Tortura: Capítulo 4

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Jaejoong se encontraba arreglándose para salir. En pocas horas el auto que mandaría Jessica pasaría por él, por lo que debía encontrarse listo para cuando le avisaran de su arribo. Arreglaba la corbata roja que Boa le seleccionó frente al espejo. La pelicorto le había insistido mucho en usar el Armani, y no podía dudar que los gustos de su amiga eran exquisitos, pero el Armani estaba fuera de su lista de diseñadores elegibles. Aún tenía muy presente el desagradable incidente con Fukutaro, gerente de mercadotecnia de la firma. Le había gritado que jamás usaría un traje de ese diseñador y pensaba cumplirlo. ¿Cómo se había atrevido ese hombre a sugerirle vender su cuerpo a cambio de la firma del contrato? Está bien que era un contrato millonario, pero él no estaba dispuesto a venderse. Y ya se lo había hecho ver a Changmin cuando sugirió algo parecido.

«Y hablando de Changmin…»

Se le había hecho extraño no verlo desde la hora de comida del día anterior. Lo había visto en clase, como siempre, ignorando a todo el mundo y poniéndolo nervioso con su fría mirada sobre él, pero a la hora de la comida no apareció y quién sabe a qué taller se habría metido los jueves; no había aparecido en el desayuno o en la comida del viernes, tampoco se presentó en clases. Quería sentirse bien por no verlo, pero en lugar de relajarse se sentía tenso. Ni siquiera había podido concentrase en el juego de ajedrez del jueves en la noche, provocando que Yoochun le venciera rápido en dos ocasiones, y eso que al músico tampoco se le había visto precisamente concentrado.

El día anterior fue sumamente aburrido, el taller de dicción fue suspendido debido a que el maestro debía organizar la presentación del prompt para los presentadores de los Blue Dragon. Tener maestros reconocidos tenía sus ventajas, ya que contaban con su experiencia para ayudarles a aprender mejor; pero también tenía sus enormes desventajas, como que tuvieran que faltar a sus clases por cumplir compromisos laborales, tal cual había sido este el caso. Ahora la primera clase del curso de dicción sería hasta el siguiente jueves. «Que aburrido» se había dicho Jaejoong de camino hasta su habitación para sacar su traje de baño. Por lo menos el haber tenido tantas horas libres le había dado la oportunidad de nadar en la alberca.

Un golpe en la puerta avisándole que llegaban por él le distrajo de sus pensamientos. Se dio prisa en tomar sus cosas de la cama para meterlas en las bolsas del pantalón, y fue entonces que reparó en el trozo blanco de tela doblado al centro de la misma. Era el pañuelo de Changmin. Se lo había querido devolver el mismo miércoles que le habían traído su ropa limpia, pero no había querido ir a su habitación para dejárselo. El jueves no lo había visto después de la comida y el viernes no se había presentado en clase, por lo que suponía no estaba en la escuela.

«Quizá está arreglando ese asunto legal que me comentó» se dijo a sí mismo, tomó el pañuelo y metió a la bolsa del saco.

Salió de la habitación presuroso, uno de los guardias le avisó entonces del chofer que le esperaba en el estacionamiento principal de la escuela, entregándole el pase de salida y girándose posteriormente para alejarse de Jaejoong rumbo al tercer piso de los dormitorios. Al parecer alguien más iba a salir ese día.

A un paso algo más tranquilo, se encaminó por los solitarios pasillos del ala Este. Los viernes había algunos talleres, pero una buena cantidad de alumnos salía después de la hora de comida, por lo que sólo se quedaban unos cuantos a pasar el fin de semana en el colegio. Yoochun, como era su costumbre desde hacía unos meses, salió poco antes de las dos de la tarde. Boa se había quedado en el taller de costura preparándose para el primer examen de la carrera de diseño de modas. No entendía cómo un examen parcial podía consistir en elaborar un traje medieval… En estos tiempos, ¿quién iba a usarlo? Pero como bien le había dicho Boa cuando le mencionó aquello:

“En cuestiones de moda, lo viejo se hace nuevo cada año…”

¡Quién iría a decirlo! Prendas que se usaban en los años veintes, volvían a ponerse de moda en el siguiente siglo.

Dio la vuelta para tomar el camino que le conduciría al estacionamiento de la parte delantera del edificio. Las aulas de clases estaban vacías a esas horas. Sus pasos pausados retumbaban en el solitario recinto, sólo el leve murmullo de otros pasos apresurados podían distinguirse. Giró la vista a sus espaldas cuando aquel eco resonante comenzó a aproximarse aún más a él, interceptando enseguida a la chica que llegaba corriendo.

—¡Jaejoong! —llamó agitada, sosteniéndose de la pared de uno de los salones para respirar.

—Luna, ¿por qué tan apurada? —preguntó curioso. La chica levantó la vista y respiró profundamente tratando de recobrarse un poco de la carrera.

—Tenía que alcanzarte. —le sonrió, Jaejoong sonrió en respuesta.

—¿Se te ofrece algo? ¿Quieres que te traiga algo de afuera? —comenzó sonriente, ni percatándose del sonrojo en el rostro de la chica, que le veía con detenimiento y una mirada iluminada—. Me alcanzaste justo a tiempo, el chofer que viene por mí ya está aquí. ¿Qué te traigo? Lo haré con gusto.

—Eres muy amable, Jaejoong —musitó bajando la vista—, pero no es por eso que he venido a alcanzarte. —El muchacho se inclinó tratando de escuchar la débil voz de la joven.

—¿Sabes? Para estudiar canto tienes un volumen un poco bajo —señaló haciendo el ademán con los dedos, a lo que la chica se sonrojó con intensidad—. ¿Pero entonces no vas a pedirme nada? —Luna asintió sin poder apartar de él su mirada—. ¿Y qué es?

—El miércoles dije algo que no debí decirte. —afirmó bajando la vista nuevamente. Jaejoong intentó hacer memoria para entender a qué se refería, pero no lo logró. Muy apenas se acordaba de ella al lado de Sulli cuando esta le hubiera enseñado la revista con la nota donde le mencionaban, pero de algo que hubieran platicado en concreto, nada.

—No recuerdo qué me dijiste, Luna. —admitió cruzándose de brazos, recargándose contra la pared del aula. Ella pareció sorprendida, y en su mirada pronto se reflejó la decepción. ¿Realmente había sido tan importante? Eso comenzaba a darle mala espina, ahora ya no quería saber para qué le había seguido, si era lo que se imaginaba… ¡Dios! Le dolería mucho tener que negarse.

—Jaejoong —entonó tristemente—, es que yo… Yo… —El pelinegro se enderezó con rapidez y consultó su reloj. Eso se estaba pareciendo cada vez más a una declaración y no quería rechazarla; siempre que una chica se le declaraba y la rechazaba, terminaba sintiéndose mal por días.

—Luna, creo que tengo que irme, el chofer está esperándome. —interrumpió delicadamente, dándose la vuelta sin esperar a que la chica pudiera decir algo, pero las delicadas manos de Luna le sujetaron por el brazo para evitar que se fuera.

—Jaejoong, te quiero. —confesó quedito, ocultando su cara en los pliegues del saco del modelo. Él suspiró resignado, habría hecho lo que fuera por no tener que escuchar esas palabras de nuevo y tener que rechazarla.

Se giró tomándola por los hombros, levantándole suavemente su mentón para que pudiera verle a la cara. La lágrima traviesa que resbaló por la mejilla sonrosada sólo le hizo sentir aún más mal de lo que ya se sentía.

—Luna —llamó captando la atención de la cantante—. Eres una chica muy linda, y estoy seguro que encontrarás a alguien que te merezca más que yo. Me honras —le sonrió—, pero yo hace mucho tiempo me prometí no salir con nadie del colegio.

—Desde que rompiste con Boa. —asintió secando sus lágrimas con el dorso de la mano.

—¡Exacto! —se enderezó soltándola de los hombros—. No he querido ser cruel contigo, me gustas —aseguró al notar que las lágrimas de la joven no cedían—. No quiero que llores, me haces sentir muy mal.

—Te gusto, pero no lo suficiente como para que me aceptes. —balbuceó entre sollozos cubriéndose el rostro con las manos.

—Luna, somos amigos, no echemos a perder esa amistad con algo que no funcionará. Soy un tipo muy infiel —señaló riendo—. Bebo, fumo, jamás obedezco las reglas y me meto en muchos problemas. ¿Quieres a alguien así contigo?

—Por supuesto que sí —la sonrisa en el rostro de Jaejoong desapareció—. Pero sé que no serás tú, y por lo mismo he de conformarme sólo con esto.

Las manos de la chica lo tomaron por el cuello de la camisa, cuando esta se estiró y le plantó un beso en la boca. Era una caricia suave, donde muy apenas podía sentir el contacto tibio de los labios femeninos sobre los suyos. De pronto, se sentía apenado y culpable por no sentirse atraído por ella, o por el resto de las chicas que a lo largo de los años en el colegio se le habían declarado.

Sin querer prolongar demasiado aquello porque le estaban esperando, tomó delicadamente a la joven por la cintura y la apartó con suavidad.

—Lo siento, Luna —se disculpó quedo, pero la chica se dio la vuelta para correr por los pasillos con el rostro bañado en lágrimas. Era duro, lo sabía, pero era mejor rechazarla ahora y no aceptar una relación que quizá les haría daño más tarde—. Además… yo jamás podría mentir sobre mis sentimientos. —susurró a lo bajo.

Girándose lentamente, siguió su camino rumbo al estacionamiento.

No era la primera vez que una chica se le declaraba, y tampoco era la primera vez que se veía en la necesidad de rechazarla. Siendo un niño bonito, tenía mucha suerte con las mujeres, se le ofrecían en las fiestas, en los bares e incluso en la escuela. Podía dejarse llevar por una noche, cuando sabía que no las volvería a ver y siempre y cuando fuera de común acuerdo; pero dentro de la escuela la situación era diferente. Había más compromiso y la relación se tornaría muy seria, ahí no habría acuerdos previos, tarde o temprano alguno de los dos terminaría por exigir un compromiso que les llevaría a una ruptura dolorosa. Desde lo de Boa, había decidido no volverse a involucrar con nadie dentro, fuera era otra cosa. Sin embargo, el haber recibido una declaración un par de días después de que Changmin le dijera que sólo quería su cuerpo, le hacía sentir un poco contento. No del todo contento, porque había hecho sufrir a una chica que le quería, pero sí un poco, porque sabía que a pesar de todo lo que pasaba con Changmin, había gente que le quería por lo que era y no sólo por ser atractivo.

Apenas había dado un par de pasos por el pasillo de aulas solitarias cuando logró distinguir una sombra detrás de una de las columnas, de pie al lado del marco de una de las puertas. Quizá un maestro o alumno que se había quedado a escuchar la declaración de Luna, pues entre la distancia y el silencio reinante seguramente había podido escucharles. Pero le restó importancia, el pobre chofer de Jessica ya debía estar desesperado en esos momentos.

Así siguió su camino sin prestar mayor atención, cuando el sonido de las bisagras rechinando le hizo reacción y girar la mirada para toparse con otra más clara atravesándole, observándole fijamente con el ceño fruncido. La frialdad de aquellos ojos marrones le hizo sentir quemar la piel, con el corazón latiendo furioso dentro de su pecho. Era Changmin quien le miraba con evidente molestia, sin decir una palabra, ni moverse, únicamente dejando que su mira se encargara de transmitirle algo que él no comprendía, pero que intuía no debía ser nada bueno.

La mano del actor se despegó de su costado, alzándose para tomar al pelinegro por el brazo y empujarlo al interior del salón que acababa de abrir. Éste no tuvo tiempo de decir nada cuando se vio dentro del aula vacía, apenas iluminada por el escaso sol de la tarde que alcanzaba a colarse; las sombras se proyectaban por las paredes de manera lúgubre.

Jaejoong se giró de golpe dispuesto a encarar al menor, pero los fuertes brazos de éste lo sujetaron empujándolo contra la pared, arrinconándolo entre su cuerpo y el frío cemento. Los labios del más alto se encontraron con los suyos con ferocidad. El pelinegro abrió los ojos, Changmin le estaba besando de nuevo, como en tantas otras ocasiones; y como en tantas otras no podía hacer nada. Sus manos comenzaron a empujar el firme cuerpo del moreno, pero entre más empujaba, los brazos de Changmin más le apresaban, obligándole a perder más rápido el aire.

Era un beso tan diferente al que le robara Luna minutos antes…

El beso de Luna no le exigía nada, sólo había unido sus labios a los suyos, pero el de Changmin era distinto, le estaba asaltando, obligándole a abrir los labios para dejarle introducir la lengua en su boca, para jugar con ella haciéndole estremecer, sentir cómo las manos del actor subían y bajaban por su espalda. No sabía en qué momento sus ojos se habían cerrado y había dejado de luchar contra el fuerte abrazo en el que le mantenían preso, sólo sabía que si no se detenía ahora, más tarde no podría hacerlo. Lastimosamente su cuerpo no le ayudaba, de nueva cuenta respondía a unas caricias que no habían sido pedidas, y a un beso que se tornaba cada vez más apasionado y menos salvaje, robándole los sentidos y la conciencia.

—No acepto compartirte con nadie —llegó el susurro al oído del modelo cuando ambos se separaron por un poco de aire—. Cada vez que te vea besando a otra persona he de borrarte las huellas de esos besos con los míos.

Al escucharlo, Jaejoong intentó empujarlo con fuerza, pero su respiración entrecortada no ayudó en su cometido; Changmin lo retuvo por las muñecas y lo empujó de nuevo contra la fría pared. Su gélida mirada se clavó en el pelinegro que luchaba por soltarse de su fuerte agarre, y que frunció el ceño con enojo.

—¡Yo no soy nada tuyo! —protestó molesto, tratando de calmar a su corazón acelerado. Sentía que en cualquier momento el fuerte golpeteo podría llegar a hacerle estallar el pecho.

Los ojos de Changmin no parecieron cambiar ante la afirmación del chico, pero sus manos reaccionaron raudas, empujándolo contra el escritorio de gruesa madera donde los profesores solían sentarse.

Jaejoong se sintió tensarse bajo el cuerpo del actor, quien le había derribado sobre el mueble y le asaltaba nuevamente con sus besos, dejando que sus manos se deslizaran por su pecho, abriendo fácilmente los botones de la camisa. El calor de las manos de Changmin sobre sí lanzaba corrientes de electricidad por cada centímetro de piel que tentaba. Se estremecía, temblaba ante las caricias del actor, su respiración se agitaba y su pecho subía y bajaba completamente acelerado. Ni siquiera podía respirar con normalidad. ¿Por qué Changmin lograba despertar en él lo que Luna no había conseguido?

—Respóndeme. —La orden ronca pidiendo por respuesta logró hacerlo despertar brevemente del hechizo en el que sus caricias lo tenían sumido.

—¡Jamás! —exclamó con voz apenas audible.

Changmin volvió a apoderarse de su boca de forma salvaje –aún más, si era posible–, exigiendo una respuesta que no llegaba. Jaejoong trataba a toda costa de mantener su mente firme y no responder al beso que le arrancaba los sentidos. Podía estarle besando, podía estarle tocando, ¡pero no obtendría respuesta de su parte!

La mano del actor bajó de su pecho hasta la pretina del pantalón, desabrochando con rapidez el cinto y el botón, para al interior del mismo hasta llegar al miembro despierto del modelo; arrancándole un quejido gutural cuando lo sostuvo con la mano.

—¡Detente! —pidió tratando de detener aquella mano dentro de su ropa, pero los movimientos rítmicos que Changmin hacía sobre su intimidad le hicieron estremecer.

—Tu boca dice una cosa…, pero tu cuerpo otra muy distinta —murmuró contra la blanca piel de su cuello—. Me detendré cuando tu cuerpo así lo exija.

Jaejoong tembló ante aquellas palabras. ¿De qué forma su cuerpo podría dejar de responder a esas caricias? ¿Hasta que terminara en sus manos? ¡Jamás! Tenía que ordenarle a su cuerpo que se detuviera, pero la electricidad que recorría sus venas era demasiado fuerte, la respiración agitada y la maldita sensación de placer le evitaban pensar con claridad.

—Detente… —volvió a murmurar, intentando evitar que aquella mano continuara masturbándole, mas no logrando más que sentir la propia excitación del otro bajo sus pantalones.

—No vayas a los premios, quédate y esta noche nos divertiremos juntos. —El murmullo a su oído provocó un intenso estremecimiento que sacudió el cuerpo del modelo.

¡Esto estaba llegando demasiado lejos!

Su mente se nublaba y comenzaba a disfrutar de las salvajes caricias y los besos de Changmin, pero no podía dejarse vencer por las sensaciones. ¡Era Shim Changmin quien lo estaba sometiendo a su voluntad! Haciéndole olvidar que estaba con un hombre y no con una mujer. Tenía que parar ahora, de alguna forma tenía que hacerlo. Si no lo hacía muy pronto sería muy difícil detener a Changmin o peor aún… ¡Detenerse él!

¿Que no fuera a los premios? ¡Dios! Casi olvidaba que el chofer de Jessica le estaba esperando para ir al Commodore Busan Hotel. Tenía que quitarse a Changmin de encima y rápido, si continuaba tocándolo de ese modo muy pronto iba a terminar en sus manos, y no iba a darle ese gusto.

Intentó forcejear contra el actor, empujar con las manos su cuerpo para lanzarlo al suelo, pero Changmin era más fuerte que él… aquellos brazos apresaban los suyos impidiéndole el movimiento; no obstante, sus piernas estaban en libertad. Así que como pudo se las arregló para levantar una hasta el escritorio y, de una fuerte patada, alejar a Changmin de su cuerpo, que fue a estrellarse contra la pared.

El actor perdió el equilibrio y se deslizó por el muro hasta el piso, desde donde miró a Jaejoong incorporarse veloz sobre el escritorio para acomodarse las ropas. Respiraba agitado y sus manos temblaban al intentar abrocharse la camisa, la ligera transpiración perlaba su frente y la excitación se hacía evidente en sus pantalones. Él se encontraba igual.

—Eres un desgraciado —El pelinegro bajó del escritorio sosteniéndose con las manos, hablando entrecortado con el rostro enrojecido, sin saber si por el coraje o la pasión—. ¿Esta era la clase de respuesta que buscabas? —le miró a los ojos—. Pues espero que te haya resultado satisfactoria.

Changmin se puso de pie, haciendo evidente la huella del zapato del modelo marcada sobre su blanca camisa del uniforme. Al notarlo, esbozó una de esas sonrisas torcidas suyas.

—Me resultó muy satisfactoria —evidenció mostrando la mano con la que le hubiera estado masturbando, logrando teñir las mejillas del pelinegro cuando este notó las manchas blanquecinas sobre aquellos largos dedos—. Pero creo que resultará doloroso si no termino lo que hacía. —mencionó dando un paso hacia el modelo, que retrocedió a la defensiva.

—¡No te me acerques! —levantó las manos, haciendo que Changmin se detuviera—. No quiero que me vuelvas a tocar. No quiero que me vuelvas a besar, ¡te detesto Shim Changmin! Y voy a levantar una demanda en tu contra por todo esto —aseguró con molestia—. No me importa lo que digan, ni lo que piensen, ¡voy a acusarte de acoso sexual! ¿Qué pretendías? ¿Violarme?

Changmin se cruzó de brazos en completo silencio. Había esperado la reacción molesta del chico y a que terminara de hablar antes de poder responder.

—Puedes acusarme de todo lo que quieras —indicó calmo—, pero para sostener esa acusación necesitas testigos o pruebas, y no los tienes —La mirada de Jaejoong continuó con el ceño fruncido, su respiración agitada y el carmín adornando la piel pálida—. Y no pretendía violarte, porque estabas cooperando muy bien.

—¡DESGRACIADO! —exclamó apretando los puños—. Yo no estaba cooperando, te pedí dos veces que te detuvieras y no lo hiciste —Su corazón no paraba de martillar en su pecho. Quería salir huyendo lo antes posible, pero mientras Changmin permaneciera franqueando la puerta, no podía intentar retirarse.

—Espero que algún día tu cuerpo y tu boca se coordinen y den la misma respuesta.

—Ni lo sueñes —farfulló el modelo—. Quítate de enfrente, me están esperando. —instó  sin moverse de su lugar, esperando porque el actor se apartara. Changmin dio dos pasos para dejar el camino libre, pero apenas el pelinegro se acercó a la puerta uno de sus brazos le detuvo, arrancándole una mirada sorprendida.

—Acompáñame a la entrega de los BIFF —La serena petición logró que la mirada de Jaejoong cambiara de sorpresa a incredulidad—. Claro, a menos que ya tengas compromiso con Jung Sooyeon, en cuyo caso te pediré que lo canceles.

El castaño lo soltó, y Jaejoong se giró para verlo. Apenas podía creer el cinismo del actor para pedirle semejante cosa. Después de la forma en la que se venía comportando, ¿todavía tenía la osadía de pedirle que le acompañara a un evento público?

—¡Estás loco! —recriminó elevando la voz—. ¡Jamás te acompañaré a ese o a algún otro sitio! Y no es porque tenga compromiso con Jessica, sólo le acompañaré a los premios de hoy y si me pide ir con ella al BIFF o hasta al Asian Film, lo prefiero mil veces a ir contigo. ¡Te detesto Shim Changmin!

—Pensé que me odiabas. —De nuevo otra de esas sonrisas odiosas.

—Sí, ¡te odio! —gritó al mismo tiempo que sacaba del saco un pañuelo blanco para arrojárselo. Changmin alcanzó a pescarlo antes de que cayera al suelo—. Y eso es tuyo.

—Quédatelo —se lo arrojó de regreso, y Jaejoong lo atrapó en el aire—. Yo tengo una magnifica foto tuya con la que me conformo cuando no te veo, es bueno que conserves algo mío. —El pelinegro arrugó el entrecejo molesto y lanzó el pañuelo al piso.

—¡Yo no quiero nada tuyo! Seré feliz el día en que desaparezcas de mi vida. —aseguró dándose la vuelta para poder salir del aula, cuando la voz del otro le detuvo.

—Que extraño, porque ya tienes algo mío. —se cruzó de brazos, y el modelo se extrañó por la afirmación, seguro de no conservar nada del castaño a excepción del pañuelo… A menos que el muy desgraciado se estuviera refiriendo…

—¿Qué? ¿Qué tengo tuyo? —cuestionó fastidiado, ni siquiera quería pensar en eso, pero al ver la mueca en los labios del más alto su lengua respondió más rápido que su cerebro—. A menos que sean tus patéticos besos que…

—Puedes regresármelos cuando quieras, estaré gustoso de recibirlos. —interrumpió divertido, intensificando el rubor en el rostro del modelo. Estaba muy equivocado si pensaba que algún día respondería a alguno de sus besos.

—¡Imbécil! —le gritó, abrió la puerta y salió del aula con un sonoro portazo que retumbó entre todo el recinto de aulas vacías.

Changmin se agachó para recoger el trozo de tela que había quedado a unos pasos suyos, llevándola a sus labios al contemplar el sitio por el que hubiera desaparecido el modelo.

Seré feliz el día en que desaparezcas para siempre de mi vida.

Sus últimas palabras aún resonaban en su cabeza, acompañado del eco del portazo con el que había salido del lugar.

«No cuentes con eso…»

Guardó el pañuelo en el saco de su uniforme y salió del salón, directo hasta perderse por los pasillos que le llevarían hasta su habitación.

Jaejoong subió a toda prisa al auto del chofer de Jessica. El hombre no se mostraba molesto o desesperado, seguramente estaba acostumbrado a las tardanzas de la rubia. Aún recordaba la primera cita que hubiese tenido con ella, le había hecho esperar más de tres horas en el restaurante en el que se habían quedado de ver, y cuando llegó se limitó a decirle con la más amplia de las sonrisas que “las chicas nos damos a desear con nuestra tardanza”.

En cuanto estuvo dentro del auto se acomodó sobre el asiento. Se encontraba aún nervioso por lo sucedido con Changmin apenas instantes atrás, sensible ante la incomodidad en su vientre por el orgasmo contenido. Ese idiota lo habría conseguido de no haberle detenido a tiempo.

«¿Y aún se atreve a pedirme que le acompañe a los BIFF? Sí que es cínico»

No podía imaginarse la razón por la que Changmin le había invitado a esa premiación. Era una de las más importantes del año, junto con los Asian Film Awards. Era bastante probable que la pelirroja, Taeyeon, estuviera encantada de acompañarle. Aunque quizá lo que Changmin buscaba era desmentir que salía con ella. ¡Pero él no le iba a servir como pretexto! Que buscara a otro si quería ir acompañado de un hombre. Había miles interesados en acompañarle, no por nada era uno de los actores más sexy's de la meca del cine.

«Maldición» maldijo mentalmente mientras pasaba la mano por los mechones largos que cubrían su frente, «¿Y ahora por qué pienso que es sexy?»

Notó entonces sobre la parte delantera del asiento una serie de cigarrillos y cerillas, estiró la mano y tomó una cajetilla. Necesitaba tranquilizarse y qué mejor que un cigarro para lograrlo. Lo encendió y lo sostuvo en su boca hasta que llegaron a la mansión de Jessica, tratando de eliminar de su cabeza los pensamientos alusivos a Changmin.

Al ingresar al amplio recibidor el mayordomo le reconoció de inmediato. Le condujo hasta la sala invitándole una copa. La necesitaba, claro que la necesitaba, pero si quería llegar lúcido al evento más le valía no comenzar a tomar desde temprano; así que se negó de forma cortés.

Todavía era temprano cuando llegó a la mansión de la rubia, pero el reloj marcaba las cinco y media de la tarde y ya estaba desesperado. El evento daba inicio a las siete y deberían ir llegando a la alfombra roja a más tardar las seis y media. Definitivamente Jessica ya le había hecho esperar demasiado, un poco más dando vueltas sobre la alfombra y le haría un enorme boquete.

—Espero no haberte hecho esperar demasiado.

La voz femenina proveniente de las escaleras principales le distrajo, girándose sólo para abrir los ojos todo cuan grandes eran. El reclamo que hubiera estado a punto de salir de su boca se olvidó para siempre.

—Con tu cara me has dicho qué opinas de mi vestido. —Con una gran sonrisa, la rubia descendió lentamente la escalinata.

Jessica lucía un vestido recto cuya parte baja se abría en grandes holanes conforme cada paso que daba. No tenía hombros, por lo que estos lucían sencillamente blancos y divinos, combinando la cremosa piel blanca de la joven con el color ocre oscuro que había escogido. Su larga cabellera rubia la llevaba por completo recogida en una especie de corona y en su cuello pendía un bello collar de pequeños diamantes a juego con los aretes y una pulsera.

—Te ves divina —aseguró acercándose para tenderle el brazo y ayudarla a terminar de bajar los escalones—. No me hubieras necesitado para que voltearan a verte, con tu belleza era más que suficiente. —Jessica sonrió ante el cumplido.

—Tú también te ves maravilloso, Joongie, no esperaba menos de ti. ¿Nos vamos? —indicó tomando su bolso de la mesita del teléfono y conduciendo al muchacho hasta la limusina que ya les esperaba para partir.

Por lo menos, esa noche no tendría por qué pensar o sufrir por ese maldito actor de Shim Changmin.
Las cercanías al 743-80 Yeongju-dong estaban congestionadas. Un sin fin de limusinas aproximándose a la entrada principal del Commodore Busan Hotel constituían el trafico principal de la noche. Jessica sonrió cuando alguien desde la acera de la calle empezó a gritar su nombre, ella levantaba la mano y les saludaba. Las veredas estaban repletas de guardias de seguridad que impedían el acceso a los fans curiosos.

—Adoro esto. —afirmó la rubia sonriendo, mientras la limusina lograba abrirse paso hasta la entrada principal.

—Yo odio esto. —suspiró el pelinegro resignado, enderezándose en su asiento cuando el vehículo se detuvo frente a la alfombra roja.

La lluvia de luces centellearon en cuanto la puerta se abrió y un hombre ataviado con un lujoso uniforme le tendió la mano a Jaejoong para ayudarle a bajar. Fuera de la limusina los medios de comunicación se peleaban por acaparar a las estrellas que acababan de llegar, sólo para que el alta voz anunciara el arribo de alguien más y las luces de las cámaras y flash se giraran hacia otro lado.

Jessica tomó la mano que Jaejoong le ofreció para bajar, justo en el momento en que un fotógrafo le captaba en un gesto tan caballeroso. Ya se imaginaba la portada de los diarios del siguiente día y no le importaba que le relacionaran con el modelo, al fin y al cabo, ella había hecho circular esos rumores sólo para molestar a Taeyeon.

Ambos caminaron por la alfombra roja deteniéndose de cuando en cuando para responder a algún medio que les solicitaba. Pero la noche era de Jessica, Jaejoong sólo se limitaba a acompañarla y sonreír cuando se le preguntaba si eran novios. Eso se lo dejaba a su rubia amiga, era ella la que debía responder y con suma alegría se daba cuanta que Jessica eludía muy bien las preguntas sin llegar a afirmar o negar nada. Quizá y esa maniobra de la chica le podría ayudar a alejar a Changmin de él.

Se detuvieron frente a una de las reporteras del canal anfitrión. Jaejoong estaba seguro que en esos momentos sus amigos en la escuela les estarían observando y sonrió de forma luminosa cuando la reportera, Im Yoona, se acercó a él mientras Jessica charlaba con alguien más.

—Kim Jaejoong, ¿podrías contestarnos la pregunta que todo el medio se está haciendo en estos momentos? —Él sonrió, ya se lo esperaba. Todos los que se le acercaban le preguntaban lo mismo, pero por desgracia, en esta ocasión Jessica estaba un poco alejada como para responder por él.

—Ya sé lo que me vas a preguntar. —le sonrió a la reportera, pero Yoona se dio prisa en negar con la cabeza, a lo que Jaejoong le vio con sorpresa. El tiempo en televisión era muy caro y quería salir de dudas pronto.

—No Jaejoong, tú como compañero de Shim Changmin debes estar enterado si es verdad que Taeyeon sale con él. ¿Puedes respondernos eso? —El rostro de Jaejoong dejó ver la sorpresa que esa pregunta le causaba. Jamás se imaginó que alguien le preguntara por Changmin precisamente a él.

—¿Y yo qué voy a saber? —rebatió con molestia; y él que pensaba olvidarse del maldito actor por esa noche—. Creo que eso deberían preguntárselo a él. —Pero en cuanto trató de alejarse de la reportera, esta le retuvo del brazo con sutileza.

—Bueno, te pregunto a ti porque alguien nos informó que eran compañeros de salón, compañeros de equipo en el taller de teatro y además vecinos de habitación. Por lo que supongo que también son amigos. —explicó sonriendo la mujer.

—Pues en eso estás totalmente equivocada —contradijo muy serio—. Sí, es verdad todo lo que dices, menos en que somos amigos. A Shim Changmin no le interesa tener amistades, sólo se limita a tomar clases, ignorar a todo el mundo y hacerme la vida de cuadritos —La última afirmación dejó a Yoona sin palabras. El sonrojo cubrió de inmediato el rostro del modelo, que no se había dado cuenta de lo que había dicho hasta muy tarde. Todo hubiera estado bien si no hubiera mencionado aquello último… No cabía duda de que su cabeza no estaba coordinando nada con su lengua.

—Joongie, querido, es hora de que entremos. —Jessica llegó a salvarlo, tomándolo de la mano para alejarlo de la reportera. Había podido escuchar la última parte de la conversación y quiso alejarlo de la prensa antes de que todo el mundo se fuera sobre él para cuestionarle por tal afirmación.

—Lo siento, Jessica —le susurró Jaejoong cuando entraron a la recepción del hotel—, creo que eché todo a perder. —Pero la rubia tan sólo se giró para acomodarle la corbata mientras hablaba.

—Al contrario —le sonrió encantada—. Tu pequeña declaración le ha quitado la luz a Taeyeon —dejó escapar una pequeña risita y Jaejoong miró sin comprender—. Así es Jae, Taeyeon afirma que Changmin es su novio y tú dices que te hace la vida de cuadritos, pero no dices de qué forma. Ahora todos los medios querrán saberlo, pero como en tu escuela no se aceptan reporteros, les será muy difícil obtenerla. Taeyeon podrá decir misa porque tu declaración es más interesante que la suya. ¡Gracias por eso! —Jessica lo jaló hacia ella y le besó la mejilla—. Ahora, será mejor que entremos a ocupar nuestros puestos.

Jaejoong le sonrió acompañándola hasta el salón principal donde se llevaría a cabo la entrega de los premios. A pesar de las palabras de aliento que la rubia le había dirigido, no se sentía a gusto, los nervios le traicionaban al imaginar que Changmin pudiera haber visto lo que hubiese dicho en televisión. Su corazón seguía latiendo a toda prisa a pesar de que ya estaba sentado viendo a las estrellas que seguían llegando. Y lo vio, apenas un par de filas más abajo se encontraba el nombre de Shim Changmin. Aunque estaba seguro de que no asistiría, no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda cuando reconoció su asiento.

—¡¡Maldita!!

La maldición que pronunció su acompañante le hizo girarse para verla. Jessica estaba sentada a su izquierda, pero volteaba hacia la parte alta del teatro; furia era lo que inundaba sus ojos recubiertos por los pupilentes celestes y sus arqueadas cejas, mientras apretaba con fuerza el chal que descansaba sobre sus hombros.

Las orbes oscuras del pelinegro giraron buscando el origen de aquella reacción, y sus ojos se abrieron enormemente al ver a la pareja que bajaba los escalones del teatro para llegar hasta sus lugares. Los ojos castaños del alto joven le miraron de reojo, pero al pasar por su costado se giraron para ver al frente.

—¡Maldita! Mil veces maldita —mascullaba Jessica enojada—. Jamás creí que Changmin le acompañaría. Ya me imagino a toda la prensa cuando salgan, van a estar como moscas detrás de ella. Pero me niego a pensar que Changmin salga con ella, él tiene demasiada clase para una arpía como esa…

Jaejoong siguió a la pareja en silencio. Observó a Changmin conducir a Taeyeon del brazo hasta su asiento, que no era otro que el que tenía a su lado izquierdo. Entonces tenía que ser verdad.

«Son novios» se dijo a sí mismo con sorpresa.

Ignoró por completo el montón de maldiciones que Jessica le dirigía a la pelirroja de forma silenciosa, ocupado en observar el comportamiento del actor. Seguía siendo igual de indiferente, pero en esta ocasión prestaba un cierto grado de interés en lo que su acompañante le comentaba.

“No vayas a los premios, quédate y esta noche nos divertiremos juntos.”

Eso le había dicho Changmin horas antes. ¡Sí, como si fuera a cumplir! El muy desgraciado ya tenía una cita con su novia y había querido divertirse un rato con él. ¿Qué no le había dicho que no había amor involucrado en el deseo por su cuerpo? ¡Claro! Cómo iba a haber amor si ya tenía a la pelirroja que le acompañaba.

Y viéndolo bien, la chica no era nada fea. Era delgada y bajita, de ojos almendrados y una cara de inocencia que seguramente le encantaría a Changmin. Vestía de rosa esa noche, dejando que su largo cabello rojizo cayera en cascada sobre su espalda.

—Por lo visto quiere hacerle la competencia a Im Nana —murmuró Jessica, haciendo que Jaejoong girara a verla. Al parecer su amiga estaba realmente molesta—. El rosa no le queda bien a todas, y a ella se le ve terrible. Quiso lucir un escote sin tener ningún atributo qué lucir. Vera Wang debió decírselo, sólo hace deslucir su hermoso diseño.

—Vamos Jessica, la chica es bonita —Jaejoong se dio cuenta del error que había sido su comentario cuando la mirada de la rubia por poco cambia de color para volverse roja por el enfado—. Ella es bonita, pero tú eres hermosa, inteligente y tienes a un chico más guapo a tu lado —recitó a la carrera, y Jessica estalló a carcajadas echándole los brazos al cuello.

—Por eso te quiero tanto.

El pelinegro respondió al abrazo de la chica, pero de reojo no perdió detalle de las miradas de Changmin y Taeyeon sobre ellos. Sintió un profundo malestar al notar esa mirada fría sobre él. No sabía qué hacía Changmin en los premios, pero no iba a echarle a perder la noche, esta vez no se iba a dejar intimidar por aquella mirada de hielo.

El salón principal se fue llenando con rapidez, las estrellas llegaban saludándose entre sí como si fueran amigos de antaño. Algunos apenas se conocían, de otros sólo había oído hablar. La parte alta del teatro era llenada por los fans que habían cubierto la entrada de 60 mil a 180 mil won¹ por asiento. La parte baja sólo era ocupada por nominados, invitados y sus familiares.

En punto de las siete de la noche el Prompt principal que se mostraba en la parte central del teatro se encendió mostrando el anuncio de la premiación. Pedían silencio a los presentes porque en cualquier momento la señal de “On Air” daría la indicación del comienzo del evento.

Jaejoong prestó atención cuando un hombre alto de cabello oscuro y hombros anchos ocupaba el asiento al lado derecho de Changmin. No le fue difícil reconocerlo, era Jung Jihoon, su representante. El moreno actor volteó para susurrarle algo mientras la música de cada una de las películas seguida de diversos bailarines indicaban el inicio de la ceremonia de premiación.

Las luces se apagaron sorpresivamente al mismo tiempo que una serie de láser dibujaba el nombre de la ceremonia y un montón de luces explotaban al centro del escenario dejando entre ver a la que sería la presentadora de la noche.

Lee Nayoung².

—¡Bienvenidos, bienvenidos! —anunció agitando su mano para abanicar el humo que las luces habían dejado, provocando la risa de algunos cuantos—. ¿Estamos al aire? —cuestionó de pronto, para ver el letrero en rojo que indicaba que sí—. Oh sí, ya vi que sí —Los presentes volvieron a reír—. Bienvenidos a la 35° entrega de los Blue Dragon Film Awards, soy su anfitriona por esta noche. ¿A quién esperaban? —volteó a verlos a todos—. ¿A Henry Cho³? Pues no, temo decepcionarlos, él esta confirmado para los Asian Film, tuve que rogarle para que no aceptara venir aquí, sino no obtengo su atención esta noche. ¡Ups! ¡Hola, Henry! —saludó con la mano hacia el público, donde el aludido comediante reía por las ocurrencias de la presentadora—. Creo que no me hizo caso.

Nayoung siguió haciendo una serie de chistes sobre los presentes y sobre política mientras caminaba de un lado al otro del escenario. Jessica había recibido uno de sus chistes por su última actuación, provocando la carcajada de Jaejoong. El modelo había olvidado por completo que Changmin estaba a dos filas por debajo de donde ellos se encontraban, hasta que la presentadora lo hizo saber de una forma que no esperaba.

—¿No tienen frío? —preguntó Nayoung parándose al centro del escenario—. Es extraño —comentó caminando hacia un lado—. Por acá no hace frío, es más, se siente algo de calor —Luego caminó al lado contrario—. En esta parte tampoco hace frío, pero al frente —Volviendo a cambiar al centro—, hace un frío tremendo.

Jaejoong sintió su corazón comenzar a latir acelerado, con un muy mal presentimiento haciéndole escurrir el sudor frío que resbaló por su espalda. ¿Iba Nayoung a hacer lo que temía?

—¡Por eso hace frío! —exclamó alegre—. Miren nada más a quién tenemos aquí, nada menos que al mismísimo Shim Changmin —el actor inclinó un poco la cabeza como saludo—. Taeyeon, si quieres un abrigo extra, sólo avísame, yo tengo bastante. —señaló su cuerpo provocando algunas risas—. Quizá entre las dos podamos derretir algo de ese hielo. ¿Qué dices Changmin, nos das permiso?

Jaejoong observaba la pantalla panorámica en la que se mostraba el rostro frío e impasible del moreno. Estaban haciendo chistes a su costa y a él no le quedaba otra más que ignorarlos o reír, y Changmin no reía, de eso estaba seguro. Desde que la serie infantil había sido cancelada, todos los papeles que el chico hacía eran de personas frías y rebeldes. Había pasado de ser el niño bueno al niño malo del cine.

Y tal como lo había pensado, Changmin sólo inclinó la cabeza sin mostrar ninguna señal de diversión en el rostro. Siguió observando a la presentadora que había cambiado sus chistes personales por políticos hasta que el Prompt y la música señalaron la ida a comerciales en la televisión.

Tan tenso como se encontraba, Jaejoong no fue capaz de disfrutar la premiación. Changmin sólo tenía que inclinarse un poco hacia Taeyeon y su ángulo de visión le permitía observarlo de reojo claramente. Y lo había visto hacerlo en varias ocasiones. Podía ver su fría mirada detenida en él, de la misma forma en que él le estaba mirando; miradas que chocaron innumerables veces, sosteniéndose por intensos segundos, hasta que Taeyeon le decía algo a Changmin o hasta que Jessica le comentaba algo a Jaejoong.

Los últimos cuatro premios y los más importantes estaban por ser anunciados. Jessica tomó la mano del modelo cuando escuchó su nombre al ser anunciadas las cinco nominadas como mejor actriz principal. Después sería anunciado el premio como mejor actor, seguido de mejor película para terminar con el mejor director.

—Tengo que ganarle a Taeyeon. —murmuró la rubia provocando que el modelo volteara a verle.

No entendía esa rivalidad entre ambas chicas. Cuando solía preguntarle a Jessica, ella simplemente eludía la pregunta con la misma habilidad que eludía las preguntas de la prensa que no quería contestar. Ese pleito entre Taeyeon y Jessica ya tenía varios años y siempre se hablaba de ambas en las revistas y noticieros de espectáculos, era común ver cómo constantemente eran comparadas y la nominación a los BIFF era la culminación del año. Aún faltaban los Asian Film Awards, pero estaba casi seguro que esa competencia llegaría incluso hasta esa premiación.

—Y la ganadora es…

Jessica apretó más fuerte la mano del pelinegro, el enfoque de las cinco nominadas aparecía en la pantalla gigante al centro del escenario y en cada una de las pantallas distribuidas por todo el teatro. Jaejoong pudo ver el rostro sonriente de Taeyeon y el perfecto perfil de Changmin viendo de reojo hacía algún lado; su lado, lo sabía bien.

—¡Jung Sooyeon!

La rubia se paró de un brinco escuchando los aplausos de todos los presentes. Pasó sus brazos por el cuello de Jaejoong y le plantó un beso en los labios, para total sorpresa del aludido. Este no pudo ver la reacción de Changmin al aparecer tal acontecimiento en las pantallas del teatro. Jessica estaba muy emocionada, y así subió sonriendo para recibir su premio de manos de uno de los actores de The Man From Nowhere: Won Bin.

En cuanto Jessica pasó por su lado centró su mirada en el lugar que ocupaba Changmin, pero el actor parecía ver al frente sin centrar su atención en nadie más. Ni siquiera en Taeyeon, que lucía sumamente ofendida por haber perdido el premio, ocupada en reclamar algo de forma acalorada al representante de Changmin mientras éste último se dedicaba a ignorarlos a ambos.

“Cada vez que te vea besando a otra persona he de borrarte las huellas de esos besos con los míos”

Aquellas palabras habían golpeado en su cabeza cuando sintió los labios de Jessica sobre los suyos. ¿Iría Changmin a hacer algo? No, eso lo dudaba, por lo menos no en público. Ahora sabía que tenía que estar atento a cualquier posibilidad dentro del colegio en los siguientes días.

Jessica tomó emocionada el reconocimiento y se acercó al micrófono para hablar.

—Quiero dar las gracias a mi director —expresó sonriendo y casi sin poder hablar debido a la emoción—, a mis compañeros, a mi familia, a todos mis amantes —Algunos rieron de buen modo por el comentario—, y a Jaejoong de forma muy especial, porque tiene que soportar a una loca como yo —El modelo sonrió—. Y por último quiero decirle algo a Taeyeon…

Jaejoong se enderezó en su sitio y todos guardaron silencio en el lugar. La pelirroja prestó atención al escuchar su nombre en labios de su rival, que levantó la estatuilla en sus manos para mostrársela.

—¡Perdedora! —señaló soltando la carcajada y dándose la vuelta, haciendo que Taeyeon apretara sus puños con bronca y Jaejoong se levantara corriendo de su lugar para ir hasta el lugar de las entrevistas.

Alcanzó a notar cómo la mirada de Changmin le seguía en su carrera por el pasillo principal hasta que se perdió detrás del escenario. No quiso darle importancia, le importaba de momento llegar hasta Jessica, que jamás debió comportarse de esa forma. Ya había ganado, ¿por qué restregarle su triunfo a Taeyeon  en la cara?

Detrás de los escenarios había un pequeño set donde se encontraban reunidos varios medios de comunicación. Los actores podían tener diez minutos para dar entrevistas antes de que apareciera el siguiente ganador.

Jaejoong se detuvo detrás de una de las bambalinas procurando no ser visto, desde donde lograba ver cómo Jessica contestaba sonriente a las preguntas que le hacían o posaba para la cámara. Al parecer el incidente con Taeyeon no le había afectado en nada… esa anoche. Ya verían mañana los comentarios en los medios, pasaría a ser uno de esos momentos memorables de las premiaciones.

El siguiente premio en ser anunciado era el de mejor actor, y desde su lugar pudo ver a los cinco nominados en una de las pantallas que se mostraban sobre el escenario. Changmin lucía igual de impasible que siempre, sin que pareciera importarle un premio por su actuación. Más emocionada se veía Taeyeon, que se mantenía a su lado sonriendo y diciéndole algo que él parecía no escuchar. Si así de frío era con su novia, ¿qué podían esperar los demás?

No fue para nadie una sorpresa enterarse que el ganador era Changmin, los aplausos sonaron en todo el lugar y Taeyeon se lanzó a su cuello para intentar besarle; por un momento Jaejoong sintió que la pelirroja intentaba imitar la reacción de Jessica, pero sacudió la cabeza al creerlo una tontería. Changmin hábilmente había evitado que la chica le besara. Todo el mundo había visto eso, bien podían decir que había sido producto de los nervios… si los tuviera. Porque el actor lucía igual de sereno que como cuando hubiese llegado. Rain le dio la mano en señal de felicitación y se dispuso a subir al escenario para recibir su premio de la mano de una de las ganadoras del Bambú de Oro en los Asian Film: Jeon Doyeon.

Jaejoong esperó desde su lugar los agradecimientos que daría el actor, seguro de que llegaría a escuchar la mención de Taeyeon entre ellos. Para su sorpresa, una vez Changmin tomó el micrófono todo lo que alcanzó a articular fue un seco “Gracias” antes de disponerse a salir del lugar, por lo que los ejecutivos de K! tuvieron que mandar pronto a comerciales en televisión.

Se cruzaron cara a cara mientras Jessica continuaba dando entrevistas, ignorante de que el siguiente ganador ya se encontraba ahí. Uno de los asistentes se dio prisa en ir hasta ella y una vez a solas la mirada marrón de detuvo en la azabache por segundos. Changmin alzó la vista e inmediatamente Jaejoong le imitó, sin entender qué era lo que este veía: era una de las bambalinas de tela, la que se alzaba frente a ellos y tras la cual se encontraban los reporteros y asistentes. El pelinegro no tuvo tiempo de reaccionar cuando el más alto bajó los dos escalones que les separaban, tomándolo sorpresivamente por el cuello para voltearlo y estampar sus labios contra los ajenos.

—¡Desagraciado! —ahogó alejándose de él tanto como pudo, con aquel delatante sonrojo invadiendo su rostro. Había demasiada gente, cualquiera podría haberles visto y sin embargo aquello parecía no importarle al actor; su corazón latía desesperado, pero Changmin lucía demasiado calmado.

—Te lo advertí. —Fue la escueta respuesta al pasar por su lado, pocos segundos antes de que el asistente llegara a avisarle que los medios ya le esperaban para entrevistarle.

Ese beso había tomado por sorpresa al modelo. Se había esperado algo semejante en la escuela… ¡No en un teatro con cientos de personas y la prensa a menos de veinte pasos! Decir que estaba enojado con él era poco. Teniendo a su novia sentada en segunda fila y el muy desgraciado se atrevía a besarlo casi en sus narices, era un cínico y un desgraciado; y él era un tonto por pensar que Changmin se contendría en un lugar tan atestado de gente como lo era aquel.

Molesto, irritado… Así es como se encontró con Jessica, sin poder explicarle nada ni hacer más que limitarse a sonreír y asegurar que todo estaba bien. Intentó cambiar el tema de conversación con rapidez, atajando el tema de su mensaje público para con Taeyeon, pero la rubia únicamente se deslindó con un simple “Se lo dije porque lo es” y lo tomó por el brazo para arrastrarlo de nuevo hasta el teatro.

Los medios que rodearon a Changmin se habían dado prisa en cuestionarle sobre Taeyeon y su relación, conscientes de que no iban a tener mejor oportunidad para sonsacarlo que aquella.

—¿Puede decirnos joven Shim, si su relación con Kim Taeyeon es cierta? —cuestionaba uno de los reporteros.

—Ella afirma que ustedes están saliendo a escondidas de la prensa desde hace meses, ¿es cierto? —añadía otro.

—Nos llegaron rumores de que está ayudando a la señorita Kim y que esto del noviazgo es sólo publicidad, ¿podría confirmarlo?

—¿Hay planes de matrimonio?

Changmin los miró a todos. De una u otra forma cada uno de ellos buscaba saber lo mismo. Apenas otro de los reporteros hizo ademán de abrir la boca la severa mirada del actor le hizo callar de forma abrupta. Era bien conocido por todos los presentes el carácter huraño y violento del actor, y ninguno parecía dispuesto a ser golpeado por el susodicho. No obstante los flashes no se detuvieron, y la cámara del canal K! le continuó enfocando hasta que el moreno llegó hasta el set de entrevistas.

—Sólo lo diré una vez —aclaró con calma—. El día en que salga con alguien no me voy a estar escondiendo y me aseguraré de gritarlo a los cuatro vientos.

Y con esas únicas palabras se abrió paso entre los reporteros. Nadie se atrevió a preguntar nada más o a interceptarlo para buscar aclarar sus palabras. De lo único que todos estaban seguros es que Changmin no salía con Taeyeon y así lo darían a conocer en los principales diarios al día siguiente.

—Espere, joven Shim.

La voz femenina le hizo detener su andar apresurado, girándose de lleno para toparse con una de las reporteras del canal anfitrión. Ya había respondido a la única pregunta que parecía importarles, ¿ahora qué podría querer esa mujer?

—¿Puede responderme una sola pregunta? —pidió acercándose con grabadora en mano. El actor se limitó a observarla sin responder—. ¿Puede decirme de qué forma le hace la vida de cuadritos a Kim Jaejoong?

Por una breve fracción de segundo, Im Yoona pudo ver la sorpresa en la mirada del muchacho. Su instinto periodístico le dijo que había hecho bien en arriesgarse a interceptar a un actor tan violento como Shim Changmin. Ahora tenía una nota qué perseguir, porque estaba segura que Shim negaría todo lo que el modelo hubiese dicho.

—No sé de qué me está hablando —y no se había equivocado—. Si Kim Jaejoong dice que le hago la vida de cuadritos, deberá preguntarle a él, esta es la primera noticia que tengo de tal evento.

Y sin decir más, se dio la vuelta para seguir con su camino rumbo al teatro. Yoona levantó la grabadora a la altura de sus labios y se dispuso a grabar sus observaciones.

—Si no fuera porque grabé el grito que Kim le dirigió a Shim cuando este bajaba las escaleras rumbo al set de entrevistas…, que es una lástima no haberlo visto, me quedaría con las palabras del actor. Pero esta reportera va a averiguar qué hay entre esos dos… Por qué ese grito, y por qué ambos lo niegan. Si Changmin no sale con Taeyeon… ¿Tendrá que ver con ese rumor de que Shim es gay?

Yoona oprimió ‘stop’ y observó con una pequeña mueca el camino por el que el actor hubiera desaparecido minutos antes. Estar en el área de espectáculos no le agradaba mucho, hubiera preferido estar en las noticias, pero quizá hacerle al detective por un rato la llevaría a emigrar al área que realmente le gustaba: la policíaca.

—Vamos, Taemin —habló al joven delgado y alto que permanecía a su costado con cámara colgada al cuello—. Tenemos muchas cosas qué averiguar.



El movimiento vibratorio de su celular le hizo detener el paso por segunda vez. Metió la mano a la bolsa interior de su saco para obtener el pequeño aparato, reconociendo el número y lanzando una maldición silenciosa justo antes de contestar.

—¿Qué quieres? —atajó seco.

—Vaya forma de contestarle a tu hermano, Changmin. —se escuchó la voz divertida al otro lado.

—No eres mi hermano. —objetó fastidiado sin prestar mayor importancia a sus risas.

—Soy tu primo-hermano, así que técnicamente estoy en lo correcto —el moreno suspiró resignado—. No te enfades, Min, sólo quiero felicitarte, te acabo de ver por televisión, y como sé lo ‘mucho’ que hablas con la prensa calculé unos dos minutos para llamarte. ¿Le atiné? Apuesto a que ya saliste del set de entrevistas y vas rumbo al teatro de nuevo.

—Sí —masculló lacónico—, pero dudo mucho que sólo me hayas llamado para felicitarme o saber si tus matemáticas están bien. ¿Qué quieres?

—Qué mal carácter —se quejó el chico por teléfono—, pero tienes toda la razón. Quiero preguntarte, ¿por qué has ido a esos premios? Me dijiste que sólo irías a los BIFF y a los Asian Film una vez que fueses nominado. Ahora te veo en televisión recibiendo un premio al cual no tenías contemplado ir. ¿Qué pasó?

—Qué te importa. —alegó fastidiado.

—Tiene algo… o mejor dicho, tiene todo que ver con ese chico, ¿cierto? —No hubo respuesta—. ¿Vas a continuar con eso, Changmin? ¿Cómo puedes seguir con una tontería como esa? Estoy seguro que el chico ni siquiera sabe los motivos de tu supuesta venganza.

—¿Y tú sí los sabes? —cuestionó tranquilo, recargándose contra la pared—. ¿Tú sabes cuáles son mis verdaderos motivos para seguir con esto?

—¡Por supuesto! Te conozco muy bien Shim Changmin, no vas a descansar hasta cumplir con tu objetivo y…

—Te equivocas —interrumpió—. Crees conocerme, pero no es así. Y quiero que dejes de tomar el papel de mi consciencia, que no te queda, y te metas en tus propios asuntos.

—¡Changmin!

—Tienes muchas cosas qué esconder, primito, así que por qué no resuelves tus asuntos primero y si te queda tiempo, tratas de resolver los míos. —Y diciendo esto, cerró el celular cortando la comunicación.

Su primo… El único ser sobre la tierra que parecía entenderle sin necesidad de hablar demasiado las cosas. El único que sabía la tragedia que había sido su vida y el único que conocía, quizá a medias, sus planes para con Jaejoong.

«Pero ni tú podrás detenerme…»

El gran salón del teatro se fue desocupando poco a poco cuando los dos últimos premios fueron otorgados. Para nadie fue sorpresa saber que la película en la que participaba Changmin se llevaba los dos últimos galardones y un sin fin de premios antes que esos, sólo perdiendo dos: Mejor guión original y Mejor partitura musical. La mayoría de las estrellas fueron invitadas a una cena baile para celebrar la premiación en uno de los salones contiguos del Commodore Busan Hotel, no era necesario que salieran, todos podían trasladarse caminando del teatro al ballroom que se encontraba cerca del estacionamiento.

Jaejoong observaba desde la parte alta del salón a quienes se encontraban en la pista de baile. Llevaba en sus manos una cuba, la cuarta de la noche. No sabía ni cuánto tiempo llevaba en el salón, pero ya estaba aburrido. Jessica había cumplido con su parte del trato, había estado con él en la alfombra roja y en la premiación, pero en cuanto entraron al ballroom se le desapareció por completo. Ni siquiera le había acompañado en la cena, donde se había visto obligado a soportar los intensos coqueteos de una mujer mayor cuyo único tema de conversación parecía ser el de sus ex maridos y su intensa búsqueda por uno nuevo. Por ello, en cuanto la cena terminó, se dio prisa en levantarse y huir. ¡Estaba aburrido, pero no desesperado!

Dio el último sorbo a su vaso y se dio prisa en colocarlo en la bandeja de uno de los meseros pasaba, aprovechando para tomar una nueva copa de algo que parecía ser un martini. Buscaba a Jessica con la mirada, ansioso por poder avisarle que se retiraría con su chofer y que más tarde se lo mandaba de regreso, pero no la veía por ningún lado. Ni entre las mesas, ni la pista de baile… A quien sí vio bailando ahí muy animadamente fue a Taeyeon, si bien las luces no le permitieron identificar con quién. La música era demasiado estridente para que una pareja pudiera bailar de forma romántica, así que intuía no era Changmin. Aunque… ¿Changmin bailando? Eso era muy difícil de imaginar. ¿Un chico tan huraño? No, difícilmente podría ser él. Quizá ya hasta se hubiera regresado al colegio, había tenido suficiente tiempo como para llegar antes de que las puertas se cerraran.

Apuró por completo el contenido del vaso en mano y volvió a colocarlo en una de las bandejas de los meseros que pasaban. Al parecer estaba cerca del bar, porque estos iban y venían con vasos de licor tanto llenos como vacíos. Esta vez tomó una copa de burbujeante champaña. Debería dejar de beber tanto, tanta revoltura de licor le iba a causar una terrible jaqueca al día siguiente, pero eso no le importaba ahora, ya mañana tomaría algún remedio para curar su mal. Ahora no podía dejar de pensar en Changmin y en lo que había hecho, tomaba para sacarse de la cabeza al actor y sus besos, pero parecía que entre más tomaba, más lo recordaba. Todavía podía sentir sus labios temblando ante aquel contacto, como un cosquilleo que no quería apartarse de ellos. Era una sensación extraña, como si una corriente eléctrica punzara sobre sus labios.

—¡Maldita sea! —masculló en voz baja dándose la vuelta precipitadamente, sin notar a quien se encontraba justo detrás suyo y el lujoso traje Armani sobre el que cayó el contenido de la copa de champaña.

—Vaya forma de saludarme, Kim Jaejoong —La enorme sonrisa provocó un mohín en él al reconocerle. El hombre sacó un pañuelo y se sacudió las gotas del brillante líquido que no habían alcanzado a manchar la tela—. Es una suerte que la nueva línea Armani tenga teflón. ¿No vas a disculparte? —avanzó hacia él, pero el pelinegro retrocedió por igual topándose contra la pequeña barda que servía de barandal.

—No te acerques, Fukutaro, puedo disculparme desde aquí —farfulló sin moverse—. No esperaba verte en la recepción.

—Bueno, estoy viendo a mis futuros clientes —excusó extendiendo una mano para tentar las solapas del saco del modelo—. Un Yves St Lauren, veo que cumples tus promesas. —Jaejoong levantó la mano para apartar la del otro.

—Yo siempre cumplo lo que prometo —aseguró dejando la copa semi vacía sobre la barda de cemento donde se encontraba—. Me disculpo por mi torpeza y si me permites, debo irme. —apuró intentando pasar por su lado, pero uno de los brazos del hombre le detuvo con ligereza.

—3 mil millones de won, Jaejoong —le susurró, alcanzando a ver la sorpresa reflejada en aquellos ojos oscuros—. 3 mil millones porque firmes el contrato. —ofreció soltándolo.

—¿De qué demonios estás hablando? —inquirió sintiéndose atemorizado, pues aquella era la cantidad por la que Changmin había amenazado con demandarle; una cantidad impresionante que no se le daba a un simple modelo como él.

—Sólo de trabajo. —aseguró haciendo una seña a uno de los meseros que se acercó dejando al empresario tomar un par de copas, tendiéndole casi de inmediato una al modelo. Este la tomó con ciertas reservas, sin entender aún el porqué de tan grande ofrecimiento.

—Comenzaste ofreciendo 450 millones, después subiste a 600. La última vez ofrecías mil millones, ¿por qué de pronto ofrecerme tanto? Sólo es un comercial en el cual salgo con uno de esos trajes. ¿O es que debo hacer algo más? —indagó dando un trago a su copa sin alejar su mirada del otro. Fukutaro sonrió de forma extraña y también dio un trago a su copa, era consciente de que el alcohol comenzaba a afectar al pelinegro y no iba a dejar pasar la oportunidad.

—Por supuesto que tienes que hacer más… —se acercó para susurrarle— cosas que no saldrán en un comercial.

Jaejoong no supo si fue a causa del alcohol o por las palabras de Fukutaro, pero se sintió escuchar nuevamente la voz de Changmin proponiéndole porque fuera su amante a cambio de olvidarse de la demanda. Extrañamente, no se molestó. Al parecer el alcohol le había servido como calmante, por lo que lejos de ofuscarse, se echó a reír.

La mirada de Fukutaro cambió ante aquello, evidenciando su desagrado. Esperaba una negativa, una aceptación escondida entre líneas o reclamos como la última vez. Pero no, en esta ocasión Jaejoong parecía estarse burlando de su propuesta, y ello le irritaba.

—Antes de que digas nada —comentó tratando de ocultar su bronca, pese a que el muchacho no dejara de reír—, piensa en la oferta que te hago, es un comercial millonario. Además, te pondría un departamento en una zona muy exclusiva de Haeundae-gu con auto a la puerta, te pasaría una muy importante pensión y me aseguraría de que filmaras todos los comerciales de Armani desde hoy y hasta que mueras. Recuerda que Armani tiene todas las líneas desde juvenil hasta la tercera edad. Sólo tienes que firmar. —Jaejoong calló abruptamente para mirarlo.

—¿Y ser tu amante? —cuestionó, aunque sabía muy bien la respuesta. Fukutaro sonrió y asintió, seguro luego de exponer tan jugosa propuesta—. Pues… —alargó, y el otro le miró expectante—. ¡VETE AL DIABLO, NO ESTOY EN VENTA! —pero al darse la vuelta completamente asqueado, sintió un brazo reteniéndole. En respuesta, empujó la copa de vino directo al rostro del ejecutivo, mojándolo por completo—. ¡Oh, qué torpe fui, no sabes cómo lo siento! —Aunque el contrario pareció ignorar el sarcasmo impreso en sus palabras, y se sacudió el líquido de su rostro y ropas.

—4 mil millones, Jaejoong. —ofreció con cierta molestia, pero el pelinegro seguía enojado.

—Puedes ofrecerme todo lo que quieras, no voy a acceder. Jamás me convertiré en tu amante, porque simplemente no soy gay. —aseveró sintiendo que el mundo comenzaba a darle vueltas. Necesitado de un poco de aire fresco se giró en busca de la terraza, sin fijarse en dónde había quedado Fukutaro, pues ni le interesaba. En cuanto estuviera mejor buscaría a Jessica para avisarle que se iría; pero lo primero era tomar aire.

Avanzó sintiendo el suelo moverse bajo sus pies, no era la primera vez que asistía a ese salón, pero era gracias a la cantidad de alcohol que había tomado que no podía recordar dónde era que se encontraba la salida a las escaleras de emergencia. Sabía que ese salón no contaba con terrazas, pero podía salir al pequeño espacio donde descendía la única esperanza de salvarse de un incendio.

«¡Como si fuese tan sencillo bajar una escalera vertical cuando se está en pánico!»

—¡Oye, chico! —llamó a uno de los meseros que hubiera pasado por su costado, logrando alcanzar a detenerlo—. Dónde está la salida a la escalera de emergencia, necesito aire urgentemente.

—Justo a su espalda, joven. —señaló la puerta tras el modelo, logrando arrancarle a este la risa. Definitivamente el alcohol se le estaba subiendo demasiado a la cabeza.

—¡Gracias! —le sonrió tomando una de las botellas que el mesero llevaba en la bandeja, abriendo la puerta para salir sin esperar respuesta alguna.

Apenas salió el viento de la noche golpeó contra su rostro, lo sentía arder y el fresco nocturno le produjo cierta sensación de bienestar. Quiso acercarse a la barda que franqueaba el acceso al estacionamiento, pero el mareo lo llevó a pisar mal y caer de bruces al suelo. Soltó una sonora carcajada y gateó hasta la baranda para levantarse. Era una suerte que nadie le estuviera viendo en semejante condición. Pocas veces se emborrachaba tanto como lo estaba ahora, pero había estado necesitando un trago desde la tarde, cuando Changmin le hubiera atacado en la escuela.

«Aún siento sus labios»

Inconscientemente, los dedos de su mano libre tentaron su boca, pero apenas lo notó la bajó con rapidez para abrir la botella, arrojando el tapón de esta hasta el estacionamiento. El golpe del metal consiguió encender la alarma de uno de los autos, haciéndolo reír una vez más. La botella llegó hasta sus labios y bebió un poco tratando de borrar en vano la sensación que sólo se hacía más fuerte con cada bebida.

—¡Maldición, estoy muy tomado! —rió dejando descansar su pecho sobre la barda para detenerse.

—Pues entonces deberías dejar de tomar…

El pelinegro giró precipitadamente al reconocer la voz a sus espaldas, topándose contra aquellos ojos chocolate que tanto había luchado por sacar de su cabeza. Era la última persona a quien esperaba ver en esos momentos, quien le observaba de manera fija con ambas manos en los bolsillos del pantalón y un cigarrillo encendido entre los labios. Comenzó a temblar entonces casi imperceptiblemente, sin saber si era a causa del alcohol o por alguna especie de fuerza extraña; lo único que tenía seguro, es que no iba a poder intentar huir de él sin terminar de boca al suelo en el intento.

—¡Changminnie! —llamó de forma divertida—. No esperaba verte aquí, creí que estarías bailando esa música moderna con tu novia.

—Si te refieres a Taeyeon, ella no es mi novia —alzó una mano para tomar el cigarro de su boca, expulsando el humo de la misma—. Y no me gusta bailar.

—¡Vaya! —el modelo se enderezó, señalándolo con una mano—. Estás fumando. Y yo que creí que el famoso actor Shim Changmin no fumaba, ni bebía. Creí por un momento que eras alguien perfecto que no tenía vicios… Bueno, sólo fastidiarme la vida. —se rió y volvió a darle un trago a la botella de vino, ante la mirada dura y el ceño fruncido de Changmin.

—Tú no sabes nada Jaejoong, y deja de tomar. —Pero ni bien intentó arrebatarle la botella, el pelinegro la alejó elevándola por sobre su cabeza, riendo de manera estridente.

—Quítamela si puedes. —atajó pasándola de una mano a otra por sobre sí.

—Si eso quieres, eso tendrás. —masculló arrojando el cigarrillo al suelo para atrapar al chico por los brazos.

La fuerte presión de aquellas manos sobre sí logró atraer la mirada oscura del modelo hasta la del actor, donde ambas se conectaron por intensos segundos, hasta que los ojos chocolate terminaron por cerrarse, acercándose precariamente hasta su rostro; rostro que se desvió justo antes de que los labios del castaño apresaran su boca. Estaba tomado, pero aún podía recordar lo peligrosas que resultaban las caricias de Changmin, y no se sentía con fuerzas como para luchar contra las reacciones de su propio cuerpo.

—Estoy tomado. —señaló al sentir los labios del moreno sobre su mejilla.

—Y bastante. —respondió a su oído sin soltarle, notando cómo las piernas del chico amenazaban con no sostenerle mucho más. Él recordaba esas mismas sensaciones, sabía bien por lo que el modelo estaba pasando.

—Quiero irme. —pronunció bajo sin voltear el rostro, temeroso de que, de hacerlo, Changmin pudiera llegar a besarle, pues aquello no podría tener un muy buen final para él.

—Está bien —Pero Changmin se separó, logrando que Jaejoong finalmente girara para verle—. Vámonos de esta fiesta. —El pelinegro sintió una punzada en el estómago. Algo le decía que tenía que estar alerta y no irse con él, o con ningún otro. Tenía que ir a casa de Jessica, donde estaría a salvo.

—No, no quiero irme contigo, me iré con el chofer de Jessica a su casa, regresaré el domingo al colegio. —balbuceó apresurado tratando de soltarse de las manos del más alto, aún si podía sentir sus piernas temblar.

—Temo que no podrás llegar a la zona de limusinas sin ayuda. ¿Por qué no vienes a casa conmigo? Te sacaré sin que la prensa se dé cuenta. —Changmin intentó mirarlo a los ojos, pero el pelinegro ya no podía enfocar bien, el alcohol hacía de las suyas en su sistema.

—¿Qué buscas? ¿Que me convierta en tu amante estando borracho? —cuestionó, pero el actor sólo bajó la vista sin soltarle.

—Posiblemente.

—¡Sigues siendo un desgraciado! Esta noche ya me han ofrecido 4 mil millones por convertirme en el amante de alguien y lo rechacé. ¿Qué te hace pensar que voy a aceptarte a ti? —La mirada chocolate centelleó al tiempo que sus cejas se fruncían. Jaejoong pudo sentirse estremecer cuando la mirada fría le atravesó con fiereza.

—¿Quién fue? —Molesto, estaba molesto, pero esta vez no iba a dejarse intimidar. Se había enfrentado a Fukutaro estando en esas condiciones y le había vencido. ¿Quién decía que no vencería a Changmin estando tomado? Jaejoong comenzó a reír.

—Un desgraciado como tú, pero no me has respondido. ¿Qué te hace pensar que voy a aceptarte a ti, si no lo acepté a él?

La figura del modelo se vio bruscamente separada de la barda sólo para ser arrinconado contra una pared, siendo sujetado por las muñecas. La botella de vino cayó al suelo haciéndose añicos, y Jaejoong pudo sentir el cálido aliento del actor acariciando su rostro, su cuerpo apresando el suyo en una intimidad embriagante. Las pupilas chocolate le miraban con ira y él sólo podía regresarle la mirada desafiante.

«Quizá el alcohol no es suficiente» pensó el modelo al notar la vista del otro descender hasta sus labios.

—Porque te gusto. —fue toda la respuesta que alcanzó a escuchar, antes de que su boca fuera apresada por una más fuerte. Una boca que le recorría de forma maestra, robándole el aliento, los sentidos y la poca fuerza que le quedaba para resistirse.

De manera inusitada la lengua de Changmin había aprendido cómo introducirse en su boca. Sabía cómo recorrerla y jugar con ella, enloquecerle y hacerle olvidar con quién demonios se suponía que estaba.

La cabeza había comenzado a darle vueltas conforme las oleadas de placer recorrían por completo su cuerpo. Estaba perdido, en las delgadas manos que recorrían con plena libertad su espalda y los suaves labios que abandonaban su boca húmeda para encaminarse por su cuello, recorriéndolo con lentitud y sensualidad. Los ojos oscuros se mantuvieron cerrados, con la respiración acelerándose a cada segundo.

El inesperado azote de la puerta contra la pared obligó al actor a separarse del pelinegro por el sobresalto, dándole espacio a éste último para replegarse contra la barda con la respiración entrecortada.

—¡Perdón!

La puerta volvió a cerrarse igual de rápido que como se hubiera abierto. La pareja que había entrado se encontraba en igual o peores condiciones de las que se encontraba el modelo, así que estaba seguro que ni siquiera les habían reconocido. Lo mejor era salir de ahí antes de que alguien sí pudiera identificarles.

—No nos han visto. —intentó tranquilizarle el moreno, pero apenas tocó el hombro del chico recibió un manotazo para separarlo.

—Quiero irme de aquí. —se quejó intentando andar hasta la puerta con pasos erráticos. Changmin suspiró, le siguió para tomarlo de la cintura y encaminarlo.

—Sí, ya nos vamos.

—Cubito, ¿me llevarás a casa de Jessica? —preguntó el pelinegro con una sonrisa, a lo que el castaño se detuvo para mirarle con una ceja arqueada.

—¿A quién demonios le dices cubito? —Aquella expresión y tono irritados arrancaron una carcajada en Jaejoong, que con un dedo delineó su ceja.

—A ti, Minnie, te digo cubito porque es una forma cariñosa de decir témpano de hielo —explicó riendo—. ¿O prefieres que te diga ‘Témpano de Hielo’ en lugar de ‘Cubito’?

—Tú y tus malditos apodos Jaejoong, no sabes los corajes que me has causado —reprochó mirándolo a los ojos, aunque el otro pareciera no entender—. Pero dime como se te dé la gana.

Changmin abrió la puerta con fastidio decidiendo que no tenía caso discutir con alguien tomado, pues bien podría decirle que no le llamara de esa forma y aun así, muy probablemente el modelo terminara haciéndolo sólo para molestarle. Para cuando sacó a este de la fiesta todo se encontraba a oscuras, sólo iluminado por las luces centelleantes del techo, perfecto para que no los notaran; aunque seguramente afuera estaría lleno de reporteros. En cuanto vieran a Jaejoong en ese estado y a él llevándolo en su limusina, los chismes se iban a desatar, tenía que sacarlo sin que nadie se diera cuenta.

Lo llevó apenas caminando y le ayudó a recargarse en una de las paredes por donde pasaban los meseros. Tenía que avisarle a su chofer para que le esperara en otro lugar, pero necesitaba encontrar por dónde salir sin ser visto.

—Quédate aquí y no te muevas —le susurró al oído—. Voy a avisarle a mi chofer que nos espere por la salida de la cocina. —Era lugar más adecuado, no se esperarían que alguien saliera por donde él había llegado.

—No caminaré, no me moveré, aquí me quedo muy quietecito —canturreó en respuesta—. Hey, chico, dame una copa. —llamó al mesero que pasaba, extendiendo la mano para arrebatarle una copa cuando Changmin lo detuvo.

—Ya no vas a beber más. —sentenció indicándole con una mano al chico que se fuera.

—¡A la orden, General! —recitó haciendo un saludo militar. El más alto suspiró hastiado, hacía años que no sufría con una borrachera ajena.

Sin perder más tiempo, Changmin se alejó a toda prisa dejando al modelo de pie, observando distraídamente a la gente que bailaba de manera animada. Estaba demasiado mareado y no coordinaba bien. Pero no pasó demasiado cuando una mano se posó en su hombro, a lo cual se giró sonriendo.

—¿Jaejoong?

—¡Fuku-ttan! —reconoció alegremente—. No sabía que seguías por aquí, ¿has visto a Cubito?

—¿Cubito? —cuestionó el otro sonriendo ampliamente. Era notorio el estado de embriaguez del modelo, quizá y podría tenerlo sin necesidad de darle todo lo que le había prometido—. Creo que ya se te subieron las copas, Jaejoong, ¿por qué mejor no nos vamos de aquí? Te llevaré a dormir y ya mañana me dirás a quién estabas buscando. —se acercó colocando un brazo en la cintura del pelinegro para hacerlo caminar, pero este se detuvo plantando los pies en el suelo. Por un momento se sintió un niño negándose a ir con un hombre que le ofrecía dulces por acompañarle.

—Cubito me dijo que no me moviera, él va a llevarme con Jessica. Ya estoy muy tomado Fuku-ttan, pero aún recuerdo que no confío en ti. —rió negando con un ademán de su dedo índice. Fukutaro frunció la boca en señal de disgusto, al parecer ni tomado Jaejoong aceptaría irse con él. Aunque… quizá el estado de lucidez del modelo podría ser nublado lo suficiente como para sacarlo de la fiesta.

—Por favor, Jae, ese amigo imaginario tuyo no creo que regrese. Te prometo que te llevo con Jessica, pero vamos, antes de que alguien te vea en ese estado. —«Más bien, antes de que alguien nos vea. Sería cuestión de rentar un cuarto en este mismo hotel y decirle que es la casa de la chica». Era por todos sabido que la rubia cambiaba de decoración cada semana.

—¡No, suéltame! —profirió tratando de alejar la mano del otro de su cuerpo, pero lo tenía muy bien sujeto; esta vez no se le iba a escapar.

—Suéltalo, Fukutaro. —La voz a sus espaldas le hizo soltar al modelo, girando para encontrarse contra los ojos chocolate de uno de sus mejores clientes viéndolo con molestia.

—¡Changminnie! —Efusiva y torpemente, el pelinegro avanzó hasta Changmin casi cayéndose, de no ser porque este último alcanzó a estirar su brazo para que el modelo consiguiera apoyarse en él y le lanzara los brazos al cuello para evitar caer al suelo.

—¡Changmin! ¿Conoces a Jaejoong? —Fukutaro lució desconcertado y molesto al ver la escena—. Oh, pero qué tonto, claro que debes conocerlo, están en la misma escuela. ¿Era a ti a quien esperaba? No sabía que Jaejoong ya tenía dueño, con razón rechazó mi oferta. —apuró el líquido en su copa, profundamente irritado. Tanto tiempo detrás del modelo y de buenas a primeras era cambiado por un actor egocéntrico y arisco como Shim Changmin.

Fukutaro pudo ver claramente la mirada de Changmin encenderse. Era extraño ver alguna clase de emoción en él, generalmente se notaba frío y desinteresado por lo que fuera o quien fuera. Pero el fuerte brazo sosteniendo la delgada figura del modelo contra su cuerpo de forma posesiva, y la mirada fulminante con que le veía, le decían que Changmin no era tan indiferente como se mostraba al resto de los mortales.

—¿Fuiste tú quien le ofreció 4 mil millones de won? —La pregunta sin emoción alguna hizo parpadear a Fukutaro, no habiendo esperado que Jaejoong le contara sobre ello. ¿Así que por eso estaba molesto Changmin?

—¡Fue antes de saber que estaba contigo! —se defendió a la carrera, intentando arreglarlo antes de que fuera a ganarse una paliza—. No lo hubiera hecho de haberlo sabido antes. Es una lástima que me lo hayas ganado, está de muy buen ver —intentó hacerle un cumplido—. Espero que me perdones, no volverá a suceder.

—De eso estoy seguro. —Y la mano libre del moreno fue a dar contra el japonés, que cayó directo al suelo de golpe seco.

—¡Duerme bien! —canturreó Jaejoong al ver que ya no se levantaba, pues había quedado noqueado. Changmin pasó el brazo del pelinegro sobre su cuello y rodeó su cintura para ayudarle a caminar.

—Iremos por el bar, así nadie nos verá salir de aquí. —le indicó suavemente para que sólo él le escuchara.

—Iremos por el bar para que nadie nos vea juntos. —señaló Jaejoong en el mismo tono. Sentir la calidez del cuerpo del actor contra el suyo le era placentero, pero saber que este le ocultaba del resto de la gente le causaba cierto malestar; no cabía duda que el alcohol estaba haciendo de las suyas.

—Sí. —confirmó el castaño a su aseveración, causando sólo que su malestar se acrecentara. ¿Por qué habría de importarle tanto? Al fin y al cabo, Changmin era gay y él no.

Atravesar el bar había sido relativamente sencillo, un hombre servía las copas y el resto de los meseros se encargaban de llevarlas por el salón; el problema real fue atravesar la cocina. Había un sin fin de cocineros trabajando en grandes ollas y enormes hornos que podrían quemarlos si alguno de los dos se movía al lado equivocado. Una sola persona en sus cinco sentido hubiera travesado perfectamente la cocina, pero dos personas y una de ellas tomada, era otra cosa.

Afortunadamente, lograron llegar a la salida donde les esperaba el chofer. En cuanto el hombre alto, pálido y fornido les vio salir, se dio prisa en bajarse del auto y abrir la portezuela para que Changmin acomodara primero a Jaejoong y después subiera él.

—Vamos a casa, Zhoumi. —le indicó al hombre a través de la ventanilla.

—Enseguida, joven Changmin.

Jaejoong entreabrió los ojos sintiéndose demasiado mareado, sin saber dónde estaba ni cómo se suponía que había llegado hasta lo que parecía ser el interior de un auto; uno muy grande y cómodo. Se incorporó un poco sobre el asiento y giró la vista cuando sintió a alguien a su lado.

—¡Cubito! —llamó alegremente—. ¿Vamos a casa de Jessica? —Su voz sonaba aguardentosa y divertida, pero la mirada de Changmin era fría.

—Vamos a mi casa, Jae. —explicó desviando la vista.

El movimiento ondulante de la limusina terminó por hacer que Jaejoong se recargara sobre el costado del moreno, que pasó un brazo por su espalda para evitar que se moviera de más y terminara por marearse. Pero aquello resultó demasiado tentador. La tibieza que la figura del modelo le transmitía estando apoyado sobre parte de su pecho, su cálido aliento chocando contra su cuello…

La mirada oscura permanecía apenas entreabierta, lejana cuando la mano libre del actor se encaminó hasta su barbilla, buscando atraer su atención. Ojos chocolate y azabache chocaron por segundos.

—Estoy muy tomado. —balbuceó rompiendo el hechizo en el que Changmin parecía haber caído.

—Ni siquiera tienes que decirlo. —le recriminó sin soltar su rostro.

Jaejoong sintió la distancia acortarse sin poder reaccionar, demasiado débil como para lograr evitarlo, apenas logrando alzar una mano para tratar de apartarlo; en vano, porque esta quedó detenida contra el pecho de Changmin. Sintió el calor a través de la tela de la camisa, mientras los labios del castaño se posaban muy suavemente sobre los suyos, como jamás lo habían hecho antes, dejando que se rozaran sin exigirle nada, sin presionar ni exigirle respuesta alguna. Sin embargo, fueron sus labios los que se abrieron dejándole ingresar en su interior, ahogando el suspiro al sentir la nueva ola de corriente recorrerle el cuerpo, cual si un intenso calor le abrazara por completo.

Cerró los ojos por instinto. Por primera vez desde que Changmin había comenzado a torturarle le besaba de manera diferente, sin aquella oleada salvaje de pasión, pero sin perder tampoco ese toque de sensualidad que sólo sus besos sabían proporcionarle.

Sin esperárselo, el moreno se separó de él. Reclinó la cabeza sobre el brazo del actor, que aún le sostenía, y le observó sin entender. Era la primera vez que lograba disfrutar uno de sus besos, y se había apartado.

«El alcohol está haciendo de las suyas» se dijo sin lograr apartar su mirada de la castaña.

—Sabes a alcohol. —murmuró el menor mirándole con detenimiento. Jaejoong intentó enderezarse, pero Changmin lo detuvo acercándolo de vuelta a su cuerpo, arrancándole un estremecimiento.

—¿Ah sí? Pues tú sabes a cigarro. —devolvió tratando de imprimir molestia en sus palabras, mas demasiado atontado por aquel sabor como para lograrlo.

—La diferencia es que el cigarro no emborracha y tú te estás cayendo. —Jaejoong rió ante esas palabras, reconociendo su veracidad ya que, de soltarlo, muy seguramente acabaría rodando por el suelo del automóvil.

—¡Cubitooo! ¿Te estás preocupando por mí? Eres un buen amigo. —le señaló al pecho, pero el actor detuvo su mano logrando encontrarse contra la mirada oscura nuevamente.

—Sólo estando borracho puedes decirme que soy tu amigo, porque estando en tus cinco sentidos dices odiarme. —No supo por qué esas palabras le hacían sentir cierto gusto, como si a Changmin le importara realmente el que le odiara o no. Pero aunque en su estado le era imposible razonar un por qué, tampoco pudo controlar su lengua antes de encontrarse respondiendo a la acusación sin siquiera meditar sus palabras.

—No te odio, sólo eres insoportable cuando te sientes superior a todos. Ignoras a todo el mundo, como si el simple hecho de dirigirles un saludo te fuese a enfermar. ¿Sabes…? Todos tienen sentimientos, y tú los hieres con tu forma tan fría de comportarte. —explicó el modelo sintiendo su cuerpo traicionarle, temblar ante el roce de los dedos del chico sobre su cintura aun si sabía que era para que no cayera.

—Todos buscan algo de mí, creen que colgarse de mi fama les abrirá las puertas de este mundo tan hipócrita. —masculló desviando la vista, soltando la mano que había capturado.

—No todos buscan hacerse famosos a costa tuya. Te aseguro que hay quienes sólo quieren acercarse a ti para brindarte su amistad, y tus los corres con esa mirada de hielo que les dedicas. —Y cual si la hubiera evocado, la mirada fría recayó sobre el rostro sonrojado del pelinegro.

—Sólo tú no quieres mi fama. —aseguró frunciendo el ceño.

—Yo no necesito tu fama —rebatió tratando de empujarlo, pero Changmin lo evitó endureciendo su agarre—. Ni a ti, sólo quiero que me dejes en paz. ¿Por qué no escogiste a otro para fastidiar? Hay muchos en la escuela, ¿por qué yo?

Los delgados dedos del actor se asieron de su barbilla, obligándolo a mirarlo. Su mirada era dura, fría, pero había algo en su interior que le hacía estremecer; parecía estar cargada de algo que no alcanzaba a identificar. Quizá, de haber estado sobrio hubiera podido saber qué era, pero ahora le resultaba imposible.

—Porque eres perfecto, Jaejoong. —El aludido volvió a reír. Changmin frunció el entrecejo y lo soltó por completo, dejándolo libre para que alcanzara a recargarse en el asiento y tratara de detenerse con la puerta de la limusina para no caer.

—Deja de repetir tus líneas conmigo y contesta. ¿Por qué yo? —volvió a cuestionar con diversión, sin perder detalle del perfil fastidiado del otro.

—Ya te lo dije, porque eres perfecto. Eres hermoso y aunque lo niegues, te atraigo.

—Sí, por supuesto, me atraes como la luz a una mosca.

—Lo acabas de admitir.

—No admití nada, estoy muy tomado y ya no sé lo que digo.

Changmin observó de soslayo la mirada de Zhoumi observándoles a través del espejo retrovisor, y no perdió tiempo en apretar el botón que cerraba la ventanilla central para asegurarse la intimidad con el pelinegro.

La vuelta en una de las calles hizo a Jaejoong perder el equilibrio y caer recostado sobre el asiento entre risa y risa, pero esta se apagó cuando sintió sobre sí el cuerpo del actor. Aquellos labios encontraron los suyos de la misma forma que lo hubieran hecho minutos atrás, pero diferente, besándole con lentitud la comisura de los labios, acelerándole la respiración. Las manos del castaño se dejaron deslizar por su pecho, desabrochando los botones del saco para dejarlo abierto mientras sus labios se entretenían besando la blanca piel de su cuello.

—Changmin… ¿qué haces?… —La voz ahogada del modelo se escuchó asustada. No podía coordinar bien sus movimientos, si en esta ocasión el chico lograba hacerle olvidar iba a caer en sus manos, y no quería hacerlo.

—Nada que no quieras.

La respuesta calma de Changmin no le ayudó en nada. El corazón le latía a toda prisa y sus manos se cerraban sobre el piso y el asiento del auto mientras los labios del castaño le asaltaban. Se introducía en su boca, su lengua jugaba con la suya para recorrerle centímetro a centímetro, para devorarle con besos mientras sus delgadas manos desabrochaban su camisa con lentitud, alzándole las piernas para acomodarlas a sus costados.

No quería tener sexo con Changmin, pero no tenía fuerzas para negarse y lo peor era que comenzaba a disfrutarlo mucho.

Sus manos se alzaron con lentitud, dejando que sus brazos se enrollaran sobre el cuello del actor para, por primera vez, responder al beso con una entrega y pasión de las que Changmin jamás había tenido noticia.

Este se separó abruptamente para ver con sorpresa el rostro sonrosado del pelinegro, era la primera vez que le respondía, y aquel simple contacto le había hecho estremecer. No cabía duda que el modelo tenía experiencia en el tema, y quizá era ese el motivo por el que nunca le había respondido a algún beso… porque sabía lo que podría llegar a causarle: perder la cabeza.

—Respondiste… —aseguró observándolo fijamente.

—Quiero que me prometas algo… —pidió regresándole aquella mirada. Era ahora o nunca, había conseguido detenerlo, pero ahora tenía que lograr que le prometiera lo único que podría salvarle de enredarse con él.

—¿Qué? —La mano del pelinegro se cerró sobre la camisa del actor, acercándolo a su rostro.

—No te aprovecharás de mí mientras estoy en estas condiciones —balbuceó soltándolo, pero el castaño sólo lo observó sin decir palabra—. Promételo —volvió a pedir—. Promételo —Changmin suspiró pesadamente y se enderezó en su lugar, mientras Jaejoong bajaba las piernas sin levantarse siquiera.

—Está bien, te lo prometo.

El moreno lo miró sonreír un poco, dejando caer la mano que segundos antes sostuviera la manija de la puerta de la limusina. ¿Acaso Jaejoong pensaba lanzarse del vehículo en movimiento si él no le prometía nada?

—¡Detén el auto! —gritó incorporándose a la carrera ante la mirada extrañada del actor.

—Ya te dije que no me aprovecharé de ti, Jaejoong… —acusó renuente, temiendo que el modelo en verdad intentara saltar del vehículo en movimiento.

—No entiendes —ahogó  con cierta desesperación—. Detén el auto antes de que…

Pero había sido demasiado tarde, el continuo balanceo del automóvil y el alcohol le habían hecho devolver el estomago manchando el interior del mismo, parte de su traje y el de Changmin.

—Zhoumi, detente. —mandó el moreno a través del intercom.

En cuanto Jaejoong sintió que el auto bajaba la velocidad abrió la puerta y saltó fuera directo al primer bote de basura que encontró en la banqueta de la calle para seguir devolviendo. Changmin abrió la puerta de su lado y se quitó el saco manchado arrojándolo al suelo del auto, así al menos no se mancharían cuando entraran de nuevo. Luego se dedicó a sacar una botella de agua y un pañuelo, acercándose al pelinegro que respiraba agitado.

—Toma esto —le tendió el agua—, para que te enjuagues la boca y te quites el mal sabor. Y esto —le dio el pañuelo—, para que te limpies.

—Gracias. —musitó apenas, tomando ambas cosas.

—¿Su amigo está bien, Joven Shim? —preguntó el chofer bajando del coche.

—Sí, Zhoumi, enseguida regresamos al auto, no tienes de qué preocuparte. —la calmó paciente, observándolo subir una vez más al asiento del piloto, pero no quitándoles los ojos de encima. Claro, justo lo que se esperaba de un guardaespaldas.

Con cuidado, el más alto ayudó al pelinegro a quitarse el saco manchado, conduciéndolo de vuelta hasta el interior del auto donde lo acomodó; cayó dormido casi al segundo sobre su pecho. Estaba seguro que la resaca del día siguiente iba a ser terrible, pero por ahora, iba a tener que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para cumplir con la promesa que el modelo había conseguido sacarle.

Al llegar al edificio de apartamentos en aquel lujoso barrio de Haeundae se dio prisa en encender las luces del piso, moviendo los muebles que pudieran estorbar al paso de Zhoumi con Jaejoong en brazos. Hubiese preferido ser él quien llevara al modelo en vilo hasta la recámara, pero el hombre había insistido y, a fin de cuentas, sólo él y Mei –el ama de llaves–, conocían la combinación de la alarma.

Se dirigió a ver los mensajes en la contestadora mientras Zhoumi dejaba a Jaejoong en el cuarto; tenía seis, y todos eran de Taeyeon. Los borró sin siquiera escucharlos. Ya estaba cansado de los constantes acechos de la chica, y esperaba que con lo que hubiese dicho a la prensa bastara para mantenerla alejada de él.

—He dejado al joven en la cama. ¿Me necesitará mañana a alguna hora, joven Shim? —preguntó el hombre mientras Changmin volteaba para verlo. Tenía muchos años de conocerlo y se había vuelto una de las pocas personas en quien confiaba.

—No, Zhoumi, mañana no pienso salir del departamento. Asegúrate de llevar el auto a lavar y pasar por nosotros el domingo a las tres de la tarde —El hombre asintió sin decir nada, pero Changmin le detuvo—. Dile a tu madre que le dejaré la ropa sucia en el cesto, necesito que la lleve de forma urgente a la tintorería. La quiero de vuelta para las seis de la tarde de mañana mismo.

—Como ordene, joven Shim. Traeré el celular encendido, por si a última hora decide salir. —Changmin pasó por su lado frunciendo el ceño. Odiaba tener a una niñera que le siguiera los pasos, pero era algo que Rain había hecho sin su consentimiento. Entró a la cocina y se sirvió un vaso de jugo.

—Ya te he dicho que no necesito de guardaespaldas, Zhoumi, puedo cuidarme solo.

—Lo sé, joven Shim, pero me contrataron para cuidarle y eso mismo es lo que hago. No me gusta recibir un sueldo cuando no hago nada. —En eso tenía razón. Mientras estaba en la escuela no había a quién cuidar, pero estando fuera podía desquitar su sueldo, aún si a él no le agradaba.

—Está bien, pero ya te he dicho que mañana no pienso salir. —aseguró terminando su bebida.

—Muy bien, que descanse joven Shim.

Zhoumi era el hijo mayor de su ama de llaves y Rain le había contratado para que le siguiera como si fuera su sombra. Había estado en la marina, pero hacía unos años había pedido su baja del ejército y ahora trabajaba como guardaespaldas. Por supuesto, Mei estaba feliz de tener a su hijo tan cerca de ella. Debería tener a alguien que le cuidara… eso había sido en años pasados, ahora podía hacerlo él solo, pero Rain no quería que despidiera al hombre.

—Para lo que salgo. —se dijo en voz baja dejando el vaso en la tarja de la cocina, y se encaminó hasta la recamara.

Ingresó molesto sin encender las luces, sacándose la camisa del pantalón para desabrocharla cuando un gemido proveniente de la cama le hizo girarse de golpe. Jaejoong se había sentado al borde del jergón.

—Deberías estar descansando.

—¿Changmin? ¿Qué haces en mi habitación? —cuestionó al verlo acercarse, sus manos directo a desabrochar su camisa—. No, no hagas eso. —negó manoteando, pero Changmin sólo le retiró las manos sin detener su labor.

—No estás en tu habitación, estás en la mía. —aclaró terminando de desabotonarle la camisa para quitársela. Jaejoong intentó apartarlo, pero terminó cayendo de espaldas contra el colchón en el intento; el castaño aprovechó entonces para retirarle zapatos y calcetines.

—Tengo que irme a mi cuarto. —balbuceó el pelinegro intentando levantarse, pero la delgada mano del otro le empujó de vuelta a la cama.

—No estamos en el colegio, Jae, estás en mi casa y aquí no hay dos habitaciones, hay una y una única cama. Y ni creas que porque estás tomado voy a dormir en el sillón. —advirtió comenzando a desabrocharle el cinto del pantalón, a punto de bajar el cierre cuando la mano del chico le detuvo.

—No lo hagas —murmuró—. Aunque confío en ti, no quiero dormir en la misma cama contigo… desnudo. —entreabrió apenas los ojos. Changmin le sostuvo la barbilla, acercándose a su rostro para verle.

—Escúchame, te prometí que no me aprovecharía de tu situación y sé cumplir con mi palabra, pero tu ropa está sucia y debe irse a la tintorería mañana temprano. ¿Lo entiendes? —Jaejoong cabeceó en acuerdo cerrando los ojos.

Una vez libre para hacerlo, Changmin tomó la pretina del pantalón junto con la de los boxers, torturándose con la piel suave de las caderas del modelo cuando sus dedos comenzaron a deslizar las prendas por sus piernas. Era la primera vez que le veía desnudo, y aunque había querido retirar la vista de lo que hacía para no tentarse, aquello había sido más fuerte que él. La imagen era sublime; su cuerpo era perfecto, como ya antes se lo hubiera dicho, e incluso la suavidad de su piel resultaba una delicia al tacto.

Arrancó las prendas en cuanto sintió su cuerpo reaccionar a la escena y las arrojó al suelo, apresurándose en poner distancia. Hasta entonces recogió las ropas para dejarlas en el cesto de ropa sucia y se sentó con pesadez sobre el colchón, dándole la espalda a Jaejoong. No quería continuar viéndolo, pero su aroma se había impregnado tanto en la habitación que resultaba imposible no verlo siquiera de reojo.

—Changmin —escuchó en un murmullo la voz del modelo, y se giró un poco para verle. Jaejoong le miraba intensamente, con los ojos apenas entreabiertos—. Tus besos… —escuchó sin pronunciar palabra—, me gustaron…

Volteó completamente apenas escucharle, pero el pelinegro ya había cerrado los ojos y parecía dormir. ¿Habría sido producto de su imaginación? Pero su cuerpo reaccionaba ante la desnudez del chico, era tan perfecto… delgado, de caderas estrechas y piel blanca inmaculada. No tenía músculos definidos pero no le hacían falta, gozaba de un abdomen plano y el rostro más hermoso que hubiese visto alguna vez.

Extasiado, se inclinó sobre aquel rostro pálido para rozar sus labios en un beso sutil, retirándose casi inmediatamente apenas notar la tontería que estaba cometiendo. Molesto consigo mismo, levantó la sábana que se encontraba a sus pies y la lanzó sobre el modelo para cubrir su desnudez, quedándose él sentado al borde contrario de la misma cama.

—Tienes suerte… —susurró por lo bajo mientras comenzaba a frotar su miembro con firmeza—, de que tenga palabra… —ahogó quejoso observando de reojo el cuerpo desnudo que descansaba bajo la delgada sábana de seda, dejando correr los minutos en los que se encargó de atender su virilidad despierta hasta terminar en su propia mano.




❥ Fin del Capítulo Cuatro.




¹ Alrededor de 50 a 150 dólares.
² Reconocida actriz de comedia.
³ Famoso “comediante en vivo” (stand-up comedian).



—.—.—



Una vez más: Perdón la tardanza, la vuelta a clases atrasa estas cosas.
Y aprovechando esta oportunidad, les recuerdo: 

      Esto es una ADAPTACIÓN, la historia original NO es mía, yo sólo la pedí “prestada”. 

Nuevamente, ¡gracias por los comentarios!


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Debo ser sincera al principio no me llamo demasiado la atención la historia pero goshhh como me arrepiento de haber puesto prejuicios dfalsdfasdfsadfsdfa

M E E N C A N T O enserio que siii y no puedes dejarme espera mucho tiempo :A; I need more!!!

Gracias por adaptarlo y compartirlo fdadsf nada como un buen MinJae para la vida xD

América. dijo...

Me lo lei todo, de una sola vez
solo puedo decir: DEBES SEGUIRLO YA!

al principio estaba medio tedioso, pero ahora se estan saliendo las piezas del rompecabezas

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