Era ya pasada la media noche y el viento fresco agitaba las
cortinas de su ventana. No sabía ni cuánto tiempo llevaba sumido en sus
pensamientos. ¿Por qué le molestaba tanto? ¿Qué no le había explicado una y
otra vez que sólo eran amigos, que no había nada con aquella persona del
teléfono? Y sin embargo allí estaba una vez más, con los ojos abiertos, viendo
al techo sin mirar nada, escuchando en su cabeza una y otra vez aquellas
palabras que tanto le atormentaban, aquellos cuchicheos entre la gente del
servicio que le hacían creer que le engañaba con esa persona con la que
hablaba, incluso, de madrugada.
Se decidió a dormir esa noche por todo lo que no había
dormido en las anteriores, y cerrando los ojos, intentó poner su cabeza en
blanco sin apenas lograrlo.
Despertó de un sobresalto al escuchar los golpes a la
puerta, lo que le hizo pararse a la carrera y apresurarse a abrir. Al hacerlo,
se topó con una sorpresa aún mayor: Shim Changmin semi vestido, usando el
pantalón del uniforme y la camisa negra de gala a medio abrochar, los zapatos
en mano y el saco bajo el brazo. Respiraba agitado, haciendo esfuerzos por
recuperar el aire. ¿Desesperación? ¿Sería que el frío y controlado actor estaba
mostrando los sentimientos que tanto guardaba bajo esa máscara de hielo?
—Yoochun… —escuchó por fin su nombre de la boca del actor—.
Date prisa en ponerte el uniforme de gala y alcánzanos en el estacionamiento
—El músico frunció el ceño al escucharle. ¿Una orden? ¿Por qué le ladraba órdenes
como si fuera un soldado y estuviera a su servicio?—. El padre de Jaejoong ha
muerto y va a necesitar que sus amigos estén cerca. —Sólo ese comentario bastó
para entrar a la carrera a su habitación y sacar la ropa que el menor le había
indicado.
En poco tiempo ambos ya corrían por el pasillo de los
dormitorios rumbo a las escaleras, no obstante en lugar de bajar las escaleras
junto al actor, Yoochun siguió derecho. Changmin lo observó apenas un instante,
mientras el músico le explicaba en un grito que avisaría a Hangeng para que
éste le dijera a Boa. Por lo menos, esos eran los amigos más cercanos que el modelo
tenía.
Changmin se dio prisa en llegar a la limusina que el
director Lee había dispuesto al servicio de Jaejoong. El chofer apenas había
encendido el motor cuando la puerta a un costado del pelinegro se abrió y golpe
y más personas ingresaron.
Los oscuros y tristes ojos de Jaejoong giraron y algo en su
interior se removió al ver aparecer a Changmin, seguido muy de cerca por
Yoochun.
—Pe… ¿Pero cómo? —balbuceó con voz entrecortada, mirando al
músico sentarse frente a él y al actor a su costado.
—Changmin me avisó —explicó Yoochun—. No creías que íbamos a
dejarte solo, ¿verdad?
—Cha… Changmin… —logró pronunciar, en su interior los
recuerdos con su padre se hacían presentes con tanta fuerza, que la dureza con
la que pretendía llegar a su velorio empezaba a desmoronarse—. Mi padre… —ahogó
con un grito de dolor que hizo que a Yoochun se le formara un nudo en la
garganta. Jamás había visto así a su amigo, y no tenía idea de qué decirle. Él
había perdido a su padre siendo muy niño, casi no lo recordaba, no sabía qué
decirle a Jaejoong para consolarle.
Pero fue Changmin quien pasó su brazo por el hombro del
pelinegro y lo apoyó junto a su pecho para susurrarle al oído. Hablaba tan bajo
que era imposible oírle, no obstante y siendo músico, él sabía cómo leer los
labios. “Llora, Jaejoong”, “Desahógate”, “Llora ahora que estás entre amigos,
porque al llegar a tu casa tendrás que mostrarte fuerte ante tu hermano”. “Yo
estaré contigo”.
Y justo entonces, todas las lágrimas que no había dejado
salir empezaron a escurrirse por las mejillas del modelo. Sollozando cada vez
más fuerte, aferrándose con fuerza al saco del actor, quien en todo momento
murmuraba palabras comprensivas y de aliento.
Yoochun observaba en silencio, tratando de ligar los sucesos
actuales con los pasados. Era como si se hubieran olvidado de él, porque
Jaejoong lloraba –un poco más calmado– entre los brazos de Changmin, y el actor
parecía ignorarle a él por completo. O sólo hasta que su mirada se alzó para
encontrarse con la suya, dejándole notar sólo por un muy breve instante algo de
calidez en aquella mirada siempre fría, porque al segundo siguiente volvía a
colocarse su máscara de frialdad. Pero lo había visto, lo había presenciado
todo. No iba a poder ocultárselo, no a él.
—Te descubrí, Shim Changmin. —murmuró entre dientes. Si el
actor era tan inteligente como lo suponía sabría, como él, leer los labios. Y
no se había equivocado, porque la máscara cayó del rostro del chico, denotando
la sorpresa que sólo dejó ver por un segundo.
—Cállate. —le vio responder con un único movimiento de
labios, pero él no pudo menos que sonreír.
«Te descubrí, pero no es el momento ni el lugar para
discutirlo»
El lugar donde velaban a Kim Eungsoo estaba adelante. Ya
tendría tiempo, y si no, lo sacaría de donde fuera que tuviera para hablar con
el actor.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong entró casi corriendo a su casa, directo hasta donde
se encontraba el cuerpo de su padre sin siquiera tomar en cuenta las miradas
que le lanzaban o las personas que trataban de detenerle para darle el pésame.
Lo vio ahí, sereno, como dormido en aquel cajón oscuro.
Intentaba a toda costa de no soltar el llanto, pero sus ojos y sentimientos le
traicionaron. Sus manos se aferraron al féretro y su voz siguió llamando a su
padre, pero ya no sería capaz de responderle.
Una mano se posó en su hombro presionando en señal de
consuelo, pero al girar la mirada sólo pudo encontrarse con los ojos de su
hermano observándole a unos metros con detenimiento. Apartó el agarre sin ver
de quién se trataba y se aproximó a paso sereno hasta Hyunjoong. Quería
abrazarle, consolarle y que él le consolara, quizá una perdida tan grande como
esa le haría olvidar el odio que profesaba siempre por él.
—Hyung…
—¿Qué diablos haces aquí? —acusó alzando la voz con
molestia, deteniendo a Jaejoong en su lugar—. Tú no eres un Kim, no tienes
derecho a llorarle. Eres sólo un recogido, una basura… alguien que llegó a esta
casa a causar dolor y muerte.
—¡Hyung!
—¡Sí, muerte! Fue tu culpa que papá muriera… ¡TU CULPA!
Tu culpa
TU CULPA
Esas palabras de nuevo, y lo peor, es que eran verdad. Por
su culpa su padre había sufrido el primer infarto y había terminado en la cama.
Por su culpa, nada más por su culpa.
Changmin dio un paso al frente para tratar de impedir que el
hermano del pelinegro le siguiera atacando, pero la mano de Yoochun le sujetó
con fuerza por el brazo impidiéndole acercarse, pues el músico había alcanzado
a ver cómo la hermana del modelo se daba prisa en acercarse a Hyunjoong para
susurrarle sólo tres palabras:
“Recuerda la herencia”
Y eso bastó para que todo se llevara a cabo en una tensa
calma. Por un momento pensó que Hyunjoong estallaría de un momento a otro con
un escándalo mayor. Por suerte, la prensa no se encontraba dentro de la
mansión, pero sabía bien que todo lo que se decía dentro alguien lo repetía
fuera.
–.—.—.—.—.—.–
¡Era horrible! Realmente horrible. El peor día de su vida.
Estaba sentado en su cama, totalmente solo, con lo pies arriba recargando la
cabeza entre las rodillas, abrazado a ellas con una sábana cubriéndole el
cuerpo; temblando de frío, de miedo, de impotencia ante la muerte del hombre
que le crió, ante las terribles palabras de Hyunjoong. Lo hubiera corrido, si
no fuera porque su hermana se lo había impedido. Estaba casi seguro que de no
detenerlo ella, lo hubiese hecho Changmin. Lo había visto tan decidido que
quizá todo hubiese terminado en un escándalo, pero no, su hermana fue lista y
silenció a Hyunjoong con tres palabras:
“Recuerda la herencia”
Esa herencia… Esa herencia…
Aún retumbaban las palabras de su padre dentro de su cabeza
como un recordatorio. Por el deseo del difundo, el contenido del testamento fue
dado a conocer en la misma mansión donde era velado el cuerpo del productor.
Jaejoong protestó, suplicó, casi se arrodilló frente al abogado para que
respetara el dolor de la familia, pero el hombre dijo que era el último deseo
de su padre y debía cumplir con él.
Todos se encontraban sentados en la biblioteca de la mansión
Kim, esperando impacientes a que el abogado terminara de instalar el DVD. Sí,
Kim Eungsoo había dejado su testamento grabado. Jaejoong se sentía triste y
dolido, hubiese dado lo que fuera por verlo con vida una última vez, por
decirle cuánto lo quería y agradecía por haberle adoptado. Quizá por sus venas
no corría sangre de un Kim, pero él se sentía como uno, y estaba agradecido por
ello.
Giró la mirada al darse cuenta que no sabía nada de su
madre. ¿Qué había sido de esa mujer elegante, altiva y orgullosa, siempre
preocupada por el qué dirán? La vio en silencio, sentada sola al fondo del
lugar, sumida en un mutismo inusual en ella. De pronto la encontró encorvada y
llena de arrugas, con un mechón de cabellos grises cubriendo parte de su
todavía lindo rostro. ¿En qué momento había envejecido tanto?
Por fin el video comenzó. Eungsoo se veía tan lleno de vida,
aun postrado en cama.
Yo, Kim Eungsoo, en pleno uso de mis facultades mentales…
Y continuó. Su padre hablaba viendo directo al frente, pese
a girar la mira de vez en cuando de un lado a otro, como si supiera exactamente
dónde se encontraban sentados cada uno. Esto era quizá porque en vida, cuando
estaban todos en la biblioteca, ocupaban los mismos asientos que ocupaban hoy.
Incluso interrumpió las quejas de Hyunjoong previendo que lo haría, y sus
palabras los silenciaron a todos.
Cualquier otro que interrumpa quedará desheredado.
Jaejoong salió de la biblioteca con las piernas temblando,
casi sin poder sostenerse. De buenas a primeras era dueño de una cuantiosa
fortuna, toda la que había ganado desde que trabajaba. Desde los 6 años su
padre había estado depositando el dinero que le daba en una cuenta individual,
y él que creía que todo lo que le daba a su familia ellos se lo gastaban. «¡Idiota!
¡Mil veces idiota!» se recriminaba, pues hacía tanto tiempo había creído que su
familia sólo le utilizaba. «¡Maldita sea!» Los remordimientos de consciencia no
le dejarían en mucho tiempo, lo sabía.
Hyunjoong había salido bufando, echando pestes de lo que le
hubiera dejado su padre. Hyuna sólo lloraba en silencio y su madre parecía como
un fantasma, silenciosa, moviéndose de aquí para allá, recibiendo el pésame sin
derramar una sola lágrima o pronunciar alguna palabra. ¡Cuánta lástima le daba!
Por su parte, él escuchaba, en silencio, a algunas de las
personas que se habían acercado para intentar consolarle. No supo en qué
momento su hermano había salido del lugar enojado, maldiciendo al hombre que le
había dado la vida. No le sorprendería ver en los medios el escándalo que su
hermano había armado, el que armaría en algún antro esa noche.
El mayordomo se acercó a él para susurrarle que tenía una
llamada telefónica en el aparato del fondo. Avanzó en silencio hasta el lugar,
sin ni idea de quién podría ser; tomó el auricular, y contestó.
—¿Jaejoong? —Esa voz la reconoció de inmediato. No tenía
idea de cómo le había localizado pero, dentro de su corazón, muy a pesar del
dolor, una especial alegría se permitió crecer.
—¿Amigo? ¿Amigo, de verdad eres tú? —comenzó a decir, pero
tuvo que interrumpirse cuando el sentimiento volvió a apoderarse de él y su voz
se quebró. No quería volver a llorar, no quería que todos los presentes le
vieran. Sabía que entenderían, pero no quería que sintieran pena o lástima por
él.
—Mi querido amigo, no sabes cuánto lo siento… —escuchó al
otro lado del teléfono. El silencio se hizo entre los dos. Sabía que su amigo
intentaba consolarle de alguna forma, pero quizá también sabía que consolar con
palabras no era nada fácil… e intentó hacerle más sencilla la tarea.
—Gracias, amigo, en verdad te agradezco que te tomaras el
tiempo de llamarme. Ni siquiera sé cómo te enteraste, aunque no importa, te lo
agradezco en verdad…
—Siento mucho no poder ofrecerte consuelo de otra manera,
pero sabes que puedes llamarme cuando lo necesites. A cualquier hora, cualquier
día, siempre estaré aquí para ti.
—Gracias, en verdad gracias —repitió triste, pero en esos
momentos lo único que necesitaba estaba ahí con él: Shim Changmin—. Me gustaría
seguir platicando contigo, pero como entenderás…
—Sí, entiendo —interrumpió—. De cualquier forma, ya sabes,
en mí tienes a un incondicional.
—De nuevo, gracias.
—y con un suspiro mental, colgó. Cuando alzó la vista, la imagen de una
mujer vestida en traje sastre negro apareció ante él.
Sunny, su representante, su amiga, su familia… Por impulso
corrió hasta ella mientras la joven abría los brazos para recibirle. Jaejoong
le abrazó con la emoción y la tristeza mezcladas. Sunny era la única mujer a
quien realmente podía considerar una hermana, casi una madre, pues era quien le
había acompañado y orientado desde que tenía 6 años.
–.—.—.—.—.—.–
La mirada de Yoochun se entrecerró al observar a Junsu de
espaldas en un rincón, escondiendo entre manos un celular por el que procuraba
hablar en voz baja. Había podido escuchar a medias una conversación que no le
resultaba muy desconocida. ¿Quién demonios era ese tipo con el que el
peliblanco hablaba tan… cariñoso?
Porque era un tipo, de eso estaba 100% seguro y no estaba
nada dispuesto a seguir soportando que le trataran de esa forma. ¡Él no era
plato de segunda mesa!
Andando decidido hasta donde el chico más bajito se
encontraba, le tomó con mano firme y lo giró de frente a él justo en el momento
en el que el aludido cortaba la llamada.
—¡Chunnie! —ahogó asustado al encontrarse con el músico cara
a cara.
—¿Con quién demonios hablabas? —acusó frunciendo el ceño con
molestia—. ¿A quién le decías que eras su incondicional? Era la misma persona
con la que te he sorprendido hablando antes, ¿cierto?
—Yoochun… Chunnie,
yo…
Pero el músico no esperó respuesta. Suspiró pesado y dándose
media vuelta, se marchó.
Sabía de antemano que la respuesta era ‘Sí’. En más de una
ocasión había sorprendido al chico hablando con alguien de una manera más que
sospechosa, y siempre que preguntaba por su identidad obtenía la misma
respuesta: “Sólo es un amigo a quien trato de ayudar”. Y cada vez que escuchaba
aquello, no podía evitar que en su estómago una fuerte punzada le hiciera
arrugar el ceño y se diera media vuelta para dejar al violinista parado en
medio de cualquier parte. Ese y sólo ese, era el motivo por el que se
encontraba tan molesto con él y no fuera a visitarle como antes lo hacía.
Quizá la respuesta que temía era la que le hacía darse la
vuelta y marcharse sin esperar alguna confesión.
Quizá no escuchar esa respuesta era lo que le impedía ir a
visitarle cada miércoles por la noche.
Quizá no escuchar esa respuesta era lo que le mantenía molesto
más consigo mismo que con él…
Quizá… Quizá realmente no deseaba conocer esa respuesta.
Abrió de golpe una de las puertas de la mansión Kim. No
tenía ni idea de a dónde se dirigía, pero sabía que por esa entrada no entraba
o salía nadie y él necesitaba calmar su enojo para regresar con la persona que
ahora más lo necesitaba. Jaejoong no tenía el cariño de su familia, pero podía
contar con el de sus amigos y no podía presentarse con cara de pocas pulgas.
Era momento de reafirmar la amistad que había quedado un poco de lado tras que
hubiera empezado a salir con “ella”, como decía Jaejoong.
No se dio cuenta que la puerta que había tomado llevaba
directo a los jardines de la mansión. Sintió el aire frío de la madrugada –pues
aún no terminaba de salir el sol– y el golpe sorpresivo le hizo incluso toser.
Dentro el aire estaba tan viciado, tan lleno de aromas diferentes como perfume
de mujer, colonias caras de caballero, flores y velas, que necesitaba aire
fresco urgente. Apenas lo tuvo, aspiró profundo metiendo las manos a su
pantalón.
De nueva cuenta el aire le hizo toser, pero esta vez no por
el frío, sino por el humo del cigarro que le golpeó la cara. Giró la mirada
buscando su proceder y se sorprendió de ver a Shim Changmin fumando, con una
pierna subida en una de las bancas de piedra del jardín, observándole.
—¿Problemas en el paraíso? —cuestionó al verle. Yoochun
frunció el ceño. ¿Acaso le había visto?—. Te vi discutir con Junsu, y ahora
sales solo y enojado. —Realmente era buen observador, pero no era alguien con
quien quisiera discutir sobre sus problemas. Tal vez esta era la oportunidad
ideal para hablar sobre alguien más.
—Parece que Jaejoong te tiene en un alta estima, ya que
estás aquí ahora. Lo último que supe de ustedes es que se habían peleado al
grado de que casi te mata, si no es porque lo alcancé a impedir. Pero me
sorprendiste en la madrugada avisándome de esto y después te veo consolarlo de
una manera que jamás imaginé. ¿Qué diablos está ocurriendo con ustedes?
Changmin aventó el cigarro todavía encendido al suelo y lo
apagó con el pie, girando su osca mirada hasta Yoochun. No sabía cuál sería su
posible reacción, y era imposible determinarla por su semblante. Jaejoong era
muy transparente, por lo que leer sus reacciones era muy fácil, diferente de
con Changmin, que era tan frío y controlado… Jamás podría adivinarlo, él
tendría que decirle y aun así no sabría si le diría la verdad.
—No ocurre nada especial, y si ocurriera creo que a quien le
deberías preguntar es a Jaejoong. —respondió muy sereno. ¿Sería verdad que nada
ocurría?
—¿Nada? Jaejoong me dijo lo contrario. —lanzó con la
esperanza de desencajar al menor, pero no funcionó. Changmin sólo mostró una
media sonrisa torcida.
—¿Qué te dijo Jaejoong? —cuestionó igual de sereno.
—Me contó todo —prosiguió, tanteando el terreno para poder
sacarle lo que pretendía—. Me dijo que le besaste a la fuerza. Bueno, de que
haya sido a la fuerza lo deduje yo por sus palabras.
—Ah, eso. —le restó importancia, y Yoochun arrugó el
entrecejo. ¿En verdad era como Jaejoong decía? Shim Changmin no estaba
enamorado de él y sólo era alguna especie de capricho o deseo suyo.
—¿Por qué le besaste? —interrogó—. ¿Estás enamorado de él? Y
no me vayas a decir que no eres gay, porque de antemano sé que sí.
—Lo soy tanto como tú —enarcó una ceja burlón—. ¿Cuándo
piensas decirle a Jaejoong? ¿No se supone que es tu mejor amigo?
—No es algo que te importe —resopló volviendo a fruncir el
ceño—. No estamos hablando de mí, quiero saber qué intenciones tienes con
Jaejoong, porque creo que tú eres de aquellos que si pierden, arrebatan.
—¿Y tú desde cuándo me conoces tanto? —le miró con desdén—.
¿Acaso en tus pláticas de cama con mi primo soy tema de conversación? —Yoochun
se sintió de pronto turbado. Sabía que estaba siendo pesado y sarcástico, ahora
entendía por qué a Jaejoong le caía tan mal, si el chico podía hacerse odiar.
Sólo intentaba desviarle el tema de conversación del pelinegro hacia otra cosa,
pero no le iba a dejar.
—Sólo responde a lo que te pregunté. —masculló entre
dientes, conteniendo su bronca. Pocas veces se molestaba, y el actor parecía
muy bien cómo hacerlo sin esforzarse demasiado.
—Quizá te responda, el día que tú le digas que eres gay. Me
encantaría ver su cara cuando lo hicieras, que según él tú sales con una chica,
si tan sólo supiera que sales con mi primo…
—Parece que no obtendré mi respuesta el día de hoy, y como
no estoy de humor para seguir soportando sus intentos por hacerme rabiar, será
mejor que entremos. No debemos dejar a Jaejoong solo en estos momentos.
Changmin pareció optar por darle la razón, porque apenas
esbozó una sutil mueca, atisbo de una sonrisa satisfecha, en tanto le seguía en
su camino de vuelta a la puerta que llevaba de los jardines al interior de la
mansión.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong tomó la taza de té que Sunny le tendía. Llevaban ya
algunos minutos platicando, había recibido el pésame de un par de parientes de
su madre y había vuelta al lado de la mujer al saber que tenía algo importante
qué comunicarle.
—Jaejoong, sé que no es el mejor momento, ni el lugar, y que
probablemente me odiarás después de lo que voy a decirte, pero tenía que venir
a hablar contigo además de darte el pésame —El pelinegro alzó su triste mirada
en la de la rubia. No sabía que hubiera ido a la casa de su padre por un motivo
diferente, pero de lo que estaba seguro es que no podría odiarle, ella era la
única mujer que le quedaba que aún lo quería, aunque fuera un poco. Ella
suspiró y soltó lo que le atormentaba de corrido—. La filial de NIKE en Corea
te quiere para su campaña de primavera. —El semblante de Jaejoong cambió al
instante en molestia imaginando lo peor.
—No quiero nada donde las influencias de Changmin hayan
tenido que ver. —Sunny abrió mucho los ojos. Sabía que algunas de las últimas
propuestas llegadas hacía unos días desde el extranjero habían sido sugeridas
por el actor para el modelo, pero no NIKE.
—¿Changmin? No, no, yo he estado detrás de ellos desde el
año pasado, creo que ya te lo había comentado, pero como como suelen contratar
a modelos extranjeros o artistas y deportistas famosos, no habían querido
darnos la campaña. Aunque al parecer han quedado encantados con tus últimos
trabajos, así que ahora piensan arriesgarse para esta primavera. Su nueva línea
será lanzada los próximos días, deberás grabar bajo la lluvia, pero no creo que
tengas problema con ello. Si aceptas el contrato comenzarías mañana mismo, en
la noche. ¡Urge! Por eso me atreví a hablarte de trabajo ahora, pero estoy
segura que ellos entenderán si te niegas, y yo también.
Jaejoong guardó silencio por un momento, analizando la
propuesta de su representante. Lo primero que se formuló en su interior fue un
‘¿Por qué no?’. Sí, ¿por qué no? ¿Qué iba a hacer los siguientes días? ¿Llorar
por algo que no tenía ya remedio? ¿Recordar todos los momentos con su padre y
sumirse en la depresión? No. Su padre no lo desearía así, por eso le había
liberado del gran peso de su familia, dándole a cada uno lo que merecía: A
Hyunjoong lo mandó a trabajar con la carrera que le había pagado, y a Hyuna y a
su madre les dejó la Mansión Kim. Jaejoong debía ceder los títulos a nombre de
ella.
Así que… Sí, glorificaría la memoria de su padre poniéndose
a trabajar. Alzó la cabeza y le sonrió a Sunny.
—Sí, acepto hacer el comercial. Estoy seguro de que a papá
le hubiera llenado de orgullo el que yo apareciera en un comercial de NIKE.
—afirmó en una sonrisa, pese que el profundo dolor de tal pérdida le carcomiera
por dentro.
—Ay, gracias Jaejoong —la rubia saltó a abrazarlo—. Mañana
en la mañana te llevaré el contrato a la escuela y después de comer iremos a la
oficina de NIKE. Ellos nos llevarán a la locación donde se filmará. —le explicó
con tal emoción que contagió una ligera sonrisa en el rostro del pelinegro.
—Está bien. Papá será cremado esta noche, así que mañana
estaré allá.
—Pero Jaejoong, no te pongas triste, sé muy bien que tu
padre fue feliz. Aún más cuando tú llegaste a la familia. —El modelo sonrió de
nuevo, pese a sentir que de no haber aparecido él, jamás hubiera tenido ese
primer infarto. Se sentía culpable, y no habría palabras que le hicieran sentir
mejor—. Por cierto… ¿Dónde está Jessica? ¿No debería estar contigo ahora que
más la necesitas?
—No tengo la menor idea —tras una media mueca, se encogió de
hombros—. Probablemente está poniéndome el cuerno, para lo que me importa dónde
o qué está haciendo. Lo único que me importa es que mis amigos están aquí
ahora. —explicó girando la vista para chocar de lleno con la de una alta y
conocida figura que le veía con detenimiento, en tanto sostenía la taza de té y
simulaba escuchar lo que Boa y Hangeng comentaban.
–.—.—.—.—.—.–
El día había sido por demás largo y pesado, al grado de no
saber ni cuánto tiempo llevaba en la misma posición, recordando todo. No
recordaba cómo había llegado al colegio, ni a su habitación, o siquiera haberse
puesto el pijama color negro que Changmin le había regalado.
—No cabe duda que sigo en shock —se dijo, suspirando quedo—.
Qué solo me siento… —murmuró melancólico.
—Pero no estás solo…
Esa voz le hizo levantar la cabeza, al tiempo en que sintió
unas fuertes y cálidas manos abrazarle desde la espalda, recorriendo sus brazos
con aire protector, sosteniendo así su cabeza en el hueco de sus hombros. Se
sintió tan turbado como molesto por la intromisión. ¿Qué pretendía Shim
Changmin llegando de esa forma a su habitación? ¿Cobrar un trato que ya estaba
roto?
—¡Suéltame! —exigió apartándose de golpe del chico para
voltear a verlo—. ¿Qué quieres aquí? —le miró sin levantarse de la cama, viendo
al menor vestido con su propio pijama, sentado al borde del colchón.
—Sólo hacerte compañía.
—No la necesito, estoy bien solo. —afirmó sintiendo un nudo
en la garganta que le hizo quebrar la voz. Changmin arqueó una ceja.
—No fue lo que dijiste hace un momento. Entiendo por lo que
pasas, yo…
—¿Entender? —interrumpió indignado—. ¿Tú entiendes por lo
que paso? No me vengas con tonterías. Tú no has perdido a tu padre.
—A mi padre no, pero a mi madre sí. Nunca la conocí, tú por
lo menos disfrutaste del cariño de Eungsoo. Yo no puedo decir lo mismo.
—Jaejoong le miró más molesto.
—¡No seas idiota! Tu madre es la mujer a quien llevarás a
juicio por tu estúpido orgullo. ¡Ella te crió! ¿No? Entonces, ella es tu madre. —Changmin frunció el ceño a su vez.
—Ya te he dicho que…
—¡No voy a discutir contigo! No ahora, no hoy —aseveró
desviando la vista con tristeza—. Me duele, estoy deprimido… y muy solo…
¡Suéltame! —exigió al sentir, de nuevo, los brazos de Changmin sujetarle fuerte
por la espalda para acercarlo a él. Sólo que en esta ocasión el menor no le
soltó, sino que por el contrario le atrajo más, rozando sus labios sobre el
blanco cuello del modelo, lanzando, con esa acción, una corriente eléctrica que
le hizo estremecer de pies a cabeza, robándole así un jadeo inconsciente.
—No estás solo, aquí estoy yo. —le oyó murmurar sobre la
base de su cuello.
—No es verdad —susurró sintiendo cómo los labios del chico
subían y bajaban rozando su piel, haciéndole estremecer y acelerar el corazón,
hervirle la sangre ante el solo contacto—. Tú jamás has estado conmigo…
—Pero ahora estoy aquí, y me voy a quedar hasta que amanezca
o me pidas que me vaya…
Jaejoong sintió la mano del más chico separarse de sus
brazos para subir hasta su barbilla y girarle el rostro con lentitud, plantándole
un beso sorpresivo pero cargado de la sensualidad y la pasión que sólo el actor
sabía transmitirle. Lejos habían quedado aquellos besos cargados de violencia y
salvajismo, pero igual de ardientes y envolventes.
—¡No, Changmin! —le detuvo separándose de él con la
respiración acelerada—. No.
—¿Por qué no? —cuestionó deslizando sus labios por el cuello
y hombros del modelo, en tanto su mano se colaba por debajo del pijama.
Jaejoong intentó detener esa mano que ya tomaba rumbo hasta sus tetillas.
—¡No, detente! —exigió tratando de apartarse, ya que sus
actos tan sugestivos estaban consiguiendo despertarle con rapidez.
—Tu boca dice una cosa, pero tu cuerpo arde ante mi
contacto… ante mis caricias. Suplica por una atención que pretendes negarle
—susurró para él, con su otra mano descendiendo por el vientre del mayor en un
recorrido que sólo provocaba ligeras cosquillas. Pero al llegar hasta su
miembro ya despierto no pudo sino gemir, retorcerse de placer en su lugar ante
esos dedos que no tardaron recorrer toda su extensión de piel aterciopelada y
caliente, subiendo y bajando, masajeando entre sus movimientos ascendentes y
descendentes cada uno de esos puntos que le hacían gozar por su sensibilidad—.
¿Aún quieres que me detenga?
La pregunta no fue procesada por su cerebro, la excitación
que palpitaba en su entrepierna le impedía pensar, sólo ser receptor de las
agradables sensaciones que le hacían jadear y decir no, cuando debía decir sí.
La otra mano del actor seguía en su trabajo de acariciar y pellizcar su tetilla
derecha, mientras sus labios le recorrían a gusto el cuello y los hombros,
apagando (o tratando dé) el calor que emanaba de su cuerpo.
No supo en qué momento Changmin se había acomodado en la
cama, justo detrás de él sin soltarle, masajeando su miembro y pecho, pasando
de un aureola a otra mientras sus labios bajaban por la espalda y subían hasta
su oreja. El saco del pijama se había ido desabrochando por el constante
movimiento, lo que ahora le daba al más joven mayor libertad para besar y recorrer
con sus labios y lengua.
El pelinegro sintió su intimidad palpitando entre las manos
del actor, un dolor en el vientre que le advertía estar cerca de su límite, la
transpiración en su cuerpo le hacía jadear mucho más y su corazón parecía a
punto de estallar por las caricias que Changmin esparcía por todo su ser.
—¡Aahh, Changmin! —fue con un último jadeo y una imprevista
tensión muscular que su blanca semilla salió disparada y manchó tanto la mano
del menor, como sus pantalones.
Trataba a toda costa de recuperar el aliento, habiéndose
recargado por completo en el cuerpo del castaño con la excitación pulsante del
mismo completamente palpable tras suyo. Sabía que ahora le tocaba a él, sólo
necesitaba unos minutos para poder responderle. O eso pensó, hasta que se
sintió siendo recostado con delicadeza en la cama por el chico, en tanto él se
retiraba al baño.
¿Pero qué rayos pasaba?
—¿Changmin? —El castaño se detuvo sobre el marco de la
puerta y se giró a verle—. ¿Qué ocurre?
—Sólo voy a buscar algo con qué limpiarnos, y unos nuevos
pantalones para que te cambies. —Jaejoong se incorporó un poco sin comprender,
viendo al más joven regresar hasta él. ¿Acaso se estaba preocupando por él? ¿No
iba a cobrarse? ¿No iba a pedir una retribución a lo que le había hecho?
—¿Pero… y tú? —cuestionó al sentir su rostro arder. El actor
no dijo nada, observándole detenidamente. ¿Por qué sólo le miraba? ¿No iba a
responder?
—No es necesario… sólo quería que te sintieras mejor
—explicó ayudándole a asearse para recostarlo en la cama de nuevo—. Ahora
duerme, te sentirás mejor por la mañana.
—¿Por qué eres tan amable conmigo? —Changmin no respondió—.
¿Sabías que tu madre quiso adoptarme para ser tu hermano? —comentó recostado de
lado, sin verlo, pese a sentir su calor muy cerca suyo.
—Mi tía. Y sí, sabía que quiso adoptar a alguien cuando
tenía 5 años, ese niño tenía 6, pero nunca supe que eras tú, hasta hoy
—Jaejoong se giró en la cama para verlo de frente—. No me veas de esa forma, la
puerta de la biblioteca estaba entreabierta… Yoochun y yo escuchamos todo.
—¿También Chun? Bueno, era su mejor amigo, eso en realidad no importaba, sólo
lo que Changmin pensara.
—¿Y estás molesto? —preguntó inseguro.
—No. Pero ahora entiendo más por qué ella te admiraba y
sabía tanto de tu carrera… Porque quería obligarme a ser como tú…
—¿Qué? —Jaejoong se levantó de la cama al escucharle, pero
Changmin colocó su índice sobre los labios del pelinegro acallando cualquier
cosa.
—Hoy no, Jaejoong. —susurró deslizando su toque por la sonrojada
mejilla del modelo, acercándose hasta que sus labios pudieron rozar los del
mayor, recorriendo su boca con besos cortos, invadiéndola para saborear mejor,
embriagarse con ese dulce sabor para hacerle olvidar, aunque fuese por un
momento, todo lo dicho y ocurrido durante ese interminable día.
Con besos, con abrazos, con nada más que la comprensión y la
compañía que tanto necesitaba esa noche.
¿Acaso Changmin por fin le veía como algo más que un objeto
sexual con el que gustaba divertirse para después botar?
Tal vez sí, ya que por primera vez, el menor no había
arruinado todo diciendo algo que terminara por alejarle.
–.—.—.—.—.—.–
Ya pasaba de la media noche y seguía con los ojos abiertos,
pegados al techo. Habían pasado demasiadas cosas ese día, todo demasiado
confuso y rápido. Desde la noche anterior en que el actor Shim había llegado
hasta su cuarto para ordenarle vestirse de gala e ir a acompañar a su amigo al
funeral de su padre.
Sabía que tenía que hablar con Changmin sobre Jaejoong, pero
no había podido hasta el momento. Estaba casi seguro que el actor amaba a su
amigo, sin importar lo que Jaejoong dijera, Changmin lo amaba, tal sólo quizá,
estaba haciendo las cosas mal, y eso hacía que el pelinegro en lugar de
aceptarle lo aborreciera. ¿O era quizá que Jaejoong era heterosexual y Changmin
gay? ¿Qué acaso Jessica no era su novia? Aunque… si esa rubia antipática estaba
con su amigo, ¿por qué no se había presentado en el funeral? La prensa seguro
la crucificaría viva al día siguiente.
En fin, eso qué importaba, la suerte de esa chica le tenía
sin cuidado. Lo que en realidad le preocupaba era todo lo relacionado con el
actor y su amigo.
Había tenido la oportunidad perfecta durante el velorio de
Kim Eungsoo, justo en el momento en el que Jaejoong era llevado a la lectura
del estamento de su padre –Lo que había sido extraño. Leer el estamento
mientras el cuerpo sigue en el lugar–. Había estado platicando con Hangeng y
Boa, cuando vio de pronto aparecer a Yunho, el compañero modelo de Jaejoong. ¿Cómo
se enteraría?
—¡Yunho! ¿Cómo supiste? —cuestionó la pelicorto al verle
aparecer vestido por completo de negro. Yoochun sólo miró con curiosidad el
notorio sonroso en las mejillas femeninas.
—El representante de Changmin le llamó a mi representante, ella
me localizó y me avisó del padre de Jaejoong. Al parecer Changmin le pidió a
Rain que me localizara para venir a verlo. ¿Dónde está él? Me gustaría darle el
pésame. —Hangeng le explicó al modelo que Jaejoong no podía ser molestado de
momento, pero Yoochun dejó de prestar atención a la conversación para buscar
con la mirada al actor, que desde hacía rato no lo veía.
Se separó del pequeño grupo buscando con cautela, incómodo
después de haber presenciado la manera en que Hyunjoong había tratado al
pelinegro. Jamás se hubiera imaginado lo mal que su amigo lo pasaba en esa
casa, y hasta ahora que entendía por qué siempre prefería pasar las vacaciones
en la escuela o trabajando. Al parecer, Hyunjoong no sólo lo maltrataba
físicamente, sino verbal y moralmente. No podía entender por qué Jaejoong
aguantaba tantos abusos que no se merecía, siendo él tan buena persona, tan
divertido, cualquiera que estuviera a su lado solía pasársela bien e, incluso,
estaba seguro, el propio Changmin podría pasársela bien si conviviera un poco
más con él. Cosa que estaba seguro podría lograr, si fuera un poco más abierto
de carácter, dejara esa frialdad de lado y conviviera con todos: no sólo él,
con Boa, con Hangeng y hasta con Yunho.
Giró la vista con sorpresa al ubicar al chico de pie a un
costado de la puerta de la biblioteca, de espaldas a él, con los brazos
cruzados y la cabeza baja. Parecía que en cualquier momento entraría a la
habitación, pero no, sólo permaneció ahí. ¿Haciendo qué? Fue hasta que se
acercó lo suficiente que entendió qué hacía.
—¿Estás escuchando? —preguntó al detenerse a unos
centímetros de él, donde podía escuchar la voz de Eungsoo. El actor no
respondió, sino que llevó su índice a los labios indicándole que guardara
silencio. La puerta estaba entreabierta y el contenido del testamento se
escuchaba fuerte y claro.
No era su intención quedarse, a él no le importaba qué iba a
dejarles Eungsoo a cada uno de sus hijos, si es que aún tenía algo qué
dejarles. Pero lo que alcanzó a oír, lo dejó helado en su lugar. Eungsoo se
dirigía a Jaejoong con tristeza y melancolía, disculpándose por no haber
permitido algo que le hubiese podido salvar de los maltratos de su familia…
Cuando tenías seis años, vino la madre de un joven actor
a verme. Ella te había visto en el orfanato unos meses después de que nosotros
hubiéramos decidido adoptarte. Ella, digámoslo así, llegó demasiado tarde.
Quería que fueras el hermano de Shim Changmin, de tu actor favorito.
Yoochun arqueó las cejas por la sorpresa y giró para ver al
actor. Su expresión era seria, pero no podría adivinar lo que pensaba en esos
momentos, así que siguió escuchando.
Ella quería que retiráramos los papeles para tu
adopción, así los de ella serían aceptados. Pero yo ya me había enamorado de tu
carácter, de tu forma de ser tan amena y divertida, y creí que con dos hermanos
serías más feliz que con uno solo. Se lo expliqué. La vi tan abatida, que
realmente deseé que encontrara a otro niño que pudiera contagiar de alegría al
suyo, que parecía algo retraído. Ahora sé, que quizá debí dejarla llevarte,
hubieses sido más feliz siendo el hermano de Changmin que de estos dos buenos
para nada, malagradecidos.
—¿Tu madre iba a adoptar a Jaejoong? —preguntó Yoochun
incrédulo—. ¡Lo sabías! —exclamó bajo al ver al actor reaccionar apenas con una
afirmación.
—Mi tía, y no, no sabía que era Jaejoong a quien ella
pensaba adoptar.
—¿Tía? —Changmin sólo le miró con el ceño fruncido. Había
olvidado que el único que sabía era Jaejoong.
—Es una larga historia —cerró los ojos y suspiró pesado—. De
todas formas lo sabrás en poco tiempo, cuando nos vayamos a juicio…
—¡¿Juicio?! —repitió asombrado, pero el menor dejó de
prestarle atención para girarse a la puerta y seguir escuchando.
Yoochun guardó silencio de golpe. Reconocía cuando alguien
decía algo que no debía, y ahora sabía que Changmin había mencionado lo de su
madre… o tía, sin haber meditado el asunto. Probablemente porque Jaejoong ya lo
sabía, y estando en su casa se sintió seguro. ¿Pero por qué se irían a juicio? Jamás
había escuchado de algún caso parecido dentro de la farándula. Quizá iba a ser
el primero.
Pestañeó un par de veces al recordar a Junsu en el velorio.
Le había escuchado hablar por su celular de nuevo con aquel misterioso amigo, y
una vez más, había sentido como si algo le golpeara en la boca del estómago.
—Pero no quise escucharlo… de nuevo.
Jaejoong tenía razón, estaba enojado con él por esas
llamadas. Ya ni siquiera recordaba cuándo era que había comenzado todo ese
asunto. Al principio había creído que Junsu, aquel virtuoso músico que lograra
entrar a la sinfónica, era demasiado inocente y transparente, incapaz de
mentirle… y sin embargo, ahora parecía que se hubiera convertido en otra
persona. Alguien diferente a quien había conocido, de quien se había enamorado…
¿Enamorado?…
Sí, estaba enamorado de otro hombre, ese a quien Jaejoong
llamaba “su novia” era en realidad Junsu, “su novio”. O por lo menos eso era
hasta que apareció ese amigo misterioso del teléfono. Junsu no solía mantener
secretos con él, aunque… tampoco le había comentado que Changmin y él eran
primos.
No…
Junsu había cambiado aunque dijera lo contrario. Estaba
seguro que algo pasaba con ese chico del teléfono, y quizá era hora de escuchar
de labios del peliclaro qué era.
Se sentó en la cama dispuesto a salir de su habitación para
ir a la de Jaejoong e ir a buscar a Junsu, pero al estar frente a la habitación
del modelo algo le detuvo.
—No puedo… —se dijo al deslizar su mano del picaporte hacia
abajo—. Jaejoong debe estar muy cansado por todo lo que ocurrió. Hablaré con
Junsu, pero no hoy. Lo veré el fin de semana en la sinfónica, tal vez aproveche
entonces.
Jaejoong ya había tenido suficiente por ese día. Estaba casi
seguro que de entrar a su habitación era más que probable que ni cuenta se
diera, pero no quería arriesgarse. Estaba alterado, si Jaejoong lo veía así
preguntaría y no quería agobiarle con sus problemas, suficiente tenía con los
suyos como para sumarle otros más aparte.
Con ello en mente, se dio la vuelta para regresar a su
habitación e intentar dormir, aunque sabía, eso sería casi imposible.
Pero quizá, si Yoochun hubiese entrado en ese momento a la
recámara, hubiese despejado todas sus dudas con respecto a su amigo y el actor…
–.—.—.—.—.—.–
El sonido de los pajarillos anunciaba el comienzo de un
nuevo día. El sol aún no salía del todo, siendo apenas las seis y media, pero el
fresco de la madrugada ya empezaba a colarse por la ventana del balcón abierto.
—Jaejoong, despierta…
El aludido sintió la tibieza de aquel aliento convertido en
murmullo sobre su oído, en tanto algo que identificó como cabello, hacía
cosquillas sobre su cuello y le obligaba a despertar. Aunque sólo se movió para
acomodarse mejor sobre la cama, sin abrir los ojos en ningún momento.
—Jaejoong… son las seis y media… —volvió a escuchar en su
oído, muy cerca. Yoochun jamás le hablaba tan temprano, y mucho menos con tanta
delicadeza. Él por lo general lo zarandeaba en la cama hasta que despertara, y
si no, le echaba agua en la cara.
—Mhm… no, yo me levanto hasta las siete… —balbuceó medio
adormilado, esperando que su amigo escuchara y le dejara dormir 30 minutos más.
—Por eso siempre andas a la carrera y a veces ni alcanzas a
desayunar. Vamos, Jaejoong… Ya levántate, ya me voy…
—Sí, sí, vete Yoo… ¡Changmin! —reaccionó sentándose de golpe
en la cama—. ¿Qué haces en mi habitación a esta hora? —Entonces los recuerdos
acudieron a su memoria de golpe, haciéndole enrojecer—. ¿Qué no ves que Yoochun
puede llegar en cualquier momento y descubrirnos? Tú nunca te quedas hasta esta
ahora, ¿por qué no te has ido? —soltó a la carrera. Él jamás se quedaba hasta
la mañana, siempre se iba después de hacer el amor. ¿Entonces por qué?…
Unos labios urgentes sobre los suyos le acallaron,
haciéndole olvidar todas las preguntas que surgían en su mente en aquel
momento. La conocida corriente eléctrica sacudió su cuerpo por completo,
acelerándole el corazón hasta el tope. Sus ojos se cerraron por instinto cuando
entreabrió sus labios para darle acceso a la ávida lengua que le recorrió
sensual y apasionada, haciéndole hervir la sangre como sólo él sabía hacerlo.
—Jaejoong… Ya me voy, tengo que cambiarme y bajar a
desayunar. —explicó el menor, separándose del modelo y dejándolo con las ganas
de continuar.
—Pe… pero tú…
—Estuve aquí hasta esta hora porque te lo prometí, te dije
que me quedaría hasta que amaneciera, y ya amaneció. —aclaró acallándolo.
Jaejoong frunció el ceño. ¿Qué había pasado con el Changmin
sensible y comprensivo de la noche anterior? ¿Había sido una de sus
actuaciones? ¿Una de esas actuaciones dignas al Bambú de Oro para el que estaba
nominado?
—¿Eso quiere decir que lo de anoche no volverá a repetirse?
—preguntó, pese a saber de antemano la respuesta. Changmin se giró en su lugar,
casi llegando a la puerta del balcón, para verle con una media mueca en forma
de sonrisa.
—Sólo si alguien se muere…
—¡Eres un idiota! ¡Maldito estúpido! ¡No necesito de ti ni
de tu lástima, lárgate ahora mismo de aquí! —gritó al ponerse de pie y
sacudirse la sábana, arrojando todo cuanto se le atravesara en el camino, desde
los cojines de la cama hasta sus propios zapatos.
Pero Changmin ya se había ido. Como siempre, había abierto
la boca sólo para alejarle…
—¡Te odio, Shim Changmin! —ahogó tomando y apretando entre
sus manos uno de los cojines que habían rebotado contra la puerta cerrada del
balcón—. Te odio, pero al mismo tiempo te amo… ¡Maldita sea! —se quejó
arrojando el objeto contra la cama.
“Voy a poseerte y voy a herirte… Me amarás aunque me odies…
Esa será mi venganza”
Por más que exprimía sus neuronas, no lograba recordar qué
le había hecho a Shim Changmin como para que este quisiera vengarse de él.
Maldición. ¿Qué?…
–.—.—.—.—.—.–
Apenas había tenido tiempo para cambiarse e irse directo a
clases, ya que de nuevo se le había hecho tarde, esta vez por discutir con
Changmin y consigo mismo.
«No cabe duda que debo levantarme más temprano si quiero ir
a desayunar» se dijo melancólico.
Si bien tenía todos los motivos para faltar al desayuno y a
clases, sabía que lo mejor era llenarse la cabeza de cosas que no fueran los
recuerdos con su padre, o la panza sólo de aire, al fin y al cabo, no tenía
hambre. Ojalá todo fuera sólo trabajo, pero para su desgracia, su mente estaba
llena ahora también de los enigmas que le dejaba ese condenado ‘Cubito’ de
hielo, alias Shim Changmin.
Ahora caminaba por los pasillos de la escuela con el saco
del uniforme al hombro y una banda negra sobre la manga de la camisa blanca en
señal de luto. Se dirigía a su primera clase. Muchos de sus compañeros pasaban
dándole una palmadita en la espalda en señal de comprensión, algunas chicas, un
fuerte abrazo, aunque no faltaba quien se acercara a él llorando a darle el
pésame. Kim Eungsoo era muy bien conocido en el medio artístico, y Jaejoong muy
popular, por lo que ahora todos sabían del fallecimiento del director y
productor; e incluso, se habían programado en la TV algunos especiales como su
biografía y películas.
Sus pensamientos, en esos momentos, estaban muy lejos de
ahí. Avanzaba por inercia y oía sin escuchar, apenas dibujando una pequeña y
melancólica sonrisa, sin darse cuenta que estaba cayendo en aquello que se
había prometido evitar: La depresión.
Ni siquiera sabía si lo sucedido la noche anterior había
sido cierto o parte de su hiperactiva imaginación. ¿En realidad Changmin había
pasado toda la noche a su lado? ¡Sin exigirle nada! ¡Solamente abrazados en la
cama! Bueno, después de haberle hecho terminar en su mano, ¡pero no le había
tomado en retribución! Aunque ahora, qué más daba… De nuevo había terminado
alejándolo con aquel comentario sarcástico y burlón, dándole a entender que
aquello había pasado sólo porque se lo había prometido, y no porque sintiera
algo –¡Lo que fuera!– por él.
No, no lo que fuera. Tenía que sentir amor…
—¡Jaejoong, amor! —el fuerte grito femenino le sacó de golpe
de sus pensamientos, haciéndole girar sobre sí. No le costó nada ubicar a la
despampanante rubia que, enfundada en un entallado vestido negro, corría hacia
él ante las miradas asombradas de los alumnos que observaban.
Antes de que pudiera evitarlo, los brazos de la chica se
cerraron sobre su cuello obligándole a retroceder ante el peligro de una
estrepitosa caída, abrazándola a su vez para que las perfectas curvas de aquel
delicado cuerpo se amoldaran al suyo.
—¡Jessica! ¿Pero qué demonios haces aquí? —preguntó
separándose un poco de ella, que sollozaba entre sus brazos murmurando cosas
incomprensibles.
—¡Perdón, perdón! ¡Perdón, Jaejoong! ¡Perdón! —balbuceó
mirándole con ojos llorosos, empañados por las gruesas lágrimas que escapaban
de ellos.
Jaejoong se quedó mudo, sin poder decirle nada, y es que jamás
había visto a su amiga –No. Su novia– llorando así. Ella, a quien siempre había
visto como alguien demasiado fuerte, demasiado segura de sí misma como para
derramar una lágrima.
Y así, sin entender el motivo de su llanto, sólo atinó a
sacar un pañuelo de su bolsillo y tendérselo para que se limpiara.
—Lo lamento mucho… —volvió a decir. Quizá fue la pregunta
tatuada en su cara, o quizá fuera el momento indicado, pero Jessica procedió—.
No me enteré de lo que le sucedió a tu padre hasta esta mañana. ¡No pude estar
contigo! —soltó entre lágrimas, volviendo a abrazarse a él. Jaejoong sintió la
tristeza apoderándose de él, con el mundo viniéndosele encima y la ligera
esperanza de que hubiera alguien, además de su padre, que le quisiera de
verdad… Hasta que Jessica lo echó a perder—. ¡La prensa no me deja en paz! Me
están crucificando viva… Jaejoong, tienes que hablar con ellos.
El fuerte golpe que sintió al escucharle le hizo regresar
los pies sobre la tierra. No, no había nadie más que le quisiera aunque fuera
un poco. Nadie, absolutamente nadie. Sólo su padre, porque ni su madre o
hermanos, y desconocía si sus amigos le querían en verdad. Quizá una vez que
saliera de la escuela ni les volvería a ver jamás.
No, no había nadie. Absolutamente nadie…
Se soltó determinante de los brazos de Jessica, dejando a la
rubia helada en su lugar, con los ojos fijos en esa mirada oscura que el modelo
jamás antes le había dedicado. Su mirada grisácea, antes cálida, ahora se veía
tan fría, tan ausente. Como si los sentimientos en ella se hubieran ido.
—No —respondió firme, y Jessica frunció el ceño molesta—. No
voy a hablar con la prensa, ni a tu favor ni en tu contra.
—Pero Jaejoong, como novios tú…
—Ya no, Jessica —la afirmación dejó a más de uno con la boca
abierta, dentro del pequeño público que había acarreado su espectáculo a medio
pasillo. Jaejoong estaba rechazando a una de las solteras más hermosas, una
actriz nominada a los Asian Film—. Esto se terminó.
—¿Qué? ¿Acaso estás terminando conmigo? —El pelinegro asintió
sin pronunciar palabra. Sabía que eso tendría que hacerlo tarde o temprano, y
sabía también que debía hacerlo a solas, pero las rudas palabras de Jessica le
habían provocado reaccionar sin pensar—. Kim Jaejoong, ¡no puedes terminarme!…
—Jessica, tranquila —musitó intentando calmar el enojo de su
amiga—. Sabíamos que esto iba a terminar tarde o temprano, y es mejor
terminarlo ahora, antes de que alguno de los dos, o los dos, salgamos
lastimados.
Pero Jessica ya no entendía razones, manoteando sobre el modelo,
lanzando improperios e insultos. Jaejoong levantaba los brazos para defenderse
de los golpes, sabiendo que no había mucho más qué hacer. O quizá sí, pero no
quería hacerlo. Se dedicaría, igual que con Hyunjoong, a recibir su enojo
traducido en golpes.
—¡A mí nadie me deja! ¡No ha nacido el hombre que se atreva
a dejar a Jung Sooyeon! ¡No te atrevas a decir que terminamos! ¡Primero muerta!
Primero… Primero…
Jaejoong abrió los ojos cuando no escuchó más a la rubia, ni
sintió más sus manotazos. Jessica aún estaba frente a él con los ojos
chispeando de ira, mordiendo su labio inferior, pero con la vista al frente en
alguien más que no era él. Al girar un poco la cabeza para mirar, se encontró
con que justo detrás suyo, a menos de un paso de distancia, se encontraba Shim
Changmin, su amante.
Para qué negarlo, Changmin era su amante…
—Changmin… —murmuró la rubia serenando su tono de voz. La
mirada de hielo del menor parecía haberla calmado, pero no lo suficiente—. Tú
no… —El chico sólo había alzado una ceja, lográndola callar de nuevo.
—¿Yo qué? —Jaejoong giró la vista de un lado a otro entre
ambos. ¿Estaría Jessica tan molesta con él, al grado de mencionar su acuerdo?
¿Sería tanto su enojo que les echaría de cabeza? Claro que de hacerlo
terminaría perjudicándose ella misma también, pues si no mal recordaba a la
chica la estaban relacionando con alguien de su mismo sexo.
—Nada —Jessica se dio la vuelta molesta, pero justo antes de
partir, se giró para mirar de reojo al pelinegro—. Espero que realmente sepas
lo que haces, porque acabas de mandar al demonio no sólo mi carrera, sino la
tuya también. —y sin decir nada más, se retiró altiva del lugar, dejando a
todos con la interrogación plasmada en sus caras. A todos, menos a un par que
supieron interpretar cada palabra.
Jaejoong bajó la vista suspirando con verdadera pesadez,
hasta que sintió a alguien apretarle el hombro para confortarle. Sabía quién
era, las cosquillas y el calor ante el contacto eran inconfundibles, pero los
últimos minutos con Jessica le habían puesto tan de mal humor, que sólo apartó
el toque con brusquedad.
—Es mejor así. —afirmó el castaño, pero Jaejoong se giró de
golpe sintiendo la furia apoderarse de él.
—¿Mejor? ¿Mejor para quién, idiota? ¿Para ti? —acusó sin
meditar sus palabras, ignorando por completo al público que aún seguía
pendiente de sus movimientos.
Varios de los alumnos se arremolinaron ahora a su alrededor,
esperando por una nueva pelea entre ambos, como aquella en la que el pelinegro
había saltado con un golpe al actor y este amenazara con demandarle, o quizá
como en la que el actor le hubiera sacado del comedor sin dejarles ver en qué
terminaba. Quizá, por fin pudieran ver la pelea que tanto esperaban.
—Para ti, tonto. Sabías de antemano que esa relación no iba
a ningún lado, estaba destinada al fracaso. Ella no puede ser fiel por
demasiado tiempo, y eso lo sabías desde el inicio. Por lo menos tuviste la
sensatez de terminar con ella antes de que…
—¡Cállate! Eres el menos indicado para juzgar a nadie, y tú
no sabes nada. —¿Cómo se atrevía a tan siguiera insinuarlo? Él hablando de
fidelidad cuando sabía bien que ambos habían estado juntos hacía unas horas.
—Yo no estoy juzgando a nadie, sólo digo la verdad. Si tanto
necesitas de compañía, deberías buscarte otra pareja. —sentenció con un gesto
casi burlón. Jaejoong vio el reto en esa mirada, esperando por una respuesta
que no tardaría en darle.
—¿Ah sí? ¿A quién? ¿A ti? —respondió con la misma sorna,
logrando una risa amena general de sus compañeros. Estaba seguro de que
Changmin no afirmaría algo semejante tan públicamente.
—¿Y por qué no? —Pero se equivocó—. Por lo menos yo no te
pondría los cuernos con el primer par de pantalones que me pasaran por
enfrente. —Ese comentario irónico fue el colmo.
—¡Eres un estúpido, desgraciado! ¡Aléjate de mí! —exigió
empujándolo de su camino, apresurándose hasta su salón.
Los murmullos comenzaron de nuevo. Por un momento habían
imaginado que las asperezas entre el modelo y el actor habían terminado, luego
de haber visto en todos los noticieros de chismes del espectáculo que el actor
Shim Changmin, había acompañado al modelo Kim Jaejoong en el sepelio de su
padre. Pero con lo que acababan de presenciar, aquellos chismes y rumores sobre
su enemistad volvían a crecer augurando, muy pronto, una nueva pelea.
O quizá, algo aún peor…
–.—.—.—.—.—.–
Habiendo dejado atrás la fuerte discusión con Jessica y con
Changmin en pleno pasillo de salones, había tomado sus clases con normalidad,
tratando de ignorar todos los cuchicheos que se cernían sobre su cabeza
alrededor de la ruptura con la rubia y la repentina “declaración” del actor.
Evitó a toda costa prestarles atención, sin desmentir ni
confirmar nada de lo que le preguntaran, consciente de que había cierto
pajarito dentro del colegio que se encargaba de informar a la prensa. Ya eran
varias las veces que se había visto involucrado en los chismes de K! News Live,
y no quería volver a servirles de nota otra vez. Tampoco quería ver a ese actor
estúpidamente alto que se empeñaba en no apartar la vista de él, poniéndolo
nervioso cada que podía, e inflando los cuchicheos sobre ellos.
Estaba tan enojado con él, que había pasado de avisarle que
se perdería toda la tarde y parte de la noche para ir a filmar el comercial que
NIKE requería con urgencia.
Sunny había llegado por él justo a la hora de la comida,
todavía faltaba la firma del contrato y revisar el formato del comercial.
Comenzaron la filmación cuando el sol iba declinando y terminaron hasta pasada
la media noche. Por suerte era amigo de los guardias, que si no, tendría que
dormir en un hotel.
Había estado corriendo bajo los efectos de la lluvia para
demostrar que la nueva línea de calzado resistía las inclemencias del tiempo.
Al principio todo estuvo bien, porque el agua que salía de la regadera estaba
caliente, pero al cabo de un par de horas de distintas tomas, el calefactor ya
no funcionaba y el agua empezó a caer fría. Agregándole a eso el viento
nocturno que se le tradujo en un fuerte resfriado. Si no es que pulmonía.
—¡ACHOU!
El viento helado se la noche se colaba a través de la
ventana abierta del balcón. Otro pañuelo desechable voló al suelo, sumándose al
resto de los que ya cubrían el lugar.
—¡ACHOU!
Ya ni sabía cuántas veces había estornudado, pero se sentía
pésimo. Le dolía un horror la cabeza, la nariz le escurría tanto que ya estaba
roja de tanto limpiarla, además de sentir arder la cara, pero el frío era tal
que ni así se quitaba todas las mantas con las que estaba tapado. Ya había
tomado algo para el resfriado, pero seguía sin sentirse mejorar. Ni siquiera el
vaso de vino que se había tomado después de las pastillas para el resfriado le
había servido para olvidar en algo su malestar, lo único que había conseguido
era insomnio y unas ganas de...
—¡ACHOUUUU!
Otro pañuelo voló al suelo. Si no fuera porque había firmado
con NIKE para hacer el comercial sin haber leído bien de qué trataba, era más
que probable que no lo hubiera hecho. No se necesitaba ser genio para saber que
pasarse unas horas bajo el agua, fría o caliente, en plena noche, se traduciría
en un resfriado seguro.
—¡ACHOUUU! —Otro pañuelo se sumó al resto de sus compañeros.
Sabía… No, más bien esperaba que Changmin hubiera estado
preguntando a dónde había ido, o qué había estado haciendo. Ya estaba esperando
con ansia que en cualquier momento se presentara en su habitación para
reclamarle. No creía ni por un momento que sucediera lo de la noche anterior,
pues estaba seguro que en esta ocasión, de llegar a esa hora (1:30am), no se
quedaría con las ganas de tomarle.
«Y si no, le tomo yo» se dijo con una risa para sí. «Como si
eso algún día llegase a ocurrir»
Estaba ansioso, sí. El cosquilleo en su cuerpo subía y
bajaba por cada poro de su piel, tan sólo de recordar las manos del actor
tocándole. Estaba excitado, y estaba seguro que con sólo verle directo a esos
ojos que a veces le sumergían en un mar tormentoso y apasionado, iba a
reaccionar, sin necesidad de que le tocara.
Un conocido temblor le puso los vellos de la nuca en punta
al escuchar la puerta del balcón abriéndose. La sonrisa comenzó a dibujarse en
su rostro al reconocer de inmediato la sombra que se proyectó hasta su cama,
dejándole percibir en el ambiente esa colonia que tan bien lo identificaba en
él.
—Te estaba esperando. —afirmó ronco. Por un momento, su voz
le pareció desconocida. Jamás había escuchado su propia voz al ser envuelta por
el deseo. ¿O es que sus cuerdas bucales ya se habían lastimado por el
resfriado? No, estaba seguro de que lo último aún no había sucedido.
—¿Sí? —El menor se aproximó a su cama, sin que el modelo se
moviera—. ¿Dónde te metiste? —preguntó al tenerle cerca—. Creí que seguías
haciendo rabieta por lo de Jessica y no te presentarías hasta mañana. —Pero
Jaejoong sonrió de una manera en la que jamás le había visto hacerlo. No con
él.
—Como ves, no estoy enojado o pataleando en el suelo como
habías imaginado. Más bien… estoy algo ansioso. —Por unos segundos, la
incertidumbre asomó a la mirada del actor. Tal vez la poca luz que la lámpara
proporcionaba no le permitía verle del todo los ojos, pero de un tiempo a la
fecha, le resultaban más conocidas las reacciones del menor ante ciertas
situaciones.
—¿Estás bien? —cuestionó al recorrer con la vista la nueva
alfombra de papeles que tapizaba el suelo.
Jaejoong empezó a reír, lanzando la caja de pañuelos sobre
el buró de forma descuidada. Al parecer, por fin las medicinas comenzaban a
hacerle efecto, porque su nariz había dejado de escurrir, pese a que el calor
que agobiaba su rostro no quisiera ceder, ni el frío que sentía en el cuerpo.
De todas maneras, lanzó las cobijas a un lado y se puso de pie de un brinco,
quedando de frente al actor.
Changmin le observó de arriba abajo un modo sugerentemente
lento, relamiéndose el labio en un gesto tan sexual que le hizo acelerar el corazón.
El pijama color negro que el actor le repusiera por aquel que le había roto en
cierta ocasión, le hacía sentir seductor, pues la seda de la prenda le
acariciaba cada parte de la piel con suma delicadeza.
Esa mirada de deseo en el más joven le hizo estremecer de
forma especial, de una en la que jamás se había sentido antes. Su cuerpo, algo
entumecido por el frío, había comenzado a entrar en calor ante la sola mirada
ajena.
Ninguno de los dos se movió por interminables segundos,
observándose el uno al otro en total silencio. Jaejoong se sentía arder por
dentro –y por fuera–, aunque no iba a confesarlo. Necesitaba a ese arrogante
chico como jamás lo había necesitado antes.
En un arranque de valentía que nunca creyó poder utilizar
con el actor (lo había hecho con mujeres antes, pero jamás con Changmin), lo
tomó con fuerza por el brazo y lo lanzó a la cama, tirándosele encima para
inmovilizarlo al sujetarlo por las muñecas. Sus impulsos estaban mandando sobre
él como jamás hubiera imaginado, y le gustaba. El tenerlo inmovilizado en el
lecho, sintiendo el calor de su cuerpo calentando el suyo, sintiendo la
excitación creciente en su entrepierna, le hizo excitarse aún más.
—¿Jaejoong? —escuchó la ronca voz del actor a su oído, pero
no prestó atención a la duda impresa en su nombre, guiado por sus instintos a
continuar asaltándole la boca, dejando que esta vez fuera su lengua la que se
apoderara de aquellos labios seductores, la que se enredara con la ajena que
quería dominar… pero no iba a dejarla. Probando, saboreando, dejándose
embriagar por aquel sabor que tanto le intoxicaba.
Dejó que su boca continuara su trabajo, con sus manos
comenzando a bajar por el pecho del actor directo a desabrochar uno a uno y muy
lento los botones de su pijama, acariciando con la palma de la mano la caliente
y suave piel que iba quedando al descubierto. Saboreando con cada caricia el
ligero quejido que escapara de la boca de aquel a quien siempre consideró de
hielo.
—Jaejoong, espera…
Pero no, esta vez no iba a detenerle. Estaba tan excitado
que aun y cuando Changmin se negara iba a continuar. Violación. Esa palabra
pasó por su cabeza apenas un momento, pero la borró. No, haría que se
encendiera tanto que no podría detenerse. No sería él quien le detuviera ahora
que tanto lo deseaba. Esta vez sería Changmin quien le pidiera no detenerse,
tal cual lo había hecho él.
Su boca volvió a acallar a la del menor, que se negaba a
responder al beso como lo hiciera segundos antes. Pero lograría que volviera a
entenderse como al principio. No sabía qué lo había detenido, pero no se
frenaría por mucho tiempo.
¡Shim Changmin no era de hielo!
—Jaejoong, estás ardiendo… —consiguió decir al separarlo de
su boca. Debía ser cierto, porque aunque sentía algo de frío, aún ardía.
Comenzó a reír.
—Claro que estoy ardiendo, por eso voy a mitigar este calor
con tu cuerpo… —afirmó lo más sugerente, intentando volver a llegar a los
labios del menor. Había sentido muy bien un ligero temblor sacudir el cuerpo
del castaño ante sus palabras, pero fue este quien tomó control de la situación
y le hizo girar en la cama, quedando él arriba del modelo.
—No, no esa clase de ardor. Jaejoong, tienes fiebre… y
mucha. —Jaejoong se sorprendió de que el chico tuviera consciencia en un
momento así de algo tan insignificante como un poco de temperatura. ¿Desde
cuándo se preocupaba por él? ¿Qué no le había dado a entender esa misma mañana
que sólo sentía lástima por él? ¿Entonces por qué preocuparse por un simple
resfriado?
Volvió a reír, cínico, cuando enredó sus piernas con las del
actor y lo regresó bajo su cuerpo. Asaltó esos labios que le volvían loco,
embriagándose con el intoxicante sabor.
—Sólo es un resfriado, ya tomé algo para ello —aseguró
separándose apenas, recorriendo con la punta de su lengua la mejilla del
castaño—. Y antes de que preguntes… me tomé unas pastillas con algo del vino
que me regalaron en la locación del comercial de NIKE para celebrar el término
de este.
—Así que ahí estuviste… ¿Vino con pastillas? Jaejoong, estás
drogado. —Sin detener sus besos y caricias del cuerpo del actor, continuó.
—Sí, estoy drogado, pero del sabor de tu boca, de tu cuerpo…
De tus caricias y pasión. Drogado de ti… —La mano del menor que hasta el
momento había intentado detener las caricias del modelo, se detuvo. Esta era la
primera vez que tomaba la iniciativa, y fuera por la combinación de
medicamentos y alcohol o porque realmente lo sintiera, iba a continuar con lo
que hacía.
El pelinegro sonrió para sus adentros cuando sintió al
castaño relajarse, dándose libertad para acariciarle el pecho ya desnudo y
sentir la suavidad de la piel bajo su palma, el cómo el cuerpo de aquel que
sabía bien cómo volverle loco, comenzaba a temblar ante su simple roce. ¿Cómo
nunca se había dado cuenta de esos pequeños detalles? Siempre había sido él
quien le dijera lo que podía provocarle, pero ahora tenía el control en sus
manos, e iba a utilizarlo.
—Jaejoong… no te detengas ahora. —escuchó la voz ahogada del
actor suplicarle. Se había detenido sin querer, pero de inmediato retomó lo que
hacía, deteniendo en todo momento las manos del chico que intentaba tocarle.
—No, Minnie… Esta vez no podrás tocarme hasta que yo te lo
diga. —aseveró alejando la mano que había intentado llegar a su pecho, y sus
labios viajaron hasta los del menor para devorarlos con un pasión insólita en
él, imposible de controlar o saciar. Sabía muy bien que sus besos podían
encender al actor, e iba a encenderlo hasta volverlo loco.
Se separó de su boca para dejarlo con excitado y con la
respiración acelerada. Podría sentir su miembro despierto presionando contra su
abdomen, pero no, aún no llegaba a esa parte; aún le haría suplicar por más,
hasta que no pudiera controlarse.
Su lengua se deslizó lenta y traviesa por el cuello del
chico, arrancándole sonoros gemidos mientras se encaminaba en un camino
descendente por su pecho y una de sus manos se guiaba hasta aquello que le
molestaba en el vientre.
—Mhm, Jaejoong… —le escuchó jadear cuando su lengua encontró
y empezó a jugar con una de sus tetillas, chupando y succionando con fuerza,
mordiendo ligeramente hasta hacerle gruñir. Se sentía tan bien ser él quien
diera placer, porque no sólo lo proporcionaba, también lo sentía, sensible ante
los roces que el miembro del actor daba contra su cuerpo, o lo grato que era
escucharle gemir su nombre de un modo tan urgente y sensual.
Se detuvo una vez más logrando que la confundida mirada del
menor le buscara buscando una respuesta, aunque todo lo que vio, fue una
sonrisa. Jaejoong comenzó a despojarse de la camisa del pijama con movimientos
lentos y provocativos, en tanto su cadera se mecía sobre la del castaño
frotando ambos miembros endurecidos bajo las delgadas telas de sus pantalones.
Sus manos se deslizaban sobre el cuerpo del menor
arrancándole suspiros en su camino, mismo que más tarde siguió con su boca
recorriendo la línea de su pecho hasta detenerse en su abdomen, donde usurpó el
pequeño ombligo con su lengua consiguiendo de él más sonidos necesitados. Las
manos de Changmin se habían alzado de nuevo en dirección al pelinegro, pero
este le empujó los brazos para evitar que le tocara.
—Te estás vengando… —pronunció el castaño entre jadeos,
sujetando con fuerza las sábanas al no poder acariciar el cuerpo de su amante—.
Me torturas al no dejarme tocarte…
—Sí —afirmó sin dejar de besarlo, de saborear su piel—. Sólo
porque no tengo una cuerda a la mano, sino te hubiera atado a la cama como lo
has hecho tú conmigo.
Una de sus manos se colocó hacia la parte más baja de su
vientre, introduciéndose del todo bajo la pijama del actor para tomar el
miembro hinchado entre sus manos y robarle más gemidos gustosos. Le acarició
suave y con firmeza, sintiendo la piel aterciopelada y caliente que parecía
moverse conforme a sus movimientos ascendentes y descendentes.
—Tócame, Changmin… Hazlo ahora…
Sin esperar por una respuesta los brazos del menor le
rodearon por la cintura y espalda, dejándolo sobre su regazo con las piernas
entorno a sus caderas, donde pudiera moverse sobre su cuerpo con frenesí,
haciéndole gemir. Las manos del actor le acariciaban los glúteos, siendo esta
vez sus manos las que se colaron bajo la tela del pantalón para acariciarle y
más tarde estrujar esa misma zona, aprisionando su cuerpo con el propio para
acrecentar la cercanía mientras él continuaba masturbándole y le obligaba a
gemir su nombre una y otra vez.
—Ahhh, Min…
Frente a frente se encontró con aquella oscuridad en las
pupilas del castaño, ambos respirando agitados y, por primera vez, fue capaz de
ver un sonrojo en aquel rostro siempre frío, controlado y sin emociones. Podía
ver el deseo reflejado en aquellos ojos cuya profundidad le regresaba su propio
reflejo en igualdad de circunstancias. Sí, también le deseaba. Pero no sólo
había deseo en sus orbes grisáceas, había amor. ¿Changmin podía ver eso?
No lo sabía, ¿pero qué importaba? En ese justo instante no
había nadie más con el actor, sólo él, y de momento eso le bastaba.
No supo en qué momento su pantalón quedó colgando de una de
sus piernas y el pijama de Changmin a un costado de la cama. La boca del chico
se posesionaba de nuevo de la suya, invadiéndole e inflamándole de pasión. Fue
entonces que sintió la invasión en su cuerpo y un quejido escapó de sus labios.
—Agh, Cha… Changmin…
Este pareció esperar porque el pelinegro se acostumbrara a
la invasión, tan sólo unos minutos tras los cuales procedió a insertar un
segundo dedo, siendo recibido entre la estrechez con menor molestia y más
exaltación; hasta que un tercer dígito le obligó a retorcerse y gemir con
fuerza. Total, a las dos de la mañana, dudaba mucho que su vecino de habitación
estuviera despierto y pudiera descubrirlos.
Su respiración fue haciéndose errática, en tanto su cuerpo
se perlaba en sudor. Ni siquiera estaba siendo masturbado, sólo el roce de su
miembro excitado contra la piel del actor, pero era quizá la mezcla de
medicamentos lo que le habían puesto en exceso sensible, y si a ello se le
sumaban los dedos en su interior… Ya no podía más.
—Changmin, te necesito ahora… —urgió entre jadeos, llamando
a la boca del actor que no tardó en subir hasta él para devorarle a besos.
—Jaejoong… el condón. —le recordó, logrando que el pelinegro
dejara de masturbarle para rodearle el cuello con ambos brazos.
—No, no es necesario usar esa cosa —susurró a su oído—. De
todas formas no pienso denunciarte…
—No lo digo por eso, el condón está lubricado, te ayudará
para que no te duela. —Pero no, no estaba dispuesto a seguir esperando más.
Estaba muy excitado, ¿qué no podía verlo?
—¡No me importa! Te necesito ya y ahora, no esperaré a
buscarlo. —afirmó conforme se movía y Changmin tenía que sacar los dedos de su
interior, el pelinegro acomodándose sobre él.
—Jaejoong…
El dolor fue demasiado, pero estaba tan excitado que no fue
capaz de detenerse. El miembro de Changmin ni siquiera había ingresado en él y
ya se sentía en las nubes; aunque parecía que estas estaban llenas de afilados
clavos que amenazaban con partirle en dos.
—Mhmmpff… —mascullaba por la invasión.
—Podemos detenernos… —¿Desde cuándo el actor se preocupaba
por lo que pudiera o no sentir?
—¡No, sigue!
Changmin se había quedado quieto al escuchar sus quejidos,
pero lo necesitaba y no estaba nada dispuesto a parar ahora. Por ello, fue él
quien se encargó de empujar, provocando que el miembro del castaño se enterrara
por completo en él.
—¡Aahh! Ah, aahh… —escaba de sus labios ante la única
arremetida con la que el menor se hundió en su interior. El dolor fue agudo,
pero pronto el placer empezó a llegar, animándose a mover sus piernas para
elevarse y que el miembro del castaño saliera, entrando de vuelta cuando se
dejó caer.
Una vez Changmin notó que Jaejoong estaba bien, lo tomó por
la cintura ayudándolo en la tarea de empujarle hacia arriba para después caer,
iniciando una danza de embestidas profundas y certeras, entrando y saliendo,
subiendo y bajando, logrando que los gemidos escaparan sin parar y el sudor
perlara sus cuerpos.
Sintió con delirante claridad el momento en que el menor
tomaba su miembro endurecido para acariciarle con la misma firmeza, a la par de
las embestidas, con la misma rapidez con la que subía y bajaba, chapoteando
deliciosamente sobre su ingle.
En un último grito compartido, Jaejoong sintió la caliente
esencia disparándose en su interior, lo que detonó en más calor,
estremecimientos, y el que su semilla escapara del mismo modo sobre ambos.
Agotado, Changmin salió de su interior dejándose caer en la
cama con el cuerpo del pelinegro sobre él, ambos respirando agitados.
El modelo intentaba a toda costa recuperar el aliento en
tanto su cuerpo sudoroso descansaba sobre el del actor, esperando por recuperar
fuerzas para levantarse, sin apenas lograrlo. Cada parte de su anatomía pesaba
y la transpiración se tornaba helada. Los escalofríos asolaban su cuerpo, el
dolor su trasero y para remate, tenía sueño.
—Jaejoong… —la serena voz del menor le sacó de su ensoñación,
habiéndose empezado a quedar dormido sobre él, entre tanta calidez. Un apenas
audible ‘¿Mhm?’ fue todo lo que logró entonar—. No vayas a clases mañana,
quédate a descansar… Debes recuperarte.
—Sí… Será como digas…
Y con esas últimas palabras, se abandonó al mundo de los
sueños justo entre los brazos de su amado, olvidando su enojo con el actor, sus
anteriores palabras, sus insultos. Olvidando, quizá producto del alcohol, quizá
producto de la enfermedad y las medicinas, quizá de ambos, todo lo ocurrido.
–.—.—.—.—.—.–
Yoochun llegó por la mañana hasta su pupitre muy decidido.
¿Por qué Jaejoong no se había presentado de nuevo a desayunar si cuando hubiera
ido a buscarlo ya se había levantado? El día anterior tampoco se había
presentado en el comedor. Hangeng, Boa y él mismo comenzaban a preocuparse por
su amigo modelo. Si seguía así iba a enfermarse mal, y no sería fácil
recuperarse.
Tal vez por fin empezaba a tener esos desórdenes
alimenticios de los que tanto se hablaban y sufrían los modelos, bulimia o
anorexia, siempre los confundía. O tal vez era algo más simple, como la
depresión, y si era eso último no lo culpaba, tenía motivos suficientes para
deprimirse.
Boa llegó poco después con una enorme sonrisa pintada en el
rostro. No entendía por qué aquella expresión, pero lo intuía. Podría ser
porque ya casi estaba listo el traje de Changmin para los Asian Film y,
faltando tan poco, la pelicorto no se cansaba de decirles lo maravilloso que le
estaba quedando. O podría ser también por las constantes visitas de cierto
amigo modelo de Jaejoong. Sí, tal vez era lo segundo, ya que se los había
empezado a ver más juntos.
La hora del desayuno pasó demasiado rápido y a nadie le
pareció sospechoso que Jaejoong no se presentara a comer, tenía motivos
suficientes para faltar.
Al llegar al salón de clases ya muchos de sus compañeros
ocupaban sus lugares. Yoochun se sorprendió de ver en su puesto al actor, que
parecía leer en plena concentración sin voltear cada tanto a la puerta, como le
había visto hacer cuando Jaejoong no llegaba. ¿Acaso Changmin sabía algo de
Jaejoong que ellos no?
Se aproximó hasta él con la intención de preguntarle por el
pelinegro, pero Boa se le adelantó. En lugar de esperar a que terminaran de
hablar sobre el traje del actor –que al parecer ya estaba listo–, se encaminó
hasta su lugar. Jaejoong a veces se quedaba dormido, y aun y cuando ya
estuviera despierto, era más que probable que esta fuera una de esas ocasiones.
Era mejor esperar sentado a que su amigo llegara.
En cuanto el maestro de la primera clase llegó, muy puntual,
Yoochun giró la vista de golpe desde el pupitre de Jaejoong hasta la puerta. Si
el pelinegro tardaba un par de minutos más se ganaría un retardo y más que
probable era que no le permitirían presentar, lo que significaría una materia
reprobada. A lo mejor Jaejoong se había quedado esperando una respuesta de la
C-JeS, pero de recibir una negativa (que realmente lo dudaba), esa materia
podría repercutirle en su graduación.
Fue ahí cuando la puerta abriéndose precipitadamente le
distrajo de sus pensamientos y, al alzar la vista, pudo ver a su amigo entrar
por la misma a la carrera, en medio de una disculpa que a sus sentidos resultó
algo extraña.
—Lamento el retardo, maestro. —se dispensó inclinándose
frente al catedrático, que frunció el ceño al verle entrar.
—Sólo porque llegó antes de que pasara lista no le pondré
retardo, joven Kim, pero que sea la última vez. Ya sabe que aquí las clases
comienzan a las 7:30. —aseveró el hombre sin alzar la vista de la lista en sus
manos.
—No volverá a pa… pasar… —aseguró en un balbuceo.
Jaejoong sentía el cuerpo tan pesado, que muy apenas y podía
levantar los pies para caminar. Un frío atroz le recorría el cuerpo y le hacía
temblar, pero sudaba. Podía oír las palabras del maestro, pero al intentar
enfocarlo la imagen bailaba frente a sus ojos. Se sentía cual si estuviera por
completo embriagado, aunque intuía que este tipo de borrachera no iba a
pasársele comiendo o descansando. Justo en ese momento, supo que debía haberle
hecho caso a Changmin y quedarse en su habitación.
—Joven Kim, estamos esperando a que pase a su lugar para
comenzar, ¿o será usted quien nos dé la lección del día de hoy? Porque sería un
verdadero milagro.
Jaejoong alzó la vista para intentar enfocar de nuevo al
profesor que, como siempre, le regañaba. Trató incluso de dar un paso al
frente, pero apenas hubo levantado el pie, sintió que todo se movía y en un
intento desesperado por recobrar el equilibrio se aferró a lo primero que
encontró a la mano: la manga del saco del maestro.
Todos en el salón se levantaron al ver cómo el modelo caía
llevándose al profesor al suelo con él, pero no fueron sino Yoochun y Boa los
primeros en llegar para ayudarles a levantarse.
—¿Pero qué demonios? —El hombre se levantó tomando a
Jaejoong de los brazos, ayudado por Yoochun. El modelo parecía inconsciente, y
no con muy buena pinta—… Este chico está ardiendo en fiebre —denotó al tocarle
la frente—. Rápido, llévelo a enfermería. —El músico asintió y tanto él como
Boa se encargaron de llevarlo, dejando a sus compañeros consternados.
Pocos minutos después ambos regresarían, solos, entregándole
al profesor lo que parecía ser un justificante para posteriormente volver a sus
asientos en total silencio. El hombre continuaría impartiendo su clase, y todos
sabían cuán gruñón era.
Changmin giró la vista hasta Boa, quien apenas estaba
sacando su carpeta para anotar lo que el maestro apuntaba en la pizarra, y como
a él poco le importaba lo que dijera un simple educador, aprovechó el momento
para preguntar.
—¿Cómo está?
Boa volteó sorprendida de escucharle. ¿Sería preocupación lo
que distinguía en la voz del chico? Se sintió confusa. Quizá había notado
cierto comportamiento extraño en el chico cuando éste le hubiera reclamado en
aquella ocasión por haberla creído en la cama con el modelo, pero según los
chismes de la escuela, ellos seguían siendo tan “amigos” como siempre. No, no
entendía qué pasaba, pero eso no le impedía responderle. Después de todo,
estaba confeccionándole su traje.
—Con mucha fiebre —admitió pesarosa—. La enfermera no nos
dejó quedarnos. Yo quería hacerlo, pero dijo que ese era su trabajo y para eso
le pagaban, no tuvimos otra más que regresarnos. Esa mujer se portó muy…
—Idiota —Boa calló al captar el tono gélido de su voz—. Es
un idiota. Desde anoche tenía fiebre y le dije que se quedara en cama… Es un
verdadero idiota. —masculló poniéndose de pie, encaminándose en dirección al
escritorio del maestro.
—… ¿Desde anoche? —susurró Boa consternada, pero Changmin ya
estaba muy lejos para escucharle.
—Joven Shim —advirtió el profesor—, regrese a su lugar —Pero
Changmin pasó de largo frente a él sin prestarle mayor atención. El hombre
frunció el ceño y alzó la voz—. Si se atreve a salir del salón le pondré falta.
—El actor se detuvo y giró hasta el maestro, dirigiéndole una mirada tan helada
y amenazadora que sólo pudo erguirse en su lugar.
—Haga lo que quiera. —Y diciendo esto, salió. Apenas y
alcanzó a escuchar una última amenaza de ponerle falta si no regresaba en cinco minutos, pero lejos
estaba de importarle una simple tacha en una lista de asistencia.
Pronto se encontró caminando a prisa por los solitarios
pasillos del colegio con el eco de sus pasos tras de sí, escuchando los vagos
murmullos de la gente hablando, seguramente los maestros dando sus lecciones.
Pero no buscaba maestros ahora, sino la enfermería. Necesitaba saber cómo
estaba Jaejoong.
Cuando llegó al lugar, lo que menos esperaba ver era alguna
clase de habitación pintada de blanco con una cruz que indicara la enfermería,
y como era claro, a llegar, no encontró nada de eso; tal cual como la primera
vez que hubiera pisado ese sitio, cuando Jaejoong se atreviera a golpearle
delante de varios de sus compañeros. Si esperaba que la decoración del lugar
hubiese cambiado, se había equivocado. La puerta seguía diciendo sólo eso,
“Enfermería”, y dentro, la oscuridad por la falta de luces, iba muy acorde con
el resto de la escuela: lúgubre de arriba abajo. Se notaba a leguas la falta de
mantenimiento, y la humedad y el silencio sólo ayudaban a sentirla más fría y
abandonada.
Tan pronto como abrió la puerta, una chica pelirroja con
birrete y vestido blanco se dio prisa en hablar, sin siquiera fijarse en quién
entraba. Al parecer, la revista de chismes entre sus manos era más interesante
que hacer su trabajo.
—El médico no está. Si te sientes mal te puedo dar un par de
aspirinas, el justificante para que faltes a clases y vuelves hasta las 10 u 11
cuando ya haya llegado el doctor. —Changmin frunció el ceño. Alguien encargado
de prestar servicios médicos debía mínimo revisar al paciente antes de
prestarse a extender un justificante que quizá no era necesario. ¿Habría más
enfermeras? Porque a esta no la había visto cuando estuvo en el lugar.
—¿Quién se cree que es? —siseó molesto, la mujer pareció
sorprendida y por primera vez alzó la vista para toparse con aquella mirada de
daga fija en su rostro.
—¡Shim Changmin! —reconoció con emoción—. Sabía que estabas
en la escuela, pero nunca te había visto, yo soy…
—Me importa muy poco quién eres o dejes de ser, sólo he
venido a ver a ver cómo está Kim Jaejoong. Lo trajeron dos alumnos hace unos
minutos —continuó mientras su vista vagaba por el lugar vacío—. ¿Dónde está?
—Ah, Jaejoong —musitó con poco interés, en tanto se
acomodaba el cabello a un costado del rostro en un gesto que intentaba ser
coqueto. Pero Changmin ignoró sus asedios por completo, lo que pareció ponerla
de mal humor—. Lo mandé a su habitación. Sólo tiene un resfriado, nada de
cuidado, ni siquiera requiere de…
—¿Lo mandaste a su habitación? —cortó de tajo casi
amenazante, pero ella no se dejó intimidar.
—Sí. No estaba tan mal.
—Ah no, no está mal una persona que arde en fiebre y se
desmalla en clase delante de alumnos y profesor, ¿cierto? —La enfermera empezó
a ponerse nerviosa ante el sarcasmo del chico—. No está mal alguien que
necesita ser ayudado a caminar para llegar a la enfermería, ¿verdad?
—Yo…
—Pero sí está mal que una enfermera mande a su habitación a
un alumno enfermo, sin ayuda, sin medicamento apropiado y no se haya dignado a
buscar ayuda al verlo mal.
—¡ES QUE YO NO SABÍA QUE ESTABA TAN MAL! —ahogó alterada,
pues recién se daba cuenta de su error, y es que si el chico se ponía peor,
ella podía ir incluso, a la cárcel.
—¿Qué no eres enfermera? —atajó el menor alterado, pese a
estar modulando su tono de voz.
—¡No, no lo soy! —admitió esperando conseguir algo de
compasión—. Sólo soy una aspirante a actriz… Bueno, ni siquiera a eso llego.
Estoy aquí esperando una oportunidad para entrar a estudiar a esta escuela…
—sollozó.
—… Maldición —gruñó girándose para retirarse, no sin antes
voltear a verla—. Si algo le pasa a Jaejoong por tu culpa… —masculló con la
amenaza impresa en la última frase—. Más vale mande al médico a la habitación
de Jaejoong en cuanto llegue. —La chica sólo se dedicó a llorar.
¿Cómo era posible que dejaran a una persona que nada sabía
de medicina encargada de una enfermería? Tenía mucho de qué hablar con el
director una vez que se asegurara de que Jaejoong estaba bien.
Llegó casi corriendo hasta las escaleras que conducían a los
dormitorios del ala Este, subiendo de dos en dos hasta llegar al pasillo que
tan bien conocía. No comprendía la razón de su desesperación, pero sabía que
necesitaba llegar hasta la habitación del modelo.
¿Desde cuándo tanta preocupación por alguien de quien
buscaba vengarse? No lo sabía, ni buscaba averiguarlo… de inmediato.
Al llegar entró de golpe y sin siquiera tocar, esperándose
de antemano los reclamos del mayor por entrar de esa forma sin anunciarse, pero
nada ocurrió, sólo el silencio. Despacio, avanzó buscando con la mirada. No
sabía si Jaejoong se había dirigido a su recámara al salir de la enfermería,
era igual de probable que se hubiera dirigido a cualquier otro sitio. O eso
pensó, hasta que un ligero quejido proveniente de la cama despejó todas sus
dudas.
Al acercarse encontró ahí a Jaejoong, totalmente
desparramado, con la ropa puesta y toda arrugada. Su rostro al ser su piel tan
blanca, se veía por completo enrojecido, con su respiración agitada. No
necesitaba ser médico para saber que el pelinegro estaba muy enfermo. Se dio
prisa en desabrocharle la corbata y los primeros botones de la camisa blanca
del uniforme, al parecer había tenido la fuerza suficiente para quitarse por sí
solo el saco, que vio tirado al lado de la cama. Lo acomodó entre cobijas y le
desabrochó los pantalones, intentando dejarlo más cómodo.
¿Desde cuándo era médico?
—Ah… uhg, mhm…
La respiración acelerada le indicaba que su corazón latía a
prisa y la fiebre estaba alta. Acercó su mano para tocarle la frente y la
sensación que percibió no le agrado para nada. Confiaba mucho en sus sentidos,
pero en casos como estos, era mejor tener la seguridad. Él no era alguien que
se enfermara con frecuencia, pero como buen previsor, siempre tenía consigo lo
necesario para curar un resfrío, medir la temperatura o vendar una herida, así
que sólo tuvo que ir a su habitación por lo necesario.
39.6°
La lectura en el termómetro digital le alarmó un poco. ¿Qué
hacer? No podía darle medicamentos porque no sabía qué tenía, ni siquiera las
pocas clases que hubiera tenido que tomar cuando hiciera aquella película de
niño genio convertido en médico le ayudaba ahora.
Hizo todo cuanto pudo, cuanto recordaba de sus clases
particulares con un médico profesional, cuando recordaba qué hacía su ma… tía,
cuando él se llegaba a enfermar. Le retiró el uniforme y le puso una pijama
fresca y con un trapo húmedo intentó bajarle la fiebre. Medía constantemente su
temperatura, pero esta parecía tan terca como el pelinegro, porque en lugar de
bajar, subía. Sabía que lo mejor era meterlo a bañar con agua fría, pero corría
el riesgo de convertir el resfriado en pulmonía y no quería cargar con eso en
su, de por sí, torturada consciencia.
El médico llegó al poco rato, presuroso, encontrando a
Changmin al lado de la cama de Jaejoong con un termómetro en el buró y un
recipiente con agua cerca de la cabecera. Le pidió contarle lo ocurrido y el
menor así lo hizo. Cuando el hombre terminó de revisarlo, su diagnóstico
difería del que hubieran dado todos los demás: Jaejoong no tenía un resfriado
común, sino principios de neumonía.
—¿Habrá que llevarlo al hospital? —preguntó el actor. El
doctor cabeceó en desacuerdo, encaminándose hasta el baño de la habitación. Changmin
no entendió por qué tendrían que llevarlo a un lugar donde pudieran prestarle
mayor atención.
—¿Acaso ninguna de estas habitaciones tiene tina? —El hombre
salió y observó a Changmin—. ¡Tú! Tú tienes una habitación especial, la tuya
debe tener tina de baño.
—Sí, tiene, pero para…
—Hay que bajarle la fiebre, si llega a los 40° puede
convulsionar —explicó sacando varias cosas de su maletín—. Ustedes parecen ser
buenos amigos —comentó mientras preparaba una inyección—, supongo que no te
molestará cederle tu cuarto mientras esté inconsciente.
—¿Eh? —El médico había hablado tan deprisa sin prestar
atención al menor que dio por hecho una respuesta afirmativa. El tener a
Jaejoong en su habitación representaba una tentación demasiado fuerte, además
de un desfile de amigos y conocidos del modelo que se presentarían a preguntar
por su salud una vez que se enteraran de la gravedad de su estado.
—Ahora voy a ponerle una inyección, después iré a preparar
la tina. Tú encárgate de llevarlo hasta tu habitación —le miró con una
sonrisa—. Creo que tu pequeña discusión con mi enfermera nos obliga a
conseguirle un substituto temporal, y me parece que tú eres el indicado.
—¿Qué? ¿Por qué yo? —reaccionó renuente.
—Porque estás a la mano y parece saber algo de medicina.
Recuerdo que hiciste una película en la que…
—Un momento —El menor se puso de pie, mientras el hombre
aplicaba el medicamento en el brazo del pelinegro, quien se quejó un poco entre
sueños—. En primer lugar, yo no he dicho que vaya a ceder mi cuarto a Jaejoong.
Es más, no quiero. Y en segundo lugar, yo no sé nada de medicinas, soy actor y
como tal sólo aparento ser médico, un maestro o abogado, lo que no quiere decir
que yo sea o sepa algo de ello.
—Está bien, está bien, no te enfades. No quiero tener que
demandarte por agresión, aunque eso me dejaría una jugosa ganancia —intentó
bromear sin lograrlo—. De cualquier forma, necesitaré de tu ayuda —aseguró más
serio—. ¿Crees que podrías ayudarme a bajarle la fiebre?
—¿De qué forma?
—Metiéndosete con él a la regadera. —El sólo hecho de
mencionarlo podría haber hecho enrojecer a cualquiera, pero al parecer lo que
se decía del actor era verdad. ¿Realmente era así de frío?
—Está bien, supongo que yo tengo ropa para cambiarme y usted
no.
—Exacto, así que velo desvistiendo mientras yo preparo el
agua.
Changmin cabeceó en acuerdo, después de todo, ya lo había
desnudado antes. Aparentar una frialdad que en verdad no sentía era su papel
ahora, interpretaría a ese frío, arrogante e indiferente chico que tan bien
tenía ensayado, delante de ese ridículo doctor.
Pero ya que ahora estaba dentro del cuarto del modelo, pudo
dejar que su mirada se deleitara con lo que estaba haciendo. Sus manos
temblaban al ir despojándole de sus ropas una vez más. La primera había sido
quizá, un poco más fácil debido a la preocupación… No, ya no estaba preocupado,
trató de convencerse. Lo había hecho todo muy rápido sin fijarse en nada, pero
ahora tenía la oportunidad de tocar su piel ardiendo, la cual temblaba ante el
tacto de sus manos templadas. Si no fuera porque el médico salió pronto del
baño, hubiera seguido disfrutando de aquello más tiempo.
El hombre le ayudó a llevarlo al baño. Tal vez no estaban
ambos desnudos del todo (él usaba la playera que solía llevar bajo la camisa y
los bóxer, Jaejoong sólo los bóxer) pero incluso así la excitación por el tibio
contacto con la piel desnuda del modelo empezaba a hacerle reaccionar sin
quererlo. Tenía que luchar contra su propio cuerpo para que ésta no fuera
notoria y el médico lo notara.
—Esta no era la idea que tenía de bañarnos juntos. —murmuró
al oído del pelinegro, en tanto sostenía su cuerpo entre brazos con el agua
helada ya cayendo sobre ambos. Podía sentirlo temblar ante el frío líquido,
incluso escucharlo jadear. Debía aguantar así al menos diez minutos hasta que
le temperatura bajase.
—Changmin… —balbuceó de pronto, haciendo que el menor se
enderezara para ver si se había despertado, pero no, Jaejoong seguía
inconsciente. Eso le hizo sonreír un poco. ¿Qué estaría soñando?—. Changmin… Changmin…
—No vayas a decir algo que nos perjudique a ambos.
—Cha… Changmin…
—Creo que ya es suficiente, puedes traerlo. Yo me encargo de
secarlo y vestirlo, puedes ir a cambiarte. —Changmin sólo cabeceó en acuerdo,
sacando a Jaejoong en brazos. Por suerte el agua helada había hecho su trabajo,
no sólo con Jaejoong, también con él.
Pocos minutos más tarde ambos hombres se hallaban de nuevo
al lado del enfermo. El doctor se había encargado de ponerle playera limpia
manga corta y los pantalones del pijama, por lo que pudo apreciar la
encantadora visión de su hyung con el cabello húmedo, dormitando, y le
agradaba. Por desgracia, Jaejoong no parecía haber mejorado mucho, su fiebre
había bajado apenas un poco y por ahora sólo dormía, pues el médico se había
visto en la necesidad de ponerle suero para evitar la deshidratación por no
comer o beber agua.
—Te dejaré con él por un par de horas, debo regresar a la
enfermería, ¿está bien? —Y aunque no estuviera bien, el doctor daba pinta de
ser alguien más acostumbrado a mandar, pues se había retirado sin siquiera
esperar respuesta de su parte.
Se detuvo a un costado de la puerta del balcón, viendo hacia
afuera. Ni siquiera sabía qué estaba haciendo ahí. A Jaejoong lo podía cuidar
cualquiera, no faltaría quién se ofreciera a hacerlo, «Siendo tan popular entre
las chicas» se dijo empuñando las manos.
—… Omma… ¿Omma?
La débil voz del pelinegro le sacó de sus pensamientos,
girándose para acercarse al lado de la cama e intentar escucharle mejor. El
mayor balbuceaba, preguntaba por su madre y movía constantemente su mano
tentando con ella el colchón. ¿Buscando qué? ¿Que alguien se la sujetara?
¿Pensaría que estaba con su madre? ¿Y cuál madre? La señora Kim no encajaba en
sus estándares de progenitora. ¿Estaría el modelo delirando con su madre
biológica?
—… ¿Omma?… —volvió a llamar apenas audible.
La mirada castaña no perdió detalle de aquella mano,
buscando sin encontrar mientras continuaba murmurando. Dejó que sus dedos
llegaran hasta la frente del pelinegro para retirar varios mechones húmedos y
palpar su piel. Seguía muy caliente.
¿Qué hacer?
—Omma…
Se sentó en la silla que había colocado al lado de la cama,
recargando sus brazos sobre las piernas y la barbilla entre sus manos,
pensando, observando a Jaejoong mientras meditaba en lo que debía o no hacer.
Antes de seguir pensando demasiado, extendió su diestra sobre el colchón y tomó
la del mayor, sintiendo el calor que ésta emanaba. ¿Hasta cuándo cedería esa
maldita fiebre?
—Aquí estoy, Jaejoong… —susurró audible. Lento, pudo ver la
sonrisa afectada formarse en el rostro del modelo, en tanto este apretaba con
suavidad el agarre.
—… Viniste… Por mí, como prometiste… —ahogó con una lágrima
prófuga resbalando libre por su rostro, de donde no se desdibujó aquella mueca.
El menor por impulso alzó su mano libre hasta la sonrosada mejilla y la limpió
con su pulgar. Él estaba delirando, soñaba con su verdadera madre.
Según le había contado Yoochun, Jaejoong había sido
abandonado en ese orfanato cuando niño a una edad en la que podía recordarlo.
Este delirio le indicaba que, muy dentro de sí, el pelinegro aún no olvidaba a
su progenitora.
¿Cómo podía sonreír, hacer bromas y mostrarse tan alegre,
cuando aún conservaba un recuerdo tan doloroso como aquel dentro de sí?
¿Por qué Jaejoong parecía tan fuerte si guardaba un dolor
tan grande?
¿Por qué él no podía olvidar lo que le había hecho su madre
y vivir como lo hacía Jaejoong?
¿Por qué buscar una venganza contra quien no lo merecía?
Había demasiadas preguntas en su cabeza, y no tenía una
respuesta para ellas…
Jaejoong había dejado de delirar, afirmando con fuerza su
mano y relajando sus facciones, pero no había dejado de llorar. Al parecer,
seguía creyendo que quien se encontraba junto a él era su madre, pues su
sonrisa jamás se borró.
Todo ese día, y parte del siguiente lo pasó cuidándolo, ya
que el doctor tuvo que pedirle de nuevo que le ayudara. Sin una enfermera en la
escuela no había quién estuviera revisando su temperatura y dándole sus
medicinas cada cierta hora, así que no había quedado más que prometer que se
quedaría con él hasta que mejorara o consiguiera quien se hiciera cargo de él.
No había querido ceder su habitación porque intuía que
habría un desfile de amigos del pelinegro que se pasarían a ver cómo estaba y
no se había equivocado, ya que incluso Boa había obtenido un permiso especial
para ir a verle al ala Este –aunque no uno para quedarse toda la noche–. Aprovechó mientras los chicos acompañaban a
Jaejoong para comer algo, cambiar sus ropas y tratar de descansar sin apenas
lograrlo; después regresó a seguir con la tarea que el médico recomendó: medir
su temperatura y reportar algún cambio, que para su desgracia no ocurrió
rápido.
Pasado el mediodía del subsecuente día, ya no podía
mantenerse en pie, habiendo pasado la noche en vela al lado de Yoochun (quien
ni siquiera pidió permiso, sólo llegó al filo de la media noche y se plantó con
él a cuidarle). Al parecer no quería dejar solo a su amigo. ¿Sentimiento de culpa
por una amistad olvidada? Quién sabe. Finalmente, había terminado por irse
alrededor de las seis de la mañana, pues él sí asistiría a clases. Con sueño,
hambre y un terrible dolor de espalda por permanecer tanto tiempo sentado en la
incómoda silla del escritorio, Changmin había terminado por caer dormido.
La respiración regular y queda resonando en el silencio de
la habitación, atrajo su consciencia poco a poco, haciéndole despertar.
Pestañeó pesado en un intento por abrir los ojos, se sentía adolorido,
entumecido, y su boca seca tenía un horrible sabor a medicina. Quería agua,
pero las fuerzas la faltaban para hablar o siquiera pararse. A sus sentidos
llegaba un aroma peculiar, guiándolo hasta una luz incandescente que le hizo
terminar por abrir del todo los ojos.
—¿Qué pasó?… ¿Dónde estoy? —musitó al no reconocer su
entorno, todo borroso. Pestañeó un par de veces hasta lograr enfocar. Era su
cuarto. Alzó un brazo al sentir que algo le picaba y recién ahí notó el suero.
¿Por qué? No recordaba nada, sólo haber llegado tarde a clases y… ¿y después?
Nada, todo estaba en blanco.
Haciendo un esfuerzo enorme logró incorporarse utilizando
los codos. Su mirada giró hasta la derecha y grandes se abrieron sus ojos al
encontrar a Changmin dormido en una incómoda posición sobre la silla cercana a
su cama.
Una sonrisa alegre cruzó su rostro. ¿Acaso Changmin le
estaba cuidando? Rió por lo bajo cuando a su mente acudió la idea de una
travesura. Se veía tan bien así dormido, que la tentación por despertarle sólo
crecía, además, necesitaba saber qué había pasado con él. Por ello intentó
levantarse para buscar con qué hacerle cosquillas en la nariz, pero un mareo
inmediato lo mandó de vuelta a la cama.
—Maldición… —se quejó sujetándose la cabeza con una mano,
viendo cómo todo a su alrededor bailaba.
No obstante, el sonido seco contra el colchón bastó para
despertar a Changmin exaltado, que se paró de golpe con el corazón en la
garganta. Aunque para cualquier persona que pudiera verle, el chico parecería
estar en total calma.
—¿Jaejoong? —cuestionó al verle semi sentado al borde de la
cama—. Deberías seguir acostado —señaló al acercarse para tocar su frente. El
ligero contacto hizo sentir al modelo afiebrado de nuevo—. Parece que la fiebre
por fin cedió. —Aunque al parecer, era sólo cosa de su imaginación.
—¿Qué haces en mi habitación a esta hora? —preguntó al ver
el reloj digital que permanecía en su buró con un termómetro y varias
medicinas—. ¿Y quién me puso el suero?
—El médico lo colocó. —respondió evadiendo la primer
cuestión.
—¿Por un simple resfriado? —El gruñido en su estómago les
distrajo a ambos y Jaejoong rió abochornado—. Creo que tengo hambre. Pareciera
que hace siglos no como, y eso que sólo me perdí el desayuno y la comida.
—No en realidad —Jaejoong le miró de manera detenida—. Te
perdiste dos desayunos, dos comidas y la cena —El modelo abrió a cual más sus
enormes ojos—. Estuviste inconsciente desde ayer en la mañana, pero eso tienes
tanta hambre.
—¿También perdí el examen de contabilidad? —Changmin sólo
asintió, pues no sólo Jaejoong lo había perdido, también él—. Esa si es una
buena noticia —rió—. Pero no has respondido mi primera pregunta. ¿Qué haces
aquí? —cuestionó más serio.
Changmin se giró de espaldas a él sin responder. Esa misma
pregunta había estado haciéndose él desde el día anterior. ¿Qué demonios hacía
ahí?
—¿Y bien? —insistió Jaejoong, aún esperando. En el fondo,
deseaba escuchar de los labios del menor que había estado preocupado por él,
cuidándole.
Changmin se volteó entonces, con su mirada impasible de
siempre, tan fría y controlada, que era imposible saber lo que pasaba por su
cabeza en esos momentos.
—Sólo cuidaba de mi juguete favorito.
—¿Juguete? —repitió el pelinegro frunciendo el ceño—. ¿Qué
quieres decir con eso? ¿Que para ti sólo soy un objeto que te divierte? —No
quería admitirlo, pero se sentía devastado por dentro. Ni siquiera estar
enfermo hacía que el actor dejara de decir estupideces, verlo enfermo no
bastaba para hacerle sentir un poco de compasión por él.
Momento. No… Él no quería ni necesitaba de su compasión.
—Digamos que si te descompones, hay que componerte…
—Eres un maldito estúpido —rezongó queriendo lanzarle lo
primero que tuviera a la mano, pero no había nada, sin contar que seguía atado
a esa bolsa de suero—. Desgraciado insensible, arrogante, malnacido…
—Dime algo que no sepa. —Changmin se encogió de hombros y el
rostro de Jaejoong enrojeció del coraje. Se sentía utilizado. ¿Acaso no veía
cuánto lo amaba? ¿Cuánto le adoraba aunque no se lo mereciera?
—¡TE ODIO! —ahogó con amargura.
—No es verdad, me amas… —Esa seguridad y frialdad impresas
en sus palabras le hicieron abrir los ojos. ¿Realmente era tan transparente?
¿Realmente sabía que le amaba? ¿Por eso se aprovechaba de sus sentimientos y
los arrastraba por el fango siempre que podía?
—Te odio. —lo apuñaló
con la mirada, tratando de imprimir una seguridad que no poseía.
—Cada vez que lo repites es como si gritaras que me amas.
—afirmó sin ni inmutarse.
—En ese caso, ¡TE AMO! —clamó desesperado, pero su voz había
sonado distinto a como hubiera esperado. Esas palabras que había jurado no
decírselas jamás, ahora salían tratando de hacerle creer lo contrario;
escapaban llenas de un cariño y adoración que quería y deseaba olvidar.
—Te creo. —afirmó Changmin, notando cómo aquellos ojos
grises se transparentaban por lo dicho, creando una reluciente gama de
tonalidades que le dejó fascinado.
—Yo no…
—¿Cómo está mi enfermo favorito? —La puerta del cuarto de
Jaejoong se abrió de pronto, siendo el médico de la escuela quien entró
interrumpiendo la escena.
El hombre se detuvo de golpe al notar a ambos jóvenes
parados en total silencio. Jaejoong aún apretaba los dientes con el rostro
enrojecido, mientras Changmin… Changmin lucía igual que siempre, haciendo gala
de su indiferencia.
—Veo que ya te sientes mejor, pero deberías seguir en cama
—indicó el hombre mayor, llegando hasta Jaejoong para ayudarle a recostarse—.
Tu rostro está muy rojo —pasó una mano por su frente, tal como había hecho el
actor momentos antes—. Pero ya no tienes fiebre. De todas formas te quedarás en
cama hoy y mañana, el lunes ya podrás continuar con tu vida normal, mientras
sigas tomando la medicina que voy a dejarte.
—¿El lunes? —repitió el pelinegro sin entender, haciendo
esfuerzos por ignorar la presencia de Changmin en la habitación. El médico se
acercó para poder proceder a retirar la aguja conectada al suero.
—Sí, hoy es jueves, te daré un justificante para que también
faltes mañana viernes. Mañana vendré a darme una vuelta para ver cómo sigues,
por lo pronto mandaré a alguien de cafetería para que te traiga gelatina y algo
de líquidos.
—¿Gelatina? ¡No! Tengo tanta hambre que me comería un
caballo entero.
—Sí es capaz de acabárselo —intervino de pronto Changmin—.
Luego de mí nunca había conocido a alguien que comiera tanto… aunque él quién
sabe dónde lo guarda, con lo escuálido que está debe tener una pata hueca. —El
médico rió entre dientes y Jaejoong frunció el entrecejo.
—Está bien. Ordenaré que te traigan un sándwich, pero nada
de caballos, vas saliendo de una posible neumonía.
—¿Neumonía?
—Debería revisarle el oído también, todo parece indicar que
no escucha bien.
—¡Tú cállate! ¿Quién te está pidiendo opinión? ¿No deberías
irte ya al taller de dicción? —recriminó molesto. Changmin sólo guardó silencio
mientras el médico terminaba por retirar la intravenosa y cubría la herida con
un algodón pasado por alcohol y cinta microporo.
—Pero sí tiene todo el derecho a opinar —el médico reía con
disimulo—. No por nada ha sido tu enfermera todas estas horas.
—¿QUÉ? —brincaron ambos chicos al mismo tiempo.
—Sí, estuvo a tu lado casi desde que quedaste inconsciente.
Incluso se pasó la noche aquí, midiendo tu temperatura y administrando las
medicinas. Según Yoochun-ssi… —miró un momento a Jaejoong—. Creo que también es
tu amigo, ¿no? Estuvo acompañándote una parte de la noche junto a Changmin-ssi.
Bueno, según él, Changmin-ssi estuvo tomando tu mano cuando delirabas.
—Por la… —Quiso maldecir el menor—. ¿Quiere cerrar la boca
de una buena vez? —Pero el hombre sólo rió.
Jaejoong se sintió confundido. ¿No se suponía que no le
importaba? ¿Que sólo era un objeto con quién divertirse para luego botar?
Entonces, ¿por qué cuidarle con tal consideración? Incluso al grado de faltar a
clases por él y tomar su mano… Un momento, ¿Changmin había tomado su mano?
¿Entonces… esa calidez que inundaba sus sueños cuando soñaba con su madre,
había sido él?
—Por cierto, enfermera Shim —enunció el médico entre
divertido y serio—. ¿Quiere que le extienda un justificante para que falte a
clases también mañana?
—No soy ninguna enfermera, pensé que se lo había dejado
claro. Y no, no lo necesito, prometí quedarme sólo hasta que Jaejoong mejorara
o usted consiguiera otra enfermera. Ya mejoró, así que no espere que haga su
trabajo.
«Eso lo explica todo» se dijo el modelo bajando la vista,
dolido. Ese doctor había obtenido alguna clase de promesa de Changmin, y como
él siempre cumplía sus promesas, se había quedado a su lado aun cuando no
quería.
—Muy bien. Jaejoong-ssi ha tenido la fuerza para pelear, así
que supongo podrá quedarse solo. De cualquier modo, vendré más tarde con las
medicinas que faltan. —Y diciendo esto se marchó, dejando a ambos chicos en el
interior de la recámara.
Jaejoong vio con recelo al menor que seguía observándolo sin
decir nada. ¿Qué estaba esperando para irse? Si se supone no estaba con él
porque quisiera, sino por una maldita promesa. ¡Cuánto dolía!
—¿Por qué no te vas de una maldita vez al taller de dicción?
—recriminó mirándole fijo—. Dudo mucho que el maestro te impida la entrada, si
al parecer le agrada mucho verte. Eres su consentido, el que siempre repite
cada maldito trabalenguas a la perfección. —siseó molesto. Aunque ya no sabía
si molesto por lo que el actor hubiera dicho momentos antes, o por recordar que
para el maestro de dicción, Changmin era el modelo de perfección.
—¿Celos? —Esa ceja alzada y el tono burlón le hicieron
incorporarse de nuevo sobre la cama, encontrándose de lleno con esos ojos que
le miraban con demasiada intensidad.
—Jamás. Y menos de semejante adefesio. —apartó la mirada del
castaño, logrando que la mata de cabello oscuro se moviera conforme a aquella
reacción adolescente. ¿En qué cabeza cabía que él pudiera sentirse celoso de
semejante vejestorio calvo?
—Pero reconoces que te sentirías celoso de alguien con mejor
apariencia. —Jaejoong regresó su mirada al actor con los ojos abiertos de
consternación. ¡Bingo! Sí, se sentiría celoso de alguien más joven, de alguien
más atractivo, de alguien como Cho Kyuhyun. Aunque no era algo que fuera a
decirle.
—¡No! Yo no he dicho semejante cosa. No te atrevas a
tergiversar mis palabras. —acusó a la carrera, tratando de borrar pronto de su
cabeza todos esos pensamientos en torno a Kyuhyun.
—No soy yo quien admite sentirse celoso. —se encogió de
hombros sin darle mayor importancia.
—No lo estoy haciendo. —farfulló el modelo. Si él era terco,
debía admitir que el actor a veces le ganaba.
—Y no tendrías por qué ponerte celoso, tú tienes mejor
apariencia que nadie a quien haya conocido. —Jaejoong abrió mucho sus ojos por
la sorpresa, sintiendo el bochorno apoderarse de su rostro. ¿Por qué esas
palabras dichas tan a la ligera le hacían sonrojar? No, no le estaba diciendo
un cumplido, se estaba burlando de él, porque la enfermedad lo tenía decaído y
su cabello hecho un desastre no ayudaba mucho.
—Te estás burlando de mí porque estoy hecho un asco.
—recriminó desviando el rostro con disimulo, pese a que pudo notar que el menor
no había dejado de mirarlo. Por un segundo, le pareció ver que sonreía, pero
asumió era culpa de su hiperactiva imaginación.
—Incluso así, te ves bien. ¿Debería decir… ‘al natural’?
—Jaejoong apretó los labios al escucharle repetir algo que, sabía, no era
verdad.
—¡No fastidies! —rechistó, pero Changmin se giró para
encaminarse a la puerta del dormitorio.
¿Es que iba a irse? ¿Sólo así, sin decir más? Pero qué
idiota era. ¡Claro que iba a irse! Ya había perdido demasiado tiempo con él,
seguramente tenía “cosas” más importantes que hacer. Pero era lo mejor, que se
fuera. ¡Que se largara para siempre!
—¿Changmin? —pronunció, haciendo que el actor se detuviera
en la puerta y girara a verle.
—¿Mhm? —masculló solamente, enarcando ambas cejas.
—No quiero… —pronunció apretando las sábanas entre sus dedos
con tal fuerza, que estos empezaron a ponerse blancos. Changmin esperó en
silencio, hasta que Jaejoong bajó la vista hacia sus puños apretados—. No
quiero que vengas más por las noches. No me busques más.
¿Qué era lo que había visto en aquella mirada? ¿Dolor? ¿Ira?
¿Qué? ¿Por qué a veces las miradas de Changmin le confundían tanto? ¿Por qué no
podía ser más transparente? Por lo menos así podría leer en su semblante
aquello que pasaba por su cabeza. Justo en esos momentos, no tenía idea de lo
que pensaba.
—Si eso quieres, así será.
—¿Eh? —alzó la mira al escuchar una afirmación tan pronta.
¿Pero qué esperaba? ¿Que le dijera que no? ¿Que le amaba y no le dejaría?
Parecía ser algo que el menor jamás diría. Un “Te amo” no era parte de su
vocabulario. Tal vez, ni siquiera conocía la palabra amor.
—Dejaré de venir… —prosiguió, dejando a Jaejoong a la
expectativa—, hasta que tú vayas a buscarme. —Y tras esas palabras, salió de la
habitación dejando el sonido seco de la puerta cerrándose tras de sí.
¿Y eso… qué significaba?
–.—.—.—.—.—.–
Era sábado por la mañana y Jaejoong ya caminaba por los
solitarios pasillos del colegio, tras haber sido solicitado por un cliente a
una de las salas de prensa. Ya se sentía del todo recuperado, tan bien que le
era increíble pensar que por un instante se había puesto tan mal, pero aun así
se quedó en cama el viernes y el médico aceptó darle el alta ese mismo día en
la noche.
«Si no fuera porque casi le obligué» se decía. «Era probable
que me obligara a seguir en cama todo el fin de semana, y ya no soportaba»
De cualquier forma descansaría pues no tenía trabajo esos
días y no tenía idea si Changmin se habría quedado en la escuela o no; se
sentía tan solo y necesitado. Jamás se hubiera imaginado que aquellas caricias,
los besos y sensaciones fueran tan adictivas. Eran ya como una droga para él.
¡Pero cómo le haría para desintoxicarse del actor una vez tuviera que irse a
Seúl! Porque eso era un hecho. Quizá todavía no recibía la notificación (nadie
en realidad) de que había sido seleccionado, pero estaba seguro de que era
cuestión de tiempo para que recibiera una aceptación, y no un rechazo.
¿Entonces no era mejor someterse a esa desintoxicación ahora
y no después?
¿No era mejor sufrir esa lejanía ahora y no cuando estuviera
ensayando algún papel para Vaselina?
¿No era mejor sufrir ahora que lo tenía cerca y no cuando lo
tuviera realmente lejos?
¡No, no! ¡Obviamente no!
Su cuerpo no lo soportaba, necesitaba del calor que sólo
Changmin sabía darle. Su boca necesitaba del sabor que sólo Changmin tenía. Sus
labios necesitaban de esos besos salvajes y apasionados que sólo Changmin sabía
darle.
¡Todo él lo necesitaba!
Había sido un estúpido al pedirle al chico que no le buscara
más, y estaba decidido a reconocerlo
ante él.
En cuanto saliera de ver al cliente que le esperaba, lo
buscaría. Esperaba que Changmin estuviera en el colegio, y si no, lo esperaría
en su cuarto totalmente desnudo, dispuesto a entregarse a él como jamás lo
había hecho antes.
Con esa idea en mente llegó hasta la sala de prensa que le
habían indicado y, dibujando la más encantadora de las sonrisas, entró. No
obstante, esta se borró de golpe al ver sentado en el escritorio a quien menos
esperaba ver.
Esa sonrisa burlona, esa mirada lasciva que tanto detestaba
y esa arrogancia y autosuficiencia que tanto detestaba le instaron a darse la
vuelta para abrir la puerta y marcharse, pero la voz del hombre le detuvo.
—Vamos, querido Jaejoong… esto es sólo una reunión de
negocios. No tienes por qué huir de esa forma, aún esperamos a tu representante
para discutir los términos del contrato. —La burla en cada palabra le irritaba.
Ni siquiera volteó a verlo cuando contestó.
—Según tenía entendido, tienes prohibido acercarte a mí,
Fukutaro.
—Sí, es verdad, pero gracias a que aceptaste revisar el
trato con Armani, el juez que certificó la demanda de restricción aceptó
suspenderla, ya que soy el encargado de este tipo de contratos.
«Maldición» De haberlo sabido lo hubiera rechazado, pero es
que el director Jang había sido tan amable con él que no había podido decirle
que no… «¡Maldición!» Debió haberse imaginado que no sería él quien vendría a
ver personalmente lo del contrato.
—¿Pero qué pasa, mi querido Jaejoong?
—No me digas querido. —farfulló volteando a verlo con molestia.
—Está bien, está bien. —aceptó poniéndose de pie, aumentando
los nervios de Jaejoong. Ya en ocasiones anteriores estando a solas, Fukutaro
había intentado propasarse. Pero un momento, estaban esperando a Sunny, ¿no?
Entonces no se atrevería a hacerle nada.
Se equivocó. Antes de que pudiera preverlo, el empresario lo
tomó del brazo para empujarlo hasta la pared, arrinconándolo con su cuerpo.
—Te extrañé, Jaejoong…
—¡Pues yo no! ¡Estaba feliz sin verte! —ahogó tratando de
empujarlo, pero Fukutaro era más ancho y robusto, lo que le hacía más difícil
de mover que el propio Changmin.
—Tan romántico como siempre. —sonrió el empresario al sentir
los esfuerzos del pelinegro por alejarlo.
—Tan romántico como me haces sentir —masculló sarcástico—.
¡Aléjate o grito! —soltó al sentir que se acercaba peligrosamente a él.
—Por supuesto, por supuesto, aunque dudo mucho que Changmin
venga a rescatarte en esta ocasión… —La seguridad impresa en su voz hizo que a
Jaejoong se le erizaran los vellos de la nuca. ¿Por qué estaba diciendo eso?
¿Fukutaro sabía algo que él no?
—¿Qué te hace estar tan seguro? —La sonrisa en los labios
del japonés se ensanchó.
—¿Cómo? ¿No lo sabes? —De nuevo ese tono burlón que le hizo
estremecer. ¡Sí! Sabía algo y parecía más que ansioso por soltarlo.
—¿No sé qué? —apremió ansioso.
—Uh, adivina quién está en Busán… —Jaejoong frunció el
ceño—. Te daré una pista: Fue el primer amor de tu amado Changmin —Al ver la
expresión en el modelo, Fukutaro sonrió con malicia—. ¡Oh, sí! Supongo que lo sabes
—prosiguió viendo la expectativa en aquellos ojos oscuros. Estaba seguro de que
la noticia le afectaría, y mucho. Cuán transparente era el pobre chico—. Cho
Kyuhyun está en la ciudad y probablemente Changmin está en estos momentos en
algún hotel de la ciudad con él.
Jaejoong sintió el corazón caérsele al suelo y hacerse mil
pedazos, dejando sólo un enorme vacío en su lugar. El aire le hacía falta,
sentía que en cualquier momento perdería el sentido.
Cho Kyuhyun… El compañero de Changmin en aquel programa
infantil.
Cho Kyuhyun… El chico por quien Changmin se hizo gay, según
Mei.
Cho Kyuhyun… El antiguo representado de Rain, y a quien
Changmin le pidió lo representara.
Cho Kyuhyun… El actor.
Cho Kyuhyun… El corredor de autos.
Cho Kyuhyun… El primer amor de Changmin.
Cho Kyuhyun…
¡CHO KYUHYUN!
¿Por eso Changmin no había ido a buscarle las noches
anteriores?
¿Por eso había aceptado ya no buscarle? ¿Era porque sabía
que su primer amor regresaba a Busán? ¿Por eso?…
¡Por eso!
Cerró los ojos con fuerza y empuñó las manos, sintiéndose
una basura. Una vez más, Changmin le daba a entender que no sentía nada por él,
ni lo sentiría jamás.
Una mano tibia posicionándose sobre su barbilla le hizo
alzar el rostro. Al abrir los ojos, se topó con esa mirada profunda que parecía
desvestirle, pero su fuerza se había ido tan de golpe, que ni siquiera hizo el
intento por alejarse.
—Lo siento, Jaejoong, pero Changmin es así y deberías
saberlo. Podrá ser un volcán en la cama, pero en cuanto a sentimientos, es un
completo témpano de hielo. Sólo Kyuhyun ha logrado derretirlo.
Cho Kyuhyun.
—Qué bueno que lo dices, procuraré no acercarme para no
congelarme. —aseguró, bañando de ironía cada palabra para evitar dar a notar
cuán afectado se sentía.
—Qué divertido eres, Jaejoong… Pero no intentes fingir que
no te importa, eres demasiado transparente. Y ahora, creo que merezco algún
tipo de recompensa por mi información. —Jaejoong lo miró extraño.
—¿Qué?
—Y lo que quiero es un beso de tu parte… —Lo empujó al
escritorio tumbándolo de espaldas sobre éste, con él encima, botando al suelo
lo poco que se encontraba sobre el mueble.
—¡No! ¡Suéltame! Mhmhm… —Fukutaro le tapó la boca y comenzó
a besarle el cuello, en tanto su mano descendía hasta la pretina del pantalón.
—No te resistas, Jaejoong… Yo estoy a tu disposición para
vengarte de ese desgraciado. —murmuró entre cada espacio que se daban sus
labios al recorrer su piel.
No obstante, fue una voz femenina y los subsecuentes
intentos por abrir la puerta de la sala de prensa los que detuvieron al
empresario de golpe. Jaejoong aprovechó la distracción para empujarlo y salir
corriendo rumbo a la puerta a abrirla.
—Lamento mucho la demora, el tráfico estaba horrible… —Sunny
ingresó sin ni notar el nerviosismo del modelo o la agitación de Fukutaro—.
¿Comenzamos? Tengo algo de prisa.
Jaejoong sabía que siempre debía estar presente en la
estipulación de cada contrato, si todo estaba en orden, sólo firmaba y ya, y si
había algún cambio, el nuevo documento se lo mandaban a Sunny para que ella se
lo llevara y pudiera firmarlo. Por ello y en esta ocasión, tuvo que guardarse
su asco y enojo, al menos hasta que hubieran terminado de leer el documento.
Sunny se dedicó a lo suyo, revisando cada punto sin dejar
nada al aire. No por nada era su representante. Él, sólo escuchó sin prestar
mucha atención, pues la mirada de Fukutaro le crispaba los nervios. Esos gestos
lascivos que hacía con la lengua mientras fingía leer (porque se sabía el
contrato de memoria) le daban asco, y aunque procuraba ver hacia otra parte no
podía evitar que su mirada chocara con la del empresario cada tanto.
Sunny estuvo de acuerdo con lo estipulado en el contrato y
más que contenta con la suma que se le pagaría a Jaejoong por ser parte de la
campaña de invierno, incluso se había incluido la cláusula pertinente para
hacer la campaña en Seúl, si es que el chico se veía en la necesidad de
trasladarse hasta allá.
Los tres firmaron su parte, y ya estaba Jaejoong listo para
salir corriendo del lugar cuando la voz de Fukutaro le llamó.
—Quisiera darte el pésame por lo de tu padre. —aseguró con
tono sincero, parándose de su lugar y extendiendo los brazos. Jaejoong parpadeó
nervioso sin moverse. ¿Le creía tan idiota como para caer en eso?
—Gracias. —respondió seco. Oh no, no iba a seguirle el
juego.
—Oh, vamos Jaejoong, sólo quiere darte el pésame. Un abrazo
no te mata. —Fue Sunny quien se puso de pie instándole a hacer lo mismo.
Renuente, se acercó hasta Fukutaro mirándole con total desconfianza, pero ahí
estaba Sunny, quería pensar que no llegaría a propasarse de nuevo teniendo
testigos.
Acortó distancias y dejó que Fukutaro lo estrechara entre
sus brazos. Trató de borrar cualquier sentimiento negativo que tuviera en ese
momento para que el abrazo no se prolongara demasiado, y fue sólo el sonido del
celular de Sunny el responsable de sacarle de su concentración. Ella salió a la
carrera soltando una disculpa baja, al tiempo en que Jaejoong luchaba por
soltarse sin lograrlo. Ni siquiera llegó a escuchar las palabras de pésame que
se suponía el japonés iba a darle, siendo algo muy distinto lo que llegaría
después a sus oídos.
—Cuando te convenzas de lo de Changmin, estaré esperándote
en la cama. —le susurró al tiempo que intentaba llegar hasta su boca para
robarle un beso, pero Jaejoong no estaba dispuesto a dejarse en esta ocasión,
por lo que lo apartó de un fuerte empujón sólo para terminar propinándole un
puñetazo que lo mandó directo al suelo.
—¡Aléjate de mí, desgraciado! —gritó un segundo antes de
correr a la puerta y huir en con rumbo a dirección. Para su suerte, no volvería
a tratar con ese despreciable jamás, porque por más amable que fuera el
director Jang, no volvería a firmar contrato con Armani.
Sunny llegaba con el celular todavía en la mano cuando
alcanzó a ver a Jaejoong alejarse y al empresario en el piso sobándose la
barbilla. Sonrió amplio, logrando que el empresario arrugara el entrecejo.
—Si te golpeó es porque te lo mereces. —afirmó sin más,
alejándose para retomar la llamada que había dejado pendiente sin mirar atrás.
Fukutaro por su parte sonrió al levantarse y arreglarse las
ropas, saliendo poco después. Por lo menos había sembrado la duda en Jaejoong
acerca de la fidelidad de Changmin, y por la cara que había puesto, era más que
probable que pronto lo tuviera, si no en su cama, sí separado de ese actor a
quien tanto odiaba.
–.—.—.—.—.—.–
A toda prisa fue como Jaejoong se encaminó rumbo a
dirección. Tenía que averiguar si ese maldito cubo de hielo estaba en la
escuela o no, y si es que había salido las dos noches anteriores. Ignoraba
cómo, pero lo averiguaría.
Abrió la puerta de la oficina del director sin siquiera
tocar, por ser sábado no se había esperado encontrar a nadie, pero grande fue
su sorpresa al ver sentada en el escritorio de la secretaria a Seohyun.
—¡Jaejoong oppa! Qué susto me dio… —suspiró la chica al ver
al modelo de pie en el umbral de la puerta.
—Seororo, ¿qué haces aquí? Creí que descansabas los fines de
semana. —explicó acercándose a ella.
—Y sí, lo hago —bajó la cabeza pesarosa—. Bueno, se supone
que debería hacerlo, pero como no tengo muchos amigos, ni a donde ir, prefiero
quedarme aquí adelantando el trabajo.
—Oh. —balbuceó sin saber qué decir. Ella era bonita y
agradable, ¿por qué no tenía amigos o un novio?
—¿Y tú qué haces aquí? Mi abue… Es decir, el director no
está. —Esta era su oportunidad. Seohyun debería saber de Changmin. Se aproximó
aún más a la chica, apoyando ambas manos en el escritorio para verla
directamente a los ojos, haciéndola incluso sonrojar un poco.
—No sé si podrías hacerme un favor…
—Claro que sí. Dime cuál. —ofreció servicial.
—¿Podrías decirme si Changmin está en la escuela? Quizá en
los archivos haya algún permiso.
—No es necesario, yo personalmente le di tres pases de
salida.
—¿Tres? —La sorpresa le hizo sentir que su corazón se
encogía.
—Sí, uno para salir el jueves en la tarde, otro para el
viernes todo el día, y el último para estar fuera todo el fin de semana. Así
que como verás, no está.
¡Entonces era verdad! Changmin seguro estaba en esos
momentos con Kyuhyun, y él de estúpido que pensaba entregarse a él. Empezó a
dar vueltas en la pequeña oficina ante la vista de Seohyun, quien sólo le
observaba sin pronunciar palabra.
¡Era verdad!
Sabía de antemano que Changmin había estado enamorado de
Kyuhyun, por lo menos eso es lo que Mei le había dado a entender al comentarle
sobre sus sospechas de que Kyuhyun fuera el culpable de que Changmin fuese gay. No
quería darle importancia a ese dolor punzante en la boca de su estómago cada
vez que el nombre de Kyuhyun era pronunciado en su presencia. No quería darle
importancia a esos celos que parecían carcomerle el alma cada vez que Fukutaro
hacía mención a su pasado con el actor, porque como decía el viejo refrán “Lo
que no es tu año, no es tu daño”; pero no podía negar que sentía celos.
Por otra parte, Changmin parecía detestar al empresario
tanto o más que él. ¡Pero no a Kyuhyun! De eso estaba seguro. No en balde dicen
que el primer amor nunca se olvida. ¿Sería que Changmin le seguía amando y por
eso no permitía que nadie más entrara a su corazón?
¿Era eso?
La duda parecía enterrarse en su alma con profundo dolor.
—¿Oppa? ¿Jaejoong oppa, estás bien? —preguntó Seohyun al
notarlo tan abatido. El modelo alzó la vista del suelo al escucharla, la había
olvidado por completo. Sonrió para darle las gracias por la información,
presuroso por irse a donde pudiera seguir sufriendo en silencio por alguien que
no se lo merecía.
—Sí, Seororo, gracias. Ahora si me disculpas…
—Espera —Una mano voló a detener al pelinegro antes de que
se fuera. Jaejoong se detuvo atento a esos ojos que le miraban de forma
extraña, sintiéndose perturbado. Sólo esperaba que no fuese a decirle algo que
pudiera hacer que él la lastimara, la quería demasiado para hacerlo. Intentó
soltar aquella delgada mano con disimulo para no ser obvio, y Seohyun bajó la
vista tímida—. Quisiera pedirte un favor —Entonces se animó a verle, y Jaejoong
pudo ver el rubor en esas blancas mejillas. «Que no lo diga, que no lo diga…»
suplicaba en su interior, a la vez que asentía con la cabeza—. Como ya te dije,
no tengo muchos amigos a quienes pudiera pedirles esto… pero si no puedes o no
quieres, yo entiendo. —aclaró aprisa.
—Si no me dices de qué se trata, no sabré si puedo o quiero.
—explicó sonriendo, tratando de darle ánimos. No cabía duda que el resfriado le
había afectado la cabeza, no debería animarla a continuar. Seohyun sonrió
animada.
—Te considero un buen amigo, por eso me animo a pedirte…
—Jaejoong esperó a la expectativa, hasta que ella se animó a continuar—… Que
vayas conmigo a una reunión de ex alumnos de mi escuela, esta noche.
—¿Eh? —la miró entre aliviado y sorprendido.
—Me da vergüenza pedírtelo, pero más vergüenza me daría
llegar sola a esa reunión. Aunque si no quieres no hay…
—Estaré encantado de acompañarte.
—¡Gracias, gracias! Muchas gracias, oppa.
—De nada. ¿A qué hora y dónde paso por ti?
—No, en esta ocasión yo paso por ti a las 7:30, y te traigo
de regreso cuando se rompa la calabaza —Jaejoong rió por la ocurrencia—. Es
decir, a la medianoche.
—Está bien, estaré preparado.
—Oppa…
—¿Mhm?
—Lo que te dije era en serio —Jaejoong la observó sin
entender, entonces ella elevó la mirada y la centró sobre la ventana, a
espaldas del pelinegro—. Yo te considero mi amigo, y espero que a mí me
consideres igual… ya que, si necesitas hablar con alguien o te aqueja algún
problema, puedes venir conmigo. Jamás revelaría lo que me contases, ni te
traicionaría.
Jaejoong continuó con la confusión en el rostro, sin
comprender el proceder de esas palabras. Era como lo que le decía el ‘Amigo’,
si no fuera porque sabía que éste era un hombre bien podría pensar que era
Seohyun.
—Gracias, Seororo, lo tendré en cuenta. —le sonrió
despidiéndose de ella para salir del lugar.
Unos segundos después, la joven se ponía de pie para caminar
hasta el ventanal que mantenía las cortinas semi corridas, abriéndolas por
completo. La intensa luz de la mañana bañó por completo el lugar y dejó ver el
paisaje del exterior: El bosquecillo tras la cafetería, lugar donde cierto par
de jóvenes han pasado varios momentos difíciles, íntimos y acalorados.
–.—.—.—.—.—.–
Había querido olvidar las palabras de Fukutaro disfrutando
de un baile en compañía de una buena amiga, pero todo había sido en balde,
porque las pocas horas que había pasado con la nieta del director, todos sus
pensamientos parecían alejarse en dirección a Changmin y lo que este estaría
haciendo con Cho KyuHyun.
Para remate, todo el domingo se la había pasado pensando
también en las palabras del empresario. Le resultaba imposible de creer, pero
fue Yoochun –Cosa rara verlo en el colegio, debía estar en serio enojado con su
novia– quien le hizo ver su error.
Estaban viendo una película en la sala de estar junto a
alguno otros compañeros, cuando el comentario surgió de la boca del músico.
—¿Cómo puede creer en las palabras de un tercero? Ni
siquiera le conoce.
Jaejoong abrió mucho los ojos al escucharle, pero su amigo
ni siquiera se había dado cuenta de lo mucho que le habían afectado esas
palabras.
Pasó toda la noche dándole vueltas al asunto, si bien no
consiguió aclararse nada. El lunes por la mañana se vio en la necesidad de
levantarse temprano, ya que no podía dormir pensando en lo mismo, era mejor
alistarse para ir a desayunar y no llegar tarde a clases.
Esta vez había sido culpa de Yoochun su desvelo…
No, para qué culpar al músico, Yoochun ni sospechaba lo que
sus palabras habían causado en su mente, corazón y sentimientos.
“¿Cómo puede creer en las palabras de un tercero?”
Yoochun no estaba hablando de él, sólo comentaba la
película, pero sus palabras habían causado estragos en su interior. Y sin
embargo era verdad, ¿cómo podía creer en Fukutaro? Esa pregunta había estado
dando vueltas en su cabeza toda la noche. ¿Cómo podía creer más en un ser tan
despreciable como Fukutaro, antes que en el propio Changmin? Debía preguntarle
a él antes de juzgarlo. Lo estaba condenando sin darle la oportunidad de
defenderse.
Bueno, pues le daría la oportunidad de quitarle de la cabeza
que había estado con Kyuhyun. Y más le valía que la supiera aprovechar, porque
de su palabra dependía que regresara a sus brazos y a su cama.
Con la decisión tomada se dirigió al comedor esperando ver a
sus amigos en la mesa y sobre todo, a ese arrogante y frío actor.
Toda la mañana trató de poner atención sin lograrlo. Primero
no podía seguir la conversación que sostenían Yoochun, Boa y Hangeng por notar
que Changmin no le quitaba la mirada de encima. Ver de frente esos ojos fijos
en él le hacía estremecer, pero no podía y no quería verlo, tratando de
adivinar en su semblante si había pasado el fin de semana con Kyuhyun o no.
Adivinarlo de esa forma era imposible porque mantenía, como siempre, esa
máscara de frialdad e indiferencia con la que había llegado al colegio.
Después, durante las clases, tampoco pudo poner atención al maestro por sentir
esa mirada penetrante sobre él.
Necesitaba aclarar las cosas con Changmin lo antes posible.
Pensó incluso en escribirle recaditos, como cuando estaba en la primaria y se
secreteaba con algún amigo o le mandaba dibujos graciosos del maestro en turno.
Sí, quizá eso era lo que haría. Tomaría un pedazo de papel,
escribiría “¿Estuviste con Kyuhyun?”, la haría bolita y se la lanzaría a los
pies o mejor, directo a la cara. Total, se merecía esa agresión por ser tan
desconsiderado y frío con él.
Pero justo estaba en la tarea de escribir aquello cuando
escuchó por el altavoz el llamado de Changmin a la sala de prensa No. 2, donde
alguien le esperaba. El actor se levantó de su lugar, lo miró un momento y
después salió.
—¿Quién demonios fastidió mi plan? —masculló arrugando el
pedazo de papel para botarlo.
Habían pasado poco más de 20 minutos desde que Changmin se
había ido, cuando se le ocurrió otra cosa. Definitivamente descartó la pregunta
en un pedazo de papel (que era demasiado infantil), así que se la haría en
persona. Pediría permiso para ir al baño e iría a esperarlo fuera de la sala de
prensa; todavía faltaba media hora para que la última clase terminara, así que
podría hablar con él sin testigos.
Su cabeza continuaba armando la pregunta idónea y sus
posibles respuestas mientras se adentraba en los solitarios pasillos rumbo a
las salas de prensa. Con cada paso que daba, su mente iba borrando la
posibilidad de que hubiese estado con Kyuhyun. ¿Acaso no le había dicho que
hacía como dos años que no lo veía? No, Fukutaro estaba equivocado.
El eco de unos pasos acercándose le sacaron de sus
pensamientos y su corazón se aceleró al pensar que era Changmin quien se
aproximaba hasta él. Pero la figura que se apareció ante él no le pareció
conocida.
—¿Quién será? —se preguntó al distinguirlo. No, tampoco era
Changmin, porque este chico que se acercaba tenía el cabello más claro,
seguramente teñido—. Tampoco sabe de moda… —susurró para sí al tenerlo más cerca,
notando así los jeans bien gastados que llevaba, junto a un par de botas tipo
vaqueras y una camisa roja con los tres primeros botones abiertos revelando la
piel blanca de su pecho—… Je, seguro cree que eso le hace ver sexy… —se dijo,
pero al seguirle viendo notó también la pesada chaqueta en tonos rojos y
blancos, muy parecida a la que utilizaban los…
«¡No!»
Jaejoong se detuvo de golpe, mirando fijo al joven que
pasaba a su costado en silencio, pese a observarle de reojo. Sintió que el
corazón le palpitaba aún más fuerte que si hubiera sido Changmin a quien viera.
¿Cómo no lo había reconocido antes?
Cabello castaño cobrizo, piel sumamente blanca, casi de su
misma estatura, porte extranjero y una mirada penetrante que helaba la sangre.
Se giró con violencia para intentar detenerle, intentar
articular alguna palabra, pero su boca seca le hizo sentir la lengua pegada al
paladar. No obstante, no necesitó hablar, pues él ya estaba de frente,
mirándolo con detenimiento.
—¡Cho Kyuhyun! —murmuró más para sí mismo, pese a que el eco
del lugar bastara para escucharse con toda claridad y que el otro asintiera.
—Ja. —Al comprobar su identidad no le resultó extraño su
atuendo. Era corredor de autos, de la escudaría alemana, por eso los colores
rojo y blanco.
Se sintió de pronto minimizado, un cero a la izquierda.
Ahora entendía por qué Changmin seguía enamorado de él. ¡Era un Dios! Demasiado
atractivo y exitoso. No podía competir con él, simplemente no podía.
—Er recht haben, du besitzen glück, Kim Jaejoong. —¿Qué?
¿Qué diablos había dicho? No tenía ni idea, lo único que entendió era su
nombre. ¿Cho Kyuhyun sabía cómo se llamaba? ¿Acaso ese idiota de Changmin le
había contado de él?
—Yo no hablo alemán. —respondió seco.
—Ich wissen. Es decir, lo sé —aclaró en un perfecto
coreano—. Cuídate, Jaejoong-ssi. ¡Auf Wiedersehen! —se despidió agitando la
mano para darse la vuelta y continuar con su camino, dejándolo por completo
confundido y, de paso, dolido.
Sentía rabia, celos y mucho coraje, pero por sobre todo, se
sentía herido. El sólo hecho de que Kyuhyun hubiese ido a buscar a Changmin en
la escuela en un horario en el que sólo se le permitía ver cosas de trabajo, le
decía que el chico era más que especial. Quizá el propio actor había dado la
orden para que se dejara entrar a Kyuhyun cuando quisiera.
«Maldito desgraciado»
Apretó los puños con fuerza, sintiendo las vivas ganas de
desquitar ese coraje contra la pared donde se había quedado parado. ¿Pero por
qué lastimar sus manos con una pared? Se giró para continuar hasta la sala de
prensa número 2. Si todavía no se topaba con Changmin, es que seguía encerrado
en ese lugar.
Apenas iba llegando cuando vio la puerta de la sala abrirse,
y la inconfundible figura del actor apareció en el umbral. Su cabello yacía despeinado,
como si alguien –¡No, no alguien, Kyuhyun!– lo hubiese revuelto. Además llevaba
la camisa fuera del pantalón, pese a estar abrochada. Su hiperactiva
imaginación comenzó a trabajar a mil por hora, relacionando todo lo que había
dicho Fukutaro, las palabras en alemán de Kyuhyun y lo que estaba viendo ahora.
Su coraje pudo más, y por eso se le fue encima con un fuerte
puñetazo que lo mandó al suelo.
—¿Pero qué demonios te pasa? —recriminó el menor desde el
piso, limpiándose el hilillo de sangre de su labio reventado. Jaejoong lo
observó desde lo alto con la mirada encendida.
—¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA A TI?! —le gritó haciendo resonar su
voz en todo el pasillo, mientras Changmin volvía a ponerse de pie—. ¡¿No te soy
suficiente?! ¡¿No te basta mi cuerpo?! ¡¿Necesitabas tener el de Kyuhyun de
nuevo?! Y no te molestes en negarlo, ¡lo acabo de ver partir de aquí!
Esperaba la respuesta con ansia, una que ya sabía, pero en
su lugar sólo sintió la fuerte mano del actor tomarlo por el brazo y aventarlo
al interior de la sala de prensa donde hubiera estado, causando que se golpeara
el estómago con el escritorio. Se giró con sorpresa a verlo, pues hacía
bastante que no se comportaba de un modo tan salvaje, pero debía esperarlo,
después de todo lo había golpeado. ¡Pero se lo merecía! ¡Ese desgraciado
insaciable! Y no estaba dispuesto a perdonarle el que lo hubiera utilizado.
—Si piensas golpearme no creas que me quedaré de brazos
cruzados. —sentenció al ver cómo Changmin extendía la mano para cerrar por
dentro la sala de prensa.
El miedo enorme lo apresó. ¿Qué iba a hacer Changmin ahora?
Estaba muy serio, y no dejaba de verle con ojos entrecerrados. Le preocupaba el
ver que el golpe comenzaba a ponerse rojo, pero… ¡Ja! No había testigos, no
podría demandarlo.
—Debería golpearte, pero en su lugar haré esto… —Y sin darle
tiempo a nada, lo tomó de nuevo por el brazo para lanzárselo a la espalda. Lo
había tomado por sorpresa y sin darle oportunidad de escapar, que ahora estando
tan cerca de su cuerpo, de su rostro, su corazón había comenzado a latir
desenfrenado.
Se maldecía a sí mismo y a su cuerpo por reaccionar de
semejante manera. Su pecho chocando con el del menor le hacía estremecer, por
más que quería soltarse no podía, y entre más forcejaba, más fuerte le sujetaba.
—¡Suéltame! —gritó—. ¡Suéltame, maldito desgraciado!
—Si no mal recuerdo, hace unos días me pediste que no te
buscara, entonces no entiendo, por qué este golpe —recriminó sobándose con el
dorso de su mano libre—. ¿Son celos, acaso?
—¡No! ¡Jamás estaría celoso de alguien como tú! Ya se me
hacía raro que hubieras accedido tan rápido a no buscarme —renegó lleno de
resentimiento, atropellándose con la rapidez de sus palabras—. Fukutaro tenía
toda la razón, eres un volcán en la cama, pero un completo témpano de hielo en
cuanto a sentimientos se refiere. Eso es porque no tienes corazón, sólo un
trozo de hielo en su lugar… Eres un maldito desgraciado que sólo buscaba usarme
como un objeto para botarme en cuanto Kyuhyun estuviera de regreso.
—¿Fukutaro? ¿Cuándo viste a Fukutaro? —cuestionó empujando
el brazo de Jaejoong más hacia arriba, quien respingó por el dolor—. Él tenía
prohibido acercarse a ti.
—¡Me duele! —se quejó, logrando que Changmin le soltara
apenas un poco—. Vi a tu “ex amante” el sábado, voy a ser imagen de Armani en
invierno y él vino a que firmara el contrato —Changmin le miró con tal
intensidad que le hizo arrugar el ceño—. Sí, me acosté con él. ¿Y qué? Tú lo
hiciste con Kyuhyun, ¿no?
La boca de Changmin se curvó con disgusto ante la mentira,
pero era tanto su coraje que sólo quería su revancha, que ese idiota se
sintiera justo igual que él. El dolor punzó en su brazo cuando el menor alzó
más su brazo, haciéndole apretar los ojos por el dolor. Si seguía así se lo
quebraría.
—Mientes. —aseguró soltándole, tan sólo para rodearlo con
sus brazos y acercarlo a su cuerpo, robándole con sus labios todo el deseo de
seguir reclamándole, dejándole el camino libre para que usurpara su boca y le
robara el aliento con sus besos.
«Maldito cuerpo traidor» se recriminó al sentir cómo su
propio cuerpo reaccionaba al toque, a ese abrazo de hierro que le apresaba para
evitar que huyera de su lado, apretándolo cada vez más contra él; logrando que sus
caderas chocaran y pudiera sentir la excitación del menor chocando contra su
vientre. ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Qué acaso no acababa de estar con
Kyuhyun? ¿Qué no acababa de verlo con el cabello revuelto y la camisa suelta? Era
porque había hecho el amor con él, ¿no?
Sintió una de las manos del castaño bajar por su espalda
hasta llegar a sus glúteos, apretándolos para arrancarle un gemido
inconsciente. ¿Por qué si sabía que hacia escasos minutos había estado con otro,
no podía rechazarlo? ¿Por qué?
Se separaron cuando el aire empezó a hacer falta, ambas
respiraciones erráticas y aceleradas. Podía sentir su miembro ya igual de
despierto que el de Changmin, pero no, no estaba dispuesto a volver a caer en
su estúpido jueguito. No era un objeto sexual que se usaba y se desechaba
cuando ya no servía.
—¡Desgraciado! Yo no… —Pero su boca volvió a ser asaltada
con pasión desmedida, casi haciéndole olvidar el motivo por el que estaba tan
molesto con él.
Casi…
Porque le dio un fuerte mordisco con el cual logró que le
soltara el brazo, aprovechando el descuido para empujarlo y hacerlo topar
contra la puerta cerrada de la sala de prensa. No esperó a ver su reacción que
lo hizo a un lado para quitar el seguro y salir corriendo.
Afuera ya los alumnos
ya llenaban los corredores, el timbre para comer había sonado, pero el hambre
se le había quitado de golpe. Lo que necesitaba no era alimento para su cuerpo,
necesitaba algo que curara su alma.
¿Por qué diablos debía amar a alguien como Shim Changmin?
–.—.—.—.—.—.–
La noche había llegado demasiado pronto. Las horas habían
pasado sin percatarse de lo que estaba haciendo. No había comido, no quería ir
al comedor y toparse de nuevo con él. Necesitaba pensar las cosas con calma.
¡Ese maldito no había negado nada! De todas sus acusaciones sólo se preocupó
porque se hubiese acostado con Fukutaro, pero supo de inmediato que mentía, y
por eso se aprovechó. ¿Por qué su cuerpo jamás obedecía sus órdenes? ¿Por qué
siempre respondía a la pasión de ese antipático, ególatra y témpano de hielo actor?
El tiempo pasaba y no hacía más que discutir consigo mismo.
No había conseguido cerrar los ojos, esperando a que él llegara. ¡Debía ir!
¡Tenía que hacerlo! Estaba casi seguro que se presentaría aunque fuera para
saciar sus instintos con él o seguir discutiendo. ¿O es que había vuelto a ir
con Kyuhyun?
¡No!
Pero podía ser posible, había visto en la TV que los pilotos
de la serie CART ya estaban en la ciudad para la carrera del circuito mixto que
sería ese fin de semana. ¡La final sería una semana antes que los Asian Film!
Quizá por eso ya no había vuelto a pedirle que fuera con él… porque Kyuhyun iría
a esa ceremonia.
—1:30 am, ¡maldición! —masculló al ver el reloj digital que
descansaba en el buró, golpeando el colchón de la cama con fuerza—. Ese maldito
bastardo de nuevo no va a venir…
No, Shim Changmin no se presentaría esa noche tampoco en su
cama, quizá porque estaba con él. Ya llevaba tres días sin venir, así que debía
ser cierto todo lo que pensaba. ¡Claro! El gran Shim Changmin había estado y
seguía estando enamorado de Cho Kyuhyun.
Había pensado que Changmin no sentía amor por nadie, ¡pero
vaya! Se había equivocado. Ese solo pensamiento le hizo hervir la sangre del
coraje, llegando a apretar los puños con fuerza sobre las sábanas.
Cuántas ganas de cobrarse cada humillación y desprecio de
ese desgraciado…
Cuántas ganas de vengarse…
—¿Vengarme? Y por qué no… —se dijo al enderezarse, meditando
sus palabras. ¿Podría vengarse de Changmin? ¿Había alguna forma de sorprenderlo
en su habitación, en su cama?—. ¡Sí! —ahogó saltando de un brinco para llegar
hasta su armario.
No buscó demasiado en su interior, porque lo que buscaba
estaba al alcance de su mano, dentro de aquella caja de zapatos que había caído
de lo alto de su ropero hacía unos días. Lo que le había regalado Jun Shim, aún
seguía en su lugar, muy bien guardado. Había pensado que jamás iba a usarlo,
pero ahora podría hacerlo.
Tomó aquello entre sus manos con una sonrisa, sintiendo la
frialdad del acero hacerle estremecer de pies a cabeza. En su mirada había un
brillo especial. La oportunidad de tomar revancha a todo lo que Changmin le
venía haciendo desde que llegara a la escuela, estaba ahora en sus manos, y no
iba a dejar pasar esa oportunidad.
Decidido caminó hasta el balcón, abriendo las puertas de par
en par. Al asomarse a la habitación de al lado vio que las puertas estaban
abiertas. Era una clara señal de que el actor estaba en su habitación, ya que
por lo general, cuando estaba fuera las cerraba. No le sería difícil saltar, ya
lo había hecho antes, cuando Boa casi le obligaba aquella vez que lo hubiera
encontrado en el piso.
Tomó vuelo, y brincó.
La habitación de Changmin estaba en penumbras, ni una sola
luz encendida, pero conocía la distribución de esta, que era parecida a la
suya. Así anduvo descalzo y en silencio, tratando de no tropezar con las
mancuernas que solía dejar tiradas en el suelo, hasta que llegó a la cama del
menor.
Changmin reposaba dormido boca arriba, con ambos brazos
levantados sobresaliendo de la sábana con la que estaba tapado.
—Me lo estás poniendo muy fácil… —susurró acercándose hasta
su cuerpo. Dormía tan pacífico, sin imaginar lo que Jaejoong estaba a punto de
hacer.
Le quitó la sábana con cuidado, dejando entrever el cuerpo
del actor. Se sintió excitado sólo de contemplar esa forma tan perfecta, esas
largas piernas cubiertas por la seda del pijama azul, ese pecho que subía y
bajaba por la respiración calma que el sueño le provocaba. Empezaba a sentirse
impaciente, pero debía ser cuidadoso o las cosas podrían volteársele.
El sonido de aquello que cargaba entre manos resonó como una
campanilla entre el silencio de la habitación cuando cayó, haciéndole
estremecer. Esperó por unos instantes para ver si Changmin se despertaba, pero
sólo lo vio cambiar de posición. Subió entonces a su cama con cuidado, y
tomando una de sus manos lo esposó al respaldo para casi de inmediato repetir
la acción con su otra mano; justo antes de que Changmin abriera los ojos y
moviera la cabeza para ver sus muñecas.
—¿Pero qué…? —cuestionó halando sus brazos para intentar
soltarse sin resultados, escuchando así una risa conocida que le hizo girar
para encontrarse con el pelinegro a un costado suyo—. ¿Jaejoong?
—Ahora es mi turno. —aseguró al tiempo que llevaba sus manos
hasta el elástico del pijama para empezar a bajarlo lento, muy lento.
—Jaejoong, ¿qué haces? —escuchó la pregunta del castaño,
pero sólo terminó por retirarle la prenda para sentarse sobre sus piernas, tras
lo cual se agachó directo a rozar sus labios sobre los del actor.
—Sólo voy a darte una cucharada de tu propio chocolate.
Ahora vas sentir todo lo que yo he sentido, sabrás lo que pasé aquella primera
vez…
No le dio tiempo a decir palabra alguna, asaltó sus labios
con pasión, atacando el interior de su boca hasta arrancarle el aliento,
robarle los sentidos, tal como el chico solía hacerlo con él. Era fácil
recordar cada caricia que el actor solía darle a su cuerpo, porque la llevaba
tatuada en la piel. Sólo que ahora sería él quien le preparara para ser tomado,
porque esta era su venganza.
Escuchó claro el gruñido que escapó de la garganta del actor
cuando sus manos llegaron a deslizarse bajo el saco del pijama, desabrochándolo
en tanto sus labios se separaban para jugar con ellos mordiendo, chupando y
besando sugerentes. Levantó la prenda hasta sus brazos, tal como el menor
hubiera hecho con su playera la primera vez que lo tomó, y al verlo desnudo, no
pudo sino sentirse arder por dentro.
—Changmin… —susurró a su oído, deslizándose por la piel en
busca de sus labios para fundirse en otro beso apasionado que era correspondido
de igual manera.
Dejó que su boca trabajara mientras sus manos se escurrían
por el pecho del menor, buscando sus tetillas para masajearlas primero, pellizcándolas
después en medio de un sonido gutural por parte del castaño. ¿Dolor quizá? No,
eso lo dudaba. Era sólo placer.
Se encaminó a besar su cuello, sintiendo la figura del chico
intentar moverse bajo su peso, pero era difícil teniéndolo sentado sobre sus
piernas. Chupó a consciencia la suave piel, dejando un camino de marcas rojizas
que moría por saber cómo haría para cubrir después. ¿Con una playera de cuello
alto? ¿O sería capaz de dejarla al descubierto? Lo sabría al día siguiente.
Su cuerpo ardía y podía sentir cómo su miembro despertaba al
ser rozado una y otra vez contra las piernas del actor, quien parecía hacer
esos movimientos a propósito, acariciando su intimidad para despertarle,
excitándolo con toques suaves y rítmicos.
—Jaejoong… quítame las esposas —le escuchó decir, pero no lo
haría, por ello lo ignoró mientras continuaba con sus besos, bajando por su
pecho hasta llegar a una de sus tetillas—. Jaejoong… —le oyó gemir cuando tomó
la pequeña protuberancia entre sus dientes, mordiéndolo suave, chupando y
torturando la pequeña área rosada.
Trabajó sobre una y otra, trasladándose con su boca en tanto
una de sus manos descendía por el duro abdomen hasta llegar a su miembro ya
despierto. Lo tenía totalmente desnudo y a su merced, podía hacer con él lo que
quisiera, pero su cabeza comenzaba a nublarse, el placer lo invadía y sólo
podía disfrutar.
De nuevo lo escuchó gemir con fuerza en cuanto tomó su
miembro erecto y dejó que sus dedos acariciaran la piel suave, subiendo y
bajando de forma rítmica para más tarde tomarlo con su mano, dejando que la
palma recorriera la virilidad húmeda y caliente. Besó cada porción de piel que
se le cruzaba por enfrente, hasta llegar a esa extensión que jamás había
probado. Había practicado sexo oral con las chicas, pero jamás con un hombre.
Tomó entre sus labios el miembro del menor y pronto un fuerte gemido escapó del
castaño. Comenzó besando, chupando, metiendo y sacando de su boca una y otra
vez.
El cuerpo de Changmin se tensaba mientras gruñía. Sabía que
en cualquier momento vendría su realización entre sus labios, y aquello le
hacía sentir victorioso. Tenía el poder en sus manos y lo estaba aprovechando
al máximo. Apenas segundos después, la caliente esencia del menor llenaba su
boca, inundándole de un sabor extraño que, raramente no le desagradó en lo
absoluto, tragándolo de un bocado que le hizo toser.
Pudo escuchar al más chico luchando por recuperar el
aliento, haciendo vanos intentos por soltar sus manos de las esposas.
Incorporándose, limpió los restos de semen de su rostro con el dorso de la
mano, una sonrisa surcando sus labios al notar la excitación aun tintando la
mirada del actor.
—Jaejoong… suéltame. —volvió a escucharle entre jadeos, pero
sólo le sonrió.
—No, todavía no terminamos.
Tras hacerse espacio, le tomó sólo un instante el casi arrancarse
el pijama para quedar como él, totalmente desnudo. Volvió a subirse en él,
tomando las piernas del chico para abrirlas e ir haciéndose espacio entremedio,
dejándolo en entero expuesto.
—Jaejoong, ¿qué vas a hacer? —logró escuchar con cierta
alarma. Su sonrisa se amplió más. ¿Acaso estaba temeroso? ¿El poderoso Shim
Changmin tenía miedo? Ese sólo pensamiento le hizo sonreír aún más.
—Nada que no hayas hecho tú antes.
Y sin previo aviso, introdujo uno de sus dedos en la entrada
del menor, haciéndole respingar. No obstante, también logró ver el dolor en el
rostro del actor, y comenzó a preocuparse. No quería hacerle daño, por lo que
se quedó quieto, esperando para ver si aquel gesto en su rostro desaparecía.
Sólo se sintió mejor cuando le vio relajarse y jadear por lo bajo. Retiró su
dedo y ascendió para capturar entre sus labios la boca del más chico, arrancándole
un beso fogoso con el cual compartió el sabor almizclado que momentos antes
hubiera saboreado.
—Dime si te duele. —suplicó entre susurros mientras un
segundo dígito se hacía espacio en la estrecha entrada.
—Sí… —Y de nuevo se detuvo, sacando ambos dedos de golpe.
—Lo siento, no quiero hacerte daño, yo no sé…
—Jaejoong, no seas bruto, necesitas lubricante…
¡Era cierto! Necesitaba algo que le hiciera doler menos,
¿pero qué? Podría utilizar su saliva, tal vez así pudiera aminorar la molestia.
Subió así hasta capturar su sexo para masturbarle de nuevo
con una mano, en tanto la otra se dejaba deslizar por la figura del actor en un
camino ascendente de caricias hasta su boca. Dejó introducir sus dedos para que
el menor los chupara como si de una paleta se tratara, acelerándole el corazón
ante la tibia sensación. Su propia excitación estaba en el punto máximo, ya no
iba a aguantar más. Changmin era tan sexy, y un verdadero experto, aún y cuando
estaba abajo sabía muy bien qué hacer y cómo hacerlo. ¡Claro! Con la cantidad
de amantes que habría tenido. Pero él no se quedaba atrás, también era un
experto, aunque un verdadero principiante en cuanto a sexo con otros hombres.
Sacó sus dedos de la boca del chico y regresó a su posición
entre sus piernas, dejando que fueran ambos dígitos los que usurparan la
apretada cavidad para que esta se acostumbrara, mientras su boca volvía a
capturar el sexo del menor, arrancándole gemidos de placer. Sus dedos empezaron
a deslizarse dentro y fuera con cuidado, danzando ante la sinfonía de sonidos
que capaban de su garganta y los sutiles movimientos pélvicos que el castaño
empezaba a hacer. Introdujo entonces un tercero y aunque esperó alguna reacción
de dolor nada parecido llegó, a lo que aprovechó para empezar a prepararle, tal
como recordaba lo había hecho con él antes.
Jaejoong tuvo que controlarse para aguantar mientras lubricaba
aquel diminuto lugar, pero pronto el deseo pudo más que sus resistencias:
Retiró los dedos de la tibia abertura y se separó de su miembro para observarle
a los ojos. Ambas miradas se encontraron cargadas de un profundo y asfixiante
deseo.
Llegó de nuevo hasta sus labios para capturarlos en un beso ardiente
que nubló todas sus ideas mientras se posicionaba y la punta de su excitación
empezaba a abrirse espacio en la entrada del menor. Changmin soltó un quejido
ahogado y Jaejoong se apartó sin querer lastimarlo, observándolo a los ojos
para ver si la señal de dolor desaparecía y podía seguir. La respuesta fue un
mudo y débil asentimiento, con el cual el mayor terminó de empujar y se adentró
por completo en el estrecho canal, sintiéndose tocar el cielo.
¡Jamás lo imaginó de esa forma! ¡Changmin era suyo ahora!
Por completo suyo. La entrada del chico era tan estrecha que le hacía delirar,
le sensación cálida y apretada le hacía estremecer presa de un placer que no
podía describir, tan infinito e increíble, que sólo atinó a morder su labio
para no soltar algún grito ahogado que pudiera despertar, si no a su vecino, a
todo el edificio.
Aguardó sólo hasta que el menor logró ajustarse
perfectamente a la invasión, para empezar a moverse. Changmin cerró los ojos y
rodeó con ambas piernas las caderas del modelo, que se enterró más en él. Una
vez sintió que el cuerpo del castaño se había acostumbrado, Jaejoong inició con
la dulce tortura, saliendo apenas de la estrechez hasta dejar sólo la punta
dentro y, más tarde, hundirse hasta el fondo con una embestida rápida. El más joven
se arqueó casi en su totalidad con una flexibilidad increíble, soltando un
profundo gemido gutural en tanto el pelinegro volvía a usurpar su entrada una y
otra vez.
—Changmin… ¡Eres mío! —ahogó con urgencia siseando entre
cada embestida, lanzando olas de placer infinitas a lo largo de su cuerpo,
acelerando la respiración, el calor y el deseo mientras continuaba reclamando
su propiedad. La intimidad del actor volvía a reaccionar ante la sensación y la
pasión de cada arremetida—. ¡Changmin!… —Una y otra vez, ese nombre hacía
posesión de sus labios con más necesidad que antes.
Aumentando gradualmente con la fuerza y profundidad de cada
estocada, Jaejoong se sentía casi transportado al cielo, las descargas
placenteras aumentando a cada paso gracias al ritmo impuesto. Moviéndose más
rápido, sintiendo cómo las caderas del actor golpeteaban contra su cuerpo, pues
también se mecía a un ritmo acelerado. Sus cuerpos se perlaban en sudor y los
jadeos se volvían cada vez más constantes.
Al acariciar el frente del cuerpo de su amante sin
desatender cada arremetida, Jaejoong notó que la hombría de Changmin había
despertado de nuevo, no negándole el placer cuando lo tomó entre sus dedos e
inició un enloquecedor vaivén de idas y venidas al compás de sus embestidas.
—¡Changmin…! ¡Ah! —Las respiraciones se hacían más urgentes
conforme los minutos corrían, los cuerpos se tensaban y el sudor resbalaba
dando las últimas resistencias.
—Jaejoong… Ahhh… —gemía el nombre del mayor a la par que
éste gemía el suyo.
–.—.—.—.—.—.–
¡Ya era suficiente!
Yoochun se levantó de la cama con la determinación en la
mirada y el resto de su semblante. Ya era demasiado, ¡demasiado! Era tiempo de
ponerle un ‘Hasta aquí’ a su propio enojo y cobardía. Era hora de saber a qué –o
quién– se estaba enfrentando. Anduvo decidido hasta la puerta de su habitación
y la abrió. Quizá no era miércoles, ni fin de semana, pero de nuevo había
tenido una discusión por causa de esas llamadas telefónicas y había decidido
volver a dormir el sábado en la noche y el resto del domingo. Obviamente,
Jaejoong se había dado cuenta, e incluso ahora que recordaba, le había
preguntado si estaba peleado con su ‘novia’ y había evitado responderle. Pues
bien, ahora estaba dispuesto a contestar su pregunta, porque ya sabía que su
amigo iba a preguntarle, eso era un hecho.
Así se encaminó hasta la habitación del modelo y abrió sin
preguntar si podía ingresar. Muchas veces lo había hecho así, esta no sería muy
diferente. Necesitaba salir de la escuela y enfrentar esa respuesta que tanto
temía. Brincaría por el balcón usando la cuerda de Jaejoong.
—¿Jaejoong? —lanzó al aire al encontrar la habitación vacía
y la cama revuelta. Pensó que tal vez estuviera en el baño, pero al no ver luz
que se colara por debajo de la puerta, abrió volviendo a mencionar su nombre
sin ninguna respuesta—. ¿En dónde se metió?
Aunque bien podría estar en cualquier parte, en la sala de
estar haciéndose un sándwich nocturno o tal vez, después de tantas negativas de
su parte, había decidido ir solo al bar. No lo culpaba si había decidido
hacerlo, después de todo, hacía siglos que ellos no iban juntos. Giró la vista
y notó la puerta al exterior abierta de par en par, por lo que se aproximó al
balcón esperando ver la soga atada al barandal, pero no había nada.
«Diablos»
Estaba a punto de regresar al interior del cuarto a buscar
la soga debajo de la cama de Jaejoong (era más que probable que se diera cuenta
que la había tomado cuando se acercara a cerrar la puerta, pues el viento
nocturno se sentía frío y él tenía poco de haberse salvado de una segura
neumonía como para arriesgarse), cuando un sonido le distrajo.
Se detuvo de golpe, regresando a la baranda para tratar de
escuchar mejor. ¿Qué era eso? ¿De dónde venía? Parecían ser jadeos fuertes,
como si alguien estuviera ejercitándose. ¿Pero a las 2:00am?
Se acercó al bode derecho de la baranda. Sabía que la
habitación al lado de Jaejoong era la de Changmin. ¿Changmin se estaba ejercitando
a esa hora? Sabía que hacía deporte y se levantaba temprano para ir al
gimnasio, pero no que se despertara de madrugada a hacer ejercicio.
No, ese sonido no era de una sola persona, sino más bien
dos. ¿Y si algo le pasaba al actor? ¿Y si estaba teniendo algún tipo de ataque?
¿O si el ladrón había regresado y estaba peleando con él? Sin pensarlo más,
brincó del balcón de la habitación de Jaejoong hasta la de Changmin, quedando
frente a la puerta abierta de la recámara.
Y su corazón se desbocó, logrando que un intenso rubor
subiera hasta sus mejillas como jamás lo había hecho antes. La boca se le secó
de golpe dejando que un sabor a cartón le inundara y sus ojos se abrieran
enormes por la incredulidad que le ocasionaba la escena frente a él.
Era imposible de creer.
¡Imposible!
Y sin embargo, estaba
sucediendo.
—¡Por Dios, Jaejoong! ¿Qué diablos estás haciendo?… —susurró
sin voz, atónito de presenciar cómo la figura de su amigo mantenía al menor
esposado a la cama y lo embestía con salvajismo una y otra vez.
—.—.—
¡Taráaaaan~!
Lo sé, lo sé, me tardé horrores ;;! Me disculparán, pero este capítulo lo compensa, ¿cierto? Kkk, estuvo larguito.
¿Y qué tal el final? Uy~ Estamos entrando en la recta final, ¡unos capítulos más para terminar!
Mai gah. Nos veremos en mi próxima transmisión(?)
Tssshh, cambio y fuera(?)
Lo sé, lo sé, me tardé horrores ;;! Me disculparán, pero este capítulo lo compensa, ¿cierto? Kkk, estuvo larguito.
¿Y qué tal el final? Uy~ Estamos entrando en la recta final, ¡unos capítulos más para terminar!
Mai gah. Nos veremos en mi próxima transmisión(?)
Tssshh, cambio y fuera(?)
4 comentarios:
Me gusta mucho este fic... Esperaré el siguiente capitulo. Gracias.
La muerte del padre de JJ fue fea;;
Pero al parecer dejó bien a Jae...
YooChun y JunSu, cada uno me marea. No entiendo porqué Su ayuda a Jae si su primo.es ChangMin y Chun debería decirle a Jae que es gay.
Por otro lado..
Jae seme *^* Amo que Jae sea seme e.e
Y a ChangMin le gustó xD ya bueno
Qué manera de descubrir la verdad de ese par.
Soulfighter;; disculpa la demora en comentar, juré que había comentado pero, al parecer no lo hice.
Quiero actualización. No puedes dejarlo en lo más interesante;;
Ese par se ama; sbfxfkgcjy ya.
Te quiero♥
Lo prometido es deuda, quiero mas sexo rudo, jijij
1.- La muerte del papá del Alien fue muy fea pero creo que ese acontecimiento hizo que ellos se unieran mas (creo).
2.- Jaejoon siendo seme es tan cómico, bueno mi mente se lo imagina de manera muy graciosa.
3.- Changmin esposado a la cama... sin comentarios.
4.- ME ENCANTO EL FINAL! amo a Yoochun ♥
Este capitulo me fascino hubo de todo, llore y también me reí como loca. Espero que puedas actualizar pronto, esta semana sera super horrible pero Fighting!
Prometo ya no decirte mis comentarios, ahora vendré a publicarlos, pero por favor no me dejes así! ㅠ.ㅠ
Me taldie por completo, me encanto, si bien... Jae seme de Changmin es algo complicado de ver, me agradó ~ porque a pesar de todo Changmin guió todo... Bueno bueno ahora debo leer el otro capítulo <3
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