Tortura: Capítulo 6

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Jamás en sus veinte años de vida se había sentido más avergonzado…

Bueno, no se puede contar como vergüenza la vez que estaba compitiendo en la plataforma de salto en trampolín. Tenía once años y era la primera vez que pasaba a semifinales en la escuela. La natación siempre había sido uno de sus deportes preferidos y era el único que podía practicar libremente, ya que no producía musculatura en exceso, sólo que no era muy rápido. En clavados no era experto y no le agradaba mucho eso de estarse estrellando contra el agua, pero en el último año había mejorado bastante, al grado de lograr pasar a semifinales en salto en la plataforma de diez metros. El día de la competencia hubieron muchas celebridades, padres famosos de hijos igualmente famosos o con aspiraciones de serlo. Incluso se había dicho que la competencia sería televisada. Otra más de esas excentricidades de famosos que sólo servía para ponerlo nervioso.

Entre esos famosos estaba su padre y sus hermanos: Hyunjoong y Hyuna, de la señora Kim no se tuvo noticias ese día, y él estaba seguro que su madre había preferido pasarse el día en el salón de belleza que ir a verlo competir en la escuela. Pero no importaba, mientras su padre estuviera allí. Estando en la plataforma, centró su mirada en ese hombre alto y delgado que le veía orgulloso, entre tanto Hyunjoong parecía estar viendo a las chicas en traje de baño y Hyuna platicaba animadamente con alguien en las gradas bajas; sólo su padre le observaba con atención. Sonrió, agitando la mano para indicarle que lo había visto y recibiendo una señal de su padre en respuesta. Se preparó mentalmente, aspiró suficiente aire y entonces se dejó caer, logrando una calificación casi perfecta…

«Si no fuera porque mi traje de baño quedó flotando justo en medio de la piscina» recordó con cierto coraje. Y hasta ahora, era fecha en la que su hermano a veces solía recordarle el incidente entre risas burlonas.

Tampoco se podía contar como vergüenza la ocasión en que se presentó a un casting vistiendo como Vikingo… la prueba era de canto, no de actuación y le pasaron mal los datos a Sunny. Sin embargo, eso le valió la entrada a uno de los comerciales de comida enlatada. Su vergüenza inicial se convirtió en anécdota graciosa.

Y otra más cuando…

«¡Ok, ok, he tenido ocasiones más vergonzosas que la que Changmin me hizo pasar con Hangeng anoche!» aceptó mordiendo con rudeza la manzana que tenía al frente.

Si no hubiera sido porque Hangeng le conocía desde hacía años, no sabía qué hubiese pasado con él ese día cuando seguramente todos estuvieran enterados. Probablemente la prensa también lo sabría y a esas horas habría una guarda enorme de reporteros a la salida del colegio, tratando de saber si era cierto.

“Yo soy Shim Changmin, actor de profesión, estudiante del segundo año, y amante de Jaejoong…”

—¡Argh! —gruñó para sí mismo.

¿Cómo olvidar esas palabras? El simple hecho de recordarlas hacía el ardor le recorriera por completo la cara. Hangeng había volteado a verle con la boca abierta por la sorpresa y él se había quedado mudo sin saber qué decirle. Pero pocos segundos después, el mayor había comenzado a reírse sin control, sorprendiéndolo a él y al propio Changmin, que no había apartado la vista de su amigo.

«Creyó que Changmin estaba bromeando» Miró con desinterés la mesa del comedor donde se encontraba sentado con Boa a un costado y Hangeng al frente. «Cómo se nota que no conoce al Témpano de Hielo Shim. Ese actor tan frío jamás bromea, o se ríe»

Hangeng se había carcajeado de lo lindo, tirándose al suelo con las manos en el estómago. Si no lo conociera bien, hubiera llamado a los médicos creyendo que tenía algún tipo de ataque. Pero no, aquel chico era de los que se reían de esa forma cuando algo les causaba mucha gracia, y no cabía duda que el comentario de Changmin se la había dado.

Éste último había parecido desconcertado ante tal reacción, y él no supo si sentirse agradecido o asustado por el hecho de que hubiese sido precisamente su amigo moreno-rubio quien hubiera tenido que escuchar eso, y no a otro. Quizá si se lo hubiera comentado, por ejemplo a Yoochun, hubiera reaccionado de forma distinta y le hubiera creído cada palabra. Pero eso le dejaba la duda… ¿Changmin quería que supieran de su interés en hombres? ¿No era un tanto como estarse declarando gay? ¿Debería estar preparado para una revelación de ese mismo tipo en fechas cercanas?

—Si no fuera porque conozco a este Don Juan rompecorazones, ten por seguro que te hubiera creído todo —afirmó el rubio entre risas, secándose las lágrimas que éstas les hubiesen causado—. Eres un gran actor —prosiguió sin poder contenerse de reír—. Mira que decirme eso… Que son “amantes”, de una forma tan seria… Por poquito y me lo trago, casi, casi caigo en su juego —continuó riendo.

Con esas palabras, Jaejoong pudo sentir el alma regresarle al cuerpo, e incluso pudo darse el lujo de soltar una carcajada; una nerviosa, aún si Hangeng siquiera podía imaginarlo. Changmin sólo le había observado con el ceño fruncido, despidiéndose rápidamente para dejarles a solas.

Su amigo chino había querido salir en ese mismo momento para compartir el chiste con sus compañeros de maratón, pero él sabía que una vez revelado el asunto comenzarían a vincularlo con el actor y los rumores acerca de la sexualidad de Changmin se verían nuevamente renovados. Tuvo que explicarle a Hangeng sobre aquello, y lo que podría llegar a suceder no sólo con él, sino con el actor también si llegaba a comentar algo de lo sucedido.

—Sólo te diré algo, Jaejoong —el moreno-rubio le miró serio—. Si tu amigo se la pasa haciendo ese tipo de bromas, tarde o temprano va a perjudicarte; tanto a él como a la persona que haya elegido como su blanco, en esta ocasión tú. No te preocupes por mí —apresuró al ver la mirada que el otro le mandaba—. Yo no diré nada, pero si lo hace de nuevo delante de otros… No te aseguro que guarden silencio. Y ahora, vamos a mi habitación por las cosas que te traje —Y así había vuelto a reír, rodeando los hombros del pelinegro con un brazo para arrastrarlo por el pasillo directo a la habitación que le pertenecía.

Alzó la vista, posándola enseguida en la persona que ocupaba –como siempre– la mesa cercana a ellos.

El actor estaba sentado solo, como cada mañana, leyendo el diario. No le pareció extraño que declinara la invitación de Hangeng de sentarse con ellos, pero sí le había parecido extraño que ahora no tuviera el libro de derecho entre sus manos. Quizá, después de todo, doblegaría su orgullo y se disculparía con su madre. Habiendo visto la película, se sentía capaz de afirmar que, en efecto, Changmin había usado parte de su vida para darle mayor realismo a su actuación.

¡Y vaya que le había resultado! Seguramente además de la nominación al BIFF, también obtendría una nominación a los Asian Film Awards.

Como habiéndolo invocado, la vista de aquel chico se despegó del diario para centrarla sobre él, transmitiéndole un escalofrío que recorrió toda su espina dorsal. Sus miradas chocaron por incontables segundos, y él se perdió en el detenimiento que el otro le dedicaba, sosteniéndole la mirada. Frunció el ceño ante esto, nada dispuesto a dejarse vencer por ese engreído y antisocial, y se negó a desviar la vista, observándole con furia. Después de todo, tenía grandes motivos para estar enojado con él. Quizá Hangeng no le había creído, pero bien sabía que debía proteger su imagen para poder lograr tan siquiera la nominación a los Asian Film.

«¿Y desde cuándo me preocupo por su imagen? Debería estar preocupado por la mía, no la suya»

Asombrado, sus ojos se abrieron grandemente cuando notó cómo los dedos del moreno (que aparentaban seguir sosteniendo el diario) se movían de manera rítmica y disimulada para señalarle una de las fotografías de la parte posterior a la que supuestamente leía. A esa distancia, aunque distinguía la imagen, no era capaz de apreciarla con claridad. No obstante, las enormes letras que rotulaban el título del artículo eran más que visibles.

“¿Quién es la nueva conquista de Shim ChangMin?”

«¡Maldición!» Tragó saliva sintiendo el nudo en la garganta. «¿Alguien nos vio?» se preguntó inmediatamente nervioso. Después de todo, alguien debía haberlos visto, estaban en un parque público, rodeados de turistas con cámaras fotográficas y de video, y Changmin no era precisamente un desconocido.

Alterado, sintió la ligera capa de sudor comenzar a perlar su frente. No quería que alguien le fuese a tachar de gay. ¡Él no era gay! Y el hecho de que su cuerpo reaccionara ante las caricias que Changmin le proporcionaba no significaba nada. Estaba totalmente seguro de que de ser una chica quien lo hiciera, su cuerpo reaccionaría igual.

El agua helada salpicando su rostro le hizo reaccionar, volteando para localizar al culpable. Era Hangeng el que sostenía en una mano un vaso con agua, introduciendo los dedos para humedecerlos y rociarle después.

—¡Hey! —replicó ante el segundo ataque, frunciendo el ceño para clavar la mirada en su amigo—. Deja de hacer eso.

—Pues entonces regresa de donde quiera que andes —le miró serio—. Boa te está hablando desde hace rato y pareciera que le habla a la pared.

—Sí… Jae, ¿qué es lo que te sucede? —preguntó ella sonando preocupada—. Desde hace rato que estás muy serio, y tú no eres así.

—No pasa nada —aseguró, y dejó el corazón de la manzana terminada en su plato—. Sólo que estoy algo cansado.

—Bueno, entonces ¿puedes contestarme lo que te pregunté?

—Me vas a disculpar, pero no te escuché. —volteó a verla, notando cómo le veía con fijeza.

—¿Por qué dejaste que Jessica te besara? —cayó la pregunta en tono neutro—. ¿Estás saliendo con ella?

Jaejoong parpadeó pasmado. Se había olvidado por completo de ese beso… En su cabeza sólo existían los besos de Changmin, y eso era precisamente lo que le perturbaba. Si Jessica lo había besado, sólo había sido una reacción involuntaria de la rubia, estaba seguro, y Boa no tenía por qué preguntarle sobre ello. Frunció el ceño.

—No estoy saliendo con nadie, Boa, y si lo hiciera ¡estoy en todo mi derecho! Tú y yo ya no somos novios, ¿lo has olvidado? —atacó levantándose con brusquedad de la mesa, sólo para tomar sus cosas y salir del comedor, dejando a sus dos amigos por igual de sorprendidos.



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Atravesó a toda prisa los pasillos sin detenerse a saludar a nadie. Estaba molesto, mucho muy molesto. Sentía la sangre hervirle y la preocupación matándole, pero su paso se detuvo de golpe cuando notó el rumbo que habían empezado a tomar sus pensamientos, recargándose en una de las paredes cercanas a la dirección. Estaba enojado con Changmin, con él, no con Boa, y se había desquitado con la chica por una pregunta inocente.

«¡Maldición!» ahogó mentalmente golpeándose la frente con una mano.

El haber medio visto la nota en el diario que llevaba Changmin le había asustado, y posteriormente enfurecer, pero Boa no tenía la culpa. Ella siempre reclamaba cuando salía alguna nota que le relacionara con Jessica, y todo porque la pelicorto sabía cómo era la rubia y sólo se preocupaba por él, como los amigos que eran.

«Soy un desgraciado» concluyó con pesar. «Ella no se merecía esas palabras»

Empezaba a sentirse como un volcán a punto de estallar. La tensión que Changmin y sus acosos le estaban provocando le estaban llevando a reaccionar de una forma en la que jamás lo había hecho antes. Él no era de los que se enojaba con tanta facilidad, y aun así, desde que el actor había ingresado al colegio, sus lapsus agresivos se hacían cada vez más frecuentes.

«Un día de estos voy a terminar golpeando a alguien… Y no será precisamente a Changmin, por más que me gustaría hacerlo»

Tenía que hablar con alguien, desahogarse por todo lo que le estaba pasando con aquel chico, ¿pero con quién? A Boa no podía contarle, era mujer y era probable que no entendiera cómo él, siendo un hombre, se dejaba manipular por el moreno actor. Tampoco se lo podía contar a Yoochun, era su mejor amigo, y era precisamente esa amistad la que le impediría decirle algo; se sentiría demasiado avergonzado si tenía que confesarle cómo reaccionaba su cuerpo ante las caricias de otro hombre. ¡Qué pensaría Chunnie! Seguramente que era gay… ¡pero no lo era! Y Hangeng… No, Hangeng menos. Seguramente pensaría que se trataba de otra broma, y su reputación no ayudaría a que alguna autoridad de la escuela pudiera creerle.

«Por eso dicen ‘Crea fama y échate a dormir’…» se lamentó. En esos momentos su fama de bromista no le ayudaba en nada. «¿Qué hago?» se preguntó, dejando descansar la cabeza contra la pared e introduciendo la mano libre a la bolsa de su saco. Ahí fue cuando sintió algo, sacándolo sólo para observar la pequeña tarjetita con un número anotado y una única palabra: “Amigo”.

«¿Amigo?…»

A sus recuerdos llegó aquella llamada telefónica que había pensado, era un acosador. Había dicho que podría llamarle a cualquier hora y en cualquier momento. No era precisamente un amigo, y según sus propias palabras, tampoco se conocían personalmente. Esa persona o “amigo” sabía que había alguien que le estaba molestando. ¿Podría confiar en él como para hablarle sobre Changmin y sus acosos? ¿Quién podría confirmarle que no era un periodista tratando de obtener información? Tenía que arriesgarse, necesitaba hablar con alguien antes de que fuera a estallar contra cualquiera que pudiera atravesársele en aquel instante. Después le pediría disculpas a Boa.

Se encaminó rumbo a la dirección. Sabía que era temprano, aún faltaba media hora para que la primera clase comenzara, pero también sabía que Seohyun, la secretaria del director, se encontraba ya en su puesto. Por ello no dudó en entrar al despacho, mostrando una sonrisa luminosa cuando encontró a la menudita chica que tecleaba en su computadora.

—¡Seororo, hola! —saludó efusivo, ella dejó de escribir y volteó a verle sonriendo de inmediato.

—¡Oppa, qué tal! Madrugaste hoy. ¿Puedo ayudarte en algo? —ofreció amable. La nieta y secretaria del director era la dulzura en persona, y siempre le ayudaba cuando necesitaba algo. Sólo esperaba que ahora no le fuera a decir que se esperara hasta el miércoles, que era cuando se estaban permitidas las llamadas a particulares.

—Necesito tu ayuda —afirmó algo más serio, sentándose al borde del escritorio para tenderle la tarjeta—. Necesito llamar a esta persona.

Ella levantó la vista para mirarle. Pocas veces le veía así de serio, pues siempre de mostraba bromista y risueño. Supo entonces que de verdad necesitaba hacer esa llamada, por lo que le sonrió y cabeceó en afirmativa.

—Toma la línea cuatro en la sala de prensa. Sólo tienes treinta minutos antes de que suene la campana de inicio de clases.

—¡Gracias! Eres un encanto —aseguró besándole la mejilla sin pensarlo, encendiendo el sonrojo en el rostro de la chica sólo para después salir corriendo directo a la sala antes mencionada.

El botón de “Line” parpadeaba en color verde, indicando que la línea prometida se encontraba libre. Tomó el auricular entre sus manos y pulsó el botón, escuchando reproducirse el tono propio de la línea abierta. Vio por enésima vez el número que él mismo había apuntado en esa tarjeta sin animarse a marcar. Suspiró un poco y comenzó a teclear sintiéndose nervioso.

El teléfono timbraba por tercera ocasión cuando todavía no tenía respuesta. Le habían enseñado que si una persona se encontraba en casa, respondería máximo a los cinco timbrazos del teléfono, y si no lo hacía, era porque no estaba. Suspiró cansado cuando sonó por cuarta ocasión, una más y se vería en necesidad de colgar. También cabía la posibilidad de que aún fuera demasiado temprano y esa persona, “amigo”, estuviera durmiendo.

—¿Jaejoong, eres tú? —O tal vez no.

El corazón le saltó del pecho casi junto al auricular apenas al escuchar su nombre siendo mencionado al otro lado de la línea. ¿Cómo era posible que esa persona supiera quién hablaba si aún no daba su nombre?

—¿Cómo supiste que era yo? —cuestionó intrigado, apretando el aparato entre sus manos. Por primera vez, cualquier posible respuesta a ello quedó en incógnita entre sus pensamientos; mismos de donde se vio obligado a salir cuando escuchó una curiosa risa por parte de su interlocutor.

—Porque sólo tú tienes este número. Nadie más lo sabe. —explicó divertido. La única idea que había cruzado por su cabeza era que se encontraba siendo grabado y esa persona pertenecía a la escuela. Pero claro que eso era imposible, los únicos teléfonos estaban en la dirección y en la sala de prensa, donde en esos momentos no había nadie. En dirección sólo estaba Seohyun, y si de algo estaba seguro, era que quien hablaba con él no era sino un hombre, y uno joven. Por lo menos su voz así lo aparentaba.

—Espero no haberte despertado.

—¡Oh, no te preocupes! No estaba dormido, de hecho estaba desayunando, por eso me tardé en contestarte. Lo lamento.

—No te preocupes —musitó el modelo, prosiguiendo después—. ¿Puedo preguntarte algo y estar seguro que me responderás con la absoluta verdad? —cuestionó sentándose al borde de la mesita que sostenía el teléfono. Bien podía sentarse en la silla que estaba dentro, pero le era más cómodo sentarse en otra parte.

—Claro. Pregunta lo que quieras, ten por seguro que te responderé con la verdad.

—¿Eres periodista? —De nuevo la risa clara del contrario inundó la línea.

No sabía por qué, pero el simple hecho de escuchar reír al “amigo” le hacía sentir extremadamente bien. Era como si le conociera de antes, o supiera que podía confiar en él. Su risa era bastante contagiosa y las risas sinceras eran así: Alegres, claras y divertidas.

—Te aseguro que no soy periodista ni tengo nada que ver con los medios de comunicación actuales —afirmó aún entre risas, arrancándole una sonrisa al pelinegro—. Realmente te sorprendería a lo que me dedico, pero no es algo que te vaya a decir ahora.

—¿Por qué no? —cuestionó sin entender.

—Porque me has hablado por algo y no creo que sea sólo para preguntarme si soy periodista, ¿cierto? —Jaejoong suspiró de forma audible—. ¿Te sucede algo? Puedes confiar en mí. Si te puedo ayudar, ten por seguro que lo haré.

—¿Puedes decirme tu nombre? No me gusta eso de sólo llamarte “amigo”.

—Lo mejor es que sólo me conozcas con ese sobrenombre, así no habrá ninguna intimidad en nuestro trato y te sentirás con toda la confianza para hablarme —Jaejoong no respondió—. ¿Si te proporciono mi nombre, confiarás más en mí como para decirme qué te ocurre?

—No, no es necesario —aseguró—. Creo que tienes razón, manejaremos esto como una plática de chat, porque realmente necesito hablar con alguien.

—Jaejoong, ¿qué sucede? —preguntó dejando entrever el dejo de preocupación. El modelo pudo percatarse de ello, aunque no entendió cómo alguien a quien no conocía podía llegar a preocuparse por él.

—La primera vez que charlamos —comenzó, interrumpiéndose un momento. No sabía si mencionar todo el asunto y guardar algunas cosas; como el nombre de Changmin, por ejemplo. Sí, eso era lo mejor—. La primera vez que charlamos me dijiste que sabías que había alguien que me molestaba —completó la frase, alcanzando a escuchar la pequeña exclamación afirmativa por parte del otro—. Tenías razón, hay alguien que me molesta, y mucho. Pero no es el clásico acoso en el que te ves envuelto cuando eres un adolescente… esos en los que te peleas con alguien porque te gusta la chica que a esa persona le gusta, o porque tú quieres ver un programa en la TV y la otra persona quiere ver otro…

—Lo entiendo —murmuró el “amigo”—. ¿Entonces de qué forma te molesta esa persona?

—Ese chico me acosa… sexualmente.

—¿Eh?

—Sé que te sorprende y más a sabiendas de que es un chico el que me molesta. Si fuese una mujer no tendría por qué sentirme tan desesperado, a las chicas sé cómo manejarlas, a los empresarios que quieren propasarse también, pero a ese ac… chico —se corrigió a tiempo—. No sé cómo detenerlo, no sé qué hacer ni cómo evitar que sus avances lleguen más lejos —explicó sintiendo aquel peso recaer sobre su espalda, haciéndole caer, deslizarse de espaldas por la pared hasta quedar sentado en el suelo con el auricular en la mano.

—¿Y qué has intentado? —preguntó serio—. Porque me imagino que has hecho o intentado hacer algo para detenerle.

—Lo he golpeado. Claro que casi me demanda —soltó una risita queda que no sonó nada divertida a sus oídos—. He intentado hablar con él, pero eso es casi imposible, porque aprovecha cada oportunidad que tiene para besarme… ¡Rayos, no sabes cómo lo detesto!

—¡Jaejoong, debes denunciarlo!

—¡Ja! Ya lo había pensado, pero dudo mucho que me crean. —negó apesadumbrado.

—¿Por qué no habrían de creerte? Un hombre puede ser acosado al igual que una mujer. —convino con firmeza. Pero para poder entenderlo, tendría que conocer ciertas cosas en la escuela gracias a las cuales no creerían una historia como la que le estaba contando. Y se lo explicaría brevemente.

—No me refiero a eso, a lo que me refiero es a que mi reputación en la escuela no me ayudaría mucho a que me creyesen. Seguramente si les salgo con que alguien me está acosando sexualmente van a creer que estoy bromeando. A buena hora tengo la reputación de “Incorregible bromista”.

—Pero Jae, tu palabra es tan creíble como la de cualquiera. Debes denunciar a esa persona a las autoridades de tu escuela y deben de creerte.

—No creo que lo hagan, porque a estas alturas mi credibilidad está por debajo de ‘esa persona’. Si yo lo denunciase, aquí en la escuela o a las autoridades competentes, lo primero que me pedirían serían pruebas y no las tengo. Ese tipo se sabe cuidar muy bien, siempre que ha intentado algo conmigo no ha habido ningún testigo, es más, nadie sabe que es gay, sólo yo… de momento.

—Hay métodos muy modernos que le permiten a la policía detectar algún tipo de agresión… —Jaejoong sintió que su corazón comenzaba a desbocarse. ¿Podía realmente denunciar a Changmin a la policía? No, esa no era la pregunta correcta… ¿Quería realmente denunciarlo?—. ¿Jae, sigues ahí?

—Tengo… Tengo miedo. —susurró con un hilo de voz, apenas el suficiente como para ser escuchado.

—¿De denunciarlo?

—No, de no poder hacerlo… —admitió en un suspiro. Por primera vez hablaba de cómo se sentía con Changmin, y lo estaba haciendo con un completo desconocido.

—No comprendo, dices que ese chico te molesta, que no lo soportas ¿y no crees poder denunciarlo? ¿Por qué? —cuestionó desconcertado. El pelinegro volvió a suspirar tratando de poner en palabras lo que tantas veces se había preguntado él mismo.

—Esa es la pregunta que me hago cada vez que mi puño se levanta y no puedo golpearlo. Cada vez que me toca y mi cuerpo reacciona aun cuando mi cerebro ordena que no lo haga. ¿Es normal esto? Estoy tan… confundido.

—Jaejoong, es normal que tu cuerpo reaccione. ¿Qué edad tienes, veinte? —Un “Ajá” respondió del otro lado de la línea—. Tu cuerpo produce cantidades enormes de hormonas, así que si alguien te provoca, sea hombre o mujer, vas a reaccionar. Eres un joven normal y por eso estás confundido. No debes asustarte de tu reacción, es completamente comprensible.

Una imperceptible sonrisa cruzó por el rostro del modelo. Esas palabras eran las que él siempre se repetía después de que Changmin hubiera hecho de las suyas, pero el que alguien más se las dijera le llenaba de alivio.

Alzó su muñeca para ver el reloj, notando hasta entonces que le quedaban escasos diez minutos antes de que comenzaran las clases. Era hora de despedirse del amigo… Ahora sí podría considerarlo SU AMIGO.

—¿Sabes, amigo? Ya es hora de que entre a clases. —Sonrió para sí, pese a que en su voz pudiera notarse su cambio de ánimo.

—Lamento no poder ayudarte… —se escuchó tristemente.

—No, no, claro que me has ayudado. Me has escuchado y en cierta forma, me has quitado un gran peso de encima —suspiró aliviado—. ¿Podría llamarte de nuevo?

—Estaré encantado de escucharte, Jae, ya sabes que puedes llamarme el día que quieras a la hora que sea.

—Te lo agradezco, amigo mío. —y con una última sonrisa, colgó.

Su paso de mostró seguro una vez se alejó de la sala de prensa, mucho más aliviado tras haber podido hablar con alguien sobre su problema con Changmin. Quizá no le hubiera ayudado mucho o le hubiese dado algún consejo a seguir, pero había escuchado, y posteriormente confirmado lo que él siempre se repetía sobre las reacciones de su cuerpo. Sin embargo…

Sin embargo, no le había dicho que los últimos besos del actor le habían gustado, al grado de incluso responder a ellos, o que su estómago había punzado cuando Changmin hubiera hablado de su amigo Kyuhyun, o que por segundos su cabeza le había pedido rendirse a las caricias del muchacho porque “se sentían tan bien”.

Tan adentrado iba entre pensamientos mientras se acercaba a las escaleras que conducían a los dormitorios de varones, que no alcanzó a percatarse de la persona que ahí esperaba. Pasó de largo sin mirar, hasta que se sintió siendo tomado por el brazo sin cuidado alguno, para ser seguidamente empujado contra la pared contigua a los escalones.

—¡No te atrevas! —evadió elevando el brazo de forma defensiva, apenas reconoció la mirada chocolate a unos centímetros de su rostro. El corazón le había comenzado a latir con furia tan sólo de imaginar la posibilidad de que Changmin se atreviera a hacerle algo delante del resto del alumnado que se dirigía a clases.

—¿Que no me atreva a qué? —preguntó el más alto con suma calma, provocando que el intenso rubor invadiera con rapidez el rostro de su compañero.

—A besarme delante de todos. —le susurró sin bajar el brazo, pero la mueca en forma de sonrisa que curvó la boca del actor le hizo bajarlo de manera instintiva. ¿Acaso no era eso lo que iba a hacer?

—No iba a hacer semejante cosa, sólo te estaba buscando. ¿Dónde diablos te metiste cuando saliste del comedor? —Jaejoong parpadeó sorprendido. Algunos alumnos les observaban con curiosidad y no era para menos, Changmin no era conocido por socializar.

—Tuve algo importante que hacer —Un chasquido bajo escapó de los labios del otro, que se dio la vuelta para caminar con rumbo al salón. El pelinegro parpadeó de nuevo sin entender. ¿Qué significaba eso, para qué le buscaba?—. ¡Oye! —corrió tras él para darle alcance, pero Changmin sólo le miró de reojo sin decir nada—. ¿Puedes decirme qué decía el diario? ¿Nos han relacionado? —Y entonces sí se detuvo, regresándole una mirada fija.

—Justamente por eso te estaba buscando, quería que vieras la nota. Pero como tuviste cosas más importantes qué hacer…

—Está bien, está bien —le cortó, pues admitía no haber creído posible el que Changmin le buscara para hablar de aquello. ¿Quería decir eso que sí les habían relacionado?—. Enséñame el diario. —le pidió extendiendo la mano.

—No lo tengo conmigo, lo deje en mi habitación…

—¡Ni siquiera lo pienses! —reclamó, tan sólo logrando que varias miradas se volvieran a verlos. El carmín volvió a adornar sus mejillas.

—¿Y ahora qué fue lo que creíste? —cuestionó sin siquiera alterarse, puesto que la mirada oscura le observaba brillante, con un tinte de algo parecido a la extrañeza—. ¿Acaso creías que te llevaría a mi habitación con el pretexto de enseñarte el diario para una vez adentro encerrarte y saciar mis bajos instintos?

El sonrojo en las blancas mejillas del modelo se hizo aún más notorio, con el corazón latiéndole tan a prisa que por poco y sentía el aire le haría falta en cualquier momento. ¿Cómo decirle a Changmin que aquello era precisamente lo que había imaginado?

—Eres un… —intentó maldecir, pero los delgados dedos contrarios sobre sus labios lo hicieron callar.

—Ya me sé cada uno de tus insultos, no es necesario que me los repitas —aseguró bajando la mano con igual velocidad, sólo para darse la vuelta y comenzar a alejarse—. Te espero en el bosque que está detrás del comedor, después de la hora de comida. Llevaré el diario del domingo y si me trajeron el de hoy, también lo llevaré. No me dejes esperando.

Y se quedó de pie, sin lograr mitigar el calor que de pronto se había diseminado por todo su cuerpo, tan sólo gracias al contacto del actor. Estaba en shock. Ahí, en medio de los pasillos del colegio era que Changmin le había silenciado con un simple toque a sus labios, un simple contacto que había conseguido lanzar un choque eléctrico por su columna vertebral. Se había quedado con los ojos abiertos y el cuerpo negado a responderle. Ni incluso ahora que el moreno se perdía por los pasillos, había conseguido reaccionar.

—Jaejoong —escuchó a sus espaldas, girando precipitadamente para encontrarse con una mirada conocida y denotando entonces lo tarde que ya era; el timbre había sonado hacía pocos minutos. Debía agradecerle a su soulmate por haberle regresado a la realidad—. No me digas, te quedaste dormido —adivinó tomándolo por el brazo para jalarlo sin darle oportunidad a hablar. Pero era mejor no sacar a Yoochun de su error, de hecho, era mejor que pensara que se había quedado dormido a decirle que Changmin había conseguido dejarlo helado con semejante gesto ridículo.

Caminando a toda prisa llegaron hasta el aula de clases, que ya se encontraba cerrada. Adentro, seguramente el profesor de contabilidad ya les esperaba con un inminente retardo, pero Yoochun no pareció afectado por ello cuando abrió sin ningún miramiento, ingresando y sólo consiguiendo que el maestro se interrumpiera para observarles de forma reprobatoria.

—Jóvenes, ¡llegan tarde! —recriminó al verlos parados. Yoochun siguió su camino sin decir nada, pero Jaejoong no se movió de su lugar. Su amigo tenía una excusa, tocaba en la sinfónica hasta tarde y se quedaba a dormir fuera, por lo que le resultaba imposible llegar a tiempo. Aunque sabía que era mentira. Él, por otro lado, no tenía ninguna, y tampoco sabía cómo justificarse—. Jóvenes Park, Kim y… —el hombre parpadeó al ver la puerta tras ellos, y el pelinegro tuvo que girar cuando sintió una nueva presencia a su espalda—. ¿Shim? —emuló con sorpresa. En el tiempo que llevaba del semestre, era la primera vez que el actor llegaba tarde; a veces simplemente no llegaba, pero llegar tarde no era algo que le conociera—. Por esta sola ocasión no les pondré retardo, el timbre casi acaba de sonar, así que tomen sus asientos por favor.

Con el corazón latiendo a toda prisa, el modelo avanzó hasta su lugar. Fue sintiendo la figura del moreno siguiéndole los pasos que se animó a preguntarle en un murmullo la razón para su retardo, a lo cual su única respuesta fue un escueto “Tuve que ir al baño”. Se separó entonces de él para alcanzar su banco, a lo que Changmin continuó por la última hilera en dirección a su lugar. Jaejoong llegó primero, dándose prisa en dejar sus libros mientras veía cómo Boa se giraba para saludar, como siempre, al engreído actor que jamás le contestaba.

—Buen día, Changmin-nim. —cabeceó cortés, disponiéndose ya a recibir la misma frialdad de siempre como respuesta cuando, para su sorpresa, el moreno chico se dignó a mirarle a los ojos.

—Buen día. —musitó, y tomó su lugar.

«¿Este es el día de los inocentes, o hay cámara escondida?» se preguntó irremediablemente el modelo al escuchar aquello. ¿Qué le había picado al actor? Si desde que había ingresado al colegio se la pasaba ignorándola, ¿y ahora de buenas a primeras la saludaba? «¿Estoy soñando?»

Se pellizcó las mejillas, pero no, le había dolido. Tal vez más tarde le preguntaría a Changmin qué le había orillado a finalmente responderle a la chica, aunque en cierta forma le daba gusto. Boa ahora sonreía de manera luminosa, y se alegraba por ella. Quizá fuera tiempo de disculparse por la forma en que se hubiera comportado hacía unos minutos atrás.

Mientras el maestro preguntaba por la tarea, tomó una hoja de su libreta y aprovechó de escribir una sola palabra en ella entre signos de admiración. La dobló y se estiró sobre el banco de Boa para depositarla en su regazo. Ella volteó de inmediato, pero el pelinegro ya se había girado para ver al frente. Apenas tomar la nota entre sus manos, la enorme sonrisa adornó el femenino rostro al leer el enorme “¡Perdóname!” escrito con letras grandes abarcando toda la página. Su corazón volvió a latir de alegría y girando la mirada fue que se topó con aquellos ojos negros que tanto le gustaban. Jaejoong le sonreía, y fue cuando ella le respondió con una sonrisa igual, que pudo ver al muchacho gesticulando la misma palabra que hubiese escrito. Se dio prisa en cabecear en afirmación y extendió la mano para tomar la del pelinegro, estrechándola sin que el maestro les viera.

Estaba feliz… Changmin por fin había respondido a su saludo y Jaejoong le pedía perdón por el sobresalto del desayuno. Realmente, estaba muy feliz.

Changmin frunció el entrecejo al notar aquel gesto. Su mira quedó adherida al modo en que el modelo mantenía entrelazada su mano con la de la chica, y apenas éste sintió su peso, alzó la vista sólo para cruzarla con la del actor. Aquella mirada, era como un fino puñal queriendo degollarle. Tan fría que incluso podía sentirle congelarle. Lentamente, el pelinegro soltó el agarre que sostenía con Boa, girándose para quedar por completo virando al frente y prestar atención a la clase. Sin embargo, cada que se inclinaba un poco al frente y miraba de soslayo, se topaba con aquellos ojos de hielo que parecían transmitir algo que no terminaba de entender.

«Quién le entiende» se quejó mentalmente, intentando ignorar aquella sensación de ser observado que le hacía estremecer el cuerpo entero.



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Las clases se pasaron sumamente rápido. No sabía qué habían visto, ni cómo había contestado a las preguntas que hacía el maestro de literatura. Ni recordaba qué le había preguntado, mucho menos recordaba sus propias respuestas. Era lo malo de tener a cierto actor mirándole intensamente a tan sólo un pupitre de distancia. No cabía duda que ese semestre iba a ser el peor de toda su vida en el colegio. Los exámenes estaban a punto de dar comienzo y él iba a necesitar mucha ayuda para pasarlos.

«Y mientras ese infeliz de Changmin siga mirándome de esa manera, he de considerarme reprobado» se dijo con molestia, en tanto tomaba la charola para ordenar su comida.

Yoochun ya había elegido mesa y junto a él se encontraba Hangeng, quien se deleitaba platicando una y otra vez sobre su viaje a Europa. Boa se había sentado frente a ellos y Jaejoong tuvo que sentarse junto a la morena. Odiaba tener que sentarse de frente, porque la única vista que tenía después de Chun y Hangeng era la mesa de Changmin.

—Buenas, ¿puedo acompañarlos? —La conocida voz le hizo alzar la mirada, topándose con aquella fornida y conocida figura que veía a los presentes con cierto interés. Jaejoong sonrió de manera luminosa.

—Yunho, ¿qué haces aquí? La clase de pasarela es hasta mañana. —comentó mientras le invitaba a sentarse, pero el chico había tomado la silla junto a Yoochun, obligándole a ver al frente de nuevo.

—Sé que es mañana, sólo vengo a ver al maestro de fotografía para que le dé un vistazo a mi tarea. —mostró un fólder, que luego dejó en medio de la mesa. Su mira hasta entonces giró para ver al moreno-rubio que no le quitaba la vista de encima.

—Ah, Hangeng. Él es mi amigo, Jung Yunho, toma un par de talleres por la tarde —le explicó Jaejoong, volteándose después hasta el otro modelo—. Yunho, él es Han Geng, uno de nuestros amigos.

—Mucho gusto. —saludaron ambos, tras lo cual procedieron a comer.

El almuerzo transcurrió rápido, entre pláticas de viajes y trabajo. Jaejoong sin embargo pasaba de comentar muchas cosas, más que nada por la sensación pesada de aquella mirada fija sobre él, y razón misma por la cual se negaba elevar la vista, sabiendo de dónde es que provenía aquello. Por otro lado y de igual modo, Boa hacía lo propio, silente mientras observaba de reojo al pelinegro y mandaba esporádicas miradas recelosas hacia el otro modelo, que no paraba de hablar con el bailarín chino. Yoochun había quedado en medio, al parecer lidiando entre meterle en la boca una manzana al moreno-rubio o atravesar con su fruta la garganta del otro, para que se callaran un instante.

—Pues, fue un placer comer con ustedes —Hangeng se levantó de la mesa—. Pero es hora de que esta belleza les prive del placer de su presencia —Todos soltaron la carcajada—. ¿Qué? No me digan que no soy bello porque me ponen a llorar. —puchereó.

—Nadie ha dicho que no eres bello —apuró Yoochun, ante lo cual todos los presentes voltearon a verlo extrañados—. Pero quizá en otro planeta. —De nueva cuenta, la risa general se hizo en la mesa.

—Eres cruel conmigo, Chun —se quejó el aludido entre carcajadas—. Ya buscaré la forma de desquitarme. ¿Quizá el maratón del jueves? —El tono retador arrancó las risas de Jaejoong.

—¿Maratón? ¿Qué maratón?

—¡Oh por Dios, Jae! —bufó el bailarín—. Voy llegando a la escuela, necesito una noche de maratón para celebrarlo. ¡No te niegues! Ya he comenzado a correr la voz, así que no te puedes echar para atrás ahora.

—¡Hyung, pero si apenas llegaste ayer! —reclamó con sorpresa.

—Tuve toda la noche y parte de la mañana para comenzar con los planes. —aseguró con una gran sonrisa, que hizo sonreír a su amigo a la vez.

—Está bien, está bien. Cuenta conmigo. —aceptó. Boa sólo negaba con la cabeza en desacuerdo.

—¿Y tú, Yoochun? —El mencionado permanecía de brazos cruzados, a ojos cerrados. Negó con la cabeza, tranquilo.

—Yo paso, tengo tarea pendiente.

—¿Y tú, Jung?

—Jae solía contarme de esas noches de maratón en la escuela, y parecen divertidas. Si puedo quedarme en el colegio el jueves en la noche, ten por seguro que asistiré. Pero no puedo confirmarlo hasta no hablar con mi representante. —Hangeng cabeceó en acuerdo, girándose en dirección a la mesa contigua para sorpresa de Jaejoong, que abrió los ojos de sobremanera al escucharle.

—¿Y tú, Shim?… ¿A dónde se fue? —Volteó a todos lados buscándole al hallar la mesa vacía, tras que el pelinegro soltaba el aire contenido—. Bueno, ya le preguntaré en otra ocasión. —comentó sin más, alejándose de la mesa para poder salir del salón.

Yoochun estiró la mano para tomar la carpeta que había quedado sobre la mesa, sintiendo el silencio ante el que todos se habían quedado de forma extraña.

—¿Puedo verlo? —preguntó, procediendo a abrir la mencionada tarea tras que Yunho cabeceara de acuerdo. Jaejoong se levantó de su lugar para poder ver también.

Y la carcajada escapó de los labios del pelinegro, mientras Yoochun daba vuelta, muy sorprendido, a cada una de las fotografías que guardaba la carpeta.

—Y yo que tachaba a Changmin de ególatra —aseveró entre risas, atrayendo con eso la mirada de Boa sobre él—. Pero Yun, amigo, tú no te quedas atrás —sacó una de las fotos, mostrándosela a su compañera que parecía todavía algo perdida—. Todas estas son fotos de él.

—¡Esa fue la tarea! —se defendió el muchacho con un gruñido—. Debíamos posar nosotros mismos para las fotos.

—Sí, ¿también en paños menores? —señaló sacando otra entre risas y mostrándosela por igual a Boa.

—¡Deja de mostrarme esa basura! —chilló ésta poniéndose de pie muy molesta—. Si yo quisiera verla, estaría detrás de ustedes. No me interesan esas fotos pornográficas…

—¡Pornográficas! —saltó Yunho colocándose igualmente de pie—. Esto no es pornografía, es arte.

—Sí, cómo no. Una foto con un desnudo para ti es arte, ¡pero para mí es pornografía!

—Es que tú no sabes nada de arte, sólo eres una costurera. —afirmó ya con cierto enfado, en tanto Yoochun le señalaba a Jaejoong con disimulo la puerta.

—¡COSTURERA! ¡Cómo te atreves a decirme costurera, pervertido! —acusó empezando a alzar la vos, y ganándose de paso la atención de varios alumnos en el lugar. Los pleitos en el comedor eran muy poco comunes de observar.

—Yo no soy ningún pervertido… —intentó defenderse, pero Boa volvió a atacar.

—¡No, qué va! ¡Por eso me pediste que fuera tu modelo, para aparecer desnuda en tus fotos pornográficas!

—Fotos artísticas.

—Pornográficas.

—Artísticas.

Jaejoong y Yoochun se alejaron lentamente de la pareja que discutía, al parecer sin tomar en cuenta al resto del público que tenían disfrutando del magnífico espectáculo. Unos incluso habían girado ya sus sillas para ver el show de frente y en primera fila, tal cual hubieran hecho cuando el pelinegro se hubiera peleado con Changmin en ese mismo lugar.

—¿Crees que Boa corra peligro con tu amigo? —preguntó el músico, lanzando una breve mirada al interior del comedor, donde aquellos dos continuaban discutiendo acaloradamente.

—No. El que corre peligro es Yunho. No debería hacerla enojar así. —rió.

—Pues parece que ya sabemos por qué tu amigo no le cae bien a Boa. Pero tampoco debería ser tan cerrada, son buenas fotos las que trae. —admitió en tanto se adentraban por el pasillo rumbo a las habitaciones.

—Ya sabes cómo es ella. No puedes llevarle la contra, si ella dice que algo es rojo, aunque todo el mundo lo vea negro, va a ser rojo —aseguró con vista al frente, mientras su compañero comenzaba a subir los escalones rumbo al ala Este—. Te veo en la noche —recordó sin mirar atrás, y la figura de Yoochun se perdió en el siguiente piso.



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Atravesó con paso lento los pasillos del colegio, saludando de cuando en cuando a alguna que otra chica que le salía al paso. Había quedado de verse con Changmin para que le mostrara el diario que traía en la mañana, y caminar hasta ahí ciertamente le hacía sentir algo inseguro. Aún podía recordar las ocasiones anteriores en que le hubiese visto ahí, y no eran recuerdos agradables, ninguno de ellos.

Al llegar hasta el bosquecillo lo buscó con la mirada, pero sin hallar señales del actor. Se recargó en el tronco del árbol en el que antes había estado esperando a la aspirante a actriz para darle los chocolates que le había encargado, y frunció el ceño con molestia.

—¡Genial! Él me dice que no lo deje esperando y es él quien me hace esperar a mí, ese maldito engreído y egocéntrico… —masculló fastidiado, cuando sintió su cabeza siendo golpeada con algo, interrumpiéndose para voltear hacia arriba—. ¡Changmin! —ahogó al reconocer al moreno sentado en una rama del árbol, clavándole su profunda mirada.

—No deberías hablar mal de las personas hasta asegurarte de que no están ahí.

—No dije nada que no supieras ya —aseguró—. ¡Baja ya mismo de ese árbol, no voy a estar hablando contigo viendo hacia arriba!

De un solo salto, el moreno actor quedó a menos de un paso de distancia de Jaejoong. Por segunda vez, su corazón empezó a latir furioso, con el inevitable tono rosado esparciéndose por sus mejillas. ¿Por qué diablos aquel chico frío y egocéntrico causaba en él tales reacciones?

—Éste es el de ayer, yo veré el de hoy —Jaejoong parpadeó sin entender, ni moverse—. El diario. —aclaró—. ¿No querías verlo? —cuestionó tendiéndole las hojas para que las tomara.

—S-Sí… —balbuceó algo nervioso.

Tomó finalmente la sección de espectáculos y se sentó en el pasto cruzando las piernas, comenzando a leer cada artículo y tratando de ignorar el molesto cosquilleo que la cercanía de Changmin le producía. Éste lo imitó, tomando su posición cerca del cuerpo del pelinegro y buscando alguna nota que hablara sobre alguno de los dos.

—La foto que mostrabas en la mañana es muy mala. Si no se sabe si realmente eres tú, es casi imposible que sepan que quien iba contigo era yo. —aseguró Jaejoong, la vista fija en la misma nota que Changmin viera más temprano.

—Sí, la foto seguramente fue tomada con un celular y ampliada, por eso la distorsión. —comentó seguro, dando vuelta a la hoja de espectáculos que veía.

—En otra sección aseguraban que era yo quien te acompañaba —añadió, y Changmin se giró para inspeccionar lo que el chico señalaba con su dedo—. Pero después se desmienten al asegurar que me vieron acompañado de tres jovencitas de muy buen ver, esa misma tarde.

—¿Las conocías? —Ambas miradas se cruzaron, clavándose fijamente en la otra por segundos. ¿Cómo se atrevía el actor a tan siquiera preguntarle? ¿Qué acaso no lo había dejado abandonado en el parque sin dinero para volver al colegio?

—No, las conocí en el parque donde me dejaste sin dinero… —masculló con marcado sarcasmo.

—Yo no te dejé, tú te fuiste como alma que lleva el diablo. —le recalcó con calma. Jaejoong frunció el ceño molesto, y Changmin se giró para volver a la sección de periódico que mantenía entre manos.

—Como alma perseguida por el diablo querrás decir. —El moreno alzó la vista, topándose contra la mirada oscura detenida en su rostro, le sonrió con aquella mueca torcida suya, y las blancas mejillas del modelo se tintaron.

—Para llevarte justo al infierno, como has dicho antes. —Y el sonrojo aumentó.

—Como sea —desvió la vista fastidiado, dándose por vencido con el duelo verbal. No cabía duda que su corazón latiendo a toda velocidad no iba a ayudarle a ganar en esta ocasión—. Ellas se ofrecieron a traerme y no me quedó más remedio que aceptar. Si hubiera traído dinero o mi tarjeta del banco, podría haber tomado un taxi.

—O pudiste haber regresado conmigo al departamento —le susurró el actor con suavidad, tras acercarse a su oído.

—¡Eso jamás! —giró de golpe para verlo, quedando sin esperárselo con el rostro del moreno demasiado cerca al suyo, sus labios a escasos milímetros del otro. Su corazón se desbocó en cuestión de segundos, en tanto su cuerpo, traicionero, se negó a privarle del calor que la cercanía del chico le proporcionaba.

El cuerpo le tembló entero por el choque eléctrico, demasiado sensitivo al momento en que Changmin alzó la mano para tomar su barbilla. Sus ojos quedaron fijos sobre aquellos labios que lentamente se acercaban a su rostro, y que se posaron con sutileza sobre los suyos, dejando deslizar una suave caricia. Quería alejarse del actor, quería moverse hacia atrás y huir, pero su cuerpo de nuevo no reaccionaba ante la sensación de aquella mano descendiendo por su cuello y el cosquilleo en sus labios producía. Quería obligarse a sí mismo a huir, pero por más señales que mandaba a su cuerpo, éste no respondía.

Una mano se abrió paso por debajo de su camisa, palpando la piel de su espalda, y su respiración se aceleró.

—No… —ahogó entre jadeos, intentando imponer en vano distancia.

—Acompáñame a los BIFF… —fue el susurro que llegó hasta su oído, tras separarse para tomar aire.

Pero esas simples palabras fueron suficiente para lograr despertarle del momentáneo hechizo en el que aquellas caricias le hubiesen sumido. ¿Acaso creía que besándolo y tocándolo así lograría convencerle para que fuera su juguete durante un evento público televisado a un montón de países?

—¡No, suéltame! —reaccionó al fin, logrando empujar al actor lo suficiente como para lograr levantarse. O casi, de no ser porque las manos de éste lo sujetaron por los brazos, lanzándolo de espaldas al suelo e inmovilizándolo contra el mismo una vez se sentó sobre su cuerpo, presionando sus muñecas contra el césped.

—No quiero soltarte —sentenció, su rostro muy cerca de el del modelo, haciéndole sonrojar. Con su corazón latiendo aún más deprisa comenzó a moverse, intentando patalear, pero era como intentar luchar contra una banda de acero remachada al suelo.

¿Qué diablos pretendía al mantenerlo en esa posición? Podía sentir perfectamente sus piernas rodeándole las caderas, así como su miembro chocándole contra la pelvis. Las manos fuertemente sujetas impidiéndole la movilidad. ¿Pero qué acaso no temía que alguien pudiera verles? Quizá si le recordaba lo que Rain le hubiese dicho…

—¿No te preocupa que te descubran? —soltó de pronto, pero casi al tiempo recordó lo que el actor hubiera también respondido en aquella ocasión—. No, qué va, a ti no te importa tu carrera, por eso te la pasas haciendo tonterías.

—¿Como cuáles? —inquirió sin separarle la mirada.

—¿Te parece poco haberle dicho a Hangeng que eras mi amante? Si no fuera porque la tomó a broma en estos momentos estaríamos en graves problemas. —acusó fastidiado, frunciendo el ceño.

—¿Qué relación tienes con ese rubio a fuerzas? —Jaejoong pestañeó confundido.

—¿Rubio a fuerzas?

—¿Me vas a decir que es rubio natural? —Y apenas al comprender, soltó la carcajada.

—No, claro que no, se lo pintó así para sobresalir. Y con respecto a la relación que mantengo con él, pues sólo somos amigos. Yoochun, él y yo somos los tres mosqueteros. —Claro, desde que se conocieron, siempre estaban juntos. Por desgracia ahora al moreno-rubio no le había tocado en el mismo salón que ellos, lo que les obligaba a estar separados en clase y verse sólo en los tiempos compartidos, como las comidas.

—Sí, por supuesto. —soltó al actor con sarcasmo, y Jaejoong arrugó el ceño. Esa era la tonadita que solía usar cuando no le creía a alguien o quería molestar, pero no iba a lograrlo.

—Ahora, ¡suéltame! —instó tratando de levantarse, pero volviendo a ser sujetado con fuerza por las muñecas para paralizarle.

—¿Por qué tomabas a tu amiga de la mano en plena clase? —Pero… ¿Qué? ¿Por qué Changmin parecía molesto por eso? Boa había sido su novia, aunque ahora sólo eran amigos y se tomaban de las manos como una muestra de amistad, nada más. ¡Pero eso no era de su incumbencia!

—¡Y eso qué te importa! —le espetó a la cara, recibiendo otro apretón sobre sus muñecas que le hizo tensar la mandíbula y evitar soltar una queja de dolor.

—¿Por qué? —insistió.

—No es algo que te interese. —evadió en medio de un vano intento por ignorar el daño que aquella posición empezaba a causarle en los brazos.

—¿Por qué? —repitió, ignorándole.

—Por lo visto no te darás por vencido hasta que te responda, ¿eh? —afiló la mirada. Por suerte no tenía sesión fotográfica en los próximos días, que sino no había modo de ocultar la presencia de las marcas que aquellas manos iban a dejar sobre su piel—. Le pedía disculpas por el exabrupto que tuve en la mañana con ella, eso fue todo.

—Lapsus brutus —comentó el alto, aflojando el agarre en las muñecas del modelo. Éste frunció el ceño e intentó pararse, cuando Changmin volvió a mandarlo de vuelta al suelo.

—El sordo no oye pero bien que compone. ¡Exabrupto, idiota! —replicó fastidiado por no poder ganarle en aquel juego de poderes. El moreno era más fuerte, no podía con él.

—Ese es uno nuevo, Lapsus Brutus, idiota —sonrió con burla, al parecer habiendo dejado esfumar la molestia de minutos atrás, porque había empezado a bromear… ¡Bromear, pero qué tontería había pensado! Shim Changmin nunca bromeaba, mucho menos se reía. Tenía que salir de ahí y pronto, o su cabeza comenzaría a idear más tonterías.

—No sabes cómo te detesto. No te soporto. ¡Suéltame ya! —gruñó intentando levantarse de nuevo, pese a no lograr moverse ni un centímetro.

—No.

—Changmin, mira que puede venir alguien y a mí sí me importa mi carrera. Tú puedes gritarle a todo el mundo que eres gay, mientras no me involucres —aclaró—. Quizá tú tienes mucho dinero pero yo necesito cada centavo que gano. —Los ojos del moreno se achicaron al escucharle. Jaejoong no entendió al momento por qué la fuerza aplicada en sus muñecas empezaba a desaparecer.

—¿Qué haces con todo el dinero que ganas? Sé que eres uno de los modelos mejor pagados del medio. Tienes cerca de catorce años trabajando, deberías de tener algo ahorrado. —Jaejoong suspiró cerrando los ojos. Sería imposible decirle que qué le importaba, si Changmin seguiría insistiendo y provocando marcas con su agarre. Además, no era desconocido para nadie lo que hacía con lo que ganaba.

—El 98% de lo que gano va a parar a manos de mi familia —El actor le soltó, quedándose así sentado sobre sus caderas para observarle—. No es para nadie desconocido que mi padre perdió toda su fortuna produciendo malas películas, así que ahora yo mantengo a la familia. Mis hermanos no trabajan y mi padre está postrado en cama desde hace tres años. Yo soy su sustento, necesito cada centavo que gano. ¿Entiendes? —Changmin volvió a tomar sus muñecas, arrugando el ceño.

—No sabía que eras de esos buenos que rayan en lo tonto —afirmó, sólo logrando que Jaejoong también frunciera el ceño molesto—. Tu hermano es un jugador empedernido que bien puede trabajar, que yo sepa tiene estudios universitarios. Tú no tienes por qué mantenerlo. Tu hermana se ha divorciado varias veces, bien puede obtener una manutención de sus ex esposos. Pero no, tienen a su tonto hermano menor que vela por ellos. Tú sólo estás obligado moralmente con tus padres, más tu padre, que al parecer es el único que te quiere.

—¡Cállate! —gritó molesto.

—Deja de ser un bueno-tonto, has pagado suficiente por ellos, es ahora cuando debes hacer tu vida y dejarlos hacer a ellos la suya. Que resuelvan solos sus problemas.

Jaejoong giró el rostro buscando escapar de aquella mirada que le perturbaba. Changmin sólo estaba diciéndole la verdad, pero dolía. ¿Cuántas veces no se había dicho lo mismo? Sin embargo el recuerdo de su padre en aquel hospital, las palabras de Hyunjoong acusándolo de su estado y el llanto de su madre secundando las palabras de su hermano, le llenaban de culpabilidad. No, no podía abandonarlos. Por más que lo quisiera, no podía abandonarlos.

Volvió a girar la cabeza para encontrarse contra aquellos ojos castaños. Él no tenía por qué saber su decisión, que creyera lo que quisiera, que dijera lo que quisiera. Las decisiones las tomaba su corazón y no su cabeza…

—Acompáñame a los BIFF. —volvió a pedir el actor.

«¿Pero qué…?» ¿Acaso ese egocéntrico pretendía fingir que nada de su discusión pasada a escasos segundos hubiera sucedido? ¡Pero cómo se atrevía!

—¡Que no! —exclamó tan desesperado como indignado. Ya no soportaba a Changmin encima suyo, con su cercanía, su calor, esa sensación de sentirse indefenso y el temblor que parecía inundarle el cuerpo. ¿De nuevo pensando tonterías? ¡No! Tenía que alejarlas de su cabeza de alguna forma. Entonces recordó algo, llenándose de curiosidad y olvidando su disputa, pese a que aún luchara por ignorar el efecto que el otro causaba sobre su cuerpo—. Por cierto, ¿qué mosca te picó en la mañana que te hizo responder por fin al saludo de Boa?

—Una mosca muy terca llamada Kim Jaejoong. —La sangre le hirvió nuevamente de indignación. ¿Le estaba llamando insecto?

—¡Eres un idiota, yo no soy ninguna mosca!

—Preguntaste y yo te respondí, fuiste tú. Te llamaste a ti mismo mosca, no yo. —aclaró. Bueno, en cierta forma tenía razón, aunque no había entendido del todo aún.

—¿A qué te refieres con que fui yo quien causó que le respondieras a Boa el saludo?

—Me dijiste que había gente que se acercaba a mí porque querían ser mis amigos y yo los alejaba con mi frialdad. Digamos que sólo estoy tomando tu consejo y dejo que alguien más se acerque, además de ti.

—A mí puedes alejarme todo lo que quieras, no me molestaría que me ignoraras como al resto de los mortales —soltó con sarcasmo, aunque no recordaba en qué momento le había dicho semejante cosa—. ¡Suéltame ya!

—Se nos está haciendo tarde para ir al taller —comentó observando su reloj, sin siquiera aflojar el agarre de las muñecas del otro—. Te voy a soltar, pero deberás acompañarme a los BIFF.

—No voy a ir contigo a ningún lado, no me convencerás de ninguna forma de que te acompañe, sería como estarme declarando gay, ¡y no lo soy! —afirmó de golpe, levantándose a la carrera y sacudiéndose las ropas.

—Eso es lo que tú dices, pero tu cuerpo lo refuta cada vez que te toco —Changmin se levantó a su vez, cruzando los brazos ante la mirada alterada del modelo.

—¡Mentira! —gritó éste con vehemencia.

—¿Quieres que te lo demuestre? —le extendió la mano. Jaejoong retrocedió todo hasta toparse de espaldas contra el árbol—. Temes que esté en lo correcto.

—No te tengo miedo, pero ya se está haciendo tarde. —se excusó rápidamente, tomando carrera para poder alejarse.

Changmin se mantuvo en su lugar junto al árbol aún tras observar al pelinegro ingresar al interior de la institución. Una mueca con forma de sonrisa cruzó sus facciones.

—Claro que tienes miedo, porque sabes que tengo razón… —susurró, llevando las manos a los bolsillos de su pantalón para tomar rumbo de vuelta a la escuela con los diarios bajo el brazo.

Necesitaba cada centavo que ganaba. ¿Por qué un chico como él, quien se había criado en un orfanato, se preocupaba tanto por gente que no le quería?



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Desde el lunes en la noche que no veía a Changmin y por segunda vez se había sentido inquieto con su ausencia. Primero no se había presentado a cenar, el martes no llegó a ni al desayuno ni a clases, y el miércoles que era el taller de teatro, tampoco había asistido. El que el moreno faltara a ese taller le dio pie a la aspirante a actriz para acosarlo durante toda la clase con sus coqueteos vulgares. ¿Por qué sería que antes gustaba tanto de que la chica hiciera aquello y ahora sólo le molestaba?

«Y en lugar de alegrarme con la desaparición de Changmin me encontré sumamente preocupado»

Tanta era su inquietud por saber del actor que se vio a sí mismo prestando atención a los noticieros de chismes que sus compañeros veían en la sala de estar. Yoochun le había ganado tres veces en el ajedrez, dándose por vencido con él cuando en lugar de responder a sus preguntas soltaba un simple “Sí” o “No” con languidez; y terminó por dejarlo solo, sentado frente al televisor atendiendo cada una de las notas que hablaban sobre los artistas o cantantes. No pudo evitar prestar total atención cuando en una de las tantas escuchó cómo se señalaba que el ex actor y ahora corredor de autos Cho Kyuhyun, se encontraba en Corea del Sur como una pequeña parada de ensayo y calentamiento en su concurrida agenda.

Un escalofrío recorrió su espina dorsal tan sólo de imaginar que Changmin bien podría estar visitando a su antiguo compañero, pero las noticias no decían nada del actor, ni hacían alusión a él en algún otro ámbito, como el legal. Apenas y fue nombrado en una nota sobre los BIFF, comentando escasamente acerca de la confirmación de su asistencia, si bien no se mencionaba acerca de quién le acompañaría.

La noche del miércoles no pudo dormir. Había una sensación extraña en su estómago que le hacía sentir dolor. Pero no el clásico dolor que te da cuando comes mucho o algo en mal estado, sino más bien como una punzada, y una que se hacía más fuerte cada que pensaba en Cho Kyuhyun y la desaparición de Changmin. La entrada de Yoochun a su recamara a la media noche muy apenas le distrajo, su amigo hacía su escapada nocturna de entre semana y él sólo le había sonreído, sin ganas de bromear con él esta vez. Algo que el músico notó.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó una vez de pie por el lado exterior del balcón del modelo, sosteniéndose del borde. Jaejoong simplemente sacudió la cabeza en afirmación y se dejó caer de espaldas contra la cama.

—¡Quiero dormir! —afirmó alzando la voz—. Asegúrate de despertarme mañana, porque no estoy seguro de escuchar el despertador.

—Claro. —Tomó la soga entre sus manos y se deslizó hacia abajo.

El pelinegro sólo levantó la cabeza para confirmar su partida, suspirando con profundidad una vez se encontró nuevamente solo.

«Maldito seas, Shim Changmin» renegó mentalmente, llevándose la almohada hasta la cabeza para apretarla con fuerza contra su cara. «Aun cuando no estás, no dejas de darme problemas»

Por la mañana Yoochun se encargó de despertarlo, porque tal como había pensado, no escuchó el despertador cuando éste sonó. Se había dormido tan tarde, que tomó el recorrido hasta el salón aún medio dormido, saltándose incluso el desayuno para poder llegar a tiempo. Su reacción instantánea apenas abrir la puerta fue buscar el bien formado cuerpo del actor, que siempre se encontraba en su banca, aunque éste día y por tercera ocasión, no fue así.

«¿Dónde se habrá metido?» Estaba intrigado. Nunca había faltado tantos días seguidos.

Pero bueno, quizá alguien allá arriba había escuchado sus suplicas y el actor desaparecería para siempre de su vida. Ese pensamiento le hizo sonreír. En pocas horas comenzaría el curso de dicción y moría de ganas por entrar en él y ver cómo funcionaba; así se olvidaría del actor y lo que fuera que le pasase.

Pero ahora, quince minutos después de terminado el curso, atravesaba a toda prisa y sumamente molesto los pasillos rumbo a su recamara. Tanto que había estado esperando el taller de dicción de los jueves ¿y todo para qué? Se topó con indignación con el causante de todos sus problemas. Ahora no sólo tenía por compañero a Changmin en el taller de teatro, también en el de dicción. Y para su disgusto, la primera clase fue un total desastre, ya que el maestro se la había pasado haciéndoles repetir muy difíciles trabalenguas. ¡Claro! Habían comenzado con los fáciles, como:

      Mi mamá me mima mucho

Para después continuar con otros más difíciles:

      María Chuchena techaba su choza
      Cuando un leñador que por allí pasaba dijo:
      María Chuchena ¿Techas tu choza o techas la ajena?
      Ni tacho mi choza ni techo la ajena,
      Techo la choza de María Chuchena


Era tanta su frustración por no poder pronunciar esas atrocidades que terminó levantándose indignado, preguntando para qué las necesitaban. Y, como si no fuera suficiente, el maestro le había llamado “jovencita”. ¡JOVENCITA! ¡Como si fuese una chica! La carcajada no se dejó esperar en el aula y el maestro se disculpó al comprender su error, pero eso no evitó que el sonrojo invadiera su rostro. Quizá y debía disculpar al hombre, ya que usaba unos horribles lentes con fondo de botella. Por lo visto su edad, evidenciada por su muy escaso pelo, no le estaba ayudando a identificar a sus nuevos alumnos.

—Dígame, joven Kim —señaló el maestro con una sonrisa—. ¿Podría usted pararse aquí al frente y leer la siguiente nota? Le aseguro que no es un trabalenguas, es sólo una nota, inventada por supuesto, que bien se podría presentar en algún diario, o quizá en la TV.

Jaejoong se había levantado molesto, sintiendo en todo momento la mirada de Changmin pegada a su cuerpo. No obstante, hizo gala de su actuación y no dejó que sus nervios le traicionaran. Tenía demasiada curiosidad por preguntarle dónde había estado tantos días, pero se la tuvo que tragar. Ya tendría oportunidad de preguntarle. Aunque… ¿Qué diablos le importaba dónde estuvo o dejó de estar?

Tomó la nota entre sus manos sumamente molesto y se dispuso a leerla a través del micrófono.

—La bella actriz Rene Zewe-… —se interrumpió de pronto levantando el pequeño escrito entre sus manos y arqueando las cejas con asombro. ¿Pero qué diablos? Era una nota de corte internacional, con nombres de la farándula extranjera—. La bella actriz Rene Zellweber… Zellweger —esbozó una sonrisa, habiendo conseguido pronunciar bien su apellido—, ha anunciado el próximo nacimiento de su primogénito, producto de su matrimonio con el también actor Arnold Schar… Schwarzeni… Schwarzenegger. Por lo que en pocos meses vendrá al mundo un Schwarzi… Schuarzeniger… Schwarzenegger Zellwiber… Zellweger… ¡Rayos, que difícil fue esto! —masculló sintiendo que el sudor perlaba su frente.

El maestro había sonreído al modelo y le había dado las gracias, explicándole cómo era que debido a la dificultad de algunos nombres y apellidos para ser pronunciados, era por lo que se necesitaba que la dicción fuera perfecta, para que todos entendieran lo que estaban diciendo al hablar. Y para que la lengua se les soltara, era que los iba a tener repitiendo trabalenguas en cada clase.

¡Maldición! De haber sabido que la clase iba a ser de trabalenguas y que Changmin iba a estar en ella, se hubiera metido a otra cosa, ¡quizá poesía! ¡O por qué no, cocina! Cualquiera donde no estuviera ese actorcillo. Suficiente era tener que soportarlo en todas las clases matutinas y en teatro, como para ahora también tener que soportarlo en dicción. Toda la clase había sentido su mirada, además de percibir su aroma, porque el muy desgraciado se había sentado a un lado suyo. ¡Sólo para molestarlo, estaba seguro de ello!

—¿Mal día?

Se detuvo al escuchar la conocida voz, encontrándose de lleno con la mirada curiosa de Yoochun sobre sí.

—Pésimo —admitió desacelerando su paso para poder acoplarse al de su amigo—. De haber sabido que este día sería así de malo, te aseguro que no me tomo la molestia de levantarme —le miró apesadumbrado—. De por sí he tenido una mala semana, este día sólo se ha sumado a los anteriores. Sólo falta que haya un terremoto y la escuela se venga abajo…

—Eso sí sería malo. —comentó sin tomarle mayor interés a su pesimismo.

Y el modelo pensaba continuar hablando, o mejor dicho quejándose, cuando se sintió ser tomado por el cuello justo igual que el músico. Al girarse con rapidez, se encontró directamente contra la amplia sonrisa de Hangeng.

—Queridos mosqueteros, ¿están listos para la maratón de esta noche? —preguntó con alegría, ignorando por completo la molestia de Yoochun por soltarse del agarre.

—Ya sabes que tengo otros pendientes. —le recordó Yoochun para deslindarse.

—Francamente yo no estoy de humor, hyung. —secundó Jaejoong con seriedad, y los ojos del moreno-rubio se posaron con molestia sobre él.

—¿Cómo que no estás de humor? —inquirió cerrando más su brazo entorno al pelinegro, acercando peligrosamente su rostro al suyo—. Y yo que tenía tantas ganas de pasar la noche contigo.

El calor ascendió no tardando en tintar sus mejillas por completo de rojo, en tanto Yoochun alzaba una ceja suspicaz por la coquetería implicada en la oración.

Jaejoong ya había abierto la boca dispuesto a reclamarle a Hangeng por semejante broma, cuando sintió el brazo del chico ser separado con brusquedad al momento en que alguien se abría paso entre ambos sin siquiera disculparse.

—¡Se dice ‘Con permiso’! —reclamó el rubio con molestia, pero apenas sintió la fría mirada atravesarle detuvo abruptamente sus quejas—. ¡Ah, Changmin! No sabía que eras tú.

—No deberían estar estorbando el paso de los demás. —respondió impasible, disponiéndose a continuar su camino cuando la voz de Hangeng le detuvo.

—¡Oye, espera! Justo a ti te estaba buscando —Changmin se giró para verlo con una ceja alzada. Jaejoong y Yoochun vieron a su amigo chino acercarse al actor sin intimidarse—. Se ha organizado una noche de maratón en la sala de estar. ¿Te gustaría acompañarnos?

—¿Maratón? —cuestionó sin comprender. Hangeng comenzó a reír.

—Creí que Jae te habría explicado qué son las noches de maratón —El moreno sólo negó con la cabeza—. Pues bien, una vez a la semana nos organizamos para escabullirnos en la sala de estar, después de las once de la noche. Jaejoong lleva los juegos de azar ilegales… Por cierto, Jae, será póker —comentó girando para con el chico, que sólo asintió—. Yo llevo algunas bebidas y cigarros para pasar la noche. En una mesa no sentamos cuatro jugadores, que somos los que tomamos las cartas y las apuestas consisten en saber quién ganará. He de decirte que Jaejoong casi nunca pierde —sonrió, levantando ambos brazos como si ya se declarara triunfador—, pero en esta ocasión yo me siento con suerte.

—No sueñes. —se burló el pelinegro desde su lugar. Changmin le miró de reojo, regresando después su atención al mayor.

—¿Cuánto dura esa maratón?

—Hasta que el cuerpo aguante, el dinero se nos acabe, sea hora de irnos a clase, o… en muy contados casos, cuando alguno de los profesores nos encuentre. —comentó entre risas. Changmin frunció el ceño y volteó hasta donde Jaejoong.

—Mañana hay examen de contabilidad ¿y en lugar de ponerte a estudiar te pones a gastar tu tiempo en tonterías?

—No es tu asunto en qué gasto o dejo de gastar mi tiempo, te hicieron una invitación y estás en tu derecho de aceptarla o negarte. —le señaló fastidiado. ¿Quién se creía para sermonearle?

—¿Ese comentario significa que no irás? —preguntó Hangeng. Changmin ni siquiera respondió cuando se giró directo a marcharse por su lado—. ¡Oye, por lo menos espero que no nos delates! —Pero de vuelta, no hubo respuesta. Se rascó la cabeza con nerviosismo, volteándose apenas sentir la mano del modelo colocándose sobre su hombro.

—No va a delatarnos —aseguró éste con una sonrisa tranquila—. Puede ser un completo ególatra, mal educado y antisocial, pero no traiciona a sus amigos. —Yoochun se acercó a ambos posando su mirada fija en el pelinegro.

—¿Y se puede saber desde cuándo son amigos? —Jaejoong se giró sintiendo el profundo sonrojo invadirle el rostro. ¿Por qué Chun le preguntaba cosa semejante? Bien sabía que no lo eran.

—Sabes que no lo somos.

—Acabas de decir que sí, ¿o es que tu subconsciente te traicionó? —El bochorno en sus mejillas incrementó.

—Yo creí que eran amigos —secundo Hangeng sin comprender—. Con eso de que los encontré peleando en tu habitación cuando llegué y que su mirada no se despega de ti… —Se detuvo de pronto, observando el rostro sonrojado del chico—. Si no son amigos, ¿por qué dijo que eran amantes?

—¿Amantes? —La mirada asombrada del músico se topó con la sorprendida del modelo.

¿Por qué Hangeng tenía que haber abierto la bocota? ¿Ahora cómo le iba a decir a Yoochun que todo había sido una broma de Changmin, cuando realmente no lo había sido?

—¿Y tú desde cuándo eres gay? —Volvió a preguntar, frunciendo el entrecejo. Jaejoong sintió su corazón latir a toda prisa en tanto trataba de encontrarle explicación a algo que no lo tenía. Pero si de una cosa estaba seguro…

—¡Maldita sea, yo no soy gay! —casi gritó, llamando la atención de varios compañeros que giraron a verlo.

Yoochun parecía molesto, jamás había visto esa mirada inquisidora en su amigo. ¿Es que acaso el músico era homofóbico o algo por el estilo? Se dio la vuelta sintiéndose enojado con medio mundo. Con Changmin por haberle dicho a Hangeng que eran amantes cuando no era cierto. Con Hangeng por haber repetido lo que Changmin había dicho, y con Yoochun por estar enojado con él por considerarlo gay cuando no lo era.

—Jae, espera —pidió Yoochun al correr por el pasillo para darle alcance—. No fue mi intención ofenderte —intentó disculparse, pero la mirada del chico era fría. No iba a ser fácil obtener su perdón—. Tú no eres gay —afirmó—, pero no estoy seguro de Changmin. —Jaejoong se detuvo en su puerta, abriendo seguido de su amigo.

—¿A qué te refieres con que no estás seguro de él? —preguntó sin verle, observando de reojo el reflejo del muchacho por el espejo. Éste se encogió de hombros.

—Changmin se comporta muy extraño cuando estás cerca —Jaejoong giró para mirarle directamente—. En el comedor no deja de mirarte. Cuando llegas al salón de clases su mirada te recorre de arriba abajo, incluso durante las clases siempre está pendiente de todo lo que haces —El pelinegro abrió los ojos con sorpresa. ¿Quién más se percataría de lo que decía Yoochun?—. ¿Te habías dado cuenta de que siempre está vigilándote? Incluso me atrevería a pensar que lo que hizo hace unos minutos con el brazo de Hangeng fue apropósito —Jaejoong le observó en silencio—. Parecía molesto, incluso celoso… Creo que Changmin está enamorado de ti.

La sonora carcajada inundó la habitación del modelo. No pudo evitar soltarla. ¿Changmin enamorado de él? Eso sí era para dar risa. Sabía perfectamente lo que el actor buscaba de él, y no era precisamente su amor.

—Estás totalmente equivocado, Chun —aseguró entre risas—. Changmin y yo no nos soportamos mutuamente, y quizá me vigila siempre por la pura intención de molestarme. Dudo mucho que sepa tan siquiera lo que la palabra amor significa. ¿Acaso no viste cómo trató a Taeyeon en la premiación de los Blue Dragon? ¿O cómo solía tratar a Boa? Y eso que ellas parecen estar enamoradas de él.

—No sé de Taeyeon, pero Boa no está enamorada de él —aseguró el músico muy seguro—. Además, ellas son chicas, y yo te estoy diciendo que Changmin es gay y está enamorado de ti.

—Tonterías —Le dio la espalda—. Y aún si fuese verdad, yo no soy gay… ni lo seré.

—Sólo piensa en lo que te estoy diciendo. —Se encaminó hasta la puerta para salir, y Jaejoong giró a verlo con el ceño fruncido.

—¿Acaso quieres que me relacione con ese maldito egocéntrico de Shim? —Yoochun esbozó una ligera sonrisa.

—No estoy diciendo eso. Sólo que si Changmin está realmente enamorado de ti, eso explicaría sus extrañas actitudes, el hecho de que no te demandara y la ayuda que te ha prestado en clases. A mí nadie me sacará de la cabeza que te ama, aunque tú lo desprecies. —afirmó, abrió la puerta, y salió a toda prisa.

Jaejoong se dejó caer sobre la silla del peinador con pesadez. No, Changmin no estaba enamorado de él, se lo había preguntado y el muy bruto le había respondido que sólo lo deseaba. ¿Qué podría haber cambiado si le hubiera dicho que sí lo amaba?…

Nada, absolutamente nada.



–.—.—.—.—.—.–





Pasaba de la media noche. Los pasillos del ala Este estaban por completo a obscuras y en silencio. Una luz mortecina, producto del único foco encendido, iluminaba el camino a las escaleras y a la sala de estar. No había nadie por aquellos corredores; desde las diez de la noche se habían apagado las luces y se había mandado a dormir a los alumnos. Todos dormían esperando la salida del sol… Todos, menos aquellos que se fugaban durante la noche para jugar maratón.

—¡Gané de nuevo! —clamó Jaejoong entre risas sonoras, jalando de su lado una considerable cantidad de billetes.

—Estás haciendo trampa. —Hangeng refunfuñó, arrojando las cartas al montón y exhalando el humo de su cigarrillo.

—Imposible que haga trampa, aquí hay muchos testigos —aseguró otro, en tanto tomaba un vaso de whisky y se lo empinaba de golpe—. Es sólo que sigue teniendo mucha maldita suerte. —gruñó.

Todos los presentes en la sala intercambiaban las ganancias o pérdidas de las apuestas, mientras uno se encargaba de barajar las cartas. Durante la hora y media que tenían jugando, Jaejoong había ganado la mayoría de las veces, razón por la cual aquellos que no apostaban a su favor sólo estaban recibiendo centavos, y eso no los tenía muy contentos.

—Ya gana, Hangeng, me estás haciendo perder mucho dinero —farfulló uno de los muchachos, tomando un cigarro para encenderlo—. Dijiste que habías traído suerte de Europa, pero parece que te la confiscaron en la aduana.

Todos comenzaron a reír y las cartas fueron repartidas de nuevo. Las apuestas comenzaron a correr. Mientras Jaejoong veía sus cartas y hacía cálculos en su cabeza para tratar de adivinar con qué podría ganar esta vez, tomó un nuevo cigarrillo de su cajetilla y lo encendió. Sintió el humo llegar hasta su garganta y comenzar a raspar, por lo que lo soltó la bocanada, atestando aún más de por sí la habitación. Casi todos sus compañeros tenían un cigarro en la mano y un vaso de vino, mientras el dinero, producto de las apuestas, seguía corriendo.

Ser el último en pedir cartas le daba la oportunidad de estudiar las actitudes de sus compañeros. Por los ojos, el sudor o los tics nerviosos, podía deducir quién tenía algo bueno, o quién sólo estaba alardeando. No por nada había visto jugar miles de veces a Hyunjoong en la mansión Kim y escuchaba los tips que les daba a sus compañeros de parranda cuando pensaba que nadie estaba en la casa. O quizá sí sabía que él estaba ahí, pero lo consideraba tan insignificante que simplemente le daba igual.

—¡Viene alguien!

El grito de alarma les hizo levantarse a la carrera y tomar el dinero, las cartas, las botellas de vino y los cigarros que había sobre la mesa. Era costumbre que hubiera un vigía en la puerta que pudiera avisarles si alguno de los maestros andaba en ronda nocturna. Los jueves casi nunca paseaban por los pasillos, por eso habían elegido ese día, aunque al parecer a alguien se le había ocurrido deambular a esas horas.

Varios alumnos se apresuraron a esconderse tras los sillones, mientras uno más tomaba un bote de spray para rociar el lugar y eliminar el aroma a cigarro. Otros habían terminado ocultándose bajo la mesa de la pequeña cocina, tan sólo esperando que el docente no fuera a encender las luces de la sala y sólo se encaminara directo por un vaso de agua, o lo que fuera. Jaejoong quedó arrinconado en la cocina, entre el frigobar y la alacena baja.

El silencio fue comunal, a la espera de que la puerta fuera abierta para que al notar que ‘no había nadie’, el profesor pudiera marcharse y continuar con su recorrido.

Jaejoong sintió el latido de su corazón acelerarse ante el chirrido de la puerta y los ligeros pasos que se encaminaron al interior de la cocina sin encender las luces. Escuchó el motor del frigobar entrar cuando justo se abrió la puerta haciéndole pegar un brinco.

—¡Auch! —se quejó cuando se sintió siendo jalado por el cabello para ser arrastrado hacia atrás. Con la boca seca, temió abrir los ojos ya previendo la segura molestia que desataría sobre él el maestro que le hubiese descubierto… como en tantas otras ocasiones.

—¿Qué diablos estás haciendo aquí?

Jaejoong abrió los ojos al reconocer aquella voz, sintiendo el alma regresarle al cuerpo. Pudo apreciar, gracias a la luz proveniente del frigobar, que no se trataba de un profesor, sonriendo al instante para ponerse de pie.

—Ah, Changmin, eres tú… Pensamos que era un maestro haciendo su ronda —explicó con una risa de nervios, encaminándose ante la oscuridad para alzar la voz—. ¡Hey, chicos! ¡Sólo es Changmin, ya pueden salir!

El alto actor vio cómo la luz de la sala de estar se encendía únicamente al centro, iluminando una mesa redonda, vacía y limpia; extraño considerando que por lo general los últimos alumnos en marcharse dejaban algo de comida o vasos sucias ahí. Sólo entonces una buena cantidad de alumnos salieron de su escondite suspirando con alivio. Sirvieron una vez más la mesa y acomodaron las cartas y las apuestas. Era una visión extraña, como ver el cuadro de los perros jugando a las cartas, pero con alumnos en pijamas en lugar de los caninos. Aquellos que habían apagado sus cigarros volvieron a encenderlos. Notó hasta ese momento que una buena cantidad de miradas permanecían sobre él, haciéndole fruncir el ceño por instinto. Quizá les extrañaba verlo ahí luego de haber dicho que no iría, cuando ahora se encontraba ahí, justo detrás de Jaejoong viendo cómo se comportaban todos esos idiotas.

—Puedes tomar lo que gustes, Changmin-ah. —le animó Hangeng sin soltar el cigarrillo que llevaba en la boca, la mirada fija en las cartas de su mano.  Un escueto monosílabo en afirmación por parte del alto chico fue toda la respuesta que recibió.

Jaejoong sintió la mirada pesada del actor sobre su hombro, y sólo al ver de reojo fue que pudo apreciar que este permanecía ahí, viéndole con el ceño arrugado. Estaba tan incómodo e inquieto que olvidó ver qué carta había tirado. Changmin cabeceó en desacuerdo y el modelo comenzó a sudar nervioso, había tirado una carta que le serviría para formar una tercia si le llegaban a dar otra con la misma numeración. Para su desgracia, en esta ocasión no tenía nada, y por la sonrisa de Hangeng, estaba seguro de que él iba a ganar.

—Y, Jaejoong… —pronunció otro de los chicos sentado a su lado, ganándose algo de atención general—, desde hace tiempo tengo una pregunta que quisiera hacerte… —Un ‘ajá’ escapó de los labios del pelinegro, quien no apartaba la vista de sus cartas en mano—. ¿Sales con esa hermosa rubia?

—Jessica y yo sólo somos amigos. —aclaró, pagando la suma de la apuesta que estaba corriendo.

—Pero dicen muchas cosas sobre ella, supongo que al decir que ‘son amigos’ te refieres a esa clase de amigos que pueden salir con otras parejas, ¿cierto? —Jaejoong volteó a verlo con el ceño fruncido y el chico pasó saliva con nerviosismo al notar la molestia en esos ojos oscuros. Changmin y Hangeng lo hacían de la misma forma.

—Yo no soy esa clase de persona, y la clase de amigos que Jessica y yo somos, no es asunto público —atajó el modelo, arrojando las cartas a la mesa—. No voy.

—Lo siento, no quise molestarte —dijo el otro apenado—. Pero como te besó en la premiación, algunos creímos que…

—¡Ya cállate! —Esta vez fue Hangeng quien en medio de su molestia tomó al chico por el cuello de la camisa del pijama—. Si lo que quieres es tener una oportunidad de salir con Jessica, primero deberás hacerte una cirugía plástica para corregir tu horrible cara. Aunque eso no te quitará lo bruto. —siseó soltándolo de tal manera tan brusca que el contrario se fue de espaldas por la impresión, cayendo directo al suelo.

Una imperceptible sonrisa se marcó en labios de Changmin al ver aquella acción del moreno rubio, más desvió el rostro evitando que cualquiera llegara a notar aquello.

El chico se levantó y salió del lugar a la carrera, mientras otro de los presentes ocupaba su lugar y tomaba las cartas que le tendían para continuar el juego.

—¿Por qué no te pones detrás de otra persona? —sugirió Jaejoong sin dejar de ver sus cartas—. Me estás dando mala suerte… —murmuró sin ningún tono de voz.

—Quisieras. —respondió Changmin de regreso con un ligero tinte irónico, más terminó por moverse a su izquierda, pese a que no dejara de mirarlo en ningún momento.

Las miradas giraron para observar al actor, algunos comenzando a murmurar, otros circulando apuestas silenciosas a la espera de ver en qué momento se molestaría el alto chico con alguno de los presentes. No era secreto para nadie el carácter huraño y violento que poseía, lo que, estaban seguros, les proveería en algún momento de algo de acción durante la noche, e iban a apostar por ello.

Él muy por su lado, trataba de no molestarse por las miradas de aquellos estudiantes sobre su persona. Odiaba ser el centro de atención en su propia escuela, pero eso sí, la mirada que más le estaba molestando, no era otra sino la de aquel moreno rubio que no parecía querer apartarse del rostro del modelo pelinegro.

—¿Hasta cuándo dejarás de ser un rompecorazones, Jaejoong? —preguntó Hangeng sin verle, dejando un par de cartas sobre la mesa para ser cambiadas. Todos giraron a verle, pero Jaejoong sólo se concentraba en su juego, intentando ignorar aquella mirada profunda del actor sobre sí que le ponía irremediablemente nervioso.

—No soy un rompecorazones. No tengo la culpa de que las chicas se enamoren de mí, te aseguro que no les doy motivos. ¡Soy un santo! —afirmó riendo, logrando que el resto riera por la broma. Todos conocían su carácter jovial y bromista, y sabían que el chico era todo menos un santo.

—¡Oh, vamos! —dijo otro de los presentes—. ¿Quién fue tu última novia? ¿Boa?

—Oficialmente sí, extraoficialmente no sé, ya perdí la cuenta. —Todos rieron, menos Changmin.

—¡Y luego dices que no eres un rompecorazones! Has tenido más novias que todos nosotros juntos —acusó Hangeng riendo—. O quizá no. Changmin, ¿cuántas novias has tenido? —preguntó el moreno-rubio virando en dirección al actor, quien permanecía con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos.

Todos los presentes guardaron un tenso silencio y voltearon en dirección al mencionado. Este parecía no haberse inmutado ni molestado por la pregunta, aún en su misma posición, sólo había observado fijamente al bailarín sin contestarle.

Jaejoong tragó saliva nervioso, por preguntas semejantes había visto cómo el actor le rompía la cara a los reporteros. ¿Sería capaz de golpear a Hangeng por una pregunta inocente como esa? En un intento por calmar su inquietud llevó el cigarrillo que mantenía encendido para llevarlo hasta su boca, pero la mano de Changmin arrebatándole el mismo antes de que llegara hasta sus labios lo sorprendió.

—¡Con un demonio, ese es mi cigarro! Si quieres uno tómalo de la cajetilla. —recriminó sacándola de la bolsa de su camisa de pijama, mirando al moreno actor con molestia, pero este le miró divertido, llevándose el cigarrillo hasta los labios para fumarlo con calma.

—Este ya estaba encendido. —explicó sin prestar mayor atención a las miradas de todos.

—¿Hasta cuándo vas a dejar de ser un maldito desgraciado? —atacó el pelinegro, tomando otro cigarro de la cajetilla para encenderlo, no apartando sus ojos fieros de los del contrario.

—Hasta que se me antoje. —regresó de mala gana.

—¿Y ahora se puede saber por qué diablos estás enfadado? —preguntó viéndolo fijamente. Changmin clavó su mirada en la contraria, sintiéndose a su vez observado por el resto de los estudiantes. Nadie había entendido el origen de aquella cuestión. Changmin se veía igual de inmutable desde que había llegado, idéntico a como se comportaba en clase. ¿Entonces por qué decía Jaejoong que Changmin estaba enojado?

—No es algo que te importe. —respondió, arrogando después el humo que había sostenido en la boca.

—Sí, tienes razón. A mí qué diablos me importa si estás contento o enfadado, por mí puedes irte al mismísimo infierno —masculló Jaejoong, lanzando su apuesta al centro—. Tengo póker, así que no se molesten, a menos que tengan una Flor o Escalera.

Una maldición general se volvió a dejar oír, mientras se repartían las apuestas. La pregunta que Hangeng había lanzado a Changmin quedó en el olvido por concentrarse en el aparente pleito entre el actor y el modelo. No era para nadie desconocido, excepto para Hangeng, que entre esos dos había una profunda aversión, y esa no era la primera vez que se hacían de palabras. Lo que sí les había resultado desconcertante era que Jaejoong se hubiera percatado del estado anímico de Changmin. ¿Quizá era tanta la antipatía que se sentían que incluso esos pequeños detalles eran conocidos el uno por el otro?

—¡Alerta de nuevo!

La voz del chico que permanecía en la puerta les hizo poner a todos de pie y volver a repetir la misma rutina de hacía unos momentos.

—Esto ahora sí me está asustando… —se escuchó la voz de otro mientras corría a esconderse entre la oscuridad del lugar.

Jaejoong saltó detrás de uno de los sillones, esta vez no se arriesgaría a ser descubierto, que si lo hacían bien podría ser mandado a detención por quién sabe cuántos días y eso le haría perder los talleres de danza, pasarela y teatro; dicción no le importaba, ese lo podría perder sin ningún problema, pero los otros sí le gustaban y no estaba dispuesto a irse castigado.

Sintió un cuerpo se apretujándose contra su cuerpo, haciéndole perder el equilibrio para caer al suelo. No le agradaba sentirse acorralado entre el respaldo del sillón, la pared y el cuerpo de alguien pegado al suyo. Quiso moverse, pero al hacerlo sus pies golpearon contra algo suave.

—¡Hey, ten cuidado! —pudo escuchar el murmullo de uno de sus compañeros que se quejaba por el golpe dado con sus pies.

—Lo siento… —murmuró de vuelta, justo momentos antes de que las manos de aquel que permanecía sobre su cuerpo comenzaran a moverse con cierta provocación. Trató de detenerlas.

¿Cómo se le ocurría a Changmin hacerle esa clase de cosas cuando una buena parte de sus compañeros estaban tan cerca? Quizá no podían verles porque las luces en la sala de estar estaban apagadas, pero eso no le daba ningún derecho a tratar de propasarse con él. Aunque el actor nunca le pedía permiso para hacer de las suyas… esta vez sí se estaba pasando en serio.

—¡Basta! —clamó por lo bajo con enfado, logrando que aquellas manos se detuvieran por un instante. Sin embargo, algo el confundió. Siempre que Changmin estaba cerca había un aroma particular que llegaba hasta su nariz, inundándole los sentidos, y esta vez no era así. Tal vez sería que la mayoría de los presentes en aquella habitación andan con cigarros a la mano y el aroma a tabaco se había impregnado en sus ropas, además del bote de spray que habían vaciado para que el aroma del humo disminuyera.

Las manos que le habían sujetado comenzaron a moverse de nuevo por su pecho y Jaejoong se sintió molesto con aquellas caricias que se deslizaban por su cuerpo tratando de excitarle, pero que en esta ocasión estaban consiguiendo todo lo contrario. Bufó fastidiado y dejó soltar un golpe con la mano cerrada sobre las costillas del idiota que casi se subía a su cuerpo, sintiendo cómo este se replegaba doblándose un poco y soltaba una risita muy cerca de su oído. El aliento cálido chocó contra su mejilla y el aroma a alcohol llegó de lleno a su nariz…

«¡No es Changmin!» se alertó sintiendo cómo esa misma persona le sujetaba con violencia por la nuca para pegar la frente a la suya.

—Deja de moverte tanto, Joongie, si sé que te gusta esto… —Jaejoong sintió un escalofrío recorrerle la espalda al reconocer aquella voz, en medio del sonido aguardentoso que le daba la borrachera.

—¿Ha… Hangeng? —murmuró con la voz temblorosa—. ¿Qué crees que haces? —cuestionó intentando soltarse de las fuertes manos que trataban de acercarlo a sus labios.

—Me gustas mucho —Jaejoong abrió los ojos enorme al escuchar aquello—. Siempre me gustaste mucho, pero yo no sabía que eras gay. Y ahora que lo sé… no quiero perderte por culpa de ese actor… —balbuceó al tiempo que trataba de posar sus labios sobre los del modelo, lo que debido a la oscuridad y a la resistencia del pelinegro le resultó imposible.

—Hangeng, estás equivocado —volvió a murmurar—, y además estás borracho. —le advirtió tratando de imprimir algo de enojo en su voz, pero no había resultado.

Esa confesión le había preocupado, pero estaba casi seguro de que era producto de la borrachera y no porque fuese realmente cierto. «¿No dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad?»

—Maldición… —murmuró para sí mismo.

¿Por qué ahora acudían a su memoria las palabras de Changmin? Él le había dicho al actor que sus besos le habían gustado y había replicado que estaba tomado. Y era cierto… los últimos besos que había recibido por parte del menor le habían gustado en verdad. Entonces… ¿Hangeng era gay y gustaba de él como lo estaba confesando?

—¡No, Hangeng! —ahogó alarmado al sentir la mano del moreno-rubio descender por su vientre para intentar llegar hasta su entrepierna. Esta vez no había tenido precaución de murmurar y su voz se escuchó en toda la sala de estar poniéndolo más nervioso aún, y haciendo que el sudor comenzara a perlar su frente.

Pero el peso de Hangeng desapareció por completo de su cuerpo por sorpresa, lo que le permitió incorporarse a la carrera tratando de distinguir algo en medio de la oscuridad. No obstante sólo percibió un ligero golpe, como el sonido  que llegaba hasta sus oídos cuando Changmin lo empujaba contra las paredes de la escuela.

Hangeng sintió un fuerte brazo sobre su cuello, en tanto el resto de su cuerpo permanecía pegado a la pared sin permitirle el movimiento. No podía ver a nadie al frente, no había ni una sola luz colándose, sólo un fuerte aroma a colonia cara que llegaba hasta su nariz, esa misma fragancia que llegó cuando Changmin entró a la sala a interrumpir la ronda de maratón. Sonrió un poco al darse de quién se trataba.

—No te atrevas a molestarlo —El susurro de Changmin guió los pasos de Jaejoong. ¿Había sido el actor quien le había quitado a Hangeng de encima?—… o te haré pagarlo. —Hangeng sonrió aún más al comprobar que sus suposiciones eran acertadas.

—¿Y tú quién eres, tú guardaespaldas? —Su voz a pesar de ser queda, sonó en toda la sala de estar.  Aunque estaba cerca, porque Jaejoong había podido escucharlo con mucha claridad—. Ah no, dijiste que eras su amante —recordó entre risas—, pero el que te entregue su cuerpo, no quiere decir que haga lo mismo con su corazón. Él no te quiere —aseguró muy confiado—. Te admiraba mucho, pero eso es tiempo pasado. Él dijo que ni siquiera son amigos. Yo soy uno de sus mejores amigos, y el día que te deje vendrá conmigo.

—¡Hyung, basta! —premió Jaejoong en murmullos, llegando a oscuras hasta la pared donde Changmin mantenía a Hangeng bien sujeto por el cuello, cual si intentara ahorcarlo—. Estás tomado y no sabes lo que dices. Suéltalo, Changmin… —pidió tomando a tientas el brazo del mismo para que soltara al bailarín.

Una fuerte luz cayó de golpe hasta la sala en ese momento, los tres voltearon a la puerta para toparse en directo con el maestro de literatura de pie en el marco.

—Muchachos, ¿no creen que es un poco tarde para estar fuera de sus camas? —cuestionó el joven hombre dirigiendo una mirada curiosa a los tres chicos en pijama que le observaban sorprendidos—. Si vinieron por leche, jugo o un sándwich, dense prisa, los quiero dentro de sus camas en menos de cinco minutos. ¡Y ESTO VA PARA TODOS! —gritó girando su mirada acusadora hacia la oscuridad—. En ese tiempo volveré a pasar por aquí y a quien sea que vea todavía aquí se irá directo a detención sin miramientos.

—Ya nos vamos, profesor. —afirmó Jaejoong, el hombre sonrió y asintió con la cabeza dándose la vuelta para seguir con su recorrido.

—¡Vámonos! ¡Vámonos, vámonos!

El sonido de las cosas moviéndose y de la puerta abriéndose no se hizo esperar, todos los alumnos salieron de su escondite para dirigirse a sus habitaciones a toda prisa.  Dos veces escondiéndose en una noche, había sido demasiado para ellos. Si hubiera sido otro el maestro que les hubiese descubierto ya estarían todos anotados para pasar los siguientes días en la última habitación del primer piso, soportando a la amargada de la subdirectora y sus eternos sermones de buenas costumbres.

—Jaejoong, no olvides conectar la alarma contra incendios. —recordó uno de los chicos antes de salir de la sala de estar.

—Márchate —le señaló Changmin, sin apartar su mirada de la del moreno-rubio, quien sólo le veía con el ceño fruncido—. Yo me quedaré y aseguraré de que llegue a su habitación.

—Tú también puedes irte, Changmin —indicó Jaejoong mientras se subía a la mesa en la que habían estado jugando—. Esto quedará en un minuto.

La puerta se abrió y Hangeng salió por ella, Changmin se asomó sólo para asegurarse de que todos se hubiesen marchado y se quedó recargado en el marco de la misma con las manos en los bolsillos, viendo lo que el pelinegro hacía.

—En verdad puedes irte —Jaejoong le miró de reojo. El que su mirada le recorriera de arriba abajo le ponía más nervioso de lo que ya estaba.

—Me quedo hasta que termines —aseguró. Jaejoong suspiró con resignación mientras tomaba los cables de la alarma para volverlos a conectar—. ¿Por qué el maestro no nos mandó a detención? —preguntó sin perder detalle de los movimientos del modelo—. Estábamos rompiendo una de las reglas de la escuela. Eso sin contar que se dio cuenta no éramos los únicos aquí… —Jaejoong comenzó a reír.

—El maestro de literatura se graduó hace dos años de aquí, es un gran escritor, así que se sabe todas nuestras andanzas. No hay nada que podamos ocultarle. Mientras no nos metamos en problemas, él no nos delatará —aseguró el pelinegro, terminando de unir el cableado de la alarma contra incendios—. ¡Listo! —sonrió satisfecho, dándose la vuelta para disponerse a pagar de la mesa de un salto.

—¿Cómo sabes que funciona? —inquirió el alto al observar los alambres unidos sólo con cinta de hilar—. Si uniste mal la corriente estaremos corriendo peligro si es que llegamos a tener un verdadero incendio. —Jaejoong frunció el ceño y dejó caer la mirada sobre la contraria.

—Yo estuve aquí cuando se instalaron las alarmas contra incendios, por eso sé cómo desactivarlas y volverlas a activar. La alarma es sensible al humo, aunque sea de cigarrillo, por eso la desactivamos cuando venimos aquí a jugar. Y esa alarma —apuntó al aparato redondo que estaba en el techo—, está activada.

—Si estuviera activada habría un foquito rojo que así lo indicara, y yo no lo veo. —Jaejoong volteó para ver la alarma.

Era cierto, el foquito rojo que indicaba que la alarma funcionaba no estaba encendido. Era imposible que se hubiese equivocado al unir los cables. Sólo para estar seguro, iba a hacerla funcionar, al fin y al cabo, la alarma sólo sonaría en la sala y podría apagarla rápido, nadie se daría cuenta.

Sacó de la bolsa de la camisa del pijama el encendedor. Le quitó la envoltura a la caja de cigarros y la incendió por la orilla.

—¿Qué crees que haces? —cuestionó Changmin al notar lo que intentaba.

—Pruebo la alarma —evidenció acercando el papel encendido al censor y lanzándole tanto la cajetilla como el encendedor a Changmin. La alarma no emitió sonido alguno—. ¡No puede ser! —masculló alarmado—. Estoy seguro de haber conectado bien los cables…

—Déjalo, mañana lo reportaremos a dirección. —sugirió Changmin, recargándose en la pared a un costado de la puerta, mirando cómo el modelo insistía en acercar el papel encendido al censor sin respuesta alguna.

—¿Reportarlo? ¿Y qué se supone que les voy a decir? “Señor director, desconecté la alarma porque estábamos fumando y cuando la quise volver a conectar ya no funcionó”. ¿Te parece bien así o aún más acusador? —refunfuñó de mala gana, sacudiendo el papel para pagar la llama que ya casi llegaba hasta sus dedos cuando la puerta de la sala de estar se abrió de golpe, ocultando la figura de Changmin detrás de ella para abrirle paso a la alta y fornida silueta de un hombre mayor.

—¡KIM JAEJOONG!

—¡Director Lee! —brincó Jaejoong asustado al ver al hombre de pie en el umbral de la puerta, con el cabello revuelto, agitado y en pijama. Era claro que se había levantado a la carrera y había llegado corriendo hasta la sala de estar.

—¡Baja ahora mismo de esa mesa! —Jaejoong saltó de ella de inmediato—. Debí haberme imaginado que eras tú, jovencito, pero ahora te has metido en un gran lío —aseveró el hombre acercándose al modelo, tomándolo de la oreja al tiempo en que levantaba el radio que traía en mano para hablar con voz osca—. Cancelen la llamada de ayuda a los bomberos, no hay ningún incendio, fue la broma de un estudiante.

—¡Ay! —se quejó el pelinegro por el jalón—. No fue mi intención alarmarlos. La alarma no estaba funcionando y sólo quería probarla… —intentó explicarse, pero el director parecía demasiado molesto.

—Claro que funciona la alarma silenciosa, es nueva, la pusimos apenas durante las vacaciones de invierno. ¿Sino por qué estoy aquí? Casi haces que me dé un infarto —acusó arrastrándolo por el pasillo. Jaejoong tan sólo suspiró resignado, con razón la alarma no había sonado como antes, si era nueva—. Te voy a dejar encerrado seis meses por esto. —El modelo pasó saliva nervioso. Seis meses era perderse todo el año escolar, iba a tener que repetir todos los talleres. «Maldición».

—Director Lee…

La inesperada voz a sus espaldas le hizo detenerse sin soltar a Jaejoong, sorprendiéndose al ver de pie al actor Shim Changmin junto a la puerta de la sala de estar.

—No fue culpa de Jaejoong hacer sonar la alarma. —testificó, logrando que el hombre soltara al modelo y este se sobara el lóbulo de la oreja.

—No trate de defenderlo, joven Shim, conocemos muy bien las bromas de Kim y estoy seguro que esta es una más de ellas —afirmó con molestia—. Y si no quiere verse involucrado en un castigo por esto, será mejor que se marche a su habitación.

La amenaza no obstante, no pareció amedrentar al más joven. Jaejoong notó que por el contrario, este parecía retarle con la mirada cuando comenzó a avanzar hasta ellos. Se detuvo delante del hombre y extendió la mano para entregarle algo. El director Lee tomó la caja de cigarros y el encendedor que Changmin le entregaba.

—Fue mi culpa —aseguró. Los ojos de Jaejoong se abrieron enormes ante aquella inesperada acción—. Estaba fumando en la sala de estar y la alarma se activó. Jaejoong me lo advirtió, él sólo trataba de desconectarla para que no sonara cuando usted llegó y lo encontró.

—¡Joven Shim! ¿Acaso no sabe que está prohibido fumar dentro de las instalaciones escolares? —cuestionó el director, apretando la cajetilla de cigarros que se arrugó en su mano.

—Cuando me inscribí usted le dio las reglas a mi representante.  Él las leyó, no yo, así que no estoy enterado de qué puedo hacer y qué no. Me he ido enterando conforme las rompo, como salir de mi habitación después de las 10 de la noche para ir al gimnasio —mandó una mirada hasta el pelinegro, quien sintió el sonrojo asomando su rostro—, o fumar en la sala de estar —concluyó—. Le he entregado los cigarros y el encendedor como muestra de que no volverá a ocurrir.

—¡JOVEN SHIM! —aseveró el director. Jaejoong comenzó a sudar, jamás había visto al hombre tan enfadado. Ya estaba temiéndose que ahora sí lo expulsara, tanto a él como a Changmin. O al menos hasta que vio al director suspirar para empezar a respirar más tranquilamente—. Está bien, está bien. Por esta ocasión los dos pueden irse sin reprimenda alguna. Jaejoong no ha roto las reglas y el joven Shim no es la primera que rompe. Espero que cumpla con su palabra —miró al actor fijo, Changmin sólo asintió—. Ahora, vayan los dos a sus habitaciones.

—Gracias, director Lee… —logró pronunciar Jaejoong con una sonrisa, tomando su camino al lado de Changmin para regresar a sus recámaras.

Lo que aún no comprendía era, ¿por qué Changmin le había salvado de ir a detención? La culpa había sido suya y el actor le había prestado su ayuda… una vez más. ¿Sería cierto lo que Yoochun le hubiera dicho unas horas atrás?… No, imposible. Sacudió la cabeza sólo para espantar tan loca idea. Changmin no le quería, sólo deseaba su cuerpo. Volteó a verlo de reojo. Había muchas locas ideas que estaban circulando su cabeza, por suerte, esta noche no había probado el vino, que sino las ideas serían más locas aun.

—Te metiste en líos por mi culpa —comentó de forma desinteresada, desviando la vista al frente. Sabía bien que el director Lee ahora tendría a Changmin en la mira, esperando porque volviera a quebrantar las normas de la escuela para mandarlo a detención. Él ya era una fichita, pero Changmin no tenía por qué pagar por sus culpas.

—No quiero perder a mi compañero de teatro. —afirmó con el mismo desinterés. Jaejoong se giró para verle con la sorpresa reflejada en el rostro.

—Un momento, ¿cómo sabes que si me voy a detención pierdo los talleres? ¿No se supone que no te sabes las reglas de la escuela? —acusó asombrado. Changmin no sabía qué era ir a detención, o por lo menos eso imaginaba ya que había dicho desconocer las reglas. ¿Acaso había mentido?

—Mentí. —Bingo. Jaejoong curvó la boca, era de esperarse. Había sido tan buen actor que le creyó todo aquello sobre no haber leído las normas.

—Sí, lo supongo. Quién sabe en qué tantas otras cosas hayas mentido. —masculló con fastidio, apurando el paso para llegar hasta su puerta y deshacerse lo más pronto de la presencia del actor. Su cercanía le crispaba los nervios.

—Nada en lo que a ti respecta —Jaejoong le miró de reojo antes de poner la mano en el picaporte de su puerta—. ¿Tienes más cigarros? —cuestionó tomándolo por el brazo para evitar que abriera.

El contacto era leve, sólo le sostenía sin presionar su piel, pero la sensación cálida que transmitía a través de la tela del pijama bastó para hacerle estremecer ligeramente. Un calor sofocante llegó hasta su rostro y sin meditar en sus palabras respondió a la carrera.

—¡Claro, en mi habitación! Pero pensé que ya no ibas a fumar. —apuró sin verlo, Changmin le soltó permitiendo que su corazón dejara de latir tan apresurado.

—Mentí de nuevo. —aseguró el actor. Jaejoong esbozó una leve sonrisa y abrió la puerta de su habitación.

—Por supuesto. Entra. —Pero apenas terminó de pronunciar aquello fue que sus ojos se abrieron con sorpresa. ¿Entra? ¿En qué demonios estaba pensando al invitar al actor a su cuarto? Su corazón volvió a acelerarse al sólo imaginar que Changmin entrara en su habitación a semejantes horas de la noche. No obstante, se sorprendió mucho más al escucharlo.

—No. Te veré en el balcón. —Jaejoong giró su mirada intrigada para verlo.

—¿Eh? —Aunque Changmin ya había caminado hasta su habitación para adentrarse en ella.

¿Qué había pasado? Changmin se había negado a entrar en su cuarto y se marchaba a su propia recámara. De haber estado él en el lugar del actor, habría aprovechado la oportunidad de encontrarlo solo para acosarlo de nuevo.

Abrió la puerta de su cuarto y cerró a sus espaldas con molestia. ¿Pero en qué rayos estaba pensando para sentirse enojado con Changmin por no querer entrar a su habitación? Era un peligro tenerlo dentro y eso lo había muy bien, pero la información de K! News la tenía muy presente. Kyuhyun estaba en Corea, y Changmin no había estado en la escuela.

—¡Pero qué rayos! —se dijo enfadándose de nuevo consigo mismo—. ¿A mí qué me importa con quién estuvo estos tres días?

Corrió hasta la cama y tomó de la tarima el paquete de cigarros que tenía guardado. Aún le quedaban muchos, así que sólo sacó una cajetilla y guardó el resto. Escuchó golpes leves en el vidrio del balcón y se dio prisa en salir. Changmin ya le esperaba sentado en la baranda. Se acercó para ofrecerle el cigarrillo que le había pedido y él tomó otro, lo encendió al momento y se quedó de pie frente al menor, sólo viéndolo con fijeza.

Era extraño, pero se veía abatido. No mostraba el clásico semblante de todos los días, o el que había mostrado cuando ingresó a la sala de estar. Changmin podía parecer imperturbable, pero en ocasiones como esta era que podía darse cuenta que también era humano.

—¿Por qué no quieres acompañarme a la ceremonia? ¿Soy yo, acaso? —preguntó el actor sin verle. Jaejoong caminó hasta el otro lado de la baranda y se recargó para fumar. Changmin se veía tan melancólico que no quería incrementar su tristeza si le contestaba mal, así que respondería con la verdad.

—Francamente, no, no eres tú. —confesó, consiguiendo que Changmin volteara a mirarlo de reojo.

—¿Entonces?

—Es la ceremonia en sí, todas esas premiaciones, donde hay periodistas y conductores que sólo están esperando que te equivoques para destrozarte —explicó lanzando el humo que comenzaba a picar en su garganta—. Que si escogiste mal la ropa, que si la corbata no combina, que si la camisa no te favorece, que no lustraste tus zapatos… —gruñó para sí—. Que si la persona que te acompaña la sacaste de algún antro de baja categoría… —masculló con ironía al recordar el comentario de una de aquellas conductoras que se creían las mejor vestidas del mundo—. Hay demasiada hipocresía, demasiadas envidias. Yo no seré artista, pero conozco a muchos en el medio que son y he trabajado con algunos cuantos. Muchos te hablan bien de frente, pero apenas te das la media vuelta te encajan el puñal por la espalda, y no sabes cuánto odio que me mientan. He asistido con Jessica a unos cuantos en los últimos años, pero es porque siempre encuentra una forma de obligarme. Por suerte ahora no tiene nada con qué chantajearme y me he salvado de ir a ese fastidioso evento. Y como tú no puedes obligarme, estoy tranquilo —admitió mientras volvía a llevar el cigarro a su boca. Changmin se enderezó de nuevo para seguir viendo a la nada—. ¿Por qué me quieres a mí en ese evento? —Esa era una pregunta que le había querido hacer desde que le insistió en llevarlo al evento—. Hay tantas personas que estarían gustosas en acompañarte… Creo que la principal sería Taeyeon.

—Tú eres la única persona que conozco que no se favorecería con mi fama. Taeyeon lo primero que haría si la llegase a invitar sería informarle a los medios para que estuvieran al pendiente de su arribo. No se cansaría de mentirles a todos sobre nuestro estatus, aun sabiendo que no somos nada. Te vi con Jessica y me gustó tu comportamiento, la dejaste lucirse a ella y tú te mantuviste detrás, jamás la opacaste, siendo que tuviste muchas oportunidades.

—Ella era la nominada, no yo. —Denotó con calma. No cabía duda que a veces el actor sabía comportarse, se podía mantener una buena conversación con él. Si siempre fuese de esa forma, quizá hasta amigos podrían ser.

—Mei te manda esto. —Changmin le extendió un recipiente de hielo seco. Jaejoong parpadeó acercándose y lo tomó entre sus manos, abriéndolo para descubrir un generoso trozo de pay.

—¡Gracias! —sonrió de inmediato, apagando el cigarrillo contra la baranda—. Dale las gracias a Mei por recordarlo —asintió mientras sacaba el tenedor plástico que guardaba el recipiente para comenzar a comer. Aunque se detuvo de pronto, observando al alto chico que parecía haber perdido la mirada en la nada, fumando con calma—. ¿Estuviste estos días en tu casa?

—Sólo llegaba a dormir —afirmó—. Estuve arreglando el problema con Fukutaro. —Jaejoong sintió que se atragantaba, llamando la atención del actor.

—Pensé… Pensé que no te había demandado, en verdad creí que sólo alardeaba con los medios. —Changmin curveó la boca con fastidio y se llevó el cigarro hasta los labios de nuevo.

—Fukutaro no es de los que alardea, Jaejoong, sólo que no le gusta hacer pública su vida, ni sus problemas. Actúa guiado por el enojo sólo al principio, lo que lo hace actuar como un tonto. Después se calma y reacciona de forma inteligente.

—Parece que le conoces bien. —comentó el pelinegro con gesto distante. Por algún motivo el que Changmin hablara de esa forma de un miserable como Fukutaro no le agradaba mucho.

—Le conozco y punto. El arreglo para no demandarme incluía dejarte en paz…

—¿Eh? —Jaejoong abrió sus enormes ojos oscuros con sorpresa.

—No acepté, por supuesto —volteó a verlo—, por lo cual la demanda está en proceso. Pero Fukutaro no contaba con que sacara una restricción para que no se acerque a ti por más de 100 metros.

—¿Que hiciste qué? —respingó parándose de frente al actor—. ¿Con qué derecho?

—Fukutaro no puede acercarse a ti, si quieres que la restricción tenga efecto, debes firmar unas formas que te llegarán mañana a dirección. Mi abogado se encargará de llevarlas al juzgado. Si he cometido un error sólo ignóralas y Fukutaro podrá intentar llevarte con él la próxima vez que te vea borracho. —Una fría mirada de reojo cayó sobre el pelinegro.

Jaejoong pasó saliva sintiéndose nervioso. Changmin había interpuesto una demanda de restricción para que Fukutaro le dejara en paz, aunque nunca había sido un problema demasiado grave, el japonés era relativamente fácil de controlar, si bien fastidioso. Por otro lado, se sentía molesto con Changmin por tomarse atribuciones que no le correspondían. Si él quería a alguien lejos de sí, era al actor y no a Fukutaro. “Amigos”, ¡JA! Con la forma de ser de ese egocéntrico jamás llegarían a nada.

—Firmaré las formas —aseguró, y el menor cambió su mirada osca por una más serena—, pero donde dice Fukutaro, ¡pondré Shim Changmin! —masculló molesto, sólo logrando que Changmin volviera a fruncir el ceño—. No tienes ningún derecho a prohibirle a nadie que se acerque a mí. Fukutaro no es peligroso, tú sí.

—Haz lo que se te dé la gana. —Changmin se notó molesto cuando apagó el cigarrillo y volteó de nuevo al frente.

Jaejoong parpadeó confundido, esperaba otra clase de reacción del actor, no una tan… tan… ¿pasiva? Sí, no había forma de llamarle a la reacción de Changmin, más que pasiva. Sólo le había respondido molesto, sin más ni menos. ¿Qué estaba ocurriendo con Changmin? ¿Tendría Kyuhyun algo que ver con ese estado de ánimo tan… triste? ¿Y por qué el hecho de pensar en la tristeza de Changmin se la tenía que atribuir a Cho Kyuhyun?

«Maldición»

—¿Qué rayos te pasa, Changmin? —cuestionó mirándolo fijamente. El menor se enderezó para verle en silencio—. Todo este día te has estado comportando muy extraño. No eres el mismo Shim Changmin arrogante y altivo de todos los días —Él no respondió nada, sólo observándolo—. ¿Cho Kyuhyun tiene algo que ver con tu extraño comportamiento? —La mirada de Changmin no pudo mostrar más que extrañeza.

—¿Kyuhyun? —repitió sin entender—. ¿Qué tiene que ver Kyuhyun en todo esto? —Jaejoong suspiró, con un incómodo malestar apoderándose de la boca de su estómago. ¿Sería el pay que había comido pocos minutos antes? Sí, esa tenía que ser la causa.

—¿No fuiste a ver a Kyuhyun a la capital? ¿No es por eso que te comportas de forma tan extraña? —Pero la mirada de Changmin le decía que no entendía de lo que hablaba—. ¿Te dijo algo que te hizo sentir mal? ¿Acaso te rechazó? —El alto chico se puso de pie, quedando a sólo centímetros del rostro del pelinegro.

—¿De qué demonios estás hablando? —interrogó tomándolo por los hombros—. Yo ni siquiera sabía que Kyuhyun estaba en Corea, no sé por qué piensas que tiene algo que ver conmigo, eso terminó hace años… —Los ojos de Jaejoong se abrieron de sorpresa.

“Eso terminó hace años”

Entonces sí habían tenido algo que ver, eso le confirmaba lo que Mei Ling sospechaba, y que posiblemente Kyuhyun sí era la causa por la que Changmin fuera gay. El dolor de estómago se estaba haciendo cada vez más insoportable, y el que Changmin lo tuviera sujeto de los hombros sólo lo empeoraba pues no era posible alejarse de él. El cosquilleo que las manos del menor le provocaba le hacía estremecer, su rostro ardía, pero no iba a permitirse ser el juguete con el que sólo se divierten y después botan.

—Ya comprendo… —La voz de Changmin le sacó de sus pensamientos—. Desaparecí de la escuela sin decirte nada, te enteras que Kyuhyun está en Seúl y piensas que me he ido a verlo —El rostro de Jaejoong se transformó a completa sorpresa—. Kim Jaejoong, estás celoso.

—¡MENTIRA! —gritó con vehemencia tratando de alejarse del actor, pero Changmin dejó deslizar sus brazos por la espalda del modelo para evitar que se apartara—. Suéltame. —urgió nervioso. El calor del cuerpo ajeno pegado al suyo comenzaba a lanzar torrentes de electricidad por todo su cuerpo, amenazando a sus piernas con hacerlas flaquear.

—No tienes por qué estar celoso, Jaejoong… Tienes razón al decir que me he estado comportando extraño, pero es porque mi padre llegó el día de ayer y tuve una discusión con él, por el asunto de la demanda que interpuso mi madre. Como siempre, se ha puesto de su lado ignorando todo lo que yo tengo que decir. —Jaejoong detuvo de pronto sus intentos por soltarse.

—No sabía que tu padre estaba en el país… —susurró.

—Ahora ya lo sabes —afirmó—. Por lo mismo no tienes por qué ponerte celoso de Kyuhyun, que en cambio yo sí tengo motivos para estarlo de ti —Jaejoong lo observó, tratando una vez más de soltarse sin lograrlo—.  Tus amigos tienen razón al decir que eres un rompecorazones, pero no sólo rompes los corazones de las chicas, también de los chicos.

—Hangeng estaba borracho, él no es gay. —aseveró entre el nuevo intento por soltarse.

—Claro que lo es, de eso me di cuenta desde que lo vi. Y hay más amigos tuyos que lo son, aunque lo mantengan en secreto. Eres tú el único que parece no darse cuenta. Incluso tú lo eres… ahora que estás enamorándote de mí… —aseguró sólo logrando que Jaejoong frunciera el ceño molesto.

—Eres un maldito presuntuoso y engreído… —intentó comenzar, pero los labios de Changmin sobre los suyos le bloquearon toda habla.

Sentir aquellos labios provocó nuevos estremecimientos, logrando que su cuerpo temblara de pies a cabeza. Las manos del más alto se cerraron sobre su cuerpo sin darle oportunidad a escapar, aunque aún de poder hacerlo, no lo lograría, no con sus piernas negándose a moverse de su lugar. Este beso era más bien como los últimos que le había dado, nada que ver con aquellos besos salvajes que le arrancaban el aliento y los sentidos de golpe. Si bien no dejaban de ser sensuales,  lo que combinado con las caricias sobre su cuerpo conseguía que todos sus sentidos se alejaran rápidamente de la realidad, pidiéndole a gritos dejarse llevar, dejarse arrastrar por ese fuego que le recorría las venas y le inflamaba la sangre.

Abrió la boca sin darse cuenta, permitiéndole a Changmin profundizar aún más, adentrarse en esu interior para jugar con su lengua, para hacerle estremecer de nueva cuenta, que sus sentidos traicionaran su razón al corresponder aquel roce con igual pasión y entrega. Ese dolor en la boca del estómago parecía ser anestesiado con los besos y caricias del menor.

“Te estás enamorando de mí”

Las últimas palabras de Changmin parecían querer tatuarse en su interior. No era verdad, no se estaba enamorando de él. ¿Pero por qué su cuerpo reaccionaba como si fuera de mantequilla ante su sólo tacto?

—Aahh… —Un jadeo escapó de su garganta al sentir las manos del actor bajar por sus glúteos, acercándolo hasta sus caderas para amoldarlo contra su cuerpo con maestría, dejándole así sentir la dureza del miembro de Changmin contra el suyo que… ya comenzaba a estar en iguales condiciones.

«No, esto está mal…»

Pero su cuerpo se negaba a obedecer las órdenes que dictaba su cerebro. Su corazón y aliento estaban descontrolados. Las manos de Changmin se movían por su figura, incitándolo, excitándolo sin poder detenerse, sin querer realmente hacerlo, respondiendo al beso que en ningún momento había sido roto por ninguno de los dos.

Un “Basta” escapó de  su boca al romper el contacto que casi le dejaba sin aire, pero aquella palabra no había mostrado ningún tinte autoritario, pues había sonado más a un ruego porque continuase que porque se detuviera.

Odiaba a Changmin, lo odiaba por lo que le hacía, lo odiaba por hacerle reaccionar con sus besos y sus caricias, le odiaba porque no podía resistirse y su cuerpo y mente comenzaban a ceder.

No supo en qué momento las manos de Changmin arrancaron el saco del pijama de su cuerpo, llevándose de encuentro todos los botones y desprendiendo parte de la tela. Aquellos largos dedos comenzaron a recorrerle con sensuales caricias, lanzando corrientes eléctricas llenas de gratas sensaciones, robando de su boca ligeros gemidos de placer. El aire frío de la noche no estaba logrando su  trabajo en él, porque el calor que ambos cuerpos producían parecía sólo ir en aumento.

«¿Por qué no?…»

La pregunta cruzaba su mente sin cesar cada vez que esa sensación de que todo estaba mal luchaba por apoderarse de él.

¿Por qué no? Por qué no entregarse a las sensaciones que el actor tan hábilmente sabía despertarle.

¿Por qué no? Por qué no entregar su cuerpo al menor, quizá haciéndolo una vez lograría que por fin le dejara en paz.

¿Por qué no? Porque él no era gay y sin embargo… sin embargo estaba respondiendo a las caricias y los besos del chico como jamás creyó poder hacerlo.

Fue en ese  instante en que se sintió ser recostado sobre algo mullido y suave que logró despertar de sus pensamientos. ¿En qué momento había sido conducido hasta el interior de la habitación y llevado hasta su cama? Tan alejado estaba de la realidad con las caricias del más joven que ni siquiera era consciente de lo que hacía, sólo podía sentir… y vaya que se sentía bien.

Un gemido aún más fuerte escapó de su boca cuando una de las manos de Changmin se dejó introducir por el cintillo de su pantalón del pijama para llegar hasta su miembro ya erecto, la calidez de aquellos dedos envolviendo la delicada piel de su intimidad le hicieron estremecer con mayor fuerza. El menor le estaba seduciendo y él mensamente se dejaba conducir como un principiante. Porque no podía negarlo, Changmin era un experto y su cuerpo respondía ante sus caricias.

—Sé mi amante… —El ligero murmullo que llegó hasta su oído justo cuando los dientes del actor mordían el lóbulo de su oreja provocó un nuevo estremecimiento—. No te arrepentirás…

Ni siquiera estaba razonando, las sensaciones que Changmin despertaba en él le hacían olvidar aquello que el alto estaba buscando: una diversión nocturna. Pero en esos momentos no importaban, la mano del menor subiendo y bajando por su miembro borraban cualquier pensamiento de su mente, le hacía olvidar que quien estaba con él era un maldito desgraciado que no se cansaba de acosarle, el mismo que se había atrevido a intentar comprarle. Y ahora su cuerpo estaba receptivo a los toques de ese alto chico, arqueándose, temblando bajo suyo, respondiendo al beso que Changmin arrancaba de sus labios con pasión y deseo. Sintió cómo abandonaba más tarde su boca para bajar por su cuello, en tanto aquella mano que atendía tan diestramente a su entrepierna le soltaba para colarse hacia más abajo.

Sus ojos se abrieron enormes cuando lo descubrió intentando llegar hasta su entrada, su corazón se desbocó asustado y los inesperados golpes a la puerta bastaron para que reaccionara; las manos del menor se detuvieron y él aprovechó el momento para replegarse con rapidez hacia atrás.

«¡Dios mío! ¿Qué estaba haciendo?» se recriminó con los ojos entornados, clavados en aquella mirada contraria que le observaba con tanto deseo.

—Regresa —la voz de Changmin sonó ronca mientras le extendía una mano pidiéndole la suya para continuar, pero negó al instante asustado—. Te prometo que no te dolerá…

—¡Vete al infierno! —recriminó sintiendo el calor apoderarse de su rostro, parándose a toda prisa de la cama—. No voy a ser tu amante, ¡ni ahora ni nunca! —Changmin esbozó esa media sonrisa torcida suya.

—No es lo que parecía hace unos instantes, estabas bastante dispuesto…

—Vete…

—¡Jaejoong! —Una tercera voz le interrumpió desde fuera de la habitación. ¿Cuánto tiempo  llevaba aquella persona tocando la puerta?

—Manda a tu amigo al infierno y regresa a la cama. —El pelinegro lo miró con el ceño fruncido ante semejante petición.

—El que se va al infierno eres tú, lárgate de mi cuarto ahora mismo —mandó señalándole la puerta, en tanto se acomodaba el pantalón del pijama que había quedado torcido. Cuando miró el sacó, se dio cuenta que ya no podría usarlo—. ¡Maldición! Ahora me debes un pijama nuevo, esto ya no sirve… —masculló arrojándoselo al más joven, que ya se disponía a salir por el balcón.

—Tú me debes la lavandería de tu traje, el mío y la limpieza de la limusina, y no te he reclamado nada. —le recordó aquella vez, donde saliendo de los Blue Dragon el pelinegro no hubiera podido aguantar el decorar el interior del vehículo y sus trajes gracias a la borrachera.

—Témpano de Hielo Shim, eres un…

—Prefiero que me digas ‘Cubito’… —volvió a curvar sus labios en esa insoportable y socarrona sonrisa.

—¡Lárgate!

Changmin salió por la puerta del balcón sin chistar, y una vez Jaejoong se aseguró de estar solo se dio prisa en atender a la entrada. Abrió, pero sólo asomó la cabeza, puesto que no llevaba ya el saco del pijama puesto. Cuál no fue su sorpresa al ver a Hangeng de pie en el umbral.

—¿Qué haces aquí a esta hora? —inquirió sin entender, pero apenas hubo abierto la boca el modelo le interrumpió—. ¿Sabes qué? No importa, cualquier cosa que me quieras decir lo vemos mañana. Tengo mucho sueño y mañana tengo un examen muy importante, así que mejor hablamos después. —Y sin decir más cerró la puerta.

Sabía que se había comportado terrible con su amigo, pero si a Hangeng aún no se le pasaba la borrachera iba a tener problemas como los de la sala de estar, y suficiente era lo que había pasado con Changmin minutos atrás. Su cuerpo aún se encontraba caliente y sensible. Aunque a decir verdad, debía agradecer al moreno-rubio por haberles interrumpido, o no habría alcanzado a recuperar la cordura.

Avanzó hasta el balcón para cerrar la puerta y se sorprendió de ver al causante de todos sus problemas sentado en la baranda de su ventana fumando. El muy descarado había tomado sus cigarrillos y ahora se fumaba otro sin habérselo pedido.

—¿Por qué sigues aquí? Te dije que te fueras —urgió desde el interior, pero Changmin no pareció escucharle. Abrió sólo un poco—. Vete a tu cuarto, ahí también tienes un balcón donde puedes fumarte mis cigarros. —apuntó molesto, pero él sólo le miró de reojo sin emitir una palabra.

—Un día de estos, Jaejoong… No voy a poder controlarme y voy a terminar haciéndote daño —aseguró con frialdad, causando que un incómodo escalofrío recorriera su espina dorsal—. Deja de jugar conmigo.

—Yo no estoy jugando contigo, eres tú el que lo hace. Parece que te divierte mucho el someterme a tu capricho, cuando te he dicho muchas veces que no soy gay y que no te soporto. No voy a caer en tu juego, ni ahora ni nunca. Ya déjame en paz.

Decidido, caminó hasta su propio balcón mientras miraba al actor tan sólo de reojo, pero este seguía en su misma posición, fumando sin ver hacia ninguna parte. No lo comprendía. A veces se comportaba de forma civilizada y hasta amable, pero en otras… como esta, era un completo salvaje a quien no soportaba.

¿Sería realmente capaz de hacerle daño? Claro, ¿por qué no? ¿Qué no había estado ya una vez a punto de violarlo? ¿Todo esto tendría que ver con su familia? ¿Y sería cierto lo que hubiera dicho Mei, que con una sola palabra su madre lo había mandado por el mal camino? Porque si era así, quizá si se reconciliaba con ellos Changmin podría volver a ser el mismo niño bueno de aquellas series infantiles.

—¿Sabes, Changmin? —Jaejoong se detuvo en el umbral de su balcón—. Siempre fuiste para mí  como una especie de héroe… —confesó sin verle ni moverse. Changmin se enderezó en su lugar para mirarle—. Tú eras la persona a la que quería parecerme cuando fuese grande —No pudo evitar reír un poco—, pero todo cambió el día en que me golpeaste en aquel estudio. Es irónico, porque no me hubiera importado, incluso pude haber presumido ese golpe si tú te hubieras disculpado conmigo…

—¿Por qué estás diciéndome esto? —arrojó el humo de su cigarrillo—. ¿Aún estás esperando que me disculpe por algo que ocurrió hace más de un año? —Jaejoong se giró apenas para dirigirle una mirada triste.

—No lo digo por mí, lo digo por tu madre —Los ojos del actor centellearon de furia ante la mención—. Doblega tu orgullo y discúlpate con ella —Changmin ya se encontraba por abrir la boca para hablar cuando Jaejoong le interrumpió—. Tú dices que no tienes nada qué ver con el guión, pero ambos sabemos, ya que me llevaste a ver la película, que has usado parte de tu vida para darle realismo a algunas escenas. Si tan sólo te disculpas con ella, te olvidarás de la demanda y del juicio al que quieren llevarte.

—Que lo haga —respondió cortante—. Yo no tengo nada qué perder.

—Claro que tienes algo qué perder —Changmin entrecerró los ojos esperando por una explicación—. A tu familia… —aclaró al fin, dejando que la profundidad de su oscura mirada penetrara sobre la ajena por intensos segundos—. Buenas noches. —y sin decir más, entró a su habitación y cerró la puerta, dejando al menor sentado sobre la baranda del balcón.



–.—.—.—.—.—.–



Los golpes en la puerta lo despertaron de sobresalto; había estado soñando de nuevo con ese Changmin que le golpeaba y se deleitaba torturándolo. Daba gracias a quien fuera que estuviera llamando a su puerta de madrugada, porque en su sueño, el Changmin niño casi le mataba a golpes y él no quería defenderse de sus ataques por temor a lastimarlo.

¡Tonterías! Si el que lo estaba lastimando era el otro.

Se levantó a la carrera y se encaminó hasta la puerta a toda prisa, sin percatarse de que no llevaba el saco del pijama, tan sólo el pantalón.

—Qué ojeras…

La voz firme de su amigo le hizo abrir los ojos para percatarse del chico frente a él que también usaba aún su pijama al igual que él.

—Yoochunnie, ¿pasa algo? —preguntó tallándose los ojos para tratar de despertar. Yoochun frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Claro que pasa algo, hoy toca examen y he venido a despertarte como cada viernes después de una noche de maratón.

—¡Ah! —reaccionó con sorpresa—. Gracias, Chun. Voy a darme un baño y me iré directo a clases, ¿puedes guardarme una manzana?

—Por supuesto. —asintió, se dio la vuelta y salió rumbo a su cuarto.

Jaejoong cerró la puerta y se recargó en ella. Se sentía sumamente cansado y no sólo por haberse desvelado en el maratón con sus compañeros, bien sabía que cierto actor tenía mucho que ver con su cansancio. Los recuerdos de la noche anterior llegaron de golpe a sus recuerdos, haciéndole enrojecer. Hangeng había interrumpido una escena bastante candente en la cual no había dado muchas señales de resistencia.

«Maldición» se cubrió el rostro con las manos. «Me siento terrible»

Se sentía avergonzado, tanto con Hangeng por haberlo tratado tan frío cuando estaba seguro de que sólo iba a disculparse, y con Changmin. Aunque con ese engreído no tenía por qué sentirse mal, al contrario, debería sentirse agradecido de que el bailarín les hubiese interrumpido.

Sí, era preferible brincarse el desayuno a tener que verlos a ambos en el comedor. No importaba que muriera de hambre, ya tendría oportunidad de comer más tarde. De momento debía concentrarse en el examen de contabilidad. Con eso en mente se dio prisa en meterse al baño y arreglarse para irse de inmediato al salón y repasar por última vez las fórmulas para el examen.

Como era de esperarse, en el salón ya había gente. Muchos estudiantes acostumbraban dar un último repaso a las notas antes de presentar, por lo que se habían saltado el desayuno y ya se hallaban sentados en sus lugares. No le extrañó no ver a Changmin ni a ninguno de sus amigos, seguramente ellos sí estaban desayunando. Él llegó tranquilo hasta su lugar, dejó sus libros bajo el banco y sacó sus apuntes de contabilidad para dar un último repaso.

Los minutos pasaban demasiado lento, cada cierto tiempo levantaba su muñeca para ver el reloj y se daba cuenta que sólo había pasado uno o dos minutos. Se sentía tenso y no ayudaba el no lograr borrar esa escena de su cabeza. Debería estarse concentrado en los apuntes del examen, pero simplemente no podía.

—Jaejoong —escuchar esa voz conocida le hizo alzar la vista de golpe para toparse con la mirada curiosa de Yoochun—. Hangeng te manda decir que quiere hablar contigo a la hora del almuerzo… a solas. ¿Qué le hiciste?

—¡Nada! —soltó a la carrera, ocasionando que el ceño de su amigo se frunciera aún más—. ¿Por qué preguntas?

—Porque esta mañana luce diferente, muy serio y pensativo, incluso me dio la impresión de que se sonrojaba por sus propios pensamientos. El hecho de que quiera hablar contigo me hace sospechar que algo tienes tú que ver con eso.

—Hablaré con él, pero te aseguro que no le he hecho nada. —afirmó.

La puerta se abrió de golpe y todos en el aula guardaron silencio. Jaejoong giró en la misma dirección para ver por qué el repentino mutismo, pero un calor impresionante comenzó a recorrer su rostro cuando sus ojos chocaron directamente contra los de un Changmin recién llegado.

—Ese es otro que se comportó de manera extraña esta mañana —señaló Yoochun, atrayendo la mirada del pelinegro—. Sí, en cuanto Hangeng se levantó de la mesa Changmin también se levantó de la suya y lo interceptó casi a la salida. Todos vimos cómo ambos se hacían de palabras, aunque nadie llegó a escuchar nada. Por lo visto ya no eres tú el único con el que se ha peleado, aunque Hangeng no le dio ningún puñetazo.

—¿Changmin se hizo de palabras con Hangeng? —cuestionó, y Yoochun asintió sin agregar más. Jaejoong volteó de nuevo para ver al más alto, ahora sentado en su lugar sin prestar atención a nadie más en el lugar.

Todos murmuraban, pero no era difícil saber de qué hablaban, y no era precisamente del examen que no tardaría en comenzar pues las miradas no dejaban de ir y venir al actor. Jaejoong se quedó observando en silencio ese perfil perfecto. Se miraba tenso y bien sabía que no era por el examen, era lo suficientemente inteligente como para pasarlo hasta con los ojos cerrados. Eso lo reducía todo a dos opciones: La primera, era el asunto de su padre y la discusión que había tenido con él, aunque eso le tenía algo melancólico la noche anterior, no creía que fuese posible que ahora estuviera tenso por ello; así que sólo quedaba su segunda opción… La discusión con Hangeng. ¿Pero qué pudo haberle dicho su amigo chino para que le pusiera en ese estado de tensión tan notorio?

—Buen día, Changmin —La voz de Boa le distrajo. Como siempre su amiga llegaba saludando a ese egocéntrico en lugar de saludarlos a ellos, pero para su sorpresa Changmin se había girado para verla y regresarle un vago saludo, lo que derivó en una amplia sonrisa por parte de la pelicorto que se giró para saludarlos ahora a ellos—. Buenos días, Jaejoong. Sabía que estabas estudiando en el salón, por eso no me extrañó que no fueras a desayunar… Y te traje tu manzana, ya que Yoochun la olvidó. —se rió bajo, extendiéndole la fruta al modelo.

—Buenos días, Boa, y gracias. —correspondió percibiendo de reojo esa fija mirada del actor sobre él, que provocó un inesperado calor en sus mejillas.

—Pero Jaejoong, no te sonrojes… —El mencionado reaccionó con sorpresa al escucharla—. Hacía mucho tiempo que no hacías eso conmigo —rió entre dientes al tomar el rostro del pelinegro con ambas manos y plantarle un beso en la mejilla—. Me has hecho feliz.

—Pe… Pero…

—Chicos, a sus lugares.

La voz del maestro mandó a todos a correr directo a sus pupitres para escuchar con atención las instrucciones previas al examen. Cualquier cosa que Jaejoong fuera a decirle a Boa quedaría para después.



–.—.—.—.—.—.–



Contrario a lo que había pensado, el examen no  le había resultado tan difícil. Contestó todo en el tiempo justo y salió del salón poco antes de que terminaran las dos horas que el maestro había dado para resolverlo. Después de la prueba las clases continuaron con normalidad, y ya que por ser viernes un día sin talleres, aquellos que salían de la escuela como Yoochun, tenían permiso para abandonarla después de las 2:00pm.

Jaejoong avanzaba por los pasillos del colegio siguiendo los pasos de Hangeng. Durante la hora de comida había llegado con ellos, como siempre, y se había sentado en silencio. Yoochun constantemente volteaba a verlo, esperando por alguna palabra del moreno-rubio que le despejara la duda sobre el conflicto entre sus amigos, pero sus esperanzas de saber qué ocurría se vieron frustradas cuando al terminar la comida el bailarín le indicó al modelo que hablarían en la parte trasera del comedor: en el bosque.

Ambos se detuvieron bajo un enorme árbol, estaban lo suficientemente alejados de la escuela como para asegurarse de que nadie les oyera, o viera.

—Quiero disculparme —empezó Hangeng, sin mirarle a los ojos—. Me siento terrible por lo que hice anoche.

—No tienes que pedirme disculpas, hyung. Sé que cuando uno está bajo los efectos del alcohol dice y hace muchas tonterías, así que no hay nada qué disculpar. —El pelinegro le palmeó el hombro, ya que el mayor se veía demasiado afligido.

Jaejoong esperaba por la reacción del chico, pero este parecía no querer mirarle directamente, evitando su rostro a toda costa. No entendía esa extraña actitud. ¿Acaso… lo que le había dicho la noche anterior sería cierto, y por eso se comportaba así?

—¿Hyung? —instó tratando de verle a los ojos, pero este le rehuyó de nuevo.

—Me siento tan avergonzado contigo, Jaejoong… —suspiró—. Puede que tú me hayas disculpado, pero yo no me disculpo por mi comportamiento. Eres uno de mis mejores amigos y el hecho de que seas sumamente atractivo no me da ningún derecho a comportarme como lo hice —Un sonrojo pintó las blancas mejillas del modelo al escucharle—. No tengo disculpa, yo tengo novio y le quiero mucho…

—¿Novio? —repitió Jaejoong confundido. Hangeng volteó a verle por primera vez mostrando una enorme sonrisa en su rostro.

—Sí, novio. Lo conocí en la gira que hicimos por Europa, trabaja para una compañía de ballet ruso y me ha invitado a unirme a su grupo —explicó abochornado—. Yo… yo no les había dicho nada porque creí que me rechazarían, pero ahora que sé que tú también eres gay, me siento muy aliviado.

—Yo no soy… —intentó rebatir, pero calló al notar la mirada animada de su amigo—. Nosotros jamás te rechazaríamos por tu inclinación sexual, no sé por qué pensaste semejante tontería.

—Ahora lo sé y bueno, yo sólo quería disculparme y decirte que me voy…

—¿Dejas la escuela? —cuestionó con la tristeza plasmada en su oscura mirada.

—Sí, una oportunidad como la que se me ofrece no la puedo desperdiciar. Y antes de que me preguntes… —apuró sonriendo—, también lo hago por él, por mi Chul. Me voy a vivir a su departamento y de paso a trabajar en su compañía. Probablemente me vas a extrañar, pero ya tienes quién te consuele por mi ausencia. —soltó la carcajada al ver la cara que su amigo ponía.

—Sin ti dejaremos de ser los tres mosqueteros… ya no habrá nadie que organice las noches de maratón… —murmuró desconsolado, pero la mano de Hangeng en su hombro atrajo de vuelta su mirada.

—Changmin puede ocupar mi lugar en los mosqueteros, aunque dudo que tenga mi encantadora personalidad. Y sí, definitivamente tendrás que buscar a alguien que organice las noches de maratón de los jueves. Aunque aún tendremos un mes para desquitarnos, antes de que me vaya.

—¿Un mes? —le miró con sorpresa—. Creí que te irías al finalizar las clases. ¿Por qué te vas de forma tan precipitada? —Un extraño presentimiento inundó su cuerpo al notar la mirada que el mayor le dirigía—. ¿Changmin tiene algo que ver?

—Hey, ¿por qué preguntas eso? —rió, si bien algo sabía el modelo de su amigo, era que la risa era su forma de evadir las respuestas.

—¿Qué es lo que te dijo ese maldito infeliz? Y no me digas que no tiene nada qué ver con tu partida, te conozco lo suficiente como para saber que me mentirías —acusó alterado. Hangeng se limitó a esbozar una ligera sonrisa y deslizar más tarde su dedo índice sobre la blanca mejilla del pelinegro, haciéndole retroceder un poco.

—Te aseguro que tu novio no tiene nada qué ver con mi partida…

—¡CHANGMIN NO ES MI NOVIO! —respingó exasperado. Suficiente era que el maldito actor lo acosara día y noche como para tener que soportar que uno de sus mejores amigos lo creyera su novio.

—Pues bueno, “tu amante” no tiene nada que…

—¡DEJA DE BURLARTE! ¡Changmin y yo no tenemos ninguna relación! —volvió a acusar, arrancándole a Hangeng una carcajada. Al parecer lo hacía a propósito y él sólo estaba cayendo en sus provocaciones.

—Bueno, bueno, lo que sea. Él no tiene nada qué ver, ya te dije que me voy por mi novio y por la oportunidad que se me presentó. Tengo un  mes para arreglar mis papeles y solicitar una visa de trabajo en Rusia.

—Pero hyung… —trató de protestar, sin embargo los brazos del chico lo sujetaron en un fuerte abrazo, interrumpiéndole.

—Te voy a extrañar, Kim Jaejoong —susurró a su oído—. No dejes que Changmin se aproveche de ti… —le soltó al fin, encaminándose rumbo a la escuela sólo despidiéndose con un gesto de la mano sin ver atrás.

—Hangeng… —murmuró tras unos minutos en le vio perderse entre los arbustos adyacentes a la entrada de la escuela.

—Y yo que pensé que se te iba a declarar… —Jaejoong alzó la vista a la carrera al escuchar aquella voz proveniente de las ramas altas del árbol.

—¿Qué estás haciendo ahí arriba? ¿Acaso me espías? —masculló con molestia. No era la primera vez que Changmin presenciaba una de sus conversaciones con alguien más.

—No te espiaba, tú y ese rubio a fuerzas llegaron hasta donde yo estaba. —aclaró aún sentado en la rama del árbol, su mira en la nada.

—Pero bien pudiste hacernos notar tu presencia —indicó cada vez más enojado—. No te conformas con molestarme todo el tiempo, también te la pasas espiándome. No es la primera vez que te encuentro sentado en las ramas de este árbol y presencias mis pláticas con alguien más. Eres un arrogante y entrometido.

Ante tanto reclamo, Changmin se dejó caer de un salto, quedando a centímetros del pelinegro. Su fría mirada le hizo estremecer, retrocediendo por instinto para chocar con la dura corteza del árbol. El alto actor extendió los brazos para cercar el delgado cuerpo del modelo, evitando su escape. Su corazón comenzó a latir desenfrenado al sentir el calor que el cuerpo de Changmin desprendía; su mirada podía ser de hielo, pero su cuerpo era cálido y él bien lo sabía.

—¿No será que tú trajiste a tu amigo hasta este punto sólo para que me enterara de lo que tenía que decirte? —enarcó una ceja, provocando que el pelinegro le viera con impresión—. Tú sabes que este sitio lo utilizo para descansar, como dijiste antes, no es la primera vez que me encuentras aquí.

—Yo no…

—¿No será que quieres que me entere? No sólo por lo que dicen tus amigos, sino que quieres que realmente sepa que eres un rompecorazones… —La mirada de Jaejoong se abrió todavía más por la sorpresa, con su pulso latiendo apresurado—. Porque tu amigo se disculpó contigo, pero aun así dejó entrever que le gustabas. Y ya te dije… que no acepto compartirte con nadie.

Jaejoong no pudo más que sentir cómo los labios del menor se apretaban contra los suyos con rudeza. Trató de apartarlo de su cuerpo, pero aquellos brazos le mantenían pegado a la dura corteza del árbol cual si fueran dos fuertes vigas de acero. Por más que intentaba alejarlo, por más que quería soltarse de su agarre, Changmin era demasiado fuerte y bien sabía que no conseguiría ganarle. Pero tampoco quería rendirse, esta vez no sería como la noche anterior, esta vez su cabeza tenía que ganar a sus sentidos y debía oponer resistencia.

Changmin actuaba de la misma forma que al inicio, con besos salvajes que le arrancaban el aliento, pero esta vez no había abierto la boca y por más intentos que el chico hacía por introducir su lengua él no se lo estaba permitiendo.

Notó el momento en que una de las manos del actor se separaba del árbol para tomarle con fuerza por la nuca, hundiendo los dedos en la fina piel de su cuello y arrancándole un gemido de dolor que le logró abrir la boca, permitiendo la invasión de la lengua de Changmin en su cavidad. La profundidad del beso aunado a las caricias que sus manos comenzaban a prodigar por su cuerpo empezó a lanzar corrientes de electricidad por todo su ser. Su respiración se aceleraba, pero no iba a dejarse ganar, ¡NO! Changmin sólo deseaba su cuerpo y él no se lo entregaría a un arrogante mal nacido como Shim Changmin.

Esta vez estaba lo suficientemente molesto como para lograr controlarse. Así que haciendo un enorme esfuerzo metió el pie entre las piernas del menor y lo levantó, causando que el chico perdiera el equilibrio y se fuera de espaldas al suelo.

Una enorme carcajada escapó de sus labios al sentirse victorioso por una sola vez. La mirada amenazante que Changmin le dirigía desde el suelo sólo le hizo sentirse mejor, lejos de ser intimidado.

—Esta vez no, Changmin. —siseó dándose la vuelta, arreglando su uniforme mientras se dirigía de vuelta a la escuela.

—Jaejoong… —La voz del actor le hizo detenerse y girar para verlo. La distancia era suficiente para sentirse seguro—. No estaré en la escuela esta tarde, ni el día de mañana. Tengo  una audiencia con el juez de lo civil que llevará el caso de mi madre, y después me espera una discusión con mi padre. Te veré hasta el domingo.

—¿Y a mí qué me interesa dónde estés o cuándo llegues? No  me debes ninguna explicación, no somos nada como para que me des por enterado —denotó llevándose las manos a las bolsas del pantalón—. Aunque si me dices que no piensas volver, ese día haré una enorme fiesta para celebrarlo. —sonrió.

—Te lo digo para que no pienses que fui a ver a Kyuhyun. —aclaró con evidente burla, lo que consiguió borrar la sonrisa del pelinegro.

—¡Vete al infierno! —le gritó ahora sí dándose la vuelta para retirarse.

—Ya sabes, sólo si me acompañas.

Jaejoong gruñó por lo bajo, si bien se sentía tranquilo de saber que el menor no estaría un día y medio en el colegio. Aunque no estaba del todo seguro de la verdadera razón de esa tranquilidad. ¿Sería porque Changmin no estaría…, o porque sabía que no estaría con Cho Kyuhyun?

«Tonterías» se dijo a sí mismo. «Estoy tranquilo porque me dejará en paz 36 horas, sólo por eso»



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La tarde del viernes había recibido la visita del ayudante del abogado de Changmin. Casi había olvidado que el engreído ese había levantado una restricción en contra de Fukutaro. El chico le había explicado en qué consistía y cómo es que se había llevado a cabo la demanda. Sólo se necesitaba un testigo y en este caso Changmin fungía como tal. No sabía si firmar o no, ya que hacerlo le hacía sentir cual si estuviera también declarando que entre él y Changmin había algo. Por lo mismo, le pidió al ayudante del abogado tiempo  para pensarlo, el chico se marchó diciendo que regresaría el lunes para recoger los papeles, estuvieran firmados o no.

Y ahora, domingo, se sentía muy relajado, por fin un fin de semana tranquilo. Al siguiente día tendría que regresar a clases, pero eso era lo de menos. A una semana de los BIFF Changmin estaría demasiado ocupado con las cenas a los premiados, la elección de su traje para la ceremonia y quién sabe qué más, quizá hasta diera entrevistas.

Había recibido una llamada de Jessica el día anterior, pero como ahora no tenía con qué chantajearlo, no había podido convencerle para acompañarle, una de sus razones para mantenerse relajado. Terminando marzo terminaban las ceremonias de premios, tanto locales como internacionales, y todavía faltarían nueve largos meses para que se volviera a repetir la misma rutina de selección, adulación, premiación y coraje por perder. Algo en lo que no quería volverse a ver involucrado. Ni con Jessica, ni con Changmin, ni con nadie.

Era tarde y estaba sentado en las sillas frente a la alberca, tomando el sol. Era bueno después de todo dar más de tres vueltas a la olímpica y descansar un poco antes de presentarse en el comedor. Por suerte, en fin de semana, tenía un poco más de tiempo para llegar a comer y como ahora no  había gente refrescándose y aún no calentaba lo suficiente el sol, había aprovechado para ejercitarse un poco.

Cerró los ojos disfrutando de la caricia de los rayos solares sobre su cuerpo húmedo. Ojalá todos los fines de semana fueran como ese, sin Changmin a su alrededor que le pusiera los nervios de punta. Para su fortuna aún no lo veía, eran las ventajas de levantarse tarde y de haberse ido directamente a la alberca sin  pararse a comer.

Sabía que Changmin estaba en la escuela, podía sentirlo aunque no lo viera. Había algo en el ambiente que le indicaba que el actor respiraba el mismo aire que él. ¿Pero por qué simplemente no le dejaba en paz? Frunció el ceño. Habiendo tantos chicos que estarían felices de estar con él, ¿por qué se empeñaba en tenerlo precisamente a él?

“Sólo quiero tu cuerpo”

Esas palabras no desaparecían de su cabeza, ni las que Yoochun le hubiera dicho el jueves. ¿Changmin enamorado de él? Eso sí sonaba gracioso.  Tampoco era cierto lo que ese Témpano de Hielo le hubiese dicho el mismo jueves en la noche. ¿Él enamorado del actor? Tonterías. Desde el principio Changmin le había dejado ver sus intenciones, lo quería sólo como su amante y eso evitaba que en alguna remota posibilidad, pudiera enamorarse de él. ¡Ni que fuera gay! La última vez el muy ególatra le había ofrecido dinero por poseerle, ¡dinero! Como le había ofrecido Fukutaro.

«Es un maldito desgraciado y nunca dejará de serlo» se dijo con molestia.

La luz del sol se fugó de un momento a otro, obligándose a abrir los ojos con renuencia  sólo  para toparse con la figura de su enemigo de pie delante suyo, cubriéndole  de los cálidos rayos mientras le observaba de arriba abajo cual si fuera un trozo de bistec en  una carnicería. Su ceño se arrugó con enojo. Changmin traía puesto el pantalón del uniforme y la camisa blanca arremangada, en tanto él sólo traía un diminuto traje de baño que no dejaba mucho a la imaginación. El bochorno comenzó a ascender hasta su rostro al notar la mirada que el alto chico le dedicaba sin vergüenza alguna.

—Deja de verme de esa forma. —acusó clavando su mirada en la ajena. Changmin ni siquiera se movió,  llevando ambas manos a los bolsillos de su pantalón.

—¿De qué forma te estoy viendo? —devolvió sin cambiar de expresión. Jaejoong sintió su rostro enrojecer mucho más de ver el brillo en aquellos ojos. Intentó buscar la toalla para cubrirse, pero estaba apartada, en otra silla.

—Como si fueras a comerme. —masculló de mala gana.

—¿Y me culpas por querer hacerlo? —Changmin parecía divertido, pero a Jaejoong no se le notaba gracioso—. Después de la foto que tengo en mi habitación y de la forma en que te encuentro vestido en estos momentos, lo mínimo que querría hacer es devorarte. —Las mejillas del modelo dolieron a causa del intenso sonrojo.

—¿Por qué no te largas y me dejas en paz? —gruñó desviando la mirada totalmente avergonzado—. ¿No te cansas de perseguirme y recibir siempre la misma negativa de mi parte?

—No lo considero negativa. —aseguró sin dejar de verle. Jaejoong alzó la vista para encararle. ¿A qué se refería con eso?

—¿Entonces como  qué lo consideras?

—Estás confundido. —asestó el actor. El pelinegro sintió que su corazón se desbocaba dentro de su pecho, sintiéndose como si le hubieran bañado por completo con una cubeta de agua helada.

—¡Es mentira, yo no  estoy confundido! Estoy muy seguro de lo que siento y de lo que soy. —afirmó de manera evasiva, lo que provocó en Changmin una de esas sonrisas torcidas suyas.

—Por qué me parece que no es verdad… —canturreó sentándose en la silla contigua a la de Jaejoong, este se enderezó para verle con el ceño fruncido.

—¡Es verdad! —recalcó. ¿Por qué ese maldito actor se empeñaba en decirle que mentía cuando no era cierto? ¿En qué se basaba para afirmarlo?

—¿Estás seguro de que no te gusto?  —indagó viéndole fijamente, lo que provocó otro sonrojo en las pálidas mejillas del modelo, que se apresuró a contestarle.

—Te detesto. —Al fin y al cabo, eso no era mentira. Odiaba a Shim Changmin por todo lo que le  hacía, lo detestaba por saber cómo y dónde tocarle para que le respondiera.

—Entonces hagamos algo. —propuso, captando de inmediato el interés del mayor.

—¿Qué?

—Una apuesta. —Jaejoong se extrañó ante tal propuesta. No sabía que al actor le gustaran las apuestas.

—¿Apuesta? —repitió sólo para estar seguro de haber escuchado bien.

—Sí. Te gustan las apuestas, ¿no?

—Así es, yo jamás pierdo, ya lo viste en la noche de maratón. ¿Pero qué quieres apostar? —No sabía a dónde quería llegar con eso, pero estaba curioso, y ese era uno de sus peores defectos.

—Si tú ganas en la apuesta que te propongo, te prometo… —alzó su mano a la altura del pecho—, que no volveré a molestarte —Jaejoong le miró asombrado—. No te tocaré, no te besaré, ni siquiera te miraré en clases. Será como si no existiera para ti. Pasará lo que siempre has querido desde que nos conocimos en esta escuela, desapareceré de tu vida para siempre.

—Bastante tentador —fingió una risa sarcástica—. ¿Pero qué hay si pierdo? —No se confiaba en esa apuesta, sabía que debía haber algún truco.

—Serás mío por un día y una noche. —afirmó con toda calma, avivando un intenso sonrojo en las mejillas del modelo de sólo imaginarlo.

—¡Jamás! —negó rojo hasta las orejas. El sólo hecho de imaginarse perdiendo le ponía la piel de gallina. Changmin lograría lo que tanto había estado buscando.

—Dijiste que nunca pierdes, y acabas de decir que es tentador. ¿No me quieres fuera de tu vida? Es ahora tu oportunidad de conseguirlo. —Jaejoong se mordió el labio inferior. Sabía que había algo sucio en lo que Changmin planteaba, pero hasta no saber de qué se trataba el juego no podría averiguarlo.

—¿De qué se trata? —El menor se levantó para sentarse en la misma silla que él. De inmediato sintió que algo comenzaba a cosquillear en su estómago, obligándole a replegarse en la silla de forma precavida. Si tener a Changmin sentado en la silla de enfrente le ponía nervioso, tenerlo en su misma silla le hacía estremecer.

—Un beso en los labios —El pelinegro lo observó, seguro de que había algo más involucrado en un simple beso—. Dices que no te gusto, me lo has repetido muchas veces. Entonces si tu cuerpo no reacciona cuando te bese, puedes considerarte vencedor de esta apuesta.

—¿Sólo… un beso? —logró pronunciar con duda. Changmin levantó las manos y las colocó tras su espalda, haciendo que su ‘hyung’ pestañeara por la extrañeza.

—Ni siquiera voy a tocarte.

Jaejoong se quedó pensando en los pros y contras de  esa apuesta. Changmin estaría para siempre fuera de su vida, sabía de antemano que el chico tenía palabra… pero su cuerpo no. Podía repetirle una y mil veces a Changmin que no le gustaba, pero cada vez que sus manos tocaban su cuerpo, una nueva descarga era lanzada por todo su ser. Sin embargo –volteó a verlo fijamente, sonriendo un poco– esta vez no iba a tocarlo.

—Si te atreves a tocarme, tan siquiera rozarme la piel con tus manos, pierdes de forma automática. —aseveró el pelinegro. Changmin cabeceó en acuerdo.

—Mis manos permanecerán en mi espalda, tú tampoco deberás tocarme.

—Ni que quisiera hacerlo. —rezongó desviando la mirada avergonzado. Apenas podía creer que aceptara besar a Changmin de manera consciente. Sabía que estaba cometiendo una estupidez al aceptar, pero… iba a ganarle y lo sacaría para  siempre de su vida.

—¿Estás de acuerdo con las reglas? —Changmin le mandó una seria mirada. Jaejoong giró la vista a los lados, volviéndose con rapidez hasta el castaño.

—Sí, pero será mejor terminar esto ya, no quiero que nos vayan a ver.

—Ventaja para ti —murmuró—, pero estoy de acuerdo con eso.

—Bien, entonces comienza, que entre más rápido pierdas más rápido te largas de mi vida.

Jaejoong pudo ver el rostro de Changmin acercarse al suyo en cámara lenta, el corazón queriendo saltar de su pecho al contemplarlo tan próximo. Hubiera dado lo que fuera porque esa tonta apuesta nunca ocurriera, pero si era la única forma de quitarse a Changmin de encima, literalmente, lo haría.
Una imprevista calidez en su cuello le provocó respingar, moviéndose con brusquedad y consiguiendo que Changmin le siguiera.

—¡Un momento, dijiste que un beso en los labios! —replicó agazapándose contra la silla plegable.

—Ajá… —murmuró el menor, dando suaves masajes con la lengua en la suave piel del pelinegro—, pero aún no llego a ellos…

¡Maldición, eso era trampa! Pero haciendo notas mentales, no habían establecido fuera a ser un beso directo, bien Changmin podría seguir besando todo su cuerpo hasta llegar a sus labios, logrando hacerle estremecer y algo más. Lo que tenía que hacer era concentrarse en… en… ¡en lo que sea! Menos en esa maldita lengua que recorría con tanta sensualidad parte de su cuello subiendo, chupando, succionando y besando con lentitud provocadora su palidez descubierta. Cada caricia de aquel húmedo músculo le ponía la piel de gallina. Ascendiendo, se había deslizado por la base de su cuello hasta llegar a su oreja, lanzando placenteras descargas que nublaban su mente e ideas. Tenía que concentrarse, apretar con todas sus fuerzas el acero de la silla plegable para evitar que su cuerpo lanzara órdenes de reaccionar ante aquellos toques.

¡¡Maldición!!

Apretó los ojos y mordió con fuerza su labio inferior hasta casi sangrar cuando sintió esos labios rozar la suave piel de su mejilla, el cómo su lengua dejaba un notorio rastro de saliva al cruzar por la misma. Ese maldito actor sabía lo que estaba haciendo. Su cuerpo sintió una fuerte sacudida cuando finalmente aquella boca rozó la suya, soltándose de improviso de la silla para tomar al menor por los hombros alejándolo de él.

Bajó la mirada hasta ver sus piernas, un poco más y sería completamente visible lo que Changmin había provocado en él. Y no quería que lo notara. Levantó la vista para encontrarse con la contraria. Estaba enojado, mucho, pero enojado con su maldito cuerpo por no obedecer sus malditas órdenes. Por una vez en su vida necestaba que su cerebro se hubiera impuesto a su cuerpo y no había podido.

—Ganaste. —susurró soltando los hombros del chico.

—Ni siquiera te he besado.

—¡YA TE DIJE QUE GANASTE! —gruñó cada vez más molesto—. Ahora sólo dime, ¿cuándo y dónde? Y deja de hacerte el payaso.

«Maldición» Cómo iba a pagar esa apuesta. Era un completo y estúpido idiota. Jamás debió apostar con un tramposo como Changmin. Ahora iba a ser suyo por un día y una noche y no podría echarse para atrás. Era un idiota, un idiota, idiota, idiota, idiota…

Changmin se levantó y se dio la vuelta sin verlo. Jaejoong hizo lo mismo para seguirle, esperando impaciente por su sentencia de muerte. Sólo de imaginar lo que le esperaba se enojaba más consigo mismo.

—El próximo sábado. —Indicó mirándole de reojo. Jaejoong se sobresaltó.

—¿Sa… sábado? —el moreno asintió—. Pero ese día son los BIFF, ¿acaso no piensas ir? —Changmin sonrió de medio lado, girándose para verle de frente.

—Por supuesto que iremos, saldremos de aquí a las diez de la mañana, la ceremonia comienza a las siete pm, pero debemos estar listos antes de las cinco.

—¿Qué? —atinó a pronunciar asombrado—. ¡Ya te dije que no iría contigo a esos premios!

—Acabas de perder una apuesta que te compromete a ser mío por un día y una noche, y es el sábado el día que elegí. ¿Acaso pensabas que te pediría que te acostaras conmigo? —Jaejoong se sonrojó por completo, sabiendo que era exactamente lo que había pensado. Changmin se dio la vuelta y se alejó a paso lento, pero el pelinegro seguía tan enojado que sin pensarlo tomó la toalla mojada, la hizo bola y se la lanzó.

—¡Desgraciado mal nacido!

Jamás pensó tener tanta puntería, la toalla hecha bola fue a dar directo contra la cabeza de Changmin que en esos momentos caminaba por la orilla de la alberca. El impacto bastó para hacerle perder el equilibrio y dejarlo caer al agua. Jaejoong se levantó de la silla estallando en carcajadas, ya esperando por ver al chico emerger del agua totalmente empapado. Por lo menos ahora se había vengado de esa maldita apuesta.

Se acercó hasta la orilla a esperar, pero Changmin no salió. Las risas cesaron al ver señales del actor, comenzando a preocuparse. En el fondo se veía sólo un manchón oscuro, pero del odioso chico nada, ni siquiera burbujitas saliendo a la superficie. De pronto se asustó en serio, ni siquiera sabía si Changmin sabía nadar y él sólo había pretendido jugarle una broma al lanzarlo al agua.

Intentó manotear la superficie, buscando distinguir si aquello en el fondo era Changmin o sólo el desagua de la alberca cuando de repente un jalón lo llevó de bruces al agua; la presión de unos labios cayó sobre los suyos, luego la lengua dentro de su boca y unas manos que empezaban a moverse expertas por su cuerpo haciéndole reaccionar.

Se sintió primero aliviado de saber que el menor estaba bien, pero después desesperado por la manera en que se comportaba al acariciarlo y besarlo dentro de la alberca del colegio en horas en las que cualquiera podría verles.

Necesitaba aire, porque Changmin se lo había arrebatado demasiado pronto. Lo tomó así de los hombros y se empujó hacia arriba arrastrando así al actor consigo pegado a su cuerpo.

—¿Qué crees que estabas haciendo? —reclamó molesto al notarlo tan cerca y tan tranquilo—. Pensé que te habías ahogado.

—Me gusta que te preocupes por mí… —admitió sin pena. Jaejoong bufó de mala gana comenzando a nadar hacia la orilla, pero Changmin se dio prisa en alcanzarlo y tomarlo por el elástico del traje de baño para jalarlo hacia abajo.

—¡Suéltame! —exigió al percatarse de que el alto le quitaba la única prenda que le salvaba de lucir completamente desnudo.

—Considéralo una revancha por arrojarme al agua vestido.

Changmin terminó de jalar el traje de baño para dejarlo por completo desnudo, pero Jaejoong continuó hasta llegar a la escalerilla de la piscina, volteándose para mirar hasta donde el castaño permanecía flotando, mostrándole la prenda que aún permanecía en su mano. Frunció el ceño, no iba a dejarse vencer sólo por eso. Sonrió entonces, provocando una mirada de extrañeza en el menor.

—Sufre por lo que nunca tendrás. —le miró altivo, saliendo del agua para encaminarse cual Adán por el paraíso, con el sol iluminando las pequeñas gotas de agua que se deslizaban por su perfecta anatomía.

Changmin pudo apreciarlo andando hasta la silla plegable, con el agua aún escurriendo a chorros por su figura cuando tomó la toalla para amarrarla a su cintura, dirigiéndole una sonrisa triunfante.

—¡Jaejoong! —La voz de Boa le distrajo, volteándose para encontrarse con la pelicorto—. Jaejoong, qué bueno que te encuentro… —Ella se detuvo para intentar recuperar el aire perdido en su carrera.

—¿Qué ocurre, Boa? —preguntó enarcando ambas cejas—. ¿Por qué llegas así?

—Necesito que me ayudes con mi examen de diseño —explicó recuperándose—. ¡Changmin! —se interrumpió al ver salir al actor de la piscina, vestido y completamente empapado.

La sonrisa de Jaejoong se ensanchó al ver al más alto caminar hasta ellos con toda la ropa pegada al cuerpo, no era para nadie desconocido que el chico tenía un cuerpo magnífico, pero verlo con las prendas tan entalladas al cuerpo le agregaba cierto aire sensual que le provocaba retener el aire.

—¡Lo empujaste a la alberca! —le reclamó Boa encarando al modelo, quien soltó de golpe el aire al escucharla.

—Fue un accidente —aseguró Changmin sin interés, ocupado en desabotonarse la camisa—. Ten tu traje. —dijo al tiempo que le arrojaba la prenda al pelinegro.

Jaejoong se sintió enrojecer al ver su traje de baño de vuelta entre sus manos. La mirada de Boa cayó sobre él con curiosidad, él se quedó sin saber qué decirle. ¡Ni modo de explicarle que Changmin lo había desnudado en la alberca! Pero la pelicorto soltó la carcajada, ante lo que Jaejoong se extrañó y Changmin alzó una ceja.

—¿De nuevo dejaste tu traje en medio de la piscina? —cuestionó sólo para encender más aún el sonrojo en el rostro del modelo—. ¿No le has comentado a Changmin esa experiencia graciosa cuando competiste en la plataforma de diez metros?

—¡Cállate, Boa! —clamó avergonzado—. Jamás debí contarte eso…

—De todas maneras me hubiera enterado, Jaejoong, ya sabes que aquí nos enteramos de todo y esa experiencia tuya ya todos se la saben. —le recordó entre risas, ante lo que el modelo le arrancó el suéter largo que traía sobre los hombros, colocándoselo a la carrera  para quitarse la toalla que traía a la cadera y lanzársela a Changmin que continuaba desvistiéndose sin pudor alguno.

Este se quitó la tela mojada de encima sin preocuparse porque Boa mirara, ya que la chica continuaba riendo a carcajadas mientras contaba lo que hubiera acontecido en aquella ocasión cuando el pelinegro tenía 11 años y su traje de baño hubiera quedado flotando a media piscina olímpica. Nadie recordaba su marca de 9.8, sólo la prenda flotando y las interminables carcajadas que aquello había causado.

—¿Y así quieres que te ayude? —reclamó molesto a su amiga, quien intentó controlar sus risas y limpiar las lágrimas que el recuerdo hubiera provocado.

—No te enojes, Jaejoong, fue muy gracioso. Me he reído como loca cuando lo vi en video… Tú también deberías verlo, Changmin, está en audiovisual. —le señaló al actor que recién se incorporaba con la toalla en la cintura, lo que produjo un notable sonrojo en el rostro de la chica. Pero él lejos de responder guardó silencio, encaminándose en dirección a la escuela con la ropa mojada entre sus brazos.

Boa y Jaejoong comenzaron a seguirlo.

—Vamos, Jaejoong, necesito tu ayuda en mi examen de diseño. ¿Puedes ser mi modelo, como cada año? —preguntó ella andando frente a él.

—¿Cuándo es tu examen? —Siempre ayudaba a su amiga, no había razón para no hacerlo ahora. Lo que es más, la pelicorto casi siempre se basaba en sus medidas para la confección de sus trajes.

—El próximo sábado es el desfile examen, ya tengo listos tus trajes. ¡Me quedaron magníficos! Voy a sacar cien. —presumió sonriendo amplio, pero aquella expresión se borró al ver el semblante del pelinegro que parecía la antelación de una mala noticia.

—Boa, lo lamento mucho… —comenzó apenado—, pero en esta ocasión no podré ayudarte.

—Pero Jaejoong, siempre me ayudas… no creo que el que te haya embromado hace unos minutos sea para tanto. ¡Perdóname! No lo vuelvo a hacer, pero ayúdame por favor… —suplicó.

—En verdad no puedo…

—¿Por qué? —ahogó casi a punto de llorar—. ¿Por qué me haces esto? Siempre me ayudas.

—Vas a tener que buscarte otro modelo esta vez. —La cruda afirmación de Changmin atrajo su atención de golpe. Este le veía con el ceño fruncido y la boca curveada de disgusto. No sabía si estaba molesto con ella o sólo era el semblante que el chico se cargaba a diario.

—¿Por qué? —repitió ahora temerosa.

—Porque Jaejoong va a acompañarme a los BIFF, sólo por eso. —aclaró encogiéndose de hombros, girando para apurar el paso y dejar al par de amigos atrás.

—… Maldita apuesta. —masculló Jaejoong con enojo, luchando por no ver las lágrimas que resbalaban por el rostro de Boa y que le hacían sentir terriblemente mal.

Iba a acompañar a Changmin a un evento público, el preámbulo de los Asian Film Awards que estaría cubierto por casi tantos medios de comunicación como este último. Sólo de pensarlo se le crispaban los nervios. Shim Changmin, actor nominado a los BIFF de ese año, llegaría al evento acompañado de un hombre… ¡Dios, ya se imaginaba los titulares y el cúmulo de rumores en torno a ellos!

«Maldita apuesta»

Pero lo que más le preocupaba no era el hecho de acompañarle a los BIFF, eso lo podría soportar. Lo que no soportaba era el saber que no sólo eran sus caricias las que le hacían reaccionar, también eran sus besos…

«Maldita apuesta…»



❥ Fin del Capítulo Seis.




—.—.—



Uff, este capítulo sí que estuvo largo. Sufrí(?) Kkk, pero valió la pena, creo... Espero.

Se les agradece eternamente los comentarios~




2 comentarios:

Unknown dijo...

Visto


No te creas, ya que lo termine de leer te comento ㅅ.ㅅ

Junsa dijo...

Ahh esta demasiado interesante...Siento que Changmin necesita darle celos a Jae o dejarlo en paz por un tiempo para que se de cuenta que esta enamorada de Min y que es Gay.. hahahah me encanta esta adaptación espero leer mas y porfis no tardes n.n.... saludos siempre comentare cada cap *o* saludos... MinJae Shipper

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