Tortura: Capítulo 12

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Era ya pasada la media noche y el viento fresco agitaba las cortinas de su ventana. No sabía ni cuánto tiempo llevaba sumido en sus pensamientos. ¿Por qué le molestaba tanto? ¿Qué no le había explicado una y otra vez que sólo eran amigos, que no había nada con aquella persona del teléfono? Y sin embargo allí estaba una vez más, con los ojos abiertos, viendo al techo sin mirar nada, escuchando en su cabeza una y otra vez aquellas palabras que tanto le atormentaban, aquellos cuchicheos entre la gente del servicio que le hacían creer que le engañaba con esa persona con la que hablaba, incluso, de madrugada.

Se decidió a dormir esa noche por todo lo que no había dormido en las anteriores, y cerrando los ojos, intentó poner su cabeza en blanco sin apenas lograrlo.

Despertó de un sobresalto al escuchar los golpes a la puerta, lo que le hizo pararse a la carrera y apresurarse a abrir. Al hacerlo, se topó con una sorpresa aún mayor: Shim Changmin semi vestido, usando el pantalón del uniforme y la camisa negra de gala a medio abrochar, los zapatos en mano y el saco bajo el brazo. Respiraba agitado, haciendo esfuerzos por recuperar el aire. ¿Desesperación? ¿Sería que el frío y controlado actor estaba mostrando los sentimientos que tanto guardaba bajo esa máscara de hielo?

—Yoochun… —escuchó por fin su nombre de la boca del actor—. Date prisa en ponerte el uniforme de gala y alcánzanos en el estacionamiento —El músico frunció el ceño al escucharle. ¿Una orden? ¿Por qué le ladraba órdenes como si fuera un soldado y estuviera a su servicio?—. El padre de Jaejoong ha muerto y va a necesitar que sus amigos estén cerca. —Sólo ese comentario bastó para entrar a la carrera a su habitación y sacar la ropa que el menor le había indicado.

En poco tiempo ambos ya corrían por el pasillo de los dormitorios rumbo a las escaleras, no obstante en lugar de bajar las escaleras junto al actor, Yoochun siguió derecho. Changmin lo observó apenas un instante, mientras el músico le explicaba en un grito que avisaría a Hangeng para que éste le dijera a Boa. Por lo menos, esos eran los amigos más cercanos que el modelo tenía.

Changmin se dio prisa en llegar a la limusina que el director Lee había dispuesto al servicio de Jaejoong. El chofer apenas había encendido el motor cuando la puerta a un costado del pelinegro se abrió y golpe y más personas ingresaron.

Los oscuros y tristes ojos de Jaejoong giraron y algo en su interior se removió al ver aparecer a Changmin, seguido muy de cerca por Yoochun.

—Pe… ¿Pero cómo? —balbuceó con voz entrecortada, mirando al músico sentarse frente a él y al actor a su costado.

—Changmin me avisó —explicó Yoochun—. No creías que íbamos a dejarte solo, ¿verdad?

—Cha… Changmin… —logró pronunciar, en su interior los recuerdos con su padre se hacían presentes con tanta fuerza, que la dureza con la que pretendía llegar a su velorio empezaba a desmoronarse—. Mi padre… —ahogó con un grito de dolor que hizo que a Yoochun se le formara un nudo en la garganta. Jamás había visto así a su amigo, y no tenía idea de qué decirle. Él había perdido a su padre siendo muy niño, casi no lo recordaba, no sabía qué decirle a Jaejoong para consolarle.

Pero fue Changmin quien pasó su brazo por el hombro del pelinegro y lo apoyó junto a su pecho para susurrarle al oído. Hablaba tan bajo que era imposible oírle, no obstante y siendo músico, él sabía cómo leer los labios. “Llora, Jaejoong”, “Desahógate”, “Llora ahora que estás entre amigos, porque al llegar a tu casa tendrás que mostrarte fuerte ante tu hermano”. “Yo estaré contigo”.

Y justo entonces, todas las lágrimas que no había dejado salir empezaron a escurrirse por las mejillas del modelo. Sollozando cada vez más fuerte, aferrándose con fuerza al saco del actor, quien en todo momento murmuraba palabras comprensivas y de aliento.

Yoochun observaba en silencio, tratando de ligar los sucesos actuales con los pasados. Era como si se hubieran olvidado de él, porque Jaejoong lloraba –un poco más calmado– entre los brazos de Changmin, y el actor parecía ignorarle a él por completo. O sólo hasta que su mirada se alzó para encontrarse con la suya, dejándole notar sólo por un muy breve instante algo de calidez en aquella mirada siempre fría, porque al segundo siguiente volvía a colocarse su máscara de frialdad. Pero lo había visto, lo había presenciado todo. No iba a poder ocultárselo, no a él.

—Te descubrí, Shim Changmin. —murmuró entre dientes. Si el actor era tan inteligente como lo suponía sabría, como él, leer los labios. Y no se había equivocado, porque la máscara cayó del rostro del chico, denotando la sorpresa que sólo dejó ver por un segundo.

—Cállate. —le vio responder con un único movimiento de labios, pero él no pudo menos que sonreír.

«Te descubrí, pero no es el momento ni el lugar para discutirlo»

El lugar donde velaban a Kim Eungsoo estaba adelante. Ya tendría tiempo, y si no, lo sacaría de donde fuera que tuviera para hablar con el actor.



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Jaejoong entró casi corriendo a su casa, directo hasta donde se encontraba el cuerpo de su padre sin siquiera tomar en cuenta las miradas que le lanzaban o las personas que trataban de detenerle para darle el pésame.

Lo vio ahí, sereno, como dormido en aquel cajón oscuro. Intentaba a toda costa de no soltar el llanto, pero sus ojos y sentimientos le traicionaron. Sus manos se aferraron al féretro y su voz siguió llamando a su padre, pero ya no sería capaz de responderle.

Una mano se posó en su hombro presionando en señal de consuelo, pero al girar la mirada sólo pudo encontrarse con los ojos de su hermano observándole a unos metros con detenimiento. Apartó el agarre sin ver de quién se trataba y se aproximó a paso sereno hasta Hyunjoong. Quería abrazarle, consolarle y que él le consolara, quizá una perdida tan grande como esa le haría olvidar el odio que profesaba siempre por él.

—Hyung…

—¿Qué diablos haces aquí? —acusó alzando la voz con molestia, deteniendo a Jaejoong en su lugar—. Tú no eres un Kim, no tienes derecho a llorarle. Eres sólo un recogido, una basura… alguien que llegó a esta casa a causar dolor y muerte.

—¡Hyung!

—¡Sí, muerte! Fue tu culpa que papá muriera… ¡TU CULPA!

Tu culpa

TU CULPA

Esas palabras de nuevo, y lo peor, es que eran verdad. Por su culpa su padre había sufrido el primer infarto y había terminado en la cama. Por su culpa, nada más por su culpa.

Changmin dio un paso al frente para tratar de impedir que el hermano del pelinegro le siguiera atacando, pero la mano de Yoochun le sujetó con fuerza por el brazo impidiéndole acercarse, pues el músico había alcanzado a ver cómo la hermana del modelo se daba prisa en acercarse a Hyunjoong para susurrarle sólo tres palabras:

“Recuerda la herencia”

Y eso bastó para que todo se llevara a cabo en una tensa calma. Por un momento pensó que Hyunjoong estallaría de un momento a otro con un escándalo mayor. Por suerte, la prensa no se encontraba dentro de la mansión, pero sabía bien que todo lo que se decía dentro alguien lo repetía fuera.



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¡Era horrible! Realmente horrible. El peor día de su vida. Estaba sentado en su cama, totalmente solo, con lo pies arriba recargando la cabeza entre las rodillas, abrazado a ellas con una sábana cubriéndole el cuerpo; temblando de frío, de miedo, de impotencia ante la muerte del hombre que le crió, ante las terribles palabras de Hyunjoong. Lo hubiera corrido, si no fuera porque su hermana se lo había impedido. Estaba casi seguro que de no detenerlo ella, lo hubiese hecho Changmin. Lo había visto tan decidido que quizá todo hubiese terminado en un escándalo, pero no, su hermana fue lista y silenció a Hyunjoong con tres palabras:

“Recuerda la herencia”

Esa herencia… Esa herencia…

Aún retumbaban las palabras de su padre dentro de su cabeza como un recordatorio. Por el deseo del difundo, el contenido del testamento fue dado a conocer en la misma mansión donde era velado el cuerpo del productor. Jaejoong protestó, suplicó, casi se arrodilló frente al abogado para que respetara el dolor de la familia, pero el hombre dijo que era el último deseo de su padre y debía cumplir con él.

Todos se encontraban sentados en la biblioteca de la mansión Kim, esperando impacientes a que el abogado terminara de instalar el DVD. Sí, Kim Eungsoo había dejado su testamento grabado. Jaejoong se sentía triste y dolido, hubiese dado lo que fuera por verlo con vida una última vez, por decirle cuánto lo quería y agradecía por haberle adoptado. Quizá por sus venas no corría sangre de un Kim, pero él se sentía como uno, y estaba agradecido por ello.

Giró la mirada al darse cuenta que no sabía nada de su madre. ¿Qué había sido de esa mujer elegante, altiva y orgullosa, siempre preocupada por el qué dirán? La vio en silencio, sentada sola al fondo del lugar, sumida en un mutismo inusual en ella. De pronto la encontró encorvada y llena de arrugas, con un mechón de cabellos grises cubriendo parte de su todavía lindo rostro. ¿En qué momento había envejecido tanto?

Por fin el video comenzó. Eungsoo se veía tan lleno de vida, aun postrado en cama.

   Yo, Kim Eungsoo, en pleno uso de mis facultades mentales…

Y continuó. Su padre hablaba viendo directo al frente, pese a girar la mira de vez en cuando de un lado a otro, como si supiera exactamente dónde se encontraban sentados cada uno. Esto era quizá porque en vida, cuando estaban todos en la biblioteca, ocupaban los mismos asientos que ocupaban hoy. Incluso interrumpió las quejas de Hyunjoong previendo que lo haría, y sus palabras los silenciaron a todos.

   Cualquier otro que interrumpa quedará desheredado.

Jaejoong salió de la biblioteca con las piernas temblando, casi sin poder sostenerse. De buenas a primeras era dueño de una cuantiosa fortuna, toda la que había ganado desde que trabajaba. Desde los 6 años su padre había estado depositando el dinero que le daba en una cuenta individual, y él que creía que todo lo que le daba a su familia ellos se lo gastaban. «¡Idiota! ¡Mil veces idiota!» se recriminaba, pues hacía tanto tiempo había creído que su familia sólo le utilizaba. «¡Maldita sea!» Los remordimientos de consciencia no le dejarían en mucho tiempo, lo sabía.

Hyunjoong había salido bufando, echando pestes de lo que le hubiera dejado su padre. Hyuna sólo lloraba en silencio y su madre parecía como un fantasma, silenciosa, moviéndose de aquí para allá, recibiendo el pésame sin derramar una sola lágrima o pronunciar alguna palabra. ¡Cuánta lástima le daba!

Por su parte, él escuchaba, en silencio, a algunas de las personas que se habían acercado para intentar consolarle. No supo en qué momento su hermano había salido del lugar enojado, maldiciendo al hombre que le había dado la vida. No le sorprendería ver en los medios el escándalo que su hermano había armado, el que armaría en algún antro esa noche.

El mayordomo se acercó a él para susurrarle que tenía una llamada telefónica en el aparato del fondo. Avanzó en silencio hasta el lugar, sin ni idea de quién podría ser; tomó el auricular, y contestó.

—¿Jaejoong? —Esa voz la reconoció de inmediato. No tenía idea de cómo le había localizado pero, dentro de su corazón, muy a pesar del dolor, una especial alegría se permitió crecer.

—¿Amigo? ¿Amigo, de verdad eres tú? —comenzó a decir, pero tuvo que interrumpirse cuando el sentimiento volvió a apoderarse de él y su voz se quebró. No quería volver a llorar, no quería que todos los presentes le vieran. Sabía que entenderían, pero no quería que sintieran pena o lástima por él.

—Mi querido amigo, no sabes cuánto lo siento… —escuchó al otro lado del teléfono. El silencio se hizo entre los dos. Sabía que su amigo intentaba consolarle de alguna forma, pero quizá también sabía que consolar con palabras no era nada fácil… e intentó hacerle más sencilla la tarea.

—Gracias, amigo, en verdad te agradezco que te tomaras el tiempo de llamarme. Ni siquiera sé cómo te enteraste, aunque no importa, te lo agradezco en verdad…

—Siento mucho no poder ofrecerte consuelo de otra manera, pero sabes que puedes llamarme cuando lo necesites. A cualquier hora, cualquier día, siempre estaré aquí para ti.

—Gracias, en verdad gracias —repitió triste, pero en esos momentos lo único que necesitaba estaba ahí con él: Shim Changmin—. Me gustaría seguir platicando contigo, pero como entenderás…

—Sí, entiendo —interrumpió—. De cualquier forma, ya sabes, en mí tienes a un incondicional.

—De nuevo, gracias.  —y con un suspiro mental, colgó. Cuando alzó la vista, la imagen de una mujer vestida en traje sastre negro apareció ante él.

Sunny, su representante, su amiga, su familia… Por impulso corrió hasta ella mientras la joven abría los brazos para recibirle. Jaejoong le abrazó con la emoción y la tristeza mezcladas. Sunny era la única mujer a quien realmente podía considerar una hermana, casi una madre, pues era quien le había acompañado y orientado desde que tenía 6 años.



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La mirada de Yoochun se entrecerró al observar a Junsu de espaldas en un rincón, escondiendo entre manos un celular por el que procuraba hablar en voz baja. Había podido escuchar a medias una conversación que no le resultaba muy desconocida. ¿Quién demonios era ese tipo con el que el peliblanco hablaba tan… cariñoso?

Porque era un tipo, de eso estaba 100% seguro y no estaba nada dispuesto a seguir soportando que le trataran de esa forma. ¡Él no era plato de segunda mesa!

Andando decidido hasta donde el chico más bajito se encontraba, le tomó con mano firme y lo giró de frente a él justo en el momento en el que el aludido cortaba la llamada.

—¡Chunnie! —ahogó asustado al encontrarse con el músico cara a cara.

—¿Con quién demonios hablabas? —acusó frunciendo el ceño con molestia—. ¿A quién le decías que eras su incondicional? Era la misma persona con la que te he sorprendido hablando antes, ¿cierto?

—Yoochun… Chunnie,  yo…

Pero el músico no esperó respuesta. Suspiró pesado y dándose media vuelta, se marchó.

Sabía de antemano que la respuesta era ‘Sí’. En más de una ocasión había sorprendido al chico hablando con alguien de una manera más que sospechosa, y siempre que preguntaba por su identidad obtenía la misma respuesta: “Sólo es un amigo a quien trato de ayudar”. Y cada vez que escuchaba aquello, no podía evitar que en su estómago una fuerte punzada le hiciera arrugar el ceño y se diera media vuelta para dejar al violinista parado en medio de cualquier parte. Ese y sólo ese, era el motivo por el que se encontraba tan molesto con él y no fuera a visitarle como antes lo hacía.

Quizá la respuesta que temía era la que le hacía darse la vuelta y marcharse sin esperar alguna confesión.

Quizá no escuchar esa respuesta era lo que le impedía ir a visitarle cada miércoles por la noche.

Quizá no escuchar esa respuesta era lo que le mantenía molesto más consigo mismo que con él…

Quizá… Quizá realmente no deseaba conocer esa respuesta.

Abrió de golpe una de las puertas de la mansión Kim. No tenía ni idea de a dónde se dirigía, pero sabía que por esa entrada no entraba o salía nadie y él necesitaba calmar su enojo para regresar con la persona que ahora más lo necesitaba. Jaejoong no tenía el cariño de su familia, pero podía contar con el de sus amigos y no podía presentarse con cara de pocas pulgas. Era momento de reafirmar la amistad que había quedado un poco de lado tras que hubiera empezado a salir con “ella”, como decía Jaejoong.

No se dio cuenta que la puerta que había tomado llevaba directo a los jardines de la mansión. Sintió el aire frío de la madrugada –pues aún no terminaba de salir el sol– y el golpe sorpresivo le hizo incluso toser. Dentro el aire estaba tan viciado, tan lleno de aromas diferentes como perfume de mujer, colonias caras de caballero, flores y velas, que necesitaba aire fresco urgente. Apenas lo tuvo, aspiró profundo metiendo las manos a su pantalón.

De nueva cuenta el aire le hizo toser, pero esta vez no por el frío, sino por el humo del cigarro que le golpeó la cara. Giró la mirada buscando su proceder y se sorprendió de ver a Shim Changmin fumando, con una pierna subida en una de las bancas de piedra del jardín, observándole.

—¿Problemas en el paraíso? —cuestionó al verle. Yoochun frunció el ceño. ¿Acaso le había visto?—. Te vi discutir con Junsu, y ahora sales solo y enojado. —Realmente era buen observador, pero no era alguien con quien quisiera discutir sobre sus problemas. Tal vez esta era la oportunidad ideal para hablar sobre alguien más.

—Parece que Jaejoong te tiene en un alta estima, ya que estás aquí ahora. Lo último que supe de ustedes es que se habían peleado al grado de que casi te mata, si no es porque lo alcancé a impedir. Pero me sorprendiste en la madrugada avisándome de esto y después te veo consolarlo de una manera que jamás imaginé. ¿Qué diablos está ocurriendo con ustedes?

Changmin aventó el cigarro todavía encendido al suelo y lo apagó con el pie, girando su osca mirada hasta Yoochun. No sabía cuál sería su posible reacción, y era imposible determinarla por su semblante. Jaejoong era muy transparente, por lo que leer sus reacciones era muy fácil, diferente de con Changmin, que era tan frío y controlado… Jamás podría adivinarlo, él tendría que decirle y aun así no sabría si le diría la verdad.

—No ocurre nada especial, y si ocurriera creo que a quien le deberías preguntar es a Jaejoong. —respondió muy sereno. ¿Sería verdad que nada ocurría?

—¿Nada? Jaejoong me dijo lo contrario. —lanzó con la esperanza de desencajar al menor, pero no funcionó. Changmin sólo mostró una media sonrisa torcida.

—¿Qué te dijo Jaejoong? —cuestionó igual de sereno.

—Me contó todo —prosiguió, tanteando el terreno para poder sacarle lo que pretendía—. Me dijo que le besaste a la fuerza. Bueno, de que haya sido a la fuerza lo deduje yo por sus palabras.

—Ah, eso. —le restó importancia, y Yoochun arrugó el entrecejo. ¿En verdad era como Jaejoong decía? Shim Changmin no estaba enamorado de él y sólo era alguna especie de capricho o deseo suyo.

—¿Por qué le besaste? —interrogó—. ¿Estás enamorado de él? Y no me vayas a decir que no eres gay, porque de antemano sé que sí.

—Lo soy tanto como tú —enarcó una ceja burlón—. ¿Cuándo piensas decirle a Jaejoong? ¿No se supone que es tu mejor amigo?

—No es algo que te importe —resopló volviendo a fruncir el ceño—. No estamos hablando de mí, quiero saber qué intenciones tienes con Jaejoong, porque creo que tú eres de aquellos que si pierden, arrebatan.

—¿Y tú desde cuándo me conoces tanto? —le miró con desdén—. ¿Acaso en tus pláticas de cama con mi primo soy tema de conversación? —Yoochun se sintió de pronto turbado. Sabía que estaba siendo pesado y sarcástico, ahora entendía por qué a Jaejoong le caía tan mal, si el chico podía hacerse odiar. Sólo intentaba desviarle el tema de conversación del pelinegro hacia otra cosa, pero no le iba a dejar.

—Sólo responde a lo que te pregunté. —masculló entre dientes, conteniendo su bronca. Pocas veces se molestaba, y el actor parecía muy bien cómo hacerlo sin esforzarse demasiado.

—Quizá te responda, el día que tú le digas que eres gay. Me encantaría ver su cara cuando lo hicieras, que según él tú sales con una chica, si tan sólo supiera que sales con mi primo…

—Parece que no obtendré mi respuesta el día de hoy, y como no estoy de humor para seguir soportando sus intentos por hacerme rabiar, será mejor que entremos. No debemos dejar a Jaejoong solo en estos momentos.

Changmin pareció optar por darle la razón, porque apenas esbozó una sutil mueca, atisbo de una sonrisa satisfecha, en tanto le seguía en su camino de vuelta a la puerta que llevaba de los jardines al interior de la mansión.



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Jaejoong tomó la taza de té que Sunny le tendía. Llevaban ya algunos minutos platicando, había recibido el pésame de un par de parientes de su madre y había vuelta al lado de la mujer al saber que tenía algo importante qué comunicarle.

—Jaejoong, sé que no es el mejor momento, ni el lugar, y que probablemente me odiarás después de lo que voy a decirte, pero tenía que venir a hablar contigo además de darte el pésame —El pelinegro alzó su triste mirada en la de la rubia. No sabía que hubiera ido a la casa de su padre por un motivo diferente, pero de lo que estaba seguro es que no podría odiarle, ella era la única mujer que le quedaba que aún lo quería, aunque fuera un poco. Ella suspiró y soltó lo que le atormentaba de corrido—. La filial de NIKE en Corea te quiere para su campaña de primavera. —El semblante de Jaejoong cambió al instante en molestia imaginando lo peor.

—No quiero nada donde las influencias de Changmin hayan tenido que ver. —Sunny abrió mucho los ojos. Sabía que algunas de las últimas propuestas llegadas hacía unos días desde el extranjero habían sido sugeridas por el actor para el modelo, pero no NIKE.

—¿Changmin? No, no, yo he estado detrás de ellos desde el año pasado, creo que ya te lo había comentado, pero como como suelen contratar a modelos extranjeros o artistas y deportistas famosos, no habían querido darnos la campaña. Aunque al parecer han quedado encantados con tus últimos trabajos, así que ahora piensan arriesgarse para esta primavera. Su nueva línea será lanzada los próximos días, deberás grabar bajo la lluvia, pero no creo que tengas problema con ello. Si aceptas el contrato comenzarías mañana mismo, en la noche. ¡Urge! Por eso me atreví a hablarte de trabajo ahora, pero estoy segura que ellos entenderán si te niegas, y yo también.

Jaejoong guardó silencio por un momento, analizando la propuesta de su representante. Lo primero que se formuló en su interior fue un ‘¿Por qué no?’. Sí, ¿por qué no? ¿Qué iba a hacer los siguientes días? ¿Llorar por algo que no tenía ya remedio? ¿Recordar todos los momentos con su padre y sumirse en la depresión? No. Su padre no lo desearía así, por eso le había liberado del gran peso de su familia, dándole a cada uno lo que merecía: A Hyunjoong lo mandó a trabajar con la carrera que le había pagado, y a Hyuna y a su madre les dejó la Mansión Kim. Jaejoong debía ceder los títulos a nombre de ella.

Así que… Sí, glorificaría la memoria de su padre poniéndose a trabajar. Alzó la cabeza y le sonrió a Sunny.

—Sí, acepto hacer el comercial. Estoy seguro de que a papá le hubiera llenado de orgullo el que yo apareciera en un comercial de NIKE. —afirmó en una sonrisa, pese que el profundo dolor de tal pérdida le carcomiera por dentro.

—Ay, gracias Jaejoong —la rubia saltó a abrazarlo—. Mañana en la mañana te llevaré el contrato a la escuela y después de comer iremos a la oficina de NIKE. Ellos nos llevarán a la locación donde se filmará. —le explicó con tal emoción que contagió una ligera sonrisa en el rostro del pelinegro.

—Está bien. Papá será cremado esta noche, así que mañana estaré allá.

—Pero Jaejoong, no te pongas triste, sé muy bien que tu padre fue feliz. Aún más cuando tú llegaste a la familia. —El modelo sonrió de nuevo, pese a sentir que de no haber aparecido él, jamás hubiera tenido ese primer infarto. Se sentía culpable, y no habría palabras que le hicieran sentir mejor—. Por cierto… ¿Dónde está Jessica? ¿No debería estar contigo ahora que más la necesitas?

—No tengo la menor idea —tras una media mueca, se encogió de hombros—. Probablemente está poniéndome el cuerno, para lo que me importa dónde o qué está haciendo. Lo único que me importa es que mis amigos están aquí ahora. —explicó girando la vista para chocar de lleno con la de una alta y conocida figura que le veía con detenimiento, en tanto sostenía la taza de té y simulaba escuchar lo que Boa y Hangeng comentaban.



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El día había sido por demás largo y pesado, al grado de no saber ni cuánto tiempo llevaba en la misma posición, recordando todo. No recordaba cómo había llegado al colegio, ni a su habitación, o siquiera haberse puesto el pijama color negro que Changmin le había regalado.

—No cabe duda que sigo en shock —se dijo, suspirando quedo—. Qué solo me siento… —murmuró melancólico.

—Pero no estás solo…

Esa voz le hizo levantar la cabeza, al tiempo en que sintió unas fuertes y cálidas manos abrazarle desde la espalda, recorriendo sus brazos con aire protector, sosteniendo así su cabeza en el hueco de sus hombros. Se sintió tan turbado como molesto por la intromisión. ¿Qué pretendía Shim Changmin llegando de esa forma a su habitación? ¿Cobrar un trato que ya estaba roto?

—¡Suéltame! —exigió apartándose de golpe del chico para voltear a verlo—. ¿Qué quieres aquí? —le miró sin levantarse de la cama, viendo al menor vestido con su propio pijama, sentado al borde del colchón.

—Sólo hacerte compañía.

—No la necesito, estoy bien solo. —afirmó sintiendo un nudo en la garganta que le hizo quebrar la voz. Changmin arqueó una ceja.

—No fue lo que dijiste hace un momento. Entiendo por lo que pasas, yo…

—¿Entender? —interrumpió indignado—. ¿Tú entiendes por lo que paso? No me vengas con tonterías. Tú no has perdido a tu padre.

—A mi padre no, pero a mi madre sí. Nunca la conocí, tú por lo menos disfrutaste del cariño de Eungsoo. Yo no puedo decir lo mismo. —Jaejoong le miró más molesto.

—¡No seas idiota! Tu madre es la mujer a quien llevarás a juicio por tu estúpido orgullo. ¡Ella te crió! ¿No? Entonces, ella es tu madre. —Changmin frunció el ceño a su vez.

—Ya te he dicho que…

—¡No voy a discutir contigo! No ahora, no hoy —aseveró desviando la vista con tristeza—. Me duele, estoy deprimido… y muy solo… ¡Suéltame! —exigió al sentir, de nuevo, los brazos de Changmin sujetarle fuerte por la espalda para acercarlo a él. Sólo que en esta ocasión el menor no le soltó, sino que por el contrario le atrajo más, rozando sus labios sobre el blanco cuello del modelo, lanzando, con esa acción, una corriente eléctrica que le hizo estremecer de pies a cabeza, robándole así un jadeo inconsciente.

—No estás solo, aquí estoy yo. —le oyó murmurar sobre la base de su cuello.

—No es verdad —susurró sintiendo cómo los labios del chico subían y bajaban rozando su piel, haciéndole estremecer y acelerar el corazón, hervirle la sangre ante el solo contacto—. Tú jamás has estado conmigo…

—Pero ahora estoy aquí, y me voy a quedar hasta que amanezca o me pidas que me vaya…

Jaejoong sintió la mano del más chico separarse de sus brazos para subir hasta su barbilla y girarle el rostro con lentitud, plantándole un beso sorpresivo pero cargado de la sensualidad y la pasión que sólo el actor sabía transmitirle. Lejos habían quedado aquellos besos cargados de violencia y salvajismo, pero igual de ardientes y envolventes.

—¡No, Changmin! —le detuvo separándose de él con la respiración acelerada—. No.

—¿Por qué no? —cuestionó deslizando sus labios por el cuello y hombros del modelo, en tanto su mano se colaba por debajo del pijama. Jaejoong intentó detener esa mano que ya tomaba rumbo hasta sus tetillas.

—¡No, detente! —exigió tratando de apartarse, ya que sus actos tan sugestivos estaban consiguiendo despertarle con rapidez.

—Tu boca dice una cosa, pero tu cuerpo arde ante mi contacto… ante mis caricias. Suplica por una atención que pretendes negarle —susurró para él, con su otra mano descendiendo por el vientre del mayor en un recorrido que sólo provocaba ligeras cosquillas. Pero al llegar hasta su miembro ya despierto no pudo sino gemir, retorcerse de placer en su lugar ante esos dedos que no tardaron recorrer toda su extensión de piel aterciopelada y caliente, subiendo y bajando, masajeando entre sus movimientos ascendentes y descendentes cada uno de esos puntos que le hacían gozar por su sensibilidad—. ¿Aún quieres que me detenga?

La pregunta no fue procesada por su cerebro, la excitación que palpitaba en su entrepierna le impedía pensar, sólo ser receptor de las agradables sensaciones que le hacían jadear y decir no, cuando debía decir sí. La otra mano del actor seguía en su trabajo de acariciar y pellizcar su tetilla derecha, mientras sus labios le recorrían a gusto el cuello y los hombros, apagando (o tratando dé) el calor que emanaba de su cuerpo.

No supo en qué momento Changmin se había acomodado en la cama, justo detrás de él sin soltarle, masajeando su miembro y pecho, pasando de un aureola a otra mientras sus labios bajaban por la espalda y subían hasta su oreja. El saco del pijama se había ido desabrochando por el constante movimiento, lo que ahora le daba al más joven mayor libertad para besar y recorrer con sus labios y lengua.

El pelinegro sintió su intimidad palpitando entre las manos del actor, un dolor en el vientre que le advertía estar cerca de su límite, la transpiración en su cuerpo le hacía jadear mucho más y su corazón parecía a punto de estallar por las caricias que Changmin esparcía por todo su ser.

—¡Aahh, Changmin! —fue con un último jadeo y una imprevista tensión muscular que su blanca semilla salió disparada y manchó tanto la mano del menor, como sus pantalones.

Trataba a toda costa de recuperar el aliento, habiéndose recargado por completo en el cuerpo del castaño con la excitación pulsante del mismo completamente palpable tras suyo. Sabía que ahora le tocaba a él, sólo necesitaba unos minutos para poder responderle. O eso pensó, hasta que se sintió siendo recostado con delicadeza en la cama por el chico, en tanto él se retiraba al baño.

¿Pero qué rayos pasaba?

—¿Changmin? —El castaño se detuvo sobre el marco de la puerta y se giró a verle—. ¿Qué ocurre?

—Sólo voy a buscar algo con qué limpiarnos, y unos nuevos pantalones para que te cambies. —Jaejoong se incorporó un poco sin comprender, viendo al más joven regresar hasta él. ¿Acaso se estaba preocupando por él? ¿No iba a cobrarse? ¿No iba a pedir una retribución a lo que le había hecho?

—¿Pero… y tú? —cuestionó al sentir su rostro arder. El actor no dijo nada, observándole detenidamente. ¿Por qué sólo le miraba? ¿No iba a responder?

—No es necesario… sólo quería que te sintieras mejor —explicó ayudándole a asearse para recostarlo en la cama de nuevo—. Ahora duerme, te sentirás mejor por la mañana.

—¿Por qué eres tan amable conmigo? —Changmin no respondió—. ¿Sabías que tu madre quiso adoptarme para ser tu hermano? —comentó recostado de lado, sin verlo, pese a sentir su calor muy cerca suyo.

—Mi tía. Y sí, sabía que quiso adoptar a alguien cuando tenía 5 años, ese niño tenía 6, pero nunca supe que eras tú, hasta hoy —Jaejoong se giró en la cama para verlo de frente—. No me veas de esa forma, la puerta de la biblioteca estaba entreabierta… Yoochun y yo escuchamos todo. —¿También Chun? Bueno, era su mejor amigo, eso en realidad no importaba, sólo lo que Changmin pensara.

—¿Y estás molesto? —preguntó inseguro.

—No. Pero ahora entiendo más por qué ella te admiraba y sabía tanto de tu carrera… Porque quería obligarme a ser como tú…

—¿Qué? —Jaejoong se levantó de la cama al escucharle, pero Changmin colocó su índice sobre los labios del pelinegro acallando cualquier cosa.

—Hoy no, Jaejoong. —susurró deslizando su toque por la sonrojada mejilla del modelo, acercándose hasta que sus labios pudieron rozar los del mayor, recorriendo su boca con besos cortos, invadiéndola para saborear mejor, embriagarse con ese dulce sabor para hacerle olvidar, aunque fuese por un momento, todo lo dicho y ocurrido durante ese interminable día.

Con besos, con abrazos, con nada más que la comprensión y la compañía que tanto necesitaba esa noche.

¿Acaso Changmin por fin le veía como algo más que un objeto sexual con el que gustaba divertirse para después botar?

Tal vez sí, ya que por primera vez, el menor no había arruinado todo diciendo algo que terminara por alejarle.



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Ya pasaba de la media noche y seguía con los ojos abiertos, pegados al techo. Habían pasado demasiadas cosas ese día, todo demasiado confuso y rápido. Desde la noche anterior en que el actor Shim había llegado hasta su cuarto para ordenarle vestirse de gala e ir a acompañar a su amigo al funeral de su padre.

Sabía que tenía que hablar con Changmin sobre Jaejoong, pero no había podido hasta el momento. Estaba casi seguro que el actor amaba a su amigo, sin importar lo que Jaejoong dijera, Changmin lo amaba, tal sólo quizá, estaba haciendo las cosas mal, y eso hacía que el pelinegro en lugar de aceptarle lo aborreciera. ¿O era quizá que Jaejoong era heterosexual y Changmin gay? ¿Qué acaso Jessica no era su novia? Aunque… si esa rubia antipática estaba con su amigo, ¿por qué no se había presentado en el funeral? La prensa seguro la crucificaría viva al día siguiente.

En fin, eso qué importaba, la suerte de esa chica le tenía sin cuidado. Lo que en realidad le preocupaba era todo lo relacionado con el actor y su amigo.

Había tenido la oportunidad perfecta durante el velorio de Kim Eungsoo, justo en el momento en el que Jaejoong era llevado a la lectura del estamento de su padre –Lo que había sido extraño. Leer el estamento mientras el cuerpo sigue en el lugar–. Había estado platicando con Hangeng y Boa, cuando vio de pronto aparecer a Yunho, el compañero modelo de Jaejoong. ¿Cómo se enteraría?

—¡Yunho! ¿Cómo supiste? —cuestionó la pelicorto al verle aparecer vestido por completo de negro. Yoochun sólo miró con curiosidad el notorio sonroso en las mejillas femeninas.

—El representante de Changmin le llamó a mi representante, ella me localizó y me avisó del padre de Jaejoong. Al parecer Changmin le pidió a Rain que me localizara para venir a verlo. ¿Dónde está él? Me gustaría darle el pésame. —Hangeng le explicó al modelo que Jaejoong no podía ser molestado de momento, pero Yoochun dejó de prestar atención a la conversación para buscar con la mirada al actor, que desde hacía rato no lo veía.

Se separó del pequeño grupo buscando con cautela, incómodo después de haber presenciado la manera en que Hyunjoong había tratado al pelinegro. Jamás se hubiera imaginado lo mal que su amigo lo pasaba en esa casa, y hasta ahora que entendía por qué siempre prefería pasar las vacaciones en la escuela o trabajando. Al parecer, Hyunjoong no sólo lo maltrataba físicamente, sino verbal y moralmente. No podía entender por qué Jaejoong aguantaba tantos abusos que no se merecía, siendo él tan buena persona, tan divertido, cualquiera que estuviera a su lado solía pasársela bien e, incluso, estaba seguro, el propio Changmin podría pasársela bien si conviviera un poco más con él. Cosa que estaba seguro podría lograr, si fuera un poco más abierto de carácter, dejara esa frialdad de lado y conviviera con todos: no sólo él, con Boa, con Hangeng y hasta con Yunho.

Giró la vista con sorpresa al ubicar al chico de pie a un costado de la puerta de la biblioteca, de espaldas a él, con los brazos cruzados y la cabeza baja. Parecía que en cualquier momento entraría a la habitación, pero no, sólo permaneció ahí. ¿Haciendo qué? Fue hasta que se acercó lo suficiente que entendió qué hacía.

—¿Estás escuchando? —preguntó al detenerse a unos centímetros de él, donde podía escuchar la voz de Eungsoo. El actor no respondió, sino que llevó su índice a los labios indicándole que guardara silencio. La puerta estaba entreabierta y el contenido del testamento se escuchaba fuerte y claro.

No era su intención quedarse, a él no le importaba qué iba a dejarles Eungsoo a cada uno de sus hijos, si es que aún tenía algo qué dejarles. Pero lo que alcanzó a oír, lo dejó helado en su lugar. Eungsoo se dirigía a Jaejoong con tristeza y melancolía, disculpándose por no haber permitido algo que le hubiese podido salvar de los maltratos de su familia…

   Cuando tenías seis años, vino la madre de un joven actor a verme. Ella te había visto en el orfanato unos meses después de que nosotros hubiéramos decidido adoptarte. Ella, digámoslo así, llegó demasiado tarde. Quería que fueras el hermano de Shim Changmin, de tu actor favorito.

Yoochun arqueó las cejas por la sorpresa y giró para ver al actor. Su expresión era seria, pero no podría adivinar lo que pensaba en esos momentos, así que siguió escuchando.

   Ella quería que retiráramos los papeles para tu adopción, así los de ella serían aceptados. Pero yo ya me había enamorado de tu carácter, de tu forma de ser tan amena y divertida, y creí que con dos hermanos serías más feliz que con uno solo. Se lo expliqué. La vi tan abatida, que realmente deseé que encontrara a otro niño que pudiera contagiar de alegría al suyo, que parecía algo retraído. Ahora sé, que quizá debí dejarla llevarte, hubieses sido más feliz siendo el hermano de Changmin que de estos dos buenos para nada, malagradecidos.

—¿Tu madre iba a adoptar a Jaejoong? —preguntó Yoochun incrédulo—. ¡Lo sabías! —exclamó bajo al ver al actor reaccionar apenas con una afirmación.

—Mi tía, y no, no sabía que era Jaejoong a quien ella pensaba adoptar.

—¿Tía? —Changmin sólo le miró con el ceño fruncido. Había olvidado que el único que sabía era Jaejoong.

—Es una larga historia —cerró los ojos y suspiró pesado—. De todas formas lo sabrás en poco tiempo, cuando nos vayamos a juicio…

—¡¿Juicio?! —repitió asombrado, pero el menor dejó de prestarle atención para girarse a la puerta y seguir escuchando.

Yoochun guardó silencio de golpe. Reconocía cuando alguien decía algo que no debía, y ahora sabía que Changmin había mencionado lo de su madre… o tía, sin haber meditado el asunto. Probablemente porque Jaejoong ya lo sabía, y estando en su casa se sintió seguro. ¿Pero por qué se irían a juicio? Jamás había escuchado de algún caso parecido dentro de la farándula. Quizá iba a ser el primero.

Pestañeó un par de veces al recordar a Junsu en el velorio. Le había escuchado hablar por su celular de nuevo con aquel misterioso amigo, y una vez más, había sentido como si algo le golpeara en la boca del estómago.

—Pero no quise escucharlo… de nuevo.

Jaejoong tenía razón, estaba enojado con él por esas llamadas. Ya ni siquiera recordaba cuándo era que había comenzado todo ese asunto. Al principio había creído que Junsu, aquel virtuoso músico que lograra entrar a la sinfónica, era demasiado inocente y transparente, incapaz de mentirle… y sin embargo, ahora parecía que se hubiera convertido en otra persona. Alguien diferente a quien había conocido, de quien se había enamorado…

¿Enamorado?…

Sí, estaba enamorado de otro hombre, ese a quien Jaejoong llamaba “su novia” era en realidad Junsu, “su novio”. O por lo menos eso era hasta que apareció ese amigo misterioso del teléfono. Junsu no solía mantener secretos con él, aunque… tampoco le había comentado que Changmin y él eran primos.

No…

Junsu había cambiado aunque dijera lo contrario. Estaba seguro que algo pasaba con ese chico del teléfono, y quizá era hora de escuchar de labios del peliclaro qué era.

Se sentó en la cama dispuesto a salir de su habitación para ir a la de Jaejoong e ir a buscar a Junsu, pero al estar frente a la habitación del modelo algo le detuvo.

—No puedo… —se dijo al deslizar su mano del picaporte hacia abajo—. Jaejoong debe estar muy cansado por todo lo que ocurrió. Hablaré con Junsu, pero no hoy. Lo veré el fin de semana en la sinfónica, tal vez aproveche entonces.

Jaejoong ya había tenido suficiente por ese día. Estaba casi seguro que de entrar a su habitación era más que probable que ni cuenta se diera, pero no quería arriesgarse. Estaba alterado, si Jaejoong lo veía así preguntaría y no quería agobiarle con sus problemas, suficiente tenía con los suyos como para sumarle otros más aparte.

Con ello en mente, se dio la vuelta para regresar a su habitación e intentar dormir, aunque sabía, eso sería casi imposible.

Pero quizá, si Yoochun hubiese entrado en ese momento a la recámara, hubiese despejado todas sus dudas con respecto a su amigo y el actor…



–.—.—.—.—.—.–



El sonido de los pajarillos anunciaba el comienzo de un nuevo día. El sol aún no salía del todo, siendo apenas las seis y media, pero el fresco de la madrugada ya empezaba a colarse por la ventana del balcón abierto.

—Jaejoong, despierta…

El aludido sintió la tibieza de aquel aliento convertido en murmullo sobre su oído, en tanto algo que identificó como cabello, hacía cosquillas sobre su cuello y le obligaba a despertar. Aunque sólo se movió para acomodarse mejor sobre la cama, sin abrir los ojos en ningún momento.

—Jaejoong… son las seis y media… —volvió a escuchar en su oído, muy cerca. Yoochun jamás le hablaba tan temprano, y mucho menos con tanta delicadeza. Él por lo general lo zarandeaba en la cama hasta que despertara, y si no, le echaba agua en la cara.

—Mhm… no, yo me levanto hasta las siete… —balbuceó medio adormilado, esperando que su amigo escuchara y le dejara dormir 30 minutos más.

—Por eso siempre andas a la carrera y a veces ni alcanzas a desayunar. Vamos, Jaejoong… Ya levántate, ya me voy…

—Sí, sí, vete Yoo… ¡Changmin! —reaccionó sentándose de golpe en la cama—. ¿Qué haces en mi habitación a esta hora? —Entonces los recuerdos acudieron a su memoria de golpe, haciéndole enrojecer—. ¿Qué no ves que Yoochun puede llegar en cualquier momento y descubrirnos? Tú nunca te quedas hasta esta ahora, ¿por qué no te has ido? —soltó a la carrera. Él jamás se quedaba hasta la mañana, siempre se iba después de hacer el amor. ¿Entonces por qué?…

Unos labios urgentes sobre los suyos le acallaron, haciéndole olvidar todas las preguntas que surgían en su mente en aquel momento. La conocida corriente eléctrica sacudió su cuerpo por completo, acelerándole el corazón hasta el tope. Sus ojos se cerraron por instinto cuando entreabrió sus labios para darle acceso a la ávida lengua que le recorrió sensual y apasionada, haciéndole hervir la sangre como sólo él sabía hacerlo.

—Jaejoong… Ya me voy, tengo que cambiarme y bajar a desayunar. —explicó el menor, separándose del modelo y dejándolo con las ganas de continuar.

—Pe… pero tú…

—Estuve aquí hasta esta hora porque te lo prometí, te dije que me quedaría hasta que amaneciera, y ya amaneció. —aclaró acallándolo.

Jaejoong frunció el ceño. ¿Qué había pasado con el Changmin sensible y comprensivo de la noche anterior? ¿Había sido una de sus actuaciones? ¿Una de esas actuaciones dignas al Bambú de Oro para el que estaba nominado?

—¿Eso quiere decir que lo de anoche no volverá a repetirse? —preguntó, pese a saber de antemano la respuesta. Changmin se giró en su lugar, casi llegando a la puerta del balcón, para verle con una media mueca en forma de sonrisa.

—Sólo si alguien se muere…

—¡Eres un idiota! ¡Maldito estúpido! ¡No necesito de ti ni de tu lástima, lárgate ahora mismo de aquí! —gritó al ponerse de pie y sacudirse la sábana, arrojando todo cuanto se le atravesara en el camino, desde los cojines de la cama hasta sus propios zapatos.

Pero Changmin ya se había ido. Como siempre, había abierto la boca sólo para alejarle…

—¡Te odio, Shim Changmin! —ahogó tomando y apretando entre sus manos uno de los cojines que habían rebotado contra la puerta cerrada del balcón—. Te odio, pero al mismo tiempo te amo… ¡Maldita sea! —se quejó arrojando el objeto contra la cama.

“Voy a poseerte y voy a herirte… Me amarás aunque me odies… Esa será mi venganza”

Por más que exprimía sus neuronas, no lograba recordar qué le había hecho a Shim Changmin como para que este quisiera vengarse de él.

Maldición. ¿Qué?…



–.—.—.—.—.—.–



Apenas había tenido tiempo para cambiarse e irse directo a clases, ya que de nuevo se le había hecho tarde, esta vez por discutir con Changmin y consigo mismo.

«No cabe duda que debo levantarme más temprano si quiero ir a desayunar» se dijo melancólico.

Si bien tenía todos los motivos para faltar al desayuno y a clases, sabía que lo mejor era llenarse la cabeza de cosas que no fueran los recuerdos con su padre, o la panza sólo de aire, al fin y al cabo, no tenía hambre. Ojalá todo fuera sólo trabajo, pero para su desgracia, su mente estaba llena ahora también de los enigmas que le dejaba ese condenado ‘Cubito’ de hielo, alias Shim Changmin.

Ahora caminaba por los pasillos de la escuela con el saco del uniforme al hombro y una banda negra sobre la manga de la camisa blanca en señal de luto. Se dirigía a su primera clase. Muchos de sus compañeros pasaban dándole una palmadita en la espalda en señal de comprensión, algunas chicas, un fuerte abrazo, aunque no faltaba quien se acercara a él llorando a darle el pésame. Kim Eungsoo era muy bien conocido en el medio artístico, y Jaejoong muy popular, por lo que ahora todos sabían del fallecimiento del director y productor; e incluso, se habían programado en la TV algunos especiales como su biografía y películas.

Sus pensamientos, en esos momentos, estaban muy lejos de ahí. Avanzaba por inercia y oía sin escuchar, apenas dibujando una pequeña y melancólica sonrisa, sin darse cuenta que estaba cayendo en aquello que se había prometido evitar: La depresión.

Ni siquiera sabía si lo sucedido la noche anterior había sido cierto o parte de su hiperactiva imaginación. ¿En realidad Changmin había pasado toda la noche a su lado? ¡Sin exigirle nada! ¡Solamente abrazados en la cama! Bueno, después de haberle hecho terminar en su mano, ¡pero no le había tomado en retribución! Aunque ahora, qué más daba… De nuevo había terminado alejándolo con aquel comentario sarcástico y burlón, dándole a entender que aquello había pasado sólo porque se lo había prometido, y no porque sintiera algo –¡Lo que fuera!– por él.

No, no lo que fuera. Tenía que sentir amor…

—¡Jaejoong, amor! —el fuerte grito femenino le sacó de golpe de sus pensamientos, haciéndole girar sobre sí. No le costó nada ubicar a la despampanante rubia que, enfundada en un entallado vestido negro, corría hacia él ante las miradas asombradas de los alumnos que observaban.

Antes de que pudiera evitarlo, los brazos de la chica se cerraron sobre su cuello obligándole a retroceder ante el peligro de una estrepitosa caída, abrazándola a su vez para que las perfectas curvas de aquel delicado cuerpo se amoldaran al suyo.

—¡Jessica! ¿Pero qué demonios haces aquí? —preguntó separándose un poco de ella, que sollozaba entre sus brazos murmurando cosas incomprensibles.

—¡Perdón, perdón! ¡Perdón, Jaejoong! ¡Perdón! —balbuceó mirándole con ojos llorosos, empañados por las gruesas lágrimas que escapaban de ellos.

Jaejoong se quedó mudo, sin poder decirle nada, y es que jamás había visto a su amiga –No. Su novia– llorando así. Ella, a quien siempre había visto como alguien demasiado fuerte, demasiado segura de sí misma como para derramar una lágrima.

Y así, sin entender el motivo de su llanto, sólo atinó a sacar un pañuelo de su bolsillo y tendérselo para que se limpiara.

—Lo lamento mucho… —volvió a decir. Quizá fue la pregunta tatuada en su cara, o quizá fuera el momento indicado, pero Jessica procedió—. No me enteré de lo que le sucedió a tu padre hasta esta mañana. ¡No pude estar contigo! —soltó entre lágrimas, volviendo a abrazarse a él. Jaejoong sintió la tristeza apoderándose de él, con el mundo viniéndosele encima y la ligera esperanza de que hubiera alguien, además de su padre, que le quisiera de verdad… Hasta que Jessica lo echó a perder—. ¡La prensa no me deja en paz! Me están crucificando viva… Jaejoong, tienes que hablar con ellos.

El fuerte golpe que sintió al escucharle le hizo regresar los pies sobre la tierra. No, no había nadie más que le quisiera aunque fuera un poco. Nadie, absolutamente nadie. Sólo su padre, porque ni su madre o hermanos, y desconocía si sus amigos le querían en verdad. Quizá una vez que saliera de la escuela ni les volvería a ver jamás.

No, no había nadie. Absolutamente nadie…

Se soltó determinante de los brazos de Jessica, dejando a la rubia helada en su lugar, con los ojos fijos en esa mirada oscura que el modelo jamás antes le había dedicado. Su mirada grisácea, antes cálida, ahora se veía tan fría, tan ausente. Como si los sentimientos en ella se hubieran ido.

—No —respondió firme, y Jessica frunció el ceño molesta—. No voy a hablar con la prensa, ni a tu favor ni en tu contra.

—Pero Jaejoong, como novios tú…

—Ya no, Jessica —la afirmación dejó a más de uno con la boca abierta, dentro del pequeño público que había acarreado su espectáculo a medio pasillo. Jaejoong estaba rechazando a una de las solteras más hermosas, una actriz nominada a los Asian Film—. Esto se terminó.

—¿Qué? ¿Acaso estás terminando conmigo? —El pelinegro asintió sin pronunciar palabra. Sabía que eso tendría que hacerlo tarde o temprano, y sabía también que debía hacerlo a solas, pero las rudas palabras de Jessica le habían provocado reaccionar sin pensar—. Kim Jaejoong, ¡no puedes terminarme!…

—Jessica, tranquila —musitó intentando calmar el enojo de su amiga—. Sabíamos que esto iba a terminar tarde o temprano, y es mejor terminarlo ahora, antes de que alguno de los dos, o los dos, salgamos lastimados.

Pero Jessica ya no entendía razones, manoteando sobre el modelo, lanzando improperios e insultos. Jaejoong levantaba los brazos para defenderse de los golpes, sabiendo que no había mucho más qué hacer. O quizá sí, pero no quería hacerlo. Se dedicaría, igual que con Hyunjoong, a recibir su enojo traducido en golpes.

—¡A mí nadie me deja! ¡No ha nacido el hombre que se atreva a dejar a Jung Sooyeon! ¡No te atrevas a decir que terminamos! ¡Primero muerta! Primero… Primero…

Jaejoong abrió los ojos cuando no escuchó más a la rubia, ni sintió más sus manotazos. Jessica aún estaba frente a él con los ojos chispeando de ira, mordiendo su labio inferior, pero con la vista al frente en alguien más que no era él. Al girar un poco la cabeza para mirar, se encontró con que justo detrás suyo, a menos de un paso de distancia, se encontraba Shim Changmin, su amante.

Para qué negarlo, Changmin era su amante…

—Changmin… —murmuró la rubia serenando su tono de voz. La mirada de hielo del menor parecía haberla calmado, pero no lo suficiente—. Tú no… —El chico sólo había alzado una ceja, lográndola callar de nuevo.

—¿Yo qué? —Jaejoong giró la vista de un lado a otro entre ambos. ¿Estaría Jessica tan molesta con él, al grado de mencionar su acuerdo? ¿Sería tanto su enojo que les echaría de cabeza? Claro que de hacerlo terminaría perjudicándose ella misma también, pues si no mal recordaba a la chica la estaban relacionando con alguien de su mismo sexo.

—Nada —Jessica se dio la vuelta molesta, pero justo antes de partir, se giró para mirar de reojo al pelinegro—. Espero que realmente sepas lo que haces, porque acabas de mandar al demonio no sólo mi carrera, sino la tuya también. —y sin decir nada más, se retiró altiva del lugar, dejando a todos con la interrogación plasmada en sus caras. A todos, menos a un par que supieron interpretar cada palabra.

Jaejoong bajó la vista suspirando con verdadera pesadez, hasta que sintió a alguien apretarle el hombro para confortarle. Sabía quién era, las cosquillas y el calor ante el contacto eran inconfundibles, pero los últimos minutos con Jessica le habían puesto tan de mal humor, que sólo apartó el toque con brusquedad.

—Es mejor así. —afirmó el castaño, pero Jaejoong se giró de golpe sintiendo la furia apoderarse de él.

—¿Mejor? ¿Mejor para quién, idiota? ¿Para ti? —acusó sin meditar sus palabras, ignorando por completo al público que aún seguía pendiente de sus movimientos.

Varios de los alumnos se arremolinaron ahora a su alrededor, esperando por una nueva pelea entre ambos, como aquella en la que el pelinegro había saltado con un golpe al actor y este amenazara con demandarle, o quizá como en la que el actor le hubiera sacado del comedor sin dejarles ver en qué terminaba. Quizá, por fin pudieran ver la pelea que tanto esperaban.

—Para ti, tonto. Sabías de antemano que esa relación no iba a ningún lado, estaba destinada al fracaso. Ella no puede ser fiel por demasiado tiempo, y eso lo sabías desde el inicio. Por lo menos tuviste la sensatez de terminar con ella antes de que…

—¡Cállate! Eres el menos indicado para juzgar a nadie, y tú no sabes nada. —¿Cómo se atrevía a tan siguiera insinuarlo? Él hablando de fidelidad cuando sabía bien que ambos habían estado juntos hacía unas horas.

—Yo no estoy juzgando a nadie, sólo digo la verdad. Si tanto necesitas de compañía, deberías buscarte otra pareja. —sentenció con un gesto casi burlón. Jaejoong vio el reto en esa mirada, esperando por una respuesta que no tardaría en darle.

—¿Ah sí? ¿A quién? ¿A ti? —respondió con la misma sorna, logrando una risa amena general de sus compañeros. Estaba seguro de que Changmin no afirmaría algo semejante tan públicamente.

—¿Y por qué no? —Pero se equivocó—. Por lo menos yo no te pondría los cuernos con el primer par de pantalones que me pasaran por enfrente. —Ese comentario irónico fue el colmo.

—¡Eres un estúpido, desgraciado! ¡Aléjate de mí! —exigió empujándolo de su camino, apresurándose hasta su salón.

Los murmullos comenzaron de nuevo. Por un momento habían imaginado que las asperezas entre el modelo y el actor habían terminado, luego de haber visto en todos los noticieros de chismes del espectáculo que el actor Shim Changmin, había acompañado al modelo Kim Jaejoong en el sepelio de su padre. Pero con lo que acababan de presenciar, aquellos chismes y rumores sobre su enemistad volvían a crecer augurando, muy pronto, una nueva pelea.

O quizá, algo aún peor…



–.—.—.—.—.—.–





Habiendo dejado atrás la fuerte discusión con Jessica y con Changmin en pleno pasillo de salones, había tomado sus clases con normalidad, tratando de ignorar todos los cuchicheos que se cernían sobre su cabeza alrededor de la ruptura con la rubia y la repentina “declaración” del actor.

Evitó a toda costa prestarles atención, sin desmentir ni confirmar nada de lo que le preguntaran, consciente de que había cierto pajarito dentro del colegio que se encargaba de informar a la prensa. Ya eran varias las veces que se había visto involucrado en los chismes de K! News Live, y no quería volver a servirles de nota otra vez. Tampoco quería ver a ese actor estúpidamente alto que se empeñaba en no apartar la vista de él, poniéndolo nervioso cada que podía, e inflando los cuchicheos sobre ellos.

Estaba tan enojado con él, que había pasado de avisarle que se perdería toda la tarde y parte de la noche para ir a filmar el comercial que NIKE requería con urgencia.

Sunny había llegado por él justo a la hora de la comida, todavía faltaba la firma del contrato y revisar el formato del comercial. Comenzaron la filmación cuando el sol iba declinando y terminaron hasta pasada la media noche. Por suerte era amigo de los guardias, que si no, tendría que dormir en un hotel.

Había estado corriendo bajo los efectos de la lluvia para demostrar que la nueva línea de calzado resistía las inclemencias del tiempo. Al principio todo estuvo bien, porque el agua que salía de la regadera estaba caliente, pero al cabo de un par de horas de distintas tomas, el calefactor ya no funcionaba y el agua empezó a caer fría. Agregándole a eso el viento nocturno que se le tradujo en un fuerte resfriado. Si no es que pulmonía.

—¡ACHOU!

El viento helado se la noche se colaba a través de la ventana abierta del balcón. Otro pañuelo desechable voló al suelo, sumándose al resto de los que ya cubrían el lugar.

—¡ACHOU!

Ya ni sabía cuántas veces había estornudado, pero se sentía pésimo. Le dolía un horror la cabeza, la nariz le escurría tanto que ya estaba roja de tanto limpiarla, además de sentir arder la cara, pero el frío era tal que ni así se quitaba todas las mantas con las que estaba tapado. Ya había tomado algo para el resfriado, pero seguía sin sentirse mejorar. Ni siquiera el vaso de vino que se había tomado después de las pastillas para el resfriado le había servido para olvidar en algo su malestar, lo único que había conseguido era insomnio y unas ganas de...

—¡ACHOUUUU!

Otro pañuelo voló al suelo. Si no fuera porque había firmado con NIKE para hacer el comercial sin haber leído bien de qué trataba, era más que probable que no lo hubiera hecho. No se necesitaba ser genio para saber que pasarse unas horas bajo el agua, fría o caliente, en plena noche, se traduciría en un resfriado seguro.

—¡ACHOUUU! —Otro pañuelo se sumó al resto de sus compañeros.

Sabía… No, más bien esperaba que Changmin hubiera estado preguntando a dónde había ido, o qué había estado haciendo. Ya estaba esperando con ansia que en cualquier momento se presentara en su habitación para reclamarle. No creía ni por un momento que sucediera lo de la noche anterior, pues estaba seguro que en esta ocasión, de llegar a esa hora (1:30am), no se quedaría con las ganas de tomarle.

«Y si no, le tomo yo» se dijo con una risa para sí. «Como si eso algún día llegase a ocurrir»

Estaba ansioso, sí. El cosquilleo en su cuerpo subía y bajaba por cada poro de su piel, tan sólo de recordar las manos del actor tocándole. Estaba excitado, y estaba seguro que con sólo verle directo a esos ojos que a veces le sumergían en un mar tormentoso y apasionado, iba a reaccionar, sin necesidad de que le tocara.

Un conocido temblor le puso los vellos de la nuca en punta al escuchar la puerta del balcón abriéndose. La sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro al reconocer de inmediato la sombra que se proyectó hasta su cama, dejándole percibir en el ambiente esa colonia que tan bien lo identificaba en él.

—Te estaba esperando. —afirmó ronco. Por un momento, su voz le pareció desconocida. Jamás había escuchado su propia voz al ser envuelta por el deseo. ¿O es que sus cuerdas bucales ya se habían lastimado por el resfriado? No, estaba seguro de que lo último aún no había sucedido.

—¿Sí? —El menor se aproximó a su cama, sin que el modelo se moviera—. ¿Dónde te metiste? —preguntó al tenerle cerca—. Creí que seguías haciendo rabieta por lo de Jessica y no te presentarías hasta mañana. —Pero Jaejoong sonrió de una manera en la que jamás le había visto hacerlo. No con él.

—Como ves, no estoy enojado o pataleando en el suelo como habías imaginado. Más bien… estoy algo ansioso. —Por unos segundos, la incertidumbre asomó a la mirada del actor. Tal vez la poca luz que la lámpara proporcionaba no le permitía verle del todo los ojos, pero de un tiempo a la fecha, le resultaban más conocidas las reacciones del menor ante ciertas situaciones.

—¿Estás bien? —cuestionó al recorrer con la vista la nueva alfombra de papeles que tapizaba el suelo.

Jaejoong empezó a reír, lanzando la caja de pañuelos sobre el buró de forma descuidada. Al parecer, por fin las medicinas comenzaban a hacerle efecto, porque su nariz había dejado de escurrir, pese a que el calor que agobiaba su rostro no quisiera ceder, ni el frío que sentía en el cuerpo. De todas maneras, lanzó las cobijas a un lado y se puso de pie de un brinco, quedando de frente al actor.

Changmin le observó de arriba abajo un modo sugerentemente lento, relamiéndose el labio en un gesto tan sexual que le hizo acelerar el corazón. El pijama color negro que el actor le repusiera por aquel que le había roto en cierta ocasión, le hacía sentir seductor, pues la seda de la prenda le acariciaba cada parte de la piel con suma delicadeza.

Esa mirada de deseo en el más joven le hizo estremecer de forma especial, de una en la que jamás se había sentido antes. Su cuerpo, algo entumecido por el frío, había comenzado a entrar en calor ante la sola mirada ajena.

Ninguno de los dos se movió por interminables segundos, observándose el uno al otro en total silencio. Jaejoong se sentía arder por dentro –y por fuera–, aunque no iba a confesarlo. Necesitaba a ese arrogante chico como jamás lo había necesitado antes.

En un arranque de valentía que nunca creyó poder utilizar con el actor (lo había hecho con mujeres antes, pero jamás con Changmin), lo tomó con fuerza por el brazo y lo lanzó a la cama, tirándosele encima para inmovilizarlo al sujetarlo por las muñecas. Sus impulsos estaban mandando sobre él como jamás hubiera imaginado, y le gustaba. El tenerlo inmovilizado en el lecho, sintiendo el calor de su cuerpo calentando el suyo, sintiendo la excitación creciente en su entrepierna, le hizo excitarse aún más.

—¿Jaejoong? —escuchó la ronca voz del actor a su oído, pero no prestó atención a la duda impresa en su nombre, guiado por sus instintos a continuar asaltándole la boca, dejando que esta vez fuera su lengua la que se apoderara de aquellos labios seductores, la que se enredara con la ajena que quería dominar… pero no iba a dejarla. Probando, saboreando, dejándose embriagar por aquel sabor que tanto le intoxicaba.

Dejó que su boca continuara su trabajo, con sus manos comenzando a bajar por el pecho del actor directo a desabrochar uno a uno y muy lento los botones de su pijama, acariciando con la palma de la mano la caliente y suave piel que iba quedando al descubierto. Saboreando con cada caricia el ligero quejido que escapara de la boca de aquel a quien siempre consideró de hielo.

—Jaejoong, espera…

Pero no, esta vez no iba a detenerle. Estaba tan excitado que aun y cuando Changmin se negara iba a continuar. Violación. Esa palabra pasó por su cabeza apenas un momento, pero la borró. No, haría que se encendiera tanto que no podría detenerse. No sería él quien le detuviera ahora que tanto lo deseaba. Esta vez sería Changmin quien le pidiera no detenerse, tal cual lo había hecho él.

Su boca volvió a acallar a la del menor, que se negaba a responder al beso como lo hiciera segundos antes. Pero lograría que volviera a entenderse como al principio. No sabía qué lo había detenido, pero no se frenaría por mucho tiempo.

¡Shim Changmin no era de hielo!

—Jaejoong, estás ardiendo… —consiguió decir al separarlo de su boca. Debía ser cierto, porque aunque sentía algo de frío, aún ardía. Comenzó a reír.

—Claro que estoy ardiendo, por eso voy a mitigar este calor con tu cuerpo… —afirmó lo más sugerente, intentando volver a llegar a los labios del menor. Había sentido muy bien un ligero temblor sacudir el cuerpo del castaño ante sus palabras, pero fue este quien tomó control de la situación y le hizo girar en la cama, quedando él arriba del modelo.

—No, no esa clase de ardor. Jaejoong, tienes fiebre… y mucha. —Jaejoong se sorprendió de que el chico tuviera consciencia en un momento así de algo tan insignificante como un poco de temperatura. ¿Desde cuándo se preocupaba por él? ¿Qué no le había dado a entender esa misma mañana que sólo sentía lástima por él? ¿Entonces por qué preocuparse por un simple resfriado?

Volvió a reír, cínico, cuando enredó sus piernas con las del actor y lo regresó bajo su cuerpo. Asaltó esos labios que le volvían loco, embriagándose con el intoxicante sabor.

—Sólo es un resfriado, ya tomé algo para ello —aseguró separándose apenas, recorriendo con la punta de su lengua la mejilla del castaño—. Y antes de que preguntes… me tomé unas pastillas con algo del vino que me regalaron en la locación del comercial de NIKE para celebrar el término de este.

—Así que ahí estuviste… ¿Vino con pastillas? Jaejoong, estás drogado. —Sin detener sus besos y caricias del cuerpo del actor, continuó.

—Sí, estoy drogado, pero del sabor de tu boca, de tu cuerpo… De tus caricias y pasión. Drogado de ti… —La mano del menor que hasta el momento había intentado detener las caricias del modelo, se detuvo. Esta era la primera vez que tomaba la iniciativa, y fuera por la combinación de medicamentos y alcohol o porque realmente lo sintiera, iba a continuar con lo que hacía.

El pelinegro sonrió para sus adentros cuando sintió al castaño relajarse, dándose libertad para acariciarle el pecho ya desnudo y sentir la suavidad de la piel bajo su palma, el cómo el cuerpo de aquel que sabía bien cómo volverle loco, comenzaba a temblar ante su simple roce. ¿Cómo nunca se había dado cuenta de esos pequeños detalles? Siempre había sido él quien le dijera lo que podía provocarle, pero ahora tenía el control en sus manos, e iba a utilizarlo.

—Jaejoong… no te detengas ahora. —escuchó la voz ahogada del actor suplicarle. Se había detenido sin querer, pero de inmediato retomó lo que hacía, deteniendo en todo momento las manos del chico que intentaba tocarle.

—No, Minnie… Esta vez no podrás tocarme hasta que yo te lo diga. —aseveró alejando la mano que había intentado llegar a su pecho, y sus labios viajaron hasta los del menor para devorarlos con un pasión insólita en él, imposible de controlar o saciar. Sabía muy bien que sus besos podían encender al actor, e iba a encenderlo hasta volverlo loco.

Se separó de su boca para dejarlo con excitado y con la respiración acelerada. Podría sentir su miembro despierto presionando contra su abdomen, pero no, aún no llegaba a esa parte; aún le haría suplicar por más, hasta que no pudiera controlarse.

Su lengua se deslizó lenta y traviesa por el cuello del chico, arrancándole sonoros gemidos mientras se encaminaba en un camino descendente por su pecho y una de sus manos se guiaba hasta aquello que le molestaba en el vientre.

—Mhm, Jaejoong… —le escuchó jadear cuando su lengua encontró y empezó a jugar con una de sus tetillas, chupando y succionando con fuerza, mordiendo ligeramente hasta hacerle gruñir. Se sentía tan bien ser él quien diera placer, porque no sólo lo proporcionaba, también lo sentía, sensible ante los roces que el miembro del actor daba contra su cuerpo, o lo grato que era escucharle gemir su nombre de un modo tan urgente y sensual.

Se detuvo una vez más logrando que la confundida mirada del menor le buscara buscando una respuesta, aunque todo lo que vio, fue una sonrisa. Jaejoong comenzó a despojarse de la camisa del pijama con movimientos lentos y provocativos, en tanto su cadera se mecía sobre la del castaño frotando ambos miembros endurecidos bajo las delgadas telas de sus pantalones.

Sus manos se deslizaban sobre el cuerpo del menor arrancándole suspiros en su camino, mismo que más tarde siguió con su boca recorriendo la línea de su pecho hasta detenerse en su abdomen, donde usurpó el pequeño ombligo con su lengua consiguiendo de él más sonidos necesitados. Las manos de Changmin se habían alzado de nuevo en dirección al pelinegro, pero este le empujó los brazos para evitar que le tocara.

—Te estás vengando… —pronunció el castaño entre jadeos, sujetando con fuerza las sábanas al no poder acariciar el cuerpo de su amante—. Me torturas al no dejarme tocarte…

—Sí —afirmó sin dejar de besarlo, de saborear su piel—. Sólo porque no tengo una cuerda a la mano, sino te hubiera atado a la cama como lo has hecho tú conmigo.

Una de sus manos se colocó hacia la parte más baja de su vientre, introduciéndose del todo bajo la pijama del actor para tomar el miembro hinchado entre sus manos y robarle más gemidos gustosos. Le acarició suave y con firmeza, sintiendo la piel aterciopelada y caliente que parecía moverse conforme a sus movimientos ascendentes y descendentes.

—Tócame, Changmin… Hazlo ahora…

Sin esperar por una respuesta los brazos del menor le rodearon por la cintura y espalda, dejándolo sobre su regazo con las piernas entorno a sus caderas, donde pudiera moverse sobre su cuerpo con frenesí, haciéndole gemir. Las manos del actor le acariciaban los glúteos, siendo esta vez sus manos las que se colaron bajo la tela del pantalón para acariciarle y más tarde estrujar esa misma zona, aprisionando su cuerpo con el propio para acrecentar la cercanía mientras él continuaba masturbándole y le obligaba a gemir su nombre una y otra vez.

—Ahhh, Min…

Frente a frente se encontró con aquella oscuridad en las pupilas del castaño, ambos respirando agitados y, por primera vez, fue capaz de ver un sonrojo en aquel rostro siempre frío, controlado y sin emociones. Podía ver el deseo reflejado en aquellos ojos cuya profundidad le regresaba su propio reflejo en igualdad de circunstancias. Sí, también le deseaba. Pero no sólo había deseo en sus orbes grisáceas, había amor. ¿Changmin podía ver eso?

No lo sabía, ¿pero qué importaba? En ese justo instante no había nadie más con el actor, sólo él, y de momento eso le bastaba.

No supo en qué momento su pantalón quedó colgando de una de sus piernas y el pijama de Changmin a un costado de la cama. La boca del chico se posesionaba de nuevo de la suya, invadiéndole e inflamándole de pasión. Fue entonces que sintió la invasión en su cuerpo y un quejido escapó de sus labios.

—Agh, Cha… Changmin…

Este pareció esperar porque el pelinegro se acostumbrara a la invasión, tan sólo unos minutos tras los cuales procedió a insertar un segundo dedo, siendo recibido entre la estrechez con menor molestia y más exaltación; hasta que un tercer dígito le obligó a retorcerse y gemir con fuerza. Total, a las dos de la mañana, dudaba mucho que su vecino de habitación estuviera despierto y pudiera descubrirlos.

Su respiración fue haciéndose errática, en tanto su cuerpo se perlaba en sudor. Ni siquiera estaba siendo masturbado, sólo el roce de su miembro excitado contra la piel del actor, pero era quizá la mezcla de medicamentos lo que le habían puesto en exceso sensible, y si a ello se le sumaban los dedos en su interior… Ya no podía más.

—Changmin, te necesito ahora… —urgió entre jadeos, llamando a la boca del actor que no tardó en subir hasta él para devorarle a besos.

—Jaejoong… el condón. —le recordó, logrando que el pelinegro dejara de masturbarle para rodearle el cuello con ambos brazos.

—No, no es necesario usar esa cosa —susurró a su oído—. De todas formas no pienso denunciarte…

—No lo digo por eso, el condón está lubricado, te ayudará para que no te duela. —Pero no, no estaba dispuesto a seguir esperando más. Estaba muy excitado, ¿qué no podía verlo?

—¡No me importa! Te necesito ya y ahora, no esperaré a buscarlo. —afirmó conforme se movía y Changmin tenía que sacar los dedos de su interior, el pelinegro acomodándose sobre él.

—Jaejoong…

El dolor fue demasiado, pero estaba tan excitado que no fue capaz de detenerse. El miembro de Changmin ni siquiera había ingresado en él y ya se sentía en las nubes; aunque parecía que estas estaban llenas de afilados clavos que amenazaban con partirle en dos.

—Mhmmpff… —mascullaba por la invasión.

—Podemos detenernos… —¿Desde cuándo el actor se preocupaba por lo que pudiera o no sentir?

—¡No, sigue!

Changmin se había quedado quieto al escuchar sus quejidos, pero lo necesitaba y no estaba nada dispuesto a parar ahora. Por ello, fue él quien se encargó de empujar, provocando que el miembro del castaño se enterrara por completo en él.

—¡Aahh! Ah, aahh… —escaba de sus labios ante la única arremetida con la que el menor se hundió en su interior. El dolor fue agudo, pero pronto el placer empezó a llegar, animándose a mover sus piernas para elevarse y que el miembro del castaño saliera, entrando de vuelta cuando se dejó caer.

Una vez Changmin notó que Jaejoong estaba bien, lo tomó por la cintura ayudándolo en la tarea de empujarle hacia arriba para después caer, iniciando una danza de embestidas profundas y certeras, entrando y saliendo, subiendo y bajando, logrando que los gemidos escaparan sin parar y el sudor perlara sus cuerpos.

Sintió con delirante claridad el momento en que el menor tomaba su miembro endurecido para acariciarle con la misma firmeza, a la par de las embestidas, con la misma rapidez con la que subía y bajaba, chapoteando deliciosamente sobre su ingle.

En un último grito compartido, Jaejoong sintió la caliente esencia disparándose en su interior, lo que detonó en más calor, estremecimientos, y el que su semilla escapara del mismo modo sobre ambos.

Agotado, Changmin salió de su interior dejándose caer en la cama con el cuerpo del pelinegro sobre él, ambos respirando agitados.

El modelo intentaba a toda costa recuperar el aliento en tanto su cuerpo sudoroso descansaba sobre el del actor, esperando por recuperar fuerzas para levantarse, sin apenas lograrlo. Cada parte de su anatomía pesaba y la transpiración se tornaba helada. Los escalofríos asolaban su cuerpo, el dolor su trasero y para remate, tenía sueño.

—Jaejoong… —la serena voz del menor le sacó de su ensoñación, habiéndose empezado a quedar dormido sobre él, entre tanta calidez. Un apenas audible ‘¿Mhm?’ fue todo lo que logró entonar—. No vayas a clases mañana, quédate a descansar… Debes recuperarte.

—Sí… Será como digas…

Y con esas últimas palabras, se abandonó al mundo de los sueños justo entre los brazos de su amado, olvidando su enojo con el actor, sus anteriores palabras, sus insultos. Olvidando, quizá producto del alcohol, quizá producto de la enfermedad y las medicinas, quizá de ambos, todo lo ocurrido.



–.—.—.—.—.—.–



Yoochun llegó por la mañana hasta su pupitre muy decidido. ¿Por qué Jaejoong no se había presentado de nuevo a desayunar si cuando hubiera ido a buscarlo ya se había levantado? El día anterior tampoco se había presentado en el comedor. Hangeng, Boa y él mismo comenzaban a preocuparse por su amigo modelo. Si seguía así iba a enfermarse mal, y no sería fácil recuperarse.

Tal vez por fin empezaba a tener esos desórdenes alimenticios de los que tanto se hablaban y sufrían los modelos, bulimia o anorexia, siempre los confundía. O tal vez era algo más simple, como la depresión, y si era eso último no lo culpaba, tenía motivos suficientes para deprimirse.

Boa llegó poco después con una enorme sonrisa pintada en el rostro. No entendía por qué aquella expresión, pero lo intuía. Podría ser porque ya casi estaba listo el traje de Changmin para los Asian Film y, faltando tan poco, la pelicorto no se cansaba de decirles lo maravilloso que le estaba quedando. O podría ser también por las constantes visitas de cierto amigo modelo de Jaejoong. Sí, tal vez era lo segundo, ya que se los había empezado a ver más juntos.

La hora del desayuno pasó demasiado rápido y a nadie le pareció sospechoso que Jaejoong no se presentara a comer, tenía motivos suficientes para faltar.

Al llegar al salón de clases ya muchos de sus compañeros ocupaban sus lugares. Yoochun se sorprendió de ver en su puesto al actor, que parecía leer en plena concentración sin voltear cada tanto a la puerta, como le había visto hacer cuando Jaejoong no llegaba. ¿Acaso Changmin sabía algo de Jaejoong que ellos no?

Se aproximó hasta él con la intención de preguntarle por el pelinegro, pero Boa se le adelantó. En lugar de esperar a que terminaran de hablar sobre el traje del actor –que al parecer ya estaba listo–, se encaminó hasta su lugar. Jaejoong a veces se quedaba dormido, y aun y cuando ya estuviera despierto, era más que probable que esta fuera una de esas ocasiones. Era mejor esperar sentado a que su amigo llegara.

En cuanto el maestro de la primera clase llegó, muy puntual, Yoochun giró la vista de golpe desde el pupitre de Jaejoong hasta la puerta. Si el pelinegro tardaba un par de minutos más se ganaría un retardo y más que probable era que no le permitirían presentar, lo que significaría una materia reprobada. A lo mejor Jaejoong se había quedado esperando una respuesta de la C-JeS, pero de recibir una negativa (que realmente lo dudaba), esa materia podría repercutirle en su graduación.

Fue ahí cuando la puerta abriéndose precipitadamente le distrajo de sus pensamientos y, al alzar la vista, pudo ver a su amigo entrar por la misma a la carrera, en medio de una disculpa que a sus sentidos resultó algo extraña.

—Lamento el retardo, maestro. —se dispensó inclinándose frente al catedrático, que frunció el ceño al verle entrar.

—Sólo porque llegó antes de que pasara lista no le pondré retardo, joven Kim, pero que sea la última vez. Ya sabe que aquí las clases comienzan a las 7:30. —aseveró el hombre sin alzar la vista de la lista en sus manos.

—No volverá a pa… pasar… —aseguró en un balbuceo.

Jaejoong sentía el cuerpo tan pesado, que muy apenas y podía levantar los pies para caminar. Un frío atroz le recorría el cuerpo y le hacía temblar, pero sudaba. Podía oír las palabras del maestro, pero al intentar enfocarlo la imagen bailaba frente a sus ojos. Se sentía cual si estuviera por completo embriagado, aunque intuía que este tipo de borrachera no iba a pasársele comiendo o descansando. Justo en ese momento, supo que debía haberle hecho caso a Changmin y quedarse en su habitación.

—Joven Kim, estamos esperando a que pase a su lugar para comenzar, ¿o será usted quien nos dé la lección del día de hoy? Porque sería un verdadero milagro.

Jaejoong alzó la vista para intentar enfocar de nuevo al profesor que, como siempre, le regañaba. Trató incluso de dar un paso al frente, pero apenas hubo levantado el pie, sintió que todo se movía y en un intento desesperado por recobrar el equilibrio se aferró a lo primero que encontró a la mano: la manga del saco del maestro.

Todos en el salón se levantaron al ver cómo el modelo caía llevándose al profesor al suelo con él, pero no fueron sino Yoochun y Boa los primeros en llegar para ayudarles a levantarse.

—¿Pero qué demonios? —El hombre se levantó tomando a Jaejoong de los brazos, ayudado por Yoochun. El modelo parecía inconsciente, y no con muy buena pinta—… Este chico está ardiendo en fiebre —denotó al tocarle la frente—. Rápido, llévelo a enfermería. —El músico asintió y tanto él como Boa se encargaron de llevarlo, dejando a sus compañeros consternados.

Pocos minutos después ambos regresarían, solos, entregándole al profesor lo que parecía ser un justificante para posteriormente volver a sus asientos en total silencio. El hombre continuaría impartiendo su clase, y todos sabían cuán gruñón era.

Changmin giró la vista hasta Boa, quien apenas estaba sacando su carpeta para anotar lo que el maestro apuntaba en la pizarra, y como a él poco le importaba lo que dijera un simple educador, aprovechó el momento para preguntar.

—¿Cómo está?

Boa volteó sorprendida de escucharle. ¿Sería preocupación lo que distinguía en la voz del chico? Se sintió confusa. Quizá había notado cierto comportamiento extraño en el chico cuando éste le hubiera reclamado en aquella ocasión por haberla creído en la cama con el modelo, pero según los chismes de la escuela, ellos seguían siendo tan “amigos” como siempre. No, no entendía qué pasaba, pero eso no le impedía responderle. Después de todo, estaba confeccionándole su traje.

—Con mucha fiebre —admitió pesarosa—. La enfermera no nos dejó quedarnos. Yo quería hacerlo, pero dijo que ese era su trabajo y para eso le pagaban, no tuvimos otra más que regresarnos. Esa mujer se portó muy…

—Idiota —Boa calló al captar el tono gélido de su voz—. Es un idiota. Desde anoche tenía fiebre y le dije que se quedara en cama… Es un verdadero idiota. —masculló poniéndose de pie, encaminándose en dirección al escritorio del maestro.

—… ¿Desde anoche? —susurró Boa consternada, pero Changmin ya estaba muy lejos para escucharle.

—Joven Shim —advirtió el profesor—, regrese a su lugar —Pero Changmin pasó de largo frente a él sin prestarle mayor atención. El hombre frunció el ceño y alzó la voz—. Si se atreve a salir del salón le pondré falta. —El actor se detuvo y giró hasta el maestro, dirigiéndole una mirada tan helada y amenazadora que sólo pudo erguirse en su lugar.

—Haga lo que quiera. —Y diciendo esto, salió. Apenas y alcanzó a escuchar una última amenaza de ponerle falta  si no regresaba en cinco minutos, pero lejos estaba de importarle una simple tacha en una lista de asistencia.

Pronto se encontró caminando a prisa por los solitarios pasillos del colegio con el eco de sus pasos tras de sí, escuchando los vagos murmullos de la gente hablando, seguramente los maestros dando sus lecciones. Pero no buscaba maestros ahora, sino la enfermería. Necesitaba saber cómo estaba Jaejoong.

Cuando llegó al lugar, lo que menos esperaba ver era alguna clase de habitación pintada de blanco con una cruz que indicara la enfermería, y como era claro, a llegar, no encontró nada de eso; tal cual como la primera vez que hubiera pisado ese sitio, cuando Jaejoong se atreviera a golpearle delante de varios de sus compañeros. Si esperaba que la decoración del lugar hubiese cambiado, se había equivocado. La puerta seguía diciendo sólo eso, “Enfermería”, y dentro, la oscuridad por la falta de luces, iba muy acorde con el resto de la escuela: lúgubre de arriba abajo. Se notaba a leguas la falta de mantenimiento, y la humedad y el silencio sólo ayudaban a sentirla más fría y abandonada.

Tan pronto como abrió la puerta, una chica pelirroja con birrete y vestido blanco se dio prisa en hablar, sin siquiera fijarse en quién entraba. Al parecer, la revista de chismes entre sus manos era más interesante que hacer su trabajo.

—El médico no está. Si te sientes mal te puedo dar un par de aspirinas, el justificante para que faltes a clases y vuelves hasta las 10 u 11 cuando ya haya llegado el doctor. —Changmin frunció el ceño. Alguien encargado de prestar servicios médicos debía mínimo revisar al paciente antes de prestarse a extender un justificante que quizá no era necesario. ¿Habría más enfermeras? Porque a esta no la había visto cuando estuvo en el lugar.

—¿Quién se cree que es? —siseó molesto, la mujer pareció sorprendida y por primera vez alzó la vista para toparse con aquella mirada de daga fija en su rostro.

—¡Shim Changmin! —reconoció con emoción—. Sabía que estabas en la escuela, pero nunca te había visto, yo soy…

—Me importa muy poco quién eres o dejes de ser, sólo he venido a ver a ver cómo está Kim Jaejoong. Lo trajeron dos alumnos hace unos minutos —continuó mientras su vista vagaba por el lugar vacío—. ¿Dónde está?

—Ah, Jaejoong —musitó con poco interés, en tanto se acomodaba el cabello a un costado del rostro en un gesto que intentaba ser coqueto. Pero Changmin ignoró sus asedios por completo, lo que pareció ponerla de mal humor—. Lo mandé a su habitación. Sólo tiene un resfriado, nada de cuidado, ni siquiera requiere de…

—¿Lo mandaste a su habitación? —cortó de tajo casi amenazante, pero ella no se dejó intimidar.

—Sí. No estaba tan mal.

—Ah no, no está mal una persona que arde en fiebre y se desmalla en clase delante de alumnos y profesor, ¿cierto? —La enfermera empezó a ponerse nerviosa ante el sarcasmo del chico—. No está mal alguien que necesita ser ayudado a caminar para llegar a la enfermería, ¿verdad?

—Yo…

—Pero sí está mal que una enfermera mande a su habitación a un alumno enfermo, sin ayuda, sin medicamento apropiado y no se haya dignado a buscar ayuda al verlo mal.

—¡ES QUE YO NO SABÍA QUE ESTABA TAN MAL! —ahogó alterada, pues recién se daba cuenta de su error, y es que si el chico se ponía peor, ella podía ir incluso, a la cárcel.

—¿Qué no eres enfermera? —atajó el menor alterado, pese a estar modulando su tono de voz.

—¡No, no lo soy! —admitió esperando conseguir algo de compasión—. Sólo soy una aspirante a actriz… Bueno, ni siquiera a eso llego. Estoy aquí esperando una oportunidad para entrar a estudiar a esta escuela… —sollozó.

—… Maldición —gruñó girándose para retirarse, no sin antes voltear a verla—. Si algo le pasa a Jaejoong por tu culpa… —masculló con la amenaza impresa en la última frase—. Más vale mande al médico a la habitación de Jaejoong en cuanto llegue. —La chica sólo se dedicó a llorar.

¿Cómo era posible que dejaran a una persona que nada sabía de medicina encargada de una enfermería? Tenía mucho de qué hablar con el director una vez que se asegurara de que Jaejoong estaba bien.

Llegó casi corriendo hasta las escaleras que conducían a los dormitorios del ala Este, subiendo de dos en dos hasta llegar al pasillo que tan bien conocía. No comprendía la razón de su desesperación, pero sabía que necesitaba llegar hasta la habitación del modelo.

¿Desde cuándo tanta preocupación por alguien de quien buscaba vengarse? No lo sabía, ni buscaba averiguarlo… de inmediato.

Al llegar entró de golpe y sin siquiera tocar, esperándose de antemano los reclamos del mayor por entrar de esa forma sin anunciarse, pero nada ocurrió, sólo el silencio. Despacio, avanzó buscando con la mirada. No sabía si Jaejoong se había dirigido a su recámara al salir de la enfermería, era igual de probable que se hubiera dirigido a cualquier otro sitio. O eso pensó, hasta que un ligero quejido proveniente de la cama despejó todas sus dudas.

Al acercarse encontró ahí a Jaejoong, totalmente desparramado, con la ropa puesta y toda arrugada. Su rostro al ser su piel tan blanca, se veía por completo enrojecido, con su respiración agitada. No necesitaba ser médico para saber que el pelinegro estaba muy enfermo. Se dio prisa en desabrocharle la corbata y los primeros botones de la camisa blanca del uniforme, al parecer había tenido la fuerza suficiente para quitarse por sí solo el saco, que vio tirado al lado de la cama. Lo acomodó entre cobijas y le desabrochó los pantalones, intentando dejarlo más cómodo.

¿Desde cuándo era médico?

—Ah… uhg, mhm…

La respiración acelerada le indicaba que su corazón latía a prisa y la fiebre estaba alta. Acercó su mano para tocarle la frente y la sensación que percibió no le agrado para nada. Confiaba mucho en sus sentidos, pero en casos como estos, era mejor tener la seguridad. Él no era alguien que se enfermara con frecuencia, pero como buen previsor, siempre tenía consigo lo necesario para curar un resfrío, medir la temperatura o vendar una herida, así que sólo tuvo que ir a su habitación por lo necesario.

39.6°

La lectura en el termómetro digital le alarmó un poco. ¿Qué hacer? No podía darle medicamentos porque no sabía qué tenía, ni siquiera las pocas clases que hubiera tenido que tomar cuando hiciera aquella película de niño genio convertido en médico le ayudaba ahora.

Hizo todo cuanto pudo, cuanto recordaba de sus clases particulares con un médico profesional, cuando recordaba qué hacía su ma… tía, cuando él se llegaba a enfermar. Le retiró el uniforme y le puso una pijama fresca y con un trapo húmedo intentó bajarle la fiebre. Medía constantemente su temperatura, pero esta parecía tan terca como el pelinegro, porque en lugar de bajar, subía. Sabía que lo mejor era meterlo a bañar con agua fría, pero corría el riesgo de convertir el resfriado en pulmonía y no quería cargar con eso en su, de por sí, torturada consciencia.

El médico llegó al poco rato, presuroso, encontrando a Changmin al lado de la cama de Jaejoong con un termómetro en el buró y un recipiente con agua cerca de la cabecera. Le pidió contarle lo ocurrido y el menor así lo hizo. Cuando el hombre terminó de revisarlo, su diagnóstico difería del que hubieran dado todos los demás: Jaejoong no tenía un resfriado común, sino principios de neumonía.

—¿Habrá que llevarlo al hospital? —preguntó el actor. El doctor cabeceó en desacuerdo, encaminándose hasta el baño de la habitación. Changmin no entendió por qué tendrían que llevarlo a un lugar donde pudieran prestarle mayor atención.

—¿Acaso ninguna de estas habitaciones tiene tina? —El hombre salió y observó a Changmin—. ¡Tú! Tú tienes una habitación especial, la tuya debe tener tina de baño.

—Sí, tiene, pero para…

—Hay que bajarle la fiebre, si llega a los 40° puede convulsionar —explicó sacando varias cosas de su maletín—. Ustedes parecen ser buenos amigos —comentó mientras preparaba una inyección—, supongo que no te molestará cederle tu cuarto mientras esté inconsciente.

—¿Eh? —El médico había hablado tan deprisa sin prestar atención al menor que dio por hecho una respuesta afirmativa. El tener a Jaejoong en su habitación representaba una tentación demasiado fuerte, además de un desfile de amigos y conocidos del modelo que se presentarían a preguntar por su salud una vez que se enteraran de la gravedad de su estado.

—Ahora voy a ponerle una inyección, después iré a preparar la tina. Tú encárgate de llevarlo hasta tu habitación —le miró con una sonrisa—. Creo que tu pequeña discusión con mi enfermera nos obliga a conseguirle un substituto temporal, y me parece que tú eres el indicado.

—¿Qué? ¿Por qué yo? —reaccionó renuente.

—Porque estás a la mano y parece saber algo de medicina. Recuerdo que hiciste una película en la que…

—Un momento —El menor se puso de pie, mientras el hombre aplicaba el medicamento en el brazo del pelinegro, quien se quejó un poco entre sueños—. En primer lugar, yo no he dicho que vaya a ceder mi cuarto a Jaejoong. Es más, no quiero. Y en segundo lugar, yo no sé nada de medicinas, soy actor y como tal sólo aparento ser médico, un maestro o abogado, lo que no quiere decir que yo sea o sepa algo de ello.

—Está bien, está bien, no te enfades. No quiero tener que demandarte por agresión, aunque eso me dejaría una jugosa ganancia —intentó bromear sin lograrlo—. De cualquier forma, necesitaré de tu ayuda —aseguró más serio—. ¿Crees que podrías ayudarme a bajarle la fiebre?

—¿De qué forma?

—Metiéndosete con él a la regadera. —El sólo hecho de mencionarlo podría haber hecho enrojecer a cualquiera, pero al parecer lo que se decía del actor era verdad. ¿Realmente era así de frío?

—Está bien, supongo que yo tengo ropa para cambiarme y usted no.

—Exacto, así que velo desvistiendo mientras yo preparo el agua.

Changmin cabeceó en acuerdo, después de todo, ya lo había desnudado antes. Aparentar una frialdad que en verdad no sentía era su papel ahora, interpretaría a ese frío, arrogante e indiferente chico que tan bien tenía ensayado, delante de ese ridículo doctor.

Pero ya que ahora estaba dentro del cuarto del modelo, pudo dejar que su mirada se deleitara con lo que estaba haciendo. Sus manos temblaban al ir despojándole de sus ropas una vez más. La primera había sido quizá, un poco más fácil debido a la preocupación… No, ya no estaba preocupado, trató de convencerse. Lo había hecho todo muy rápido sin fijarse en nada, pero ahora tenía la oportunidad de tocar su piel ardiendo, la cual temblaba ante el tacto de sus manos templadas. Si no fuera porque el médico salió pronto del baño, hubiera seguido disfrutando de aquello más tiempo.

El hombre le ayudó a llevarlo al baño. Tal vez no estaban ambos desnudos del todo (él usaba la playera que solía llevar bajo la camisa y los bóxer, Jaejoong sólo los bóxer) pero incluso así la excitación por el tibio contacto con la piel desnuda del modelo empezaba a hacerle reaccionar sin quererlo. Tenía que luchar contra su propio cuerpo para que ésta no fuera notoria y el médico lo notara.

—Esta no era la idea que tenía de bañarnos juntos. —murmuró al oído del pelinegro, en tanto sostenía su cuerpo entre brazos con el agua helada ya cayendo sobre ambos. Podía sentirlo temblar ante el frío líquido, incluso escucharlo jadear. Debía aguantar así al menos diez minutos hasta que le temperatura bajase.

—Changmin… —balbuceó de pronto, haciendo que el menor se enderezara para ver si se había despertado, pero no, Jaejoong seguía inconsciente. Eso le hizo sonreír un poco. ¿Qué estaría soñando?—. Changmin… Changmin…

—No vayas a decir algo que nos perjudique a ambos.

—Cha… Changmin…

—Creo que ya es suficiente, puedes traerlo. Yo me encargo de secarlo y vestirlo, puedes ir a cambiarte. —Changmin sólo cabeceó en acuerdo, sacando a Jaejoong en brazos. Por suerte el agua helada había hecho su trabajo, no sólo con Jaejoong, también con él.

Pocos minutos más tarde ambos hombres se hallaban de nuevo al lado del enfermo. El doctor se había encargado de ponerle playera limpia manga corta y los pantalones del pijama, por lo que pudo apreciar la encantadora visión de su hyung con el cabello húmedo, dormitando, y le agradaba. Por desgracia, Jaejoong no parecía haber mejorado mucho, su fiebre había bajado apenas un poco y por ahora sólo dormía, pues el médico se había visto en la necesidad de ponerle suero para evitar la deshidratación por no comer o beber agua.

—Te dejaré con él por un par de horas, debo regresar a la enfermería, ¿está bien? —Y aunque no estuviera bien, el doctor daba pinta de ser alguien más acostumbrado a mandar, pues se había retirado sin siquiera esperar respuesta de su parte.

Se detuvo a un costado de la puerta del balcón, viendo hacia afuera. Ni siquiera sabía qué estaba haciendo ahí. A Jaejoong lo podía cuidar cualquiera, no faltaría quién se ofreciera a hacerlo, «Siendo tan popular entre las chicas» se dijo empuñando las manos.

—… Omma… ¿Omma?

La débil voz del pelinegro le sacó de sus pensamientos, girándose para acercarse al lado de la cama e intentar escucharle mejor. El mayor balbuceaba, preguntaba por su madre y movía constantemente su mano tentando con ella el colchón. ¿Buscando qué? ¿Que alguien se la sujetara? ¿Pensaría que estaba con su madre? ¿Y cuál madre? La señora Kim no encajaba en sus estándares de progenitora. ¿Estaría el modelo delirando con su madre biológica?

—… ¿Omma?… —volvió a llamar apenas audible.

La mirada castaña no perdió detalle de aquella mano, buscando sin encontrar mientras continuaba murmurando. Dejó que sus dedos llegaran hasta la frente del pelinegro para retirar varios mechones húmedos y palpar su piel. Seguía muy caliente.

¿Qué hacer?

—Omma…

Se sentó en la silla que había colocado al lado de la cama, recargando sus brazos sobre las piernas y la barbilla entre sus manos, pensando, observando a Jaejoong mientras meditaba en lo que debía o no hacer. Antes de seguir pensando demasiado, extendió su diestra sobre el colchón y tomó la del mayor, sintiendo el calor que ésta emanaba. ¿Hasta cuándo cedería esa maldita fiebre?

—Aquí estoy, Jaejoong… —susurró audible. Lento, pudo ver la sonrisa afectada formarse en el rostro del modelo, en tanto este apretaba con suavidad el agarre.

—… Viniste… Por mí, como prometiste… —ahogó con una lágrima prófuga resbalando libre por su rostro, de donde no se desdibujó aquella mueca. El menor por impulso alzó su mano libre hasta la sonrosada mejilla y la limpió con su pulgar. Él estaba delirando, soñaba con su verdadera madre.

Según le había contado Yoochun, Jaejoong había sido abandonado en ese orfanato cuando niño a una edad en la que podía recordarlo. Este delirio le indicaba que, muy dentro de sí, el pelinegro aún no olvidaba a su progenitora.

¿Cómo podía sonreír, hacer bromas y mostrarse tan alegre, cuando aún conservaba un recuerdo tan doloroso como aquel dentro de sí?

¿Por qué Jaejoong parecía tan fuerte si guardaba un dolor tan grande?

¿Por qué él no podía olvidar lo que le había hecho su madre y vivir como lo hacía Jaejoong?

¿Por qué buscar una venganza contra quien no lo merecía?

Había demasiadas preguntas en su cabeza, y no tenía una respuesta para ellas…

Jaejoong había dejado de delirar, afirmando con fuerza su mano y relajando sus facciones, pero no había dejado de llorar. Al parecer, seguía creyendo que quien se encontraba junto a él era su madre, pues su sonrisa jamás se borró.

Todo ese día, y parte del siguiente lo pasó cuidándolo, ya que el doctor tuvo que pedirle de nuevo que le ayudara. Sin una enfermera en la escuela no había quién estuviera revisando su temperatura y dándole sus medicinas cada cierta hora, así que no había quedado más que prometer que se quedaría con él hasta que mejorara o consiguiera quien se hiciera cargo de él.

No había querido ceder su habitación porque intuía que habría un desfile de amigos del pelinegro que se pasarían a ver cómo estaba y no se había equivocado, ya que incluso Boa había obtenido un permiso especial para ir a verle al ala Este –aunque no uno para quedarse toda la noche–.  Aprovechó mientras los chicos acompañaban a Jaejoong para comer algo, cambiar sus ropas y tratar de descansar sin apenas lograrlo; después regresó a seguir con la tarea que el médico recomendó: medir su temperatura y reportar algún cambio, que para su desgracia no ocurrió rápido.

Pasado el mediodía del subsecuente día, ya no podía mantenerse en pie, habiendo pasado la noche en vela al lado de Yoochun (quien ni siquiera pidió permiso, sólo llegó al filo de la media noche y se plantó con él a cuidarle). Al parecer no quería dejar solo a su amigo. ¿Sentimiento de culpa por una amistad olvidada? Quién sabe. Finalmente, había terminado por irse alrededor de las seis de la mañana, pues él sí asistiría a clases. Con sueño, hambre y un terrible dolor de espalda por permanecer tanto tiempo sentado en la incómoda silla del escritorio, Changmin había terminado por caer dormido.

La respiración regular y queda resonando en el silencio de la habitación, atrajo su consciencia poco a poco, haciéndole despertar. Pestañeó pesado en un intento por abrir los ojos, se sentía adolorido, entumecido, y su boca seca tenía un horrible sabor a medicina. Quería agua, pero las fuerzas la faltaban para hablar o siquiera pararse. A sus sentidos llegaba un aroma peculiar, guiándolo hasta una luz incandescente que le hizo terminar por abrir del todo los ojos.

—¿Qué pasó?… ¿Dónde estoy? —musitó al no reconocer su entorno, todo borroso. Pestañeó un par de veces hasta lograr enfocar. Era su cuarto. Alzó un brazo al sentir que algo le picaba y recién ahí notó el suero. ¿Por qué? No recordaba nada, sólo haber llegado tarde a clases y… ¿y después? Nada, todo estaba en blanco.

Haciendo un esfuerzo enorme logró incorporarse utilizando los codos. Su mirada giró hasta la derecha y grandes se abrieron sus ojos al encontrar a Changmin dormido en una incómoda posición sobre la silla cercana a su cama.

Una sonrisa alegre cruzó su rostro. ¿Acaso Changmin le estaba cuidando? Rió por lo bajo cuando a su mente acudió la idea de una travesura. Se veía tan bien así dormido, que la tentación por despertarle sólo crecía, además, necesitaba saber qué había pasado con él. Por ello intentó levantarse para buscar con qué hacerle cosquillas en la nariz, pero un mareo inmediato lo mandó de vuelta a la cama.

—Maldición… —se quejó sujetándose la cabeza con una mano, viendo cómo todo a su alrededor bailaba.

No obstante, el sonido seco contra el colchón bastó para despertar a Changmin exaltado, que se paró de golpe con el corazón en la garganta. Aunque para cualquier persona que pudiera verle, el chico parecería estar en total calma.

—¿Jaejoong? —cuestionó al verle semi sentado al borde de la cama—. Deberías seguir acostado —señaló al acercarse para tocar su frente. El ligero contacto hizo sentir al modelo afiebrado de nuevo—. Parece que la fiebre por fin cedió. —Aunque al parecer, era sólo cosa de su imaginación.

—¿Qué haces en mi habitación a esta hora? —preguntó al ver el reloj digital que permanecía en su buró con un termómetro y varias medicinas—. ¿Y quién me puso el suero?

—El médico lo colocó. —respondió evadiendo la primer cuestión.

—¿Por un simple resfriado? —El gruñido en su estómago les distrajo a ambos y Jaejoong rió abochornado—. Creo que tengo hambre. Pareciera que hace siglos no como, y eso que sólo me perdí el desayuno y la comida.

—No en realidad —Jaejoong le miró de manera detenida—. Te perdiste dos desayunos, dos comidas y la cena —El modelo abrió a cual más sus enormes ojos—. Estuviste inconsciente desde ayer en la mañana, pero eso tienes tanta hambre.

—¿También perdí el examen de contabilidad? —Changmin sólo asintió, pues no sólo Jaejoong lo había perdido, también él—. Esa si es una buena noticia —rió—. Pero no has respondido mi primera pregunta. ¿Qué haces aquí? —cuestionó más serio.

Changmin se giró de espaldas a él sin responder. Esa misma pregunta había estado haciéndose él desde el día anterior. ¿Qué demonios hacía ahí?

—¿Y bien? —insistió Jaejoong, aún esperando. En el fondo, deseaba escuchar de los labios del menor que había estado preocupado por él, cuidándole.

Changmin se volteó entonces, con su mirada impasible de siempre, tan fría y controlada, que era imposible saber lo que pasaba por su cabeza en esos momentos.

—Sólo cuidaba de mi juguete favorito.

—¿Juguete? —repitió el pelinegro frunciendo el ceño—. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Que para ti sólo soy un objeto que te divierte? —No quería admitirlo, pero se sentía devastado por dentro. Ni siquiera estar enfermo hacía que el actor dejara de decir estupideces, verlo enfermo no bastaba para hacerle sentir un poco de compasión por él.

Momento. No… Él no quería ni necesitaba de su compasión.

—Digamos que si te descompones, hay que componerte…

—Eres un maldito estúpido —rezongó queriendo lanzarle lo primero que tuviera a la mano, pero no había nada, sin contar que seguía atado a esa bolsa de suero—. Desgraciado insensible, arrogante, malnacido…

—Dime algo que no sepa. —Changmin se encogió de hombros y el rostro de Jaejoong enrojeció del coraje. Se sentía utilizado. ¿Acaso no veía cuánto lo amaba? ¿Cuánto le adoraba aunque no se lo mereciera?

—¡TE ODIO! —ahogó con amargura.

—No es verdad, me amas… —Esa seguridad y frialdad impresas en sus palabras le hicieron abrir los ojos. ¿Realmente era tan transparente? ¿Realmente sabía que le amaba? ¿Por eso se aprovechaba de sus sentimientos y los arrastraba por el fango siempre que podía?

—Te odio. —lo  apuñaló con la mirada, tratando de imprimir una seguridad que no poseía.

—Cada vez que lo repites es como si gritaras que me amas. —afirmó sin ni inmutarse.

—En ese caso, ¡TE AMO! —clamó desesperado, pero su voz había sonado distinto a como hubiera esperado. Esas palabras que había jurado no decírselas jamás, ahora salían tratando de hacerle creer lo contrario; escapaban llenas de un cariño y adoración que quería y deseaba olvidar.

—Te creo. —afirmó Changmin, notando cómo aquellos ojos grises se transparentaban por lo dicho, creando una reluciente gama de tonalidades que le dejó fascinado.

—Yo no…

—¿Cómo está mi enfermo favorito? —La puerta del cuarto de Jaejoong se abrió de pronto, siendo el médico de la escuela quien entró interrumpiendo la escena.

El hombre se detuvo de golpe al notar a ambos jóvenes parados en total silencio. Jaejoong aún apretaba los dientes con el rostro enrojecido, mientras Changmin… Changmin lucía igual que siempre, haciendo gala de su indiferencia.

—Veo que ya te sientes mejor, pero deberías seguir en cama —indicó el hombre mayor, llegando hasta Jaejoong para ayudarle a recostarse—. Tu rostro está muy rojo —pasó una mano por su frente, tal como había hecho el actor momentos antes—. Pero ya no tienes fiebre. De todas formas te quedarás en cama hoy y mañana, el lunes ya podrás continuar con tu vida normal, mientras sigas tomando la medicina que voy a dejarte.

—¿El lunes? —repitió el pelinegro sin entender, haciendo esfuerzos por ignorar la presencia de Changmin en la habitación. El médico se acercó para poder proceder a retirar la aguja conectada al suero.

—Sí, hoy es jueves, te daré un justificante para que también faltes mañana viernes. Mañana vendré a darme una vuelta para ver cómo sigues, por lo pronto mandaré a alguien de cafetería para que te traiga gelatina y algo de líquidos.

—¿Gelatina? ¡No! Tengo tanta hambre que me comería un caballo entero.

—Sí es capaz de acabárselo —intervino de pronto Changmin—. Luego de mí nunca había conocido a alguien que comiera tanto… aunque él quién sabe dónde lo guarda, con lo escuálido que está debe tener una pata hueca. —El médico rió entre dientes y Jaejoong frunció el entrecejo.

—Está bien. Ordenaré que te traigan un sándwich, pero nada de caballos, vas saliendo de una posible neumonía.

—¿Neumonía?

—Debería revisarle el oído también, todo parece indicar que no escucha bien.

—¡Tú cállate! ¿Quién te está pidiendo opinión? ¿No deberías irte ya al taller de dicción? —recriminó molesto. Changmin sólo guardó silencio mientras el médico terminaba por retirar la intravenosa y cubría la herida con un algodón pasado por alcohol y cinta microporo.

—Pero sí tiene todo el derecho a opinar —el médico reía con disimulo—. No por nada ha sido tu enfermera todas estas horas.

—¿QUÉ? —brincaron ambos chicos al mismo tiempo.

—Sí, estuvo a tu lado casi desde que quedaste inconsciente. Incluso se pasó la noche aquí, midiendo tu temperatura y administrando las medicinas. Según Yoochun-ssi… —miró un momento a Jaejoong—. Creo que también es tu amigo, ¿no? Estuvo acompañándote una parte de la noche junto a Changmin-ssi. Bueno, según él, Changmin-ssi estuvo tomando tu mano cuando delirabas.

—Por la… —Quiso maldecir el menor—. ¿Quiere cerrar la boca de una buena vez? —Pero el hombre sólo rió.

Jaejoong se sintió confundido. ¿No se suponía que no le importaba? ¿Que sólo era un objeto con quién divertirse para luego botar? Entonces, ¿por qué cuidarle con tal consideración? Incluso al grado de faltar a clases por él y tomar su mano… Un momento, ¿Changmin había tomado su mano? ¿Entonces… esa calidez que inundaba sus sueños cuando soñaba con su madre, había sido él?

—Por cierto, enfermera Shim —enunció el médico entre divertido y serio—. ¿Quiere que le extienda un justificante para que falte a clases también mañana?

—No soy ninguna enfermera, pensé que se lo había dejado claro. Y no, no lo necesito, prometí quedarme sólo hasta que Jaejoong mejorara o usted consiguiera otra enfermera. Ya mejoró, así que no espere que haga su trabajo.

«Eso lo explica todo» se dijo el modelo bajando la vista, dolido. Ese doctor había obtenido alguna clase de promesa de Changmin, y como él siempre cumplía sus promesas, se había quedado a su lado aun cuando no quería.

—Muy bien. Jaejoong-ssi ha tenido la fuerza para pelear, así que supongo podrá quedarse solo. De cualquier modo, vendré más tarde con las medicinas que faltan. —Y diciendo esto se marchó, dejando a ambos chicos en el interior de la recámara.

Jaejoong vio con recelo al menor que seguía observándolo sin decir nada. ¿Qué estaba esperando para irse? Si se supone no estaba con él porque quisiera, sino por una maldita promesa. ¡Cuánto dolía!

—¿Por qué no te vas de una maldita vez al taller de dicción? —recriminó mirándole fijo—. Dudo mucho que el maestro te impida la entrada, si al parecer le agrada mucho verte. Eres su consentido, el que siempre repite cada maldito trabalenguas a la perfección. —siseó molesto. Aunque ya no sabía si molesto por lo que el actor hubiera dicho momentos antes, o por recordar que para el maestro de dicción, Changmin era el modelo de perfección.

—¿Celos? —Esa ceja alzada y el tono burlón le hicieron incorporarse de nuevo sobre la cama, encontrándose de lleno con esos ojos que le miraban con demasiada intensidad.

—Jamás. Y menos de semejante adefesio. —apartó la mirada del castaño, logrando que la mata de cabello oscuro se moviera conforme a aquella reacción adolescente. ¿En qué cabeza cabía que él pudiera sentirse celoso de semejante vejestorio calvo?

—Pero reconoces que te sentirías celoso de alguien con mejor apariencia. —Jaejoong regresó su mirada al actor con los ojos abiertos de consternación. ¡Bingo! Sí, se sentiría celoso de alguien más joven, de alguien más atractivo, de alguien como Cho Kyuhyun. Aunque no era algo que fuera a decirle.

—¡No! Yo no he dicho semejante cosa. No te atrevas a tergiversar mis palabras. —acusó a la carrera, tratando de borrar pronto de su cabeza todos esos pensamientos en torno a Kyuhyun.

—No soy yo quien admite sentirse celoso. —se encogió de hombros sin darle mayor importancia.

—No lo estoy haciendo. —farfulló el modelo. Si él era terco, debía admitir que el actor a veces le ganaba.

—Y no tendrías por qué ponerte celoso, tú tienes mejor apariencia que nadie a quien haya conocido. —Jaejoong abrió mucho sus ojos por la sorpresa, sintiendo el bochorno apoderarse de su rostro. ¿Por qué esas palabras dichas tan a la ligera le hacían sonrojar? No, no le estaba diciendo un cumplido, se estaba burlando de él, porque la enfermedad lo tenía decaído y su cabello hecho un desastre no ayudaba mucho.

—Te estás burlando de mí porque estoy hecho un asco. —recriminó desviando el rostro con disimulo, pese a que pudo notar que el menor no había dejado de mirarlo. Por un segundo, le pareció ver que sonreía, pero asumió era culpa de su hiperactiva imaginación.

—Incluso así, te ves bien. ¿Debería decir… ‘al natural’? —Jaejoong apretó los labios al escucharle repetir algo que, sabía, no era verdad.

—¡No fastidies! —rechistó, pero Changmin se giró para encaminarse a la puerta del dormitorio.

¿Es que iba a irse? ¿Sólo así, sin decir más? Pero qué idiota era. ¡Claro que iba a irse! Ya había perdido demasiado tiempo con él, seguramente tenía “cosas” más importantes que hacer. Pero era lo mejor, que se fuera. ¡Que se largara para siempre!

—¿Changmin? —pronunció, haciendo que el actor se detuviera en la puerta y girara a verle.

—¿Mhm? —masculló solamente, enarcando ambas cejas.

—No quiero… —pronunció apretando las sábanas entre sus dedos con tal fuerza, que estos empezaron a ponerse blancos. Changmin esperó en silencio, hasta que Jaejoong bajó la vista hacia sus puños apretados—. No quiero que vengas más por las noches. No me busques más.

¿Qué era lo que había visto en aquella mirada? ¿Dolor? ¿Ira? ¿Qué? ¿Por qué a veces las miradas de Changmin le confundían tanto? ¿Por qué no podía ser más transparente? Por lo menos así podría leer en su semblante aquello que pasaba por su cabeza. Justo en esos momentos, no tenía idea de lo que pensaba.

—Si eso quieres, así será.

—¿Eh? —alzó la mira al escuchar una afirmación tan pronta. ¿Pero qué esperaba? ¿Que le dijera que no? ¿Que le amaba y no le dejaría? Parecía ser algo que el menor jamás diría. Un “Te amo” no era parte de su vocabulario. Tal vez, ni siquiera conocía la palabra amor.

—Dejaré de venir… —prosiguió, dejando a Jaejoong a la expectativa—, hasta que tú vayas a buscarme. —Y tras esas palabras, salió de la habitación dejando el sonido seco de la puerta cerrándose tras de sí.

¿Y eso… qué significaba?



–.—.—.—.—.—.–



Era sábado por la mañana y Jaejoong ya caminaba por los solitarios pasillos del colegio, tras haber sido solicitado por un cliente a una de las salas de prensa. Ya se sentía del todo recuperado, tan bien que le era increíble pensar que por un instante se había puesto tan mal, pero aun así se quedó en cama el viernes y el médico aceptó darle el alta ese mismo día en la noche.

«Si no fuera porque casi le obligué» se decía. «Era probable que me obligara a seguir en cama todo el fin de semana, y ya no soportaba»

De cualquier forma descansaría pues no tenía trabajo esos días y no tenía idea si Changmin se habría quedado en la escuela o no; se sentía tan solo y necesitado. Jamás se hubiera imaginado que aquellas caricias, los besos y sensaciones fueran tan adictivas. Eran ya como una droga para él. ¡Pero cómo le haría para desintoxicarse del actor una vez tuviera que irse a Seúl! Porque eso era un hecho. Quizá todavía no recibía la notificación (nadie en realidad) de que había sido seleccionado, pero estaba seguro de que era cuestión de tiempo para que recibiera una aceptación, y no un rechazo.

¿Entonces no era mejor someterse a esa desintoxicación ahora y no después?

¿No era mejor sufrir esa lejanía ahora y no cuando estuviera ensayando algún papel para Vaselina?

¿No era mejor sufrir ahora que lo tenía cerca y no cuando lo tuviera realmente lejos?

¡No, no! ¡Obviamente no!

Su cuerpo no lo soportaba, necesitaba del calor que sólo Changmin sabía darle. Su boca necesitaba del sabor que sólo Changmin tenía. Sus labios necesitaban de esos besos salvajes y apasionados que sólo Changmin sabía darle.

¡Todo él lo necesitaba!

Había sido un estúpido al pedirle al chico que no le buscara más,  y estaba decidido a reconocerlo ante él.

En cuanto saliera de ver al cliente que le esperaba, lo buscaría. Esperaba que Changmin estuviera en el colegio, y si no, lo esperaría en su cuarto totalmente desnudo, dispuesto a entregarse a él como jamás lo había hecho antes.

Con esa idea en mente llegó hasta la sala de prensa que le habían indicado y, dibujando la más encantadora de las sonrisas, entró. No obstante, esta se borró de golpe al ver sentado en el escritorio a quien menos esperaba ver.

Esa sonrisa burlona, esa mirada lasciva que tanto detestaba y esa arrogancia y autosuficiencia que tanto detestaba le instaron a darse la vuelta para abrir la puerta y marcharse, pero la voz del hombre le detuvo.

—Vamos, querido Jaejoong… esto es sólo una reunión de negocios. No tienes por qué huir de esa forma, aún esperamos a tu representante para discutir los términos del contrato. —La burla en cada palabra le irritaba. Ni siquiera volteó a verlo cuando contestó.

—Según tenía entendido, tienes prohibido acercarte a mí, Fukutaro.

—Sí, es verdad, pero gracias a que aceptaste revisar el trato con Armani, el juez que certificó la demanda de restricción aceptó suspenderla, ya que soy el encargado de este tipo de contratos.

«Maldición» De haberlo sabido lo hubiera rechazado, pero es que el director Jang había sido tan amable con él que no había podido decirle que no… «¡Maldición!» Debió haberse imaginado que no sería él quien vendría a ver personalmente lo del contrato.

—¿Pero qué pasa, mi querido Jaejoong?

—No me digas querido. —farfulló volteando a verlo con molestia.

—Está bien, está bien. —aceptó poniéndose de pie, aumentando los nervios de Jaejoong. Ya en ocasiones anteriores estando a solas, Fukutaro había intentado propasarse. Pero un momento, estaban esperando a Sunny, ¿no? Entonces no se atrevería a hacerle nada.

Se equivocó. Antes de que pudiera preverlo, el empresario lo tomó del brazo para empujarlo hasta la pared, arrinconándolo con su cuerpo.

—Te extrañé, Jaejoong…

—¡Pues yo no! ¡Estaba feliz sin verte! —ahogó tratando de empujarlo, pero Fukutaro era más ancho y robusto, lo que le hacía más difícil de mover que el propio Changmin.

—Tan romántico como siempre. —sonrió el empresario al sentir los esfuerzos del pelinegro por alejarlo.

—Tan romántico como me haces sentir —masculló sarcástico—. ¡Aléjate o grito! —soltó al sentir que se acercaba peligrosamente a él.

—Por supuesto, por supuesto, aunque dudo mucho que Changmin venga a rescatarte en esta ocasión… —La seguridad impresa en su voz hizo que a Jaejoong se le erizaran los vellos de la nuca. ¿Por qué estaba diciendo eso? ¿Fukutaro sabía algo que él no?

—¿Qué te hace estar tan seguro? —La sonrisa en los labios del japonés se ensanchó.

—¿Cómo? ¿No lo sabes? —De nuevo ese tono burlón que le hizo estremecer. ¡Sí! Sabía algo y parecía más que ansioso por soltarlo.

—¿No sé qué? —apremió ansioso.

—Uh, adivina quién está en Busán… —Jaejoong frunció el ceño—. Te daré una pista: Fue el primer amor de tu amado Changmin —Al ver la expresión en el modelo, Fukutaro sonrió con malicia—. ¡Oh, sí! Supongo que lo sabes —prosiguió viendo la expectativa en aquellos ojos oscuros. Estaba seguro de que la noticia le afectaría, y mucho. Cuán transparente era el pobre chico—. Cho Kyuhyun está en la ciudad y probablemente Changmin está en estos momentos en algún hotel de la ciudad con él.

Jaejoong sintió el corazón caérsele al suelo y hacerse mil pedazos, dejando sólo un enorme vacío en su lugar. El aire le hacía falta, sentía que en cualquier momento perdería el sentido.

Cho Kyuhyun… El compañero de Changmin en aquel programa infantil.

Cho Kyuhyun… El chico por quien Changmin se hizo gay, según Mei.

Cho Kyuhyun… El antiguo representado de Rain, y a quien Changmin le pidió lo representara.

Cho Kyuhyun… El actor.

Cho Kyuhyun… El corredor de autos.

Cho Kyuhyun… El primer amor de Changmin.

Cho Kyuhyun…

¡CHO KYUHYUN!

¿Por eso Changmin no había ido a buscarle las noches anteriores?

¿Por eso había aceptado ya no buscarle? ¿Era porque sabía que su primer amor regresaba a Busán? ¿Por eso?…

¡Por eso!

Cerró los ojos con fuerza y empuñó las manos, sintiéndose una basura. Una vez más, Changmin le daba a entender que no sentía nada por él, ni lo sentiría jamás.

Una mano tibia posicionándose sobre su barbilla le hizo alzar el rostro. Al abrir los ojos, se topó con esa mirada profunda que parecía desvestirle, pero su fuerza se había ido tan de golpe, que ni siquiera hizo el intento por alejarse.

—Lo siento, Jaejoong, pero Changmin es así y deberías saberlo. Podrá ser un volcán en la cama, pero en cuanto a sentimientos, es un completo témpano de hielo. Sólo Kyuhyun ha logrado derretirlo.

Cho Kyuhyun.

—Qué bueno que lo dices, procuraré no acercarme para no congelarme. —aseguró, bañando de ironía cada palabra para evitar dar a notar cuán afectado se sentía.

—Qué divertido eres, Jaejoong… Pero no intentes fingir que no te importa, eres demasiado transparente. Y ahora, creo que merezco algún tipo de recompensa por mi información. —Jaejoong lo miró extraño.

—¿Qué?

—Y lo que quiero es un beso de tu parte… —Lo empujó al escritorio tumbándolo de espaldas sobre éste, con él encima, botando al suelo lo poco que se encontraba sobre el mueble.

—¡No! ¡Suéltame! Mhmhm… —Fukutaro le tapó la boca y comenzó a besarle el cuello, en tanto su mano descendía hasta la pretina del pantalón.

—No te resistas, Jaejoong… Yo estoy a tu disposición para vengarte de ese desgraciado. —murmuró entre cada espacio que se daban sus labios al recorrer su piel.

No obstante, fue una voz femenina y los subsecuentes intentos por abrir la puerta de la sala de prensa los que detuvieron al empresario de golpe. Jaejoong aprovechó la distracción para empujarlo y salir corriendo rumbo a la puerta a abrirla.

—Lamento mucho la demora, el tráfico estaba horrible… —Sunny ingresó sin ni notar el nerviosismo del modelo o la agitación de Fukutaro—. ¿Comenzamos? Tengo algo de prisa.

Jaejoong sabía que siempre debía estar presente en la estipulación de cada contrato, si todo estaba en orden, sólo firmaba y ya, y si había algún cambio, el nuevo documento se lo mandaban a Sunny para que ella se lo llevara y pudiera firmarlo. Por ello y en esta ocasión, tuvo que guardarse su asco y enojo, al menos hasta que hubieran terminado de leer el documento.

Sunny se dedicó a lo suyo, revisando cada punto sin dejar nada al aire. No por nada era su representante. Él, sólo escuchó sin prestar mucha atención, pues la mirada de Fukutaro le crispaba los nervios. Esos gestos lascivos que hacía con la lengua mientras fingía leer (porque se sabía el contrato de memoria) le daban asco, y aunque procuraba ver hacia otra parte no podía evitar que su mirada chocara con la del empresario cada tanto.

Sunny estuvo de acuerdo con lo estipulado en el contrato y más que contenta con la suma que se le pagaría a Jaejoong por ser parte de la campaña de invierno, incluso se había incluido la cláusula pertinente para hacer la campaña en Seúl, si es que el chico se veía en la necesidad de trasladarse hasta allá.

Los tres firmaron su parte, y ya estaba Jaejoong listo para salir corriendo del lugar cuando la voz de Fukutaro le llamó.

—Quisiera darte el pésame por lo de tu padre. —aseguró con tono sincero, parándose de su lugar y extendiendo los brazos. Jaejoong parpadeó nervioso sin moverse. ¿Le creía tan idiota como para caer en eso?

—Gracias. —respondió seco. Oh no, no iba a seguirle el juego.

—Oh, vamos Jaejoong, sólo quiere darte el pésame. Un abrazo no te mata. —Fue Sunny quien se puso de pie instándole a hacer lo mismo. Renuente, se acercó hasta Fukutaro mirándole con total desconfianza, pero ahí estaba Sunny, quería pensar que no llegaría a propasarse de nuevo teniendo testigos.

Acortó distancias y dejó que Fukutaro lo estrechara entre sus brazos. Trató de borrar cualquier sentimiento negativo que tuviera en ese momento para que el abrazo no se prolongara demasiado, y fue sólo el sonido del celular de Sunny el responsable de sacarle de su concentración. Ella salió a la carrera soltando una disculpa baja, al tiempo en que Jaejoong luchaba por soltarse sin lograrlo. Ni siquiera llegó a escuchar las palabras de pésame que se suponía el japonés iba a darle, siendo algo muy distinto lo que llegaría después a sus oídos.

—Cuando te convenzas de lo de Changmin, estaré esperándote en la cama. —le susurró al tiempo que intentaba llegar hasta su boca para robarle un beso, pero Jaejoong no estaba dispuesto a dejarse en esta ocasión, por lo que lo apartó de un fuerte empujón sólo para terminar propinándole un puñetazo que lo mandó directo al suelo.

—¡Aléjate de mí, desgraciado! —gritó un segundo antes de correr a la puerta y huir en con rumbo a dirección. Para su suerte, no volvería a tratar con ese despreciable jamás, porque por más amable que fuera el director Jang, no volvería a firmar contrato con Armani.

Sunny llegaba con el celular todavía en la mano cuando alcanzó a ver a Jaejoong alejarse y al empresario en el piso sobándose la barbilla. Sonrió amplio, logrando que el empresario arrugara el entrecejo.

—Si te golpeó es porque te lo mereces. —afirmó sin más, alejándose para retomar la llamada que había dejado pendiente sin mirar atrás.

Fukutaro por su parte sonrió al levantarse y arreglarse las ropas, saliendo poco después. Por lo menos había sembrado la duda en Jaejoong acerca de la fidelidad de Changmin, y por la cara que había puesto, era más que probable que pronto lo tuviera, si no en su cama, sí separado de ese actor a quien tanto odiaba.



–.—.—.—.—.—.–



A toda prisa fue como Jaejoong se encaminó rumbo a dirección. Tenía que averiguar si ese maldito cubo de hielo estaba en la escuela o no, y si es que había salido las dos noches anteriores. Ignoraba cómo, pero lo averiguaría.

Abrió la puerta de la oficina del director sin siquiera tocar, por ser sábado no se había esperado encontrar a nadie, pero grande fue su sorpresa al ver sentada en el escritorio de la secretaria a Seohyun.

—¡Jaejoong oppa! Qué susto me dio… —suspiró la chica al ver al modelo de pie en el umbral de la puerta.

—Seororo, ¿qué haces aquí? Creí que descansabas los fines de semana. —explicó acercándose a ella.

—Y sí, lo hago —bajó la cabeza pesarosa—. Bueno, se supone que debería hacerlo, pero como no tengo muchos amigos, ni a donde ir, prefiero quedarme aquí adelantando el trabajo.

—Oh. —balbuceó sin saber qué decir. Ella era bonita y agradable, ¿por qué no tenía amigos o un novio?

—¿Y tú qué haces aquí? Mi abue… Es decir, el director no está. —Esta era su oportunidad. Seohyun debería saber de Changmin. Se aproximó aún más a la chica, apoyando ambas manos en el escritorio para verla directamente a los ojos, haciéndola incluso sonrojar un poco.

—No sé si podrías hacerme un favor…

—Claro que sí. Dime cuál. —ofreció servicial.

—¿Podrías decirme si Changmin está en la escuela? Quizá en los archivos haya algún permiso.

—No es necesario, yo personalmente le di tres pases de salida.

—¿Tres? —La sorpresa le hizo sentir que su corazón se encogía.

—Sí, uno para salir el jueves en la tarde, otro para el viernes todo el día, y el último para estar fuera todo el fin de semana. Así que como verás, no está.

¡Entonces era verdad! Changmin seguro estaba en esos momentos con Kyuhyun, y él de estúpido que pensaba entregarse a él. Empezó a dar vueltas en la pequeña oficina ante la vista de Seohyun, quien sólo le observaba sin pronunciar palabra.

¡Era verdad!

Sabía de antemano que Changmin había estado enamorado de Kyuhyun, por lo menos eso es lo que Mei le había dado a entender al comentarle sobre sus sospechas de que Kyuhyun fuera el culpable de que Changmin fuese gay. No quería darle importancia a ese dolor punzante en la boca de su estómago cada vez que el nombre de Kyuhyun era pronunciado en su presencia. No quería darle importancia a esos celos que parecían carcomerle el alma cada vez que Fukutaro hacía mención a su pasado con el actor, porque como decía el viejo refrán “Lo que no es tu año, no es tu daño”; pero no podía negar que sentía celos.

Por otra parte, Changmin parecía detestar al empresario tanto o más que él. ¡Pero no a Kyuhyun! De eso estaba seguro. No en balde dicen que el primer amor nunca se olvida. ¿Sería que Changmin le seguía amando y por eso no permitía que nadie más entrara a su corazón?

¿Era eso?

La duda parecía enterrarse en su alma con profundo dolor.

—¿Oppa? ¿Jaejoong oppa, estás bien? —preguntó Seohyun al notarlo tan abatido. El modelo alzó la vista del suelo al escucharla, la había olvidado por completo. Sonrió para darle las gracias por la información, presuroso por irse a donde pudiera seguir sufriendo en silencio por alguien que no se lo merecía.

—Sí, Seororo, gracias. Ahora si me disculpas…

—Espera —Una mano voló a detener al pelinegro antes de que se fuera. Jaejoong se detuvo atento a esos ojos que le miraban de forma extraña, sintiéndose perturbado. Sólo esperaba que no fuese a decirle algo que pudiera hacer que él la lastimara, la quería demasiado para hacerlo. Intentó soltar aquella delgada mano con disimulo para no ser obvio, y Seohyun bajó la vista tímida—. Quisiera pedirte un favor —Entonces se animó a verle, y Jaejoong pudo ver el rubor en esas blancas mejillas. «Que no lo diga, que no lo diga…» suplicaba en su interior, a la vez que asentía con la cabeza—. Como ya te dije, no tengo muchos amigos a quienes pudiera pedirles esto… pero si no puedes o no quieres, yo entiendo. —aclaró aprisa.

—Si no me dices de qué se trata, no sabré si puedo o quiero. —explicó sonriendo, tratando de darle ánimos. No cabía duda que el resfriado le había afectado la cabeza, no debería animarla a continuar. Seohyun sonrió animada.

—Te considero un buen amigo, por eso me animo a pedirte… —Jaejoong esperó a la expectativa, hasta que ella se animó a continuar—… Que vayas conmigo a una reunión de ex alumnos de mi escuela, esta noche.

—¿Eh? —la miró entre aliviado y sorprendido.

—Me da vergüenza pedírtelo, pero más vergüenza me daría llegar sola a esa reunión. Aunque si no quieres no hay…

—Estaré encantado de acompañarte.

—¡Gracias, gracias! Muchas gracias, oppa.

—De nada. ¿A qué hora y dónde paso por ti?

—No, en esta ocasión yo paso por ti a las 7:30, y te traigo de regreso cuando se rompa la calabaza —Jaejoong rió por la ocurrencia—. Es decir, a la medianoche.

—Está bien, estaré preparado.

—Oppa…

—¿Mhm?

—Lo que te dije era en serio —Jaejoong la observó sin entender, entonces ella elevó la mirada y la centró sobre la ventana, a espaldas del pelinegro—. Yo te considero mi amigo, y espero que a mí me consideres igual… ya que, si necesitas hablar con alguien o te aqueja algún problema, puedes venir conmigo. Jamás revelaría lo que me contases, ni te traicionaría.

Jaejoong continuó con la confusión en el rostro, sin comprender el proceder de esas palabras. Era como lo que le decía el ‘Amigo’, si no fuera porque sabía que éste era un hombre bien podría pensar que era Seohyun.

—Gracias, Seororo, lo tendré en cuenta. —le sonrió despidiéndose de ella para salir del lugar.

Unos segundos después, la joven se ponía de pie para caminar hasta el ventanal que mantenía las cortinas semi corridas, abriéndolas por completo. La intensa luz de la mañana bañó por completo el lugar y dejó ver el paisaje del exterior: El bosquecillo tras la cafetería, lugar donde cierto par de jóvenes han pasado varios momentos difíciles, íntimos y acalorados.



–.—.—.—.—.—.–



Había querido olvidar las palabras de Fukutaro disfrutando de un baile en compañía de una buena amiga, pero todo había sido en balde, porque las pocas horas que había pasado con la nieta del director, todos sus pensamientos parecían alejarse en dirección a Changmin y lo que este estaría haciendo con Cho KyuHyun.

Para remate, todo el domingo se la había pasado pensando también en las palabras del empresario. Le resultaba imposible de creer, pero fue Yoochun –Cosa rara verlo en el colegio, debía estar en serio enojado con su novia– quien le hizo ver su error.

Estaban viendo una película en la sala de estar junto a alguno otros compañeros, cuando el comentario surgió de la boca del músico.

—¿Cómo puede creer en las palabras de un tercero? Ni siquiera le conoce.

Jaejoong abrió mucho los ojos al escucharle, pero su amigo ni siquiera se había dado cuenta de lo mucho que le habían afectado esas palabras.

Pasó toda la noche dándole vueltas al asunto, si bien no consiguió aclararse nada. El lunes por la mañana se vio en la necesidad de levantarse temprano, ya que no podía dormir pensando en lo mismo, era mejor alistarse para ir a desayunar y no llegar tarde a clases.

Esta vez había sido culpa de Yoochun su desvelo…

No, para qué culpar al músico, Yoochun ni sospechaba lo que sus palabras habían causado en su mente, corazón y sentimientos.

“¿Cómo puede creer en las palabras de un tercero?”

Yoochun no estaba hablando de él, sólo comentaba la película, pero sus palabras habían causado estragos en su interior. Y sin embargo era verdad, ¿cómo podía creer en Fukutaro? Esa pregunta había estado dando vueltas en su cabeza toda la noche. ¿Cómo podía creer más en un ser tan despreciable como Fukutaro, antes que en el propio Changmin? Debía preguntarle a él antes de juzgarlo. Lo estaba condenando sin darle la oportunidad de defenderse.

Bueno, pues le daría la oportunidad de quitarle de la cabeza que había estado con Kyuhyun. Y más le valía que la supiera aprovechar, porque de su palabra dependía que regresara a sus brazos y a su cama.

Con la decisión tomada se dirigió al comedor esperando ver a sus amigos en la mesa y sobre todo, a ese arrogante y frío actor.

Toda la mañana trató de poner atención sin lograrlo. Primero no podía seguir la conversación que sostenían Yoochun, Boa y Hangeng por notar que Changmin no le quitaba la mirada de encima. Ver de frente esos ojos fijos en él le hacía estremecer, pero no podía y no quería verlo, tratando de adivinar en su semblante si había pasado el fin de semana con Kyuhyun o no. Adivinarlo de esa forma era imposible porque mantenía, como siempre, esa máscara de frialdad e indiferencia con la que había llegado al colegio. Después, durante las clases, tampoco pudo poner atención al maestro por sentir esa mirada penetrante sobre él.

Necesitaba aclarar las cosas con Changmin lo antes posible. Pensó incluso en escribirle recaditos, como cuando estaba en la primaria y se secreteaba con algún amigo o le mandaba dibujos graciosos del maestro en turno.

Sí, quizá eso era lo que haría. Tomaría un pedazo de papel, escribiría “¿Estuviste con Kyuhyun?”, la haría bolita y se la lanzaría a los pies o mejor, directo a la cara. Total, se merecía esa agresión por ser tan desconsiderado y frío con él.

Pero justo estaba en la tarea de escribir aquello cuando escuchó por el altavoz el llamado de Changmin a la sala de prensa No. 2, donde alguien le esperaba. El actor se levantó de su lugar, lo miró un momento y después salió.

—¿Quién demonios fastidió mi plan? —masculló arrugando el pedazo de papel para botarlo.

Habían pasado poco más de 20 minutos desde que Changmin se había ido, cuando se le ocurrió otra cosa. Definitivamente descartó la pregunta en un pedazo de papel (que era demasiado infantil), así que se la haría en persona. Pediría permiso para ir al baño e iría a esperarlo fuera de la sala de prensa; todavía faltaba media hora para que la última clase terminara, así que podría hablar con él sin testigos.

Su cabeza continuaba armando la pregunta idónea y sus posibles respuestas mientras se adentraba en los solitarios pasillos rumbo a las salas de prensa. Con cada paso que daba, su mente iba borrando la posibilidad de que hubiese estado con Kyuhyun. ¿Acaso no le había dicho que hacía como dos años que no lo veía? No, Fukutaro estaba equivocado.

El eco de unos pasos acercándose le sacaron de sus pensamientos y su corazón se aceleró al pensar que era Changmin quien se aproximaba hasta él. Pero la figura que se apareció ante él no le pareció conocida.

—¿Quién será? —se preguntó al distinguirlo. No, tampoco era Changmin, porque este chico que se acercaba tenía el cabello más claro, seguramente teñido—. Tampoco sabe de moda… —susurró para sí al tenerlo más cerca, notando así los jeans bien gastados que llevaba, junto a un par de botas tipo vaqueras y una camisa roja con los tres primeros botones abiertos revelando la piel blanca de su pecho—… Je, seguro cree que eso le hace ver sexy… —se dijo, pero al seguirle viendo notó también la pesada chaqueta en tonos rojos y blancos, muy parecida a la que utilizaban los…

«¡No!»

Jaejoong se detuvo de golpe, mirando fijo al joven que pasaba a su costado en silencio, pese a observarle de reojo. Sintió que el corazón le palpitaba aún más fuerte que si hubiera sido Changmin a quien viera.

¿Cómo no lo había reconocido antes?

Cabello castaño cobrizo, piel sumamente blanca, casi de su misma estatura, porte extranjero y una mirada penetrante que helaba la sangre.

Se giró con violencia para intentar detenerle, intentar articular alguna palabra, pero su boca seca le hizo sentir la lengua pegada al paladar. No obstante, no necesitó hablar, pues él ya estaba de frente, mirándolo con detenimiento.

—¡Cho Kyuhyun! —murmuró más para sí mismo, pese a que el eco del lugar bastara para escucharse con toda claridad y que el otro asintiera.

—Ja. —Al comprobar su identidad no le resultó extraño su atuendo. Era corredor de autos, de la escudaría alemana, por eso los colores rojo y blanco.

Se sintió de pronto minimizado, un cero a la izquierda. Ahora entendía por qué Changmin seguía enamorado de él. ¡Era un Dios! Demasiado atractivo y exitoso. No podía competir con él, simplemente no podía.

—Er recht haben, du besitzen glück, Kim Jaejoong. —¿Qué? ¿Qué diablos había dicho? No tenía ni idea, lo único que entendió era su nombre. ¿Cho Kyuhyun sabía cómo se llamaba? ¿Acaso ese idiota de Changmin le había contado de él?

—Yo no hablo alemán. —respondió seco.

—Ich wissen. Es decir, lo sé —aclaró en un perfecto coreano—. Cuídate, Jaejoong-ssi. ¡Auf Wiedersehen! —se despidió agitando la mano para darse la vuelta y continuar con su camino, dejándolo por completo confundido y, de paso, dolido.

Sentía rabia, celos y mucho coraje, pero por sobre todo, se sentía herido. El sólo hecho de que Kyuhyun hubiese ido a buscar a Changmin en la escuela en un horario en el que sólo se le permitía ver cosas de trabajo, le decía que el chico era más que especial. Quizá el propio actor había dado la orden para que se dejara entrar a Kyuhyun cuando quisiera.

«Maldito desgraciado»

Apretó los puños con fuerza, sintiendo las vivas ganas de desquitar ese coraje contra la pared donde se había quedado parado. ¿Pero por qué lastimar sus manos con una pared? Se giró para continuar hasta la sala de prensa número 2. Si todavía no se topaba con Changmin, es que seguía encerrado en ese lugar.

Apenas iba llegando cuando vio la puerta de la sala abrirse, y la inconfundible figura del actor apareció en el umbral. Su cabello yacía despeinado, como si alguien –¡No, no alguien, Kyuhyun!– lo hubiese revuelto. Además llevaba la camisa fuera del pantalón, pese a estar abrochada. Su hiperactiva imaginación comenzó a trabajar a mil por hora, relacionando todo lo que había dicho Fukutaro, las palabras en alemán de Kyuhyun y lo que estaba viendo ahora.

Su coraje pudo más, y por eso se le fue encima con un fuerte puñetazo que lo mandó al suelo.

—¿Pero qué demonios te pasa? —recriminó el menor desde el piso, limpiándose el hilillo de sangre de su labio reventado. Jaejoong lo observó desde lo alto con la mirada encendida.

—¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA A TI?! —le gritó haciendo resonar su voz en todo el pasillo, mientras Changmin volvía a ponerse de pie—. ¡¿No te soy suficiente?! ¡¿No te basta mi cuerpo?! ¡¿Necesitabas tener el de Kyuhyun de nuevo?! Y no te molestes en negarlo, ¡lo acabo de ver partir de aquí!

Esperaba la respuesta con ansia, una que ya sabía, pero en su lugar sólo sintió la fuerte mano del actor tomarlo por el brazo y aventarlo al interior de la sala de prensa donde hubiera estado, causando que se golpeara el estómago con el escritorio. Se giró con sorpresa a verlo, pues hacía bastante que no se comportaba de un modo tan salvaje, pero debía esperarlo, después de todo lo había golpeado. ¡Pero se lo merecía! ¡Ese desgraciado insaciable! Y no estaba dispuesto a perdonarle el que lo hubiera utilizado.

—Si piensas golpearme no creas que me quedaré de brazos cruzados. —sentenció al ver cómo Changmin extendía la mano para cerrar por dentro la sala de prensa.

El miedo enorme lo apresó. ¿Qué iba a hacer Changmin ahora? Estaba muy serio, y no dejaba de verle con ojos entrecerrados. Le preocupaba el ver que el golpe comenzaba a ponerse rojo, pero… ¡Ja! No había testigos, no podría demandarlo.

—Debería golpearte, pero en su lugar haré esto… —Y sin darle tiempo a nada, lo tomó de nuevo por el brazo para lanzárselo a la espalda. Lo había tomado por sorpresa y sin darle oportunidad de escapar, que ahora estando tan cerca de su cuerpo, de su rostro, su corazón había comenzado a latir desenfrenado.

Se maldecía a sí mismo y a su cuerpo por reaccionar de semejante manera. Su pecho chocando con el del menor le hacía estremecer, por más que quería soltarse no podía, y entre más forcejaba, más fuerte le sujetaba.

—¡Suéltame! —gritó—. ¡Suéltame, maldito desgraciado!

—Si no mal recuerdo, hace unos días me pediste que no te buscara, entonces no entiendo, por qué este golpe —recriminó sobándose con el dorso de su mano libre—. ¿Son celos, acaso?

—¡No! ¡Jamás estaría celoso de alguien como tú! Ya se me hacía raro que hubieras accedido tan rápido a no buscarme —renegó lleno de resentimiento, atropellándose con la rapidez de sus palabras—. Fukutaro tenía toda la razón, eres un volcán en la cama, pero un completo témpano de hielo en cuanto a sentimientos se refiere. Eso es porque no tienes corazón, sólo un trozo de hielo en su lugar… Eres un maldito desgraciado que sólo buscaba usarme como un objeto para botarme en cuanto Kyuhyun estuviera de regreso.

—¿Fukutaro? ¿Cuándo viste a Fukutaro? —cuestionó empujando el brazo de Jaejoong más hacia arriba, quien respingó por el dolor—. Él tenía prohibido acercarse a ti.

—¡Me duele! —se quejó, logrando que Changmin le soltara apenas un poco—. Vi a tu “ex amante” el sábado, voy a ser imagen de Armani en invierno y él vino a que firmara el contrato —Changmin le miró con tal intensidad que le hizo arrugar el ceño—. Sí, me acosté con él. ¿Y qué? Tú lo hiciste con Kyuhyun, ¿no?

La boca de Changmin se curvó con disgusto ante la mentira, pero era tanto su coraje que sólo quería su revancha, que ese idiota se sintiera justo igual que él. El dolor punzó en su brazo cuando el menor alzó más su brazo, haciéndole apretar los ojos por el dolor. Si seguía así se lo quebraría.

—Mientes. —aseguró soltándole, tan sólo para rodearlo con sus brazos y acercarlo a su cuerpo, robándole con sus labios todo el deseo de seguir reclamándole, dejándole el camino libre para que usurpara su boca y le robara el aliento con sus besos.

«Maldito cuerpo traidor» se recriminó al sentir cómo su propio cuerpo reaccionaba al toque, a ese abrazo de hierro que le apresaba para evitar que huyera de su lado, apretándolo cada vez más contra él; logrando que sus caderas chocaran y pudiera sentir la excitación del menor chocando contra su vientre. ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Qué acaso no acababa de estar con Kyuhyun? ¿Qué no acababa de verlo con el cabello revuelto y la camisa suelta? Era porque había hecho el amor con él, ¿no?

Sintió una de las manos del castaño bajar por su espalda hasta llegar a sus glúteos, apretándolos para arrancarle un gemido inconsciente. ¿Por qué si sabía que hacia escasos minutos había estado con otro, no podía rechazarlo? ¿Por qué?

Se separaron cuando el aire empezó a hacer falta, ambas respiraciones erráticas y aceleradas. Podía sentir su miembro ya igual de despierto que el de Changmin, pero no, no estaba dispuesto a volver a caer en su estúpido jueguito. No era un objeto sexual que se usaba y se desechaba cuando ya no servía.

—¡Desgraciado! Yo no… —Pero su boca volvió a ser asaltada con pasión desmedida, casi haciéndole olvidar el motivo por el que estaba tan molesto con él.

Casi…

Porque le dio un fuerte mordisco con el cual logró que le soltara el brazo, aprovechando el descuido para empujarlo y hacerlo topar contra la puerta cerrada de la sala de prensa. No esperó a ver su reacción que lo hizo a un lado para quitar el seguro y salir corriendo.

 Afuera ya los alumnos ya llenaban los corredores, el timbre para comer había sonado, pero el hambre se le había quitado de golpe. Lo que necesitaba no era alimento para su cuerpo, necesitaba algo que curara su alma.

¿Por qué diablos debía amar a alguien como Shim Changmin?



–.—.—.—.—.—.–



La noche había llegado demasiado pronto. Las horas habían pasado sin percatarse de lo que estaba haciendo. No había comido, no quería ir al comedor y toparse de nuevo con él. Necesitaba pensar las cosas con calma. ¡Ese maldito no había negado nada! De todas sus acusaciones sólo se preocupó porque se hubiese acostado con Fukutaro, pero supo de inmediato que mentía, y por eso se aprovechó. ¿Por qué su cuerpo jamás obedecía sus órdenes? ¿Por qué siempre respondía a la pasión de ese antipático, ególatra y témpano de hielo actor?

El tiempo pasaba y no hacía más que discutir consigo mismo. No había conseguido cerrar los ojos, esperando a que él llegara. ¡Debía ir! ¡Tenía que hacerlo! Estaba casi seguro que se presentaría aunque fuera para saciar sus instintos con él o seguir discutiendo. ¿O es que había vuelto a ir con Kyuhyun?

¡No!

Pero podía ser posible, había visto en la TV que los pilotos de la serie CART ya estaban en la ciudad para la carrera del circuito mixto que sería ese fin de semana. ¡La final sería una semana antes que los Asian Film! Quizá por eso ya no había vuelto a pedirle que fuera con él… porque Kyuhyun iría a esa ceremonia.

—1:30 am, ¡maldición! —masculló al ver el reloj digital que descansaba en el buró, golpeando el colchón de la cama con fuerza—. Ese maldito bastardo de nuevo no va a venir…

No, Shim Changmin no se presentaría esa noche tampoco en su cama, quizá porque estaba con él. Ya llevaba tres días sin venir, así que debía ser cierto todo lo que pensaba. ¡Claro! El gran Shim Changmin había estado y seguía estando enamorado de Cho Kyuhyun.

Había pensado que Changmin no sentía amor por nadie, ¡pero vaya! Se había equivocado. Ese solo pensamiento le hizo hervir la sangre del coraje, llegando a apretar los puños con fuerza sobre las sábanas.

Cuántas ganas de cobrarse cada humillación y desprecio de ese desgraciado…

Cuántas ganas de vengarse…

—¿Vengarme? Y por qué no… —se dijo al enderezarse, meditando sus palabras. ¿Podría vengarse de Changmin? ¿Había alguna forma de sorprenderlo en su habitación, en su cama?—. ¡Sí! —ahogó saltando de un brinco para llegar hasta su armario.

No buscó demasiado en su interior, porque lo que buscaba estaba al alcance de su mano, dentro de aquella caja de zapatos que había caído de lo alto de su ropero hacía unos días. Lo que le había regalado Jun Shim, aún seguía en su lugar, muy bien guardado. Había pensado que jamás iba a usarlo, pero ahora podría hacerlo.

Tomó aquello entre sus manos con una sonrisa, sintiendo la frialdad del acero hacerle estremecer de pies a cabeza. En su mirada había un brillo especial. La oportunidad de tomar revancha a todo lo que Changmin le venía haciendo desde que llegara a la escuela, estaba ahora en sus manos, y no iba a dejar pasar esa oportunidad.

Decidido caminó hasta el balcón, abriendo las puertas de par en par. Al asomarse a la habitación de al lado vio que las puertas estaban abiertas. Era una clara señal de que el actor estaba en su habitación, ya que por lo general, cuando estaba fuera las cerraba. No le sería difícil saltar, ya lo había hecho antes, cuando Boa casi le obligaba aquella vez que lo hubiera encontrado en el piso.

Tomó vuelo, y brincó.

La habitación de Changmin estaba en penumbras, ni una sola luz encendida, pero conocía la distribución de esta, que era parecida a la suya. Así anduvo descalzo y en silencio, tratando de no tropezar con las mancuernas que solía dejar tiradas en el suelo, hasta que llegó a la cama del menor.

Changmin reposaba dormido boca arriba, con ambos brazos levantados sobresaliendo de la sábana con la que estaba tapado.

—Me lo estás poniendo muy fácil… —susurró acercándose hasta su cuerpo. Dormía tan pacífico, sin imaginar lo que Jaejoong estaba a punto de hacer.

Le quitó la sábana con cuidado, dejando entrever el cuerpo del actor. Se sintió excitado sólo de contemplar esa forma tan perfecta, esas largas piernas cubiertas por la seda del pijama azul, ese pecho que subía y bajaba por la respiración calma que el sueño le provocaba. Empezaba a sentirse impaciente, pero debía ser cuidadoso o las cosas podrían volteársele.

El sonido de aquello que cargaba entre manos resonó como una campanilla entre el silencio de la habitación cuando cayó, haciéndole estremecer. Esperó por unos instantes para ver si Changmin se despertaba, pero sólo lo vio cambiar de posición. Subió entonces a su cama con cuidado, y tomando una de sus manos lo esposó al respaldo para casi de inmediato repetir la acción con su otra mano; justo antes de que Changmin abriera los ojos y moviera la cabeza para ver sus muñecas.

—¿Pero qué…? —cuestionó halando sus brazos para intentar soltarse sin resultados, escuchando así una risa conocida que le hizo girar para encontrarse con el pelinegro a un costado suyo—. ¿Jaejoong?

—Ahora es mi turno. —aseguró al tiempo que llevaba sus manos hasta el elástico del pijama para empezar a bajarlo lento, muy lento.

—Jaejoong, ¿qué haces? —escuchó la pregunta del castaño, pero sólo terminó por retirarle la prenda para sentarse sobre sus piernas, tras lo cual se agachó directo a rozar sus labios sobre los del actor.

—Sólo voy a darte una cucharada de tu propio chocolate. Ahora vas sentir todo lo que yo he sentido, sabrás lo que pasé aquella primera vez…

No le dio tiempo a decir palabra alguna, asaltó sus labios con pasión, atacando el interior de su boca hasta arrancarle el aliento, robarle los sentidos, tal como el chico solía hacerlo con él. Era fácil recordar cada caricia que el actor solía darle a su cuerpo, porque la llevaba tatuada en la piel. Sólo que ahora sería él quien le preparara para ser tomado, porque esta era su venganza.

Escuchó claro el gruñido que escapó de la garganta del actor cuando sus manos llegaron a deslizarse bajo el saco del pijama, desabrochándolo en tanto sus labios se separaban para jugar con ellos mordiendo, chupando y besando sugerentes. Levantó la prenda hasta sus brazos, tal como el menor hubiera hecho con su playera la primera vez que lo tomó, y al verlo desnudo, no pudo sino sentirse arder por dentro.

—Changmin… —susurró a su oído, deslizándose por la piel en busca de sus labios para fundirse en otro beso apasionado que era correspondido de igual manera.

Dejó que su boca trabajara mientras sus manos se escurrían por el pecho del menor, buscando sus tetillas para masajearlas primero, pellizcándolas después en medio de un sonido gutural por parte del castaño. ¿Dolor quizá? No, eso lo dudaba. Era sólo placer.

Se encaminó a besar su cuello, sintiendo la figura del chico intentar moverse bajo su peso, pero era difícil teniéndolo sentado sobre sus piernas. Chupó a consciencia la suave piel, dejando un camino de marcas rojizas que moría por saber cómo haría para cubrir después. ¿Con una playera de cuello alto? ¿O sería capaz de dejarla al descubierto? Lo sabría al día siguiente.

Su cuerpo ardía y podía sentir cómo su miembro despertaba al ser rozado una y otra vez contra las piernas del actor, quien parecía hacer esos movimientos a propósito, acariciando su intimidad para despertarle, excitándolo con toques suaves y rítmicos.

—Jaejoong… quítame las esposas —le escuchó decir, pero no lo haría, por ello lo ignoró mientras continuaba con sus besos, bajando por su pecho hasta llegar a una de sus tetillas—. Jaejoong… —le oyó gemir cuando tomó la pequeña protuberancia entre sus dientes, mordiéndolo suave, chupando y torturando la pequeña área rosada.

Trabajó sobre una y otra, trasladándose con su boca en tanto una de sus manos descendía por el duro abdomen hasta llegar a su miembro ya despierto. Lo tenía totalmente desnudo y a su merced, podía hacer con él lo que quisiera, pero su cabeza comenzaba a nublarse, el placer lo invadía y sólo podía disfrutar.

De nuevo lo escuchó gemir con fuerza en cuanto tomó su miembro erecto y dejó que sus dedos acariciaran la piel suave, subiendo y bajando de forma rítmica para más tarde tomarlo con su mano, dejando que la palma recorriera la virilidad húmeda y caliente. Besó cada porción de piel que se le cruzaba por enfrente, hasta llegar a esa extensión que jamás había probado. Había practicado sexo oral con las chicas, pero jamás con un hombre. Tomó entre sus labios el miembro del menor y pronto un fuerte gemido escapó del castaño. Comenzó besando, chupando, metiendo y sacando de su boca una y otra vez.

El cuerpo de Changmin se tensaba mientras gruñía. Sabía que en cualquier momento vendría su realización entre sus labios, y aquello le hacía sentir victorioso. Tenía el poder en sus manos y lo estaba aprovechando al máximo. Apenas segundos después, la caliente esencia del menor llenaba su boca, inundándole de un sabor extraño que, raramente no le desagradó en lo absoluto, tragándolo de un bocado que le hizo toser.

Pudo escuchar al más chico luchando por recuperar el aliento, haciendo vanos intentos por soltar sus manos de las esposas. Incorporándose, limpió los restos de semen de su rostro con el dorso de la mano, una sonrisa surcando sus labios al notar la excitación aun tintando la mirada del actor.

—Jaejoong… suéltame. —volvió a escucharle entre jadeos, pero sólo le sonrió.

—No, todavía no terminamos.

Tras hacerse espacio, le tomó sólo un instante el casi arrancarse el pijama para quedar como él, totalmente desnudo. Volvió a subirse en él, tomando las piernas del chico para abrirlas e ir haciéndose espacio entremedio, dejándolo en entero expuesto.

—Jaejoong, ¿qué vas a hacer? —logró escuchar con cierta alarma. Su sonrisa se amplió más. ¿Acaso estaba temeroso? ¿El poderoso Shim Changmin tenía miedo? Ese sólo pensamiento le hizo sonreír aún más.

—Nada que no hayas hecho tú antes.

Y sin previo aviso, introdujo uno de sus dedos en la entrada del menor, haciéndole respingar. No obstante, también logró ver el dolor en el rostro del actor, y comenzó a preocuparse. No quería hacerle daño, por lo que se quedó quieto, esperando para ver si aquel gesto en su rostro desaparecía. Sólo se sintió mejor cuando le vio relajarse y jadear por lo bajo. Retiró su dedo y ascendió para capturar entre sus labios la boca del más chico, arrancándole un beso fogoso con el cual compartió el sabor almizclado que momentos antes hubiera saboreado.

—Dime si te duele. —suplicó entre susurros mientras un segundo dígito se hacía espacio en la estrecha entrada.

—Sí… —Y de nuevo se detuvo, sacando ambos dedos de golpe.

—Lo siento, no quiero hacerte daño, yo no sé…

—Jaejoong, no seas bruto, necesitas lubricante…

¡Era cierto! Necesitaba algo que le hiciera doler menos, ¿pero qué? Podría utilizar su saliva, tal vez así pudiera aminorar la molestia.

Subió así hasta capturar su sexo para masturbarle de nuevo con una mano, en tanto la otra se dejaba deslizar por la figura del actor en un camino ascendente de caricias hasta su boca. Dejó introducir sus dedos para que el menor los chupara como si de una paleta se tratara, acelerándole el corazón ante la tibia sensación. Su propia excitación estaba en el punto máximo, ya no iba a aguantar más. Changmin era tan sexy, y un verdadero experto, aún y cuando estaba abajo sabía muy bien qué hacer y cómo hacerlo. ¡Claro! Con la cantidad de amantes que habría tenido. Pero él no se quedaba atrás, también era un experto, aunque un verdadero principiante en cuanto a sexo con otros hombres.

Sacó sus dedos de la boca del chico y regresó a su posición entre sus piernas, dejando que fueran ambos dígitos los que usurparan la apretada cavidad para que esta se acostumbrara, mientras su boca volvía a capturar el sexo del menor, arrancándole gemidos de placer. Sus dedos empezaron a deslizarse dentro y fuera con cuidado, danzando ante la sinfonía de sonidos que capaban de su garganta y los sutiles movimientos pélvicos que el castaño empezaba a hacer. Introdujo entonces un tercero y aunque esperó alguna reacción de dolor nada parecido llegó, a lo que aprovechó para empezar a prepararle, tal como recordaba lo había hecho con él antes.

Jaejoong tuvo que controlarse para aguantar mientras lubricaba aquel diminuto lugar, pero pronto el deseo pudo más que sus resistencias: Retiró los dedos de la tibia abertura y se separó de su miembro para observarle a los ojos. Ambas miradas se encontraron cargadas de un profundo y asfixiante deseo.

Llegó de nuevo hasta sus labios para capturarlos en un beso ardiente que nubló todas sus ideas mientras se posicionaba y la punta de su excitación empezaba a abrirse espacio en la entrada del menor. Changmin soltó un quejido ahogado y Jaejoong se apartó sin querer lastimarlo, observándolo a los ojos para ver si la señal de dolor desaparecía y podía seguir. La respuesta fue un mudo y débil asentimiento, con el cual el mayor terminó de empujar y se adentró por completo en el estrecho canal, sintiéndose tocar el cielo.

¡Jamás lo imaginó de esa forma! ¡Changmin era suyo ahora! Por completo suyo. La entrada del chico era tan estrecha que le hacía delirar, le sensación cálida y apretada le hacía estremecer presa de un placer que no podía describir, tan infinito e increíble, que sólo atinó a morder su labio para no soltar algún grito ahogado que pudiera despertar, si no a su vecino, a todo el edificio.

Aguardó sólo hasta que el menor logró ajustarse perfectamente a la invasión, para empezar a moverse. Changmin cerró los ojos y rodeó con ambas piernas las caderas del modelo, que se enterró más en él. Una vez sintió que el cuerpo del castaño se había acostumbrado, Jaejoong inició con la dulce tortura, saliendo apenas de la estrechez hasta dejar sólo la punta dentro y, más tarde, hundirse hasta el fondo con una embestida rápida. El más joven se arqueó casi en su totalidad con una flexibilidad increíble, soltando un profundo gemido gutural en tanto el pelinegro volvía a usurpar su entrada una y otra vez.

—Changmin… ¡Eres mío! —ahogó con urgencia siseando entre cada embestida, lanzando olas de placer infinitas a lo largo de su cuerpo, acelerando la respiración, el calor y el deseo mientras continuaba reclamando su propiedad. La intimidad del actor volvía a reaccionar ante la sensación y la pasión de cada arremetida—. ¡Changmin!… —Una y otra vez, ese nombre hacía posesión de sus labios con más necesidad que antes.

Aumentando gradualmente con la fuerza y profundidad de cada estocada, Jaejoong se sentía casi transportado al cielo, las descargas placenteras aumentando a cada paso gracias al ritmo impuesto. Moviéndose más rápido, sintiendo cómo las caderas del actor golpeteaban contra su cuerpo, pues también se mecía a un ritmo acelerado. Sus cuerpos se perlaban en sudor y los jadeos se volvían cada vez más constantes.

Al acariciar el frente del cuerpo de su amante sin desatender cada arremetida, Jaejoong notó que la hombría de Changmin había despertado de nuevo, no negándole el placer cuando lo tomó entre sus dedos e inició un enloquecedor vaivén de idas y venidas al compás de sus embestidas.

—¡Changmin…! ¡Ah! —Las respiraciones se hacían más urgentes conforme los minutos corrían, los cuerpos se tensaban y el sudor resbalaba dando las últimas resistencias.

—Jaejoong… Ahhh… —gemía el nombre del mayor a la par que éste gemía el suyo.



–.—.—.—.—.—.–



¡Ya era suficiente!

Yoochun se levantó de la cama con la determinación en la mirada y el resto de su semblante. Ya era demasiado, ¡demasiado! Era tiempo de ponerle un ‘Hasta aquí’ a su propio enojo y cobardía. Era hora de saber a qué –o quién– se estaba enfrentando. Anduvo decidido hasta la puerta de su habitación y la abrió. Quizá no era miércoles, ni fin de semana, pero de nuevo había tenido una discusión por causa de esas llamadas telefónicas y había decidido volver a dormir el sábado en la noche y el resto del domingo. Obviamente, Jaejoong se había dado cuenta, e incluso ahora que recordaba, le había preguntado si estaba peleado con su ‘novia’ y había evitado responderle. Pues bien, ahora estaba dispuesto a contestar su pregunta, porque ya sabía que su amigo iba a preguntarle, eso era un hecho.

Así se encaminó hasta la habitación del modelo y abrió sin preguntar si podía ingresar. Muchas veces lo había hecho así, esta no sería muy diferente. Necesitaba salir de la escuela y enfrentar esa respuesta que tanto temía. Brincaría por el balcón usando la cuerda de Jaejoong.

—¿Jaejoong? —lanzó al aire al encontrar la habitación vacía y la cama revuelta. Pensó que tal vez estuviera en el baño, pero al no ver luz que se colara por debajo de la puerta, abrió volviendo a mencionar su nombre sin ninguna respuesta—. ¿En dónde se metió?

Aunque bien podría estar en cualquier parte, en la sala de estar haciéndose un sándwich nocturno o tal vez, después de tantas negativas de su parte, había decidido ir solo al bar. No lo culpaba si había decidido hacerlo, después de todo, hacía siglos que ellos no iban juntos. Giró la vista y notó la puerta al exterior abierta de par en par, por lo que se aproximó al balcón esperando ver la soga atada al barandal, pero no había nada.

«Diablos»

Estaba a punto de regresar al interior del cuarto a buscar la soga debajo de la cama de Jaejoong (era más que probable que se diera cuenta que la había tomado cuando se acercara a cerrar la puerta, pues el viento nocturno se sentía frío y él tenía poco de haberse salvado de una segura neumonía como para arriesgarse), cuando un sonido le distrajo.

Se detuvo de golpe, regresando a la baranda para tratar de escuchar mejor. ¿Qué era eso? ¿De dónde venía? Parecían ser jadeos fuertes, como si alguien estuviera ejercitándose. ¿Pero a las 2:00am?

Se acercó al bode derecho de la baranda. Sabía que la habitación al lado de Jaejoong era la de Changmin. ¿Changmin se estaba ejercitando a esa hora? Sabía que hacía deporte y se levantaba temprano para ir al gimnasio, pero no que se despertara de madrugada a hacer ejercicio.

No, ese sonido no era de una sola persona, sino más bien dos. ¿Y si algo le pasaba al actor? ¿Y si estaba teniendo algún tipo de ataque? ¿O si el ladrón había regresado y estaba peleando con él? Sin pensarlo más, brincó del balcón de la habitación de Jaejoong hasta la de Changmin, quedando frente a la puerta abierta de la recámara.

Y su corazón se desbocó, logrando que un intenso rubor subiera hasta sus mejillas como jamás lo había hecho antes. La boca se le secó de golpe dejando que un sabor a cartón le inundara y sus ojos se abrieran enormes por la incredulidad que le ocasionaba la escena frente a él.

Era imposible de creer.

¡Imposible!

Y sin embargo, estaba sucediendo.

—¡Por Dios, Jaejoong! ¿Qué diablos estás haciendo?… —susurró sin voz, atónito de presenciar cómo la figura de su amigo mantenía al menor esposado a la cama y lo embestía con salvajismo una y otra vez.



 ❥ Fin del Capítulo Doce.



—.—.—



¡Taráaaaan~!

Lo sé, lo sé, me tardé horrores ;;! Me disculparán, pero este capítulo lo compensa, ¿cierto? Kkk, estuvo larguito.

¿Y qué tal el final? Uy~ Estamos entrando en la recta final, ¡unos capítulos más para terminar!

Mai gah. Nos veremos en mi próxima transmisión(?)

Tssshh, cambio y fuera(?)