El eco de lo que parecía ser un taladro martilló hasta su
consciencia por enésima vez. Levantó la mano y sin abrir los ojos tomó una de
las almohadas para cubrir su cabeza, intentando mitigar el dolor que le
provocaba; pero el martilleo continuaba, muy a pesar de que el sonido hubiera
cesado. Su boca estaba seca y de un sabor amargo.
Sus ojos se abrieron de golpe cuando recordó el enorme
cóctel de alcohol que había ingerido, compuesto de quién sabe cuántas cubas,
martínis y champaña. Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta la casa de
Jessica… Era probable que el taladro que escuchaba fueran los trabajadores que
la rubia parecía tener viviendo siempre en su mansión; jamás entendería esa
manía por remodelar cada semana, habiendo mejores formas de gastar el dinero.
Por ejemplo, regalándole a su guapo y caballeroso amigo modelo una moto.
Intentó sonreír para sí mismo sin lograrlo, sólo consiguiendo que su cabeza
martillara una vez más.
Retiró lentamente la almohada de su rostro, cerrando los ojos
en cuanto recibió la luz sobre este. Había algo que no terminaba de gustarle,
un aroma a colonia que no era suya y que comenzaba a marearle, avivando a las
ya conocidas nauseas producto de la resaca. Dejó caer de vuelta la almohada en
su cara, percatándose entonces de que aquella fragancia parecía provenir de la
tela que la cubría.
Su cabeza martilló de nuevo. Necesitaba tomar algo, y
pronto.
Consiguió sentarse no sin cierta pesadez, provocando que la
suave seda se deslizara por la piel desnuda de su torso.
—¡Maldición! —masculló alarmado volviendo a levantar la
sábana, sintiéndose enrojecer—. ¿Pero qué…?
Asustado, recorrió la habitación con la vista tratando de
dar con su ropa en el suelo, o quizá en alguna de las sillas que Jessica
siempre dejaba en los cuartos de huéspedes; pero ésta vez no había sillas, sólo
un sillón sobre el que descansaba una bata de baño color blanco. De su ropa ni
rastros. Hasta entonces notó que la decoración del cuarto era muy diferente a
la que acostumbraba la rubia. Este tenía el suelo cubierto de duela, las
paredes tapizadas de madera y las ventanas con persianas (las cuales
permanecían entreabiertas). Había dos enormes espejos al frente, desde donde
alcanzaba a ver su entero reflejo. Un tapete color crema recubriendo el área de
la cama, junto a la que descansaban un par de burós con lámparas de noche a
cada lado. Sus zapatos los localizó a un costado, pero además de ello, no había
nada más.
¿Dónde estaba el peinador, las sillas, las cortinas de
pesado terciopelo que tanto le gustaban a Jessica y esas alfombras persas, tan
caras, que siempre cubrían todos los cuartos? ¿Desde cuándo los gustos de la
chica eran tan sobrios?
Su cabeza martilló otra vez…
Giró la vista hasta el buró que reposaba de su lado y se
percató de algo que no había visto desde el espejo: Había un vaso con agua y un
par de pastillas efervescentes para el dolor de cabeza. Al parecer el mayordomo
de Jessica se las había dejado para cuando se levantara. Iba a tener que
agradecerle por el gesto, jamás se había portado tan bien con él.
Tomó el vaso, vació las pastillas y se apuró a ingerir el
remedio. Ya no soportaba el dolor de cabeza. Dejó el recipiente en el mueble y
se levantó trastabillando, tomando las sábanas para cubrir su desnudez de
camino al sillón, donde las cambió por la bata. Tenía que encontrar sus ropas
para irse al colegio, no quería darle más molestias a su rubia amiga.
Descalzo y con lentitud se encaminó hasta la puerta,
sujetándose de las paredes de madera en el proceso; el aroma de la colonia lo
tenía confundido. Quizá algún amigo de Jessica se había quedado en esa
habitación y había dejado todo oliendo a… ¿Changmin? Sacudió la cabeza enérgicamente.
¿Cómo se le ocurría pensar que esa fragancia le pertenecía a aquel antipático?
Cualquiera podría comprar esa colonia, no precisamente tenía que ser el actor.
Un delicioso aroma a comida le recibió en cuanto abrió la
puerta, cerrando un momento los ojos para disfrutarlo; mil veces eso y no la
colonia que bien identificaba con Changmin. Su estómago protestó recordándole
que desde la fiesta de anoche no había comido nada, y no sabía qué hora era,
pero por los sonidos que despedía intuía que ya algo tarde. Abriendo de vuelta
los ojos se encaminó en búsqueda del origen de aquel olor, sin notar la sala
que acababa de pasar por culpa de la luz que entraba por las ventanas abiertas
de par en par y que le impedía ver con claridad. Lo que sí notó fue que al
parecer, la cocina se encontraba en el mismo piso que la recámara, y a tan sólo
unos cuantos pasos de distancia.
«¿Dónde diablos estoy?» se preguntó deteniéndose abruptamente
cuando notó que, en definitiva, aquella no era la casa de Jessica. Ni siquiera
había una cocina, era una barra desayunadora que separaba la habitación que
servía como tal, donde se encontraba una mujer de espaldas, al parecer
cocinando. «¿Dónde está el mayordomo?»
Su imaginación comenzó a correr a mil por hora, suponiendo
que la noche anterior, debido a su embriaguez, había sido secuestrado,
desnudado para que no huyera y encerrado en ese lugar con un ogro como celador
o celadora. ¡Necesitaba escapar! Pero justo cuando estaba dándose la vuelta
dispuesto a salir huyendo del lugar, la mujer en la cocina se dio la vuelta
tomándolo desprevenido.
—¡Oh, buenos días jovencito!
La alegre voz le sorprendió haciéndole sonrojar. Levantó la
vista hasta el rostro de la dama y pudo darse cuenta que se trataba de una
mujer adulta, de entre sesenta a sesenta y cinco años, con el cabello oscuro
recogido con una red y de aspecto bonachón, pues la sonrisa que le dedicaba era
más bien cálida y llena de felicidad. No pudo dejar de notar que sus ojos le
recordaban a los de alguien más, pero no supo a quién. No parecía ser un ogro o
una celadora, quizá su imaginación de nuevo estaba haciendo de las suyas.
—Bue… Buenos días. —tartamudeó el saludo sintiéndose extraño
y confundido. La mujer sonrió más ampliamente.
—Vamos, vamos, siéntate a desayunar. La comida ya está lista
y sé que te va a ayudar a sentirte mejor —animó con aquella sonrisa
resplandeciente, sirviendo en un plato algo de aquello que olía tan bien para
tendérselo en la barra. Jaejoong observó sin comprender, pero ella continuó—. Esto
te va a ayudar a que se te pase la cruda. El joven pidió que te preparara una
buena medicina, como sólo yo las sé hacer.
«¿Cruda? ¿Joven? ¿De qué está hablando esta mujer?» Pero el
pelinegro se sentó a la mesa y tomó los cubiertos para empezar a comer. Tenía
mucha hambre y sabía que después de la resaca, comer era la solución. La mujer
no parecía ser mala y sentía que podía confiar en ella. Al parecer, no había
sido secuestrado. Después se daría a la tarea de averiguar dónde y con quién se
suponía que estaba.
La mujer sonrió cuando lo vio sentarse dispuesto a comer,
aunque se detuvo de dar el primer bocado en cuanto la sintió pararse frente a
él para observarlo detenidamente, sin dejar de sonreír.
—Eres más hermoso que en la TV, jovencito. Ah, no te
sorprendas —apuró al ver la inquietud en aquellos ojos oscuros—. Te he visto en
algunos comerciales. Hacías los del helado, y otros de unos pañuelos, también
te vi anunciando autos y cereales. Pero eres más guapo en persona, ¿sería por
eso que el joven te ha dejado más tiempo que a los demás? —susurró ya lo último
como para sí, aunque Jaejoong hubiera alcanzado a escuchar muy bien.
—¿Joven? ¿De quién está usted hablando? —preguntó dando el
primer bocado, intentando ignorar esa sensación que comenzaba a arder en sus
labios y garganta.
—¿Pues de cuál otro va a ser? Del joven Changmin…
La intensa tos emergió en cuanto sintió atragantarse con la
comida. La mujer se dio prisa en servir un vaso con agua para ayudarle a
pasarse el bocado y pidiendo mil disculpas por si estaba muy condimentado. Pero
Jaejoong no tosía por el picante, tosía por la sorpresa que le causaba enterarse
que había pasado la noche en la casa del arrogante Shim Changmin.
—¿Estoy en casa de Changmin? —repitió sintiéndose enrojecer
sólo de imaginarlo. ¿Dónde había dormido el actor? ¿Con él? ¡No, maldición, no!
Pero la mujer no parecía darse cuenta del trago amargo por el que pasaba el
modelo, y continuó hablando de lo más alegre.
—Sí, este es el departamento del joven Min. Según me dijo mi
hijo Zhoumi, anoche estabas tan tomado que tuvo que llevarte cargando hasta la
recamara, ya que tú solo no hubieses podido llegar nunca. Tan chiquito y ya con
esos problemas, mi niño —se lamentó ella en tono afligido—. El joven está ahora
en el gimnasio, por si te preguntas en dónde se encuentra.
Jaejoong sintió ganas de vomitar, no tenía recuerdos de nada
que involucrara a Changmin. De la fiesta de anoche recordaba a Fukutaro y su
oferta de 4 mil millones por convertirse en su amante, pero de ahí en fuera… No,
un momento, ahora recordaba por qué los ojos de la mujer le parecían conocidos.
El chofer, Zhoumi… El chofer de Changmin tenía los mismos ojos de la mujer
frente a él. Entonces Changmin… Sí, lo había visto anoche en la fiesta. ¿Pero
qué hizo? ¿Por qué estaba ahora en su casa y no con Jessica?
«¡Entonces sí fui secuestrado por ese idiota!»
El malestar de la resaca comenzaba a marearle. No podía
estar en casa de Changmin, ¡era una locura! Si estando en la escuela se
comportaba tan… malicioso, estando en su casa y con él ebrio… ¡No!, no quería
ni imaginarse qué había hecho ese mal nacido con él.
Una de sus manos subió sutil hasta sus labios, dejando
deslizar las yemas de sus dedos sobre los mismos con cuidado y lentitud,
recordando por unos instantes los labios del actor sobre los suyos.
«Sus besos… eran diferentes anoche»
—Entonces… no fue un sueño. —susurró sonrojándose por
completo.
—Y dime mi niño —La voz de la mujer lo sacó de sus
pensamientos—. ¿Desde cuándo salen juntos?
—¿Qué? ¿Quién? —reaccionó alterado, sorprendido por la
pregunta—. Yo no salgo con Changmin, sólo somos compañeros de clases. Ni
siquiera nos llevamos bien. —aclaró deprisa, notando la decepción que aparecía
en el rostro cansado de la mujer.
—Oh, qué lástima… —murmuró dándose la vuelta para seguir
lavando los trastos sucios—. Yo esperaba que tú fueses la persona que lograra
sacar al joven de esa soledad en la que ha vivido siempre —Jaejoong guardó
silencio, observándola sin comprender—. ¿Sabes que el joven Min ya pasó por lo
que tú pasas ahora? —preguntó echándole una mirada tan sólo de reojo.
—¿Por lo que paso?
—Por esas “crudas”, o resacas, como les conocen ustedes —aclaró—.
El joven tiene cuatro años sin probar una sola gota de alcohol, porque esa
maldita adicción a la bebida estuvo a punto de matarlo.
—¿Eh? —consiguió articular, sin poder dar crédito a lo que escuchaba.
Jamás leyó nada de eso en los diarios o revistas de chismes.
Aún podía recordar cuando Boa lo había encontrado desmayado
en su habitación. Él le había dado un poco de alcohol para que reaccionara y
cuando casi había intentado obligarle a beberlo el actor había terminado
apartándolo. Ahora podía entender el por qué. Pero jamás se dio a conocer que Changmin
bebiera… o fumara. Una breve imagen del moreno sosteniendo un cigarro en sus
labios atravesó su cabeza por segundos.
—Jamás se mencionó nada en los medios. —aseguró viéndola. La
mujer se volteó para ver los ojos oscuros del modelo.
—No, jamás lo dijeron porque el señor Jihoon se encargó de
que nunca se diera a conocer. Él ha cuidado de la carrera del joven desde que
tenía 12 años, cuando el joven Min se fue por el mal camino…
—¿Mal camino? ¿A qué mal camino se refiere? —preguntó
intrigado. Nunca había sabido nada de lo que aquella mujer le decía. Quizá
ahora podría entender qué había hecho cambiar tanto a Changmin, por qué de ser
un niño prodigio y bueno, se había convertido en violento y huraño.
—No puedo contarte —negó dándose la vuelta para seguir con
lo que hacía—. Sólo puedo decirte que toda la culpa la tiene esa mujer que tuvo
por madre —afirmó con tono amargo—. Con una sola palabra empujó al joven por
donde no debía…
Jaejoong aguardó eternos segundos sin animarse a probar
bocado de la comida frente a sí, observando la espalda de la señora. La resaca
aún no le permitía pensar con claridad y asimilar toda la información que le
acabaran de soltar. Ni siquiera sabía si podía confiar en sus palabras, porque
nada de lo que la mujer afirmaba había sido mencionado en los medios. Sabía que
la madre de Changmin había sido su representante por 12 años, hasta que el giro
de su carrera fue puesto en las manos de Rain, justo el mismo año en que la
serie infantil fue cancelada; había sido entonces que Changmin comenzó su
carrera en cine haciendo papeles oscuros y rebeldes, mismos que le habían
consolidado como un magnifico actor dramático.
—¿Es su madre la causante de su… —se detuvo cuando la mujer
volteó a verle sorprendida—, forma de ser tan agria? —completó la frase. Ella
asintió sin revelar nada más del asunto—. Pues siendo así como es, jamás tendrá
amigos —suspiró dejando el tenedor en el plato para recargar el rostro sobre su
mano derecha—. No me sorprendería enterarme de que jamás haya tenido uno.
—Oh, pero sí los tuvo —aseguró acercándose al pelinegro, que
levantó el rostro para mirarla—. Cuando estaba en la serie infantil, había un
chico llamado Kyuhyun…
—Sí, lo recuerdo —asintió sonriendo—. Era el vecino de Changmin
y su mejor amigo, hacían muchas travesuras juntos y se les veía muy unidos.
Aunque eso era en la serie.
—Y en la vida real —afirmó la mujer—. Cho Kyuhyun era tan
sólo un año mayor que el joven Min, pero su apariencia le ayudaba mucho a
parecer menor y verse de la misma edad para ser su compañero de juegos. Sólo
que la señora Shim no quería al niño Kyuhyun cerca del joven…
—¿Por qué? —cuestionó algo precipitado. Jamás se hubiera
enterado por las revistas de todo lo que la mujer le estaba contando, y la
curiosidad ahora le podía más. Pero algo de lo que indudablemente tenía que
tomar nota para cuando se hiciera de su propio departamento, era de asegurarse
de no contratar a un ama de llaves que se fuera fácil de la lengua con un
completo desconocido.
—Porque el niño Kyuhyun era algo… —se mordió el labio
intentando encontrar la palabra correcta—, rarito.
—¿Rarito? —La mujer se llevó una mano al mentón tratando de
explicarse mejor.
—Sí, rarito —volvió a decir—. Le gustaban los hombres y no
las chicas.
—Ah. Entonces querrá decir, gay. —verificó creyendo entender
lo que quería decirle.
—Sí, esa es la palabra moderna que se usa ahora —asintió
sonriendo—. En mi país se les dice de otra forma. Yo soy china, lamento mucho
si no utilizo las palabras de forma correcta. —se excusó la dama.
—No se preocupe, en el colegio tengo un amigo que también es
chino y le aseguro que usa las palabras muy bien. Y si usa alguna expresión de
su país, estoy seguro que le he de entender. —le sonrió a la mujer que ahora se
sentía más en confianza con el modelo, al grado de tomar una silla y sentarse
frente a él del otro lado de la barra desayunadora para continuar con la
plática.
—Pues como te decía, jovencito…
—Jaejoong, por favor. —pidió con una sonrisa, haciendo que
la mujer sonriera a su vez.
—Yo soy Mei Ling, aunque el joven Changmin y toda mi familia
me dicen sólo Mei —explicó—; de ser posible, me gustaría que también me
llamaras así.
—Encantado —asintió tomando algo del jugo que le había sido
servido. El dolor de cabeza que había sentido al levantarse comenzaba a
disiparse por completo. Al parecer el sonido que él había pensado era un
taladro, había sido el del exprimidor eléctrico en el que Mei había hecho el
jugo que ahora tomaba.
—Bueno, como te decía, Jaejoong. El joven Min y el niño Kyuhyun
era muy buenos amigos, pero la señora Shim le tenía prohibido al joven que se
mantuviera en contacto con el niño fuera de los escenarios. A pesar de ello, el
niño y el joven se veían a escondidas de su madre para estudiar los libretos, o
por lo menos es lo que a mí me decía para que le ayudara a salir. A veces
pienso que el niño Kyuhyun es el culpable de que el joven Min sea lo que es. —admitió
pensativa.
—¿Usted cree que Cho Kyuhyun es el culpable de que Changmin
sea gay? —inquirió haciendo brincar a Mei de su silla, totalmente ruborizada—. Él
mismo me lo dijo, no tiene por qué asustarse.
—¡El joven Shim va a matarme!
—¿Por qué voy a matarte, Mei?
La voz a sus espaldas hizo a Jaejoong ser víctima de un
escalofrío. Sin animarse a darse la vuelta para contemplar el semblante del
actor, sintió una mano posarse sobre su hombro, y ese simple roce fue
suficiente para lanzar corrientes eléctricas por todo su cuerpo. El calor
intenso se apoderó de su rostro, y sin poder soportarlo saltó de la silla para
encararlo. Pero su reclamo quedó en el aire cuando le vio de frente. Lucía un
pantalón deportivo negro, tenis y una playera blanca sin mangas; sobre sus
hombros descansaba una toalla. Se notaba que venía de hacer ejercicio. Los
fuertes músculos de sus brazos lucían brillantes, seguro gracias a algún aceite
o a la misma transpiración. Sintió la boca secársele sólo de verlo, desviando
el rostro cuando sintió los fríos ojos castaños detenidos sobre su cuerpo,
apenas cubierto por la bata.
—¿Dormiste bien? —le preguntó al modelo, y este se regañó a
sí mismo por haber reaccionado de aquella forma. Al levantar el rostro, se topó
contra aquella mirada intensa que parecía querer desnudarle, pero no iba a caer
en provocaciones.
—¿Cómo voy a dormir bien?… Ni siquiera recuerdo cómo fue que
llegué aquí. —se quejó molesto, pero Changmin ni se inmutó al pasarle por un
lado, tomando la jarra de juego que Mei hubiese dejado de lado para servirse
una generosa cantidad en un vaso. El pelinegro frunció el ceño cuando aquellos
ojos castaños le observaron por sobre el borde del vaso, justo antes de
responder.
—Eso es fácil. Yo te traje. —evidenció tomando el jugo de un
solo trago, para después dejar el recipiente en la tarja de la cocina y pasar
por un costado de Jaejoong rumbo a la sala. Este le siguió con el ceño
fruncido, sin perder tiempo a reclamarle.
—¿Por qué me trajiste aquí y no me dejaste en casa de Jessica?
—interrogó dándole alcance, mientras Changmin recogía algunas cosas de los
sillones sin hacerle el menor caso. El modelo se paró justo frente suyo
truncándole el paso, decidido a no dejarse ignorar, cruzándose de brazos y
clavando la mirada en la del actor que le veía con cierta burla.
—Porque yo no sé dónde vive Jessica. —denotó enfrentando la
mirada desafiante que el otro le dirigía.
—Pero pudiste buscar a su chofer, estoy seguro de habértelo
pedido. Por lo menos eso sí lo recuerdo. —aseguró sintiéndose estremecer ante
aquellos ojos que lo recorrían de pies a cabeza. Ya era suficiente sentirse
desnudo con sólo la bata de toalla sobre su cuerpo como para que Changmin lo
desnudada también con la vista. Estaba muy acostumbrado a esas miradas, pero
justo la de él le ponía nervioso, y no le agradaba sentirse así con ese
egocéntrico actor. Por lo menos con Mei en el departamento llegaba a sentirse
algo seguro, o al menos lo suficiente para conseguir enfrentarlo sin tener que salir
huyendo.
—¿Y qué más recuerdas? —Dejó las revistas sobre una de las
repisas, observando al pelinegro sólo de reojo. Jaejoong parpadeó. ¿Qué
significaba eso? ¿Acaso había algo que debía ser recordado, o quizá… no ser
recordado?
—No mucho —afirmó descruzando los brazos y siguiendo al
actor con la mirada mientras este se paseaba de un lado a otro de la sala—. A
ti fumando… ¿Fumas? —cuestionó recordando la imagen que hubiese pasado por su
cabeza minutos antes. El moreno se giró para verle con ojos entrecerrados.
—Sólo cuando estoy molesto.
Era extraño ver las emociones reflejadas en el rostro del
actor, cuando este parecía ser un completo témpano de hielo. Pero ahora podría
saber cómo identificar si estaba molesto sin necesidad de verle a la cara.
—¿Y por qué estabas molesto anoche? —preguntó con genuino
interés. Pero Changmin le dio la espalda caminando rumbo a la puerta de la
recamara. Jaejoong creyó que no contestaría a su pregunta, reprendiéndose a sí
mismo por preguntar cosas que no deberían de interesarle, y justo se encontró a
punto de reclamarle por ello cuando la voz del otro le interrumpió.
—Por cosas que no te interesan.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Suficiente tenía con
regañarse a sí mismo por la misma causa, para que Changmin viniera y le dijera
exactamente lo mismo que él pensaba.
—Sí, tienes razón —gruñó entre dientes, logrando que el más
alto se detuviera a dos pasos de su habitación y girara para verlo—. A mí qué
me interesa si fumas, bebes o te drogas, sólo me interesa saber dónde está mi
ropa para largarme de aquí. —El actor únicamente enarcó una ceja y se cruzó de
brazos para recargarse contra el marco de la puerta.
—Lo lamento mucho, Jaejoong —Mei asomó la cabeza desde la
cocina, y tanto Jaejoong como Changmin se voltearon a verla habiendo olvidado
que no estaban solos—, pero tu ropa está en la lavandería. Me la regresarán
esta tarde, para las seis ya la tendrás de vuelta.
—¡Genial, ahora me veo obligado a pasear semi desnudo por
este lugar! —ahogó frustrado. Estaba enojado. Mucho muy enojado, pero enojado
consigo mismo al haberse sentido interesado por lo que le sucedía al Témpano de
Hielo Shim.
—Sí, genial —secundó el susodicho decidiendo pasar por alto
el sarcasmo del pelinegro y entrando a su habitación, pero este le siguió nada
dispuesto a ser ignorado. Se detuvo cuando encontró a Changmin quitándose los
tenis sentado sobre la cama, girando para verlo—. Sí, es genial tenerte semi
desnudo y dando vueltas por mi piso. Me encanta ver cómo se mueven tus largas
piernas y cómo ajustas la cinta de la bata a tu delgado cuerpo dejando ver tu
piel blanca —el modelo se sintió enrojecer—. Pero puedo prestarte ropa, claro.
Aunque si decidieras no usarla, no respondería por mis acciones.
—¡Eres un imbécil! —exclamó. Changmin se puso de pie
caminando hasta la puerta y Jaejoong retrocedió cuanto pudo, chocando contra la
pared. La mirada del moreno le perturbaba más que antes, las cejas arqueadas
con disgusto y la mirada fría le asustaban.
—Tú lo eres más por emborracharte de esa forma —aseguró pegando
ambas manos contra la pared a los costados del modelo—. Si no te hubiera sacado
de esa fiesta Fukutaro te hubiera llevado con él. —Jaejoong tragó saliva con
dificultad, sintiéndose inseguro y acorralado al saberse a solas con Changmin
en su casa. ¿Podría luchar contra él como lo había hecho con Fukutaro la noche
anterior? ¡Eso, había luchado con Fukutaro!
—¿Fukutaro? Lo mandé al diablo. —aseguró en un repentino
arranque de valor que le hizo alzar la barbilla con orgullo. Sin embargo, la
mirada de Changmin aceptó el desafío implantado en aquella actitud.
—Pero regresó del infierno para llevarte con él. —aseveró
reviviendo los recuerdos del modelo, que vio cruzar por su mente una imagen
donde Fukutaro trataba de arrastrarlo fuera del salón, sólo para después ser
lanzado de un golpe al suelo por Changmin, de donde no se levantó. Alzó la
vista hasta el actor.
—Y lo mandaste a la lona, ¿no? Creo que eso también lo
recuerdo. —admitió sin moverse de su sitio. Changmin tampoco daba muestras de
querer hacerlo, quieto frente a él.
—¿Qué más recuerdas? —preguntó dejando vagar la mirada por
los labios entreabiertos del modelo, que temblaron de manera inconsciente
apenas este se dio cuenta, apresurándose en responder.
—¡Es todo! —apuró, pero los ojos del moreno se centraron en
los suyos—. No sé cómo llegué aquí, ni por qué estoy desnudo. ¿Quién me quitó
la ropa? —La sonrisa torcida en aquellos labios delgados le dio un mal
presentimiento, que se acrecentó cuando una de sus manos se separó de la pared
para señalarse a sí mismo—. ¡TÚ, maldito pervertido! ¿Qué más hiciste? —demandó
sintiendo su rostro arder por el sonrojo y sus piernas amenazándole con no
responder.
—Nada que tú no quisieras. —evadió volviendo a acorralarlo
contra la pared.
—¡Estaba tomado, cómo iba yo a saber qué quería o no! Dime
qué me hiciste, maldito desgraciado. —Quería saberlo todo, quería que le dijera
qué había pasado anoche. No se conformaría con una respuesta tan ambigua como
la que le estaba dando. Quería saber si él… ¡No, eso no quería saberlo! Eso no
podría ser…
—Ya te lo dije, nada que tú no quisieras. —repitió logrando
acelerar el pulso del pelinegro. ¿Qué quería decir con esas palabras? ¡Maldición,
¿qué?! ¿No podía ser un poco más específico?
—Me… me… —Su corazón había empezado a latir a toda prisa sólo
de pensar lo peor. Sus mejillas se sonrosaban al compás de su hiperactiva
imaginación haciendo de las suyas: Había amanecido desnudo en la cama de
Changmin y por lo que había podido ver, el departamento del actor sólo tenía
una enorme habitación, con una sola cama. A menos que Changmin hubiese dormido
en el sillón –cosa que dudaba–, habían dormido juntos… Sacudió la cabeza al
imaginarlo—. No, no pasó nada contigo, de eso estoy totalmente seguro. —aseveró
viéndolo fijamente.
—¿Ah sí? ¿Y qué te hace estar tan seguro? —De nueva cuenta,
el muy maldito pretendía hacerle dudar con sus palabras. ¡Estaba seguro y punto!
Estaba al tanto del dolor que se sentía después de haber mantenido relaciones
con otro hombre. En algo Changmin había tenido razón aquella vez en que se
hubieran encontrado en el gimnasio de la escuela, y es que buena parte de los
modelos eran gay, así que bastante le habían contado ya sus amigos sobre lo que
supuestamente él “se perdía” al ser heterosexual.
—Sé de ese tipo de relaciones gay —El actor le miró con
sorpresa, separándose de la pared. Pero el asombro en su mirada fue muy breve,
pues de inmediato se volvió seria, afilándose sobre el pelinegro—. Estoy seguro
que de haber sucedido algo contigo, ¡yo sería el primero en sentirlo! —aseguró
totalmente rojo, y Changmin cerró los ojos permitiéndose sonreír levemente.
Jaejoong se sintió extraño, siendo la primera vez observaba entre las muecas
que solía hacer el chico, una sonrisa tan notoria. Quizá fuera leve, pero
aquella semi sonrisa bastaba para hacerle sentir el cuerpo temblar.
—¿Qué te hace pensar que serías tú el primero en sentirlo? Quizá
sea yo el adolorido. —Changmin volvió a mirarlo, y Jaejoong abrió enormemente
los ojos al escucharlo.
—¡¿QUÉ?! Estás mintiendo, es una mentira de tu parte. No
pasó nada entre nosotros. ¡Me estás mintiendo!
—No deberías tomar si no puedes controlarlo. Estas son
algunas de las cosas que suceden cuando pierdes la consciencia.
—No estás para darme sermones —recriminó intentando
serenarse, no muy exitosamente—. Dime la verdad, ¿qué pasó anoche?
—Te lo he estado diciendo desde hace rato. Nada que no
quisieras… —Y sin esperar respuesta alguna, sus pasos acortaron la distancia
con el modelo, tomándolo de la nuca para sellar sus labios.
Había sido sorpresivo. No esperaba que Changmin le fuera a
besar de esa forma. Lo admitía, había estado esperando que lo besara todo el
tiempo en que se hubiera mantenido acorralado contra la pared, pero no lo había
hecho. Y sin embrago ahora lo hacía tomándolo por sorpresa, inundando sus
sentidos con su inconfundible aroma, llenado su boca con su sabor, que por esta
ocasión no le arrebataba el aliento, pero que de igual forma le inflamaba la
sangre. Las descargas eléctricas que sus manos provocaban sobre su cuerpo le
arrancaban la consciencia y le hacían perderse en el mar de sensaciones que
sólo el actor sabía provocarle.
Pero igual de sorpresivamente a como hubiera llegado, así se
retiró.
Los ojos oscuros se abrieron, topándose con la mirada
castaña detenida en su rostro sonrojado. Esta lucía oscura, pero llena de una
calidez que nunca antes le hubiera visto. El dedo índice del más alto se
deslizó por la suave mejilla del pelinegro, que se sintió tentado a retenerle
la mano para que continuara la caricia.
—¿Me acompañas a tomar un baño? —preguntó bajo. Jaejoong se
sintió despertar de un absurdo sueño y manoteó la mano del actor frunciendo el ceño.
—¡Olvídalo, imbécil! —reaccionó dándole la espalda.
—Como quieras.
Discretamente, el pelinegro alcanzó a verlo justo antes de
que se perdiera tras la puerta del baño al final de la alcoba. Giró lentamente
con su cuerpo negándose a responderle por completo, aún sensible al calor de
aquellos labios sobre los suyos, a esa corriente eléctrica que le recorría las
venas cada vez que Changmin le tocaba. ¡No, simplemente no! Su cerebro se negaba
a procesar las palabras que el moreno le hubiese dicho antes de besarlo. Era
imposible que hubiera tenido relaciones con ese engreído actor. Era
inconcebible que lo hubiera hecho. ¡Él no era gay, no lo era!
Se dejó caer en el colchón de la cama con pesadez y las
manos entrelazadas entre sus piernas, prometiéndose una y otra vez jamás volver
a tomar tanto como la noche anterior. Nunca dejarse llevar por la bebida. Él
podía controlase, no entendía por qué había terminado sobrepasándose tanto en
aquella fiesta. Nada tenía que ver su aburrimiento, eso lo sabía. Había querido
borrar los besos de Changmin con alcohol, pero entre más bebía más los revivía.
Y ahora estaba en su casa, cubierto sólo por una bata de toalla, sin su ropa y
sin dinero, porque su cartera estaba en el pantalón que ahora estaba en la
lavandería.
«¿Qué hago?» se preguntó recostándose sobre los almohadones,
mientras el aroma de la colonia de Changmin le inundaba los sentidos. Estaba
cansado. Quería cerrar los ojos y despertar en la habitación del colegio, que
todo hubiese sido tan sólo un mal sueño. Pero no lo era, era una pesadilla,
porque estaba en el departamento de Changmin. En la casa de ese acosador que
bien podía haberlo violado la noche anterior, pero no lo recordaba.
«Con ese egocéntrico de Shim Changmin, todo es posible»
suspiró mentalmente, finalmente cerrando los ojos conforme el ruido de la
regadera comenzaba a adormilarle de a poco.
[…]
El agua caía, y el eco producido en el cuarto de baño
parecía ser suficiente para acelerarle el pulso. Su mirada oscura se alzó hasta
la puerta, encontrándola entreabierta. El vapor del agua caliente se escapaba
ligeramente, regresándole de golpe a la cabeza la imagen de la primera vez que
hubiese visto a Changmin en su habitación: había salido del baño tan sólo con
una toalla atada a la cintura. El cabello castaño y húmedo caía cubriendo su
frente, mientras las pequeñas gotas se deslizaban seductoramente por su torso
desnudo. Esa vez había cruzado por su mente la idea de que aquella toalla fuera
demasiado larga como para permitirle apreciar el largo de sus piernas…
Se levantó sin siquiera pensarlo, acercándose
silenciosamente hasta la puerta del baño. Estando ésta entreabierta, era
sencillo ver el interior tapizado de azulejos celestes y blancos. A pesar del
vapor, pudo ver la sensual silueta de su torturador bajo la cascada de agua,
lavando su rostro y cabello, dejando que el aroma a hierbas inundara la
habitación. Sus ojos oscuros comenzaron a recorrer tentativamente la figura que
se vislumbraba tras el vaho blanquecino: el bien formado torso, el vientre
plano, sus largas piernas, un trasero firme y… La corriente eléctrica golpeó su
cuerpo cuando Changmin se volvió dentro de la ducha y le permitió una mejor
panorámica. El calor azotó sus mejillas y tuvo que replegarse inmediatamente
contra la pared, escondiéndose de la mirada del alto.
«¿Pero qué demonios hago aquí? ¿Desde cuándo me he vuelto un
fisgón? Y un fisgón de hombres, no de mujeres. ¡Soy un enfermo!» se recriminó cubriéndose
el rostro con las manos, regresando de nuevo hasta la cama.
Pero la visión de cuerpo desnudo de Changmin no desapareció
de su mente. Su imaginación recreaba sola centímetro a centímetro de aquel
cuerpo perfecto, sintiéndose él mismo sofocado. Por más intentos que hacía por
alejar la imagen de sus pensamientos esta parecía no querer irse, y lo peor no
era eso, sino sentir que su corazón latía a la par de su miembro endurecido.
«Maldición» masculló cuando escuchó que el agua se detenía. Changmin
estaba a punto de salir y él tenía un problema entre sus piernas.
—Jaejoong. —Un repentino calor subió a su rostro ante el
llamado. Por un momento había creído que el moreno era psíquico y había
descubierto su predicamento, pero no, pues aquel continuaba aún dentro del
baño. ¿Que querría?
—¿Sí? —respondió temeroso, decidiendo que era mejor que
supiera que él seguía en la habitación. No fuera a salir desnudo creyéndose a
solas…
—Olvidé la toalla. ¿Podrías traerme una, por favor? —pidió
al modelo, que se sintió repentinamente aliviado por el sencillo favor.
—Sí, sólo dime dónde están. —cedió levantándose de la cama.
—Abre el closet de la puerta de espejo, las verás
inmediatamente.
—Ok, ya las vi.
La tomó, y sin asomarse al baño fue que tendió la toalla al
interior del mismo, pero no pudo evitar respingar cuando la piel del otro rozó
contra la suya. La mano de Changmin se había deslizado hasta tomarlo por la
muñeca.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó nervioso.
—¿Qué estás haciendo tú? —Y acto seguido, el modelo se vio siendo
jalado hacia el interior del baño.
Arrinconado contra los azulejos del baño, las manos de
Jaejoong se vieron sujetadas con firmeza sobre su cabeza. La toalla había
quedado olvidada en el suelo, siendo la delgada bata del modelo lo único que
separaba su piel pálida de la morena. El rubor cubrió su rostro cuando encontró
el del actor casi sobre el suyo, el aliento chocando contra el propio.
Su piel quemaba ante la cercanía de aquel cuerpo, el calor
que el mismo despedía siendo sólo amplificado por la sensación del vapor de
agua flotando entre ambos, haciéndoles sudar notablemente. Se negaba
rotundamente a bajar la vista, a dejarse deleitar por la desnudez de la figura
del actor. Tenía miedo de moverse, miedo de que su piel tocara la del otro, y
su corazón latía a toda prisa, presa del pánico que sus propias reacciones le
producían.
«¿Por qué Changmin me despierta estas sensaciones?» se
preguntó intentando apartar la mirada de la ajena, profunda. Aquella que
parecía susurrarle un “Te deseo”.
Los oscuros ojos se cerraron en un vano intento por
desterrar al moreno de sus pensamientos, pero se abrieron de golpe cuando
sintió la suave caricia recaer sobre sus labios. Fue como un certero relámpago
que logró replegar sus manos contra la pared en cuanto las delgadas manos del
actor le sujetaron por la cintura, acercándolo a su cuerpo húmedo. Quería
gritar, pero abrir la boca sirvió sólo para cederle el paso a la lengua de
Changmin, para que entrara a recorrerle, jugando y tentándolo como en tantas
otras ocasiones hiciera.
No supo en qué momento las hábiles manos del actor soltaron
la cinta de la bata, abriéndola y dejando al descubierto la cremosa piel blanca
del pelinegro. El placer pronto comenzó a llegar en forma de enormes marejadas,
cubriendo con ellas el miedo y la terrible sensación de que todo estaba mal,
muy mal. Los brazos dejaron de responderle, dejando de sujetar la pared para
elevarse en dirección a los hombros del más alto y rodear su cuello,
respondiendo al beso en un repentino arranque pasional.
Las palabras que su mente gritara se encontraron siendo
remplazadas por los gemidos que involuntarios, se atoraban en sus sentidos ante
los besos y caricias proporcionadas a su cuerpo sensible.
Los labios de Changmin abandonaron su boca para desviarse en
un camino de besos por el níveo cuello, arrancando a su paso pequeños jadeos
placenteros. El sensual contacto se abrió paso a su pecho, para seguir con su
vientre y llegar a su miembro endurecido. El grito ahogado y ronco escapó de su
garganta una vez sintió la cálida boca atraparle entre sus labios. «¿Por qué?» protestó
delirante en su fuero interno, sujetando la cabeza del chico que continuaba
dándole el placer que había sido incapaz de conocer en toda su experiencia con
el género femenino.
—¿Por qué? —ahogó entre gemidos—. ¿Por qué?… —repitió casi
de inmediato.
—¿Por qué, qué? —cuestionó el actor.
Y Jaejoong pudo escuchar claramente la pregunta, pero su
mirada nebulosa sólo podía ver a Changmin y la grata estimulación que el mismo
se encargaba de proporcionar a su necesitada intimidad. Sólo la desilusión
entorpeció su goce cuando notó al chico interrumpir su trabajo para levantarse.
[…]
—Jaejoong, el baño está libre por si quieres bañarte.
—¿Eh? —Un balbuceo, y el modelo logró entreabrir los ojos para
distinguir a Changmin justo frente a él… totalmente vestido, tan sólo secando
su cabello con una toalla.
Se incorporó precipitadamente sobre la cama e intentó cubrir
su cuerpo con la bata de baño que aún llevaba puesta. Se sintió enrojecer, con
la vista baja incapaz de regresarle la mirada al actor.
—Que si quieres darte un baño, está libre. Te buscaré algo
de ropa para que puedas cambiarte. Aunque si quieres pasearte en toalla o
desnudo, no te detendré. —aseguró, logrando que Jaejoong levantara la mirada y
frunciera el ceño de forma automática.
—¡Idiota! —renegó levantándose a la carrera, sólo para
arrojarle la almohada a la cabeza y entrar al baño a toda prisa, no sin cerrar
con llave la puerta—. ¿Dónde están las toallas? —cuestionó desde el interior.
—Ahí dentro hay un vestidor, no te será difícil
encontrarlas.
El pelinegro se sintió enrojecer por completo. Había tenido
un sueño húmedo con Changmin en su propia casa, y en su propia cama. El baño ni
siquiera era como en su sueño, y las toallas no estaban en algún closet detrás
de los espejos en la habitación. Era un verdadero estúpido por haber soñado semejante
tontería. Y sin embargo… su miembro sí se encontraba endurecido por la
fantasía. Era toda una suerte que la bata de toalla le hubiese cubierto, porque
no quería ni imaginarse lo que el engreído actor le hubiera podido hacer de
haberse llegado a percatar de su estado.
Abrió el agua fría y, arrancando la bata de su cuerpo, se
metió de lleno al chorro helado…
—¡Idiota! ¡Mil veces idiota! —masculló entre dientes
golpeando su cabeza contra el muro de azulejos, dejando que la baja temperatura
del agua se encargara de quitar la sensibilidad a su cuerpo.
–.—.—.—.—.—.–
Envuelto de nuevo en la misma bata, Jaejoong abrió la puerta
del baño. No quería toparse con Changmin, pero se sorprendió al no encontrarlo
en la recamara. Por un momento había pensado que lo vería sentado en la cama
esperando a que saliera. Sin embargo, le había dejado algunas prendas, que él
se apresuró a tomar para vestirse y salir de ahí lo más pronto posible. Sentía
que en cualquier momento el actor podría atacarle… aunque si Mei estaba en el
piso, eso era poco probable.
Vio un par de pantalones, una camisa y una camiseta, las
tres prendas de color negro. ¿Sabría Changmin que ese era su color favorito? No,
eso lo dudaba. Además había ropa interior y unos calcetines. Al parecer había
pensado en todo.
Se colocó el pantalón presuroso, sorprendiéndose al ver que
éste le ajustaba perfectamente. Quizá le quedaban sólo un poco largos, pero eso
era lo de menos, con los zapatos puestos, los pantalones quedarían perfectos.
Vio entonces la playera doblada y la camisa, pensando que quizá Changmin había
sacado ambas prendas para que él decidiera cuál usar. No le agradaba mucho
estar vestido formal, y ya que no estaba en la escuela, decidió optar por la
playera. Pero el color inundó sus mejillas apenas la desdobló, encontrándose
con una calca de letras blancas adornando justo el centro de la misma. Aquello
tenía que ser una maldita broma de ese idiota. ¿Acaso pretendía que anduviera
por todo su departamento luciendo una playera que tuviera un “I Love Changmin”
estampado?
Tomó la camisa, dejando la playera abandonada en su lugar. No
iba a enfurecerse por una broma tonta como esa… No, no iba a caer en
provocaciones.
Comenzó a secarse el cabello sacudiendo un poco la toalla
sobre su cabeza, perdiéndose entre ideas dispersas sobre el por qué es que no
había visto un solo cepillo en esa habitación cuando unas voces le hicieron
levantarse a la carrera de la cama. No parecía ser la voz de Changmin, sino más
bien la de una adolescente que gritaba a todo pulmón. Nervioso, escuchó cómo la
chica saludaba al moreno con respeto, dirigiéndose más tarde al ama de llaves
para llamarla ‘mamá’.
«Por lo visto la familia entera de Mei vive por aquí cerca» se
dijo al abrir la puerta de la habitación y avanzar en la dirección en que
escuchaba aquello.
Vio a Changmin sentado en la barra desayunadora comiendo
algo, y a Mei al parecer platicando alegremente con una adolescente de cabellos
largos y oscuros. Cuando llegó hasta ahí, la chica se dio la vuelta, notando
entonces los enormes ojos castaños ataviados de largas pestañas, idénticos a
los de su madre.
—¡Buenos días! —saludó alegremente, observando al pelinegro
detenerse justo detrás del actor—. Zhoumi dijo que llegaste anoche con el señor
Shim, pero no me comentó que eras el de los catálogos que guarda bajo su
almohada.
—¡Ping Ya! —retó Mei alarmada, a lo que la chica se sonrojó
y bajó la mirada avergonzada—. No, joven Shim —se apresuró al notar la penetrante
mirada del muchacho sobre la adolescente—. Le aseguro que Ping no trasculca sus
cosas, es sólo que ella me ayuda a sacudir, arreglar el departamento y a tender
la cama, y a veces usted ha dejado los catálogos fuera y ella los ha visto. Sólo
se limita a acomodarlos.
Jaejoong primero miró a la chica que permanecía atemorizada
detrás de su madre, y luego al castaño que sólo le observaba de reojo sin dejar
de comer.
—¿A qué catálogos se refiere? —preguntó sin comprender del
todo lo que había escuchado.
—A los de Nak Classic. —respondió Ping Ya asomando la cabeza
sobre el hombro de Mei, y volviéndola a esconder en cuanto notó a Changmin
clavar la mirada sobre ella.
—¿Te llegan esos catálogos? —cuestionó nuevamente, pero el
otro simplemente le ignoró bebiendo de golpe el contenido de su vaso.
—Sí le llegan, incluso los de Armani y Yves St Lauren. —habló
la chica, recibiendo por tercera vez la mirada fulminante de Changmin.
—¡Ping, vete a casa ahora mismo! —retó Mei a su hija,
sorprendiendo a Jaejoong por el tono autoritario. Quizá sí era un ogro después
de todo, se dijo mostrando una sonrisa cautelosa.
—Pero ma, yo quiero saber más del joven… —intentaba
convencerla, pero su madre simplemente se giró para tomarla del brazo y sacarla
de la cocina.
—¡Deja de incomodar al joven Shim con tus cosas, niña! Vete
a casa, en un rato paso por ti para ir al mercado. —rezongó la mujer
arrastrando a su hija hasta la puerta del departamento. Jaejoong vio a la
adolescente resistiéndose, y recordó sin querer las ocasiones en que haciendo
alguna travesura en la escuela el profesor terminaba sacándolo de la oreja para
llevarlo ante el director.
—Yo no lo estoy incomodando. ¿Verdad que no, joven Shim? —buscó
el apoyo del chico, deteniéndose en el marco de la puerta, pero éste ni
siquiera la volteó a ver, aún sentado frente a la barra de la cocina.
—¡Vete a casa! —gritó Mei empujando a su hija al pasillo.
—¡Mam! —se escuchó la voz desilusionada ya fuera del
departamento. Por lo visto, había perdido la batalla.
—Disculpen a mi hija —pidió apenada la mujer, entrando de
nuevo a la cocina—. A veces es un poco entrometida. —Jaejoong soltó la
carcajada, haciéndola sonreír a ella también. Toda la escena le parecía sacada
de alguno de esos dramas de comedia que solían pasar por las cadenas de SBS o
MBC y no había podido evitar el reírse.
—Así son los chicos —comentó entre risas—. No tiene de qué
preocuparse. ¿Cierto, Changmin? —Pero este de nuevo no dijo nada.
—¿Se quedarán a comer? —cuestionó el ama de llaves, Changmin
volteó a verla y asintió sin más—. En ese caso preparé algo muy rico. ¿Te gusta
el pay, Jaejoong?
—¿Pay? ¡Me encanta! —afirmó con una amplia sonrisa—. Soy un
adicto a los pasteles y todo tipo de calorías que proporciona el azúcar
saturada —confesó entre risas, ante lo que moreno arqueó una ceja girándose
para verlo. Jaejoong le miró sin comprender—. ¿Qué? ¿No crees que coma ese tipo
de cosas? Pues para que lo sepas, sí las como y me gustan mucho. Debo agradecer
que mi metabolismo no me permite engordar y así no me veo obligado a seguir una
dieta o a hacer ejercicio.
—Felicidades. Únete al club. —murmuró regresando a su
posición para darle la espalda.
—¡Fantástico! Preparé un delicioso pay de queso para el
postre. Regresaré más tarde. —avisó sacando una red y su monedero, y logrando
que el pelinegro la mirara de pronto atemorizado.
—¿Se va? —inquirió sin creerlo, observándola dirigirse en
dirección a la misma puerta por la que hubiera sacado a su hija.
—Sí, iré con Ping al mercado y pasaré por la lavandería, sólo
para ver si ya está limpio tu traje, Jaejoong. —explicó sin detenerse, con el
mencionado siguiéndola de cerca.
—¡No me deje solo! —rogó alcanzándola en la puerta, aunque
ella sólo rió un poco—. Estoy en peligro aquí con él. —ahogó a susurros
señalándole el interior del departamento, sólo haciéndola sonreír.
—El joven Min no es malo. —aseguró acariciando la blanca
mejilla del chico que se había tornado algo sonrosada, saliendo después hasta
el pasillo donde Ping le esperaba.
—No, no es malo… ¡Es odioso, increíblemente egocéntrico y un
verdadero patán! Pero lejos de eso, no es malo —replicó cargado de sarcasmo,
arrancando las risas de la menor—. ¿Por lo menos podría intentar traerme mi
cartera? —pidió suplicante, logrando que Mei sonriera y Ping riera aún más.
—Se llevan bien, ¿verdad mam? —rió la chica al entrar al
cubo del elevador y dejando a Jaejoong con la boca abierta sin poder rebatir lo
que la adolescente afirmaba.
—Sí cariño, se llevan muy bien. —afirmó ella levantando la
mano y despidiéndose del pelinegro.
—¡Mentira! —gritó, pero el elevador ya había cerrado sus
puertas.
Giró entonces, observando la puerta del departamento de
Changmin. No. No se animaba a entrar de nuevo. Estarían los dos solos y no quería
enfrentarse a él. Estando Mei en el piso se sentía seguro, pero sin ella
dentro… se sentía en peligro.
—No pienso entrar —se dijo acomodándose en el suelo,
recargado contra la puerta—. No voy a ponerme en peligro con ese idiota ahí
dentro. Me quedaré aquí mismo hasta que regrese Mei con mi cartera.
El problema fue la puerta abriéndose, llevándolo directo
cabeza al suelo. Abrió los ojos mientras levantaba su mano para sobarse el
golpe. Frente a él, Changmin lo observaba con aquella extraña y breve sonrisa
torcida. ¿Acaso se estaba burlando de él?
—¿Por qué en lugar de estar descansando en el suelo, no
entras y te sientas en un lugar más cómodo? —entonó sin dejar de verle.
Jaejoong frunció el ceño con molestia. Sí, se estaba burlando de él.
—Prefiero quedarme aquí, que estar a solas contigo ahí
dentro. —indicó levantándose y acomodando la espalda contra la pared. Changmin
se recargó contra el marco y cruzó los brazos.
—No sabía que me tuvieras tanto miedo. —Jaejoong volvió a
verle con ira. ¿Cómo se atrevía a llamarle miedoso después de la forma en la
que se venía comportando?
—No te tengo miedo —afirmó levantándose para verle de frente—.
Sólo es precaución.
—Aquí, en China y el resto del mundo se llama miedo.
Jaejoong frunció más el entrecejo, con el rubor del enojo
cubriéndole completamente el rostro. Pero en algo tenía razón: Sí, tenía miedo…
Pero miedo a su propia reacción, y eso no se lo daría a conocer. ¡Nunca! Así
que entró al departamento pasándole por un costado sin decir una palabra, y
esperando que con esa acción el actor entendiera que no le temía.
Changmin cerró la puerta y entró siguiéndole el paso.
Jaejoong se detuvo a un costado de la amplia sala forrada en piel, mientras el
moreno llegaba hasta la repisa frente a él y tomaba el control remoto para
lanzárselo.
—Entretente con algo mientras hago una llamada. —le indicó
tras verle atrapar el aparato, tomando entonces el teléfono inalámbrico.
Jaejoong parpadeó desconcertado. No cabía duda que esperaba
muchas cosas de Changmin, pero no que se comportara de forma civilizada sin que
estuviera Mei en el departamento. Sin embargo, aún no se sentía tranquilo. Su
hiperactiva imaginación le jugaba malas pasadas constantemente y esta no era la
excepción. Mientras encendía la televisión de 52" y comenzaba a pasar los
canales, su mirada se mantuvo de reojo, fija en el actor.
Este comenzó a marcar un número de memoria, cuando algo en
el televisor les llamó la atención a ambos.
Jaejoong subió al volumen cuando vio la inconfundible figura
de Fukutaro en la pantalla hablando con una reportera. Sobre su rostro se veía
un moretón y se notaba bastante enojado. Por lo que podía apreciar, estaba en
el lobby del Hotel donde se había llevado la premiación la noche anterior.
—¿Y quién le golpeó, señor? —preguntó la reportera. Fukutaro
frunció el ceño.
—Esto —señaló el moretón—, se lo debo a Shim Changmin. El
muy desgraciado me golpeó por coquetearle a su novio.
—¿Novio? —cuestionó la reportera con sumo interés—. ¿Nos está
queriendo decir que el famoso actor Shim Changmin es gay?
—¡Claro que es gay! Y anoche se fue muy bien acompañado de
esta fiesta —Fukutaro limpiaba con un pañuelo la sangre que aún salía de su
labio reventado—. Y no, no pregunte quién era, señorita, usted, yo y mucha
gente lo conoce. Es un modelo bastante famoso, averiguar su nombre es su
trabajo. Si yo me pusiera a decirles de quién se trata, ese nazi que Changmin
tiene por representante es capaz de acusarme de difamación aunque todos sepamos
que es verdad.
—¿Y tiene algo más que decirnos? —indagó la chica al ver que
el hombre había callado.
—Sí —afirmó directo a la cámara—. Esto es para ti, Shim: No
me quedaré de brazos cruzados por lo que me hiciste. Puede que me hayas quitado
a mi chico, pero voy a recuperarlo. Y espera la visita de mi abogado.
Jaejoong se llevó el puño a la boca. Mencionaban a cada uno
de los modelos que se habían presentado en los premios, y entre ellos figuraba él.
Sin embargo, una breve nota presentada por la reportera Im Yoona, al parecer lo
quitaba de la lista de posibilidades, pues aparecía (al parecer impulsada por
la declaración del pelinegro) afirmando que Changmin le hacía la vida imposible
en el instituto. Aun así, Yoona cuestionaba con cierta perspicacia, si dicho
comentario no sería sólo “una forma de cubrir su relación”, pues al perecer la
respuesta que el actor había dado a toda la prensa sobre su supuesto romance
con Taeyeon dejaba al descubierto lo que ya sospechaba: Changmin no tenía
novia.
«Maldición, ¿en qué diablos me metí?» Jaejoong seguía con
preocupación los comentarios de los reporteros.
—No te relacionarán conmigo —la voz de Changmin le hizo
girar para verlo. Él también veía la nota—. Ese comentario tuyo te sacará de su
lista de candidatos por un tiempo.
—Yo no quiero estar fuera por un tiempo, ¡quiero estar
definitivamente fuera! —aseveró volviendo a ver la nota.
—Eso será imposible —el comentario le hizo voltear de nuevo—.
No puedes negar nuestra relación por siempre. Tarde o temprano la van a
descubrir.
—¿Qué? —Jaejoong se levantó de su asiento alterado—.
¡Nosotros no tenemos ninguna relación, entre nosotros no hay nada! ¡Ni siquiera
amistad! —Pero Changmin tan sólo enarcó una
ceja sin inmutarse por ello.
—Eso no fue lo que dijiste anoche…
—¡Anoche fue anoche y hoy es hoy!
El sonido del teléfono les distrajo, Changmin tenía el
aparato en la mano. Al parecer la nota le había llamado tanto la atención que había
olvidado la llamada que hubiera dicho haría. Se dio prisa en contestar
alejándose un poco del sillón y del modelo, pero la mirada de Jaejoong le
siguió de cerca.
—Sí, acabo de verlo en las noticias —respondió en tono
neutro, notando que el pelinegro no parecía perder detalle de su conversación—.
No, los diarios no los he comprado. Pero no me importa lo que digan… Sí, lo sé
y no me importa. Te dije que le avisaras a Taeyeon que desmentiría cualquier
cosa que hubiera dicho, ella no puede seguirse colgando de mí para sobresalir. —Jaejoong
no entendía con quién hablaba, pero se sorprendió de escuchar aquello. ¿Sería
por eso que la había tratado de forma tan fría en los premios de la noche
anterior? Que crueldad de su parte si fue así. La chica se notaba que le quería
mucho. ¿Sabría ella de la inclinación sexual del actor?
Dejó de prestar atención a Changmin y su conversación,
vagando su vista por la sala. Además de la TV de 52", el actor tenía todo
un sistema Home Theater instalado. A un costado, el centro de entretenimiento
se encontraba lleno de libros, películas y algunos premios que seguro el chico
había ganado a lo largo de su vida. Se paró para poder verlos mejor. No cabía
duda que el trabajo de Changmin era impresionante. Miró algunas de las
fotografías colgadas, en las que el actor aparecía acompañado de diversas
celebridades que iban desde famosos directores, hasta actores de renombre y
estrellas musicales. Era sorprendente que Changmin conociera a tanta gente
famosa.
Pero hubo una foto en especial que llamó su atención. Esta se
encontraba en un pequeño marco dorado sobre el estante principal del centro. La
tomó entre sus manos para ver de quien se trataba. No le fue difícil reconocer
al niño que estaba acompañado de una mujer joven de largos cabellos castaños.
Era Changmin cuando niño, siendo abrazado por una mujer de ojos semejantes a
los del actor, en el mismo color. ¿Acaso sería su madre?
La foto fue arrebatada de sus manos y vuelta a poner en su
lugar. Giró entonces dispuesto a reclamar por la acción, pero la dura mirada
observándole, cargada de rencor, le detuvo. No supo por qué, pero aquello le
hizo estremecer. Era como si le amenazara. No creyó estar entrometiéndose tanto
al sólo tomar una fotografía.
—Lo lamento, no sabía que no debía tocar tus cosas. —masculló
sintiéndose dolido ante aquella extraña actitud, pero Changmin le dio la
espalda para tomar de nuevo el teléfono. Al parecer, había interrumpido su
conversación por él.
—No pienso salir el día de hoy —escuchó que decía—. No, Rain,
no voy a ir a verte —los ojos de Jaejoong se abrieron de golpe al escuchar el
nombre de su representante. Por lo visto, le llamaba por lo de la noche
anterior. Quizá la demanda de Fukutaro ya había llegado. ¿Hasta cuándo Changmin
se comportaría de forma civilizada y dejaría de meterse en líos judiciales?
Quizás nunca—. Dile a Bong Joonho que estoy tomando un año sabático. No quiero
actuar, simplemente no quiero hacerlo. Ni 30 o 35 mil millones de won van a
convencerme.
—¡Woah! —ahogó el pelinegro con sorpresa captando la
atención del chico—. ¡Estás rechazando 35 MIL MILLONES DE WON! —Changmin
asintió—. ¡Estás loco!
—Guarda silencio —atajó cubriendo el teléfono, volviendo a
tomar después la llamada—. No, Rain, tampoco quiero trabajar con Jeewoon… No,
no he leído el guion. Este año no voy a hacer películas, estoy estudiando, ¿no
puedes entender eso? Está bien, está bien, voy a tu oficina esta tarde, pero
nada de lo que digas me hará cambiar de opinión.
Changmin cortó la llamada, y Jaejoong aprovechó para
acercarse. Ojalá a él le pagaran tanto dinero por hacer un simple comercial,
así su familia no estaría pasando por tantos problemas. Quizá con 35 mil millones Hyunjoong podría dejarlo en
paz. ¿Y Changmin los despreciaba como si fueran sólo migajas de pan?
—¿Qué tontería es esa de que estás tomando un año sabático? —inquirió
sin comprender, parándose frente a él—. ¿No sabes cuánta gente mataría por
estar en tu lugar? ¿Bong Joonho, el director
de Memories of Murder y The Host? ¿Kim Jeewoon, director de I Saw the
Devil y The Good, the Bad, the Weird? Son
grandes directores, ¿y tú los desprecias? —el moreno volvió a enarcar una ceja
para observarlo—. Hay muchísimos actores a los que les gustaría ser contratados
por esa millonada. ¿Por qué tú no?
—¿Qué sabes de cine, Jaejoong? —cuestionó sin cambiar de
posición—. ¿Qué sabes de películas taquilleras o de culto? ¿Qué sabes? ¿Crees
que por estudiar actuación sabrás identificar un buen guion? —Jaejoong parpadeó.
Era cierto, quizá sabía de teatro y nada de cine, pero haber escuchado lo que
le ofrecían a Changmin por actuar le había orillado a reclamarle por
rechazarlo. Suspiró. No tenía por qué actuar de esa forma y sin embargo… lo
hacía.
—No sé nada de cine, lo reconozco y lo siento. No debí
decirte nada —reconoció bajando la vista, pero la alzó a toda prisa apenas sintió
el tibio roce de la mano del actor sobre su mejilla, alejándose de él—. ¡Hey!
—Me gusta que te preocupes por mí. —confesó dando un paso
para acercarse, mismo que Jaejoong dio para retroceder.
—No me estoy preocupando por ti, es sólo… Sólo…, que era
mucho dinero para despreciarlo de esa forma —se justificó a la carrera,
llegando hasta el respaldo del sillón. Ya no podía retroceder más. Con Changmin
frente a él y nadie más en todo el piso, su corazón comenzó a latir presuroso
al tiempo que sentía sus piernas temblar—. ¡No te acerques! —reclamó alzando la
manos, pero el moreno le sujetó por las muñecas empujándolo y logrando que
ambos cayeran sobre el sillón.
—Vamos a aclarar ahora mismo eso de que no somos nada…
La mirada de Jaejoong centelló al ver la del otro tan cerca suyo,
estaba a punto de decirle que no bromeaba, que entre ellos dos no había
absolutamente nada, cuando unos labios sobre los suyos se lo impidieron. Y se
vio asaltado de nuevo por uno de aquellos besos voraces del actor, por esa boca
que se empeñaba en adueñarse de la suya cada que le daba en gana, cada vez que
besaba a alguien que no era él, cada vez… cada vez…
Eran las manos de Changmin buscando recorrer su cuerpo, y la
deliciosa fricción de sus labios lo que le robaba la razón y la voluntad para resistirse.
No podía permitir que su cuerpo reaccionara, que su razón se nublara con las
sensaciones que el chico lograba despertarle. ¡Era un hombre! Y no cualquier
hombre, era un actor famoso, al cual la prensa solía seguir. Era su compañero
de escuela y de equipo en el taller de teatro. Y ni siquiera podían
considerarse amigos.
Ni siquiera eran amigos…
Impulsado por ese pensamiento, sacó fuerzas de donde pudo y
logró levantar tanto piernas como brazos. El estrecho del sillón donde hubieran
caído sólo había facilitado su tarea de lograr empujar al más alto directo al
suelo.
Se levantó con el corazón en la boca y la respiración
acelerada. Tenía que huir, de Changmin y de sus propias emociones. Sabía de
antemano que las manos del chico sobre él podían despertar sensaciones a las
que no lograría oponer resistencia por demasiado tiempo. Changmin tenía una
extraña manera de hacerle reaccionar.
Lo primero que localizó a su alcance, fue la habitación del
actor, a la cual entró corriendo para trabar la puerta y recargarse sobre la
misma, tratando de franquear con su propio cuerpo la única entrada.
—No debo dejar que me toque, no debo. —se dijo en voz baja,
dejando descansar la cabeza entre sus manos para que su respiración se
normalizara.
—Jaejoong, abre la puerta. —la voz ronca de Changmin le hizo
levantar la mirada. El picaporte de la puerta había comenzado a moverse, consiguiendo
que su corazón volviera a alocarse dentro de su pecho.
—¡No, no voy a salir de aquí hasta que llegue Mei y pueda
irme! No voy a correr riesgos contigo. —refutó denotando el temor en su tono.
No quería que Changmin notara cómo se sentía, pero no había podido controlarlo.
Ahora menos que nunca iba a quedarse a solas con ese egocéntrico actor.
—¡Deja de ser tan infantil! —se quejó del otro lado de la
puerta, siendo por completo ignorado. Podía decir misa si quería, pero no iba a
abrirle.
—Tú deja de comportarte como un salvaje, Témpano de Hielo Shim.
—Sin embargo, no podía controlar todo lo que salía de su boca.
—¿Qué, ya no soy ‘Cubito’? —¿Por qué esas palabras le había
hecho sonrojar? Muy dentro de sí, sabía que ese apelativo lo había dicho él.
Fue entonces que una breve imagen suya repitiendo aquella palabra una y otra
vez, volvió a su memoria.
—¿Qué? —balbuceó sin entender, su cabeza comenzando a doler
de nuevo. Aunque esta vez no fuera por la resaca, sino por el esfuerzo que
representaba el intentar recordar lo que había pasado la noche anterior.
—Así me decías anoche. Me decías Cubito, porque era una
forma cariñosa de decirme Témpano de Hielo. —¡Eso no era cierto! No podía haber
dicho tal tontería. No obstante, el sólo hecho de que Changmin lo dijera le
hacía sonrojar.
—¡Mentira! —replicó sintiendo su corazón palpitar con
fuerza, el calor recorriendo su rostro y tintándolo completamente.
—No, no es ninguna mentira, como tampoco lo es el que me dijeras
que te gustaban mis besos… —Un golpe más fuerte a su pecho.
—¡Eso también es mentira, si acaso lo dije fue producto de
la borrachera! —insistió buscando justificarse, más consigo mismo que con Changmin.
Sabía que estando bajo los efectos del alcohol uno podía terminar viendo a su
peor enemigo como si fuese su mejor amigo. «¡Sí, seguramente eso pasó!» comenzó
a repetirse mentalmente, pues sólo así justificaba haber dicho semejante
estupidez.
—No es mentira, Jaejoong. ¿Y qué? ¿Acaso no dicen que los niños
y los borrachos siempre dicen la verdad? —¡Bingo! Palabras más sabias no pudo
haber encontrado ese engreído. Pero sencillamente se negaba a aceptar que
tuviera razón.
—¡Eso es una rotunda mentira! —clamó con enfado—. ¡Se nota
que quien dijo eso jamás fue un niño normal! O no se pegó una borrachera como
la que me puse anoche. —Ya no encontraba qué más decir, ni sabía cómo
contestarle. ¿Por qué si antes había querido saber sobre lo sucedido la noche
anterior, ahora que Changmin hablaba ya no quería escucharle? «Que ya no hable»
rogó para sí mismo sintiéndose mal.
—No te mientas a ti mismo, Jaejoong. Sabes que dijiste la
verdad por primera vez —Aquellas palabras le hicieron levantar la mirada,
fijándola en la nada—. Pero esta vez no hay nada que me impida llevarte a donde
quiero… —«¿A donde quiere?» Aquello le hizo saltar el corazón. Giró, abriendo
la puerta para señalarlo con una sonrisa en los labios.
—¡Lo sabía, lo sabía! Anoche no pasó nada entre nosotros —afirmó
triunfal—. Anoche algo te impidió hacerme algo.
Mas sin haberlo contemplado, el pelinegro se vio empujado
por los hombros al interior de la recámara, movido por una fuerza que se vio
imposibilitado de detener. Cayó sobre la cama, y pronto el cuerpo de Changmin
lo hundió contra el colchón, con sus manos inmovilizando firmemente a las
contrarias.
«Mierda, he sido un idiota» se recriminó apretando los
dientes, mientras intentaba soltarse del agarre que le apresaba cual si fuese
de acero. Los labios del actor recorrían con odiosa sensualidad la piel de su
mejilla, y él se obligaba a no reaccionar ante aquello. Se había sentido tan
jubiloso de leer entre líneas que no había pasado nada entre ellos, que no
contó con que Changmin pudiera arrastrarlo hasta el cuarto y cumplir con lo que
no había hecho la noche anterior.
—Es cierto —admitió al oído del modelo, separando los labios
de la sonrojada mejilla—. Anoche me arrancaste la promesa de no aprovecharme de
tu condición, y aunque me costó mucho, tuve que cumplir —Jaejoong lo miró
sorprendido. No recordaba haber pedido eso, pero agradecía haber conservado la
suficiente lucidez para hacerlo—. Tenerte desnudo, pegado a mi cuerpo, era una
maldita tentación en la que no podía permitirme caer, porque tengo palabra.
Pero ahora que estás en tus cinco sentidos, ya no existe promesa que me
detenga…
—Changmin…
Pero cualquier cosa que el pelinegro pudiera decir fue callada
por los labios del actor, y pronto se sintió perdido, transportado a un
placentero sueño dado que, diferente de antes, esta vez sus besos fueron
diferentes. No había violencia o salvajismo, sino una apabullante carga de
pasión y sensualidad que le obligaban a cerrar los ojos y estremecerse de forma
involuntaria.
Las manos de Changmin sostenían las suyas con fuerza, pero
eso no impedía que ambos cuerpos se frotaran haciéndole estremecer. La calidez
que aquella alta figura emanaba hacía su pecho cosquillear, abrir los labios de
manera inconsciente y dejarle libre acceso a la húmeda lengua que se coló hasta
saborear su boca. Gimió, cuando las manos del actor le dejaron libre para
deslizarse sobre la tela de su camisa con una sensualidad arrebatadora,
llegando a la pretina del pantalón para desabrochar el cinto sin que siquiera
pudiera notarlo.
¿Cómo podía estar mal, algo que se sentía tan bien?…
Pero estaba mal, definitivamente, todo estaba mal. Estaba
con Shim Changmin, en su casa, en su cuarto, ¡en su cama!… No podía dejarse
arrastrar por una tontería. Su cuerpo reaccionaba a las caricias que aquel
chico prodigaba, temblaba por el placer, como temblaría si de una chica se
tratase. Pero no era una chica, era Changmin, ese actor que desde su entrada a
la escuela le había acosado. ¿Qué incluso no le había dicho que sólo deseaba su
cuerpo?
Y estaba punto de tenerlo…
Empezó a removerse intranquilo tratando de soltarse, pero
era muy difícil quitárselo de encima. Changmin había comenzado a desabrocharle
la camisa, a dejar pasar las manos por sus pezones y a pellizcarlos ligeramente
mientras continuaba besando sus labios. Aquello lanzó una corriente eléctrica
por todo su cuerpo, que arqueó la espalda. Nunca jamás alguna chica había
podido provocar en él tales emociones, tales sensaciones de placer que aquel
chico sabía bien cómo despertarle.
¿Qué importaba que sólo quisiera su cuerpo? Si se la estaba
pasando tan bien…
Sus pensamientos comenzaban a irse, a alejarse de la
realidad, dando paso para que el instinto ganara sobre la razón. Ya no estaba
luchando contra Changmin, al contrario, estaba comenzando a responder…
Éste abrió los ojos cuando sintió la respuesta de Jaejoong
ante sus besos, aunque sólo fuera por breves segundos, pues volvió a cerrarlos
casi al instante para disfrutar de la tibieza de aquella boca; de la humedad de
su lengua al recorrerle con una experiencia erótica que le hizo estremecer de
pies a cabeza.
Comenzaba a dejarse llevar, pero justo cuando los brazos y
piernas de Jaejoong quisieron doblarse como flanes, un fuerte golpe en la
mejilla del actor le hizo caer de costado. Cuando abrió los ojos, el pelinegro
ya intentaba levantarse. El descuido de Changmin durante el beso había
permitido la libertad de los miembros del modelo, que no había desaprovechado
la oportunidad para golpearlo. Total, ahí no habría ni un solo testigo que
pudiera señalarle.
Jaejoong intentó levantarse a la carrera de la cama
acomodando su camisa y pantalón, pero fueron las rápidas manos del menor las
que lo detuvieron por la cintura mandándolo de vuelta al colchón.
—¡Suéltame, Changmin! —tronó al sentir el peso de aquel
cuerpo sobre el suyo, sujetando con rudeza sus muñecas contra las sábanas. Los
castaños ojos centelleaban con furia al contemplarle.
—No, esta vez no —masculló con voz ronca—. Esta vez no voy a
prometerte nada. Esta vez terminaremos todo lo que ha quedado pendiente desde
el primer día que nos vimos. ¿Lo recuerdas, en el gimnasio de la escuela?
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¿Que si lo
recordaba? ¡Claro que lo recordaba! Cómo olvidar el miedo que le había
producido ese encuentro que, si no hubiese sido por Seongong, no sabía hasta donde
hubiese llegado.
Vio entonces a Changmin incorporarse sobre su cuerpo,
sentándose sobre sus caderas y apretando sus brazos con las piernas. Se sacó la
playera de un solo movimiento, dejando su torso desnudo. La oscura mirada
siguió con detenimiento cada movimiento, cada inclinación de aquellos brazos
bien trabajados sobre sí para terminar de abrirle la camisa.
—¿Qué pretendes? —preguntó al sentir el roce de aquellos
dedos sobre su pecho desnudo, al compás de una calidez embriagante que le
recorría el cuerpo de arriba abajo. Por más que intentaba moverse, el moreno se
lo impedía apretando más las piernas sobre él.
—Sé mi amante. —le escuchó murmurar, sintiendo cómo una mano
ajena se introducía bajo su pantalón, tomando con delicadeza su miembro ya endurecido.
—¡Jamás! —jadeó con la piel ardiendo y la mano del actor
moviéndose rítmicamente sobre su hombría. Notar la dureza de la entrepierna de
Changmin chocando contra su propio cuerpo, lanzaba nuevas corrientes eléctricas
con cada roce—. ¡Detente! —gritó cuando le sintió aumentar el ritmo con el que
le masturbaba.
—Te gusta esto, Jaejoong. ¿Por qué no lo admites y te
conviertes en mi amante? La oferta que te hice sigue en pie.
—Eres un maldito desgraciado, te detesto por lo que me haces…
—Si me detestaras como dices, tu cuerpo no tendría por qué
responder a mis caricias. Tampoco tendrías por qué reaccionar ante mis besos.
Te gusta esto, pero no quieres admitirlo. Quizá después de que hayamos hecho el
amor puedas aceptarlo.
—¡Jamás digo mentiras!
—¿Entonces por qué dices que me detestas, cuando no es
cierto?
—¡Porque es cierto! Te detesto, te odio. Te odio, Shim
Changmin…
—¿Qué quieres? —inquirió con rudeza, deteniéndose
abruptamente—. ¿Quieres 4 mil millones de won? Te los doy. ¿Quieres trabajar en
una película? Puedo hacer que te den el papel principal con algunos cuantos
directores. ¿Quieres seguir haciendo comerciales y recibir el doble o triple
por ellos? Puedo hacerlo. Sólo dime qué quieres, y buscaré la forma de dártelo…
La negra mirada centelló con furia, tornándose en tonos violáceos
y ocres ante el ceño fruncido y la dureza del actor sobre él. Quería comprarlo.
Quería comprarlo como lo había hecho Fukutaro. Como él mismo le había ofrecido
cuando le amenazó con demandarlo. Y no se iba a dejar. ¡No era un maldito
objeto que se pudiera comprar!
—Lo único que quiero de ti… —comenzó clavando sus ojos en el
otro con fiereza—, ¡ES QUE ME DEJES EN PAZ! ¡Te odio!
Sus palabras fueron calladas por los labios del actor. Su
corazón latía a toda prisa mientras se decía cuánto lo odiaba. Porque lo odiaba,
¿no es así? Sí, tenía que odiarlo, porque él no era gay y sin embargo su cuerpo
reaccionaba, tal como él lo decía. Y cada palabra que salía del menor, golpeaba
como cubetazo de agua fría. No le gustaba que su cuerpo reaccionara con cada
caricia que Changmin le daba, se odiaba a sí mismo por eso. Pero dentro, quizá
muy dentro de sí, se encontraba disfrutándolo… y mucho.
Pero Changmin sólo deseaba su cuerpo, sólo lo quería como un
objeto con el cual poder divertirse para después desechar… y por más que
pudiera disfrutar del encuentro, ¡no era ningún objeto!
Podía sentir su lengua dentro de su boca, probando,
explorando el interior con total confianza, mientras él trataba inútilmente de
detenerlo, de empujar su cuerpo sin lograrlo. No quería dejarse del actor. No
se convertiría sólo en un objeto sexual. Sólo que una mano le mantenía bien
sujeto de la nuca, mientras la otra no paraba de masturbarlo. En cualquier
momento terminaría en sus manos, y esta vez… no había nada que pudiera
detenerlo. ¿Qué pasaría después? ¿Acaso Changmin sería capaz de violarlo? ¿Acaso
no era eso mismo lo que estaba haciendo?
—¡DÉJAME PASAR, MALDITO IDIOTA! ¡Quiero hablar con Changmin
ahora mismo, y no podrás detenerme!
—Lo lamento señora, pero tengo órdenes del joven de no dejar
pasar a nadie. —se escuchó la voz de Zhoumi algo alterada.
—¡Pues yo soy alguien! Y no me iré sin ver a Changmin —sentenció
determinante la mujer—. ¡CHANGMIN, SAL AHORA MISMO DE DONDE ESTÉS, QUIERO
HABLAR CONTIGO! ¡Y dile a tu gorila que me deje en paz!
Jaejoong sintió al aludido levantarse a la carrera entre
maldiciones, abriendo los ojos cuando se percató libre y se dio prisa en
acomodar sus ropas. Vio al más alto colocarse la playera a toda prisa, girándose
para verlo. Él aún se sentía agitado, con la respiración entrecortada, y el muy
estúpido de Changmin se veía tan tranquilo, como si nada hubiese pasado.
—No salgas de la habitación, voy a despedir a ese idiota de Zhoumi…
—masculló de camino hasta la puerta, cerrando detrás suyo.
¿Qué había sido todo eso? ¿Quién era la mujer que había
entrado gritando que quería verlo? Porque quien quiera que hubiera sido, daba
gracias por haber interrumpido. Se recostó sobre la cama un poco, esperando
porque su respiración se normalizara y ese dolor en la parte baja de su estómago
aminorara. No obstante, la curiosidad por saber lo que ocurría en la sala del
actor pudo más.
Se levantó, entreabriendo la puerta apenas un poco para ver
quién había llegado.
Siempre se ha dicho que la curiosidad mató al gato, pero
este gatito no podría quedarse tranquilo…
Sin dificultad, divisó a Changmin en medio de la sala con
los brazos cruzados y el ceño fruncido, observando a una mujer que permanecía
dándole la espalda. Tenía una buena estatura, no muy alta, pero tampoco tan
bajita. Llevaba el cabello castaño largo y bien arreglado. Usaba un traje
sastre de color gris. ¿Quién sería para que pusiera en ese estado al Témpano de
Hielo Shim?
—Ya me cansé de hablar con tus abogados, quiero arreglar
este asunto solamente contigo. —aseveró la mujer. Por lo visto, era una de
tantas con las que Changmin tenía problemas legales. ¿Sería una reportera?
—Tú comenzaste al demandarme. Una demanda amerita un
abogado, ahora no me vengas con que ya no quieres hablar con ellos. —contratacó
fríamente, sin cambiar su postura. Por lo visto, el joven actor ya la conocía.
—Yo no quería demandarte, hijo… —murmuró ella con voz lastimera.
¿HIJO? ¿Esa era la madre de Changmin?
—Yo no soy tu hijo —la voz del menor se volvió gélida—. ¿Qué
no fue eso lo que dijiste hace nueve años? No me vengas ahora con eso de hijo, porque
no te creo. —¡Maldición! ¿Y qué estaba haciendo él ahí parado escuchando una
conversación ajena? Pero no podía dejar de hacerlo. ¿Sería esto lo que le había
dicho Mei, que por una sola palabra la madre de Changmin lo había empujado por
el mal camino?
—¡Por dios, Changmin! ¿Aún me guardas rencor? Me he
disculpado contigo miles de veces. ¿Quieres que lo vuelva a hacer? Eres mi hijo,
y ya no quiero seguir con la demanda, siempre y cuando… —el moreno volteó a
verla afilando la mirada.
—Puedes seguir con la demanda, no obtendrás nada con ella.
Yo no hice nada y no tengo nada que perder, en cambio tú…
—¿Que no tienes nada que perder? —cuestionó ella en tono
molesto—. Sabrán la verdad de tu familia si esto va a la corte. Siendo tan
famoso los medios te harán trizas, ¿acaso no te importa?
—A mí no me afecta en nada. Que se enteren… Que sepan que
aquella que pensaron que era mi madre no lo es, que en realidad es mi tía, tan
liberal que se casó con mi padre apenas a los dos meses de muerta su hermana…
—¡CHANGMIN! —ahogó la mujer con asombro.
Jaejoong se cubrió la boca por la sorpresa y cerró presuroso
la puerta, recargándose en ella. La mujer que había criado a Changmin no era su
madre, era su tía. ¡No era posible! Y él que se quejaba de tener una familia
disfuncional, cuando la del actor no se quedaba atrás. ¿Changmin lo habría
descubierto por sí mismo, o se lo habrían dicho? Fuera por el medio que fuera,
debía haber sido una noticia terrible para él. Y por el modo en que le
respondía a la mujer, era notorio que había sido ella quien se lo hubiese dicho
hace nueve años… que no era su madre. Qué cruel.
Volvió a abrir la puerta con cuidado para escuchar.
—La acusación que haces es falsa. Yo no tuve nada qué ver
con el guion de la película, no vas a ganar.
—Quitaré esa demanda si tú te disculpas conmigo —condicionó
ella en tono conciliador—. Así nos evitaremos la pena de comparecer y seguir
viendo a los abogados y al juez.
—No voy a disculparme contigo por algo de lo que no tengo
culpa alguna. Yo no escribí el guion. Demanda al escritor, no a mí. Y si
quieres una disculpa, pídesela a él. —La mujer pareció enfurecerse, porque
apretó los puños. Changmin por otro lado, lucía igual de controlado y frío que
siempre.
—Mi abogado ha visto la cinta muchas veces y al igual que
yo, sabe que hay cosas de nuestra vida que se muestran en esa cinta. ¡Cosas que
sólo tú pudiste decirles! Ahora no me vengas con que no tuviste nada qué ver
con el guion, si incluso para tu padre es claro que les contaste. —Changmin
frunció más el ceño y su mirada pareció querer fulminar a la mujer.
—Sí, hay muchas cosas de nuestra vida como supuesta “familia”
que están retratadas en esa película —afirmó calmo—. Y ese fue el motivo por el
que acepté el papel, pero yo no tuve nada qué ver con el guion. Así que tú, tu
abogado y mi padre pueden irse al diablo con sus opiniones.
—¡Changmin! —volvió a exclamar sorprendida.
—Vete ahora mismo de mi casa —demandó señalándole la puerta
del departamento—. Cualquier cosa que quieras tratar referente a la demanda,
busca a mi abogado, él estará encantado de recibirte.
—Por Dios, Changmin, no le hagas esto a tu padre… —En
silencio, Jaejoong sintió aquello como una especie de chantaje. Al parecer el
sentimentalismo por ella no había servido de nada, pero quizá tratando de
señalar el daño hecho a su padre (a quien no había visto jamás en las revistas)
podría hacerle desistir.
—No menciones a mi padre —Y por lo visto, tampoco nada que
señalara a su padre le iba a funcionar—. De lo único que le estoy agradecido,
es que haya aceptado darle mi custodia a Rain. Ahórrate la pena y márchate
antes de mande buscar a Zhoumi para que te eche.
Jaejoong sintió su corazón partirse al ver cómo la mujer se
daba la vuelta, dándole la espalda a Changmin para comenzar a sollozar. Podía
ver claramente las lágrimas escurriendo por su rostro. No parecían ser lágrimas
de cocodrilo, en realidad… parecían ser muy sinceras. Al parecer, le afectaba
mucho el que el actor le tratara de esa forma.
—Aunque no lo creas, Min, yo te quiero mucho. Eres la viva
imagen de mi hermana. Te lo he dicho otras veces, pero te lo repetiré cuantas
veces sea necesario, hasta que me creas y me entiendas. Lo que escuchaste en
aquella ocasión… fue una discusión con tu padre, y tú bien sabes que estando
enojado se dicen cosas que no se sienten… Yo…
—Ahórrate la saliva… —cortó seco, sin transmitir ninguna
emoción—. No soy tu hijo y no me importa lo que sientas o dejes de sentir por mí.
No te quiero, y jamás te quise…
—¡Changmin! —ahogó la mujer entre lágrimas amargas.
—¡Eso es mentira!
Tanto Changmin como su madre se giraron al oír aquello.
Jaejoong había salido de la habitación, sorprendiendo tanto al actor como a la
mujer.
—Es mentira que no la quieres, Changmin. —afirmó avanzando
hasta ellos.
—Será mejor que no te metas en donde no te llaman. —le
advirtió frunciendo el ceño, pero Jaejoong lo ignoró y caminó hasta el centro
de entretenimiento tomando el pequeño portarretrato dorado que descansaba al
centro del estante.
—No le haga caso, señora —pidió el modelo suavizando la voz,
observando a la mujer que hubiera reconocido de inmediato como la que aparecía
en aquella foto—. Si Changmin no le quisiera aunque fuera un poco, no tendría
su fotografía al centro de este librero. —afirmó, y le mostró el marco de la
misma.
Ella secó sus lágrimas con el dorso de la mano y tomó con
lentitud el portarretrato que el pelinegro le tendía. Al ver la fotografía, una
sonrisa iluminó su rostro, y Changmin tuvo que dar la espalda para no ver la
escena. Jaejoong posó una mano sobre el hombro de la mujer, que alzó el rostro
sonriendo.
—Déjelo solo ahora, debe meditar en lo injusto que ha sido
con usted. A una madre no se le dicen palabras tan duras —pero apenas abrió la
boca, Jaejoong le interrumpió—. Sí, ya escuché que usted no es su madre
biológica —ella asintió bajando la vista, con Changmin observándole de reojo—.
Pero madre es quien cría, no quien engendra. Y usted crió a Changmin por doce
años, así que aunque él no quiera aceptarlo, usted es su madre.
—Cierra la boca, Jaejoong. —siseó él entre dientes. La mujer
sonrió dejando el portarretratos en las manos del pelinegro y las sostuvo entre
las suyas con firmeza.
—Gracias por todo, Joongie. Eres tal cual te recuerdo —Él
lució sorprendido ante la afirmación, mientras Changmin volteaba para verla—. Eres
el orgullo de tu padre. Kim Eungsoo te quiere mucho, y ahora entiendo por qué. Ojalá
Min hubiera podido aceptar el papel para la película que tu padre le hubiera
ofrecido hace unos años. De no ser por la serie infantil, hubiera podido… Quizá
mi Changmin te hubiera conocido antes y hubieses podido ayudarle a superar la
carga de este secreto guardado por años —se lamentó con palabras quebradizas—.
Ojalá puedas hacerle comprender… que lo quiero, y que lo que escuchó sólo fue
producto del enojo contra su padre, nunca contra él…
La dama se dio la vuelta, saliendo por la puerta del
departamento sin ver atrás.
Jaejoong sintió un muy breve recuerdo cruzar su cabeza. Uno
donde veía a su padre hablando con una mujer hermosa, de cabellos y ojos castaños.
Él estaba entretenido a un costado de la oficina de su padre, imitando a los
personajes de su serie infantil favorita y la dama había sonreído al verlo,
besando su mejilla y haciéndolo sonrojar.
—Mi Minnie estaría encantado de jugar contigo —le había
dicho agachándose hasta su altura—. A él también le gusta actuar, y veo que tú
eres un experto. Sigue siendo la luz para toda tu familia.
Ella se había retirado dejándolo con un signo de
interrogación en el rostro, y cuando su papá regresó, había ido hasta él para
preguntarle sobre aquella mujer.
—Es la mamá de un niño a quien admiras mucho. —afirmó con
una enorme sonrisa.
Jaejoong había sonreído de forma luminosa, tocando con su
pequeña mano la mejilla que aún permaneciera sonrosada.
—¡Es la mamá de Changmin! ¡Y me besó, es como si Changmin lo
hubiera hecho! —exclamó con emoción, arrancándole la carcajada a su padre por
las palabras tan inocentes.
Hasta ahora la recordaba, esa mujer había sido la madre de Changmin.
—Vámonos, Jaejoong. —La voz del actor lo sacó de sus
pensamientos.
—¿Eh? ¿Qué? ¿A dónde vamos? —preguntó con curiosidad,
regresando el portarretratos a su lugar para seguirlo hasta la puerta del
departamento. Era mucho mejor salir que quedarse los dos encerrados y provocar
otra escena como la que la madre de Changmin había evitado.
—Vamos a ver a Rain. —avisó poniéndose una gorra y anteojos
oscuros.
–.—.—.—.—.—.–
El elevador paró en el sótano 1. No se había dado cuenta que
el departamento de Changmin estaba en el quinto piso y que el edificio aún
contaba con dos sótanos más. Por lo visto era un edifico muy elegante, porque
además de los 5 pisos de departamentos, había un piso extra exclusivo para el
gimnasio. Sí que el dueño había pensado en todo.
Cuando las puertas se abrieron, pudo ver a Zhoumi encerando
un auto antiguo color negro. No podía imaginarse quién guardaba esos montones
de chatarra. Habían pasado de moda hacía años, ¿aún había quien los conservaba?
«Un momento, si Zhoumi lo está encerando… ¿eso quiere decir
que ese montón de hierros es de Changmin?» Se paró de golpe, justo a tiempo
para ver a Zhoumi darle las llaves del auto al actor. Giró para todos lados y
vió lo mismo. Autos y más autos antiguos, todos extranjeros. ¡Era como
transportarse a una de esas películas viejas de historias americanas! ¿Por qué Changmin
tenía esa chatarra en los cajones de estacionamientos?
—Vamos, Jaejoong. —llamó subiendo al auto recién encerado.
—¿Por qué vamos en esta chatarra? —cuestionó parándose a un
costado de la puerta, al tiempo que Changmin se enderezaba extrañado—. No me
digas que no ganas lo suficiente como para comprarte un auto del año, mira que
acabo de escuchar la oferta que rechazaste, así que no creo que no tengas
dinero.
—Esto no es una chatarra —aclaró calmo—. Es un Ford Roadster
1928, de los cuales sólo quedan 30 en todo el mundo. —Jaejoong parpadeó
cruzándose de brazos.
—Ajá, ¿y luego? ¿No había algo mejor? Digo, porque esto es
una carcacha, capaz y nos deja tirados a media cuadra. Si tiene más de 50 años,
yo dudo mucho que funcione. Hace tiempo debiste mandarlo a la basura y
comprarte uno mejor. —concluyó, ni inmutándose por la mirada que Changmin le
lanzaba.
—Son autos clásicos, Jaejoong. Yo los colecciono —acotó
subiendo al auto y abriéndole desde dentro la puerta al modelo—. Y ten por
seguro que no nos va a dejar tirados. Por eso mismo lo voy a probar.
—Si los coleccionas, ¿eso quiere decir que tienes más? —preguntó
al subir al auto, buscando el cinturón de seguridad sin encontrarlo.
—Sí, tengo un T Reacer 1921, un Buick 1925, Cadillac 1928, A
1930, D Soto 1946 y otros más. Todos funcionando a la perfección y en
excelentes condiciones. —aseguró saliendo del estacionamiento para llegar a la
avenida principal y tomar camino al centro de Busán.
—Tienes un montón de chatarra, no entiendo para qué los
quieres. —murmuró desviando la vista. Comenzaba a ver a la gente por las
calles. ¿Cuántas de esas personas serían capaces de reconocer al actor? El hecho
de usar sólo una gorra y unos anteojos oscuros, no le escondía demasiado. Y
menos con ese auto.
—Los presto o rento para películas de época. ¿Acaso crees
que se construyen carros de utilería o son generados por computadora? —Jaejoong
le observó sin decir nada. No sabía que Changmin hiciera esas cosas. No cabía
duda que a las revistas de chismes les hacía falta muchísima información sobre
el actor—. También tengo algunos prestados a varios museos en Estados Unidos.
—Changmin, nos vienen siguiendo. —avisó al notar la
camioneta negra con vidrios polarizados que no les había perdido desde la
avenida principal. El moreno observó el espejo retrovisor y negó con la cabeza.
—Es Zhoumi. —aseguró.
—¿Por qué te sigue? ¿Qué no es sólo tu chofer? —preguntó sin
entender.
—No, Zhoumi es mi guardaespaldas y es su deber llevarme a
donde quiera ir. Pero como hoy tenía que sacar el auto a probar, él viene
siguiéndonos. Cosas de Rain, yo no necesito un guardaespaldas.
—Changmin, quiero hacerte una pregunta. —El actor apenas le
miró y negó con la cabeza.
—No quiero hablar sobre mi madre y su demanda. Ya escuchaste
demasiado este día y no quiero volver a tocar el tema. —Esta vez fue el turno
de Jaejoong para negar.
—No, no es sobre tu madre, es sobre Cho Kyuhyun. ¿A dónde se
fue después de que se canceló la serie? ¿Lo sabes? —Ante la pregunta, notó los
puños de Changmin apretarse sobre el volante a tal grado de ponerse blancos.
Pero después la presión se dispersó, suspirando.
—Se fue a Alemania, donde se convirtió en corredor de autos.
—respondió seco.
—¿Le has vuelto a ver? —preguntó con curiosidad. No sabía
por qué había surgido esa duda en su cabeza, pero quería saber todo acerca de Kyuhyun
y su amistad con Changmin.
—Sí. —respondió un tanto frío.
Jaejoong lo sintió como un golpe en la boca del estómago,
girándose al frente y decidiéndose por no preguntar nada más. Ya no quería
saber cuándo se habían visto por última vez, o si se mantenían en contacto.
—Nos volvimos a ver hace como 5 años —El modelo volvió a
alzar la vista para verle—. En una ocasión en que viajé a Alemania, pero es
difícil de encontrar. Ha venido aquí un par de veces desde entonces, la última
vez hace 2 años. Desde ahí no lo he vuelto a ver —El pelinegro sonrió al
escucharle, sintiendo dispersar rápida y mágicamente el dolor de su estómago.
Changmin le miró de reojo—. ¿Por qué preguntaste por Kyuhyun? —Jaejoong soltó
la carcajada, sintiéndose de pronto muy contento.
—Deberías aleccionar a tu gente para que no hable de más con
un completo extraño. —dijo entre risas. Changmin suspiró.
—Mei… Supongo que confió en ti para haberte dicho algo de mí.
Nadie de su familia dice nada a desconocidos.
—Dirás que saben que no deben contarles nada de ti a
aquellos que llevas a tu departamento y los sacas en poco tiempo. —Jaejoong
frunció el ceño, recordando las palabras de Mei: “Será por eso que te dejó más
tiempo que a los demás”.
—¿Son celos los que detecto? —le miró de reojo, y Jaejoong sintió
el calor elevarse por todo su rostro al escucharlo. ¿Cómo se atrevía a
cuestionarle si estaba celoso?
—¡Brincos dieras, idiota! A mí no me importa a quién lleves
o dejes de llevar a tu casa o a tu cama. —rezongó cruzándose de brazos con
molestia. Tan bien que venían platicando. ¿Por qué se le había ocurrido la
genial idea de sacar a colación el tema de “los otros”?
Un roce cálido se deslizó por su mejilla, una caricia sutil,
fresca y relajante. Por un momento creyó que era el mismo viento que agitaba
sus cabellos, pero al girar el rostro sólo se encontró con los delgados dedos
de Changmin recorriendo su piel.
—Eso fue antes de conocerte. —aseguró al retirar la caricia.
—No me importa si fue antes o después, ya te dije que no me
interesa nada que tenga que ver contigo. —masculló el pelinegro mientras
admiraba sus propios pies dentro del auto.
—Pero a mí sí me interesa todo lo que tenga que ver contigo —Jaejoong
se giró para verle sorprendido—. Estoy en desventaja. Tú conoces más de mí que
yo de ti.
—¿Y qué quieres saber?
—Sé que eres adoptado, que perteneces a la familia Kim y que
no eres gay…
—Exacto, no soy gay…
—Entonces quiero saber… ¿Quién fue tu primera novia? ¿Cuándo
tuviste tu primer orgasmo? Si te ha besado otro chico que no sea yo, o si has
pensado en chicos mientras te masturbas…
—¡Eres un completo idiota! —bramó cruzándose de brazos y
desviando la mirada a las calles, sintiéndose enrojecer furiosamente por las
descaradas preguntas.
Su compañero mientras tanto le observó de soslayo, con sus
labios curveándose en la mueca de una sutil sonrisa.
–.—.—.—.—.—.–
Changmin abrió la puerta del despacho de Rain dejando pasar
a Jaejoong primero, el cual sintió un malestar invadirle el estómago de
inmediato, enrojeciendo con rapidez. ¿Pues qué se creía ese idiota? ¿Que era una
chica o algo por el estilo? Se había girado directo a reclamarle por aquello
cuando las palabras de alguien más en el lugar le detuvieron.
—No me digas que este es el motivo por el que me hiciste
mover cielo, mar y tierra para confirmar tu asistencia a los Blue Dragon Film
Awards cuando ya habías dicho que no irías, Changmin. —Jaejoong se sonrojó
completamente al escuchar la voz molesta del hombre que apenas la noche
anterior identificara como el representante del actor.
No sabía por qué se sentía tan avergonzado, si él no tenía
nada que ver con lo que el hombre de cabellos oscuros decía. ¿Pero es que acaso
Changmin había ido a los premios sólo por él? Sacudió la cabeza en negativa, sólo
para espantar esos pensamientos. Seguramente había cosas más importantes qué
hacer como para perseguirlo también en una ceremonia de premiación.
—Kim Jaejoong, Jung Jihoon. —les presentó el alto muchacho
ante el silencio en el que aquellos dos habían quedado, apresurándose a tomar
asiento frente al escritorio de su representante.
El pelinegro pareció despertar ante la mención de su nombre,
girando la vista para toparla contra la de aquel individuo que de pie, le
observaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Ahora sabía de dónde
había sacado Changmin esa costumbre de verle tan fríamente. Ese hombre tenía la
misma mirada inquisidora que el actor a veces mostraba.
—¿Kim Jaejoong? —cuestionó Rain por un segundo. El aludido sintió
que la garganta se le secaba y no atinó a contestar, tan sólo cabeceando en
afirmativa—. ¿Eres el hijo de Kim Eungsoo, uno de los grandes productores del
viejo Seúl?
—Hijo adoptivo. —afirmó. Rain pareció relajarse e indicó con
la mano la silla a un lado de Changmin para que se sentara, mientras él hacía
lo mismo. Observó de un lado a otro a ambos jóvenes antes de comenzar a hablar.
—Entonces los rumores son ciertos y anoche te fuiste de la
fiesta con él. Y por lo que puedo recordar, Jaejoong es un modelo que sale en
variados comerciales de TV —aseguró fijando su atención en el pelinegro, que se
sintió ruborizar cuando vio a Changmin cabecear en afirmativa. ¡Le estaba dando
a entender que mantenían una relación cuando no era cierto!—. ¡¿Estás loco?! —tronó,
logrando que cualquier reclamo que fuera a soltar se atragantara en su
garganta—. ¿No sabes lo que le estás haciendo a tu carrera con esto?
—Ya te dije que no me importa. —Y el castaño se reclinó por
completo en el respaldo de su asiento con aire despreocupado, desviando la
mirada del hombre frente a él.
—A ti no te importa tu carrera, eso me lo has venido
diciendo desde hace meses, ¿pero qué me dices de la de él? —señaló a Jaejoong,
y éste parpadeó mientras el actor se giraba para verlo—. ¿Sabes lo que le estás
haciendo a su carrera? ¿Sabes todas las implicaciones que tendrán estos rumores
si se llegan a enterar con quién te fuiste de la fiesta?
—¡Sólo dormí en su casa, no hubo nada más! —aclaró el
pelinegro como rayo, captando la atención del representante. Éste sólo cabeceó
en acuerdo, pero siguió con sus palabras.
—De antemano sé que Jaejoong sólo es un modelo, pero dudo
mucho que vuelva a hacer campañas importantes si se llega a saber que es gay…
—¡YO NO SOY GAY! —brincó parándose de su asiento—. Yo no
tengo nada qué ver con Changmin, sólo somos compañeros de escuela, ni siquiera
somos amigos. El que él sea gay —señaló al actor—, no quiere decir que yo lo
sea.
—Pero eso a la prensa sensacionalista le importa poco —explicó
Rain sin inmutarse por el arranque del chico—. Los rumores con respecto a la
sexualidad de Max son cada vez más fuertes y si te ven en su compañía, aunque
no seas gay, te tacharán de serlo. Y si él se pone a confirmar la noticia, como
es su intención hacerlo —miró duramente al moreno, que sólo desvió la vista—,
te llevará a ti de encuentro. Aunque tú lo niegues, por sólo rumores, las grandes
campañas publicitarias no te tomarán en cuenta.
Jaejoong se dejó caer en la silla de nuevo. Lo que decía el
representante de Changmin era cierto. Las compañías de marketing se fijaban en
modelos cuya imagen fuera intachable, que no estuvieran involucrados en
escándalos o líos legales. Y él era uno de ellos. Pero si por casualidad, o por
culpa de cierto actor que se la pasaba acosándolo, se llegara a armar un
escándalo, algunas de las campañas que tenía en puerta se podrían venir abajo.
—Veo que entiendes —El mayor lo miró—. Pero a ver si
logramos que entienda este cabeza hueca. —y su vista giró hasta el actor.
—Yo quisiera… —emuló Jaejoong apenas audible—, llamar a mi
representante.
—Claro, puedes tomar el teléfono que está en la habitación
contigua —le señaló con la mano la puerta. El modelo se levantó, pero Rain le
detuvo—. Saluda a Sunny de mi parte.
—¡Claro! —le sonrió, encaminándose para cerrar la puerta y
tener mayor privacidad en su llamada.
La plática con Sunny no fue tan diferente a la que tuviera
con el representante del actor. Lo primero que hizo ella al escuchar su voz fue
preguntarle si estaba con Changmin, ya que la rubia con la que había asistido a
los premios –Jessica– se la había pasado llamando toda la mañana tratando de
localizarlo (era de esperarse que hiciera algo por el estilo después de la
noticia que se dio en los medios). Cuando le dijo que sí, la notó molesta,
quizá no tanto como cuando le dijo que le demandarían, pero era fácil darse
cuenta cuando Sunny estaba enojada, y ella lo estaba. Le dijo lo mismo que Rain,
que si le llegaban a ver en compañía de Changmin le involucrarían en rumores de
un amorío con el actor y eso podría hacer que varias campañas, que ya estaban
confirmadas, fueran canceladas. A ella no le importaba su inclinación sexual,
pero le pedía que fuera discreto. No pudo convencerla de que él no era gay,
porque ella sólo le decía que no le importaba, que sólo tuviera cuidado y que
se alejara de Changmin, porque el nombre de éste ligado al suyo, serían
problemas y no sólo legales, también económicos; y eso lo sabía muy bien.
Colgó sintiéndose extraño. Era como cuando en casa Hyunjoong
le exigía que no agarrara sus juguetes y él sólo por llevarle la contra, los
agarraba sin su permiso. Le pedían no ser visto con Changmin, no sólo Rain,
también Sunny. Y realmente no quería verlo, qué mejor excusa que decir que
dañaba su imagen y su carrera… ¿pero de cuándo acá necesitaba una excusa para
dejar de ver al actor?
Sacudió la cabeza de nuevo para despejar esos absurdos
pensamientos y se dirigió de nuevo a la oficina principal. Estaba a punto de
abrir la puerta cuando escuchó la voz molesta de Rain al hablar con Changmin.
Prefirió aguardar un poco, antes de interrumpir.
—Si vas a revelarles a todos que eres gay, por lo menos
espera hasta después de la premiación de los Asian Film —profirió el
representante, dando vueltas en la oficina con los brazos a su espalda—. Estoy
casi seguro de que serás nominado como mejor actor, pero si esos remilgosos de la
academia escuchan tu declaración, no van a darte el premio.
—No me importa un estúpido premio —aseveró firme—. Tampoco
pienso declararlo de forma pública, odio a la prensa y si lo digo me van a
perseguir por todos lados.
—¿No te importa un estúpido premio? —repitió Rain cada vez
más molesto—. Por lo menos si ganas el Bambú de Oro puede que los productores
dejen de lado que eres gay para contratarte. Yo espero que con ese premio en
tus manos se basen en tu talento como actor y no en tu inclinación sexual para
ofrecerte papeles importantes.
—Soy un buen actor… —aclaró también molesto, pero la mirada
del mayor era dura al hablarle.
—Sabes perfectamente que en este medio no sólo se necesita
ser un buen actor. Si quieres hacer cosas grandes más vale que no eches a
perder tu carrera dejándote ver en público en compañía masculina, sino acabarás
haciendo papeles como Frozen Flower¹ para toda la vida. ¿O me dirás que te
gustaría interpretar papeles en películas como Gohatto² o Boys Love³?
—No. —la mirada de Changmin se tornó fría. El sermón ya se
había prolongado demasiado tiempo y Jaejoong aún no aparecía para
interrumpirlo.
—Entonces dejarás de hacer tonterías —determinó—. Siempre
has sido cuidadoso, no sé qué te pasó ahora.
—Fukutaro me sacó de quicio, eso fue lo que me pasó —resopló
parándose de su silla, cansado del regaño—. Y si no quieres sacarme de quicio
tú también ya deja en paz el asunto.
—Sólo dime en qué llegaste aquí, espero que te hayas venido
en la camioneta y no en uno de tus autos de colección. —resolló en tono
desesperado. Changmin sólo alzó los hombros.
—Llegué en el Ford Roadsted, tenía que sacarlo de la cochera
para asegurarme de que lo hubieran reparado bien.
—¡Te viniste en un descapotable antiguo! —ahogó alterado el
hombre—. Si lo que quieres es llamar la atención hazlo de otra forma, o si
quieres hazlo solo —gruñó—. No me sorprendería que los paparazzi te hayan
captado en compañía de Jaejoong. Esta noche estarás en las principales noticias
de chismes.
—¡Ya basta! —gritó el actor, alzando la voz por primera
vez—. Es mi vida y yo hago con ella lo que quiera. Si quiero mostrarme en
público con alguien es muy mi problema.
—Y el mío, porque soy tu representante…
La puerta de la oficina interior se abrió, dejando ver el
momento en que Jaejoong entraba de nuevo a la habitación principal. Changmin
suspiró al verlo de pie en el marco de la puerta, observándolos sin decir nada.
Era claro para ambos que había escuchado toda la discusión. ¿Acaso había
entrado en ese momento para evitar que siguieran gritándose?
—Vamos, Jaejoong. —indicó el moreno, encaminándose a la
salida de la oficina y tomando de paso al chico del brazo para sacarlo.
—Gracias por prestarme el teléfono —alcanzó a gritar éste
desde el pasillo—. ¡Sunny le manda saludos!
Rain avanzó hasta la puerta, sonriéndole al pelinegro. La
mirada del actor viró para verle fríamente antes de llamar al ascensor.
—Tu madre quiere verte. —avisó sin emoción. Changmin le
observó sin decir nada, mientras el elevador abrió sus puertas.
—Ya ha estado en casa. —y entró al cubículo arrastrando al
modelo con él.
Rain sonrió de nuevo cuando vio la puerta del elevador
cerrarse. ¿La madre de Changmin había estado en su casa y no le habían llamado
para decirle que estaba preso con el cargo de asesinato en primer grado por
haber matado a la mujer? Eso sí era una verdadera sorpresa.
La otra era que se hubiera presentado en compañía de ese
joven, cuando jamás había hecho algo parecido en el pasado. Kim Jaejoong no era
la persona que hubiera esperado, conocía a Hyunjoong y sus problemas con el
alcohol y las apuestas. Pero Jaejoong era alguien totalmente distinto y Changmin
también lo era cuando él estaba a su lado. ¿Sería acaso que el pelinegro estaba
cambiando la forma de ser del actor? Aunque él dijera que no era gay, no
quitaba el hecho de que se hubiera quedado en el departamento del chico a
dormir, donde bien sabía que éste sólo tenía una habitación y que jamás dejaría
a alguien dormir en su costosa sala.
«Durmieron juntos» se dijo «Mientras lo sigan negando, sus
carreras están a salvo» sopesó cerrando la puerta para regresar a su trabajo. Entonces
se detuvo en seco, justo antes de llegar a su escritorio, volviéndose para
correr hasta la ventana que dejaba ver directo al estacionamiento. La silueta
de Jaejoong al caminar, así como su cabello oscuro agitándose con la brisa
fresca le parecieron irremediablemente conocidos.
—¡Así que lo encontraste, Max! —y la sonora carcajada
retumbó por la solitaria oficina.
–.—.—.—.—.—.–
No sabía qué estaba haciendo en ese lugar, no podía
entenderlo. Pero no podía negar que estaba entretenido.
—Esto es lo que pediste. —Changmin acercó la charola hasta
donde Jaejoong permanecía, atento a la mega pantalla del cine en el que se
encontraban.
—Eh, sí, gracias —balbuceó tomándolo sin ver.
Al salir de la oficina de Rain, Changmin había intercambiado
auto con Zhoumi. Al parecer, comenzaba a hacerle caso a su representante. ¿O
sería porque estaban tomando camino rumbo al Cinema Center y ahí podrían
reconocerle más fácilmente? Pues por cualquier motivo que hubiese sido. Se
sentía un poco más tranquilo viajando en una camioneta polarizada con los
cinturones de seguridad ajustados, que en un auto antiguo.
Aún deseaba saber hacia dónde se dirigían, pero Changmin se
había limitado a ignorar sus preguntas, al menos hasta que llegaron a los cines
que se localizaban fuera del parque temático. No le fue difícil adivinar qué
era lo que seguía. El chico lo conducía al cine donde se exhibía la película
por la cual estaba nominado a los BIFF.
—Quieres saber sobre mi madre y esa demanda —Había dicho al
abrir la salida de una de las salas, donde uno de los guardias le saludó cortés—.
Esta es tu oportunidad. Supongo que no la has visto.
—No, no la he visto, era demasiado tener que soportarte dos
horas en una mega pantalla de cine. Suficiente tengo con soportarte en la
escuela, como para sufrir por esto, no soy masoquista. —Pero sus palabras no
bastaron para evitar que le arrastrara hasta la sala a ver la función.
Y ahora entendía por qué habían nominado a Changmin. Su
actuación era emotiva y muy creíble. Y en verdad, la historia contaba algunas
cosas de la vida del actor, por lo que pudo escuchar por su madre. Quizá y era
cierto que el adolescente había contribuido en algo con el guion, pero él no
sólo lo negaba, sino que en los créditos finales ni se le mencionaba.
Habían salido cuando comenzaba a ocultarse el sol. Había
mucha gente caminando por los pasillos, deteniéndose en cada tienda o
restaurante. Hasta el momento nadie parecía haber reconocido al actor y eso le
hacía sentir cierto alivio. No sabía por qué comenzaba a sentirse como en una
cita de enamorados.
Sacudió la cabeza cuando ese pensamiento cruzó por su mente.
¿Pero en que tonterías estaba pensando?
Ambos habían comenzado a caminar sin decir nada. Changmin
mantenía las manos dentro de los bolsillos del pantalón y Jaejoong vagaba la
mirada distraídamente para todos lados sin prestar atención a nada. En eso, un
grupo de jovencitas cruzó corriendo por entre medio de ambos, tirando de paso
la gorra que el moreno llevaba puesta. Ambos se agacharon al mismo tiempo para
tomarla, sus dedos chocaron en el camino y el simple roce fue suficiente para
que el modelo sintiera la corriente de electricidad ser lanzada a través de su
cuerpo entero.
—¡ES SHIM CHANGMIN!
El grito enfurecido de varias adolescentes les hizo
reaccionar levantándose a la carrera. En cuestión de segundos, Jaejoong se
sintió siendo empujado junto al actor mientras un grupo de féminas se
arremolinaba a su alrededor aclamando por un autógrafo. Podía notar cómo lo
empujaban contra el cuerpo del otro, tras que éste hacía vanos intentos por
apartarlas sin lograrlo. Había conseguido dar sólo unas cuantas firmas, pero
aquellas chicas eran tantas que pensaba no llegaría a salir de ahí nunca.
Fue entonces que alguien sujetó su muñeca, sacándolo entre
empujones del semi círculo que les rodeara. Al girar la vista, notó que no era
otro sino Changmin el que lo arrastraba en su loca carrera por escapar de sus
fans. Había perdido la gorra y los lentes, e incluso la playera yacía desfajada
fuera del pantalón. La sola idea de imaginarse a aquellas jovencitas queriendo
abusar del muchacho pintó una sonrisa sobre sus labios. «Para que veas lo que
se siente» Aunque claro, no es como si él hubiera salido bien parado tampoco…
Su cabello ahora mismo era un desastre, y la carrera no estaba ayudando nada a la
tarea.
El moreno dio vuelta en una de las pequeñas calles,
recargándose en una de las paredes con su compañero de espaldas a la gente. Lo siguiente
fue demasiado sorpresivo. El cuerpo del modelo se vio siendo rodeado por los
brazos del otro, que depositó sus labios sobre los del pelinegro con suavidad.
Éste sintió pronto su boca siendo invadida por la calidez del actor, ni
pensándoselo dos veces para rodear su cuello y corresponder al contacto. No
quería verse cercado de nuevo por todas esas niñas fans de Changmin. Y si para
eso debía besarlo, ¡pues lo haría! Al fin y al cabo, Changmin únicamente estaba
posando sus labios sobre los de él y no profundizando el beso. Eso, sin contar
que había mucha gente que podía reconocerlo.
Lastimosamente las cosas no pasaron como las esperaba. Las
manos del castaño picaron sus costillas, obligándole a abrir la boca para
protestar, y aquel simple acto bastó para dar libre acceso a que la lengua de
Changmin entrara a su boca para saborearle, profundizando un beso que no debía
ser real. Sus piernas temblaron cual gelatina, y su respiración se agitó
conforme se sentía arrastrar por la sensualidad que aquel contacto le
despertaba. Así, se encontró a sí mismo respondiendo de una forma en la que no
tenía planeado hacer. Se vio correspondiendo con una intensidad de la que
ignoraba fuera capaz de tener, y para colmo de males… ¡estaba besando a Changmin
en plena vía pública, donde cualquiera podría verles y fotografiarlos! Pero eso,
lejos de importarles, parecía enardecerles mucho más.
—No hagas eso, Jaejoong, o me importará muy poco dónde
estamos —advirtió con voz ronca, dejando descansar la cabeza contra el pecho
del modelo, respirando profundamente para normalizar su respiración. Jaejoong
se sintió enrojecer por sus palabras. ¿En qué diablos había estado pensando para
responder al beso?—. Será mejor que nos vayamos, antes de que nos encuentren.
—Yo no voy contigo. —sentenció separándose.
—¿De qué hablas? Debemos volver al departamento. —señaló
acercándose a él, pero el pelinegro retrocedió.
—No, yo me regreso al colegio. No voy a pasar un segundo más
en tu compañía. No quiero que me vean contigo, ni que nos relacionen. Ya me lo
advirtió Sunny, tu nombre ligado al mío serán problemas. —explicó dándose la
vuelta para poder encaminarse.
—¿Cómo vas a regresarte si no tienes dinero? —le cuestionó,
tan sólo observando su espalda desde su lugar.
—Ya veré yo cómo le hago. —y acto seguido, arrancó en
carrera para perderse entre la gente.
Changmin tenía razón, no tenía dinero con qué regresarse al
colegio; pero no quería seguir en compañía del actor. Y no sólo porque si llegaban
a verles juntos iban a comenzar a relacionarles. No, no era sólo por eso. Era
porque ese beso en medio de la calle le había gustado, y si a Changmin le daba
por repetirlo estando a solas en su departamento, quizá no iba a poder
resistirse.
«Maldición, si yo no soy gay, ¿por qué me gustó tanto eso?» se
maldijo llegando hasta un teléfono público.
Levantó el auricular y de inmediato apareció un mensaje en
la pantalla solicitando una tarjeta telefónica, o en su defecto, algunos
centavos para poder hacer la llamada. Colgó sintiéndose derrotado. ¿Cómo diablos
iba a llamarle a Sunny para que pasara por él, si no tenía ni un centavo?
Pero entonces escuchó unas risas a su espalda, y enseguida
divisó a un trío de jovencitas que reían y le observaban con coquetería, susurrándose
cosas y señalándole con disimulo. Sonrió para sí mismo. Quizá haciéndoles un
poco de platica, podría resultarle.
Y no se equivocó. En poco tiempo iba sentado en el asiento
trasero de un auto convertible rumbo a la escuela, mientras dos chicas iban
sentadas a su lado, abrazándole y besándole tímidamente en la mejilla en tanto
la tercera conducía apresurada, igual de ansiosa por acercarse a él.
«Gracias Shim Changmin, por haberme sacado de tu
departamento» se regocijó con una sonrisa, en lo que abrazaba a una de las
chicas y les entretenía hablándoles de su escuela, de cómo era ésta y a cuántos
actores había conocido ahí. Claro, omitiendo magistralmente el nombre de uno de
ellos en especial.
–.—.—.—.—.—.–
Había sido un sábado lleno de sorpresas y sobresaltos. Para
cuando llegó al colegio acompañado de las tres chicas que le hubiesen llevado,
se despidió de ellas no sin recibir antes sus números de teléfono y anotarlos
en su mano. Pero no le importaban, ninguna de ellas había llamado realmente su
atención, por lo que no se tomó la molestia de apuntarlos cuando se dispuso a
darse una ducha, entrar posteriormente a la cama y dormir hasta el mediodía del
domingo.
Pero ahora pasaban de las seis de la tarde, el sol aún
brillaba afuera, y él no podía salir de su habitación hasta que no terminara la
tarea de contabilidad. ¡Había olvidado por completo que tenía tarea! Odiaba la
materia. No dudaba que le sería útil cuando quisiera revisar sus gastos, pero
quizá nunca la llegase a utilizar. Todo lo que ganaba iba a parar a manos de su
familia y quien administraba todo, era su padre… ¿o sería su hermano? Bueno,
eso no importaba, lo que importaba era que él no tenía grandes cuentas
bancarias, ni bienes raíces, ni nada en lo que pudiera ocupar los conocimientos
contables… Changmin quizá sí los necesitaba, pero no él.
—Maldición, ¿y por qué tengo que pensar ahora en ese actor? —se
maldijo, volviendo a sumar las cantidades apuntadas en su libreta.
Capital, activos, pasivos, sumas y restas y nada,
simplemente los datos no cuadraban. Si al día siguiente el maestro le
preguntaba por la respuesta a esos problemas, le iba a dar una respuesta mal y
aquello era lo mismo a no haber respondido ni hecho nada.
Arrancó la hoja de la libreta, la hizo bolita y la arrojó
sobre su espalda de forma descuidada. El cesto estaba medio lleno de bolas de
papel en la misma condición y sobre el suelo, casi se formaba una alfombra de
papeles arrugados. No cabía duda que necesitaba distraerse un poco antes de
seguir haciendo la tarea.
—Ese maldito Changmin tiene la culpa de que no pueda
concentrarme en clases —ahogó apesadumbrado, recargándose de lleno en la silla
del escritorio—. Si por lo menos dejara de molestarme, yo podría poner
atención. Pero no, ese idiota sólo se la pasa mirándome y me pone nervioso.
Volvió a tomar el libro de contabilidad para repasar el
problema y las formulas, reanudando su intento por resolverlo. Pero era
imposible, a su memoria sólo regresaban las horas del día anterior en casa de Changmin.
Y con esto, ascendió así el color a su rostro cuando regresó a su memoria el
momento justo antes de haber sido interrumpidos por su madre. O peor aún, aquel
beso en las calles que conducían al parque temático del Cinema Center, ese que
le hizo pensar que realmente le gustaban los besos del actor…
—¡Waaaa, me rindo! —jadeó arrojando con fuerza el libro por
sobre su hombro, el cual fue a parar cerca a la puerta de su habitación.
—No deberías maltratar de esta forma los libros de texto…
Jaejoong giró en su silla al reconocer la voz de su
tormento, que justo entraba a su habitación para recoger el libro anteriormente
lanzado. El corazón comenzó a latirle con furia. ¡He ahí el causante de todos
sus problemas!
—¿No te enseñaron a tocar? —atacó en cuanto sintió que el
sonrojo invocado por el recuerdo de lo que fueran las escenas del día anterior,
incrementaba tan sólo al verlo de pie a la puerta del cuarto.
—Creo que me enseñó la misma persona que a ti —rebatió el
moreno, a lo que el modelo frunció el ceño molesto. Sí, era verdad, las pocas
veces en que había entrado a la habitación de Changmin lo había hecho sin
tocar. No, no sin tocar, él no lo había escuchado que era muy distinto.
—¿Qué buscas aquí? —interrogó parándose de su silla,
Changmin tan sólo terminó de ingresar cerrando detrás suyo. Llevaba entre sus
brazos un porta trajes y una bolsa de plástico negra. Jaejoong se sintió un
poco aliviado, seguramente eran sus cosas.
—Si no quieres tu ropa, puedo llevármela a casa, puedes
buscarla allá cuando gustes. —comentó natural, dejando el porta trajes sobre la
cama del otro. Éste se sintió enrojecer de nuevo. ¿Era eso una especie de
invitación?
—¡Estas completamente loco, yo no pienso regresar a tu
departamento jamás! —se apuró a señalar, tomando después la bolsa plástica transparente
que contenía su reloj, la cartera y la corbata—. Sólo espero que no se te haya
ocurrido trasculcar mis cosas. —lo observó de reojo, pero él sólo enarcó una
ceja.
—¿Qué cosas? —inquirió viéndole fijamente.
—Mi agenda, por ejemplo. —y tras vaciar la bolsa sobre la
cama, tomó la mencionada.
—No me gusta hacer eso. —El pelinegro abrió su cartera,
notando enseguida que su mini agenda no se encontraba en su lugar. Frunció el
entrecejo y observó al otro con molestia.
—¿Dónde está mi agenda? —acusó enseguida. Sólo ahí tenía los
números importantes anotados. Sunny muchas veces le había dicho que tuviera más
de una agenda, por si llegaba a perder la que llevaba en la cartera, pero nunca
le había hecho caso.
—¿Y yo qué sé? —esquivó encogiéndose de hombros.
—Estaba en mi cartera y ahora no está —señaló acusador—, por
lo que supongo la tienes tú.
—Seguramente lo tenías lleno de los nombres de todas tus
novias. ¿O la querías para apuntar los teléfonos de las tres chicas que te
trajeron ayer? —Jaejoong parpadeó en sorpresa. ¿Qué significaba eso? ¿Changmin
lo había seguido y ahora estaba celoso?
—No te comportes como un novio celoso —sentenció—, porque te
recuerdo que no somos nada. Y devuélveme mi agenda, ahí están los teléfonos de
mi agente y mi familia, e igual los de los empresarios para los que trabajo. —El
alto actor metió la mano a la bolsa de su camisa y sacó la pequeña agenda del
pelinegro. Avanzó dos pasos y se la entregó en la mano pasando después por su
lado.
—¿Y luego decías que no la tomaste? Espero no se te haya
ocurrido tachar los nombres de mujeres… —murmuró a advertencia cuando comenzó a
hojearla, y precisamente, había varios nombres marcados, aunque no tachados—.
¡Eres un Infeliz! —gritó girándose para encararlo.
—De todas formas no hubieras podido comunicarte con todas —aseguró
sin parecer nada culpable—. Jihyo se casó hace dos meses, Hyojoo ya no vive en
ese departamento, se fue a Seúl con su novio. Minyoung hace dos años que está
estudiando en Estados Unidos y…
—¿Te atreviste a llamarles? —No cabía en su sorpresa. Ahora
sí que se comportaba como un novio celoso, ¿cómo se atrevía?
—Yo no les llamé. —se defendió sacudiendo su mano.
—¿Entonces quién? Sólo tu tenías mi agenda.
—Fue Ping, ella se sintió con el derecho de investigarte,
piensa que entre nosotros hay algo más que amistad y sólo quería verificar que
no salieras con alguien más. Yo le quité la agenda en cuanto me di cuenta de lo
que hacía. —Jaejoong soltó la carcajada.
—¡Esa niña es como una hermanita metiche! —ahogó entre
risas.
—Ni que lo digas. Por cierto —le extendió la otra bolsa—. Esto
te lo mando Mei —El pelinegro se acercó con desconfianza, pero tomó el paquete
de igual manera y sacó el recipiente plástico del interior; dentro aguardaba
una generosa cantidad de pay—. Dijo que esperaba te gustara.
—¡Gracias! —soltó con júbilo, apurándose sobre el cajón de
su escritorio de donde sacó un tenedor para poder empezar a comer.
Hacía mucho tiempo que no comía algo tan delicioso, que
pronto el disgusto que le causaba la presencia del actor en ese lugar
recorriéndole de arriba a abajo con la mirada, quedó muy olvidado. A ese punto,
concentrado en disfrutar del postre casero, ni notó el momento en el que el más
alto llegaba hasta su escritorio, detrás de él, haciendo algunas anotaciones.
—Tienes mal la suma. —avisó, a lo que el pelinegro se giró
para ver lo que hacía.
Recargado en la silla, Changmin permanecía se pie, inclinado
sobre la hoja de operaciones de la tarea de contabilidad. Jaejoong se aproximó
un poco con el tenedor aún en la boca, sólo para ver cómo el más alto borraba
la cantidad y colocaba una nueva. Su cerebro registró la suma resuelta en
cuestión de segundos, y todo cuadró a la cantidad original.
—¡Gracias! —respondió con júbilo, tomando el lápiz de la
mano del otro para sentarse en la silla y terminar de apuntar las operaciones,
sin importarle siquiera que el actor siguiera recargado en la misma—. Yo sabía
que algo tenía mal, pero no lograba dar con el error.
—Eres inteligente. —afirmó demasiado cerca de su oído,
provocándole un estremecimiento que recorrió por entero su espina dorsal. Dejó
de escribir cuando los cabellos de su nuca se erizaron, respondiendo al cálido
aliento que chocó contra ésta.
—Gra… gracias —musitó quedo, sin animarse a moverse—. Con
esto ya terminé la tarea. —cerró la libreta y empujó la silla para levantarse,
quedando sin embargo muy cerca del cuerpo contrario al hacerlo.
Aún demasiado cerca, una de las morenas manos se alzó a
intentar tocar su rostro, que desvió para evitarle. No quería sentir su tacto,
sabedor de lo que el mismo podía causarle, pues lo menos que deseaba era
revivir aquellos momentos pasados en su casa tan sólo el día anterior.
—Tienes crema en la mejilla. —le señaló con el índice.
—Ah, a veces me emociono cuando como algo que me gusta —explicó
al limpiarse el rostro con los dedos—. Le das las gracias a Mei de mi parte.
—¿Y a mí? —inquirió acercándose un poco más, ante la mirada
oscura que le veía sin entender.
—¿A ti qué? —devolvió sin moverse. Aquellos ojos le
hechizaban, le gustaba perderse en ese mar embravecido que a veces se calmaba.
—¿Qué me darás a mí por habértelo traído? —lo tomó por el
brazo para atraerlo contra sí.
—Changmin…
Y la protesta se vio atrapada por los labios del actor,
quien de inmediato le apresó contra su cuerpo empujándolo de espaldas al
escritorio. El rápido movimiento había provocado que todas sus cosas quedaran
regadas por el suelo, mientras él quedaba asido bajo el musculoso cuerpo de su
compañero.
Sintió las diestras manos del más alto comenzar a recorrer
su cuerpo, en tanto su boca le presionaba para que abriera los labios y le
permitiera el paso a su lengua. Su corazón latía a toda prisa y su respiración
se aceleraba. Ni siquiera estaba pensando, perdido en la sensación que iban
dejando los dedos del moreno sobre sí, abriéndose paso bajo la playera y
subiendo hasta su pecho para hacerle jadear, permitiéndole con ello al fin
adentrarse a su boca.
El beso se profundizó. Changmin exploraba su boca, degustaba
con sensualidad. Y él quería empujarle, pero sus manos no respondían, luchando
contra la tentación de abrazarle para acercar mucho más sus cuerpos.
—Te quería tener anoche como te tuve la noche del viernes,
pegado a mi cuerpo… totalmente desnudo… —escuchó la voz susurrante a su oído,
estremeciéndose cuando aquellas manos intrusas consiguieron deslizarse por su
cuerpo levantándole la playera.
—No —susurró quedo—. Jamás —instó empujándolo para
levantarse del escritorio—. ¡JAMÁS! —Pero el moreno le sujetó de la muñeca
evitándole alejarse, y él sólo logró levantar el puño para intentar golpearlo.
—¡Jae…!
La puerta se abrió de sorpresa haciéndolos voltear al
instante, notando entonces al chico de tez ligeramente morena y cabello rubio
que les veía sin entender. Jaejoong sintió sus mejillas encenderse sólo de contemplar
a uno de sus amigos mirándolos con cara de interrogación. ¿Qué diablos estaría
pensando al ver la escena?
—¿Les doy unos guantes de box para que bajen al ring a
pelearse? —preguntó con una sonrisa, a lo que el actor procedió a soltar la
muñeca del pelinegro para que éste pudiera bajar el puño.
—¡Hangeng! —y el modelo pareció olvidarse completamente de
Changmin al apresurarse con una sonrisa hasta aquel rubio artificial—. Qué
gusto verte, pensé que ya no entrarías a la escuela. Dime cómo te fue en Europa…
¿Fuiste a París, España, Alemania e Italia? ¡Cuéntame todo! —Él sonrió,
ignorando la intensa mirada que el actor le dirigía.
—Claro que fui a todas esas partes, incluso te he traído
algunos recuerdos. Me extrañaste, ¿verdad? —afirmó pasando un brazo por su
cuello para jalarle ambas mejillas—. ¡No podías vivir sin mí, confiésalo!
—¡Hyung, claro que te extrañé! —asintió sobándose el rostro—.
¿Quién otro organiza las mejores noches de maratón si no eres tú? Aunque sin
mis dotaciones nocturnas, como las cartas, los cigarros y el vino serían de lo
más aburridas.
Ambos comenzaron a reír sonoramente, ignorando por completo
la presencia del tercero en la habitación. Changmin alzó una ceja desde su lugar
y se puso a contemplar al “rubio a fuerzas” que no dejaba de reír y juguetear
con el modelo. No sabía quién era ni por qué se comportaba de forma tan
familiar con Jaejoong, tampoco le gustaban las frases ocultas que estaba
soltando como eso de “Confiesa que me extrañaste” y “Te traje recuerdos”. Se
aclaró la garganta sólo para hacerles notar que seguía ahí, y ambos chicos
dejaron de reírse para voltear a verle.
—Ah, Changmin, sigues aquí —entonó neutral el pelinegro, volteando
después hasta su amigo—. Supongo que lo conoces. —señaló al actor, que aún le
veía como queriendo asesinarle con la mirada.
—No, no sé quién es. —Negó con la cabeza, haciendo que los
ojos de Jaejoong se abrieran cuan grandes eran. Era imposible que Hangeng no
supiera quién era Changmin siendo tan famoso, más al haber sido nominado a los BIFF
y siendo su nombre tan escuchado para los Asian Film.
—No mientas, debes conocerlo. Es Shim Changmin —insistió,
pero el chico de nuevo cabeceó en negativa—. Hyung, no juegues, fue el
protagonista de una serie infantil muy popular por allá de inicios de los 90's
y ahora es un actor famoso. Incluso acaba de ser nominado a los BIFF como mejor
actor. —Hangeng levantó la vista para ver al susodicho frente a él.
—Pues felicidades por la nominación, pero aún no sé quién
eres. No soy adicto ni a la televisión ni al cine, me excuso por eso —explicó
pasando junto a su amigo, parándose de frente al actor—. Mi nombre es Han Geng,
soy estudiante del segundo año de ballet clásico, recién llegado de una gira
por Europa y uno de los mejores amigos de Jaejoong. —finalizó haciendo una
pequeña venía para saludarlo.
Changmin observó aquello inmutable, y Jaejoong parpadeó
molesto. El muchacho parecía ignorar el gesto amistoso de su amigo, pero se
sorprendió al notarlo regresar el saludo con una breve inclinación de cabeza.
—Mucho gusto —convino secamente, aunque sus labios se
curvearon en una especie de sonrisa al observar de reojo al pelinegro que
parecía no perderle de vista—. Yo soy Shim Changmin, actor de profesión,
estudiante de segundo año, y amante de Jaejoong…
La sangre le subió al rostro al mencionado como de golpe,
con el corazón latiendo fuertemente en su pecho y las piernas amenazando con no
sostenerle más. La boca se le secó en cuestión de segundos, no pudiendo
articular palabra alguna para defenderse.
Hangeng volteó a verle con la boca abierta por la impresión.
¿Pero qué podía decirle? Su mente había quedado en blanco, con la vergüenza y
la culpabilidad inundándole con rapidez. Quizá no era su amante propiamente
dicho, pero las cosas por las que habían pasado en su casa y en la escuela,
casi los convertían en.
«¿Cómo puedo decirle que no somos nada, si mi cuerpo
reacciona cada vez que me toca?»
❥ Fin del Capítulo Cinco.
¹ A Frozen Flower (de 2008): Película surcoreana que fue muy comentada en su momento debido a la temática homosexual que maneja y sus escenas bastante explícitas. El actor protagónico incluso se vio envuelto en varios rumores que lo señalaban como homosexual, y que luchó mucho por desmentir a causa de la fuerte presión social.
² Gohatto (de 1999): Conocida más comúnmente como Taboo, es una película japonesa que narra la vida de un joven y hábil samurái cuyo “lindo rostro” causa revuelo en su escuela de entrenamiento, concentrándose así la trama en el tema de la homosexualidad dentro de la tradición shudō y su ambiente parcialmente cerrado.
³ Boys Love (renombrada como ‘Schoolboy Crush’, de 2007): Otra película japonesa, ésta inspirada en un manga yaoi del mismo nombre.
—.—.—
Saludos una vez más, y yo con mi fantástico retraso(?) Kkk, pero ya está aquí.
¡Gracias por los comentarios! De verdad, no saben cuánto anima saber que les está gustando la historia, ojalá hayan disfrutado también de este capítulo. Y ya verán lo que se viene~
¡Gracias por los comentarios! De verdad, no saben cuánto anima saber que les está gustando la historia, ojalá hayan disfrutado también de este capítulo. Y ya verán lo que se viene~