Tortura: Capítulo 2

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Jaejoong se inclinó un poco sobre su pupitre y observó de reojo el perfecto perfil de Changmin sobresalir entre el cabello oscuro de Boa. Estaba atento al pizarrón y lo que el maestro decía sin hacer caso al mundo exterior.

Suspiró cansío.

Hacía tres días que le había golpeado en el rostro y causado un reverendo alboroto en toda la escuela. La noticia de que le había pegado a Shim Changmin se había regado como polvorín por cada rincón del lugar. Boa no le hablaba desde entonces. En los desayunos, que era cuando les acompañaba, les había dejado solos. Yoochun pensaba que se había desquitado de lo que Changmin le había hecho un año antes y prefirió no sacarlo del error, pero cuando los alumnos lo rodearon a la hora del almuerzo para cuestionarle por lo sucedido no tuvo mejor idea que quedarse callado para luego asegurar que era algo entre el actor y él.

Y realmente sí era algo entre ellos dos.

Ese día pudo ver la fría mirada que Changmin le dirigió cuando se vio rodeado de todos esos chicos. Se dice que las mujeres son chismosas, pero los hombres no se quedan atrás. Todos querían saber el motivo del pleito, pero aferrándose a lo que pudo evitó hablar del asunto. Ni siquiera a su representante, Sunny, le dijo el motivo por el que le había pegado al actor, sólo se encargó de hablarle para advertirle que estuviera pendiente de la demanda que le harían llegar. Jamás había escuchado a Sunny tan molesta como ese día.

Había estado soñando con el día en que golpeara a Changmin, pensando que se sentiría mejor al ver el moretón del ojo en su cara, pero no era así. Lo que pudo ver en esos días fue el labio reventado y lejos de hacerle sentir mejor, se sentía culpable. Un sentimiento nada agradable.

Algo que se le hacía muy extraño es que la noticia la sabían todos los alumnos pero, ¿y los profesores? Había golpeado a un alumno, y no a cualquier alumno, había golpeado a Shim Changmin y la prueba era ese labio; extrañamente, no había sido mandado a detención por ello. No es que le gustara estar detenido, sólo que los profesores no solían dejar pasar algo como eso tan fácil. Para su fortuna, parecía que por única vez se había salvado.

Ojalá dijera lo mismo de la demanda.

Sin embargo, ya era viernes y la demanda aún no caía. ¿Tanto tiempo se llevaban? Bueno, no conocía tanto de leyes como para saber si una demanda por agresión se tardaba más de un par de días, pero en lo general cuando había visto en las noticias de espectáculos que Changmin agredía a algún reportero, al día siguiente ya avisaban de la demanda en su contra.

¿Se habría arrepentido?

¡No, qué va! Eso lo dudaba. Incluso la noticia de que un alumno lo había golpeado se mencionó en el programa de chismes K! News Live. Y era poco probable que algo así fuese ignorado por el actor.
Lo único bueno de todo esto, es que Changmin ya no había vuelto a besarle. Ojalá hubiese sabido desde el primer momento que la forma de detenerlo era golpearlo.

Suspiró de nuevo, bajando la vista hasta la paleta de su pupitre para volverla a levantar y voltear hasta donde Changmin se sentaba.

Sintió el calor subir por todo su rostro cuando su mirada chocó con la del actor, que le observaba insistentemente. Su corazón comenzó a latir fuerte en su pecho y se obligó a sí mismo a fruncir el ceño en señal de molestia. Pero la orden no era seguida por su cuerpo, y sus cejas permanecían elevadas con sorpresa.

—¡Maldición, qué estoy haciendo! —murmuró en voz baja recargándose por completo en el pupitre, dejando que la figura de Boa ocultara tras de sí al actor en su lugar.

Por suerte ya era viernes, era la última hora y después de la comida tenía permiso para abandonar el colegio. El trabajo no le caería nada mal, eso le obligaría a dejar de pensar en la maldita demanda que no llegaba. Y sobre todo, le permitiría ocupar su cabeza en otras cosas que no fuera el actor Shim. Tendría todo un fin de semana de descanso, ya que no le vería más. Y la semana siguiente, por fin comenzaban los talleres que le mantendrían ocupado toda la tarde. Necesitaba regresar al taller de teatro, al de danza y al de pasarela. Y por supuesto, el nuevo curso de dicción. Lugares en los que estaba seguro, ese egocéntrico no estaba inscrito.

Ese simple pensamiento le hizo sonreír.

El timbre del medio día le sorprendió demasiado rápido, había estado tan absorto en sus pensamientos que no recordaba nada de las clases. Iba a tener que pedirle a Yoochun que le explicara si llegado el examen no entendía algo.

¡Ese estúpido actor tenía la culpa de que estuviera tan distraído en clases!

Andado al lado de Yoochun, ambos se encaminaron al comedor. De nuevo Boa les había ignorado yéndose con algunas de sus amigas y dejándolos solos. Por un lado se sentía bien de que no estuviera con ellos, por lo menos así no la escucharía alabar tanto a ese infeliz de Changmin. Pero por otro, se sentía culpable de su enojo. Aunque no le había hecho nada a ella, quien había recibido el golpe era el actor.

—Ella es quien tiene que disculparse —bufó en voz baja, atrayendo la mirada de su amigo hasta él.

—¿Piensas en Boa? —indagó al ver que la mirada de Jaejoong estaba puesta en la mencionada, a varias mesas de distancia.

—Sí, ella es la que se enojó. Yo no le hice nada. Yo no voy a pedir disculpas por algo que no vale la pena —se quejó girando el rostro con molestia. Yoochun sólo mordió una manzana sin decir nada—. Todavía le hubiera hecho algo, pero no. Sólo golpeé a ese infeliz de Changmin. ¿Por qué se enoja? Ni que le hubiera pegado a ella.

—Será porque le gusta —comentó sin expresión alguna y Jaejoong le regresó una mirada molesta.

—Ese maldito de Shim Changmin, ahora también ha logrado que mi única amiga se enoje conmigo por su culpa.

Sintiéndose repentinamente observado, giró la vista sólo para sorprenderse al toparse con un par de profundos ojos clavados en su rostro. Changmin estaba muy cerca de ellos, en la mesa contigua a la suya, por lo que cualquier cosa que hablaban era seguida por los finos oídos del actor. Con molestia levantó la mano haciéndole una señal obscena con el dedo. Al ver el gesto, Changmin desvió la vista de nuevo hasta su libro.

—¡Jae! Deja de ser tan infantil —le recriminó Yoochun, tomándole de la mano para obligarle a bajarla.

—Estoy molesto —susurró dejando descansar la cabeza sobre uno de sus brazos, pero su corazón latía a toda prisa y trataba de ocultar a toda costa el sonrojo que la mirada de Changmin le había causado.

—Pues haciendo señales a Changmin no lograrás calmarte —advirtió—. Por el contrario, si un maestro llegar a verte, irás directo a detención.

—Como si no estuviera acostumbrado —volvió a murmurar. Yoochun sólo esbozó una media sonrisa al ver la expresión en la cara del chico.

Justo entonces ambos voltearon al momento en que, desde una mesa a espalda de ellos, dos chicas se levantaron a la carrera lanzando gritos. Las conocía bien a ambas. Una era estudiante de actuación y la otra de baile. Ambas eran hermosas, pero la aspirante a actriz era sumamente coqueta y eso le encantaba de ella. No le pasaban desapercibidos sus múltiples intentos por acercarse a él en las clases de teatro.

Al ver que ambas se dirigían a ellos lanzó una mirada de reojo a Changmin en su mesa; él seguía atento a su lectura. Se enderezó en su sitio y sonrió ampliamente cuando las chicas se detuvieron a un costado suyo.

—¡Jaejoong! Nos hemos enterado que saldrás este fin de semana —insinuó alegre la actriz, sonriendo de forma coqueta. Jaejoong sonrió a su vez.

—Así es, estaré de regreso hasta el domingo en la noche o lunes por la mañana.

Changmin enarcó sólo una ceja sin despegar su vista del libro, mientras tomaba con su mano un vaso de jugo para llevarlo hasta su boca.

—¿Puedo encargarte algo? —cuestionó la chica deslizando su delgada mano sobre la del modelo. Jaejoong ensanchó más su sonrisa sin intentar retirar aquel toque; levantó la vista para verla a los ojos y responder divertido.

—No voy a comprarte un vibrador…

—¡JAEJOONG! —exclamó ella avergonzada al tiempo que Changmin escupía todo el jugo y comenzaba a toser. Todos voltearon hasta la mesa del actor, mientras Jaejoong sonreía amplio sólo de verlo. Se había dado cuenta que escuchaba su conversación, y aquella mención había sido hecha precisamente por ello, con la firme intención de avergonzarlo y, al parecer, había dado resultado.

—Sólo estaba bromeando —se carcajeó notando la reacción del moreno, lo que le causaba más gracia que el propio sonrojo de la chica frente a él.

—De todas formas ya tengo uno —admitió también riendo, a lo que Changmin regresó su vista al libro, no sin observarlos de reojo.

—¿Entonces qué quieres? —preguntó aún riendo.

—Contrabando —Seria y nada disimuladamente, acarició con un dedo la mano del modelo.

—Mi especialidad, princesa —le sonrió con complicidad—. ¿Pero de qué tipo?

—¡¡Chocolates!! —Y la mirada soñadora arrancó las carcajadas de Yoochun—. ¿Pues a qué tipo de contrabando crees que me refería, Chun? Sabes que en la escuela no nos dejan meter ese tipo de comida, palabras de doña amargada “deben cuidar la línea, jovencitas” —arremedó imitándola, produciendo nuevas risas en Jaejoong.

—Cuenta con tus chocolates, ya sabes que yo puedo meter a la escuela cualquier cosa…

—¿Hasta chicos? —inquirió en tono seductor.

—¡Hey! —recriminó el modelo—. ¿Para qué quieres chicos si aquí habemos muchos? —La actriz comenzó a reír, pero se acercó para intentar susurrarle al oído.

—Sí, lo sé, pero algunos son raros —Jaejoong se enderezó en su sitio y jaló del brazo a Yoochun.

—Yo no, ni Yoochun tampoco —Y el aludido sólo lo observó sin decir nada, tras que las chicas reían de nuevo para después despedirse.

El modelo se despidió agitando su mano. Le encantaba que le prestaran ese tipo de atenciones, sobre todo cuando eran chicas. No le molestaba que alguno que otro chico también se mostrara atraído por él, sólo le molestaba cuando era Changmin quien mostraba cierto interés. Giró el rostro con molestia para ver de nuevo a su enemigo sumido en su lectura, pero cuando levantó la vista se encontró con Yoochun mirándole muy serio.

—¿Qué pasa, Chunnie? —Ocasionalmente Yoochun podía ser muy serio, pero esa mirada oscura sólo se la dirigía cuando estaba molesto.

—No me metas en tus asuntos, Jaejoong —reclamó. El pelinegro comenzó a reír de nuevo.

—Lo lamento, amigo, olvidé que tú ya tienes otro asunto en la sinfónica —recordó riendo—. A ver qué día voy a visitarte y me presentas a la chica —Yoochun sólo frunció más el entrecejo y se levantó a la carrera.

—Ni lo pienses —cortó seriamente, alejándose de la mesa mientras Jaejoong alcanzaba a gritarle.

—¡Prometo no quitártela! —Pero él ya iba muy lejos como para oírle.

Regresó su vista hasta la mesa. Esta vez Yoochun no se había llevado su charola, era una clara muestra de que estaba molesto. Pero, ¿por qué? ¿Qué había hecho para que Yoochun se molestara? O, ¿era algo que había dicho? Rascó su cabeza tratando de entender la molestia de su amigo, pero no encontraba nada que pudiera aclararle. Yoochun a veces se molestaba sin motivos. Sobre todo cuando le insinuaba cosas sobre las chicas, como ahora. Pero el hecho de que tuviera novia no le quitaba la vista, ¿no? Podía admirar la belleza de las otras. No cabía duda que Yoochun a veces era raro. Claro que no al tipo de raro al que se referían las chicas que acababan de irse. El único tipo raro que encajaba en esa descripción era el que estaba sentado en la mesa cercana a la suya…

Giró la vista de nuevo y pudo ver a Changmin todavía en su mesa leyendo. ¿Qué acaso este tipo no se cansaba de leer? Por lo visto no, porque desde el lunes que le había visto, llevaba ese libro con él. A menos que no fuese un libro y fuese una historieta. Rió para sí mismo al recordar el montón de libros que tenía en su habitación, cuya parte principal era una de esas revistas. Por lo menos así los maestros no le regañaban. Pero dudaba mucho que lo que Changmin leía fuera una de esas.

Se agachó un poco sobre la mesa para poder leer el título del libro.

“Derecho Civil y Penal”

No pudo evitar que algo amargo bajara por su garganta hasta el estomago. ¿Qué acaso este tipo estaba leyendo ese libro para demandarlo? ¿Acaso era por eso que aún no se la enviaban a Sunny? ¿Por qué él estaba leyendo cómo hacerla? ¿No sabía que no tenía que leer un libro de derecho para entablar una demanda por agresión? ¿Qué no son los abogados quienes la ponen?

Toda una gama de preguntas inundó su cabeza, se levantó de mala gana de la mesa llevándose ambas charolas en la mano. Sunny no tardaría en llegar por él y aún tenía que quitarse el uniforme. Giró de nuevo la vista hasta donde Changmin seguía leyendo.

¿Realmente iba a demandarlo? Quizá lo mejor era preguntarle y avisarle a Sunny. No, ¿por qué preguntarle? Si lo iba a demandar que lo hiciera, total, ¿qué tanto podría costarle un puñetazo en esa bonita cara?

¿Bonita?...

Agitó la cabeza cuando esa palabra cruzó de nuevo por su cabeza. Pero para qué negarlo, Changmin era uno de los rostros más conocidos en el medio y estaba dentro de los 50 hombres más sexys de la revista Asta TV. Debía tener una linda cara después de todo.

Volvió a agitar la cabeza cuando la duda sobre la demanda le inundó nuevamente. La curiosidad y la incertidumbre eran más fuertes que él. ¿Por qué la curiosidad siempre tenía que ganarle? Sin poder reprimirle por más tiempo, se giró sobre sus talones y se plantó frente a la mesa de Changmin totalmente decidido a preguntarle. Aspiró suficiente aire para hacer que su corazón dejara de latir tan aprisa, y habló.

—Oye, quiero preguntarte algo —soltó a la carrera, muy seriamente. Changmin despegó su vista del libro y levantó sólo una ceja—. ¿Vas a demandarme o no?

—¿Quieres que lo haga? —cuestionó de una manera tan calma, que los nervios de Jaejoong se alteraron aún más.

—No es que quiera o no quiera, es que siempre lo haces, además me dijiste que si te golpeaba me demandarías y hasta el día de hoy no le ha llegado nada a mi representante —acusó acaloradamente clavando su mirada sobre la ajena, elevando un poco el tono de voz.

Changmin se percató, mirando de reojo, que la mayoría de los alumnos estaban atentos a su conversación. Ya alguien había tenido la osadía de filtrarle información a la prensa, y no quería que de nuevo algo llegara hasta ellos.

—Hablemos en otro lado —señaló levantándose de su silla, tomando a Jaejoong por el brazo.

La sorpresa acudió de inmediato al rostro del modelo, no iba a permitir que Changmin lo llevara a ningún lado. Demasiadas malas experiencias en tan pocos días acudían a su cabeza al estar a solas con él. Así que de un tirón se soltó del agarre del actor.

—No voy a ir a ningún lado contigo —cortó con tono enérgico.

Changmin observó de reojo el cómo varios de los alumnos en las mesas comenzaban a girarse para ver la discusión. Incluso algunos comían alguna fruta girando por completo la silla, como si el verlos pelearse fuera una escena de teatro o un espectáculo de circo.

—¿Quieres que todo el mundo se entere? —cuestionó señalando con la mano a algunos compañeros. Jaejoong giró a donde se le señalaba y el rubor cubrió su rostro al entender a lo que se refería—. Porque conociendo tu carácter impulsivo, eres capaz de decir el motivo del pleito.

El color carmín se intensificó en su rostro al recordar cuál era el verdadero motivo de la pelea: las tres veces en que lo había besado. Era más seguro hablar con él donde hubiera gente, pero también era imprudente, porque cuando él se enojaba –y estando con Changmin era más frecuente–, no medía la magnitud de sus palabras.

Resignado, suspiró de forma vencida.

—Está bien, vamos a otro lado.

Ambos salieron del comedor con todas las miradas de los alumnos sobre sus espaldas. Era muy incómodo sentirse observado de esa forma, como si estuvieran esperando el momento clímax de una vieja película de acción, a que el protagonista y el antagonista se agarraran a golpes para llegar al final de la historia con uno de los dos muerto. Claro que enfrascarse en una pelea a golpes era algo que no iba a volver a suceder. Esperaba…

Llegaron hasta el bosquecillo que se encontraba detrás del comedor de la escuela. Changmin se detuvo bajo un gran árbol que quedaba frente a los ventanales del enorme salón, sólo que los árboles y los arbustos les cubrían lo suficiente como para no ser observados por los estudiantes que aún se encontraban dentro del lugar.

Los ojos oscuros de Changmin no perdían detalle de los movimientos del modelo, se notaba nervioso. Apretaba con fuerza sus puños y la vista la mantenía baja. No parecía querer darle la cara, pero él no iba a ser quien hablara primero. Sólo se limitó a cruzar los brazos y esperar.

Jaejoong sentía su corazón latiendo a toda prisa, debían haberse quedado dentro de la escuela, era más seguro, pero Changmin había caminado hasta ese lugar y él no se había dado cuenta hasta que su enemigo se detuvo. En su cabeza sólo se repetía la misma frase: «Diablos, no debí venir con él». Pero ya era demasiado tarde, y no se iría hasta obtener la respuesta que había ido buscando.

—¿Y bien? —enfrentó él levantando la vista, topándose contra la profundidad de la mirada de Changmin. Era tan gélida que daba calosfríos sólo al verle—. Vas a demandarme, ¿sí o no?

La mirada del más alto no pareció cambiar ante la pregunta. No sabía qué esperar del actor, no sabía cómo interpretar esa aparente frialdad con la que siempre se conducía. Bueno, no siempre… pero odiaba pensar en esos instantes en que el chico había lucido diferente.

Changmin entrecerró los ojos dejando descansar media espalda en el tronco del árbol, y sin abandonar la calma, se limitó a hablar de una póliza de seguro que le cubría y garantizaba cierta suma de dinero si algo físico le llegaba a pasar.

—Así que, cada parte de mi cuerpo tiene un valor. Y como mi cara es lo que me da trabajo, está valuada en 2 millones de dólares; algo así como 2,500 millones de won, que es lo que te costaría la demanda.

Jaejoong sintió algo amargo bajar por su estómago y obligarle a casi devolver la comida que acaba de probar, dejándolo por completo sin palabras y totalmente asombrado. ¿Dos mil quinientos millones de won sólo por haberle dado un puñetazo en la cara? Era una suma impagable, por lo menos para él, porque a pesar de ser uno de los modelos mejores pagados del medio, casi todo lo que ganaba iba a parar a manos de su familia adoptiva. Él sólo tenía una cuenta corriente con lo mínimo indispensable en ella.

Changmin observó con agrado el gesto en la cara de Jaejoong, era fácil darse cuenta que 2,500 millones era una suma demasiado alta para él… o cualquiera. Por eso los fotógrafos no le golpeaban y sólo se limitaban a recibir sus puños cuando le fastidiaban. Era más fácil recibir un golpe y una buena suma, a pagar 2,500 millones por agredirle.

—No levanté la demanda, porque pensé que preferirías un arreglo —prosiguió, observándolo con fijeza. Jaejoong pareció despertar de lo que se le hacía una pesadilla y vio al actor de nuevo. Tenía la garganta hecha nudo, pero no quería dárselo a notar.

—¿Qué clase de arreglo? —preguntó, tratando de no sonar temeroso, aun si por dentro se sentía asustado sólo de imaginar lo que diría su padre cuando la demanda fuese interpuesta. Eso le podría provocar un infarto. De por sí las cosas no iban bien con ellos… ser el causante de la muerte de su padre se sumaría a la aberración que su familia sentía por él.

—Tú a cambio.

Su corazón comenzó a martillar con dolor en el pecho y abrió los ojos asombrado, tratando de comprender lo que aquella frase significaba. Pero no podía encontrar una respuesta satisfactoria… o por lo menos no lo satisfactoria que le gustaría. Totalmente confundido, volvió a levantar la mirada para enfrentar la fría del actor.

—¿Qué quieres decir con que yo a cambio? —apretó los puños, comenzando a sospechar lo que aquello significaba. Un imperceptible temblor amenazaba con hacerle caer, pero no iba a demostrarle nada. ¡No! No a ese pesado de Shim Changmin.

—Justo lo que estás pensando…

—Yo no estoy pensando nada. Dime, ¿qué es lo que estás tratando de decirme? —demandó elevando el tono de voz. No podía creerlo, no quería creerlo. ¡No podía ser que Changmin estuviera tratando de comprarlo!

—¿Tratando?... —suspiró el actor—. No, te lo diré de forma directa.

Jaejoong guardó silencio, esperando por lo que estuviera a punto de decirle. Por su cabeza pasaron mil y una respuesta distinta a la que surcó su mente nada más oyó lo del arreglo, pero esa mirada fría que Changmin le dirigía no podía significar nada. Sin embargo, estaba nervioso de oír lo que le propondría.

—Sé mi amante… y además de olvidarnos de la demanda, te abriré todas las puertas que necesites.

El completo desprecio apareció en su rostro, al igual que un intenso color carmín. Al parecer lo que Changmin le estaba proponiendo, sí era lo primero que había imaginado. El coraje le embargó el cuerpo. ¿Cómo era posible que tan siquiera se atreviera a solicitarlo? ¡Ni siquiera era gay!

—¡TÚ ESTÁS LOCO! ¿Cuántas veces quieres que te diga que no soy gay? —reclamó con desespero. No quería ni imaginar la propuesta, pero su hiperactiva imaginación le obligaba a contemplarla sin poderla frenar. Llevando consigo una y otra vez las imágenes del gimnasio o las del salón de clases.

Sacudió la cabeza de forma enérgica para apartar esas horribles imágenes de su mente, justo en el momento en el que Changmin volvía a hablarle.

—No necesitas ser gay para lo que te propongo —aseguró, tan fríamente que su voz le causó un cosquilleó por toda la piel al escucharle. ¡No podía estarle pasando eso a él!

—Tampoco estoy en venta, ¿quién crees que soy? —recriminó molesto, pero la mueca en el rostro de Changmin le indicó que ninguna de sus palabras le estaban causando gran impacto.

—Alguien sumamente atractivo que no tiene 2,500 millones para pagar una demanda.

¡Tenía razón! ¡Tenía toda la maldita razón! No podía pagar semejante suma, pero tampoco estaba dispuesto a tener nada que ver con ese egocéntrico actor. No sabía cómo, pero tenía que hacer algo, de algún modo tenía que hacerlo. No iba a dejarse tan fácilmente de ese actorcillo. Contrataría un abogado que le defendiera, eso sí podía pagarlo, además, cualquiera pudo haberle pegado al actor, era sumamente engreído y arrogante. No precisamente tuvo que ser él. ¡El actor caía mal a cualquiera!

—Meteré abogados, no voy a pagarte de ninguna forma. ¿Cómo vas a comprobar que fui yo quien te pegó? Pudo ser cualquiera —aseveró alzando la voz, sonando ya algo desesperado. Pero la mueca en el rostro de Changmin no desapareció. Todo parecía indicar que esperaba que Jaejoong dijera algo como eso.

—Tengo tres testigos que te vieron golpearme, serían cuatro, pero dudo que Park atestigüe que te vio. Además, está mi labio reventado y las curaciones que se me hicieron en la enfermería, estás en mis manos —Jaejoong apretó los ojos fuertemente. Tenía que haber algo que pudiera hacer. Changmin le había estado acosando, quizá eso pudiera funcionar.

—Pero tú me has acosado desde que llegaste a esta escuela, voy a contra demandarte —aseguró sintiéndose algo más aliviado. Una contra demanda pondría en el ojo del huracán al actor y si no quería verse envuelto en un escándalo, más le valía no demandarlo por el golpe.

Sin embargo, Changmin no parecía sorprendido. Seguía con los brazos cruzados, observándolo fijamente sin moverse un solo centímetro de su lugar. Era tan frío, que parecía estar hablando del clima y no de un arreglo que implicaba 2,500 millones de won, una demanda por acoso sexual o su cuerpo. ¿Es que acaso no le importaba todo lo que un escándalo como ese le podría causar?

—No tienes testigos, ni pruebas de lo que afirmas. Todo ha ocurrido estando a solas: en mi habitación, en el gimnasio después de la hora en que se cierran los dormitorios y en el salón de clases antes de que estas comenzaran. Sé cuidarme, Kim Jaejoong.

«Maldición, es cierto» se dijo al apretar con fuerza sus manos. Al parecer Changmin lo había estado planeando todo muy bien. ¿Era eso? ¿Lo había estado planeando? No, era imposible. Aun así, el escándalo por decir que el chico lo había estado acosando sería perjudicial para su carrera como actor. Respiró un poco más aliviado al sólo imaginarlo.

—Pero con el simple hecho de decir que me has estado acosando, armaría un escándalo a tu alrededor. Se daría a conocer que eres gay, ¿acaso no te importa eso? —sonrió.

—Mejor para mí que se arme un escándalo, sería publicidad —confesó cruzado de brazos, logrando que la sonrisa de Jaejoong se borrara—. No sería la primera vez que estoy en medio de uno. Y sobre el que soy gay, es mi representante quien no quiere que se dé a conocer, a mí me tiene sin cuidado que lo sepan o no. Tengo el suficiente dinero como para retirarme del medio y vivir de mis negocios. No me afectaría en nada que dejaran de ofertarme contratos.

Los nervios volvieron a hacer presa de Jaejoong, y cada vez se hacía más grande la sospecha de que Changmin lo tenía todo muy bien calculado.

—Lo tenías todo planeado, ¿verdad? —acusó con voz grave.

—No, sólo se presentó la oportunidad, y no pienso desperdiciarla.

—No voy… No me agradas lo más mínimo —Trataría por todos los medios de disuadirle, si no de la demanda, del arreglo.

—No necesitas sentir nada por mí, sólo sería cuestión de negocios.

Jaejoong apretó los dientes pensando para sí mismo «Dilo, sólo sería cuestión de sexo, desgraciado Shim Changmin».

—No involucraría ninguna clase de sentimientos. Puedes odiarme si quieres.

—No lo quiero, pero ya te odio, Shim Changmin —masculló apretando los ojos.

—¿Entonces estás aceptando?

—¡Definitivamente no! —contradijo abriendo los ojos, mirándolo fijamente—. Haz lo que se te dé la gana con esa demanda, ya veré la forma de salir de ella.

Se giró rápidamente para dejar de verlo, tenía ganas de salir corriendo y gritar su frustración. Si se quedaba un segundo más frente al actor le daría otro puñetazo en la cara, lo cual podría causarle otra demanda o algo aun peor.

Pero apenas se había dado la vuelta, sintió cómo una fuerte mano se cerraba sobre su muñeca y de un tirón era lanzado contra el tronco del árbol, siendo arrinconado contra este. Cerró los ojos por instinto al sentir la rasposa corteza contra su espalda y el calor de otro cuerpo frente al suyo que le hizo estremecer.

No podía moverse. Sus manos estaban inmóviles, sujetas por un par de fuertes brazos. Sintió el cálido aliento chocar contra sus mejillas haciéndole enrojecer. Abrió los ojos de golpe al reconocer ese aroma que inundaba sus pesadillas.

—¡Suéltame! —exigió enérgicamente, pero los fríos ojos contrarios le hicieron detenerse. Trató de soltar sus manos del agarre del actor, pero entre más se movía, más fuerte apretaba. Con lo delicada que era su piel, podría dejarle marcas y estaba a punto de ir a una sesión fotográfica. No debería de tener ninguna huella. En ese momento dejó de forcejear, regresándole una mirada fija—. ¡¿Qué es lo que quieres?!

—Tres días sin probar tus labios ha sido demasiado tiempo…

—¡No!…

Jaejoong sintió los labios de Changmin de nuevo sobre los suyos. Urgiéndole a abrir la boca para dejarle introducir su lengua. No podía moverse debido a la forma en que lo sujetaba, pero tampoco estaba dispuesto a dejarse besar por ese egocéntrico de nuevo. Comenzó a moverse tratando de soltarse, pero los labios del actor le apresaban, le robaban el aliento haciéndole desesperarse. Trató de gritarle de nuevo que lo soltara, pero ese descuido fue utilizado por el más alto para introducir la lengua dentro de su boca, provocando tal sacudida en su cuerpo como si una fuerte corriente de electricidad le hubiera golpeado.

Changmin soltó sus muñecas para abrazarle a su cuerpo sin abandonar sus labios, y Jaejoong aprovechó el movimiento para intentar soltarse, pero al moverse, el tronco del árbol no quedó donde mismo. El cuerpo de Changmin empujó al de Jaejoong, haciéndolos caer al pasto con brusquedad. Sin embargo, los fuertes brazos del actor evitaron que se golpeara contra el suelo.

Estar los dos en el pasto le permitía mayor libertad al menor para moverse. Jaejoong sintió que las manos de Changmin recorrían su espalda con suma libertad, bajo su saco y sobre la camisa. Sus labios no habían abandonado su boca, sentía su lengua dentro, moviéndose con maestría, arrebatándole el aliento y los sentidos. Con sus manos trataba inútilmente de apartarlo de sí, pero su mente decía una cosa y su cuerpo otra, porque respondía con movimientos desenfrenados, agitándose y temblando ante el contacto de las manos del chico sobre sus glúteos o espalda.

«¿Por qué mi cuerpo no responde a mis órdenes?» se cuestionó al sentir algo entre su entrepierna que comenzaba a molestarle. ¡Era algo imposible! Y sin embargo estaba sucediendo… de nuevo.

Era una completa tontería…

Era una locura…

Era Shim Changmin…

Y él no era gay como para que su cuerpo respondiera de esa forma ante las caricias de otro hombre.
Abrió los ojos lanzando un fuerte golpe sobre los hombros de Changmin, lo cual sorprendió al actor por un momento. Jaejoong aprovechó ese desconcierto para empujarlo lejos de su cuerpo. No iba a dejarse, por supuesto que no iba a dejarse.

El coraje que sentía le hizo saltar sobre el cuerpo de Changmin y sentarse sobre sus caderas con el puño alzado, aprisionando ambos brazos del actor con sus piernas. No iba a permitir que le besara cada vez que se le ocurría, y si un puñetazo lo detuvo antes, quizá si lo golpeaba de nuevo se detendría para siempre.

Pero la mirada fría y serena de Changmin le hizo contenerse. Con la respiración agitada y aún con el puño alzado y listo para soltarlo sobre el rostro del chico, se puso a analizar las cosas. Si le golpeaba de nuevo, ¿lo demandaría por una suma de 5,000 millones de won? ¿Sería eso posible?

—Vamos, golpéame —retó Changmin—. Si eso es lo que quieres, deberías hacerlo.

Jaejoong frunció el entrecejo clavando su mirada en la del otro con enojo. Podría golpearlo, total, nadie le estaba viendo. Ahora no había testigos ni nadie que pudiera acusarle. Sería la palabra de Changmin contra la suya.

Frunció más el entrecejo apretando los dientes y levantó el brazo dispuesto dejarlo caer contra el rostro del actor. Aquella mirada centelló por segundos, pero el brazo pasó por un costado de su rostro estrellándose en el suelo.

—¡Jaejoong!

El modelo volteó sorprendido. Pudo distinguir la voz de Yoochun, era probable que Sunny ya hubiese llegado por él. Ya no iba a tener tiempo de cambiarse.

Se levantó con renuencia sin despegar la vista de Changmin, quien tampoco había dejado de verle.

—No vale la pena —aseguró Jaejoong con enojo, sintiendo el corazón latir a toda prisa dentro de su pecho.

—Por el contrario, creo que vale mucho la pena —contestó Changmin sentándose en el pasto bajo el árbol, viéndolo fijamente. Jaejoong frunció más el entrecejo al escucharlo.

—¡Vete al infierno! —gritó dándose la vuelta para irse, ya que la voz de Yoochun se escuchaba más cerca.

—Sólo si me acompañas —respondió, a lo que Jaejoong le miró de reojo antes de alejarse a la carrera.

¡Maldito desgraciado! De nueva cuenta lo había hecho y no había podido responderle como le hubiera gustado. Quería volver a reventarle un golpe en esa cara, pero el saber lo que le costaría una demanda le había hecho detenerse. ¿Cómo se supone que iba a pagar tanto dinero? Sus hermanos iban a reclamarle toda la vida por ello, sobre todo Hyunjoong. Si en lugar de dedicarse a despilfarrar el dinero de su familia, se hubieran puesto a trabajar, quizá él no tendría por qué estarlos manteniendo a todos y hubiera podido pagar ese dinero o más.

Pero ya no había nada que pudiera hacer. Changmin iba a presentar la demanda afectando terriblemente la salud de su padre y haciendo elevar el odio de sus hermanos por él. ¿Cuánto mal causaba un solo puñetazo a la persona equivocada?

Yoochun caminó unos pasos cuando vio la figura de Jaejoong aparecer detrás de unos arbustos. Parecía enojado. Caminaba de presuroso con los puños apretados. Jamás lo había visto tan molesto. Sabía que había salido con Changmin, la gente del comedor se lo había dicho cuando le fue a buscar. ¿Es que de nuevo se había peleado con él?

Sí, era muy probable.

Traía por completo el cabello revuelto y lleno de hojas secas. Sus ropas estaban algo arrugadas y llenas de tierra. Por lo visto, habían caído al pasto en su pelea.

—Jae, ya llegó Sunny por ti. Dice que te apures porque no quiere que lleguen tarde a la sesión —le avisó cuando lo tenía ya a un paso suyo.

Pero este le pasó por un lado sin decirle nada. Era notorio su mal humor, por lo visto Changmin de nuevo le había enfadado. ¿Qué tenía este actor que hacía reaccionar a Jaejoong como ningún otro lo había hecho? El pelinegro siempre era alegre y bromista, a pesar de que su vida estaba llena de desamor, para todos siempre tenía una sonrisa y palabras de aliento. Sin embargo, desde que Changmin había llegado a la escuela, Jaejoong se notaba algo retraído y menos alegre.

—¿Jae? —volvió a llamar, esta vez consiguiendo que el aludido se detuviera para verle de reojo—. ¿Qué pasó?

—Ese maldito de Shim Changmin va a demandarme por 2,500 millones de won —respondió serio—. Y todo por haberle golpeado. ¡Está loco! ¿De dónde voy a sacar tanto dinero?

—¿No intentaste arreglarte con él de alguna forma?

—¡Prefiero irme a la cárcel que aceptar se-… su dichoso arreglo! —gritó molesto, y Yoochun le miró extrañado. Jaejoong se sonrojó al notar que había estado a punto de abrir la boca de más. No quería que nadie más supiera lo que Changmin le había propuesto—. Te veo el lunes, Chun —Y dándose la vuelta rápidamente, corrió hasta donde Sunny le esperaba.

Pocas veces, si no es que jamás, había visto esa mirada en Jaejoong. Era algo parecido a preocupación. Sabía que 2,500 millones era mucho dinero para cualquier asalariado normal. Jaejoong era un modelo muy bien pagado, si lo que ganaba se fuera a su cuenta bancaria, quizá tuviera eso y más. Pero no, todo lo que el chico ganaba iba a manos de su familia adoptiva. Una familia a la que no tenía por qué mantener y sin embargo lo hacía.

Siguió caminando por entre los arbustos que estaban detrás del comedor. Jaejoong se había marchado dejándolo algo preocupado y quería saber qué arreglo era ese que le había propuesto Changmin. Quizá no era tan malo y pudiera convencer a Jaejoong de que lo aceptara. Lo vio sentado bajo un árbol mirando impasible hacia el frente. Si no fuera porque no le conocía, pudiera pensar que estaba igual o más preocupado que su amigo.

Changmin levantó la vista cuando las pisadas de Yoochun se detuvieron a un costado del árbol donde estaba sentado. Su mirada cruzó con la del recién llegado, que le veía con interés.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —comenzó, observándolo fijo. Changmin sólo asintió sin pronunciar palabra—. ¿Es cierto que vas a demandar a Jaejoong por 2,500 millones?

Changmin desvió la vista al frente, no estaba dispuesto a discutir el asunto de la demanda con alguien que no fuese el modelo. Park Yoochun podía ser su mejor amigo, pero él no lo conocía, no sabía si podía confiar en él. Jaejoong había tenido oportunidad de decirles a los demás que era gay y hasta ahora no lo había hecho. Por extraño que pareciera, eso le hacía confiar en él.

—Como no respondes, asumiré que es un sí —Pero Changmin no volteó a verle, limitándose a mirar a la nada—. No sé si lo sepas, pero Jaejoong nunca podrá pagarte esa cantidad. Es demasiado dinero para él…

—¿Y qué hay de su familia? Los Kim son los productores más ricos de la meca del cine —comentó sin verlo.

—Jae no pertenece a la familia Kim, puede que tenga el apellido, pero su familia no lo quiere.

—¿Qué quieres decir con eso? —cuestionó al fin girando la vista hasta él.

—Jaejoong es adoptado.

Changmin observó a Yoochun por eternos segundos, tratando de ver si lo que le decía era cierto o falso. Sin embargo, la mirada seria del músico no parecía decirle nada. No podía saber si lo que decía era cierto o no. ¿Pero eso qué diablos importaba? Si Jaejoong no tenía con qué pagarle, que aceptara lo que le proponía. ¿Qué no era eso lo que quería? De cualquier forma, el asunto del arreglo sólo lo vería con el pelinegro, al músico no le diría nada.

—Lo que sé, es que Jaejoong es hijo de Kim Eungsoo y una de sus asistentes —afirmó desviando la mirada. Yoochun se recargó en el árbol viendo al frente para hablar.

—Eso fue algo que sacó una revista. Y es mentira —Changmin giró para ver nuevamente a Yoochun, pero este continuaba con la vista al frente y los brazos cruzados—. Jaejoong fue abandonado en un orfanato cuando tenía tres años. Los Kim eran benefactores del lugar. A los cinco años lo vieron actuando todos los papeles de una comedia que solían pasar en la TV y Kim Eungsoo quedó muy sorprendido con la facilidad de Jaejoong para actuar, por lo que decidió pagarle las clases en esta escuela. Sólo que Jaejoong era un niño bonito, según cuentan algunos maestros a los que conocí, y fue rápidamente solicitado para hacer comerciales. Como Jae comenzó a ganar dinero, los Kim decidieron adoptarlo.

—¿Por dinero? —inquirió Changmin. Yoochun giró la vista para verlo y sólo asintió.

—Con los años el dinero que Jaejoong ganó llevó a Kim Eungsoo a producir películas malas, lo que le llevó a la bancarrota. Ahora todo el dinero que gana sirve para mantener a su familia adoptiva. Jaejoong no obtiene ayuda de ellos, y debido a lo que esa revista sacó sobre ser el hijo de una de las asistentes de Eungsoo, su madre adoptiva y sus hermanos ni lo quieren ver, ni le hablan. Así que si demandas a Jae, no obtendrás ningún dinero de su parte.

—No pensaba demandarlo —Changmin veía al suelo, Yoochun lo miró sorprendido—. Sólo lo dije para molestarlo.

—¿Entonces no vas a demandarlo? —Necesitaba estar totalmente seguro que lo que Changmin afirmaba era cierto.

—No lo haré, puedes decírselo si gustas —Se levantó sin verlo, sacudiéndose las ropas.

—Lo haré. ¡Gracias! —respondió Yoochun al verlo alejarse sin mirar atrás.

No entendía si realmente había convencido al actor de no demandar a Jaejoong, o si realmente él nunca había pensado hacerlo. Pero por lo menos, el modelo ahora tendría la certeza de que Changmin no iba a demandarlo. Ojalá que esa noticia le regresara su buen humor.

Caminó alejándose del lugar, él también tenía que cambiarse antes de que llegaran por él. Sonrió al recordar que la persona que pasaba a buscarle cada viernes, era la misma con la que se veía entre semana en el bar. Quizá algún día le contara esa parte a su amigo, pero de momento, debía callar.

Jaejoong iba viendo por la ventana las nubes en el cielo. Desde que había abordado el auto no había dicho una sola palabra. Le preocupaba mucho la demanda que Changmin iba a poner en su contra. Hyunjoong sería el primero en reclamarle. De por sí siempre lo acusó de que su padre lo quería más que a él, ahora le reclamaría por tratar de dejarlos en la calle y si su padre enfermaba o moría… ¡Dios! Eso iba a ser un infierno. Todas las propiedades de Kim Eungsoo estaban a su nombre. Otra cosa más por la que su familia le odiaba. Jamás comprendieron que había sido un artilugio para despistar a los acreedores que amenazaban con despojarlo de todo, cuando se quedó sin dinero a causa de las malas películas que había producido en el pasado.

«Hyunjoong jamás comprenderá», suspiró con pesar.

Hyunjoong era el mayor de sus hermanos adoptivos, quien se supone debía llevar las riendas del negocio cuando su padre se retirara; pero había resultado ser un jugador empedernido. Había sustraído las pinturas más costosas de la mansión Kim y las había apostado y perdido. Para sacarlo de los problemas que el juego le había causado, su madre le había dado sus joyas, pero aun así Hyunjoong seguía apostado. Su padre al descubrir lo que hacía su hijo y verse inmerso en problemas financieros, decidió poner las propiedades a nombre del menor de sus hijos, aunque adoptivo, era su hijo. No podía ponerlas a nombre de Hyuna, porque su hermana tenía la mala costumbre de casarse con hombres que sólo iban en busca del dinero de los Kim. Ya iba por su quinto matrimonio y el hombre había resultado ser un estafador, por ello Eungsoo había decidido poner las propiedades a nombre de Jaejoong.

Y cuando Hyunjoong se enteró, la discusión que tuvieron mandó a Eungsoo al hospital con el primer infarto. Claro que Hyunjoong le acusó de ser él quien se lo provocara.

Desde entonces no había vuelto a la mansión Kim. Ya tenía tres años sin pisar esa casa. Como si no fuera suficiente el nunca se haberse sentido a gusto en ese lugar, sus hermanos adoptivos lo despreciaban. Odiaba a Hyuna, que siempre que iba de visita lo vestía como muñeca y le hacía salir a la calle de esa forma. Hyunjoong siempre le acusó de quererle quitar el cariño de su padre, y la señora Kim simplemente le ignoraba. El único que sentía un poco de cariño por él era Kim Eungsoo, pero sus múltiples obligaciones en el cine le impedían pasar algo de tiempo con él o con sus otros hijos.

—Jaejoong.

La voz de Sunny le distrajo de sus pensamientos y le hizo voltear a verla. Los ojos de la mujer dejaban ver cierta preocupación por él. La conocía desde hacía muchos años: si tenía una madre, esta era Sunny. Siempre le aconsejaba y cuidaba. Quizá era una madre muy joven, pero así la veía.

—¿Sucede algo, Sunny? —preguntó al notar su inquietud.

—Has estado muy callado desde que subiste al auto, y eso me preocupa. En otras ocasiones tu charla me distrae tanto que el camino al lugar de trabajo se me hace muy corto. Pero hoy, no has dicho nada. ¿Qué es lo que tanto te preocupa? —Jaejoong suspiró, sería mejor decirle a Sunny de una vez lo de la demanda. Quizá entre los dos podrían pensar alguna forma de salir de ese lío.

—Changmin va a demandarme por 2,500 millones… —La sola mención hizo a la rubia abrir los ojos de forma enorme—. Sé que es impagable, no sé cómo salir de esto, Sunny. Cuando papá se entere, me temo que he de causarle otro infarto —miró el suelo del auto con sumo pesar.

—Hay… Hay que consultar a un abogado de inmediato —balbuceó ella tratando de calmarse—. También voy a hablar con Rain, el representante de Changmin. Quizá podamos lograr algún acuerdo con él.

—¿Acuerdo? —El corazón de Jaejoong comenzó a martillar en su pecho. ¿Cómo decirle qué clase de acuerdo quería Changmin? No iban a poder convencerle de aceptar esa locura.

—Sí, quizá Changmin se conforme con una disculpa de tu parte —Una sonrisa surcó el rostro de Jaejoong.

—Sí, soy capaz de pedirle disculpas de rodillas y besarle los pies si eso quiere, pero que no me demande. ¡Por Dios! No quiero ser el causante de otra disputa familiar como la de hace tres años.

—Tranquilo, Jae, hablaré con Rain antes de hablar con el abogado —aseguró Sunny tomando una de sus manos entre las suyas para darle ánimos. Sabía de antemano que Jaejoong era capaz de humillarse de esa forma ante cualquiera, con tal de no provocar un mal a su padre.

El sonido de un celular les distrajo y la rubia pelicorto metió la mano a su bolso para sacar el ruidoso aparato. Jaejoong siguió cada movimiento con interés, era extraño que la joven recibiera llamadas a su celular. Ella vio el identificador y no reconoció el número, así que lo abrió para contestar.

—Lee Sunkyu al habla… Ah, eres tú… Claro, está a mi lado, enseguida te lo paso —le extendió el aparato al chico—. Es Yoochun —Jaejoong sonrió y tomó el teléfono.

—Chun, ¿qué sucede?... ¿Estás jugando? —Jaejoong abrió enormemente los ojos—. No puedo creerlo, ¿estás seguro?... ¡Chunnie! No sabes el peso que me has quitado de encima, te lo agradezco mucho, amigo. ¡Gracias, gracias! ¡Y gracias por avisarme! Ahora sí podré disfrutar de este fin de semana. Te veo el lunes —colgó muy feliz y le entregó el celular a su intrigada dueña.

—¿Qué pasó, para qué te quería Yoochun?

—Changmin no va a demandarme —aseguró satisfecho, sorprendiéndola—. No sé cómo le hizo Yoochun, pero parece que lo convenció de no levantarla.

—Tienes un buen amigo —Sunny sonrió—. No sabe de todo lo que te ha salvado.

—Lo sé, ¡lo sé! Yoochun es como el hermano que me hubiera gustado tener —La sonrisa de Jaejoong contagiaba a la chica. Por fin le veía sonreír de nuevo.

Yoochun bajó con lentitud el auricular del teléfono para colgarlo. Iba sentado en el amplio sillón de aquel lujoso auto desde donde le había llamado a su amigo para avisarle que la demanda no se llevaría a cabo.

—¿Se lo dirás?

Esa voz angelical le hizo girar un poco el rostro para verle. Y sonrió un poco al notar su brillante mirada fija en su rostro.

—Sí, pero no ahora —respondió a la pregunta que le venía haciendo desde hace unos meses—. Jaejoong no está listo para saber de nosotros aún. Lo entiendes, ¿verdad? —indagó al notar aquella huella de dolor en su mirada.

—Claro —sonrió al sentir la mano del castaño tomar la suya y darle un fuerte apretón. Esperaría hasta el final de los días, mientras él estuviera a su lado.

Jaejoong ingresó corriendo al estudio donde se llevaría a cabo la sesión fotográfica para la nueva campaña de Nak Classic. Su buen humor había regresado gracias a la llamada de Yoochun. Por ese fin de semana se olvidaría por completo del maldito actor Shim Changmin y pondría todas sus energías en sacar su trabajo adelante.

Sunny había dado la vuelta en otro de los pasillos para ir a las oficinas a revisar el contrato y asegurarse de que todo estaba en orden, mientras él se dirigía al lugar de la sesión.

Abrió la puerta a la carrera sin tocar, todo mundo lo conocía y le saludaba alegremente. Ya tenía varios años haciendo campañas para la marca Nak Classic y algunas otras. No le sorprendía que le llamaran para hacer los catálogos o algún comercial para la televisión. Hacía ya varios años que no desfilaba en pasarelas, pero no lo extrañaba, prefería mantenerse en un solo lugar, cosa que no haría si le pedían desfilar. Esos contratos quizá lo llevaban a varias partes del mundo, pero odiaba tener que trasbordar los aviones y cambiar de horarios le mataba. Por eso prefería mil veces hacer comerciales para televisión que desfilar en Tokio o Hong Kong. Además, la paga no era muy buena.

Unos ojos marrones le sonrieron cuando le vieron pasar. Al parecer estaba tan distraído saludando a los iluminadores y la gente de vestuario que no le había visto. Pero ya le conocía y sabía que Jaejoong no le había ignorado apropósito.

—Te ves muy contento, Jae.

El pelinegro giró la vista cuando escuchó su nombre y sonrió de forma luminosa al reconocer a la mujer que estaba parada detrás de él.

—¡Victoria Song! —saludó con una enorme sonrisa en su rostro—. Que gusto verte de nuevo.

—El gusto es mío, Jaejoong. Veo que no has cambiado nada desde la última vez que nos vimos. Aún sigues siendo un distraído.

—¿Por qué dices eso?

—Porque estaba justo detrás de ti y no me viste —señaló riendo—. Pero no me siento ofendida por eso —Jaejoong soltó la carcajada.

—Si tú estás aquí, eso quiere decir que Yunnie también vendrá a esta sesión de fotos.

—Por supuesto. Yunho y tú serán parte de esta nueva campaña. Él ya está probándose la ropa.

—¡Fantástico! —ahogó Jaejoong con emoción—. Hace mucho tiempo que no veo a Yunnie, será divertido trabajar con él. Adoro estarle haciendo bromas y ver cómo se enoja —admitió entre risas, haciendo que Victoria sonriera a su vez.

—Cuando Yunho se enteró que trabajarían juntos, casi me hace cancelar el contrato. Me parece que aún no olvida el último que hicieron —comentó la mujer tratando de ocultar la risa con su mano.

—¡Yo no tuve la culpa! —se excusó a la carrera—. El perro se me soltó de las manos, ¿cómo iba yo a saber que la correa se iba a enredar en sus piernas y le haría caer sobre el pastel del comercial? — Victoria ya no se aguantó la risa, dejándola salir de forma sonora.

—No creo que ese haya sido el problema Jaejoong, el problema fue que todo quedó grabado y al cliente de Kleenex le gustó tanto la secuencia que decidieron dejarlo. Ahora Yunho es conocido como el novio que cayó al pastel el día de su boda y se limpió el betún con los kleenex.

Jaejoong también comenzó a reír al recordar por todo lo que tuvieron que pasar ese día. Y cada vez que veía el comercial en la televisión, no podía contener la risa al ver a Yunho enredado con la correa del cachorro y cayendo encima del pastel. Lo siguiente que se veía, era a él, que era el padrino de la boda, dándole un kleenex para que se limpiara la cara.

—Pero bueno, Jaejoong, dime, ¿cómo te va en la escuela? ¿Ya casi sales? —preguntó limpiándose la lagrimita que había escapado al recordar aquella misma escena. Jaejoong sonrió enormemente para responderle.

—Estoy en segundo año, el siguiente es el último. Lo bueno de esta escuela es que sales con un título —comentó riendo—. Aunque no sé para qué te sirve. Según nos comentan los profesores, si dejas la carrera de la farándula te puedes dedicar a otra cosa, pero yo adoro esto… y si dejo la carrera de modelo, me dedicaré a actuar.

—¿Y estás tomando clases de actuación en algún otro lado? —preguntó con interés.

—No, allí mismo en la escuela dan clases de actuación, de danza, incluso de pasarela —le explicó extrañado—. Creí que lo sabías, la escuela es muy famosa debido a esos talleres.

—No lo sabía. Pero les dices talleres a esas clases, ¿puede alguien de afuera irlas a tomar? ¿O sólo se las dan a los internos?

—¡Claro que pueden ir los de afuera! Se pueden tomar como diplomados aquellos cursos que les interesan a otras personas —afirmó con entusiasmo—. A veces vienen artistas con renombre a tomar uno que otro taller y nos brindan su experiencia.

—Eso suena interesante, y dime, ¿cuándo comienzan los talleres?

—El próximo lunes.

Un hombre maduro les distrajo de la plática al llegar por Jaejoong, ya era hora de que se cambiara porque la sesión debía comenzar. El chico le sonrió a Victoria y se despidió de ella dejándole el teléfono de la escuela, para que preguntara por los talleres si seguía interesada en ellos.

«Ok»

Estaba acostumbrado a posar para la cámara usando la ropa que le daban para modelar. En más de una ocasión había sido modelo exclusivo de Nak Classic y salía en los catálogos modelando ropa interior. Pero…

—¡Me niego!

La voz de Jaejoong resonó por cuarta vez en todo el lugar por el eco. Las luces de dos enormes lámparas iluminaban la pequeña habitación donde el fotógrafo, Jun Shim, explicaba a sus dos modelos lo que pretendía dar a entender con esas poses.

—¡Me niego, me niego! —volvió a repetir insistente—. ¡No quiero ser esposado a la cama!

—Vamos Jaejoong, sólo son fotos para la campaña. La nueva ropa interior de cuero merece ser expuesta como algo novedoso, algo retro, algo…

—No voy a ser esposado, ¿por qué no es Yunho a quien esposan y no a mí? —cuestionó con el ceño fruncido, haciendo que los ojos fieros del aludido centellaran con enojo.

—Vamos, Jaejoong, sabes perfectamente que no voy a hacerte nada —aclaró burlón el mencionado—. Aun estando totalmente indefenso… no voy a abusar de ti —El pelinegro volteó a verlo con sumo enojo.

—¡No lo digas ni en broma, Yunho!

—¡Vamos! Sabes que sólo estoy jugando. Yo soy hombre y como tal me gustan las mujeres. Aunque… —volvió a detenerse para recorrer a Jaejoong con la vista de arriba abajo—, por ti puedo cambiar de lado.

—¡¡¡YUNHO!!!

Jun y Yunho comenzaron a reír al ver el sonrojo en el rostro del muchacho. Al parecer por primera vez Yunho lo estaba embromando y él estaba cayendo en la jugarreta. Otra cosa más por la que debía echarle la culpa a Shim Changmin.

Quizá si Changmin no le hubiese estado acosando desde que llegó a la escuela, él no estaría imaginando que quien lo esposaba era ese egocéntrico actor. Desde que vio las ropas que usaría para la campaña, no pudo evitar que en su imaginación apareciera el rostro del actor recorriéndolo con esa mirada fría. Y ese solo pensamiento le ponía los pelos de punta.

—Vamos a comenzar con las fotos, Jae, debemos terminar mañana mismo.

—¡Me niego! —repitió.

Yunho tomó las esposas que Jun le tendía y caminó hasta Jaejoong sonriendo burlón. La mirada de este último estaba detenida en esos trozos de metal redondos. No quería ni imaginárselos puestos y sujeto a la cama con ellas. Pero en algo Jun tenía razón: Era parte de la campaña. La ropa de cuero necesitaba ser mostrada de forma distinta a la usual. Él había firmado un contrato para hacer esa sesión de fotos, tenía palabra e iba a cumplirla.

—Está bien —musitó resignado, estirando ambos brazos.

Sintió el frío metal cerrase sobre sus muñecas, algo enrojecidas gracias a la forma en la que Changmin lo había sujetado en la mañana. Pero esas esposas cubrían ese leve color en su piel. Subió a la cama y ambos brazos fueron lanzados hacía atrás para ser sostenidos al respaldo por la contraparte de las esposas. Ahora sí que estaba indefenso.

—¡Ahora sí eres mío!

Las palabras que Yunho le hicieron levantar la mirada con terror. Un profundo rubor le cubrió el rostro cuando pudo ver al chico sacando la lengua para recorrer sus labios con la misma, en una muestra que le había visto hacer cuando hablaba de alguna chica que le gustaba. Más nunca lo había visto dirigírsela a él.

—¿Yu… Yunho? —tartamudeó con temor el nombre de su compañero, notando cómo este subía a la cama y se sentaba sobre sus piernas, haciéndole abrir los ojos de entera sorpresa—. ¡¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!

Una sonora carcajada retumbó en todo el cuarto mientras Jaejoong no perdía de vista el rostro sonriente de su amigo. Pero en su imaginación, quien lo tenía esposado a la cama y se sentaba sobre sus piernas no era otro más que Changmin. Y eso le atormentaba. ¿Por qué su imaginación era tan hiperactiva, al grado que ni en el trabajo lograba sacar a ese maldito actor de su cabeza?

—Esa cara me gusta, Jae, ¡no la cambies!

—¿Eh?

Jaejoong giró el rostro sólo un poco, cuando vio que el flash de la cámara comenzaba a centellear y Jun se movía en todas direcciones haciendo su trabajo.

Debía olvidarse de todo lo que había pasado esa semana en la escuela… debía olvidarse que Shim Changmin le había besado ya en cuatro ocasiones… debía olvidarse de todo y sólo concentrase en hacer bien su trabajo.

Pero tener a Yunho casi encima de él, simulando que le estaba tocando, no le estaba ayudando mucho a olvidar las manos del actor que sí le había tocado…

La sesión fotográfica se llevó toda la tarde, parte de la noche y aún faltaban algunas cuantas que era necesario repetir en el transcurso del domingo. Cada vez que se quedaba fuera del colegio, Sunny pedía para él un cuarto en un hotel que estuviera cerca del lugar donde trabajaría. Así no tenía porqué regresar a la escuela y podía llegar al trabajo rápido al siguiente día.

Había llegado temprano al estudio para ver cómo habían salido las pruebas. Jun estaba emocionado porque las fotos estaban mejor de lo que esperaba, a pesar de la renuencia de uno de sus modelos a posar como se lo pedía, las imágenes habían quedado magníficas.

—¡No puedo ser yo! —ahogó Jaejoong con asombro al ver una de esas fotos con una lupa.

En la foto aparecía solo, viendo hacía arriba con el rostro sonrojado y los ojos entrecerrados. Las esposas se veían de forma clara sostener sus brazos al respaldo de la cama. Los bóxers de cuero dejaban entre ver parte de su abdomen. Al parecer Jun había tomado la foto cuando estaba discutiendo algo con Yunho… o quizá, mientras trataba de sacar de su cabeza la imagen de Changmin.

—Vamos a repetir sólo algunas. Pero necesitaré que te vuelvas a poner las esposas —pidió Jun a sus espaldas. Jaejoong dejó de ver la foto para sonreír al fotógrafo.

—Está bien.

—¿Te gustaron, Kim? —preguntó al verle devolver la vista a las fotografías.

—Se ven… eh… No parezco yo —acotó sonrojado, sin voltear a verlo. Jun comenzó a reír.

—Tu mirada es distinta a las anteriores campañas —Esta vez Jaejoong volteó a verlo con curiosidad—. Es verdad. Tu mirada es muy distinta a las anteriores y quiero que eso se vea en la campaña. Estoy seguro que nuestra directora de marketing y publicidad opinará lo mismo. ¡Te veías maravilloso! —aseguró emocionado, haciendo sonrojar a Jaejoong ante su efusiva reacción—. Espero que la mirada que mostraste ayer, no la hayas olvidado hoy.

—¿Mirada? ¿Qué mirada? —preguntó rascando su cabeza—. Mi mirada es igual que siempre. Mis ojos siguen siendo los mismos, a menos que se hayan vuelto verdes —Jun soltó la carcajada a la broma del modelo.

—No es el color de tus ojos lo que cambió, sino en sí, tu forma de mirar. Se veía… Mhm —balbuceó poniendo una mano sobre su barbilla para tratar de explicarle—. Soñadora, temerosa, algo confundida… ¡enamorada!

—¿QUÉ? Yo no estoy enamorado de nadie, ¿cómo puedo tener una mirada así? —se levantó de su lugar con el ceño fruncido.

—Yo no he dicho que estés enamorado de alguien —calmó el fotógrafo riendo—. Puedes estar enamorado de tu trabajo, del día, de la ropa, etc. El que hayas dicho que no estabas enamorado de alguien me da a entender que en tu subconsciente tienes a alguna persona en mente.

—¡Claro que no! —se defendió a la carrera con molestia.

—No te enojes Jaejoong, sólo es mi forma de ver las cosas. Yo creo que es una mirada enamorada, pero sólo tú sabes si estoy en lo correcto o no —rió—. Ahora vamos con Yunho, que ya debe estarnos esperando. Tengo que salir antes de las 2:00 pm porque tengo una cita.

Jaejoong volteó a ver de reojo las fotos en miniatura que descansaban sobre el escritorio de Jun. No podía creer en lo que decía el hombre. Está bien que en las fotos se veía algo distinto, pero él pensaba que era debido a la ropa y la iluminación que se había usado para las fotos. Nada tenía que ver su mirada en esa toma.

¡Enamorado! Tonterías…

Volvieron a la habitación donde se llevaban a cabo las fotos. Tomaron de nuevo sus posiciones y se limitaron a acatar las órdenes del fotógrafo. Esta vez Jaejoong no estaba tan nervioso como el día anterior y Yunho parecía un poco más serio. Por lo menos esta vez no lo había embromado haciendo que sus nervios se crisparan.

Mientras posaba para la cámara de Jun, no podía evitar en pensar en las palabras que el fotógrafo le había dicho. Enamorado. Pero qué tontería le había dicho. De la única persona que se había sentido enamorado era de Boa, sólo que el choque de caracteres de ambos les hacía discutir constantemente y eso les había llevado a romper a los pocos meses. Ahora sólo sentía un amor fraternal por ella. No había ninguna chica en su cabeza, ni nadie que le gustara… Bueno, que le gustaba había muchas, pero nadie en especial. Jun estaba equivocado, totalmente equivocado. Había dicho que había confusión en su mirada, sí, eso sí era posible. ¡Y todo debido a ese idiota de Shim Changmin!

De nueva cuenta el nombre y la imagen del egocéntrico actor cruzó por su cabeza. Si se suponía que iba a pasar todo el fin de semana trabajando era precisamente para olvidarse de su presencia y parecía surtir el efecto contrario, porque no podía sacarlo de su cabeza. Y estar esposado a la cama no le ayudaba en mucho a olvidarlo. No podía evitar el imaginarse a Changmin sujetándolo fuertemente de las muñecas o peor aún, esposándolo a la cama como estaba ahora.

—Jaejoong, ¡pon atención a lo que dice Jun! —recriminó Yunho al ver que el susodicho miraba a la nada y hacía caso omiso a las recomendaciones del fotógrafo, haciéndoles repetir las poses más de una vez.

Una serie de risas femeninas les distrajo de lo que hacían y los disparos de la cámara fotográfica se detuvieron. Jun gustaba del silencio cuando trabajaba y las risas que se escuchaban retumbaban en todo el lugar.

—¡Querido Jun, perdona por llegar antes!

Jaejoong comenzó a sentir que su corazón latía a toda prisa al reconocer aquella voz femenina. Trató de soltarse de las esposas sin lograrlo, tenía que salir de allí antes de que se le ocurriera entrar.

—¡Yunho! Quítame estas esposas, rápido, rápido —apuró con desesperación.

—Está bien, Jaejoong —calmó el otro parándose de la cama y tomando las llaves de una pequeña mesa al lado de las lámparas.

—¡Date prisa, date prisa, tengo que salir de aquí!

Yunho sonrió al ver la forma exasperada en la que Jaejoong trataba de soltarse. Al parecer la chica que acababa de llegar tenía algo que ver con aquella reacción, así que le haría sufrir un rato.

—¡Yunho, qué esperas! —exclamó al notar los pasos lentos del chico.

—Vamos, no te desesperes, que tengo que ver cuál llave es de cuál esposa —rió subiéndose a la cama, sentándose sobre sus caderas para estirar los brazos y tratar de soltarlo.

—No seas pervertido, Yunho. Bien puedes soltarme sin subírteme encima, ¡estás muy pesado! —pero Yunho sólo rió.

La puerta se abrió y tanto Jaejoong como Yunho voltearon al mismo tiempo para ver el momento en que Jun le daba ingreso a alguien a la habitación donde trabajaban.

Jaejoong cerró los ojos fuertemente, mientras un profundo sonrojo pintaba por completo su cara.

—¡Por Dios! Ya es demasiado tarde… ¡Mátame, mátame! —murmuró ganándose la mirada confusa de Yunho.

Una sonora carcajada retumbó en todo el lugar, acelerando el pulso de uno y obligando al otro a bajarse de sobre el primero sin haberlo soltado.

—Ay, Jaejoong, no te conocía esas mañas —señaló la chica de larga cabellera rubia entre risas burlonas—. Ahora entiendo por qué nunca me has hecho caso —Jaejoong abrió los ojos asombrado—. Jamás me imaginé que estuvieras enredado con el chico del pastel.

—¿A quién le dices chico del pastel? —gruñó Yunho a la joven que no dejaba de reír. Los ojos artificialmente celestes de la chica se giraron para ver al aludido con burla.

—Por supuesto que a ti, querido. Hubiera sido más dulce que en el comercial aparecieran casándose los dos y no tú como el novio y Jaejoong de padrino de la boda. Pero supongo que ahora nos deleitarán con algo más atrevido.

—¡Estás equivocada, Jessica! Esto es parte de la campaña de Nak Classic y entre nosotros no hay nada, ¡no mal interpretes las cosas! —apuró a la carrera. Pero Jessica siguió riendo a carcajadas.

—Por supuesto, por supuesto, y yo soy el mago de OZ —mencionó con marcado sarcasmo, entre risas.

—¡Por favor, sáquenme de aquí! Lo último que me faltaba era que una maniática de las burlas me encontrara esposado a una cama, en ropa interior y con un hombre encima.

—¿Jun, me regalarías algunas fotos de esta campaña? —preguntó Jessica sonriendo, ganándose la mirada fija de Jaejoong—. Pienso usarlas como chantaje para llevarme a mi modelo favorito a Seúl.

—¿Qué? —abrió los ojos por la sorpresa. Jessica era su amiga desde hace algunos años, incluso, desde antes que se hiciera famosa, por lo cual la acompañaba de vez en cuando a algún evento, provocando los conocidos chismes en el medio. Pero ir a Seúl con ella, ya era darles a entender que eran mucho más que sólo amigos.

Jessica arrebató de las manos de Yunho las llaves mientras caminaba coqueta hasta la cama donde Jaejoong permanecía esposado, ignorando el enojo en la cara del otro muchacho mientras el pelinegro la seguía con la mirada. Ella se sentó y le mostró las llaves.

—Este miércoles se llevan a cabo los Academy Awards of Seoul y quiero que me acompañes —avisó riendo, introduciendo una de las llaves en las esposas para soltarlo.

—Lo siento Jessica, pero Seúl no está a la vuelta, deberé faltar tres días a la escuela y no quiero. Las clases de teatro, danza y pasarela comienzan esta misma semana. Además no quiero viajar más, ya estoy cansado de eso —apresuró sintiéndose transpirar, notando cómo la chica agitaba las llaves en su mano sin soltarle.

—Insisto en que me acompañes, o sino no he de soltarte —advirtió volviendo a agitar las llaves. Jaejoong volteó a ver a Yunho y a Jun, que sólo reían al verle.

—Jun, debes tener una copia de las llaves, ¡sácame de aquí! —trató de soltarse, pero Jessica volvió a reír.

—Sabes que tengo algo que te convencerá de acompañarme a Seúl —canturreó ella seriamente, sacando algo de su bolsa ante la mirada de Jaejoong—. En la campaña que hiciste para Nak Classic del año pasado, alguien te tomó esto…

Jaejoong abrió los ojos con sorpresa al contemplar en las manos de la rubia una fotografía en la que aparecía con los bóxers y su trasero en primer plano, mientras le gritaba algo a alguien.

—Espero que la recuerdes —Y sonrió al ver la expresión en el modelo.

Claro que la recordaba, uno de los de vestuario le había jugado una mala broma al jalarle la prenda para que le fotografiaran. Pero estaba seguro que esa foto había sido quemada. ¿Por qué la tenía Jessica en sus manos?

Estiró la mano libre para tratar de arrebatársela a la rubia, pero esta la retiró veloz, fuera de su alcance. Por más intentos que Jaejoong hacía por alcanzarla para quitársela, no podía, su mano aún seguía esposada al respaldo de la cama.

—Te la doy sólo si me acompañas a los premios de Seúl —concedió sonriente. Jaejoong la observó serio, observando de reojo a Yunho y Jun que discutían algo olvidándose de ellos.

—No quiero ir a Seúl, te acompaño a otros si quieres, pero no me convencerás de ir hasta esa horrible ciudad. Puede que tengas esa fotografía, pero aún y cuando me amenaces con dársela a los medios para que la publiquen lograrás convencerme —Jessica frunció los labios de pura desilusión—. No me pongas esa cara, esta vez no va a funcionar —aseguró desviando la mirada.

Siempre que la rubia quería algo de él, ponía una cara de tristeza con la que lograba convencerle. No por nada era una de las mejores actrices y estaba nominada en el rubro de mejor actriz para el BIFF de ese año.

—Por favor, Jaejoong, necesito llevar a alguien que logre que los reporteros volteen a verle, y tú eres especial para eso —suplicó, logrando que el chico alzara la vista hasta ella—. Sí, eres sumamente atractivo y cuando los reporteros te ven, les haces girar la vista. Quiero que todo el mundo me vea y no preste atención a esa estúpida de Taeyeon —bufó con fastidio.

—¡Ah, vaya! Ya me imaginaba que la pelirroja esa tenía algo que ver con el que yo fuera a los Seoul Academy Award —sonrió—. Pero no me necesitas ahí, con tu sola presencia tienes para que volteen a verte —Jessica sonrió y metió la llave en la última de las esposas.

—Te ganaste tu libertad con ese comentario —concedió acercándose a su rostro para depositar un beso en su mejilla—. Pero aun así quiero que me acompañes, sólo para demostrarle a esa tonta que mis amigos son los más guapos.

—No sé por qué traen ustedes ese pleito. Ya se parecen a Bang Minah y Lee Minyoung¹ —se burló entre carcajadas.

—No insultes a mis amigas —recriminó molesta—. Minah y Min son mucho mejores que Taeyeon —Jaejoong guardó silencio al ver la reacción de la rubia—. Además, quiero que se muera de envidia al verme contigo. Dudo mucho que la persona que “afirma” le acompañará, realmente lo haga. En cambio, tú sí vendrás conmigo, ¿cierto? —le sonrió coqueta, pestañeando rápida y exageradamente—. No dejarás a una de tus mejores amigas desamparadas ante esa bruja, ¿verdad, Joongie?

Jaejoong suspiró resignado. Cuando Jessica decía todas esas cosas no podía negarse. Le estaba chantajeando emocionalmente, además de con esa fotografía. Pero realmente sí era una de sus mejores amigas, y no quería dejarla sola.

—Está bien —murmuró resignado, y Jessica saltó en su lugar—. Pero no iré a Seúl, si quieres te acompaño a algún otro evento que se celebre, aquí, en Busán —Jessica sonrió de forma amplia y se acercó a Jaejoong entregándole la foto.

—Como sabía que te negarías a los premios de Seúl, confirmé nuestra asistencia a la entrega de los Blue Dragon que se llevarán a cabo este mismo viernes en el Commodore Busan Hotel —afirmó riendo, para sorpresa del chico—. Mandaré un auto por ti a tu escuela. Recuerda que debes ir muy guapo, vamos a salir en el canal K!

—Un momento, un momento. ¿Cómo sabías que terminaría por asistir?

—Porque siempre logro convencerte —evidenció volviendo a reír—. Lo malo es que no puedo convencerte de todo lo que quisiera —insinuó dejando deslizar un dedo por la mejilla del modelo, pero Jaejoong la detuvo.

—Eres una mujer demasiado liberal para mi gusto —explicó a sabiendas de lo que ella pretendía.

—No me digas que eres de los que busca una virgen —Jaejoong la observó frunciendo el entrecejo.

—No precisamente una virgen, pero sí por lo menos que no se vaya con el primer hombre que le guiña un ojo —Jessica soltó la carcajada.

—Esas chicas son demasiado aburridas. No creí que fueras tan conservador, las chicas como nosotras tenemos una enorme ventaja sobre esas remilgosas como Taeyeon. Pero como me conoces, he de decirte lo que haremos —Jaejoong la observó—. Me acompañarás en la alfombra roja y en la ceremonia de entrega, pero en la celebración después de la entrega de premios cada quien por su lado. Puedes quedarte en mi casa una vez que se termine todo, pero quizá yo no te acompañe —rió de forma amplia.

—No esperaba menos de ti —suspiró con sarcasmo.

—¡Oh! Tú me conoces, seguramente no llegaré en todo el fin de semana, pero mi casa siempre está abierta para ti —le sonrió—. Estoy segura que esa arpía de Taeyeon no irá con quien tanto asegura —murmuró para sí misma, pero lo suficientemente alto para que Jaejoong pudiera oírle.

—De nuevo sacas a Taeyeon a la platica —rió—. Por lo visto no te sentirás a gusto hasta que puedas vencerla en algo.

—¿En algo? Ya la he vencido en varios premios. El viernes le quitaré de las manos el de mejor actriz, y si soy nominada a los Asian Film, también pienso ganárselo.

—Estás muy segura.

—Por supuesto —aseveró levantándose de su lugar para dirigirse hasta donde Yunho y Jun se encontraban—. Es hora de irnos, querido —avisó tomando a este último del brazo para sacarlo del cuarto, volteando una última vez sólo para mirar a Jaejoong—. Nos vemos el viernes, Jae —Él sólo asintió.

—Esa mujer está realmente chiflada —murmuró Yunho viéndolos salir. Jaejoong sonrió en respuesta.

Ni modo, Jessica sabía cómo convencerlo. Siempre lograba llevarlo a esos aburridos eventos. Le fastidiaba mucho tener que desfilar por la alfombra roja y contestar a las insinuantes preguntas de los periodistas. Varias veces había acompañado a Jessica a eventos del mismo estilo y casi siempre, en alguna revista sacaban que eran novios, que vivían juntos o que estaban comprometidos.

Nada más lejos de la verdad…

Jessica era una buena amiga a quien conoció en un comercial. Se habían llevado bien, habían salido unas cuantas veces, pero nada más. El carácter de Jessica era muy voluble, lo mismo podía decir que le gustaba alguien hoy y mañana ya le gustaba otro; lo que le había llevado a salir con un sinfín de estrellas de cine, televisión, de teatro, cantantes, directores y un largo etcétera. No negaba que Jessica era hermosa, pero definitivamente no era para él, no sentía por ella más que amistad.

Era tarde y Sunny ya le esperaba para llevarlo al hotel. Jun se había despedido para irse con Jessica, pero antes le había dado un regalo a Jaejoong para que lo tuviera como recuerdo por el trabajo que había hecho.

¡Y vaya regalo!…

Jaejoong observó por enésima vez lo que Jun le había regalado al salir del estudio fotográfico. Estaba loco al pensar que las iba a usar alguna vez. Abrió rápido su armario, sacó unos zapatos de su caja y arrojó dentro los dos juegos de esposas que le hubiese dado Jun. Antes de cerrar la caja volvió a verlas. Había sido el trabajo más extraño que hiciera desde que hacía comerciales o catálogos. Sin embargo, había sido divertido. Colocó la tapa y las acomodó al fondo del armario.

Ya era tarde, tenía que llegar a clases antes de que el timbre sonara y le fueran a poner retardo.

Salió corriendo de su cuarto rumbo a los salones de clase. Debido a que había salido directamente del hotel, ya había desayunado. Si hubiera llegado el domingo por la noche, seguramente no hubiese tenido ni tiempo de presentarse en el comedor, ya que Yoochun no le hubiera despertado.

«Chunnie siempre llega tarde los lunes…»

Esos retardos ya tenían poco más de seis meses. En un principio pensaba que era debido a la presentación de la sinfónica en bellas artes, pero desde que salía por las madrugadas a verse con alguien, era de suponerse que los domingos los pasara con ella y debido a eso se presentara hasta el lunes por la mañana en la escuela.

«Si yo estuviera en sus zapatos haría lo mismo…»

Pero como no lo estaba, tenía que apurarse a llegar a clases.

—¡Kim Jaejoong!

La voz gruesa de un hombre le hizo detenerse de golpe y voltear para ver quién era. Se sorprendió al ubicar al maestro de literatura caminando hasta él con un paquete en mano.

—Buen día maestro, ¿se le ofrece algo? —preguntó al notar que se detenía sonriendo.

—Realmente sí. Hace rato llegó un paquete a la escuela y quiero que se lo entregues al propietario —Jaejoong se sorprendió un poco, pero tomó el paquete que le daba el hombre.

—¿Y a quién debo dárselo?

—A un tal Kim Jaejoong —le sonrió, y Jaejoong le devolvió la sonrisa amplia. Ese maestro siempre bromeaba mucho con ellos, por eso todos los alumnos le querían.

—¡Muchas gracias, profesor!

—De nada muchacho, ahora será mejor que te vayas a clases y te veo más tarde en la mía, ¿de acuerdo?

—¡Sí!

El maestro se despidió y Jaejoong se dio la vuelta para seguir hasta el salón. La mayoría de los alumnos deberían ya estarse dirigiendo ahí también, si es que no estaban ya todos dentro. Las clases estaban por dar comienzo. Debería correr para llegar a tiempo, pero la curiosidad por saber qué traía el paquete era mucha. Generalmente el correo se entregaba los miércoles en la noche en la sala de estar, así que recibir un paquete de mediano tamaño en lunes y por la mañana debería ser algo realmente importante.

Sin detener su marcha, pero sí disminuyendo la velocidad, comenzó a abrir el paquete. Dentro traía un sobre de color manila algo grueso. Al abrirlo se dio cuenta que eran las fotos que Jun tomara para la campaña de Nak Classic. En una breve nota le explicaba que eran las fotos que más le habían gustado y se las regalaba, ya le avisaría con su representante cuáles serían las seleccionadas para el catálogo y los panorámicos que aparecerían dentro de un par de meses por toda la ciudad.

No pudo evitar que la risa acudiera a sus labios cuando vio algunas de las fotos en las que aparecía esposado a la cama. Serían un gran recuerdo, por lo que las guardaría bajo llave en el cajón de su cómoda.

Sin dejar de pasar las fotos dio vuelta en uno de los pasillos que le conducían al salón, cuando de pronto sintió que chocaba con alguien a quien, debido a su distracción, no había visto. Sin poder preverlo, todo lo que llevaba entre sus brazos se vio regado por el suelo.

—¡Lo siento, lo siento mucho! —apuró agachándose a la carrera para recoger sus cosas—. No me fijé por dónde iba.

Con manos temblorosas comenzó a recoger las fotos, era demasiado vergonzoso que alguien las viera antes de que saliera la campaña. De reojo fue que notó que la otra persona también le ayudaba a recoger sus libros, por lo menos no parecía poner atención a las fotos.

—¿Qué diablos es esto?

Su corazón martilleó doloroso en el pecho al reconocer esa voz. Levantó la vista al segundo para ver cómo Changmin mantenía levantada una de las fotos a la altura de sus ojos. Sus cejas estaban fruncidas y se veía una clara muestra de enojo en sus facciones. Pero no podía ser por ver la foto, ese maldito actor siempre se veía malhumorado.

La mirada castaña se giró para clavarse como dos puñales sobre él. Parecía aún más fría que antes. No pudo pronunciar palabra ante la frialdad con la que Changmin le veía. Sintió su boca secarse y su cuerpo temblar.

No podía permitir que la mirada del más chico le intimidara. Pudiera ser que las fotos fueran algo… “especiales”, pero era un trabajo honesto y limpio. No tenía nada de qué avergonzarse.

Recuperándose un poco se levantó con rapidez para tratar de arrebatar la foto de las manos de Changmin, pero el actor se levantó igualmente rápido, elevando la foto y retirándola del alcance del modelo.

—¿Qué diablos es esto? —repitió en tono más alto, con su voz retumbando en el solitario pasillo. Jaejoong frunció el ceño con molestia.

—¿Qué diablos te importa? —rebatió estirando la mano para tratar de quitarle la foto, pero Changmin de nuevo la retiró de su alcance.

—Si estas son las fotos de tu portafolios, no dudo que tengas mucho trabajo —musitó fríamente, observando de nuevo la imagen—. Aunque dudo que sea como modelo —aclaró viéndole de reojo.

Jaejoong frunció aún más el entrecejo. Ese maldito de Shim Changmin no se cansaba de tratarlo como una basura, pero no se iba a dejar. Quizá había decidido no demandarlo, pero eso no le daba ningún derecho a insultarle.

—Cierra la boca, Témpano de Hielo Shim —Ese comentario logró que el aludido clavara la mirada con furia sobre su rostro—. Y si realmente quieres saber, esa foto es parte de la nueva campaña de Nak Classic, supongo que conoces esa marca de ropa interior, ¿no?

—Y si es parte de la campaña, ¿por qué la tienes tú? —cuestionó sin cambiar su tono.

—Porque me las regaló Jun, el fotógrafo de la campaña —aclaró.

—¿Regaló?

—¡Sí! ¡Me las regaló! —soltó exasperado de la actitud del actor.

—Entonces me la puedo quedar —e introdujo la foto en la bolsa interior del saco. Si Jaejoong quería quitársela tendría que forcejear con él, pero el modelo no estaba dispuesto a hacerlo, así que sólo apretó los puños hecho una furia.

—¡Has lo que se te dé tu regalada gana! —renegó dándose la vuelta, llevando consigo sus cosas.

—Ahora podré masturbarme frente a tu foto —Y los pasos de Jaejoong se detuvieron en seco, volteándose con el ceño fruncido y el rostro totalmente colorado.

—Eres un desgraciado, Shim Changmin, ¡vete al infierno!

—Ya te dije, sólo si me acompañas.

Pero Jaejoong ya no volteó a verle. Se sentía furioso con el actor. ¿Cómo era posible que tuviera que lidiar con él todos los días? Soportar su frialdad, su sarcasmo, su arrogancia… Y para acabarla de amolar, aún y cuando no estaba en la escuela, tenía que lidiar con sus pesadillas y su hiperactiva imaginación…

¿Masturbarse?…

«¡Oh, Dios no!», ahora esa imagen también aparecía en su loca imaginación. Cuánto odiaba a Shim Changmin por torturarlo de esa manera, realmente lo odiaba.

Cuando llegó al salón ya estaba lleno, pero el maestro siquiera hacía su aparición. Trató de borrar de su cabeza las últimas palabras de Changmin y se dirigió sonriente a ocupar su lugar mientras daba los buenos días a todos sus compañeros.

En cuanto Boa lo vio, levantó el rostro altiva sin dirigirle la palabra. Eso le molestaba un poco, ¿hasta cuando esa chica iba a estar enojada con él por la tontería de pegarle a Changmin? Bueno, él no iba a ser quien se disculpara.

Se giró al asiento de Yoochun y como lo sospechaba, todavía no llegaba. Sonrió al imaginar que sus sospechas fueran ciertas.

La puerta se abrió de nuevo y todos tomaron asiento a la carrera creyendo que era el maestro, pero se relajaron al ver entrar a Changmin. La mirada castaña del actor se dirigió de inmediato al último asiento de la tercera final, chocando con la oscura de su dueño que al verle entrar frunció el entrecejo con molestia y desvió la vista.

El corazón de Jaejoong parecía querer salírsele del pecho al ver aquella mirada fría clavarse exclusivamente a él. ¿Por qué no podía mirar para otro lado? Estaba seguro que si mirara a alguien más se sentiría feliz por ello, no como él, que odiaba esa mirada de autosuficiencia que siempre le dirigía. Le ponía nervioso. Era como si sólo al verle, le estuviera diciendo al mundo entero que quería que fuese su amante. O que le había besado en varias ocasiones. Pero era únicamente su imaginación, ya que nadie parecía darse cuenta que siempre que Changmin llegaba al salón después de que todos habían entrado, era a él a quien dirigía su mirada dura.

Vagamente, escuchó el momento en que Boa saludaba cortés al actor, lo que le hizo girar sólo para ver si el egocéntrico tenía la amabilidad de contestar al saludo que la tonta siempre le dirigía. Hasta el viernes, ella solía saludarle y él ignorarla. ¿Que podía haber cambiado en esos dos días en que no estuvo en la escuela?

Absolutamente nada…

Changmin se sentó sin mirarla y sin contestar a su saludo. Boa había bajado la vista con tristeza y se dispuso a seguir con lo que hacía. ¿Por qué la tonta se molestaba en seguirle insistiendo? ¿Hasta cuándo se iba a cansar de dirigirle un saludo al témpano de hielo que tenía a un lado?

—Tonta —murmuró cerca del oído de la morena, haciéndola voltear—. ¿Hasta cuándo vas a entender que no le importas? Es demasiado frío como para darse cuenta que hiere tus sentimientos.

Boa frunció el ceño con enojo, y estaba a punto de decirle algo cuando la puerta se abrió de nuevo dejando ver al maestro. Todos tomaron asiento de forma ruidosa, pero eso no evitó que Boa pudiera articular silenciosamente con los labios a Jaejoong que se callara.

—¡Pues sigue sufriendo! —alzó la voz logrando que todos le escucharan.

La mirada dura del actor se clavó en su rostro, pero la del modelo esta vez no se retiró. Era clara la muestra de desafío en sus facciones. No le iba a permitir que le siguiera perturbando con su forma de mirarle o de tratarle. ¡Ya no más!

—Kim, cierre la boca y saque la tarea, y esta vez no quiero ningún pretexto. Aunque haya estado todo el fin de semana trabajando, debió dejar tiempo para resolver los problemas que les encargué.

«¿Problemas? ¿Qué problemas?» No recordaba que el maestro hubiese dejado nada de tarea. Sacó su libreta a la carrera y buscó la última hoja. Y sí, definitivamente había dejado algo por resolver. ¿Cómo había sido tan descuidado como para no darse cuenta?

El que no lo recordara era culpa de ese témpano de hielo por tenerlo tan preocupado con la demanda que sabía no iba a poner. Pero el viernes estaba demasiado distraído como para poner atención a esa o cualquier otra clase.

Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda. El profesor de contabilidad era el más estricto de todos, si reprobaba su materia no habría poder humano que le hiciera rectificar su calificación, y ese hombre tomaba muy en cuenta las tareas. Lo único que podría salvarle, era Yoochun, pero aún no llegaba.

—Bien, Kim Jaejoong, dígame el resultado del problema número cinco —pidió el maestro, observando unas hojas sin prestar atención a la clase.

¿Cómo podía responder si no lo traía resuelto? Si Yoochun estuviera presente, de forma disimulada se asomaría a su trabajo y le diría el resultado al maestro salvando la calificación de ese día. Pero con Boa enojada con él y sin Yoochun, estaba totalmente perdido.

Se levantó muy lento del banco, tomando la liberta entre sus manos, viendo fijamente el problema, tratando de resolverlo mentalmente a toda velocidad. Pero estaba tan nervioso que confundía las sumas con las multiplicaciones y en lugar de darle un margen de ganancia, le daba una completa pérdida.

Levantó la vista derrotado, sintiendo que habían pasado horas desde que el maestro le pidió el resultado y él se había levantado de su asiento, cuando sólo habían pasado unos cuantos segundos.

Tratando de hallar una última solución giró el rostro para todos lados y su vista se quedó fija en una hoja de libreta en blanco que mostraba un número en todo lo largo y ancho.

—Y bien, Kim, ¿cuál es el margen de ganancia? —regresó la vista hasta el maestro, que esta vez sí le veía directo. Sin saber por qué, sintió que podía confiar en el número de aquella hoja.

—25, profesor —respondió con seguridad, sintiendo que la saliva se atoraba en su garganta seca obligándole a toser levemente—. 25 de ganancia —volvió a repetir sólo para asegurarse.

—Respuesta correcta, puede sentarse.

Jaejoong se dejó caer en el asiento sintiéndose aliviado, volteando de nuevo hacía donde había visto el número sólo para notar a Changmin borrando algo en su libreta sin voltear a ver a nadie.

¿Había sido la libreta de Changmin la que había visto? Claro que debió ser su libreta. ¿Qué otro alumno estaba sentado en el último asiento de la última fila? ¿Pero por qué le había ayudado? ¿Acaso era para tener algo más con qué fastidiarle la vida?

Su vista no se retiró cuando la del chico giró para verle. Mantenía el ceño fruncido y una clara muestra de fastidio curveaba sus labios, pero en su mirada el hielo parecía haber desaparecido por unos momentos.

La puerta del salón se abrió para dejar entrar a Yoochun, que se ganó la mirada de todos los presentes. Al parecer, ese año escolar el músico estaría llegando a las 8:00am en lugar de a las 7:30.

—¡Park Yoochun! —gritó el maestro cuando el muchacho pasó a ocupar su lugar sin decir nada.

—Sí, ya lo sé —se dio prisa en contestar mirándolo desde su lugar—. Tengo retardo.

—Así es jovencito, a mi clase debe llegar a las 7:30, con su tarea hecha. Espero que la traiga.

—Por supuesto —respondió escueto, sacando sus libros.

Jaejoong se acercó a su amigo para hablarle. El profesor había seguido con la lista preguntando los resultados de la tarea al azar, pero Yoochun sería el último a quien le preguntaría, eso ya lo sabían.

—Te harán hacer veranos con tanto retardo —le susurró el pelinegro, Yoochun sólo sonrió.

—Este verano la sinfónica va a China, así que los retardos son lo que menos me preocupa ahora —Jaejoong sonrió, Yoochun se veía contento. Era extraño que dejara ver sus emociones de forma tan clara, por lo que asumía debía estar enamorado de la chica con quien salía y era eso lo que lo estaba haciendo cambiar un poco. Ahora por lo menos hablaba más, porque antes sólo se limitaba a escucharle.

Las clases continuaron igual de aburridas que siempre. No sabía por qué la novedad en el medio era graduarse de actor, cantante o alguna de tantas carreras que existían en la escuela en la que estaba. Antes no era así. Uno se podía ir a probar suerte en el medio sin necesidad de estudiar. Claro que estando en una escuela, era más fácil conseguir trabajo que yendo puerta por puerta a rogar por una oportunidad.

La misión, según los directores de varias de las escuelas del mismo ramo, era crear profesionales, que no sólo supieran actuar, cantar, bailar o pintar, sino que también tuvieran la suficiente cultura como para revisar sus cuentas personalmente y no tener que contratar a un contador. O que supieran venderse bien en el medio sin la necesidad de un representante que pudiera estafarlos.

Era buena la idea… pero las clases eran aburridas.

Bostezó cansío cuando sintió que algo rebotaba sobre su brazos y caía entre su mano y la libera. Se dio cuenta que era un papelito doblado y se apuró a abrirlo.

Sonrió amplio y giró la cabeza para ver hasta el quinto asiento de la primera fila. La rubia aspirante a actriz le sonrió en respuesta y comenzó a hacerle señas. Jaejoong contestó de igual forma indicándole que había leído el recado y que la esperaba después de clases en el bosquecillo detrás del comedor. La chica sonrió y asintió levantando un poco la falda de su uniforme para dejar entrever que no traía ropa interior. Jaejoong se sonrojó al ver las piernas de la chica, no entendía qué quería darle a entender, pero esa clase de actos tan desinhibidos lo ponían nervioso.

El timbre sonó haciendo que regresara la vista al frente para ver la tarea y apuntarla de forma rápida. La chica le gritó un ‘Te espero afuera’ y salió a toda prisa. Jaejoong sonrió amplio una vez más.

—¡Deja ya de hacer eso! —la voz de Boa le hico voltear a verla. No sabía a qué se refería, pero le agradaba que de nuevo le dirigiera la palabra.

—¡Vaya! ¿Por fin vas a hablarme? —preguntó sonriendo, sentía que la felicidad le embargaba. Boa era su mejor amiga y el que estuviera enojada con él le entristecía un poco.

—Deja de coquetear con ella —reclamó de nuevo ignorando su pregunta. Tenía el ceño fruncido y las manos en la cintura. Era una clara señal de que estaba molesta, pero no entendía por qué.

—¿Con ella? ¿Con quién? —preguntó levantándose de su lugar pasando de la cuestión, pero Boa era demasiado testaruda y no lo iba a dejar tan fácil.

—No te hagas el tonto, te vi, estabas coqueteando con esa chica. Jaejoong, no te conviene —trató de hacerle entender cambiando el tono de voz. Se notaba una cierta preocupación por él. ¿Sería cierto?

—¿Estás celosa? —optó por bromear soltando la carcajada, ignorando el ceño fruncido en el rostro de la morena.

—¡Por supuesto que no! Sólo te lo digo porque no quiero que te haga daño, esa chica no es lo que aparenta —pero Jaejoong volvió a reír. Quizá sí estaba preocupada por él, pero no tenía por qué hacerlo.

—Me encanta que te preocupes por mi, Boa —le sonrió tomándola por la barbilla—. ¿Pero sabes? Yo sé cuidarme solo —y la soltó, dándose la vuelta para salir del salón mientras ella quedaba enojada por su actitud.

El sol del mediodía se colaba entre los árboles del bosquecillo. En un par de horas comenzaban los talleres y le urgía entrar a ellos. Extrañaba sus clases de danza y actuación, también quería volver al curso de pasarela y tomar el nuevo de dicción. El primero de ese día era danza. Aún tenía que regresar a su habitación a cambiarse de ropas.

Pero todavía tenía tiempo para esperar a la rubia del recado. Había salido poco después de comer y ahora se encontraba recargado en el mismo árbol en el que había discutido con Changmin apenas el viernes.

No quería pensar en eso…

Sonrió cuando vio a la chica dirigirse hasta él con una sonrisa en los labios. Caminaba con completa coquetería, dejando que su cabello se agitara con forme sus movimientos. Ensanchó más su sonrisa al verlo parado observándola detenidamente.

—¿Los trajiste? —preguntó acercándose a él seductora, arrastrando cada palabra.

—¡Claro! Cómo crees que se me iban a olvidar —La chica levantó las manos para tomar la caja de chocolates de las manos del modelo, dejando que sus dedos rozaran con los de él.

—¡Gracias, gracias! —brincó emocionada, viéndolo después a los ojos—. ¿Cómo he de pagarte? —cuestionó coqueta. Jaejoong se sonrojó al verla tan cerca de él y retrocedió un poco.

—No te preocupes por eso, lo hice con mucho gusto —soltó a la carrera, pero ella dejó recorrer un dedo por su pecho.

—Por qué no te das la vuelta esta noche por el dormitorio de chicas y te pago debidamente —Jaejoong comenzó a reír al escuchar la propuesta. Ya sabía que la chica estaba interesada en él, pero no le agradaba la reputación que tenía. Bien podría tomarle la palabra, sólo divertirse un rato y después dejarla, pero desde lo de Boa se había hecho la firme promesa de no volverse a involucrar con chicas de la escuela. Así que siguiendo su propia filosofía, más valía decir ‘No, gracias’. Claro, de una forma sutil.

—Una de tus vecinas es Boa y tiene un sueño muy ligero. No me gustaría meterme –y meterte– en problemas —aseguró intentando sonar serio, pero sin perder su sonrisa.

La chica no pareció molesta u ofendida. Ya esperaba una bofetada o un reclamo de su parte, pero ella sólo le sonrió, levantó las manos hasta su cuello y sin esperárselo le plantó un beso en los labios.

—Bueno, tú te lo pierdes —se encogió de hombros risueña, sólo para después marcharse por donde había llegado.

Jaejoong se quedó viéndola partir, confundido. Le había besado sin esperar nada más, pero no había sentido absolutamente nada con ese beso. Quizá era porque sólo había juntado sus labios con los suyos y no había esperado una respuesta de su parte.

Levantó la mano para tocar sus labios. A veces, cuando salía con las chicas del bar, los besos eran distintos, más apasionados, y reaccionaba a ellos quizá después de un tiempo de estarse besando. Los besos de Changmin eran distintos… un simple roce de esos labios le hacía estremecer.

¿Pero en qué demonios estaba pensando?

Giró de lleno cuando escuchó algo caer del árbol donde había estado con aquella chica, y abrió grandemente los ojos cuando con sorpresa vio una fría mirada castaña clavada en su rostro. Changmin le veía fijamente, con el ceño fruncido, al parecer molesto. Pero eso no era de extrañarse, siempre veía de esa forma a todo el mundo.

—¿Qué diablos estabas haciendo allí arriba? ¿Acaso me estabas espiando? —cuestionó Jaejoong, frunciendo el ceño a su vez de sólo imaginarse que hubiera estado escuchando todo.

Pero Changmin no le dijo nada, únicamente dio dos pasos para estar más cerca de él. Esta vez no iba a retroceder. ¿Quería decirle algo? ¿Quería golpearlo? ¡Que lo intentara! Estaba listo para agarrarlo a golpes. Quizá había desistido de la demanda, quizá le había ayudado con la tarea de contabilidad, pero eso no le daba el derecho a tratarlo mal.

Levantó los puños listo para defenderse, cuando sintió los brazos de Shim apresándolo con cierto salvajismo, recargándolo contra el árbol y asaltando sus labios sin darle tiempo a nada.

Al sólo contacto de aquellos tibios belfos sintió que la sangre circulaba por todo su cuerpo lanzando electricidad por sus venas. Apretó los labios evitando que la lengua de Changmin le asaltara como antes, pero este presionaba demasiado, obligándolo a abrir la boca y recibir su lengua como en las ocasiones anteriores.

Quería soltarse de las vigas de acero que eran esos fuertes brazos, pero su cuerpo no respondía de forma satisfactoria a las órdenes dadas por su cabeza. De manera inconsciente, se encontró cerrando los ojos y dejando que la lengua de Changmin hondeara en su boca, saboreando y chupando sus labios. Jugando con aquel húmedo músculo de una forma que hacía que su pecho subiera y bajara por lo acelerado de su respiración.

«¿Por qué con Changmin mi cuerpo reacciona distinto a con la otra chica?»

«¿Será porque soy gay?»

—¡NO!

Con un grito desesperado logró empujar a Changmin lejos de su cuerpo, pero al momento de hacerlo, sus brazos se estrellaron en el pecho del actor lanzándolo hacía atrás y haciéndole perder el equilibrio. El alto chico le veía inmutable desde su lugar.

—¡Maldito infeliz! ¿Qué pretendes besándome de esa forma? —recriminó enojado, sonrojado, tratando de recuperar el aliento mientras observaba al otro desde el suelo.

—Tú sabes lo que pretendo —respondió calmo, aún si era notoria su respiración acelerada.

—¡Yo no soy gay! ¿Cuántas veces he de repetírtelo? —se levantó encarándolo. Se sentía muy enojado por todo lo que Changmin le hacía sentir con un simple beso. Pero no era gay, claro que no lo era.

—Por qué en lugar de tratar de convencerme a mí, no lo intentas contigo mismo —sugirió cruzando los brazos, observando con fijeza la mirada confundida del modelo—. Cada vez que te beso encuentro menos resistencia de tu parte.

Changmin se dio la vuelta para retirarse dejando a Jaejoong sumamente molesto. Apretaba los puños con fuerza viendo al suelo. En su cabeza las palabras del menor retumbaban como una acusación con pruebas. ¡Pero era mentira! ¡Una total y rotunda mentira!

—¡YO NO SOY GAY! —gritó con fuerza lanzando su puño cerrado, para descargar su frustración, sobre el tronco del árbol—. ¡¡AUCH!! —aulló de dolor retirando su mano lastimada del tronco.

«Maldición» Ahora tendría que ir a la enfermería a que le revisaran la mano. Por culpa de ese infeliz de Changmin ahora podría tenerla fracturada. Eso significaría dejar de trabajar en algunas cuantas campañas y tener que soportarlo incluso los fines de semana.

Sintió claramente el momento en que su mano lastimada era tomada con gentileza, pero al levantar la vista, no encontró a otro sino Changmin analizando la herida con detenimiento. Quería retirarla, pero algo le impedía moverla. La mano del moreno le sostenía la muñeca y le doblaba los dedos con sumo cuidado. La sangre en los nudillos cubría parte de su mano, pero por todo lo que Changmin hacía no parecía estar fracturada.

Lo vio sacar de la bolsa un pañuelo blanco y enrollarlo cuidadosamente en su mano, evitando que la sangre siguiera brotando.

—Eres un idiota —recriminó Changmin por fin haciendo un pequeño nudo a la punta del pañuelo y soltando la mano del modelo.

Jaejoong lo miró por eternos segundos sin decir nada. Era extraño verlo comportarse de esa forma tan gentil, y más con él. Changmin volvió a darse la vuelta para irse sin decir nada más. Sólo podía ver su espalda, pero era suficiente para recuperarse.

—Tú eres el maldito desgraciado que me hizo darle el golpe a ese árbol, me enfureces —gritó Jaejoong, Changmin se volteó con una mueca en forma de sonrisa en el rostro.

—Procura no darle otro golpe al árbol, ya no traigo más pañuelos —y se dio la vuelta para seguir con su camino.

Jaejoong gruñó por el enojo. Al parecer su sufrimiento le divertía al actor y no pensaba seguir siendo su burla. Caminó a la carrera pateando todo lo que se atravesaba a su paso, no obstante se detuvo de golpe levantando su mano herida. Changmin le había curado usando su pañuelo para detener la sangre.

«¡Pero el maldito fue el que la causó!» se dijo a sí mismo furioso reanudando su camino hasta la escuela. Aún tenía que cambiarse para ir al curso de danza.

Por suerte las clases pasaron muy rápido ese día. Estando en danza pudo olvidarse del maldito actor Shim. Había terminado tan cansado del primer día del taller, que ni a cenar se había presentado. Había puesto la cabeza en la almohada y no había despertado hasta el siguiente día, y sólo porque Yoochun lo sacudió en la cama, sino, no hubiese despertado hasta el medio día. No sería la primera vez que le pasaba.

Su mano aún permanecía adolorida, pero procuraba no prestarle atención a las raspaduras. Estaba seguro que sanarían pronto. Por suerte el siguiente fin de semana no tenía trabajo, sólo iba a salir con Jessica al dichoso evento en el Commodore Busan Hotel. Pero contaba con regresar antes de que cerraran las puertas de la escuela. O quizá se quedara en el departamento de Jessica y al siguiente día iría a visitar a su amigo a la sinfónica para conocer a la chica de la que estaba enamorado.

El problema ahora, era saber qué traje usar para la entrega. Estaba demasiado distraído tratando de pensar en qué ponerse. Debería tenerlo decidido para antes del viernes. Sin embargo, no sabía cuál sería la mejor elección.

—Un Armani —murmuró en voz baja sin ver a ningún lado.

No debería preocuparse tanto por la ropa que debería usar, pero a sabiendas que sería fotografiado con Jung Sooyeon (alias Jessica), la nominada de ese año como mejor actriz, debía lucir lo bastante elegante como para no ponerla en vergüenza. Y un Armani sería la mejor opción; era de corte clásico y un hombre se veía sobrio y elegante con él. El problema, era que hacía un par de años se había enfrascado en un pleito con el director de mercadotecnia de la firma y él había jurado jamás usar un traje de ese diseñador. Fukutaro se había querido propasar ofreciéndole la firma del contrato de una campaña millonaria, sólo si él aceptaba pasar una noche en un hotel con él. Claro que la respuesta fue un rotundo ¡No! Quizá lo mejor era usar un HangTen, o algún otro modelo no tan clásico.

—¡Definitivamente necesito algo de ayuda! —ahogó volteando a ver a Boa—. Lo mejor será preguntarle a mi diseñadora de modas de cabecera —se dijo sonriendo para volver su vista al frente e intentar prestar atención a las clases.

Yoochun volteó a ver a Jaejoong. Desde hacía rato lo había visto algo distraído y no podía entender el por qué. Desde el día anterior había querido preguntarle sobre la demanda que Changmin iba a interponer en su contra. No sabía si ya le había preguntado algo al actor o por lo menos dado las gracias por no ponerla, pero cuando había intentado preguntarle, Boa había llegado a la mesa y se la había pasado discutiendo con Jaejoong por un asunto; que según entendió, había sido un coqueteo entre el modelo y la chica aspirante a actriz a la que le había traído los chocolates. A veces esos reclamos de la pelicorto le hacían pensar que ella seguía enamorada de Jaejoong, pero las constantes miradas que le dirigía al actor Shim le hacían dudar.

Después Jaejoong había desaparecido del comedor y con el inicio de los talleres le fue imposible verlo el resto de la tarde, y como no se presentó a cenar, decidió irlo a buscar a su habitación. Tocó varias veces sin obtener una respuesta del modelo y decidió entrar en su cuarto para encontrarlo profundamente dormido. Seguramente había terminado muy cansado y eso le había hecho caer a la cama con todo y ropa. Decidió no despertarlo y esperar hasta el siguiente día para preguntarle.

Pero ese día por la mañana, tuvo que entrar a su habitación y sacudirlo en su cama para que despertara. El despertador estaba sonando a todo volumen y el muy flojo no se levantaba. Cuando por fin logró que se despertara lo mandó sólo a desayunar, ya que aún tenía que bañarse y cambiarse. Cosa que logró apenas, ya que arribó a clase unos segundos antes de que el maestro entrara y aún con el cabello destilando algo de agua.

Hasta ahora no sabía nada de la demanda. ¿Changmin realmente había desistido de ella, como le había comentado?

Levantó un poco más la mirada y vio a Changmin en su lugar observando a su vez al modelo. Eso era extraño, pero no era la primera vez que lo veía observando detenidamente a Jaejoong. A veces, cuando Changmin llegaba después que todos los demás, claramente veía que su mirada se dirigía hasta el lugar del modelo. ¿Cuál era el motivo por el que Changmin le veía tanto? A veces volteaba para ver qué hacía el actor y en algunas ocasiones lo había sorprendido viendo a su amigo cuando este estaba distraído… como ahora.

Pudo ver cómo la mirada de Changmin se elevaba para verle. Por segundos pudo notar la aparente sorpresa en el actor al verse descubierto, pero sólo fue un leve momento, pues de inmediato se había recuperado para volver a ver al frente.

«Extraño, muy extraño» había pensado Yoochun regresando su vista a las clases.

El timbre sonó para dar paso a la hora de comida. En un par de horas comenzaba el curso de pasarela y estaba ansioso porque empezara ya. Quería olvidarse de sus preocupaciones, aunque tener a Shim Changmin tan cerca no le ayudaba en nada.

—¡Boa, espera! —gritó Jaejoong a la pelicorto al ver que casi salía del salón. Ella se detuvo en la puerta y le observó con curiosidad—. Necesito un poco de tu ayuda.

—Claro, dime en qué necesitas mi ayuda.

Changmin pasó por un costado de ambos, dirigiendo su mirada a la azabache por sólo unos segundos. Pero en esta ocasión Jaejoong no apartó la vista, no le permitiría que lo intimidara; sin embargo, Changmin sí lo hizo, y siguió su camino sin ver a nadie.

—¿Y bien? —cuestionó Boa al ver a Jaejoong con el ceño fruncido, pero él sonrió tomándola del brazo y conduciéndola al comedor.

—Voy a una entrega de premios y necesito tu ayuda para elegir el mejor traje.

—¿Qué evento es al que vas? —preguntó con curiosidad caminando a su lado.

—A los Blue Dragon Film Awards de este viernes —respondió de lo más tranquilo. Boa se detuvo con ojos muy abiertos.

—VAS A LOS PREMIOS TRANSMITIDOS POR K! —exclamó casi gritando, haciendo que más de uno se parara para verlos. Boa volteó para todos lados y sonrojándose bajó la vista—. Lo siento, lo siento.

—Ya sabes que no es la primera vez que voy, no son nada del otro mundo —murmuró sujetándola del brazo y caminando a la carrera rumbo al comedor.

—Quizá para ti no, pero espero que algún día yo pueda acudir a uno de esos, o por lo menos alguno de mis diseños —suspiró sonriendo a Jaejoong. Él le respondió la sonrisa.

—Estoy seguro que llegarás muy lejos, tus diseños son muy buenos. Sólo necesitas que alguien famoso use uno de esos y tus bonos subirán hasta las nubes.

—¿Y dónde se supone que encontraré a alguien famoso, eh? —cuestionó llegando al comedor y seleccionando su charola para recoger la comida. Jaejoong la siguió.

—Pues se supone que aquí, ¿no? La mayoría de los que estudian en esta escuela serán famosos algún día. Sólo unos cuantos ya lo son. Bueno, uno ya lo es —bufó con fastidio. Boa sólo rió un poco—. ¿Pero irías a mi habitación a ayudarme a seleccionar el traje…? ¿Por favor?

—Sólo cuida que nadie te vea, Boa —musitó Yoochun tras ellos, asustándolos—, o escuche.

—Ay, Chunnie, qué susto me metiste —Boa suspiró algo aliviada—. Por un momento pensé que era uno de los maestros. Pero no te preocupes, que nadie me verá entrar, usaré la ventana, como antes —rió mientras se sentaba a la mesa.

—Dejaré el lazo, no quiero que subas por el árbol, no vayas a caerte —aclaró el modelo sentándose frente a sus amigos. Pero al levantar la vista pudo darse cuenta que no había elegido el mejor lugar, pues frente a él se encontraba Changmin que, como siempre, le observaba fijamente. Frunció el entrecejo y desvió la vista hasta su plato.

—No me gusta el lazo para subir, prefiero el árbol —cuchicheó Boa de forma queda. Todos guardaron silencio por unos momentos para comenzar a comer, pero entonces la pelinegra volvió a tomar la palabra—. ¡Pero qué envidia me das! Estarás rodeado de estrellas de cine y gente muy importante en los Blue Dragon.

Jaejoong levantó la vista a la carrera para ver cómo Changmin elevaba una ceja y le observaba detenidamente. No quería que el actor se enterara y ahora lo sabría. Generalmente el presumido del Témpano de Hielo Shim no se presentaba en premios inferiores, según su criterio. Sólo se contemplaba la posibilidad de que asistiera a los BIFF, más no a ningún otro evento. En los otros, alguien más los había recogido por él.

¿Se atrevería a aparecer en los premios de la crítica este año? Rió un poco al sólo imaginarlo. Eso lo dudaba. Si los medios lo veían, era seguro que lo acecharan como en cada evento en el que aparecía. Así que no había por qué preocuparse por el actor, simplemente confiaría en el juicio de los expertos, quienes decían que no se presentaría ese año.

Boa continuó haciendo comentarios sobre los premios, la ropa que solían llevar y cómo le gustaría que algún día esos famosos usaran sus diseños. Jaejoong les platicó con quién asistiría y la forma en la que le había obligado a aceptar acompañarla. De nueva cuenta Boa se había molestado por eso, pero Jaejoong se dio prisa en aclararle que Jessica no era su tipo, lo que provocó que la pelicorto se tranquilizara un poco.

Varios alumnos comenzaron a murmurar algo a sus espaldas, pero ninguno de los tres prestaba atención al alboroto. Al parecer, alguien acababa de llegar y nadie le conocía. Y los murmullos circulaban sobre lo guapo que era el recién llegado.

Yoochun y Boa levantaron la vista justo en el momento en el que alguien se paraba detrás de Jaejoong. Changmin despegó la vista del libro que leía cuando vio cómo las manos de alguien, que vestía con el uniforme de la escuela, se elevaban para tomar a Jaejoong de la cabeza y empujarlo contra el plato de comida frente a él.

—¡Con un demonio! —gritó el modelo enfadado, levantándose a la carrera con toda la cara llena de comida. Pero al ver a su agresor se quedó por completo en silencio.

—Maldito cara de nena boquifloja, ¿por qué tenías que decirle a Victoria que las clases de pasarela y fotografía se podían tomar como diplomados? ¡Ahora me ha obligado a venir dos veces por semana a tu maldita escuela! ¡Y a usar estas ridículas ropas! —acusó jalándose la camisa del uniforme y las mangas del saco. Jaejoong comenzó a reír limpiándose la cara.

—¡Bienvenido, Yunniiieee! —canturreó con júbilo abrazando al castaño, pero este lo empujó sumamente enojado.

—¡Me llamo Jung Yunho! Alíen entrometido… Pero esta me la pagas. ¡Claro que me la pagas! —recalcó amenazante, pero Jaejoong reía a carcajadas sin hacerle el menor caso.

Todos en el salón comedor se quedaron viendo al recién llegado, mientras Jaejoong se terminaba de limpiar los restos de comida de la cara con una sonrisa. Changmin sólo había enarcado una ceja al ver lo que el recién llegado había hecho, pues poco más y se levantaba de la mesa para contestar a la agresión que le hacían al pelinegro. ¿Por qué de pronto había surgido dentro de él el sentimiento de ayudarle? Sólo buscaba venganza y un poco de diversión. No tenía por qué haber nada más involucrado con ese modelito que ahora abrazaba nuevamente al que fuera su agresor.

Sin embargo… no podía quitarle la vista de encima.



❥ Fin del Capítulo Dos.




¹ Integrantes de Girl’s Day y Miss A, respectivamente, quienes en cierta ocasión tuvieron una rencilla competitiva.



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¿Qué tal? Kkk, ¡amo esta historia! Espero que les esté gustando. Gracias por leer, y gracias por los comentarios.

¿Saben? Un buen trabajo de adaptación no es cosa fácil(?)





1 comentarios:

Rimi~ dijo...

"—Ahora podré masturbarme frente a tu foto —Y los pasos de Jaejoong se detuvieron en seco, volteándose con el ceño fruncido y el rostro totalmente colorado.

—Eres un desgraciado, Shim Changmin, ¡vete al infierno!

—Ya te dije, sólo si me acompañas."

ASDFGDSFGAHSD... ¡Muerooooo! En serio, más le vale a Min sacarle MUCHO provecho a esa foto... Y que Joongie no se tardé tanto y pronto lo "acompañe al infierno" HAHAHA.

Repito, amo la historia. Y ahora me pregunto, ¿qué pasará con la llegada de Yunnie a la escuela?... Uhm, esto se pone cada vez más y más interesante eue

Asdfgdsadf~ estaré esperando impacientemente la actualización, kkk.

Fighting melli~♡

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