Tortura: Capítulo 1

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El sol del alba brillaba como nunca antes. A pesar de ser la segunda semana de Enero el astro rey ya comenzaba a calentar. No hacía mucho frío esa mañana y por suerte, en todo el año no se habían registrado nevadas.

La escuela de arte más importante del país recibía a cuantos actores, pintores, escritores, poetas, bailarines, modelos, cantantes, escultores y demás pudieran cubrir las elevadas tarifas que cobraban. Pero todos sabían, que quien lograra ingresar a esa escuela, después de una audición o un examen, tenía un 90% de probabilidades de triunfar en la farándula. No era para nadie desconocido que grandes artistas salieran de esas aulas. Y muchos, desde que eran estudiantes, ya contaban con representantes que les llevaban a realizar diferentes trabajos muy bien remunerados.

Por esos amplios pasillos caminaba a toda prisa uno de los alumnos problema (como le decían sus maestros, porque siempre estaba metido en líos) sin percatarse de que todos sus compañeros discutían sobre algo de manera animada. Le urgía llegar a clases antes de que sonara el timbre y de nuevo le pusieran retardo. Ahora que comenzaba el segundo año, no dejaría que por llegar demasiadas veces tarde le obligaran a hacer veranos.

Abrió la puerta y buscó con la mirada su pupitre. Todos los alumnos estaban platicando, como era el segundo año, todos se conocían y habían ocupado sus lugares de siempre.

—¡Jae! —gritó una chica de cabellos cortos, llegando hasta su lado con alegría—. ¿Ya te enteraste? —cuestionó abriendo los ojos cuan grandes eran. Jaejoong era tan distraído que seguramente no sabía la gran noticia del día, a pesar de que la nota se había anunciado en los principales diarios y noticieros de espectáculos durante toda la semana.

Jaejoong tomó asiento y colocó sus libros bajo el banco para voltear sonriente a la chica. Boa siempre era la encargada de decirle las noticias del día, a él no le importaba enterarse de qué actor había roto con quién o quién acababa de casarse. Las únicas noticias que realmente le importaban eran las que tenían que ver con algún trabajo que pudiera realizar, o quizá si había audiciones para representar algún papel en una obra de teatro. ¡Su gran sueño!...

—¿De qué tendría que enterarme, Boa? —le miró sin entender la alegría que se desprendía de los ojos de la chica.

—¡¡Viene a esta escuela!! ¡¡¡Y estará en segundo año!!! Ojalá y esté con nosotros, ¡¡es tan guapo!! —ahogó soñadora, y Jaejoong se extrañó. Las únicas veces que había visto así de emocionada a la chica, era cuando hablaba de su artista favorito.

—¿De qué diablos estás hablando? —preguntó sin entender, o temiendo haber entendido. Boa comenzó a reír.

—¿Recuerdas al chico que se espera que este año sea nominado a los Asian Film Award porque ya ha ganado muchos premios relacionados? ¿Ese de mirada fría y que no se deja entrevistar por nadie? —rememoró recargándose en la paleta del pupitre. Jaejoong sólo asintió sintiendo que sus piernas comenzaban a temblar—. ¡Pues viene a esta escuela!

—¿Shim Changmin? —musitó sorprendido, sintiendo su corazón saltarle del pecho y la sangre circular por sus venas con frenesí—. ¿Ese antipático actorcillo viene a esta escuela? —cuestionó en tono molesto enarcando sus cejas, haciendo que Boa se enderezara y frunciera el entrecejo ante las palabras de su mejor amigo.

—Changmin no es ningún antipático y mucho menos un actorcillo —afirmó colocando ambas manos en su cadera para seguir hablando—. Está nominado para los BIFF¹ como mejor actor y eso le da grandes posibilidades de que sea nominado a los Asian Film Awards. ¡Y va a ganar! ¡¡Eso te lo puedo apostar!! Así que no es ningún actorcillo, sólo estás celoso, Kim Jaejoong —aseguró enfadada. Jamás permitiría que insultaran o hablaran mal de su artista favorito, nadie iba a decir que Shim Changmin era un actor corriente, ni siquiera si se trataba de Jaejoong.

El pelinegro frunció más el entrecejo al escuchar las palabras de su amiga. ¿Cómo se atrevía a decirle que él estaba celoso de ese actor tan antipático? Aún ni había sido nominado como para que Boa asegurara que lo estaría. Aunque su película ya se escuchara nombrara por todos los pasillos de premios de la academia y que estuviera nominado a en los BIFF no implicaba que lo fuesen a considerar para el Asian Film. Pero reconsideró su postura al recordar que discutía con Boa, la más terca y testaruda chica que jamás hubiera conocido. Ella no iba a cambiar de idea, y si decía que Shim Changmin no era un actorcillo, aunque la crítica lo destrozara, ella lo seguiría defendiendo. Así que en lugar de molestarse, rió.

—Ni siquiera lo conoces y ya lo estás defendiendo —señaló Jaejoong medio divertido de la actitud que tomaba la chica. No valía la pena discutir con ella, era mejor relajarse, así saldría ganando.

—Pues tú tampoco lo conoces y ya lo estás atacando —puntualizó aún molesta. Sabía que Jaejoong no seguiría discutiendo con ella, no por nada lo conocía desde hacía cuatro años; sólo quería saber por qué su amigo había atacado a su actor favorito—. ¿Qué pruebas tienes de que sea antipático? —Jae suspiró al escuchar la pregunta de Boa y se dispuso a contestarle de la forma más tranquila posible.

—Bueno, tú sabes que en este medio todos se conocen y muchos dicen que es muy antipático —comentó con naturalidad, dejando descansar su cabeza sobre uno de sus brazos—. Yo sólo lo vi una vez y se me hizo muy arrogante.

—¿Cuándo? ¿Cuándo lo viste? —inquirió Boa interesada. Jaejoong salía en muchos comerciales y era de esperarse que quizá algún día se hubiesen topado, ¿pero por qué no le había dicho nada? Bueno, ella tampoco le había informado que su artista preferido era el nuevo alumno de la escuela.

—Hace como un año, mientras firmaba el comercial para shampoo. Él estaba con su representante y cuando un fotógrafo lo sorprendió, le rompió la cara de un golpe —comentó sin ninguna expresión en el rostro, algo que se le hizo extraño a la joven, pero prefirió ignorarlo para seguir con el tema que más le interesaba.

—¡Oh! ¿Fue esa vez? Recuerdo haber visto esa noticia en los diarios —recordó ella sonriendo—. Por cierto que fue el mismo día en el que te golpeaste con la puerta del camerino, ¿verdad?

—Sí, ese día —afirmó con fastidio de haberlo recordado, ese día había perdido una gran oportunidad de trabajo debido a ese moretón en el ojo—. Pero por lo que le hizo al reportero es un antipático —aseguró convencido.

—Yo insisto en que estás celoso —resolvió la chica con una risita.

—Ten por seguro que el arrogante y engreído de Shim Changmin no hablará con nadie. Se cree muy superior a nosotros —aseveró aburrido—. Todo porque el programa infantil que solía hacer aún se retrasmite en algunos canales. ¡Ja! Ni que eso le garantizara la nominación al Asian Film —murmuró por lo bajo.

—Pues yo lo dudo —Boa volvió a poner las manos en su cintura—. De ser como dices, no se hubiera inscrito en ninguna escuela. Él no lo necesita. Y si realmente fuese un arrogante y engreído, ¡está en todo su derecho! ¡Lo vale! —Jaejoong sólo la observó con el ceño fruncido. Jamás había visto a su amiga defender de esa forma a alguien. Le molestaba mucho, y más el que defendiera a ese actorcillo. ¿Que tenía ese maldito actor que volvía locas a todas las chicas como Boa? Y vaya que sabía que no sólo a las chicas, uno que otro chico también estaba vuelto loco por ese actor de apariencia fría.

La puerta se abrió de golpe haciendo que todos los alumnos tomaran sus asientos de forma apresurada. Un hombre mayor entró en el salón seguido de un alto y apuesto chico de ojos marrones y cabellos castaño oscuro alborotados.

Todos se quedaron callados al ver en persona al famoso actor Shim Changmin. Vestía como todos, con el uniforme de la escuela; pantalón y saco negro, con camisa blanca. Llevaba en la mano su portafolio y su vista estaba al frente, sin ver a nadie.

Jaejoong trató a toda costa de no verlo, pero ese actor tenía un magnetismo que le impedía llevar a cabo su objetivo. Sin poder evitarlo, sus ojos, al igual que todos los demás, también se posaron en la magnífica figura del actor frente a ellos.

Su corazón, que había comenzado a latir de forma normal durante la discusión con Boa, de nueva cuanta volvió a acelerarse. Verlo no le causaba ninguna gracia. Su ceño se frunció al contemplarlo. ¿Por qué tenía que estar precisamente en ese salón?

Boa, que se sentaba al lado derecho de Jaejoong, en la última fila, se acercó a él para susurrarle:

—¿No te parece que es muy guapo? Aún más guapo que en el cine —afirmó sonriente, regresando al frente su mirada.

—Sólo si te gustan del tipo fríos y arrogantes —contestó sin bajar la voz, logrando que gracias al silencio que había reinado tras la aparición del maestro y el actor, su voz sonara claramente en todo el salón y varios de sus compañeros voltearan a verle, así como la mirada de Shim recayó en su figura.

Jaejoong sonrió de forma nerviosa al verse descubierto, mientras la mirada del actor regresaba a centrarse en la nada.

El profesor no le dio importancia al incidente, todos en esas aulas eran personas que estaban en la farándula o tenían grandes aspiraciones de llegar a ella, así que estaba acostumbrado a los comentarios que a veces se dirigían entre sí; levantó las hojas que había puesto en su mano y se giró para ver a toda la clase.

—Bien chicos, este año vamos a tener un alumno nuevo. No creo que necesite presentación, estoy seguro que todos lo conocen y será un verdadero honor tenerlo con nosotros. Creo que muchos podrán aprender de él —acotó el catedrático observando a Jaejoong.

—¡Ja! Como si necesitara clases de actuación para ser un témpano de hielo —renegó éste volteando el rostro, dejando descansar la barbilla sobre su mano.

Varios compañeros de Jaejoong escucharon el comentario y algunos de ellos, al final de la segunda fila, no pudieron evitar el soltar una risita. Los ojos castaños de Changmin se fijaron en esos alumnos que reían a costa de algún chiste contado por el muchacho. No le agradó nada el pensar que había sido a costa suya.

De nueva cuenta el profesor se hizo el desentendido, pero sabía de dónde había venido el alboroto por lo que, sonriendo un poco, se dirigió a Changmin.

—Bueno joven Shim, puede ocupar el asiento junto al joven Kim.

Jaejoong sintió que sus piernas volvían a temblar sólo de escuchar lo que el profesor había dicho, volteando de golpe a ver si no había soñado con semejante indicación, pero al ver que el profesor señalaba el asiento vacío al final de la primera fila, se dio cuenta que no era un sueño... ¡tenía que ser una pesadilla!

—¡Que suerte tienes, Jae! —ahogó Boa feliz acercándose de nuevo a él para susurrarle—. Él estará a un lado tuyo todo el año —Jaejoong volteó a ver a Boa, observando de reojo cómo Changmin comenzaba a caminar hasta el asiento. No quería tenerlo cerca, no lo soportaba, le fastidiaba. ¡Tenía que hacer algo y rápido! Y Boa le había dado la clave.

—¿Quieres cambiar de lugar conmigo? —le ofreció viéndola fijamente. En su mirada se notaba la súplica. Más que hacerle una pregunta le rogaba que se cambiara de lugar, pero Boa estaba tan emocionada que no se percató de ello, sonriendo de forma luminosa.

—¡Sí, sí quiero!

Jae tomó sus cosas y se levantó a la carrera sintiendo el cuerpo como de gelatina justo en el momento en que Changmin llegaba hasta el lugar que estaba junto al suyo. Sus ojos chocaron por segundos, pero Jaejoong desvió la vista sin prestarle atención a esa mirada fría que denotaba cierta extrañeza, y caminó hasta el lugar de Boa al tiempo que ella llegaba al suyo muy emocionada.

—¡Gusto en conocerte, Changmin! —saludó ella amablemente, pero éste sólo la ignoró. Boa se quedó en silencio sumamente decepcionada, había esperado que por lo menos le saludara, pero ni siquiera una inclinación de cabeza había obtenido de su parte. Jae volteó a ver el rostro de la pelicorto y se acercó hasta ella para susurrarle.

—Te lo dije —Boa le regresó la mirada a Jaejoong frunciendo el ceño. Aun y cuando Changmin no la hubiera saludado, no quería decir que era como él aseguraba.

Mientras Boa veía con enfado a su sonriente amigo, los ojos oscuros del actor observaban de reojo a sus dos nuevos compañeros.

La clase recién comenzaba. El maestro acababa de apuntar su nombre en el pizarrón cuando la puerta del aula se abrió y un chico de mirada pícara entraba sin pedir permiso.

—¡Joven Park! ¿Por qué demonios llega a esta hora? Las clases comienzan a las 7:30, no a las 8:00 de la mañana —regañó el profesor al chico que recién entraba, pero éste sólo giró su rostro para verlo sin mostrar ninguna expresión clara.

—Hable con mi representante —indicó siguiendo su camino hasta su pupitre, que estaba a un lado del de Jaejoong en la parte final de la cuarta fila. Era de esperarse que después de una presentación que hubiera terminado después de las 12 de la noche y dado que la sinfónica se presentaba en bellas artes, que estaba a dos horas de camino, hubiese llegado en la madrugada al colegio y no se hubiera levantado temprano.

—Hey, Chun, deberías tener más respeto por los maestros —comentó Jaejoong acercándose hasta el lugar del mencionado chico, arrastrando el banco con él para susurrarle mientras el maestro se tragaba su enojo.

—¡Tiene retardo, Park Yoochun! —gruñó el maestro para seguir con lo que hacía en el pizarrón.

Yoochun dejó de prestarle atención al maestro, poco le importaban los retardos. Una llamada a Yoohwan para informarle del problema, él llamaría al director y ese retardo desaparecería. Al fin y al cabo, tenía un pretexto y Ricky como su representante y hermano, sabía cómo defenderlo. Volteó entonces a ver a su compañero con una mirada extraña y penetrante.

—¿Y tú qué haces aquí? —cuestionó observando a Jaejoong—. ¿Por qué Boa está en tu lugar y tú en el de ella? —continuó sin hacer caso a lo que el maestro apuntaba en la pizarra. El aludido sólo giró un poco la vista y notó que Changmin veía con atención al pizarrón, así que observó a su amigo y se dispuso a susurrarle.

—¿Recuerdas hace un año, cuando llegué con el moretón en el ojo? —le preguntó, ya que Yoochun se veía más interesado en la plática de su amigo, al grado que no prestaba atención al maestro.

—¿Cuando perdiste la oportunidad de salir de frente en el comercial de shampoo y tu representante llegó con el cuento de que te habías golpeado con la puerta del camerino?

—Sí, ese mismo día —afirmó—. Ahí está mi puerta —le señaló con una leve mirada al chico moreno que permanecía aparentemente atento a la clase.

—¡Él! —profirió Yoochun con asombro, y la mira de Changmin viró hasta observarlos de reojo, notando cómo sin disimulo la mirada profunda del chico recién llegado sobre él.

—¡Tampoco levantes la voz! —reclamó Jaejoong—. ¡Ese maldito me quitó mi oportunidad! ¡Y por eso no lo soporto! No tenía derecho a pegarme como lo hizo, ¡y sólo por querer una foto de él! —gruñó bajo—. Ese antipático.

—¿Por qué no me lo habías contado antes? —sonsacó Yoochun con extrañeza. Había mucha confianza entre ellos como para que Jaejoong no le hubiese contado ese incidente. Claro que… no había por qué contarse todo.

—Porque quería olvidarlo, pero con ese antipático aquí, será imposible que lo olvide. Ni siquiera se disculpó conmigo —masculló bajo, de un modo que parecía dolido, y Yoochun observó eso; para él era fácil identificar los diferentes tonos de voz que usaba Jaejoong, o cualquiera. No por nada era músico, tenía que saber identificar cuando alguien desafinaba y eso le había llevado a poder reconocer los tonos de voz en la gente.

—¡Kim y Park, si van a seguir platicando en mi clase, entonces salgan de ella! —acusó el profesor.

—¡No profesor! Ya no vamos a platicar —aseguró Jaejoong regresando su atención al libro que acababan de sacar.

Yoochun desvió la vista hasta Changmin. Jaejoong nunca le había contado que conocía al actor que ahora sería su compañero. Había escuchado el rumor de que se inscribiría en una escuela de arte, pero nunca imaginó que sería en la que ellos estudiaban. Había visto su última actuación y era muy buena. ¿Pero sería verdad que era un tipo frío y demasiado reservado al que no le gustaba que la prensa le tomara fotos o se inmiscuyera en su vida privada porque era gay?

El timbre del descanso sonó y varios de los alumnos se pararon para rodear a Changmin y comenzar a hacerle preguntas. Boa únicamente se giró en su asiento para quedar a un lado del actor, ella también estaba interesada en conocerle. Jaejoong y Yoochun se levantaron y se dirigieron a la puerta de salida.

—¿Tú no quieres conocerlo? —le preguntó Park. Jaejoong se giró para ver donde estaban casi todos sus compañeros rodeando a Shim, pero negó con la cabeza, él ya sabía lo suficiente de ese antipático y egocéntrico actor.

—Le doy cinco segundos antes de que los corra a todos —miró su reloj y se dispuso a contar—. Cinco… Cuatro…

—¡DÉJENME EN PAZ! —vociferó Changmin poniéndose de pie, y todos los que le rodeaban le abrieron paso a los lados.

—Me falló por tres segundos —rió observando a su amigo, lo que atrajo la atención de Shim de nuevo a él. Después buscó a Boa con la mirada y le indicó en voz alta para que todos escucharan—. ¿Ves, Boa? Y luego me regañabas por atacarlo. ¡Ahora sí, defiéndelo! —retó a su amiga, que estaba con los ojos abiertos por la sorpresa. Pero al escuchar las palabras de Kim, volvió a fruncir el ceño en señal de enojo—. Creo que no le gustó darse cuenta que tenía razón —murmuró saliendo en compañía de Yoochun rumbo a la cafetería de la escuela.

Changmin salió poco tiempo después que ellos, por completo solo.

Habían caminado hasta la cafetería, era hora del descanso y Jaejoong no se cansaba de repetir la misma historia. Shim le había golpeado en su primera incursión en un comercial para shampoo y todo porque le había pedido una fotografía autografiada.

—¡Quizá llegaste demasiado efusivo! —adivinó Yoochun mientras se sentaban en una de las mesas con su comida en una charola.

—No, te juro que no, Chun —se defendía insistente—. Yo iba con Sunny…

—Tu representante —aclaró Yoochun.

—Sí, con ella. Y fue entonces que vi a Changmin parado hablando con un hombre alto de cabello oscuro…

—Jung Jihoon, Rain, su representante —volvió a aclarar.

—Sí, ese mismo —afirmó Jaejoong de forma monótona—. Jamás pensé que algún día fuéramos a coincidir en un estudio. Según me enteré, por fin iba a dar una entrevista para promover su película. Siempre me había gustado su forma de actuar, recuerdo haberlo visto en los programas infantiles que nos dejaban ver en el orfanato, así que me separé de Sunny para irle a pedir una foto autografiada. Yo llevaba mi cámara digital e iba preparándola, cuando de repente levanté el rostro y el muy estúpido me golpeó…

—¿Sin decirte nada? —se asombró Yoochun.

—Así, sin preguntarme o decirme nada, sólo me soltó un golpe en el rostro. Y me quitó la cámara. Por suerte no tenía nada bueno en ella, sino lo hubiera matado —aseguró evidentemente molesto.

—Sí claro, ¿acaso no sabes que ese chico es cinta negra en taekwondo? —Todo mundo lo sabía. El actorcillo era 4 Dan y conocía varias técnicas que lo habían llevado a ganar numerosas medallas. Si Jaejoong le hubiera golpeado, el actor era capaz de matarlo de un golpe. Su amigo no tenía músculos definidos debido a su condición de modelo, lo contrario del actor.

—Pues fuese del color que fuese, si por casualidad traía una foto de Lee Hyori, yo lo mato —Park esbozó una sonrisa al saber que su amigo sólo estaba bromeando, algo típico de él—. Le grité que por qué me había golpeado en la cara, que yo sólo quería una foto suya, que ahora entendía por qué todos lo llamaban ‘Témpano de Hielo Shim’.

—¿Lo insultaste? —cuestionó pasmado. A veces Jae tenía un carácter explosivo, pero haberse atrevido a insultar a ese actor le sorprendía. De verdad debía haberle molestado mucho.

—Eso no era un insulto —aseguró molesto por el incidente—. Era la verdad.

—¿Y qué hizo?

—¿Él? Nada. Su representante se acercó a hablar conmigo y cuando supo que sólo era un fan más, me dio una foto de Changmin y me dijo que él mismo me la autografiaría —mencionó terminando con la comida en la charola.

—¿Y lo hizo?

—¡Claro! Llegó arrebatándome la foto de las manos y poniendo su nombre. Eso me enojó, realmente me enojó. Yo me hubiera sentido afortunado si tan sólo se hubiera disculpado por el golpe que me dio y me hubiera firmado su foto. Pero lo hizo de muy mala gana, su representante lo obligó y eso me enfureció.

—¿Qué hiciste entonces? —Yoochun pudo ver el ligero rubor apareciendo en las mejillas de su amigo pelinegro. Y eso sólo se debía al enfado que sentía al estar recordando el suceso.

—Rompí su fotografía en varios pedazos y se los lancé a la cara —aseguró sonriendo—. Jamás voy a olvidar su expresión…

—¿Que hiciste qué? —insistió Yoochun asombrado por las palabras del chico. Seguramente había sido un impulso, ¡pero vaya impulso! Sabiendo cómo era el carácter agresivo de Shim Changmin, ese acto debió mandar al hospital a su amigo, mas sólo había llegado con el moretón en el ojo y no por producto de esa acción.

—Lo que oíste, le rompí la foto y se la lancé a la cara —repitió con fastidio. ¿Por qué Yoochun se sorprendía tanto de lo que había hecho?

—¿Pero qué hizo él? No creo que se haya quedado de brazos cruzados después de eso. Fue casi como golpearlo.

—Pues si hizo algo no me enteré… Ah no, sí hizo algo —recordó riendo—. Le rompió la cara a un fotógrafo después de habérmela roto a mí.

—¿Y lo habías vuelto a ver después de ese incidente?

—No. Hasta ahora. No creo que me recuerde… y ojalá que no lo haga —mencionó dejando descansar su cabeza sobre uno de sus brazos, para perder su vista en el techo del amplio salón que servía como comedor.

—¿Entonces por qué haces lo posible porque se dé cuenta de que estas ahí?

Jaejoong bajó la vista para ver con sorpresa a Yoochun. ¿Qué era lo que acababa de decir su amigo? ¿Acaso pensaba que lo que había dicho fue sólo para llamar la atención del actor? ¡Pero eso no era cierto! Él no quería que Changmin lo reconociera, quería olvidar el asunto, pero cada vez que veía a Shim después de lo que había pasado, sentía que su sangre hervía por el enojo. Así fuera en revistas o televisión. El verlo en persona era peor, porque su cuerpo temblaba de coraje y su sangre circulaba más rápido haciendo que sus puños se cerraran, era casi imposible no pensar en devolverle el golpe que le debía desde hace un año.

—¡Yo no quiero que se dé cuenta! —afirmó con enojo frunciendo el ceño, al tiempo en que un intenso color carmesí aparecía sobre sus mejillas—. ¡No me interesa que me reconozca!

—Pues lo que has hecho me dice lo contrario, Jae. Lo has estado retando con tus comentarios. Así que si él llega a golpearte por ello, no lo culpes —le explicó tras haber terminado su comida, levantándose de la mesa con una ligera sonrisa.

—¡Maldición, Yoochun! No soporto al maldito desgraciado. ¿Cómo crees que iba a reaccionar al verle de nuevo? ¡Y más a sabiendas que está sólo a un pupitre de distancia! Ojalá estuviera muy lejos de mí, no soporto verlo —refunfuñó casi en voz alta, siguiéndolo.

—Pues deberás soportarlo —afirmó viéndolo de reojo. Le divertían mucho las rabietas de niño chiquito de Jaejoong, y decirle lo que pensaba le iba a causar risa, de eso estaba seguro—. Porque será nuestro compañero por lo menos durante un año. Lo verás todos los días, y si como hasta ahora, el profesor de literatura te pide entregar las tareas… quizá hasta tengas que ir a su habitación a verle.

JaeJoong se detuvo ante el comentario de su amigo, mientras este último hacía todo lo posible por aguantar las carcajadas sólo de ver la reacción ajena. Pero Yoochun tenía razón. El profesor de literatura siempre le pedía que llevara las tareas a los alumnos del área de varones y seguramente era el mismo del año pasado, por lo que intuía que de nuevo le asignaría la entrega de tareas. Muy a su desgracia tenía que asegurarse de que todos la recibieran, razón por la cual tenía permitido entrar a las habitaciones y dejar la tarea sobre el escritorio si los chicos no estaban.

—Maldición, Yoochun, ¿tenías que recordármelo? —se quejó dándole alcance al mencionado, que se había detenido unos pasos adelante para esperarlo.

Mientras, una figura de piel acanelada observaba a los dos chicos marcharse del refectorio; cómodo, descansaba subido en la rama de un árbol desde la cual los ventanales del amplio comedor eran por completo visibles.

Esos dos chicos… parecían llevarse muy bien. El de tez más pálida era sumamente popular y de un atractivo que atraía las miradas de todos como si fuera un imán. No le eran desconocidas esas miradas, también él hacía girar la vista tanto a hombres como mujeres, pero siempre que se acercaban a él era porque buscaban hacerse notar. No tenía ni un solo amigo, nadie en quien confiar, estaba condenado a la soledad debido a su patética profesión.

Las clases habían continuado sin contratiempos, o al menos hasta que llegaron a la última hora, misma sobre la que el profesor de literatura se había asomado a la clase para pedirles a Jaejoong y Boa que le buscaran en la sala de maestros al finalizar las clases.

—Me lo imaginé, me lo imaginé, me lo imaginé —repetía balanceando la cabeza de un lado a otro con pesar, mientras el profesor sacaba varias hojas de una carpeta que decía Segundo grado.

—Chicos, esta es la tarea, y como el año pasado, espero que se las entreguen a sus compañeros. En la hoja viene apuntado el cuarto en el que está cada uno, aunque supongo que ya deben saberlo. Bueno, a excepción de Shim Changmin, que es nuevo. Todos los demás ocupan el mismo. Espero que lo entreguen.

—¡Sí, profesor! —asintió Boa sonriendo, mientras el pelinegro a su lado tomaba las hojas con la cabeza agachada.

—¿Sucede algo, Jaejoong? —cuestionó el maestro, notando que el mencionado no levantaba su la mirada.

—No, profesor —respondió seco.

—¿Ya no quieres ayudarme a entregar las tareas? —preguntó directo, JaeJoong levantó la cabeza de forma presurosa.

—Cómo se le ocurre profesor, yo estoy encantado de ayudarle.

—¡Gracias, chicos!

—De nada —respondió Boa.

Apenas habían salido de la sala de maestros, Boa le arrebató la lista a JaeJoong de las manos para leerla con avidez.

—¿Qué tanto le ves a esa lista? —quiso saber él, detenido a un costado de la chica—. Sólo son nombres y números. Todavía fuera una revista de playboy… —intentó bromear.

—¡Jae! —le regañó Boa para que guardara silencio—. Quiero saber en qué habitación está Changmin —admitió, para después sonreírle—. ¡Qué suerte tienes! —suspiró felizmente. JaeJoong parpadeó sin entender al principio, sólo para después sentir que iba a tener una pesadilla; de nuevo—. ¡Changmin es tu vecino de cuarto!

—¡¿QUÉEE?! —exclamó arrebatando la lista a Boa, ya viendo con sus propios ojos lo que la castaña acababa de decirle. Su corazón latía con furia al reconocer el nombre y el número de la habitación que se encontraba justo a un lado de la suya—. Este será el peor año de mi vida —ahogó por completo derrotado, ignorando a Boa que había empezado a hablar emocionada sobre su artista favorito: Shim Changmin.

A las diez de la noche se cerraba el cuarto de descanso, que era donde se encontraba la televisión del ala Este, donde estaban los chicos. A esa hora todos comenzaban a retirarse para ir a sus habitaciones a descansar.

Jaejoong aprovechaba esa hora para entregar las tareas a sus compañeros, sabía que a esas horas ya deberían estar dentro. Quizá alguno que otro no estuviera por haber tenido que salir a cumplir con algún compromiso de trabajo que se llevara a cabo en la noche. Generalmente se enteraba de todos esos compromisos y estaba seguro que sus compañeros no tenían ninguno esa noche… Bueno, no sabía nada de Changmin, ni quería saberlo.

A veces pensaba que estar en una escuela internado era la mejor forma de olvidarse de sus familias. Pero cada vez se sorprendía al ver cómo muchos de sus compañeros estaban allí por verdadera vocación y no por huir de sus casas. Él había entrado porque le habían ofrecido pagarle la escuela, siempre y cuando se inclinara por la carrera de actor o modelo. Siendo un chico huérfano, aceptó encantado. Además, había una figura que le inspiraba a ser como él. Sólo que a estas fechas, esa estatua de cristal se había caído del pedestal en el que lo había tenido casi toda su vida. Sería imposible remendar los pedazos. Por suerte el internado había resultado ser como el orfanato, sólo que con un poco más de lujos y libertades.

Aunque a final de cuentas, había terminado siendo adoptado. Parecía que su nueva familia, los Kim, habían encontrado muy redituable el darle su apellido y no sólo pagarle las clases. Según palabras de su familia, era demasiado hermoso para dejarlo desamparado…

¡Patrañas!… Se habían dado cuenta que ser un niño bonito dejaba mucho dinero, pero eso lo tenía sin cuidado. Para él la escuela era su casa y era feliz el estar allí.

Conocía a todos los intendentes y vigilantes, además de que la sala del director era como su segunda habitación, al igual que el aula de detención. A lo largo de su vida en el colegio había roto un sin fin de reglas establecidas y debido a él, habían establecido muchas más. Nada de cuidado y nada que ameritara que lo expulsaran. A final de cuentas, el director lo apreciaba. Si no fuera por la vieja amargada de la subdirectora, ese hogar sería mucho mejor que cualquiera.

Había entregado casi todas las tareas. No le gustaba quedarse platicando con sus compañeros a esas horas. Sólo lo hacía con Yoochun, que estaba en la habitación de enfrente, sólo que un poco más a la izquierda.

Deliberadamente había dejado la habitación de Changmin al último, con la intención de pedirle a Park que la entregara por él. No quería tener que hablarle, ni siquiera quería verle.

Tocó a la puerta de Yoochun y casi de inmediato el chico le abrió. Jaejoong sonrió al verle.

—Chun, pues aquí tienes la tarea de literatura —le mostró la hoja, sonriéndole de forma luminosa.

—Entonces tuve razón —evidenció tomando el papel de manos del pelinegro, observándolo directamente—. ¿Y cómo reaccionó tu puerta? ¿Ya te reconoció? —Jaejoong sólo bajó la vista—. ¿No te reconoció?

—¡Quiero pedirte un favor, Chunnie! —levantó la vista para observarlo fijamente, Yoochun retrocedió levantando las manos.

—¡Ah, no! Yo no voy a entregarle la tarea en tu lugar. ¡Es tu obligación hacerlo!

—¡¡¡Por favor, por favor!!! —le suplicó entrelazando las manos y poniendo ojitos de cachorrito para convencerlo—. ¿Qué no ves que no quiero verlo? ¡No lo soporto!

—Quizá ni lo veas. A lo mejor no está, estando en la campaña para la nominación al Asian Film puede que haya salido esta noche. ¿Por qué no sólo tocas a su puerta? Si está, no lo mires y entrégale la tarea. Si no está, entras a su habitación y la dejas en el escritorio como siempre.

—Mal amigo —murmuró dándose la vuelta. Yoochun sólo se asomó para ver cómo su amigo se paraba en la puerta contigua a la suya. ¿Eso quería decir que Changmin era su vecino? ¡Vaya sorpresa! Con eso no podría evitar tener que verlo. Y medio sonriendo por la suerte del chico, cerró la suya.

Jaejoong aspiró profundo en un intento de que su corazón volviera a latir con normalidad. Quizá Yoochun tenía razón y Changmin no estaría en su habitación esa noche. Comenzó a rezar para que así fuera. Contó hasta tres y por fin tocó esperando que el susodicho le abriera, pero no obtuvo respuesta…

Aliviándose un poco al imaginar que su amigo había tenido razón, volvió a tocar esta vez más firme y fuerte sintiéndose con mayor confianza. Y de nuevo no obtuvo respuesta. Tocó una tercera vez con iguales resultados y sonrió. En verdad Shim no estaba.

Abrió la puerta con toda seguridad sosteniendo la hoja que contenía la tarea en la mano. La habitación estaba medio iluminada, seguramente Changmin había dejado la luz de la lámpara del escritorio encendida y eso era lo que evitaba que estuviera del todo a oscuras. Caminó viendo a detalle toda la habitación y fue sin darse cuenta que chocó con algo sobre el suelo, maldiciéndose por su pobre pie adolorido.

Se agachó para sobarse y vio ahí un par de mancuernas. ¿Cómo se le ocurría a Changmin dejarlas a medio camino? A peligro de quien entrara se golpeara con ellas, como lo había hecho él. Las empujó del otro lado de la pared para que el pasillo, entre la entrada y el resto de la habitación, quedara libre de ese peligro.

Siguió recorriendo con la mirada la habitación, pensando dónde podría dejar la tarea para que el actorcillo la viera ya que el escritorio parecía ocupado por varias cajas aún cerradas. Quizá sus pertenencias. Al final, decidió dejarla sobre el peinador que estaba frente a la cama.

Al levantar la vista notó por el espejo algo sobre el lecho, dándose la vuelta para ver qué era. Allí reposaba un pijama de seda de color azul oscuro. Un pijama de diseñador, se pudo dar cuenta. ¡Claro, era de esperarse! Siendo un actor famoso, no podía usar cualquier cosa. Por suerte, siendo él modelo, las firmas de ropa para las que trabajaba se encargaban de vestirlo de pies a cabeza, incluyendo ropa interior. Sonrió al recordarlo.

De repente, el rechinido de una puerta a sus espaldas le hizo voltearse rumbo a la entrada del baño.

Ahí, frente a él, estaba Shim Changmin observándolo fijamente. Usaba sólo una toalla amarrada a la cintura, su cabello aún mojado escurría pequeñas gotas de agua que caían hasta su pecho y se deslizaban de seductoras sobre él. Entre sus manos traía un reproductor y los audífonos, ahora entendía por qué cuando tocó a la puerta no le había respondido.

Sin poder evitarlo un calor indescriptible invadió su rostro y de nuevo su corazón se desbocó en su pecho. Se quedó paralizado ante la vista de los bien formados músculos del actor que definían sus brazos y los pectorales de su pecho. Ahora sabía para qué necesitaba las mancuernas que había dejado en el piso. Era una lástima que la toalla no fuera más corta, eso le impedía ver qué tan bien formadas estaban esas largas piernas…

¡¿Pero en qué demonios estaba pensando?!… Se dijo a sí mismo mientras un intenso rubor comenzó a cubrir su rostro.

Se dio cuenta cómo la mirada del castaño le recorría de arriba a abajo, de la misma forma en la que él lo había hecho segundo antes. Y su respiración comenzó a acelerarse al ritmo de los latidos de su corazón, mientras sus rodillas comenzaban a temblarle.

—¿Qué haces en mi habitación? —escuchó la voz seca del joven.

—Yo… yo… —balbuceó nerviosamente, sintiendo cómo el calor en su rostro incrementaba cada vez más al ver a Changmin avanzando hasta él, acortando la distancia a apenas unos pasos—. Sólo vine a…

—¿Has encontrado lo que viniste a buscar? —cuestionó enarcando una ceja, logrando que Jaejoong temblara de forma imperceptible.

—Yo sólo he venido a… —intentó explicarse, cada vez más nervioso, tratando de retroceder al ver que Changmin se acercaba cada vez más—… traerte la tarea y ya me voy —soltó apresuradamente, dándose la vuelta para tomar el pasillo y llegar hasta la salida. ¿Por qué se sentía como un ladrón atrapado con las manos en la masa?

Pero apenas se había dado la vuelta cuando sintió una fuerte mano sostenerle por la muñeca y hacerle voltear bruscamente para, con igual rapidez, recargarlo contra la pared del pasillo con el cuerpo de Shim sobre él, sosteniéndole ambas muñecas a los lados.

Jaejoong abrió los ojos sorprendido sólo para toparse con aquella profunda mirada demasiado cerca de su rostro. Podía sentir el aliento tibio del actor casi sobre su boca, y eso le asustaba. El pánico se apoderó de él al sentirse acorralado, trató de abrir la boca para decir algo pero por primera vez, se había quedado sin palabras.

—¿Has venido a dejar tarea? —Changmin le miró suspicaz, muy fijamente—. Deberías buscar un pretexto más creíble…

Y sin darle tiempo a nada fue que se apoderó de los labios del modelo en un beso salvaje, cargado de pasión. Obligándolo a abrir la boca, dejó introducir su lengua para saborearlo, para jugar con una músculo húmedo que no se movía, para acariciar y chupar esos labios que sabían a gloria.

Jaejoong estaba en shock con los ojos abiertos por la sorpresa, Changmin lo estaba besando y él no podía impedírselo. No podía empujarlo para apartarlo de su lado. Su cuerpo no se movía, por más que ordenaba que lo hiciera, su cuerpo no respondía.

No, sí estaba respondiendo… pero no a él, le respondía al actor. Respondía a ese beso que parecía estarle robando los sentidos cual si una llamarada de fuego corriera por sus venas.

Pero igual de rápido como todo comenzó, así terminó. Changmin lo soltó y le dio la espalda. Jaejoong sintió que sus piernas fallaban al responder, casi tirándolo, pero se las arregló para sacar fuerzas de donde pudo y mantenerse en pie.

—Ya obtuviste lo que querías, ahora ¡lárgate! —ordenó sin verlo.

Jaejoong quería gritarle, quería golpearlo por lo que le acababa de hacer, pero no tenía fuerzas para hacerlo. Se dio la vuelta y salió corriendo rumbo a su habitación.

Changmin escuchó la puerta cerrase y volteó a ver el lugar por donde el chico había desaparecido, repitiéndose mentalmente el pretexto '¿tarea?'. No había sido nada original. Miles de veces se había encontrado personas en su habitación y habían dicho algo más eficaz. Pero claro, solía ser en los hoteles, donde había camareras o mozos. Incluso en alguna ocasión había llegado una persona en silla de ruedas, fingiendo estar paralítico para poco después levantarse de la silla y arrojarse a sus brazos. Eso sí había sido ingenioso.

Pero 'tarea'… eso era lo más absurdo que había oído. Las tareas se entregan en clase, no se reparten cuarto por cuarto. Ahora incluso, ¿debía cuidarse estando en la escuela? Se había encerrado en ese colegio para huir de los acosos de los fans y de la prensa. Pero ya había tenido su primer problema en clases cuando todos lo rodearon para hacerle más preguntas que los propios periodistas.

Kim Jaejoong… Había pensado que era distinto a los demás, pero con desilusión se daba cuenta que era igual a todos.

Sin prisa avanzó hasta el peinador para tomar su reproductor y vio entonces una hoja que él no había puesto ahí. Levantó la mano y la tomó para verla fijamente. Su mirada antes fría cambió de inmediato a una de sorpresa.

—Era cierto… —se dijo a sí mismo al ver que la hoja que tenía en sus manos, era la tarea de literatura de su grupo—. Quizá sí eres diferente, Kim Jaejoong —musitó con una mueca en el rostro al comprender su error.

Jaejoong estaba muy enojado. Patinaba sobre ruedas en la pista de concreto que se encontraba dentro del gimnasio. Lanzaba con furia los discos de jockey sobre la red que cubría la portería. Después de las 10 de la noche, estaba prohibido salir de sus habitaciones. Pero él tenía muchos años en esa escuela internado y le conocían bastante bien los conserjes. La escuela no sólo contaba con los 3 años universitarios, también estaba la primaria, secundaria y preparatoria. Y él estaba allí casi desde que la escuela se había fundado. Por eso tenía ciertos 'privilegios' que otros alumnos no tenían. Y uno de ellos era usar la pista de jockey sobre ruedas para tranquilizarse.

Y ahora lo necesitaba más que nunca…

¡Shim Changmin lo había besado! Ese maldito desgraciado se había atrevido a besarlo introduciendo la lengua en su boca, haciéndolo temblar, casi haciéndole olvidar que era un hombre quien lo estaba besando. ¡¡Y todavía se había atrevido a correrlo de su habitación después de eso!!

¡¿Un Pretexto?! ¿Cómo se atrevía a decir que llevarle la tarea había sido un pretexto? ¿Qué acaso el maldito infeliz no sabía que los alumnos tenían permitido entrar a la habitación de otro alumno cuando este no estaba para dejar tareas o algo que fuese importante para las clases del siguiente día?

—¡Infeliz! —gritó completamente furioso al golpear el disco negro en el suelo con el taco de jockey, lanzándolo con certeza hasta la portería por completo sola—. ¡Maldito desgraciado! —volvió a gritar golpeando otro de los discos que había tirado—. Pero esto no se quedará así… ¡La próxima vez que lo vea le voy a partir la cara de un puñetazo!

Tiró con enojo otro de los discos, pero este, por el contrario de los otros, salió volando por un costado de la portería. Intentó seguirlo con la vista, pero la intensa luz de una de las lámparas le impedía ver en qué dirección había ido a parar. Mientras no quebrara el estante de los trofeos, todo estaría bien.

Una sombra cubrió la luz de la lámpara y Jaejoong levantó su brazo para tratar vislumbrar aquella silueta. Por un momento pensó que era Seongong, el conserje que solía dejarle pasar, pero la figura negra que se dibujaba detrás de la luz de la lámpara, pertenecía a una persona alta y delgada, de una buena figura y que sostenía algo en la mano… Algo pequeño… como el disco de jockey que había lanzado…

Jaejoong apretó los dientes con disgusto al ver que la sombra se deslizaba hasta estar cerca de él y la luz de la lámpara le permitía al fin identificarlo. Su corazón dio un vuelco en su pecho y comenzó a latir de forma apresurada.

—Maldición, ¿qué haces aquí? —gruñó con fastidio al ver al responsable de todo su enojo observarle con el ceño fruncido, intensificando la mira sobre su rostro. Usaba al igual que él unos patines y ropa deportiva, y su cabello lucía igual de desordenado que siempre.

—Supongo que lo mismo que tú, no podía dormir… —Pero a pesar de sus palabras, su mirada parecía decirle otra cosa. ¿Por qué esos ojos le miraban tan penetrantes?

—Shim Changmin, ¿acaso me estás siguiendo? —inquirió fastidiado, viendo al otro a los ojos. No iba a permitir que su mirada fría le intimidara.

—No sabía que venir a patinar al gimnasio era estarte siguiendo —se mofó sin romper el contacto visual.

Jaejoong volvió a apretar los dientes, notando tarde cómo Changmin lanzaba a sus pies el disco negro de jockey, observándolo sin ni inmutarse. Esa mirada fría que siempre le había visto en revistas y televisión. Esas cejas arqueadas con disgusto y los labios en una clara muestra de enojo o fastidio. ¿Es que este tipo nunca se reía?

Jaejoong se dio la vuelta sobre sus patines, dejando a Changmin parado en su lugar. No quería estar donde él estuviera y menos después de lo que había pasado en su habitación hacía un par de horas.

—¿Huyes?

La voz calmada y fría a sus espaldas le hizo detenerse para verlo, aún parado con las manos en las bolsas del pantalón deportivo. ¿Acaso estaba esperando que se quedara? Había pensado que podría romperle la cara a puñetazos, pero no quería arriesgarse a sufrir una lesión que le impidiera trabajar en la sesión de fotos del fin de semana. ¡Con una sola vez que le hubiera quitado el trabajo era suficiente!

—No estoy huyendo de ti —afirmó regresándole la mirada fija. Changmin se deslizó hasta alcanzarlo.

—No parece… —le susurró pasando a su costado, sin apartar ni un segundo la vista del bien formado cuerpo del modelo.

Jaejoong apretó con fuerza el taco de jockey en su mano. El moreno actor parecía estarlo retando y no se lo iba a permitir. Le diría de una buena vez por qué no se quedaría y no es que estuviera huyendo. No es que le tuviera miedo o que su corazón pareciera estallar ante su presencia… Se giró de frente a Changmin y patinó hasta donde él estaba. Este sólo lo observó sin cambiar de posición.

—Escúchame, Shim —señaló con molestia—. No sé cuál sea tu problema, pero no te quiero cerca de mí…

—Tú fuiste quien entró a mi cuarto —aclaró sabiendo a dónde iban las palabras del chico—. Si no me quieres cerca no deberías entrar a una habitación que no es la tuya. —Esas palabras le enojaron más, logrando que su corazón quisiera saltar. ¿Era tan engreído que creía que iba a buscarlo a él?

—¡¡Yo fui a dejarte la tarea, maldito infeliz!! —exclamó alterado—. No tenías por qué haberme besado, ¿que acaso eres gay?

—Sí —respondió de lo más calmado, consiguiendo que el enojo de Jaejoong se tornara en sorpresa—. Pero si das esta información a la prensa la negaré.

—Eso… eso… —comenzó nervioso, notando la expresión burlona que parecía comenzar a emerger en el semblante de Changmin, lo que le hizo recuperarse de inmediato. ¡No iba a permitir que se burlara de él de esa forma!—. Eso no te da derecho a besarme, ¡bastardo! El que tú seas gay no quiere decir que yo lo sea…

—Eres modelo —evidenció patinando a su alrededor, observándolo de arriba a abajo aún con las manos en los bolsillos del pantalón. Jaejoong comenzaba a ponerse nervioso, pero no le iba a demostrar nada.

—Soy uno de los mejores, ¿y eso qué? —No se movió de su sitio, ya que su cuerpo comenzaba a temblar por el escrutinio del actor y temía que si se movía, pudiera caerse.

—La mayoría de los modelos son gay —afirmó deteniéndose frente a él. Jaejoong frunció el entrecejo. Él no era gay, ¿como se atrevía a tan siquiera insinuarlo?

—¿Qué no me escuchaste? Te dije que yo no soy gay —Changmin enarcó una ceja.

—No parecías oponer mucha resistencia cuando te besé en la habitación. —Jaejoong se sintió de pronto amenazado por el actor frente a él. Era como si estando en una noche de frío, alguien le hubiese descobijado dejándolo por completo desnudo a merced del clima. Y no se sintió cómodo con esas palabras, pero tampoco se lo daría a notar.

—¡Fue porque me tomaste por sorpresa! —se defendió, enrojeciendo al recordar aquel beso—. ¿Cómo iba yo a saber que me harías eso? Yo sólo fui a dejarte la tarea de literatura, no a buscarte a ti. ¡Porque supongo que viste la tarea!

—La vi —aseguró sin cambiar su expresión indiferente.

—¿Y no vas a disculparte? ¡Ya ves que no fue un pretexto! —señaló exaltado, tratando de que su voz no sonara molesta. Pero como lo estaba, le era muy difícil contenerse. Sus emociones eran las que estaban ganando y no debía permitírselo.

—Me disculparía si sintiera lo que hice, pero no lo siento —Jaejoong se enojó aún más. Era imposible, a estas alturas, no notarlo.

—¿Qué tú nunca te disculpas? —renegó evocando a su memoria la vez en que le hubiera golpeado. Él había estado esperado una disculpa de su parte, pero el frío actor nunca se disculpó con él y ahora que sabía que había sido un error de su parte tampoco recibía una merecida disculpa.

—No, si no es necesario. Además creo que tú también lo disfrutaste.

Jaejoong cerró los ojos por la furia y se dio la vuelta en sus patines para llegar hasta la banca y retirarlos de sus pies. Ese tipo le exasperaba y el impulso de golpearlo era cada vez más fuerte. No le quedaba más que irse a su habitación e ignorarlo si le daba por decirle que estaba huyendo de él.

—¿Sabes? —musitó al ver que el alto chico también se acercaba para retirar los patines de sus pies—. ¡No te soporto!

—Yo más bien creo que te gusto. —afirmó. Jaejoong se paró con los patines en las manos, apretando fuertemente su puño sobre la parte acolchada de los tobillos de los mismos. Era sumamente arrogante y engreído, cómo se atrevía a pensar que le gustaba. ¡Él no era gay! Le gustaban las mujeres, no los hombres.

—¡¡No te soporto, maldito bastardo!! Eres un engreído y arrogante, ¡y eso no quiere decir que me gustes! Me exaspera tu frialdad y tu forma de comportarte con los demás. Me dan ganas de golpearte cada vez que pienso en lo que me hiciste…

Changmin se puso de pie para quedar frente a Jaejoong, denotando así la diferencia de estatura entre ambos. El moreno actor era varios centímetros más alto, pero eso no intimidó al pelinegro, quien tenía un intenso rubor cubriendo sus mejillas, seguramente producto del enojo; pero sus ojos oscuros brillaban de una forma viva. Jamás había visto ojos que brillaran con tal intensidad al verle. Si por lo menos fuera un brillo distinto…

—¿Sólo por besarte me odias tanto? —Changmin cruzó los brazos frente a su pecho. Frente a él, Jaejoong esbozó una sonrisa socarrona—. Ni que te hubiera violado…

Ese simple comentario hizo que el color rojo sobre sus mejillas se intensificara. Jamás permitiría que Changmin volviera a poner un dedo sobre él. Pero sí que estaba equivocado al pensar que le odiaba, sólo le disgustaba de sobremanera. En su corazón no cabía el odio. Y sobre los motivos, ¿cómo era posible que no lo recordara?

—No lo recuerdas, ¿verdad? —casi aseguró, firme, ignorando su último comentario. Changmin descruzó sus brazos para verlo entrecerrando los ojos.

—¿Debería acordarme de algo? —preguntó con curiosidad.

—Hace un año… —comenzó, recordando lo sucedido.

—¿Acaso nos conocemos de antes? —Changmin le miró fijamente.

—¡¡Hace un año me golpeaste en el rostro y me hiciste perder una magnífica oportunidad de trabajo!! —estalló Jaejoong molesto—. Me rompiste la cara y por eso no te soporto. ¡Ni siquiera te disculpaste por lo que hiciste, infeliz! ¡Cómo quisiera romperte la cara como lo hiciste tú aquella vez!… ¡Y ahora con más razón! —se quejó, con los ojos centellando por la furia.

Changmin entrecerró los ojos, la mirada de Jaejoong era fascinante. Los destellos de color cambiaban según el estado de ánimo del chico. Pasaban de un color grisáceo cuando estaba calmado, a un intenso tono entre carbón y ámbar cuando estaba enojado como ahora. Se acercó a Jaejoong al ver que este mantenía el puño levantado.

—¿Por qué no lo haces?

Jaejoong sintió que Changmin lo estaba retando de nuevo. Le estaba retando a que lo golpeara, no se quedaría con eso. Por fin tenía la oportunidad de tomar revancha por lo que le había hecho hace un año y por lo que acababa de hacerle hacía unas horas. Así que sin vacilaciones, respondió al reto.

—¡Eso mismo voy a hacer! —aseveró soltando los patines y soltando el puño cerrado sobre el rostro del chico con fuerza y rapidez.

Pero Changmin ya lo esperaba venir, por lo que sólo se hizo un poco hacía un lado para que Jaejoong empujara su peso hasta su puño, consiguiendo irse hacía enfrente. Tomó su muñeca en el aire y con extrema facilidad le dobló el brazo lanzándolo contra la pared del gimnasio, mientras él se colocaba detrás y le jalaba el negro cabello por la nunca para que le viera.

—Pensé que eras más listo, Kim Jaejoong —murmuró a su oído—, si me golpeas te demando. —soltó en tono amenazante. El color en los ojos del modelo volvió a cambiar en ese momento y Changmin pudo darse cuenta. Estaba sorprendido.

—¿Eh? —¿Demandarlo? ¿Era capaz Changmin de demandarlo si le hubiera golpeado? Pero sólo era un pleito estudiantil. No tenía por qué llegar a más. Además, Changmin se merecía ese golpe. ¡Changmin era un idiota! Eso era, ¡un idiota!

El tibio aliento de Changmin golpeaba contra la piel de su nuca. Estaba demasiado alterado y le dolía el brazo por la forma brusca en la que lo tenía sujeto e inmóvil… No podía moverse sin ser lastimado. ¡Y él que pretendía caerle a golpes! ¡Ja! Ese tipo le hubiera ganado con facilidad.

—¡Basta! Suéltame —ordenó tratando de mover su brazo, pero al contrario de lo que pensaba, Changmin lo sujetó más fuerte—. ¡Ay! ¡Eso duele!

De un fuerte tirón, Changmin le dio la vuelta y le arrinconó contra la pared del gimnasio, tal como lo hubiera hecho en la habitación.

Era encantador ver el sonrojo sobre ese rostro blanco como la nieve. Parecía luchar consigo mismo por liberarse de su agarre, pero eran intentos muy débiles. Una extraña necesidad se apoderó de su cuerpo, quería volver a probar los labios del pelinegro frente a él. Y quizá algo más…

Había entrado con una sola intención al colegio y estaba frente a él. No podía desaprovechar su oportunidad. El modelito iba a pagarle lo que le hubiera hecho aquella vez en los estudios de grabación. Y ya sabía cuál era su punto débil. Él no era gay.

¿Que no lo recordaba?… ¡Claro que lo recordaba! Y muy bien, era imposible olvidar esa forma arrogante de llamarlo Témpano de Hielo Shim, y ese color de ojos. Y veía con agrado no sólo que el muchacho tampoco lo había olvidado, sino que después de un año le seguía guardando rencor por haberle golpeado. Pues él no le guardaba rencor por haberle lanzado los pedazos de la fotografía al rostro y por darle a la prensa semejante apodo. Todo lo contrario…

Buscaba dos cosas a parte de huir de los acosos de la prensa. Una era venganza y la otra, quizá… quizá no iba a conseguirla…

Jaejoong se sintió de nuevo asustado al ver y sentir el cuerpo de Changmin así de cerca. Su corazón comenzó a latir apresurado al ver la cercanía de aquellos labios sobre su rostro. Cerró los ojos y desvió la cara, evitando a toda costa que los labios del moreno fueran a apresar de nuevo su boca. Pero una mano delgada y fuerte se cerró sobre su barbilla obligándolo a voltear al frente.

—No…

Y la protesta de Jaejoong fue callada por los labios de Changmin que se cerraban sobre su boca, introduciendo su lengua dentro de ella, haciéndolo temblar de pies a cabeza, apoderándose de su voluntad y su deseo, como nunca antes alguien lo había hecho…

Él trataba de separarlo de su cuerpo con los brazos, pero los movimientos eran muy débiles y sólo lograban que Changmin le abrazara a su cuerpo aún más fuerte. Apresándolo, robándole el aliento, haciéndolo jadear buscando aire sin lograrlo…

Sintió algo duro chocar contra sus caderas y algo cálido que se deslizaba entre sus ropas. Quería gritar que se detuviera, pero su boca estaba invadida y su lengua enredada con otra igual que le impedía decir nada. Su corazón estaba a punto de estallar de lo fuerte que latía. Temblaba, y en poco tiempo ya no iba a pensar.

¿Por qué Changmin le hacía esto?

¿Cómo Changmin le hacía esto sin obtener de su parte mucha resistencia?

Sintió cómo la mano de Shim se cerraba sobre su miembro bajo el pantalón. Al no usar ropa interior le había resultado fácil dar con él. A pesar de tener compañías que le brindaban esas prendas. El pantalón deportivo que había seleccionado era de licra y la ropa interior se marcaba. Por eso no se la había puesto esa noche. Mala noche, porque al sólo contacto de los cálidos dedos de Changmin, su hombría había comenzado a crecer entre ellos, a pesar de que le daba la orden a su cerebro de no ceder, su cuerpo no respondía, parecía tener vida propia.

Su cuerpo se calentaba como si fuera leña en una chimenea encendida. Gritaba órdenes a su cerebro para que su estúpido cuerpo dejara de responder a las caricias que Changmin estaba dando sobre su miembro despierto. Los dedos de Shim se deslizaba de arriba a abajo sobre su intimidad y él, trataban inútilmente de detenerlo con sus manos sin lograrlo.

¡Quería gritar! ¡Quería dejar de sentirse tan malditamente bien! No, era Changmin, era el maldito actor que le quitó una magnífica oportunidad de trabajo. Era un hombre egocéntrico y engreído que además era gay y él no lo era.

¡¡No!! ¡Él no era gay!

—¡¡Nooo!! —gritó soltándose por completo y cayendo al suelo sin que Changmin lo detuviera. Por fin su cerebro había obedecido una de sus órdenes…

Levantó la vista al mismo tiempo en que ocultaba su erección con sus manos. La mirada del actor estaba fija sobre él. Se veía tan sereno, mientras él jadeaba por la excitación. Changmin ni siquiera parecía respirar de forma agitada, pese a que sí pudo apreciar que su excitación también estaba despierta.

—¿Quién está ahí?

Una voz les distrajo de cualquier cosa que pudieran decir y Jaejoong se levantó con esfuerzos apoyándose de la pared. Alejándose rápido de Changmin. No podía soportar el verlo. No quería estar un segundo más cerca de él, y la persona que se acercaba le daba la oportunidad perfecta para escapar.

—Soy… soy yo, Seon —logró articular en un jadeo.

Jaejoong vio al hombre delgado, bajito y mayor que se paraba delante de él. Aún estaba sonrojado y con la respiración entrecortada, pero el hombre pensaría que era debido al ejercicio al estar en la pista de patinaje, jamás se imaginaría lo que realmente había logrado detener. Por suerte, la playera larga que Changmin había sacado del pantalón deportivo, cubría perfectamente su miembro excitado.

—Ah, pequeño Joongie, eres tú —le reconoció el hombre que se acercaba sonriendo, sin percatarse de nada anormal en él… o en su compañero que estaba detrás—. ¡Oh! ¡Tú eres Shim Changmin! —señaló abriendo los ojos por la sorpresa. Jaejoong sólo se hizo a un lado, evitando a toda costa estar cerca del actor—. No deberías estar fuera de tu habitación después de las diez.

—Hm… —soltó escuetamente, inclinando la cabeza.

—¡Pero qué diablos! Si Joongie puede salirse para venir aquí, tú también —le sonrió.

Jaejoong aprovechó que Seongong retenía a Changmin para huir de ese hombre a quien estaba comenzando a odiar. Este lo observó sin poder seguirlo, porque para entonces Seongong ya le había tomado por el hombro y le hablaba sin parar para pedirle un autógrafo para su nieta.

Seongong… Seongong le había salvado de cualquier cosa que pudo haber ocurrido con Changmin en el gimnasio. Y el viejo Seongong le seguía diciendo pequeño… Bueno, él lo conocía desde que había llegado al colegio siendo sólo un niño, pero ahora tenía 20 años y el viejo le seguía diciendo pequeño. Por suerte, ahora detenía a Changmin; necesitaba alejarse de él.

Apenas había doblado por el pasillo fuera del gimnasio y comenzó a correr para llegar hasta su habitación lo más pronto posible. No quería toparse con Changmin en los oscuros pasillos de la escuela y ser partícipe de otra escena como la del gimnasio. Estaba asustado… muy asustado de la propia reacción de su cuerpo con alguien a quien se supone no soportaba. ¡Además él no era gay! ¡No lo era!… Entonces, ¿por qué su cuerpo respondía a unas manos delgadas y finas, pero que eran de otro hombre? ¿Por qué su boca al sentirse invadida por una más fuerte y poderosa, no había reaccionado dándole una mordida en el labio? ¿Por qué en lugar de defenderse del ataque de Shim Changmin, había estado tan receptivo?

Llegó corriendo hasta los pasillos de los dormitorios y abrió su puerta a la carrera cerrándola de inmediato. En su mente no paraban las preguntas a su estúpido cuerpo, pero este no le respondía de forma satisfactoria. Aún ardía…

Pudo sentir cómo en su espalda el picaporte se movía tratando de abrir la puerta. Su corazón latió fúrico al imaginarse que de nuevo sería Changmin, apoyándose para extender las manos sobre ella, tratando de bloquear la puerta para que no pudiera entrar. Como si fuera tan sencillo quebrantar la puerta con seguro, pero en su cabeza no cabía la cordura y sólo existía el temor a lo que estuvo a punto de pasar con ese actor…

—Ve… vete —articuló con la voz queda y nerviosa al percatarse que la persona detrás de la puerta seguía intentando abrirla.

—¿Jae?… Jaejoong, soy Yoochun, abre la puerta…

El pelinegro se sintió aliviado, como si al escuchar la voz de Yoochun le hubieran puesto una custodia que le salvara de miles de personas que quisieran atacarle. Su corazón comenzó a latir con tranquilidad, pero su excitación no cedía. Para disimular, dejó la playera de fuera y sólo después le abrió la puerta a su amigo.

—¿Por qué querías que me fuera? —preguntó al entrar por completo a la habitación—. ¿Dónde estabas? Te ves muy agitado.

Jaejoong sintió que el color subía a su rostro al imaginar que Yoochun pudiera saber por qué se sentía así, pero este dejó de preguntar y de verlo para comenzar a quitarse la bata que traía puesta.

—¿Qué haces? —murmuró totalmente sorprendido y sonrojado al ver lo que su amigo hacía.

—Ya vi que vienes del gimnasio —mencionó viendo la ropa deportiva que Jaejoong traía—. ¿Dónde dejaste los patines?

—¡Mis patines! —exclamó más aliviado, recordando que los patines los había dejado en el gimnasio al salir huyendo de Changmin—. Los olvidé en el gimnasio, aunque estoy seguro que Seongong los guardará por mí, mañana los recojo. Pero no me has dicho, ¿qué haces?

Yoochun se quitó la cinta que sujetaba la bata, Jaejoong pudo ver que bajo ella llevaba un pantalón de vestir arremangado de las piernas y una camisa perfectamente planchada. Llevaba los zapatos dentro de las bolsas de la bata larga. No era de extrañarse que alguno de los maestros se paseara por los pasillos después de las 10 y si alguien veía a Yoochun arreglado para salir, iría directo a detención. Pero si lo veían en bata, sólo diría que había ido por un vaso de agua a la cocina de la sala de estar.

—Necesito que me cubras y me prestes tu lazo para salir. Voy a verme con alguien en el bar cerca de aquí.

—¡Vas al bar! —brincó Jaejoong dándose prisa en sacar el lazo que mantenía oculto bajo la cama, mientras Yoochun terminaba de arreglarse—. Yo voy contigo. Realmente necesito un trago —afirmó de buen ánimo, tratando de olvidar todo lo que había pasado con Changmin en el gimnasio.

Yoochun tomó el lazo de sus manos y se dispuso a atarlo del barandal que estaba en la pequeña terraza de la habitación del modelo. Todos los amigos de Jaejoong sabían que tenía los medios para salir del colegio durante la noche sin que nadie se enterara. Sabía por dónde entrar y salir de la escuela sin que se enteraran los directores. Además de estar en un segundo piso de los dormitorios, no en el primero, que contaba con protectores en las ventanas y no en el tercero o cuarto, como para ocultarse entre las copas de los árboles o bajar por la soga que ataban a los barandales.

Yoochun estaba por bajar cuando Jaejoong se acercó dispuesto a seguirlo.

—No, Jae, no puedes venir conmigo esta noche —le negó deteniéndose por el lado exterior del barandal.

—¿Por qué no, Chun? ¡Realmente necesito un trago! —afirmó. No quería estar en su habitación y no quería pensar en lo que había pasado con Changmin hacía momentos atrás.

—Te traeré una botella, pero no puedes acompañarme. No esta noche. Otra noche iremos nosotros —concedió serio. No le gustaba negarle a su amigo la oportunidad de salir con él, pero esta noche tenía una cita importante.

—¡No te voy a molestar! ¡Te aseguro que ni sabrás que estoy allí! —aseguró tratando de convencerlo, pero el chico volvió a negar.

—Jaejoong —pronunció a forma de advertencia.

—¡Oh, está bien! —ahogó por fin sintiéndose derrotado. Tendría que conformarse con encerrarse en su cuarto y dormir.

—Por cierto, ¿no tendrás…? —comenzó Yoochun, un tanto incómodo.

—¿Qué? ¿No tendré qué?

—Algo para protegerte…

—¿Quieres que te preste un abrigo? —aventuró Jaejoong sin comprender. Estaba fresco, pero no tanto como para ponerse algo más encima.

—No me refiero a esa clase de protección, Jae. De la otra protección es la que hablo —el modelo lo observó confundido y Yoochun suspiró derrotado. Sería más sencillo pasar a una farmacia, pero ya iba algo tarde y la única farmacia que abría las 24 horas estaba algo retirada. Tendría que ser directo con lo que quería. ¿Por qué su amigo tenía que ser tan distraído?—. ¡Un condón, Jaejoong!

—Sí, sí tengo, ahora entiendo por qué no quieres que vaya —Jaejoong rió al entender—. Pero baja la voz, no quiero que mi antipático vecino se dé cuenta que podemos salir del colegio —entró de nuevo a su habitación y salió con un sobrecito para entregárselo a su amigo, quien al tenerlo en la mano comenzó a bajar por la soga—. ¡Pero mañana quiero detalles, Chunnie!

—Creí que no querías que supiera —indicó con gracia desde abajo, señalando la ventana abierta de la habitación de Changmin. Jaejoong sólo volteó a verla de reojo e hizo un ademán a Yoochun de que lo olvidara.

—¡Detalles! ¡Mañana!

—¡Claro que no! —renegó dándole la espalda y corriendo rumbo a las bardas del colegio.

Jaejoong sonrió por lo que había dicho Yoochun. Cuántas veces no habían hecho lo mismo, escapar durante la noche a un bar cerca de la escuela. Ya sabía lo que tenía que hacer, pero por primera vez no le gustaba…

Tenía que dejar la ventana de su cuarto abierta y la soga colgada, para que cuando Yoochun llegara pudiera entrar por su cuarto, para llegar al suyo. Eso sería en la madrugada…

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, cuando se giró en su pequeña terraza y pudo ver la ventana del cuarto de Changmin abierta y las cortinas traslucidas agitándose con el viento de la noche.

La habitación estaba por completo a oscuras y no se veían señales de Shim en la terraza que le indicara que se había enterado de lo que hacían. Era imposible que su otro vecino se enterara de algo. Tenía el sueño muy pesado, si ocurría un terremoto, era casi seguro que ni se daba por enterado.

Entró de nuevo a su habitación recordando lo que había ocurrido en el gimnasio. Y maldiciéndose a sí mismo por sentirse tan asustado con Changmin. Siendo un modelo, tenía que lidiar con esa clase de sucesos, aunque no eran muy frecuentes, de vez en cuando le había ocurrido que alguno de los empresarios que quería contratarlo para alguna campaña le hiciera proposiciones con la condición de firmar el trato. Sabía cómo manejarlos… a ellos. ¿Por qué con Changmin no había podido?

Entró al baño para darse una ducha de agua helada. La excitación que había sentido con Changmin no terminaba por alejarse de su cuerpo.

Se despojó de las prendas una por una y las dejó tiradas en desorden por el suelo del baño. No se podía decir que fuese ordenado, solía tener toda su ropa tirada por el cuarto, las mucamas del colegio limpiaban y acomodaban sus habitaciones, esa era la ventaja de estar en un colegio de paga tan caro. Y el motivo por el que la tarima de su colchón servía para ocultar la soga con la que escapaba por las noches, los cigarros y el alcohol; para que las mucamas no fueran a encontrarlo y se lo reportaran al director.

Abrió el agua fría y se metió bajo el fuerte chorro tratando de calmarse. Ojalá hubiera acompañado a Yoochun al bar, conocía a algunas cuantas chicas en él con quienes hubiera podido divertirse y lograr calmar la excitación que aún con el agua fría no quería ceder.

Sacudió la cabeza en negativa al darse cuenta de que estaba por completo solo en la habitación de su baño.

¿Para qué hacerla ceder si estaba solo?

Abrió el agua caliente para nivelar la temperatura del agua y comenzó a evocar las imágenes de sus amigas en la cama. Las miles de veces en que se había acostado con ellas era el mejor indicativo de que no era gay. Incluso había mantenido una relación amorosa con Boa, hacía un par de años. Quizá no habían funcionado como novios y ahora eran los mejores amigos, pero durante el tiempo que estuvieron juntos, varias veces hicieron el amor y le había gustado mucho.

Quizá era lo que más extrañaba de Boa…

Mientras pensaba en cada una de las chicas con quienes se había acostado, había dejado que su mano bajara hasta su parte más sensible. Dejaba que sus dedos rozaran la piel de su miembro suavemente, arrancándole un estremecimiento al hacerlo.

Acariciándolo despacio había vuelto a estar firme y palpitante, esperando por la atención que le daba con sus propias manos.

Había dejado de ser un adolescente que se masturbaba un día sí y otro también, pero no podía olvidar que a veces era necesario. Lo sentía necesario y más estando encerrado en un internado, donde no podía salir todas las noches en busca de compañía. Y con su apariencia, conseguir chicas era de lo más sencillo.

Pero ahora no iba a salir, y calmar la excitación que crecía en su entrepierna era algo que se hacía cada vez más urgente. Imaginaba, mientras se acariciaba a sí mismo, que otras manos lo hacían por él… Que unas manos delgadas y fuertes…

Abrió los ojos en sorpresa cuando por su cabeza pasó la imagen de Changmin… ¡No! Era culpa de Changmin que su cuerpo estuviera como estaba, ¡pero no tenía por qué imaginárselo! ¡No! Debía pensar en las chicas, en ellas… no en Changmin…

—¡Ahh!

Un gemido escapó de su boca al comenzar a mover sus manos con mayor rapidez, acelerando su respiración, dejando que los jadeos continuos se ahogaran en su garganta y que a pesar del agua, el sudor perlara su frente.

—Mm, ¡ahhh!

Un último grito y la semilla escapó perdiéndose entre los azulejos del suelo del baño, escurriéndose hasta la rendija del desagüe.

Se había quedado recargado en la pared del baño esperando que su respiración se normalizara. Recargando su cabeza contra los fríos azulejos, dejando que sólo su cuerpo recibiera el agua templada de la regadera.

—Ah…, ah… ¿Por qué…? —cuestionó a la nada con la respiración entrecortada—. ¿Por qué sigo pensado en eso?

Sí, aun cuando hacía esfuerzos enormes por apartarlo de su cabeza, no lograba eliminar lo sucedido en el gimnasio. Aun cuando peleaba por sacar a flote sus recuerdos con otras chicas, la imagen de Changmin besándolo, torturándolo con sus manos, parecía ser aún más fuerte.

Se incorporó firme, sintiendo que su respiración estaba ya normalizada, tomando una toalla para secar su cuerpo. Lento, dejó que la tela de la toalla recorriera su cuerpo adolorido por el calor del agua. Había pasado mucho tiempo bajo ella y su piel lo estaba resintiendo.

Se sentía adolorido del pecho por la forma en la que Changmin lo había empujado a la pared del gimnasio y también le dolía el brazo derecho por la brusca manera en que el maldito lo había sujetado.

Quizá descansando un poco se sentiría mejor y dejaría de pensar en lo sucedido en el gimnasio. Convenciéndose de ello, ató la toalla a su cintura y se dispuso a salir para buscar su pijama y secar su cabello.

El pijama lo tenía en una de las cómodas de su habitación, así que se cambiaría afuera. No le importaba hacerlo, ¿quién dentro de ese lugar podría verlo? Y si alguien le veía, ¡qué importaba! Era un modelo y estaba acostumbrado a cambiarse delante de otros.

Apenas había dado unos pasos fuera del baño cuando vio algo sobre el centro de su cama que llamó su atención. Se acercó para ver mejor.

—¡Mis patines! —saltó al verlos en medio del colchón—. ¿Cómo llegaron hasta aquí?

Tomó los patines entre sus manos y fue entonces que notó la pequeña nota dentro de uno de ellos. La tomó y comenzó a leerla.

Sus mejillas se encendieron y el corazón comenzó a acelerarse presuroso al darse cuenta de quién era esa nota y aún más al saber lo que significaba aquello.

—¡Maldito desgraciado! —profirió enojado, frunciendo el ceño haciendo trizas la nota y arrojándola al cesto de la basura que a esas horas estaba vacío—. ¡Infeliz! —bramó con enojo, acercándose a la carrera hasta la puerta de su habitación y cerrándola con llave, para después sacar su pijama del cajón y cambiarse de forma violenta, entrar a la cama y cubrirse hasta la cabeza.

Pero de su cabeza no desaparecían los sucesos del día, y mucho menos las palabras de la nota:

“Si necesitas ayuda con lo que hacías en el baño… Búscame. 
                             SC.”

Daba vueltas en su cama presa de la indignación, tratando de dormir sin poder lograrlo. Recordando cada una de las palabras de esa nota en sus patines. Ese maldito infeliz de Shim había entrado en su habitación y le había espiado en el baño mientras se masturbaba. Eso le indignaba y le ponía furioso. Si hubiera sido otro de sus compañeros, quizá se hubiese sentido avergonzado, pero siendo el actor que hacía unos minutos se había atrevido a tocarle de una forma en que jamás creyó posible ser tocado, eso le enfurecía.

Se levantó bruscamente de la cama a sabiendas que no podría conciliar el sueño hasta que hiciera algo con lo que sentía. Quizá ir a su habitación y lanzarle un puñetazo en la cara aunque este lo demandara.

—Sí, eso mismo voy a hacer… —se dijo a sí mismo con determinación, levantándose de un salto de la cama.

No se preocupó por buscar sus pantuflas, el coraje y la indignación hacían que no sintiera el frío del mármol en el suelo. Y totalmente descalzo quitó el seguro a su puerta y se dispuso a seguir hasta la habitación que pertenecía a Changmin.

Se plantó frente a la puerta con determinación, imaginando cuál sería la reacción del actor al verle. ¿Se sorprendería de verlo parado frente a su puerta? ¡Claro! Tenía que sorprenderse, tanto porque pensara que iba a aceptar sus palabras, como si no las aceptaba. Pero lo que le tomaría por completo desprevenido, sería su puño estrellándose contra su cara.

Imaginarse al actor yéndose de espaldas por la fuerza del golpe le hacía sonreír de forma involuntaria. Verlo al siguiente día en el salón con el ojo morado, sería la mejor recompensa a todo lo que había tenido que pasar ese día.

Se dispuso a levantar la mano para golpear a la puerta, cuando una segunda imagen llegó hasta él. El cuerpo del actor previendo su ataque y haciéndose a un lado, para de nueva cuenta tomar su brazo y doblárselo por la espalda, dejándolo por completo a su merced y dentro de su habitación.

Un estremecimiento le recorrió al recordar lo sucedido en el gimnasio. Shim Changmin era cinta negra en Taekwondo, por lo cual debía saber ver los futuros ataques de sus oponentes en sus ojos. Y para su desgracia, sus ojos eran como un libro abierto. ¡Cuántas veces no se lo habían dicho! Sus ojos reflejaban todo lo que pensaba…

—¡Maldición!… —murmuró para sí mismo bajando la vista junto con su mano. No iba a poder sorprender a Changmin con un golpe. Seguramente estaría esperando algún tipo de reacción a esa nota. Quizá la había dejado con el firme propósito de que fuera a su habitación a reclamarle y así poder reanudar lo que había quedado inconcluso en el gimnasio—. No, no voy a caer en tu juego. —masculló sonriendo, comprendiendo por fin el propósito de esa nota.

Giró sobre sus talones y regresó más calmado a su habitación. Sus ojos se clavaron en el cesto de la basura, ahí donde un montón de pedazos de papel se esparcían en el fondo como una fina alfombra. Ver todos esos pedazos le recordó algo y tomando el cesto, sacó todos los trozos con su mano y se apresuró a meterlos a la bolsa del saco de su uniforme. Así no se le olvidarían por la mañana.

Con la idea del desquite en su cabeza, volvió a entrar en la cama y se dispuso a tratar de dormir. Ya era pasada de la media noche y seguramente Yoochun volvería antes del amanecer.

—Mañana me desquitaré —se convenció con una sonrisa en el rostro, mientras cerraba los ojos para disponerse a dormir.

Pero su sueño no fue reparador, había tenido pesadillas. Soñaba con un Changmin gigante que se lo quería comer y gozaba con golpearlo en el rostro una y otra vez. O le doblaba el brazo haciéndolo sufrir. Se sentía como un niño indefenso a merced de un niño mayor en la escuela, un niño que se empeñaba en golpearlo si no le daba su almuerzo o el poco dinero que le daban. ¡Y vaya ironía! Porque para colmo de males, el desgraciado era un año menor.

Se despertó sudando, poco antes de que su reloj diera la hora de levantarse. Lo primero que vio sobre el buró fue la botella de vino que Yoochun le había traído. Se estiró sobre la cama para tomarla entre sus manos, nada le hubiera dado más gusto que tenerla la noche anterior para caer dormido de forma inmediata y dejar de sufrir pesadillas. Pero ahora que la tenía, iba a tener que guardarla para disfrutarla por la noche. A razón, se dispuso a guardarla bajo la tarima de la cama para que no la encontraran, junto con los cigarros, la soga para escapar del colegio y las cartas de póquer y domino.

Llenándose de paciencia se preparó a arreglarse y peinar su cabello que debido a que la noche anterior no lo había secado correctamente antes de echarse a la cama, ahora lucía totalmente revuelto e inmanejable. Y mientras, sólo para matar el tiempo, recordaba los motivos por los que ya no les dejaban hacer muchas cosas.

Antes podían recibir paquetes de sus familiares, pero en una ocasión, se mandó a sí mismo una caja llena de botellas de soju y al ser sorprendido en la sala de estar del ala Este, además de tenerlo en suspensión por una semana al haber emborrachado a sus compañeros, también fueron suspendidas las entregas de paquetes de los familiares.

Antes se les permitía tener juegos de mesa en sus habitaciones, los cuales llevaban a la sala, incluso los maestros a veces se ponían a jugar bingo o monopolio con ellos. No faltaba quién trajera calabozos y dragones u otro juego del mismo tipo. Pero a él le gustaban los juegos de azar en los que se podía apostar, y llevó el póquer y el domino y comenzó a hacer apuestas entre sus compañeros. Al principio eran apuestas sencillas, de unos cuantos centavos, pero se fueron incrementando hasta que fueron varios cientos de dólares. El director llegó una noche a la sala al escuchar el escándalo dentro y se topó con una mesa llena de dinero y las cartas del póquer en la mesa. Esa vez estuvo dos semanas en suspensión junto con los participantes del juego y se les confiscaron todos los juegos. Ahora sólo se permitían las damas chinas y el ajedrez.

Antes podían celebrar su cumpleaños en la sala y se mandaba comprar un pastel para que este se partiera entre los compañeros. Pero en el cumpleaños número 17 de Yoochun, había mandado comprar un pastel que medía casi metro y medio. Había sido una sorpresa para los guardias el recibirlo y aún más para el director cuando al entrar a la sala para ver qué harían con el pastel, se encontró a una mujer saliendo del mismo y bailando más que provocativa a los chicos. Y vaya que no sólo los chicos disfrutaban de la chica del pastel, había sorprendido a los mismos guardias en la fiesta… Esa vez estuvo dos meses en suspensión junto con Yoochun y se prohibió la entrada de pasteles mayores a 30 centímetros.

Indudablemente antes podían pedir comida por teléfono, generalmente era en las noches y en fines de semana. La pedían a un restaurante cerca de la escuela y la dejaban en la caseta de seguridad. Pero en una ocasión había mandado solicitar un banquete para cien personas, incluyendo meseros y variedad. El director tuvo que despedir a los meseros y la variedad, pero permitió la entrada de la comida. Cuando entró a la sala del ala Este para pedirles que la comida que sobrara la llevaran a la cocina para que se guardara, lo recibió una cacerola de sopa en la cabeza. Habían hecho una guerra de comida con todo lo que había sobrado… Esa vez además de estar en suspensión por un mes, tuvo que lavar toda la sala hasta que quedara reluciente. Desde entonces se prohibió solicitar comida a los restaurantes.

Antes podían hacer llamadas a cualquier hora, para eso estaban los teléfonos de la sala de prensa o el teléfono de la sala de estar. Hasta que un día el director los sorprendió llamando a una Hot line… Todos los involucrados estuvieron en detención por una semana, ahora no existía el teléfono de la sala y para llamar a alguien había horarios en los cuales las secretarías se encargaban de hacer la llamada y dirigirla a la sala de prensa donde ellos debían contestar.

Vaya que tenía mucha culpa de las nuevas normas en la escuela, pero eso no le impedía divertirse. Cuando era más chico, aún se había divertido escondiendo a los profesores los borradores o las tizas, así no habían podido dar clases a tiempo. O había encerrado a alguno de sus compañeros en el baño de niñas. Ahora, siendo más grande, podía salir del colegio rumbo al bar.

Giró sobre su eje al ver en el suelo la cajetilla de cigarros, seguramente se le había olvidado guardarla. Corrió para esconderla.

No, fumar siempre estuvo prohibido, de eso no podían echarle la culpa a él.

Un golpe en la puerta le distrajo de sus pensamientos y dibujó una enorme sonrisa al recordar sus travesuras en la escuela.

—¡Jae, ya es hora! —escuchó la voz de Yoochun detrás de la madera.

—Ya voy, Yoochun —gritó en respuesta, tomando el saco de su uniforme en sus manos junto con sus libros.

Este giró la vista al escuchar la puerta contigua a la habitación de Jaejoong siendo abierta, vislumbrando a un muy serio Shim Changmin que salía de ella usando el uniforme completo, el portafolio con sus libros bajo el brazo.

Yoochun inclinó la cabeza en señal de saludo cuando sus ojos chocaron con la mirada del actor. Changmin inclinó la cabeza en respuesta y caminó altivo rumbo a las escaleras que le llevarían al comedor del primer piso.

Era extraño ese actor. Esperaba que le hubiera hecho lo mismo que a Boa, que le hubiera dejado esperando una señal de saludo, pero Changmin le había respondido muy cortés. Quizá no era tan huraño como todos decían y tenía algún motivo para actuar como lo hacía.

—¡Buen día, Chun! —saludó Jaejoong con alegría, abriendo la puerta.

—Buen día, Jae. Vamos a desayunar —le indicó conforme comenzaba a caminar, dejándolo atrás.

Jaejoong parpadeó un par de veces al ver a Yoochun caminar tan apresurado, tan sólo para notar después cómo la inconfundible figura de Changmin desaparecía un poco más delante, por los escalones que daban al primer piso.

El simple hecho de ver su espalda le hizo recordar el incidente de la noche anterior. Sintió el coraje regresando y el intenso rubor cubriendo sus mejillas. Iba a tomar revancha por lo que le había hecho. ¡Claro que iba a hacerlo!

—¿No vas a desayunar? —la voz de Yoochun le sacó de sus pensamientos, volteando para localizarlo de pie justo al lado de las escaleras, esperándole.

—¡Claro! —se apuró para alcanzarle.

El comedor se encontraba lleno a esa hora de la mañana. El día anterior muchos no habían llegado temprano por ir llegando de sus casas, pero el día de hoy todos estaban en la escuela. Quizá algunos no desayunaran o padecieran de bulimia o anorexia, pero ni Yoochun ni Jaejoong tenían esos trastornos alimenticios y ahora se encontraban eligiendo lo que iban a comer.

Jaejoong insistía en preguntarle a Yoochun por su cita, pero él ignoraba olímpicamente la insistencia del modelo.

—¡Vamos, Chun! Dime, ¿quién es la afortunada? —insistió una vez más, tomando un vaso de jugo de naranja para depositarlo en su charola.

—No voy a responder tus preguntas, Jaejoong —volvió a responderle, tomando un plato de frutas.

—¡Vamos! ¿Qué te cuesta? ¿Es alguien de la sinfónica? —Jaejoong pudo ver el ligero color rosa en las mejillas de su amigo—. ¡Lo sabía! —se elogió de forma triunfal, siguiendo al chico hasta las mesas.

Yoochun se había puesto a mirar hacia los lados, mientras Jaejoong seguía preguntando sobre la chica de la sinfónica con la que, supuestamente, se había encontrado la noche anterior. El pelinegro hacía demasiadas preguntas y no quería contarle nada, quizá lo hiciera más adelante, pero no ahora. Tenía que buscar una forma para que el modelo dejara de torturarle con su interrogatorio y al girar la vista hacia una de las mesas, encontró lo que buscaba.

—Vamos a esa mesa —le señaló, logrando que Jaejoong callara de forma abrupta.

Su mirada se dejó caer sobre la única persona que ocupaba una de las mesas del recinto. Se veía tan imperturbable como siempre, con la vista perdida en un libro, mientras picaba distraído un plato con frutas. Su uniforme estaba pulcro y completo, ni una sola arruga sobre el cuello de su camisa o el saco. Sus zapatos negros muy bien lustrados. Parecía todo, menos humano. ¡Parecía un fino maniquí de aparador que lucía un traje a la venta!

Enarcó sus cejas con disgusto, ¿cómo pretendía Yoochun que se sentara en la misma mesa que Shim Changmin?

—¿Estás loco? —cuestionó viendo a su amigo a los ojos—. Ese tipo y yo no nos soportamos.

—Eso no lo sabía —Yoochun levantó una ceja suspicaz, mientras caminaba a otra mesa desocupada, cerca de donde Changmin estaba—. Pensé que eras tú quien no lo soportaba. O… —alargó sentándose frente al modelo—, ¿por fin te ha reconocido?

Un intenso rubor cubrió las mejillas de Jaejoong cuando escuchó la pregunta de su amigo. No, Shim Changmin no parecía reconocerle, pero quizá con lo que iba a hacerle lo recordaría por siempre.

—No me recuerda, pero lo hará —afirmó contundente.

—¿Hubo algún problema con la tarea que no me hayas dicho? —inquirió al ver que el rubor en las mejillas del pálido chico se incrementaba aún más al preguntarle.

—N… no —balbuceó nervioso.

—¡Buen día, chicos! —la alegre voz de Boa les distrajo y Jaejoong suspiró para sí mismo, daba gracias que la pelicorto hubiese interrumpido.

—Buenos días, Boa.

—¡Buen día, Boa! —saludó Jaejoong de lo más alegre—. Pensé que hoy no desayunarías con nosotros —mencionó al empezar a comer lo que había en su plato, a lo que recibió la mirada de la chica a su lado.

—¿Por qué no? Todos los días desde que nos conocemos hemos desayunado juntos. ¿O es que ya no me quieren en su mesa? —enarcó las cejas con disgusto.

—¡No, no, no, no, no mal interpretes Boa! —aclaró a toda prisa el modelo, moviendo las manos en negativa para reforzar sus palabras—. Lo que pasa es que como desde ayer le prestas más atención a ese actorcillo, pues yo pensé…

—¡Cómo se te ocurre, Kim Jaejoong! —le interrumpió, logrando que ambos chicos en la mesa le miraran—. Está bien que me gustaría conocerle y ser su amiga, pero yo no voy a importunarle —desvió la vista para ver al actor, que parecía no prestarle atención a otra cosa que no fuera su libro—. Además, está estudiando. —murmuró de forma seria y triste.

Jaejoong giró la vista para ver al actor que estaba en la mesa cerca de la suya. No creía que estuviese estudiando nada, el único maestro que había dejado tarea era el de literatura. Levantó un poco la vista para ver el cómo un grupo de chicas se acercaba sonrientes hasta al actor.

—A ellas no parece importarles el que esté leyendo —señaló al grupo que dejaba su charola en la mesa del actor y le sonreían muy platicadoras—. Pero me imagino que ya se encargará él de hacérselos saber.

Yoochun y Boa también giraron su vista para ver lo que Jaejoong señalaba, justo en el momento en el que lo hacían, la mirada penetrante de Changmin había recaído sobre las chicas. Habían podido verlas callar de golpe, retirándose entre silenciosas y asustadas para dejarlo de nuevo solo.

—No cabe duda que la mirada del Témpano de Hielo Shim es aún más peligrosa que sus palabras —declaró el modelo riendo, arrancándole una risa baja a Yoochun.

—Deja de decir eso, Jae —recriminó su amiga molesta, de nueva cuenta intentando defender la actitud de Changmin—. Quizá esas chicas le molestaban, hablan demasiado, hasta a mí me molestan.

—Yo creo que lo que quiere es un poco de compañía masculina, seguramente a ellos no los espantaría con esa mirada de hielo y quién quite y alguno podría derretirlo —se burló entre carcajadas, contagiando una vez más a Yoochun.

—¡BASTA DE BURLAS, JAEJOONG! —bramó la pelicorto parándose de la mesa totalmente molesta, a lo que tanto Jaejoong como Yoochun guardaron silencio mientras, a unos metros, Changmin también miraba a la pelicorto—. No tienes derecho a hacer insinuaciones de ese tipo, no voy a permitírtelo. —aseveró ya más calma al ver que todos le miraban, sentándose de nuevo en la mesa totalmente ruborizada.

Changmin observó al trío en la mesa cerca de él, ahí donde estaba el modelo, diciendo quién sabe qué cosas con las que habría hecho molestar a su amiga. Sus ojos chocaron por segundos con los del susodicho, pudiendo ver el rubor que pronto cubría a aquellas extremadamente pálidas mejillas. Pero el modelo no le había sostenido la mirada, la había retirado veloz. Había estado esperando su reacción a la nota toda la noche, pero nunca llegó. Quizá no era tan predecible como lo había pensado. Por un momento había creído que iría hasta su puerta para reclamarle por la nota o para tratar de golpearlo como lo había intentado en el gimnasio, pero al parecer había decidido ignorarla.

—Lástima —se dijo con pesar, levantándose de la mesa para dejar la bandeja a la salida del comedor e ir rumbo al salón a seguir leyendo—. Me hubiera gustado seguir con el juego que habíamos comenzado.

Jaejoong alcanzó a vislumbrar la figura de Changmin levantándose de su lugar rumbo a la salida del comedor. Era su oportunidad, por lo que dejó de prestar atención a lo que Boa le reclamaba.

—Tranquila, Boa —le concilió Yoochun—. Ya sabes que Jae sólo está bromeando, no debes tomártelo tan a pecho.

—Pero es que… —intentó comenzar ella.

—¡Nos vemos en clase! —clamó parándose a la carrera, recogiendo su bandeja para salir del comedor y dejar tanto a Boa como a Yoochun igual de confundidos.

Jaejoong caminaba con seguridad por los pasillos que llevaban a los salones. Aún era muy temprano como para que el resto de los alumnos anduvieran por ahí, la mayoría estaba todavía en el comedor y aquellos que no desayunaban, seguramente a penas se estaban vistiendo para presentarse en clases unos minutos más tarde.

Se había ido colocando el saco mientras caminaba, dejando que sus ideas se ordenaran. Tenía que ser algo perfecto, la revancha de lo que le había hecho Changmin la noche anterior quedaría saldada sin que le tocara.

Dejó deslizar su mano por fuera de la bolsa del saco y sintió entonces el ligero abultamiento que ahí se guardaba. Eso era lo que necesitaba para desquitarse. Llegó hasta la puerta de su salón y se detuvo mirándola fijamente. Sabía que Changmin estaba dentro, y solo. Respiró profundamente y la abrió.

El salón estaba por completo desolado, nada más la última silla de la primera fila se encontraba ocupada por aquel insoportable actor. El muy infeliz ni siquiera había levantado la vista de su libro al escuchar que la puerta se había abierto. Mejor para él, así le sorprendería.

Caminó sintiendo que su corazón se salía del pecho. Changmin continuaba leyendo sin imaginarse lo que estaba a punto de hacerle. Quizá no iba a golpearlo como seguramente Shim esperaba que lo hiciera, pero para el orgullo del actor, sería algo parecido.

Sus pasos se detuvieron frente al pupitre del actor. Desde esa distancia el aroma a colonia llegaba hasta sus sentidos comenzando a marearlo. ¿Qué tal que las cosas no salían como las tenía pensadas? ¿Qué tal que Changmin le golpeara como se supone debió hacerlo cuando lo había hecho por primera vez? ¿Qué tal si…?

—¿Vienes a responder la nota?

Las frías palabras de Changmin le distrajeron haciéndolo voltear hacia abajo. Su profunda mirada se había clavado en aquel rostro blanquecino haciéndolo sonrojar. ¿Que si venía a responder la nota? ¡Claro que sí!

La sonrisa que el más alto vio dibujada en el rostro del modelo se le hizo extraña. Esperaba una mueca de disgusto como la del día anterior, pero no una sonrisa. Una sonrisa que no era de felicidad, ¿qué tramaba el pelinegro?

Jaejoong dejó deslizar la mano dentro de la bolsa del saco de su uniforme sin borrar la sonrisa de su rostro. Changmin se las iba a apagar.

—¡Esta es mi respuesta, infeliz!

Los ojos de Changmin se cerraron instintivamente al sentir la lluvia de papelitos de color amarillo golpeando contra su rostro. Un sentimiento de déjà vu le inundó. Se sentía trasportado un año atrás, cuando el modelo le había lanzado a la cara su fotografía hecha pedazos… Lo había repetido, ahora con la nota, se había vengado. Era mucho peor a que le hubiese golpeado. Bien, él sabía el punto débil del modelo, pero el modelito sabía el suyo.

Abrió los ojos sólo para notar cómo el mayor se carcajeaba alejándose de su lugar de camino a la puerta. No podía permitirlo.

Jaejoong se sentía feliz, la dicha inundaba el pecho, era como si hubiese golpeado a Changmin con todas sus fuerzas y lo hubiese dejado noqueado. Ahora sabía cómo se sentía David al haber vencido a Goliat. Quizá no lo había golpeado físicamente, pero sí moralmente al haberlo rechazado de esa forma. Estaba dichoso y no habría nada que le quitara ese sentimiento.

Estaba a punto de abrir la puerta para regresar al comedor con toda la felicidad desbordándose de su pecho, cuando sintió que alguien la cerraba fuertemente sin darle tiempo de salir, tomándolo por el brazo y haciéndolo girar al tiempo en que sus libros caían al suelo y se azotaban contra él; el sonido retumbó en el salón completamente solo.

Abrió los ojos asustado, topándose con aquella mirada penetrante muy cerca de su rostro, sintiendo que el corazón le martillaba con furia en su pecho. Los ojos de Changmin parecían filosos cuchillos dispuestos a rebanarle el cuello. No contaba con esa reacción, no esperaba que el moreno se levantara de su asiento y le dijera algo… ¿o no iba a decirle nada?

—Buena jugada —admitió observándolo fijamente, dibujando una mueca en sus labios—. Pero me toca a mí hacer mi movimiento…

Jaejoong abrió la boca dispuesto a responderle algo, pero fue asaltado de nuevo por unos fuertes labios que se apoderaban de los suyos obligándole a callar. Su corazón volvió a latir con fuerza, haciéndole doler el pecho. La lengua de Changmin había entrado aprovechando que tenía la boca abierta. Le asaltaba, le torturaba de una forma en que jamás pensó llegara a suceder. ¿Cuántas veces era que lo había hecho? Tres veces, contando esta, desde la noche anterior, y cada vez más salvaje que la anterior. Acaso algún día él…

¡No!, repitió en su cabeza de forma vehemente, comenzando a moverse para separar al actor de su cuerpo. Sus manos luchaban por apartarlo de su lado, pero cada vez que empujaba, Shim lo sujetaba aún más fuerte haciéndolo perder casi el conocimiento. Su mira permanecía abierta, así que podía ver cómo Changmin permanecía a ojos cerrados mientras le besaba. Algo muy dentro le pedía hiciera lo mismo, que los cerrara, pero no iba a ceder.

No iba a ceder…

Pero su cabeza gritaba órdenes que no eran obedecidas por su cuerpo. Su corazón latía a toda prisa consiguiendo que algo en su entrepierna despertara, momento en el que una intensa oleada de calor le recorrió por completo haciéndole temblar. Había terminado por cerrar los ojos sin que lo hubiese pensado. Changmin parecía saber muy bien lo que hacía, porque al ver que comenzaba a ceder, había dejado de aplicar fuerza en el abrazo.

Sus ojos se abrieron al percatarse de algo tibio que se escurría por su pecho, y fue con rudeza que empujó aquel cuerpo frente a él. ¿En qué momento Changmin había abierto su camisa para dejar deslizar su mano hasta su piel?

Lograba escuchar la respiración acelerada de Changmin y la suya propia. Aquellos ojos le veían de forma extraña, mientras que él por su cuenta no podía sino lucir confundido. Un intenso rubor cubrió sus mejillas. Esto se había salido de control. Deslizó su mano temblorosa hasta su espalda, temeroso de que el actor pudiera intentar sujetarlo de nuevo en cuanto se volteara, y es que no quería darle esa ventaja.

Empujó la puerta y salió corriendo rumbo al baño. Necesitaba calmarse, necesitaba tranquilizarse y pensar qué iba a hacer ahora con Changmin. Abrió la llave del agua y dejó caer un gran chorro en su cara, tenía que tranquilizarse.

La presencia de Changmin en el colegio iba a ser un infierno.

Comenzó a sentirse furioso. Changmin de nuevo le había asaltado. Era como liarse a golpes con alguien, sólo que el moreno usaba, en lugar de los puños, sus labios. Si usara los puños, tenía más oportunidad de ganarle. ¿Era acaso que Changmin le estaba ganando? ¡No! Jamás iba a dejarse vencer por ese actorcillo.

Cerró la llave del agua y se dispuso a regresar al salón. Esta vez no iba a dejarse. La vez que lo besó en el cuarto lo había dejado pasar. La vez del gimnasio estaba demasiado asustado como para responderle. ¿Pero esta vez? Esta vez no se iba a dejar. Changmin podía ser gay, pero él no lo era. Quizá su cuerpo respondía a las caricias, como respondería ante las de cualquier chica. No era que él fuese gay, ¡claro que no lo era! Y ahora se lo iba a demostrar.

Las voces resonaban dentro del salón, faltaban pocos minutos para que la primera clase diera comienzo por lo que ya habían empezado a llegar algunos cuantos alumnos. Abrió la puerta vio enseguida a Boa y a Yoochun platicando al final de la cuarta fila. En los primeros bancos de las últimas filas había otros tantos chicos sumidos en su mundo. Y al final de la primera fila, estaba su enemigo: Shim Changmin, leyendo su maldito libro.

Enarcó las cejas con disgusto al verle, esta vez no se iba a dejar. Mentalizado, caminó de nuevo completamente decidido. Se había acomodado el saco y cerrado de nuevo la camisa. El infeliz lucía como si nada hubiese pasado, ¡pero claro que había pasado! El muy desgraciado hasta se había tomado la molestia de recoger los libros que le había tirado y los había dejado sobre su banco.

Se detuvo delante de la silla de Changmin al tiempo en que Boa y Yoochun volteaban a verlo con confusión. El alto chico levantó la vista al ver los zapatos negros de pie frente a él, y fue al tiempo en que subía la mirada pudo ver los ojos negros bañados en ámbar, cargados de enojo, y cómo algo se azotaba fuertemente contra su rostro.

El fuerte golpe lo tomó de sorpresa lanzándolo al suelo.

—¡DEMÁNDAME, NO ME IMPORTA!

—¡Jaejoong! —se alertó Boa al ver al chico a los pies del pelinegro, mientras Yoochun detenía al modelo por ambos brazos para evitar que se le fuera a golpes al actor.

Los ojos profundos de Changmin contemplaron con asombro las facciones molestas del modelo. Sus ojos oscuros parecían ocres por el enojo, sus cejas arqueadas con disgusto mientras el color carmesí pintaba sus mejillas blancas. La pasión le embriagaba por dentro, podía verlo respirando agitado, luchando contra los brazos de su amigo para que le soltara.

«Hermoso» pensó para sí mismo, mientras limpiaba el hilillo de sangre que escapaba de su labio reventado.


❥ Fin del Capítulo Uno. 




¹ BIFF, es la conocida abreviatura del Busan Internacional Film Festival.



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Bienvenidos sean a mi primer proyecto de adaptación, espero que este primer capítulo les haya gustado.

Como pequeña aclaración, debo decir que aquí a diferencia de otras historias, los personajes se ubican en Busán, que es donde se localiza también esta escuela de artes a la que los chicos asisten.

¡Gracias por leer!






4 comentarios:

javiera dijo...

LO AME <3 es hermoso ,me encanta la actitud de changmin como que le gusta que jaejoong se haga el dificil con todo eso de no "yo no soy gay" si como no ya va a caer ante changmin ,quien no ,a vhangmin le esta empezando a gustar jae yo lo se XD pero tambien eesta lo de la venganza lo que les paso a ambos por eso tanto odio ,ojala puedan llegar a algo mas que solo besos ¬¬ XD ....me ha gustado muchisimo el capitulo me encanta amo mucho el minjae<3 gracias gracias

Rimi~ dijo...

Ni siquiera tengo palabras para describir lo genial de la historia. La adaptación es más que excelente y ni qué decir de la trama.
¡GOSH! Las personalidades me han atrapado. Sigo jodidamente estúpidizada... y eso dice mucho, lol.
En serio, mil gracias por compartirnos ésta emocionante, y seguramente muy sensual, historia.
Esperaré ansiosa el segundo capi, mi querida melli ;U;♡.

Yazza dijo...

OMG!!!! Nena, gracias por compartir esta emocionante historia!!!!
La trama me atrapo por completo, y los personajes ni se diga! Gooooooosh ya quiero nuevo capitulo!!! A ver que hacen esos dos!!! hahahaha

mariposa_22_11 dijo...

Está genial, ahora te acosaré para que la historia siga*-*
Soulfighter

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