El sol del
alba brillaba como nunca antes. A pesar de ser la segunda semana de Enero el astro
rey ya comenzaba a calentar. No hacía mucho frío esa mañana y por suerte, en
todo el año no se habían registrado nevadas.
La escuela
de arte más importante del país recibía a cuantos actores, pintores,
escritores, poetas, bailarines, modelos, cantantes, escultores y demás
pudieran cubrir las elevadas tarifas que cobraban. Pero todos sabían, que quien
lograra ingresar a esa escuela, después de una audición o un examen, tenía un
90% de probabilidades de triunfar en la farándula. No era para nadie
desconocido que grandes artistas salieran de esas aulas. Y muchos, desde que
eran estudiantes, ya contaban con representantes que les llevaban a realizar
diferentes trabajos muy bien remunerados.
Por esos
amplios pasillos caminaba a toda prisa uno de los alumnos problema (como le
decían sus maestros, porque siempre estaba metido en líos) sin percatarse de que
todos sus compañeros discutían sobre algo de manera animada. Le urgía llegar a
clases antes de que sonara el timbre y de nuevo le pusieran retardo. Ahora que
comenzaba el segundo año, no dejaría que por llegar demasiadas veces tarde le
obligaran a hacer veranos.
Abrió la
puerta y buscó con la mirada su pupitre. Todos los alumnos estaban platicando,
como era el segundo año, todos se conocían y habían ocupado sus lugares de
siempre.
—¡Jae! —gritó
una chica de cabellos cortos, llegando hasta su lado con alegría—. ¿Ya te
enteraste? —cuestionó abriendo los ojos cuan grandes eran. Jaejoong era tan
distraído que seguramente no sabía la gran noticia del día, a pesar de que la
nota se había anunciado en los principales diarios y noticieros de espectáculos
durante toda la semana.
Jaejoong tomó
asiento y colocó sus libros bajo el banco para voltear sonriente a la chica. Boa
siempre era la encargada de decirle las noticias del día, a él no le importaba
enterarse de qué actor había roto con quién o quién acababa de casarse. Las
únicas noticias que realmente le importaban eran las que tenían que ver con
algún trabajo que pudiera realizar, o quizá si había audiciones para
representar algún papel en una obra de teatro. ¡Su gran sueño!...
—¿De qué
tendría que enterarme, Boa? —le miró sin entender la alegría que se desprendía
de los ojos de la chica.
—¡¡Viene a
esta escuela!! ¡¡¡Y estará en segundo año!!! Ojalá y esté con nosotros, ¡¡es tan
guapo!! —ahogó soñadora, y Jaejoong se extrañó. Las únicas veces que había
visto así de emocionada a la chica, era cuando hablaba de su artista favorito.
—¿De qué
diablos estás hablando? —preguntó sin entender, o temiendo haber entendido. Boa
comenzó a reír.
—¿Recuerdas
al chico que se espera que este año sea nominado a los Asian Film Award porque
ya ha ganado muchos premios relacionados? ¿Ese de mirada fría y que no se deja
entrevistar por nadie? —rememoró recargándose en la paleta del pupitre. Jaejoong
sólo asintió sintiendo que sus piernas comenzaban a temblar—. ¡Pues viene a
esta escuela!
—¿Shim
Changmin? —musitó sorprendido, sintiendo su corazón saltarle del pecho y la
sangre circular por sus venas con frenesí—. ¿Ese antipático actorcillo viene a
esta escuela? —cuestionó en tono molesto enarcando sus cejas, haciendo que Boa
se enderezara y frunciera el entrecejo ante las palabras de su mejor amigo.
—Changmin no
es ningún antipático y mucho menos un actorcillo —afirmó colocando ambas manos
en su cadera para seguir hablando—. Está nominado para los BIFF¹ como mejor
actor y eso le da grandes posibilidades de que sea nominado a los Asian Film
Awards. ¡Y va a ganar! ¡¡Eso te lo puedo apostar!! Así que no es ningún
actorcillo, sólo estás celoso, Kim Jaejoong —aseguró enfadada. Jamás permitiría
que insultaran o hablaran mal de su artista favorito, nadie iba a decir que Shim
Changmin era un actor corriente, ni siquiera si se trataba de Jaejoong.
El pelinegro
frunció más el entrecejo al escuchar las palabras de su amiga. ¿Cómo se atrevía
a decirle que él estaba celoso de ese actor tan antipático? Aún ni había sido
nominado como para que Boa asegurara que lo estaría. Aunque su película ya se
escuchara nombrara por todos los pasillos de premios de la academia y que
estuviera nominado a en los BIFF no implicaba que lo fuesen a considerar para
el Asian Film. Pero reconsideró su postura al recordar que discutía con Boa, la
más terca y testaruda chica que jamás hubiera conocido. Ella no iba a cambiar
de idea, y si decía que Shim Changmin no era un actorcillo, aunque la crítica
lo destrozara, ella lo seguiría defendiendo. Así que en lugar de molestarse, rió.
—Ni siquiera
lo conoces y ya lo estás defendiendo —señaló Jaejoong medio divertido de la
actitud que tomaba la chica. No valía la pena discutir con ella, era mejor
relajarse, así saldría ganando.
—Pues tú
tampoco lo conoces y ya lo estás atacando —puntualizó aún molesta. Sabía que
Jaejoong no seguiría discutiendo con ella, no por nada lo conocía desde hacía
cuatro años; sólo quería saber por qué su amigo había atacado a su actor
favorito—. ¿Qué pruebas tienes de que sea antipático? —Jae suspiró al escuchar
la pregunta de Boa y se dispuso a contestarle de la forma más tranquila
posible.
—Bueno, tú
sabes que en este medio todos se conocen y muchos dicen que es muy antipático —comentó
con naturalidad, dejando descansar su cabeza sobre uno de sus brazos—. Yo sólo
lo vi una vez y se me hizo muy arrogante.
—¿Cuándo? ¿Cuándo
lo viste? —inquirió Boa interesada. Jaejoong salía en muchos comerciales y era
de esperarse que quizá algún día se hubiesen topado, ¿pero por qué no le había
dicho nada? Bueno, ella tampoco le había informado que su artista preferido era
el nuevo alumno de la escuela.
—Hace como
un año, mientras firmaba el comercial para shampoo. Él estaba con su
representante y cuando un fotógrafo lo sorprendió, le rompió la cara de un
golpe —comentó sin ninguna expresión en el rostro, algo que se le hizo extraño
a la joven, pero prefirió ignorarlo para seguir con el tema que más le
interesaba.
—¡Oh! ¿Fue
esa vez? Recuerdo haber visto esa noticia en los diarios —recordó ella
sonriendo—. Por cierto que fue el mismo día en el que te golpeaste con la
puerta del camerino, ¿verdad?
—Sí, ese día
—afirmó con fastidio de haberlo recordado, ese día había perdido una gran
oportunidad de trabajo debido a ese moretón en el ojo—. Pero por lo que le hizo
al reportero es un antipático —aseguró convencido.
—Yo insisto
en que estás celoso —resolvió la chica con una risita.
—Ten por
seguro que el arrogante y engreído de Shim Changmin no hablará con nadie. Se
cree muy superior a nosotros —aseveró aburrido—. Todo porque el programa
infantil que solía hacer aún se retrasmite en algunos canales. ¡Ja! Ni que eso
le garantizara la nominación al Asian Film —murmuró por lo bajo.
—Pues yo lo
dudo —Boa volvió a poner las manos en su cintura—. De ser como dices, no se
hubiera inscrito en ninguna escuela. Él no lo necesita. Y si realmente fuese un
arrogante y engreído, ¡está en todo su derecho! ¡Lo vale! —Jaejoong sólo la
observó con el ceño fruncido. Jamás había visto a su amiga defender de esa
forma a alguien. Le molestaba mucho, y más el que defendiera a ese actorcillo.
¿Que tenía ese maldito actor que volvía locas a todas las chicas como Boa? Y
vaya que sabía que no sólo a las chicas, uno que otro chico también estaba
vuelto loco por ese actor de apariencia fría.
La puerta se
abrió de golpe haciendo que todos los alumnos tomaran sus asientos de forma apresurada.
Un hombre mayor entró en el salón seguido de un alto y apuesto chico de ojos marrones
y cabellos castaño oscuro alborotados.
Todos se
quedaron callados al ver en persona al famoso actor Shim Changmin. Vestía como
todos, con el uniforme de la escuela; pantalón y saco negro, con camisa blanca.
Llevaba en la mano su portafolio y su vista estaba al frente, sin ver a nadie.
Jaejoong
trató a toda costa de no verlo, pero ese actor tenía un magnetismo que le
impedía llevar a cabo su objetivo. Sin poder evitarlo, sus ojos, al igual que
todos los demás, también se posaron en la magnífica figura del actor frente a
ellos.
Su corazón,
que había comenzado a latir de forma normal durante la discusión con Boa, de
nueva cuanta volvió a acelerarse. Verlo no le causaba ninguna gracia. Su ceño
se frunció al contemplarlo. ¿Por qué tenía que estar precisamente en ese salón?
Boa, que se
sentaba al lado derecho de Jaejoong, en la última fila, se acercó a él para
susurrarle:
—¿No te
parece que es muy guapo? Aún más guapo que en el cine —afirmó sonriente, regresando
al frente su mirada.
—Sólo si te
gustan del tipo fríos y arrogantes —contestó sin bajar la voz, logrando que
gracias al silencio que había reinado tras la aparición del maestro y el actor,
su voz sonara claramente en todo el salón y varios de sus compañeros voltearan
a verle, así como la mirada de Shim recayó en su figura.
Jaejoong sonrió
de forma nerviosa al verse descubierto, mientras la mirada del actor regresaba
a centrarse en la nada.
El profesor
no le dio importancia al incidente, todos en esas aulas eran personas que
estaban en la farándula o tenían grandes aspiraciones de llegar a ella, así que
estaba acostumbrado a los comentarios que a veces se dirigían entre sí; levantó
las hojas que había puesto en su mano y se giró para ver a toda la clase.
—Bien chicos,
este año vamos a tener un alumno nuevo. No creo que necesite presentación,
estoy seguro que todos lo conocen y será un verdadero honor tenerlo con
nosotros. Creo que muchos podrán aprender de él —acotó el catedrático
observando a Jaejoong.
—¡Ja! Como
si necesitara clases de actuación para ser un témpano de hielo —renegó éste volteando
el rostro, dejando descansar la barbilla sobre su mano.
Varios
compañeros de Jaejoong escucharon el comentario y algunos de ellos, al final de
la segunda fila, no pudieron evitar el soltar una risita. Los ojos castaños de
Changmin se fijaron en esos alumnos que reían a costa de algún chiste contado
por el muchacho. No le agradó nada el pensar que había sido a costa suya.
De nueva
cuenta el profesor se hizo el desentendido, pero sabía de dónde había venido el
alboroto por lo que, sonriendo un poco, se dirigió a Changmin.
—Bueno joven
Shim, puede ocupar el asiento junto al joven Kim.
Jaejoong
sintió que sus piernas volvían a temblar sólo de escuchar lo que el profesor había
dicho, volteando de golpe a ver si no había soñado con semejante indicación, pero
al ver que el profesor señalaba el asiento vacío al final de la primera fila,
se dio cuenta que no era un sueño... ¡tenía que ser una pesadilla!
—¡Que suerte
tienes, Jae! —ahogó Boa feliz acercándose de nuevo a él para susurrarle—. Él
estará a un lado tuyo todo el año —Jaejoong volteó a ver a Boa, observando de
reojo cómo Changmin comenzaba a caminar hasta el asiento. No quería tenerlo
cerca, no lo soportaba, le fastidiaba. ¡Tenía que hacer algo y rápido! Y Boa le
había dado la clave.
—¿Quieres
cambiar de lugar conmigo? —le ofreció viéndola fijamente. En su mirada se
notaba la súplica. Más que hacerle una pregunta le rogaba que se cambiara de
lugar, pero Boa estaba tan emocionada que no se percató de ello, sonriendo de
forma luminosa.
—¡Sí, sí
quiero!
Jae tomó sus
cosas y se levantó a la carrera sintiendo el cuerpo como de gelatina justo en
el momento en que Changmin llegaba hasta el lugar que estaba junto al suyo. Sus
ojos chocaron por segundos, pero Jaejoong desvió la vista sin prestarle atención
a esa mirada fría que denotaba cierta extrañeza, y caminó hasta el lugar de Boa
al tiempo que ella llegaba al suyo muy emocionada.
—¡Gusto en
conocerte, Changmin! —saludó ella amablemente, pero éste sólo la ignoró. Boa se
quedó en silencio sumamente decepcionada, había esperado que por lo menos le
saludara, pero ni siquiera una inclinación de cabeza había obtenido de su
parte. Jae volteó a ver el rostro de la pelicorto y se acercó hasta ella para
susurrarle.
—Te lo dije —Boa
le regresó la mirada a Jaejoong frunciendo el ceño. Aun y cuando Changmin no la
hubiera saludado, no quería decir que era como él aseguraba.
Mientras Boa
veía con enfado a su sonriente amigo, los ojos oscuros del actor observaban de
reojo a sus dos nuevos compañeros.
La clase
recién comenzaba. El maestro acababa de apuntar su nombre en el pizarrón cuando
la puerta del aula se abrió y un chico de mirada pícara entraba sin pedir
permiso.
—¡Joven Park!
¿Por qué demonios llega a esta hora? Las clases comienzan a las 7:30, no a las
8:00 de la mañana —regañó el profesor al chico que recién entraba, pero éste sólo
giró su rostro para verlo sin mostrar ninguna expresión clara.
—Hable con
mi representante —indicó siguiendo su camino hasta su pupitre, que estaba a un
lado del de Jaejoong en la parte final de la cuarta fila. Era de esperarse que
después de una presentación que hubiera terminado después de las 12 de la noche
y dado que la sinfónica se presentaba en bellas artes, que estaba a dos horas
de camino, hubiese llegado en la madrugada al colegio y no se hubiera levantado
temprano.
—Hey, Chun,
deberías tener más respeto por los maestros —comentó Jaejoong acercándose hasta
el lugar del mencionado chico, arrastrando el banco con él para susurrarle
mientras el maestro se tragaba su enojo.
—¡Tiene
retardo, Park Yoochun! —gruñó el maestro para seguir con lo que hacía en el
pizarrón.
Yoochun dejó
de prestarle atención al maestro, poco le importaban los retardos. Una llamada
a Yoohwan para informarle del problema, él llamaría al director y ese retardo
desaparecería. Al fin y al cabo, tenía un pretexto y Ricky como su
representante y hermano, sabía cómo defenderlo. Volteó entonces a ver a su
compañero con una mirada extraña y penetrante.
—¿Y tú qué
haces aquí? —cuestionó observando a Jaejoong—. ¿Por qué Boa está en tu lugar y
tú en el de ella? —continuó sin hacer caso a lo que el maestro apuntaba en la
pizarra. El aludido sólo giró un poco la vista y notó que Changmin veía con
atención al pizarrón, así que observó a su amigo y se dispuso a susurrarle.
—¿Recuerdas
hace un año, cuando llegué con el moretón en el ojo? —le preguntó, ya que
Yoochun se veía más interesado en la plática de su amigo, al grado que no
prestaba atención al maestro.
—¿Cuando
perdiste la oportunidad de salir de frente en el comercial de shampoo y tu
representante llegó con el cuento de que te habías golpeado con la puerta del
camerino?
—Sí, ese
mismo día —afirmó—. Ahí está mi puerta —le señaló con una leve mirada al chico
moreno que permanecía aparentemente atento a la clase.
—¡Él! —profirió
Yoochun con asombro, y la mira de Changmin viró hasta observarlos de reojo,
notando cómo sin disimulo la mirada profunda del chico recién llegado sobre él.
—¡Tampoco
levantes la voz! —reclamó Jaejoong—. ¡Ese maldito me quitó mi oportunidad! ¡Y
por eso no lo soporto! No tenía derecho a pegarme como lo hizo, ¡y sólo por
querer una foto de él! —gruñó bajo—. Ese antipático.
—¿Por qué no
me lo habías contado antes? —sonsacó Yoochun con extrañeza. Había mucha
confianza entre ellos como para que Jaejoong no le hubiese contado ese
incidente. Claro que… no había por qué contarse todo.
—Porque
quería olvidarlo, pero con ese antipático aquí, será imposible que lo olvide.
Ni siquiera se disculpó conmigo —masculló bajo, de un modo que parecía dolido,
y Yoochun observó eso; para él era fácil identificar los diferentes tonos de
voz que usaba Jaejoong, o cualquiera. No por nada era músico, tenía que saber
identificar cuando alguien desafinaba y eso le había llevado a poder reconocer
los tonos de voz en la gente.
—¡Kim y Park,
si van a seguir platicando en mi clase, entonces salgan de ella! —acusó el
profesor.
—¡No profesor!
Ya no vamos a platicar —aseguró Jaejoong regresando su atención al libro que
acababan de sacar.
Yoochun
desvió la vista hasta Changmin. Jaejoong nunca le había contado que conocía al
actor que ahora sería su compañero. Había escuchado el rumor de que se
inscribiría en una escuela de arte, pero nunca imaginó que sería en la que
ellos estudiaban. Había visto su última actuación y era muy buena. ¿Pero sería
verdad que era un tipo frío y demasiado reservado al que no le gustaba que la
prensa le tomara fotos o se inmiscuyera en su vida privada porque era gay?
El timbre
del descanso sonó y varios de los alumnos se pararon para rodear a Changmin y
comenzar a hacerle preguntas. Boa únicamente se giró en su asiento para quedar
a un lado del actor, ella también estaba interesada en conocerle. Jaejoong y
Yoochun se levantaron y se dirigieron a la puerta de salida.
—¿Tú no
quieres conocerlo? —le preguntó Park. Jaejoong se giró para ver donde estaban
casi todos sus compañeros rodeando a Shim, pero negó con la cabeza, él ya sabía
lo suficiente de ese antipático y egocéntrico actor.
—Le doy
cinco segundos antes de que los corra a todos —miró su reloj y se dispuso a
contar—. Cinco… Cuatro…
—¡DÉJENME EN
PAZ! —vociferó Changmin poniéndose de pie, y todos los que le rodeaban le
abrieron paso a los lados.
—Me falló
por tres segundos —rió observando a su amigo, lo que atrajo la atención de Shim
de nuevo a él. Después buscó a Boa con la mirada y le indicó en voz alta para
que todos escucharan—. ¿Ves, Boa? Y luego me regañabas por atacarlo. ¡Ahora sí,
defiéndelo! —retó a su amiga, que estaba con los ojos abiertos por la sorpresa.
Pero al escuchar las palabras de Kim, volvió a fruncir el ceño en señal de
enojo—. Creo que no le gustó darse cuenta que tenía razón —murmuró saliendo en
compañía de Yoochun rumbo a la cafetería de la escuela.
Changmin
salió poco tiempo después que ellos, por completo solo.
Habían
caminado hasta la cafetería, era hora del descanso y Jaejoong no se cansaba de
repetir la misma historia. Shim le había golpeado en su primera incursión en un
comercial para shampoo y todo porque le había pedido una fotografía
autografiada.
—¡Quizá
llegaste demasiado efusivo! —adivinó Yoochun mientras se sentaban en una de las
mesas con su comida en una charola.
—No, te juro
que no, Chun —se defendía insistente—. Yo iba con Sunny…
—Tu
representante —aclaró Yoochun.
—Sí, con
ella. Y fue entonces que vi a Changmin parado hablando con un hombre alto de
cabello oscuro…
—Jung Jihoon,
Rain, su representante —volvió a aclarar.
—Sí, ese
mismo —afirmó Jaejoong de forma monótona—. Jamás pensé que algún día fuéramos a
coincidir en un estudio. Según me enteré, por fin iba a dar una entrevista para
promover su película. Siempre me había gustado su forma de actuar, recuerdo
haberlo visto en los programas infantiles que nos dejaban ver en el orfanato,
así que me separé de Sunny para irle a pedir una foto autografiada. Yo llevaba
mi cámara digital e iba preparándola, cuando de repente levanté el rostro y el
muy estúpido me golpeó…
—¿Sin
decirte nada? —se asombró Yoochun.
—Así, sin
preguntarme o decirme nada, sólo me soltó un golpe en el rostro. Y me quitó la
cámara. Por suerte no tenía nada bueno en ella, sino lo hubiera matado —aseguró
evidentemente molesto.
—Sí claro,
¿acaso no sabes que ese chico es cinta negra en taekwondo? —Todo mundo lo
sabía. El actorcillo era 4 Dan y conocía varias técnicas que lo habían llevado
a ganar numerosas medallas. Si Jaejoong le hubiera golpeado, el actor era capaz
de matarlo de un golpe. Su amigo no tenía músculos definidos debido a su
condición de modelo, lo contrario del actor.
—Pues fuese
del color que fuese, si por casualidad traía una foto de Lee Hyori, yo lo mato —Park
esbozó una sonrisa al saber que su amigo sólo estaba bromeando, algo típico de
él—. Le grité que por qué me había golpeado en la cara, que yo sólo quería una
foto suya, que ahora entendía por qué todos lo llamaban ‘Témpano de Hielo Shim’.
—¿Lo
insultaste? —cuestionó pasmado. A veces Jae tenía un carácter explosivo, pero
haberse atrevido a insultar a ese actor le sorprendía. De verdad debía haberle
molestado mucho.
—Eso no era
un insulto —aseguró molesto por el incidente—. Era la verdad.
—¿Y qué
hizo?
—¿Él? Nada.
Su representante se acercó a hablar conmigo y cuando supo que sólo era un fan
más, me dio una foto de Changmin y me dijo que él mismo me la autografiaría —mencionó
terminando con la comida en la charola.
—¿Y lo hizo?
—¡Claro! Llegó
arrebatándome la foto de las manos y poniendo su nombre. Eso me enojó,
realmente me enojó. Yo me hubiera sentido afortunado si tan sólo se hubiera
disculpado por el golpe que me dio y me hubiera firmado su foto. Pero lo hizo
de muy mala gana, su representante lo obligó y eso me enfureció.
—¿Qué
hiciste entonces? —Yoochun pudo ver el ligero rubor apareciendo en las mejillas
de su amigo pelinegro. Y eso sólo se debía al enfado que sentía al estar
recordando el suceso.
—Rompí su
fotografía en varios pedazos y se los lancé a la cara —aseguró sonriendo—. Jamás
voy a olvidar su expresión…
—¿Que
hiciste qué? —insistió Yoochun asombrado por las palabras del chico. Seguramente
había sido un impulso, ¡pero vaya impulso! Sabiendo cómo era el carácter
agresivo de Shim Changmin, ese acto debió mandar al hospital a su amigo, mas
sólo había llegado con el moretón en el ojo y no por producto de esa acción.
—Lo que
oíste, le rompí la foto y se la lancé a la cara —repitió con fastidio. ¿Por qué
Yoochun se sorprendía tanto de lo que había hecho?
—¿Pero qué
hizo él? No creo que se haya quedado de brazos cruzados después de eso. Fue
casi como golpearlo.
—Pues si
hizo algo no me enteré… Ah no, sí hizo algo —recordó riendo—. Le rompió la cara
a un fotógrafo después de habérmela roto a mí.
—¿Y lo
habías vuelto a ver después de ese incidente?
—No. Hasta
ahora. No creo que me recuerde… y ojalá que no lo haga —mencionó dejando
descansar su cabeza sobre uno de sus brazos, para perder su vista en el techo
del amplio salón que servía como comedor.
—¿Entonces
por qué haces lo posible porque se dé cuenta de que estas ahí?
Jaejoong bajó
la vista para ver con sorpresa a Yoochun. ¿Qué era lo que acababa de decir su
amigo? ¿Acaso pensaba que lo que había dicho fue sólo para llamar la atención
del actor? ¡Pero eso no era cierto! Él no quería que Changmin lo reconociera,
quería olvidar el asunto, pero cada vez que veía a Shim después de lo que había
pasado, sentía que su sangre hervía por el enojo. Así fuera en revistas o
televisión. El verlo en persona era peor, porque su cuerpo temblaba de coraje y
su sangre circulaba más rápido haciendo que sus puños se cerraran, era casi
imposible no pensar en devolverle el golpe que le debía desde hace un año.
—¡Yo no
quiero que se dé cuenta! —afirmó con enojo frunciendo el ceño, al tiempo en que
un intenso color carmesí aparecía sobre sus mejillas—. ¡No me interesa que me
reconozca!
—Pues lo que
has hecho me dice lo contrario, Jae. Lo has estado retando con tus comentarios.
Así que si él llega a golpearte por ello, no lo culpes —le explicó tras haber
terminado su comida, levantándose de la mesa con una ligera sonrisa.
—¡Maldición,
Yoochun! No soporto al maldito desgraciado. ¿Cómo crees que iba a reaccionar al
verle de nuevo? ¡Y más a sabiendas que está sólo a un pupitre de distancia! Ojalá
estuviera muy lejos de mí, no soporto verlo —refunfuñó casi en voz alta,
siguiéndolo.
—Pues
deberás soportarlo —afirmó viéndolo de reojo. Le divertían mucho las rabietas
de niño chiquito de Jaejoong, y decirle lo que pensaba le iba a causar risa, de
eso estaba seguro—. Porque será nuestro compañero por lo menos durante un año. Lo
verás todos los días, y si como hasta ahora, el profesor de literatura te pide
entregar las tareas… quizá hasta tengas que ir a su habitación a verle.
JaeJoong se
detuvo ante el comentario de su amigo, mientras este último hacía todo lo
posible por aguantar las carcajadas sólo de ver la reacción ajena. Pero Yoochun
tenía razón. El profesor de literatura siempre le pedía que llevara las tareas
a los alumnos del área de varones y seguramente era el mismo del año pasado,
por lo que intuía que de nuevo le asignaría la entrega de tareas. Muy a su desgracia
tenía que asegurarse de que todos la recibieran, razón por la cual tenía
permitido entrar a las habitaciones y dejar la tarea sobre el escritorio si los
chicos no estaban.
—Maldición, Yoochun,
¿tenías que recordármelo? —se quejó dándole alcance al mencionado, que se había
detenido unos pasos adelante para esperarlo.
Mientras, una
figura de piel acanelada observaba a los dos chicos marcharse del refectorio;
cómodo, descansaba subido en la rama de un árbol desde la cual los ventanales
del amplio comedor eran por completo visibles.
Esos dos
chicos… parecían llevarse muy bien. El de tez más pálida era sumamente popular
y de un atractivo que atraía las miradas de todos como si fuera un imán. No le
eran desconocidas esas miradas, también él hacía girar la vista tanto a hombres
como mujeres, pero siempre que se acercaban a él era porque buscaban hacerse
notar. No tenía ni un solo amigo, nadie en quien confiar, estaba condenado a la
soledad debido a su patética profesión.
Las clases
habían continuado sin contratiempos, o al menos hasta que llegaron a la última
hora, misma sobre la que el profesor de literatura se había asomado a la clase
para pedirles a Jaejoong y Boa que le buscaran en la sala de maestros al
finalizar las clases.
—Me lo
imaginé, me lo imaginé, me lo imaginé —repetía balanceando la cabeza de un lado
a otro con pesar, mientras el profesor sacaba varias hojas de una carpeta que
decía Segundo grado.
—Chicos,
esta es la tarea, y como el año pasado, espero que se las entreguen a sus
compañeros. En la hoja viene apuntado el cuarto en el que está cada uno, aunque
supongo que ya deben saberlo. Bueno, a excepción de Shim Changmin, que es
nuevo. Todos los demás ocupan el mismo. Espero que lo entreguen.
—¡Sí,
profesor! —asintió Boa sonriendo, mientras el pelinegro a su lado tomaba las
hojas con la cabeza agachada.
—¿Sucede
algo, Jaejoong? —cuestionó el maestro, notando que el mencionado no levantaba
su la mirada.
—No,
profesor —respondió seco.
—¿Ya no
quieres ayudarme a entregar las tareas? —preguntó directo, JaeJoong levantó la
cabeza de forma presurosa.
—Cómo se le
ocurre profesor, yo estoy encantado de ayudarle.
—¡Gracias, chicos!
—De nada —respondió
Boa.
Apenas
habían salido de la sala de maestros, Boa le arrebató la lista a JaeJoong de
las manos para leerla con avidez.
—¿Qué tanto
le ves a esa lista? —quiso saber él, detenido a un costado de la chica—. Sólo
son nombres y números. Todavía fuera una revista de playboy… —intentó bromear.
—¡Jae! —le
regañó Boa para que guardara silencio—. Quiero saber en qué habitación está Changmin
—admitió, para después sonreírle—. ¡Qué suerte tienes! —suspiró felizmente. JaeJoong
parpadeó sin entender al principio, sólo para después sentir que iba a tener
una pesadilla; de nuevo—. ¡Changmin es tu vecino de cuarto!
—¡¿QUÉEE?! —exclamó
arrebatando la lista a Boa, ya viendo con sus propios ojos lo que la castaña
acababa de decirle. Su corazón latía con furia al reconocer el nombre y el
número de la habitación que se encontraba justo a un lado de la suya—. Este
será el peor año de mi vida —ahogó por completo derrotado, ignorando a Boa que
había empezado a hablar emocionada sobre su artista favorito: Shim Changmin.
A las diez
de la noche se cerraba el cuarto de descanso, que era donde se encontraba la
televisión del ala Este, donde estaban los chicos. A esa hora todos comenzaban
a retirarse para ir a sus habitaciones a descansar.
Jaejoong
aprovechaba esa hora para entregar las tareas a sus compañeros, sabía que a
esas horas ya deberían estar dentro. Quizá alguno que otro no estuviera por
haber tenido que salir a cumplir con algún compromiso de trabajo que se llevara
a cabo en la noche. Generalmente se enteraba de todos esos compromisos y estaba
seguro que sus compañeros no tenían ninguno esa noche… Bueno, no sabía nada de Changmin,
ni quería saberlo.
A veces
pensaba que estar en una escuela internado era la mejor forma de olvidarse de
sus familias. Pero cada vez se sorprendía al ver cómo muchos de sus compañeros
estaban allí por verdadera vocación y no por huir de sus casas. Él había
entrado porque le habían ofrecido pagarle la escuela, siempre y cuando se
inclinara por la carrera de actor o modelo. Siendo un chico huérfano, aceptó
encantado. Además, había una figura que le inspiraba a ser como él. Sólo que a
estas fechas, esa estatua de cristal se había caído del pedestal en el que lo
había tenido casi toda su vida. Sería imposible remendar los pedazos. Por
suerte el internado había resultado ser como el orfanato, sólo que con un poco
más de lujos y libertades.
Aunque a
final de cuentas, había terminado siendo adoptado. Parecía que su nueva
familia, los Kim, habían encontrado muy redituable el darle su apellido y no sólo
pagarle las clases. Según palabras de su familia, era demasiado hermoso para
dejarlo desamparado…
¡Patrañas!… Se
habían dado cuenta que ser un niño bonito dejaba mucho dinero, pero eso lo
tenía sin cuidado. Para él la escuela era su casa y era feliz el estar allí.
Conocía a
todos los intendentes y vigilantes, además de que la sala del director era como
su segunda habitación, al igual que el aula de detención. A lo largo de su vida
en el colegio había roto un sin fin de reglas establecidas y debido a él,
habían establecido muchas más. Nada de cuidado y nada que ameritara que lo
expulsaran. A final de cuentas, el director lo apreciaba. Si no fuera por la vieja
amargada de la subdirectora, ese hogar sería mucho mejor que cualquiera.
Había
entregado casi todas las tareas. No le gustaba quedarse platicando con sus
compañeros a esas horas. Sólo lo hacía con Yoochun, que estaba en la habitación
de enfrente, sólo que un poco más a la izquierda.
Deliberadamente
había dejado la habitación de Changmin al último, con la intención de pedirle a
Park que la entregara por él. No quería tener que hablarle, ni siquiera quería
verle.
Tocó a la
puerta de Yoochun y casi de inmediato el chico le abrió. Jaejoong sonrió al
verle.
—Chun, pues
aquí tienes la tarea de literatura —le mostró la hoja, sonriéndole de forma
luminosa.
—Entonces
tuve razón —evidenció tomando el papel de manos del pelinegro, observándolo
directamente—. ¿Y cómo reaccionó tu puerta? ¿Ya te reconoció? —Jaejoong sólo
bajó la vista—. ¿No te reconoció?
—¡Quiero
pedirte un favor, Chunnie! —levantó la vista para observarlo fijamente, Yoochun
retrocedió levantando las manos.
—¡Ah, no! Yo
no voy a entregarle la tarea en tu lugar. ¡Es tu obligación hacerlo!
—¡¡¡Por
favor, por favor!!! —le suplicó entrelazando las manos y poniendo ojitos de
cachorrito para convencerlo—. ¿Qué no ves que no quiero verlo? ¡No lo soporto!
—Quizá ni lo
veas. A lo mejor no está, estando en la campaña para la nominación al Asian
Film puede que haya salido esta noche. ¿Por qué no sólo tocas a su puerta? Si
está, no lo mires y entrégale la tarea. Si no está, entras a su habitación y la
dejas en el escritorio como siempre.
—Mal amigo —murmuró
dándose la vuelta. Yoochun sólo se asomó para ver cómo su amigo se paraba en la
puerta contigua a la suya. ¿Eso quería decir que Changmin era su vecino? ¡Vaya
sorpresa! Con eso no podría evitar tener que verlo. Y medio sonriendo por la
suerte del chico, cerró la suya.
Jaejoong
aspiró profundo en un intento de que su corazón volviera a latir con normalidad.
Quizá Yoochun tenía razón y Changmin no estaría en su habitación esa noche.
Comenzó a rezar para que así fuera. Contó hasta tres y por fin tocó esperando
que el susodicho le abriera, pero no obtuvo respuesta…
Aliviándose
un poco al imaginar que su amigo había tenido razón, volvió a tocar esta vez más
firme y fuerte sintiéndose con mayor confianza. Y de nuevo no obtuvo respuesta.
Tocó una tercera vez con iguales resultados y sonrió. En verdad Shim no estaba.
Abrió la
puerta con toda seguridad sosteniendo la hoja que contenía la tarea en la mano.
La habitación estaba medio iluminada, seguramente Changmin había dejado la luz
de la lámpara del escritorio encendida y eso era lo que evitaba que estuviera
del todo a oscuras. Caminó viendo a detalle toda la habitación y fue sin darse
cuenta que chocó con algo sobre el suelo, maldiciéndose por su pobre pie
adolorido.
Se agachó
para sobarse y vio ahí un par de mancuernas. ¿Cómo se le ocurría a Changmin
dejarlas a medio camino? A peligro de quien entrara se golpeara con ellas, como
lo había hecho él. Las empujó del otro lado de la pared para que el pasillo,
entre la entrada y el resto de la habitación, quedara libre de ese peligro.
Siguió
recorriendo con la mirada la habitación, pensando dónde podría dejar la tarea
para que el actorcillo la viera ya que el escritorio parecía ocupado por varias
cajas aún cerradas. Quizá sus pertenencias. Al final, decidió dejarla sobre el
peinador que estaba frente a la cama.
Al levantar
la vista notó por el espejo algo sobre el lecho, dándose la vuelta para ver qué
era. Allí reposaba un pijama de seda de color azul oscuro. Un pijama de
diseñador, se pudo dar cuenta. ¡Claro, era de esperarse! Siendo un actor
famoso, no podía usar cualquier cosa. Por suerte, siendo él modelo, las firmas
de ropa para las que trabajaba se encargaban de vestirlo de pies a cabeza,
incluyendo ropa interior. Sonrió al recordarlo.
De repente,
el rechinido de una puerta a sus espaldas le hizo voltearse rumbo a la entrada
del baño.
Ahí, frente
a él, estaba Shim Changmin observándolo fijamente. Usaba sólo una toalla amarrada
a la cintura, su cabello aún mojado escurría pequeñas gotas de agua que caían
hasta su pecho y se deslizaban de seductoras sobre él. Entre sus manos traía un
reproductor y los audífonos, ahora entendía por qué cuando tocó a la puerta no
le había respondido.
Sin poder
evitarlo un calor indescriptible invadió su rostro y de nuevo su corazón se
desbocó en su pecho. Se quedó paralizado ante la vista de los bien formados
músculos del actor que definían sus brazos y los pectorales de su pecho. Ahora
sabía para qué necesitaba las mancuernas que había dejado en el piso. Era una lástima
que la toalla no fuera más corta, eso le impedía ver qué tan bien formadas
estaban esas largas piernas…
¡¿Pero en
qué demonios estaba pensando?!… Se dijo a sí mismo mientras un intenso rubor
comenzó a cubrir su rostro.
Se dio
cuenta cómo la mirada del castaño le recorría de arriba a abajo, de la misma
forma en la que él lo había hecho segundo antes. Y su respiración comenzó a
acelerarse al ritmo de los latidos de su corazón, mientras sus rodillas
comenzaban a temblarle.
—¿Qué haces
en mi habitación? —escuchó la voz seca del joven.
—Yo… yo… —balbuceó
nerviosamente, sintiendo cómo el calor en su rostro incrementaba cada vez más
al ver a Changmin avanzando hasta él, acortando la distancia a apenas unos
pasos—. Sólo vine a…
—¿Has
encontrado lo que viniste a buscar? —cuestionó enarcando una ceja, logrando que
Jaejoong temblara de forma imperceptible.
—Yo sólo he
venido a… —intentó explicarse, cada vez más nervioso, tratando de retroceder al
ver que Changmin se acercaba cada vez más—… traerte la tarea y ya me voy —soltó
apresuradamente, dándose la vuelta para tomar el pasillo y llegar hasta la
salida. ¿Por qué se sentía como un ladrón atrapado con las manos en la masa?
Pero apenas
se había dado la vuelta cuando sintió una fuerte mano sostenerle por la muñeca
y hacerle voltear bruscamente para, con igual rapidez, recargarlo contra la
pared del pasillo con el cuerpo de Shim sobre él, sosteniéndole ambas muñecas a
los lados.
Jaejoong
abrió los ojos sorprendido sólo para toparse con aquella profunda mirada demasiado
cerca de su rostro. Podía sentir el aliento tibio del actor casi sobre su boca,
y eso le asustaba. El pánico se apoderó de él al sentirse acorralado, trató de
abrir la boca para decir algo pero por primera vez, se había quedado sin
palabras.
—¿Has venido
a dejar tarea? —Changmin le miró suspicaz, muy fijamente—. Deberías buscar un
pretexto más creíble…
Y sin darle
tiempo a nada fue que se apoderó de los labios del modelo en un beso salvaje,
cargado de pasión. Obligándolo a abrir la boca, dejó introducir su lengua para
saborearlo, para jugar con una músculo húmedo que no se movía, para acariciar y
chupar esos labios que sabían a gloria.
Jaejoong
estaba en shock con los ojos abiertos por la sorpresa, Changmin lo estaba
besando y él no podía impedírselo. No podía empujarlo para apartarlo de su
lado. Su cuerpo no se movía, por más que ordenaba que lo hiciera, su cuerpo no respondía.
No, sí
estaba respondiendo… pero no a él, le respondía al actor. Respondía a ese beso
que parecía estarle robando los sentidos cual si una llamarada de fuego
corriera por sus venas.
Pero igual
de rápido como todo comenzó, así terminó. Changmin lo soltó y le dio la
espalda. Jaejoong sintió que sus piernas fallaban al responder, casi tirándolo,
pero se las arregló para sacar fuerzas de donde pudo y mantenerse en pie.
—Ya
obtuviste lo que querías, ahora ¡lárgate! —ordenó sin verlo.
Jaejoong
quería gritarle, quería golpearlo por lo que le acababa de hacer, pero no tenía
fuerzas para hacerlo. Se dio la vuelta y salió corriendo rumbo a su habitación.
Changmin escuchó
la puerta cerrase y volteó a ver el lugar por donde el chico había desaparecido,
repitiéndose mentalmente el pretexto '¿tarea?'. No había sido nada original.
Miles de veces se había encontrado personas en su habitación y habían dicho
algo más eficaz. Pero claro, solía ser en los hoteles, donde había camareras o
mozos. Incluso en alguna ocasión había llegado una persona en silla de ruedas,
fingiendo estar paralítico para poco después levantarse de la silla y arrojarse
a sus brazos. Eso sí había sido ingenioso.
Pero
'tarea'… eso era lo más absurdo que había oído. Las tareas se entregan en
clase, no se reparten cuarto por cuarto. Ahora incluso, ¿debía cuidarse estando
en la escuela? Se había encerrado en ese colegio para huir de los acosos de los
fans y de la prensa. Pero ya había tenido su primer problema en clases cuando
todos lo rodearon para hacerle más preguntas que los propios periodistas.
Kim Jaejoong…
Había pensado que era distinto a los demás, pero con desilusión se daba cuenta
que era igual a todos.
Sin prisa
avanzó hasta el peinador para tomar su reproductor y vio entonces una hoja que
él no había puesto ahí. Levantó la mano y la tomó para verla fijamente. Su
mirada antes fría cambió de inmediato a una de sorpresa.
—Era cierto…
—se dijo a sí mismo al ver que la hoja que tenía en sus manos, era la tarea de
literatura de su grupo—. Quizá sí eres diferente, Kim Jaejoong —musitó con una
mueca en el rostro al comprender su error.
Jaejoong
estaba muy enojado. Patinaba sobre ruedas en la pista de concreto que se
encontraba dentro del gimnasio. Lanzaba con furia los discos de jockey sobre la
red que cubría la portería. Después de las 10 de la noche, estaba prohibido
salir de sus habitaciones. Pero él tenía muchos años en esa escuela internado y
le conocían bastante bien los conserjes. La escuela no sólo contaba con los 3
años universitarios, también estaba la primaria, secundaria y preparatoria. Y
él estaba allí casi desde que la escuela se había fundado. Por eso tenía
ciertos 'privilegios' que otros alumnos no tenían. Y uno de ellos era usar la
pista de jockey sobre ruedas para tranquilizarse.
Y ahora lo
necesitaba más que nunca…
¡Shim
Changmin lo había besado! Ese maldito desgraciado se había atrevido a besarlo
introduciendo la lengua en su boca, haciéndolo temblar, casi haciéndole olvidar
que era un hombre quien lo estaba besando. ¡¡Y todavía se había atrevido a
correrlo de su habitación después de eso!!
¡¿Un
Pretexto?! ¿Cómo se atrevía a decir que llevarle la tarea había sido un
pretexto? ¿Qué acaso el maldito infeliz no sabía que los alumnos tenían
permitido entrar a la habitación de otro alumno cuando este no estaba para
dejar tareas o algo que fuese importante para las clases del siguiente día?
—¡Infeliz! —gritó
completamente furioso al golpear el disco negro en el suelo con el taco de
jockey, lanzándolo con certeza hasta la portería por completo sola—. ¡Maldito
desgraciado! —volvió a gritar golpeando otro de los discos que había tirado—. Pero
esto no se quedará así… ¡La próxima vez que lo vea le voy a partir la cara de
un puñetazo!
Tiró con
enojo otro de los discos, pero este, por el contrario de los otros, salió
volando por un costado de la portería. Intentó seguirlo con la vista, pero la
intensa luz de una de las lámparas le impedía ver en qué dirección había ido a
parar. Mientras no quebrara el estante de los trofeos, todo estaría bien.
Una sombra
cubrió la luz de la lámpara y Jaejoong levantó su brazo para tratar vislumbrar aquella
silueta. Por un momento pensó que era Seongong, el conserje que solía dejarle
pasar, pero la figura negra que se dibujaba detrás de la luz de la lámpara,
pertenecía a una persona alta y delgada, de una buena figura y que sostenía
algo en la mano… Algo pequeño… como el disco de jockey que había lanzado…
Jaejoong
apretó los dientes con disgusto al ver que la sombra se deslizaba hasta estar
cerca de él y la luz de la lámpara le permitía al fin identificarlo. Su corazón
dio un vuelco en su pecho y comenzó a latir de forma apresurada.
—Maldición, ¿qué
haces aquí? —gruñó con fastidio al ver al responsable de todo su enojo
observarle con el ceño fruncido, intensificando la mira sobre su rostro. Usaba
al igual que él unos patines y ropa deportiva, y su cabello lucía igual de
desordenado que siempre.
—Supongo que
lo mismo que tú, no podía dormir… —Pero a pesar de sus palabras, su mirada
parecía decirle otra cosa. ¿Por qué esos ojos le miraban tan penetrantes?
—Shim
Changmin, ¿acaso me estás siguiendo? —inquirió fastidiado, viendo al otro a los
ojos. No iba a permitir que su mirada fría le intimidara.
—No sabía
que venir a patinar al gimnasio era estarte siguiendo —se mofó sin romper el
contacto visual.
Jaejoong
volvió a apretar los dientes, notando tarde cómo Changmin lanzaba a sus pies el
disco negro de jockey, observándolo sin ni inmutarse. Esa mirada fría que
siempre le había visto en revistas y televisión. Esas cejas arqueadas con
disgusto y los labios en una clara muestra de enojo o fastidio. ¿Es que este
tipo nunca se reía?
Jaejoong se
dio la vuelta sobre sus patines, dejando a Changmin parado en su lugar. No
quería estar donde él estuviera y menos después de lo que había pasado en su
habitación hacía un par de horas.
—¿Huyes?
La voz
calmada y fría a sus espaldas le hizo detenerse para verlo, aún parado con las
manos en las bolsas del pantalón deportivo. ¿Acaso estaba esperando que se
quedara? Había pensado que podría romperle la cara a puñetazos, pero no quería
arriesgarse a sufrir una lesión que le impidiera trabajar en la sesión de fotos
del fin de semana. ¡Con una sola vez que le hubiera quitado el trabajo era
suficiente!
—No estoy
huyendo de ti —afirmó regresándole la mirada fija. Changmin se deslizó hasta
alcanzarlo.
—No parece… —le
susurró pasando a su costado, sin apartar ni un segundo la vista del bien
formado cuerpo del modelo.
Jaejoong
apretó con fuerza el taco de jockey en su mano. El moreno actor parecía estarlo retando y
no se lo iba a permitir. Le diría de una buena vez por qué no se quedaría y no
es que estuviera huyendo. No es que le tuviera miedo o que su corazón pareciera
estallar ante su presencia… Se giró de frente a Changmin y patinó hasta donde
él estaba. Este sólo lo observó sin cambiar de posición.
—Escúchame, Shim
—señaló con molestia—. No sé cuál sea tu problema, pero no te quiero cerca de
mí…
—Tú fuiste
quien entró a mi cuarto —aclaró sabiendo a dónde iban las palabras del chico—. Si
no me quieres cerca no deberías entrar a una habitación que no es la tuya. —Esas
palabras le enojaron más, logrando que su corazón quisiera saltar. ¿Era tan engreído
que creía que iba a buscarlo a él?
—¡¡Yo fui a
dejarte la tarea, maldito infeliz!! —exclamó alterado—. No tenías por qué
haberme besado, ¿que acaso eres gay?
—Sí —respondió
de lo más calmado, consiguiendo que el enojo de Jaejoong se tornara en sorpresa—.
Pero si das esta información a la prensa la negaré.
—Eso… eso… —comenzó
nervioso, notando la expresión burlona que parecía comenzar a emerger en el
semblante de Changmin, lo que le hizo recuperarse de inmediato. ¡No iba a
permitir que se burlara de él de esa forma!—. Eso no te da derecho a besarme,
¡bastardo! El que tú seas gay no quiere decir que yo lo sea…
—Eres modelo
—evidenció patinando a su alrededor, observándolo de arriba a abajo aún con las
manos en los bolsillos del pantalón. Jaejoong comenzaba a ponerse nervioso,
pero no le iba a demostrar nada.
—Soy uno de
los mejores, ¿y eso qué? —No se movió de su sitio, ya que su cuerpo comenzaba a
temblar por el escrutinio del actor y temía que si se movía, pudiera caerse.
—La mayoría
de los modelos son gay —afirmó deteniéndose frente a él. Jaejoong frunció el
entrecejo. Él no era gay, ¿como se atrevía a tan siquiera insinuarlo?
—¿Qué no me
escuchaste? Te dije que yo no soy gay —Changmin enarcó una ceja.
—No parecías
oponer mucha resistencia cuando te besé en la habitación. —Jaejoong se sintió
de pronto amenazado por el actor frente a él. Era como si estando en una noche
de frío, alguien le hubiese descobijado dejándolo por completo desnudo a merced
del clima. Y no se sintió cómodo con esas palabras, pero tampoco se lo daría a
notar.
—¡Fue porque
me tomaste por sorpresa! —se defendió, enrojeciendo al recordar aquel beso—. ¿Cómo
iba yo a saber que me harías eso? Yo sólo fui a dejarte la tarea de literatura,
no a buscarte a ti. ¡Porque supongo que viste la tarea!
—La vi —aseguró
sin cambiar su expresión indiferente.
—¿Y no vas a
disculparte? ¡Ya ves que no fue un pretexto! —señaló exaltado, tratando de que
su voz no sonara molesta. Pero como lo estaba, le era muy difícil contenerse.
Sus emociones eran las que estaban ganando y no debía permitírselo.
—Me
disculparía si sintiera lo que hice, pero no lo siento —Jaejoong se enojó aún
más. Era imposible, a estas alturas, no notarlo.
—¿Qué tú
nunca te disculpas? —renegó evocando a su memoria la vez en que le hubiera
golpeado. Él había estado esperado una disculpa de su parte, pero el frío actor
nunca se disculpó con él y ahora que sabía que había sido un error de su parte
tampoco recibía una merecida disculpa.
—No, si no
es necesario. Además creo que tú también lo disfrutaste.
Jaejoong
cerró los ojos por la furia y se dio la vuelta en sus patines para llegar hasta
la banca y retirarlos de sus pies. Ese tipo le exasperaba y el impulso de
golpearlo era cada vez más fuerte. No le quedaba más que irse a su habitación e
ignorarlo si le daba por decirle que estaba huyendo de él.
—¿Sabes? —musitó
al ver que el alto chico también se acercaba para retirar los patines de sus
pies—. ¡No te soporto!
—Yo más bien
creo que te gusto. —afirmó. Jaejoong se paró con los patines en las manos,
apretando fuertemente su puño sobre la parte acolchada de los tobillos de los
mismos. Era sumamente arrogante y engreído, cómo se atrevía a pensar que le
gustaba. ¡Él no era gay! Le gustaban las mujeres, no los hombres.
—¡¡No te
soporto, maldito bastardo!! Eres un engreído y arrogante, ¡y eso no quiere
decir que me gustes! Me exaspera tu frialdad y tu forma de comportarte con los
demás. Me dan ganas de golpearte cada vez que pienso en lo que me hiciste…
Changmin se
puso de pie para quedar frente a Jaejoong, denotando así la diferencia de
estatura entre ambos. El moreno actor era varios centímetros más alto,
pero eso no intimidó al pelinegro, quien tenía un intenso rubor cubriendo sus
mejillas, seguramente producto del enojo; pero sus ojos oscuros brillaban de
una forma viva. Jamás había visto ojos que brillaran con tal intensidad al
verle. Si por lo menos fuera un brillo distinto…
—¿Sólo por
besarte me odias tanto? —Changmin cruzó los brazos frente a su pecho. Frente a
él, Jaejoong esbozó una sonrisa socarrona—. Ni que te hubiera violado…
Ese simple
comentario hizo que el color rojo sobre sus mejillas se intensificara. Jamás
permitiría que Changmin volviera a poner un dedo sobre él. Pero sí que estaba
equivocado al pensar que le odiaba, sólo le disgustaba de sobremanera. En su
corazón no cabía el odio. Y sobre los motivos, ¿cómo era posible que no lo
recordara?
—No lo
recuerdas, ¿verdad? —casi aseguró, firme, ignorando su último comentario. Changmin
descruzó sus brazos para verlo entrecerrando los ojos.
—¿Debería
acordarme de algo? —preguntó con curiosidad.
—Hace un
año… —comenzó, recordando lo sucedido.
—¿Acaso nos
conocemos de antes? —Changmin le miró fijamente.
—¡¡Hace un
año me golpeaste en el rostro y me hiciste perder una magnífica oportunidad de
trabajo!! —estalló Jaejoong molesto—. Me rompiste la cara y por eso no te
soporto. ¡Ni siquiera te disculpaste por lo que hiciste, infeliz! ¡Cómo
quisiera romperte la cara como lo hiciste tú aquella vez!… ¡Y ahora con más
razón! —se quejó, con los ojos centellando por la furia.
Changmin
entrecerró los ojos, la mirada de Jaejoong era fascinante. Los destellos de
color cambiaban según el estado de ánimo del chico. Pasaban de un color grisáceo
cuando estaba calmado, a un intenso tono entre carbón y ámbar cuando estaba
enojado como ahora. Se acercó a Jaejoong al ver que este mantenía el puño
levantado.
—¿Por qué no
lo haces?
Jaejoong
sintió que Changmin lo estaba retando de nuevo. Le estaba retando a que lo
golpeara, no se quedaría con eso. Por fin tenía la oportunidad de tomar
revancha por lo que le había hecho hace un año y por lo que acababa de hacerle
hacía unas horas. Así que sin vacilaciones, respondió al reto.
—¡Eso mismo
voy a hacer! —aseveró soltando los patines y soltando el puño cerrado sobre el
rostro del chico con fuerza y rapidez.
Pero Changmin
ya lo esperaba venir, por lo que sólo se hizo un poco hacía un lado para que Jaejoong
empujara su peso hasta su puño, consiguiendo irse hacía enfrente. Tomó su
muñeca en el aire y con extrema facilidad le dobló el brazo lanzándolo contra
la pared del gimnasio, mientras él se colocaba detrás y le jalaba el negro cabello
por la nunca para que le viera.
—Pensé que
eras más listo, Kim Jaejoong —murmuró a su oído—, si me golpeas te demando. —soltó
en tono amenazante. El color en los ojos del modelo volvió a cambiar en ese
momento y Changmin pudo darse cuenta. Estaba sorprendido.
—¿Eh? —¿Demandarlo?
¿Era capaz Changmin de demandarlo si le hubiera golpeado? Pero sólo era un pleito
estudiantil. No tenía por qué llegar a más. Además, Changmin se merecía ese
golpe. ¡Changmin era un idiota! Eso era, ¡un idiota!
El tibio
aliento de Changmin golpeaba contra la piel de su nuca. Estaba demasiado
alterado y le dolía el brazo por la forma brusca en la que lo tenía sujeto e
inmóvil… No podía moverse sin ser lastimado. ¡Y él que pretendía caerle a
golpes! ¡Ja! Ese tipo le hubiera ganado con facilidad.
—¡Basta! Suéltame
—ordenó tratando de mover su brazo, pero al contrario de lo que pensaba, Changmin
lo sujetó más fuerte—. ¡Ay! ¡Eso duele!
De un fuerte
tirón, Changmin le dio la vuelta y le arrinconó contra la pared del gimnasio, tal
como lo hubiera hecho en la habitación.
Era
encantador ver el sonrojo sobre ese rostro blanco como la nieve. Parecía luchar
consigo mismo por liberarse de su agarre, pero eran intentos muy débiles. Una
extraña necesidad se apoderó de su cuerpo, quería volver a probar los labios
del pelinegro frente a él. Y quizá algo más…
Había
entrado con una sola intención al colegio y estaba frente a él. No podía
desaprovechar su oportunidad. El modelito iba a pagarle lo que le hubiera hecho
aquella vez en los estudios de grabación. Y ya sabía cuál era su punto débil. Él
no era gay.
¿Que no lo
recordaba?… ¡Claro que lo recordaba! Y muy bien, era imposible olvidar esa
forma arrogante de llamarlo Témpano de Hielo Shim, y ese color de ojos. Y veía
con agrado no sólo que el muchacho tampoco lo había olvidado, sino que después
de un año le seguía guardando rencor por haberle golpeado. Pues él no le
guardaba rencor por haberle lanzado los pedazos de la fotografía al rostro y
por darle a la prensa semejante apodo. Todo lo contrario…
Buscaba dos
cosas a parte de huir de los acosos de la prensa. Una era venganza y la otra,
quizá… quizá no iba a conseguirla…
Jaejoong se
sintió de nuevo asustado al ver y sentir el cuerpo de Changmin así de cerca. Su
corazón comenzó a latir apresurado al ver la cercanía de aquellos labios sobre
su rostro. Cerró los ojos y desvió la cara, evitando a toda costa que los
labios del moreno fueran a apresar de nuevo su boca. Pero una mano delgada y
fuerte se cerró sobre su barbilla obligándolo a voltear al frente.
—No…
Y la
protesta de Jaejoong fue callada por los labios de Changmin que se cerraban
sobre su boca, introduciendo su lengua dentro de ella, haciéndolo temblar de
pies a cabeza, apoderándose de su voluntad y su deseo, como nunca antes alguien
lo había hecho…
Él trataba
de separarlo de su cuerpo con los brazos, pero los movimientos eran muy débiles
y sólo lograban que Changmin le abrazara a su cuerpo aún más fuerte.
Apresándolo, robándole el aliento, haciéndolo jadear buscando aire sin
lograrlo…
Sintió algo
duro chocar contra sus caderas y algo cálido que se deslizaba entre sus ropas.
Quería gritar que se detuviera, pero su boca estaba invadida y su lengua
enredada con otra igual que le impedía decir nada. Su corazón estaba a punto de
estallar de lo fuerte que latía. Temblaba, y en poco tiempo ya no iba a pensar.
¿Por qué Changmin
le hacía esto?
¿Cómo Changmin
le hacía esto sin obtener de su parte mucha resistencia?
Sintió cómo
la mano de Shim se cerraba sobre su miembro bajo el pantalón. Al no usar ropa
interior le había resultado fácil dar con él. A pesar de tener compañías que le
brindaban esas prendas. El pantalón deportivo que había seleccionado era de licra
y la ropa interior se marcaba. Por eso no se la había puesto esa noche. Mala
noche, porque al sólo contacto de los cálidos dedos de Changmin, su hombría
había comenzado a crecer entre ellos, a pesar de que le daba la orden a su
cerebro de no ceder, su cuerpo no respondía, parecía tener vida propia.
Su cuerpo se
calentaba como si fuera leña en una chimenea encendida. Gritaba órdenes a su
cerebro para que su estúpido cuerpo dejara de responder a las caricias que Changmin
estaba dando sobre su miembro despierto. Los dedos de Shim se deslizaba de
arriba a abajo sobre su intimidad y él, trataban inútilmente de detenerlo con
sus manos sin lograrlo.
¡Quería
gritar! ¡Quería dejar de sentirse tan malditamente bien! No, era Changmin, era
el maldito actor que le quitó una magnífica oportunidad de trabajo. Era un
hombre egocéntrico y engreído que además era gay y él no lo era.
¡¡No!! ¡Él no
era gay!
—¡¡Nooo!! —gritó
soltándose por completo y cayendo al suelo sin que Changmin lo detuviera. Por
fin su cerebro había obedecido una de sus órdenes…
Levantó la
vista al mismo tiempo en que ocultaba su erección con sus manos. La mirada del
actor estaba fija sobre él. Se veía tan sereno, mientras él jadeaba por la
excitación. Changmin ni siquiera parecía respirar de forma agitada, pese a que
sí pudo apreciar que su excitación también estaba despierta.
—¿Quién está
ahí?
Una voz les
distrajo de cualquier cosa que pudieran decir y Jaejoong se levantó con
esfuerzos apoyándose de la pared. Alejándose rápido de Changmin. No podía
soportar el verlo. No quería estar un segundo más cerca de él, y la persona que
se acercaba le daba la oportunidad perfecta para escapar.
—Soy… soy
yo, Seon —logró articular en un jadeo.
Jaejoong vio
al hombre delgado, bajito y mayor que se paraba delante de él. Aún estaba
sonrojado y con la respiración entrecortada, pero el hombre pensaría que era
debido al ejercicio al estar en la pista de patinaje, jamás se imaginaría lo
que realmente había logrado detener. Por suerte, la playera larga que Changmin
había sacado del pantalón deportivo, cubría perfectamente su miembro excitado.
—Ah, pequeño
Joongie, eres tú —le reconoció el hombre que se acercaba sonriendo, sin
percatarse de nada anormal en él… o en su compañero que estaba detrás—. ¡Oh! ¡Tú
eres Shim Changmin! —señaló abriendo los ojos por la sorpresa. Jaejoong sólo se
hizo a un lado, evitando a toda costa estar cerca del actor—. No deberías estar
fuera de tu habitación después de las diez.
—Hm… —soltó
escuetamente, inclinando la cabeza.
—¡Pero qué
diablos! Si Joongie puede salirse para venir aquí, tú también —le sonrió.
Jaejoong aprovechó
que Seongong retenía a Changmin para huir de ese hombre a quien estaba
comenzando a odiar. Este lo observó sin poder seguirlo, porque para entonces Seongong
ya le había tomado por el hombro y le hablaba sin parar para pedirle un
autógrafo para su nieta.
Seongong… Seongong
le había salvado de cualquier cosa que pudo haber ocurrido con Changmin en el
gimnasio. Y el viejo Seongong le seguía diciendo pequeño… Bueno, él lo conocía
desde que había llegado al colegio siendo sólo un niño, pero ahora tenía 20
años y el viejo le seguía diciendo pequeño. Por suerte, ahora detenía a Changmin;
necesitaba alejarse de él.
Apenas había
doblado por el pasillo fuera del gimnasio y comenzó a correr para llegar hasta
su habitación lo más pronto posible. No quería toparse con Changmin en los
oscuros pasillos de la escuela y ser partícipe de otra escena como la del
gimnasio. Estaba asustado… muy asustado de la propia reacción de su cuerpo con
alguien a quien se supone no soportaba. ¡Además él no era gay! ¡No lo era!… Entonces,
¿por qué su cuerpo respondía a unas manos delgadas y finas, pero que eran de
otro hombre? ¿Por qué su boca al sentirse invadida por una más fuerte y
poderosa, no había reaccionado dándole una mordida en el labio? ¿Por qué en
lugar de defenderse del ataque de Shim Changmin, había estado tan receptivo?
Llegó
corriendo hasta los pasillos de los dormitorios y abrió su puerta a la carrera
cerrándola de inmediato. En su mente no paraban las preguntas a su estúpido
cuerpo, pero este no le respondía de forma satisfactoria. Aún ardía…
Pudo sentir
cómo en su espalda el picaporte se movía tratando de abrir la puerta. Su
corazón latió fúrico al imaginarse que de nuevo sería Changmin, apoyándose para
extender las manos sobre ella, tratando de bloquear la puerta para que no
pudiera entrar. Como si fuera tan sencillo quebrantar la puerta con seguro,
pero en su cabeza no cabía la cordura y sólo existía el temor a lo que estuvo a
punto de pasar con ese actor…
—Ve… vete —articuló
con la voz queda y nerviosa al percatarse que la persona detrás de la puerta
seguía intentando abrirla.
—¿Jae?… Jaejoong,
soy Yoochun, abre la puerta…
El pelinegro
se sintió aliviado, como si al escuchar la voz de Yoochun le hubieran puesto
una custodia que le salvara de miles de personas que quisieran atacarle. Su
corazón comenzó a latir con tranquilidad, pero su excitación no cedía. Para
disimular, dejó la playera de fuera y sólo después le abrió la puerta a su
amigo.
—¿Por qué
querías que me fuera? —preguntó al entrar por completo a la habitación—. ¿Dónde
estabas? Te ves muy agitado.
Jaejoong
sintió que el color subía a su rostro al imaginar que Yoochun pudiera saber por
qué se sentía así, pero este dejó de preguntar y de verlo para comenzar a
quitarse la bata que traía puesta.
—¿Qué haces?
—murmuró totalmente sorprendido y sonrojado al ver lo que su amigo hacía.
—Ya vi que
vienes del gimnasio —mencionó viendo la ropa deportiva que Jaejoong traía—. ¿Dónde
dejaste los patines?
—¡Mis
patines! —exclamó más aliviado, recordando que los patines los había dejado en
el gimnasio al salir huyendo de Changmin—. Los olvidé en el gimnasio, aunque estoy
seguro que Seongong los guardará por mí, mañana los recojo. Pero no me has
dicho, ¿qué haces?
Yoochun se
quitó la cinta que sujetaba la bata, Jaejoong pudo ver que bajo ella llevaba un
pantalón de vestir arremangado de las piernas y una camisa perfectamente
planchada. Llevaba los zapatos dentro de las bolsas de la bata larga. No era de
extrañarse que alguno de los maestros se paseara por los pasillos después de
las 10 y si alguien veía a Yoochun arreglado para salir, iría directo a detención.
Pero si lo veían en bata, sólo diría que había ido por un vaso de agua a la
cocina de la sala de estar.
—Necesito
que me cubras y me prestes tu lazo para salir. Voy a verme con alguien en el
bar cerca de aquí.
—¡Vas al
bar! —brincó Jaejoong dándose prisa en sacar el lazo que mantenía oculto bajo
la cama, mientras Yoochun terminaba de arreglarse—. Yo voy contigo. Realmente
necesito un trago —afirmó de buen ánimo, tratando de olvidar todo lo que había
pasado con Changmin en el gimnasio.
Yoochun tomó
el lazo de sus manos y se dispuso a atarlo del barandal que estaba en la
pequeña terraza de la habitación del modelo. Todos los amigos de Jaejoong
sabían que tenía los medios para salir del colegio durante la noche sin que
nadie se enterara. Sabía por dónde entrar y salir de la escuela sin que se
enteraran los directores. Además de estar en un segundo piso de los
dormitorios, no en el primero, que contaba con protectores en las ventanas y no
en el tercero o cuarto, como para ocultarse entre las copas de los árboles o
bajar por la soga que ataban a los barandales.
Yoochun
estaba por bajar cuando Jaejoong se acercó dispuesto a seguirlo.
—No, Jae, no
puedes venir conmigo esta noche —le negó deteniéndose por el lado exterior del
barandal.
—¿Por qué no,
Chun? ¡Realmente necesito un trago! —afirmó. No quería estar en su habitación y
no quería pensar en lo que había pasado con Changmin hacía momentos atrás.
—Te traeré
una botella, pero no puedes acompañarme. No esta noche. Otra noche iremos
nosotros —concedió serio. No le gustaba negarle a su amigo la oportunidad de
salir con él, pero esta noche tenía una cita importante.
—¡No te voy
a molestar! ¡Te aseguro que ni sabrás que estoy allí! —aseguró tratando de
convencerlo, pero el chico volvió a negar.
—Jaejoong —pronunció
a forma de advertencia.
—¡Oh, está
bien! —ahogó por fin sintiéndose derrotado. Tendría que conformarse con
encerrarse en su cuarto y dormir.
—Por cierto,
¿no tendrás…? —comenzó Yoochun, un tanto incómodo.
—¿Qué? ¿No
tendré qué?
—Algo para
protegerte…
—¿Quieres
que te preste un abrigo? —aventuró Jaejoong sin comprender. Estaba fresco, pero
no tanto como para ponerse algo más encima.
—No me
refiero a esa clase de protección, Jae. De la otra protección es la que hablo —el
modelo lo observó confundido y Yoochun suspiró derrotado. Sería más sencillo
pasar a una farmacia, pero ya iba algo tarde y la única farmacia que abría las
24 horas estaba algo retirada. Tendría que ser directo con lo que quería. ¿Por
qué su amigo tenía que ser tan distraído?—. ¡Un condón, Jaejoong!
—Sí, sí
tengo, ahora entiendo por qué no quieres que vaya —Jaejoong rió al entender—. Pero
baja la voz, no quiero que mi antipático vecino se dé cuenta que podemos salir
del colegio —entró de nuevo a su habitación y salió con un sobrecito para
entregárselo a su amigo, quien al tenerlo en la mano comenzó a bajar por la
soga—. ¡Pero mañana quiero detalles, Chunnie!
—Creí que no
querías que supiera —indicó con gracia desde abajo, señalando la ventana
abierta de la habitación de Changmin. Jaejoong sólo volteó a verla de reojo e
hizo un ademán a Yoochun de que lo olvidara.
—¡Detalles!
¡Mañana!
—¡Claro que
no! —renegó dándole la espalda y corriendo rumbo a las bardas del colegio.
Jaejoong
sonrió por lo que había dicho Yoochun. Cuántas veces no habían hecho lo mismo,
escapar durante la noche a un bar cerca de la escuela. Ya sabía lo que tenía
que hacer, pero por primera vez no le gustaba…
Tenía que
dejar la ventana de su cuarto abierta y la soga colgada, para que cuando Yoochun
llegara pudiera entrar por su cuarto, para llegar al suyo. Eso sería en la
madrugada…
Sintió un
escalofrío recorrerle la espalda, cuando se giró en su pequeña terraza y pudo
ver la ventana del cuarto de Changmin abierta y las cortinas traslucidas
agitándose con el viento de la noche.
La
habitación estaba por completo a oscuras y no se veían señales de Shim en la
terraza que le indicara que se había enterado de lo que hacían. Era imposible
que su otro vecino se enterara de algo. Tenía el sueño muy pesado, si ocurría
un terremoto, era casi seguro que ni se daba por enterado.
Entró de
nuevo a su habitación recordando lo que había ocurrido en el gimnasio. Y
maldiciéndose a sí mismo por sentirse tan asustado con Changmin. Siendo un
modelo, tenía que lidiar con esa clase de sucesos, aunque no eran muy
frecuentes, de vez en cuando le había ocurrido que alguno de los empresarios
que quería contratarlo para alguna campaña le hiciera proposiciones con la
condición de firmar el trato. Sabía cómo manejarlos… a ellos. ¿Por qué con Changmin
no había podido?
Entró al
baño para darse una ducha de agua helada. La excitación que había sentido con Changmin
no terminaba por alejarse de su cuerpo.
Se despojó de
las prendas una por una y las dejó tiradas en desorden por el suelo del baño.
No se podía decir que fuese ordenado, solía tener toda su ropa tirada por el
cuarto, las mucamas del colegio limpiaban y acomodaban sus habitaciones, esa
era la ventaja de estar en un colegio de paga tan caro. Y el motivo por el que
la tarima de su colchón servía para ocultar la soga con la que escapaba por las
noches, los cigarros y el alcohol; para que las mucamas no fueran a encontrarlo
y se lo reportaran al director.
Abrió el
agua fría y se metió bajo el fuerte chorro tratando de calmarse. Ojalá hubiera
acompañado a Yoochun al bar, conocía a algunas cuantas chicas en él con quienes
hubiera podido divertirse y lograr calmar la excitación que aún con el agua
fría no quería ceder.
Sacudió la
cabeza en negativa al darse cuenta de que estaba por completo solo en la
habitación de su baño.
¿Para qué
hacerla ceder si estaba solo?
Abrió el
agua caliente para nivelar la temperatura del agua y comenzó a evocar las
imágenes de sus amigas en la cama. Las miles de veces en que se había acostado
con ellas era el mejor indicativo de que no era gay. Incluso había mantenido
una relación amorosa con Boa, hacía un par de años. Quizá no habían funcionado
como novios y ahora eran los mejores amigos, pero durante el tiempo que
estuvieron juntos, varias veces hicieron el amor y le había gustado mucho.
Quizá era lo
que más extrañaba de Boa…
Mientras
pensaba en cada una de las chicas con quienes se había acostado, había dejado
que su mano bajara hasta su parte más sensible. Dejaba que sus dedos rozaran la
piel de su miembro suavemente, arrancándole un estremecimiento al hacerlo.
Acariciándolo
despacio había vuelto a estar firme y palpitante, esperando por la atención que
le daba con sus propias manos.
Había dejado
de ser un adolescente que se masturbaba un día sí y otro también, pero no podía
olvidar que a veces era necesario. Lo sentía necesario y más estando encerrado
en un internado, donde no podía salir todas las noches en busca de compañía. Y
con su apariencia, conseguir chicas era de lo más sencillo.
Pero ahora
no iba a salir, y calmar la excitación que crecía en su entrepierna era algo
que se hacía cada vez más urgente. Imaginaba, mientras se acariciaba a sí
mismo, que otras manos lo hacían por él… Que unas manos delgadas y fuertes…
Abrió los
ojos en sorpresa cuando por su cabeza pasó la imagen de Changmin… ¡No! Era
culpa de Changmin que su cuerpo estuviera como estaba, ¡pero no tenía por qué
imaginárselo! ¡No! Debía pensar en las chicas, en ellas… no en Changmin…
—¡Ahh!
Un gemido
escapó de su boca al comenzar a mover sus manos con mayor rapidez, acelerando
su respiración, dejando que los jadeos continuos se ahogaran en su garganta y
que a pesar del agua, el sudor perlara su frente.
—Mm, ¡ahhh!
Un último grito
y la semilla escapó perdiéndose entre los azulejos del suelo del baño,
escurriéndose hasta la rendija del desagüe.
Se había
quedado recargado en la pared del baño esperando que su respiración se
normalizara. Recargando su cabeza contra los fríos azulejos, dejando que sólo
su cuerpo recibiera el agua templada de la regadera.
—Ah…, ah… ¿Por
qué…? —cuestionó a la nada con la respiración entrecortada—. ¿Por qué sigo
pensado en eso?
Sí, aun
cuando hacía esfuerzos enormes por apartarlo de su cabeza, no lograba eliminar
lo sucedido en el gimnasio. Aun cuando peleaba por sacar a flote sus recuerdos
con otras chicas, la imagen de Changmin besándolo, torturándolo con sus manos,
parecía ser aún más fuerte.
Se incorporó
firme, sintiendo que su respiración estaba ya normalizada, tomando una toalla
para secar su cuerpo. Lento, dejó que la tela de la toalla recorriera su cuerpo
adolorido por el calor del agua. Había pasado mucho tiempo bajo ella y su piel
lo estaba resintiendo.
Se sentía
adolorido del pecho por la forma en la que Changmin lo había empujado a la
pared del gimnasio y también le dolía el brazo derecho por la brusca manera en
que el maldito lo había sujetado.
Quizá
descansando un poco se sentiría mejor y dejaría de pensar en lo sucedido en el
gimnasio. Convenciéndose de ello, ató la toalla a su cintura y se dispuso a
salir para buscar su pijama y secar su cabello.
El pijama lo
tenía en una de las cómodas de su habitación, así que se cambiaría afuera. No
le importaba hacerlo, ¿quién dentro de ese lugar podría verlo? Y si alguien le
veía, ¡qué importaba! Era un modelo y estaba acostumbrado a cambiarse delante
de otros.
Apenas había
dado unos pasos fuera del baño cuando vio algo sobre el centro de su cama que llamó
su atención. Se acercó para ver mejor.
—¡Mis patines!
—saltó al verlos en medio del colchón—. ¿Cómo llegaron hasta aquí?
Tomó los
patines entre sus manos y fue entonces que notó la pequeña nota dentro de uno
de ellos. La tomó y comenzó a leerla.
Sus mejillas
se encendieron y el corazón comenzó a acelerarse presuroso al darse cuenta de
quién era esa nota y aún más al saber lo que significaba aquello.
—¡Maldito desgraciado!
—profirió enojado, frunciendo el ceño haciendo trizas la nota y arrojándola al
cesto de la basura que a esas horas estaba vacío—. ¡Infeliz! —bramó con enojo,
acercándose a la carrera hasta la puerta de su habitación y cerrándola con
llave, para después sacar su pijama del cajón y cambiarse de forma violenta,
entrar a la cama y cubrirse hasta la cabeza.
Pero de su
cabeza no desaparecían los sucesos del día, y mucho menos las palabras de la
nota:
“Si
necesitas ayuda con lo que hacías en el baño… Búscame.
SC.”
Daba vueltas
en su cama presa de la indignación, tratando de dormir sin poder lograrlo.
Recordando cada una de las palabras de esa nota en sus patines. Ese maldito
infeliz de Shim había entrado en su habitación y le había espiado en el baño
mientras se masturbaba. Eso le indignaba y le ponía furioso. Si hubiera sido
otro de sus compañeros, quizá se hubiese sentido avergonzado, pero siendo el
actor que hacía unos minutos se había atrevido a tocarle de una forma en que
jamás creyó posible ser tocado, eso le enfurecía.
Se levantó
bruscamente de la cama a sabiendas que no podría conciliar el sueño hasta que
hiciera algo con lo que sentía. Quizá ir a su habitación y lanzarle un puñetazo
en la cara aunque este lo demandara.
—Sí, eso
mismo voy a hacer… —se dijo a sí mismo con determinación, levantándose de un
salto de la cama.
No se preocupó
por buscar sus pantuflas, el coraje y la indignación hacían que no sintiera el
frío del mármol en el suelo. Y totalmente descalzo quitó el seguro a su puerta
y se dispuso a seguir hasta la habitación que pertenecía a Changmin.
Se plantó
frente a la puerta con determinación, imaginando cuál sería la reacción del
actor al verle. ¿Se sorprendería de verlo parado frente a su puerta? ¡Claro! Tenía
que sorprenderse, tanto porque pensara que iba a aceptar sus palabras, como si
no las aceptaba. Pero lo que le tomaría por completo desprevenido, sería su
puño estrellándose contra su cara.
Imaginarse
al actor yéndose de espaldas por la fuerza del golpe le hacía sonreír de forma
involuntaria. Verlo al siguiente día en el salón con el ojo morado, sería la
mejor recompensa a todo lo que había tenido que pasar ese día.
Se dispuso a
levantar la mano para golpear a la puerta, cuando una segunda imagen llegó
hasta él. El cuerpo del actor previendo su ataque y haciéndose a un lado, para
de nueva cuenta tomar su brazo y doblárselo por la espalda, dejándolo por
completo a su merced y dentro de su habitación.
Un
estremecimiento le recorrió al recordar lo sucedido en el gimnasio. Shim
Changmin era cinta negra en Taekwondo, por lo cual debía saber ver los futuros
ataques de sus oponentes en sus ojos. Y para su desgracia, sus ojos eran como
un libro abierto. ¡Cuántas veces no se lo habían dicho! Sus ojos reflejaban
todo lo que pensaba…
—¡Maldición!…
—murmuró para sí mismo bajando la vista junto con su mano. No iba a poder
sorprender a Changmin con un golpe. Seguramente estaría esperando algún tipo de
reacción a esa nota. Quizá la había dejado con el firme propósito de que fuera
a su habitación a reclamarle y así poder reanudar lo que había quedado
inconcluso en el gimnasio—. No, no voy a caer en tu juego. —masculló sonriendo,
comprendiendo por fin el propósito de esa nota.
Giró sobre
sus talones y regresó más calmado a su habitación. Sus ojos se clavaron en el cesto
de la basura, ahí donde un montón de pedazos de papel se esparcían en el fondo
como una fina alfombra. Ver todos esos pedazos le recordó algo y tomando el
cesto, sacó todos los trozos con su mano y se apresuró a meterlos a la bolsa
del saco de su uniforme. Así no se le olvidarían por la mañana.
Con la idea
del desquite en su cabeza, volvió a entrar en la cama y se dispuso a tratar de
dormir. Ya era pasada de la media noche y seguramente Yoochun volvería antes
del amanecer.
—Mañana me
desquitaré —se convenció con una sonrisa en el rostro, mientras cerraba los
ojos para disponerse a dormir.
Pero su
sueño no fue reparador, había tenido pesadillas. Soñaba con un Changmin gigante
que se lo quería comer y gozaba con golpearlo en el rostro una y otra vez. O le
doblaba el brazo haciéndolo sufrir. Se sentía como un niño indefenso a merced
de un niño mayor en la escuela, un niño que se empeñaba en golpearlo si no le
daba su almuerzo o el poco dinero que le daban. ¡Y vaya ironía! Porque para
colmo de males, el desgraciado era un año menor.
Se despertó
sudando, poco antes de que su reloj diera la hora de levantarse. Lo primero que
vio sobre el buró fue la botella de vino que Yoochun le había traído. Se estiró
sobre la cama para tomarla entre sus manos, nada le hubiera dado más gusto que
tenerla la noche anterior para caer dormido de forma inmediata y dejar de
sufrir pesadillas. Pero ahora que la tenía, iba a tener que guardarla para
disfrutarla por la noche. A razón, se dispuso a guardarla bajo la tarima de la
cama para que no la encontraran, junto con los cigarros, la soga para escapar del
colegio y las cartas de póquer y domino.
Llenándose
de paciencia se preparó a arreglarse y peinar su cabello que debido a que la
noche anterior no lo había secado correctamente antes de echarse a la cama,
ahora lucía totalmente revuelto e inmanejable. Y mientras, sólo para matar el
tiempo, recordaba los motivos por los que ya no les dejaban hacer muchas cosas.
Antes podían
recibir paquetes de sus familiares, pero en una ocasión, se mandó a sí mismo
una caja llena de botellas de soju y al ser sorprendido en la sala de estar del
ala Este, además de tenerlo en suspensión por una semana al haber emborrachado
a sus compañeros, también fueron suspendidas las entregas de paquetes de los
familiares.
Antes se les
permitía tener juegos de mesa en sus habitaciones, los cuales llevaban a la
sala, incluso los maestros a veces se ponían a jugar bingo o monopolio con
ellos. No faltaba quién trajera calabozos y dragones u otro juego del mismo
tipo. Pero a él le gustaban los juegos de azar en los que se podía apostar, y
llevó el póquer y el domino y comenzó a hacer apuestas entre sus compañeros. Al
principio eran apuestas sencillas, de unos cuantos centavos, pero se fueron
incrementando hasta que fueron varios cientos de dólares. El director llegó una
noche a la sala al escuchar el escándalo dentro y se topó con una mesa llena de
dinero y las cartas del póquer en la mesa. Esa vez estuvo dos semanas en
suspensión junto con los participantes del juego y se les confiscaron todos los
juegos. Ahora sólo se permitían las damas chinas y el ajedrez.
Antes podían
celebrar su cumpleaños en la sala y se mandaba comprar un pastel para que este
se partiera entre los compañeros. Pero en el cumpleaños número 17 de Yoochun,
había mandado comprar un pastel que medía casi metro y medio. Había sido una
sorpresa para los guardias el recibirlo y aún más para el director cuando al entrar
a la sala para ver qué harían con el pastel, se encontró a una mujer saliendo
del mismo y bailando más que provocativa a los chicos. Y vaya que no sólo los
chicos disfrutaban de la chica del pastel, había sorprendido a los mismos
guardias en la fiesta… Esa vez estuvo dos meses en suspensión junto con Yoochun
y se prohibió la entrada de pasteles mayores a 30 centímetros.
Indudablemente
antes podían pedir comida por teléfono, generalmente era en las noches y en
fines de semana. La pedían a un restaurante cerca de la escuela y la dejaban en
la caseta de seguridad. Pero en una ocasión había mandado solicitar un banquete
para cien personas, incluyendo meseros y variedad. El director tuvo que
despedir a los meseros y la variedad, pero permitió la entrada de la comida.
Cuando entró a la sala del ala Este para pedirles que la comida que sobrara la
llevaran a la cocina para que se guardara, lo recibió una cacerola de sopa en
la cabeza. Habían hecho una guerra de comida con todo lo que había sobrado… Esa
vez además de estar en suspensión por un mes, tuvo que lavar toda la sala hasta
que quedara reluciente. Desde entonces se prohibió solicitar comida a los
restaurantes.
Antes podían
hacer llamadas a cualquier hora, para eso estaban los teléfonos de la sala de
prensa o el teléfono de la sala de estar. Hasta que un día el director los
sorprendió llamando a una Hot line… Todos los involucrados estuvieron en
detención por una semana, ahora no existía el teléfono de la sala y para llamar
a alguien había horarios en los cuales las secretarías se encargaban de hacer
la llamada y dirigirla a la sala de prensa donde ellos debían contestar.
Vaya que
tenía mucha culpa de las nuevas normas en la escuela, pero eso no le impedía
divertirse. Cuando era más chico, aún se había divertido escondiendo a los
profesores los borradores o las tizas, así no habían podido dar clases a
tiempo. O había encerrado a alguno de sus compañeros en el baño de niñas.
Ahora, siendo más grande, podía salir del colegio rumbo al bar.
Giró sobre
su eje al ver en el suelo la cajetilla de cigarros, seguramente se le había
olvidado guardarla. Corrió para esconderla.
No, fumar
siempre estuvo prohibido, de eso no podían echarle la culpa a él.
Un golpe en
la puerta le distrajo de sus pensamientos y dibujó una enorme sonrisa al
recordar sus travesuras en la escuela.
—¡Jae, ya es
hora! —escuchó la voz de Yoochun detrás de la madera.
—Ya voy, Yoochun
—gritó en respuesta, tomando el saco de su uniforme en sus manos junto con sus
libros.
Este giró la
vista al escuchar la puerta contigua a la habitación de Jaejoong siendo
abierta, vislumbrando a un muy serio Shim Changmin que salía de ella usando el
uniforme completo, el portafolio con sus libros bajo el brazo.
Yoochun
inclinó la cabeza en señal de saludo cuando sus ojos chocaron con la mirada del
actor. Changmin inclinó la cabeza en respuesta y caminó altivo rumbo a las
escaleras que le llevarían al comedor del primer piso.
Era extraño
ese actor. Esperaba que le hubiera hecho lo mismo que a Boa, que le hubiera dejado
esperando una señal de saludo, pero Changmin le había respondido muy cortés.
Quizá no era tan huraño como todos decían y tenía algún motivo para actuar como
lo hacía.
—¡Buen día, Chun!
—saludó Jaejoong con alegría, abriendo la puerta.
—Buen día, Jae.
Vamos a desayunar —le indicó conforme comenzaba a caminar, dejándolo atrás.
Jaejoong
parpadeó un par de veces al ver a Yoochun caminar tan apresurado, tan sólo para
notar después cómo la inconfundible figura de Changmin desaparecía un poco más
delante, por los escalones que daban al primer piso.
El simple
hecho de ver su espalda le hizo recordar el incidente de la noche anterior.
Sintió el coraje regresando y el intenso rubor cubriendo sus mejillas. Iba a
tomar revancha por lo que le había hecho. ¡Claro que iba a hacerlo!
—¿No vas a
desayunar? —la voz de Yoochun le sacó de sus pensamientos, volteando para
localizarlo de pie justo al lado de las escaleras, esperándole.
—¡Claro! —se
apuró para alcanzarle.
El comedor
se encontraba lleno a esa hora de la mañana. El día anterior muchos no habían
llegado temprano por ir llegando de sus casas, pero el día de hoy todos estaban
en la escuela. Quizá algunos no desayunaran o padecieran de bulimia o anorexia,
pero ni Yoochun ni Jaejoong tenían esos trastornos alimenticios y ahora se
encontraban eligiendo lo que iban a comer.
Jaejoong
insistía en preguntarle a Yoochun por su cita, pero él ignoraba olímpicamente
la insistencia del modelo.
—¡Vamos, Chun!
Dime, ¿quién es la afortunada? —insistió una vez más, tomando un vaso de jugo
de naranja para depositarlo en su charola.
—No voy a
responder tus preguntas, Jaejoong —volvió a responderle, tomando un plato de
frutas.
—¡Vamos! ¿Qué
te cuesta? ¿Es alguien de la sinfónica? —Jaejoong pudo ver el ligero color rosa
en las mejillas de su amigo—. ¡Lo sabía! —se elogió de forma triunfal,
siguiendo al chico hasta las mesas.
Yoochun se
había puesto a mirar hacia los lados, mientras Jaejoong seguía preguntando
sobre la chica de la sinfónica con la que, supuestamente, se había encontrado
la noche anterior. El pelinegro hacía demasiadas preguntas y no quería contarle
nada, quizá lo hiciera más adelante, pero no ahora. Tenía que buscar una forma
para que el modelo dejara de torturarle con su interrogatorio y al girar la
vista hacia una de las mesas, encontró lo que buscaba.
—Vamos a esa
mesa —le señaló, logrando que Jaejoong callara de forma abrupta.
Su mirada se
dejó caer sobre la única persona que ocupaba una de las mesas del recinto. Se
veía tan imperturbable como siempre, con la vista perdida en un libro, mientras
picaba distraído un plato con frutas. Su uniforme estaba pulcro y completo, ni
una sola arruga sobre el cuello de su camisa o el saco. Sus zapatos negros muy
bien lustrados. Parecía todo, menos humano. ¡Parecía un fino maniquí de
aparador que lucía un traje a la venta!
Enarcó sus
cejas con disgusto, ¿cómo pretendía Yoochun que se sentara en la misma mesa que
Shim Changmin?
—¿Estás
loco? —cuestionó viendo a su amigo a los ojos—. Ese tipo y yo no nos
soportamos.
—Eso no lo
sabía —Yoochun levantó una ceja suspicaz, mientras caminaba a otra mesa
desocupada, cerca de donde Changmin estaba—. Pensé que eras tú quien no lo
soportaba. O… —alargó sentándose frente al modelo—, ¿por fin te ha reconocido?
Un intenso
rubor cubrió las mejillas de Jaejoong cuando escuchó la pregunta de su amigo.
No, Shim Changmin no parecía reconocerle, pero quizá con lo que iba a hacerle
lo recordaría por siempre.
—No me
recuerda, pero lo hará —afirmó contundente.
—¿Hubo algún
problema con la tarea que no me hayas dicho? —inquirió al ver que el rubor en
las mejillas del pálido chico se incrementaba aún más al preguntarle.
—N… no —balbuceó
nervioso.
—¡Buen día,
chicos! —la alegre voz de Boa les distrajo y Jaejoong suspiró para sí mismo,
daba gracias que la pelicorto hubiese interrumpido.
—Buenos días,
Boa.
—¡Buen día, Boa!
—saludó Jaejoong de lo más alegre—. Pensé que hoy no desayunarías con nosotros —mencionó
al empezar a comer lo que había en su plato, a lo que recibió la mirada de la
chica a su lado.
—¿Por qué
no? Todos los días desde que nos conocemos hemos desayunado juntos. ¿O es que
ya no me quieren en su mesa? —enarcó las cejas con disgusto.
—¡No, no,
no, no, no mal interpretes Boa! —aclaró a toda prisa el modelo, moviendo las
manos en negativa para reforzar sus palabras—. Lo que pasa es que como desde
ayer le prestas más atención a ese actorcillo, pues yo pensé…
—¡Cómo se te
ocurre, Kim Jaejoong! —le interrumpió, logrando que ambos chicos en la mesa le
miraran—. Está bien que me gustaría conocerle y ser su amiga, pero yo no voy a
importunarle —desvió la vista para ver al actor, que parecía no prestarle
atención a otra cosa que no fuera su libro—. Además, está estudiando. —murmuró de
forma seria y triste.
Jaejoong giró
la vista para ver al actor que estaba en la mesa cerca de la suya. No creía que
estuviese estudiando nada, el único maestro que había dejado tarea era el de
literatura. Levantó un poco la vista para ver el cómo un grupo de chicas se acercaba
sonrientes hasta al actor.
—A ellas no
parece importarles el que esté leyendo —señaló al grupo que dejaba su charola
en la mesa del actor y le sonreían muy platicadoras—. Pero me imagino que ya se
encargará él de hacérselos saber.
Yoochun y Boa
también giraron su vista para ver lo que Jaejoong señalaba, justo en el momento
en el que lo hacían, la mirada penetrante de Changmin había recaído sobre las
chicas. Habían podido verlas callar de golpe, retirándose entre silenciosas y
asustadas para dejarlo de nuevo solo.
—No cabe
duda que la mirada del Témpano de Hielo Shim es aún más peligrosa que sus
palabras —declaró el modelo riendo, arrancándole una risa baja a Yoochun.
—Deja de
decir eso, Jae —recriminó su amiga molesta, de nueva cuenta intentando defender
la actitud de Changmin—. Quizá esas chicas le molestaban, hablan demasiado,
hasta a mí me molestan.
—Yo creo que
lo que quiere es un poco de compañía masculina, seguramente a ellos no los
espantaría con esa mirada de hielo y quién quite y alguno podría derretirlo —se
burló entre carcajadas, contagiando una vez más a Yoochun.
—¡BASTA DE
BURLAS, JAEJOONG! —bramó la pelicorto parándose de la mesa totalmente molesta,
a lo que tanto Jaejoong como Yoochun guardaron silencio mientras, a unos
metros, Changmin también miraba a la pelicorto—. No tienes derecho a hacer
insinuaciones de ese tipo, no voy a permitírtelo. —aseveró ya más calma al ver
que todos le miraban, sentándose de nuevo en la mesa totalmente ruborizada.
Changmin
observó al trío en la mesa cerca de él, ahí donde estaba el modelo, diciendo
quién sabe qué cosas con las que habría hecho molestar a su amiga. Sus ojos
chocaron por segundos con los del susodicho, pudiendo ver el rubor que pronto
cubría a aquellas extremadamente pálidas mejillas. Pero el modelo no le había
sostenido la mirada, la había retirado veloz. Había estado esperando su
reacción a la nota toda la noche, pero nunca llegó. Quizá no era tan predecible
como lo había pensado. Por un momento había creído que iría hasta su puerta
para reclamarle por la nota o para tratar de golpearlo como lo había intentado
en el gimnasio, pero al parecer había decidido ignorarla.
—Lástima —se
dijo con pesar, levantándose de la mesa para dejar la bandeja a la salida del
comedor e ir rumbo al salón a seguir leyendo—. Me hubiera gustado seguir con el
juego que habíamos comenzado.
Jaejoong alcanzó
a vislumbrar la figura de Changmin levantándose de su lugar rumbo a la salida
del comedor. Era su oportunidad, por lo que dejó de prestar atención a lo que Boa
le reclamaba.
—Tranquila, Boa
—le concilió Yoochun—. Ya sabes que Jae sólo está bromeando, no debes tomártelo
tan a pecho.
—Pero es
que… —intentó comenzar ella.
—¡Nos vemos
en clase! —clamó parándose a la carrera, recogiendo su bandeja para salir del
comedor y dejar tanto a Boa como a Yoochun igual de confundidos.
Jaejoong caminaba
con seguridad por los pasillos que llevaban a los salones. Aún era muy temprano
como para que el resto de los alumnos anduvieran por ahí, la mayoría estaba
todavía en el comedor y aquellos que no desayunaban, seguramente a penas se
estaban vistiendo para presentarse en clases unos minutos más tarde.
Se había ido
colocando el saco mientras caminaba, dejando que sus ideas se ordenaran. Tenía
que ser algo perfecto, la revancha de lo que le había hecho Changmin la noche
anterior quedaría saldada sin que le tocara.
Dejó
deslizar su mano por fuera de la bolsa del saco y sintió entonces el ligero abultamiento
que ahí se guardaba. Eso era lo que necesitaba para desquitarse. Llegó hasta la
puerta de su salón y se detuvo mirándola fijamente. Sabía que Changmin estaba
dentro, y solo. Respiró profundamente y la abrió.
El salón
estaba por completo desolado, nada más la última silla de la primera fila se
encontraba ocupada por aquel insoportable actor. El muy infeliz ni siquiera
había levantado la vista de su libro al escuchar que la puerta se había abierto.
Mejor para él, así le sorprendería.
Caminó
sintiendo que su corazón se salía del pecho. Changmin continuaba leyendo sin
imaginarse lo que estaba a punto de hacerle. Quizá no iba a golpearlo como
seguramente Shim esperaba que lo hiciera, pero para el orgullo del actor, sería
algo parecido.
Sus pasos se
detuvieron frente al pupitre del actor. Desde esa distancia el aroma a colonia
llegaba hasta sus sentidos comenzando a marearlo. ¿Qué tal que las cosas no
salían como las tenía pensadas? ¿Qué tal que Changmin le golpeara como se
supone debió hacerlo cuando lo había hecho por primera vez? ¿Qué tal si…?
—¿Vienes a
responder la nota?
Las frías
palabras de Changmin le distrajeron haciéndolo voltear hacia abajo. Su profunda
mirada se había clavado en aquel rostro blanquecino haciéndolo sonrojar. ¿Que
si venía a responder la nota? ¡Claro que sí!
La sonrisa
que el más alto vio dibujada en el rostro del modelo se le hizo extraña.
Esperaba una mueca de disgusto como la del día anterior, pero no una sonrisa.
Una sonrisa que no era de felicidad, ¿qué tramaba el pelinegro?
Jaejoong dejó
deslizar la mano dentro de la bolsa del saco de su uniforme sin borrar la
sonrisa de su rostro. Changmin se las iba a apagar.
—¡Esta es mi
respuesta, infeliz!
Los ojos de Changmin
se cerraron instintivamente al sentir la lluvia de papelitos de color amarillo
golpeando contra su rostro. Un sentimiento de déjà vu le inundó. Se sentía
trasportado un año atrás, cuando el modelo le había lanzado a la cara su
fotografía hecha pedazos… Lo había repetido, ahora con la nota, se había
vengado. Era mucho peor a que le hubiese golpeado. Bien, él sabía el punto
débil del modelo, pero el modelito sabía el suyo.
Abrió los
ojos sólo para notar cómo el mayor se carcajeaba alejándose de su lugar de
camino a la puerta. No podía permitirlo.
Jaejoong se
sentía feliz, la dicha inundaba el pecho, era como si hubiese golpeado a Changmin
con todas sus fuerzas y lo hubiese dejado noqueado. Ahora sabía cómo se sentía
David al haber vencido a Goliat. Quizá no lo había golpeado físicamente, pero
sí moralmente al haberlo rechazado de esa forma. Estaba dichoso y no habría
nada que le quitara ese sentimiento.
Estaba a
punto de abrir la puerta para regresar al comedor con toda la felicidad
desbordándose de su pecho, cuando sintió que alguien la cerraba fuertemente sin
darle tiempo de salir, tomándolo por el brazo y haciéndolo girar al tiempo en
que sus libros caían al suelo y se azotaban contra él; el sonido retumbó en el
salón completamente solo.
Abrió los
ojos asustado, topándose con aquella mirada penetrante muy cerca de su rostro,
sintiendo que el corazón le martillaba con furia en su pecho. Los ojos de Changmin
parecían filosos cuchillos dispuestos a rebanarle el cuello. No contaba con esa
reacción, no esperaba que el moreno se levantara de su asiento y le dijera
algo… ¿o no iba a decirle nada?
—Buena
jugada —admitió observándolo fijamente, dibujando una mueca en sus labios—. Pero
me toca a mí hacer mi movimiento…
Jaejoong
abrió la boca dispuesto a responderle algo, pero fue asaltado de nuevo por unos
fuertes labios que se apoderaban de los suyos obligándole a callar. Su corazón
volvió a latir con fuerza, haciéndole doler el pecho. La lengua de Changmin
había entrado aprovechando que tenía la boca abierta. Le asaltaba, le torturaba
de una forma en que jamás pensó llegara a suceder. ¿Cuántas veces era que lo
había hecho? Tres veces, contando esta, desde la noche anterior, y cada vez más
salvaje que la anterior. Acaso algún día él…
¡No!,
repitió en su cabeza de forma vehemente, comenzando a moverse para separar al
actor de su cuerpo. Sus manos luchaban por apartarlo de su lado, pero cada vez
que empujaba, Shim lo sujetaba aún más fuerte haciéndolo perder casi el
conocimiento. Su mira permanecía abierta, así que podía ver cómo Changmin
permanecía a ojos cerrados mientras le besaba. Algo muy dentro le pedía hiciera
lo mismo, que los cerrara, pero no iba a ceder.
No iba a
ceder…
Pero su
cabeza gritaba órdenes que no eran obedecidas por su cuerpo. Su corazón latía a
toda prisa consiguiendo que algo en su entrepierna despertara, momento en el
que una intensa oleada de calor le recorrió por completo haciéndole temblar.
Había terminado por cerrar los ojos sin que lo hubiese pensado. Changmin
parecía saber muy bien lo que hacía, porque al ver que comenzaba a ceder, había
dejado de aplicar fuerza en el abrazo.
Sus ojos se
abrieron al percatarse de algo tibio que se escurría por su pecho, y fue con
rudeza que empujó aquel cuerpo frente a él. ¿En qué momento Changmin había
abierto su camisa para dejar deslizar su mano hasta su piel?
Lograba
escuchar la respiración acelerada de Changmin y la suya propia. Aquellos ojos
le veían de forma extraña, mientras que él por su cuenta no podía sino lucir
confundido. Un intenso rubor cubrió sus mejillas. Esto se había salido de
control. Deslizó su mano temblorosa hasta su espalda, temeroso de que el actor
pudiera intentar sujetarlo de nuevo en cuanto se volteara, y es que no quería
darle esa ventaja.
Empujó la
puerta y salió corriendo rumbo al baño. Necesitaba calmarse, necesitaba
tranquilizarse y pensar qué iba a hacer ahora con Changmin. Abrió la llave del
agua y dejó caer un gran chorro en su cara, tenía que tranquilizarse.
La presencia
de Changmin en el colegio iba a ser un infierno.
Comenzó a
sentirse furioso. Changmin de nuevo le había asaltado. Era como liarse a golpes
con alguien, sólo que el moreno usaba, en lugar de los puños, sus labios. Si
usara los puños, tenía más oportunidad de ganarle. ¿Era acaso que Changmin le
estaba ganando? ¡No! Jamás iba a dejarse vencer por ese actorcillo.
Cerró la
llave del agua y se dispuso a regresar al salón. Esta vez no iba a dejarse. La
vez que lo besó en el cuarto lo había dejado pasar. La vez del gimnasio estaba
demasiado asustado como para responderle. ¿Pero esta vez? Esta vez no se iba a
dejar. Changmin podía ser gay, pero él no lo era. Quizá su cuerpo respondía a
las caricias, como respondería ante las de cualquier chica. No era que él fuese
gay, ¡claro que no lo era! Y ahora se lo iba a demostrar.
Las voces
resonaban dentro del salón, faltaban pocos minutos para que la primera clase
diera comienzo por lo que ya habían empezado a llegar algunos cuantos alumnos.
Abrió la puerta vio enseguida a Boa y a Yoochun platicando al final de la
cuarta fila. En los primeros bancos de las últimas filas había otros tantos
chicos sumidos en su mundo. Y al final de la primera fila, estaba su enemigo: Shim
Changmin, leyendo su maldito libro.
Enarcó las
cejas con disgusto al verle, esta vez no se iba a dejar. Mentalizado, caminó de
nuevo completamente decidido. Se había acomodado el saco y cerrado de nuevo
la camisa. El infeliz lucía como si nada hubiese pasado, ¡pero claro que había
pasado! El muy desgraciado hasta se había tomado la molestia de recoger los libros que
le había tirado y los había dejado sobre su banco.
Se detuvo
delante de la silla de Changmin al tiempo en que Boa y Yoochun volteaban a
verlo con confusión. El alto chico levantó la vista al ver los zapatos negros de
pie frente a él, y fue al tiempo en que subía la mirada pudo ver los ojos negros
bañados en ámbar, cargados de enojo, y cómo algo se azotaba fuertemente contra
su rostro.
El fuerte
golpe lo tomó de sorpresa lanzándolo al suelo.
—¡DEMÁNDAME,
NO ME IMPORTA!
—¡Jaejoong! —se
alertó Boa al ver al chico a los pies del pelinegro, mientras Yoochun detenía
al modelo por ambos brazos para evitar que se le fuera a golpes al actor.
Los ojos profundos
de Changmin contemplaron con asombro las facciones molestas del modelo. Sus
ojos oscuros parecían ocres por el enojo, sus cejas arqueadas con disgusto mientras
el color carmesí pintaba sus mejillas blancas. La pasión le embriagaba por
dentro, podía verlo respirando agitado, luchando contra los brazos de su amigo
para que le soltara.
«Hermoso»
pensó para sí mismo, mientras limpiaba el hilillo de sangre que escapaba de su
labio reventado.
❥ Fin del Capítulo Uno.
¹ BIFF, es la conocida abreviatura del Busan Internacional Film Festival.
—.—.—
Bienvenidos sean a mi primer proyecto de adaptación, espero que este primer capítulo les haya gustado.
Como pequeña aclaración, debo decir que aquí a diferencia de otras historias, los personajes se ubican en Busán, que es donde se localiza también esta escuela de artes a la que los chicos asisten.
¡Gracias por leer!
Como pequeña aclaración, debo decir que aquí a diferencia de otras historias, los personajes se ubican en Busán, que es donde se localiza también esta escuela de artes a la que los chicos asisten.
¡Gracias por leer!
4 comentarios:
LO AME <3 es hermoso ,me encanta la actitud de changmin como que le gusta que jaejoong se haga el dificil con todo eso de no "yo no soy gay" si como no ya va a caer ante changmin ,quien no ,a vhangmin le esta empezando a gustar jae yo lo se XD pero tambien eesta lo de la venganza lo que les paso a ambos por eso tanto odio ,ojala puedan llegar a algo mas que solo besos ¬¬ XD ....me ha gustado muchisimo el capitulo me encanta amo mucho el minjae<3 gracias gracias
Ni siquiera tengo palabras para describir lo genial de la historia. La adaptación es más que excelente y ni qué decir de la trama.
¡GOSH! Las personalidades me han atrapado. Sigo jodidamente estúpidizada... y eso dice mucho, lol.
En serio, mil gracias por compartirnos ésta emocionante, y seguramente muy sensual, historia.
Esperaré ansiosa el segundo capi, mi querida melli ;U;♡.
OMG!!!! Nena, gracias por compartir esta emocionante historia!!!!
La trama me atrapo por completo, y los personajes ni se diga! Gooooooosh ya quiero nuevo capitulo!!! A ver que hacen esos dos!!! hahahaha
Está genial, ahora te acosaré para que la historia siga*-*
Soulfighter
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