Tortura: Capítulo 7

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De nuevo, no pudo dormir en toda la noche. La maldita apuesta con Changmin lo tenía más que desvelado y casi al borde de un ataque nervioso. Era consciente de que el muy infeliz no se iba a quedar de brazos cruzados una vez que lo tuviera a solas en algún lugar, sabía muy bien lo que podía provocarle, que su cuerpo reaccionaba con tan sólo un beso del muy malnacido. Cayendo en cuentas, era muy probable que Changmin le hubiera propuesto esa maldita apuesta sólo para hacerle entender que le atraía…

—Maldición… —«¿Changmin me atrae?».

Sacudió la cabeza con firmeza frente al espejo. Esas eran tonterías. Changmin no le atraía ni un ápice. Mucho menos se estaba enamorando de él como le había comentado aquella noche de maratón en su habitación. Esas eran sólo fantasías del actor y traiciones de su estúpido cuerpo. El “Amigo” tenía razón, tenía hormonas y estas reaccionaban ante la provocación. Y ese maldito de Changmin lo provocaba cada vez que podía.

«Ese estúpido sólo ha conseguido que me masturbe mucho más de lo que lo hacía cuando era un simple adolescente» gruñó para sí mismo en silencio, viendo su propia imagen al espejo con el ceño fruncido.

Tenía que hacer algo para evitar tener que acompañar al actor a la entrega de los BIFF, cualquier cosa…

—¡No, no cualquier cosa! —reaccionó mientras ajustaba la corbata del uniforme—. Cualquier cosa no incluye acostarme con él.

Los golpes a la puerta le distrajeron. Echó una mirada al reloj, era imposible que fuese Yoochun ya que los lunes siempre llegaba tarde por venirse directamente de la casa de su novia –dichoso él que tenía con quién desahogar sus necesidades sexuales–, tampoco creía que fuese Hangeng, ya que le había dicho durante la comida apenas el día anterior que el lunes estaría en la embajada Rusa solicitando su visa de trabajo. Además, aún era temprano como para bajar a desayunar, si él estaba despierto era sólo porque no había podido dormir, pero la mayoría de los alumnos estarían seguramente apenas apagando el despertador.

«¿Quién será?»

Con la curiosidad desbordando de su pecho fue que se acercó hasta la puerta, y abrió. La sorpresa enmarcó por completo sus ojos abiertos al reconocer ahí en el umbral de la puerta al causante de sus sufrimientos. Changmin lucía elegantemente vestido, observándole como ya era su costumbre con esa mirada altiva y burlona.

—¿Qué diablos haces aquí? —atajó el pelinegro molesto—. Aún es demasiado temprano para tener que soportarte.

—Sólo vine a traerte esto —indicó, extendiéndole un paquete que dejó en sus manos. El mayor parpadeó sin entender—. Debí traértelo anoche, pero supongo que una noche más sin usarlo no te causaría problema.

—¿Qué es? —enarcó las cejas, abriendo el paquete para descubrir una prenda de seda en color negro—. ¿Pijamas? ¿Por qué? —le miró sin comprender. Changmin sólo alzó una de las comisuras de sus labios en una sutil y apenas notable sonrisa, dándose la vuelta para caminar rumbo a las escaleras sin darle mayor explicación. Jaejoong arrugó el ceño molesto. ¿Hasta cuándo dejaría de comportarse así y dejaría a las personas con la palabra en la boca?—. ¡Oye, detente! —urgió en voz alta, haciendo esfuerzos por tragarse los insultos. Changmin se detuvo y giró sobre sus talones para ver de vuelta al pelinegro, una vez frente a él le miró detenidamente, mostrando esa odiosa sonrisa torcida.

Jaejoong parpadeó sin comprender, seguro era gracias al poco descanso que había conseguido que ahora no comprendía del todo bien lo que ocurría. Y probablemente fuese ese mismo cansancio el culpable de que no pudiera predecir ese movimiento rápido por parte del más alto, quien lo tomó por la nuca para plantarle un rápido beso en los labios; beso del cual le liberó por igual de rápido para soltarlo y alejarse, dejándolo por completo rojo, sorprendido y molesto por lo que hubiera hecho.

—Usa la cabeza, genio. —se burló ni dándole tiempo a reaccionar que se volteó para encaminarse rumbo a las escaleras, ya sin prestar atención a los reclamos que no tardaron en llegar por parte del pelinegro que quedó de pie todavía junto a la puerta.

La puerta del cuarto se azotó con el modelo sintiéndose hervir por dentro, con esa sensación de los labios del actor aun quemándole sobre los suyos. Changmin tenía la capacidad de exasperarle e intrigarle por igual. ¿Y ahora por qué le había regalado pijamas? La respuesta llegó sola con sus recuerdos, junto a un conocido calor que ascendía por su cabeza y cuerpo. Changmin había roto el saco de su pijama el jueves por la noche y ahora se lo reponía por uno nuevo. Temblando del enojo, avanzó hasta el escritorio con las prendas en la mano para arrojarlas al cesto de la basura.

—¡Idiota! ¡Mil veces, idiota Shim Changmin!

Él jamás aceptaría un regalo de ese maldito engreído, aunque este le hubiera echado a perder el único par de pijamas que tenía. ¡No importaba! Seguiría durmiendo con la playera holgada con la que había dormido las últimas cuatro noches, ¡o dormiría desnudo! Antes eso que usar algo regalado por el actor.

Demasiado molesto aguardó en la habitación, esperando la hora oportuna para bajar a desayunar. No quería toparse con Changmin a solas en el comedor o en el salón de clases, no quería que el chico fuera a repetir lo que hacía unos momentos. No quería verlo más. Si tan sólo hubiera ganado esa maldita apuesta, ya hubiera podido sacarlo de su vida para siempre… pero no, su maldito cuerpo tenía que traicionarlo cuando más lo necesitaba y ahora se veía en la obligación de acompañarle a esos malditos premios donde para remate, sabía sería acosado por toda la prensa apenas se apareciera al lado del menor.

—Maldito Changmin… —masculló por enésima vez antes de bajar al comedor.



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Las cosas no podrían haber sido más difícil esa mañana, comenzando con la mirada de su morena amiga de cabellos cortos que no dejaba de hacerle sentir mal. Él siempre le ayudaba en sus exámenes prestándose a ser su modelo, esa parte le cubría un buen porcentaje de la calificación ya que el modelo elegido era indispensable para hacer lucir la prenda, pero ahora la apuesta con Changmin –de nuevo esa maldita apuesta– le impedía ayudar a Boa y no sabía qué hacer. Ella ya no podía pedir ayuda a alguien más de la clase de pasarela porque ya todos habían sido elegidos previamente, y ahora Boa estaba en un grave dilema: pedir prorroga al maestro para presentar su propuesta un día después (así él podría ayudarle), o quizá contratar a un modelo (aunque con la beca que la chica tenía, era casi imposible conseguir a un modelo de tallaje¹). Por fortuna aún tenía algo de tiempo para pensar en algo y lograr ayudarle, así aliviaría un poco su consciencia. Quizá y llamara a alguno de sus amigos: modelos profesionales.

Lo siguiente con esa difícil mañana había sido cuando la adorable Seohyun había llamado a la puerta de la clase, interrumpiendo la entrega de las calificaciones del examen de contabilidad. Era imposible que el maestro se enojara con la dulce chica y menos a sabiendas que además de ser la secretaria del director, era su nieta.

—Disculpe por interrumpir su clase, profesor, pero necesito hablar con Kim Jaejoong. ¿Le permitiría salir un momento? Le prometo que se lo devuelvo pronto. —pidió con la más cándida sonrisa.

El maestro sonrió en respuesta y volteó a ver al modelo para señalarle con la mano que saliera. Jaejoong se levantó sin comprender la situación. Caminó despacio sintiéndose blanco de las miradas de todos sobre su espalda, pero principalmente de una que provenía del último banco de la primera fila; esa que prefirió ignorar para ver qué se le ofrecía a la chica.

—¿Qué pasa, Seororo? No es común que vengas personalmente a buscar a un alumno hasta su salón.

—No lo haría si no me pareciera importante —afirmó ella, extendiéndole al chico un enorme sobre color manila—. En la oficina del director hay un abogado que dice que tiene que llevarse estos papeles firmados ahora mismo —le señaló, el pelinegro dando rastro de no comprender aún—, pero como tiene cita y no está permitido que los interrumpa, vine a avisarte para que los firmes o al menos pueda llevarle tu respuesta.

—¿Abogado? —repitió más confundido.

—Me dijo que Changmin lo mandó y que ya había hablado contigo el viernes, que quedaste en firmar estos papeles hoy.

Eran los papeles de la demanda de restricción contra Fukutaro, ahora lo recordaba. Pero con todo lo que había pasado no había pensado en qué hacer con ellos. Fukutaro era muy fácil de manejar… estando sobrio, pero si iba a tener que acompañar a Changmin a los BIFF era probable que ese hombre estuviera ahí, y no quería nada qué ver con él.

—Dámelos, los firmaré —aseguró tendiendo la mano para tomarlos, firmando en cada hoja y espacio señalado. Estaba seguro que se arrepentiría de lo que hacía tarde o temprano, pero era mejor sentirse seguro de Fukutaro en ese lugar o cualquier otro donde pudiera topárselo. Suficiente sería tener que cuidarse de Changmin como para también tener que preocuparse por otro acosador como el japonés—. Gracias, Seororo. —le sonrió devolviéndole las formas debidamente firmadas.

—De nada. —volvió a dedicarle esa dulce sonrisa, despidiéndose para darse la vuelta y salir rumbo a dirección.

Apenas había vuelto a su asiento disponiéndose a contestar la pregunta que Yoochun le hacía con la mirada cuando el sonido del altavoz le sobresaltó. Mencionaban su nombre, pidiéndole presentarse a la sala de prensa para contestar una llamada. Todos en el salón lo observaron una vez más mientras salía, si bien en esta ocasión no había necesidad de pedir permiso ya que los profesores sabían, las llamadas telefónicas a los alumnos eran cosa de trabajo y se les estaba prohibido impedirles el paso.

Salió del aula casi agradecido, por lo menos aún faltaría tiempo para ver su calificación del examen de contabilidad, el cual estaba casi seguro de haber reprobado y, de ser así, era probable que el maestro le diera un sermón como acostumbraba y le pidiera hacer un trabajo extra sólo para mejorar sus notas. Además, estar fuera del salón le evitaba tener que soportar la mirada de cierto actor que se empeñaba en seguirle cada vez que se movía, o se quedaba observándole con intensidad eternos segundos hasta que lograba hacerle desviar la vista a otra parte. ¿Por qué esa mirada le ponía tan nervioso últimamente?

Al llegar a la sala de prensa se dispuso a contestar la única línea que parpadeaba en verde. Estaba seguro que Sunny le llamaba para avisarle que la campaña de la siguiente semana se iba a adelantar, y cuánto rogaba porque fuera así, de ese modo no tendría por qué acompañar a Changmin.

—¡Sunny bonita! Qué bueno que me llamas, ¿la campaña se adelantó? —preguntó de lo más alegre, pero el silencio que le siguió del otro lado de la línea borró la sonrisa de sus labios—. ¿Sunny?

—No me molestaría que me dijeras ‘bonita’, si fuera mujer, pero como no creo que debería estar algo molesto. —escuchó la voz familiar, a pesar de no lograr reconocerle.

—¿Quién llama? —preguntó sin entender. Las únicas personas que podían llamar a esas horas de la mañana eran los representantes artísticos o familiares directos, y éstos últimos sólo cuando había emergencias.

—Kim Jaejoong, ¿tan pronto te has olvidado de mí? —El pelinegro frunció el ceño, no estaba de humor para juegos. Sabía que conocía esa voz, pero no podía recordar de dónde—. Soy Jung Jihoon, Rain, el representante de Changmin. Nos vimos hace apenas una semana en mi oficina del centro —le aclaró. Jaejoong suspiró, ¿y ahora qué quería Changmin para que su representante le llamara?—. Supongo que te preguntarás el motivo de mi llamada.

—Así es —respondió seco—. No creo que me llame para ofrecerme trabajo, en todo caso estaría hablando con Sunny y no conmigo, por lo que intuyo tiene algo que ver con ese huraño y egocéntrico actor que tiene por cliente —Rain soltó la carcajada al oír tal descripción—. No veo por qué ríe, sólo digo la verdad.

—Lo sé, Jaejoong, lo sé —le aseguró sin ocultar su diversión—. Y tienes razón al pensar que te llamo por él —El modelo suspiró resignado. ¿Y ahora qué?—. Changmin me llamó muy temprano esta mañana para pedirme confirmar su asistencia a los BIFF con un acompañante… —el silencio se hizo a la espera de quizá, algún comentario del menor—. ¿No preguntarás quién es la persona que Changmin me dijo le acompañará?

—No —volvió a responder seco—. Soy yo.

—¡Pero Jaejoong! —soltó sorprendido—. Creí que habías entendido lo perjudicial que es para ambos que les relacionen. El hecho de que acompañes a Changmin a un evento de este tipo es involucrarte en rumores que no necesitas, ese cabeza hueca no quiere entender que tu carrera está pendiendo de un hilo… Pero tú…

—Antes de que continúe con su sermón —interrumpió el pelinegro comenzando a desesperarse—. ¡Yo no quiero acompañarle! Perdí una tonta apuesta con él, me pidió eso y yo cumplo lo que prometo. Si hubiera una forma de no cumplir con esa apuesta, puede estar seguro que lo haría. No soporto a Changmin, ir a ese evento con él será una tortura horrible para mí…

—Pues inventa algo para negarte a acompañarlo, los Asian Film están a la vuelta de la esquina y la confirmación de que es gay no le ayudará en nada a ganar el Bambú de oro. Además, sé que tú tienes en puerta algunas campañas nacionales y estos rumores también podrían afectarte.

—¡Y cree que no lo sé! —Jaejoong apretó con fuerza el auricular entre sus manos—. Pero yo no sé mentir y si le salgo a Changmin con una mentira se daría cuenta de inmediato. Yo esperaba que la sesión de fotos que tengo para la próxima semana se adelantara, creí que era Sunny quien me llamaba para avisarme de ello. Ahora tendré que ir con Changmin quiera o no.

—Entonces haz que sea Changmin quien no quiera que vayas —propuso para sorpresa de Jaejoong, que abrió los ojos sorprendido—. Pídele algo que no esté dispuesto a cumplir, como dar entrevistas o desfilar por la alfombra roja. Quizá si le dices que le acompañas sólo si cumple con esas condiciones se moleste contigo y te deje plantado.

—¡Genial! —brincó de nuevo contento. Era probable que Changmin le mandara al diablo una vez que le impusiera tales condiciones para acompañarlo, casi con seguridad que lo primero que le diría era que no estaba en posición de exigirle nada, pero él no estaba incumpliendo con la apuesta, sólo quería que se comportara como lo que era: un actor de prestigio y no un ermitaño odioso—. Eso puede funcionar… Haré lo imposible porque Changmin se enoje conmigo y no me lleve a ese horrible evento.

—Estaré contando con eso, Jaejoong. —la voz del hombre sonó esta vez más agradecida, aunque eso no le impidió cortar la llamada antes de que el modelo pudiera despedirse.

—… Ya sé de dónde sacó Changmin sus modales. —masculló al ver el auricular en su mano, sonando con el tono de ocupado.

Aunque ahora la línea estaba libre, sólo tenía que volver a presionar el botón y podría hacer una llamada sin necesidad de pedirle ayuda a Seohyun. Se dio prisa en hacerlo para obtener la línea libre que necesitaba, y metiendo la mano en la bolsa de su saco obtuvo la pequeña tarjeta donde tenía anotado el número de su “amigo”. Ya tenía tiempo de no hablar con él y necesitaba aclararse lo suficiente como para convencer a Changmin de que aceptara sus peticiones, o mejor dicho, que no las aceptara.

Marcó el número y esperó por que le contestaran, pero contrario a lo que había pensado el teléfono no sonó más de dos veces.

—Buen día, Jaejoong —escuchó la voz jovial del otro lado—. Me alegra mucho que me llames.

—Buen día, amigo —se apresuró a responder con el mismo ánimo, ya ni siquiera le sorprendía que supiera quién era—. Tenía ganas de platicar contigo, espero no interrumpirte. —comentó al escuchar lo que creyó ser, música al otro lado de la línea, pero al instante calló para ser la risa de aquel joven lo único que resonara.

—No me interrumpes, te lo aseguro. Cambié de habitación para que el ruido no nos moleste. Pero cuéntame, ¿cómo te ha ido con ese chico que te molestaba? ¿Te has decidido por fin a denunciarlo, o al fin se calmó?

—Ni lo uno ni lo otro, las cosas se han puesto cada vez más duras y estoy hablando literalmente —murmuró conforme sentía que el calor comenzaba a inundar su rostro. Una expresión de sorpresa escapó de los labios del otro—. Y ahora tengo otro problema que me tiene los nervios de punta.

—¿Con el mismo chico?

—Sí, con el mismo. Sé que tarde o temprano sabrás a quién me estoy refiriendo, sólo te pido por favor que esto no se lo digas a nadie, quiero que sea un secreto entre nosotros… —suplicó Jaejoong.

—Puedes confiar en mí, jamás diré una sola palabra de lo que hablamos. —aseguró el chico, y el pelinegro pudo sentirse en confianza.

—Es Changmin. —suspiró apesadumbrado.

—¿Changmin? —repitió al parecer sin entender.

—Sí, el actor Shim Changmin es quien me está acosando sexualmente desde que llegó a esta escuela…

—Pero él… —trató de decir, pero el modelo le interrumpió.

—Sí, ya sé lo que vas a decir, que no se sabe que sea gay, que son sólo rumores, pero yo te los confirmo, él mismo me lo dijo el primer día que llegó a la escuela y comenzó a acosarme. Desde entonces no se ha cansado de torturarme con sus besos y caricias al grado de llegar a hacerme reaccionar. ¡Yo no soy gay! Y sin embargo… las últimas veces que me ha besado… me ha gustado… Amigo mío… ¿Qué me pasa? Mi cuerpo no reacciona como quiero cuando él me besa. En un principio creí que sólo eran sus caricias las que me excitaban, pero justo ayer comprobé que no son lo único que me provoca…

—Jaejoong… —el amigo susurró—. ¿Te gusta Changmin?

—¡NOOO! —gritó alterado, agradecido de que el cubículo de la sala de prensa amortiguara el sonido para que nadie de fuera le escuchara—. No… Yo no… No lo sé… —terminó por confesar llevándose una mano al rostro—. No lo sé, no lo sé… Por lo menos cuando me besa, no lo sé. He estado con muchas mujeres en el pasado, soy lo que se dice un ‘Don Juan’, pero desde que Changmin apareció por esta escuela no he tenido relaciones con nadie, y mira que he tenido oportunidad.

—Quizá sólo no has tenido ganas. —respondió al pelinegro que parecía haber perdido los ánimos de pronto.

—No es eso, porque después de que Changmin ha… bueno, ha intentado algo conmigo, me deja demasiado sensible y lo único que puedo hacer es desahogarme solo… Tú entiendes.

—Sí. Veo que tienes un verdadero problema…

—No, este no es el único problema. Perdí una apuesta con él y ahora me veo en la necesidad de acompañarle a la entrega de los BIFF. ¿Sabes lo que eso significa?

—Te estarían relacionando con él de forma directa.

—Sí. Él insiste en que nosotros tenemos una relación, incluso me ha dicho que yo estoy enamorado de él, el muy cretino se cree irresistible. Pero él fue muy claro conmigo desde el principio… me dijo que de mí sólo quería mi cuerpo…

—¡Pero qué estúpido! —resopló el amigo molesto. Jaejoong asintió, no podía estar más de acuerdo con él.

—Y sin embargo uno de mis mejores amigos cree que Changmin está enamorado de mí. Eso sería imposible, ya que me ha ofrecido dinero por hacerme su amante, y a alguien a quien ames no le comprarías. Y antes de que preguntes, no, mi amigo no sabe nada de los acosos de Changmin, él sólo se está guiando por sus observaciones.

—¿Te ofreció… dinero? —cuestionó incrédulo sin poner en duda sus palabras—. ¿Pero acaso cree que eres un objeto que se puede comprar? ¿En qué demonios está pensando ese idiota?

—Me gustaría saberlo. Pero Shim Changmin no es de los que te deje saber sus pensamientos o emociones. Cuánto daría por saber qué pasa por esa cabezota de hielo que se carga…

—Lo mismo yo.

—Hace unos momentos me llamó su representante pidiéndome que no lo acompañara a la premiación, ya me lo había advertido antes, lo mismo que mi representante. Ambos dicen que si me llegan a relacionar amorosamente con Changmin mi carrera se vendrá abajo. Pero no sé cómo lograr que desista de esa apuesta, yo siempre cumplo lo que prometo. Jung Jihoon me sugirió hacer enojar a Changmin, pedirle que cumpla ciertos requisitos para que yo le acompañe a la premiación, como obligarlo a desfilar por la alfombra roja, pero dudo mucho que funcione.

—¿Por qué no? Puede funcionar, Jaejoong… Es sabido por muchos que Changmin odia a la prensa y haría lo que fuera por no dar entrevistas. Quizá si le pones como condición para acompañarle, que dé entrevistas en la alfombra roja y firme autógrafos a los fans, Changmin prefiera no llevarte.

—Jihoon… Rain, me dijo algo parecido —murmuró pensativo—. ¿En verdad crees que funcione?

—Nada pierdes con probar —aseguró convencido—. Puedes agregar otras condiciones, como que no debe tocarte…

—¡ESO ES OBVIO! —brincó al acto, aunque pensándolo bien, no estaría de más dejarlo asentado. Aún podía recordar esas reglas de la apuesta en las que no había especificado que el beso fuera directamente a los labios, y Changmin se había aprovechado de eso comenzando por besar su cuello. ¡Ese tramposo! De sólo pensarlo su corazón empezó a latir apresurado. Tenía que pensar muy bien en qué iba a decirle a ese maldito actor—. Lo siento —se disculpó por haber alzado la voz—. Pero en verdad me encuentro desesperado…

—No te preocupes, te entiendo muy bien. Si tan sólo pudiera ayudarte… —se lamentó dejando salir un enorme suspiro.

—Lo haces, créeme que lo haces. Y ahora debo dejarte, porque ya me he brincado un par de horas de clases… —rió quedo—. Te agradezco mucho el que me escuches y me ayudes con esta carga emocional.

—Ojalá pudiera aligerarte esa carga… —musitó bajo, haciendo que Jaejoong se extrañara un poco—. Pero ya sabes, si te sirve el que te escuche, puedes llamarme cuando quieras a la hora que sea, siempre estaré ahí para ti.

—Muchas gracias, amigo, te tomo la palabra. Cuídate. —se despidió para finalmente colgar el auricular y salir de la sala de prensa, de camino de vuelta al salón.

Había tardado más de la cuenta en el teléfono, pero mientras no supieran que había sido una llamada personal nadie le pondría retardo o falta. La media mañana había pasado demasiado pronto y aún le quedaba mucho en qué pensar, por suerte faltaba poco para la hora de la comida, que era donde quizá podría pensar en algo. Tenía que lograr que Changmin se enfadara y le dejara en el colegio. La pregunta era… ¿cómo?

Apenas había regresado al salón y estaba por responder a la pregunta de Boa sobre el motivo de aquella llamada tan larga, cuando el altavoz volvió a mencionar su nombre. Se levantó alegre del banco y antes de salir se giró para ver a sus compañeros con una enorme sonrisa.

—El día de hoy estoy muy solicitado, así que no me esperen. —pidió entre risas, aunque sin perder detalle de aquella mirada que cierto alto y arrogante actor le había dirigido en todo momento.

La curiosidad se la llevó consigo al salir del salón, aunque sabía que se olvidaría de ello al contestar la llamada. Lo que más le inquietaba en realidad era la idea de tratar de convencer a Changmin, con sutileza, de que no le llevara al evento. Rain ya le había dicho una forma de lograrlo y el amigo incluyó otras más que podrían servirle. Necesitaba hablar con él y tenía que buscar la manera, no podía ir a decirle así sin más al comedor. Tampoco podía ir a buscarlo a su habitación, era como meterse a la boca del lobo; tenía que buscar otro lugar.

Al llegar a la sala de prensa alzó el auricular esperando por escuchar alguna voz conocida, pero en definitiva no estaba preparado para lo que le siguió.

—Hola, mi querido Jaejoong. ¿Esperabas mi llamada? —Jaejoong frunció el ceño y apretó el auricular entre sus manos. Jamás se hubiera imaginado que quien le hablara fuera Fukutaro, y con una confianza que le exasperaba—. No dices nada, eso quiere decir que sí, amor.

—No me digas amor, yo no estaba esperando tu llamada, ni siquiera sé cómo lograste que te comunicaran conmigo. Sólo los familiares o representantes pueden interrumpirnos en clase. —acotó molesto.

—No vayas a colgar —pidió previendo el accionar del pelinegro—. Recibí la llamada de un abogado y la copia por fax de tu demanda de restricción. Eres astuto, niño.

—Lo que sea por mantenerte lejos de mí.

—Bueno, pero esta demanda no impide que te esté hablando al oído ahora mismo. —susurró con un extraño tono bañado de sensualidad que sólo hizo al modelo enfurecer.

—Aléjate de mí, Fukutaro, o levantaré otra demanda por acoso sexual.

—¿Tú, o tu novio Changmin me quieren lejos? —cuestionó lleno de cizaña.

—Changmin no es mi novio, ya sabes que no soy gay. —aseguró sin molestarse en ocultar su rabia, lo que provocó en el japonés un par de quejas carcajadas.

—No es lo que parece, porque según sé, fue SU abogado quien interpuso la demanda a tu nombre —Jaejoong apretó el auricular, sabía que firmar esos papeles le traería problemas—. Además, alguien me dijo por ahí que acompañarás a Changmin a los BIFF, lo que confirmaría la noticia que di después de los Blue Dragon. ¿Lo recuerdas? —denotó entre risas, logrando que el chico apretara la mandíbula—. ¿A qué modelo crees que involucrarán con Changmin en cuanto los vean llegar?

—Eso no es de tu incumbencia —articuló entre dientes—. Dime ya para qué me has llamado, porque no creo que sea sólo para decirme que estás preocupado por mi imagen.

—No, tienes razón. Para mí mucho mejor que se sepa que eres gay, así puedo cortejarte abiertamente, sin limitaciones.

—Yo.No.Soy.Gay. —repitió golpeado, demasiado molesto para rebatir de otra forma aquella acusación.

—Pero Changmin sí lo es, de eso estoy mucho muy consciente, y si vieras lo bueno que es en la cama… —agregó entre risas, para detenerse de forma abrupta—. ¡Oh! Pero supongo que ya lo sabes, ¿no?

—¿Qué dijiste? —soltó totalmente sorprendido. ¿Changmin bueno en la cama? Eso quería decir que él y Fukutaro… ¡No! Sólo de imaginarlo empezaba a dolerle el estómago—. Eres un… —siseó tratando de mantener a raya el enojo que esa idea le causaba, pero era tanto que se volvía imposible de ocultar.

—¡Oh! Ya te enojaste, mi querido Jaejoong —comentó fingiéndose arrepentido—. Pero yo creí que Changmin te lo había contado. Entre amantes no debe haber secretos, y menos de este tipo… Aunque si lo que quieres es vengarte de él, yo soy materia dispuesta.

—¡VETE AL INFIERNO! —gritó colgando con fuerza para salir a toda prisa de la sala de prensa.

Decir que estaba enojado era poco, más cuando a sus recuerdos regresaba aquella conversación que hubieran mantenido en el balcón de su habitación donde Changmin había hablado como si conociera muy bien a Fukutaro.

“Le conozco y punto”

Así que a eso se refería cuando decía que le conocía, porque habían sido amantes, era por eso. El dolor en la boca del estómago estaba creciendo cada vez más, mucho más fuerte que cuando pensó que había ido a ver a Kyuhyun.

“Kim Jaejoong, estás celoso.”

Las palabras de Changmin cayeron como balde de agua fría sobre su cuerpo, consiguiendo detenerle de golpe. ¡No, no estaba celoso! Estaba asqueado que era muy distinto. Estaba asqueado de que Changmin hubiera tenido relaciones con una persona como Fukutaro, esos no eran celos, era repugnancia, era asco, era… era… ¡cualquier cosa menos celos!

—No son celos —se repitió a sí mismo por lo bajo recargándose en la pared de los pasillos que conducían a los salones—. No son celos.

Tenía que calmarse, no podía entrar al aula sintiéndose y viéndose tan mal, por lo que optó por mejor ingresar primero al baño. Ahí llegó al lavabo a la carrera y abrió el chorro de agua, si hubiese sido posible metería la cabeza en él, pero tuvo que conformarse con meter las manos y empaparse el rostro.

«No son celos»

Continuó repitiéndose aquello, arrojándose una y otra vez tanta agua como podía, intentando aminorar ese dolor que parecía crecer en la boca de su estómago cuando la conversación con Fukutaro se hacía presente en su memoria.

El chirrido de la puerta al abrirse le hizo girarse de golpe, bañando de agua todo el suelo del baño. El calor ascendió por su rostro al reconocer a quien se encontraba ahora de pie frente a él y le veía de aquella manera tan inquisitiva. Esa imperturbable mirada que le recorría de arriba abajo como si tratara de leer en su semblante el motivo de aquel extraño comportamiento.

—Si querías bañarte hay mejores formas que lanzarte agua del lavabo. —Ese tono de voz frío y desinteresado le puso a la defensiva, frunciendo el ceño y retirándose como pudo el agua que escurría de su rostro.

—Lo que haga o deje de hacer no es asunto que deba importarte. —gruñó intentando pasar por enfrente suyo para salir del baño, pero la mano de Changmin le asió del brazo con fuerza lanzándolo contra la pared para arrinconarlo contra esta.

—¿Qué demonios te pasa? —atajó conforme pegaba su cuerpo de un rudo movimiento su cuerpo contra el del modelo, franqueando toda posibilidad de escape al sujetar con fuerza sus brazos y mantenerlos firmes contra la pared de azulejos.

Jaejoong desvió la mirada hacia otro lado, sin deseos de ver esos ojos que parecían querer congelarle. El calor de la figura del más alto comenzaba a quemarle, pero su mirada le producía escalofríos. El tosco agarre sobre sus brazos le lastimaba, pero apretaba sus labios para evitar que algún sonido de dolor llegara a escapar. No iba a dejarse amedrentar, no iba a decirle nada, no iba a contestar a su pregunta, no podía… no quería decirle…

—¡Qué demonios te importa! —devolvió en un grito observándole al fin a los ojos, aunque los del menor sólo se entrecerraron al escuchar aquella manera tan fría de responder—. ¿A ti qué más te da si me pasa algo o no? Tú sólo quieres mi cuerpo. ¿No fue eso lo que dijiste? ¿Entonces qué te interesan mis sentimientos, mi dolor, mi frustración? —soltó con amargura, consiguiendo una mirada aún más intensa sobre él.

—¿Qué diablos te hicieron para que digas eso? —murmuró suavizando un poco su tono de voz, aunque su mirada continuara expectante.

—Qué te importa. —volvió a evadir tratando de soltarse, pero Changmin apretó más el agarre logrando de Jaejoong un quejido de dolor, lo que le hizo por fin ceder un poco con la fuerza que imponía.

—Me importa. —Jaejoong frunció el ceño con molestia. ¿Le importaba? Pero qué tontería. ¿Qué podía a él importarle todo lo que le estaba haciendo? Él sólo disfrutaba con hacerle sufrir, con torturarle, con encenderle para llevárselo a la cama. ¡Claro que no le importaba nada!

—¡Qué bien actúas, Shim Changmin! —bramó mordaz, logrando que el actor al fin le soltara para verle entre sorprendido e incrédulo—. Sí, actúas muy bien. Pero que te crea quien no te conoce, yo no creo en tus buenos sentimientos, cuando has sido claro desde el principio al decirme que sólo deseas mi cuerpo. ¿O me vas a salir ahora con que estás enamorado de mí y por eso te importa lo que me pase? —No sabía por qué sus propias palabras le estaban doliendo tanto, al grado de tener que cerrar los ojos para aminorar el sentimiento.

—He sido claro, sí, y no lo niego —Jaejoong abrió los ojos para mirarle—. No siento nada por ti, ni por nadie —Fue como si un enorme cubo de concreto le golpeara al pecho. Lo sabía, Changmin no estaba enamorado de él, Yoochun estaba terriblemente equivocado. Pero, ¿por qué mierda le afectaba tanto?—. Si lo que estás esperando para convertirte en mi amante es que te diga palabras cursis de enamorados, esperas en balde.

—Yo no espero nada de ti —aseguró el pelinegro con tanta calma, que le pareció imposible ser él quien estuviera diciendo eso—. Ah no, sí espero algo —le sonrió falsamente—. Quiero que cumplas algunas peticiones para acompañarte a esa entrega de premios, y si no estás dispuesto a cumplirlas, simplemente no iré contigo. —Bingo, la molestia llegó al rostro del castaño.

—Perdiste una apuesta y estás obligado a cumplir con ella.

—Yo no he dicho que no cumpliré con ella, sólo que le he agregado algunos detalles que si no…

—Ya te escuché —cortó revoleando la mirada, dirigiéndole aún una dura mirada en lo que se llenaba de paciencia—. Habla… —Jaejoong sonrió complacido, era esta la oportunidad que tenía para hacer enfurecer más al menor.

—Cuando vayamos a la premiación, deberás desfilar por la alfombra roja como el actor nominado que eres —la mirada de Changmin se llenó de sorpresa y Jaejoong se felicitó a sí mismo por lograr que las emociones del chico se fueran tan claramente mostradas en su rostro—. Además, tendrás que dar entrevistas a cuanto medio de comunicación te lo solicite…

—¿Qué? —consiguió articular aturdido, ya dispuesto a protestar cuando el pelinegro alzó una mano y negó con un ligero gesto de su dedo índice, indicándole que aún no terminaba.

—Deberás dar entrevistas de forma amable, contestando a sus preguntas sin gritarles, sin ofenderles y sin decirles que se vayan al diablo, como es tu costumbre —Changmin resopló de mala gana y desvió la mirada. Jaejoong casi soltaba la carcajada, seguro de que iba por buen camino para conseguir lo que quería.

—¿Es todo? —preguntó al verle de reojo, pero la enorme sonrisa del mayor le indicaba que aún faltaba más.

—No. También deberás darle autógrafos a toda esa legión de fans que siempre están esperando alguna oportunidad para acercarse a ti. Si te piden una foto, deberás tomarte una con ellos y sobre todo, sonreírles —La mirada del más alto se volvió asesina, pero el modelo no se dejó intimidar—. Dejarás de ser un cubito de hielo por esa noche.

—Puedo dejar de serlo de otra forma… —sugirió dejando vagar la vista por el bien formado cuerpo del chico frente a sí.

—No sueñes, Shim Changmin —acotó con una seguridad que estaba muy lejos de sentir—. No podrás tocarme en público, esa es mi última petición —asintió ampliando su sonrisa—. Ah, y por supuesto, ¡ni se te ocurra gritarles a todos en la premiación que eres gay! Sería como estarme declarando yo también.

Changmin se giró para estar de frente a Jaejoong, avanzando dos pasos que el pelinegro retrocedió para topar de nuevo contra la pared de azulejos. El actor recargó su brazo sobre el muro, encima de la cabeza del mayor sin tocarlo, pero lo suficientemente cerca como para que su voz susurrante pudiera ser escuchada con toda claridad.

—Claro que eres gay, sólo que te gusta fingir demencia. —musitó, tomando entre sus dedos algunos de los mechones oscuros que delineaban el rostro pálido del modelo.


—No lo soy —repitió, sacudiendo la cabeza para soltar sus cabellos de las manos del actor—. ¿Estás aceptando mis peticiones? —preguntó mientras intentaba moverse a un lado para evitar tanta cercanía, pero este bajó el brazo acercándolo para franquearle la huida.

—Tengo 24 horas para probarte que eres gay. —encogió los hombros, ignorando por completo la pregunta que le hubieran hecho. La mirada del moreno parecía querer leer el interior de su mente. ¿24 horas? Eso no era cierto.

—No tienes 24 horas, sólo tienes un día y una noche —aclaró—. Tu día comienza a las diez de la mañana y termina a la media noche, porque a la media con un minuto ya será otro día.

—Es tiempo suficiente. —afirmó esbozando una semi sonrisa que desconcertó al mayor. ¿Suficiente tiempo para qué?

—No puedes hacer nada en los BIFF. —recordó, tratando de que su sonrisa mostrara esa confianza que la tremenda cercanía con el cuerpo ajeno comenzaba a arrebatarle.

—Quizá no vayamos a los BIFF y te tenga 14 horas para mí solo.

—¿Qué? —¿Cómo que no irían a los BIFF? Changmin ya había confirmado su asistencia y todos sabían que los BIFF eran la antesala de los Asian Film Awards, no podía dejarlos plantados tan fácilmente.

No obstante, cualquier cosa que Jaejoong fuera a decirle quedó cortada al sentir la mano de Changmin cerrarse sobre su barbilla, al tiempo que aquellos conocidos labios se apegaban a los suyos en un beso arrebatador que le obligó a ceder, dejando que la lengua del chico se apoderara de su boca. Aquellas manos maestras lo apegaron a su cuerpo, arrinconándolo contra la pared, dejando deslizar sus dedos por debajo del saco del uniforme y por encima de la camisa. Por más que trataba de apartarlo de sí jalándolo cuando podía de la ropa, era intentos vanos, porque la fuerza que Changmin imponía era demasiada.

Su corazón de por sí acelerado comenzó a latir con mayor fuerza al sentir que la pasión le invadía por dentro, haciendo correr torrentes de calor que le envolvieron por completo. Las caricias de Changmin eran sensuales y certeras, porque el maldito sabía dónde, cuándo y cómo tocar. Veloces, las manos del actor habían sacado la camisa del pantalón y se deslizaban por la pálida piel de su espalda, arrancándole gemidos de placer que no hubiera imaginado era capaz de soltar. Jamás con las chicas había experimentado el placer que Changmin podía hacerle sentir.

Sus fuerzas le abandonaban sin que se diera cuenta, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Sus sentidos eran ahogados por aquellas caricias, no podía pensar, sólo sentir las manos que se movían por su figura desabrochando la camisa para dejar expuesto su pecho, que más tarde fue besado, torturado por besos y húmedos chupetones.

—Ahhh, no…

Un gemido de protesta escapó de su boca cuando la mano de Changmin se deslizó por dentro de su pantalón para encontrar su miembro ya excitado, lanzando corrientes eléctricas por toda su espina dorsal; obligándolo a estremecerse ante la exploración.

—¿Quieres saber lo que me provocas? —La ronca voz del menor resonó en su cabeza, al tiempo en que sentía cómo una de las manos del chico tomaba una de las propias para encaminarla hasta donde se encontraba el miembro del actor, tan despierto como el suyo—. Tócame, provócame como lo hago yo contigo…

—No… —se resistió intentando alejar su mano, pero Changmin continuaba presionando con suavidad, impidiéndoselo.

—Hazlo…

—Nunca…

Pero aquella mano provocándole con caricias, moviéndose de arriba abajo sobre su erección endurecida le nublaba la razón y las ideas. No quería tocarlo, no debía hacerlo, pero algo muy dentro de sí le obligaba a mover su mano y tomar entre sus dedos la extensión de su torturador, logrando arrancar de los labios del actor un fuerte gemido de placer, lo que le hizo temblar de pies a cabeza. Era la primera vez que tocaba a un hombre de esa forma, jamás lo había hecho y hacerlo ahora con Changmin de esa manera le producía un cierto grado de excitación que nunca había conseguido sentir con mujer alguna. Por primera vez, sentía que podía tener el control de la situación y utilizarlo a su favor.

Lento, comenzó a deslizar sus roces sobre el miembro endurecido del actor, acelerando aún más el pulso y respiración del chico que demostró su agrado con besos más fuertes sobre el cuello del modelo. Sabía que eso le dejaría alguna marca, pero en esos momentos no le interesaba.

—Aahh… Jaejoong, más rápido…

La voz de Changmin urgiéndole le hizo estremecer, el aliento cálido del chico chocando contra su pecho desnudo le producía cierta embriaguez que no había sentido antes. Justo en esos momentos, no le importaba nada más que aquello. De sus labios escapaban gemidos quedos provocados por las expertas caricias del menor, en tanto su mano empezaba a moverse sólo un poco más rápido para sentir la excitación de Changmin chocando contra la suya. No supo en qué momento el actor le había desabrochado los pantalones lanzándolos al suelo y bajando sus boxers, pero sabía que en cualquier momento se vendría en las manos del moreno y extrañamente, en esos momentos no le importaba. Así como tampoco le importaba encontrarse en los baños de caballeros a unos pasos de las aulas de clases, expuestos a que alguien pudiera encontrarles en semejante situación. Su mano en el miembro del menor se movía a la misma velocidad que la de Changmin sobre el suyo, cada vez más rápido, con la misma intensidad que los gemidos que escapaban de las bocas de ambos, cada vez más fuertes.

“No siento nada por ti, ni por nadie…”

Las duras palabras que Changmin hubiera dicho momentos antes le provocaron un nuevo estremecimiento, pero la pasión que experimentaba justo ahora le hizo nublarse de nuevo y esconder ese doloroso sentimiento que comenzaba a experimentar una vez más su corazón.

—Te deseo… —susurró ronco al oído del pelinegro.

Lo sabía, desde el principio sabía lo que Changmin buscaba, pero en este instante no importaba ser sólo un juguete con el que pudiera desahogarse. Quizá si Changmin le hubiera dicho poco antes lo mismo, hubiera tenido fuerza y coraje suficiente como para apartarlo de su lado, pero en lugar de hacerlo ahora, su cuerpo cedía… Su maldito cuerpo estaba sucumbiendo a la pasión que el actor había despertado en él y lejos estaba de importarle que fuera un hombre y no una mujer con quien lo hiciera.

Su cuerpo se tensó. Un poco más y se vendría en las manos de Changmin. Una vez hecho, estaría lo suficientemente vulnerable como para que el menor hiciera con él lo que quisiera. No iba a poder detenerlo y quizá, muy en el fondo, no iba a querer hacerlo.

—Jaejoong… —murmuró regresando sus labios hasta los del pelinegro. Lo sabía, Changmin sabía que sólo era cuestión de segundos para que se convirtiera por completo en su amante, ¿pero qué podía hacer? ¿Cómo detenerse en un momento así? ¿Cómo?…

El fuerte y chirriante timbre de salida les alertó deteniéndolos de golpe, separándose ligeramente para regresar la consciencia a tierra firme. Jaejoong reaccionó, aterrándose ante el peligro de ser descubiertos en semejantes condiciones, pero Changmin fue más rápido, murmurando una maldición para darse la vuelta y adentrarse a uno de los sanitarios. Ya solo, el modelo tomó sus pantalones y se acomodó las prendas como pudo para salir a prisa de los baños.

Afuera todo era caos. El timbre de salida siempre llevaba consigo a una marabunta de estudiantes que se encaminaban en gran medida hacia el comedor o los dormitorios, y muchos aprovechaban para entrar a los baños, lo que implicaba un alto porcentaje de ser descubiertos haciendo el amor…

¿El amor?

¡Jamás! Eso era sólo sexo.

Jaejoong se abrió paso corriendo entre sus compañeros, empujando a cuanto chico se le ponía enfrente. Le urgía llegar a su habitación, el fuerte dolor en su vientre por haber contenido el orgasmo se incrementaba, necesitaba llegar y remediarlo.

«Maldito Shim Changmin…» se decía una y mil veces mientras subía de dos en dos los escalones hacia el segundo nivel. Ese maldito actor era el culpable de todas sus desgracias.

Abrió la puerta de su habitación a la carrera y cerró recargándose en ella. Bajó la cabeza con pesar al tiempo que cubría su cara con una de sus manos. No sabía, aún no sabía qué demonios le había pasado en el baño. ¿Por qué había respondido de ese modo a las caricias de Changmin? Se dejó deslizar de espaldas contra la puerta hasta tocar el suelo, escondiendo el rostro entre sus piernas para maldecir al actor una y otra vez. El dolor en su vientre era fuerte, su miembro aún se encontraba sensible por lo que ese desgraciado le había hecho.

—¿Pero a quién engaño? —susurró quedo, sin alzar el rostro oculto entre sus rodillas—. Lo hicimos ambos… —masculló con molestia.

Era mejor poner remedio a ese dolor cuanto antes. Aún faltaba bajar al comedor y no quería presentarse con cara de sufrimiento ahí y que el maldito de Changmin o alguno de sus compañeros se dieran cuenta de lo que le pasaba. Así, suspiró pesado y, gateando, se arrastró hasta el baño para remediar aquello que el menor hubiera iniciado…



–.—.—.—.—.—.–



Los golpes a la puerta le distrajeron. Era imposible que fuera Changmin, seguro el muy infeliz se había ido directo al comedor, dejándolo a él sumido en la desesperación. No quería bajar a comer, pero moría de hambre.

—¡Ya voy! —anunció encaminándose apurado de vuelta al baño, aún tenía que borrar las huellas de su cuerpo de lo recientemente ocurrido. Para para alguien con su ‘experiencia’, no era un asunto demasiado complicado. Un poco de agua en el rostro y ya estaba listo para continuar con su día como si nada hubiera pasado. Pero para su desgracia, las huellas existían; Changmin le había dejado una marca bastante visible en el cuello, aunque con un pañuelo anudado en él se resolvería el problema. Como el taller que seguía era el de danza, a nadie le sorprendería verlo usar algo en el cuello para el sudor.

«No cabe duda que eres un genio en ocultar estas huellas, Jaejoong» se dijo con una enorme sonrisa frente al espejo, justo antes de ir a abrir la puerta.

Los golpes volvieron a escucharse, por lo que se dio prisa en atender. Vio con sorpresa la mirada molesta de su amigo y soulmate, quien por poco y le arrojó todos sus libros en los brazos.

—Pensaba dejarlos en el aula, pero ya que venía para acá, decidí traértelos. —explicó Yoochun adentrándose con toda confianza a la habitación del pelinegro.

—Chunnie, gracias, ya se me habían olvidado —le miró enmarcando una gran sonrisa, en tanto su amigo pasaba sin pedir permiso, como era su costumbre—. ¿Puedes decirme qué saqué en el examen de contabilidad? —preguntó un tanto nervioso, haciendo todo por ignorar la mirada inquisitiva que Yoochun le lanzaba. Era como si tratara de leer en su rostro dónde había estado toda la mañana, y el sentir la mirada que dirigía hacia el pañuelo que traía al cuello le perturbaba.

—Sacaste 90 —aseguró para sorpresa del pelinegro—. Yo también me sorprendí, sacaste 5 puntos más que yo. Pensé que ibas a reprobar ya que has estado tan distraído viendo a Changmin en clases.

—¿Qué? Yo no veo a Changmin —se molestó de inmediato por el comentario—. En todo caso es él quien me ve a mí. —Yoochun esbozó una ligera sonrisa y caminó hasta la puerta.

—Vamos a comer, tengo algo que comentarte que creo va a interesarte mucho. —Jaejoong parpadeó y se dio prisa en seguir a su amigo fuera de la habitación. Era bueno cambiar de tema y que el chico no preguntara nada por el pañuelo, sería difícil mantener la excusa del sudor sabiendo que faltaban aún algunas horas para el taller.

—¿Qué ocurre, Chun? —cuestionó curioso—. ¿Por fin vas a presentarme a tu misteriosa novia? —Yoochun le miró de reojo, pero sonrió a medias sólo para alentar más la curiosidad de su amigo.

—Puede —canturreó—. Pero en realidad quiero comentarte otra cosa.

—¿Qué? —insistió—. ¿Por qué no vas al grano y dejas de tratar de matarme de la curiosidad? —Yoochun volvió a reír.

—¿Recuerdas a mi amigo, Kim Junsu? —mencionó mientras tomaban camino rumbo al comedor.

—¡Claro! El chico albino que llora mientras toca. ¿Por qué lo mencionas?

—Bueno, pues su familia es productora teatral y están próximos a montar una obra musical, por lo que van a hacer audiciones para todos los papeles —Jaejoong se detuvo de golpe totalmente sorprendido por la noticia. Teatro, su sueño. Pero él era un total desconocido y esa familia tenían compañías teatrales con actores famosos. Aun así, obtener un pequeño papel le abriría las puertas que tanto buscaba—. No están buscando actores con renombre, quieren actores desconocidos a quienes puedan lanzar a la fama.

—¡¿QUÉEE?! —alargó tomando a Yoochun por las solapas del traje para empezar a zarandearlo, no podía ser tanta su suerte. ¿En verdad necesitaban actores desconocidos, o Yoochun estaba tratando de matarlo con una broma tan cruel?—. ¿Es en serio? Dime que no estás bromeando…

Yoochun comenzó a reír a carcajadas soltándose del agarre de su amigo, ya se había esperado una reacción eufórica, pero no una tan exagerada.

—No es broma —le aseguró—. De hecho, vendrán a esta escuela a hacer casting.

—¡Aaaaahh! ¡GENIAL! —prosiguió demasiado contengo, pero el músico lo calmó tomándolo por los hombros.

—No, no es tan genial como crees —Jaejoong le miró con duda por aquellas palabras tan serias—. Sí, van a venir a hacer casting, pero sólo a alumnos de tercero —La mirada del modelo se ensombreció al comprender que al ser de segundo, no sería tomado en cuenta—. Pero… como Junsu es amigo mío y sabe por mí que tú deseas incursionar en teatro, está dispuesto a hablar con su hermano para que tu nombre aparezca en su lista de audiciones —Ya estaba a punto de saltar nuevamente sobre Yoochun cuando este le detuvo—. Pero antes de que él hable con su hermano, debes responderme una pregunta.

—Claro, claro, pregunta lo que quieras, Chunnie. —asintió a la carrera.

—Si llegases a ser seleccionado para el papel en la obra, ¿estarías dispuesto a abandonar la escuela e irte a vivir a Seúl? Porque las obras que presenta la familia de Junsu se presentan allá, por eso sólo van a hacer audiciones a los alumnos de tercero que terminan sus estudios a mediados de mayo. Pero, si tú estás dispuesto a dejar la escuela y cambiar de ciudad, Junsu hablará con su hermano para que se te tome en cuenta.

Jaejoong parpadeó confundido. ¿Dejar la escuela? ¿Dejar Busán? ¿Dejar su vida para comenzar de nuevo? No habría problema con las campañas que aún tenía pendientes, sólo sería cuestión de fijar bien las fechas y viajaría para hacerlas en el menor tiempo posible. Estaba seguro que Sunny podría arreglarle eso. ¿Pero la escuela? La escuela era su segunda casa. Su padre vivía en Busán, aunque pocas veces lo había ido a visitar en los pasados tres años, más que nada porque Hyunjoong se lo tenía prohibido. Pero también estaba el teatro… su gran sueño. Una oportunidad como esa no se daba todos los días, y además, no era seguro que obtuviera el papel.

Yoochun le había dicho que era un musical. Había tomado algunos talleres de canto en el pasado y sabía que no lo hacía del todo mal, pero aparecer cantando en una obra era otra cosa.

Pero pensándolo bien, por qué no… Dejaría la escuela si le dieran la oportunidad de actuar en teatro y comenzar con su sueño.

Por qué no… Dejaría la escuela y las torturas constantes a las que le sometía Changmin con tal de actuar. Qué mejor oportunidad para sacarlo de su vida que iniciando su sueño por el que había trabajado durante tantos años.

—Sí —afirmó al fin con suma seguridad, para sorpresa total del músico—. Estoy dispuesto a todo por comenzar mi sueño. Dile a tu amigo que puede hablar con su hermano, no le defraudaré. Obtendré un papel en la obra y me mudaré a Seúl. —Yoochun se llevó una mano a la cabeza para rascarse de forma confundida, sacando posteriormente unas hojas engrapadas del interior de su saco para entregárselas al pelinegro.

—No sé cómo le hizo, pero Junsu me apostó a que dirías que sí e incluso te mandó el guión para que lo fueras estudiando.

Jaejoong se apresuró a tomarlo emocionado, siendo el título de la obra lo primero que leyó. Sus ojos se agrandaron aún más al saber que la obra para la que audicionaría era una de sus preferidas. Se sabía todas las canciones y los diálogos de cada uno de los personajes, incluso los de las chicas.

—¡Vaselina!

—Sí, es la obra que piensan montar. Junsu me dijo que su hermano hará prueba de canto, así que te recomienda te aprendas alguna de las canciones de la obra y sobre los personajes, te harán leer algunas cuantas líneas del personaje que ellos piensen que te quedaría mejor —le explicó, pero Jaejoong poco caso le hacía, ya que sus ojos parecían más ocupados en leer con avidez el texto que se le hubiera entregado—. Creo que no te importa lo que te diga. —suspiró al darse cuenta que el modelo ni siquiera volteaba a verlo, por lo que le tomó del brazo optando por guiarlo hasta el comedor, donde llenaría ambas bandejas de comida y llevaría al ensoñado chico hasta la mesa.



–.—.—.—.—.—.–



Estuvo sólo picando la comida sin prestar atención a lo que era, o la pregunta que le hacía Boa sobre lo que tanto leía. Tan concentrado había estado en el libreto que ni siquiera era capaz de poner atención a la conversación entre la pelicorto y su amigo músico, pero aún y cuando su atención parecía estar por completo centrada en el texto, había algo que todavía le inquietaba. Desvió la vista de las hojas que tenía al frente y giró el rostro a sus espaldas para toparse de lleno con esa profunda mirada asimétrica que le perseguía siempre.

Changmin le veía desde su lugar, con la misma fría contemplación que siempre le dirigía. Trató de ignorarlo regresando su vista al libreto, pero el escalofrío que sentirse así de observado le provocaba le impedía concentrarse. Así que hizo lo que en mucho tiempo no hacía: tomó un pedazo de la servilleta de papel con la que se había limpiado y la hizo bolita, la remojó en el agua y sin más, se la lanzó a Changmin dándole de lleno en el rostro, lo que le hizo soltar la carcajada ante la mirada asesina que el actor le había mandado.

—¡JAEJOONG!

Volteó el rostro a prisa al escuchar aquel llamado, ya esperando ver a la amargada de la subdirectora en la puerta del comedor, lista para tomarlo de la oreja y llevarlo al salón de detención. Pero suspiró de alivio al encontrarse con la mirada molesta de Boa clavada en él. ¿Por qué su amiga siempre tenía que estar defendiendo a ese egocéntrico de Changmin? Alguna vez le había comentado a Yoochun que Boa estaba enamorada de ese idiota, pero el músico negó que eso fuera así. ¿Sería cierto?

—Ya ni me digas nada, Boa, sé que no te gusta que moleste a Changmin, ¡pero él comenzó! —aseguró señalándolo con su pulgar sin voltear a verlo.

—¿Hasta cuándo dejarás de ser tan niño? Eres mayor que él. —se lamentó la pelicorto en un suspiro cansado.

—Para tu conocimiento, soy un niño. —presumió socarrón, sabiendo de antemano a lo que la chica se refería.

—¡Sabes de lo que hablo, Kim Jaejoong! —explotó ella poniéndose de pie—. ¡Jamás vas a madurar! Deja de molestar a Changmin o hacer bromitas, que en lugar de divertir sólo te causan problemas al enviarte a detención.

—Sólo si me atrapan. —se defendió sonriendo.

—Que es la mayoría de las veces. —concluyó Yoochun, consiguiendo una mirada aprensiva por parte del pelinegro. Con esa clase de amigos, quién necesitaba enemigos. Pero al menos ese comentario había servido para enfriar un poco el asunto, y es que ahora Bosa se reía más animada. El que se burlaran de él había servido de algo.

—Ay, Jaejoong… Jamás vas a cambiar —negó ella mostrando una sonrisa melancólica, para casi de inmediato recomponerse y soltar algo que el pelinegro no esperaba—. ¿Por qué estás usando esa pañoleta en el cuello? Sé que están de moda, pero en la cabeza, no ahí.

Jaejoong sintió el escalofrío cruzar su cuerpo, había errado por sentirse a salvo de responder a esa pregunta cuando Yoochun se le había quedado viendo en su habitación.

—No me digas que ocultas un chupetón… —musitó sonriendo a ojos cerrados, por lo que le fue imposible notar el sonrojo en el rostro del modelo.

—¿Te fuiste al bar y no me invitaste? —Yoochun enarcó ambas cejas incrédulo. Jaejoong se sintió molesto al ver que su amigo le seguía la corriente a la morena, aunque eso le daba la oportunidad perfecta para evitar el tema.

—¿Invitarte? Tú te sales cada miércoles del colegio pasando por mi habitación como si fuera la portería y jamás tienes la delicadeza de preguntarme si gusto acompañarte. Es más, si no soy yo el que te dice que me traigas algo, tú no eres para traerme algún recuerdito de fuera. —se quejó algo resentido, aunque sonriendo cínico, ya que de antemano sabía cuáles eran los motivos por los que Yoochun no lo invitaba al bar.

El músico se cruzó de brazos y cerró los ojos sin prestar mayor atención a los reclamos del chico.

—Tengo mis razones.

—Es cierto, Jaejoong, Yoochun tiene novia y no te va a llevar para que hagas mal tercio. —secundó la pelicorto.

—Entonces que no me reclame si me salgo y no lo invito. —se cruzó de brazos de la misma manera, dándole la espalda al aludido como si estuviera realmente molesto. Sólo que, al abrir los ojos, notó que la persona originalmente a sus espaldas ya no estaba donde mismo. ¿A dónde se había ido Changmin?

Se puso de pie a la carrera girando la mirada a todas direcciones, todavía faltaban algunas cosas por arreglar con ese engreído actor y no quería dejarlo para otro día. Tenía que hablar con él y antes de que entrara a quién sabe qué taller.

—¿A quién buscas? —parpadeó Boa con desconcierto.

—A Changmin —respondió sin dejar de buscarle. Fue entonces que sintió no sólo las miradas de ambos chicos, sino de quienes habían alcanzado también a escucharle—. Ni me vean de esa manera, sólo quiero preguntarle sobre la dichosa ida a los BIFF. Ya que, Boa… —le sonrió con ánimo—, cabe la posibilidad de que no lo acompañe y pueda ayudarte con tu examen.

—¡Oh! ¿En verdad? —reaccionó emocionada—. Entonces no te quedes ahí parado, búscalo, yo me encargo de recoger tu plato. —aseguró conforme empezaba a empujarlo fuera del salón comedor. Jaejoong comenzó a reír dejándose sacar por la morena.

Pero una vez fuera, el problema era dar con el causante de todos sus problemas. Ojalá pudiera encontrarlo sin meterse directamente en la boca del lobo, es decir, en su habitación. Aunque aún era temprano como para que Changmin intentara algo en su recámara, si bien imaginaba que el actor no estaría en ese lugar.

Anduvo por los pasillos de forma distraída, buscando con la mirada, tratando de ubicarlo caminando por ahí, hasta que sus pasos lo condujeron hasta la puerta que llevaba hasta el pequeño bosque detrás del comedor.

Era extraño, pero muy dentro de sí sabía que podía encontrarlo en ese mismo lugar. No era necesario preguntar por él, pues sabía que a esa hora, poco antes del inicio de los talleres, Changmin estaría sentado en la rama de aquel árbol, justo frente al salón comedor, en el bosque donde a veces solían reunirse. Verlo sentado en aquel lugar, viendo a la nada, le llenaba de algo que no sabía identificar. Quizá algo de melancolía. ¿Por qué Changmin se vería así de alejado? Realmente no era algo que le importara, sin embargo, su corazón latía acelerado conforme se iba acercando.

—¡Oye tú, desgraciado! —llamó elevando el tono de voz para que aquel sentado en lo alto le escuchara—. Quiero hablar contigo.

—Ya lo estás haciendo. —contestó el actor desde arriba sin moverse ni girarse para verlo.

Era lo mejor, que Changmin se quedara ahí, lejos de él. Esta vez no le pediría que bajara, no lo quería ni remotamente cerca. Sólo preguntaría lo que le interesaba y se marcharía.

—No me respondiste. Quiero saber si aceptas mis condiciones para acompañarte a los BIFF, porque si no aceptas, puedo decirle a Boa que podré ayudarle con su examen.

Changmin ni siquiera se movió de su lugar, sólo cruzó los brazos tras su cabeza sin responder a nada. Jaejoong se sintió ignorado, y más tarde molesto por ello. ¿Hasta cuándo se le quitaría esa costumbre de dejar a los demás hablando solos?

—¡Te estoy hablando! —le gritó enojado.

—Y te estoy escuchando —respondió sin inmutarse, aumentando la molestia del modelo—. Pero haz memoria, sí te respondí.

Jaejoong se sorprendió. Changmin no había respondido a su pregunta. ¿Por qué decía que sí? ¿En qué momento que no recordaba nada al respecto?

Changmin bajó de un salto de la rama para quedar frente al pelinegro que aún hacía intentos por recordar. Enarcó una ceja y le observó hasta que el mayor también alzó la mirada para verle.

—“Quizá no vayamos a los BIFF y te tenga 14 horas para mí solo”, eso te dije. —aclaró, evocando ese conocido intenso rubor a las mejillas blancas del pelinegro.

Sí, ahora lo recordaba, había sido poco antes de que Changmin le besara. Pero había pensado que sólo había sido alguna especie de broma macabra del actor. ¿Acaso iba a faltar a un premio tan importante para su carrera?

—Es… ¿es una broma? —balbuceó sintiéndose temblar por dentro. No quería ni imaginarse estando a solas por 14 horas con ese engreído, pero como siempre, su hiperactiva imaginación terminaba por hacer de las suyas y hacía que el sonrojo en su rostro se incrementara notablemente.

—No, y lo sabes bien —afirmó enmarcando esa media sonrisa torcida en su rostro. No le agradaba verla, le hacía sentir indefenso—. Estás obligado a cumplir una apuesta. Yo escogí este sábado y el lugar al que iremos es lo de menos, así que dile a tu amiga que busque a otro modelo, porque tú vienes conmigo.

Jaejoong bajó la mirada mordiendo su labio inferior para evitar soltar unas cuantas maldiciones. Al parecer nada de lo que le había solicitado iba a funcionar, ojalá se le hubiera ocurrido otra cosa para evitar acompañarle. ¡Maldición! Cuánto se recriminaba a sí mismo por haber aceptado aquella apuesta.

—Está bien —murmuró resignado—. Tú ganas.

Se giró decidido a alejarse de ese lugar cuando se sintió siendo retenido desde la muñeca. Volteó el rostro para toparse con la mirada contraria clavada en su rostro. ¿Y ahora qué? ¿Acaso iba a intentar besarle de nuevo?

—Y antes de que te vayas… —empezó sin soltarle, aunque él tampoco hizo nada por soltarse.

—¿Qué quieres ahora? —le miró con cierto fastidio.

—Sólo quiero avisarte que no estaré en la escuela el resto de la semana.

—¡Genial! Así no tendré que soportarte, por mí puedes irte para siempre. Yo estaría realmente feliz de que así fuera.

—Para tu desgracia no me iré pronto, sólo estaré cumpliendo con los malditos compromisos de estas aburridas premiaciones. Pero para que no te preocupes o creas que estoy viendo a otro, puedes verme en los canales de chismes, es muy probable que me aborden como siempre que me ven.

—¡Eres un maldito presuntuoso! Yo no quiero ni pienso verte en ningún programa, a mí me importa un comino lo que hagas o dejes de hacer.

—Claro. —rodó la mirada con un tono que dejaba entrever lo poco que le creía. Jaejoong trató de ignorar ese sarcasmo que tan bien dominaba, soltándose con brusquedad del agarre en su muñeca para caminar fuera del alcance del actor.

—Sólo porque estoy cansado te dejo ir tan fácilmente. —afirmó sin voltear a verle. Jaejoong se detuvo abrupto y se giró a mirarle con el ceño fruncido.

—¿Cansado de qué? ¿De estar sentado en una rama pensando en la inmortalidad del cangrejo? —trataba de ser sarcástico, pero la media mueca en el rostro de Changmin le indicó que no lo había logrado.

—Me hubiera gustado más terminar en tu mano, o dentro de ti que en el baño… —admitió girándose apenas lo suficiente para clavar sus pupilas en las contrarias, con una mirada más que sugerente. Y sí, aquello bastó para que el sonrojo volviera a agolparse en el rostro del modelo por el recuerdo tan fresco de lo que hubiera pasado hacía unas horas.

—¡VETE AL INFIERNO MALDITO INFELIZ! —vociferó al tiempo en que salía corriendo lo más rápido que podía—. No tenía por qué enterarme de eso, eres un maldito, Shim Changmin… —se fue mascullando mientras a su memoria volvían esos momentos de tortura en el baño de caballeros. Si no hubiera sido por el timbre…

«Diablos, no…»

Si no hubiera sido por el timbre, en esos momentos ya sería amante de Shim Changmin. Estaba tan excitado que no había tomado consciencia de dónde y con quién estaba. ¡No! No quería caer con alguien como Changmin, con un frío y egocéntrico actor que sólo pensaba en sí mismo antes que en los demás.

«¿Pero en qué estoy pensando?» se recriminó deteniéndose a la entrada de los pasillos que conducían a los talleres. «Ya ni siquiera me pongo a pensar en que es un hombre. Un hombre yo no soy gay… y sin embargo me gustó…» Silencio. «¿Me gustó?» se preguntó abriendo los ojos sorprendido. Para qué negarlo si no era más que la verdad. «Me gusta un hombre… ¡maldición!» volvió a ahogar en su mente dejando azotar la cabeza contra la pared donde se encontraba.

—¡Jaejoong! No hagas eso, si quieres mejor te doy un puñetazo —La voz de Yunho le hizo abrir los ojo y alzar la mirada. La presencia del chico le tomó desprevenido—. No soy ningún fantasma para que me veas con esa cara tan pálida.

—No, lo siento, sólo que no te esperaba —se explicó tratando de recomponerse, lográndolo apenas—. ¿Qué haces por aquí? Las clases son hasta mañana.

—Oh, ya sabes —se encogió de hombros—. Me gustan las chicas de esta escuela, así que vengo a mirar un rato y de paso veo a mi profesor de fotografía, así le muestro lo que presentaré en el taller la siguiente clase.

Jaejoong sonrió al darse cuenta de lo importante que parecía ser esa clase para él, quizá lo ocultaba, pero esas peleas por las supuestas fotos pornográficas con Boa no… «¡Boa!» reaccionó en ese momento, porque no se le había ocurrido antes pedirle a Yunho el favor. Era uno de los mejores modelos, al igual que él, y a Boa le ayudaría mucho con su calificación. La pelicorto no podría negarse a tener a un modelo de la talla de Yunho luciendo sus prendas, quizá el problema sería convencer al chico.

—Yunnie, ¿qué tienes que hacer el sábado por la mañana? —inquirió observándole con una atenta y fija mirada.

—No estoy interesado en tener una cita contigo. —se apresuró a responder igual de serio. Jaejoong comenzó a agitar las manos en negación.

—No, no, no. No es para salir conmigo, quiero que ayudes a una amiga con su examen. —aclaró.

—¿Examen? Sabes que no soy bueno en ninguna materia escolar y…

—Serías su modelo —le interrumpió—. Es un examen de diseño de modas. Por tener que acompañar a Changmin a los BIFF no puedo ayudarle, pero quizá tú pudieras hacerle el favor.

—¿Vas a ir a los BIFF con quien consideras tu peor enemigo? ¿Por qué? —cuestionó rascándose la cabeza condundido.

—Porque perdí una maldita apuesta con él —respondió de mala gana y entre dientes—. Pero bueno, ¿aceptas?

—Ah, sólo una pregunta —Jaejoong asintió esperando con impaciencia, si lograba que Yunho aceptara modelar las prendas de Boa eso sería un peso menos en su consciencia—. ¿Tu amiga es bonita?

—¡Por supuesto! —lo tomó del brazo conduciéndolo por los pasillos que llevaban a los talleres de diseño—. Es una verdadera belleza de cabello oscuro, con un cuerpo que despertaría la envidia de más de diez. —Yunho comenzó a sonreír y Jaejoong se felicitó a sí mismo por lograr mantener en secreto la identidad de la chica.

Y se valió de eso para continuar describiendo a la pelicorto, procurando ocultar su explosivo carácter o sus celos, pero resaltando su fuerza y belleza, hasta que claro, llegaron al salón. Jaejoong le pidió a Yunho que entrara en una pequeña sala donde se guardaban las herramientas que usaban los diseñadores para tomar medidas; de antemano sabía que Boa debería modificar un poco las prendas, ya que Yunho era un poco más ancho de espaldas y tenía un poco más de cadera, pero estaba seguro de que ella contaría con el tiempo suficiente para lograrlo.

—Boa… —llamó asomando la cabeza al taller donde la mencionada platicaba con algunas de sus compañeras, ella sonrió apenas lo notó ahí, dándose prisa en salir.

—¿Siempre sí me ayudarás? —cuestionó curiosa y esperanzada, pero Jaejoong sacudió la cabeza en negativa, borrando la sonrisa de su rostro.

—Ese desgraciado no quiso —explicó para de inmediato tomarla por los hombros, sonriéndole—. Pero te tengo una buena noticia —agregó empezando a conducirla hasta donde hubiera dejado a Yunho—. Logré convencer a un buen amigo, modelo profesional como yo, de que sea tu modelo para este sábado.

—¡Ah! ¿En verdad? —le miró ilusionada—. ¿Aceptó, así de buenas a primeras?

—Sí, pero te lo advierto… —se detuvo en la puerta antes de dejar que su amiga entrara y reconociera al chico—. Es algo temperamental, así que vas a tener que armarte de paciencia y guardar ese endemoniado carácter tuyo si quieres que no te renuncie al primer grito … —Ella hizo un puchero, lamentándose de que el pelinegro la conociera tan bien—. Es uno de los mejores, y estoy seguro que tenerlo como tu modelo te subirá enormemente la calificación.

—Está bien, está bien —suspiró—. Trataré de que mi carácter no eche a perder la relación modelo-diseñador. Te prometo que me portaré bien con él.

Jaejoong sonrió ante aquellas palabras, sólo esperando que una vez lo viera, no lo fuese a sacar a patadas. Porque de hacerlo, ella era la que saldría perdiendo. Ya habiéndose mentalizado, abrió la puerta para que la pelicorto pasara, pero en lugar de seguirla, simplemente cerró la puerta tras ella para quedarse él afuera.

—¡TÚUUU!

Fue el grito a dueto que escuchó antes de darse la vuelta con una sonrisa y continuar hasta su propio taller. Ya sería problema de Boa controlar su carácter para que Yunho no saliera huyendo.



–.—.—.—.—.—.–



El sol comenzaba a colarse por la ventana que mantenía las cortinas corridas. Los árboles le franqueaban el paso completo a la luz, pero incluso así la claridad del día era notoria.

Estaba mucho, demasiado cómodo en su cama, tranquilo y relajado. Casi no había visto a Changmin en toda la semana, sólo esa clase de teatro donde le cayó de sorpresa y para su mala suerte tuvo que interpretar junto a él la escena dramática de la muerte de los protagonistas de Romeo y Julieta.

Algo muy dentro de sí le decía que Changmin había aparecido en el taller sólo porque sabía que la escena a representar era la culminante de la obra y se haría presente el beso. Sin Changmin, él podría actuar con alguna chica, y ya tenía a Yuri –la aspirante a actriz– sobre él para representar ese papel.

Sin embargo, Changmin apareció a último momento y Yuri se retiró bastante molesta de su lugar, cediéndoselo al actor quien le había visto con el ceño fruncido y una mirada más que hostil. Si hubiese sido otro, podría haber definido esa mirada como celos. ¿Pero Changmin celoso de él? Eso sólo ocurriría cuando el infierno se congelara.

—Ni creas que te voy a besar. —le había susurrado al actor apenas lo tuvo cerca. La gran mayoría de sus compañeros lo estaban haciendo, pero él simplemente se negaba, y así se lo hizo ver a Changmin.

—Lo has hecho en otras ocasiones, no habrá diferencia si lo haces ahora sólo actuando.

Se había sentido perturbado y molesto. ¡Pero por nada del mundo le besaría delante de todo el mundo!

Y al fin y al cabo se había salido con la suya y no le había besado, para desilusión de muchos. Después de eso Changmin desapareció de nuevo, si bien esa noche en la sala de estar vio por la televisión que el moreno había llegado a una cena previa a los BIFF. Se encontró a sí mismo inmerso en cada palabra de la reportera, Im Yoona, decía sobre el actor, pero como era de esperarse, el engreído de Shim Changmin no había dicho ni media palabra. Se le había cuestionado sobre Taeyeon, sobre la chica de la foto y sobre las palabras de Fukutaro, pero Changmin guardó silencio y entró a la recepción.

Por un lado se sentía agradecido, ya que la persona de la foto y el modelo que había mencionado Fukutaro eran la misma persona: él. Pero por otro lado… ¿qué le costaba a ese huraño dirigirles unas palabras amables a la prensa y así quitarse esa etiqueta de Temprano de Hielo?

Aunque ahora ya no importaba, era sábado, era temprano y no estaba dispuesto a levantarse de la cama hasta después del mediodía. ¡Que Changmin se fuera mucho a la goma! Ni siquiera le había dicho nada sobre sus peticiones, así que no tenía por qué acompañarle a esos premios. Tampoco había dicho nada del asunto en el taller, así que era de esperarse que no apareciera en la escuela ese día tampoco.

Si Changmin se llegase a presentar para llevarlo a los premios se iba a llevar una desagradable sorpresa: No tenía nada qué ponerse. Sonrió para sí mismo. Había mandado a la lavandería todos sus trajes, así que si pretendía llevarlo a unos premios tan importantes iba a tener que llevarlo en mezclilla o pants. Todo había sido finamente planeado, Changmin se molestaría y lo dejaría en la escuela, ni siquiera para ir a comer a algún sitio tenía ropa adecuada.

Todo estaba planeado y en orden…

Así que con esa misma tranquilidad cerró los ojos, se acomodó entre las cobijas y se dispuso a disfrutar de unas horas más de sueño… Hasta que la puerta se abrió con violencia, sobresaltándolo y haciéndole pegar un brinco en su lugar.

—¡Levántate! —La voz imperativa de Changmin le dejó sin habla por unos momentos—. Ya es hora de irnos, te dije que estuvieras listo a las 10am, faltan cinco minutos y aún no te has levantado.

Jaejoong frunció el ceño con molestia al ver cómo el actor entraba en su habitación como si fuese suya y abría las puertas de su closet buscando algo. Se paró de inmediato, aventando las cobijas al suelo. ¿Pues qué se creía?

—Un momento, momento. ¿Qué crees que haces? —señaló enfadado. Changmin se volteó y le miró con el ceño arrugado.

—¿Dónde está toda tu ropa? —Jaejoong sonrió triunfal. Su plan iba a funcionar, claro que iba a funcionar.

—En la lavandería. —aclaró sin pena, sin perder detalle del chico que se encaminó hasta la cómoda abriendo los cajones, sacando posteriormente varias prendas que más tarde le lanzó. Jaejoong las tomó entre brazos con el ceño fruncido.

—Vístete, Zhoumi nos estará esperando a las 10 en el estacionamiento. Hay varias citas que tenemos que cumplir y no estoy dispuesto a llegar tarde por tu culpa. —advirtió con una fría mirada, observando de arriba abajo el delgado cuerpo del modelo frente a él. Parecía desaprobar por completo la ropa de dormir que llevaba, pero si ese engreído pensaba que se iba a poner el pijama que le había regalado estaba más que equivocado.

Miró entonces las prendas que el castaño le había lanzado y curvó la boca con disgusto. ¿Un pantalón de manta color caqui y una playera negra? El actor sí podía ir vestido con el pantalón del uniforme y una camisa azul, ¿y él iba a tener que usar algo tan simple?

—No voy a ir a ningún lado vestido con esto, tengo una imagen qué cuidar. —aseguró retando al actor con la mirada.

—Eso debiste pensar antes de mandar, con toda intención, toda tu ropa a lavar —Una vez más, el rubor ascendió a sus pálidas mejillas por sentirse descubierto. ¿Cómo era posible que Changmin fuese tan listo?—. Ahora vístete o te saco de la escuela en esa ridícula ropa de dormir que traes.

—¡No te atreverías! —señaló alterado, pero el menor volvió a dibujar esa sonrisa torcida en su rostro que le dejaba en claro que de ser necesario, lo haría—. Está bien, está bien. —urgió a la carrera, quitándose la playera para ponerse la negra, sin notar siquiera la mirada que Changmin le dirigía.

Giró un minuto después al escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas, y sonrió para sus adentros cuando se percató que el actor había salido justo antes de que hubiera empezado a retirarse el pantalón. ¿Eso sería bueno, o malo?



–.—.—.—.—.—.–



Se sentía incómodo, muy incómodo al ir sentado al lado de Changmin estando vestido tan informal. Aunque, cuando Zhoumi le saludó al subir al auto no pareció darle importancia a sus ropas, e incluso le había saludado amablemente, dándole oportunidad a él para preguntar por Mei.

—Mi madre le manda saludos, joven Jaejoong. Está encantada de volverle a ver, ya está preparando toda una variedad de platillos para cuando lleguen.

Eso sólo significaba que pararían en el departamento de Changmin en algún momento, pero el actor no le había querido decir a dónde iban cuando se lo preguntó, siendo que se había limitado a decirle que lo sabría cuando llegaran.

Estaba muy nervioso, y eso ya le costaba trabajo ocultarlo. Veía por la ventana de la limosina intentando identificar las calles por las que pasaban. Podía ver que iban rumbo al centro, cruzaban por uno de los sectores más exclusivos de Busán, pero no parecía que Zhoumi fuera a detenerse. Changmin lucía entretenido leyendo algo, mientras él procuraba no mirarle, pero era algo que no podía lograr. Comenzó a tararear una de las melodías de la obra de teatro, quizá eso le ayudaría a distraerse o a mantener los nervios bajo control.

—Esa es la misma melodía que berreabas noche…

El desconsiderado comentario le hizo parar, volteándose para toparse con la mirada del menor fija en él.

—¿Anoche? —cuestionó incrédulo—. ¿Estabas en el colegio anoche? —Changmin cabeceó en afirmación, regresando la vista a su lectura.

El pelinegro le observó con el ceño fruncido. Estaba tan concentrado en las canciones de la obra que no bajó a cenar, ni se percató que Changmin había regresado al colegio… ¿Berrear? Changmin había dicho que estaba berreando la canción. Bajó la vista dolido, deprimido de pensar que aquellos encargados de la audición pudieran pensar lo mismo que el actor. ¿Lo diría en serio? ¿Tan mal cantaba?

—Changmin… ¿Puedo hacerte una pregunta? —Aquellas palabras distrajeron la atención del chico, que alzó la vista para verle. El semblante y mirada de Jaejoong eran diferentes, por lo que sólo asintió—. ¿En verdad crees que canto tan mal? Te pregunto porque sé que me dirás la verdad, no importa lo dura que sea. Es importante para mí saber si realmente estaba berreando anoche… —se explicó al ir bajando la mirada para no toparse con la del castaño que no se había despegado de él en todo ese tiempo.

Y esperó en silencio porque Changmin le dijera algo, pero cada segundo que pasaba se le hacía eterno. ¿Por qué debía considerar tan importante la opinión del actor? Con que presentara la audición y obtuviera algún papel, por pequeño que este fuera, sería suficiente para confirmarle que lo hacía bien.

—Me expresé mal —dijo por fin, atrayendo de vuelta la mirada oscura—. Berrear no es la palabra que debí usar. Aún ahora, no sé cuál es la palabra que busco —Jaejoong se extrañó por ello, pero los ojos del chico no le decían nada—. Si quieres de mí una calificación a tu canto, no puedo dártela, no soy experto. Sin embargo, pasé algunas horas escuchándote y es… —aguardó por un instante, alentando la expectación del pelinegro—, agradable al oído. —concluyó por fin, desviando la vista hasta la ventanilla para no cruzar con la expresión del modelo que de pronto parecía tan sorprendido y agradecido por sus palabras—. ¿Por qué cantabas esa melodía? Es de Vaselina, ¿no? —le miró de reojo, pero Jaejoong sólo se encogió de hombros, nada dispuesto a contarle que en realidad ensayaba para un casting—. ¿Tiene algo que ver con lo que leías el lunes de manera tan entretenida?

—Sólo canto porque me gusta hacerlo. —cerró los ojos para no verlo.

—Estás mintiendo. —afirmó ganándose una nueva mirada contrariada del mayor. ¿Cómo diablos sabía Changmin cuando estaba mintiendo y cuando no? Bueno, tampoco era de extrañarse, era muy malo mintiendo.

—¡Qué rayos! —soltó en voz alta. Total, no tenía nada de malo decirle—. Estoy ensayando para el casting que harán en la escuela de la obra musical de Vaselina.

—No sabía que la escuela presentaría esa obra. —le miró con interés.

—Es que no es la escuela quien la va a presentar. Una compañía teatral, la familia Kim, van a montarla y harán casting para todos los papeles de la escuela dentro de un par de semanas.

—¿Kim? —repitió cada vez más interesado—. Pero ellos sólo montan obras en Seúl. ¿Acaso van a abrir temporada aquí? —Jaejoong sonrió de forma luminosa y negó con la cabeza.

—Será en Seúl, así que quienes obtengan un papel en la obra deberán mudarse a la ciudad —explicó sonriendo—. Y yo voy a obtener un papel en la obra, no importa de lo que sea, hasta de árbol con tal de comenzar mi carrera —«Y alejarme de ti» pensó mirándole fijo.

Changmin guardó silencio por un momento, cruzándose de brazos y cerrando sus ojos. Jaejoong le observó, no entendiendo ese repentino interés y el posterior alejamiento. O quizá el actor le había entendido la indirecta.

—¿Quieres el papel principal en esa obra? —cuestionó de pronto, haciendo que el pelinegro abriera los ojos enorme al escucharle.

—¿Qué? —balbuceó sin comprender—. ¿Cómo que el papel principal?

—Puedo hacer que obtengas el papel principal en esa obra, así como el que no te den ninguno. Todo dependerá de ti… —le miró de reojo sin cambiar su postura.

—¿De qué diablos estás hablando? —Empezaba a molestarse. Esa mirada y mueca en el rostro del actor le daban escalofríos. Su hiperactiva imaginación estaba ya haciendo de las suyas, imaginando a Changmin ofrecer grandes sumas de dinero a la compañía de teatro para que le dieran el papel principal en la obra, o por quitárselo. ¿Y todo dependía de él? ¿A qué se refería con eso?

La mirada del castaño centelló con algo que ya había visto cuando hubiera levantado la vista para enfrentarlo. ¿A qué se refería con que todo dependía de él? ¿Acaso…? No, Changmin no podía atreverse a tanto, ¿o sí?

—Te prometo que te darán el papel principal de la obra, si te conviertes en mi amante…

Jaejoong sintió su sangre hervir al escucharlo. De nuevo estaba intentando comprarlo. ¿Hasta cuándo? Ya no estaba dispuesto a soportarlo más; a soportar cómo ese egocéntrico siempre le humillaba con lo mismo, ya le había dicho muchas veces lo que deseaba de él y las mismas veces le había respondido lo mismo: NUNCA. Pero parecía que Changmin estaba sordo, porque volvía a surgir con lo mismo, e incluso ahora le amenazaba con lograr que no le dieran ningún papel en la obra, suponía, si se negaba a ser su amante.

Le gustaba, sí, ya lo había admitido ante sí mismo, pero eso no quería decir que fuese a aceptar convertirse en su amante. Quizá si Changmin le amara pudiera considerarlo, pero el actor no sentía nada por él, se lo había dicho y confirmado.

Alzó el rostro de golpe cuando sintió una caricia sobre su mejilla, topándose con el rostro del menor a escasa distancia.

—Lo estás pensando mucho. —denotó, deslizando su dedo por la sonrosada piel del pelinegro que retrocedió de forma precipitada.

—Ya sabes la respuesta a eso. —renegó replegándose contra la puerta de la limosina, regresándole una mirada filosa. No estaba nada dispuesto a que volviera a hacer de las suyas, aún era demasiado temprano y eso no quería decir que más tarde se lo fuera a permitir.

Siempre dicen que lo que mal comienza mal acaba, y esta no parecía ser la excepción. Por unos segundos se había sentido cómodo hablando con Changmin, pero como siempre que pasaba eso, el maldito lo había echado a perder con sus humillaciones.

—Pide lo que quieras, cualquier cosa y te la daré: Dinero, papeles en películas, teatro, cosas materiales, lo que sea… —susurró acorralándole entre la puerta y su cuerpo.

El calor que esa figura desprendía era embriagante, pero no quería tenerlo así de cerca, su cercanía era demasiado peligrosa. Su cuerpo comenzaba a disfrutar de ello, aunque su cerebro gritaba porque lo empujara lejos de sí. Estaba perdido y tenía que empezar a reconocerlo, a disfrutar ese calor el temblar ante cada roce.

Necesitaba alejarlo, de alguna forma, tenía que hacerlo. Quizá pedirle algo que no pudiera darle. ¿Pero qué? Changmin tenía dinero, había escuchado las ofertas de trabajo que había rechazado, y no le pagarían cualquier cosa. Seguro tenía mucho dinero ahorrado. Y eso sin contar los contactos con directores que podrían darle papeles en películas o teatro, era la segunda vez que se lo ofrecía. ¿Qué? ¿Qué podía pedirle que no pudiera darle?

“Quién está hablando de amor, Kim Jaejoong. Sólo quiero tu cuerpo…”

“No siento nada por ti, ni por nadie… Si lo que estás esperando para convertirte en mi amante es que te diga palabras cursis de enamorados, esperas en balde…”

Las frías palabras que el chico le había dedicado desde que le acosaba regresaron a su cabeza en esos momentos. Quizá sí había algo que ese Témpano de Hielo Shim no podía darle. Sonrió amplio, mirándole fijamente a esos bonitos y asimétricos ojos castaños.

—¿Cualquier cosa? ¿Estás seguro? —preguntó sin más duda, pese a que su corazón latiera apresurado. Changmin asintió a la pregunta, dándole pie para poner en marcha su plan—. Lo que realmente quiero no creo que estés en posición de dármelo… —comenzó, logrando que el menor se enderezara para verle con curiosidad. Parecía no dar crédito a lo que Jaejoong decía, como si fuera imposible de creer que considerara el ser su amante después de tantas negativas.

—Dime, qué es. —apremió sin mayor expresión en su rostro. ¿Le estaría decepcionando el que aceptara ser comprado? Para lo que le importaba. JAMÁS se dejaría comprar, y eso lo vería ahora mismo.

—Esto —señaló, deslizando su mano por el pecho del actor hasta detenerse a la altura de su corazón—. Si estás dispuesto a dármelo, yo estoy dispuesto a ser tu amante. —aseguró, dando paso a la enorme sonrisa que empezó a asomar en su rostro.

Changmin frunció el ceño de inmediato, posando su hosca mirada en el rostro del pelinegro. Le estaba pidiendo un imposible, lo sabía bien. Él jamás le entregaría su corazón, por eso se lo había pedido.

El día en que Changmin le entregara su corazón, el infierno se congelaría… y quizá entonces, sólo entonces, podría considerar convertirse en su amante.

Era un precio muy alto. ¿Changmin estaría dispuesto a pagarlo?




❥ Fin del Capítulo Siete.




¹ Modelo de Tallaje: Un modelo de tallaje es una persona que tiene unas medidas estándar (algunos dirían que perfectas), es decir, las medidas más comunes entre la población a la que va dirigida la ropa. No es necesario que sean bellos, ni que sepan caminar en pasarela (por lo cual tampoco se les paga mucho), con que su cuerpo sirva para medirse la ropa (maniquís humanos) es suficiente.



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Kkk, sólo tengo una cosa por decir... 

Happy Soulfighters Day! ♥