza le estaba matando.
Un par de pasos se escucharon por el pasillo, pero no prestó
atención. Nadie se atrevería a hablarle porque todos en esa escuela le temían,
o eso pensó hasta que ubicó un par de zapatos deteniéndose frente a él. Al
alzar la mirada, se encontró frente a frente con Park Yoochun.
—Hasta que te dignas a aparecer —señaló con reproche.
Llevaba en la mano el escuche de su flauta, lo que significaba que los talleres
habían terminado. Más le valía salir del ala Este antes de que la muchedumbre
lo atosigara con preguntas. Con eso en mente se dio la vuelta dispuesto a salir
de ahí, pero el músico le detuvo del brazo—. ¿Ya hablaste con Jaejoong? —preguntó.
Changmin clavó su mirada en el agarre para que le soltara, y una vez libre lo
miró a los ojos.
—Para nada. Es sólo que disfruto contemplar las puertas
cerradas. —respondió sarcástico.
—Pudiera ser que te dejó afuera, como a mí, a Hangeng o a
Boa. —explicó el músico en el mismo tono.
—A mí nunca. Meterse por el balcón es fácil si lo fuerzas
con una tarjeta. —reconoció burlón, y Yoochun le miró tan sorprendido como
divertido.
—¡Vaya! Lo tendré en cuenta para la próxima que no me deje
entrar. —aceptó siguiendo el juego, pero un momento después pudo ver que la
diversión en los ojos del actor se enturbiaba por una sombra de tristeza que
jamás había visto. Era la primera vez que Changmin dejaba ver algo de esos
sentimientos que siempre escondía tras sus frías miradas.
—Me dio gusto conocerte. —Changmin le extendió la mano, para
sorpresa del músico. Yoochun lo miró sin comprender, pero extendió la suya y
aceptó el gesto.
—Esto me suena a despedida. ¿Acaso te vas?
—Hasta luego, Yoochun. —le dio una última sonrisa rota sin
responder, girándose para tomar rumbo a las escaleras.
—¡Te ama! ¿Lo sabías? —le gritó antes de que el más joven se
perdiera de vista. Ni siquiera sabía por qué lo decía, pero había sido un
impulso. Pensaba que podría ayudarlos… o sólo meter la pata.
Changmin se detuvo y giró el rostro, apenas lo suficiente
para mostrarle una sonrisa melancólica.
—Lo sé. Yo también lo amo… pero no me cree. —Y un instante
después, se alejaba a prisa rumbo a la oficina del director.
Yoochun lo observó perderse por el hueco de la escalera.
Siempre había tenido la sospecha de que Changmin sentía algo por su amigo, más
después de que Jaejoong le contara todo, pero había sido en plena ceremonia de
los Asian Film con las palabras dichas por el actor que le iluminó.
Changmin también lo amaba, y ahora se lo confirmaba. Había
escuchado de sus labios lo que había sabido desde un principio: Changmin
gustaba de Jaejoong. Se había dado cuenta desde que lo había descubierto
sentado en su pupitre con la mirada fija en el pelinegro, e incluso el propio
actor se lo había dado a entender aquella noche cuando se le ocurrió cuestionarlo
por su manera de observar a Jaejoong; le había respondido que quizá significara
lo mismo que su mirada cuando hablaba de Junsu. Changmin sabía que salía con
Junsu. Se lo había dejado muy claro entonces, pero no lo comprendió al momento…
¿Por qué Jaejoong no le creía?
Changmin se lo había demostrado de tantas formas y lo último
–aunque no lo mejor–, lo había dado a conocer al mundo.
Bien decían que ‘primero saben del fuego los que están
fuera, que aquellos que están dentro’.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong se alejó de la puerta arrastrando los pies.
Changmin se había ido. No, lo había dejado ir. ¿Por qué no podía simplemente
creer todo lo que le había dicho? ¿Por qué?
Porque le había hecho daño, por eso.
Se detuvo al borde del peinador y entonces ubicó de reojo
algo fuera de lugar. De repente lo recordó, Changmin se había detenido ahí y tal
parecía que para dejar algo. Eran unas llaves, y un sobre blanco.
Hizo las llaves a un lado y con mano temblorosa sacó la hoja
que venía al interior del sobre. Sus ojos se abrieron sin dar crédito a lo que
veía. Era un título de propiedad en Seúl, y junto a él una nota con la clara
caligrafía del actor.
“Sé que vas a Seúl. Por favor, quédate en un lugar seguro,
un lugar al que podrás llamar casa de ahora en adelante, un lugar que tendrá
calor de hogar porque nosotros se lo daremos.
Te lo prometo. CM.”
¿Casa? ¿Hogar? ¿Calor?…
No sabía lo que significaban esas palabras, porque jamás las
había conocido. Sus ojos se nublaron, humedeciéndose cuando dejó caer los
papeles al suelo. Había querido romperlos por mero impulso, pero luego de leer
aquello ya no estaba seguro de nada.
Changmin se iba ese sábado a las cuatro de la tarde, y ya no
sabía qué hacer…
Quizá había escrito aquello antes de haberlo
declarado gay por televisión, pero… ¿Seúl? ¿A qué iba Changmin a Seúl?
—.—.—
¡TAAAAAAAAAAARDE! Lo sé, es que siempre me doy a desear(?).
Ay, ay, sé que me van a matar. ¡FALTA UN CAPÍTULO! Uno más, y esto llega a su final.
¿Adivinan? ¿Qué creen que vaya a pasar ahora? Ah, no puedo creer que finalmente este proyecto esté por terminar... Ish. Sólo un poco más.
No olviden dejar comentarios.
See ya~
Ay, ay, sé que me van a matar. ¡FALTA UN CAPÍTULO! Uno más, y esto llega a su final.
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