Tortura: Capítulo 11

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No sabía ni qué hora era, no se animaba a girar sobre la cama para ver su reloj digital sobre el buró. Sabía sólo que afuera aún estaba oscuro y que se encontraba solo y desnudo bajo esas cobijas que todavía guardaban el calor y el aroma de su acompañante.

Su amante…

Cerró los ojos con fuerza al recordar la pasada noche.

De nueva cuenta su cuerpo había caído presa de la pasión que ese frío actor sabía muy bien cómo despertarle. Por un momento, había creído que al despertar le encontraría dormido a su lado, quizá abrazándole con dulzura. Pero era una tonta fantasía, un sueño inútil. Changmin se había marchado tan furtivamente como había entrado, dejándolo solo y por completo vacío.

«Te odio…» se dijo con furia. «No, me odio a mí mismo por enamorarme de alguien como él» terminó por aclararse, abatido.

Desganado, se levantó arrancando las sábanas de la cama y las arrojó al suelo; era la forma de indicarle a las mucamas que necesitaban ser cambiadas. Se encaminó al baño, incómodo, directo a darse una ducha –que mucho necesitaba después de lo de anoche–. ¿Qué caso tenía seguir en la cama si el sueño se le había ido?

Se sentí mal, pero no físicamente, se sentía mal moralmente, por haberse convertido en amante de Changmin cuando este no sentía nada por él. Se lo había vuelto a recordar, sí, le había ofrecido dinero por sus… ‘servicios’.

—Maldito desgraciado… —murmuró sintiendo el agua tibia recorrerle el cuerpo.

Dolía, no tanto como la primera vez, aunque aquella incomodidad le llevara a arrastrar un poco la pierna al caminar. Se dio prisa en terminar de asearse, quizá pudiera salir antes de que Yoochun llegara a despertarle y tuviera que darle alguna explicación.

No tuvo tanta suerte. Apenas hubo salido del cuarto de baño, el músico ya le esperaba sentado en la cama, totalmente vestido. Se sintió nervioso, pero decidió distraer la atención antes que tener que verle directo.

—Vaya, Chunnie, ¿te caíste de la cama? —se burló, frotándose el cabello con la toalla para secarlo. Había salido usando el pantalón del uniforme.

—Parece que quien se cayó fue otro. Jamás te levantas tan temprano… ¿Por qué te levantaste a esta hora? —preguntó con una mirada profunda sobre el pelinegro, quien continuaba en su labor sin animarse a verlo. Si lo hacía, presentía que Yoochun podría adivinar todo lo que le pasaba.

—No tenía sueño. Decidí mejor prepararme para ir a clases en lugar de seguir dando vueltas en la cama. —explicó con desgano. Eso era verdad, no había necesidad de ser más específico sin que el músico se lo pidiera.

—¿Vas a decirme, o no? —La toalla cayó al suelo y los ojos oscuros del modelo se abrieron de sorpresa—. ¿Qué pasó anoche? ¿Por qué querías matar a Changmin? —Y lo hizo. Sabía que Yoochun no esperaría hasta que él decidiera contarle, que preguntaría en el transcurso del día, pero no esperaba que fuera tan pronto. ¿Qué podía decirle? ¿La verdad? ¡No! Decirle la verdad sería perder su amistad. ¿Cómo decirle que Changmin…? No, no podía decirle nada.

—¿Qué quieres que te diga? —cuestionó sin darle importancia al asunto, girándose en medio de su actuación desinteresada—. ¿Qué respuesta te haría feliz? —¿Por qué tomar semejante actitud con su mejor amigo? Yoochun estaba preocupado por él y sin embargo, no podía contarle nada.

—¡Vamos, Jaejoong! Deja de jugar conmigo —el músico se paró detrás de él, mirándole a través del reflejo de la ventana del balcón—. No quiero ninguna respuesta que me haga feliz, sólo la verdad. ¿Qué pasó entre ustedes para que hayas reaccionado de ese modo? Tú no eres así, no en balde llevo tantos años de conocerte. ¿Acaso Changmin por fin te confesó que le atraes? —Esas palabras le hicieron enrojecer de golpe. Yoochun giró el banco donde el modelo se había sentado para verle a los ojos, una mano sujetándolo firme por el hombro—. ¿Fue eso? ¿Changmin te dijo que le gustabas y te enojaste tanto que quisiste matarlo? ¿Te besó?

Con cada palabra, el corazón de Jaejoong sintió saltar alocado, tiñendo su rostro de un rojo intenso y las manos transpirar. Alzando un brazo empujó a su amigo para levantarse a la carrera. ¿Qué tanto sabía Yoochun? No, no podía saber mucho, porque si lo supiera ya lo habría dicho. Y sin que este lo supiera, él solo estaba dándole la excusa que tanto buscaba con su razonamiento; total, no sería mentir, sólo no diría la verdad completa.

—Sí —musitó bajando la vista, más por temor a ser descubierto en una mentira que por sentirse avergonzado por el suceso—. En parte, es como dices.

Yoochun suspiró pesado, dejándose caer en la silla que el modelo ocupara momentos antes. Jaejoong se giró sin comprender. Su amigo parecía deprimido, como si cargara un gran peso sobre la espalda que lo hiciera ahora caer.

—Me lo imaginaba —le escuchó murmurar—. Te dije hace tiempo, que Changmin sentía algo por ti. Lo que jamás me imaginé es que fueses a reaccionar de esa forma.

—Es que ese tipo… —trató de explicar para defenderse, pero su amigo le interrumpió.

—Lo sé, él es gay y tú no —le miraba fijo, con una mirada que le hacía estremecer. La sensación de que Yoochun podría ver en su interior como si fuese un libro abierto, le llevó a evitar mirarle de frente, evitando sus ojos—. No debiste haber intentado matarle, pudiste dañarlo de gravedad e ir a la cárcel. Aún puede acusarte, y me tiene a mí de testigo. Yo por mi parte no declararía, pero sabes que pueden obligarme bajo una orden judicial. Aunque conociendo a Changmin… no va a denunciarte.

—No puede denunciarme. —susurró sin alzar la vista, tan bajo que el músico no llegó a oír.

—¿Qué vas a hacer ahora, Jaejoong? —El pelinegro levantó la mira sorprendido. ¿A qué se refería con eso?—. ¿Vas a denunciarle ante las autoridades escolares? ¿Les dirás que Changmin te besó?

—¡Nooo! —reaccionó antes de siquiera pensarlo. Eso debió hacer desde el principio, pero no pudo. Y ahora, simplemente no quería—. No podría hacerlo, es demasiado vergonzoso —Aún sentía la vergüenza que aquel primer beso le hubiera causado, lo que tendría que repetir de llegar a confesarlo ante la gente de la escuela—. Además, no tengo testigos…

Yoochun se cruzó de brazos sin dejar de verle. Era la primera vez que le veía así de abatido. ¿Sería en verdad por lo sucedido la noche anterior? ¿Changmin le había besado? Y de haber sido así, ¿en qué circunstancias? El actor no parecía ser de aquellos románticos que cortejaban antes de dar el primer paso; ese chico estoico, tan controlado y seguro de sí, más parecía de quienes conseguían lo que querían a cualquier costo. Y si no lo conseguía, lo arrebataba. ¿Sería eso lo que había hecho?

—¿Quieres que hable con él? —preguntó con cautela. Jaejoong volteó para verle. Su expresión no denotaba nada, no podría imaginar lo que pasaba por su mente en esos momentos.

—No —La seca respuesta provocó que el ceño del músico se frunciera—. Ya tengo un pacto con él, no tienes por qué molestarte, Chun —Este abrió la boca para decir algo, pero la sonrisa del pelinegro le hizo callar cualquier protesta—. Y ahora bajemos a desayunar, que muero de hambre. Siento como si no hubiera comido en días. —desvió el tema mientras lo tomaba del brazo y empezaba a jalarlo fuera de la habitación, de camino al comedor.

Jaejoong había zanjado la conversación sin dar mayores explicaciones. ¿En qué momento había establecido un pacto con el actor? ¿O sería que ya lo tenía desde antes? El pelinegro le había dejado con más dudas que respuesta, pero de momento, lo dejaría pasar. Se conformaba con estar ahí, el día en que en verdad lo necesitara. Si Changmin ya había dado el primer paso al besarle, era más que probable que volviera a intentarlo. Sobre todo, si tu amigo no iba a denunciarlo. Tal vez el actor pensara que a Jaejoong, muy en el fondo, le había gustado, y por ello no había hecho nada.

Y cuánta razón tenía…



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Habían desayunado con tranquilidad, pero rápido. Aún era temprano y no había mucha gente en el comedor, ni siquiera el Témpano de Hielo Shim se había presentado. Faltaban Boa y Hangeng de desayunar, pero no iban a esperarlos. El tema de Changmin y el motivo de la pelea había quedado olvidado rápidamente, al menos para Jaejoong, que se la había pasado preguntándole a Yoochun sobre las pruebas del sábado y en qué consistirían; ya que su amigo estaba bien informado, aprovechó para memorizarse cada palabra que le dijera. Iba a tener que trabajar muy duro para obtener un papel en la obra y alejarse de su mayor tortura: Shim Changmin.

«¿Huyes?» preguntó algo en su cabeza, pero la respuesta era más clara que el agua. «¡SÍ!»

—Jaejoong. —escuchó la femenina voz a sus espaldas, y se giró al reconocerle. Sonrió cuando se topó con aquel rostro afable y dulce que le sonreía a su vez.

—¡Seororo! —se levantó para saludarle como correspondía. Siempre era bueno el ser amable y caballeroso con la única persona que podía proporcionarle una línea telefónica de la sala de prensa sin solicitud previa—. ¿Gustas desayunar con nosotros? Parece que el día de hoy nos caímos de la cama y hemos llegado a la hora que entra el personal. —rió de buena gana, pero Seohyun sólo le sonrió y negó.

—Ya desayuné, pero muchas gracias. Sólo he venido a traerte esto, llegó muy temprano.

Jaejoong tomó la carpeta que la chica le tendía, e iba a comenzar a hojearla cuando Yoochun interrumpió.

—¿Temprano? ¿A qué hora llegaron? Apenas son las 6:15am.

Jaejoong giró para ver a la joven, pero esta sólo se encogió de hombros.

—La verdad, no lo sé. Cuando entré a la oficina me los encontré en el fax. Todos están a tu nombre, Jaejoong oppa, y es poco ético revisar la correspondencia ajena, así que no sé quién los manda ni de qué tratan. —El pelinegro sonrió en agradecimiento. Si algo sabía hacer Seohyun, era ser muy profesional, por ello que su abuelo le tenía tanta confianza y le dejaba a cargo del manejo de la escuela cuando él salía por alguna razón. La joven conocía todos y cada uno de los secretos escritos en los expedientes escolares, así como uno que otro que no estaba en ellos. Si no fuera porque era muy joven, estaba seguro de que el director Lee la hubiera nombrado a ella subdirectora.

—Gracias, Seororo, ya los veré más tarde. —Se despidió de ambos. Jaejoong ya se disponía de nuevo a verlos cuando Yoochun volvió a interrumpir.

—¿Terminaste la tarea? —El modelo levantó la vista de inmediato. ¿Tarea? ¿Cuál tarea?—. Por tu cara, intuyo que no —rebuscó entre sus libros para entregarle una libreta—. Más vale que no me la manches de comida, el maestro ya me ha regañado un par de veces por entregarle la asignatura sucia.

—¡Gracias, Chunnie! —sonrió al tomar la libreta para sacar la suya y empezar a copiar. Ya tendría tiempo de ver qué le mandaba Sunny (pues lo único que había alcanzado a ver era que aquello se lo había mandado su representante). Seguro trabajo, trabajo y más trabajo, que mucho que lo necesitaba.



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Había terminado la cuarta hora sin ningún contratiempo. Si no fuera porque ese maldito témpano de hielo se la pasaba mirándole, hubiera pensado que era un día común y corriente. ¡Es más! Era un día común y corriente, ya que Changmin siempre le miraba, poniéndole nervioso.

¿Sería que el maldito le había extrañado durante el desayuno? ¡Qué va! Ese arrogante malnacido no extrañaría jamás a nadie, no sentía nada por nadie, eso le había dicho una vez, así que no tenía motivos para pensar que Changmin le hubiera extrañado; por más que lo mirara tan fijo entre clases, e incluso las ocasiones en que, de manera voluntaria, se había parado a contestar algunos ejercicios. Lo que le tenía nervioso, además de aquella mirada, era la forma en que Yoochun pasaba su atención disimulada del actor a él. ¿Estaba tratando de leer en ambos la verdad? ¿Sabía que lo que le había dicho en la mañana no era del todo cierto?

¡Maldición!

¿Y si Yoochun se enteraba? ¿Qué sucedería? En un par de ocasiones había oído a su amigo hablar del actor. Aquella vez en que hubiera sorprendido peleando al músico y al actor, Yoochun no había querido decirle el motivo del enojo en Changmin, sólo afirmando que era ‘por su causa’.

¡Maldición! ¿Qué hablaron? ¿Qué?

El sonido seco de la puerta rechinando interrumpió tanto la clase como los atormentados pensamientos de Jaejoong. La atención general se desvió al frente y más de uno se quedó con la boca abierta al ver aparecer a una resplandeciente joven de larga cabellera rubia y sonrisa encantadora, cuya fina silueta iba enfundada en un entallado mini vestido rojo.

—Disculpe que interrumpa, profesor, perdone —musitó sincera, logrando que Jaejoong sonriera por la actitud del hombre—, pero… ¿Me permite hablar con mi novio? —El maestro sonrió nervioso ante el pestañeo coqueto de la chica.

—Cla… Claro, señorita Jung —logró balbucear—. Jaejoong, sal, no dejes esperando a tu novia. —Jessica sonrió triunfal, ya era la segunda vez que su ‘novia’ entraba hasta las aulas sin mayor problema.

Se paró con orgullo de su lugar, mirando de reojo al causante de todos sus males y percatándose de la manera inquisitiva en que este le miraba. Aunque tampoco era el único que le veía, además de Boa, Yoochun, y una buena parte de sus compañeros que seguían cada uno de sus pasos al avanzar. Ni bien hubo llegado a la puerta cuando sintió los brazos de la rubia rodearle por el cuello para plantarle un beso en los labios frente a todos sus compañeros, sus amigos, su profesor y… su amante.

«¡Sí, su amante! Para qué negarlo»

—Llévame a la sala de prensa, tenemos que hablar. —le pidió Jessica con una sonrisa, separándose del modelo para despedirse del maestro agitando la mano.

Los nervios le habían apresado por un momento cuando la rubia le besó, pero una vez pasado el incidente se sintió incluso a gusto de hablar con su amiga. Ella había obtenido un permiso ‘especial’ para hablar con él, indicándole que esperara por el pelinegro en la sala de prensa mientras el guardia iba y avisaba a Seohyun para que le vocearan; pero la chica se las había arreglado para convencer al hombre de que le dejara a ella ir a buscarlo en persona… y lo consiguió.

Jaejoong terminó por recargarse en la mesa de prensa, cruzando los brazos. Ya se estaba fastidiando de escuchar los reclamos de su ‘novia’, si bien no podía negar que ella tuviera razón.

—No, Jessica, ya te dije que no puedo.

—Pero Joongie, ¡no voy a irme de aquí hasta que consiga un sí de tu parte!

La puerta que comunicaba la sala de prensa uno con la dos se abrió de sorpresa, y Jaejoong sólo logró parpadear sorprendido cuando frente a ellos apareció la alta e inconfundible figura de Changmin. No le había escuchado entrar, es más… jamás le vio pasar a donde ellos estaban. Ni siquiera sabía que el Témpano de Hielo Shim había sido solicitado en alguna sala de prensa, aunque bien pudo haber sido mandado a llamar luego de que él se fuera. ¿Y por dónde había entrado? Bueno, tal vez había entrado por la otra puerta que conducía a la sala tres.

¿Pero qué demonios hacía ese témpano de hielo ahí? ¿Qué se proponía al entrar así? ¿Se creía que iba a encontrarlo en alguna situación comprometedora con Jessica?

—¡Changmin! Qué gusto verte. —saludó la fémina muy efusiva, andando hasta donde el actor se hubiera detenido. Jaejoong giró para ver la escena. No tenía idea de que se llevaran tan bien, sabía que habían actuado juntos en una película, sí, pero no que llevaran alguna clase de amistad.

—Jessica. —saludó pasando su mirada imperturbable de la actriz al modelo, en tanto esta le tomaba de la mano y lo jalaba hasta donde el pelinegro se hubiera mantenido sin pronunciar palabra.

—Vamos, Changmin, dile a Jaejoong que no sea malito y me acompañe este fin de semana. Somos novios y dice que no tiene dinero, que el sábado va a tener una audición y el domingo piensa ir a ver a su padre. ¿Y su novia qué? ¿Me va a dejar solita y abandonada? Y con las ganas de sexo que tengo… —El rubor de la vergüenza acudió a las pálidas mejillas de Jaejoong—. Yo creo que me está mintiendo.

—Jaejoong jamás miente, Jessica —aclaró encaminándose a la salida sin prestarles mayor interés—. Debes saberlo, ¿no? —Jaejoong volteó a ver a Changmin a los ojos. ¿Qué no lo tachaba siempre de mentiroso? ¿Y ahora por qué lo defendía?—. Sí, tiene una audición el sábado para la compañía C-JeS, y sabes que su padre está en cama, eso todo mundo lo sabe.

—Oh… —balbuceó ella desilusionada, pero nada tardó para correr hacia el alto chico y pasarle los brazos por el cuello demasiado cariñosamente. Jaejoong frunció el ceño molesto, prefiriendo desviar la vista de la escena. Quizá Changmin era gay, pero verlo con alguien más, aunque fuera una chica, le producía un extraño repiqueteo en la boca del estómago—. ¿Por qué no vienes tú? Sé de muy buena fuente que eres magnífico en la cama… —murmuró sugerente.  Los ojos oscuros se alzaron de inmediato para medir la reacción del actor, pero grande fue su sorpresa al encontrar aquella mirada inalterable fija en él. Le estaba observando, y parecía divertido.

—No te esfuerces, Jessica. Jaejoong ya lo sabe. —El actor se soltó de los brazos de la rubia y salió de la sala de prensa, dejándolo con un gran signo de interrogación pintado en la cara.

¿Que ya sabía qué? ¿Que era gay? Eso quería decir que… ¿Jessica también lo sabía? Taeyeon igual lo sabía, se lo había dicho en la entrega de los BIFF. ¿Cuánta gente del medio sabía que Changmin era gay? Eso quería decir que si le veían a su lado, lo más probable fuera que pensaran que él también lo era…

«¡Y lo eres!» respondió algo en su cabeza, pero se dio prisa en sacudirla para alejar esos pensamientos.

—¡JAEJOONG! —el grito de Jessica le trajo de vuelta a la realidad—. ¿Hasta cuándo piensas hacerme caso? Llevo cinco minutos llamándote.

—No exageres, Jessica, sólo me quedé pensando un momento. —aclaró sin moverse.

—Oh, vamos, amor… necesitamos que nos vean juntos, sino nadie va a creer que seamos novios. Ni siquiera has respondido a la prensa. Si no vas a atender llamadas, al menos manda el comunicado que siempre saca esta escuela. —reprochó.

—Sí, sí… tienes razón. Hablaré con el director para que mande el desplegado de prensa a los medios y dejen de fastidiar los reporteros con llamadas que no voy a responder. —Jessica lo abrazó efusiva.

—Gracias, gracias, Joongie —apuró soltándolo—. Pero ahora, ¿cuándo vas a salir conmigo? Changmin dijo que la audición es el sábado, así que bien puedo pasar por ti el viernes en la tarde, te quedas en mi casa y le pido al chofer que te lleve al lugar el sábado en la mañana. Regresas a casa cuando acabes y el domingo el mismo chofer te lleva con tu papá y te trae después de regreso a la escuela. ¿Qué opinas?

«¿Y Changmin?»

No era una mala idea, pero su cuerpo comenzaba a protestar. Changmin iría a buscarle por la noche y él no estaría. No, no podía, no quería perderse de su compañía. Aunque le hubiera prometido a Jessica pasar una que otra con ella… amaba a Changmin y no quería pasar las noches solo en casa de la rubia.

Cabeceó en desacuerdo.

—Lo siento, pero no puedo.

—¡Por qué no! —recriminó furiosa. Le daba una buena opción y él se negaba, necesitaba una explicación razonable.

—La audición es a las ocho de la mañana, aquí en la escuela, así que es mejor para mí estar descansado. No sé cuánto dure ni en qué número me tocó. Bien puedo terminar a las seis de la tarde con esto o salir a las once de la mañana, eso no lo sé.

—Entonces, si tienes tiempo el viernes, yo te traigo de vuelta…

«¿Y Changmin?»

—No, lo siento, pero no. Debo quedarme en la escuela —repitió, pero la molestia en el rostro de su amiga le hizo reconsiderarlo. Necesitaba una novia para mantener las campañas fuertes y si no podía conservar a la rubia, tarde o temprano iba a perder el trabajo. Era cierto, ella le estaba dando una buena solución, y la estaba dejando pasar por darle rienda suelta a sus deseos—. Está bien, no te enojes… Espero el viernes a tu chofer. —Jessica sonrió.

—Gracias, Jaejoong. Ahora acompáñame a la salida, que todos me vean en compañía de mi novio. —le tomó del brazo.

—Claro.

Para cuando Jaejoong salió caminando por los pasillos con la rubia tomada con fuerza de su brazo, el timbre para salir ya había sonado, así que estos se encontraban llenos de alumnos. Muchas miradas les siguieron con interés. Jessica no dejaba de pestañear coqueta a cuando chico se atravesaba a su paso, pese a siempre procurar voltear al pelinegro para sonreírle. Era una clara muestra de que todos podían envidiarlo, pues caminaba con una de las bellezas más cotizadas del momento.

Al llegar al atajo que conducía a la salida, Jessica se separó del modelo para quedar frente a él y, poniéndose de puntitas, lo besó en los labios. La representación continuaba y la rubia no perdía oportunidad para demostrar lo buena actriz que era, tenía público y debía aprovecharlo al máximo.

Jaejoong la había sentido presionar contra su boca con un tinte bastante pasional, pero tenía un sabor tan distinto a él… Su forma de besar era tan diferente, tan hueca, tan falta de esa sensualidad que Changmin sabía transmitirle.

«Changmin…»

Y entonces cerró los ojos y dejó que fuera su boca la que recorriera la de su compañera, la que le besara y saboreara, la que poseyera como siempre lo había hecho con otras chicas, transmitiendo con pasión todo aquello que sentía, agotando el oxígeno con rapidez. Muy lento, fue separándose de los labios de su amiga sin abrir los ojos, dejando que en su hiperactiva imaginación la imagen de otra persona perdurara ahí.

Hasta que la delgada y fina voz le despertó del ensueño momentáneo en el que había caído.

—Wow, Jaejoong… ¡Qué forma de besarme! Jamás me habías besado de esa manera, hasta me hirvió la sangre —soltó la rubia entre risitas y las mejillas sonrosadas. Jaejoong se apenó y ella rió de buena gana al percatarse—. En qué… No. ¿En quién estabas pensando? —afiló la mirada divertida, acercándose para susurrarle—. ¿Será cierta cabecita castaña de particular estatura? —El sonrojo de Jaejoong ascendió, pero Jessica sólo rió estridente, dándose la vuelta sin esperar respuesta alguna.

¿Lo sabía? Jessica lo sabía…

Todos los alumnos apostados en los pasillos habían presenciado la escena, pero él no se atrevía a siquiera voltear o moverse de su lugar. Sentía que, de hacerlo, verían tatuado en su rostro el nombre de Shim Changmin. Su mirada estaba perdida y su rostro enrojecido. Quería reaccionar, andar lejos de ahí, pero su cuerpo se negaba a obedecer.

«Maldición»

Pero entonces, como un pequeño rayo de esperanza, cruzó frente a sí cierta pequeña personita de corta cabellera castaña.

—¡Hola, Jaejoong!

—¿Boa? —¡Sí! Pero qué idiota había sido. Su amiga y ex novia era una de las personas más notables dentro de la escuela gracias a su bajita estatura, era más que probable que Jessica se hubiera referido a ella y no a ese egocéntrico actor que le ponía los nervios de punta. Ver a la pelicorto le quitó un enorme peso de encima, acercándose para abrazarla—. Qué gusto me da verte. —Boa se sorprendió por el cariñoso saludo, por lo que su rostro no tardó en teñirse de rojo.

—¿Sucede algo? Parece que hace siglos no me vieras…

—Es que hace siglos que no te veía.

—Oh, por favor, Jaejoong, sólo han sido unos minutos.

—Para mí han sido siglos.

—Ejem… —El carraspeo de una garganta le instó a soltar a su amiga, girándose para reconocerle.

—Yunnie bear, ¿qué haces aquí en jueves? —preguntó al ver a su amigo frente a ambos con el ceño arrugado.

—Yun-Ho. Es Yunho, Jaejoong, y así quiero que me llames. —acotó con un tonito desprovisto de toda jovialidad.

—Está bien, está bien, no te enojes, Yunnie… —Jaejoong sintió al instante las fuertes manos de su amigo modelo zarandearle de un lado a otro.

—¡Yunho! Me llamo Yunho. ¡Yunho!

Por un breve momento, todo lo ocurrido la pasa noche y el día de hoy había quedado olvidado al hacerle a YunHo sus clásicas bromas con su nombre. Hacerlo enojar, era la mejor medicina que había hallado para librarse, por unos instantes, de un mal llamado Shim Changmin.



–.—.—.—.—.—.–



Había comido rápido en compañía de Yunho y Boa. Por seguirles es que había terminado alejado de la mesa donde el actor se sentaba y ahora, por más intentos que hacía por lograr verle era imposible desde su lugar.

Maldición. ¿Y para qué quería verle?

Yoochun no había estado en la comida porque su hermano había llegado para hablar con él. El asunto lo sabría luego, esperaba. Últimamente parecía haber algo de distanciamiento entre ellos. Habían quedado atrás las bromas y los problemas que las mismas les causaban a ambos, y todo por culpa de ese Témpano de Hielo Shim…

Sí, para qué negarlo. Desde que Changmin había llegado a la escuela, su amistad con Yoochun parecía haberse hecho menos íntima, aunque… Yoochun también se había alejado un poco desde el semestre pasado, cuando su amigo músico se hubiera hecho novio de aquella chica a quien no conocía y deseaba tanto conocer. Bien, quizá ambos tenían algo de culpa en su distanciamiento.

Ahora iba rumbo a su habitación para cambiarse de ropas y asistir a ese fastidioso taller de dicción, mientras daba una hojeada a los contratos que Sunny le había mandado por fax en la mañana; se le había hecho imposible verlos durante clase. Todavía rondaba por su cabeza la aparición de Changmin por la sala de prensa donde hubiera estado con Jessica. ¿Le estaría siguiendo? Bajó la vista hasta las hojas que llevaba entre menos, tratando de olvidar el asunto con el alto chico.

—¿PERO QUÉ DEMONIOS? —exclamó tan fuerte que todos los alumnos que pasaban por los pasillos se voltearon para verle, pero él no tardó en girar sobre sus talones y regresar a toda prisa para arreglar aquello con el causante de todos sus males.

Llegó hasta el comedor furioso y alterado, sabiendo de antemano que él no había salido, pues había podido verlo sentado en su lugar antes de retirarse. Llevaba entre sus manos todas las hojas del fax, de las cuales ya había podido reconocer su contenido. Abrió la puerta y sin siquiera entrar, comenzó a gritar.

—¡SHIM CHANGMIN, QUIERO HABLAR CONTIGO EN LA SALA DE PRENSA DOS! ¡AHORA! —A esa hora cualquier sala estaba vacía, pero la dos era la más alejada y era menos probable que alguien les fuese a escuchar en ese lugar. Mucho mejor estar dentro de la escuela que en el patio, o sus habitaciones.

Todos voltearon a verle esperando por la reacción del actor, pero este ni siquiera se inmutó, ni se movió de su sitio. Jaejoong giró rabioso y regresó para entrar a paso veloz hasta donde se encontraba el menor. Este sólo alzó la mirada de su comida para verle, pero regresó a lo que hacía sin darle mayor interés.

—¡MALDITO TÉMPANO DE HIELO, VEN AHORA MISMO! —volvió a exigir. Los presentes esperaban atentos la escena cumbre en la cual ambos se agarraran a golpes y Jaejoong estaba consciente de eso, por lo mismo, le urgía llevarse a ese idiota de ahí.

—No quiero —fue la escueta respuesta que recibió—. No he terminado de comer.

Sin tentarse lo más mínimo, el pelinegro le quitó el tenedor de la boca y vació en una bandeja, poniendo el vaso de jugo también en ella, aunque Changmin alcanzó a rescatar el recipiente antes de que Jaejoong se lo llevara.

—¡VEN CONMIGO! —tiró de él llevándolo por el brazo, ante la atónita mirada de todos.

Su público había esperado una nueva pelea (¿Quién en su sano juicio le arrebataba la comida a ese violento actor? Quizá sólo alguien que buscaba suicidarse), pero al parecer Changmin se encontraba bastante calmado como para que algo así sucediera.

Jaejoong iba tan molesto que ni se dio cuenta de las miradas confusas que les dirigían todos aquellos con quienes iban cruzándose en los pasillos rumbo a la sala de prensa. Aún llevaba a Changmin sujeto del brazo, jalándolo por los corredores sin prestar atención a nadie más, tampoco percatándose de la ligera sonrisa que el actor llevaba impresa en el rostro desde que le hubiera sacado del comedor.

—Todo esto es cosa tuya, ¿verdad? —preguntó lanzándole a la cara las hojas de fax apenas hubiera entrado con él a la sala de prensa dos y cerrado tras ambos. Changmin las miró de reojo tiradas en el suelo—. Tú hablaste con toda esa gente para que me dieran trabajo. Tú fuiste, ¿verdad?

—Sí. —respondió sin problema, encogiéndose de hombros, y el pelinegro sintió enfurecerse más de lo que ya estaba. A sus recuerdos regresó aquella ocasión en su departamento cuando le ofreciera darle trabajo con tal de que se convirtiera en su amante. ¡Maldito idiota! Ya le había dicho que no quería su dinero y sin embargo… de nuevo arruinaba todo con su estúpido trato.

—¡Te dije que no quiero tu maldito dinero! —reclamó, pese a que su molestia no pareciera perturbar en nada al menor.

—Da la casualidad de que no es mi maldito dinero, es el maldito dinero de Armani, Gucci, Dulce, Levis y Cartier. Espera más llamadas en el transcurso de la semana. —aclaró tan tranquilo, que sólo logró que el enojo del modelo llegara a límites in-imaginados. ¿Por qué ese maldito le hacía reaccionar como jamás nadie lo logró? En cuestión de minutos podía hacerlo pasar de la mayor felicidad a la completa desdicha o enojo, y ahora sólo le hacía enfurecer como jamás lo hubiera estado al recalcarle que había movido sus influencias para darle trabajo que no necesitaba. ¿Hasta dónde estaba dispuesto a llegar con eso? ¿Incluso había llamado de madrugada a sus contactos sólo para hacerle enojar?

—Eres un maldito desgraciado. ¿A qué hora hiciste que le llamaran a Sunny? ¡Esto llegó en la madrugada! —señaló agitando un par de hojas en su cara.

—En Europa estaba ya por anochecer a esa hora —se explicó encogiéndose de hombros, mientras Jaejoong fruncía el ceño—. Además, pago bien a los que me sirven, y tus servicios son muy buenos. Aunque he sido yo quien trabaja más, pero eso no importa.

—¡Eso es porque no me dejas participar!… —y apenas hubo dicho aquello, se tapó la boca. Un intenso sonrojo invadió sus mejillas, jamás pensó que sus más íntimos deseos pudieran fluir a través de su boca sin pensarlo. Eso era lo que pasaba cuando hablaba estando molesto, pero ya no había remedio.

Alzó la vista para toparse con la mirada del menor recorriéndole de arriba abajo con una sonrisa ladeada. Ese lento recorrido le provocaba estremecimientos por todo su cuerpo, que sus piernas comenzaran a temblar también. No estaba preparado para huir cuando sintió las delgadas manos del chico tomarle por los brazos para acercarlo a su cuerpo, dejando que su calor y aroma se impregnaran en él como en otras ocasiones.

—Esta noche podrás hacerlo… —le escuchó susurrar a su oído de una manera que le hizo hervir la sangre por dentro.

¡No, no, no no!

—Jamás. —afirmó empujándolo con fuerza para alejarlo de sí.

—Vamos, Jaejoong… Tus deseos acaban de traicionarte hace nada, no digas que no lo deseas, porque te he sentido temblar ante mi toque. —Esa voz sensual, baja y grave, le hizo sonrojar. Era como si pudiera leer en su interior todo cuanto sentía, y no estaba bien. No.

—No es…

Pero no pudo decir nada más pues la boca del actor le asaltó por sorpresa, sujetándolo por la nuca para darle espacio a que su lengua viajara dentro de su boca, saboreando, torturando, arrancándole con ella los sentidos.

—¡Suéltame! —reclamó desesperado, empujándolo pese a que sus intentos no dieran resultados, porque el menor sólo lo apretaba más fuerte contra su cuerpo, obligándolo a sentir lo que su cercanía le causaba.

—Me lo debías —aclaró a su oído, en tanto sus manos le acariciaban la espalda con delicadeza, sus labios rozando sugerentes la cremosa piel de su cuello—. Me lo debías… —repitió sin alejarse.

—Yo no te debo ni debía nada —gruñó sintiendo su cuerpo empezar a ser presa de la pasión que ese chico sabía despertarle—. Al contrario, he pagado de más.

—Qué mala memoria tienes, Jaejoong —suspiró a su oído, sus dedos abriéndose paso bajo la camisa del modelo—. “Cada vez que te vea besando a otra persona he de borrarte las huellas de esos besos con los míos”.

—No…

Pero cualquier protesta que el pelinegro fuera a decir quedó acallada por la boca del actor. Su cuerpo tembló ante las caricias y besos del menor, incapaz de lograr que su cuerpo y mente se pusieran de acuerdo; porque mientras uno pedía que se rindiera a las sensaciones de su cuerpo, el otro insistía por recordarle que aquel chico no le amaba, que sólo le utilizaba.

Sintió la mano del castaño llegar hasta la pretina de su pantalón e intentar introducirse en ella, eso le dio la oportunidad de empujarlo lejos de su cuerpo. El actor no esperaba esa reacción, por lo que terminó cayendo de sentón en la silla frente al escritorio. Con la respiración entrecortada, Jaejoong se arregló la ropa sintiendo la mirada ajena sobre sí, nublada por el deseo, recorriéndole de arriba abajo.

—Yo no te pertenezco, maldito desgraciado. —acotó molesto. No, ese chico no le amaba y jamás le amaría, sólo le usaba, y se lo demostraba con cada maldito contrato que había logrado le ofrecieran.

—Tenemos un trato, ¿ya no lo recuerdas? —recalcó enarcando una ceja—. ¿O ya olvidaste que es mi abogado quien lleva el caso de tu hermano?

—¡Y cómo olvidarlo, si te la pasas recordándomelo! —gruñó—. Pero el hecho de que sea tu amante a fuerzas no te hace dueño de mi tiempo. —No, Shim Changmin no tenía ningún derecho sobre él, ninguno.

—Claro que lo soy, ¿recuerdas? “Cuando quiera, donde quiera y a la hora que yo quiera”. Parece que tu memoria está fallando últimamente. —¿Pero qué? ¿Quién demonios se creía para decir semejante estupidez? Podía tomar su cuerpo, pero no cuando él quisiera. No era un objeto. No lo era, y se lo iba a demostrar.

—Te voy a enseñar cuán equivocado estás. —sonrió con malicia. Ya sabía cómo hacerlo, sólo tenía que convencer a Seohyun de que le prestara una línea.

Se encaminó al teléfono de uno de los cubículos que se encontraban al fondo y tomó el auricular. Llamó a Seohyun sin ninguna vacilación y le solicitó la línea para hacer una llamada personal urgente. La joven dudó un poco, pero al escuchar la súplica en su voz, cedió. No cabía duda que era un buen actor, pensó para sí mismo mientras marcaba el número que se sabía de memoria.

—Hola, linda —saludó apenas escuchar la voz femenina del otro lado—. Me voy a desocupar esta tarde. ¿Te parece que mandes a tu chofer por mí? Mhm… digamos, ¿en una hora? —Changmin frunció el entrecejo y notó la expresión victoriosa que Jaejoong empezaba a dibujar en faz—. Claro, Jessica, sólo quería que me rogaras un poco —afirmó entre risas al darse cuenta de la tensión y molestia que el menor emanaba, pero la sonrisa se le borró cuando la rubia al teléfono empezó a gritarle enojada—. Lo siento, corazón, no volveré a hacerte sufrir de esa forma. La próxima vez que me pidas salir huiré de todas mis clases sólo para irme contigo. ¡Prometido!

El fuerte portazo que retumbó en la sala le hizo voltear de sobresalto, pero Changmin ya no estaba ahí. Era evidente que estaba molesto.

«¡Pero en qué lío me metí!» Si bien, al menos con ello había podido demostrarle que él aún tenía la libertad de hacer lo que quisiera. No por verse obligado a ser su amante (para salvar a su hermano de ir a la cárcel y esto le pudiera causar un infarto a su padre), podía disponer de él a su antojo. «Aunque eso me guste» reconoció con tristeza, colgando el teléfono y disponiéndose a ir a su habitación para hacer una maleta de dos días. En cuanto el chofer de Jessica apareciera por la puerta, estaba seguro que el director otorgaría el pase de salida que necesitaba para alejarse de Changmin por dos noches.

Era por ese arranque impulsivo de querer demostrarle al actor que no le poseía que ahora tendría descanso y privacidad por dos noches. Y sin embargo, dolía, y dolía mucho el tan siquiera pensar en esa lejanía.

—Sí que eres idiota, Kim Jaejoong… —se dijo al caminar por los atestados pasillos de la escuela, con las manos en los bolsillos y los contratos bajo el brazo. Mientras todos iban a sus talleres, él iba a su habitación, a sufrir en silencio por haber hecho algo que realmente no deseaba.



–.—.—.—.—.—.–



Entró a su habitación con desgano, de la misma forma en que se dirigió al armario para sacar una pequeña maleta del fondo del lugar. Al jalarla, una caja se vino abajo y derramó todo su contenido, dejando ver entre tantas cosas regadas en el suelo, el par de esposas que Jun Shim le había regalado al filmar aquel comercial para Nak Classic. Las tomó y guardó con rapidez, no quería recordar ese día, aún no sacaban el catálogo y no sabía cómo iba a reaccionar el cubito…

¿Cubito? ¿Desde cuándo le decía así al Témpano de Hielo Shim?

Sacudió la cabeza enérgico para alejar esos pensamientos. Ojalá nunca se le saliera decirle así a Changmin, aunque pensándolo bien, el propio actor le había pedido que le llamara de esa forma. Pues bueno, se dijo con una media sonrisa, de ahora en adelante le llamaría “Cubito” sólo para molestarle.

Comenzó a sacar de su cómoda la ropa interior que llevaría, un par de playeras, dos camisas, tres pantalones, calcetines, loción, desodorante, cepillo, pasta de dientes, cremas… y así como las iba sacando, las iba aventando en la maleta sin orden aparente. Ya las acomodaría una vez saliera de bañarse. Todavía le quedaban 50 minutos antes de que llegara el chofer de su “novia”, y a este no le molestaba esperar, así que bien podía tardarse otros 20 minutos sin problema.

La puerta de su habitación abriéndose sin cuidado lo sacó de sus pensamientos, haciéndole girar de golpe para regañar a las mucamas por asustarlo así; pero se sorprendió, se asustó realmente, al ver frente a sí al “Cubito”.

—No fuiste a la clase de dicción —su fría voz le hizo temblar. A esas horas todos estaban en los talleres, en el ala de dormitorio no debería haber nadie, sólo él, preparándose para salir de la escuela y huir de su presencia. ¿Por qué diablos tenía que haberle ido a buscar? ¿Qué pretendía? La mirada del menor se desvió hasta la desordenada maleta sobre la cama—. ¿Vas a irte?

—Escuchaste bien —afirmó dándole la espalda para acomodar su ropa, esforzándose por demostrar una seguridad que no sentía—. No eres mi dueño, le prometí a Jessica acompañarle esta tarde y todo el día de mañana, y me estoy preparando ya para salir.

La fuerte mano de Changmin le tomó por la muñeca, evitándole seguir doblando las prendas. Ese tibio contacto le lanzó una fuerte corriente por todo su brazo, que subió por su cuerpo recorriendo la espina dorsal para terminar bajando por sus piernas. Su estómago se contrajo de golpe y las mariposas revolotearon en su interior. Quería separar su mano, quería empujarle lejos, pero por más gritos que daba a su cerebro, su cuerpo simplemente se negaba a obedecer. Quizá aún se encontraba sensible por lo ocurrido minutos antes en la sala de prensa dos.

—¿Qué hay de dicción? —la baja y modulada voz del actor rompió el hechizo en el que lo había sumergido el contacto de su piel.

—¿Y me lo preguntas a mí? —se soltó de su agarre, girándose para encararle—. ¿Cuántas veces no te he escuchado maldecir por lo bajo cuando el maestro nos pone a repetir esos estúpidos trabalenguas? Yo, al igual que tú, odio esa clase. Si por mí fuera jamás me presentaría en ella, pero debo aprobarla. Supongo que es tu mismo problema, sólo que si el maestro te mirara con lujuria tú lo disfrutarías, ¡yo no lo soporto! Odio cómo me mira, hasta parece que quisiera desvestirme con los ojos, creo que si me pasa tanto al frente es sólo para poder verme el trasero desde su lugar. —Changmin no cambió de posición ni de semblante.

—Eso ya lo sé, por eso jamás te dejo a solas con él —Jaejoong arrugó el ceño. ¿Acaso ese idiota creía que necesitaba protección? ¿Ese era el verdadero motivo de quedarse hasta que todos se habían ido, cuando el maestro le pedía quedarse? ¿Changmin creía que corría peligro con ese maestro?—. Pero yo no disfruto de ninguna de sus miradas, las disfrutaría si fueras tú quien me las dirigiera. —El terrible calor subió a su rostro al escuchar aquello.

—Eso jamás, imbécil —masculló entre dientes—. Jamás voy a mirarte con otros ojos que no sean de odio.

—No me odias, Jaejoong —Esas palabras lo tomaron por sorpresa. ¿Changmin sabía leer la mente? ¿De verdad era tan obvio lo que sentía por él que se le veía en la cara?—. Estás enamorado de mí.

—¡Nooo! —respondió a la carrera tratando de negar la afirmación que surgía en su corazón. ¡Changmin lo sabía! Lo sabía. ¿Pero cómo? ¿Cómo podría saber algo que sólo le había contado al ‘amigo’? Pero… ¿No decían por ahí, que una persona enamorada brilla por fuera? ¿Pero qué idioteces estaba pensando?—. No hay amor en lo que hacemos —cerró sus ojos, luchando por mandar al fondo lo que realmente sentía por él—. Sólo es sexo —abrió los ojos para mirarle, sonriendo cínico—. Nadie ha hablado de amor, ¿verdad? No te quiero, no me quieres, sólo disfrutamos de un momento que terminará más temprano que tarde, lo sabemos.

—No hay amor —concordó Changmin, dando un paso más cerca del modelo—. De mi parte no, ¿pero de la tuya? ¿En verdad no hay amor?

El pelinegro lo sintió como un puñal encajándose en su corazón. ¿Cuántas veces no se lo había dicho antes? Y sin embargo, seguía doliendo. «Idiota» se dijo apretando los ojos. «No eres bueno mintiendo» Trató de decir algo más, pero no pudo continuar cuando unos labios urgentes apresaron su boca, arrinconándolo contra la pared del cuarto.

No se había dado cuenta en qué momento se había acercado Changmin para besarle, para torturarle con sus labios que tan bien reconocía; sus ojos se abrieron de par en par al no poder creer lo que sucedía. El castaño le besaba de nuevo, robándole los sentidos con apenas un roce. La alta figura se acercaba más a él, empujándole para que sintiera la tibieza y calor de su cuerpo bajo la tela de la camisa, y el trataba en vano liberarse, empujándolo, jalándolo, pero el menor había rodeado su cintura con un brazo, obligándolo a forcejear. Sabía de antemano que el actor tenía una muy marcada ventaja sobre él. En cuestión de fuerza bruta, él siempre iba a ganar, y sin embargo ahí estaba, tratando de ganar una lucha perdida, no sólo porque el actor era más fuerte, sino porque su propia cabeza le pedía que se dejara vencer al placer que sólo él podría darle.

«No, esta vez no voy a caer…»

Trató de decirlo en voz alta, pero sus palabras se perdieron en la boca de su torturador, pues apenas pudo abrir la boca la lengua de Changmin se introdujo en ella para saborearle a gusto y antojo, chupando y jugando con su resistencia.

El cuerpo del modelo se estremeció al sentir aquel húmedo músculo acariciando su lengua. La exploración de Changmin parecía una eternidad, recorriéndole de un lado a otro, provocando que su corazón quisiera estallarle en el pecho. ¿Por qué los besos de ese chico tenían semejante poder en él? ¿Por qué un simple beso podía hacerle reaccionar como jamás mujer lo logró? ¿Por qué?

Sus sentidos empezaron a perderse, ya nada importaba, sólo seguir sintiéndose tan malditamente bien como lo hacía. ¿Por qué habría de estar mal? Después de todo, ¿no era ya amante del Témpano de Hielo Shim? Sus decisiones ya no venían de su cabeza, pues había comenzado a dejarse llevar por la pasión que el menor inflamaba en sus venas, tan gratificante que casi olvidaba que estaba con alguien que no le amaba.

“Voy a poseerte y voy a herirte, me amarás aunque me odies…”

Como un flash, aquellas palabras regresaron a su cabeza y recordó que estaba siendo provocado por su peor enemigo, a quien tenía que evitar, no quería volver a entregarse a él, sin contar que estaba por irse al lado de Jessica. No tenía ni idea del tiempo que llevaban en este juego, así que, con un último y desesperado movimiento logró separarse de él con la respiración agitada, jadeando en busca de aire cuando fue atrapado por otro beso fogoso y hambriento. La lengua de Changmin buscaba la suya con desesperación, mientras sus brazos le acariciaban la espalda bajo la camisa. ¿En qué momento la había sacado del pantalón? La maestría con que el idiota lo tocaba le volvía loco del deseo. Y él que se había prometido no volver a caer.

«Idiota y mil veces idiota» se reprendió en su fuero interno.

Changmin jugaba con sus labios, sólo logrando avivar el fuego en su interior a cada momento. Cada leve mordisco, cada lenta tortura dada con su lengua le hacían estremecer de pasión. Las manos del actor le empujaron hacia atrás la cabeza para besarle el cuello, robándole un quedo gemido. Su respiración se aceleraba conforme los besos y caricias empezaban a bajar. Con las pocas fuerzas que aún sobrevivían en su cuerpo, colocó ambas manos en el pecho del menor y lo empujó intentando separarse de él. No, no volvería a caer.

—¡Changmin, basta!…

Sólo sintió la corbata ser arrancada de su cuello, siento llevada hasta su parte trasera donde sus muñecas fueron rápidamente sujetas a la delgada y fina tela. Sus ojos se abrieron de sorpresa para encontrarse con los contrarios, esos de color castaño que tanto le fascinaban. Había un brillo especial en ellos, así como una leve sonrisa torcida dibujada en su rostro.

—¿Changmin? —cuestionó sin entender, su cuerpo temblando de frío por la falta que la tibieza que las manos del actor le proporcionaba.

—No voy a dejar que sigas interrumpiendo. Ahora sí terminaremos lo que empezamos allá abajo. —escuchó su voz ronca y baja.

—¿Pero qué demo-…?

No había alcanzado a decir mucho más, porque el menor ya había bajado para besarle el pecho, recorriéndole con la lengua con tales movimientos que sólo había podido convulsionarse de pasión, gemir con fuerza. Su respiración se hizo más rápida cuando las suaves manos de Changmin acariciaron su miembro despierto sobre la tela del pantalón del uniforme. La lengua del chico subía y bajaba lenta y torturante, probando la delicada piel que se atravesaba a su paso, llegando hasta los rosados pezones para acariciarlos con la misma, mordisqueando y chupando por breves instantes; se dirigió hasta su ombligo, deteniéndose por eternos segundos mientras una de sus manos acariciaba con destreza el miembro pulsante del pelinegro, abriendo la cremallera para introducir su mano y hacer del contacto algo más directo y ardiente. Otro gemido escapó del mayor. No podía pensar, ya no podía, se perdía en esa lengua que dejaba senderos de saliva por su pecho y abdomen en tanto los movimientos en su hombría empezaban a tomar intensidad, cada vez más y más rápido.

—No, Changmin… —musitó entre dientes, jadeando de placer, arqueando su cuerpo al percibir aquella lengua entrando, esa mano acariciándole con vehemencia. Hasta que se detuvo, abriendo los ojos para buscar la razón: lo que vio le hizo pensar que todo era un maldito y húmedo sueño.

—Sabes lo que tienes que hacer… —La seguridad en esa voz le indicó que aquella imagen no era producto de sus fantasías.  Ahí estaba él, atado de manos, con los pantalones y los boxers hasta el suelo, de pie frente a Changmin quien permanecía hincado esperando… ¿Esperando qué?—. Vamos, Jaejoong… Lo deseas tanto como yo.

Quería moverse, escapar de ahí. Quería despertar de ese estúpido sueño, pero la rigidez de la pared tras su espalda y la humedad que la saliva del menor hubiera dejado sobre su cuerpo indicaban que no estaba soñando, que ahí estaba el actor, esperando que fuese él quien introdujera su miembro despierto en su boca.

«¡No!» gritó algo en su cabeza, la parte lúcida que aún le quedaba. Pero su cuerpo ardía, e incluso antes de que se diera cuenta sus caderas habían empezado a moverse junto al movimiento acelerado de su vientre al subir y bajar, tan errático como su respiración.

Changmin decía que sabía lo que tenía que hacer, pero era mentira. Él no sabía nada, NADA, no era gay como para saber de esas cosas… Y sin embargo…

—¡Aahhh! —El fuerte gemido escapó de su garganta cuando sintió aquella húmeda cavidad atrapar por completo su hombría. Al ver tanta duda en el modelo, Changmin le había tomado por las caderas para introducir su miembro en su boca, logrando sólo que el corazón de Jaejoong estallara de pasión al sentirse invadido una vez más. Era aún más excitante que en ocasiones anteriores. Estaba atado, sí, pero ahora la seda de la corbata había impedido que el nudo permaneciera firme y había terminado por soltarse desde hacía rato. Podía huir si quería, podía golpear a Changmin y alejarlo, podía… podía…

Pero no quería…

—Muévete, Jaejoong… —La ronca voz del menor llegó hasta su cerebro demasiado tarde, pues fue su cuerpo quien reaccionó primero moviéndose con urgencia, sacando y metiendo con velocidad, tomando de los cabellos al actor hasta sentirse tocar fondo. No podía evitarlo, no quería evitarlo. Sus gemidos eran cada vez más y más rápidos, el sudor perlaba su cuerpo y el nombre de castaño escapaba de sus labios sin siquiera proponérselo.

Tibio, húmedo, confortable. La fuerte sacudida le hizo tensar el cuerpo, sabía lo que seguía y aunque quiso evitarlo, fueron las manos de Changmin sujetándole por las caderas lo que le impidieron apartarse, descargando toda su semilla en la boca de su amante.

Jaejoong sintió que las fuerzas le abandonaban y cayó sentado en el suelo, recargando de nuevo en la pared donde antes hubiera estado. Se sentía mal, la culpa le invadía mientras su corazón continuaba latiendo a toda prisa, ni siquiera tenía el valor de mirar a los ojos al menor. Para cuando alzó la vista, se encontró con un par de lustrosos zapatos negros frente a él. No tuvo tiempo de nada, las manos de Changmin le tomaron por la cintura y lo arrojaron contra el colchón de la cama, siento posteriormente atacado por otro de esos beso que tanto le gustaban. Su sabor era tan diferente y tan conocido a la vez, un gusto almizclado que podría ser capaz de embriagarle con facilidad.

Esta vez no tenía fuerzas para defenderse, las manos contrarias le recorrían despojándole de las prendas que iban cayendo junto a las ajenas al piso. Esta vez no iba a escapar y el actor lo sabía bien, porque no se había molestado en volverle a atar.

Los delgados dedos le recorrían de arriba abajo, besando y saboreando cada pedazo de piel, recorriéndole la boca con la suya, acariciando, besando, torturando, haciéndole gemir de nuevo, arrancándole jadeos con la agitada respiración del actor de fondo. Respondía a cada caricia y beso dado sin proponérselo. No podía pensar en lo que hacía, siendo sólo capaz de disfrutar de aquello y desear que siguiera.

«Me odio a mí mismo por disfrutar de esto»

Las manos del chico le tomaron de la cintura nuevamente, volteándolo boca abajo contra el colchón. ¿Y ahora qué iba a hacer con él? Sin fuerza para oponerse se colocó de perfil con ambas manos al costado de su rostro. Estaba cansado, pero deseaba tanto continuar que no pudo ni hablar.

—Así te dolerá menos. —Las fuertes manos del castaño le sujetaron por las caderas, elevándolas para dejarlo apoyado sobre sus rodillas y brazos.

El calor de su cuerpo se volvía insoportable contra las sábanas, hubiese preferido seguir en el suelo o contra la pared como hacía rato. Sintió entonces esa ligera intrusión abriéndose paso lento en su interior que hizo temblar a su cuerpo por la molestia, pero era tan cuidadoso, que el placer no tardó tiempo en aparecer. Lo hacía tan malditamente bien que no pudo evitar el gemido necesitado que escapó de su boca. Sus caricias lograban lo que nadie, le extasiaban, le excitaban, le hacían olvidarse de todo en cuestión de minutos.

Más pronto de lo que creyó su miembro volvió a estar palpitante, pues la mano del actor había bajado hasta su sexo para masturbarle de nuevo. Lo sentía recorriendo la piel de su espalda con besos, mientras un segundo dígito se abría paso en su interior sin ninguna clase de molestia. ¿Por qué su maldito cuerpo no se revelaba a ser tomado de nuevo de esa forma? ¿Por qué su corazón latía a semejante ritmo con cada caricia recibida? ¿Por qué? Simplemente, ¿por qué? Entre los besos y caricias pudo sentirlo abrirle aún más las piernas, separando su entrada con los dedos. Sabía lo que venía y le esperaba ansioso.

Lo sintió entonces, empalándolo de una sola arremetida que le arqueó la espalda y le hizo jadear de placer.

—¡Aahh! ¡Aaahh, Changmin…! —gimió el nombre de su amante.

Lo sentía deslizarse dentro y fuera de él, tocando todo en su interior. Cada arremetida le dejaba escuchar más y más fuertes sus propios latidos. Empezaba a ser demasiado ruidoso, como jamás lo había sido, consciente de que a esas horas cualquiera podría escucharles, pero eso lejos de asustarle sólo le excitaba mucho más. No trató de contenerse, el calor dentro de sí se lo impedía. Incluso cuando intentaba cerrar la boca, los dedos de Changmin le apretaban con fuerza como si deseara seguir escuchándolo; no había parado de masturbarle. Podía escucharlo jadeando de placer, sudar del mismo modo que él. Lo penetraba con fuerza, entrando y saliendo cada vez más rápido, hundiéndose entre sus paredes con una brutalidad que le hacía llegar a los límites de un éxtasis que no conocía.

—Jaejoong… —El llamado fue sólo un susurro. Los labios del castaño pegados a su espalda le hicieron estremecer mientras el cuerpo de Changmin se tensaba. Estaba a punto de acabar, y él también.

Profundo, duro, llenándolo por completo, sólo faltaron minutos para que el fuerte gemido viniera acompañado por la blanca semilla manchando la mano del actor, así como la del menor siendo expulsada en el condón –Claro, cómo iba a olvidarlo–. Sus piernas y brazos tiraban, pero Changmin no le soltó de inmediato, y sólo hasta que lo hizo fue que pudo dejarse caer sobre el colchón para intentar recuperar el aliento y la cordura. Mordió su labio cuando un ‘Te amo’ estuvo a punto de salir de escapársele.

La frialdad invadió la habitación en cuestión de minutos. Changmin estaba a su lado, en la misma cama, pero en silencio y manteniendo su distancia. ¿Qué estaba esperando? ¿Qué? ¿Que el actor le dijera alguna palabra cariñosa?

«Pero qué estúpido soy» se dijo cerrando los ojos con fuerza. Jamás iba a escuchar algo semejante de su parte. ¿Qué no le había dicho ya que si esperaba palabras cursis de enamorados se quedaría esperando? «Palabras más, palabras menos» Y ahora sólo lo sentía ahí, recostado a su lado.

Se mantuvo de espaldas sin animarse a verlo, porque se sabía, de llegar a verlo, capaz de reclamarle, capaz de decirle entre palabras sueltas sin pensar, cuánto le amaba.

«¿Pero qué amas de él, Kim Jaejoong?» se preguntó. «Es un frío e insensible, un estúpido ególatra e iracundo cubito de hielo»

Comenzó a moverse en la cama, bajando primero las piernas en espera de ese incómodo dolor en el trasero, pero descubrió que no se sentía igual. Sí, era molesto, pero minúsculo en comparación a las veces anteriores, sin contar que ahora había disfrutado más. ¡Vaya! El actor había tenido razón al decir que le dolería menos… Eso le hizo fruncir el ceño con molestia.

—Maldito desgraciado, pervertido… —masculló entre dientes, poniéndose de pie de camino al baño para arrancar de un solo movimiento la cobija que aún pendía de una esquina del colchón, pero una mano cerrándose sobre su muñeca le impidió seguir y le hizo girar. Se sintió enrojecer al notar la mirada ajena recorriendo su cuerpo semi desnudo. Se había levantado así porque pensó que el menor dormía—. ¡Suéltame! —intentó soltarse de nuevo, dando vueltas a su muñeca pese a que el actor sólo apretara más fuerte.

—¿Qué tanto murmurabas? —preguntó sin moverse. El pelinegro pudo percibir entonces la semi desnudez del actor, parándose de golpe cuando empezó a sentirse arder de tan sólo verlo.

El silencio por parte de Jaejoong, así como la falta de resistencia a su agarre, hicieron que Changmin terminara por soltarle.

—¿A dónde vas con tanta prisa? —la burla en esas palabras le hicieron detenerse, erguirse y fruncir el ceño. ¿Se estaba burlando de él?—. Nadie va a venir a estas horas, todos están en clases. Ni siquiera las mucamas se presentan en las habitaciones de alumnos cuando es hora de talleres. Podemos seguir… ‘jugando’. —le señaló el espacio del colchón a su lado, donde Jaejoong hubiera estado momentos antes.

—¡BASTARDO ARROGANTE! —gruñó molesto—. Yo no estaba jugando.

—Ya sé que no. —murmuró desviando la mirada para ver al frente. Jaejoong sintió que había dicho una babosada. ¿Cómo estaba interpretando esas palabras? ¿Estaba pensando que lo había hecho por amor? No, no podía ser eso, Changmin no debía saber nada. Era un estúpido por hablar sin pensar las cosas. Ahora estaba enojado, pero enojado consigo más que con el menor. Ya se le hacía tarde y él seguía ahí, discutiendo con Changmin luego de hacer el amor…

«¿El amor?»

No, eso no era amor. Por lo menos no de parte de ese arrogante. Era sólo sexo, sexo y sexo. Aunque un magnífico sexo, debía admitirlo.

—Maldito imbécil —respingó al recordar su cita con Jessica—. Mi “novia” —encomilló la palabra con los dedos—, me espera en un rato y todavía tengo que bañarme. Por tu culpa apenas y tendré tiempo para alistarme, maldito desgraciado. —renegó apresurándose para ir tomando sus cosas y meterse a la ducha. Changmin lo observó ir de un lado a otro sin moverse de su sitio, hasta que el pelinegro se detuvo a la entrada del baño y le miró con el ceño fruncido—. Cuando salga de bañarme no quiero verte aquí, no vaya a ser que un guarda me traiga el pase de salida y te vea.

—Claro —se encogió de hombros antes de recostarse sobre la cama a ojos cerrados, con ambas manos tras la cabeza—. Sólo descanso un poco y me voy. Por cierto, ¿cuándo regresas?

—¿Eh? —balbuceó sin entender—. ¿Te refieres a cuándo vuelvo al colegio? —Changmin asintió sin verle—. ¿Acaso estás celoso? —sonrió burlón—. No, qué va, el Cubito de Hielo no puede sentirse celoso de Jessica, es tan irresistible que sabe que no hay nadie mejor que él.

—Eso es verdad. —La sonrisa autosuficiente hizo a Jaejoong apretar los puños de coraje. No podía ser, ¿de nuevo se estaba peleando con él?

—Eres un…

—Sí, ya lo sé. Pero no respondiste. El sábado son las audiciones y debes descansar, más vale que estés aquí para entonces —Jaejoong sintió algo martillear dentro de su pecho. No supo si eran nervios por la mención de la prueba, o miedo de haber recordado que de conseguir un papel en la obra todo acabaría—. Sabes que si quieres, yo puedo… —Pero la voz dolida del pelinegro le interrumpió.

—¿Hasta cuándo van a durar tus chantajes? —Changmin abrió los ojos y giró para verlo—. ¿Hasta que me destruyas por completo? —«¿El alma y el corazón?» completó su mente, pero a falta de respuesta se dio vuelta y entró al baño, dejando al menor con la mirada clavada en la puerta cerrada.

—¡Maldición! ¿Por qué dijiste esto, Jaejoong?… —susurró de vuelta a recargarse sobre la almohada, con la mirada al techo.

“¿Hasta cuándo van a durar tus chantajes?”

“¿Hasta cuándo?”

—Hasta que te destruya, Jaejoong. Hasta entonces… —resonó la voz fría y decidida del chico en aquella habitación cuyo dueño, se estaba bañando.

Pocos minutos después Jaejoong salió del cuarto de baño por completo vestido. No quería que Changmin volviera a mirarle con esos ojos, como si con sólo verle pudiera devorarle. Sólo de pensarlo, un estremecimiento recorrió su cuerpo. Aunque le había pedido que se fuera, era más que probable que el actor estuviera todavía esperándole y no se había equivocado, por lo menos, no del todo.

Changmin sí estaba en la habitación, por completamente dormido. Se aproximó en silencio hasta la orilla de la cama y fue consciente de lo que una sola mirada al cuerpo desnudo del más joven le provocaba. Sus ojos se extasiaron con la firmeza de sus músculos, lo largo de sus piernas, la forma de su abdomen, lo varonil de sus facciones y lo bien que le sentaba una sonrisa a ese rostro siempre apático. Quiso levantar la sábana que cubría su hombría sólo para contemplarle un poco, pero justo al intentarlo el cuerpo del menor se movió y tuvo que soltar la tela con el miedo de que de despertar, el chico se daría cuenta de lo excitado que estaba y le asaltaría ahí mismo.

Se apartó renuente de aquella suculenta vista apenas escuchó pasos acercarse por el pasillo, seguro el guardia que vendría a avisarle que ya le esperaban, y no se equivocó. Había abierto justo a tiempo antes de que el hombre tocara y le dijera el pase y el mensaje esperados. Jaejoong le dio las gracias, tomó el pase y entró por su maleta para irse enseguida.

Silencioso, avanzó hasta la puerta sin animarse a ver al castaño de nuevo. La excitación de su miembro se oprimía contra la mezclilla de los vaqueros, pero no, esta vez no iba a rendirse ante el deseo que aquel cuerpo le despertaba. Si tan sólo… Si tan sólo él sintiera…

Pero no, lo sabía y nada podía hacer al respecto. Changmin sólo deseaba su cuerpo, lo había comprado para usarlo y botarlo. Aún al final de todo, se lo había vuelto a recordar. Si él quisiera, el actor hablaría con la C-JeS Company para que le dieran un papel en la obra. «O no me dieran ninguno» Ya se lo había ofrecido antes y ahora lo volvía a hacer. Sólo esperaba que el actor hubiera interpretado su silencio como un ‘No’, pero estando en el baño meditando el asunto, ese ‘No’ se iba convirtiendo poco a poco en un ‘Sí’. Al obtener un papel todo acabaría, pues se iría a Seúl y Changmin se quedaría en la escuela.

Sí, sí quería un papel en la obra, pero uno ganado por sus propios méritos, porque tenía talento, no uno obtenido por acostarse con alguien con influencias.

—Ojalá pudiera odiarte… —fue el susurro con el que le miró una última vez, recostado sobre su cama, para darse media vuelta y salir con maleta en mano.

—Ojalá lo hicieras. —murmuró Changmin abriendo los ojos, observando el lugar por donde el pelinegro se hubiera marchado—. Sería todo más fácil.



–.—.—.—.—.—.–



Yoochun levantó la vista del juego de ajedrez por octava vez. Sus ojos se detuvieron curiosos sobre la figura, seria y ceñuda que se encontraba sentada muy solitaria en el sillón, a un costado de la sala de estar, cerca del televisor.

Regresó la atención al juego cuando vio que Hangeng, por fin, hizo su movimiento. Movió el alfil al frente y regresó la vista a aquel sujeto que parecía querer arrancarle el brazo al mueble por la fuerza con la que lo sujetaba.

Y la pregunta del millón era: ¿Por qué?

Recorrió con la mirada toda la sala de estar buscando el motivo o, mejor dicho, al motivo del disgusto del actor Shim, pero de antemano sabía que Jaejoong no estaba en la escuela. Quizá no le había dicho que se iría con su ‘novia’, pero el instituto era chico y noticias como esa se conocen enseguida.

Entonces, ¿por qué el actor lucía tan molesto? Casi enseguida de aquella pregunta en su cabeza la voz de Hangeng señalando el televisor le obligó a voltear. Muchos de sus compañeros se acercaron al monitor, y aquellos que se encontraban más cerca dejaron lo que hacían para ver la nota que presentaba la cadena K! News Life.

—Sí, amigos —afirmaba la reportera Im Yoona a través de la pantalla—, en el restaurante de las estrellas nos hemos encontrado a la pareja del momento cenando muy románticos a la luz de las velas, pero amablemente nos han concedido unas palabras. —concluyó antes de seguir con las imágenes grabadas minutos atrás.

Y en primer plano la figura sonriente de Jessica apareció abrazando a Jaejoong muy cariñosa. Hablaba y hablaba sobre su relación y lo mucho que se amaban. Por el contrario, el modelo sólo se limitaba a sonreír a la cámara y contestar con monosílabos cuando se le cuestionaba algo.

Lo que nadie pudo dejar pasar, fueron las manos de Jaejoong rodeando la diminuta cintura de la actriz, o su boca siendo llenada por la boca femenina que parecía disfrutar de sus besos.

K! News había pasado una nota no tan extensa, pero sí llena de imágenes melosas entre la rubia y el pelinegro; besándose, cenando, bailando. Suficientes para desmentir aquellos rumores que situaban a ambos como ‘amigos especiales’ de ciertas personas (que no mencionaron). Y al contrario, aclaraban las especulaciones de una buen aparte del gremio sobre ellos, que desde hacía un buen tiempo apostaban a favor de esta pareja.

Yoochun dejó de prestar atención al televisor cuando la inconfundible figura alta de Changmin pasó por su lado emanando molestia, empujando a cuanto alumno se le ponía enfrente para salir de ahí.

—¿Celoso, Changmin?… —susurró por lo bajo con una mueca por demás divertida en el rostro.

—Yo no creo que dure. —aseguró Hangeng regresando al juego de ajedrez, mientras Yoochun giraba de vuelta al televisor al notar que el chino hablaba de Jaejoong y Jessica.

—Yo tampoco —secundó—. Creo que Jaejoong ya está enamorado de alguien más, sólo falta que lo acepte. —Hangeng sonrió al recordar cierta escena protagonizada por sí mismo en esa misma sala hacía unas semanas, cabeceando en completo acuerdo.

Sí, estaba seguro. Jaejoong sentía algo por Changmin aunque lo negara una y otra vez, y la mejor forma de disfrazar esa atracción era creer odiarlo.

¿Y qué podía decir del actor? Por lo menos para él eran demasiado notorios los celos que el sólo hecho de verlo con alguien más le producían. Y esa misma escena, los celos reflejados en su mirada y el impulso, tal vez inconsciente, de querer arrancarle el brazo al sofá, la había visto dos noches seguidas.



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Jaejoong iba corriendo a toda prisa por los pasillos de la escuela rumbo al teatro. Ya se le había hecho tarde. El chofer de Jessica se había tardado más de la cuenta en llevarlo de vuelta al colegio, pero no le culpaba, se habían topado con un par de accidentes en el camino y aquello les había retrasado; una vez que hubo llegado, tuvo que ir a cambiarse para la primera prueba.

Yoochun le había dicho que la primera prueba sería la de baile, ya que había más de 60 aspirantes inscritos y sólo poco más de 20 participarían en todas (actuación, canto y baile), sólo aquellos que aspiraban a los roles principales. El resto buscaba más bien ser parte del ballet, y no había muchos puestos disponibles.

Abrió la puerta del teatro con los nervios encima. Si el director de esta compañía era tan estricto como su profesor de danza con respecto a la puntualidad… «Estoy frito» Pero se sorprendió al encontrar bastante gente arremolinada en la parte baja del escenario, mientras chicos y chicas iban de aquí para allá sin un orden aparente. Todo era un verdadero caos. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Hacia dónde tenía que dirigirse? ¿A quién debía buscar? ¿Quién sería el director de la audición? ¿Quién estaba controlando todo aquello? Demasiadas preguntas y ninguna persona a quién hacérsela.

Se puso a seguir a un grupo de chicos vestidos más o menos como él –pantalón de licra, playera de manga corta, ambos en color negro, y playera de tirantes blanca encima–. Seguro estaban igual de perdidos que él, pero al menos parecían saber hacia dónde ir. Todos se dirigían a la misma parte del escenario donde se acumulaban los estudiantes. Al parecer, un par de señoritas señalaban al centro explicando algo que él no lograba escuchar. Por más que trataba de abrirse paso entre sus compañeros, los chicos que permanecían a las orillas platicando, se lo impedían. Ojalá todos esos estorbos se movieran para poder pasar, pero por más ‘Con permiso’ o ‘Disculpa’ que soltaba, parecían aparecer cada vez más y más.

En ese momento, la voz de un hombre hablando por el micrófono llamó la atención general.

En 10 minutos se dará indicaciones para la audición de baile. Aquellos que ya han sido anotados y tienen su folio, favor de ocupar un puesto en las butacas del teatro.

Las chicas se fueron quedando poco a poco solas, lo que le dio oportunidad de acercarse a ellas sin problema.

—¿Nombre? —preguntó una pelirroja sin levantar la vista de una enorme tabla llena de hojas. Tal parecía que todos los aspirantes habían sido inscritos previamente, dando el nombre ahora para corroborar la asistencia. Jaejoong sonrió, pero ya que nadie le veía, no recibió respuesta.

—Kim Jaejoong.

—Kim… Kim, Kim… Mhm… —El pelinegro empezó a sentirse nervioso, la chica registraba uno a uno los apellidos dando vueltas a las hojas. ¿Es que no estaba anotado? Estaba seguro de que Yoochun había hablado con su contacto para que le permitieran audicionar. ¿O es que no lo había hecho?

—Sooyoung, ¿tienes a un Kim Jaejoong en tu lista? —La pelirroja giró para preguntarle a su compañera. En esos momentos, Jaejoong sintió que empezaba a sudar frío. Era como permanecer en el altar esperando porque tu novia dijera ‘Sí, acepto’ después de que el padre preguntara por tercera ocasión y ella estuviera dudando. Así de preocupado estaba de ser rechazado, era su gran oportunidad y estaba a punto de ser plantado en plena boda.

—Deja veo. —La chica de cabellos castaños revisó su lista. Mientras tanto, la pelirroja se giró para ver por primera vez al modelo a los ojos. Este volvió a sonreír nervioso, pero la chica no respondió al gesto y sólo se limitó a verle con molestia.

—¿Tienes tu carta de selección? —preguntó en tanto su compañera seguía buscando. Jaejoong tembló. ¿De qué carta hablaba?

—¿Eh? ¿Cuál carta?

—Necesito tu folio, sería más sencillo encontrarte con el folio. Quizá a la hora de anotar tu nombre alguien se equivocó, pero dudo que se equivocaran con un número.

—No tengo ninguna carta, jamás me llegó. —admitió asustado. La gente detrás de él ya estaba desesperándose, lo que le hacía sentir que alguien terminaría por sacarlo de la fila y terminaría en su dormitorio sin que le permitieran hacer la audición.

—¡Oh! Qué pena, pues entonces no puedes  hacer esta audición. Cuánto lo siento. ¡EL QUE SIG…! —empezó a decir cuando le interrumpieron.

—¡Aquí está! Es una audición especial. —señaló Sooyoung mostrándole a la pelirroja la hoja en su propia tabla. La chica frunció el ceño irritada, escribió algo en una lista y le tendió a Jaejoong una tarjeta con un número claro y grande impreso en tamaño carta.

—Tu folio es el 63, eres el último —El modelo tomó la hoja feliz y aliviado. Regresó la vista a la pelirroja dispuesto a darle las gracias, pero algo en la mirada de la fémina le borró la sonrisa—. Ojalá puedas decirme con quién te acostaste para lograr esta audición siendo de segundo. Tengo aquí más de un año y no he logrado participar todavía en ninguna obra…

Jaejoong frunció el ceño sintiéndose de pronto asqueado. De cierta forma, era como estar escuchando a Changmin cuando se ofrecía a comprarle. ¡No podía ser! ¿Por qué aun estando en una audición ese estúpido actor se empeñaba en aparecer en su cabeza?

—Quizá no necesitó acostarse con nadie y sólo tiene a un buen amigo que conoce al hermano menor del productor y dueño de la compañía. —La chica volteó a sus espaldas y se sonrojó de golpe ante el pálido pero apuesto joven que le lanzaba una mirada severa.

—¡Joven Park! —ahogó mortificada—. Yo… Lo siento, no quise… —trató de disculparse, pero Yoochun le interrumpió fastidiado.

—No te disculpes conmigo, discúlpate con él que fue a quien ofendiste —le señaló con un gesto al asombrado pelinegro. Era la primera vez que veía a su amigo regañando a alguien. Quizá sólo regañaba a Boa cuando esta se equivocaba, pero jamás imaginó que lo tuviera por costumbre.

—¡Joven Kim! Mil disculpas, no sabía que era amigo del… —comenzó a explicarse sin realmente sentirlo. Se podía ver con claridad que lo hacía sólo porque el músico le había retado.

—Déjalo así —la cortó tomando a Jaejoong por el brazo para llevárselo de ahí, si bien antes de marcharse, miró a la pelirroja para murmurarle—. Y antes de querer acostarte con alguien para obtener un papel en esta u otra compañía, asegúrate de tener aunque sea algo de talento.

El sonrojo del enojo pintó por completo el rostro de la chica, que a punto había estado de responderles algo, pero ya ambos se habían alejado demasiado como para alcanzar a escucharla. Más valía poner pies en polvorosa, pensaba Jaejoong en ese momento, porque bien decían que las mujeres enojadas eran peores que una bomba.

—Oye, Chun, qué cruel fuiste con esa pobre chica. Ni siquiera me dejaste decirle nada o escuchar su disculpa, que bien me la merecía. Y no sé a dónde me llevas, mira que tengo que ir a sentarme a las butacas y esperar instrucciones del director para saber qué tanto vamos a hacer y…

—Vaya que estás nervioso —evidenció cortando toda la palabrería descontrolada de su amigo. Jaejoong sonrió rascando su cabeza en señal de acuerdo. Yoochun le conocía bastante bien en ese aspecto—. Sólo cuando estás nervioso hablas sin parar a tan impresionante velocidad, pero por ahora vamos tras bambalinas, que Junsu quiere conocerte antes de que comiences tu audición. Tenemos poco tiempo, no podíamos perderlo escuchando las tonterías de esa mujer.

—¿Tu amigo Junsu está aquí? —Yoochun asintió—. ¡Qué bien! ¿Y dónde está? —Jaejoong se emocionó sólo ante la idea de conocer a la persona que le brindaba esa oportunidad.

—Aquí. —El músico lo encaminó levantando la tela de una de las bambalinas, cruzando por en medio de las cortinillas que colgaban del techo y arrastraban hasta el suelo.

No obstante, los ojos de ambos se abrieron con sorpresa al ver, a lo lejos, cómo una figura enfundada en el uniforme escolar arrinconaba contra la pared a un chico albino mucho más bajo, vestido con ropa casual. El más alto parecía molesto, con el brazo apostado sobre el cuello del más chico, ahorcándolo. Murmuraba, porque no se les escuchaba gritar. Jaejoong sintió temor al ver aquella figura que, aunque lejos, se le antojó familiar. Ese chico alto y enojado…

—¡Changmin! —El grito hizo que el actor soltara al chico y volteara a verlos. Yoochun y él se apresuraron al lugar, pero el menor se giró para alejarse con rapidez—. ¡Oye tú, desgraciado, espera! —exclamó tratando de darle alcance, pero el tibio contacto de una mano sobre su brazo le detuvo, haciéndole girar para encontrarse con una mirada suplicante.

—Por favor, déjalo. —escuchó la voz un poco lastimada del niño de cabellos grises con reflejos azules. ¿Es que Changmin lo había lastimado tanto al grado de hacer que su voz se escuchara un poco ronca?

—Su, ¿estás bien? —preguntó el músico preocupado. El chico, un poco más bajito que ambos, sonrió y asintió—. Entonces dinos qué rayos hacía Changmin. ¿De dónde se conocen? —El joven sonrió.

—Changmin es así, sólo estaba un poco molesto.

—¡Y cuándo no! —soltó el modelo para cruzarse de brazos y perder la mirada unos segundos por donde el susodicho se hubiera perdido—. ¿Pero por qué te atacó de esa forma? ¿Le hiciste algo? Porque de ser así debió ser grave, Changmin no reacciona tan violento sin provocación… —Tanto Yoochun como Junsu lo observaron con sorpresa, Jaejoong se sintió enrojecer ante las miradas que le dirigían—. Sí, sí, sí, lo digo por experiencia. —rezongó en medio de un puchero inconsciente que robó una risa en Junsu.

—Sí, lo sé bien. Changmin es violento cuando le provocan, y debo admitir que lo hice —admitió con tal soltura e inocencia que ambos chicos le miraron con la interrogante tatuada en la cara—. Le obligué a ayudarnos con este caos de audición, y no estaba muy contento.

—¿Eh? —se escuchó a coro de ambos amigos.

—Le amenacé con revelar algunas cosas si no lo hacía, y creo que eso empeoró todo —rió de buena gana, rascándose la cabeza—. Creo que no fui muy inteligente, ¿verdad? —Jaejoong empezó a sentirse nervioso. ¿Quién era este niño que tenía el poder para amenazar a Changmin? ¿Qué cosas podía revelar como para hacer que el actor las tomara en serio? ¿Acaso Junsu y Changmin habían sido…?

—Junsu, ¿de dónde se conocen? —Yoochun había hecho eco a la pregunta mental del pelinegro.

—Nos conocemos de toda la vida. Changmin y yo somos primos hermanos…

—¡PRIMOS! —ahogaron asombrados Jaejoong y Yoochun al mismo tiempo.

Algo más para añadir a esa lista de cosas desconocidas del actor que cada vez se iba haciendo más grande. Jamás se había mencionado en revista alguna que el famoso actor Shim Changmin y la familia dueña de la compañía C-JeS compartieran lazos sanguíneos. Pero de qué se sorprendía, ¿acaso su supuesta madre, no era en realidad su tía? De todas maneras, era difícil de creer que este chico amable, simpático, de cabellos claros platinados y piel clara pudiera ser pariente de un arrogante, frío, antisocial y malnacido actor.

—Jaejoong, te presento a Kim Junsu. —La voz de Yoochun lo sacó de sus pensamientos. Centró la mirada en el mencionado y se inclinó breve en señal de saludo, pero Junsu le sonrió abiertamente, lo que provocó que Jaejoong correspondiera tal gesto.

—Es un honor conocerte. Agradezco tu ayuda para presentar esta audición, te prometo que obtendré un papel en la obra para no defraudar la confianza que has depositado en mí.

—Estoy seguro de que no lo harás, Yoochun me ha dicho que eres muy bueno, el mejor de tu clase.

—Eso es verdad —aseguró Jaejoong con orgullo—, y no es arrogancia. —aclaró de pronto, preocupado de que el chico pudiera considerarlo pedante. Y al parecer el albino lo notó, porque se dio prisa en negar con ambas manos un tanto contrariado.

—No, no. Estoy seguro de que no eres un arrogante, ya he escuchado de ti y… —No pudo continuar, la mano de Yoochun se había posado sobre su boca acallándole. Jaejoong miró eso extrañado.

—Ya basta, Su, el médico te prohibió hablar. Si sigues haciéndolo tardarás más en sanar.

¡Ah! Entonces el albino estaba enfermo de la garganta. No era que Changmin le hubiese lastimado como había creído en un principio. No cabía duda de que su hiperactiva imaginación hacía de las suyas cuando el actor estaba involucrado.

Junsu tomó la mano de Yoochun para retirarla de su boca, dejando el brazo del músico sobre sus hombros sin cuidado. El pelinegro no tomó en serio esa confianza que parecía haber entre ellos, seguro eran buenos amigos, tanto como Yoochun y él.

Una de las cortinillas que cubrían la parte más alejada del escenario se abrió dejando asomar la arrogante y alta figura de Changmin. Yoochun pudo ver que el actor se volteaba a verlos justo antes de darse la vuelta y caminar por la parte trasera hasta la zona donde la audición se llevaría a cabo. Tenía que aclararle ciertas cosas y esta era la oportunidad perfecta. Separó su brazo de los hombros de Junsu y alejó rápido tras un ligero ‘Ahora vuelvo’.

Jaejoong sonrió a Junsu obteniendo una respuesta inmediata, pero no había tiempo a cuestionamientos sobre su arrogante primo, ya era hora de regresar al teatro: los 10 minutos estaban a punto de terminar y debía escuchar las instrucciones. Trataría de saciar su curiosidad después.



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Yoochun se dio prisa en alcanzar a Changmin en los pasillos que conducían al teatro. En esos precisos momentos se encontraban solos, ya que todos los aspirantes se hallaban ocupando un lugar en las butacas a la espera por lo que seguía. Sólo se escuchaba uno que otro martilleo, seguro de la gente de mantenimiento que fijaba el escenario. Estaba molesto por la manera en que había visto al chico tratar a Junsu, y no estaba dispuesto a dejar que se repitiera.

—¡Espera! —le gritó para detenerle. Changmin lo hizo y giró para verle. El músico llevó uno de sus brazos sobre el hombro del actor, lanzándolo contra la pared de un golpe sordo y hueco. Jamás dejaría que alguien tratara mal al chico platinado, no importaba que Changmin fuese su primo—. No quiero que se repita lo que vimos hace un momento, ¿entiendes? No vuelvas a ponerle una mano encima, o si no…

Pero la mano del actor le tomó con fuerza por la muñeca, separándole de su hombro. El dolor se hizo casi insoportable obligándole a arrugar el entrecejo. Había subestimado la fuerza del menor, y cómo no, si el chico sabía de defensa personal y se la pasaba ejercitándose en el gimnasio. Aun así, no se dejaría intimidar.

—No vuelvas a tocarme —musitó con toda calma sin soltarle—. Y si no quieres que me meta con él, entonces dile que deje de meterse donde no le llaman, que muchos problemas ya tiene como para tratar de arreglar los míos. —le soltó de golpe, dándole la espalda para perderse por la parte posterior del teatro.

«Sí, por eso sabes tanto» reflexionó Yoochun mientras abría y cerraba el puño tratando de aminorar el dolor. «Yo cómo iba a saber que eran primos, si Junsu jamás lo mencionó»



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Había mucha gente sentada en las butacas del teatro, no sólo los que iban a presentar la audición, también maestros y alumnos de otras clases que iban a apoyar a algún amigo.  La mirada de cierta pelicorto se barrió por el área buscando a su amigo, quien se presentaría en esa y las siguientes dos audiciones. Había dejado su trabajo por venir a apoyarle, pero no le veía por ninguna parte. ¿Dónde se habría metido Jaejoong?

—Lo vi caminar con Park Yoochun detrás del escenario —Esa inconfundible y masculina voz le aceleró el corazón—. Supongo que buscas a ese cara de nena idiota que suele decirme Yunnie para molestarme. —Boa sonrió al recordar el pasado jueves.

—Sí, vine a ver su audición. ¿Qué haces tú aquí? —le miró intrigada, luchando porque el sonrojo no acudiera a sus mejillas ante la intensa mirada que el alto modelo le dirigía. Yunho se encogió de hombros y desvió la vista.

—No tenía nada qué hacer, así que vine a ver cómo le va a Jaejoong, y a… —se interrumpió girando de nuevo para ver a Boa. La pelicorto sintió que el corazón se le agitaba en el pecho—. No, nada, sólo estaba aburrido. —miró hasta el escenario, para desilusión de la chica.

Al poco Jaejoong apareció caminando en compañía de un chico de cabellos claros, el cual se despidió de él para ir a sentarse con otro chico de rasgos parecidos, aunque el cabello de un castaño más oscuro, el cual se encontraba justo frente a las butacas, en el centro del lugar. Era claro que era el encargado, ¿o sería el dueño?

Lo vieron pararse de la butaca y caminar hacia el escenario. Su elegancia y porte se notaban al caminar, porque aunque no vestía elegante, se notaba su clase. El joven tomó el micrófono y todos en el teatro callaron a la espera.

—Buenos días, mi nombre es Kim Junho y soy el dueño, productor y a veces director de esta compañía. Les doy las gracias por venir a esta audición, vamos a dar inicio. Les pido mil disculpas por el retraso, pero tuvimos unos problemas con nuestro director a cargo, su esposa dio a luz esta madrugada, así que no podrá acompañarnos —Un sonoro ‘Oh’ se escuchó en el teatro—. Pero no habrá problema. Le hemos pedido ayuda a una persona a quien ya deben conocer, ya que estudia en esta escuela. Es un gran actor, pero también un gran director —Los alumnos comenzaron a verse entre ellos sin comprender. Jaejoong empezó a sentirse nervioso de nuevo. No podía ser Changmin, era imposible que fuese él. Él era actor, no director, aunque… no sabía qué talleres tomaba además del de teatro y dicción—. Shim Changmin nos ayudará en esta audición.

Si la cara de todos se pudiera grabar, se hubieran visto sólo signos de interrogación en cada una de ellas, incluida la de Jaejoong.

¿Changmin era director? ¿De teatro?

La figura imponente del actor apareció en medio del escenario. Tomó con renuencia el micrófono que Junho le tendió y antes de comenzar a hablar dejó vagar su mirada por sobre todos los presentes. Jaejoong sintió que un sudor frío le recorría por completo cuando esos ojos se detuvieron sobre él. ¿Shim Changmin, su director? ¡No! Esto sería el infierno. ¡El infierno! ¿Por eso Changmin le había dicho que podría darle el papel? ¿Él ya sabía que iba a participar? No, eso era imposible. Junsu le acababa de decir que le había obligado y su hermano acababa de comentar que su director se había ausentado en la madrugada. No era posible que el actor supiera.

—Antes de comenzar les diré que yo no tengo ni voz ni voto en la selección del elenco para esta obra. Lo único que haré será dirigir las tres pruebas —aclaró el chico, dejando a Jaejoong suspirar del alivio. ¿Lo estaría diciendo por él?—. Vamos a formar tres grupos de 21 personas. Los folios del 1 al 21, pasen al escenario y esperen instrucciones del coreógrafo. Tendrán 20 minutos para aprenderse una rutina de 3. La melodía dura 3 minutos y 30 segundos. Los últimos 30 segundos serán libres, muestren sus mejores pasos. —señaló retirándose del escenario sin esperar preguntas.

Jaejoong se levantó a la carrera siguiendo a los primeros 21 aspirantes, pero él no se colocó en fila, sino que se fue detrás del escenario para hablar con ese arrogante actor. Estaban tan intrigado como curioso, y ya que tenía el folio 63, iba a tener suficiente tiempo para ver la rutina y aprendérsela. Tenía buena memoria y estaba seguro de que se la aprendería en menos de 20 minutos.

—¡Changmin! —llamó al llegar y no verlo, esperaba encontrarlo justo al frente supervisando todo, pero no estaba. ¿No se suponía que era el director de la audición? ¿Entonces dónde demonios se había metido?

Continuó caminando por la parte trasera del escenario, del otro lado se escuchaban las voces de los aspirantes y la del coreógrafo, pero del actor ni sus luces; hasta que escuchó su voz. Siguió de frente hasta llegar a la cabina de audio y ahí le vio hablando con los técnicos, quienes ajustaban el sonido de la pista. ¿Así que eso también lo hacía el director? Se aseguraba que la música fuera la correcta y estuviera lista para la prueba. Pudo ver cómo el coreógrafo comenzaba a poner los primeros pasos y contaba del 1 al 4 repetidas veces, pasando después del 5 al 8 en un giro.

—¿Qué haces aquí? —La fría voz del actor le sacó de sus pensamientos casi haciéndole pegar un brinco. Se giró para verlo, dispuesto a interrogarlo, pero esa mirada recorriéndole de arriba abajo le ponía nervioso.

—¿Desde cuándo eres director de teatro? —cuestionó ignorando su pregunta, pero Changmin le pasó por enfrente caminando sin prisa hasta la otra orilla del escenario. El modelo le siguió sintiéndose molesto. ¿Hasta cuándo se cansaría de dejar a la gente con la palabra en la boca?

—No soy director de teatro —respondió de pronto, sorprendiendo a Jaejoong—, ni de cine. He dirigido unos cuantos cortometrajes, pero nada más. Estoy estudiando dirección en los talleres de la escuela.

—¿Aquí? Eso no lo sabía —admitió. Quizá había visto en su casa uno que otro premio a algún cortometraje, pero no se había fijado a detalle, había pensado que el chico había actuado en ellos, no dirigido—. Por eso te pidieron ayuda, aunque al parecer no querías y Junsu te amenazó con…

Las manos de Changmin lo tomaron con fuerza por la playera, arrinconándolo contra la pared del teatro para acortar todas sus palabras. La mirada del chico le atravesó cual puñal, tan fría. ¿Qué había dicho? Para que reaccionara de esa forma…

—Cha… ¿Changmin? —balbuceó asustado tratando de soltarse, pero el agarre era fuerte.

—¿Qué te dijo Junsu? Te vi hablando con él. Dime, ¿qué te dijo? —¿Por qué reaccionaba de esa forma? ¿Acaso había algo que su primo no debía decirle?

—Nada, no me dijo nada, sólo que eran primos, es todo… —explicó a la carrera, intentando soltarse una vez más, sin resultado.

—Mientes. —El actor apretó más fuerte al modelo contra la pared. Jaejoong cerró los ojos al sentir el dolor punzar en su espalda raspando contra la madera—. Dime qué fue lo que te dijo. ¿Te habló de mí? ¿Te lo dijo todo?

—¡NADA, QUE NO ME DIJO NADA! —gritó al ver que el menor parecía no reaccionar y seguía presionando. La música ya se escuchaba por todo el lugar, ahogando sus gritos. No entendía su reacción. ¿Por qué? ¿Qué era lo que su primo sabía que no debería decirle?—. ¡Changmin, suéltame! Junsu no me dijo nada de ti, absolutamente nada —Changmin apretó una vez más—. ¡Me duele! —Y entonces de forma repentina, el actor le soltó haciéndole perder el equilibrio y caer en sus brazos.

Los oscuros ojos de Jaejoong se abrieron sorprendidos al notar que el menor le rodeaba con sus brazos en un agarre suave pero muy posesivo. La corriente eléctrica hizo su trabajo por toda su figura robándole estremecimientos en el momento en que su pecho quedó apoyado contra esos marcados pectorales. ¿Por qué ahora parecía otra persona? ¿Por qué parecía estarle reconfortando después del daño que le había hecho? Sólo faltaba que un ‘Perdón’ saliera de sus labios, aunque sabía que eso jamás pasaría. Si no lo hacía con su madre, ¡por qué lo haría con él! El frío y arrogante Shim Changmin jamás doblegaría su orgullo para pedir perdón por algo que él hubiera causado.

Y ese pensamiento le hizo sentirse mal.

—Ya suéltame, estúpido —masculló cortante, empujando los brazos del chico para alejarse de él—. Con un simple abrazo no conseguirás nada.

—Lo que quería ya lo conseguí. —sonrió de medio lado, ignorando la molestia del modelo.

—¡Idiota! —gruñó antes de darse la vuelta e irse, aunque más bien el idiota había sido él por dejar que la curiosidad lo llevara a ver a su eterno torturador; una mano le tomó inesperadamente por la muñeca, impidiéndole seguir su rumbo de vuelta a las butacas del teatro.

—Sí, soy un idiota —aceptó para sorpresa de Jaejoong—, pero por dejar que te exhibas con Jessica de esa forma… —Y entonces, los labios del actor cayeron sobre los suyos adueñándose de su mente, de su cuerpo, de sus sentidos… de todo.

No podía moverse, estaba inmóvil, tal cual la primera vez que le hubiera besado, en aquella ocasión en que tampoco pudo moverse, porque por más que ordenaba a su cuerpo reaccionar, este jamás lo hizo. Y ahora se repetía, con su cuerpo negándose a responder pese a que pudiera sentir, ¡claro que sentía! Todo su ser se estremecía con el puro roce de esos sensuales labios, con el puro tacto de aquellas varoniles manos. ¿Quería moverse? ¿Realmente lo quería? No, para qué negarlo. Realmente no quería hacerlo. Se sentía tan bien, tan a gusto, como si todo lo que sucediera con Changmin estuviera bien, fuese lo correcto; como si hubiese nacido sólo para estar con él. Y todo porque le amaba tanto como le amaba él…

¿Pero qué tonterías estaba pensando? Changmin no lo amaba, ni lo amaría nunca.

¡NUNCA!

Y cual si el actor hubiese escuchado sus pensamientos, se separó de sus labios dejándolo furioso.

—Vete antes de que mande todo esto al diablo y te saque de la audición para llevarte a la cama… —Ese estúpido comentario cayó como balde de agua helada, empeorando su humor. ¿Por qué siempre echaba todo a perder?

—Eres un idiota, desgraciado Témpano de Hielo Shim. ¿Crees que estoy a tu disposición? —reclamó alzando la voz, pues la música alta no dejaba otra opción para lograr comunicarse.

—Lo estás, ¿recuerdas? ¿Cuando yo quiera, donde…?

—¿Por qué? ¿Porque mandarías a mi hermano a la cárcel al retirarle la ayuda de tu abogado? —interrumpió con amargura—. ¡Pues hazlo! Contrataré a otro y lograré que lo libere de toda culpa, ya me cansé de tus amenazas. ¿O ahora me dirás que boicotearás mi oportunidad de actuar? —inquirió herido. Todo lo que el actor hacía para mantenerlo a su lado era bajo amenazas. ¿Algún día se daría el tiempo de retenerlo porque sintiera algo por él? ¿Algún día? ¿Alguna vez?… No, sabía la respuesta desde hacía tiempo, pero aun así dolía, y dolía al grado de hacerle enfurecer.

—No voy a meterme con tu vida profesional, si quieres te lo prometo. —aseguró sin inmutarse por su molestia.

—¡Lo que quiero que me prometas es que me dejarás en paz! Pero sé que no lo harás —reprochó mordaz—. Parece que te gusta hacerme la vida de cuadritos. ¡Ahora tengo que soportarte hasta en mis audiciones! ¿Cuándo será el día en el que desaparecerás para siempre de mi vida? —¡No, no! ¿Pero qué diablos estaba diciendo? ¿Por qué cuando se enojaba no pensaba las cosas y decía lo primero que pasaba por su cabeza? ¿Qué sucedería si Changmin le decía que ya no lo buscaría más? ¿Por qué tenía siempre que reaccionar tan visceral cuando el actor le provocaba así?

—Vete a tu lugar, Jaejoong —respondió tan calmado, que si no fuera porque había descargado toda su furia en palabras segundos antes, quizá lo hubiera agarrado a golpes—. Ya desahogaste tus nervios, ahora sólo limítate a poner atención a las indicaciones.

—¿Qué? —reaccionó sin comprender.

—Que vayas a tu lugar, ¿estás sordo? Te está dando una orden tu director. —Jaejoong frunció el ceño, pero no dijo más. ¡Maldito mocoso engreído! Se giró y se alejó, pero no fue sino hasta que se sintió lo suficiente lejos de él que dejó salir el aire contenido en sus pulmones. ¿En verdad Changmin le había ayudado a relajarse?

¿Lo había hecho?

“Gracias” murmuró al girar para ver al alto chico de pie junto a bambalinas, atento a la coreografía que estaba siendo montada, y tras lo cual volteó de reojo para encontrarse con su mirada. Jaejoong le sonrió y notó cómo Changmin inclinaba leve la cabeza en respuesta.

«Te amo, Cubito» sonrió para sí, apresurándose para ponerse al corriente de cada una de las coreografías que estaban siendo montadas. Si bien, lo primero que había pasado por su hiperactiva imaginación al oírle decir que era un idiota por permitirle exhibirse con Jessica, es que Changmin estaba celoso…

¡Ja! Eso sí era para morirse de risa.

«¿Changmin celoso? Sí, cómo no»



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Ya habían pasado dos pruebas, la de baile y actuación, sólo faltaba una más para terminar por ese día. Había tenido que usar todo su ingenio para improvisar 30 segundos de baile, aunque al parecer, usar esos dos desarmadores les había gustado. Por lo menos había llamado la atención y eso ya era algo bueno.

La primera mirada que buscó, no obstante, no fue la del dueño, ni la del coreógrafo, sino la del director, Shim Changmin. Y lo que vio, le agradó bastante, pues el actor le había levantado el pulgar en señal de aprobación. ¿Pero qué diablos? ¿Por qué necesitaría él de su aprobación? Necesitaba la aprobación del coreógrafo y del dueño, pese a que estos hubiera volteado a verlos al último y parecieran aprobarle por igual.

Antes de la prueba de actuación, tuvo que contestar unas cuentas preguntas relacionadas con su actual trabajo de modelo. Le habían cuestionado sobre posibles problemas con sus contratos, en dado caso de que fuese seleccionado para algún papel, y su respuesta fue clara y segura: ¡No, ningún problema! Esa posibilidad ya la había previsto con su representante (alguna vez). La mayoría de las compañías tenían su matriz en Seúl, se manejaba en Busán sólo porque él estudiaba ahí, pero para estas era mucho mejor si él estuviera allá. Y con respecto a las campañas, se daría tiempo para hacerlas, sin afectar a la obra.

Lo de menos fue interpretar a Danny, era un gran actor teatral, hasta su maestro de teatro lo había felicitado por su audición. Le aseguraba que obtendría un papel en la obra sin problemas. Claro, todavía faltaba una de las más importantes pruebas: Canto. Y esa era la que lo tenía nervioso.

Ni siquiera los 20 minutos que les hubieron dado para prepararse le sirvieron para calmarse, estaba nervioso, mucho muy nervioso. Y es que sabía moverse, y actuaba de maravilla… pero no era cantante. Había tomado cursos, pero de antemano sabía que no era bueno. No importaba que Changmin le hubiera dicho que su voz era ‘agradable al oído’, sabía que había muchos que cantaban mucho mejor que él y eso lo tenía aterrado.

Al llegar su turno, sintió que el estómago se le contraía y la voz se le iba de golpe. Había estado ensayando todas las canciones, pero sólo cantaría una y había seleccionado Greased Lightning, una de tantas que era interpretada por un varón, en este caso, varios, pero con su voz bastaba para interpretarla. Eso sin contar que cantaría con pistas, así que los coros ya estaban grabados.

Conforme iba subiendo al escenario y veía el micrófono en el pedestal, empezó a sentir que éste se alejaba simultáneamente de él. Volteó para todos lados y encontró a Changmin hablando con un ingeniero de audio. El sólo hecho de verle le hizo sentir algo de ánimo, él le había dicho que su voz era agradable. Cantaría con todo lo que tenía, pondría todo su empeño, además… se lo había prometido a Junsu, ¿no?

Sin embargo, una vez indicó que la música comenzara no fue capaz de reconocer las primeras notas, no eran las de la canción que él había indicado. ¡No! Esa era otra canción. ¿Por qué? Giró de golpe la mirada y al encontrarse con la del actor pudo distinguir la señal que le hacía para que cantara, lo entendió de inmediato al leerle los labios. ¿Pero qué hacer? Se sabía la canción, se sabía todas las canciones, sí. ¿Era acaso uno de esos trucos para hacerle quedar en ridículo? Pues no lo iba a lograr.

La canción era de Sandy, se la sabía a la perfección y la interpretaría como jamás lo había hecho sólo para demostrarle a ese actor que no lograría boicotear su audición por más intentos que hiciera, no lo conseguiría.

Tomó el micrófono, y comenzó a cantar…

Apenas terminó la canción, Jaejoong cerró los ojos con miedo. Esperó alguna palabra del jurado, alguna opinión así como habían hecho con todos los demás… pero nada. Un silencio que parecía infinito se instaló por todo el teatro. Él abrió los ojos intentando distinguir a las personas sentadas al centro, pero era imposible por los reflectores. Volteó por instinto a los costados tratando de comprender lo que ocurría. ¿Acaso el tiempo se había detenido y era el único en poder moverse?

A su alrededor, los presentes permanecían con la boca y ojos abiertos, pero nadie emitía sonido alguno, ni siquiera Changmin, ubicado a su lado derecho. Giró a verlo, creyendo haber visto su expresión de reojo, pero al verlo de frente notó que no, no era una fantasía: él también lo veía asombrado.

«¿Tan mal lo hice?» se preguntó apretando con fuerza el micrófono en sus manos. «Por lo menos díganme algo…»

Habían sido sólo unos segundos, pero Jaejoong sentía que había pasado una eternidad desde que el último acorde había terminado. Aquello le hizo sentir herido y un verdadero fracaso como cantante, por lo que dejó el micrófono en su lugar dispuesto a marcharse.

«Todo por culpa de ese imbécil que cambió la pista a último momento…»

Quizá su prueba de baile había sido magnífica y la de actuación muy buena, pero si no servía como cantante ni cómo aspirar a un papel importante en la obra…

Se dio la vuelta cabizbajo, cuando el sonido lejano de un aplauso le detuvo de golpe. Empezó a girar con cierto recelo, notando aquella persona que le alababa y a la cual, pronto se le sumó otra, y otra, y otra más. Una sonrisa fue formándose en su rostro, más al notar de soslayo el momento en que Changmin cabeceaba en acuerdo.

—Fue asombroso, Jaejoong. Quisiera saber si lees música. —señaló Junho de pie desde su lugar.

¿Leer música? Podía distinguir con facilidad un Do sostenido de un La menor, así como las notas altas de las bajas. Si eso era leer música, entonces sí, sabía. Yoochun lo habían inscrito a un taller de apreciación a la música como venganza a la vez que él lo había inscrito al taller de danza. Ahora podía darle las gracias por haberle obligado a asistir a una clase a la que no quería ir.

—Sí. —aseguró.

—Entonces te pediré que cantes algo más para nosotros, eres el último, así que tenemos tiempo para oírte de nuevo —explicó dándole una señal a la persona que subía las escaleras con una partitura en manos—. Entenderé si no te sale del todo bien, es muy probable que no conozcas la canción.

—Tendré el honor de acompañarte en esto, Jaejoong. —El modelo giró a sus espaldas para ver al chico de claros cabellos, amigo de Chun, sonreírle. Tomó de sus manos las hojas que Junsu le daba y le sonrió agradecido, aunque también nervioso.

—El honor será todo mío, Junsu.

Junsu se sentó al piano mientras Jaejoong repasaba con la vista las notas en aquellas hojas. Sabía que había escuchado esa canción en algún lado, pese a no recordar de dónde. El resonar de las primeras notas de aquella melodía romántica le hizo sentir que la canción le pertenecía, la interpretación de cada nota la profesaba desde el corazón; las notas altas salían sin problema, bajando con total control sin desafinar en ningún momento. Era como si la hubiera ensayado durante mucho tiempo, sabiendo en qué perfecto instante detenerse y en qué momento retomar la siguiente nota.

Al terminar la interpretación la reacción general volvió a repetirse: silencio, llenando por completo el teatro por varios segundos tras los cuales, los estruendosos aplausos resonaron. No entendía bien qué había pasado, pero al menos por el tiempo que había durado la música, se había sentido otra persona completamente diferente, como si alguien más tomara el control de su cuerpo.

Y se sentía tan bien…

—Muchas gracias, Kim Jaejoong. Se te dará el aviso por correspondencia en caso de haber sido seleccionado o no para la obra más o menos en una semana o dos, a más tardar.

—Gracias por darme la oportunidad de audicionar —correspondió con una sonrisa, girándose más tarde hasta Junsu para tenderle la mano—. Gracias… amigo —Las mejillas del chico se tiñeron al escuchar tal alusivo—. ¿Puedo decirte amigo?

—Cla… Claro… amigo. —asintió él sintiendo que la vida le regresaba al cuerpo.



–.—.—.—.—.—.–



Bien, las cosas ya estaban hechas, sólo restaba esperar el resultado. Había puesto todo de su parte, había aprendido las tres coreografías en menos de una hora y logrado su mejor demostración de danza al usar sus 30 segundos de improvisación con aquellos desarmadores. La prueba de actuación estaba seguro era una de las mejores que había hecho, el propio maestro de teatro le felicitó abiertamente por ello. Lo único que le tenía temblando ahora, era la prueba de canto.

A nadie le habían medido cantar dos veces, sólo a él. ¿Por qué? Aquella melodía aún resonaba en su cabeza, pero seguía sin recordar de dónde.  Y era por estúpido, por haberse encontrado buscando a ese idiota de Changmin con la mirada que olvidó preguntarle a su nuevo amigo, Junsu.

Y hablando de idiotas, ¿a dónde se había ido Changmin? Desde que hubiera terminado la audición es que se había desaparecido, y no es que le importaba dónde andaba, sólo… sólo… ¡Bah! Sí, estaba preocupado por él, se convenció a sí mismo de camino a su habitación con ambas manos en los bolsillos.

Estaba agotado y hambriento, los períodos entre prueba y prueba habían sido tan cortos que no le habían dado tiempo de comer bien. Con suerte y en su estómago había dos vasos de leche y tres manzanas, razón por la que ahora protestaba por más alimento y algo de sueño. Había tenido apenas algo de tiempo para darse un baño rápido con el cual quitarse el sudor, nada más llegando al cuarto tomaría un relajante baño de tina y más tarde bajaría a cenar. Total, era fin de semana y el comedor abriría hasta tarde, aunque… si el sueño le vencía, era probable que se quedara dormido en la tina.

Sin embargo, 40 minutos más tarde ya se encontraba bañado, arreglado y listo para bajar a ver qué había para merendar. Era todavía temprano, así que buscaría con qué saciar su hambre y dispondría aún de un par de horas para tomar una siesta que mucho le hacía falta. Lo que no previó, fue que al abrir la puerta de la habitación todos sus planes se vendrían abajo, pues enseguida le fue entregado el pase de salida de uno de los guardias de la entrada, quien le informó que una limusina le esperaba desde hacía 20 minutos.

«Maldición, Jessica, te dije que no pensaba regresar esta noche»

Maldijo mentalmente a la rubia por no hacerle caso a su negativa de volver. Está bien que se habían divertido juntos y que la prensa parecía seguirles como las moscas a la miel, pero él no buscaba tanta publicidad. «Cuando me ponga el cuerno voy a hacer el ridículo en grande» Además, ese actor parecía ya bastante molesto por las escenas en las que habían aparecido besándose. «Por mí que se muera»

Fue de camino a la salida del colegió que un fuerte trueno le sacó de sus pensamientos. Al parecer, llovería. Alzó la vista al cielo y lo encontró por completo ennegrecido, señal de que la tormenta se encontraba a la vuelta de la esquina. Quizá el pretexto de la lluvia serviría para convencer a Jessica de no salir de la escuela.

El agua comenzó a caer, primero como una fina brisa siendo arrastrada por el viento de la tarde, aunque pronto se convirtió en grandes gotas que baleaban contra el suelo mojándolo con velocidad. Jaejoong vio la puerta de la limusina abrirse ante sus ojos y sin siquiera pensarlo corrió hasta la misma protegiéndose la cabeza con la mano para evitar mojarse. Entró a toda prisa cerrando tras suyo para secarse la ropa y cabello.

—Un poco más y termino empapado. —suspiró al mirar por la ventana. Un instante después se giró directo a la ventanilla que le separaba del chofer para poder avisarle que no se iría con él, pero se sorprendió de encontrar a quien menos se esperaba frente al volante del automóvil.

—¿Zhoumi? —respingó. El alto y fornido hombre giró un poco y sonrió.

—Buenas tardes, Jaejoong-ssi. Mi madre está ansiosa por verle, se la ha pasado toda la tarde cocinando. —El pelinegro se quedó con la boca abierta al virar a su lado izquierdo y toparse con esa inconfundible y profunda mirada que le hacía estremecer.

Había estado tan distraído al subirse a la limusina que ni cuenta se había dado de quien se encontraba sentado a su lado. El cuerpo le tembló por entero al percibir esos ojos recorrerle sensualmente de pies a cabeza. Apretó los puños y tuvo que mandar todo aquello que sentía al fondo de su corazón para poder girarse de frente a Changmin.

—Voy a bajarme, creo que me equivoqué de auto. —explicó tratando de sonar frío, pero su voz terminó por quebrarse y se maldijo mentalmente por no poder mantener sus emociones controladas… como cierto actor que conocía.

—No vas a ir a ninguna parte —le escuchó decir con voz bien modulada—. Zhoumi, vamos a casa. —anunció al chofer, cerrando de tajo la ventanilla para que el hombre no les interrumpiera. Jaejoong se giró de golpe para encararlo, decidido a no ir con él a ningún lado, mucho menos a su departamento, por más que lo quisiera. Podría estar enamorado de él, pero no estaba a su disposición e iba a demostrárselo.

—No iré a ninguna parte contigo —afirmó en medio de su intento por abrir la portezuela cuando una mano ajena le detuvo—. ¡Esto es secuestro! Jessica me está esperando. —retó con voz fuerte, pero la mueca en forma de sonrisa torcida del menor le robó toda la seguridad que hubiera llegado a sentir. ¿Qué acaso Changmin no se asustaba con nada? Quizá sólo no le creía capaz de acusarle.

—Sabes perfectamente que no te estoy secuestrando, podrás irte si gustas. Sé que quieres ir a visitar a tu padre mañana, y sin un pase de salida pedido desde fuera dudo mucho que puedas ir. Le pedí a Rain que lo solicitara por ti, no fue tu “novia”, así que no te está esperando. Puedes quedarte en un hotel o donde te plazca, mientras no sea con ella. —Jaejoong le miró atónito. ¿En verdad iba a dejarlo partir a donde quisiera mientras no fuera con su rubia amiga? ¿Y por qué con ella no?

—Dijiste que donde yo quisiera. —remarcó intentando sacarle algo más.

—Sí, pero eso no incluye a Jessica. Puedes irte a donde sea, o quizá prefieras pasar la noche en mi departamento. Al fin y al cabo, Mei se ha pasado todo el día cocinando para ti.

—Eres cruel —masculló el modelo—. Juegas con mi culpabilidad para obligarme a ir a tu casa.

—Claro, como si lo necesitaras tanto. —murmuró él en respuesta.

Jaejoong guardó silencio y despegó la mano de la manija. Al instante, miró al actor relajarse y recargarse en el asiento con brazos cruzados y ojos cerrados. Todavía tenía una montaña de preguntas qué hacerle… y esta era su gran oportunidad.

—Ya que me has sacado de la escuela con engaños… —comenzó, prosiguiendo sólo cuando Changmin enarcó una ceja en señal de que le escuchaba—. Quiero saber… ¿por qué diablos cambiaste mi pista? No iba a cantar Sandy, si por tu culpa no me seleccionan yo…

—Tu voy lucía mejor con esa canción, así que deja de quejarte, tu audición fue una de las mejores. Pero no esperes que diga más, eso le corresponde a Junho.

—Y hablando de tu familia —Esta vez pudo ver al menor abrir los ojos para verle—. ¿Por qué nadie sabe que los dueños de C-JeS son familiares tuyos? Ni siquiera aclararon eso cuando te dieron la dirección. Siquiera hubieran dicho que eran parientes, así se sobreentendería y nadie habría tenido que especular de tu relación con esa familia. Hubieras escuchado todo lo que se les ocurrió…

—Me importa poco lo que digan de mí o mis primos, y el por qué no se ha dicho nada de nuestro parentesco no es de tu incumbencia. —gruñó de mala gana, pero Jaejoong no estaba dispuesto a quedarse con la duda.

—Me sacaste de la escuela cuando yo tenía pensado quedarme a dormir, así que ahora que estoy aquí voy a saciar mi curiosidad hasta que me duerma…

—O te corte la lengua. —El pelinegro rió.

—Eso será difícil. Ahora contesta o seguiré preguntando y preguntando hasta que me digas, tal como le hace cierta persona que conozco… —Changmin le lanzó una mirada de hielo, pero Jaejoong sólo se cruzó de brazos a la espera.

—La madre de Junsu fue por varios años la amante del señor Kim hasta que éste se separó de su esposa y la hizo a ella legalmente su mujer. —relató sin verle.

—¿Y eso en qué afecta ahora? Si hicieron las cosas ‘bien’, no veo qué problemas tenga ahora el haber sido la amante.

—La familia de mi madre la despreció por haber caído bajo al entrometerse en medio de un matrimonio, incluso concibiendo hijos fuera de él, algo que la familia no toleró —Jaejoong se quedó con la boca ligeramente entreabierta. No cabía duda que había cosas que los tabloides jamás dirían—. Pero claro, sí toleró que la menor de sus hijas se casara con el esposo de la mayor a dos meses de muerta. —murmuró con amargura.

—¿Y qué…? —intentó preguntar, pero Changmin interrumpió cerrando los ojos y recargándose de vuelta en el asiento.

—Todo parece indicar que voy a juicio. Ella no quiere ceder y yo tampoco lo haré.

—Por qué no te tragas tu maldito orgullo y le das una merecida disculpa. —reclamó el modelo, pero el menor sólo volteó a verle con la mirada encendida.

—No te metas en mi vida. No te metas en mis decisiones ni me digas lo que tengo o no tengo que hacer. No quieras convertirte en mi consciencia que ya bastante tengo con tener que soportar los sermones de Junsu como para también tener que soportar los de mi amante.

El rostro de Jaejoong enrojeció al escucharle. Cuánto daría porque Changmin lo hubiese dicho de un modo distinto. De uno no tan frío. Ojalá hubiera sido con cariño, sin lanzar esa clase de reclamos, sin hacerle ver que no quería que se metiera en su vida porque simplemente no le importaba.

Porque para él no era importante.

Porque no significaba nada.

Se recargó en el asiento con la vista al suelo. ¿Por qué tenía que haberse enamorado de alguien tan insensible como el Témpano de Hielo Shim? ¿Por qué tenía que sentir amor por alguien que no le amaba ni le amaría jamás? ¿Qué era para Shim Changmin? Tal vez fuera hora de preguntar y salir de toda duda.

—Dime, Changmin… —murmuró sin verle ni alzar la mira. El actor por su parte, no había dejado de verle en ningún momento—. ¿Qué soy yo para ti? —giró a mirarle—. O mejor dicho, ¿qué sientes por mí?

Jaejoong pudo ver algo en aquella mirada, algo que nunca había visto. Esos ojos en ocasiones asimétricos se habían dilatado por un momento, pero casi enseguida volvió a verlos tan fríos como siempre. El menor parecía saber muy bien cómo ocultar cualquier sentimiento, aún con su mirada. Por un segundo, creyó que el chico guardaría silencio y no diría nada, pero se sorprendió al oírle responder.

—Exactamente lo mismo que tú —¡Pero lo amaba! Él lo amaba, sólo que eso Changmin no lo sabía. Bajó la vista sintiéndose idiota—. Nada —sus ojos se abrieron al escucharle—. Ah no, siempre has dicho que me odias. Yo no te odio, sólo me eres indiferente.

—Qué bien actúas —susurró apretando los puños—. Si en verdad te fuera indiferente no me obligarías a ser tu amante bajo amenazas. Para eso hubieses escogido a otro y no a mí. Por lo menos debes sentir algo de deseo…

El cuerpo el modelo fue atrapado en el acto en un fuerte abrazo por el actor, en tanto sus labios eran asaltados con una sensualidad que le hizo hervir la sangre. Su lengua danzaba rítmica al son de esa otra lengua que ya tan bien le reconocía. Sus manos estaban inmovilizadas, pero ni las necesitaba, su propio cuerpo respondía a la cercanía ajena, al calor de ese ser a quien tanto amaba; no necesitaba caricias, porque su piel daba y recibía como si de sus manos se tratasen.

Se separó de la boca del actor respirando por completo agitado, el aliento de Changmin chocaba contra su cuello acelerado cuando le escuchó murmurar.

—Es obvio que te deseo, eso lo sabes bien. Pero el deseo no conlleva amor de por medio.

El modelo sintió que algo se quebraba en su pecho, con el repentino cansancio del día cayendo sobre sus hombros. No lo soportaba. ¿Por qué siempre echaba todo a perder diciendo esa clase de cosas? ¿Por qué? Por momentos sentía que Changmin le dejaba acercarse, sólo para después alejarlo de golpe con palabras hirientes. ¿Eso era lo que buscaba? ¿Alejarlo…?

—Estoy cansado…, ya basta —cortó alejándose con brusquedad del menor—. Tuve un día muy pesado y sólo quiero dormir. Quiero que prometas que vas a respetar mi cansancio. —le miró fijo. Changmin se enderezó en su lugar y le observó de regreso. Jaejoong creyó por un momento que se negaría, pero no fue así.

—Voy a respetar tu cansancio, si tú respetas mi silencio. —¡Maldición! Esa promesa echaba por tierra su necesidad de respuestas. Aún le faltaba preguntar por aquello que su primo no debía decirle.

—Eres un desgraciado. —gruñó molesto.

—Lo sé… —aceptó sin vergüenza.

—Changmin-ssi, el reporte del tráfico indica que todos los caminos a su departamento se encuentran cerrados por la lluvia. Es recomendable que nos detengamos hasta que pare. Cerca de aquí hay un restaurante y un par de posadas, ¿gusta que entre a alguno de ellos? —se escuchó la voz de Zhoumi por el intercom.

—No, no quiero ninguna clase de publicidad. Si consideras prudente, detente en algún punto de la avenida o estacionamiento hasta que la lluvia aminore. —pidió, y Jaejoong le miró sin entender.

—Claro.

—Gracias. —susurró el pelinegro, y Changmin giró a verle igual de confundido.

—¿Por qué?

—Por proteger mi reputación.

—No lo hago por ti.

—De todas formas, gracias. ¿Te molestaría si me duermo unos minutos? Esta audición me ha dejado agotado. —admitió cerrando sus ojos, ya recargándose en los cómodos asientos de la limusina.

—Yo también estoy cansado. Duerme, quizá te acompañe unos minutos también.

—Je… —soltó Jaejoong. Después de todo, a veces resultaba agradable hablar con el actor. Claro, cuando no se convertía en el desgraciado arrogante de siempre—. ¿Podrías despertarme cuando la lluvia termine? Me gustaría quedarme en algún hotel de camino a tu casa.

—Está bien —la respuesta fue un murmullo lejano. Su cansancio era tal que apenas hubo puesto la cabeza en el asiento, el sueño se le había empezado a dejar caer—. Jaejoong… —escuchó, pero sus ojos ya se habían cerrado y los parpados pesaban tanto que ni intentó abrirlos.

—Mhm, ¿sí? —consiguió balbucear con el agotamiento del día en el cuerpo.

—Hace unos días te iba a decir algo, pero por una u otra cosa no lo hice.

—¿Y qué es?

—… Nada, mejor duerme.

—Sí…

Esa noche despertó en una cama mullida y confortable. Se sentó en el colchón intentando identificar el lugar, la luz de los rayos de tormenta se colaban por la ventana abierta de par en par. No llovía, pero el resonar de los relámpagos y uno que otro trueno era nítido y abrumador.

Se talló los ojos confundido. ¿Cuánto había dormido? ¿Dónde estaba? Un aroma peculiar llegó hasta su nariz, un aroma que conocía de sobra: era la colonia de Changmin. Levantó las sábanas a las carreras, recordando de pronto la manera repentina en que había salido de la escuela con el actor. Pero se suponía que iba a dejarlo en un hotel, y esa habitación se parecía a la de su departamento, lo que quería decir que a lo mejor él… No. Estaba vestido, por completo a excepción de los zapatos. Darse cuenta le causó alivio.

Fuera de la habitación sólo encontró el lugar vacío y oscuro, pero su estómago protestando de hambre podía más, y es que no había comido casi nada en todo el día. Tuvo que hacer uso de los recuerdos de las pocas veces que había estado en la casa de Changmin para ubicar la cocina, cercana a la recámara, y por suerte no tardó en dar con ella y el refrigerador. Dio gracias porque Mei hubiese dejado un par de platos preparados. ¿Sería que Changmin tampoco había comido? Resultaba difícil de creer.

—¿Descansaste? —la voz del actor proveniente de uno de los sillones de la sala le hizo brincar en su lugar.

—¡Changmin! Qué susto me diste… —suspiró mentalmente al verlo recostado en el mullido mueble. Caminó hasta él con el plato en mano y se sentó cerca—. Y sí, me siento mejor después de haber dormido un poco. ¿Gustas? —le tendió la mitad del sándwich que traía en mano, en tanto mordía la otra mitad.

—Sí, quiero. —Y no tardó en incorporarse en el asiento para quedar frente al mayor, aunque lejos de tomar el pedazo que le ofrecían, lo tomó directo de los labios del pelinegro, dejándole sentir la huella de fuego impresa en los mismos tras el breve contacto.

—No hagas… —se intentó quejar, pero un largo dedo posándose sobre sus belfos le impidió continuar. Sintiéndose por completo enrojecer, le miró tomar la otra mitad de la comida que le ofrecía.

Aún tenía mucho qué preguntar, las cosas se habían quedado inconclusas en la limusina. Aunque tampoco sabía cómo comenzar. El silencio se había instalado entre ambos con sólo el sonido de los truenos interrumpiendo el silencio. Tal vez lanzar una pregunta rápida y esperar –como siempre– que no optara por no responderle, rompiera ese tenso silencio que tanto le molestaba.

–¿Por qué parecías celoso cuando me reclamaste por exhibirme con Jessica? —cuestionó sin esperar en verdad una respuesta, aunque se sorprendió de escuchar la voz del actor.

—Quizá porque lo estaba.

—¿Lo estabas? —Esa afirmación casi le había hecho estallar el pecho, con el corazón amenazando salirse de su pecho de tan fuertes palpitaciones. Sus manos sudaban, y no pudo evitar que el sonrojo tiñera su cara. Los ojos del menor relumbraron con el reflejo de un rayo, en tanto un trueno mucho más fuerte sacudía el cielo; y su interior. Estaban tan cerca el uno del otro, pese a que ninguno se atreviera a hacer algún movimiento.

Changmin desvió la mirada.

—¿No te ha pasado que, siendo niño, alguien toma tu juguete favorito y eso te hace sentir celoso? ¿Por qué esa persona tiene algo que es mío?…

—¡Eres un completo idiota! —recriminó poniéndose de pie. Todo lo que hubiera sentido momentos antes, la cercanía, el calor, ese tonto amor que de pronto pensó Changmin sentía por él, se había ido de nuevo a la basura—. No soy tu juguete, y tú eres un imbécil al compararme con uno. Además, tú ya no eres un niño, se supone que eres un adulto y…

La velocidad con la que Changmin llegó hasta él para reclamar sus labios acalló cualquier otro reclamo. Sentir una vez más ese calor contra sí, su propio cuerpo ardiendo por dentro mientras las manos del actor se daban prisa en calentarlo entre caricias intensas, como sólo él sabía hacerlo.

No era un niño… Aunque la cara engañara, Changmin ya no era un niño, y eso bien que lo sabía…

¿Y aquellas preguntas realmente importaban? Justo ahora, no podían importarle menos… Quizá, se lo preguntaría mañana.

¿Qué era aquello que iba a decirle? ¿Y qué era eso que su primo sabía y no debía decir?



–.—.—.—.—.—.–



Nunca de los nuncas se había sentido tan avergonzado. Bueno, se sentía más avergonzado de la vez en que su traje de baño había quedado flotando a media alberca, y la vez en que el idiota de Changmin le dijo a Hangeng que eran amantes. Sí, quería que la tierra se abriera en ese momento y se lo tragara, poderse convertir en avestruz y enterrar la cabeza bajo el suelo o tan siquiera tener una bolsa de papel y ocultar la cara… pero no, tenía que conformarse con esconder el rostro tras un cojín y tragarse su humillación.

—¡PAPÁ! —clamó el modelo por enésima vez al escuchar cómo el hombre le narraba a ese egocéntrico actor, la vez en que había dicho querer casarse con él.

¿Acaso los padres creían que era gracioso contar tus humillaciones a otros? ¿Sobre todo cuando en esa humillación está incluido el Témpano de Hielo Shim?

¡Claro! No se había conformado con casi haberlo secuestrado de la escuela la tarde anterior, también se había empeñado en acompañarlo a ver a su padre y entrar con él a su habitación. Por un momento había creído que su papá resentiría la presencia extraña, pero no, resultó todo lo contrario. Kim Eungsoo se sintió complacido al ver aparecer a Changmin en compañía de Jaejoong, quien había creído que el actor se sentiría molesto ante tanta pregunta (si de por sí era esquivo con la prensa, cuánto más con un simple civil), pero no fue así. El chico había respondido muy amable ante cada cuestión, relajado y ameno, como casi nunca lo veía. Incluso había podido verle reír con sinceridad. ¡Por supuesto!, eso sólo cuando su padre empezó a hablar de él y de lo mucho que lo admiraba, pues no había perdido el tiempo para relatarle cómo era que tantos años atrás, se la pasaba imitándolo, así como la ocasión en que la madre del menor le había besado en la mejilla y el pelinegro hubiera presumido sentir como si fuera el mismo actor quien lo hubiera besado.

Se marcharon pasado el mediodía, prometiendo volver la siguiente semana. El antiguo productor había quedado encantado con Changmin, y se lo dijo. Le hizo hecho prometer que regresaría, pues había disfrutado el hablar con alguien que sabía cómo dirigir una película, y ni hablar de cómo se reía cuando le contaba las anécdotas de Jaejoong (a su pesar). Diablos. Changmin siempre cumplía sus promesas, y vaya que lo sabía: La noche anterior había respetado su cansancio y se había dormido en el sofá, mientras él ocupaba la cama… Al menos, hasta que dijo que ya no estaba cansado, y las promesas quedaron atrás.

Estaba contento de ver tan feliz a su padre, lo cual era como verle rejuvenecer algunos años. Le era imposible no sonreír al recordar esa enorme sonrisa dibujada en su cansado rostro… 

—¿De verdad pensabas casarte conmigo? —la pregunta le tomó por sorpresa regresándole a tierra y haciéndole enrojecer. Más había tardado en alzar la mirada por instinto que en lo que la había vuelto a bajar perturbado.

—Sólo fue… una niñería. Tenía seis años y creía que la forma de ser amigos por siempre era casándose. —admitió turbado. Sentía que en cualquier momento Changmin podría verle el “Te amo” tatuado en la cara.

—Todavía podemos hacerlo.

—¡Estás loco! —ahogó logrando una sonrisa en el rostro del menor. Su corazón se aceleraba al oírle mofándose de él—. Dejar de burlarte —reclamó cruzándose frente suyo—. Suficiente tengo con las bromitas de Hyunjoong como para tener que soportar ahora también tus burlas.

—¿Y quién se está burlando?

—¡QUIÉN ESTÁ HACIENDO TANTO MALDITO RUIDO! —La ruda irrupción de una varonil y conocida voz a sus espaldas le hizo callar y girar tan rápido en su lugar, que si no fuera porque las manos de Changmin le detuvieron, seguro hubiese caído al suelo—. Tenías que ser tú… ¿Qué haces en mi casa, maldito recogido? ¿Qué no entendiste, la última vez, que no eres bienvenido?

—Hy… Hyung… —balbuceó el modelo. Era claro que le habían despertado, pues aún lucía el pijama y el cabello revuelto, lo más probable era que el día anterior se hubiese desvelado, y él que pensaba que su hermano no estaba en casa—. Yo…

—¡Lárgate! Y no vuelvas jamás a esta casa —Pero los ojos del chico se alzaron para ver la figura que se erguía tras Jaejoong, y una sonrisa cínica asomó en su rostro—. ¡Oh, vaya! ¿Ya te exhibes con tu amante?

Esas palabras le hicieron palidecer. ¿Cómo decirle a Hyunjoong que Changmin no era su amante, si sí lo era? No obstante, la firme mano del menor le empujó a sus espaldas, siendo él quien quedara de frente al hermano del modelo. Hyunjoong sonrió ante tal acto.

—¿Vas a golpearme en mi propia casa? Si vas a hacerlo, espera, necesito otros testigos, porque tu amante no atestiguará en tu contra…

—¿Tu casa? —Changmin enarcó una ceja, y Hyunjoong borró su sonrisa—. ¿Acaso no sabes a quién pertenece realmente este lugar al que llamas casa? ¿O a quién pertenecía el auto que destrozaste? ¿Sabes acaso que todo lo que ahora disfrutas lo haces gracias a él? —señaló a Jaejoong, quien permanecía tras suyo algo asustado. Él era consciente de que Hyunjoong lo sabía, pero no imaginaba que Changmin fuera a utilizarlo en su contra.

—Este recogido no es…

—Sí, sí lo es —aseveró firme y frío—. Y si yo quiero… —continuó dejando mostrar esa mueca suya en forma de sonrisa, ante lo que Hyunjoong comenzó a morderse el labio—. Imagínate el resto. Vámonos, Jaejoong. —le llamó tomando al modelo de la mano que enrojeció al tiempo que su corazón amenazaba con salírsele del pecho. ¿Era en verdad necesario que le tomara de la mano frente a su hermano?

Ambos salieron de la mansión Kim oyendo todas las maldiciones de Hyunjoong, y fue hasta pasado ese momento que Changmin lo soltó.

Ahora, había un par de cosas que surcaban su mente. Una, era la idea que el chico le había metido a Hyunjoong. ¿Qué era eso que le había pedido imaginar? “Si yo quiero”… ¿Qué? “Si yo quiero, puedo refundirte en la cárcel”. ¿Sería eso? Pudiera ser, él tenía al abogado que estaba llegando su caso. O…

“Si yo quiero, le pido a Jaejoong que te eche de la casa”. No, eso no era probable.

“Si yo quiero, hago que Jaejoong te deje en la calle”. No, eso era menos probable.

“Si yo quiero, te mato a golpes si vuelves a tratarlo mal”. No, eso era lo menos, menos probable.

Y la otra idea era la del matrimonio con el actor. Je, gracioso, embarazoso y totalmente desechable. Pensar en matrimonio con Changmin, era como pensar que el infierno se derretiría.

Sin embargo, la idea le rondó en la cabeza el resto de la tarde y noche, hasta el justo instante en que Shim Changmin entró a su habitación para cobrar el trato que hubieran hecho días antes.

Ojalá todos los tratos tuvieran esa clase de cláusulas…



–.—.—.—.—.—.–



Las cosas no podían haber comenzado peor. Se había levantado tarde esa mañana porque estar con Changmin por las noches le agotaba horrores, sin contar que esa manía del chico por atarle a la cama sí, le gustaba, le hacía arder de pasión como jamás lo había hecho, pero también lo dejaba más exhausto que si no lo hiciera. No había desayunado y por llegar tarde el maestro le había puesto retardo, sin contar que no había hecho la tarea por haber estado toda la semana concentrado en la audición, así que además de retardo, tenía una mala calificación.

Ahora iba a tener que estudiar como loco si no quería reprobar y no sólo esa materia, porque ese día se habían repartido los calendarios de exámenes. ¡Estaban a la vuelta de la esquina! Iba a necesitar mucha ayuda y ponerse al cien para estudiar en el día si es que quería disfrutar de las noches con cierto actor que no había dejado de observarle en toda la mañana.

Había comido rápido, dejando a Yoochun, Boa y Hangeng sentados en la mesa para poder irse a estudiar por su cuenta. El primer examen era de literatura, una de las más sencillas. Cuando llegara a contabilidad o matemáticas le pediría ayuda a Chun o, quién sabe, quizá al propio Changmin, al fin y al cabo, era bastante inteligente.

Llegó hasta el bosquecillo detrás de la cafetería de la escuela y se sentó bajo ese árbol que tantos recuerdos le traía del actor. Estaba tan concentrado en estudiar para los exámenes que no prestó atención a su alrededor, tan absorto que no notó cuando alguien llegó hasta él. Un trozo de papel color sepia cayendo frente a él le hizo alzar la vista, y ambos ojos oscuros se abrieron al encontrar a su costado a su odiosamente alto ‘amante a fuerzas’.

Changmin estaba recargado en el tronco del árbol, con una mano en el bolsillo y la otra levantada, la pose en la cual había quedado luego de dejar caer aquella hoja justo en medio de su libro.

—¿Qué es esto? —preguntó tomándola sin verla, atento a los ojos castaños que le miraban con la misma profundidad.

—Michael me lo trajo esta mañana —explicó sin desviar la mira—. Es una copia en la que se especifica que tu hermano ya no debe nada. Todos los daños fueron cubiertos y ya no hay forma de que vuelva a la cárcel… por este delito —aclaró—. Aún puede cometer muchos otros.

Jaejoong volteó a ver la hoja en sus manos y se puso de pie, presa del temblor que amenazaba su cuerpo. Ese simple trozo de papel representaba su libertad… ¡Su libertad! Changmin ya no tenía con qué chantajearlo. ¿Y por qué se sentía tan dolido? ¿Por qué si Changmin le entregaba esa hoja, que representaba al fin verse libre de él, dolía tanto? ¿Es que Changmin quería deshacerse de él? ¿Tan pronto se había cansado de su cuerpo? ¿De su sabor?… ¿De su amor?

Sintió algo quebrándose en su interior, empezando a arrugar la hoja entre sus dedos sin darse cuenta.

—¿Con esto se rompe el trato? —cuestionó sintiendo el sudor frío recorrerle la espalda. No quería verlo, porque de hacerlo y si le decía que sí, sentía que se soltaría a llorar.

—Te entrego la copia porque si hemos de seguir, será por tu propia voluntad. Si no aceptas, podremos romper el trato. —El pelinegro alzó la vista con ambos ojos negros abiertos de par en par.

¿Por su propia voluntad? Pero… Pero, eso significaría que Changmin se enteraría de lo que sentía por él. Por lo menos el que le amenazara con regresar a su hermano a la cárcel le daba a él un pretexto para entregarse a sus deseos. ¿Pero ahora? ¿Con esa hoja entre sus manos, cómo le haría?

—Yo… —no terminó de hablar cuando Changmin se dio la vuelta sin esperar respuesta. Se dio prisa en pararse para tratar de detenerle, pero… ¿qué iba a decirle? ¿“No te vayas, te amo”? ¡No! Changmin sólo le utilizaba, no podía decirle que le amaba. Jamás lo haría… JAMÁS.

—Esta noche iré a tu habitación por la respuesta. —le escuchó decir mientras se alejaba, perdiéndose entre los arbustos.

Esa noche, Jaejoong estuvo especialmente nervioso. Se había pasado toda la tarde repitiendo en su cabeza que era lo mejor. Rompería el trato, Changmin se alejaría de él y las cosas regresarían a la normalidad…

¿Normalidad?

¿Pero a qué normalidad podría regresar? ¡Estaba enamorado de un hombre! ¡Estaba enamorado del maldito Témpano de Hielo Shim! Eso jamás iba a cambiar. Estaba enamorado del ‘Cubito’, y bien que lo sabía.

Se agachó bajo la cama para buscar la botella de vino, pero no había ninguna. «Maldición» Necesitaba algo fuerte para animarse a dar ese paso, pero desde hacía unas semanas que ya no había licor en su habitación. Se había bebido la última hasta el fondo el día en el que se hubiera entregado a Changmin por primera vez.

Se sentó de nuevo en la cama, acalorado, y se retiró la playera que usaba para dormir. Era casi la media noche, sabía que Changmin aparecería en cualquier momento y quería estar preparado para responder. Lo tenía decidido, iba a romper el trato. Giró la vista de nuevo hasta su buró. La luz de la lámpara iluminaba por completo aquella hoja que el chico le entregara en la tarde: su libertad.

Escuchó la puerta de su balcón abrirse y los nervios regresaron a él. Tragó saliva y levantó la vista para ver la sombra de aquel a quien amaba desprenderse de su sitio para situarse en la pared que llevaba a la puerta de salida. En el suelo se dibujaba la perfecta silueta de Changmin, sus brazos, sus largas piernas, ese torso bien trabajado que tantas veces le había sostenido, esas caderas angostas que se transparentaban bajo la tela del pijama gracias a la luz de la luna colándose por el balcón.

Se sintió temblar, cual si la mirada ajena pudiera recorrerle la espalda desnuda. El menor avanzó, directo hasta donde él se encontraba y se sintió ruborizar.

Sintió a sí mismo, la tibieza de aquel dedo índice colocarse bajo su barbilla para obligarle a verlo, y sus ojos pronto se fundieron en los del actor. No sabía qué había en aquella mirada. ¿Tristeza? ¿Temor? ¿Inseguridad? Era la primera vez que veía algo diferente al hielo o el desinterés en aquellos ojos, y eso le hizo temblar. ¿Changmin estaba inseguro? ¿De qué? ¿De su respuesta?

—¿Vamos a romper el trato? —le escuchó preguntar, su voz ajena a toda esa inseguridad que su mirar reflejaba.

Su tono era más bien sereno, implacable, tan seguro como siempre lo había oído, pese a que sus ojos demostraran todo lo contrario. Era como si temblaran ante cada palabra pronunciada, transmitiendo todo aquello que Changmin trataba de ocultar con ese tono de voz que ante los demás sonaba tan frío, no obstante, podía uno darse cuenta al escucharle sin dejar de mirarle a los ojos que el chico sólo ocultaba su verdadero yo tras ese tono insensible.

¿Por qué hasta ahora se daba cuenta? ¿Por qué jamás se había percatado de ello?

—Sí. —afirmó subiendo los brazos para atrapar con sus labios los del menor, para ser él quien le besara profundizando el beso al tomarlo por la nuca y dejar que fuera su lengua la que invadiera la boca del actor, la que saboreara y explorara aquella cavidad que tantas veces le había hecho temblar.

Jaejoong había sentido su voluntad quebrarse ante aquella mirada, ante aquello que había podido ver en los ojos castaños, algo que jamás había visto antes. La decisión que hubiera tomado, la mandó hasta lo más profundo de su ser y se decidió a ser él quien esta vez se entregara por su propia voluntad.

Por su voluntad…

Sentía la boca de Changmin devorarle a besos de una forma tan intensa que sólo podía estremecerse. Se estaba entregando a él por voluntad, sin una amenaza de por medio y se sentía flotar por las nubes. ¿Acaso por fin le retenía por un motivo diferente? No le había escuchado decir ninguna palabra amorosa durante o después de haberle dicho que rompía el trato, pues ahora lo único que podía oír no eran sino sus gemidos acompañados por su nombre. ¿Era eso una señal? No lo sabía, pero esos sonidos eran suficientes para sentirse dichoso. Quizá no le amaba como le gustaría, pero con su amor bastaría para los dos.

Sus propias manos se movieron solas por sobre el pijama del actor, deslizando los botones lento, uno a uno para ir dejando expuesta la piel bronceada y tonificada que más tarde recorrió con gusto, sin miedos ni presiones. Excitándose con los ligeros quejidos que escapaban de su boca y la del menor sin realmente buscarlo, rindiéndose al placer que sus besos y caricias sabían bien despertar en ambos. Era el éxtasis lo que le sofocaba y le hacía transpirar, con la piel ardiendo incapaz de percibir siquiera el viento fresco que se colaba en la habitación.

Sin saber cómo fue que ambos llegaron hasta la cama, besándose con pasión y dejando que, esta vez, ambas lenguas recorrieran sus cuerpos en compañía de sus manos. Tocando todo cuanto fuera posible, dejando de lado todo aquello que estorbara. Esta vez no había amenazas, no había sogas o corbatas. Esta vez, era una entrega mutua y voluntaria…

Fuertes golpes a la puerta, acompañados de una voz masculina urgente les hizo separarse con brusquedad. Jaejoong sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al reconocer el apremiante llamado del director Lee.

—¡JAEJOONG, ABRE LA PUERTA! —volvió a gritar el hombre.

—¡Nos descubrieron! —ahogó el pelinegro cuando por fin pudo reaccionar, levantándose a la carrera para ponerse el pantalón del pijama y colocarse la bata larga, en tanto Changmin tomaba sus ropas con velocidad pero respondía sereno.

—No, si nos hubieran descubierto el director hubiera abierto la puerta para encontrarnos infraganti. Creo que algo pasó…

Un fuerte y doloroso golpe asestó el estómago de Jaejoong ante tal afirmación, luego de verle salir a prisa por el balcón, y sólo atinó a correr hasta la puerta para abrir. El corazón se le fue a la garganta, presa del temor a sus palabras. Changmin le había quitado el miedo de haber sido descubiertos, pero le había metido hasta el alma otro mucho peor.

Sus ojos se dejaron caer con sorpresa en los marrones del hombre mayor, que más parecían tristes. Lucía un pijama a rayas y sus cabellos yacían alborotados, señal clara de que acababa de levantarse. Su temor creía más, algo grave había pasado y el director había sido levantado de madrugada…

«Dios… Por favor, no…»

El notar que los labios del director temblaban le aceleró el pulso, dándole pie a imaginar un sinfín de cosas, pero se dio prisa en despejarlas, esperando con paciencia y apretando sus manos en tanto rogaba porque sus peores temores no fueran a hacerse realidad.

Pero los fuertes brazos del director se apretaron sobre su espalda, abrazándole de una forma tan confortante, justo como cuando era niño y se sentía afligido por algo.

—Lo siento, Jaejoong, lo siento mucho…

Quiso abrir la boca y preguntarle por qué, pero de esta no salieron las palabras; se le había secado de golpe y su mente, había quedado en blanco.

—Tu padre acaba de morir…

Y entonces su corazón se detuvo, y un fuerte grito escapó por fin desde lo más profundo de su ser mientras abrazaba al hombre frente a sí, como si con ese acto pudiera borrar de su cabeza lo antes dicho…

Como si con ese acto pudiera despertar de esa horrible pesadilla…

Pero no hay peor pesadilla que la realidad



 ❥ Fin del Capítulo Once.



—.—.—



Lamento MUCHO la tardanza. En esta ocasión, fue por razones externas a mí (para quienes me conocen y estuvieron al pendiente mío, sabrán que me operaron y estuve hospitalizada), ojalá puedan entender.

De momento sigo en recuperación y tal, así que tal vez tarde un poco también con el siguiente capítulo, pero intentaré tenerlo (dentro de lo posible) lo más rápido.

Espero les haya gustado el capítulo~  Gracias por su paciencia.



2 comentarios:

mariposa_22_11 dijo...

OH dios;;

Es que, es que... ante lo último, tengo que decir que seguro Hyun Joong le dijo algo scsdfvdchdgvf Pobre su padre:c

Soulfighter... ;;

Es que.. la historia está interesante, y quiero saber de la bendita venganza, ¿porqué tanto enzañamiento contra JJ?.. Tsk.

Continua T.T

I love you~ <3

América. dijo...

AHASDVASHDVASDVAJSDVETYUFRA D:

NO PORQUE!, cuando jae ya lo habia aceptado apesar de que ¨segun¨ changmin no lo ama
SEGURO la muerte del padre fue obra de hyunjoong -ese maldito-


continua pronto, y que te mejores Evelyn ♥

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