Tortura: Capítulo 14

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«¡Qué fastidio!»

Sentado de lo más aburrido con la mejilla apoyada en una de sus manos, Jaejoong sopló sobre un mechón de cabello rebelde que se empeñaba en caerle sobre el rostro para fastidiarle. Era viernes por la tarde y no había ni una sola clase que pudiera salvarle de prolongar por más tiempo aquella tortura.

¿Cuánto tiempo tenía sentado en aquel lugar, escuchando sin escuchar una y otra vez las mismas preguntas? Estaba fastidiado, acalorado y demasiado aburrido. ¿Por qué había tenido que aceptar darle una entrevista exclusiva a esa fastidiosa mujer?

«Ah sí, ahora lo recuerdo. Se lo prometí a Taeyeon para ayudar a Jessica a salir de la depresión»

Era una suerte que la pelirroja le hubiese mandado, el jueves por la mañana, una especie de libreto con lo que se suponía que debía decir en la entrevista. Se lo había aprendido auto convenciéndose de que se encontraba representando un papel, porque lo que era Im Yoona, parecía fiscal luchando por obtener información de un acusado a muerte. Le repetía una y otra vez la misma pregunta, siempre de una manera distinta tratando de hacerlo cometer un error y atraparlo en la mentira. ¿Taeyeon sabía que Yoona era de esa forma? Quizá sí, y por ello le había enviado el guion.

—No. —respondió por enésima vez, seco, a la pregunta: “¿Mantienes alguna relación romántica con Changmin?”

Intentaba revolverlo, confundiéndolo para obtener respuesta a lo que en verdad le interesaba. Preguntaba siempre lo mismo y en diferentes maneras, pero siempre conseguía la misma respuesta.

—Ya le he dicho que no mantengo ninguna relación con Changmin, ni siquiera somos amigos, y si le acompañé a los BIFF fue porque perdí una apuesta.

Sólo que la mujer no parecía entender, cual si le hablara en árabe o tailandés, porque seguía insistente sobre el mismo tema. La pregunta que a él le había interesado contestar había pasado muy rápido, porque lo de Jessica y su rompimiento no parecía interesarle tanto como averiguar si mantenía alguna clase de romance con el frío y antipático actor.

No tendría que haber aceptado esa entrevista, pero lo había prometido y ahora debía cumplir, si eso ayudaba a su rubia amiga. «¿Por qué diablos tengo que ser tan blando con las mujeres? ¿Acaso no soy gay?» se preguntó mientras volvía a soplar ese mechón de cabellos rebeldes sobre su rostro. Había sido una buena idea el que Taeyeon le enviara por e-mail ese libreto con todas las posibles preguntas y lo que él debería de responder. «¿Serán los actores psíquicos para conocer estas cosas? Aunque tal vez sea sólo la experiencia con estos buitres cazadores de noticias». Pero fue gracias a aquello que cuando Yoona comenzó a cuestionarle sobre Jessica, sólo interpretó su papel de ex novio sin temor a mentir.

No obstante, sus pensamientos estaban muy lejos de cada pregunta hecha con verdadera saña. Su mente se encontraba todavía suspendida en aquellas palabras que Changmin le hubiera dicho en un tono que nunca antes hubiera imaginado. El ‘Te amo’ se había quedado haciendo eco en sus oídos, grabado, al grado de continuar escuchándolo muchos minutos después de haber sido pronunciado. Y al abrir la puerta, no fueron sino los rostros de miradas inquisitivas de Yoochun y Hangeng quienes le recibieron, pero había estado tan aturdido, tan dolido y desquebrajado que quizá su pálido semblante y la torpeza con la que se hubiese abierto paso logró que sus amigos no le detuvieran. Medio escuchó una que otra pregunta y medio musitó una que otra respuesta sin sentido, hasta que llegó a su habitación y consiguió encerrarse, deslizándose de espaldas contra la puerta cerrada hasta que llegó al suelo. Apoyó el rostro entre sus rodillas y dejó que los espasmos de dolor se apoderaran de su cuerpo. No entró a clases, y tampoco salió del cuarto en todo el día, ni para cenar. Quizá lamer sus heridas en soledad, sin nadie que le viera sufrir.

A Im Yoona no le mentía al decirle que Changmin y él ni siquiera eran amigos, pues cualquier relación que tuvieran o hubieran tenido, había terminado en cuanto descubrió que sólo había sido una herramienta en medio de la venganza de su madre. No había ninguna clase de sentimiento amoroso para él en el corazón de hielo del menor. No podía confiar en él, jamás debería haberlo hecho, haberle entregado el corazón (y el cuerpo) como lo hizo, pero ya no había marcha atrás; lo había hecho, y ahora sólo le quedaba recoger los pedazos e intentar remendarlo.

Sólo que no podía olvidarlo tan fácil. A pesar de todo, seguía sintiendo amor por ese desgraciado. Por más que trataba de odiarlo, no podía… Su corazón se negaba en rotundo y su cuerpo le secundaba, porque también extrañaba sus caricias, su calor, su aroma…

«¡Diablos, no!»

No podía, no debía olvidar todo lo que había padecido con ese desgraciado, arrogante, engreído y frío actor. Todavía sentía sus últimas palabras taladrarle el corazón.

“Te amo”. ¿TE AMO? ¡Era una cruel mentira! Changmin sabía que se había enamorado de él y trataba de aprovecharse. Le había dicho que lo odiaba, pero no podía odiarlo, porque no podía dejar de amarlo aunque no se lo mereciera.

No quería saber nada más de Changmin, y aun así, tuvo que verlo. Aunque fue una coincidencia.

Yoochun le había ido a buscar para llevarle algo de cenar, y aunque no tenía nada de hambre, lo tomó agradeciéndoselo; Entonces lo vio, acercándose por el pasillo. Ambas miradas chocaron por un instante. Su hiperactiva imaginación comenzó a trabajar a mil y se vio a sí mismo siendo atacado en su habitación, pero sacudió la cabeza y se dio prisa en girar hacia el músico.

—¿Quieres cambiar de habitación conmigo esta noche? —La mirada inquisidora que Yoochun le dedicó no le hizo retirar sus palabras. Ni siquiera vio la otra mirada inquisitiva que Changmin les dedicaba a ambos, reduciendo su paso para acercarse con exagerada lentitud hasta su habitación—. Vas a salir esta noche, ¿no? Te voy a facilitar las cosas. No tendrás que venir, tocar, cambiarte y salir. Saldrás a la hora que quieras y regresarás igual —Yoochun siguió en silencio—. Así que, ¿cambiamos?

Empero la mirada del músico se deslizó por encima del hombro de su amigo, notando cómo Changmin volteaba a verlos a ambos. Si la mirada del chico fuese tan transparente como la de Jaejoong, quizá habría podido leer en él la respuesta que quería que le diese al pelinegro. Pero leer a Changmin era como leer dentro de una caja fuerte, por lo que tomó a consideración lo que Jaejoong le proponía y asintió, escuchando cómo el menor cerraba de un sonoro portazo y el modelo sonreía.

Según parecía, la pelea entre ambos debía haber sido fuerte, pero Yoochun no podía hacer nada. Las cosas de pareja se arreglaban entre dos, se dijo mientras llevaba sus cosas a la habitación de Jaejoong y éste llevaba las propias hasta la del músico.

—Vamos, Jaejoong-ssi. No está bien que te hagas el sordo, respóndeme. —pidió la voz irritada de Yoona, quien le regresó de golpe a la realidad. Los ojos negros se clavaron en los castaños de la reportera—. ¿La relación oculta que mantienes con Changmin se terminará cuando te vayas a Seúl?

Jaejoong frunció el ceño molesto, se estaba cansando de que continuara con lo mismo. No podía seguir siendo sutil, tenía que ponerle un alto y ya. Colocándose de pie sin despegar la vista de la mujer, respondió.

—No. Ya le he dicho que yo no mantengo ninguna relación amorosa con ese idiota, ni con ningún otro hombre. Y no estoy interesado en relaciones gay de ningún tipo. ¿Me voy a Seúl? Sí. No tengo idea de cómo te enteraste. No dejo aquí ningún corazón roto —Esperaba—. No tengo ningún conocido en la capital, así que no voy a encontrarme con alguien allá, sólo voy a trabajar. ¿Satisfecha? —cuestionó cortante, pero Yoona le observó con una sonrisa en los labios, girándose después hacia el joven que sostenía la cámara tras ellos.

—Apágala, Taemin. —Jaejoong alzó la vista al instante, se había olvidado de que le estaban grabando. Ahora esa mujer tenía suficiente material para meterlo en problemas. Tal vez lo tacharan de agresivo, aunque ella se lo había buscado insistiendo sobre lo mismo sin cesar. Si llegaran a pasar toda la entrevista la gente lo sabría, pero bien sabía también que siempre editaban a su conveniencia y, muchas veces, sólo buscaban una nota escandalosa omitiendo ciertas cosas.

—¡Ya conseguiste lo que viniste a buscar! —atajó molesto, pero su mueca de fastidio cambió a una de dolor al recordar esa misma frase de labios de Changmin, aquella vez de su primer beso. Trató de mandar al fondo de su corazón ese sentir para poder dar por terminada esa entrevista, sin embargo, Yoona parecía tener otros planes.

—¿Por qué Changmin te dijo esto al terminar los Blue Dragon Film Awards? —Acto seguido, la mujer encendió la pequeña grabadora que tenía en mano y su voz inundó la habitación por segundos.

“¡Desgraciado!”

“Te lo advertí.”

Jaejoong se sintió perturbado, como si fuese un ladrón descubierto con las manos en la masa. Lo recordaba, claro que lo recordaba. Changmin lo había besado justo al momento en el que bajaba las escaleras rumbo al panel de entrevistas, donde aún se encontraba Jessica hablando con los reporteros. ¿Los había visto? ¿Era por eso que insistía tanto en preguntar por su relación con Changmin? ¡Maldición! ¿Hasta cuándo estaría Changmin metiéndolo en problemas? Acababa de obtener el papel principal en la obra de El Fantasma de la Opera, no podía salir una noticia escandalosa que se lo quitara. ¡No podía ser! ¿Y ahora qué podría decirle a la reportera? Maldición, ¿qué?

Los latidos de su corazón le ofuscaban, latiendo tan fuerte que casi podía sentir que las dos personas en la sala de prensa podían escucharle. Tenía que calmarse y adoptar una postura fría, serena; trataría de imitar el estoicismo de Changmin, mandando al fondo de su corazón todo lo que sentía. Apretó fuerte los puños y sin importarle que todavía hubiera un camarógrafo que quizá continuara grabando a pesar de la orden previa de no hacerlo, procedió a explicarse en voz baja pero suficientemente alta como para ser escuchado por ambos.

—Mantengo cero relaciones, amorosas o sexuales, en estos momentos —Al fin y al cabo, no estaba mintiendo—. Y en el pasado las tuve con Boa y con Jessica —Por lo menos las oficiales—. No ha habido ni habrá ningún hombre a quien pueda llamar ‘amor’ de verdad —Porque Changmin no lo quería—. Lo que traes grabado fue parte de una discusión previa y lo que casi suscitó la apuesta que me llevó a los BIFF. No intentes encontrarle tres pies al gato —sonrió al notar la expresión de desilusión en el rostro de la reportera—. Entre Changmin y yo hay una profunda revalidad. A veces nos toleramos, ya que estamos juntos en clases y un par de talleres, pero no hay amistad entre ambos.

—¿Lo odias? —La pregunta le hizo enderezarse en su lugar, extrañado. ¿Lo odiaba? Se lo había preguntado a sí mismo, pero la respuesta llegó demasiado rápido. Y así de rápido intentó desecharla.

—¿Debería? —devolvió a su vez, evitando que la respuesta se viera en su mirada. No sabía si aquella mujer podría leerle igual de fácil que lo hacían sus amigos, pero esperaba que no.

—No lo sé, dímelo tú. Changmin se caracteriza por ser muy agresivo. He sabido por una buena fuente que has tenido varios enfrentamientos con él en la escuela, incluso llegando a los golpes. Todavía ayer se encerraron para discutir. Primero en tu habitación, después en la de él. —relató Im Yoona con el orgullo de saberse capaz de sorprenderlo, pero Jaejoong no estaba dispuesto a dejarse sorprender.

—¡Vaya! Sólo falta que me digas de qué hablamos para que completes tu reporte —masculló mordaz. Empezaba a sentirse atacado y no sabía cómo reaccionar. Quizá lo mejor fuera terminar con eso—. Tus espías te tienen bien informada.

—Por supuesto, ese es el trabajo de las fuentes —enmarcó una mueca en forma de sonrisa—. Entonces, ¿lo odias? —insistió. Jaejoong bajó la vista. Debería odiarlo, pero no podía.

—No —concluyó dándose la vuelta para andar hasta la puerta, girándose antes de abrirla para dedicarle una sonrisa—. Con esto damos por terminada la entrevista. —Y entonces sí, salió a toda prisa rumbo a su habitación.

Im Yoona apagó la grabadora que había mantenido encendida bajo la mesa. Tal vez no había obtenido lo que había ido a buscar, pero no quitaría el dedo del renglón hasta averiguar a ciencia cierta si había o no alguna relación entre ese par.

—Vámonos, Taemin. Ya tenemos suficiente material.

—Claro. —asintió el chico guardando todo el equipo para salir de la escuela.



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Ese domingo había transcurrido más caluroso de lo normal, por lo que había decidido salir a nadar en la piscina del colegio, aprovechando que casi no había alumnos en la escuela y que, gracias al alboroto y la locura que causaban los Asian Film Awards en el mundo del entretenimiento, su trabajo como modelo se había pospuesto para dentro de un par de semanas más adelante.

Ahora corría por los pasillos que llevaban a las habitaciones del ala Este, destilando agua porque había salido a las prisas tras darse cuenta que la alfombra roja estaba casi a punto de empezar. Ni bien había tomado una bata de toalla para envolverse en ella había salido presuroso hasta su cuarto para darse una ducha rápida, cambiarse e ir con sus compañeros para escuchar lo que comentaban los críticos de moda sobre el traje que Boa había diseñado. No iba a perderse el desfile de estrellas y no, no era por ver a Changmin, sólo quería cómo calificarían a su amiga, ¡nada más! Changmin había dejado de ser importante. Se había convencido a sí mismo de que no había posibilidad alguna de regresar a sus brazos… o su cama, y con tal de reafirmárselo, Changmin parecía haberse cansado demasiado pronto de tratar de convencerle de que le amaba.

Al comienzo habían sido recaditos bajo la puerta al encontrarla cerrada, al igual que con la del balcón, pero no había leído ninguno, rompiéndolos en mil pedazos para arrojarlos al cesto de basura. La primera noche tras volver a ocupar su cuarto lo escuchó tocando el cristal, tratando de abrir la puerta, pero la había cerrado bien y las cortinas impedían ver el interior; por lo que no pudo notar cómo se cubría la cabeza con la almohada para no escucharle, luchando por mantener a raya sus sentimientos y su cuerpo bajo control. Porque de haberles dejado libres, sin importar lo que Changmin había hecho, habría corrido a él para entregarse, para amarse aun si el actor sólo le estuviera utilizando.

—Jaejoong, por favor, abre… Tenemos que hablar.

Y así apretó más la almohada sobre su cabeza para bloquear el sonido. Su corazón latía tan apresurado que creyó en cualquier instante se saldría de su cuerpo, pero aguantó aquel martirio y, poco a poco, fue quedándose dormido, arrullado por la voz del menor quien tono quedo le pedía una y otra vez que le abriera.

Llegó a las escaleras del ala Este y casi resbala por el agua que aún destilaba. Ya no había nadie por los pasillos, lo que quería decir que quienes se habían quedado el domingo en el colegio ya se encontraban en la sala de estar. Al llegar a su habitación sacó las llaves del bolsillo de la bata, abriendo la puerta a la carrera y estampándose de espaldas contra ésta cuando dentro se encontró con quien menos esperaba ver.

—¿Qué diablos haces aquí? —alzó la voz alterado. Aquello tenía que ser una broma provocada por sus estúpidos pensamientos de recién—. Changmin… ¿Cómo entraste? Todo estaba bien cerrado. —Recordaba perfecto haber echado llave a las puertas de la entrada y el balcón.

Pero el alto chico no se movió de su lugar, sentado en la silla del escritorio con las piernas cruzadas mientras su mirada se escurría por la figura semi cubierta del modelo. Jaejoong se dio cuenta y se sintió estremecer. ¿Por qué algo tan simple le hacía reaccionar así? Debería que dejar de sentir cosas por ese desgraciado, pero le era inevitable, su cuerpo reaccionaba sin su permiso. En un intento por controlarse, apretó los ojos y puños con fuerza, adelantándose para reclamarle.

—¡Dime cómo diablos entraste! —exigió, mirando entonces cómo Changmin le mostraba una tarjeta de crédito Amex Black.

—Es increíble lo que puedes hacer en estos días con un pedazo de plástico. —Jaejoong frunció el ceño molesto.

—¡¿Sobornaste a una de las mucamas pasando con eso en lugar de efectivo?! —Changmin se levantó de su sitio con suma seriedad, lo que hizo que el pelinegro retrocediera.

—No seas idiota, sólo forcé la puerta del balcón. —Jaejoong parpadeó un par de veces hasta que vio por sobre el hombro del menor cómo las cortinas del balcón se agitaban. De nuevo su hiperactiva imaginación le había hecho pensar de más.

Ignoró por completo la burla del chico y trató de serenarse ante la increíble presencia de Changmin tan cerca. Tenía que calmarse, mandar al fondo de su alma todo lo que su simple presencia le provocaba. Tenía que ser tan frío y controlado como lo era él, o por lo menos aparentarlo. Pero estaba tan consciente del aroma que la figura del actor desprendía, de ese olor a colonia cara que tan bien conocía y le ponía los vellos en punta, que el controlarse le resultaba una tarea titánica.

Sabía ya lo que un simple beso le podría ocasionar, la reacción que había aprendido a aceptar gracias a aquella maldita apuesta; pero ahora también descubría que su sola presencia bastaba para hacerle estremecer. La sola mirada ajena recorriéndole le provocaba escalofríos que iban de la cabeza a los pies, sin que pudiera detenerlos. Necesitaba calmarse, serenarse, y eso sólo lo lograría hablando, hablando mucho para olvidar todo lo que Changmin le hacía sentir.

—Deberías estar ya en los premios. —rompió el tenso silencio.

—Todavía tengo tiempo —aseguró tranquilo y arrogante—. Soy uno de los invitados principales, así que puedo darme el lujo de llegar casi al final de la alfombra roja si me place.

—El mismo arrogante de siempre. —revoleó la mirada un instante antes de regresarla al actor. Lo estudió por un instante y sonrió—. Me gusta. —señaló al frente, con lo que Changmin le regresó una mueca a modo de sonrisa.

—Ya sé que te gusto. —Jaejoong arrugó el ceño, sabiendo que distorsionaba sus palabras para usarlas en su contra.

—¡Tú no, idiota! El traje que te hizo Boa, porque es ese, ¿no?

—Sí, pero no he forzado la puerta y venido hasta acá para hablar los Asian Film o el traje de tu amiga. Quiero que sepas…

—¡No quiero oír nada! —negó enfurecido, evitando que más mentiras salieran de la boca del actor, mentiras que sus oídos pudieran atender y creer—. Ya te escuché lo suficiente y no has dicho nada nuevo.

—Jaejoong, ¿por qué no crees que te amo? —El menor intentó acercarse, pero el modelo alzó la mano para indicarle que se detuviera.

—¡Porque te odio! —Y aunque intentó imprimir fuerza en la declaración, lo único que había conseguido salir había sido un quejido incapaz de convencer a nadie.

—No, tú me amas. —No lo había conseguido. Pero algo debía hacer para que le creyera, aunque… ¿cómo convencer a Changmin de algo de lo que no podía ni convencerse a sí mismo?

—Lo que te dije aquella noche fue sólo un arrebato de pasión. No era cierto. —Mintió. Bien sabía que cuando un hombre buscaba llevar a una mujer a la cama era común decirle que le amaba, y quizá ahora funcionara igual; si bien cuando se había confesado a Changmin, ya se había entregado en cuerpo y alma.

—No fue la primera vez que te oí decirlo. —aseguró el castaño con tal calma y claridad, que cuando las palabras taladraron la mente del pelinegro, la inseguridad asomó a su rostro.

—¿Eh?…

—La noche que quisiste matarme —Los ojos negros de Jaejoong se abrieron al momento. Sus manos habían actuado siguiendo las órdenes de su cerebro y por poco y lo había ahorcado—. Te seguí hasta el teléfono público y te escuché hablar.

El corazón de Jaejoong casi botó de su pecho. Había corrido como loco fuera de la escuela hasta aquella cabina telefónica, marcando un número que se sabía de memoria. ¿Changmin le había escuchado hablar con el amigo? ¿Qué tanto había escuchado? ¿Qué tanto sabía de sus verdaderos sentimientos? ¿Le había escuchado decirle al amigo que lo amaba? ¿En dónde se había escondido que no lo había visto? Aunque… había estado tan afectado, tan aturdido que bien habría podido estar a sus espaldas y no se habría percatado.

—¿Cuánto oíste? —ahogó intentando controlar sus brazos y piernas que temblaban de miedo.

—Lo suficiente. Sé que me amas, sé que…

—¡No! —gritó fuerte—. Sólo fue una confusión provocada por el shock de la violación. ¡Y no digas que no lo hiciste! Te pedí muchas veces que te detuvieras y no paraste. —declaró, desesperado por aferrarse a esa versión.

—¡BASTA, JAEJOONG! —Changmin apresó al mayor contra la pared de la habitación, donde su calor le impregnó por completo, acalorándolo al acto.

—¡Suéltame! —forcejeó, jalando de la tela del traje con fuerza, si bien Changmin no se movió, sino que oprimió más su cuerpo contra el mayor.

La bata se abrió por el movimiento y la piel blanca y cremosa bajo la gruesa tela de toalla quedó expuesta.

La mirada oscura se clavó en la castaña, pero por más que intentaba soltarse no lo conseguía. Changmin lo tenía bien sujeto, sin signos de querer liberarle. ¿Qué pretendía? Volvió a jalar la tela del saco y un pequeño rasgón, como si la tela hubiera cedido, resonó.

—Procura no romper el traje que con tanto esfuerzo hizo tu amiga para mí.

Las manos de Jaejoong se detuvieron de inmediato, recordando que aquel traje era la calificación de Boa, no podía arruinarlo. La chica había trabajado tanto en él, incluso cosiendo por las noches y fines de semana para olvidarse de toda diversión. No, no iba a ser él quien rompiera la primera oportunidad de su amiga de fungir como diseñadora profesional. ¿Acaso Changmin lo había planeado? ¿Por eso se había vestido con aquel traje, a sabiendas de que él no podía hacer nada para librarse si le llegaba a sujetar?

—Eres un idiota, lo tenías planeado. —acusó, pues bien sabía que el actor no era alguien que actuara por impulso, todo lo tenía siempre bajo control, bien planeado… como tomarlo a él como amante.

—¿Cómo no quieres que me abalance sobre ti dejando tan poco a la imaginación con un traje de baño tan ceñido como el que llevas puesto? —La mirada del menor le recorría hambrienta, y un instante después le asaltó por sorpresa.

Jaejoong sintió entonces aquellos labios apoderarse de los suyos con salvajismo, lo que produjo en su cuerpo un chispazo de pasión que desbordó ante el sólo roce de sus bocas. Había estado esperando ese ataque casi desde que le viera cómodamente sentado en la silla de su escritorio y quizá fuera por ello, su cuerpo permaneció controlado, cerrándole el paso a aquella lengua que insistía por entrar a paso acelerado; ni siquiera sus manos se movieron para responder a esas caricias. La frustración de Changmin ante la poca respuesta pronto le fue palpable, pero no estaba dispuesto a ceder esta vez a un impulso que lo llevaría a su propia destrucción.

—Respóndeme. —demandó el actor contra la piel de su cuello, volviendo a apoderarse de su boca. Pero una vez más, mantuvo sus labios sellados y sus manos empuñadas evitando así ceder ante él.

El duro miembro del menor se rozaba contra su vientre, estremeciéndole pese a que su cuerpo consiguiera mantenerse, ante todo, bajo control. Sus manos se mantenían a sus costados y sus ojos fuertemente cerrados, luchando por no responder a las caricias que le enloquecían, a los labios que presionaban intentando acceder, pero no, no respondería, no cedería… Obligaba a su cerebro a recordar las duras palabras de la madre del actor; a su cuerpo a recordar cómo había sido utilizado por ese frío actor como instrumento de venganza; y a su corazón, hacerle entender lo mucho que Changmin le despreciaba…

Ante la frialdad de Jaejoong, el menor coló una de sus piernas entre las del modelo, obligándole a abrirlas sólo para conseguir enterrarse en su entrepierna, lo que le hizo respingar de dolor. Oportunidad que él aprovechó para profanar la boca del pelinegro y besarlo con pasión, salvajismo, probando y recorriendo su interior con hambre, de manera que la sangre del mayor corriendo a toda velocidad inflamó su cuerpo, alertando a los sentidos que tanto había intentado controlar. Sintió la lengua de Changmin abrirse paso en su boca y haciéndole reaccionar al acto, endureciendo su intimidad sin que él pudiera hacer más por evitarlo. Aquellos besos cargados de deseo, de pasión, le arrebataban todos los sentidos, haciéndole olvidar todo cuanto le había hecho sufrir, cuanto le había lastimado al saberse tomado sólo por venganza.

El calor que las manos del actor le proporcionaba era abrasador, quemaba su piel por dentro. Los largos dedos deslizándose con lentitud a lo largo de su pecho incendiaban la pálida dermis, llevándose en su camino la bata hacia su espalda, para llegar a su trasero.

—¡Detente! —exigió cuando aquella mano hubiera conseguido deslizarse bajo el traje de baño, apretándole las nalgas para presionarlo contra su cadera y hacerle notar cuán excitado se encontraba. Pero para su sorpresa, Changmin sí se detuvo.

Escuchaba su respiración errática y acelerada junto a la propia. ¿Hacía cuántos días que no tenía intimidad con nadie? ¿Sería por eso que había reaccionado tan rápido ante aquellos besos y caricias? No lo sabía, aunque sí se sentía desilusionado de que se hubiese detenido. Hubiera deseado…

¿Pero en qué tonterías estaba pensando?

Abrió de golpe los ojos, topándose de lleno con la mirada ajena fija en su rostro. Parecía haberse recuperado demasiado rápido. ¿Qué había pretendido atacándole de esa forma? ¿Desahogar sus nervios antes de ir a la ceremonia? Ceremonia que iba a perder si no se iba ya mismo…

—¡Lárgate de aquí! —exigió enojado—. No volverás a conseguir nada más de mí. ¡Nada! ¿Escuchaste, Témpano de Hielo Shim?

Changmin se separó sólo un poco, si bien era aún capaz de sentir a la perfección su calor cerca suyo. ¿Por qué le había soltado? Nunca antes lo había hecho, y cuántas veces le había pedido que se detuviera sin que le hiciera caso.

—Pregunta —le escuchó decir de pronto. Jaejoong no entendió, aunque el menor le veía fijo—. Tienes tatuado en la cara el signo de interrogación, así que pregunta. ¿O prefieres que adivine? —Con un demonio. ¿Por qué tenía que ser tan transparente?—. ¿Quieres saber por qué me detuve? ¿Por qué no continué con lo que hacía si ya había logrado romper tus defensas? —Jaejoong sintió sus mejillas arder, sabiéndose descubierto ante lo bien que el chico le conocía. Sí, era verdad que había logrado romper su defensa, y quizá si hubiese continuado… Para qué negarlo, era más que probable que hubiese caído.

Entonces… ¿Por qué?

—Porque me lo pediste. Me detuve porque me pediste que lo hiciera —Los ojos oscuros se abrieron de la impresión—. Las cosas jamás volverán a ser como antes.

—Eso ya lo sé, ¡estúpido! —ahogó amargo, sin perder tiempo en darle la espalda.

Respingó cuando sintió el toque tibio de la mano ajena sobre su hombro desnudo, pero pronto se apartó y cerró la toalla que había permanecido abierta. Al girarse lo acusó con la mirada.

No quería continuar viéndolo, pero ahí estaba él, ocupando toda su habitación con su presencia. ¿Por qué se empeñaba tanto en seguir molestándolo? ¿Por qué? Si lo único que quería era vengarse de su madre, ya lo había hecho, ¿no? ¿O acaso faltaba algo más?

¡No quería ni imaginarlo! Si lo había convertido en su amante por venganza, ¿qué faltaba por hacer? ¿Destruirlo por completo?

Tenía que largarse. Necesitaba sacarlo de su habitación y tal vez, sabía cómo, aun sí muy dentro no deseaba que se fuera…

—¿Por qué no te has ido ya? —Y aunque había sonado fuerte y hostil, su voz se volvió después un murmullo—. Vas a perder la ceremonia.

—Me alegra que te preocupes, pero todavía tengo tiempo de llegar. Sólo quiero que me prometas que esta noche verás la TV. —Jaejoong arqueó las cejas por el asombro. ¿Changmin le pedía ver la televisión? ¿Para qué? Aunque el hecho de picarle la curiosidad le obligaba a verla, no era algo que tuviera que importarle al actor.

—Eso no te importa. Yo sé si la veo o no, y si te veo o no a ti. Todo lo que a mí concierte no tiene por qué importarte. —aseveró con tono duro, pero la mirada de Changmin no cambió, igual de inmutable y fría. No obstante, lo que diría después no coincidiría con su semblante.

—Pero me importa —afirmó, y un segundo después lo acorraló contra la pared—. Lo que pienses, lo que sientas, hasta lo que te haga reír, llorar o sufrir.

—¡Eres un maldito mentiroso! —lo encaró para empujarlo, obligando al menor a retroceder un tanto. A punto estuvo de insultarle, de recordarle cuánto le había hecho sufrir con la presión para volverlo su amante cuando aquellos ojos castaños le detuvieron. Pero… ¿por qué Changmin le veía así? Como si quisiera decirle algo, transmitir, convencerle de algo que jamás podría creerle.

—Jaejoong… —Dio un paso para acercarse a él, pero el modelo retrocedió asustado hasta la puerta. No le gustaba esa mirada. Prefería mil veces la fría, autosuficiente e imperturbable que ya conocía, a esa que no entendía… o no quería entender.

—Vete. —musitó firme, si bien desvió la vista lejos de él.

No quería seguir viéndole ahí, donde percibía su olor y su mirada de deseo y algo más, que tanto le hacía reaccionar. Estaba casi seguro de que si Changmin continuaba insistiendo, si llegaba a robarle los sentidos como hacía unos momentos, quizá… No, no quizá, estaba seguro que caería y volvería a su cama aunque no a su corazón.

—No quiero escucharte, no quiero verte ni saber de ti. Ojalá te fueras de esta escuela o te ocuparas suficiente como para no verte hasta que me vaya. Pero no voy a preocuparme, ocuparé mi agenda a tal grado que…

—Sólo ve la TV esta noche, y ojalá eso baste para convencerte —le interrumpió—. Y ahora sí, tengo que irme o no alcanzaré a hablar sobre el traje que llevo puesto.

Sin esperar más, el menor avanzó hacia él, aunque Jaejoong se hizo a un lado para evitar a toda costa su cercanía. Sus ojos oscuros no perdieron ni un solo movimiento del actor. Puro ver una de esas finas manos tomar el pomo de la puerta y comenzar a girarlo. La puerta se abría, Changmin empezaba a salir por ella y Jaejoong sintió en ese momento cómo su corazón saltaba a latir desenfrenado; como si esos pedazos que había comenzado a enmendar fueran a caer nuevamente al suelo.

Lo amaba…

LO AMABA

Y Changmin estaba a punto de irse de su habitación, y no sabía si de su vida. Pero debía ser fuerte, porque el menor no le amaba, aunque lo jurara o lo gritara a los cuatro vientos, no podía, no debía ni quería creerle.

Bajó la vista lastimera por instantes, pero más pronto volvió alzarse cuando algo tibio le tomó por la barbilla. Se encontró de frente con aquellos ojos castaños que le miraban insistentes y no supo qué decir, la voz se le fue y sólo fue capaz de sentir aquella corriente recorrerle desde la barbilla hasta los pies. No pudo moverse al notar que el rostro del actor se acercaba y, de improviso, le plantaba un suave beso en los labios, tan sólo rozando sus labios con los propios.

Se sintió acalorar, con su cuerpo reaccionando ante aquella tierna caricia que, sin darse cuenta, le provocó a cerrar los ojos para disfrutar de aquel beso que no parecía exigirle nada, si bien la alarma en su interior se lanzó en advertencia; se separó de golpe y arrugó el ceño.

—Sólo quería algo de suerte para esta noche. —aseguró el más alto, dejando entrever su conocida sonrisa torcida. Jaejoong curvó la boca con disgusto, luchando por no enrojecer.

—¡Pero tú no necesitas suerte! —protestó enfurecido.

—Ojalá te no te equivocaras, porque esta noche es cuando más suerte necesito… —Jaejoong estaba aún enojado, por lo que no alcanzó a comprender aquellas palabras.

—Pues ve y búscala con Fukutaro —recriminó con el enojo a tope al recordar que aquel había sido uno de sus tantos amantes. Changmin arrugó el entrecejo y Jaejoong notó que el comentario le había molestado; él no tenía la culpa de que tal vez hubiese acabado mal su relación de amantes—. Ya te dije que no volverás a conseguir nada más de mí. Ahora, ¡lárgate! —señaló la puerta con un grito, tras lo cual Changmin salió con un sonoro portazo.

¿Suerte? ¿Desde cuándo a Changmin le importaba ganar un premio?

Las yemas de sus dedos se deslizaron sobre sus labios, acariciándolos ligeramente, recordando ese último beso que le transportaba a aquella última vez en que hubieran hecho el amor.

¿Amor?

¿Realmente habían hecho el amor?

En esos momentos, ya no sabía qué pensar.



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Era tarde, lo sabía, pero nunca había llegado temprano a esa clase de eventos, ni siquiera cuando niño; tiempos en los que acudía gustoso en compañía de su madre… o quien creía que era su madre. Sonreía y contestaba todo cuanto le preguntaban.

A los 12 años dejó de asistir a la mayoría de ellos, y si por alguna razón se veía obligado a ir, se las arreglaba para colarse por la puerta trasera con tal de no ser visto por los paparazzi. Dentro del evento, era acompañado por su representante, quien contestaba por él cuestiones de la prensa autorizada a estar dentro.

Dejó de sonreír y empezó parecer siempre molesto. Se negaba a responder a los reporteros y, en su contrario, comenzó a pelear con periodistas y camarógrafos, ganándose el calificativo de conflictivo, agresivo e inaccesible; convirtiéndose así en el chico malo del cine. No obstante y para coraje de la prensa, su carrera iba en ascenso.

Así había llegado a ser ahora quien era, un actor de renombre y capaz de influir en la gente –según la revista Asta TV–. Su nombre en la cartelera era sinónimo de taquilla en toda Asia Oriental, razón por la que le buscaban tanto. A lo largo de su carrera había conocido mucha gente y recibido muchos premios, pero nunca el Bambú de Oro –El más codiciado por todos–, y esta sería su única oportunidad de obtenerlo… como actor, porque iba a retirarse para dedicarse a lo que más le apasionaba hacer, donde esperaba ganar muchos más.

Giró la vista de nuevo hasta al interior de la limusina, asintiendo a lo que su acompañante decía para regresar al exterior.

Hubiese deseado que fuera Jaejoong quien le acompañara, como en los BIFF, pero el enojo del modelo –Bien justificado– le había impedido escucharle. Sabía de antemano que antemano  que ni habiendo ido a verle pocas horas antes de la ceremonia influiría en su decisión de acompañarle (¡Ah, qué bien le conocía!), por lo que ahora, llegaría con alguien a quien nadie esperaría ver en ese lugar; ni siquiera Jaejoong. Aunque también sabía que aquella presencia a su lado no haría diferencia en el enojo del pelinegro. Ojalá se equivocara, pero bien sabía que Jaejoong era tan o más orgulloso que él.

Y tanto que le criticaba su orgullo.

La limusina avanzó lento al ir llegando al Centro de Convenciones Plaza. Las luces de los grandes reflectores iluminaban el cielo y los flashes de las cámaras guiaban el camino de los actores invitados. El tumulto de la gente alrededor del auto hizo que Changmin despertara de sus pensamientos. Habían llegado.

La puerta a su lado se abrió y pronto apareció ante su vista el inicio de la alfombra roja rodeada por un millar de luces centelleando. Tener el privilegio de contar con un jet privado que le ahorrara varias horas de viaje le había dado, también, la oportunidad de llegar pocos minutos antes del comienzo de la ceremonia, pero sabía que sería tiempo suficiente para cumplir con la diseñadora de su traje.

Suspiró un par de veces y apartó aquella máscara de frialdad por una expresión más cálida.

—Vamos. —animó en voz alta al salir del coche para ver al exterior del Plaza.

La gente a los alrededores gritaba su nombre, las cámaras de los fans deslumbraban, los anfitriones de la alfombra, los conductores de los programas de chismes, un par de helicópteros dando vueltas en el cielo; todos estaban ahí guardando por ver al actor que llegaba y destrozarlo o elogiarlo. Lo primero que le criticarían sería su tardanza, pero poco le importaba.



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Jaejoong se había dado su tiempo para darse un baño a consciencia, borrando de su piel y sentidos el aroma que el actor había impregnado por todo su cuerpo. Se había cambiado y encaminado no sin cierta ansiedad hasta la sala de estar donde ya estaban casi todos reunidos, donde buscando no tener que dar explicaciones por su tardanza, se siguió de largo hasta la pequeña cocina para preparar unas palomitas en el microondas y servirse un poco de refresco de dieta.

Cuando la puerta de entrada se abrió, nadie hizo caso, siendo que la mayoría se encontraban sentados y acomodados conversando. Ese día se caracterizaba por la poca afluencia de maestros o censores que les restringieran la comida o la bebida, si bien el alcohol era algo que sólo metían de noche.

Al alzar la vista, Jaejoong abrió los ojos asombrado de encontrarse con la última persona que esperaba ver en domingo.

—Yoochun, ¿qué haces aquí? —preguntó apenas meter las palomitas en el microondas. El músico sólo sonrió un poco—. No me digas que te volviste a enojar con ella… —Pero su amigo negó.

—Tuvo un evento familiar al que no podía faltar. Me invitó, pero preferí no asistir —Jaejoong apenas estaba abriendo la boca para preguntar cuando Yoochun se le adelantó a explicar—. No le caigo muy bien a su padre.

—¿Cómo? Pero si tú eres muy agradable, su hija no puede estar en mejores manos. —afirmó porfiado, con el tronar de las rosetas de fondo.

—Gracias, aunque él no está muy de acuerdo con nuestra relación. La mantuvimos en secreto por algún tiempo, así que ya era tiempo de que se enterara y no le gustó… nada. —confesó con pesar.

—Lo lamento, Chun —Aunque él no entendía el porqué de tanto secreto. Al menos estaba enamorado de una chica y no de un hombre—. Estoy seguro que se solucionará pronto, cuando él te conozca mejor y sepa lo mucho que su hija te ama, terminará por aceptarte.

—Ojalá sea así. Por lo pronto dejaré de quedarme los fines de semana como antes, pero seguimos viéndonos en la sinfónica y los miércoles en la noche, que es cuando me escapo del colegio para verle.

—¡Genial! Eso quiere decir que ya están bien ustedes dos. —se animó Jaejoong intentando infundirle algo de esa alegría a su amigo, que lucía tan cabizbajo.

—Sí, y es gracias a ti, Jae… —susurró el músico tan bajo que el pelinegro fue incapaz de oírle, por lo que sólo se dedicó a ayudarle a llevar las cosas a la sala de estar.

En el interior de la misma, todo estaba dispuesto. La legión de estudiantes se encontraba dispersa, ya acomodados frente al televisor sin bajar el volumen de sus conversaciones mientras escuchaban las críticas hacia las vestiduras con que iban apareciendo los famosos. Algunos esperaban por ver la llegada de Changmin con impaciencia, hasta que a alguien se le ocurrió iniciar con las apuestas.

—Apuesto a que Changmin llegará con Taeyeon —codeó uno de los chicos a Jaejoong—. ¿Tú qué dices, Jae? —insinuó tratando de sacarle información a quien más parecía conocerle en algo. Al fin y al cabo, eran rivales declarados.

—No creo, va a llegar con su representante, seguro —dijo otro al voltear a ver al modelo, que seguía sentado con las palomitas en la mano—. ¿Verdad, Jaejoong? Como en la mayoría de las premiaciones, excepto en los BIFF, que fue contigo. —bromeó de buen ánimo, pero cuando Jaejoong se metió un puñado de rosetas a la boca y perforó con la mirada al chico, éste dejó de sonreír y retrocedió un poco.

—Eso fue sólo porque perdí una apuesta con él, así que no esperen que apueste con ustedes. ¿Yo cómo sé con quién va a llegar? Tiene bastantes conocidos como para ir con quien sea. Pero si yo fuese a apostar, diría que llegará a la persona que más quiere en el mundo… —Las miradas de extrañeza general recayeron sobre él ante el deje de amargura en su voz—. Consigo mismo. —Algunos rieron, pero Yoochun y Hangeng se preocuparon de notar tanta seriedad en su amigo.

Jaejoong regresó la mirada al televisor sin escuchar las bromas que continuaron sobre el actor. La mayoría sólo estaba apostando. Él, sólo esperaba ver las críticas al traje de Boa que, quizá, el muy engreído no iba a llevar.

—¿Jaejoong? —llamó Yoochun sentándose a su costado—. Si estás tan enojado con Changmin, ¿por qué estás así? —Hangeng se había acercado al sofá donde ambos se encontraban, pero no dijo nada. Jaejoong frunció el ceño de vuelta. ¿Acaso no podía ni ver la TV a gusto sin que ese desgraciado apareciera en el tema de conversación?

—Estoy enojado con ese ególatra, Témpano de Hielo de Shim, no con la TV y su contenido. Además, quiero saber qué crítica le darán al traje de Boa, claro, si es que el idiota se lo iba a llevar. —Aún cabía la posibilidad de que se hubiese cambiado de ropas antes de llegar a la premiación, al fin y al cabo pudo haberlo rasgado al forcejear con él hacía rato.

—No creo que Changmin haya dejado el traje aquí. Estoy seguro que vestirá lo que le diseñó Boa —aseguró Hangeng ante la mala cara que el modelo mantenía—. Ah no, no me veas así —recriminó al sentir los ojos de pistola sobre él—. Él me prometió arreglarme una cita con el secretario del embajador ruso y lo cumplió —aseguró sonriente, en lo que no perdió tiempo en sacar la cartera de su bolsillo para mostrarle su interior—. ¡Miren! Mi visa de trabajo.

Jaejoong cerró los ojos con pesar. Hangeng viajaría para estar con su novio en poco tiempo, sólo estaba esperando esa visa para irse y sabía que Changmin cumpliría su promesa de mover sus influencias para ayudarle. Lo sabía, pero no podía aceptarlo: Changmin no siempre mentía.

Su corazón empezó a latir fuerte, desesperado y doloroso. Alzó una mano para tocarlo, como si eso bastara para tranquilizarlo. ¡No! Changmin no lo amaba, ni le amaría nunca. Tal vez se lo había dicho, pero había sido sólo porque quería conseguir que lo acompañara a los Asian Film o porque… porque… ¡Porque quería tenerlo de vuelta en su cama! Sí, eso seguro.

—¡Miren, miren! ¡Llegó Changmin! —fue el llamado de alarma dentro de la sala de estar—. No ha bajado nadie más del auto, ¿irá solo?

El sonido distorsionado de las voces de sus compañeros distrajo sus pensamientos y logró que Yoochun y Hangeng voltearan hasta la pantalla por igual. Al parecer, no se habían dado cuenta de que no les había puesto atención.

—No creo que haya ido solo —dijo otro de los apostadores—, aunque no va a entrar con Taeyeon ni con Rain, ambos llegaron juntos hace rato.

—Va a entrar solo —aseguró alguien más con pesar—. Si Jaejoong hubiera apostado nos habría ganado.

Pero el pelinegro sólo los observó sin decir nada, metiendo otro puñado de palomitas a su boca. Estaba tan ansioso como ellos por saber con quién llegaría el alto actor, pero se encargaba de mitigar su curiosidad comiendo.

Changmin tomó la mano de su acompañante y el color negro y dorado de un hermoso vestido de fiesta comenzó a ondear con el viento nocturno, en tanto la bella mujer de largos cabellos oscuros y facciones occidentales descendía de la limusina con una radiante sonrisa; la cual amplió al tomar del brazo al actor.

Las palomitas cayeron de la boca abierta por la sorpresa de Jaejoong. ¡No podía ser! Changmin jamás la llevaría a ella. Tenía que ser su loca e hiperactiva imaginación haciéndole otra de sus bromas. Pero si fuera su imaginación, ¿por qué parecía que todos sus compañeros se habían encontrado con su misma sorpresa?

—¿Quién es ella? —fue la pregunta generalizada—. ¿Una modelo?

—No, debe ser alguna actriz extranjera. Changmin es americano, su familia lo es. —aseguró otro de los presentes, muy seguro de sus palabras.

—Changmin es coreano —aclaró Jaejoong, asombrando a los chicos—. ¿Qué? Su padre lo es, por lo tanto es coreano. Además, toda su vida ha vivido aquí.

—¡Miren! ¡Ya lo van a entrevistar! —el aviso hizo que todos guardaran silencio y regresaran su atención al televisor. Jaejoong dio gracias al cielo por ello, casi había metido la pata al hablar de la familia del actor y su nacionalidad. ¿Cómo era posible que si se odiaban a muerte pudiera saber tanto de él?

La primera reportera en la alfombra se acercó casi corriendo al actor y a su acompañante, micrófono en mano y camarógrafo detrás. Im Yoona se detuvo al ver que le habían ganado la entrevista. No tenía más remedio que esperar a que la chica terminara para poder acercarse.

—Changmin-ssi, ¿nos concede unas palabras por favor? —pidió la joven con una sonrisa, y el aludido sólo cabeceó en acuerdo sin soltar a la mujer que le acompañaba—. ¿Espera ganar el Bambú de Oro?…

Changmin escuchó y respondió con paciencia cada cuestión, hasta que la medio sonrisa apareció cuando llegó la hora de las preguntas clave.

—… Podemos ver que volvió a escoger un traje Armani, aunque este estilo es más juvenil y moderno que el clásico al que nos tenía acostumbrados. ¿Armani sacará nuevos trajes esta temporada?

—Este no es un Armani —aseguró el actor, que no perdió detalle de la expresión sorprendida de la reportera—. Es un Kwon…

Las lágrimas de Boa aparecieron al tiempo que entrelazaba sus manos con esperanza y un sonoro “OOOOOOOOHHH” se soltaba en toda la sala del ala Oeste (que era la de las chicas). Muchas eran las personas que sabían que la pelicorto estaba confeccionando un traje para el actor, pero la mayoría creía que Changmin no lo usaría. Aquello claro, los había acallado a todos por la sorpresa.

—¿Kwon? ¿Es algún diseñador chino?

Jaejoong dejó la mano con las palomitas flotando en el aire. Al parecer, Changmin estaba cumpliendo con lo que había prometido, ahora sólo faltaba la crítica que le dieran al traje de corte oriental que Boa había diseñado. No podía negar que le sentaba de maravilla el diseño, el pendiente que llevaba en su oreja le hacía lucir como un rebelde, acentuando aquella aura que de por sí le rodeaba siempre.

—Boa Kwon es una amiga del colegio, ella hizo este traje para mí.

Jaejoong tragó despacio. ¿Desde cuándo ese pesado y frío actor consideraba a Boa como su amiga? Seguro la pelicorto estaría en ese momento muriéndose de la emoción, como si no la conociera bien. Posteriormente, se vio cómo la reportera señalaba al camarógrafo para que le tomara de arriba abajo el diseño del traje, porque la crítica venía ahora…

—Es magnífico, Changmin-ssi, no cabe duda de que su amiga llegará lejos en el mundo del diseño. Este traje es un modelo juvenil, muy al estilo oriental con su cuello mao —comenzó a indicar la reportera a la cámara, señalando así cada parte del atuendo para que la gente que sintonizaba el canal lo apreciara—. ¿Y ya vieron ese pendiente de zafiro? Creo que ha sido un detalle muy atinado, cierra a la perfección este magnífico look.

Aunque ella no era la experta en moda, su opinión era tomada en cuenta por muchos famosos. Por otro lado, se sabía que la verdadera crítica se daba a las espaldas de los actores y no de frente. Las brujas de la moda, como las conocían todos, estaban en la tvN, listas para repartir ponzoña a diestra y siniestra en cuanto los invitados a los Asian Film pasaban por su lado. Esa sería la prueba de fuego para el traje de Boa, y estaba cada vez más próxima. Sin embargo, la siguiente pregunta de la reportera era la que más les importaba a todos en ese momento.

—Y díganos Changmin-ssi, ¿quién es la hermosa mujer que le acompaña en esta ocasión a los Asian Film? Creímos que llegaría con Taeyeon o con Kim Jaejoong.

Changmin tomó la mano de su acompañante para acercarla al frente, donde pudiera ser captada por la prensa. Ella sonrió de manera amplia.

—Ella es la mujer más importante en mi vida, mi madre, Mia Shim. —La sorpresa acudió al rostro de la reportera y de todos aquellos a su alrededor. Nadie parecía haber imaginado que la madre del actor acudiría con él al evento más importante del año.

La noticia comenzó a correr con rapidez entre todos los reporteros y, en pocos segundos, todos los canales que transmitían la alfombra roja daban a conocer que la mujer que acompañaba al actor Shim, no era sino su madre. Muchos esperaban ya con ansias poder acercarse a entrevistarlo, pero Changmin no estaba dispuesto a ser acorralado por aquellos a quienes tanto detestaba, así que sólo hubo presentado a su madre musitó un ‘Con permiso’ y se dio a la tarea de seguir su camino.

Muchos otros se acercaron a intentar entrevistarlo, pero sólo concedió un par de palabras a cada uno de los que aún se encontraban a los lados de la alfombra entrevistando y criticando, incluidas las ‘brujas’ de la tvN, quienes se deshicieron en elogios para el novedoso traje que portaba el actor, así como el sobrio y apropiado traje de su madre.

—¿Puede decirnos cómo se encuentra sentimentalmente? —Esa cuestión hizo que Changmin se detuviera y que los ojos almendrados de su madre se centraran en los de la reportera que sonreía tan amplío.

—Im Yoona —reconoció el actor con seriedad—. Me preguntaba cuándo sería el momento en que te presentarías —acusó a la mujer que no dejaba de sonreír—, pero sólo diré una cosa al respecto: Sentimentalmente estoy bien, salgo con la misma persona desde hace unos meses y espero seguir con ella por mucho tiempo más. Con tu permiso, debemos llegar.

Jaejoong casi escupió las palomitas al escuchar semejante declaración. Se imaginó de pronto que la reportera mencionaría su nombre al aire y confirmaría –a pesar de que lo había negado– que era él a quien Changmin se refería. Pero nada ocurrió, y por un momento eso le permitió volver a respirar. Aunque tal vez fuera sólo un complemento más en el reportaje que le hizo… La revista saldría hasta el lunes y casi se comía las uñas por saber qué iban a decir sobre él. Ahora iba a perder el sueño pensando que de nuevo iban a relacionarlo con él por ese comentario.

Por otro lado, ¿por qué el actor llevaría a su madre a los Asian Film Awards? La última vez que le había pedido reconciliarse con ella le respondió con que jamás lo haría. Incluso lo puso como condición para creerle… Momento. ¿Changmin le había pedido disculpas a su madre porque él se lo había pedido? El solo pensamiento le hizo abrir cuan grandes eran sus ojos. Eso no era posible. Changmin no sería capaz de disculparse con ella sólo porque él se lo pedía, debía haber algo más ahí. La curiosidad lo estaba matando.

—¡Eh, Jaejoong! Te impresionó la madre de Changmin, ¿verdad? Es una hermosura, pero no deberías babear por ella. —se burló uno de sus compañeros, ante lo que la sala se llenó de risas y Jaejoong tuvo que cerrar la boca y arrugar el ceño con molestia.



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El centro de convenciones ya se encontraba lleno cuando Changmin hizo su aparición por el atrio de la parte superior del anfiteatro. En ningún momento soltó la mano de su madre, conduciéndola cortés y silenciosamente por el pasillo hasta llegar a su lugar en la parte baja del lugar. Taeyeon le sonrió al verlo y él le saludó sólo con una inclinación de cabeza, mientras a Rain le saludaba de mano para dejar que su madre saludara a ambos hermanos y a otros conocidos que se encontraban ya ocupando sus lugares. Quizá Taeyeon no había sido nominada, pero bien sabía que no faltaría a una premiación como esa, y tenía su invitación asegurada.

Jessica, una fila más atrás, observó fijo al actor, quien al sentirse observado giró el rostro y respondió con una inclinación más de cabeza al saludo que la rubia le dirigía con la mano. Esos interminables rituales de cortesía y galanteo le fastidiaban sobremanera, por eso entendía tanto a Jaejoong al decir que no le gustaban. Una buena parte de esos saludos eran mera apariencia, como el enojo entre Jessica y Taeyeon… O el de él y Jaejoong.

El show dio comienzo.

Una ingeniosa presentación se mostró en la parte alta del teatro llena de luces, música y baile. Todas las películas nominadas fueron representadas, mostrándose fragmentos de cada una mientras el conductor del evento, Henry Cho, ocupaba su lugar al frente y comenzaba la ceremonia con algunos chistes.

Pero la mente del actor estaba muy lejos de los chistes de Henry o del resto de la gente que se encontraba nerviosamente sentada entre aquellas sillas aterciopeladas. En su mente sólo había un pensamiento: Ganar. Todo transcurría tan lento que cara presentación se le antojaba interminable, cada canción, cada diálogo que aparecía en el prompt que leían los actores. Ojalá todo terminara rápido, sólo leyeran a los ganadores, les dieran su premio, hablaran unos cuantos segundos y se fueran, Pero no, las cosas las hacían interminables. Estaba la presentación y el bailable del comienzo de la ceremonia, después los chistes del presentador que no podía dejar de hablar de política y de los nominados –Incluido él–. Después aparecían los nominados de todas las categorías, hablaban un poco de los films, se cantaban cada una de las cinco canciones hasta llegar a los premios principales: Mejor actriz principal, mejor actor principal, mejor película y por último, mejor director.

Pero para eso faltaba aún demasiado…

Changmin estaba nervioso, las manos le sudaban cada vez más conforme se acercaba el premio que tanto esperaba. Jamás se había sentido así en cuanto a algún galardón, jamás le había importado ganar o perder alguno, le tenían sin cuidado; pero ahora necesitaba ganarlo. Necesitaba subir a aquel estrado y terminar lo que había comenzado al llevar a su madre al evento.

—Tranquilo, Min. Estoy segura de que tú serás el ganador. —le susurró su madre al tomar su brazo, un agarre firme que hizo que el joven se tranquilizara un poco.

Hacía mucho tiempo que no se sentía así con la mujer que ahora le acompañaba. Antes de enterarse que no era su hijo, su madre solía infundirle confianza y ánimos de esa forma, tomándole del brazo y susurrando palabras de aliento. A veces le abrazaba y plantaba un cariñoso beso en la frente, y eso bastaba para sentirse feliz. Tal vez, si no hubiese sido tan orgulloso y su estupidez tan grande, podría haber disfrutado de todo eso por más tiempo, en lugar de cerrarse a su enojo y alejarla de él. Tal vez, si hubiese sabido tragarse su orgullo –como solía decirle Jaejoong–, no hubiese terminado siendo lo que era: Un antisocial, frío y arrogante. Pero tal vez tampoco habría conocido a la única persona que le había hecho recapacitar y arreglar una parte de su vida que creía jamás lograría arreglar.

Jaejoong…

Ahora y por primera vez, no estaba seguro de nada con respecto al modelo. Por mucho tiempo lo tuvo seguro, sabía que le gustaba porque la primera reacción a aquel primer beso en su habitación había sido recibido sin protestas. Hubiese esperado un rechazo, algún golpe, pero nunca nada de eso llegó, por lo menos no esa primera vez. Y si le gustaba o no, si sentía algo por él o no, era lo que menos le importaba porque sólo había estado buscando su venganza.

¿Cuándo había cambiado todo?

—No tengo la menor idea, omma. —musitó a modo de respuesta. Estaban por anunciar el mejor guión original y Mia Shim le preguntaba si sabía quién iba a ganar. Su película estaba nominada, pero ya antes habían perdido ante otras cintas, y un Bambú de Oro a veces es impredecible, por lo que estar seguro de un premio en esa ceremonia era un albur.

Sus pensamientos regresaron a la cuestión anterior. ¿Cuándo habían cambiado las cosas con Jaejoong?

No sabía…

Comenzó torturándolo con besos, porque le divertían sus reacciones. Le gustaba ver ese destello de tonalidades en aquella mirada que se veía negra, grisácea u ocre. Pero conforme sus besos y caricias avanzaban, las iba disfrutando mucho más. La pureza de la mirada del modelo le delataba constantemente. Él gritaba una y otra vez que lo detestaba, y sin embargo cada que le besaba lograba hacerlo reaccionar… justo igual que él. El sabor de sus besos, el olor de su cabello y su piel, solían mantenerle despierto por largas horas. Se despertaba por las noches, sorprendido de haber soñado con él, con su cuerpo, siendo aquella la causa de que se levantara casi de madrugada para ir a hacer ejercicio y quemar esos impulsos que por poco y le obligaban a ir hasta la habitación del pelinegro para asaltarle, tal cual como aquella vez.

¿Pero cuándo cambiaron las cosas?

¿Sería acaso el día en que empezó a sentirse celoso de las miradas que las chicas le dedicaban? Jaejoong se sabía atractivo y utilizaba su apariencia para salir con las mujeres más hermosas, lo había visto cientos de veces en las revistas… Pero también había visto cómo las chicas del colegio le buscaban, se le insinuaban, le provocaban, y aquello lo había hecho enloquecer hasta el grado de advertirle que se encargaría de borrar la huella de cualquier beso ajeno con los propios.

¿Desde esa vez cambiaron las cosas con Jaejoong?

Seguía sin saber…

Lo único que entendía era que Jaejoong se abría paso a través de su coraza de hielo, logrando arrancarle palabras que jamás había dedicado a nadie más. Logró arrancarle que era gay desde el primer día, logró que le contara del problema con su madre, y también lo de la demanda. Lo dejó más que a otros en su departamento, arriesgándose a que Mei soltara la lengua como era su costumbre, e incluso así lo dejó. Lo llevó con Rain,. ¿Cómo fue que le convenció de ir con aquella niña con cáncer y dar autógrafos a los fans en los BIFF? Sin duda, Jaejoong le había hecho hacer y decir cosas increíbles. Pero cada vez que lo notaba, cada vez que sabía que había dicho más de la cuenta y sentía que el pelinegro se acercaba demasiado a él, soltaba alguna frase hiriente que lograba alejarlo de nuevo.

Ese había sido su error…

—Jessica no ganó, qué pena… —susurró Mia Shim, sacando a Changmin de sus pensamientos para girar la vista hasta el lugar de la rubia. Sin embargo, Jessica sonreía. Ganar los BIFF no era boleto seguro a ganar también los Asian Film Awards, eso le puso aún más nervioso—. Pero tú sí vas a ganar, estoy segura de ello. —Mia volvió a tomar el brazo de su hijo y Changmin se obligó a sonreír para mostrarle algo de confianza, pese a que por dentro su corazón  se acelerara. Estaban por anunciar el premio al mejor actor.

¿Pero en qué momento había cambiado todo con Jaejoong?

Por más intentos que hacía por recordarlo, no lograba ubicar el momento exacto. Lo que también sabía es que las cosas habían cambiado mucho antes de que se convirtieran en amantes. Mucho antes de saber que Jaejoong le amaba, él ya le amaba también, sólo que no había estado dispuesto a reconocerlo.

¿Pero en qué momento había sido?

¡Maldición! No sabía.

Pero tenía muchas cosas que agradecerle. Una de ellas era que gracias a él había logrado algo que por más de ocho años no había sido capaz de hacer: Perdonar a su madre por lo que había dicho estando enfadada, así como doblegar su orgullo para pedirle una disculpa por haber tomado parte de su vida y ponerla en la película sin habérselo consultado primero.

Si Jaejoong estaba viendo la premiación, estaba seguro de que se encontraría sorprendido. Había tenido que doblegar su orgullo –¡Y vaya que le costó trabajo!– e ir a la mansión donde vivía su madre para pedirle disculpas.

Había estado toda la noche del miércoles tratando de establecer su siguiente movimiento, repasando mentalmente todo lo dicho por él, por su madre y por Jaejoong. Sabía que no tenía la oportunidad de disculparse con el mayor esa noche, pues había intercambiado habitación con Yoochun, pero podría hacerlo al día siguiente y sin embargo no logró que le abriera. Deslizó un par de recados bajo la puerta, esperando que los leyera y comenzó a contemplar la posibilidad de hacer aquello que Jaejoong le había pedido: Disculparse con su madre.

Se negaba. No quería hacerlo. Pero si quería recuperarlo, iba a tener que tragarse su orgullo e ir a pedir esa disculpa. Tardó mucho en aceptarlo, bastantes horas repitiéndose que era lo mejor para todos, pero al final se decidió. Y como dicen, al mal paso darle prisa.

La tarde que abandonó el colegio se dirigió derecho a la que había sido su casa con la firme convicción de hablar con su madre. Cuando el ama de llaves abrió la puerta, sus ojos mostraron la enorme sorpresa que representaba el verlo ahí, de pie en el umbral. La mujer, algo madura y regordeta, había entrado a trabajar después de que Mei se hubiese ido con él, así que jamás le había visto en persona.

—¡Dios mío! Eres Shim Changmin —ahogó excitada, él sólo asintió—. Vienes a ver a la señora, Dios, Dios, estoy tan emocionada de poder conocerle que se me han olvidado los modales, pase por favor, pase. ¿Quiere un refresco? ¿Ya comió? —soltaba a toda carrera mientras lo conducía hasta la estancia.

—Sólo quiero ver a mi madre, gracias de todas formas. ¿Podría avisarle que estoy aquí? —La mujer salió corriendo para subir las escaleras y dar el aviso que el más joven pedía.

Había recorrido toda la estancia bajo la escalera con la mirada y descubrió que las fotos donde aparecían los tres (su madre, su padre y él) seguían en su lugar. Quizá su madre atesoraba los mismos recuerdos que atesoraba él, porque entonces notó justo al centro de aquella repisa, la misma foto que él tenía al centro de la suya. La tomó entre sus manos, y no  pudo evitar que los recuerdos acudieran a su mente. Él y su tía… No, su madre, siempre habían sido muy unidos. Había estado siempre con él, en cada en ensayo, en cada capítulo; le ayudaba a estudiar los libretos y por las noches le arropaba en la cama y le contaba un cuento. Le cuidaba cuando enfermaba, e incluso una noche le descubrió poniendo dinero bajo su almohada cuando perdió uno de sus dientes. Entonces supo que su madre era el ratón de los dientes. Si bien lejos de enfadarse o desilusionarse, rió y le preguntó si de casualidad no era también Santa Claus, entonces ambos rieron a carcajadas y se abrazaron.

—¡Changmin! —El actor alzó  la vista hasta las escaleras y encontró a Mia de pie sobre los peldaños, expectante, como si esperase ver en su semblante el motivo de la visita. Pero Changmin no dejaba ver nada.

Tragó saliva, mientras dejaba la fotografía en su lugar, inseguro. Ella siempre le decía lo mucho que le quería, que aquello que había escuchado no era cierto, que había sido dicho sólo para molestar a su padre.

Él hizo lo mismo…

Había dicho cosas hirientes sólo para molestarla a ella, no a Jaejoong, pero Jaejoong se había enterado y ahora no quería perdonarlo… ni creerle. Sin duda, lo estaba pagando. Pero podía intentar remediarlo. Primero se disculparía con su madre, y después lo haría con Jaejoong.

¿Cómo pretendía que Jaejoong le perdonara si él no la perdonaba primero a ella? Con ese pensamiento, habló.

—Omma, yo… —intentó comenzar para aligerar la tensión, pero no supo cómo continuar.

—¿Cómo me dijiste? —Una pregunta y Ami corrió escaleras abajo, para sorpresa de Changmin. Nunca le había visto así de alterada, como para bajar tan apurada en semejantes tacones. Al tenerla frente a sí, pudo ver en sus ojos ese brillo que había podido encontrar como siempre que le veía actuar, con esa emoción y orgullo que sólo una madre podía sentir por un hijo—. ¿Cómo me dijiste, Min? —preguntó de nuevo, muy pausado.

—Omma…

Fue ese instante. Ella se abrazó a su pecho con fuerza y empezó a llorar, mientras él correspondía por igual al abrazo. Después, decir un ‘Lo siento’ fue más fácil…

Hablaron por tanto tiempo que sin darse cuenta, ya se les había hecho de madrugada. Changmin supo entonces que su verdadera madre era, sería y seguiría siendo Mia Shim. Cuánta razón tenía Jaejoong… Por eso le habían dolido tanto aquellas palabras. Pero ahora sabía que ambos eran iguales en carácter, solían decir cosas que no sentían cuando estaba enfadados y, la mayoría de las veces, se arrepentían de ellas.

El pedirle que le acompañara a los Asian Film Awards y ella aceptara, había sido la culminacióna una reconciliación que creía jamás iba a llegar. Aunque muy dentro de sí, moría porque llegase.

—Y EL GANADOR ES…

SHIM CHANGMIN…


Ni siquiera había escuchado algo de la nominación, de su premiación y su posterior triunfo. Sus pensamientos habían estado demasiado lejos hasta que el cúmulo de aplausos y el que prosiguieran a palmearle la espalda le regresó a la realidad.

¡Había ganado! Ahora tenía la oportunidad de hacer su siguiente movimiento y darle jaque al rey.

Aunque aún estaba muy confuso. Recibir un premio de semejante naturaleza debería tenerlo sin cuidado, debería sentirlo igual a como había sentido el ganar los Blue Dragon o los BIFF, pero no era así. Cuando la noticia de su galardón por fin llegó a su cerebro, algo fue llenándolo por dentro, y sonrió. Se puso de pie, recibiendo el beso emocionado de su madre, y tomó la mano que Rain le tendía para felicitarlo. Taeyeon le gritó un ‘Felicidades’, pero nola vio acercarse para intentar besarlo.

Fue el momento en que subió con la sobreexcitación a tope, tratando de encontrar las palabras correctas con las que se dirigiría a un público al que tenía tanto de no hablarle.


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Jaejoong sintió que todo el aire que había estado conteniendo por la tensión del momento, se liberaba al escuchar al ganador del premio. Se sintió contento y orgulloso como jamás pensó sentirse. «A pesar de todo, te lo mereces» se dijo en silencio, dejando la bolsa de palomitas vacía sobre la mesa frente a él. Por un momento había pensado que perdería, tal como sucedió con Jessica, pero esta vez sí había coincidido el BIFF con los Asian Film, y sonrió por ello.

Vio a Changmin ponerse de pie con una sonrisa en los labios –¿Desde cuándo ese frío Témpano de Hielo sonreía en televisión?–, recibir el beso de su madre y tomar la mano de Rain como felicitación. No supo qué hizo Taeyeon, porque no la captaron. Pero quien tenía toda su atención no era sino el actor y cada uno de sus gestos, pues le desconcertaba saber si aquella felicidad era real, o mera actuación.

—Yo apuesto a que dirá sólo ‘Gracias’.

Las pujas comenzaron de nuevo mientras Changmin avanzaba con paso pausado por el largo pasillo que conducía al estrado, donde el reflejo de las cámaras captaban el resto del teatro desbordándose en aplausos. El flash de las cámaras fotográficas no paraban de trabajar e iluminarlo todo.

Jaejoong había sido el precursor de semejante juego de azar. En años anteriores se preparaba con los diarios y revistas que mostraban cada categoría y a los nominados; hacían sus quinielas, apostaban y se sentaban a esperar por ver quién ganaba o perdía; al terminar la ceremonia festejaban jugando al póker para tratar de reponer lo perdido o incrementar lo ganado. Por lo general terminaban hasta altas horas de la noche, demasiado tomados cabe decir, y dado que esa era una ceremonia a la que muchos de los maestros asistían no había necesidad de guardar mucho silencio o poner un centinela que vigilara la puerta.

Pero eso había sido en el pasado…

Para ese momento, se encontraba sentado frente al televisor sin prestar atención a las apuestas que alguna vez él había iniciado y disfrutado. No hizo caso de los chistes que decían sobre su rubia ex novia, sobre Taeyeon o sobre el propio Changmin. Se quedó ahí, sentado, contemplando en silencio y con atención cada asentimiento del actor, cada gesto, cada movimiento de sus manos o labios al inclinarse a decirle algo a su madre o a su representante. Daría cualquier cosa por saber qué era lo que pasaba por la cabeza de ese egocéntrico y arrogante, pero tan buen actor. Sí, no podía negarlo, era un magnífico actor. Podía estar detestándolo por lo que había hecho, podía estar odiándolo por haberle utilizado, pero no podía borrar tantos años de admiración por su trabajo de la noche a la mañana.

No…

Había convivido con él –para su desgracia–, había conocido y formado parte de su vida por muy corto tiempo y aprendió –a la mala– a conocerle. Sí, sabía que era por demás orgulloso, pero noble; sabía que era testarudo, pero justo; enérgico, pero sensato; idiota, pero comprometido; sabía cumplir una promesa aunque en ello se le fuera la vida y si estaba molesto, sabía cómo deshacerse de su enojo –fumaba–. A pesar de todo, sabía que el Témpano de Hielo Shim tenía corazón –escondido en alguna parte–, pero lo tenía.

—Yo a que dirá poco más de tres palabras. —continuaban las apuestas sin que les hiciera el menor caso.

—Ah, ¿apostamos cantidad de palabras? Entonces yo apuesto a que dirá sólo una. —Jaejoong no  pudo evitar oír aquello, por lo que frunció el ceño y volvió a ignorarlos.

—Más de tres y menos de diez. —trató de acaparar uno, pero aquel que llevaba la batuta de la apuesta no estaba dispuesto a ceder tan fácil.

—Eso es mucho. Más de tres y menos de seis te lo acepto.

—De acuerdo. —accedió.

—Entre siete y doce y no creo que diga más, es demasiado para él, Changmin es demasiado serio. —dijo otro.

—Jaejoong, ¿tú qué opinas? —volteó uno de los chicos que estaba sentado junto al modelo. Jaejoong ni siquiera se molestó en voltear a verle, cruzó las piernas y se recargó en el sillón con la mirada fija en la televisión.

—Nada.

—Vamos, Jaejoong, apuesta algo y deja de sólo tragar palomitas. —Ese comentario logró molestarle un poco, pero sólo les observó de reojo.

—No quiero apostar, Changmin es impredecible. —Y la respuesta dejó sorprendidos a más de uno.

Volvió a desviar la mirada de sus compañeros a la tv. Changmin atravesaba la parte trasera del teatro en esos momentos, mientras Jaejoong optaba por tomar de su refresco. Las palomitas le habían dado mucha sed. Changmin tomó la estatuilla de la mano de Zhang Ziyi, quien parecía tener una sonrisa tatuada en la cara. Se había inclinado ante él en señal de saludo, pero ningún momento se vio algún intento por darle un beso (como sabía habría hecho Taeyeon o la propia Jessica), se limitó a darle su premio e indicarle que se colocara frente al podio. Ver a la joven china con esa sonrisa cándida le recordaba mucho a su papel interpretado en Memorias de una Geisha, no parecía haber cambiado mucho, de repente la imaginaba andado con su kimono y los zori para entregar el galardón; sólo que no ocurrió así.

Dejó su refresco por un momento, esperando por lo que diría el actor. No mentía al decirle a sus amigos que Changmin era impredecible. Si realmente supiera lo que iba a decir, seguro hubiese apostado algo, pero en un momento como aquel no tenía ni idea de lo que se pasaba por la cabeza del más joven.

Pudo ver a Changmin levantar el trofeo con una mano y mirar al frente dispuesto a hablar, y sólo eso bastó para sentir que la boca se le secaba de golpe y un escalofrío le recorría la espalda, pero no iba a tomar más refresco hasta escuchar las palabras del chico.

El silencio se hizo en la sala de estar y en todo el interior del teatro Plaza. Jaejoong sólo era capaz de escuchar el latido acelerado de su corazón y sin darse cuenta, fue acomodándose sobre la orilla del sillón presa de los nervios que ahora mantenían sus manos casi blancas por la presión que ejercía sobre los reposabrazos.


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Sentir aquel pedazo de metal entre las manos le produjo tal revuelo interior, que había sido inevitable el mantenerlo en una de sus manos, observándolo por interminables segundos. ¿Por esto peleaban tanto? ¿Ese trozo de metal podía hacer que un actor ganara más o menos que otros? Era increíble lo que un simple trozo de metal podía causar en la gente. Sin embargo, había necesitado ganarlo para tener la oportunidad de estar frente a esa cámara de TV y conseguir hablar… lo que no sabía cómo hacer. Hablar frente a los micrófonos nunca había sido su mayor fuerte, pero ahora sólo podía comenzar como sabía que todos lo hacían, y esperar por ver qué ocurría…


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—Gracias a la academia por este premio…

—Ya perdimos. —ahogaron a coro un par de apostadores, tan resignados como divertidos. Changmin había dicho más de seis palabras en una sola frase y al parecer, iba a continuar; o eso parecía por su semblante, tan fijo al frente, como si buscara las palabras adecuadas a pronunciar.

Jaejoong tomó su vaso de refresco con gesto nervioso, presuroso de llevarlo a sus labios al sentir que la sed se incrementaba con los segundos. No obstante, la sensación arenosa y áspera que dejó el líquido en su garganta estuvo lejos del alivio fresco que esperaba recibir.

Vio entonces que Changmin se disponía a continuar y un intenso escalofrío volvía a recorrer su espalda, haciéndole temblar.

—Agradezco también a mi representante, a mis padres y a mis amigos. Al público y a mis fans, que sin ellos no estaría aquí hoy…

¿Amigos? ¿Desde cuándo Changmin tenía amigos? Oh, ¿y agradecía a aquellos que había maldecido y con quien hacía poco aún estaba peleado? ¡Y vaya! Hasta que reconocía algo a quienes lo habían llevado a donde estaba. Pero algo malo estaba pasando con Changmin, y debía ser muy malo, porque entonces vino el desastre…

—Y principalmente, agradezco a mi pareja sentimental: Kim Jaejoong.

“Kim Jaejoong”

“KIM JAEJOONG”

Jaejoong empezó a toser sin cuidado al sentir que se ahogaba, regresando la soda hasta por la nariz.

¿Changmin había dicho qué? ¿QUÉ?

¿Que era su pareja sentimental?

El silencio inundó el ala Este y no sólo de su escuela, también el interior del teatro Plaza se sumó a la tensa e inusual afonía. Changmin permanecía ahí, de pie, habiendo acabado de pronunciar la frase que le hundiría para siempre. Después y tras tomarse un segundos, se dio la vuelta y se encaminó a salir por el costado del teatro en compañía de su anfitriona, en tanto el sonido de la multitud jamás terminaba por llegar.


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Quizá había cometido un terrible error al soltar aquello de un modo tan directo, pero ya se los había advertido antes: “El día que salga con alguien no me esconderé, y lo gritaré a los cuatro vientos”.

Jaejoong también lo sabía.

Si bien jamás imagino llegar a causar tal impacto. Era mejor salir de ahí antes de recibir una sorpresa desagradable.

Se giró para tomar el brazo de Ziyi quien le miraba con la boca abierta, pero no le dio tiempo a que dijera nada cuando la encaminó a paso seguro hasta el interior del escenario intentando alejarse lo más rápido que a la chica le resultara posible. El público seguía mudo.

Pero entonces, como si fuera sólo el eco de un vítor lejano, el primer aplauso resonó por sobre el mutismo y, un instante después, el estruendo refulgente de muchos más, así como los flash de las cámaras activándose y los gritos de asombro y felicitación. Changmin consiguió detenerse un instante, tras el cual giró la mirada y logró mostrar una diminuta sonrisa antes de perderse por completo tras las bambalinas rojas que envolvían el gran salón.


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En Jaejoong no había ninguna sonrisa. Se puso de pie despacio, con la mirada fija en la enorme pantalla plana como si esta y todo lo que hubiera visto y escuchado fuese sólo producto de su muy hiperactiva imaginación. No podía ser.

Changmin… ¿él había dicho QUÉ?…

Las palabras resonaban una y otra vez en sus oídos y no terminaba de dar crédito, pero tampoco tuvo tiempo suficiente. El resto pasó demasiado rápido como para reaccionar. Había girado el rostro muy, muy lento al sentir las miles de dagas royendo su espalda, y ahí estaban, numerosas y fijas miradas observándole con burla, con morbo. Changmin no los acababa de declarar gay a ambos, y no conforme con ello los relacionaba sentimentalmente cuando no eran nada… No ahora, por lo menos.

Y como una avalancha, la lluvia de preguntas y bromas pesadas comenzó a caer, siendo rodeado por los chicos que pronto hicieron una pared interminable de cuerpos y brazos que franqueaban cualquier oportunidad de escape; le jalaban para preguntarle sobre su relación con Changmin, hacían preguntas morbosas, llenas de saña. Eran mucho peores incluso que las que había hecho Im Yoona, tal vez valiéndose de su falsa amistad para hacer bromas crueles y de mal gusto…

Ahora estaba ahí, en medio de todos aquellos que solían conocerle como un Don Juan, a merced de aquel mar de preguntas que no tenía idea de cómo contestar. Se sintió como hundiéndose en el agua, a punto de naufragar porque para ir de mal en peor ya no sólo eran los chicos, sino también algunas de las chicas del ala Oeste que habían conseguido colarse hasta ahí para cuestionarle por igual la veracidad de las palabras de Changmin.

Se sintió desfallecer, con las rodillas temblando y el cuerpo sin responder. Incluso entre los gritos de protesta, llegó a escuchar varios “¡Con razón, Jaejoong!” de chicas que alguna vez había rechazado, como Sulli o Luna. Sólo faltaba que también Boa también se apareciera por ahí a reclamarle por no haberle contado sobre sus preferencias sexuales y ahora exponerla como la ex novia de un homosexual. ¡Cielos! Sólo de pensar que Jessica, su rubia y violenta ex novia también se presentara ahí le llenaba de un profundo malestar.

No podía más, se hundía y no había de dónde asirse, el mar lo golpeaba embravecido y en completa contra suya… Cerró los ojos y pronto sus manos volaron hasta cubrirle los oídos, buscando huir, dejar de escuchar. Fue entonces cuando, como una pequeña luz en medio de la oscuridad, o cual si alguien le hubiese tirado un salvavidas, alguien le tomaba del brazo y lo jalaba con fuerza, logrando sacarlo a empujones de la sala de estar para arrastrarlo por los pasillos y meterlo en la seguridad de una de las habitaciones del fondo. No se animó a abrir los ojos en ningún momento, temiendo que aquella luz al final del túnel se apagara, o el salvavidas se desinflara y resultara ser la subdirectora o el propio director Lee quien le hubiera sacado de aquella sala de torturas sólo para llevarlo hasta el pabellón de la muerte.

—Jaejoong…

El eco de su nombre retumbó entre las paredes, pero no se animó a moverse o abrir los ojos. No fue hasta que le sujetaron del brazo y llamaron a la fuerza que se animó a ver. El miedo que había sentido se disipó de golpe, liberando un profundo suspiro tras el cual se dejó caer en la cama.

—¡Chun! Qué alivio. Por un momento pensé que era el director o peor aún, la subdirectora quien me había sacado de esa locura.

Las palabras salían como disparadas de su boca mientras dejaba descansar la cabeza entre sus manos, producto del nerviosismo. Yoochun se acercó hasta quedar frente a él y le tendió un vaso de plástico con un poco de alcohol. ¡Vaya que le hacía falta! Lo tomó y bebió de golpe.

—¿Tú no… vas a decirme nada? —cuestionó con miedo, sí, pero sin alejar la mirada de la de su amigo. Creía que Yoochun era homofóbico, era la razón por la que no le había contado nada de Changmin, pero ahora, igual que los demás, sabía lo del actor; sólo que él no había dicho ni preguntado nada. ¡Nada de nada! ¿Qué pasaba en esos momentos por la cabeza del músico?

—No voy a preguntar si es verdad o no. —afirmó cruzándose de brazos sin dejar de verlo.

—Gracias, Chun… —suspiró aliviado. No sabía lo que pensaba su amigo, pero agradecía aquello porque, con lo transparente que era, seguro igual podría llegar a ver en él la respuesta.

—No voy a preguntarte, porque sé que es verdad.

—Eh, ¿QUÉ? —Los ojos de Jaejoong se abrieron como platos, a lo que se dio prisa en negar—. No, Yoochun, no es verdad. Entre Changmin y yo no hay absolutamente nada. —afirmó a la carrera.

—No te esfuerces en mentir, de antemano sé que es verdad. —Pero Jaejoong se paró de golpe, determinado a negarlo. Si no podía convencerlo a él, ¿cómo convencería a los demás?

—No lo afirmes de esa forma, ¡porque no es verdad! —insistió, pero la dura mirada que Yoochun le dirigió lo hizo titubear.

—¡Jaejoong, basta! Deja de mentirle a tu mejor amigo. Ya no lo niegues, yo los vi. —Fue como si un rayo lo golpeara, porque las fuerzas le fallaron y le dejaron caer sentado sobre la cama, con la boca y los ojos abiertos de asombro. Eso bastó para confirmarle a Yoochun que era posible cualquier cosa que hubiera visto. ¿Pero qué había visto? ¿En qué situación y en qué momento?…

—… ¿Qué viste? —forzó a las palabras a salir de su boca. Yoochun se giró nervioso, pasándose las manos por el cabello y eso no le gustó nada. El músico estaba incómodo, podía notarlo—. ¿Qué viste? —insistió. Yoochun volteó a verle con las cejas fruncidas y los labios tensos, apretados.

—A ti con Changmin… —Eso no le decía mucho, por lo que le miró inquisidor. Yoochun ya sabía que Changmin lo había besado, ¿tanto le había sorprendido verlos?—. A ti con Changmin… —repitió—. ¡Por Dios, Jaejoong! Lo tenías esposado a la cama…

Eso sí fue demasiado. Tanto que no pudo sostenerle más la mirada a su amigo, cubriéndose el rostro con ambas manos por la vergüenza. Jamás hubiese imaginado que Yoochun, o cualquiera, pudiera llegar a verlo en semejante situación.

—Pero cómo pudiste, Jaejoong… —comenzó la voz en reproche de su amigo. Pero él no sabía cómo habían sido las cosas, él no sabía que todo lo había comenzado y terminado el propio Changmin—. Jamás lo creí de ti…

—Espera, espera —interrumpió poniéndose de pie de vuelta—. Las cosas no sucedieron como seguramente piensas. Yo no lo violé ni nada por el estilo…

—Era obvio que no era violación, si se notaba lo mucho que ambos disfrutaban. —afirmó tenso. No quería recordarlo, pero estaba seguro de que esas imágenes le perseguirían el resto de su vida.

—¿Qué tanto viste? —cuestionó el modelo intrigado y temeroso. Yoochun se sonrojó y Jaejoong no supo si reír o llorar. ¡Yoochun nunca se sonrojaba!

—Eso es lo de menos, Jaejoong. No puedo creer que te atrevieras a tanto, lo esposaste a la cama y… —Yoochun lo estaba malinterpretando todo, no podía dejarlo pensar así.

—No, ya te dije que las cosas no sucedieron así… —El músico le miró intrigado, y él no iba a desperdiciar esa oportunidad para desahogarse. Aunque después le rechazara por haberse convertido en gay, sabía, al menos ya no habría secretos.

—¿Entonces cómo? Porque no me entra en la cabeza que tengas una relación sexual con alguien a quien se supone odiabas tanto.

—¡Y LO SIGO ODIANDO!

—Si lo odias, ¿entonces cómo? ¿Cuándo comenzó todo? —La voz de su amigo se volvía impaciente.

—¿Cuándo? —Jaejoong bajó la vista, recordando aquel preciso instante—. Fue… justo en el momento en que fui a dejarle la tarea a su cuarto, cuando me besó por primera vez…

Yoochun se dispuso a escucharlo con toda calma y paciencia, sorprendiéndose a cada momento de la narración, que a veces bajaba de volumen para después elevarse en un grito; tomando asiento incluso en el suelo para no alejarse de su amigo y prestar atención a aquello que relataba con tanta tristeza y dolor. Porque pudo darse cuenta, que a pesar de que el pelinegro repetía una y otra vez cuánto lo odiaba, el amor que desbordaba por la mirada.

Jaejoong lo amaba sinceramente…

¿Changmin lo amaría de la misma forma?


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Ya se lo esperaba. Estaba preparado mentalmente para la lluvia de comentarios y preguntas que surgirían después de su declaración pública, pero todos esos buitres esperando devorarle se toparon con una presa nada dispuesta a decir más en lo referente a su relación con Jaejoong. A cada pregunta respondía con un ‘No hay más comentarios’, y la sorpresa llegó grata cuando vio a Rain aparecer para ayudarle con el asunto, afirmando que se les daría una declaración por escrito de lo dicho antes por televisión; por fortuna se vieron obligados a salir –o huir– del palco de prensa cuando fue llegando tras él el director ganador del Bambú de Oro.

Su noticia había desatado tal revuelo que nadie parecía querer perderse los detalles, pero él tenía prisa en salir del Plaza y regresar a la escuela, que si se daba prisa quizá podría encontrar con las puertas abiertas. Tenía que hablar con Jaejoong. No sabía cuál sería su reacción al enterarse de su declaración, tanto por si lo había visto o si se lo habían contado, pero necesitaba saber si estaría ahora dispuesto a creerle.

—¡CHANGMIN! —El fuerte llamado a sus espaldas le detuvo. Todavía llevaba el premio en la mano, pero al girar a ver quién le hablaba poco le faltó para querer lanzárselo a la cabeza y así escapar de él. En su lugar, se contuvo para seguir su camino, claro, hasta que esa persona se le cruzó enfrente para obstruirle el paso—. ¿Pero qué fue lo que hiciste? —sonó enojado, y él pocas veces se mostraba enojado, pero sólo obtuvo una mirada dura de regreso.

—No te metas en mis asuntos, Junsu. —E intentó apartarlo con una mano, pero fue detenido por el brazo de aquella figura que aparentaba ser débil y pequeña, pero que al parecer poseía toda la fuerza que el enojo le podía otorgar.

—¡Vas a escucharme, quieras o no! —Changmin se detuvo—. ¿Qué derecho te daba destruir la vida de Jaejoong?

—No la he destruido.

—¿Ah no? ¿Y declarar a los cuatro vientos que es tu pareja no es echar a perder su vida? Tal vez a ti no te importe la tuya, ¿pero cómo te atreviste a arruinar la de Jaejoong? ¿No te era suficiente vengarte de él para desquitarte con tu madre? ¿Aún te faltaba dañarlo más revelándole al mundo entero que es gay? ¿Cómo puedes creer que después de eso alguien crea que es un ‘Fantasma’ enamorado? ¿Te das cuenta que ya no podrá actuar ni en la obra de Junho ni en ninguna otra de corte heterosexual? —Y sólo por un instante, Changmin pareció considerarlo de verdad.

—Jaejoong no necesita actuar, me tiene a mí.

—¡Egoísta! ¿Crees que eso es suficiente? Jaejoong ha soñado toda su vida con ser actor, y tú lo has arruinado. —afirmó lleno de coraje, pena y pesar por el pelinegro.

—Deja de meterte en mi vida, Junsu, y en la de Jaejoong. Ya no más. —empujó a su primo para darse prisa en salir por la parte trasera del teatro. La ceremonia había terminado y le quedaba poco tiempo para llegar a la escuela.

—Señor Shim…

Aquella voz la reconoció de inmediato, girándose una vez más para encontrarse con aquellos dos hombres que ya hubiera encontrado alguna vez al término de los premios BIFF. Habían vuelto, entonces era un hecho.

—Prometimos regresar para ultimar detalles, señor. Queremos que trabaje con nosotros.

Changmin vio su reloj. Habían pasado 15 minutos desde que le dieran su premio, hablado –o no– con la prensa y discutido con su primo. El hablar con los ejecutivos de Sony Pictures Entertainment, Johnson y Lee, le llevaría por lo menos una hora o más. No iba a alcanzar a llegar a la escuela para hablar con Jaejoong.

Bien, aunque quizá dejar que las cosas se enfriaran podría darle la oportunidad de que Jaejoong entendiera el verdadero motivo por el que había hecho aquello, en lugar de creer que buscaba destruirlo.

—Está bien, podemos ir a otro lugar con Jung Jihoon y ver todos los detalles.

Ambos hombres sonrieron con una reverencia, tras lo cual pudieron abandonar el Plaza en compañía de Changmin y su representante. La prensa, al verlo, no perdió tiempo en cuestionarlo, pese a que los cuatro permanecieron herméticos. Changmin sabía que si Jaejoong decidía negarlo, sólo era cuestión de negarlo, así él podría afirmar que había sido una broma de mal gusto de su parte.

Pero primero debía hablar con él.



–.—.—.—.—.—.–



Ese lunes todo estaba patas arriba. Los teléfonos de dirección no dejaban de sonar en busca de alguna declaración de Jaejoong, pero este se negaba a decir nada; y nada, ni a sus compañeros, ni a la prensa. Por suerte, esta última tenía vetado el paso al interior de la escuela, si bien eso no les impedía apostarse a las orillas del camino o frente al enorme portal que franqueaba el recinto con la esperanza de ver aparecer a Changmin o a Jaejoong y poder abordarlos.

—No, no voy a salir.

La fría voz del modelo inundó el pasillo de las habitaciones del ala Este. Yoochun lo había dejado quedarse a dormir en su habitación, pero muy temprano había descubierto que el chico había desaparecido y al ir a buscarlo a la suya, la encontró cerrada. Al tocar, Jaejoong se había negado a abrir.

—Vamos, Jaejoong… Hay que bajar a desayunar e ir a clases.

—No, ya dije que no voy a salir. Además, no tengo hambre.

Yoochun volvió a tocar, pero fue la misma respuesta. Había estado velando el sueño de su amigo toda la noche, hasta que el cansancio lo venció. Jamás se le había pasado por la mente que Jaejoong estuviera sufriendo tanto, mucho más de lo que sufría con su hermano Hyunjoong. ¿Y él se consideraba su mejor amigo? Cuán equivocado estaba. Jaejoong no había encontrado en él un hombro para desahogarse, y había terminado acudiendo a Junsu. ¿Por qué? Porque lo consideraba a él homofóbico, cuando en realidad también era gay… Sólo que no había tenido oportunidad de decírselo.

—Jaejoong, abre. No hemos terminado de hablar… —insistió.

Quería contarle lo de Junsu, quería que supiera que lo entendía, pero sólo escuchó el portazo de la puerta del baño. Jaejoong estaba enojado, dolido, triste y pesimista. Anoche mismo le había expuesto todo. Ahora jamás podría ser un actor de teatro, su sueño se había terminado incluso antes de empezar y todo gracias a Changmin.

Pero en la negrura que pintaba el panorama de su amigo había faltado algo que él había notado muy claro. Changmin había declarado en la ceremonia televisada a medio mundo que eran pareja, y eso no lo hacía alguien que deseaba destruir a otro.

Con un suspiro desganado se dio media vuelta y se encamino para ir a desayunar con Hangeng, quien parecía tan preocupado como él por su amigo. Ya después hablaría con Jaejoong para exponerle su teoría y, tal vez, hacerle reaccionar.

Al parecer, Changmin realmente le quería.


–.—.—.—.—.—.–


Jaejoong se quedó bocarriba en la cama, usando aún el pijama que Yoochun le había prestado. No supo en qué momento de la madrugada se había quedado dormido, pero al menos había logrado descansar con sueños libres de pesadillas, y no como al principio, cuando se reencontró con su torturador permanente. Cuando despertó todavía no salía el sol, así que se había decidido regresar a su propia habitación para seguir lamentándose por su suerte y odiar a Changmin más que nunca.

Había arruinado su vida para siempre.

Ahora todos sabían que era gay. Ya no iba a ser sólo un rumor que pudiera negar y ya, o que se ocultaba saliendo una que otra vez con chicas o inventando un noviazgo ficticio como lo había hecho con Jessica. No, esto era mucho más complicado.

¿Cómo iba a poder desmentirlo?

¿Cómo?

En cuestión de influencia, Changmin pesaba mucho más que él. No podía sólo convocar una conferencia de prensa y decirles que Changmin mentía, preguntarían, cuestionarían para confundirlo y terminaría confesándolo todo. Si tan sólo tuviera un libreto como el que le había mandado Taeyeon… pero no lo tenía, y entre más tardara en responder, más creerían que era cierto. Y lo había sido, pero ya no.

Volvieron a tocar la puerta, pero no respondió. Si era Changmin buscando disculparse o restregarle en la cara que lo había aniquilado, no quería saberlo.

«Maldito desgraciado» renegó mentalmente cubriéndose la cabeza con la almohada.

—Jaejoong oppa… Soy yo, Seohyun. Sé que estás ahí, abre por favor.

Llegó a la puerta luego de levantarse de un salto, para abrir de golpe. Seohyun se sonrojó al encontrar al pelinegro con el torso desnudo, por lo que se apresuró a bajar la vista. Jaejoong enrojeció a su vez al sentirse de pronto avergonzado, pero no era común que las chicas llegaran hasta el ala Este, a menos que fuera algo importante (lo de anoche no había una excepción y muchas de aquellas chicas ahora estaban en detención). Sabía, de hecho lo esperaba, que el director Lee le llamara para ver ese penoso asunto.

—Op… Oppa, alguien te espera en la sala de prensa dos. —Jaejoong se sorprendió un poco. ¿No debería estarlo esperando en dirección?

—¿No es el director Lee quien me llama? —preguntó dudoso, pero ella negó con la cabeza.

—Mi abuelo se reportó enfermo, ahora no está en la escuela. Pero regresa por la tarde, así que estate preparado, se escuchaba un poco alterado.

—¿Es grave? —la miró preocupado, casi interrumpiéndola. No quería ser el causante de otro infarto como el que había sufrido su padre, y todo por culpa de las declaraciones de Changmin. No obstante, Seohyun le sonrió y negó suave con la cabeza.

—Para serte franca, no lo escuché enfermo… Creo que más bien se está tomando su tiempo para darte un buen castigo. A ti y a Changmin. —le sonrió muy leve, y Jaejoong sintió que intentaba darle apoyo, pero no quiso preguntar más. Siempre había tenido la impresión de que la joven sabía mucho más de lo que aparentaba, desde aquella vez en que había afirmado estaría ahí para cuando él necesitara hablar, le había hecho sospechar, y el que ahora sólo le sonriera y no cuestionara nada aumentaba esa incómoda sensación.

—Es un joven. —aclaró Seohyun, dándose la vuelta para partir.

Jaejoong se quedó ensimismado. ¿Un joven le esperaba en la sala de prensa? Bien, eso descartaba por completo a su representante. Había estado esperando que Sunny fuera a buscarlo, considerando que no había querido responderle ninguna de sus llamadas; aunque sabía que una vez pasado el trago amargo, quizá entre los dos pudieran armar algún plan para salir del atolladero en el que lo había ubicado el actor. Pero ya que no se trataba de la bajita y adorable rubia, ¿quién sería? Estaba seguro que no era nadie de la escuela, no habría ido con Seohyun para que le sacara del cuarto y así encerrarlo en la sala de prensa.

Ya se había bañado cuando Yoochun aún insistía porque saliera, así que sólo se cambió a prisa por su uniforme y salió sin mucho ánimo, preguntándose aún quién podría ser. Su familia quedaba de inicio descartada, considerando que a ninguno le importaba otra cosa que no fuera la herencia que ya había sido repartida.

Los pasillos estaban solos a esa hora de la mañana, y se sentía extraño caminar por ahí, como si de pronto la escuela ya no fuera la misma. ¿Sería ese raro presentimiento que tenía, de que pronto la iba a dejar? Esa escuela, que desde que tenía seis años había considerado su hogar, más que la mansión Kim, y ahora no podía verla sin sentir que se encontraba en un lugar extraño.

Al llegar a la sala de prensa abrió apenas con lentitud, esperando por encontrar a alguien sentado en el escritorio, pero no había nadie. No fue sino hasta el abrirla por completo que se encontró a quien menos esperaba ver, al otro extremo de la puerta y con las manos descansando sobre una buena cantidad de periódicos y revistas, todos con el tema de los Asian Film Awards. Sus ojos se abrieron enormes y la vergüenza le invadió a grado tal que no pudo sostenerle la mirada, teniendo que bajarla al suelo.

—Junho-ssi, yo… —trató de sonar seguro, pero el nerviosismo terminó por quebrarle la voz.

—Pasa, tenemos que hablar sobre tu participación en la obra.

Esas palabras le hicieron temblar el corazón y alzar la mirada con miedo. Lo que tanto había temido estaba por ocurrir. Kim Junho cancelaría su participación en El Fantasma de la Opera por haber sido declarado gay.

Otro motivo más para odiar a Shim Changmin y sin embargo, no podía hacerlo…


–.—.—.—.–


Al salir de la sala de prensa, unos 20 minutos después de que Kim Junho se hubiera marchado, tuvo que avanzar sosteniéndose de las paredes. Su cuerpo temblaba y la fuerza no le bastaba para sostenerle. «Es que no he comido nada» se regañó a sí mismo por sentirse más afectado por lo referente a ese Témpano de Hielo que por lo que la plática con Junho le hubiese producido.

¿Acaso todo había sido un maldito sueño?

No quería saberlo. Quizá en cualquier momento acabaría, tal como sucede al despertar de una pesadilla.

Decidió así dejar de preocuparse por su antigua entrevista y pensar que había sido sólo producto de su imaginación, optando por ir a la cocina a robar algo para la cena; lo primero era mitigar el hambre que ya le hacía desfallecer. No tenía humor de ver o hablar con nadie, por lo que sólo sacó un poco y se encerró en su habitación para pensar y esperar a que el director Lee le llamara.

¡Maldición!

Junho había dicho tantas cosas. Entre otras, que no podía creer que Changmin se hubiese atrevido a revelar su condición sexual por televisión. Junho parecía tan aliviado con eso, y sin embargo él se sentía perdido ante tal revelación. Ahora jamás podría ser un actor serio, sólo otro más de esos que se encasillaban a un solo papel, y en este caso sería uno de gay.

Ignoraba aun lo que decían aquellas revistas que Junho había llevado, así que ya algo entrada la noche se decidió por mitigar la curiosidad e ir a la farmacia de 24 horas para conseguir unas cuentas. Dio gracias que fuera tan noche y el dependiente estuviera más dormido que despierto, porque no lo reconoció, y eso era bastante considerando que su rostro y el de Changmin aparecían en una gran parte de los ejemplares.

Quería repasar cada nota, cada detalle, aunque no se había animado a hacerlo con Junho, porque se sentía demasiado avergonzado. No podía ver la TV para enterarse de los chismes que contaban en aquellos programas que tanto gustaban a sus compañeros, así que sólo le quedaba informarse por la prensa escrita. Y lo que leyó no le gustó nada.

Todas las revistas que habían salido el lunes lo vinculaban sentimentalmente con Changmin. Algunas incluían aquellas fotografías tomadas en los BIFF, y unas más la foto mal tomada con un celular donde Changmin llevaba a alguien de la mano y lo comparaban con él. Se añadían las declaraciones hechas por Fukutaro donde aseguraba que el actor salía con un modelo conocido y de nuevo aparecía su nombre.

¿Y qué había declarado Changmin al entrevistarlo después de ganar? Por más que buscó, no encontró esa respuesta. Todo parecía indicar que el actor no había dicho más después de aquellas controversiales palabras, e incluso su madre, al ser abordada al salir del Centro de Convenciones Plaza, había respondido con amabilidad sobre su sentir por su hijo ganador al Bambú de Oro:

—Me siento muy orgullosa. —había dicho Mia Shim.

—¿Y qué opina sobre la relación que su hijo mantiene con Kim Jaejoong?

—Creo que en estos momentos no puedo responderte. Sólo puedo decir que me siento muy orgullosa del triunfo de mi hijo y que voy a apoyarlo en cualquier proyecto que decida comenzar. Es el trabajo de toda madre y estaré encantada de estar con él. Gracias.

Mia había sido inteligente, había afirmado entre líneas que apoyaba a Changmin y se despidió de manera digna. Del actor sólo se mencionaba que no había dado declaraciones, que pronto mandaría un comunicado de prensa, según su representante, y que se había ido con dos hombres de apariencia occidental en el vehículo de Rain, mandando a su madre con su chofer.

En otra nota, se mencionaba que los hombres con los que se había visto salir al actor eran dos ejecutivos de Sony Pictures Entertainment, y especulaban que el actor hubiese sido requerido para interpretar el papel de alguna película.

En la sección de moda, el traje que Boa había diseñado para Changmin recibía grandes calificaciones y elogios. Cada uno de los críticos de moda daba su aprobación al diseño, corte y modernidad, asegurando que el cuello mao había sido tomado de la película Matrix, pero modernizado a tal grado que a Changmin le sentaba de maravilla. El color azul de su camisa combinaba a juego con el pendiente de su oreja izquierda, que cerraba con broche de oro el atuendo. Las joyas elegidas habían sido sobrias y de buen gusto: un reloj de oro y unas mancuernillas a juego. Debido a la forma del cuello del saco, había sido un acierto no llevar cadenas. Le había faltado peinarse, pero era por todos sabido que el actor solía llevar siempre ese tipo de peinado a la ‘despreocupé’ que le sentaba tan bien.

Después continuaban con la crítica al resto de famosos presentes en el evento, incluida su madre. Pero no había nada más en las revistas o diarios, así que no sabía si Changmin habría aclarado algo a la prensa o la TV en las pasadas horas, y ya que no estaba no podría preguntárselo. Aunque tampoco lo haría si estuviera en la escuela.

—¡Vete al diablo! Maldito Témpano de Hielo Shim —masculló arrojando todo lo que tenía sobre la cama al suelo—. ¡Maldito cubo de hielo! —insistió más atropellado y triste.

¿Qué podía hacer? ¿Qué?

En vano esperó porque Changmin llegara esa noche, observando de tanto en tanto la ventana. Por una parte no quería verlo ni escucharlo, pero por otra… necesitaba una explición, saber por qué había dicho aquello ante las cámaras de televisión siendo ese programa en especial, visto por millones de personas en el mundo. Ahora la noticia era sabida por todos.

¿El maldito quería terminar de destruirlo? ¿Era eso? ¿No le había bastado con hacerlo su amante, también lo daba a conocer al mundo?

¿Ese maldito desgraciado nunca se cansaría de hacerle daño?

Se durmió pasada la madrugada sin haber querido hablar con nadie, ni siquiera Yoochun o Hangeng (quienes habían ido a tocarle pasada la media noche) y se metió bajo las cobijas pensando lo peor.

Y ahora seguía encerrado, esperando que el director Lee le llamara para regañarlo, mandarlo a detención o algo por el estilo, si bien nada sucedía y la espera sólo aumentaba sus nervios. Daría lo que fuese porque el director le llamara ya y pasara esas horas de encierro en alguna aula de detención, en lugar de su cuarto donde ese maldito de Changmin pudiera encontrarlo con facilidad. Aunque, tampoco Changmin había aparecido aun por la escuela, y no sabía qué pensar.

—¡Ese desgraciado!

Se había enterado de todo escuchando a través de la puerta. Sus compañeros no se molestaban en bajar la voz, al contrario, parecía que lo hacían apropósito para que escuchara. El director había llegado muy temprano y Changmin no se había presentado a clases de nuevo, lo mismo que él. No había querido entrar a clases o salir a comer a las horas específicas, en su lugar procuraba colarse a la cocina y tomar algún alimento del refrigerador escolar cuidando que nadie le viera, como lo había hecho la noche anterior.

Un inesperado golpe a la puerta le sacó de sus pensamientos. Eran las 3:30 de la tarde, según su reloj digital. Ya Yoochun había intentado de nuevo que saliera de su cuarto sin lograrlo, ni en la tarde, ni en la noche o la madrugada anterior. Hangeng también había estado tocando a la puerta con el mismo resultado. Había escuchado incluso a Yoochun decir detrás de la puerta que Boa estaba preocupada y que Yunho había preguntado por él, pero no dio respuesta alguna.

Otra vez el golpe a la puerta, pero ninguna voz.

¿Quién sería ahora?

No iba a levantarse para abrir, quien quiera que fuera. No les había abierto a sus amigos ni a sus compañeros, menos a un mudo. Todos debían estar ya en sus talleres en ese preciso momento, así que no abriría.

—¡Jaejoong-ssi, abra ahora mismo la puerta!

La voz imperativa y rasposa de la subdirectora lo puso de pie de un brinco, con esa odiosa impresión que le regresaba a cuando tenía seis años y la maldita vieja le levantaba en medio de la noche para obligarle a limpiar las paredes que había rayado durante el día. Aun ahora, con veinte años encima, le seguía temiendo como cuando tenía seis.

Al abrir la puerta, la cara totalmente arrugada y huesuda de la mujer apareció ante sus ojos con esa mirada inquisidora que, desde que podía recordar, era capaz de tatuar la palabra ‘Culpable’ en todo aquel en quien se posaba. El mentón alzado y los labios apretados eran característicos de ella. Esa mujer jamás sonreía. Por un momento la imagen de un Changmin anciano, con el cabello largo, lleno de arrugas, labios apretados y el mentón alzado pasó por su cabeza, y eso le hizo sonreír un poco. Sin duda alguna aun Changmin con 80 años encima lucía mejor que la vieja regañona de la  subdirectora.

—Vamos a ver si se ríe después de que vaya a ver al director Lee —Y la sonrisa en el rostro de Jaejoong se borró. La hora de la verdad había llegado y todavía no sabía qué podía hacer—. Le está esperando en el despacho. ¡Vamos! Mueva su trasero que estoy ansiosa por aplicarle el castigo que se merece.

Jaejoong tembló casi imperceptible. No tenía idea de lo que el director iba a decirle, pero por las palabras de la subdirectora ya comenzaba a sentirse culpable. ¿Qué pensaría el director Lee de él? ¿Qué pensaría que había hecho con Changmin? ¿Habría pasado por su cabeza que habían hecho el amor?

¡Dios no!

Salió casi corriendo hacia la dirección. Estaba temblando de miedo. El director era a quien podría considerar su segundo padre, a quien acudía cuando tenía algún problema o necesitaba de algún consejo, al único a quien le debía alguna explicación. El director Lee le apreciaba mucho, lo sabía, él mismo se lo había dicho muchas veces y le había ayudado un sinfín de ocasiones en las que se metía en líos con la subdirectora al hacer tantas travesuras.

¿Iría a ayudarle ahora, a creerle si le decía que entre Changmin y él no había nada?

Llegó y entró a la carrera a la oficina de Seohyun sin siquiera tocar, extrañándose de que la chica no  estuviera en el lugar, pero ya que escuchaba voces dentro del despacho imaginó que ahí se encontraría ella en esos momentos, hablando con su abuelo.

Al llegar a la puerta aspiró profundo y tocó. Al escuchar el “Pase”, abrió la puerta.

Sus ojos se abrieron enormes, el corazón a latir acelerado y sus manos a sudar al ver sentado, en la silla contigua a la que debía ocupar, al causante de todas sus desgracias.

Shim Changmin permanecía frente al director Lee, y no tenía idea de cuánto tiempo llevaba con él o qué tanto le había contado…

«Maldita sea» rezongó para sus adentros, incapaz de alejar su mirada de aquellos ojos asimétricos que parecían estudiarle de pies a cabeza, poniéndolo todavía más nervioso si es que eso era posible.


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Changmin había atravesado los oscuros pasillos de la escuela. La reunión con los de Sony Pictures había durado más de lo que esperaba y había terminado saliendo de madrugada del restaurante donde hubieran estado discutiendo los términos del contrato. Hubiese deseado llegar a la mansión Shim y ver cómo se encontraba su madre tras la declaración que había dado, pues no había podido acompañarla luego de semejante noticia, pero era de madrugada y prefirió quedarse en su departamento para no despertar a nadie.

Al día siguiente le habían despertado las noticias a todo volumen que Ping escuchaba sentada, con los pies arriba de los muebles de piel –que cuidaba tanto–. Junto a ella estaban ya varios diarios y revistas que hablaban sobre la declaración. Mei le saludó amable y Ping casi se va de espaldas al verlo tras ella, levantándose con la carita roja porque no había creído verlo en casa. No obstante, esta vez pasó de regañarla, estaba más interesado en saber hasta dónde había llegado el daño que le había causado a Jaejoong.

Parecía irreparable…

Estando con Johnson y Lee se dio cuenta de lo que Junsu le había reclamado. Él estaba a punto de cumplir uno de sus sueños al viajar a América a realizar una de sus pasiones, y su estúpida arrogancia había echado a la basura el sueño de Jaejoong con semejante declaración. Debió haberlo meditado un poco más, si bien el modelo no le había dado otra opción.

Jaejoong estaba en su derecho de odiarle, aunque él le amara.

El lunes por la tarde había terminado de arreglar el papeleo con los americanos, pero una vez más no pudo regresar al colegio pues su madre le retuvo hasta entrada la noche. Había estado escuchando sus consejos para recuperar al pelinegro, ella le apoyaba y estaba feliz por eso, pero sabía que por más consejos que le diera, recuperar a Jaejoong iba a ser casi imposible.

Por eso ahora llegaba a media tarde. Había tenido que sortear a la prensa que seguía apostada a la entrada de la reja, pero Zhoumi estaba acostumbrado a esos tumultos y los franqueó con facilidad.

Dentro, pudo notar cómo los guardias de la entrada le miraban de reojo y murmuraban entre sí con sonrisitas burlonas. O al menos hasta que volteó a verlos, porque bastó una mirada fría para hacerlos enmudecer; más les valía  darse cuenta que él no había cambiado en nada, pese a haberse declarado gay. Todavía podía darles una paliza, aunque tuviera que pagarles después.

No obstante, no  bien hubo ingresado con rumbo a su habitación atravesando los pasillos, esa tétrica presenta le hizo frente y le mandó al último lugar de la escuela en el que deseaba estar. Quería ir a ver a Jaejoong, saber qué pensaba, qué sentía por lo que había hecho y sin embargo, era obligado a posponerlo para después.

—Maldita sea.


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Jaejoong se sentó frente al director, quien se mantenía inusualmente serio y ceñudo. Mantenía ambas manos entrelazadas sobre el escritorio y los miraba fijo. Jaejoong no recordaba una actitud tan seca, ni siquiera con la más loca de sus travesuras había sido así de frío y hermético. Les observaba, pero no podía saber si meditaba en algún castigo o decidía si creer o no las palabras que, de seguro, Changmin le había dicho. Ojalá supiera cuáles habían sido, así podría intentar adivinar lo que pasaba por la cabeza de aquel hombre.

Los nervios le dejaban la mente en blanco, incapaz de imaginar cualquier cosa sino sólo sentir sus manos transpiradas, que insistía en limpiar sobre la tela de su pantalón. Eso sumado a la mirada de Changmin clavada sobre sí no le ayudaba en nada. No quería voltear a verlo, pero era imposible que entre su inquietud sus ojos tomaran vida propia como sus manos y le mirara de soslayo cada tanto, sólo para reparar en la mirada del actor fija sobre él.

Fue el inesperado golpe, fuerte, producido por los puños del director sobre el escritorio lo que le puso los vellos en punta. El hombre se había puesto de pie molesto, dejando caer las manos enla madera para captar la atención de ambos.

—¿Es cierto todo? —preguntó con voz tensa—. ¿Son pareja?

Jaejoong tragó saliva nervioso. El director no parecía dirigirse a él, pero tampoco a Changmin, había lanzado la pregunta al aire a la espera de ver quién la tomaba y, por lo visto, ninguno de los dos quería hacerlo.

—¡RESPONDAN! ¿Son pareja? ¿Y a pareja se refieren con que han tenido relaciones? —De nuevo, ninguno de los dos respondió. Entonces sucedió lo que Jaejoong más temía: Los ojos del director se posaron sobre él—. Jaejoong, ¿son pareja?

—¡No! No lo somos. —respondió a la carrera, intentado deshacerse de su propio sentir con respecto a esa pasada relación, si bien muy, muy en el fondo seguían que lo seguían siendo, pese a negarse a aceptarlo.

Esa respuesta bastó para aliviar al director, que soltó un fuerte suspiro y tomó asiento. Todos sabían (menos Changmin, quien parecía no creerle), más el director, que Jaejoong jamás mentía. Era por ello que se había decidido a preguntarle a él, y no al actor. Y sí, se calmó, al menos hasta que Jaejoong se removió incómodo y estrujó sus manos, susurrando mucho más bajo.

—… Lo fuimos, pero ya no.

—¡¿QUÉ?! —vociferó volviendo a ponerse de pie—. ¿Lo fueron? ¡Entonces lo hicieron en mi escuela! —señaló colérico.

—Básicamente, fue en su cama —aclaró Changmin al señalar al pelinegro—. En su cuarto. Pero si lo ve de forma amplia, sí, fue en su escuela. —Jaejoong enrojeció.

—¡CHANGMIN! ¡Cállate! Tus palabras no están ayudando en nada. —retó alzando la voz y muerto de vergüenza. Changmin lucía tan tranquilo ventilando aquello que para él era tan privado y bochornoso.

—Y lo dicen así, tan tranquilos… —El director no daba señales de notar que el único tranquilo era Changmin. Jaejoong temblaba y el muy idiota, Témpano de Hielo sólo se había cruzado de brazos y observaba sin inmutarse—. ¡No saben el entredicho en el que estamos! ¿Verdad? Jaejoong —miró al modelo—. Jamás habías hecho algo que ameritara tu expulsión, pero ahora…

Fue esa última palabra la que le hizo abrir los ojos con el terror tatuado en la mirada. ¿Iban a expulsarlo? ¿Y a dónde iba a ir? No tenía ningún lugar al que pudiera llamar casa. Sí, iba a irse de la escuela al acabar el curso, pero no contaba con que fuesen a echarlo justo en ese momento. No había tenido tiempo de pensar en su futuro, no en tan poco tiempo.

El director observó su semblante y se preocupó por él. Jaejoong era como un hijo y no quería causarle semejante daño, pero era lo que él se había buscado. Por ello se serenó, y buscó volver a hablar.

—Deben entender que no pueden seguir los dos en esta escuela. Me veo en la necesidad de expulsarlos a ambos. Este colegio ya quedó muy mal parada con esa declaración, jovencito —Esta vez era a Changmin a quien miraba—. Todos estarán al pendiente de lo que aquí se haga. Ningún padre volverá a tener la confianza de dejar aquí a sus hijos, la seguridad que les afirmábamos era inquebrantable, ya no lo es.

—Lo que hicimos fue de mutuo acuerdo, no se quebrantó ninguna ley. —aseguró Changmin con tono frío. Jaejoong le miró de reojo, consciente de que no podía reclamarle ahora por una violación si no quería meterlos en un lío mucho peor. Además, Changmin tenía razón en algo, había sido con consentimiento de su parte.

—¡AUN ASÍ! ¡Aquí no está permitido que los alumnos mantengan relaciones sexuales! —sentenció el director.

—Ah, pero se nos da toda la teoría. ¿No sería conveniente llevar algo de eso a la práctica? —El sarcasmo desbordó en cada palabra del actor y el director volvió a enfadarse.

—¡Cállate, Changmin! Sólo estás echando más leña al fuego. —ahogó Jaejoong preocupado. Lo único que el menor hacía era retar al director para que la expulsión fuese inminente.

—¡Ni un minuto más permanecerán ambos en esta escuela! Vayan a preparar sus cosas. Voy a enlistar los papeles necesarios y hablaré a sus respectivos representantes para que vengan por ustedes. Lo que hagan fuera de estas instalaciones ya no será problema mío.

Ya estaba hecho. Había sido expulsado y tendría que abandonar la que había sido su casa por casi 14 años. No había más qué hacer, ni cómo remediarlo. Iba a ponerse de pie para retirarse a su habitación cuando Changmin se le adelantó. Sólo que en lugar de que el chico se fuera, se quedó ahí, con la mira fija en el director. Daba la impresión de que se contenía para no golpearlo.

Un segundo después, sacaba unos papeles del saco de su uniforme y los tendía sobre el escritorio con expresión decidida.

—No expulse a Jaejoong. Quien se va de aquí soy yo.

«¿Eh?»

El pelinegro lo miró sin entender, sin poder creer que el actor estuviera ofreciendo irse a cambio de que él se quedara. ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Por qué Changmin parecía cargar con una culpa que debía ser compartida? ¿Qué acaso no habían hecho el amor estando en mutuo acuerdo?

—Las cosas no funcionan así, Changmin-ssi. —Pero incluso así, el director tomó aquellos papeles para hojearlos. Jaejoong estaba curioso por saber qué eran, y al parecer el director más, porque continuó leyendo hasta el final. Al terminar los observó a ambos por unos minutos, poniéndolo más impaciente. Al final, encaró al modelo—. Puedes quedarte, pero Changmin se va.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Y ese repentino cambio por qué? —preguntó a la carrera y sin meditarlo, sin creer lo que el hombre decía, sin creer que había sido salvado por Changmin… de nuevo. Como aquella vez en que le había salvado de terminar en detención por activar la alarma contra incendios, cuando el menor se había echado la culpa.

—Changmin se va de la escuela voluntariamente. Son los papeles y la tramitología para su baja —abanicó las hojas con la mano—. No voy a negarme a su salida. Si tú te quedas y él se va, y no hacen ninguna declaración sobre lo dicho en los Asian Film, me olvidaré de tu expulsión, Jaejoong. Todo quedará como una mala broma.

—Pero… no entiendo. —balbuceó confundido, su corazón latiendo desaforado.

—Changmin se va del país este fin de semana.

Fue como un golpe directo en la boca del estómago, uno que le traía a la realidad como un brusco latigazo. Las piernas amenazaron con no sostenerle más y si no fuera porque se mantenía apoyado en el escritorio, estaba seguro de que hubiera caído. Su mente se nubló y las palabras huyeron de su boca. La noticia del director le había afectado más que si lo hubiese oído del propio actor.

—Va a Estados Unidos a filmar una película. Según estos papeles, estarás fuera… ¿cuánto? ¿Un año, Changmin-ssi? —Jaejoong sólo pudo percibir de soslayo cómo el menor asentía, y su corazón se paralizó—. En un año esto quedará olvidado, así que puedes quedarte. De cualquier modo, no se verán en 12 meses.

¿Doce meses?…

Changmin iba a irse…

¡A irse por doce meses!…

Sin él.

—Jaejoong, aun así estarás confinado a tu habitación por una semana por lo que hiciste. La comida y las tareas las harás ahí, no saldrás y nadie podrá entrar a verte a menos que sea para algún trabajo. ¿De acuerdo? —Él apenas logró cabecear—. Ahora vete, aún tengo que hablar a solas con el joven Shim.

Jaejoong se giró en su lugar cabizbajo, con el cuerpo pesado como plomo, cansado y demolido. Era como si de pronto hubiese corrido una maratón de diez mil kilómetros sin descanso, donde ahora las piernas y el cuerpo le tiraban. Pero lo que más dolía, era el pecho. Al llegar a la puerta giró un poco, notando que la mirada del más joven no le había perdido detalle en ningún momento.

Antes de que pudiera procesarlo, sus labios silabearon para él sin emitir sonido alguno: «Vete al diablo»

Y sin decir nada más, salió de aquella oficina lo más rápido que sus piernas se lo permitieron para ir a encerrarse a su habitación. Changmin se iba el fin de semana y sentía que su corazón se le comprimía en el pecho, robándole el aire.

¿Por qué?

¿Por qué?

¿POR QUÉ?

Changmin despegó la mirada de la puerta y miró al director. Este no le había perdido detalle en ningún momento. Lo estudiaba, tal como le había hecho con Jaejoong al llegar. Era una persona madura y sabía. Quizá era su manera de determinar si podía confiar en él o no.

—Mi representante vendrá a verle dentro de unas horas para arreglar lo de mi salida. —aseguró volviendo su atención a la puerta, como si esperara que Jaejoong apareciera, si bien sabía que no iba a pasar.

—¿Quieres ir a hablar con él?

Sabía que Changmin no respondería a su pregunta. Lo había estado retando a cada instante con la mirada, con su actitud y palabras evasivas desde que hubiera aparecido en su despacho. Changmin no demostraba tener mucha facilidad para someterse a la autoridad, pero aquello había cambiado en cuanto Jaejoong apareció. Se notó incómodo y ansioso por igual ante las reacciones del pelinegro. Molesto, cuando Jaejoong negó su relación, y aliviado cuando afirmó que sí lo habían sido. Incluso ahora, se veía desesperado por salir, y no precisamente por ir a arreglar sus cosas.

—Sí. Quiero ir a verle. —Aquello sorprendió al hombre, pero Changmin estaba tan ocupado en apreciar la puerta que no lo notó. Había creído que el chico no respondería.

—Entonces ve. Yo esperaré a tu representante para hablar de tu salida.

Changmin volteó para verle con las cejas alzadas por el asombro, pero fue sólo un momento, porque al siguiente su máscara de calma e inmutabilidad volvió a aparecer. Tal parecía que la usaba con todos, menos con Jaejoong. Aun así, se inclinó en señal de agradecimiento y salió lo más rápido que pudo en busca del mayor.

—El amour, el amour. —murmuró el director, que ya se ponía a tararear una tonada romántica mientras continuaba firmando algunas órdenes y requerimientos, y olvidando por un instante de las cartas de expulsión que había sacado justo antes de que ambos jóvenes llegaran.

Jaejoong era como un hijo para él, y desde siempre había sabido de la admiración que el modelo tenía por Shim Changmin. Muchas veces en su despacho, el chico le había contado su sueño de conocerlo y convertirse en su amigo, llegando incluso a contarle de aquel incidente a sus seis años donde afirmaba querer casarse con él; ambos habían reído mucho por ello.

Ese había sido el motivo por el que, apenas llegaron a sus manos los papeles de inscripción de Changmin, se apresuró en aceptarlo y anotarlo en el salón de Jaejoong, además de colocarlo en la habitación contigua a la del pelinegro. Confiaba en que a Jaejoong le daría mucho gusto.

Y al parecer el gusto había sido mutuo…

Lo que el director nunca supo, es que entre la montaña de problemas que habían causado aquellas decisiones erradas, algo de mano divina había tenido. Y es que si Jaejoong le hubiese contado del problema que había tenido con el actor un año atrás, aquello hubiese bastado para que las cosas hubieran sucedido de un modo muy diferente.



–.—.—.—.—.—.–



Las cortinas de la habitación se agitaron con la corriente de aire que comenzaba a soplar del exterior. Había olvidado cerrar la puerta del balcón, pero no se sentía con fuerzas suficientes para llegar hasta ella y cerrarla.

Sentado en su cama, observaba el piso. Sentía frío, pese a que el clima fuera algo caluroso y trajera pues el uniforme con todo y saco. El cuerpo lo tenía adolorido, como aquella primera vez en que hubiera hecho el amor con Changmin…

¿Amor?

¡Cuál amor! Changmin lo había atado a la cama y lo había poseído, un acto que le había traído terribles consecuencias. Ahora se sentía igual, aunque por diferentes motivos. En aquel entonces había sufrido, moral y físicamente, pero ahora era algo más bien interno. Le sofocaba, se sentía ahogar. El dolor punzante en el pecho le provocaba alzar las manos para frotar la zona e intentar aminorarlo, pero este no cedía.

—Me duele… —musitó a la nada, su mano cerrada con fuerza sobre su pecho.

—A mí también…

La mirada oscura se elevó veloz hasta el balcón abierto, y ahí, de pie sobre el marco, se encontraba su peor pesadilla, aquel que tanto odiaba pero amaba a la vez; aquel que no se merecía su cariño, porque no sentía más que deseo por él.

Quiso sostenerle la mirada, convencerse de que lo odiaba, pero su sola presencia le estremecía. Ese aroma a colonia cara le inundaba los sentidos, y la mirada sensual que recorría con lentitud su cuerpo le inflamaba la sangre. Changmin sabía cómo mirarle, cómo tocarle y besarle para que reaccionara.

—No sé qué haces aquí —desvió la mirada lejos de aquella que no perdía detalle de su figura. Se sentía perdido con solo verle—. Supongo que has venido a restregarme en la cara lo fácil que fue cerrar con broche de oro tu venganza. Pues, te felicito —masculló con voz amarga y seca—. Tu partida a Estados Unidos ha sido lo mejor de todo —regresó a mirarle—. Lo mantuviste todo tan bien guardado, que jamás pasó por mi mente que después de revelarme tu ‘magnífico plan’ te largarías para evitar cualquier relación conmigo. Sólo plantas la semilla y esperas que florezca. Eres un verdadero desgraciado —le miró lleno de rencor—. ¡No sabes cuánto te odio!

—Sé que merezco tu odio —aceptó acercándose a él. Esas palabras logaron confundirlo por un momento, pero al segundo arrugó el ceño—. Sólo escúchame primero, después ódiame.

—¡Eres un maldito arrogante! —se puso de pie, quedando a escasos pasos del actor con las ganas apenas contenidas de agarrarlo a puñetazos. Changmin vio los puños del mayor apretándose y bajó los brazos a los costados de su cuerpo.

—Hazlo —instó calmado—. Si te sientes mejor, adelante, golpéame.

Jaejoong sonrió, si el actor pensaba que no sería capaz, estaba muy equivocado. Levantó el brazo derecho con la mano empuñada fuerte y en alto, y sin más lo lanzó con todo coraje contra el menor, impactando contra su mejilla. Changmin giró por la intensidad del golpe, dejando que incluso algunas gotas rojizas salpicaran contra el impecable papel tapiz de la recámara.

Por un momento creyó que se sentiría mejor al desquitarse de esa manera, pero el alivió que creyó sentir se convirtió en preocupación al ver cómo el más alto se llevaba una mano a la boca para limpiar el hilillo de sangre que brotaba de la comisura de la misma.

—Si estás listo para escucharme, me gustaría empezar. —murmuró el menor sin rastro de enojo. ¿Pero por qué no se molestaba o tomaba represalias? Fuera como fuera no quería escucharle, le dio la espalda.

—No quiero hablar contigo, ni saber nada de ti. Que te vaya bien en Estados Unidos y ojalá no vuelvas. Por fin se hará realidad mi sueño y saldrás de mi vida para siempre. —Estaba dolido, aunque trataba de sonar seguro y feliz porque Changmin se fuera, sabía que era demasiado transparente como para convencerlo, y es que su verdadero sentir siempre salía reflejado en su voz.

Antes de poder evitarlo se encontró siendo tomado con fuerza por los hombros, un toque que le provocó una violenta corriente eléctrica y de la que trató de alejarse. Sólo que las fuertes manos del chico le apretaron más, acercándolo hacia sí para poder susurrarle.

—Mientes.

Sí, estaba mintiendo. ¿Por qué maldita razón no podía ser como los demás y mentir cuando lo considerara conveniente? Ahora Changmin sabía que a pesar de decir que se alegraba, no era así. Le dolía, mucho, pero no lo diría. No sería humillado de nuevo por confesar de nuevo un amor que sabía, no era correspondido.

—Suéltame —pidió en tono calmo, aunque por dentro estuviera destrozado, su voz no lo denotó esta vez. Changmin se notó sorprendido por ello, y él aprovechó ese instante para encararlo—. ¡Lárgate!

—Jaejoong, escúchame. —pidió dando un paso para acercarse, pero Jaejoong retrocedió igual.

—¡No! Ya has dicho suficiente. ¿Qué más puedes decir? Hasta tengo miedo, lo último que dijiste acabó con mi vida como la conocía, si vuelves a hablar no sé qué más daño puedas hacerme. No vaya a ser que ahora sí me mates. —acusó mordaz.

—Sólo hice lo que me pediste. —Jaejoong abrió mucho los ojos.

—¿Qué? ¿Ahora me echarás la culpa? ¿Cuándo te pedí que le dijeras a medio mundo que soy gay, eh? No estoy loco como para suicidarme socialmente y perder una fortuna en campañas. Ya estoy esperando la visita de Sunny para reclamarme por eso, seguro que todos mis grande proyectos se han de haber caído gracias a tu chistecito.

Otra cosa en la que Changmin no había pensado. Jaejoong tenía razón, había campañas, como la de Nike, que seguro quitarían a Jaejoong de su lista de posibilidades o cancelarían los promocionales que ya hubiesen filmado y quién sabe, tal vez incluso le cobrarían una multa por exponer su imagen de esa forma.

—Lo siento. —Esas dos palabras lograron que Jaejoong quedara con la boca abierta por el asombro. ¿Changmin disculpándose? Eso era digno de otro premio, porque sonaba tan sincero. Lástima que no pudiera creerle.

—Si no supiera que eres un magnífico actor, podría haberte creído. —La única vez que había visto a Changmin vulnerable sucedió la noche en que Kyuhyun murió, aunque ahora lo veía de la misma forma, y no le agradaba. No podía saber si el chico realmente se encontraba afectado o sólo actuaba para bajar sus defensas—. Si un ‘Lo siento’ es todo lo que querías decir, ya puedes irte. —Pero Changmin no se movió, sólo le recorrió lento con la mirada, provocándole estremecimientos involuntarios.

—Lo hice porque me lo pediste, con la esperanza de que pudieras creer que te amo. —Jaejoong revoleó la mirada. ¿Por qué decía que él había pedido que le destruyera la carrera?

—¿Por qué insistes con eso? ¿Qué fue lo que te pedí? Porque yo no recuerdo haberte dicho que terminaras con mi carrera para que nadie me diera trabajo.

—Sé que Junho te canceló el papel del fantasma… —La risa de Jaejoong le interrumpió. ¿Acaso su primo no había cancelado su participación? Con lo quisquilloso que era con su trabajo no creía que fuese a arriesgarse. Y sin embargo, el modelo reía.

Jaejoong, no sin satisfacción, recordó en ese momento las palabras que el joven Junho le dedicado al verle postrado casi contra la puerta por el miedo.

—Pasa, tenemos que hablar sobre tu participación en la obra.

Eso le había hecho temblar. Las peores cosas pasaron por su cabeza, pero fue el mismo Junho quien le regresó el alma al cuerpo al darle también una leve esperanza.

—A mí, en particular, no me importa tu condición sexual —Esas palabras casi le habían lanzado al cielo—, pero al público sí —Y después le dejaron caer—. Montar una obra, cualquiera, por más sencilla que sea, cuesta. Hay que pagar la renta del teatro, la confección de trajes y escenografía, así como el pago a empleados y personal que abarca no sólo a los actores, sino a acomodadores y tramoyistas, ingenieros de sonido y luces, músicos de orquesta; está la impresión de publicidad, posters, afiches, programas y demás. Yo, como productor, no puedo arriesgarme a que fracase.

Jaejoong lo sabía. Al haberse involucrado en un escándalo, era más que seguro que la gente se abstuviera de asistir a la función y fracasara, logrando que la producción y socios perdieran toda inversión. Ser consciente de ello le deprimió.

—Entenderé si quiere que deje la obra. —aceptó tratando de ahogar el nudo en la garganta. Su sueño, su gran sueño iba a irse a la basura, y quizá jamás podría recuperarlo.

—Las noticias de ti y Changmin en los diarios y revistas son bastante comprometedoras —prosiguió Junho sin ver los artículos mostrados en las impresiones bajo sus manos. Daba impresión de que se había leído ya cada una de ellas—. Pero todas son conjeturas, no hay ni una sola afirmación, nada que demuestre que es cierto, y si no hay confirmación de tu parte ni de la de Changmin, entonces sólo es un rumor —Jaejoong alzó la mirada hasta los ojos contrarios, asombrado—. Changmin bien pudo haberte hecho una broma de mal gusto, y mientras él o tú no digan nada más… no hay por qué disolver el contrato.

—¿Qué? —consiguió balbucear incrédulo.

—Así es, Jaejoong-ssi. Voy a arriesgarme contigo y con esta obra. Tú eres la persona indicada para interpretar al fantasma, tienes una gran voz, un magnífico potencial actoral y yo pienso explotarte al máximo. Me hubiera gustado que interpretaras otro papel en un musical que aún estoy considerando… —confesó pensativo, sonriendo de pronto para sí, algo que el pelinegro no entendió—. Pero, bien, consideraremos este escándalo como publicidad gratis. Todos querrán ir a verte al teatro para saber si la afirmación de Changmin es verdad o no, pero mientras ustedes no digan nada, todo quedará como un rumor.

—¿Eso es una condición? —musitó incómodo. No quería que le condicionaran nada, no quería un trabajo en el que necesitaba guardar alguna clase de secreto para ser aceptado que por cierto, siendo él como era, resultaría imposible. Él jamás mentía.

—No, no estoy condicionándote —sonrió Junho—. Si tú y Changmin están saliendo y quieren revelarlo a medio mundo, adelante. Aun así pienso arriesgarme contigo. —Eso le hizo sentir mucho mejor, pese a que entre ellos no hubiera ya nada.

—Pero Changmin y yo no tenemos ninguna relación. —Cuánto deseaba que hubiera algo entre ellos, pero era imposible.

—Junsu me dijo lo contrario —Jaejoong enrojeció. ¿Cómo podía saberlo el chico de cabellera platinada que tocaba el violín? Tal vez Changmin le había contado, aunque según los había visto tratarse en la audición, no se llevaban bien—. No puedo creer que Changmin se atreviera a revelar su condición sexual por televisión —admitió con una extraña felicidad, pero el pelinegro seguía desconcertado—. Sólo debes considerar lo siguiente —le miró más serio—: Si la obra es un éxito, como espero que sea, no tendrás que preocuparte porque el mundo entero sepa que eres gay. Tus bonos como actor estarán lo bastante altos como para conseguir más papeles —Jaejoong sonrió—. Pero, si fracasa —La sola idea le puso los vellos en punta—, vete despidiendo de cualquier obra seria. Serás encasillado en papeles de homosexual para toda tu vida.

«Como Hong Seokcheon» se recordó al volver a la realidad, donde el alto actor seguía observándole con curiosidad en la mirada.

—Te equivocas —se jactó orgulloso—. Junho estuvo aquí ayer y me aseguró que se arriesgará conmigo, así que si tu plan era que no me fuera de Busán, fallaste.

Changmin lució de pronto aliviado, y eso lo desconcertó. ¿No se suponía que debería estar molesto porque su plan no salió según lo planeado?

—Me alegro por ti, ahora podrás seguir tu sueño de ser un gran actor, y sé que lo lograrás. —Jaejoong le vio extraño de nuevo. Parecía tan sincero que casi le creía.

—¡Deja de hacerte el payaso! No me vengas a felicitar. Tu plan para impedirme ser actor fracasó. ¡Falló! —recalcó—. Y ahora dime qué fue lo que te pedí, porque yo no recuerdo haberte pedido nada. —Changmin volvió a acercarse, pero esta vez él no retrocedió. Quería saber.

—Me pediste tres cosas y las tres las he cumplido —Jaejoong negó con la cabeza. Él no le había pedido nada—. Me pediste que me reconciliara con mi madre, y lo hice por ti. —¿Acaso estaba loco?

—¡No! Eso no debías hacerlo por mí, debías hacerlo por ti mismo, por acercarte a tu familia, para tenerla de regreso contigo y no porque yo te lo pidiera. —interrumpió molesto. Aunque por otro lado, le alegraba que se hubiese reconciliado con la mujer que tanto le quería, si bien aquello debía haber sido porque Changmin estuviera convencido, no porque alguien lo presonara.

—Entonces lo recuerdas. —señaló el menor, ladeando una breve sonrisa.

—Sí, sí, eso sí lo recuerdo. Pero me dijiste que jamás lo harías. —acusó airado.

—Pero lo hice, y no sabes lo que le costó a mi orgullo pedirle una disculpa y que me perdonara, incluso fue conmigo a la ceremonia de los Asian Film. Fue por eso que te pedí que vieras la TV esa noche. —Jaejoong lo vio con asombro, sabiendo que era cierto. La mejor prueba era haberlo visto en compañía de su madre en la ceremonia. También sabía que Changmin debió haber batallado para tragarse su orgullo, lo que era una dura prueba para él…

Momento. ¡Eso no quería decir nada!

—¡Eres un maldito desgraciado! El que lo hayas hecho no quiere decir que esté dispuesto a creerte. ¡Y menos después de lo que dijiste en televisión!

—Esa fue la segunda cosa que pediste.

—¿Que yo QUÉ? —No podía creer que se atreviera a decir que le había pedido algo como eso.

—Dijiste que lo gritara a los cuatro vientos, y qué mejor forma que el estar frente al podio, delante de las cámaras y en la TV de millones de telespectadores. —A la mente del modelo llegaron de inmediato esas palabras. Se llevó los dedos temblorosos a la frente al recordar las palabras exactas.

—¡No! Nunca te dije que lo gritaras, ¡te dije que NI aunque lo gritaras a los cuatro vientos te creería!

—Entonces lo malentendí. —se encogió de hombros sin darle mayor importancia, lo que enfureció a Jaejoong más, de por sí. Sabía que mentía, era la típica pose y tonito que usaba cuando había hecho algo apropósito.

—¿Y lo último? —masculló entre dientes. Si las cosas no le hubieran pasado a él, quizá estuviera muerto de la risa, pero ahora sólo podía intentar mantener a raya las ganas de asesinar al actor.

Changmin dio unos pasos más para acercarse a sólo centímetros de él, pero no se movió. Tomó las manos del pelinegro sin dejar de verle a los ojos y Jaejoong se sintió hipnotizado, perdido en aquella profundidad cual si estuviera en un sueño, donde la calidez de aquellas manos y los dedos masajeando la piel de su palma le hacían estremecer. Sus ojos se entrecerraron, sin saber qué hacer o pensar. Se sintió regresar atrás, justo antes de saber la verdad; ahí donde podía sentir que el amor que veía en aquellos ojos era tan real como el que se mostraba en los suyos.

—Lo último, que es tuyo… —El menor acortó más la distancia, acariciando su oído con palabras susurrantes—. Me pediste mi corazón…

Aquellas palabras regresaron como una cachetada de realidad, y Jaejoong se separó de golpe. Changmin había dicho en TV que eran pareja, destruyendo así cualquier posibilidad de conseguir un trabajo serio si la obra de Junho fracasaba en taquilla, sin contar que le había hecho su amante como parte de su venganza contra su madre. Le había dicho que aprendió a odiarlo cuando eran niños, ¿y ahora decía que su corazón le pertenecía?

—¡Eres un mentiroso! —negó de inmediato—. Tú no tienes corazón, maldito témpano de hielo. ¿Tu corazón es mío? Sí, cómo no. Para lo único que me sirve un trozo de hielo como ese, es para medio enfriar una limonada —se mofó irónico. Changmin sólo lo observaba—. Vas a irte del país este año, ¿y así pretendes que te crea lo que dices? ¿Qué pretendes? ¿Que sea tu amante hasta que te vayas?

—Me voy este sábado, salgo en el vuelo de las cuatro.

¿Qué? ¡Tan pronto!

No podía negar que las palabras le habían afectado tanto que casi le cree. Sólo que también conocía la habilidad del chico por manipularle, y ahora no lo lograría. ¿Por qué causarle más daño? ¿Cuál era el plan?

—Si ya te vas, ¿entonces qué buscas? —le enfrentó con la mirada, luchando por ocultar el dolor que su partida le causaba. Quizá era mejor así, que se fuera de una vez para poder remendar su vida.

Pero entonces vio a Changmin llevarse la mano a la bolsa interior del saco, de donde sacó un sobre membretado. Al reconocer lo que contenía el sobre, sus ojos se abrieron con sorpresa por lo que aquello pudiera significar.

—Quiero que vengas conmigo. —Y le tendió el boleto a Estados Unidos con su nombre impreso en él.

Pasó saliva nervioso y tomó dudoso el boleto para verlo fijo. Tenía la fecha abierta, pero era sólo de ida, no era un boleto redondo. ¿Acaso pensaba abandonarlo una vez estando allá? ¿Iba a usarlo de nuevo para después botarlo a la basura? Frunció el ceño y, tomando el boleto entre ambas manos, lo partió a la mitad; y se lo lanzó a la cara.

Changmin cerró los ojos al sentir los pedacitos de papel en el rostro, pero no se inmutó. En su lugar mostró esa mueca suya en forma de media sonrisa, por lo cual el pelinegro le miró fijo.

—Ese boleto no puedes pegarlo con cinta, como hiciste con las notas que te dejé bajo la puerta. —se agachó a recoger los trozos, y las mejillas de Jaejoong se colorearon.

¿Cuándo había visto las notas que había roto sólo para buscar pegarlas después? Su curiosidad había podido más, y no había resistido leer lo que el actor le había escrito. Y ahora que lo recordaba, tal vez había sido aquella vez que forzó la puerta del balcón. Las notas estaban sobre el escritorio, y ahí es donde lo había encontrado. No imaginó que Changmin pudiera haberlas leído.

—No me interesa pegarlo o hacerlo válido de alguna manera. —acusó a la defensiva, pero fue como si no hubiese dicho nada porque el menor continuó.

—Puedes pedir una copia en la terminal aérea, sólo asegúrate de que haya lugar en el vuelo. Si quieres puedo reservarte un asiento para que vengas conmigo este sábado. —Jaejoong se sintió de nuevo molesto. ¿Acaso se había vuelto loco? Ya le había dicho que sería El Fantasma de la Opera en la obra de Junho, ¿y ahora quería que lo dejara todo por él?

—¡No! No iré a ninguna parte contigo. ¿Para qué me quieres ahí? ¿Para tenerme de tu amante gratis? ¿Alguien a quien puedas usar mientras filmas tu dichosa película? —Changmin sólo volvió a sonreír torcido.

—No sería gratis. —Y eso bastó para hacerlo estallar. Lo hacía de nuevo. De nuevo asestaba un golpe para humillarlo, confirmando lo que ya sabía. Él no lo amaba, sólo quería usarlo.

—¡Desgraciado! Intentas comprarme otra vez. —gritó, pero Changmin negó suave con la cabeza.

—Lo siento, lo hice de nuevo —explicó calmo—. Es tan fácil hacerte enojar, que no puedo evitarlo. —aceptó no sin cierto deje de diversión. Jaejoong no entendía. ¿Iría a Estados Unidos a filmar una película cuando antes ya había rechazado dos que le pagarían millones? ¿Por qué tan lejos? ¿Por alejarse de él?

—Aclárame una cosa —pidió—. Dijiste que estabas tomando un año sabático, te escuché rechazar dos ofertas millonarias, ¿y de buenas a primeras aceptas una oferta en América para aparecer en una película? ¿Quieres quitarte de encima a la prensa y de paso a mí?

—Te equivocas, no voy a actuar. —aclaró, sorprendiendo al mayor una vez más. ¿Qué?

—Pero… ¿entonces qué…?

—Voy a dirigir.

Jaejoong guardó silencio, perturbado. ¿Changmin sería el director de una película? ¿En Estados Unidos? ¿Desde cuándo el actor podía dirigir? ¿Sería por eso que tomaba clases de dirección en la escuela? Entonces que su partida no tenía que ver con la prensa, su madre o cualquier tontería que hubiese pensado. Changmin iba a trabajar en algo en lo que se había estado preparando.

—Será mi primer largometraje, sólo he dirigido cortos hasta ahora. He ganado varios premios con ellos. Quizá hayas visto alguno en mi departamento, están bajo el pseudónimo de Choikang.

Sí, sí los había visto en su departamento aquella vez, pero no les había dado importancia. Le habían llamado más atención las fotografías.

—¿Vendrás conmigo? —preguntó el actor, acercándose peligrosamente a él. Jaejoong alzó la mirada y se perdió al encontrarse una vez más con aquellos ojos castaños. Se sentía… tan confundido. Por una parte, moría por estar con él, por sentir aquellos labios sobre los suyos, derretirse bajo el calor de su cuerpo; pero por otro, sabía de antemano que lo único que él quería era su cuerpo, y no su corazón.

—No. —afirmó firme, cerrando sus ojos para acallar su corazón desbocado, aquel que luchaba por gritar que sí.

—Te amo, Jaejoong…

Sus ojos se abrieron enormes al ver a través de aquellas pupilas, como si tratara ver en ellas si aquello era verdad. La mirada de Changmin parecía brillar con una emoción que no pudo identificar. No era la misma que había tenido al ganar en los Asian Film, ni la que encontró en sus ojos al contarle sobre la muerte de Kyuhyun, ni siquiera aquella que mostraba cuando hablaba sobre su madre y la pelea. Tampoco era lo que veía en él cuando le besaba presa de lo que él creía eran celos. ¿Qué era lo que veía en esos ojos? Aquello que le hacía brillar, casi iluminarle por completo el rostro pese a que afuera atardecía y la habitación se oscurecía.

Changmin se acercó de nuevo sin que Jaejoong retrocediera. Las últimas palabras del menor todavía le taladraban el corazón. ¿Cómo podía decir aquello y que sonara tan sincero? Sus ojos castaños se habían dilatado al pronunciarlo, e incluso el color del iris se había intensificado. ¿Por qué? ¿Por qué su corazón latía tan a prisa al escucharle y sin embargo, no le creía?

Sintió los labios del actor posarse suaves sobre los suyos, humedeciéndolos en un roce cálido, dejando que su lengua acariciara su labio inferior, pidiendo permiso para ingresar. Y le dejó, sin proponérselo realmente, abriendo la boca para que Changmin pudiera entrar y saborear, jugar con su lengua y logrando que la sangre amenazara con incendiarle.

Su cuerpo empezó a reaccionar ante la caricia, y respondiendo suave y sin meditarlo elevó los brazos para rodear al menor por el cuello, correspondiendo al beso. Sintió las manos del chico buscando reconocer su figura, volviendo el toque más apasionado, más urgente. Sus dedos se colaban bajo el saco del uniforme y sobre la camisa, donde el calor impregnó su cuerpo logrando hacerle temblar por instantes.

—Jaejoong, te amo. Más que a mi vida, yo… —escuchó la voz ronca pronunciar cada palabra sobre sus labios, cargadas de una sinceridad que le dolió.

Se separó buscando la mirada del actor, la respiración entrecortada. Le miró con desconcierto y desconfianza, sin saber si creerle o no. Su corazón gritaba que no era mentira, que era sincero, pero su cabeza dictaba lo contrario. Changmin aún no se ganaba su confianza, y de aquí al sábado, sin estar en la escuela, no iba a ganarla.

Ni siquiera notó que golpeaban la puerta. Ambos voltearon hacia la puerta y Jaejoong se obligó a recuperar el aliento.

—¿Quién?

—El director Lee me ha mandado a buscar a Changmin-ssi. Su representante llegó y le esperan en dirección. —avisó la voz suave y femenina que Jaejoong identificó al instante, era de Seohyun.

—Dígale que ya bajo —respondió Changmin, sin dejar ver aquellos ojos que de pronto parecían distantes. Al escuchar los pasos alejarse, buscó su atención—. ¿Sigues sin creerme? —cuestionó deslizando el dorso de sus dedos por la mejilla del pelinegro, pero éste se alejó como si el contacto le quemara.

—Me has mentido mucho como para poder creerte ahora. —respondió sin pensar. Podría amarle, pero no confiaba en que él le amara como decía.

—Ahora tengo que irme —Recordárselo hizo que a Jaejoong se le hiciera un nudo en la garganta—. No creo que me permitan volver a la escuela para verte. Tengo muy poco tiempo para arreglar mi viaje, debo arreglar todavía un par de asuntos aquí antes de irme —explicó, tomando después al mayor por los hombros y que le mirara a los ojos—. Pero pienso volver. Dentro de un año volveré, y nada evitará que te recupere. ¿Entiendes? Voy a regresar sólo para recuperarte… Por ti, eso te lo prometo.

Una inusitada emoción le infló el pecho. Jaejoong sintió que el corazón empezaba a latirle desbocado, diciendo que sí, que Changmin le amaba como lo amaba él. Esa voz interna gritaba cada vez más alto, mientras la otra, la que susurraba que el chico mentía, se iba alejando.

—Changmin, yo… —Pero no pudo continuar, porque el castaño volvía a apoderarse de sus labios. Todo le daba vueltas, demasiado sensible aún por el reciente beso interrumpido y el que ahora sólo lograba hacerle reaccionar. Tan sólo pensar que Changmin se iría para siempre bastó para que su resolución se perdiera y se dejara embriagar por aquella deliciosa sensación sobre sus labios. El cuerpo del más joven se apretaba contra el suyo…

¡Oh, por Dios!…

Changmin iba a irse…

No quería que se fuera… No…

Lo amaba, tanto como había dicho él. Más que a su propia vida…

Poco a poco, conseguía corresponder al beso que Changmin le daba y que le hacía despertar el deseo. Pero no podía, ya no más. Se había prometido a sí mismo que no volvería a caer, y estaba cayendo de nuevo. Changmin volvía a romper sus defensas y le manipulaba como sólo él sabía hacerlo.

Se obligó a evocar en su memoria todo lo que había padecido por el actor, sin dejar olvidar el pasado. Sólo era un instrumento de su venganza, de la cual desconocía si era o no parte el reconciliarse con su madre y volver con él.

No…

No podía ni debía confiar en él.

Su beso se volvió frío y alzando una mano, lo empujó lejos por el pecho. Ambas miradas se toparon, la del menor desconcertada. Sabía lo que Changmin se preguntaba, el qué había fallado.

Su memoria, eso le había fallado.

—Ese fue tu regalo de despedida —le mostró una sonrisa forzada, una que se veía cruel en aquel rostro tan atractivo y blanco—. Ahora vete, te están esperando.

Vio a Changmin andar hasta el peinador, donde dejó algo antes de girarse para verle. El pelinegro seguía de pie junto a la cama, viendo cómo el menor se alejaba; cuando llegó a la puerta, tomó el picaporte y abrió.

Un impulso inconsciente hizo a Jaejoong dar dos pasos para intentar detenerlo, pero un instante después se detuvo, regresando a su costado la mano con la que había pretendido alcanzarlo. Changmin giró sin que hubiera podido ver aquello, murmurando algo en voz baja.

—Piénsalo. Tienes hasta el sábado a las cuatro PM —Después guardó silencio, sólo observando aquellos ojos negros antes de seguir—. Si no te amara, no te estaría suplicando. —aseguró. Jaejoong tardó antes de atreverse a verle. Sentía el corazón querer saltarle del pecho… Si tan sólo fuera verdad.

—No tengo nada qué pensar —afirmó con la mano bajo el saco de su uniforme, ahí donde sus dedos estrujaban su camisa—. Si tuviera seguro de que me amas, habría dicho que sí. Pero como no te creo, la respuesta es más que obvia…

Silencioso, Changmin cabeceó en acuerdo y dio la vuelta, saliendo de la habitación para cerrar detrás suyo.

Un segundo después, Jaejoong corría hasta la puerta, cerrando ambas manos temblorosas sobre la misma. Su corazón dolía. Quería gritarle que no se fuera, que se quedara o lo llevara con él, que lo amaba. Que todo estaba olvidado, que volvieran a empezar. Pero tenía orgullo, y no quería  volver a ser utilizado por el actor. No quería más desprecios, ni palabras hirientes. Aunque su corazón rogaba que le creyera, su cabeza se negaba a tomar las palabras del actor como ciertas; y esta vez su corazón no había tenido voz ni voto.



–.—.—.—.—.—.–



Changmin había salido de la habitación de Jaejoong apesadumbrado. No había conseguido nada. Se lo había esperado, sabía que lidiar con el pelinegro iba a ser difícil, pero esperaba que no imposible y sin embargo, había fracasado. Se sintió de pronto tan cansado que terminó por recargar la espalda contra la puerta del modelo, llevándose la mano hasta el área de los ojos.

La cabeza le estaba matando.

Un par de pasos se escucharon por el pasillo, pero no prestó atención. Nadie se atrevería a hablarle porque todos en esa escuela le temían, o eso pensó hasta que ubicó un par de zapatos deteniéndose frente a él. Al alzar la mirada, se encontró frente a frente con Park Yoochun.

—Hasta que te dignas a aparecer —señaló con reproche. Llevaba en la mano el escuche de su flauta, lo que significaba que los talleres habían terminado. Más le valía salir del ala Este antes de que la muchedumbre lo atosigara con preguntas. Con eso en mente se dio la vuelta dispuesto a salir de ahí, pero el músico le detuvo del brazo—. ¿Ya hablaste con Jaejoong? —preguntó. Changmin clavó su mirada en el agarre para que le soltara, y una vez libre lo miró a los ojos.

—Para nada. Es sólo que disfruto contemplar las puertas cerradas. —respondió sarcástico.

—Pudiera ser que te dejó afuera, como a mí, a Hangeng o a Boa. —explicó el músico en el mismo tono.

—A mí nunca. Meterse por el balcón es fácil si lo fuerzas con una tarjeta. —reconoció burlón, y Yoochun le miró tan sorprendido como divertido.

—¡Vaya! Lo tendré en cuenta para la próxima que no me deje entrar. —aceptó siguiendo el juego, pero un momento después pudo ver que la diversión en los ojos del actor se enturbiaba por una sombra de tristeza que jamás había visto. Era la primera vez que Changmin dejaba ver algo de esos sentimientos que siempre escondía tras sus frías miradas.

—Me dio gusto conocerte. —Changmin le extendió la mano, para sorpresa del músico. Yoochun lo miró sin comprender, pero extendió la suya y aceptó el gesto.

—Esto me suena a despedida. ¿Acaso te vas?

—Hasta luego, Yoochun. —le dio una última sonrisa rota sin responder, girándose para tomar rumbo a las escaleras.

—¡Te ama! ¿Lo sabías? —le gritó antes de que el más joven se perdiera de vista. Ni siquiera sabía por qué lo decía, pero había sido un impulso. Pensaba que podría ayudarlos… o sólo meter la pata.

Changmin se detuvo y giró el rostro, apenas lo suficiente para mostrarle una sonrisa melancólica.

—Lo sé. Yo también lo amo… pero no me cree. —Y un instante después, se alejaba a prisa rumbo a la oficina del director.

Yoochun lo observó perderse por el hueco de la escalera. Siempre había tenido la sospecha de que Changmin sentía algo por su amigo, más después de que Jaejoong le contara todo, pero había sido en plena ceremonia de los Asian Film con las palabras dichas por el actor que le iluminó.

Changmin también lo amaba, y ahora se lo confirmaba. Había escuchado de sus labios lo que había sabido desde un principio: Changmin gustaba de Jaejoong. Se había dado cuenta desde que lo había descubierto sentado en su pupitre con la mirada fija en el pelinegro, e incluso el propio actor se lo había dado a entender aquella noche cuando se le ocurrió cuestionarlo por su manera de observar a Jaejoong; le había respondido que quizá significara lo mismo que su mirada cuando hablaba de Junsu. Changmin sabía que salía con Junsu. Se lo había dejado muy claro entonces, pero no lo comprendió al momento…

¿Por qué Jaejoong no le creía?

Changmin se lo había demostrado de tantas formas y lo último –aunque no lo mejor–, lo había dado a conocer al mundo.

Bien decían que ‘primero saben del fuego los que están fuera, que aquellos que están dentro’.



–.—.—.—.—.—.–



Jaejoong se alejó de la puerta arrastrando los pies. Changmin se había ido. No, lo había dejado ir. ¿Por qué no podía simplemente creer todo lo que le había dicho? ¿Por qué?

Porque le había hecho daño, por eso.

Se detuvo al borde del peinador y entonces ubicó de reojo algo fuera de lugar. De repente lo recordó, Changmin se había detenido ahí y tal parecía que para dejar algo. Eran unas llaves, y un sobre blanco.

Hizo las llaves a un lado y con mano temblorosa sacó la hoja que venía al interior del sobre. Sus ojos se abrieron sin dar crédito a lo que veía. Era un título de propiedad en Seúl, y junto a él una nota con la clara caligrafía del actor.

“Sé que vas a Seúl. Por favor, quédate en un lugar seguro, un lugar al que podrás llamar casa de ahora en adelante, un lugar que tendrá calor de hogar porque nosotros se lo daremos.

Te lo prometo. CM.”

¿Casa? ¿Hogar? ¿Calor?…

No sabía lo que significaban esas palabras, porque jamás las había conocido. Sus ojos se nublaron, humedeciéndose cuando dejó caer los papeles al suelo. Había querido romperlos por mero impulso, pero luego de leer aquello ya no estaba seguro de nada.

Changmin se iba ese sábado a las cuatro de la tarde, y ya no sabía qué hacer…

Quizá había escrito aquello antes de haberlo declarado gay por televisión, pero… ¿Seúl? ¿A qué iba Changmin a Seúl?



 ❥ Fin del Capítulo Catorce.



—.—.—



¡TAAAAAAAAAAARDE! Lo sé, es que siempre me doy a desear(?).

Ay, ay, sé que me van a matar. ¡FALTA UN CAPÍTULO! Uno más, y esto llega a su final. 
¿Adivinan? ¿Qué creen que vaya a pasar ahora? Ah, no puedo creer que finalmente este proyecto esté por terminar... Ish. Sólo un poco más.

No olviden dejar comentarios. 
See ya~



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Soulfighter♥♥

Ahhhhhhhhhhhhhhg. Ahksjkdjffjdjs

¡RECIÉN ACABO DE LEERLO Y ESTOY LLORANDO!;;;;;;;:;;;;

Ahgh;; ¿Qué decir?;;

Que bien que ChangMin se haya reconciliado con su madre.

Esa escena en la habitación;; ahhh. Bueno, antes de los Asian Films. ¿viste que ahora lo recordé?;;. Me imaginé su porte tipo Neo LOL.

;;;; Yoochun debe decirle a JJ que está con JunSu e.é

¡Qué bueno que no hubo cosas malas para ninguno de los dos. Ninguna expulsión -solo chango se va a seguir sus sueños T.T-. Y JJ sigue actuando;;;

Las últimas partes me hicieron chillar;; Chango se va;; ahhh. Yo digo que antes de que se vaya, se reconcilian y en un año volverán a estar juntos(?);; ajudktftfndb estoy sentimental;;

¡ESTÁ HERMOSO TODO!;;; No quiero final pero a la vez si y ver qué pasará ahora. La hora de la verdad verdadera. Anhdmjvmyfkyg


No demores en escribir;; me tienes en ascuas;;

Te queyo amore♥♥

Yari Akumi dijo...

Primero, he lanzado un grito cuando vi que había un CAPITULO 14! yo siempre entro para ver si hay actu y AHHHHHHHHHHHHHHHHH
Ok a leer. Gracias <3 TT_TT

Anónimo dijo...

Recién veo la actúa... Esta por terminar jeje. Me encanta. A leer se ha dicho ��

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