Tortura: Capítulo 5

|

El eco de lo que parecía ser un taladro martilló hasta su consciencia por enésima vez. Levantó la mano y sin abrir los ojos tomó una de las almohadas para cubrir su cabeza, intentando mitigar el dolor que le provocaba; pero el martilleo continuaba, muy a pesar de que el sonido hubiera cesado. Su boca estaba seca y de un sabor amargo.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando recordó el enorme cóctel de alcohol que había ingerido, compuesto de quién sabe cuántas cubas, martínis y champaña. Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta la casa de Jessica… Era probable que el taladro que escuchaba fueran los trabajadores que la rubia parecía tener viviendo siempre en su mansión; jamás entendería esa manía por remodelar cada semana, habiendo mejores formas de gastar el dinero. Por ejemplo, regalándole a su guapo y caballeroso amigo modelo una moto. Intentó sonreír para sí mismo sin lograrlo, sólo consiguiendo que su cabeza martillara una vez más.

Retiró lentamente la almohada de su rostro, cerrando los ojos en cuanto recibió la luz sobre este. Había algo que no terminaba de gustarle, un aroma a colonia que no era suya y que comenzaba a marearle, avivando a las ya conocidas nauseas producto de la resaca. Dejó caer de vuelta la almohada en su cara, percatándose entonces de que aquella fragancia parecía provenir de la tela que la cubría.

Su cabeza martilló de nuevo. Necesitaba tomar algo, y pronto.

Consiguió sentarse no sin cierta pesadez, provocando que la suave seda se deslizara por la piel desnuda de su torso.

—¡Maldición! —masculló alarmado volviendo a levantar la sábana, sintiéndose enrojecer—. ¿Pero qué…?

Asustado, recorrió la habitación con la vista tratando de dar con su ropa en el suelo, o quizá en alguna de las sillas que Jessica siempre dejaba en los cuartos de huéspedes; pero ésta vez no había sillas, sólo un sillón sobre el que descansaba una bata de baño color blanco. De su ropa ni rastros. Hasta entonces notó que la decoración del cuarto era muy diferente a la que acostumbraba la rubia. Este tenía el suelo cubierto de duela, las paredes tapizadas de madera y las ventanas con persianas (las cuales permanecían entreabiertas). Había dos enormes espejos al frente, desde donde alcanzaba a ver su entero reflejo. Un tapete color crema recubriendo el área de la cama, junto a la que descansaban un par de burós con lámparas de noche a cada lado. Sus zapatos los localizó a un costado, pero además de ello, no había nada más.

¿Dónde estaba el peinador, las sillas, las cortinas de pesado terciopelo que tanto le gustaban a Jessica y esas alfombras persas, tan caras, que siempre cubrían todos los cuartos? ¿Desde cuándo los gustos de la chica eran tan sobrios?

Su cabeza martilló otra vez…

Giró la vista hasta el buró que reposaba de su lado y se percató de algo que no había visto desde el espejo: Había un vaso con agua y un par de pastillas efervescentes para el dolor de cabeza. Al parecer el mayordomo de Jessica se las había dejado para cuando se levantara. Iba a tener que agradecerle por el gesto, jamás se había portado tan bien con él.

Tomó el vaso, vació las pastillas y se apuró a ingerir el remedio. Ya no soportaba el dolor de cabeza. Dejó el recipiente en el mueble y se levantó trastabillando, tomando las sábanas para cubrir su desnudez de camino al sillón, donde las cambió por la bata. Tenía que encontrar sus ropas para irse al colegio, no quería darle más molestias a su rubia amiga.

Descalzo y con lentitud se encaminó hasta la puerta, sujetándose de las paredes de madera en el proceso; el aroma de la colonia lo tenía confundido. Quizá algún amigo de Jessica se había quedado en esa habitación y había dejado todo oliendo a… ¿Changmin? Sacudió la cabeza enérgicamente. ¿Cómo se le ocurría pensar que esa fragancia le pertenecía a aquel antipático? Cualquiera podría comprar esa colonia, no precisamente tenía que ser el actor.

Un delicioso aroma a comida le recibió en cuanto abrió la puerta, cerrando un momento los ojos para disfrutarlo; mil veces eso y no la colonia que bien identificaba con Changmin. Su estómago protestó recordándole que desde la fiesta de anoche no había comido nada, y no sabía qué hora era, pero por los sonidos que despedía intuía que ya algo tarde. Abriendo de vuelta los ojos se encaminó en búsqueda del origen de aquel olor, sin notar la sala que acababa de pasar por culpa de la luz que entraba por las ventanas abiertas de par en par y que le impedía ver con claridad. Lo que sí notó fue que al parecer, la cocina se encontraba en el mismo piso que la recámara, y a tan sólo unos cuantos pasos de distancia.

«¿Dónde diablos estoy?» se preguntó deteniéndose abruptamente cuando notó que, en definitiva, aquella no era la casa de Jessica. Ni siquiera había una cocina, era una barra desayunadora que separaba la habitación que servía como tal, donde se encontraba una mujer de espaldas, al parecer cocinando. «¿Dónde está el mayordomo?»

Su imaginación comenzó a correr a mil por hora, suponiendo que la noche anterior, debido a su embriaguez, había sido secuestrado, desnudado para que no huyera y encerrado en ese lugar con un ogro como celador o celadora. ¡Necesitaba escapar! Pero justo cuando estaba dándose la vuelta dispuesto a salir huyendo del lugar, la mujer en la cocina se dio la vuelta tomándolo desprevenido.

—¡Oh, buenos días jovencito!

La alegre voz le sorprendió haciéndole sonrojar. Levantó la vista hasta el rostro de la dama y pudo darse cuenta que se trataba de una mujer adulta, de entre sesenta a sesenta y cinco años, con el cabello oscuro recogido con una red y de aspecto bonachón, pues la sonrisa que le dedicaba era más bien cálida y llena de felicidad. No pudo dejar de notar que sus ojos le recordaban a los de alguien más, pero no supo a quién. No parecía ser un ogro o una celadora, quizá su imaginación de nuevo estaba haciendo de las suyas.

—Bue… Buenos días. —tartamudeó el saludo sintiéndose extraño y confundido. La mujer sonrió más ampliamente.

—Vamos, vamos, siéntate a desayunar. La comida ya está lista y sé que te va a ayudar a sentirte mejor —animó con aquella sonrisa resplandeciente, sirviendo en un plato algo de aquello que olía tan bien para tendérselo en la barra. Jaejoong observó sin comprender, pero ella continuó—. Esto te va a ayudar a que se te pase la cruda. El joven pidió que te preparara una buena medicina, como sólo yo las sé hacer.

«¿Cruda? ¿Joven? ¿De qué está hablando esta mujer?» Pero el pelinegro se sentó a la mesa y tomó los cubiertos para empezar a comer. Tenía mucha hambre y sabía que después de la resaca, comer era la solución. La mujer no parecía ser mala y sentía que podía confiar en ella. Al parecer, no había sido secuestrado. Después se daría a la tarea de averiguar dónde y con quién se suponía que estaba.
La mujer sonrió cuando lo vio sentarse dispuesto a comer, aunque se detuvo de dar el primer bocado en cuanto la sintió pararse frente a él para observarlo detenidamente, sin dejar de sonreír.

—Eres más hermoso que en la TV, jovencito. Ah, no te sorprendas —apuró al ver la inquietud en aquellos ojos oscuros—. Te he visto en algunos comerciales. Hacías los del helado, y otros de unos pañuelos, también te vi anunciando autos y cereales. Pero eres más guapo en persona, ¿sería por eso que el joven te ha dejado más tiempo que a los demás? —susurró ya lo último como para sí, aunque Jaejoong hubiera alcanzado a escuchar muy bien.

—¿Joven? ¿De quién está usted hablando? —preguntó dando el primer bocado, intentando ignorar esa sensación que comenzaba a arder en sus labios y garganta.

—¿Pues de cuál otro va a ser? Del joven Changmin…

La intensa tos emergió en cuanto sintió atragantarse con la comida. La mujer se dio prisa en servir un vaso con agua para ayudarle a pasarse el bocado y pidiendo mil disculpas por si estaba muy condimentado. Pero Jaejoong no tosía por el picante, tosía por la sorpresa que le causaba enterarse que había pasado la noche en la casa del arrogante Shim Changmin.

—¿Estoy en casa de Changmin? —repitió sintiéndose enrojecer sólo de imaginarlo. ¿Dónde había dormido el actor? ¿Con él? ¡No, maldición, no! Pero la mujer no parecía darse cuenta del trago amargo por el que pasaba el modelo, y continuó hablando de lo más alegre.

—Sí, este es el departamento del joven Min. Según me dijo mi hijo Zhoumi, anoche estabas tan tomado que tuvo que llevarte cargando hasta la recamara, ya que tú solo no hubieses podido llegar nunca. Tan chiquito y ya con esos problemas, mi niño —se lamentó ella en tono afligido—. El joven está ahora en el gimnasio, por si te preguntas en dónde se encuentra.

Jaejoong sintió ganas de vomitar, no tenía recuerdos de nada que involucrara a Changmin. De la fiesta de anoche recordaba a Fukutaro y su oferta de 4 mil millones por convertirse en su amante, pero de ahí en fuera… No, un momento, ahora recordaba por qué los ojos de la mujer le parecían conocidos. El chofer, Zhoumi… El chofer de Changmin tenía los mismos ojos de la mujer frente a él. Entonces Changmin… Sí, lo había visto anoche en la fiesta. ¿Pero qué hizo? ¿Por qué estaba ahora en su casa y no con Jessica?

«¡Entonces sí fui secuestrado por ese idiota!»

El malestar de la resaca comenzaba a marearle. No podía estar en casa de Changmin, ¡era una locura! Si estando en la escuela se comportaba tan… malicioso, estando en su casa y con él ebrio… ¡No!, no quería ni imaginarse qué había hecho ese mal nacido con él.

Una de sus manos subió sutil hasta sus labios, dejando deslizar las yemas de sus dedos sobre los mismos con cuidado y lentitud, recordando por unos instantes los labios del actor sobre los suyos.

«Sus besos… eran diferentes anoche»

—Entonces… no fue un sueño. —susurró sonrojándose por completo.

—Y dime mi niño —La voz de la mujer lo sacó de sus pensamientos—. ¿Desde cuándo salen juntos?

—¿Qué? ¿Quién? —reaccionó alterado, sorprendido por la pregunta—. Yo no salgo con Changmin, sólo somos compañeros de clases. Ni siquiera nos llevamos bien. —aclaró deprisa, notando la decepción que aparecía en el rostro cansado de la mujer.

—Oh, qué lástima… —murmuró dándose la vuelta para seguir lavando los trastos sucios—. Yo esperaba que tú fueses la persona que lograra sacar al joven de esa soledad en la que ha vivido siempre —Jaejoong guardó silencio, observándola sin comprender—. ¿Sabes que el joven Min ya pasó por lo que tú pasas ahora? —preguntó echándole una mirada tan sólo de reojo.

—¿Por lo que paso?

—Por esas “crudas”, o resacas, como les conocen ustedes —aclaró—. El joven tiene cuatro años sin probar una sola gota de alcohol, porque esa maldita adicción a la bebida estuvo a punto de matarlo.

—¿Eh? —consiguió articular, sin poder dar crédito a lo que escuchaba. Jamás leyó nada de eso en los diarios o revistas de chismes.

Aún podía recordar cuando Boa lo había encontrado desmayado en su habitación. Él le había dado un poco de alcohol para que reaccionara y cuando casi había intentado obligarle a beberlo el actor había terminado apartándolo. Ahora podía entender el por qué. Pero jamás se dio a conocer que Changmin bebiera… o fumara. Una breve imagen del moreno sosteniendo un cigarro en sus labios atravesó su cabeza por segundos.

—Jamás se mencionó nada en los medios. —aseguró viéndola. La mujer se volteó para ver los ojos oscuros del modelo.

—No, jamás lo dijeron porque el señor Jihoon se encargó de que nunca se diera a conocer. Él ha cuidado de la carrera del joven desde que tenía 12 años, cuando el joven Min se fue por el mal camino…

—¿Mal camino? ¿A qué mal camino se refiere? —preguntó intrigado. Nunca había sabido nada de lo que aquella mujer le decía. Quizá ahora podría entender qué había hecho cambiar tanto a Changmin, por qué de ser un niño prodigio y bueno, se había convertido en violento y huraño.

—No puedo contarte —negó dándose la vuelta para seguir con lo que hacía—. Sólo puedo decirte que toda la culpa la tiene esa mujer que tuvo por madre —afirmó con tono amargo—. Con una sola palabra empujó al joven por donde no debía…

Jaejoong aguardó eternos segundos sin animarse a probar bocado de la comida frente a sí, observando la espalda de la señora. La resaca aún no le permitía pensar con claridad y asimilar toda la información que le acabaran de soltar. Ni siquiera sabía si podía confiar en sus palabras, porque nada de lo que la mujer afirmaba había sido mencionado en los medios. Sabía que la madre de Changmin había sido su representante por 12 años, hasta que el giro de su carrera fue puesto en las manos de Rain, justo el mismo año en que la serie infantil fue cancelada; había sido entonces que Changmin comenzó su carrera en cine haciendo papeles oscuros y rebeldes, mismos que le habían consolidado como un magnifico actor dramático.

—¿Es su madre la causante de su… —se detuvo cuando la mujer volteó a verle sorprendida—, forma de ser tan agria? —completó la frase. Ella asintió sin revelar nada más del asunto—. Pues siendo así como es, jamás tendrá amigos —suspiró dejando el tenedor en el plato para recargar el rostro sobre su mano derecha—. No me sorprendería enterarme de que jamás haya tenido uno.

—Oh, pero sí los tuvo —aseguró acercándose al pelinegro, que levantó el rostro para mirarla—. Cuando estaba en la serie infantil, había un chico llamado Kyuhyun…

—Sí, lo recuerdo —asintió sonriendo—. Era el vecino de Changmin y su mejor amigo, hacían muchas travesuras juntos y se les veía muy unidos. Aunque eso era en la serie.

—Y en la vida real —afirmó la mujer—. Cho Kyuhyun era tan sólo un año mayor que el joven Min, pero su apariencia le ayudaba mucho a parecer menor y verse de la misma edad para ser su compañero de juegos. Sólo que la señora Shim no quería al niño Kyuhyun cerca del joven…

—¿Por qué? —cuestionó algo precipitado. Jamás se hubiera enterado por las revistas de todo lo que la mujer le estaba contando, y la curiosidad ahora le podía más. Pero algo de lo que indudablemente tenía que tomar nota para cuando se hiciera de su propio departamento, era de asegurarse de no contratar a un ama de llaves que se fuera fácil de la lengua con un completo desconocido.

—Porque el niño Kyuhyun era algo… —se mordió el labio intentando encontrar la palabra correcta—, rarito.

—¿Rarito? —La mujer se llevó una mano al mentón tratando de explicarse mejor.

—Sí, rarito —volvió a decir—. Le gustaban los hombres y no las chicas.

—Ah. Entonces querrá decir, gay. —verificó creyendo entender lo que quería decirle.

—Sí, esa es la palabra moderna que se usa ahora —asintió sonriendo—. En mi país se les dice de otra forma. Yo soy china, lamento mucho si no utilizo las palabras de forma correcta. —se excusó la dama.

—No se preocupe, en el colegio tengo un amigo que también es chino y le aseguro que usa las palabras muy bien. Y si usa alguna expresión de su país, estoy seguro que le he de entender. —le sonrió a la mujer que ahora se sentía más en confianza con el modelo, al grado de tomar una silla y sentarse frente a él del otro lado de la barra desayunadora para continuar con la plática.

—Pues como te decía, jovencito…

—Jaejoong, por favor. —pidió con una sonrisa, haciendo que la mujer sonriera a su vez.

—Yo soy Mei Ling, aunque el joven Changmin y toda mi familia me dicen sólo Mei —explicó—; de ser posible, me gustaría que también me llamaras así.

—Encantado —asintió tomando algo del jugo que le había sido servido. El dolor de cabeza que había sentido al levantarse comenzaba a disiparse por completo. Al parecer el sonido que él había pensado era un taladro, había sido el del exprimidor eléctrico en el que Mei había hecho el jugo que ahora tomaba.

—Bueno, como te decía, Jaejoong. El joven Min y el niño Kyuhyun era muy buenos amigos, pero la señora Shim le tenía prohibido al joven que se mantuviera en contacto con el niño fuera de los escenarios. A pesar de ello, el niño y el joven se veían a escondidas de su madre para estudiar los libretos, o por lo menos es lo que a mí me decía para que le ayudara a salir. A veces pienso que el niño Kyuhyun es el culpable de que el joven Min sea lo que es. —admitió pensativa.

—¿Usted cree que Cho Kyuhyun es el culpable de que Changmin sea gay? —inquirió haciendo brincar a Mei de su silla, totalmente ruborizada—. Él mismo me lo dijo, no tiene por qué asustarse.

—¡El joven Shim va a matarme!

—¿Por qué voy a matarte, Mei?

La voz a sus espaldas hizo a Jaejoong ser víctima de un escalofrío. Sin animarse a darse la vuelta para contemplar el semblante del actor, sintió una mano posarse sobre su hombro, y ese simple roce fue suficiente para lanzar corrientes eléctricas por todo su cuerpo. El calor intenso se apoderó de su rostro, y sin poder soportarlo saltó de la silla para encararlo. Pero su reclamo quedó en el aire cuando le vio de frente. Lucía un pantalón deportivo negro, tenis y una playera blanca sin mangas; sobre sus hombros descansaba una toalla. Se notaba que venía de hacer ejercicio. Los fuertes músculos de sus brazos lucían brillantes, seguro gracias a algún aceite o a la misma transpiración. Sintió la boca secársele sólo de verlo, desviando el rostro cuando sintió los fríos ojos castaños detenidos sobre su cuerpo, apenas cubierto por la bata.

—¿Dormiste bien? —le preguntó al modelo, y este se regañó a sí mismo por haber reaccionado de aquella forma. Al levantar el rostro, se topó contra aquella mirada intensa que parecía querer desnudarle, pero no iba a caer en provocaciones.

—¿Cómo voy a dormir bien?… Ni siquiera recuerdo cómo fue que llegué aquí. —se quejó molesto, pero Changmin ni se inmutó al pasarle por un lado, tomando la jarra de juego que Mei hubiese dejado de lado para servirse una generosa cantidad en un vaso. El pelinegro frunció el ceño cuando aquellos ojos castaños le observaron por sobre el borde del vaso, justo antes de responder.

—Eso es fácil. Yo te traje. —evidenció tomando el jugo de un solo trago, para después dejar el recipiente en la tarja de la cocina y pasar por un costado de Jaejoong rumbo a la sala. Este le siguió con el ceño fruncido, sin perder tiempo a reclamarle.

—¿Por qué me trajiste aquí y no me dejaste en casa de Jessica? —interrogó dándole alcance, mientras Changmin recogía algunas cosas de los sillones sin hacerle el menor caso. El modelo se paró justo frente suyo truncándole el paso, decidido a no dejarse ignorar, cruzándose de brazos y clavando la mirada en la del actor que le veía con cierta burla.

—Porque yo no sé dónde vive Jessica. —denotó enfrentando la mirada desafiante que el otro le dirigía.

—Pero pudiste buscar a su chofer, estoy seguro de habértelo pedido. Por lo menos eso sí lo recuerdo. —aseguró sintiéndose estremecer ante aquellos ojos que lo recorrían de pies a cabeza. Ya era suficiente sentirse desnudo con sólo la bata de toalla sobre su cuerpo como para que Changmin lo desnudada también con la vista. Estaba muy acostumbrado a esas miradas, pero justo la de él le ponía nervioso, y no le agradaba sentirse así con ese egocéntrico actor. Por lo menos con Mei en el departamento llegaba a sentirse algo seguro, o al menos lo suficiente para conseguir enfrentarlo sin tener que salir huyendo.

—¿Y qué más recuerdas? —Dejó las revistas sobre una de las repisas, observando al pelinegro sólo de reojo. Jaejoong parpadeó. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso había algo que debía ser recordado, o quizá… no ser recordado?

—No mucho —afirmó descruzando los brazos y siguiendo al actor con la mirada mientras este se paseaba de un lado a otro de la sala—. A ti fumando… ¿Fumas? —cuestionó recordando la imagen que hubiese pasado por su cabeza minutos antes. El moreno se giró para verle con ojos entrecerrados.

—Sólo cuando estoy molesto.

Era extraño ver las emociones reflejadas en el rostro del actor, cuando este parecía ser un completo témpano de hielo. Pero ahora podría saber cómo identificar si estaba molesto sin necesidad de verle a la cara.

—¿Y por qué estabas molesto anoche? —preguntó con genuino interés. Pero Changmin le dio la espalda caminando rumbo a la puerta de la recamara. Jaejoong creyó que no contestaría a su pregunta, reprendiéndose a sí mismo por preguntar cosas que no deberían de interesarle, y justo se encontró a punto de reclamarle por ello cuando la voz del otro le interrumpió.

—Por cosas que no te interesan.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Suficiente tenía con regañarse a sí mismo por la misma causa, para que Changmin viniera y le dijera exactamente lo mismo que él pensaba.

—Sí, tienes razón —gruñó entre dientes, logrando que el más alto se detuviera a dos pasos de su habitación y girara para verlo—. A mí qué me interesa si fumas, bebes o te drogas, sólo me interesa saber dónde está mi ropa para largarme de aquí. —El actor únicamente enarcó una ceja y se cruzó de brazos para recargarse contra el marco de la puerta.

—Lo lamento mucho, Jaejoong —Mei asomó la cabeza desde la cocina, y tanto Jaejoong como Changmin se voltearon a verla habiendo olvidado que no estaban solos—, pero tu ropa está en la lavandería. Me la regresarán esta tarde, para las seis ya la tendrás de vuelta.

—¡Genial, ahora me veo obligado a pasear semi desnudo por este lugar! —ahogó frustrado. Estaba enojado. Mucho muy enojado, pero enojado consigo mismo al haberse sentido interesado por lo que le sucedía al Témpano de Hielo Shim.

—Sí, genial —secundó el susodicho decidiendo pasar por alto el sarcasmo del pelinegro y entrando a su habitación, pero este le siguió nada dispuesto a ser ignorado. Se detuvo cuando encontró a Changmin quitándose los tenis sentado sobre la cama, girando para verlo—. Sí, es genial tenerte semi desnudo y dando vueltas por mi piso. Me encanta ver cómo se mueven tus largas piernas y cómo ajustas la cinta de la bata a tu delgado cuerpo dejando ver tu piel blanca —el modelo se sintió enrojecer—. Pero puedo prestarte ropa, claro. Aunque si decidieras no usarla, no respondería por mis acciones.

—¡Eres un imbécil! —exclamó. Changmin se puso de pie caminando hasta la puerta y Jaejoong retrocedió cuanto pudo, chocando contra la pared. La mirada del moreno le perturbaba más que antes, las cejas arqueadas con disgusto y la mirada fría le asustaban.

—Tú lo eres más por emborracharte de esa forma —aseguró pegando ambas manos contra la pared a los costados del modelo—. Si no te hubiera sacado de esa fiesta Fukutaro te hubiera llevado con él. —Jaejoong tragó saliva con dificultad, sintiéndose inseguro y acorralado al saberse a solas con Changmin en su casa. ¿Podría luchar contra él como lo había hecho con Fukutaro la noche anterior? ¡Eso, había luchado con Fukutaro!

—¿Fukutaro? Lo mandé al diablo. —aseguró en un repentino arranque de valor que le hizo alzar la barbilla con orgullo. Sin embargo, la mirada de Changmin aceptó el desafío implantado en aquella actitud.

—Pero regresó del infierno para llevarte con él. —aseveró reviviendo los recuerdos del modelo, que vio cruzar por su mente una imagen donde Fukutaro trataba de arrastrarlo fuera del salón, sólo para después ser lanzado de un golpe al suelo por Changmin, de donde no se levantó. Alzó la vista hasta el actor.

—Y lo mandaste a la lona, ¿no? Creo que eso también lo recuerdo. —admitió sin moverse de su sitio. Changmin tampoco daba muestras de querer hacerlo, quieto frente a él.

—¿Qué más recuerdas? —preguntó dejando vagar la mirada por los labios entreabiertos del modelo, que temblaron de manera inconsciente apenas este se dio cuenta, apresurándose en responder.

—¡Es todo! —apuró, pero los ojos del moreno se centraron en los suyos—. No sé cómo llegué aquí, ni por qué estoy desnudo. ¿Quién me quitó la ropa? —La sonrisa torcida en aquellos labios delgados le dio un mal presentimiento, que se acrecentó cuando una de sus manos se separó de la pared para señalarse a sí mismo—. ¡TÚ, maldito pervertido! ¿Qué más hiciste? —demandó sintiendo su rostro arder por el sonrojo y sus piernas amenazándole con no responder.

—Nada que tú no quisieras. —evadió volviendo a acorralarlo contra la pared.

—¡Estaba tomado, cómo iba yo a saber qué quería o no! Dime qué me hiciste, maldito desgraciado. —Quería saberlo todo, quería que le dijera qué había pasado anoche. No se conformaría con una respuesta tan ambigua como la que le estaba dando. Quería saber si él… ¡No, eso no quería saberlo! Eso no podría ser…

—Ya te lo dije, nada que tú no quisieras. —repitió logrando acelerar el pulso del pelinegro. ¿Qué quería decir con esas palabras? ¡Maldición, ¿qué?! ¿No podía ser un poco más específico?

—Me… me… —Su corazón había empezado a latir a toda prisa sólo de pensar lo peor. Sus mejillas se sonrosaban al compás de su hiperactiva imaginación haciendo de las suyas: Había amanecido desnudo en la cama de Changmin y por lo que había podido ver, el departamento del actor sólo tenía una enorme habitación, con una sola cama. A menos que Changmin hubiese dormido en el sillón –cosa que dudaba–, habían dormido juntos… Sacudió la cabeza al imaginarlo—. No, no pasó nada contigo, de eso estoy totalmente seguro. —aseveró viéndolo fijamente.

—¿Ah sí? ¿Y qué te hace estar tan seguro? —De nueva cuenta, el muy maldito pretendía hacerle dudar con sus palabras. ¡Estaba seguro y punto! Estaba al tanto del dolor que se sentía después de haber mantenido relaciones con otro hombre. En algo Changmin había tenido razón aquella vez en que se hubieran encontrado en el gimnasio de la escuela, y es que buena parte de los modelos eran gay, así que bastante le habían contado ya sus amigos sobre lo que supuestamente él “se perdía” al ser heterosexual.

—Sé de ese tipo de relaciones gay —El actor le miró con sorpresa, separándose de la pared. Pero el asombro en su mirada fue muy breve, pues de inmediato se volvió seria, afilándose sobre el pelinegro—. Estoy seguro que de haber sucedido algo contigo, ¡yo sería el primero en sentirlo! —aseguró totalmente rojo, y Changmin cerró los ojos permitiéndose sonreír levemente. Jaejoong se sintió extraño, siendo la primera vez observaba entre las muecas que solía hacer el chico, una sonrisa tan notoria. Quizá fuera leve, pero aquella semi sonrisa bastaba para hacerle sentir el cuerpo temblar.

—¿Qué te hace pensar que serías tú el primero en sentirlo? Quizá sea yo el adolorido. —Changmin volvió a mirarlo, y Jaejoong abrió enormemente los ojos al escucharlo.

—¡¿QUÉ?! Estás mintiendo, es una mentira de tu parte. No pasó nada entre nosotros. ¡Me estás mintiendo!

—No deberías tomar si no puedes controlarlo. Estas son algunas de las cosas que suceden cuando pierdes la consciencia.

—No estás para darme sermones —recriminó intentando serenarse, no muy exitosamente—. Dime la verdad, ¿qué pasó anoche?

—Te lo he estado diciendo desde hace rato. Nada que no quisieras… —Y sin esperar respuesta alguna, sus pasos acortaron la distancia con el modelo, tomándolo de la nuca para sellar sus labios.

Había sido sorpresivo. No esperaba que Changmin le fuera a besar de esa forma. Lo admitía, había estado esperando que lo besara todo el tiempo en que se hubiera mantenido acorralado contra la pared, pero no lo había hecho. Y sin embrago ahora lo hacía tomándolo por sorpresa, inundando sus sentidos con su inconfundible aroma, llenado su boca con su sabor, que por esta ocasión no le arrebataba el aliento, pero que de igual forma le inflamaba la sangre. Las descargas eléctricas que sus manos provocaban sobre su cuerpo le arrancaban la consciencia y le hacían perderse en el mar de sensaciones que sólo el actor sabía provocarle.

Pero igual de sorpresivamente a como hubiera llegado, así se retiró.

Los ojos oscuros se abrieron, topándose con la mirada castaña detenida en su rostro sonrojado. Esta lucía oscura, pero llena de una calidez que nunca antes le hubiera visto. El dedo índice del más alto se deslizó por la suave mejilla del pelinegro, que se sintió tentado a retenerle la mano para que continuara la caricia.

—¿Me acompañas a tomar un baño? —preguntó bajo. Jaejoong se sintió despertar de un absurdo sueño y manoteó la mano del actor frunciendo el ceño.

—¡Olvídalo, imbécil! —reaccionó dándole la espalda.

—Como quieras.

Discretamente, el pelinegro alcanzó a verlo justo antes de que se perdiera tras la puerta del baño al final de la alcoba. Giró lentamente con su cuerpo negándose a responderle por completo, aún sensible al calor de aquellos labios sobre los suyos, a esa corriente eléctrica que le recorría las venas cada vez que Changmin le tocaba. ¡No, simplemente no! Su cerebro se negaba a procesar las palabras que el moreno le hubiese dicho antes de besarlo. Era imposible que hubiera tenido relaciones con ese engreído actor. Era inconcebible que lo hubiera hecho. ¡Él no era gay, no lo era!

Se dejó caer en el colchón de la cama con pesadez y las manos entrelazadas entre sus piernas, prometiéndose una y otra vez jamás volver a tomar tanto como la noche anterior. Nunca dejarse llevar por la bebida. Él podía controlase, no entendía por qué había terminado sobrepasándose tanto en aquella fiesta. Nada tenía que ver su aburrimiento, eso lo sabía. Había querido borrar los besos de Changmin con alcohol, pero entre más bebía más los revivía. Y ahora estaba en su casa, cubierto sólo por una bata de toalla, sin su ropa y sin dinero, porque su cartera estaba en el pantalón que ahora estaba en la lavandería.

«¿Qué hago?» se preguntó recostándose sobre los almohadones, mientras el aroma de la colonia de Changmin le inundaba los sentidos. Estaba cansado. Quería cerrar los ojos y despertar en la habitación del colegio, que todo hubiese sido tan sólo un mal sueño. Pero no lo era, era una pesadilla, porque estaba en el departamento de Changmin. En la casa de ese acosador que bien podía haberlo violado la noche anterior, pero no lo recordaba.

«Con ese egocéntrico de Shim Changmin, todo es posible» suspiró mentalmente, finalmente cerrando los ojos conforme el ruido de la regadera comenzaba a adormilarle de a poco.


[…]


El agua caía, y el eco producido en el cuarto de baño parecía ser suficiente para acelerarle el pulso. Su mirada oscura se alzó hasta la puerta, encontrándola entreabierta. El vapor del agua caliente se escapaba ligeramente, regresándole de golpe a la cabeza la imagen de la primera vez que hubiese visto a Changmin en su habitación: había salido del baño tan sólo con una toalla atada a la cintura. El cabello castaño y húmedo caía cubriendo su frente, mientras las pequeñas gotas se deslizaban seductoramente por su torso desnudo. Esa vez había cruzado por su mente la idea de que aquella toalla fuera demasiado larga como para permitirle apreciar el largo de sus piernas…

Se levantó sin siquiera pensarlo, acercándose silenciosamente hasta la puerta del baño. Estando ésta entreabierta, era sencillo ver el interior tapizado de azulejos celestes y blancos. A pesar del vapor, pudo ver la sensual silueta de su torturador bajo la cascada de agua, lavando su rostro y cabello, dejando que el aroma a hierbas inundara la habitación. Sus ojos oscuros comenzaron a recorrer tentativamente la figura que se vislumbraba tras el vaho blanquecino: el bien formado torso, el vientre plano, sus largas piernas, un trasero firme y… La corriente eléctrica golpeó su cuerpo cuando Changmin se volvió dentro de la ducha y le permitió una mejor panorámica. El calor azotó sus mejillas y tuvo que replegarse inmediatamente contra la pared, escondiéndose de la mirada del alto.

«¿Pero qué demonios hago aquí? ¿Desde cuándo me he vuelto un fisgón? Y un fisgón de hombres, no de mujeres. ¡Soy un enfermo!» se recriminó cubriéndose el rostro con las manos, regresando de nuevo hasta la cama.

Pero la visión de cuerpo desnudo de Changmin no desapareció de su mente. Su imaginación recreaba sola centímetro a centímetro de aquel cuerpo perfecto, sintiéndose él mismo sofocado. Por más intentos que hacía por alejar la imagen de sus pensamientos esta parecía no querer irse, y lo peor no era eso, sino sentir que su corazón latía a la par de su miembro endurecido.

«Maldición» masculló cuando escuchó que el agua se detenía. Changmin estaba a punto de salir y él tenía un problema entre sus piernas.

—Jaejoong. —Un repentino calor subió a su rostro ante el llamado. Por un momento había creído que el moreno era psíquico y había descubierto su predicamento, pero no, pues aquel continuaba aún dentro del baño. ¿Que querría?

—¿Sí? —respondió temeroso, decidiendo que era mejor que supiera que él seguía en la habitación. No fuera a salir desnudo creyéndose a solas…

—Olvidé la toalla. ¿Podrías traerme una, por favor? —pidió al modelo, que se sintió repentinamente aliviado por el sencillo favor.

—Sí, sólo dime dónde están. —cedió levantándose de la cama.

—Abre el closet de la puerta de espejo, las verás inmediatamente.

—Ok, ya las vi.

La tomó, y sin asomarse al baño fue que tendió la toalla al interior del mismo, pero no pudo evitar respingar cuando la piel del otro rozó contra la suya. La mano de Changmin se había deslizado hasta tomarlo por la muñeca.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó nervioso.

—¿Qué estás haciendo tú? —Y acto seguido, el modelo se vio siendo jalado hacia el interior del baño.
Arrinconado contra los azulejos del baño, las manos de Jaejoong se vieron sujetadas con firmeza sobre su cabeza. La toalla había quedado olvidada en el suelo, siendo la delgada bata del modelo lo único que separaba su piel pálida de la morena. El rubor cubrió su rostro cuando encontró el del actor casi sobre el suyo, el aliento chocando contra el propio.

Su piel quemaba ante la cercanía de aquel cuerpo, el calor que el mismo despedía siendo sólo amplificado por la sensación del vapor de agua flotando entre ambos, haciéndoles sudar notablemente. Se negaba rotundamente a bajar la vista, a dejarse deleitar por la desnudez de la figura del actor. Tenía miedo de moverse, miedo de que su piel tocara la del otro, y su corazón latía a toda prisa, presa del pánico que sus propias reacciones le producían.

«¿Por qué Changmin me despierta estas sensaciones?» se preguntó intentando apartar la mirada de la ajena, profunda. Aquella que parecía susurrarle un “Te deseo”.

Los oscuros ojos se cerraron en un vano intento por desterrar al moreno de sus pensamientos, pero se abrieron de golpe cuando sintió la suave caricia recaer sobre sus labios. Fue como un certero relámpago que logró replegar sus manos contra la pared en cuanto las delgadas manos del actor le sujetaron por la cintura, acercándolo a su cuerpo húmedo. Quería gritar, pero abrir la boca sirvió sólo para cederle el paso a la lengua de Changmin, para que entrara a recorrerle, jugando y tentándolo como en tantas otras ocasiones hiciera.

No supo en qué momento las hábiles manos del actor soltaron la cinta de la bata, abriéndola y dejando al descubierto la cremosa piel blanca del pelinegro. El placer pronto comenzó a llegar en forma de enormes marejadas, cubriendo con ellas el miedo y la terrible sensación de que todo estaba mal, muy mal. Los brazos dejaron de responderle, dejando de sujetar la pared para elevarse en dirección a los hombros del más alto y rodear su cuello, respondiendo al beso en un repentino arranque pasional.

Las palabras que su mente gritara se encontraron siendo remplazadas por los gemidos que involuntarios, se atoraban en sus sentidos ante los besos y caricias proporcionadas a su cuerpo sensible.

Los labios de Changmin abandonaron su boca para desviarse en un camino de besos por el níveo cuello, arrancando a su paso pequeños jadeos placenteros. El sensual contacto se abrió paso a su pecho, para seguir con su vientre y llegar a su miembro endurecido. El grito ahogado y ronco escapó de su garganta una vez sintió la cálida boca atraparle entre sus labios. «¿Por qué?» protestó delirante en su fuero interno, sujetando la cabeza del chico que continuaba dándole el placer que había sido incapaz de conocer en toda su experiencia con el género femenino.

—¿Por qué? —ahogó entre gemidos—. ¿Por qué?… —repitió casi de inmediato.

—¿Por qué, qué? —cuestionó el actor.

Y Jaejoong pudo escuchar claramente la pregunta, pero su mirada nebulosa sólo podía ver a Changmin y la grata estimulación que el mismo se encargaba de proporcionar a su necesitada intimidad. Sólo la desilusión entorpeció su goce cuando notó al chico interrumpir su trabajo para levantarse.


[…]


—Jaejoong, el baño está libre por si quieres bañarte.

—¿Eh? —Un balbuceo, y el modelo logró entreabrir los ojos para distinguir a Changmin justo frente a él… totalmente vestido, tan sólo secando su cabello con una toalla.

Se incorporó precipitadamente sobre la cama e intentó cubrir su cuerpo con la bata de baño que aún llevaba puesta. Se sintió enrojecer, con la vista baja incapaz de regresarle la mirada al actor.

—Que si quieres darte un baño, está libre. Te buscaré algo de ropa para que puedas cambiarte. Aunque si quieres pasearte en toalla o desnudo, no te detendré. —aseguró, logrando que Jaejoong levantara la mirada y frunciera el ceño de forma automática.

—¡Idiota! —renegó levantándose a la carrera, sólo para arrojarle la almohada a la cabeza y entrar al baño a toda prisa, no sin cerrar con llave la puerta—. ¿Dónde están las toallas? —cuestionó desde el interior.

—Ahí dentro hay un vestidor, no te será difícil encontrarlas.

El pelinegro se sintió enrojecer por completo. Había tenido un sueño húmedo con Changmin en su propia casa, y en su propia cama. El baño ni siquiera era como en su sueño, y las toallas no estaban en algún closet detrás de los espejos en la habitación. Era un verdadero estúpido por haber soñado semejante tontería. Y sin embargo… su miembro sí se encontraba endurecido por la fantasía. Era toda una suerte que la bata de toalla le hubiese cubierto, porque no quería ni imaginarse lo que el engreído actor le hubiera podido hacer de haberse llegado a percatar de su estado.

Abrió el agua fría y, arrancando la bata de su cuerpo, se metió de lleno al chorro helado…

—¡Idiota! ¡Mil veces idiota! —masculló entre dientes golpeando su cabeza contra el muro de azulejos, dejando que la baja temperatura del agua se encargara de quitar la sensibilidad a su cuerpo.


–.—.—.—.—.—.–


Envuelto de nuevo en la misma bata, Jaejoong abrió la puerta del baño. No quería toparse con Changmin, pero se sorprendió al no encontrarlo en la recamara. Por un momento había pensado que lo vería sentado en la cama esperando a que saliera. Sin embargo, le había dejado algunas prendas, que él se apresuró a tomar para vestirse y salir de ahí lo más pronto posible. Sentía que en cualquier momento el actor podría atacarle… aunque si Mei estaba en el piso, eso era poco probable.
Vio un par de pantalones, una camisa y una camiseta, las tres prendas de color negro. ¿Sabría Changmin que ese era su color favorito? No, eso lo dudaba. Además había ropa interior y unos calcetines. Al parecer había pensado en todo.

Se colocó el pantalón presuroso, sorprendiéndose al ver que éste le ajustaba perfectamente. Quizá le quedaban sólo un poco largos, pero eso era lo de menos, con los zapatos puestos, los pantalones quedarían perfectos. Vio entonces la playera doblada y la camisa, pensando que quizá Changmin había sacado ambas prendas para que él decidiera cuál usar. No le agradaba mucho estar vestido formal, y ya que no estaba en la escuela, decidió optar por la playera. Pero el color inundó sus mejillas apenas la desdobló, encontrándose con una calca de letras blancas adornando justo el centro de la misma. Aquello tenía que ser una maldita broma de ese idiota. ¿Acaso pretendía que anduviera por todo su departamento luciendo una playera que tuviera un “I Love Changmin” estampado?

Tomó la camisa, dejando la playera abandonada en su lugar. No iba a enfurecerse por una broma tonta como esa… No, no iba a caer en provocaciones.

Comenzó a secarse el cabello sacudiendo un poco la toalla sobre su cabeza, perdiéndose entre ideas dispersas sobre el por qué es que no había visto un solo cepillo en esa habitación cuando unas voces le hicieron levantarse a la carrera de la cama. No parecía ser la voz de Changmin, sino más bien la de una adolescente que gritaba a todo pulmón. Nervioso, escuchó cómo la chica saludaba al moreno con respeto, dirigiéndose más tarde al ama de llaves para llamarla ‘mamá’.

«Por lo visto la familia entera de Mei vive por aquí cerca» se dijo al abrir la puerta de la habitación y avanzar en la dirección en que escuchaba aquello.

Vio a Changmin sentado en la barra desayunadora comiendo algo, y a Mei al parecer platicando alegremente con una adolescente de cabellos largos y oscuros. Cuando llegó hasta ahí, la chica se dio la vuelta, notando entonces los enormes ojos castaños ataviados de largas pestañas, idénticos a los de su madre.

—¡Buenos días! —saludó alegremente, observando al pelinegro detenerse justo detrás del actor—. Zhoumi dijo que llegaste anoche con el señor Shim, pero no me comentó que eras el de los catálogos que guarda bajo su almohada.

—¡Ping Ya! —retó Mei alarmada, a lo que la chica se sonrojó y bajó la mirada avergonzada—. No, joven Shim —se apresuró al notar la penetrante mirada del muchacho sobre la adolescente—. Le aseguro que Ping no trasculca sus cosas, es sólo que ella me ayuda a sacudir, arreglar el departamento y a tender la cama, y a veces usted ha dejado los catálogos fuera y ella los ha visto. Sólo se limita a acomodarlos.

Jaejoong primero miró a la chica que permanecía atemorizada detrás de su madre, y luego al castaño que sólo le observaba de reojo sin dejar de comer.

—¿A qué catálogos se refiere? —preguntó sin comprender del todo lo que había escuchado.

—A los de Nak Classic. —respondió Ping Ya asomando la cabeza sobre el hombro de Mei, y volviéndola a esconder en cuanto notó a Changmin clavar la mirada sobre ella.

—¿Te llegan esos catálogos? —cuestionó nuevamente, pero el otro simplemente le ignoró bebiendo de golpe el contenido de su vaso.

—Sí le llegan, incluso los de Armani y Yves St Lauren. —habló la chica, recibiendo por tercera vez la mirada fulminante de Changmin.

—¡Ping, vete a casa ahora mismo! —retó Mei a su hija, sorprendiendo a Jaejoong por el tono autoritario. Quizá sí era un ogro después de todo, se dijo mostrando una sonrisa cautelosa.

—Pero ma, yo quiero saber más del joven… —intentaba convencerla, pero su madre simplemente se giró para tomarla del brazo y sacarla de la cocina.

—¡Deja de incomodar al joven Shim con tus cosas, niña! Vete a casa, en un rato paso por ti para ir al mercado. —rezongó la mujer arrastrando a su hija hasta la puerta del departamento. Jaejoong vio a la adolescente resistiéndose, y recordó sin querer las ocasiones en que haciendo alguna travesura en la escuela el profesor terminaba sacándolo de la oreja para llevarlo ante el director.

—Yo no lo estoy incomodando. ¿Verdad que no, joven Shim? —buscó el apoyo del chico, deteniéndose en el marco de la puerta, pero éste ni siquiera la volteó a ver, aún sentado frente a la barra de la cocina.

—¡Vete a casa! —gritó Mei empujando a su hija al pasillo.

—¡Mam! —se escuchó la voz desilusionada ya fuera del departamento. Por lo visto, había perdido la batalla.

—Disculpen a mi hija —pidió apenada la mujer, entrando de nuevo a la cocina—. A veces es un poco entrometida. —Jaejoong soltó la carcajada, haciéndola sonreír a ella también. Toda la escena le parecía sacada de alguno de esos dramas de comedia que solían pasar por las cadenas de SBS o MBC y no había podido evitar el reírse.

—Así son los chicos —comentó entre risas—. No tiene de qué preocuparse. ¿Cierto, Changmin? —Pero este de nuevo no dijo nada.

—¿Se quedarán a comer? —cuestionó el ama de llaves, Changmin volteó a verla y asintió sin más—. En ese caso preparé algo muy rico. ¿Te gusta el pay, Jaejoong?

—¿Pay? ¡Me encanta! —afirmó con una amplia sonrisa—. Soy un adicto a los pasteles y todo tipo de calorías que proporciona el azúcar saturada —confesó entre risas, ante lo que moreno arqueó una ceja girándose para verlo. Jaejoong le miró sin comprender—. ¿Qué? ¿No crees que coma ese tipo de cosas? Pues para que lo sepas, sí las como y me gustan mucho. Debo agradecer que mi metabolismo no me permite engordar y así no me veo obligado a seguir una dieta o a hacer ejercicio.

—Felicidades. Únete al club. —murmuró regresando a su posición para darle la espalda.

—¡Fantástico! Preparé un delicioso pay de queso para el postre. Regresaré más tarde. —avisó sacando una red y su monedero, y logrando que el pelinegro la mirara de pronto atemorizado.

—¿Se va? —inquirió sin creerlo, observándola dirigirse en dirección a la misma puerta por la que hubiera sacado a su hija.

—Sí, iré con Ping al mercado y pasaré por la lavandería, sólo para ver si ya está limpio tu traje, Jaejoong. —explicó sin detenerse, con el mencionado siguiéndola de cerca.

—¡No me deje solo! —rogó alcanzándola en la puerta, aunque ella sólo rió un poco—. Estoy en peligro aquí con él. —ahogó a susurros señalándole el interior del departamento, sólo haciéndola sonreír.

—El joven Min no es malo. —aseguró acariciando la blanca mejilla del chico que se había tornado algo sonrosada, saliendo después hasta el pasillo donde Ping le esperaba.

—No, no es malo… ¡Es odioso, increíblemente egocéntrico y un verdadero patán! Pero lejos de eso, no es malo —replicó cargado de sarcasmo, arrancando las risas de la menor—. ¿Por lo menos podría intentar traerme mi cartera? —pidió suplicante, logrando que Mei sonriera y Ping riera aún más.

—Se llevan bien, ¿verdad mam? —rió la chica al entrar al cubo del elevador y dejando a Jaejoong con la boca abierta sin poder rebatir lo que la adolescente afirmaba.

—Sí cariño, se llevan muy bien. —afirmó ella levantando la mano y despidiéndose del pelinegro.

—¡Mentira! —gritó, pero el elevador ya había cerrado sus puertas.

Giró entonces, observando la puerta del departamento de Changmin. No. No se animaba a entrar de nuevo. Estarían los dos solos y no quería enfrentarse a él. Estando Mei en el piso se sentía seguro, pero sin ella dentro… se sentía en peligro.

—No pienso entrar —se dijo acomodándose en el suelo, recargado contra la puerta—. No voy a ponerme en peligro con ese idiota ahí dentro. Me quedaré aquí mismo hasta que regrese Mei con mi cartera.

El problema fue la puerta abriéndose, llevándolo directo cabeza al suelo. Abrió los ojos mientras levantaba su mano para sobarse el golpe. Frente a él, Changmin lo observaba con aquella extraña y breve sonrisa torcida. ¿Acaso se estaba burlando de él?

—¿Por qué en lugar de estar descansando en el suelo, no entras y te sientas en un lugar más cómodo? —entonó sin dejar de verle. Jaejoong frunció el ceño con molestia. Sí, se estaba burlando de él.

—Prefiero quedarme aquí, que estar a solas contigo ahí dentro. —indicó levantándose y acomodando la espalda contra la pared. Changmin se recargó contra el marco y cruzó los brazos.

—No sabía que me tuvieras tanto miedo. —Jaejoong volvió a verle con ira. ¿Cómo se atrevía a llamarle miedoso después de la forma en la que se venía comportando?

—No te tengo miedo —afirmó levantándose para verle de frente—. Sólo es precaución.

—Aquí, en China y el resto del mundo se llama miedo.

Jaejoong frunció más el entrecejo, con el rubor del enojo cubriéndole completamente el rostro. Pero en algo tenía razón: Sí, tenía miedo… Pero miedo a su propia reacción, y eso no se lo daría a conocer. ¡Nunca! Así que entró al departamento pasándole por un costado sin decir una palabra, y esperando que con esa acción el actor entendiera que no le temía.

Changmin cerró la puerta y entró siguiéndole el paso. Jaejoong se detuvo a un costado de la amplia sala forrada en piel, mientras el moreno llegaba hasta la repisa frente a él y tomaba el control remoto para lanzárselo.

—Entretente con algo mientras hago una llamada. —le indicó tras verle atrapar el aparato, tomando entonces el teléfono inalámbrico.

Jaejoong parpadeó desconcertado. No cabía duda que esperaba muchas cosas de Changmin, pero no que se comportara de forma civilizada sin que estuviera Mei en el departamento. Sin embargo, aún no se sentía tranquilo. Su hiperactiva imaginación le jugaba malas pasadas constantemente y esta no era la excepción. Mientras encendía la televisión de 52" y comenzaba a pasar los canales, su mirada se mantuvo de reojo, fija en el actor.

Este comenzó a marcar un número de memoria, cuando algo en el televisor les llamó la atención a ambos.

Jaejoong subió al volumen cuando vio la inconfundible figura de Fukutaro en la pantalla hablando con una reportera. Sobre su rostro se veía un moretón y se notaba bastante enojado. Por lo que podía apreciar, estaba en el lobby del Hotel donde se había llevado la premiación la noche anterior.

—¿Y quién le golpeó, señor? —preguntó la reportera. Fukutaro frunció el ceño.

—Esto —señaló el moretón—, se lo debo a Shim Changmin. El muy desgraciado me golpeó por coquetearle a su novio.

—¿Novio? —cuestionó la reportera con sumo interés—. ¿Nos está queriendo decir que el famoso actor Shim Changmin es gay?

—¡Claro que es gay! Y anoche se fue muy bien acompañado de esta fiesta —Fukutaro limpiaba con un pañuelo la sangre que aún salía de su labio reventado—. Y no, no pregunte quién era, señorita, usted, yo y mucha gente lo conoce. Es un modelo bastante famoso, averiguar su nombre es su trabajo. Si yo me pusiera a decirles de quién se trata, ese nazi que Changmin tiene por representante es capaz de acusarme de difamación aunque todos sepamos que es verdad.

—¿Y tiene algo más que decirnos? —indagó la chica al ver que el hombre había callado.

—Sí —afirmó directo a la cámara—. Esto es para ti, Shim: No me quedaré de brazos cruzados por lo que me hiciste. Puede que me hayas quitado a mi chico, pero voy a recuperarlo. Y espera la visita de mi abogado.

Jaejoong se llevó el puño a la boca. Mencionaban a cada uno de los modelos que se habían presentado en los premios, y entre ellos figuraba él. Sin embargo, una breve nota presentada por la reportera Im Yoona, al parecer lo quitaba de la lista de posibilidades, pues aparecía (al parecer impulsada por la declaración del pelinegro) afirmando que Changmin le hacía la vida imposible en el instituto. Aun así, Yoona cuestionaba con cierta perspicacia, si dicho comentario no sería sólo “una forma de cubrir su relación”, pues al perecer la respuesta que el actor había dado a toda la prensa sobre su supuesto romance con Taeyeon dejaba al descubierto lo que ya sospechaba: Changmin no tenía novia.

«Maldición, ¿en qué diablos me metí?» Jaejoong seguía con preocupación los comentarios de los reporteros.

—No te relacionarán conmigo —la voz de Changmin le hizo girar para verlo. Él también veía la nota—. Ese comentario tuyo te sacará de su lista de candidatos por un tiempo.

—Yo no quiero estar fuera por un tiempo, ¡quiero estar definitivamente fuera! —aseveró volviendo a ver la nota.

—Eso será imposible —el comentario le hizo voltear de nuevo—. No puedes negar nuestra relación por siempre. Tarde o temprano la van a descubrir.

—¿Qué? —Jaejoong se levantó de su asiento alterado—. ¡Nosotros no tenemos ninguna relación, entre nosotros no hay nada! ¡Ni siquiera amistad! —Pero Changmin tan sólo enarcó una  ceja sin inmutarse por ello.

—Eso no fue lo que dijiste anoche…

—¡Anoche fue anoche y hoy es hoy!

El sonido del teléfono les distrajo, Changmin tenía el aparato en la mano. Al parecer la nota le había llamado tanto la atención que había olvidado la llamada que hubiera dicho haría. Se dio prisa en contestar alejándose un poco del sillón y del modelo, pero la mirada de Jaejoong le siguió de cerca.

—Sí, acabo de verlo en las noticias —respondió en tono neutro, notando que el pelinegro no parecía perder detalle de su conversación—. No, los diarios no los he comprado. Pero no me importa lo que digan… Sí, lo sé y no me importa. Te dije que le avisaras a Taeyeon que desmentiría cualquier cosa que hubiera dicho, ella no puede seguirse colgando de mí para sobresalir. —Jaejoong no entendía con quién hablaba, pero se sorprendió de escuchar aquello. ¿Sería por eso que la había tratado de forma tan fría en los premios de la noche anterior? Que crueldad de su parte si fue así. La chica se notaba que le quería mucho. ¿Sabría ella de la inclinación sexual del actor?

Dejó de prestar atención a Changmin y su conversación, vagando su vista por la sala. Además de la TV de 52", el actor tenía todo un sistema Home Theater instalado. A un costado, el centro de entretenimiento se encontraba lleno de libros, películas y algunos premios que seguro el chico había ganado a lo largo de su vida. Se paró para poder verlos mejor. No cabía duda que el trabajo de Changmin era impresionante. Miró algunas de las fotografías colgadas, en las que el actor aparecía acompañado de diversas celebridades que iban desde famosos directores, hasta actores de renombre y estrellas musicales. Era sorprendente que Changmin conociera a tanta gente famosa.

Pero hubo una foto en especial que llamó su atención. Esta se encontraba en un pequeño marco dorado sobre el estante principal del centro. La tomó entre sus manos para ver de quien se trataba. No le fue difícil reconocer al niño que estaba acompañado de una mujer joven de largos cabellos castaños. Era Changmin cuando niño, siendo abrazado por una mujer de ojos semejantes a los del actor, en el mismo color. ¿Acaso sería su madre?

La foto fue arrebatada de sus manos y vuelta a poner en su lugar. Giró entonces dispuesto a reclamar por la acción, pero la dura mirada observándole, cargada de rencor, le detuvo. No supo por qué, pero aquello le hizo estremecer. Era como si le amenazara. No creyó estar entrometiéndose tanto al sólo tomar una fotografía.

—Lo lamento, no sabía que no debía tocar tus cosas. —masculló sintiéndose dolido ante aquella extraña actitud, pero Changmin le dio la espalda para tomar de nuevo el teléfono. Al parecer, había interrumpido su conversación por él.

—No pienso salir el día de hoy —escuchó que decía—. No, Rain, no voy a ir a verte —los ojos de Jaejoong se abrieron de golpe al escuchar el nombre de su representante. Por lo visto, le llamaba por lo de la noche anterior. Quizá la demanda de Fukutaro ya había llegado. ¿Hasta cuándo Changmin se comportaría de forma civilizada y dejaría de meterse en líos judiciales? Quizás nunca—. Dile a Bong Joonho que estoy tomando un año sabático. No quiero actuar, simplemente no quiero hacerlo. Ni 30 o 35 mil millones de won van a convencerme.

—¡Woah! —ahogó el pelinegro con sorpresa captando la atención del chico—. ¡Estás rechazando 35 MIL MILLONES DE WON! —Changmin asintió—. ¡Estás loco!

—Guarda silencio —atajó cubriendo el teléfono, volviendo a tomar después la llamada—. No, Rain, tampoco quiero trabajar con Jeewoon… No, no he leído el guion. Este año no voy a hacer películas, estoy estudiando, ¿no puedes entender eso? Está bien, está bien, voy a tu oficina esta tarde, pero nada de lo que digas me hará cambiar de opinión.

Changmin cortó la llamada, y Jaejoong aprovechó para acercarse. Ojalá a él le pagaran tanto dinero por hacer un simple comercial, así su familia no estaría pasando por tantos problemas. Quizá con  35 mil millones Hyunjoong podría dejarlo en paz. ¿Y Changmin los despreciaba como si fueran sólo migajas de pan?

—¿Qué tontería es esa de que estás tomando un año sabático? —inquirió sin comprender, parándose frente a él—. ¿No sabes cuánta gente mataría por estar en tu lugar? ¿Bong Joonho, el director  de Memories of Murder y The Host? ¿Kim Jeewoon, director de I Saw the Devil y The Good,  the Bad, the Weird? Son grandes directores, ¿y tú los desprecias? —el moreno volvió a enarcar una ceja para observarlo—. Hay muchísimos actores a los que les gustaría ser contratados por esa millonada. ¿Por qué tú no?

—¿Qué sabes de cine, Jaejoong? —cuestionó sin cambiar de posición—. ¿Qué sabes de películas taquilleras o de culto? ¿Qué sabes? ¿Crees que por estudiar actuación sabrás identificar un buen guion? —Jaejoong parpadeó. Era cierto, quizá sabía de teatro y nada de cine, pero haber escuchado lo que le ofrecían a Changmin por actuar le había orillado a reclamarle por rechazarlo. Suspiró. No tenía por qué actuar de esa forma y sin embargo… lo hacía.

—No sé nada de cine, lo reconozco y lo siento. No debí decirte nada —reconoció bajando la vista, pero la alzó a toda prisa apenas sintió el tibio roce de la mano del actor sobre su mejilla, alejándose de él—. ¡Hey!

—Me gusta que te preocupes por mí. —confesó dando un paso para acercarse, mismo que Jaejoong dio para retroceder.

—No me estoy preocupando por ti, es sólo… Sólo…, que era mucho dinero para despreciarlo de esa forma —se justificó a la carrera, llegando hasta el respaldo del sillón. Ya no podía retroceder más. Con Changmin frente a él y nadie más en todo el piso, su corazón comenzó a latir presuroso al tiempo que sentía sus piernas temblar—. ¡No te acerques! —reclamó alzando la manos, pero el moreno le sujetó por las muñecas empujándolo y logrando que ambos cayeran sobre el sillón.

—Vamos a aclarar ahora mismo eso de que no somos nada…

La mirada de Jaejoong centelló al ver la del otro tan cerca suyo, estaba a punto de decirle que no bromeaba, que entre ellos dos no había absolutamente nada, cuando unos labios sobre los suyos se lo impidieron. Y se vio asaltado de nuevo por uno de aquellos besos voraces del actor, por esa boca que se empeñaba en adueñarse de la suya cada que le daba en gana, cada vez que besaba a alguien que no era él, cada vez… cada vez…

Eran las manos de Changmin buscando recorrer su cuerpo, y la deliciosa fricción de sus labios lo que le robaba la razón y la voluntad para resistirse. No podía permitir que su cuerpo reaccionara, que su razón se nublara con las sensaciones que el chico lograba despertarle. ¡Era un hombre! Y no cualquier hombre, era un actor famoso, al cual la prensa solía seguir. Era su compañero de escuela y de equipo en el taller de teatro. Y ni siquiera podían considerarse amigos.

Ni siquiera eran amigos…

Impulsado por ese pensamiento, sacó fuerzas de donde pudo y logró levantar tanto piernas como brazos. El estrecho del sillón donde hubieran caído sólo había facilitado su tarea de lograr empujar al más alto directo al suelo.

Se levantó con el corazón en la boca y la respiración acelerada. Tenía que huir, de Changmin y de sus propias emociones. Sabía de antemano que las manos del chico sobre él podían despertar sensaciones a las que no lograría oponer resistencia por demasiado tiempo. Changmin tenía una extraña manera de hacerle reaccionar.

Lo primero que localizó a su alcance, fue la habitación del actor, a la cual entró corriendo para trabar la puerta y recargarse sobre la misma, tratando de franquear con su propio cuerpo la única entrada.

—No debo dejar que me toque, no debo. —se dijo en voz baja, dejando descansar la cabeza entre sus manos para que su respiración se normalizara.

—Jaejoong, abre la puerta. —la voz ronca de Changmin le hizo levantar la mirada. El picaporte de la puerta había comenzado a moverse, consiguiendo que su corazón volviera a alocarse dentro de su pecho.

—¡No, no voy a salir de aquí hasta que llegue Mei y pueda irme! No voy a correr riesgos contigo. —refutó denotando el temor en su tono. No quería que Changmin notara cómo se sentía, pero no había podido controlarlo. Ahora menos que nunca iba a quedarse a solas con ese egocéntrico actor.

—¡Deja de ser tan infantil! —se quejó del otro lado de la puerta, siendo por completo ignorado. Podía decir misa si quería, pero no iba a abrirle.

—Tú deja de comportarte como un salvaje, Témpano de Hielo Shim. —Sin embargo, no podía controlar todo lo que salía de su boca.

—¿Qué, ya no soy ‘Cubito’? —¿Por qué esas palabras le había hecho sonrojar? Muy dentro de sí, sabía que ese apelativo lo había dicho él. Fue entonces que una breve imagen suya repitiendo aquella palabra una y otra vez, volvió a su memoria.

—¿Qué? —balbuceó sin entender, su cabeza comenzando a doler de nuevo. Aunque esta vez no fuera por la resaca, sino por el esfuerzo que representaba el intentar recordar lo que había pasado la noche anterior.

—Así me decías anoche. Me decías Cubito, porque era una forma cariñosa de decirme Témpano de Hielo. —¡Eso no era cierto! No podía haber dicho tal tontería. No obstante, el sólo hecho de que Changmin lo dijera le hacía sonrojar.

—¡Mentira! —replicó sintiendo su corazón palpitar con fuerza, el calor recorriendo su rostro y tintándolo completamente.

—No, no es ninguna mentira, como tampoco lo es el que me dijeras que te gustaban mis besos… —Un golpe más fuerte a su pecho.

—¡Eso también es mentira, si acaso lo dije fue producto de la borrachera! —insistió buscando justificarse, más consigo mismo que con Changmin. Sabía que estando bajo los efectos del alcohol uno podía terminar viendo a su peor enemigo como si fuese su mejor amigo. «¡Sí, seguramente eso pasó!» comenzó a repetirse mentalmente, pues sólo así justificaba haber dicho semejante estupidez.

—No es mentira, Jaejoong. ¿Y qué? ¿Acaso no dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad? —¡Bingo! Palabras más sabias no pudo haber encontrado ese engreído. Pero sencillamente se negaba a aceptar que tuviera razón.

—¡Eso es una rotunda mentira! —clamó con enfado—. ¡Se nota que quien dijo eso jamás fue un niño normal! O no se pegó una borrachera como la que me puse anoche. —Ya no encontraba qué más decir, ni sabía cómo contestarle. ¿Por qué si antes había querido saber sobre lo sucedido la noche anterior, ahora que Changmin hablaba ya no quería escucharle? «Que ya no hable» rogó para sí mismo sintiéndose mal.

—No te mientas a ti mismo, Jaejoong. Sabes que dijiste la verdad por primera vez —Aquellas palabras le hicieron levantar la mirada, fijándola en la nada—. Pero esta vez no hay nada que me impida llevarte a donde quiero… —«¿A donde quiere?» Aquello le hizo saltar el corazón. Giró, abriendo la puerta para señalarlo con una sonrisa en los labios.

—¡Lo sabía, lo sabía! Anoche no pasó nada entre nosotros —afirmó triunfal—. Anoche algo te impidió hacerme algo.

Mas sin haberlo contemplado, el pelinegro se vio empujado por los hombros al interior de la recámara, movido por una fuerza que se vio imposibilitado de detener. Cayó sobre la cama, y pronto el cuerpo de Changmin lo hundió contra el colchón, con sus manos inmovilizando firmemente a las contrarias.

«Mierda, he sido un idiota» se recriminó apretando los dientes, mientras intentaba soltarse del agarre que le apresaba cual si fuese de acero. Los labios del actor recorrían con odiosa sensualidad la piel de su mejilla, y él se obligaba a no reaccionar ante aquello. Se había sentido tan jubiloso de leer entre líneas que no había pasado nada entre ellos, que no contó con que Changmin pudiera arrastrarlo hasta el cuarto y cumplir con lo que no había hecho la noche anterior.

—Es cierto —admitió al oído del modelo, separando los labios de la sonrojada mejilla—. Anoche me arrancaste la promesa de no aprovecharme de tu condición, y aunque me costó mucho, tuve que cumplir —Jaejoong lo miró sorprendido. No recordaba haber pedido eso, pero agradecía haber conservado la suficiente lucidez para hacerlo—. Tenerte desnudo, pegado a mi cuerpo, era una maldita tentación en la que no podía permitirme caer, porque tengo palabra. Pero ahora que estás en tus cinco sentidos, ya no existe promesa que me detenga…

—Changmin…

Pero cualquier cosa que el pelinegro pudiera decir fue callada por los labios del actor, y pronto se sintió perdido, transportado a un placentero sueño dado que, diferente de antes, esta vez sus besos fueron diferentes. No había violencia o salvajismo, sino una apabullante carga de pasión y sensualidad que le obligaban a cerrar los ojos y estremecerse de forma involuntaria.

Las manos de Changmin sostenían las suyas con fuerza, pero eso no impedía que ambos cuerpos se frotaran haciéndole estremecer. La calidez que aquella alta figura emanaba hacía su pecho cosquillear, abrir los labios de manera inconsciente y dejarle libre acceso a la húmeda lengua que se coló hasta saborear su boca. Gimió, cuando las manos del actor le dejaron libre para deslizarse sobre la tela de su camisa con una sensualidad arrebatadora, llegando a la pretina del pantalón para desabrochar el cinto sin que siquiera pudiera notarlo.

¿Cómo podía estar mal, algo que se sentía tan bien?…

Pero estaba mal, definitivamente, todo estaba mal. Estaba con Shim Changmin, en su casa, en su cuarto, ¡en su cama!… No podía dejarse arrastrar por una tontería. Su cuerpo reaccionaba a las caricias que aquel chico prodigaba, temblaba por el placer, como temblaría si de una chica se tratase. Pero no era una chica, era Changmin, ese actor que desde su entrada a la escuela le había acosado. ¿Qué incluso no le había dicho que sólo deseaba su cuerpo?

Y estaba punto de tenerlo…

Empezó a removerse intranquilo tratando de soltarse, pero era muy difícil quitárselo de encima. Changmin había comenzado a desabrocharle la camisa, a dejar pasar las manos por sus pezones y a pellizcarlos ligeramente mientras continuaba besando sus labios. Aquello lanzó una corriente eléctrica por todo su cuerpo, que arqueó la espalda. Nunca jamás alguna chica había podido provocar en él tales emociones, tales sensaciones de placer que aquel chico sabía bien cómo despertarle.

¿Qué importaba que sólo quisiera su cuerpo? Si se la estaba pasando tan bien…

Sus pensamientos comenzaban a irse, a alejarse de la realidad, dando paso para que el instinto ganara sobre la razón. Ya no estaba luchando contra Changmin, al contrario, estaba comenzando a responder…

Éste abrió los ojos cuando sintió la respuesta de Jaejoong ante sus besos, aunque sólo fuera por breves segundos, pues volvió a cerrarlos casi al instante para disfrutar de la tibieza de aquella boca; de la humedad de su lengua al recorrerle con una experiencia erótica que le hizo estremecer de pies a cabeza.

Comenzaba a dejarse llevar, pero justo cuando los brazos y piernas de Jaejoong quisieron doblarse como flanes, un fuerte golpe en la mejilla del actor le hizo caer de costado. Cuando abrió los ojos, el pelinegro ya intentaba levantarse. El descuido de Changmin durante el beso había permitido la libertad de los miembros del modelo, que no había desaprovechado la oportunidad para golpearlo. Total, ahí no habría ni un solo testigo que pudiera señalarle.

Jaejoong intentó levantarse a la carrera de la cama acomodando su camisa y pantalón, pero fueron las rápidas manos del menor las que lo detuvieron por la cintura mandándolo de vuelta al colchón.

—¡Suéltame, Changmin! —tronó al sentir el peso de aquel cuerpo sobre el suyo, sujetando con rudeza sus muñecas contra las sábanas. Los castaños ojos centelleaban con furia al contemplarle.

—No, esta vez no —masculló con voz ronca—. Esta vez no voy a prometerte nada. Esta vez terminaremos todo lo que ha quedado pendiente desde el primer día que nos vimos. ¿Lo recuerdas, en el gimnasio de la escuela?

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¿Que si lo recordaba? ¡Claro que lo recordaba! Cómo olvidar el miedo que le había producido ese encuentro que, si no hubiese sido por Seongong, no sabía hasta donde hubiese llegado.

Vio entonces a Changmin incorporarse sobre su cuerpo, sentándose sobre sus caderas y apretando sus brazos con las piernas. Se sacó la playera de un solo movimiento, dejando su torso desnudo. La oscura mirada siguió con detenimiento cada movimiento, cada inclinación de aquellos brazos bien trabajados sobre sí para terminar de abrirle la camisa.

—¿Qué pretendes? —preguntó al sentir el roce de aquellos dedos sobre su pecho desnudo, al compás de una calidez embriagante que le recorría el cuerpo de arriba abajo. Por más que intentaba moverse, el moreno se lo impedía apretando más las piernas sobre él.

—Sé mi amante. —le escuchó murmurar, sintiendo cómo una mano ajena se introducía bajo su pantalón, tomando con delicadeza su miembro ya endurecido.

—¡Jamás! —jadeó con la piel ardiendo y la mano del actor moviéndose rítmicamente sobre su hombría. Notar la dureza de la entrepierna de Changmin chocando contra su propio cuerpo, lanzaba nuevas corrientes eléctricas con cada roce—. ¡Detente! —gritó cuando le sintió aumentar el ritmo con el que le masturbaba.

—Te gusta esto, Jaejoong. ¿Por qué no lo admites y te conviertes en mi amante? La oferta que te hice sigue en pie.

—Eres un maldito desgraciado, te detesto por lo que me haces…

—Si me detestaras como dices, tu cuerpo no tendría por qué responder a mis caricias. Tampoco tendrías por qué reaccionar ante mis besos. Te gusta esto, pero no quieres admitirlo. Quizá después de que hayamos hecho el amor puedas aceptarlo.

—¡Jamás digo mentiras!

—¿Entonces por qué dices que me detestas, cuando no es cierto?

—¡Porque es cierto! Te detesto, te odio. Te odio, Shim Changmin…

—¿Qué quieres? —inquirió con rudeza, deteniéndose abruptamente—. ¿Quieres 4 mil millones de won? Te los doy. ¿Quieres trabajar en una película? Puedo hacer que te den el papel principal con algunos cuantos directores. ¿Quieres seguir haciendo comerciales y recibir el doble o triple por ellos? Puedo hacerlo. Sólo dime qué quieres, y buscaré la forma de dártelo…

La negra mirada centelló con furia, tornándose en tonos violáceos y ocres ante el ceño fruncido y la dureza del actor sobre él. Quería comprarlo. Quería comprarlo como lo había hecho Fukutaro. Como él mismo le había ofrecido cuando le amenazó con demandarlo. Y no se iba a dejar. ¡No era un maldito objeto que se pudiera comprar!

—Lo único que quiero de ti… —comenzó clavando sus ojos en el otro con fiereza—, ¡ES QUE ME DEJES EN PAZ! ¡Te odio!

Sus palabras fueron calladas por los labios del actor. Su corazón latía a toda prisa mientras se decía cuánto lo odiaba. Porque lo odiaba, ¿no es así? Sí, tenía que odiarlo, porque él no era gay y sin embargo su cuerpo reaccionaba, tal como él lo decía. Y cada palabra que salía del menor, golpeaba como cubetazo de agua fría. No le gustaba que su cuerpo reaccionara con cada caricia que Changmin le daba, se odiaba a sí mismo por eso. Pero dentro, quizá muy dentro de sí, se encontraba disfrutándolo… y mucho.

Pero Changmin sólo deseaba su cuerpo, sólo lo quería como un objeto con el cual poder divertirse para después desechar… y por más que pudiera disfrutar del encuentro, ¡no era ningún objeto!

Podía sentir su lengua dentro de su boca, probando, explorando el interior con total confianza, mientras él trataba inútilmente de detenerlo, de empujar su cuerpo sin lograrlo. No quería dejarse del actor. No se convertiría sólo en un objeto sexual. Sólo que una mano le mantenía bien sujeto de la nuca, mientras la otra no paraba de masturbarlo. En cualquier momento terminaría en sus manos, y esta vez… no había nada que pudiera detenerlo. ¿Qué pasaría después? ¿Acaso Changmin sería capaz de violarlo? ¿Acaso no era eso mismo lo que estaba haciendo?

—¡DÉJAME PASAR, MALDITO IDIOTA! ¡Quiero hablar con Changmin ahora mismo, y no podrás detenerme!

—Lo lamento señora, pero tengo órdenes del joven de no dejar pasar a nadie. —se escuchó la voz de Zhoumi algo alterada.

—¡Pues yo soy alguien! Y no me iré sin ver a Changmin —sentenció determinante la mujer—. ¡CHANGMIN, SAL AHORA MISMO DE DONDE ESTÉS, QUIERO HABLAR CONTIGO! ¡Y dile a tu gorila que me deje en paz!

Jaejoong sintió al aludido levantarse a la carrera entre maldiciones, abriendo los ojos cuando se percató libre y se dio prisa en acomodar sus ropas. Vio al más alto colocarse la playera a toda prisa, girándose para verlo. Él aún se sentía agitado, con la respiración entrecortada, y el muy estúpido de Changmin se veía tan tranquilo, como si nada hubiese pasado.

—No salgas de la habitación, voy a despedir a ese idiota de Zhoumi… —masculló de camino hasta la puerta, cerrando detrás suyo.

¿Qué había sido todo eso? ¿Quién era la mujer que había entrado gritando que quería verlo? Porque quien quiera que hubiera sido, daba gracias por haber interrumpido. Se recostó sobre la cama un poco, esperando porque su respiración se normalizara y ese dolor en la parte baja de su estómago aminorara. No obstante, la curiosidad por saber lo que ocurría en la sala del actor pudo más.

Se levantó, entreabriendo la puerta apenas un poco para ver quién había llegado.

Siempre se ha dicho que la curiosidad mató al gato, pero este gatito no podría quedarse tranquilo…

Sin dificultad, divisó a Changmin en medio de la sala con los brazos cruzados y el ceño fruncido, observando a una mujer que permanecía dándole la espalda. Tenía una buena estatura, no muy alta, pero tampoco tan bajita. Llevaba el cabello castaño largo y bien arreglado. Usaba un traje sastre de color gris. ¿Quién sería para que pusiera en ese estado al Témpano de Hielo Shim?

—Ya me cansé de hablar con tus abogados, quiero arreglar este asunto solamente contigo. —aseveró la mujer. Por lo visto, era una de tantas con las que Changmin tenía problemas legales. ¿Sería una reportera?

—Tú comenzaste al demandarme. Una demanda amerita un abogado, ahora no me vengas con que ya no quieres hablar con ellos. —contratacó fríamente, sin cambiar su postura. Por lo visto, el joven actor ya la conocía.

—Yo no quería demandarte, hijo… —murmuró ella con voz lastimera. ¿HIJO? ¿Esa era la madre de Changmin?

—Yo no soy tu hijo —la voz del menor se volvió gélida—. ¿Qué no fue eso lo que dijiste hace nueve años? No me vengas ahora con eso de hijo, porque no te creo. —¡Maldición! ¿Y qué estaba haciendo él ahí parado escuchando una conversación ajena? Pero no podía dejar de hacerlo. ¿Sería esto lo que le había dicho Mei, que por una sola palabra la madre de Changmin lo había empujado por el mal camino?

—¡Por dios, Changmin! ¿Aún me guardas rencor? Me he disculpado contigo miles de veces. ¿Quieres que lo vuelva a hacer? Eres mi hijo, y ya no quiero seguir con la demanda, siempre y cuando… —el moreno volteó a verla afilando la mirada.

—Puedes seguir con la demanda, no obtendrás nada con ella. Yo no hice nada y no tengo nada que perder, en cambio tú…

—¿Que no tienes nada que perder? —cuestionó ella en tono molesto—. Sabrán la verdad de tu familia si esto va a la corte. Siendo tan famoso los medios te harán trizas, ¿acaso no te importa?

—A mí no me afecta en nada. Que se enteren… Que sepan que aquella que pensaron que era mi madre no lo es, que en realidad es mi tía, tan liberal que se casó con mi padre apenas a los dos meses de muerta su hermana…

—¡CHANGMIN! —ahogó la mujer con asombro.

Jaejoong se cubrió la boca por la sorpresa y cerró presuroso la puerta, recargándose en ella. La mujer que había criado a Changmin no era su madre, era su tía. ¡No era posible! Y él que se quejaba de tener una familia disfuncional, cuando la del actor no se quedaba atrás. ¿Changmin lo habría descubierto por sí mismo, o se lo habrían dicho? Fuera por el medio que fuera, debía haber sido una noticia terrible para él. Y por el modo en que le respondía a la mujer, era notorio que había sido ella quien se lo hubiese dicho hace nueve años… que no era su madre. Qué cruel.

Volvió a abrir la puerta con cuidado para escuchar.

—La acusación que haces es falsa. Yo no tuve nada qué ver con el guion de la película, no vas a ganar.

—Quitaré esa demanda si tú te disculpas conmigo —condicionó ella en tono conciliador—. Así nos evitaremos la pena de comparecer y seguir viendo a los abogados y al juez.

—No voy a disculparme contigo por algo de lo que no tengo culpa alguna. Yo no escribí el guion. Demanda al escritor, no a mí. Y si quieres una disculpa, pídesela a él. —La mujer pareció enfurecerse, porque apretó los puños. Changmin por otro lado, lucía igual de controlado y frío que siempre.

—Mi abogado ha visto la cinta muchas veces y al igual que yo, sabe que hay cosas de nuestra vida que se muestran en esa cinta. ¡Cosas que sólo tú pudiste decirles! Ahora no me vengas con que no tuviste nada qué ver con el guion, si incluso para tu padre es claro que les contaste. —Changmin frunció más el ceño y su mirada pareció querer fulminar a la mujer.

—Sí, hay muchas cosas de nuestra vida como supuesta “familia” que están retratadas en esa película —afirmó calmo—. Y ese fue el motivo por el que acepté el papel, pero yo no tuve nada qué ver con el guion. Así que tú, tu abogado y mi padre pueden irse al diablo con sus opiniones.

—¡Changmin! —volvió a exclamar sorprendida.

—Vete ahora mismo de mi casa —demandó señalándole la puerta del departamento—. Cualquier cosa que quieras tratar referente a la demanda, busca a mi abogado, él estará encantado de recibirte.

—Por Dios, Changmin, no le hagas esto a tu padre… —En silencio, Jaejoong sintió aquello como una especie de chantaje. Al parecer el sentimentalismo por ella no había servido de nada, pero quizá tratando de señalar el daño hecho a su padre (a quien no había visto jamás en las revistas) podría hacerle desistir.

—No menciones a mi padre —Y por lo visto, tampoco nada que señalara a su padre le iba a funcionar—. De lo único que le estoy agradecido, es que haya aceptado darle mi custodia a Rain. Ahórrate la pena y márchate antes de mande buscar a Zhoumi para que te eche.

Jaejoong sintió su corazón partirse al ver cómo la mujer se daba la vuelta, dándole la espalda a Changmin para comenzar a sollozar. Podía ver claramente las lágrimas escurriendo por su rostro. No parecían ser lágrimas de cocodrilo, en realidad… parecían ser muy sinceras. Al parecer, le afectaba mucho el que el actor le tratara de esa forma.

—Aunque no lo creas, Min, yo te quiero mucho. Eres la viva imagen de mi hermana. Te lo he dicho otras veces, pero te lo repetiré cuantas veces sea necesario, hasta que me creas y me entiendas. Lo que escuchaste en aquella ocasión… fue una discusión con tu padre, y tú bien sabes que estando enojado se dicen cosas que no se sienten… Yo…

—Ahórrate la saliva… —cortó seco, sin transmitir ninguna emoción—. No soy tu hijo y no me importa lo que sientas o dejes de sentir por mí. No te quiero, y jamás te quise…

—¡Changmin! —ahogó la mujer entre lágrimas amargas.

—¡Eso es mentira!

Tanto Changmin como su madre se giraron al oír aquello. Jaejoong había salido de la habitación, sorprendiendo tanto al actor como a la mujer.

—Es mentira que no la quieres, Changmin. —afirmó avanzando hasta ellos.

—Será mejor que no te metas en donde no te llaman. —le advirtió frunciendo el ceño, pero Jaejoong lo ignoró y caminó hasta el centro de entretenimiento tomando el pequeño portarretrato dorado que descansaba al centro del estante.

—No le haga caso, señora —pidió el modelo suavizando la voz, observando a la mujer que hubiera reconocido de inmediato como la que aparecía en aquella foto—. Si Changmin no le quisiera aunque fuera un poco, no tendría su fotografía al centro de este librero. —afirmó, y le mostró el marco de la misma.

Ella secó sus lágrimas con el dorso de la mano y tomó con lentitud el portarretrato que el pelinegro le tendía. Al ver la fotografía, una sonrisa iluminó su rostro, y Changmin tuvo que dar la espalda para no ver la escena. Jaejoong posó una mano sobre el hombro de la mujer, que alzó el rostro sonriendo.

—Déjelo solo ahora, debe meditar en lo injusto que ha sido con usted. A una madre no se le dicen palabras tan duras —pero apenas abrió la boca, Jaejoong le interrumpió—. Sí, ya escuché que usted no es su madre biológica —ella asintió bajando la vista, con Changmin observándole de reojo—. Pero madre es quien cría, no quien engendra. Y usted crió a Changmin por doce años, así que aunque él no quiera aceptarlo, usted es su madre.

—Cierra la boca, Jaejoong. —siseó él entre dientes. La mujer sonrió dejando el portarretratos en las manos del pelinegro y las sostuvo entre las suyas con firmeza.

—Gracias por todo, Joongie. Eres tal cual te recuerdo —Él lució sorprendido ante la afirmación, mientras Changmin volteaba para verla—. Eres el orgullo de tu padre. Kim Eungsoo te quiere mucho, y ahora entiendo por qué. Ojalá Min hubiera podido aceptar el papel para la película que tu padre le hubiera ofrecido hace unos años. De no ser por la serie infantil, hubiera podido… Quizá mi Changmin te hubiera conocido antes y hubieses podido ayudarle a superar la carga de este secreto guardado por años —se lamentó con palabras quebradizas—. Ojalá puedas hacerle comprender… que lo quiero, y que lo que escuchó sólo fue producto del enojo contra su padre, nunca contra él…

La dama se dio la vuelta, saliendo por la puerta del departamento sin ver atrás.

Jaejoong sintió un muy breve recuerdo cruzar su cabeza. Uno donde veía a su padre hablando con una mujer hermosa, de cabellos y ojos castaños. Él estaba entretenido a un costado de la oficina de su padre, imitando a los personajes de su serie infantil favorita y la dama había sonreído al verlo, besando su mejilla y haciéndolo sonrojar.

—Mi Minnie estaría encantado de jugar contigo —le había dicho agachándose hasta su altura—. A él también le gusta actuar, y veo que tú eres un experto. Sigue siendo la luz para toda tu familia.

Ella se había retirado dejándolo con un signo de interrogación en el rostro, y cuando su papá regresó, había ido hasta él para preguntarle sobre aquella mujer.

—Es la mamá de un niño a quien admiras mucho. —afirmó con una enorme sonrisa.

Jaejoong había sonreído de forma luminosa, tocando con su pequeña mano la mejilla que aún permaneciera sonrosada.

—¡Es la mamá de Changmin! ¡Y me besó, es como si Changmin lo hubiera hecho! —exclamó con emoción, arrancándole la carcajada a su padre por las palabras tan inocentes.

Hasta ahora la recordaba, esa mujer había sido la madre de Changmin.

—Vámonos, Jaejoong. —La voz del actor lo sacó de sus pensamientos.

—¿Eh? ¿Qué? ¿A dónde vamos? —preguntó con curiosidad, regresando el portarretratos a su lugar para seguirlo hasta la puerta del departamento. Era mucho mejor salir que quedarse los dos encerrados y provocar otra escena como la que la madre de Changmin había evitado.

—Vamos a ver a Rain. —avisó poniéndose una gorra y anteojos oscuros.


–.—.—.—.—.—.–


El elevador paró en el sótano 1. No se había dado cuenta que el departamento de Changmin estaba en el quinto piso y que el edificio aún contaba con dos sótanos más. Por lo visto era un edifico muy elegante, porque además de los 5 pisos de departamentos, había un piso extra exclusivo para el gimnasio. Sí que el dueño había pensado en todo.

Cuando las puertas se abrieron, pudo ver a Zhoumi encerando un auto antiguo color negro. No podía imaginarse quién guardaba esos montones de chatarra. Habían pasado de moda hacía años, ¿aún había quien los conservaba?

«Un momento, si Zhoumi lo está encerando… ¿eso quiere decir que ese montón de hierros es de Changmin?» Se paró de golpe, justo a tiempo para ver a Zhoumi darle las llaves del auto al actor. Giró para todos lados y vió lo mismo. Autos y más autos antiguos, todos extranjeros. ¡Era como transportarse a una de esas películas viejas de historias americanas! ¿Por qué Changmin tenía esa chatarra en los cajones de estacionamientos?

—Vamos, Jaejoong. —llamó subiendo al auto recién encerado.

—¿Por qué vamos en esta chatarra? —cuestionó parándose a un costado de la puerta, al tiempo que Changmin se enderezaba extrañado—. No me digas que no ganas lo suficiente como para comprarte un auto del año, mira que acabo de escuchar la oferta que rechazaste, así que no creo que no tengas dinero.

—Esto no es una chatarra —aclaró calmo—. Es un Ford Roadster 1928, de los cuales sólo quedan 30 en todo el mundo. —Jaejoong parpadeó cruzándose de brazos.

—Ajá, ¿y luego? ¿No había algo mejor? Digo, porque esto es una carcacha, capaz y nos deja tirados a media cuadra. Si tiene más de 50 años, yo dudo mucho que funcione. Hace tiempo debiste mandarlo a la basura y comprarte uno mejor. —concluyó, ni inmutándose por la mirada que Changmin le lanzaba.

—Son autos clásicos, Jaejoong. Yo los colecciono —acotó subiendo al auto y abriéndole desde dentro la puerta al modelo—. Y ten por seguro que no nos va a dejar tirados. Por eso mismo lo voy a probar.

—Si los coleccionas, ¿eso quiere decir que tienes más? —preguntó al subir al auto, buscando el cinturón de seguridad sin encontrarlo.

—Sí, tengo un T Reacer 1921, un Buick 1925, Cadillac 1928, A 1930, D Soto 1946 y otros más. Todos funcionando a la perfección y en excelentes condiciones. —aseguró saliendo del estacionamiento para llegar a la avenida principal y tomar camino al centro de Busán.

—Tienes un montón de chatarra, no entiendo para qué los quieres. —murmuró desviando la vista. Comenzaba a ver a la gente por las calles. ¿Cuántas de esas personas serían capaces de reconocer al actor? El hecho de usar sólo una gorra y unos anteojos oscuros, no le escondía demasiado. Y menos con ese auto.

—Los presto o rento para películas de época. ¿Acaso crees que se construyen carros de utilería o son generados por computadora? —Jaejoong le observó sin decir nada. No sabía que Changmin hiciera esas cosas. No cabía duda que a las revistas de chismes les hacía falta muchísima información sobre el actor—. También tengo algunos prestados a varios museos en Estados Unidos.

—Changmin, nos vienen siguiendo. —avisó al notar la camioneta negra con vidrios polarizados que no les había perdido desde la avenida principal. El moreno observó el espejo retrovisor y negó con la cabeza.

—Es Zhoumi. —aseguró.

—¿Por qué te sigue? ¿Qué no es sólo tu chofer? —preguntó sin entender.

—No, Zhoumi es mi guardaespaldas y es su deber llevarme a donde quiera ir. Pero como hoy tenía que sacar el auto a probar, él viene siguiéndonos. Cosas de Rain, yo no necesito un guardaespaldas.

—Changmin, quiero hacerte una pregunta. —El actor apenas le miró y negó con la cabeza.

—No quiero hablar sobre mi madre y su demanda. Ya escuchaste demasiado este día y no quiero volver a tocar el tema. —Esta vez fue el turno de Jaejoong para negar.

—No, no es sobre tu madre, es sobre Cho Kyuhyun. ¿A dónde se fue después de que se canceló la serie? ¿Lo sabes? —Ante la pregunta, notó los puños de Changmin apretarse sobre el volante a tal grado de ponerse blancos. Pero después la presión se dispersó, suspirando.

—Se fue a Alemania, donde se convirtió en corredor de autos. —respondió seco.

—¿Le has vuelto a ver? —preguntó con curiosidad. No sabía por qué había surgido esa duda en su cabeza, pero quería saber todo acerca de Kyuhyun y su amistad con Changmin.

—Sí. —respondió un tanto frío.

Jaejoong lo sintió como un golpe en la boca del estómago, girándose al frente y decidiéndose por no preguntar nada más. Ya no quería saber cuándo se habían visto por última vez, o si se mantenían en contacto.

—Nos volvimos a ver hace como 5 años —El modelo volvió a alzar la vista para verle—. En una ocasión en que viajé a Alemania, pero es difícil de encontrar. Ha venido aquí un par de veces desde entonces, la última vez hace 2 años. Desde ahí no lo he vuelto a ver —El pelinegro sonrió al escucharle, sintiendo dispersar rápida y mágicamente el dolor de su estómago. Changmin le miró de reojo—. ¿Por qué preguntaste por Kyuhyun? —Jaejoong soltó la carcajada, sintiéndose de pronto muy contento.

—Deberías aleccionar a tu gente para que no hable de más con un completo extraño. —dijo entre risas. Changmin suspiró.

—Mei… Supongo que confió en ti para haberte dicho algo de mí. Nadie de su familia dice nada a desconocidos.

—Dirás que saben que no deben contarles nada de ti a aquellos que llevas a tu departamento y los sacas en poco tiempo. —Jaejoong frunció el ceño, recordando las palabras de Mei: “Será por eso que te dejó más tiempo que a los demás”.

—¿Son celos los que detecto? —le miró de reojo, y Jaejoong sintió el calor elevarse por todo su rostro al escucharlo. ¿Cómo se atrevía a cuestionarle si estaba celoso?

—¡Brincos dieras, idiota! A mí no me importa a quién lleves o dejes de llevar a tu casa o a tu cama. —rezongó cruzándose de brazos con molestia. Tan bien que venían platicando. ¿Por qué se le había ocurrido la genial idea de sacar a colación el tema de “los otros”?

Un roce cálido se deslizó por su mejilla, una caricia sutil, fresca y relajante. Por un momento creyó que era el mismo viento que agitaba sus cabellos, pero al girar el rostro sólo se encontró con los delgados dedos de Changmin recorriendo su piel.

—Eso fue antes de conocerte. —aseguró al retirar la caricia.

—No me importa si fue antes o después, ya te dije que no me interesa nada que tenga que ver contigo. —masculló el pelinegro mientras admiraba sus propios pies dentro del auto.

—Pero a mí sí me interesa todo lo que tenga que ver contigo —Jaejoong se giró para verle sorprendido—. Estoy en desventaja. Tú conoces más de mí que yo de ti.

—¿Y qué quieres saber?

—Sé que eres adoptado, que perteneces a la familia Kim y que no eres gay…

—Exacto, no soy gay…

—Entonces quiero saber… ¿Quién fue tu primera novia? ¿Cuándo tuviste tu primer orgasmo? Si te ha besado otro chico que no sea yo, o si has pensado en chicos mientras te masturbas…

—¡Eres un completo idiota! —bramó cruzándose de brazos y desviando la mirada a las calles, sintiéndose enrojecer furiosamente por las descaradas preguntas.

Su compañero mientras tanto le observó de soslayo, con sus labios curveándose en la mueca de una sutil sonrisa.


–.—.—.—.—.—.–




Changmin abrió la puerta del despacho de Rain dejando pasar a Jaejoong primero, el cual sintió un malestar invadirle el estómago de inmediato, enrojeciendo con rapidez. ¿Pues qué se creía ese idiota? ¿Que era una chica o algo por el estilo? Se había girado directo a reclamarle por aquello cuando las palabras de alguien más en el lugar le detuvieron.

—No me digas que este es el motivo por el que me hiciste mover cielo, mar y tierra para confirmar tu asistencia a los Blue Dragon Film Awards cuando ya habías dicho que no irías, Changmin. —Jaejoong se sonrojó completamente al escuchar la voz molesta del hombre que apenas la noche anterior identificara como el representante del actor.

No sabía por qué se sentía tan avergonzado, si él no tenía nada que ver con lo que el hombre de cabellos oscuros decía. ¿Pero es que acaso Changmin había ido a los premios sólo por él? Sacudió la cabeza en negativa, sólo para espantar esos pensamientos. Seguramente había cosas más importantes qué hacer como para perseguirlo también en una ceremonia de premiación.

—Kim Jaejoong, Jung Jihoon. —les presentó el alto muchacho ante el silencio en el que aquellos dos habían quedado, apresurándose a tomar asiento frente al escritorio de su representante.

El pelinegro pareció despertar ante la mención de su nombre, girando la vista para toparla contra la de aquel individuo que de pie, le observaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Ahora sabía de dónde había sacado Changmin esa costumbre de verle tan fríamente. Ese hombre tenía la misma mirada inquisidora que el actor a veces mostraba.

—¿Kim Jaejoong? —cuestionó Rain por un segundo. El aludido sintió que la garganta se le secaba y no atinó a contestar, tan sólo cabeceando en afirmativa—. ¿Eres el hijo de Kim Eungsoo, uno de los grandes productores del viejo Seúl?

—Hijo adoptivo. —afirmó. Rain pareció relajarse e indicó con la mano la silla a un lado de Changmin para que se sentara, mientras él hacía lo mismo. Observó de un lado a otro a ambos jóvenes antes de comenzar a hablar.

—Entonces los rumores son ciertos y anoche te fuiste de la fiesta con él. Y por lo que puedo recordar, Jaejoong es un modelo que sale en variados comerciales de TV —aseguró fijando su atención en el pelinegro, que se sintió ruborizar cuando vio a Changmin cabecear en afirmativa. ¡Le estaba dando a entender que mantenían una relación cuando no era cierto!—. ¡¿Estás loco?! —tronó, logrando que cualquier reclamo que fuera a soltar se atragantara en su garganta—. ¿No sabes lo que le estás haciendo a tu carrera con esto?

—Ya te dije que no me importa. —Y el castaño se reclinó por completo en el respaldo de su asiento con aire despreocupado, desviando la mirada del hombre frente a él.

—A ti no te importa tu carrera, eso me lo has venido diciendo desde hace meses, ¿pero qué me dices de la de él? —señaló a Jaejoong, y éste parpadeó mientras el actor se giraba para verlo—. ¿Sabes lo que le estás haciendo a su carrera? ¿Sabes todas las implicaciones que tendrán estos rumores si se llegan a enterar con quién te fuiste de la fiesta?

—¡Sólo dormí en su casa, no hubo nada más! —aclaró el pelinegro como rayo, captando la atención del representante. Éste sólo cabeceó en acuerdo, pero siguió con sus palabras.

—De antemano sé que Jaejoong sólo es un modelo, pero dudo mucho que vuelva a hacer campañas importantes si se llega a saber que es gay…

—¡YO NO SOY GAY! —brincó parándose de su asiento—. Yo no tengo nada qué ver con Changmin, sólo somos compañeros de escuela, ni siquiera somos amigos. El que él sea gay —señaló al actor—, no quiere decir que yo lo sea.

—Pero eso a la prensa sensacionalista le importa poco —explicó Rain sin inmutarse por el arranque del chico—. Los rumores con respecto a la sexualidad de Max son cada vez más fuertes y si te ven en su compañía, aunque no seas gay, te tacharán de serlo. Y si él se pone a confirmar la noticia, como es su intención hacerlo —miró duramente al moreno, que sólo desvió la vista—, te llevará a ti de encuentro. Aunque tú lo niegues, por sólo rumores, las grandes campañas publicitarias no te tomarán en cuenta.

Jaejoong se dejó caer en la silla de nuevo. Lo que decía el representante de Changmin era cierto. Las compañías de marketing se fijaban en modelos cuya imagen fuera intachable, que no estuvieran involucrados en escándalos o líos legales. Y él era uno de ellos. Pero si por casualidad, o por culpa de cierto actor que se la pasaba acosándolo, se llegara a armar un escándalo, algunas de las campañas que tenía en puerta se podrían venir abajo.

—Veo que entiendes —El mayor lo miró—. Pero a ver si logramos que entienda este cabeza hueca. —y su vista giró hasta el actor.

—Yo quisiera… —emuló Jaejoong apenas audible—, llamar a mi representante.

—Claro, puedes tomar el teléfono que está en la habitación contigua —le señaló con la mano la puerta. El modelo se levantó, pero Rain le detuvo—. Saluda a Sunny de mi parte.

—¡Claro! —le sonrió, encaminándose para cerrar la puerta y tener mayor privacidad en su llamada.

La plática con Sunny no fue tan diferente a la que tuviera con el representante del actor. Lo primero que hizo ella al escuchar su voz fue preguntarle si estaba con Changmin, ya que la rubia con la que había asistido a los premios –Jessica– se la había pasado llamando toda la mañana tratando de localizarlo (era de esperarse que hiciera algo por el estilo después de la noticia que se dio en los medios). Cuando le dijo que sí, la notó molesta, quizá no tanto como cuando le dijo que le demandarían, pero era fácil darse cuenta cuando Sunny estaba enojada, y ella lo estaba. Le dijo lo mismo que Rain, que si le llegaban a ver en compañía de Changmin le involucrarían en rumores de un amorío con el actor y eso podría hacer que varias campañas, que ya estaban confirmadas, fueran canceladas. A ella no le importaba su inclinación sexual, pero le pedía que fuera discreto. No pudo convencerla de que él no era gay, porque ella sólo le decía que no le importaba, que sólo tuviera cuidado y que se alejara de Changmin, porque el nombre de éste ligado al suyo, serían problemas y no sólo legales, también económicos; y eso lo sabía muy bien.

Colgó sintiéndose extraño. Era como cuando en casa Hyunjoong le exigía que no agarrara sus juguetes y él sólo por llevarle la contra, los agarraba sin su permiso. Le pedían no ser visto con Changmin, no sólo Rain, también Sunny. Y realmente no quería verlo, qué mejor excusa que decir que dañaba su imagen y su carrera… ¿pero de cuándo acá necesitaba una excusa para dejar de ver al actor?

Sacudió la cabeza de nuevo para despejar esos absurdos pensamientos y se dirigió de nuevo a la oficina principal. Estaba a punto de abrir la puerta cuando escuchó la voz molesta de Rain al hablar con Changmin. Prefirió aguardar un poco, antes de interrumpir.

—Si vas a revelarles a todos que eres gay, por lo menos espera hasta después de la premiación de los Asian Film —profirió el representante, dando vueltas en la oficina con los brazos a su espalda—. Estoy casi seguro de que serás nominado como mejor actor, pero si esos remilgosos de la academia escuchan tu declaración, no van a darte el premio.

—No me importa un estúpido premio —aseveró firme—. Tampoco pienso declararlo de forma pública, odio a la prensa y si lo digo me van a perseguir por todos lados.

—¿No te importa un estúpido premio? —repitió Rain cada vez más molesto—. Por lo menos si ganas el Bambú de Oro puede que los productores dejen de lado que eres gay para contratarte. Yo espero que con ese premio en tus manos se basen en tu talento como actor y no en tu inclinación sexual para ofrecerte papeles importantes.

—Soy un buen actor… —aclaró también molesto, pero la mirada del mayor era dura al hablarle.

—Sabes perfectamente que en este medio no sólo se necesita ser un buen actor. Si quieres hacer cosas grandes más vale que no eches a perder tu carrera dejándote ver en público en compañía masculina, sino acabarás haciendo papeles como Frozen Flower¹ para toda la vida. ¿O me dirás que te gustaría interpretar papeles en películas como Gohatto² o Boys Love³?

—No. —la mirada de Changmin se tornó fría. El sermón ya se había prolongado demasiado tiempo y Jaejoong aún no aparecía para interrumpirlo.

—Entonces dejarás de hacer tonterías —determinó—. Siempre has sido cuidadoso, no sé qué te pasó ahora.

—Fukutaro me sacó de quicio, eso fue lo que me pasó —resopló parándose de su silla, cansado del regaño—. Y si no quieres sacarme de quicio tú también ya deja en paz el asunto.

—Sólo dime en qué llegaste aquí, espero que te hayas venido en la camioneta y no en uno de tus autos de colección. —resolló en tono desesperado. Changmin sólo alzó los hombros.

—Llegué en el Ford Roadsted, tenía que sacarlo de la cochera para asegurarme de que lo hubieran reparado bien.

—¡Te viniste en un descapotable antiguo! —ahogó alterado el hombre—. Si lo que quieres es llamar la atención hazlo de otra forma, o si quieres hazlo solo —gruñó—. No me sorprendería que los paparazzi te hayan captado en compañía de Jaejoong. Esta noche estarás en las principales noticias de chismes.

—¡Ya basta! —gritó el actor, alzando la voz por primera vez—. Es mi vida y yo hago con ella lo que quiera. Si quiero mostrarme en público con alguien es muy mi problema.

—Y el mío, porque soy tu representante…

La puerta de la oficina interior se abrió, dejando ver el momento en que Jaejoong entraba de nuevo a la habitación principal. Changmin suspiró al verlo de pie en el marco de la puerta, observándolos sin decir nada. Era claro para ambos que había escuchado toda la discusión. ¿Acaso había entrado en ese momento para evitar que siguieran gritándose?

—Vamos, Jaejoong. —indicó el moreno, encaminándose a la salida de la oficina y tomando de paso al chico del brazo para sacarlo.

—Gracias por prestarme el teléfono —alcanzó a gritar éste desde el pasillo—. ¡Sunny le manda saludos!

Rain avanzó hasta la puerta, sonriéndole al pelinegro. La mirada del actor viró para verle fríamente antes de llamar al ascensor.

—Tu madre quiere verte. —avisó sin emoción. Changmin le observó sin decir nada, mientras el elevador abrió sus puertas.

—Ya ha estado en casa. —y entró al cubículo arrastrando al modelo con él.

Rain sonrió de nuevo cuando vio la puerta del elevador cerrarse. ¿La madre de Changmin había estado en su casa y no le habían llamado para decirle que estaba preso con el cargo de asesinato en primer grado por haber matado a la mujer? Eso sí era una verdadera sorpresa.

La otra era que se hubiera presentado en compañía de ese joven, cuando jamás había hecho algo parecido en el pasado. Kim Jaejoong no era la persona que hubiera esperado, conocía a Hyunjoong y sus problemas con el alcohol y las apuestas. Pero Jaejoong era alguien totalmente distinto y Changmin también lo era cuando él estaba a su lado. ¿Sería acaso que el pelinegro estaba cambiando la forma de ser del actor? Aunque él dijera que no era gay, no quitaba el hecho de que se hubiera quedado en el departamento del chico a dormir, donde bien sabía que éste sólo tenía una habitación y que jamás dejaría a alguien dormir en su costosa sala.

«Durmieron juntos» se dijo «Mientras lo sigan negando, sus carreras están a salvo» sopesó cerrando la puerta para regresar a su trabajo. Entonces se detuvo en seco, justo antes de llegar a su escritorio, volviéndose para correr hasta la ventana que dejaba ver directo al estacionamiento. La silueta de Jaejoong al caminar, así como su cabello oscuro agitándose con la brisa fresca le parecieron irremediablemente conocidos.

—¡Así que lo encontraste, Max! —y la sonora carcajada retumbó por la solitaria oficina.


–.—.—.—.—.—.–




No sabía qué estaba haciendo en ese lugar, no podía entenderlo. Pero no podía negar que estaba entretenido.

—Esto es lo que pediste. —Changmin acercó la charola hasta donde Jaejoong permanecía, atento a la mega pantalla del cine en el que se encontraban.

—Eh, sí, gracias —balbuceó tomándolo sin ver.

Al salir de la oficina de Rain, Changmin había intercambiado auto con Zhoumi. Al parecer, comenzaba a hacerle caso a su representante. ¿O sería porque estaban tomando camino rumbo al Cinema Center y ahí podrían reconocerle más fácilmente? Pues por cualquier motivo que hubiese sido. Se sentía un poco más tranquilo viajando en una camioneta polarizada con los cinturones de seguridad ajustados, que en un auto antiguo.

Aún deseaba saber hacia dónde se dirigían, pero Changmin se había limitado a ignorar sus preguntas, al menos hasta que llegaron a los cines que se localizaban fuera del parque temático. No le fue difícil adivinar qué era lo que seguía. El chico lo conducía al cine donde se exhibía la película por la cual estaba nominado a los BIFF.

—Quieres saber sobre mi madre y esa demanda —Había dicho al abrir la salida de una de las salas, donde uno de los guardias le saludó cortés—. Esta es tu oportunidad. Supongo que no la has visto.

—No, no la he visto, era demasiado tener que soportarte dos horas en una mega pantalla de cine. Suficiente tengo con soportarte en la escuela, como para sufrir por esto, no soy masoquista. —Pero sus palabras no bastaron para evitar que le arrastrara hasta la sala a ver la función.

Y ahora entendía por qué habían nominado a Changmin. Su actuación era emotiva y muy creíble. Y en verdad, la historia contaba algunas cosas de la vida del actor, por lo que pudo escuchar por su madre. Quizá y era cierto que el adolescente había contribuido en algo con el guion, pero él no sólo lo negaba, sino que en los créditos finales ni se le mencionaba.

Habían salido cuando comenzaba a ocultarse el sol. Había mucha gente caminando por los pasillos, deteniéndose en cada tienda o restaurante. Hasta el momento nadie parecía haber reconocido al actor y eso le hacía sentir cierto alivio. No sabía por qué comenzaba a sentirse como en una cita de enamorados.

Sacudió la cabeza cuando ese pensamiento cruzó por su mente. ¿Pero en que tonterías estaba pensando?

Ambos habían comenzado a caminar sin decir nada. Changmin mantenía las manos dentro de los bolsillos del pantalón y Jaejoong vagaba la mirada distraídamente para todos lados sin prestar atención a nada. En eso, un grupo de jovencitas cruzó corriendo por entre medio de ambos, tirando de paso la gorra que el moreno llevaba puesta. Ambos se agacharon al mismo tiempo para tomarla, sus dedos chocaron en el camino y el simple roce fue suficiente para que el modelo sintiera la corriente de electricidad ser lanzada a través de su cuerpo entero.

—¡ES SHIM CHANGMIN!

El grito enfurecido de varias adolescentes les hizo reaccionar levantándose a la carrera. En cuestión de segundos, Jaejoong se sintió siendo empujado junto al actor mientras un grupo de féminas se arremolinaba a su alrededor aclamando por un autógrafo. Podía notar cómo lo empujaban contra el cuerpo del otro, tras que éste hacía vanos intentos por apartarlas sin lograrlo. Había conseguido dar sólo unas cuantas firmas, pero aquellas chicas eran tantas que pensaba no llegaría a salir de ahí nunca.

Fue entonces que alguien sujetó su muñeca, sacándolo entre empujones del semi círculo que les rodeara. Al girar la vista, notó que no era otro sino Changmin el que lo arrastraba en su loca carrera por escapar de sus fans. Había perdido la gorra y los lentes, e incluso la playera yacía desfajada fuera del pantalón. La sola idea de imaginarse a aquellas jovencitas queriendo abusar del muchacho pintó una sonrisa sobre sus labios. «Para que veas lo que se siente» Aunque claro, no es como si él hubiera salido bien parado tampoco… Su cabello ahora mismo era un desastre, y la carrera no estaba ayudando nada a la tarea.

El moreno dio vuelta en una de las pequeñas calles, recargándose en una de las paredes con su compañero de espaldas a la gente. Lo siguiente fue demasiado sorpresivo. El cuerpo del modelo se vio siendo rodeado por los brazos del otro, que depositó sus labios sobre los del pelinegro con suavidad. Éste sintió pronto su boca siendo invadida por la calidez del actor, ni pensándoselo dos veces para rodear su cuello y corresponder al contacto. No quería verse cercado de nuevo por todas esas niñas fans de Changmin. Y si para eso debía besarlo, ¡pues lo haría! Al fin y al cabo, Changmin únicamente estaba posando sus labios sobre los de él y no profundizando el beso. Eso, sin contar que había mucha gente que podía reconocerlo.

Lastimosamente las cosas no pasaron como las esperaba. Las manos del castaño picaron sus costillas, obligándole a abrir la boca para protestar, y aquel simple acto bastó para dar libre acceso a que la lengua de Changmin entrara a su boca para saborearle, profundizando un beso que no debía ser real. Sus piernas temblaron cual gelatina, y su respiración se agitó conforme se sentía arrastrar por la sensualidad que aquel contacto le despertaba. Así, se encontró a sí mismo respondiendo de una forma en la que no tenía planeado hacer. Se vio correspondiendo con una intensidad de la que ignoraba fuera capaz de tener, y para colmo de males… ¡estaba besando a Changmin en plena vía pública, donde cualquiera podría verles y fotografiarlos! Pero eso, lejos de importarles, parecía enardecerles mucho más.

—No hagas eso, Jaejoong, o me importará muy poco dónde estamos —advirtió con voz ronca, dejando descansar la cabeza contra el pecho del modelo, respirando profundamente para normalizar su respiración. Jaejoong se sintió enrojecer por sus palabras. ¿En qué diablos había estado pensando para responder al beso?—. Será mejor que nos vayamos, antes de que nos encuentren.

—Yo no voy contigo. —sentenció separándose.

—¿De qué hablas? Debemos volver al departamento. —señaló acercándose a él, pero el pelinegro retrocedió.

—No, yo me regreso al colegio. No voy a pasar un segundo más en tu compañía. No quiero que me vean contigo, ni que nos relacionen. Ya me lo advirtió Sunny, tu nombre ligado al mío serán problemas. —explicó dándose la vuelta para poder encaminarse.

—¿Cómo vas a regresarte si no tienes dinero? —le cuestionó, tan sólo observando su espalda desde su lugar.

—Ya veré yo cómo le hago. —y acto seguido, arrancó en carrera para perderse entre la gente.

Changmin tenía razón, no tenía dinero con qué regresarse al colegio; pero no quería seguir en compañía del actor. Y no sólo porque si llegaban a verles juntos iban a comenzar a relacionarles. No, no era sólo por eso. Era porque ese beso en medio de la calle le había gustado, y si a Changmin le daba por repetirlo estando a solas en su departamento, quizá no iba a poder resistirse.

«Maldición, si yo no soy gay, ¿por qué me gustó tanto eso?» se maldijo llegando hasta un teléfono público.

Levantó el auricular y de inmediato apareció un mensaje en la pantalla solicitando una tarjeta telefónica, o en su defecto, algunos centavos para poder hacer la llamada. Colgó sintiéndose derrotado. ¿Cómo diablos iba a llamarle a Sunny para que pasara por él, si no tenía ni un centavo?

Pero entonces escuchó unas risas a su espalda, y enseguida divisó a un trío de jovencitas que reían y le observaban con coquetería, susurrándose cosas y señalándole con disimulo. Sonrió para sí mismo. Quizá haciéndoles un poco de platica, podría resultarle.

Y no se equivocó. En poco tiempo iba sentado en el asiento trasero de un auto convertible rumbo a la escuela, mientras dos chicas iban sentadas a su lado, abrazándole y besándole tímidamente en la mejilla en tanto la tercera conducía apresurada, igual de ansiosa por acercarse a él.

«Gracias Shim Changmin, por haberme sacado de tu departamento» se regocijó con una sonrisa, en lo que abrazaba a una de las chicas y les entretenía hablándoles de su escuela, de cómo era ésta y a cuántos actores había conocido ahí. Claro, omitiendo magistralmente el nombre de uno de ellos en especial.


–.—.—.—.—.—.–




Había sido un sábado lleno de sorpresas y sobresaltos. Para cuando llegó al colegio acompañado de las tres chicas que le hubiesen llevado, se despidió de ellas no sin recibir antes sus números de teléfono y anotarlos en su mano. Pero no le importaban, ninguna de ellas había llamado realmente su atención, por lo que no se tomó la molestia de apuntarlos cuando se dispuso a darse una ducha, entrar posteriormente a la cama y dormir hasta el mediodía del domingo.

Pero ahora pasaban de las seis de la tarde, el sol aún brillaba afuera, y él no podía salir de su habitación hasta que no terminara la tarea de contabilidad. ¡Había olvidado por completo que tenía tarea! Odiaba la materia. No dudaba que le sería útil cuando quisiera revisar sus gastos, pero quizá nunca la llegase a utilizar. Todo lo que ganaba iba a parar a manos de su familia y quien administraba todo, era su padre… ¿o sería su hermano? Bueno, eso no importaba, lo que importaba era que él no tenía grandes cuentas bancarias, ni bienes raíces, ni nada en lo que pudiera ocupar los conocimientos contables… Changmin quizá sí los necesitaba, pero no él.

—Maldición, ¿y por qué tengo que pensar ahora en ese actor? —se maldijo, volviendo a sumar las cantidades apuntadas en su libreta.

Capital, activos, pasivos, sumas y restas y nada, simplemente los datos no cuadraban. Si al día siguiente el maestro le preguntaba por la respuesta a esos problemas, le iba a dar una respuesta mal y aquello era lo mismo a no haber respondido ni hecho nada.

Arrancó la hoja de la libreta, la hizo bolita y la arrojó sobre su espalda de forma descuidada. El cesto estaba medio lleno de bolas de papel en la misma condición y sobre el suelo, casi se formaba una alfombra de papeles arrugados. No cabía duda que necesitaba distraerse un poco antes de seguir haciendo la tarea.

—Ese maldito Changmin tiene la culpa de que no pueda concentrarme en clases —ahogó apesadumbrado, recargándose de lleno en la silla del escritorio—. Si por lo menos dejara de molestarme, yo podría poner atención. Pero no, ese idiota sólo se la pasa mirándome y me pone nervioso.

Volvió a tomar el libro de contabilidad para repasar el problema y las formulas, reanudando su intento por resolverlo. Pero era imposible, a su memoria sólo regresaban las horas del día anterior en casa de Changmin. Y con esto, ascendió así el color a su rostro cuando regresó a su memoria el momento justo antes de haber sido interrumpidos por su madre. O peor aún, aquel beso en las calles que conducían al parque temático del Cinema Center, ese que le hizo pensar que realmente le gustaban los besos del actor…

—¡Waaaa, me rindo! —jadeó arrojando con fuerza el libro por sobre su hombro, el cual fue a parar cerca a la puerta de su habitación.

—No deberías maltratar de esta forma los libros de texto…

Jaejoong giró en su silla al reconocer la voz de su tormento, que justo entraba a su habitación para recoger el libro anteriormente lanzado. El corazón comenzó a latirle con furia. ¡He ahí el causante de todos sus problemas!

—¿No te enseñaron a tocar? —atacó en cuanto sintió que el sonrojo invocado por el recuerdo de lo que fueran las escenas del día anterior, incrementaba tan sólo al verlo de pie a la puerta del cuarto.

—Creo que me enseñó la misma persona que a ti —rebatió el moreno, a lo que el modelo frunció el ceño molesto. Sí, era verdad, las pocas veces en que había entrado a la habitación de Changmin lo había hecho sin tocar. No, no sin tocar, él no lo había escuchado que era muy distinto.

—¿Qué buscas aquí? —interrogó parándose de su silla, Changmin tan sólo terminó de ingresar cerrando detrás suyo. Llevaba entre sus brazos un porta trajes y una bolsa de plástico negra. Jaejoong se sintió un poco aliviado, seguramente eran sus cosas.

—Si no quieres tu ropa, puedo llevármela a casa, puedes buscarla allá cuando gustes. —comentó natural, dejando el porta trajes sobre la cama del otro. Éste se sintió enrojecer de nuevo. ¿Era eso una especie de invitación?

—¡Estas completamente loco, yo no pienso regresar a tu departamento jamás! —se apuró a señalar,  tomando después la bolsa plástica transparente que contenía su reloj, la cartera y la corbata—. Sólo espero que no se te haya ocurrido trasculcar mis cosas. —lo observó de reojo, pero él sólo enarcó una ceja.

—¿Qué cosas? —inquirió viéndole fijamente.

—Mi agenda, por ejemplo. —y tras vaciar la bolsa sobre la cama, tomó la mencionada.

—No me gusta hacer eso. —El pelinegro abrió su cartera, notando enseguida que su mini agenda no se encontraba en su lugar. Frunció el entrecejo y observó al otro con molestia.

—¿Dónde está mi agenda? —acusó enseguida. Sólo ahí tenía los números importantes anotados. Sunny muchas veces le había dicho que tuviera más de una agenda, por si llegaba a perder la que llevaba en la cartera, pero nunca le había hecho caso.

—¿Y yo qué sé? —esquivó encogiéndose de hombros.

—Estaba en mi cartera y ahora no está —señaló acusador—, por lo que supongo la tienes tú.

—Seguramente lo tenías lleno de los nombres de todas tus novias. ¿O la querías para apuntar los teléfonos de las tres chicas que te trajeron ayer? —Jaejoong parpadeó en sorpresa. ¿Qué significaba eso? ¿Changmin lo había seguido y ahora estaba celoso?

—No te comportes como un novio celoso —sentenció—, porque te recuerdo que no somos nada. Y devuélveme mi agenda, ahí están los teléfonos de mi agente y mi familia, e igual los de los empresarios para los que trabajo. —El alto actor metió la mano a la bolsa de su camisa y sacó la pequeña agenda del pelinegro. Avanzó dos pasos y se la entregó en la mano pasando después por su lado.

—¿Y luego decías que no la tomaste? Espero no se te haya ocurrido tachar los nombres de mujeres… —murmuró a advertencia cuando comenzó a hojearla, y precisamente, había varios nombres marcados, aunque no tachados—. ¡Eres un Infeliz! —gritó girándose para encararlo.

—De todas formas no hubieras podido comunicarte con todas —aseguró sin parecer nada culpable—. Jihyo se casó hace dos meses, Hyojoo ya no vive en ese departamento, se fue a Seúl con su novio. Minyoung hace dos años que está estudiando en Estados Unidos y…

—¿Te atreviste a llamarles? —No cabía en su sorpresa. Ahora sí que se comportaba como un novio celoso, ¿cómo se atrevía?

—Yo no les llamé. —se defendió sacudiendo su mano.

—¿Entonces quién? Sólo tu tenías mi agenda.

—Fue Ping, ella se sintió con el derecho de investigarte, piensa que entre nosotros hay algo más que amistad y sólo quería verificar que no salieras con alguien más. Yo le quité la agenda en cuanto me di cuenta de lo que hacía. —Jaejoong soltó la carcajada.

—¡Esa niña es como una hermanita metiche! —ahogó entre risas.

—Ni que lo digas. Por cierto —le extendió la otra bolsa—. Esto te lo mando Mei —El pelinegro se acercó con desconfianza, pero tomó el paquete de igual manera y sacó el recipiente plástico del interior; dentro aguardaba una generosa cantidad de pay—. Dijo que esperaba te gustara.

—¡Gracias! —soltó con júbilo, apurándose sobre el cajón de su escritorio de donde sacó un tenedor para poder empezar a comer.

Hacía mucho tiempo que no comía algo tan delicioso, que pronto el disgusto que le causaba la presencia del actor en ese lugar recorriéndole de arriba a abajo con la mirada, quedó muy olvidado. A ese punto, concentrado en disfrutar del postre casero, ni notó el momento en el que el más alto llegaba hasta su escritorio, detrás de él, haciendo algunas anotaciones.

—Tienes mal la suma. —avisó, a lo que el pelinegro se giró para ver lo que hacía.

Recargado en la silla, Changmin permanecía se pie, inclinado sobre la hoja de operaciones de la tarea de contabilidad. Jaejoong se aproximó un poco con el tenedor aún en la boca, sólo para ver cómo el más alto borraba la cantidad y colocaba una nueva. Su cerebro registró la suma resuelta en cuestión de segundos, y todo cuadró a la cantidad original.

—¡Gracias! —respondió con júbilo, tomando el lápiz de la mano del otro para sentarse en la silla y terminar de apuntar las operaciones, sin importarle siquiera que el actor siguiera recargado en la misma—. Yo sabía que algo tenía mal, pero no lograba dar con el error.

—Eres inteligente. —afirmó demasiado cerca de su oído, provocándole un estremecimiento que recorrió por entero su espina dorsal. Dejó de escribir cuando los cabellos de su nuca se erizaron, respondiendo al cálido aliento que chocó contra ésta.

—Gra… gracias —musitó quedo, sin animarse a moverse—. Con esto ya terminé la tarea. —cerró la libreta y empujó la silla para levantarse, quedando sin embargo muy cerca del cuerpo contrario al hacerlo.

Aún demasiado cerca, una de las morenas manos se alzó a intentar tocar su rostro, que desvió para evitarle. No quería sentir su tacto, sabedor de lo que el mismo podía causarle, pues lo menos que deseaba era revivir aquellos momentos pasados en su casa tan sólo el día anterior.

—Tienes crema en la mejilla. —le señaló con el índice.

—Ah, a veces me emociono cuando como algo que me gusta —explicó al limpiarse el rostro con los dedos—. Le das las gracias a Mei de mi parte.

—¿Y a mí? —inquirió acercándose un poco más, ante la mirada oscura que le veía sin entender.

—¿A ti qué? —devolvió sin moverse. Aquellos ojos le hechizaban, le gustaba perderse en ese mar embravecido que a veces se calmaba.

—¿Qué me darás a mí por habértelo traído? —lo tomó por el brazo para atraerlo contra sí.

—Changmin…

Y la protesta se vio atrapada por los labios del actor, quien de inmediato le apresó contra su cuerpo empujándolo de espaldas al escritorio. El rápido movimiento había provocado que todas sus cosas quedaran regadas por el suelo, mientras él quedaba asido bajo el musculoso cuerpo de su compañero.

Sintió las diestras manos del más alto comenzar a recorrer su cuerpo, en tanto su boca le presionaba para que abriera los labios y le permitiera el paso a su lengua. Su corazón latía a toda prisa y su respiración se aceleraba. Ni siquiera estaba pensando, perdido en la sensación que iban dejando los dedos del moreno sobre sí, abriéndose paso bajo la playera y subiendo hasta su pecho para hacerle jadear, permitiéndole con ello al fin adentrarse a su boca.

El beso se profundizó. Changmin exploraba su boca, degustaba con sensualidad. Y él quería empujarle, pero sus manos no respondían, luchando contra la tentación de abrazarle para acercar mucho más sus cuerpos.

—Te quería tener anoche como te tuve la noche del viernes, pegado a mi cuerpo… totalmente desnudo… —escuchó la voz susurrante a su oído, estremeciéndose cuando aquellas manos intrusas consiguieron deslizarse por su cuerpo levantándole la playera.

—No —susurró quedo—. Jamás —instó empujándolo para levantarse del escritorio—. ¡JAMÁS! —Pero el moreno le sujetó de la muñeca evitándole alejarse, y él sólo logró levantar el puño para intentar golpearlo.

—¡Jae…!

La puerta se abrió de sorpresa haciéndolos voltear al instante, notando entonces al chico de tez ligeramente morena y cabello rubio que les veía sin entender. Jaejoong sintió sus mejillas encenderse sólo de contemplar a uno de sus amigos mirándolos con cara de interrogación. ¿Qué diablos estaría pensando al ver la escena?

—¿Les doy unos guantes de box para que bajen al ring a pelearse? —preguntó con una sonrisa, a lo que el actor procedió a soltar la muñeca del pelinegro para que éste pudiera bajar el puño.

—¡Hangeng! —y el modelo pareció olvidarse completamente de Changmin al apresurarse con una sonrisa hasta aquel rubio artificial—. Qué gusto verte, pensé que ya no entrarías a la escuela. Dime cómo te fue en Europa… ¿Fuiste a París, España, Alemania e Italia? ¡Cuéntame todo! —Él sonrió, ignorando la intensa mirada que el actor le dirigía.

—Claro que fui a todas esas partes, incluso te he traído algunos recuerdos. Me extrañaste, ¿verdad? —afirmó pasando un brazo por su cuello para jalarle ambas mejillas—. ¡No podías vivir sin mí, confiésalo!

—¡Hyung, claro que te extrañé! —asintió sobándose el rostro—. ¿Quién otro organiza las mejores noches de maratón si no eres tú? Aunque sin mis dotaciones nocturnas, como las cartas, los cigarros y el vino serían de lo más aburridas.

Ambos comenzaron a reír sonoramente, ignorando por completo la presencia del tercero en la habitación. Changmin alzó una ceja desde su lugar y se puso a contemplar al “rubio a fuerzas” que no dejaba de reír y juguetear con el modelo. No sabía quién era ni por qué se comportaba de forma tan familiar con Jaejoong, tampoco le gustaban las frases ocultas que estaba soltando como eso de “Confiesa que me extrañaste” y “Te traje recuerdos”. Se aclaró la garganta sólo para hacerles notar que seguía ahí, y ambos chicos dejaron de reírse para voltear a verle.

—Ah, Changmin, sigues aquí —entonó neutral el pelinegro, volteando después hasta su amigo—. Supongo que lo conoces. —señaló al actor, que aún le veía como queriendo asesinarle con la mirada.

—No, no sé quién es. —Negó con la cabeza, haciendo que los ojos de Jaejoong se abrieran cuan grandes eran. Era imposible que Hangeng no supiera quién era Changmin siendo tan famoso, más al haber sido nominado a los BIFF y siendo su nombre tan escuchado para los Asian Film.

—No mientas, debes conocerlo. Es Shim Changmin —insistió, pero el chico de nuevo cabeceó en negativa—. Hyung, no juegues, fue el protagonista de una serie infantil muy popular por allá de inicios de los 90's y ahora es un actor famoso. Incluso acaba de ser nominado a los BIFF como mejor actor. —Hangeng levantó la vista para ver al susodicho frente a él.

—Pues felicidades por la nominación, pero aún no sé quién eres. No soy adicto ni a la televisión ni al cine, me excuso por eso —explicó pasando junto a su amigo, parándose de frente al actor—. Mi nombre es Han Geng, soy estudiante del segundo año de ballet clásico, recién llegado de una gira por Europa y uno de los mejores amigos de Jaejoong. —finalizó haciendo una pequeña venía para saludarlo.

Changmin observó aquello inmutable, y Jaejoong parpadeó molesto. El muchacho parecía ignorar el gesto amistoso de su amigo, pero se sorprendió al notarlo regresar el saludo con una breve inclinación de cabeza.

—Mucho gusto —convino secamente, aunque sus labios se curvearon en una especie de sonrisa al observar de reojo al pelinegro que parecía no perderle de vista—. Yo soy Shim Changmin, actor de profesión, estudiante de segundo año, y amante de Jaejoong…

La sangre le subió al rostro al mencionado como de golpe, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho y las piernas amenazando con no sostenerle más. La boca se le secó en cuestión de segundos, no pudiendo articular palabra alguna para defenderse.

Hangeng volteó a verle con la boca abierta por la impresión. ¿Pero qué podía decirle? Su mente había quedado en blanco, con la vergüenza y la culpabilidad inundándole con rapidez. Quizá no era su amante propiamente dicho, pero las cosas por las que habían pasado en su casa y en la escuela, casi los convertían en.

«¿Cómo puedo decirle que no somos nada, si mi cuerpo reacciona cada vez que me toca?»




❥ Fin del Capítulo Cinco.




¹ A Frozen Flower (de 2008): Película surcoreana que fue muy comentada en su momento debido a la temática homosexual que maneja y sus escenas bastante explícitas. El actor protagónico incluso se vio envuelto en varios rumores que lo señalaban como homosexual, y que luchó mucho por desmentir a causa de la fuerte presión social.
² Gohatto (de 1999): Conocida más comúnmente como Taboo, es una película japonesa que narra la vida de un joven y hábil samurái cuyo “lindo rostro” causa revuelo en su escuela de entrenamiento, concentrándose así la trama en el tema de la homosexualidad dentro de la tradición shudō  y su ambiente parcialmente cerrado.
³ Boys Love (renombrada como ‘Schoolboy Crush’, de 2007): Otra película japonesa, ésta inspirada en un manga yaoi del mismo nombre.



—.—.—



Saludos una vez más, y yo con mi fantástico retraso(?) Kkk, pero ya está aquí.

¡Gracias por los comentarios! De verdad, no saben cuánto anima saber que les está gustando la historia, ojalá hayan disfrutado también de este capítulo. Y ya verán lo que se viene~