Tortura: Capítulo 3

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Jaejoong observó de reojo la penetrante mirada fija en él y en Yunho. Al parecer, el que tuviera un amigo tan “cercano” le desconcertaba, o por lo menos era lo que dejaba ver. Tenía las cejas arqueadas y sus profundos ojos puestos sobre cada movimiento que hacía para abrazar al otro modelo o incluso indicarle algo con la mano. No sabía por qué, pero ese sutil desconcierto le producía un ligero sabor a victoria. Era como estarle dando una lección sin ni siquiera tocarlo. ¡Y eso sabía a gloria!

—Este alíen es un completo mal educado —comentó Yunho señalando a Jaejoong con el pulgar y la mirada fija en Boa—. No ha tenido la amabilidad de presentarnos. Mi nombre es Jung Yunho y al igual que este idiota soy modelo. —explicó extendiendo la mano frente a la chica y levantándose de su lugar.

Boa observó el gesto frente a ella, elevando la vista por la alta figura del joven moreno hasta toparse con un par de ojos castaños y una sonrisa resplandeciente. Extendió su mano por igual para tomar la que le era ofrecida y sin poderlo prever recibió un beso en el dorso de la misma, sintiéndose sonrojar.

—Bo… Boa Kwon, mucho gusto, estudiante de diseño de modas. —se presentó a la carrera sin tomar aire, a lo que Jaejoong trató de reprimir una carcajada. Al parecer Yunho utilizaba sus encantos para llamar la atención de cualquiera.

—El gusto es mío. —indicó soltándola, girándose a un lado hacia donde Yoochun se encontraba para extenderle la mano por igual. Este la levantó, pero justo antes de estrecharla, recalcó.

—A mí no me vayas a besar la mano —y tanto Jaejoong como Boa soltaron las risas. Yunho observó su serio semblante y sonrió ante al comentario, era difícil saber si estaba bromeando o no—. Soy Park Yoochun, estudiante de música. Mucho gusto.

—Un placer —recitó soltando la mano del chico—. Y sobre besarte la mano, no me ofendas, sólo lo hago con chicas bellas. —acotó con la mirada detenida en Boa. Jaejoong se rascó un poco la cabeza, contrariado por el comentario.

—Que extraño, yo te vi ha-… —pero las manos de Yunho volaron a taparle la boca.

—¿No les parece que a veces habla demasiado este babo? —Boa parecía divertida—. Un día de estos deberíamos cobrarle por todo el aire que nos quita por tanta palabrería soltada sin control.

Jaejoong trataba por todos los medios de quitarse las manos de Yunho de encima. ¿Por qué el idiota simplemente no le dijo que se callara? Lo hubiera hecho sin necesidad de que le tapara la boca. Pero en sus movimientos por soltarse su mirada oscura chocó con una castaña profunda, llamativamente asimétrica que le veía con el ceño fruncido. Pudo notar el momento en que Changmin cerraba el libro y se levantaba con su charola en la mano, sin quitarle la vista de encima.

—¿Ese es Shim Changmin? —preguntó Yunho, soltándolo para observar al actor.

—El mismo Témpano de Hielo Shim. —afirmó Jaejoong siguiendo el mismo rango de visión que su compañero, sólo para de inmediato girar el rostro y chocarse con la mirada molesta de Boa.

—¿Todavía te ayuda en clase y tú le sigues insultando? ¿Pero cómo te atreves, Jae? —Las miradas de todos recayeron en el pelinegro, acelerándole el pulso. No se había dado cuenta que alguien más había visto lo que Changmin había hecho por él.

—Cálmate, Boa —intentó tranquilizarla Yoochun—. Ya sabes que Jaejoong no lo soporta.

—¿No lo soportas, JaeBoo? ¿Por qué? —le preguntó su compañero de modelaje—. Pensé que era tu ídolo y que había sido por su influencia que habías entrado a este loco mundo.

Jaejoong abrió los ojos con sorpresa al escuchar aquellas palabras. Sí, era cierto, cuando niño solía ver mucho el programa infantil donde Changmin era el protagonista, se levantaba temprano todos los fines de semana sólo para reír y llorar con Changmin. Las repeticiones de entre semana se las sabía de memoria, e incluso, había sido uno de esos capítulos el que lo había llevado a la familia Kim y su ingreso al mundo de la farándula. Había memorizado todas las líneas de cada uno de los personajes y las había repetido con todo y gestos, lo que había sorprendido a Kim Eungsoo y lo llevó después a adoptarlo.

—Es una larga historia, Yunho —resumió levantándose—. Pero ya se nos está haciendo tarde para ir a clases, así que ya deberíamos irnos. Ya que es tu primer día te enseñaré dónde están los vestidores y cuáles son las aulas de los talleres, así no necesitarás llegar tan temprano.

—Te aseguro que no será un problema llegar temprano, hay muchas cosas que ver —sonrió con la mira fija en la pelicorto, quien se sonrojó nuevamente al sentir aquella mirada detenida sobre sí—. Además me dijeron que si llegaba temprano podría comer aquí.

—Sería muy bueno tenerte por aquí cuando vengas a los talleres —mencionó Boa sonriendo, y Yunho le correspondió a la sonrisa.

—Jaejoong, ven, necesito hablar un momento contigo —Yoochun se paró para caminar con él, pero éste volteó para ver a Yunho.

—No se preocupen por mí, estoy seguro que tu amiga podrá indicarme cómo llegar al aula del taller. Y si me pierdo en el camino —la miró de nueva cuenta—, espero sea en tan buena compañía —Boa volvió a reír.

Jaejoong asintió y siguió a Yoochun fuera del comedor de la escuela. El músico estaba muy serio, no sabía si era por culpa de la forma de ser de Yunho o si había algo más involucrado en esa seriedad que mostraba. Ambos se detuvieron en los pasillos que conducían a las aulas de los talleres y separaban los pasillos de las aulas de clases.

—No sé si hicimos bien en dejar a Boa con ese chico que parece un casanova —Yoochun se cruzó de brazos frente a Jaejoong, y éste únicamente sonrió ante la actitud paternalista de su amigo; además, no había de qué preocuparse, él conocía a Yunho.

—Te aseguro que Yunho es inofensivo, puede parecer un completo casanova, pero si la chica permite sus avances un poco más el tigre se convierte en un gatito y no sabrá qué hacer —afirmó sonriendo, logrando que la seriedad en el músico se transformara en una media sonrisa—. Si es por eso que estabas tan serio, en verdad, no tienes por qué preocuparte, yo sería el primero en apartarla de él si lo considerara peligroso. Es más, estoy seguro que Yunho no es del tipo de Boa, les doy menos de dos minutos para que se harten el uno del otro.

—¡Vaya! Parece que le conoces bien. —y Jaejoong asintió sonriendo.

—Hemos trabajado mucho juntos, así que lo conozco casi desde que éramos niños. Incluso tengo más tiempo de conocerlo que a ti, sólo que a él lo veo una o dos veces al año y a ti te veo todos los días.

—Eso explica muchas cosas —murmuró Yoochun más tranquilo—. Pero no era de eso de lo que te quería hablar, es sobre la demanda —la mirada de Jaejoong se nubló ante la sola mención. ¿Es que había sido una broma de su amigo?—. No te alarmes, sólo quiero preguntarte si Changmin te ha comentado algo o le has preguntado por ello.

—No —susurró con temor—, pero tú me dijiste que no iba a ponerla. ¿Acaso no era cierto?

—No, Jae, Changmin me dijo que no iba a demandarte. Sólo quiero saber si te lo confirmó, porque tuvo todo un fin de semana para arrepentirse.

El corazón de Jaejoong comenzó a latir a toda prisa, no podía ser posible que aún pendiera sobre su cabeza la amenaza de la demanda. Casi brincaba y saltaba de gusto cuando Yoochun le había dado aviso de que ya no le demandarían, ¿y ahora le salía con eso?

—Deberás preguntarle tú mismo para salir de toda duda, y si realmente no te demandará, deberías darle las gracias…

—¡Jamás! —reaccionó el modelo—. No pienso darle las gracias por no demandarme después de todo lo que me ha hecho. —gruñó de mala gana, sintiendo un estremecimiento recorrerle la espalda sólo de recordar por lo que había pasado con ese infeliz actor.

—¿Y qué es lo que te ha hecho además de golpearte hace un año?

Jaejoong volteó a ver a su amigo con los ojos abiertos por el asombro. No podía decirle de los acosos constantes al que lo sometía Changmin, era demasiado vergonzoso contarlo, ¡tan sólo imaginarlo! Era preferible seguir dejando que Yoochun pensara que no lo soportaba debido al golpe que había recibido hacía un año a contarle por todo lo que estaba pasando.

—Na… nada. —tartamudeó, pero las cejas de Yoochun se ciñeron. Le conocía lo suficiente como para saber que mentía. Sin embargo, no iba a insistirle para que le contara, cuando quisiera hacerlo, él estaría dispuesto a escucharle.

—Entonces deberías agradecerle por no arruinarte la vida —aseguró observándolo con los brazos cruzados—; y esta es tu oportunidad —señaló hacia los baños. Jaejoong se giró un poco para ver a Changmin abriendo la puerta de los sanitarios, ingresar y cerrar tras él—. Le das un solo gracias por el precio de dos —Jaejoong volteó a ver a su amigo con asombro, pero él sólo le sonrió un poco—. Por lo que escuché, también te ayudó en clases con una materia y supongo que tampoco le has agradecido.

—¡Maldita sea! —maldijo pateando el suelo y girándose rumbo al baño—. Sólo diré gracias y adiós, que no espere nada más de mí. —alcanzó a escucharle Yoochun murmurar, mientras el muchacho se alejaba para entrar a los sanitarios.

Changmin lavaba sus manos cuando vio, a través del espejo, cómo la puerta se abría y la figura del modelo de pálida piel aparecía por ella.

Jaejoong se quedó parado con el ceño fruncido, regresándole la mirada a través de la superficie reflejante. No sabía por qué diablos le había hecho caso a Yoochun y se encontraba ahora en el mismo lugar que Changmin. ¡En los únicos sanitarios que estaban lo suficientemente escondidos como para no ser visitados de forma frecuente por los alumnos!

¡Qué diablos! se dijo a sí mismo bajando la mirada apenas unos instantes, sólo para volver a alzarla y toparse contra los profundos ojos que ahora se habían girado para verle de frente. Sólo se limitaría a darle las gracias, que lo tomara como quisiera. Si quería creer que era sólo por ayudarle en clase el día anterior o por la demanda. ¡Ese ya era su problema!

—Changmin, yo… —comenzó, pero su voz sonó demasiado insegura. Las cejas del moreno se fruncieron con extrañeza.

¡Maldición! ¿Por qué estaba tan nervioso? Su corazón había comenzado a latir con furia desde que su mano se posó en la puerta del baño, y ahora amenazaba con explotar al ver los ojos profundos del actor detenidos en su cuerpo.

Pudo ver a Changmin recargándose de espaldas contra los lavabos de mármol, cruzando los brazos para verlo fijamente sin pronunciar palabra. Pero era algo que le estaba costando trabajo, su boca se había secado y aquello por lo que había acudido al baño se le había ido de la mente.

—Si no te has dado cuenta, los dos vamos a llegar a tarde a nuestros talleres si no dices de una vez a lo que has venido.

¡Tenía razón! Faltaban escasos dos minutos para que diera comienzo el segundo taller de la semana, y él que se había propuesto sólo decir gracias y adiós.

Changmin se despegó del lavabo para caminar hasta él. La oscura mirada del mayor parecía perdida en algún punto fijo frente a él, sin ver realmente nada sino sólo sumergido en pensamientos, ajeno a su alrededor. Atrayendo su atención, dejó deslizar su mano por la barbilla de Jaejoong para hacer que le viera. Ante el solo contacto el pelinegro se retiró replegándose contra la pared, pero el menor le siguió colocando ambos brazos a sus costados para evitar que se moviera.

¡Que idiota había sido al irle a buscar! Su mirada le quemaba la piel, esos ojos profundos que parecían hielo le hacían estremecer.

—¿Vas a decirme que aceptas lo que te ofrecí? —le susurró el actor, logrando que el modelo frunciera el entrecejo con molestia y lo empujara con fuerza para alejarlo. Sin embargo, contrario a lo que pensaba, Changmin se alejó de forma rápida.

—¡Maldición, claro que no! Sólo vine a darte las gracias por lo que hiciste. Aunque eso signifique que tengas otro motivo para fastidiarme la vida. Eso era todo. —concluyó dándose la vuelta para intentar llegar hasta la puerta.

Pero la mano de Changmin echando llave a la única salida lo puso en alerta. ¿Era por eso que se había separado de él tan fácilmente, porque estando la puerta abierta corrían el riesgo de que alguien les descubriera? ¡Maldición!

—¿Sólo gracias? —murmuró el alto actor, dando un paso más cerca de Jaejoong, que él también dio hacia atrás para alejarse—. Yo hubiera esperado algo más.

—¡No!

Jaejoong trató de alejarse, pero Changmin fue más rápido, atrapándolo de la muñeca para arrinconarlo contra la pared como lo había hecho minutos antes. Sólo que esta vez, aquel cuerpo se recargaba contra el suyo y sus labios le apresaban la boca robándole los sentidos, obligándole a abrirle el paso para probar de su interior, aturdiéndolo.

Sus manos estaban acorraladas entre el cuerpo del actor y el suyo, quería moverlas para empujarlo, consiguiendo únicamente abrirlas para sentir el calor de la piel de Changmin bajo la camisa blanca del uniforme. Las manos del moreno le apresaban como dos fuertes vigas de acero, le hacían casi perder el aire. Sus besos le robaban el aliento, le arrancaban los sentidos. Se vio a sí mismo cerrando los ojos mientras su mente comenzaba a gritar que continuara.

Pudo sentir las manos de Changmin jalar su camisa fuera del pantalón, dándole más libertad para acariciar su espalda. ¡No! ¡Lo estaba haciendo de nuevo! Y de nuevo su cuerpo no oponía resistencia. ¡Maldita sea! ¿Por qué nunca podía obedecer sus ordenes y sólo respondía a las caricias proporcionadas por el actor?

Comenzó a mover sus manos para empujarlo con fuerza, su respiración agitada no ayudaba en mucho con la tarea, su cuerpo temblando ante el contacto era difícil de controlar. Pero necesitaba alejarse de él.

Changmin se separó de su cuerpo sin alejar los brazos de la pared, manteniéndolo arrinconado. Sus ojos castaños, además de fríos, se veían oscuros. Podía identificar en su mirada las huellas del deseo. Pero, ¿por qué él, habiendo tantos otros?

—Si realmente quieres ganarme en esta clase de lucha, deberás hacer un poco de ejercicio. —escuchó el susurro a su oído, entrecortado, entretanto el más alto se alejaba un poco más del cuerpo del modelo.

—Mi contrato lo prohíbe. —explicó el pelinegro cerrando los ojos en su intento de recuperar el aliento. Sin tan sólo pudiera levantar pesas para incrementar sus músculos, por lo menos podría intentar partirle esa linda cara de un golpe. ¡Qué importaba que lo demandara! Así sentiría la satisfacción de haberlo derribado con sus puños.

—Vete antes de que me arrepienta de dejarte ir. —Jaejoong abrió los ojos al escucharle, sus cejas arqueándose con disgusto. ¿Qué le hacía pensar que lo estaba dejando libre? ¿Acaso era una presa a la que se había dispuesto a cazar?

—¡Eres un maldito! —gruñó entre dientes, a lo que Changmin se volvió para mirarlo fijamente.

—No parece disgustarte la idea de que lo sea. —señaló burlón, entretanto Jaejoong cerraba los puños por el coraje, muy dispuesto a tumbarle un par de blancos dientes.

—¡Vete al infierno, Témpano de Hielo Shim! —profirió antes de pasarle por un costado al actor. No obstante de forma sorpresiva fue detenido del brazo y vuelto a arrinconar contra la pared. Los ojos castaños estaban clavados en los oscuros con molestia. Parecían los ojos de una fiera que estaba a punto de lanzar un zarpazo sobre su presa.

—Puedo demostrarte que no soy ningún témpano de hielo, incluso puedes llegar a darte cuenta que arderemos los dos en el infierno, como tanto lo pregonas. —Jaejoong se soltó con un fuerte tirón. El tiempo se había pasado demasiado rápido y ahora los dos llegarían tarde a su primera clase del taller de los martes. Pero eso no impediría que le respondiera.

—¡Eso quisieras, idiota! —alegó llegando hasta la puerta sin ser detenido.

—Por supuesto que sí. —Y Jaejoong se detuvo de golpe para observarlo detenidamente. El más alto le miró con curiosidad. ¿Qué le había hecho detenerse?

—Dime algo  —musitó el modelo, claro y audible, frunciendo el entrecejo—. ¿Estás enamorado de mí?

El acoso constante y las palabras que siempre obtenía de Changmin cuando le besaba le llevaban a pensar que quizá el actor sintiera algo diferente por él que sólo deseo. Quizá era una tontería, era alguien demasiado frío a quien no se le conocía pareja. ¿Pero no acababa de decir que podría demostrarle que no era un témpano de hielo? ¡Qué tonto había sido al hacer esa pregunta! Y la sonrisa irónica y burlona que apareció en los labios de Changmin se lo confirmaba.

—Quién está hablando de amor, Kim Jaejoong. Sólo quiero tu cuerpo…

Sólo quiero tu cuerpo

Desde el principio lo sabía, desde que le hubiese dicho que era gay sabía que el actor sólo quería satisfacer sus bajos instintos con él. Pero el hecho de que se lo dijera cara a cara le producía un profundo malestar, le causaba ira, enojo y una gama de sentimientos que no sabía cómo interpretar.

Jaejoong lo observó con el ceño fruncido, sólo para abrir la puerta del sanitario y salir a la carrera del lugar sintiendo la excitación despierta en su entrepierna. Era mejor dejar la camisa de fuera, sólo arreglar un poco el saco. No podía creer que un simple beso… No, no había sido eso, habían sido sus manos recorriendo su cuerpo, eso era lo que le había provocado. Sus manos, no sus besos. Como le hubieran provocado las manos de cualquier chica de tocarlo como solía hacerlo Changmin.

Ese maldito de Shim Changmin sabía muy bien dónde tocar y cómo hacerlo. Y por eso quería sólo su cuerpo, se decía a sí mismo, apretando fuertemente los ojos para caminar a toda prisa hasta el taller.

La tarde se había pasado rápido en compañía de Yunho, incluso olvidando un poco lo sucedido con Changmin en los sanitarios. Por lo menos su compañero no le había recriminado por haberse presentado tarde y con la camisa de fuera, quizá había ayudado el que llegara quitándose el saco para colocarlo detrás de la silla donde ahora estaba; le daba un look despreocupado que andaba muy de moda.

Ahora tenía un poco más de competencia por la atención de las chicas. Antes, siendo él el único modelo que figuraba de forma profesional en el taller, las chicas le seguían mucho. Pero ahora también estaba Yunho. Para su desgracia, le habían reconocido como el chico del pastel, motivo por el cual su amigo se molestó muchísimo con él. Mientras alguien le siguiera recordando el incidente, Yunho le seguiría reclamando por ello.

Había sido divertido volver a las pasarelas y ver cómo Jaewon, el maestro y coreógrafo, ponía a las chicas a caminar con un libro en la cabeza para recordarles cómo debían caminar. Algo que, tanto él como Yunho, dominaban a la perfección.

Jung regresaría al siguiente día para asistir al taller de fotografía y, desde hace mucho tiempo sabía, al chico le apasionaba eso. Sería su primer curso de la materia y se le notaba algo emocionado. Por lo menos esta vez no pareció disgustarle que le hubiesen obligado a dejar su celular y localizador en la entrada, ya que en la escuela estaba prohibido que los alumnos cargaran con esa tecnología.

Tenía sueño y bostezaba constantemente. Estaba recostado en la cama, viendo constantemente hacía la ventana. Hacía un par de horas que había cenado y apenas una que las luces se habían apagado. Faltaba sólo una hora para la media noche y aún esperaba que Boa llegara para ayudarle a elegir el traje que llevaría a los Blue Dragon. Por ese mismo motivo aún no se cambiaba y seguía usando el uniforme con las mangas de la camisa arremangadas.

No podía dejar de pensar en Yunnie y la reacción de Changmin al verle, a pesar de que al haber estado a solas con él en ningún momento le cuestionara por su amistad con él. Seguramente le conocía, por eso el que no le hubiese preguntado nada y se hubiera limitado a besarle como en tantas otras ocasiones.

Levantó su mano para dejarla deslizar por sus labios. La calidez que los labios de Changmin dejaban en los suyos cada vez que le besaba… aún podía sentirla.

«Maldición» maldijo mentalmente, retirando la mano con brusquedad. «¿Por qué he de pensar ahora en ese maldito de Changmin? El estúpido me recalcó que sólo está interesado en mi cuerpo. ¡Ese idiota!»

Se giró del otro lado de la cama cruzando sus brazos bajo la cabeza. Estaba cansado por todo lo que había pasado en el día. Estaba cansado por haberse tenido que enfrentar de nuevo a Changmin y su forma de tortura. Estaba tan cansado, que sin quererlo se quedó dormido.

Boa observó de nuevo el segundo piso del edificio. Tenía un par de años de no acudir de noche a la habitación de Jaejoong. Solía hacerlo con frecuencia cuando eran novios, a veces ella iba, y a veces Jaejoong acudía a la suya; pero de eso ya hacía algún tiempo. Ahora sólo hablaban durante el día y desde que habían terminado no había vuelto a hacer el amor con nadie.

Volvió a estudiar las terrazas de las habitaciones. Desde abajo, las dos habitaciones que permanecían con la ventana abierta y dejando entrever las cortinas de encaje transparente se veían exactamente iguales. La luna en cuarto menguante no ayudaba en nada a ver cuál sería la correcta, así que decidió subir al árbol que estaba entre ambas habitaciones. No cabía duda que necesitaba ser podado, ahora tenía más hojas y ramas que antes. ¿O quizá se había equivocado incluso de árbol?

Volvió a fijar la vista en la habitación. Una de ellas permanecía con toda la puerta abierta y la otra a penas un pedazo que dejaba escapar parte de la cortina. Eso le daba una clara idea de cuál habitación debía ser la de Jaejoong. Saltó del árbol en la habitación de la izquierda.

—¡Jae, ya llegué! —anunció audible entrando de lleno en el interior del cuarto, pero sólo le respondió el silencio reinante.

Siempre que iba a la habitación del chico éste mantenía la pequeña lámpara del escritorio encendida, pero en esta ocasión todo estaba a oscuras y en silencio. Giró la mirada hasta la cama y no pudo apreciar nada, la escasa luz de la luna no le permitía ver en el interior con claridad por lo que, a tientas, se dirigió hasta el escritorio para encender la lámpara y buscar a ese modelo olvidadizo. Era probable que anduviera de maratón en la sala de estar con sus amigotes apostadores y se hubiera olvidado de ella.

Dejó deslizar con cuidado la mano por la madera del escritorio, esperando encontrar una montaña de papeles que indicaran el desorden en el que siempre estaba sumido Jaejoong. Aunque para él eso era un desorden ordenado. Les tenía prohibido a las chicas que hacían el aseo que le tocaran algo de ahí. En esta ocasión no había nada fuera de su lugar, y eso se le hizo sumamente extraño. Encendió la lámpara en cuanto la encontró y se dio la vuelta para buscar al pelinegro.

Pero sus ojos se abrieron de forma enorme al darse cuenta que esa no era la habitación del modelo, estaba demasiado ordenada para ser de él. La cama tendida, la ropa en su lugar, una pila de libros acomodados ordenadamente sobre la repisa a un lado de la cama. ¡No! Definitivamente esa no era la habitación de Jaejoong. Tenía que estar en…

—¡La habitación de Changmin! —ahogó, obligándose a sí misma a cubrirse la boca con las manos.

Su corazón comenzó a latir con fuerza en el pecho. Estaba demasiado asustada como para moverse, no sabía qué hacer. Sus piernas comenzaron a temblar. ¿Qué haría si Changmin la descubría dentro? ¿Sería capaz de aprovecharse de ella? ¿La denunciaría a dirección? Sería mejor salir de ahí lo más pronto posible y no averiguarlo.

Trató de moverse sin lograrlo, un paso primero y otro después, pero sus piernas parecían pegadas al suelo. Después de unos segundos que le parecieron eternos, por fin logró alejarse del escritorio rumbo a la puerta de la terraza. Volteó con nerviosismo rumbo a la puerta de entrada, rogando a todos los santos porque Changmin no apareciera en ese momento. Sabía de su fama de violento y no quería comprobarla.

Estaba a punto de salir por donde había entrado cuando notó de reojo algo que en su nerviosismo no había podido distinguir, y que ahora la escueta luz de la lámpara le daba la oportunidad de apreciar. Se giró de lleno con temor y logró caminar hasta un costado de la cama. Y ahí, en el suelo, yacía Changmin tirado.

—¡Dios mío, Changmin! —se asustó hincándose a su lado sin animarse a tocarlo. Había un grueso libro a un costado de él, pero no sabía si estaba dormido o quizá desmayado. No sabía si tocarlo o no, o si tratar de reanimarlo.

Con manos temblorosas comenzó a moverlo de los hombros, hablándole en voz baja, pero no obtuvo ninguna reacción del actor, lo que le llevó a pensar que algo estaba sumamente mal con él. En ese momento su mente se nubló, no sabía qué hacer. No podía salir de la habitación de Changmin pidiendo ayuda porque quien la viera le reportaría y si el simple hecho de estar en el ala Este era motivo de expulsión, cuánto más salir de la habitación de uno de los alumnos. Por eso cuando estaba con Jaejoong…

—¡Jaejoong! —Cómo era posible que se hubiera olvidado que Jaejoong estaba justo en la habitación contigua a la de Changmin.

Salió corriendo hacía la terraza dejando al moreno donde estaba. Saltó de un brinco de una habitación a otra y abrió la puerta a la carrera entrando a toda prisa. No le fue difícil distinguir la figura de Jaejoong sobre la cama, a quien llegó corriendo zarandeándolo sobre ella.

—¡Jaejoong, levántate, Jaejoong! ¡Jaejoong, levántate! —apuró a la carrera asustada, alertando al modelo que se levantó de golpe por igual de espantado.

—¿Boa? ¿Qué sucede, por qué estás tan alterada? ¿Pasó algo? —cuestionó al notar su agitación. Nunca la había visto tan nerviosa.

—¡Changmin, Changmin…! —balbuceó tratando de articular algo coherente sin lograrlo.

—¿Changmin te vio? —se recargó en el respaldo de la cama sin hacerle mucho caso—. No te preocupes, dudo mucho que te delate. —pero Boa siguió alterada.

—No, no es eso, entré por error a su habitación, por un momento pensé que me encontraría, pero no. Changmin está tirado en el suelo sin moverse. Tienes que ir a ver qué le pasa, ¡yo no puedo! —soltó atropelladamente jalando la camisa del chico para intentar levantarlo de la cama sin lograr mucho.

—Un momento, un momento —paró zafándose del agarre de la pelicorto—. Si ese tipo está herido, dormido o muerto, ¡a mí qué diablos me interesa! Yo no tengo por qué ayudarle. —se defendió frunciendo el ceño y recargándose de nuevo contra el respaldo de la cama.

—¡Jaejoong, por favor! —rogó sentándose en la cama para verle—. Tienes que ayudarle, estaba inconsciente. Sé que no te cae nada bien, pero yo no puedo ver qué le pasa, si alguien me descubre son capaces de expulsarme —suplicó entrelazando las manos, ganando la mirada fija del pelinegro—. Por favor…

—No y no, a mí qué me importa lo que le pase a ese tipo. —se cruzó de brazos. No iba a ceder ante las suplicas de Boa. Si Changmin lo llegaba a encontrar de nuevo en su habitación… ¡Dios, qué miedo!

—Jaejoong, por favor, puede estar muy mal. Quizá si puedes ayudarle por fin ustedes se hagan amigos. ¡Jaejoong! —pero él negó con la cabeza—. ¡Por favor, por favor! —sollozó dejando escurrir las lágrimas por su rostro, incentivando la culpabilidad del muchacho—. Hazlo por mí, porque yo fui quien lo encontró y si algo le pasa me voy a sentir terrible...

—¡Ay! —suspiró poniéndose de pie y tomando el rostro de la chica con las manos—. ¿Qué tienen ustedes las mujeres que hacen de mí lo que quieren? —Boa dejó entrever una sonrisa mientras Jaejoong secaba sus lágrimas con los pulgares—. Sólo me voy a asomar a su habitación, no quiero que me pase lo de la última vez. —La incomprensión se dibujó en el rostro de la pelicorto y el rubor tiñó las mejillas del chico que se dio prisa en soltarla y darle la espalda.

—Te espero aquí. Avísame cómo está —Él se giró de nuevo para verla y se acercó levantándola de la cama para conducirla a la terraza.

—Ah no, te vas ahora mismo a tu habitación. Si realmente a Changmin le pasó algo en unos minutos este lugar estará lleno de alumnos y alguien puede descubrirte.

—¿Pero cómo he de saber si todo está bien? Voy a estar muy nerviosa sin poder dormir hasta que sepa algo. —Jaejoong le sonrió antes de dejarla en la pequeña terraza.

—Desde tu habitación se ven las luces de estos cuartos. Se supone que todas deben estar apagadas a estas horas, así que si todo está bien con Changmin encenderé y apagaré la luz dos veces. Si hay algo mal, comenzarás a ver luces en todas las habitaciones. Ya sabes que el médico hace demasiado escándalo cuando alguien le llama a la media noche —Boa sonrió—. Ahora regresa a tu habitación, yo iré con Changmin.

Jaejoong no esperó a ver si Boa se iba o no de su cuarto, caminó de forma decidida hasta la puerta de su habitación y la abrió para salir. El pasillo estaba por completo a oscuras, sólo una ligera luz se veía hacía el final llegando a la escalera que le conduciría al primer piso. Vio hacía todos lados y se dirigió a la habitación de Changmin. No entendía por qué le había dicho a Boa que iría a ver cómo estaba ese infeliz. ¿A él qué le importaba si estaba mal o no? ¡Por él que se muriera! Así dejaba de acosarlo tanto.

Se detuvo viendo la puerta del actor y suspirando dio la vuelta a la manija. Por un momento pensó que ésta estaría cerrada, así no se vería obligado a entrar, pero para su desgracia, la puerta no tenía seguro. Sentía que su corazón comenzaba a acelerarse con cada centímetro que la puerta se abría. Desde aquella vez en que había entrado para dejarle la tarea, no había vuelto por ahí y, ahora, se veía obligado a regresar.

Distinguió la lamparita de noche en el escritorio encendida, por lo menos esa luz le permitía ver el interior del cuarto y evitaría que se tropezara como aquella vez. Entró sintiéndose inseguro, si lo que Boa había visto era a Changmin dormido, estaba entrado a la boca del lobo y a un serio problema. Ese simple pensamiento le hacía estremecer. Dio un par de pasos hasta la cama y fue entonces que notó la inconfundible figura del actor tirado a un costado.

—¡Changmin!

Corrió hasta su lado para moverlo y tratar de despertarlo si es que estaba dormido, pero el actor no reaccionaba. Era imposible que estuviera dormido aún vestido con el uniforme y en el suelo. Repitió en varias ocasiones su nombre sin obtener respuesta. Necesitaba subirlo hasta la cama y revisarlo, por lo que reuniendo toda su fuerza consiguió subirlo y acomodarlo sobre los almohadones. No sabía qué le pasaba, pero pudo advertir que respiraba. Acercó la cabeza sobre su pecho para oír los latidos de su corazón, todo parecía indicar que estaba bien. Cuántas veces no habían hecho eso mismo en el orfanato, o en casa cuando enfermaba. Sólo que quien lo hacía era un doctor y siempre le explicaba que cuando alguien estaba enfermo, el corazón latía más rápido de lo normal… pero el corazón de Changmin parecía latir de forma correcta. Lo primero que se le vino a la mente al verlo tirado, era que quizá sufría de una sobredosis de drogas.

—No sería extraño que anduvieras metido en eso. —murmuró viendo su semblante y abriendo sus ojos con los dedos para ver el color.

No, definitivamente no eran drogas. Los ojos de alguien que consume estupefacientes son de color rojizo y se mueven demasiado rápido. Varias veces lo había visto entre la gente de la farándula. Algún actor, algún modelo o cantante, siempre mostraban los signos de las drogas en el color de sus ojos y la forma de comportarse. Sin embargo, Changmin no parecía sufrir de una sobredosis, seguramente sólo era un desmayo. Tenía que hacerle reaccionar de alguna forma.

Se paró a la carrera de la cama y corrió hasta su habitación para sacar de debajo de la cama el licor que Yoochun le había traído. Sirvió una generosa ración en un vaso desechable y corrió de vuelta hasta la habitación del actor.

Al posicionarse junto a él, deslizó la mano por la nuca de su enemigo y le puso el vaso con el licor en los labios. Eso le serviría para que reaccionara. Apenas hubo tocado su boca, Changmin comenzó a toser abriendo los ojos y apartando el vaso.

—¡Vaya! Despertaste —sonrió, y la mirada profunda del otro se posó sobre su rostro con extrañeza—. Termina de beberlo para que te recuperes. —señaló volviendo a poner el vaso en sus labios, pero Changmin lo apartó una vez más.

—No, aleja esa cosa de mí. —renegó renuente, acomodándose en la cama y alejándose del modelo quien lo miró sin entender.

—Bueno, como quieras. Pero esto no se desperdiciará —avisó sólo para vaciar el contenido del vaso de un solo trago, comenzando a toser al instante—. ¡Cielos! Esto estaba muy fuerte —sonrió botando el desechable al cesto de la basura que reposaba a un costado del buró—. Ahora entiendo por qué te despertó tan pronto.

—¿Qué haces en mi habitación de nuevo? —inquirió el castaño finalmente levantándose, atrayendo la mirada del otro que amenazaba con ruborizarse completamente ante el escrutinio del actor.

—Yo… yo… —¿Cómo explicarle que Boa lo había encontrado?

—¿Tú qué? —cuestionó fríamente, atento al color que pintaba las mejillas del modelo—. ¿Me dirás que has venido a dejar tarea de nuevo?

—No, yo… —¿Por qué se ponía tan nervioso? Total, le diría la verdad omitiendo el nombre y sexo, eso era lo mejor—. Alguien te encontró tirado y casi me obliga a venir a verte. Así que por eso estoy aquí —explicó sin verlo—. Ahora, llamaré al médico para que te revise. —se dio la vuelta para salir.

—No, espera —la voz de Changmin le detuvo y se volteó para verle—. No llames a nadie, estoy bien. —aseguró sentándose en la cama.

—Alguien que está bien, no se desmaya —sonrió evitando a toda costa tener que ver al actor de frente, pues al verlo sentado en la cama el corazón había comenzado a latirle de forma desenfrenada. ¿Quién decía que no intentaría repetir lo del primer día ahora que parecía sentirse mejor?—. Debo llamar al médico, no quiero que me acusen de ser el culpable si algo te pasa. —insistió con la firme intención de retirarse de la habitación lo antes posible.

—Te digo que estoy bien, no tienes que alarmar a nadie. —aseguró frunciendo el ceño y dedicándole una mirada fría desde su lugar.

—Ese ya pareces tú —respondió sintiéndose a la defensiva, intentando sonreír. Tenía que salir ahora mismo de la boca del lobo—. ¿Realmente estás seguro de sentirte bien? —Pero antes se aseguraría de que realmente estaba bien. Si no lo hacía, alguien le molestaría todo el día por haberle abandonado.

—Sí. —contestó simplemente.

—Entonces permíteme hacer esto —se acercó al pasillo, prendiendo y apagando las luces dos veces tal y como se lo había prometido a Boa. Si no lo hacía, estaba seguro que la terca de su amiga se presentaría de nuevo en el ala Este para saber qué había pasado con el actor.

—¿Por qué hiciste eso? —Changmin se levantó extrañado de la cama para acercarse—. ¿Es una especie de clave?

—Así es —respondió estático, sintiendo las piernas no responderle; el cosquilleo que recorría su espalda sólo de advertir la presencia del chico de piel canela acortando la distancia entre ambos—. Sólo le aviso a la persona que te encontró, que estás bien.

—Entonces era cierto. —murmuró con la mira en el piso.

—¡Por supuesto que era cierto! Yo jamás miento. —Y Changmin alzó la al instante la vista para verlo a los ojos.

—Desde que te conozco mientes. —afirmó observándolo con fijeza, y el modelo frunció el ceño ante la afirmación. Esa mirada profunda le hacía estremecer, parecía poder leer en sus ojos cualquier cosa que tratara de ocultar. ¡Pero mentir no era una de ellas!

—¡Eso no es verdad! Dime en qué te he mentido. —retó irritado. Si algo había aprendido en el orfanato era que una mentira conduce a otra más grande y que al final la verdad siempre es lo mejor; una mentira no se puede sostener por mucho tiempo, por eso siempre decía la verdad. No entendía por qué Changmin afirmaba tal cosa.

—En que no sientes nada por mí. —Jaejoong rió ante semejante afirmación. ¿Le acusaba de mentir sobre sus sentimientos? Sí que el actor era engreído.

—Claro que siento algo por ti —aceptó entre risas, con la curiosidad del otro grabada en la mirada—. ¡Te odio, Shim Changmin! —afirmó seriamente, dejando de reír. El aludido sólo se cruzó de brazos, no parecía importarle lo que acababa de oír.

—Me alegro —el pelinegro abrió los ojos asombrado—. Sí, me alegro. Dicen que del amor al odio hay un paso, pero es el mismo paso que hay del odio al amor.

—¡Estás loco! —exclamó dándose la vuelta para salir, pero una mano en su muñeca le impidió llegar a la puerta.

Esa piel sosteniendo la suya le hacía cosquillas. El corazón le comenzó a latir de forma alocada sólo de pensar que Changmin por fin repetiría la misma hazaña de la primera vez pero, por el contrario a las veces anteriores, ahora no había sido lanzado contra la pared, acorralado y torturado con sus besos. En esta ocasión, Changmin sólo le detenía evitando que se fuera.

—Espera —Jaejoong volteó para verle con curiosidad—. En lo que a mí respecta, te debo una. —y aquella mirada marrón cubierta por una capa de serenidad lo destanteó un poco. Parecía sincero, aunque no tenía idea a lo que se refería con eso. Sin embargo, no estaba dispuesto a seguir más tiempo en esa habitación tratando de averiguarlo.

—Como sea —soltó su  muñeca del agarre del actor, nada dispuesto a pasar un momento más en su compañía. Pero el que le debiera una le daba la oportunidad de cobrarse—. Ojalá eso significara que dejarás de molestarme. —masculló abriendo la puerta para salir, mientras Changmin se encogía de hombros.

—No cuentes con eso. —Y la puerta se cerró a sus espaldas.

—Me lo temía. —murmuró el modelo a la nada, saliendo por completo del cuarto y chocando de lleno con alguien de frente a él. Del susto levantó la vista a toda prisa, no esperaba encontrar a nadie a esas horas por los pasillos, pero al sentir unas manos ajenas deteniéndolo se sintió transpirar.

—¿Jaejoong? ¿Qué haces saliendo de la habitación de Changmin? Y oliendo a alcohol…

Aquella mirada conocida clavada en la propia le regresó el alma al cuerpo. Era Yoochun y no uno de sus maestros haciendo ronda. No iba a saber cómo explicarle a alguien del cuerpo docente lo que hacía en la habitación de Changmin, pero a Yoochun sí podía decirle.

—Boa entró por error a su cuarto —explicó a susurros apuntando con el pulgar la habitación del chico. Yoochun pareció sorprendido, pero Jaejoong se dio prisa en aclarar—. No, no la encontró. Boa lo encontró a él desmayado en el suelo y me obligó a ir a ver qué le ocurría, así que eso mismo estaba haciendo. Huelo a alcohol porque lo que no bebió ese antipático me lo he tomado yo.

—¡Esa chica es una tonta! —se quejó entre dientes molesto—. Y tú eres otro más. ¿Qué crees que hubiera pasado si Changmin los descubre? Ya una vez te salvaste de su demanda, ¿pero crees que hubiera dejado pasar tan fácil el encontrar a una chica en su habitación? —Jaejoong parpadeó sin comprender la molestia en su amigo.

—Estoy seguro que de haberla descubierto no hubiera dicho nada.

—¿Qué te hace estar tan seguro, Jaejoong? ¿Le conoces tanto? ¿Acaso eres su amigo?

—¡No! Claro que no, Chunnie. Sólo sé que no lo haría. No me preguntes cómo lo sé, sólo lo sé. Changmin podrá ser muchas cosas, un témpano de hielo, un insensible, un arrogante, pero estoy seguro que no es ningún soplón y haría todo lo posible por proteger a alguien que va en su misma clase.

—¿A alguien como Boa o tú? —inquirió el músico sin creerlo—. ¿Después de lo bien que se llevan y lo efusivo que saluda a nuestra tonta amiga?

Jaejoong mordió su labio inferior. En eso Yoochun tenía razón. Changmin no le dirigía la palabra a Boa desde que las clases hubiesen comenzado y él aún se empeñaba en decir que el actor no la delataría. ¿Cómo podía asegurar semejante cosa? No lo conocía, ni sabía nada de él más que lo que había leído en las revisas cuando aún lo consideraba su ídolo. Lo único que sabía es que era gay y tenía una obsesión insana por su cuerpo. Que besaba como todo un maestro y le calentaba la sangre cuando le tocaba.

«Pero que tonterías estoy pensando» se dijo mandado al fondo de su cabeza las ideas que habían cruzado por su mente, observando a su amigo con el ceño fruncido.

—Lo bueno es que no la vio, le he ayudado a sentirse mejor y no habrá ningún problema —aseguró mirándolo no sin cierta molestia—. Así que te veo mañana, Chun.

Jaejoong se dio la vuelta para entrar en su cuarto cerrando de forma inmediata, siendo seguido por la escudriñadora mirada de Yoochun hasta que el ruido de otra puerta cerrándose le distrajo. Giró la vista y alcanzó a ver muy a penas cuando la puerta de Changmin se terminaba de cerrar. Al parecer, el actor había escuchado su pequeña conversación en el pasillo.

«Esto se pone cada vez más extraño» pensó para sí mismo dándose la vuelta y entrado en su propia habitación.

La mañana había pasado muy rápido ese día, para la intranquilidad del modelo y la diseñadora, que volteaban en dirección a la puerta cada vez que esta se abría. Changmin no se había presentado en el comedor, ni tampoco en clases. Y eso al pelinegro, aunque extraño, le tenía preocupado.

Boa le había interrogado durante el desayuno para saber qué era lo que había pasado, pero realmente no estaba seguro. Sólo sabía que Changmin se había desmayado y desconocía los motivos. Bien pudo ser una baja de presión, una mala alimentación, ¡o sabrá Dios qué! Eso a él no le concernía y si su amiga quería saber qué le había pasado al actor, pues tendría ella que preguntarle. Sólo que, de hacerlo, se delataría ante al actor, y ese era un riesgo que Boa no estaba dispuesta a correr.

De nueva cuenta el timbre para la comida sonó y de manera simultánea Boa y Jaejoong se encontraron buscando entre los alumnos la figura de actor. Pero de nuevo no se veía entre ellos. ¿Dónde diablos se había metido Changmin? ¿Estaría realmente bien?

—¡Si algo le pasó a Changmin será tu culpa, Jaejoong! —el siseo molesto de Bosa lo sacó de sus pensamientos.

—¿Qué? ¿Pero por qué mi culpa? Él me dijo que estaba bien y que no molestara a nadie. Hasta se paró de la cama para cerrar la puerta. Yo lo vi bien, si realmente no lo estaba, no tenía por qué mentirme. —acotó centrándose en terminar la comida de su plato. Yoochun observó con desaprobación a la pelicorto que comía observando al modelo con el ceño fruncido.

—Debiste… —comenzó de nuevo la chica, pero la mano de Yoochun le calló silenciosamente.

—Yo vi cuando Changmin cerró la puerta, Jaejoong lo dejó bien. Es muy probable que haya salido a cumplir un compromiso. Si tanto te preocupa cómo está, ¿por qué no vas, preguntas a dirección por él y dejas de molestar a Jaejoong? —Boa bajó la mirada avergonzada. Yoochun tenía razón y había estado molestando al chico toda la mañana con lo mismo.

—Lo siento, Jae. No quería molestarte con mis tonterías, todavía te obligo a ir a verlo con lo mal que se llevan y no conforme con eso te atosigo con mis reclamos. Lo lamento.

—No te preocupes por eso, dicen que mala hierba nunca muere. Ya verás cómo ese egocéntrico actor llega como si nada a las clases. —le sonrió, contagiando a la pelicorto con una sonrisa ligera.

La mirada de Yoochun se centró sobre su amigo, quien estaba sentado justo frente suyo. Mantenía los brazos cruzados sobre su pecho mientras le estudiaba un poco. No le había pasado desapercibido, que al igual que Boa, buscaba con la mirada a alguien. Sólo que procuraba no hacerlo notar. Sin embargo, no era difícil imaginarse que a quien buscaba era a Changmin, la pregunta era, ¿por qué?  ¿No se suponía que ambos no se soportaban? ¿Que incluso se habían peleado un par de veces? ¿Entonces por qué esa preocupación disimulada de Jaejoong por el actor?

Era notorio que a Boa le gustaba Changmin, por eso su preocupación por él. ¿Pero Jaejoong?…

«No, tonterías» se dijo sacudiendo la cabeza al sólo imaginarlo.

—Oye Boa, ya que anoche no pudiste ayudarme a seleccionar un traje para los Blue Dragon, ¿podrías ayudarme hoy? Necesito tener listo el traje, porque si está sucio deberé mandarlo a la tintorería de urgente. Ya ves, es miércoles y aún no me traen la ropa que les di el lunes. —Ella sonrió en respuesta.

—Claro, ¿por qué no agarras unos cuantos de tu armario y los llevas al taller de costura? Ahí mismo puedo ayudarte a seleccionar alguno. Si te das prisa, ahora mismo puedo hacerlo.

—¡Gracias, Boa! Te veo en el taller, y a ti Chun te veo en la sala de estar esta noche para nuestro juego de ajedrez.

—Claro —alcanzó a responder antes de verlo salir corriendo, entonces su mirada se posó en el rostro sonriente de la pelicorto—. ¿Puedo preguntarte algo? —la sonrisa en el rostro de la chica se borró, y asintió—. ¿Sigues enamorada de Jaejoong?

—¡¿Eh?! —e inmediatamente el rostro enrojeció, sin saber cómo responder a ello. Yoochun y Jaejoong eran sus mejores amigos y no quería arruinar las cosas, así que se encogió de hombros—. Lo nuestro nunca funcionó, Chun, lo sabes bien. Lo que sienta o deje de sentir por Jaejoong no arruinará la amistad que tengo con él.

—Jaejoong piensa que te gusta Changmin. —aseguró.

—Lo sé —Boa bajó la mirada unos segundos antes de volverla a alzar—. A Changmin lo admiro mucho, es un gran actor. Me encantaría ser su amiga. Pero una cosa es que admires a un actor famoso y otra muy distinta que sientas amor por él. Ni siquiera lo conozco, y a Jaejoong lo conozco muy bien —volvió a bajar la vista—. Sé que me quiere como a una hermana, aunque antes haya sido como mujer. Eso ya pasó y dudo mucho que se vuelva a repetir.

—Deberías intentar enamorarte de otro chico, hay muchos en esta escuela que están interesados en ti. —Boa levantó la vista con una diminuta sonrisa y las mejillas sonrosadas.

—Lo sé, pero ninguno que me interese —admitió—. Creo que estoy destinada a seguir amando en secreto a Jaejoong por siempre.

—¿Y qué me dices de su amigo el modelo? —preguntó trayendo de vuelta el sonrojo al rostro de la castaña, a pesar de que esta hubiera arqueado las cejas con disgusto.

—¡Ese cretino! No quiero que me lo menciones nunca más.

Yoochun sonrió un poco al ver su reacción, no cabía duda que Jaejoong les conocía a ambos muy bien. Al parecer aquel chico había hecho algo que había molestado a Boa, y sin embargo… justo así habían comenzado Boa y Jaejoong. Ni pensar que incluso él había creído que se estaba enamorando de Changmin, cuando seguía amando a Jaejoong. No cabía duda, que a veces las mujeres demuestran una cosa y sienten otra totalmente distinta.

Jaejoong dio la vuelta por el pasillo que le conduciría al ala Este. Tenía que llegar a seleccionar los trajes que le mostraría a Boa, pero al ir caminando, la animada plática de dos chicas sobre una revista captaron su atención. Cuando ambas le vieron, sonrieron amplio y le llamaron para que se acercara. Sonriendo de igual forma, se acercó hasta ellas para ver qué se les ofrecía.

—¡Mira, Jaejoong! Salgo en una revista. —anunció una de las chicas sumamente emocionada, mostrándole al modelo el pequeño cuadro donde era mencionado su nombre. El pelinegro tomó la revista entre sus manos para leer la breve mención. Para casi todos, aparecer por primera vez en un medio era causa de algarabía.

—¡Felicidades, Sulli! —le sonrió entregándole de vuelta la revista a la joven que le devolvía la sonrisa del mismo modo—. Seguramente comenzarás a salir más en los medios. Aquí dice que te ven mucho futuro en los dramas.

—Gracias —sonrió más ampliamente—. Aunque es una nota muy breve, mi representante me la trajo para que la viera esta mañana. Algún día ocuparé la portada como esta Taeyeon —señaló la portada de la revista, que Jaejoong tuvo que ver asomándose por sobre su hombro. Seguramente cuando Jessica se enterara no le caería precisamente bien—. Aunque —continuó leyendo el encabezado—, ¿tú crees que sea cierto lo que afirma esa chica?

—¿Y qué es lo que afirma? No he visto esa revista aún, de seguro salió el lunes, así que no he tenido tiempo de comprarla.

—Taeyeon afirma que es novia de Shim Changmin.

La sola mención al nombre de Changmin le hizo estremecer. Pero no podía ser cierto lo que Sulli decía. Changmin era gay, él mismo se lo había dicho, e incluso se la pasaba molestándolo cada vez que podía. ¿Entonces?… No, era una mentira. Changmin sólo trataba de cubrir las apariencias. ¿Qué no había dicho que si informaba a la prensa sobre su inclinación sexual, lo iba a negar? Aunque… También dijo que quien no quería que se enterara de lo que era, era su representante, que a él le tenía sin cuidado que lo supieran o no.

—¿Jaejoong? —le llamó al no obtener respuesta. El modelo pareció despertar de sus pensamientos y volteó con una sonrisa hasta las dos chicas que le observaban.

—Estoy seguro de que ella miente, Changmin es un antisocial. No ha sido capaz de hacer amigos en esta escuela, ¿cómo crees que va a hacerse de una novia como ella? —apuntó a la revista.

—Pero ella lo afirma —recalcó Sulli—, y como no han podido contactar a Changmin para preguntarle, lo han tomado como cierto.

—Lo bueno de esta escuela es que la prensa no tiene acceso, a menos que el involucrado esté de acuerdo —se encogió de hombros—. Así que dudo mucho que Changmin diga nada.

—A mí aún me queda la duda —murmuró llevándose los dedos hasta la barbilla—. Pero si es cierto, ¡estaría muy celosa! —rió—. Esa chica se hará de una popularidad impresionante gracias a la fama de su novio.

—Sí, eso es verdad —asintió Jaejoong pensativo—. Pero bueno, yo debo irme. Felicidades por aparecer en la revista —le sonrió dándose la vuelta, pero la chica le retuvo apenas.

—Tú también sales, Jaejoong.

—¿Uh? —balbuceó sin comprender, tomando la revista para leer la nota—. ¡Cielos! Esa chica sí que sabe cómo presionarme. —comentó entre risas.

—¿Eres novio de Jung Sooyeon? —cuestionó la otra muchacha que hasta el momento sólo se había limitado a escucharlos.

—¡Claro que no, Luna! —le entregó la revista con la mejor de sus sonrisas—. Jessica y yo sólo somos buenos amigos.

—¡Que bueno! Entonces tengo esperanzas. —se animó sonriendo, a lo que Jaejoong rió a carcajadas y se dio la vuelta directo a las escaleras del segundo piso.

Vaya que Jessica sabía cómo lograr que la gente de la prensa la tomara en cuenta. Había anunciado que se presentaría con él en los Blue Dragon de ese viernes y dejaba entre ver que eran más que amigos. Bueno, no era la primera vez que los relacionaban sentimentalmente y no le molestaba en lo absoluto que lo hicieran. Sólo que en cuanto Boa se enterara se iba a enojar mucho por esa falsa aseveración de los medios. A veces le daba por pensar que su amiga seguía enamorada de él, pero no –se dijo sacudiendo la cabeza– su tiempo había pasado y estaba más que seguro que Boa ya no le amaba. Y de Jessica no se preocupaba, esa rubia era demasiado liberal para estar con un solo chico, así que estaba seguro que esa información la había dejado filtrar sólo para asegurarse de que estuvieran al pendiente de su llegada a la alfombra roja.

«¿Taeyeon habrá hecho lo mismo al asegurar que Changmin era su novio?»

Sí, probablemente. Dudaba mucho que Changmin fuera novio de alguien, fuera chica o chico. Era demasiado frío, sería difícil imaginar que sintiera algo de cariño por alguien. Si no era deseo, no podría ser otra cosa, menos algo parecido al amor.

«Definitivamente Taeyeon miente»

Levantó su brazo para ver la hora en su reloj y al notar que había perdido demasiado tiempo con las chicas, apresuró el paso para llegar a su habitación. Abrió a la carrera el armario y sin fijarse qué trajes había tomado los agarró todos entre sus brazos y salió igual de rápido que como había entrado.

Iba a toda prisa por los pasillos de la escuela, ya casi era hora de que comenzaran los talleres. Ya ni tiempo iba a tener para que Boa le ayudara a elegir un traje, ¡y todo por el maldito de Shim Changmin! Si no se hubiese desmayado la noche anterior ahora no tendría por qué ir casi corriendo al taller de corte de Boa.

Y hablando del egocéntrico actor, ¿dónde diablos se había metido? Ahora comenzaba a invadirle un sentimiento de culpa. «Debía haberme dado cuanta que algo andaba mal cuando no intentó besarme. ¡Estaba a solas en su habitación y no hizo nada! Eso sí es de preocuparse.»

La distracción de sus pensamientos en torno al actor le hicieron no percatarse del momento en que uno de los protectores de los trajes había dejado escapar parte de uno de los pantalones, que había comenzado a arrastrarse por el suelo. Y sin darse cuenta lo pisó, cayendo con todo y prendas.

—¡Ah! Maldita sea. —gruñó consigo, recogiendo los trajes del suelo y acomodándolos de nuevo entre sus brazos.

—¿Se puede saber a dónde vas con tanta ropa?  ¿Acaso piensas donarla?

Jaejoong levantó la vista con rapidez al reconocer ese frío tono de voz. Y él que pensaba que el actor estaba muerto. ¡No tuviera tanta suerte! Había comenzado a levantarse lentamente dejando los trajes en el suelo cuando notó que Changmin no usaba el uniforme. Llevaba un traje azul marino de corte clásico, una camisa blanca con rayas finas de color azul y una corbata roja. ¿De dónde podía venir luciendo tan elegante?

—¿Puedo saber dónde rayos te metiste toda la mañana? —interrogó frunciendo el ceño. Changmin cruzó los brazos y alzó una ceja con la mira clavada en el otro, que sintió por un momento había lanzado un reclamo. ¿Pero qué demonios había hecho?

—Qué tierno de tu parte preocuparte de esa forma por mí. —Un rubor ligero cubrió las mejillas del modelo. ¡Eso era!… No, realmente no era mentira, pero no iba a dejárselo saber.

—¿Qué? Yo no estaba ni remotamente preocupado. —se defendió, y la mirada de Changmin se volvió mucho más penetrante. ¿Por qué sería que no le creía?

—¿Entonces a qué se debe tu pregunta? —devolvió con la tenue ironía en la voz. El pelinegro tragó saliva nervioso, ahora podía darse cuenta que ya no estaba enfermo.

—Pongámoslo de esta forma —intentó sonreír—. La persona que te encontró tirado en tu habitación me estuvo atosigando toda la mañana, y si no aparecías era capaz de acusarme de tu desaparición. Así que básicamente estaba preocupado por mí, no por ti —refutó triunfal, pues al fin y al cabo era cierto. Si Changmin no daba muestras de vida, Boa era capaz de echarle la culpa de su desaparición.

—De todas formas, es una manera de preocuparte. Aunque finjas que sólo era por ti. —aclaró el castaño sin cambiar de posición, acallando la risa de Jaejoong.

—¡Yo no miento! —se dio prisa en recordarle.

—Claro, ya me lo dijiste anoche, pero me es difícil creerte. —¿Pero qué le pasaba a este cretino? ¿Por qué se empeñaba en decirle que era un mentiroso cuando el único mentiroso era él? Bueno, eso mismo lo aclararían ahora mismo.

—El león cree que todos son de su condición —acusó, y la mirada del otro lució sorprendida por breves segundos, sólo para recuperar su serio semblante de inmediato y bajar los brazos para verle—. El hecho de que tu vida entera sea una mentira, no quiere decir que esté envuelto yo en otra.

—¿A qué te refieres con mi vida entera? —preguntó sin entender. ¿Qué había averiguado el modelo para que le dijera semejantes palabras?

—A que salió publicado en una revista que eras novio de una chica. ¿Qué, es publicidad? ¿Mercadotecnia? ¿Tratas de tapar el sol con un dedo? O…

—¿Celoso, Jaejoong? —se cruzó de brazos, dibujando en su rostro una media mueca en forma de sonrisa.

—¿Bromeas? Por mí mejor, así me dejas en paz. —aclaró entre risas, pero ante la vista del actor sus continuaban luciendo un intenso sonrojo. Ya no quería estar ahí, tenía que irse lo antes posible.

—Ya te dije que no cuentes con eso. —le recalcó. Jaejoong esbozó una sonrisa bajando la vista.

—Eres realmente extraño. —aseguró sin mirarlo.

—¿Yo soy el extraño? Pensé que lo serías tú. —El pelinegro alzó la vista topándose contra la mirada del otro detenida en su rostro. Su corazón volvió a latir de prisa, tiñendo su rostro.

—¿Eh? ¿Y yo por qué soy extraño? —rebatió, pero Changmin sólo bajó los brazos dando un par de pasos para acercarse a él con lentitud. Sus piernas se negaron a moverse, incapaz de desviar la mirada de la del actor.

—Porque afirmas que no eres gay y sin embargo… —Los delgados dedos del castaño se alzaron para rozar con sutileza la sonrosada mejilla del pelinegro, que sintió el contacto cual si un fuerte rayo le golpeara la cara, precipitándose hacia atrás para alejarse de él—, tu cuerpo reacciona cuando te toco. —afirmó, invocando el intenso sonrojo sobre las facciones del modelo que, sabía, el calor sentido a causa de aquel roce no iba a mejorar con sus palabras recalcando aquel hecho. Pero no era por él, de eso estaba seguro y eso mismo le respondería.

—Como reaccionaría si fueses una chica —curveó sus labios con disgusto. ¿Por qué las manos del actor hacían que su cuerpo reaccionara?

—Pero da la casualidad de que soy un hombre, y eso lo has sabido desde siempre. —aseguró con aquella mueca insoportable, volviendo a cruzar sus brazos sobre el pecho.

—Eso podría dudarlo —murmuró entre dientes, volteando a verlo de nuevo para casi gritarle—. ¡Lárgate a tu taller! Ya se te hizo tarde.

—Se nos hizo tarde. Pero antes dime por qué me consideras extraño.

—Porque no eres curioso —sonrió—. Desde anoche te dije que alguien te encontró tirado y hasta ahora no me has preguntado quién. —Changmin volvió a bajar los brazos, avanzando un paso al frente para quedar junto al modelo que no paraba de verle.

—¿Y no se te ha ocurrido pensar que si no lo he hecho, es por que ya lo sé? —alzando su mano dejó un dedo deslizar por el blanco rostro del pelinegro, que reaccionó retrocediendo de inmediato.

—¿Mm? —balbuceó asustado, pero Changmin se dio la vuelta de camino a alguna de las aulas de los talleres. Era imposible que supiera que quien lo encontró era Boa. O… ¿sería cierto?

Tras Changmin retirarse, Jaejoong salió corriendo rumbo al taller de costura donde Boa se encontraba, aunque debido al tiempo perdido en la discusión con el actor, tuvo que dejar los trajes y asegurarle que iría al terminar el taller de teatro. Antes de salir de la clase de Boa, le explicó que ya había visto a Changmin y que este se encontraba bien. Boa suspiró aliviada y le sonrió dándole las gracias.

Inmediatamente salió caminando a toda prisa del taller de la chica para dirigirse al suyo, sin embargo, una duda la asaltaba. Changmin no había respondido a su pregunta sobre Taeyeon.

—No, no lo hizo —razonó para sí en voz alta mientras caminaba—, pero es imposible pensar que sea cierto —concluyó pensativo—. ¿Que no es gay? Bueno, quizá sea bi…

—¿Qué? ¿Quién es bi?

El pelinegro se giró a la carrera al escuchar la voz a sus espaldas, topándose con sorpresa contra un par de ojos castaños que le veían con burla.

—¿Tú eres bi, Jaejoong? Mira qué guardadito te lo tenías —bromeó logrando con ello que un profundo sonrojo iluminara el pálido rostro del modelo.

—¡Yo no soy bi, idiota! Sólo estaba pensando en voz alta, no esperaba que alguien me fuera a escuchar. —Yunho comenzó a reír al ver la turbación en su amigo, que aceleraba el paso para alejarse de él. Ya se le estaba haciendo muy tarde.

—¡Oye! Espera. Estoy perdido, no sé cómo llegar al taller de fotografía —aclaró dándole alcance—. ¿Puedes llevarme? —Jaejoong se detuvo para verlo de reojo.

—Debiste haber llegado más temprano, Yunnie. Hoy no puedo acompañarte, ya voy tarde a la clase de teatro. Pero sigue este pasillo hasta el final y es el segundo salón de la esquina —explicó indicándole con la mano—. Y te dejo, porque teatro es mi taller preferido.

—Si me pierdo en esta ciudad llamada escuela, será tu culpa. —acusó al ver a Jaejoong comenzar a correr, apenas girándose un poco para contestarle.

—Pondremos letreros de ‘Se Busca’. —consoló entre risas para perderse por los pasillos que le llevarían al salón de clases.

Ya llevaba casi 20 minutos de retraso, sólo esperaba que el maestro le perdonara por eso. Cuando llegó al aula abrió la puerta a la carrera y entró pidiendo mil disculpas por haber llegado tarde.

—¡Vaya, Kim! Por un momento pensé que mi mejor alumno no se había inscrito este año. —saludó el maestro que llegaba hasta él para colocarle un brazo sobre los hombros.

—Lo lamento profesor, no fue mi intención llegar tan tarde.

—No te preocupes, tu retardo te da una gran oportunidad. Ya hemos armado las parejas para este año escolar y te ha tocado alguien genial. —Jaejoong sonrió de manera luminosa al ver la sonrisa del maestro. Quizá tenía razón y ese año le tocaba hacer todo a su lado. Cuando faltaba alguien de pareja, el maestro se encargaba de acompañarle y eso le servía de mucho a la persona.

Todos los alumnos ya estaban sentados en parejas distribuidos a los largo de las gradas del teatro. El maestro le condujo hasta las gradas que estaban al frente y le indicó con la mano a quien se encontraba sentado en la primera fila. Los ojos de Jaejoong se desorbitaron al contemplarlo.

—Shim Changmin será tu pareja este año, estoy seguro que serán los mejores. Mi mejor alumno de teatro, con el mejor actor de cine, esto será realmente increíble. Espero que se lleven bien y se ayuden mutuamente —El profesor parecía no haberse dado cuenta de la cara que el modelo había puesto apenas ver al actor—. Bien, ahora que vimos cómo serán las cosas, vamos a comenzar viendo a Shakespeare. Jaejoong, este es el dialogo que veremos —le entregó las hojas al muchacho que le regresaba fijamente la mirada al actor—. Comenzaremos de atrás hacía adelante. Vamos a ver cómo leen…

La mirada oscura seguía viendo a la castaña con furia. No era posible que ahora incluso estuviera en el taller de teatro. Y lo peor de todo, ¡iban a ser compañeros de equipo todo el año! No cabía duda que alguien en lo más alto no lo quería.

Frunció el ceño y se sentó a un lado de Changmin sin verlo ni dirigirle la palabra, prestando atención a la primera pareja que subía al escenario. Pero no podía con la curiosidad de saber qué hacía ahí, así que, suspirando un poco se dispuso a preguntarle, aunque sin verlo.

—Maldición, Changmin, ¿qué estás haciendo aquí? Tú no necesitas clases de actuación. —murmuró entre dientes.

—Siempre estoy tomando clases, ¿quién te dijo que no las necesito? No se llega hasta donde estoy sentándose a descansar en el tiempo libre —respondió de la misma forma, para molestia del modelo.

—¿Pero por qué teatro? Tú eres actor de cine, ¿o acaso te has dado cuenta que los verdaderos actores son los que se paran en un escenario y actúan sin ver un prompt¹ o tener un apuntador en el oído? —cuestionó sarcástico, viéndolo de reojo, notando cómo las cejas de Changmin se arqueaban con disgusto, aun si no volteaba para responderle.

—¿Así que no me consideras un verdadero actor? —preguntó quedo—. ¿Tú qué sabes cómo trabajo? ¿Me has visto? ¿Has estado conmigo en el plató² de alguna grabación?

—No lo necesito… —musitó tras dejar descansar la barbilla sobre su mano, viendo al frente. Se hizo un tenso silencio en el que ambos comenzaron a prestar atención a la clase y seguían las indicaciones del maestro a los alumnos en el escenario. Pero en Jaejoong todavía había una duda—. ¿Puedes decirme qué diablos pasó anoche? —le miró de reojo. Changmin hizo lo mismo, luego cerró los ojos—. Sí, tienes razón, no tengo ningún maldito derecho a preguntarte nada. —aseguró con fastidio regresando la vista al frente.

Había sido un tonto al pensar que Changmin iba a responder una pregunta tan personal. Y además, ¿a él qué diablos le importaba lo que le había pasado? Si estaba en la fase terminal de alguna enfermedad, ¡pues que se muriera! Para lo que le importaba.

—Tengo muchos problemas —La contestación inesperada hizo a Jaejoong voltearse para verlo. No creía que fuera a responderle y sin embargo, lo estaba haciendo—. Cuando estoy bajo mucho estrés, suelo perder el sentido. Cuando estaba en la serie infantil comencé con esos problemas, ese fue uno de los principales motivos para cancelarla. —El pelinegro parpadeó nervioso al escucharlo. No sabía qué decirle o cómo responderle, parecía sincero y no tenía por qué dudar de lo que decía.

—No sabía nada de eso. Pensé que estando en esta escuela te quitarías de esas cosas, no estás trabajando actualmente, deberías estar más descansado y disfrutando de la fama que produjo tu última película. —articuló sin saber siquiera de dónde había sacado las palabras para armar una frase coherente.

—Esa última película es lo que me tiene estresado. Estoy envuelto en una pelea legal —aseguró el castaño recargándose en el asiento y cruzando los brazos sobre su pecho. En ningún momento había volteado a verlo y sin embargo, confiaba en sus palabras. ¿De nuevo una pelea legal?

—¡Vaya! ¿De nuevo le rompiste la cara a un fotógrafo? Deberías tranquilizarte cuando alguien quiere tomarte alguna foto, ese es el trabajo de los paparazzi, nunca vas a poder mantenerlos a raya. Para eso les pagan —Jaejoong se recargó por igual en el asiento, cruzando los brazos tras su cabeza para observarlo de reojo. Changmin no le veía, pero continuó hablando.

—Ojalá fuera tan simple. Es algo mucho más fuerte, y no le hallo salida, si va a la corte…  —se interrumpió para suspirar un poco—, estaré en el peor escándalo de mi vida. Eso es lo que fui a ver esta mañana, por eso no me viste.

Jaejoong tragó saliva nervioso, jamás había platicado de esa forma con Changmin. Era extraño, por que estaban rodeados de alumnos y sólo hablaban con murmullos. Sin embargo, las palabras del menor le llegaban claras. Sin verse a los ojos, sin estar uno frente al otro, parecía más fácil hablar así con el actor. No parecía tan malo, ni tan engreído o egocéntrico, parecía alguien normal, alguien como todos los que estaban en esa aula de clase, lleno de problemas y contradicciones. Hasta parecía humano y no una estrella inalcanzable.

—Bien, ahora le toca a la pareja que quiero ver actuar —Jaejoong y Changmin se sorprendieron al ver al maestro delante de ambos—. ¿Ya escogieron quién será Julieta?

—¿Julieta, qué Julieta? —inquirió el modelo sin entender, sintiendo el corazón comenzando a salir furioso dentro de su pecho. Actuar junto a Changmin había sido su sueño por muchos años, antes de que pasara aquel incidente, y ahora, en clase, podría lograr aquello con lo que había estado soñando por un tiempo. No obstante, se sentía profundamente asustado.

—¿No estabas prestando atención, Kim? Van a leer un fragmento de Romeo y Julieta, uno de ustedes será Romeo y el otro Julieta. —explicó el profesor viendo fijamente al pelinegro. Jaejoong lo sabía, que aquel maestro no le gustaba repetir instrucciones, siempre exigía total atención a sus clases y él no sólo había llegado tarde, sino que se la había pasado platicando con Changmin sin prestar atención a nada; algo que no parecía caerle mucho en gracia al hombre.

—Vamos, Jaejoong —Changmin lo tomó por el brazo para avanzar—, ¿o debo decir, Julieta? —la mirada oscura volteó sorprendida hasta el actor. ¿Quién le había dado el derecho a decidir qué papel interpretaría cada uno? Ni que fuese el director de la obra.

—¿Qué te hace pensar que seré Julieta? ¿Por qué no lo eres tú?

—¿Por qué será? —silabeó divertido, señalándole nada discretamente una de las ventanas polarizadas del salón desde donde se observaba perfectamente el reflejo de las facciones del modelo; el rostro pálido y etéreo bien delineado por los mechones negros, dándole una imagen un tanto andrógina. Tan diferente del varonil de Changmin. Frunció el ceño.

—¿Qué tiene mi cara? Esa no es una justificación —renegó. No estaba dispuesto a que el más alto le diera ninguna orden, aunque fueran compañeros de quipo y tuvieran que esforzarse por obtener buenas notas. No iba a permitir que Changmin le dijera qué o a quién hacer. Pero el chico sólo se dio la vuelta tomándolo de la mano para subir los peldaños que les conducían a la tarima, produciendo cosquillas en todo su cuerpo con aquel simple gesto.

—Deja de discutir, tenemos todo el año para intercambiar papeles. —aseveró depositándolo en la parte alta de la plataforma y soltándolo sin avisarle.

—¡Oh, está bien! Pero la próxima vez tú serás Julieta. —suspiró resignado tratando de ocultar el rostro tras su libreto. No quería que Changmin ni nadie viera el sonrojo que había producido el que el actor le tomara de la mano.

—Como sea. —respondió él, colocándose del otro lado del escenario.

Todo estaba listo, todos en las gradas del teatro guardaron silencio mientras el maestro les observaba desde el centro. Jaejoong comenzó a leer el texto mentalmente, estudiándolo un poco. Se lo sabía de memoria, pero tener que leerlo con Changmin le ponía nervioso y no quería que nada se le fuera a olvidar.

—Adelante, muchachos. —fue la orden para ambos, y Jaejoong sintió que el estomago se le contraía.
Changmin comenzó con la escena, mientras Jaejoong le veía fijamente, estudiando sus movimientos. Pero contrario a lo que había pensado, el actor sólo se limitaba a leer el texto. No se movía, no gesticulaba al hablar, ni siquiera le imprimía matices a su propia voz.

—Un momento —el pelinegro interrumpió la lectura, haciendo que le profesor se parara en su lugar—. ¿Qué crees que estás haciendo?

—Leyendo, fue eso lo que dijo el maestro —contestó Changmin con simpleza, mostrando el libreto. Jaejoong frunció el ceño con molestia y avanzó dos pasos para quedar frente al actor.

—Pero debes actuar al personaje de Romeo, no sólo leer las líneas sin ninguna clase de entonación. ¿Y te dices actor? —reclamó irritado.

—¡Kim Jaejoong! —reprendió el maestro levantado la voz—. No puedes decirle eso al mejor actor joven que conozco —volteó a ver a Changmin—. Lo lamento, joven Shim. Sí, quizá le falta matizar su voz para leer al personaje, pero estoy seguro que aquí le enseñaremos cómo hacerlo. Quizá esté acostumbrado a actuar en cine, pero en teatro es un poco diferente. No se preocupe, para eso es este curso —Y su mirada giró nuevamente hasta el pelinegro—. ¿Y tú, Jaejoong? Sal de mi clase, no voy a permitir que critiques a nadie por celos profesionales.

—¿Celos profesionales? Pero… —intentó defenderse contrariado. Era la primera vez que el maestro le regañaba por algo y le pedía salir del salón.

—Espere, profesor —Esta vez fue Changmin quien interrumpió a Jaejoong, atrayendo la mirada del chico—. Yo acepto la crítica, dudo mucho que lo que Jaejoong dijo sea por celos profesionales. Usted mismo comentó, cuando nos asignó como compañeros, que Jaejoong era su mejor actor de teatro, entonces sabe lo que hace —El profesor asintió—. Imagínese que yo actúe de la forma en que lo acabo de hacer. Seguramente los críticos me destrozarían y debo aprender a aceptarlo. Así que, quiero escucharlo. —el maestro volteó a ver a Jaejoong, luego a Changmin.

—Bien, Jaejoong, di en qué se equivocó Shim —pidió más calmado. Él se giró a verlo, luego regresó la vista a Changmin. Jamás hubiera imaginado que le defendería. ¡Aunque todo había sido por su culpa! Por la pésima actuación que estaba dando. Pero él no tenía por qué decírselo.

—Usted debería decirlo, profesor. —aseguró viendo al susodicho.

—Quiero escuchar tu crítica —acotó Changmin algo más fríamente—. Fuiste tú quien me detuvo, supongo que sabes cómo es el personaje. —El sonrojo cubrió el rostro del modelo. Claro que sabía cómo era el personaje, se lo sabía de pies a cabeza, sabía cómo actuaría y en qué circunstancias. Y ahora mismo se lo diría al actor. No permitiría que lo dejara en ridículo delante del profesor y sus compañeros de clase.

—Romeo es un personaje que se enamora de una chica a quien conoció en un baile, así que debe mostrarse impresionado aún sin saber que pertenece a la familia enemiga. Su voz, su mirada, sus movimientos, todo debe indicar cuán impactado está con ella. Podrías comenzar moviendo tus brazos para indicar altura, ya que estamos al nivel del suelo, pero se supone que Julieta está en lo alto de un balcón.

—Correcto —asintió el profesor sentándose de nuevo—. Vuelvan a empezar.

Jaejoong volvió a tomar su lugar, mientras veía por el borde del libreto a Changmin. Pudo apreciar el momento en que el actor comenzó a caminar a un costado de las bambalinas y volteaba a verlo con fijeza, haciéndolo sonrojar.

¡Se burla de las llagas el que nunca recibió una herida! —comenzó Changmin, caminando hacia el centro del escenario y cubriendo sus labios—. Pero, ¡silencio! —extendió los brazos hacia Jaejoong—. ¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el oriente —señaló y luego apuntó de nuevo al pelinegro—, y Julieta el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura!...

El rostro de Jaejoong se inundó de un carmín intenso. Había un mar de diferencia entre lo que había hecho antes y lo que hacía ahora. Se notaba un crecimiento enorme, como si el haber actuado tan mal hubiera sido apropósito. Incluso pudo darse cuenta que Changmin no leía el texto que sostenía en sus manos. ¡No podía ser! Changmin al igual que él, se sabía el libreto de memoria.

Siguió detenidamente el monólogo del chico al interpretar a Romeo, haciendo la escena del balcón. Era su turno y le demostraría por qué era el mejor de su clase.

¡Oh Romeo, Romeo! —alzó sus ojos oscuros al cielo, entrelazando las manos sin leer el texto que había quedado olvidado entre las mismas—. ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas y dejaré yo de ser una Capuleto. —declamó señalándose el pecho.

Changmin puso la mano sobre su barbilla y le dio la espalda para disponerse a tomar la palabra.

¿Continuaré oyéndola, o hablo ahora?

Se dio la vuelta para ver nuevamente a Jaejoong. No cabía duda que sabía lo que hacía, actuaba extremadamente bien, como si tuviera mucha experiencia en el ramo, aun si sabía que nunca había salido en una obra.

¡Sólo tu nombre es mi enemigo! —exclamó el pelinegro dramatizando con las manos, haciendo más creíble su desesperación por saber que Romeo era un Montesco—. ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? —cuestionó a la nada, alzando la vista a lo alto—. No es ni manos —señaló las propias—, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre —continuó señalando para cerrar los ojos y volver a abrirlos rápido con pesar—. ¡Oh, sea otro tu nombre! ¿Qué hay en tu nombre? —volvió a cuestionar viendo esta vez al suelo—. ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquier otra denominación! —replicó con molestia—. De igual modo Romeo —suavizó su voz—, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora —levantó los brazos junto con su voz—. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y, a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mí toda entera! —finalizó abrazando su propio cuerpo con las manos.

Changmin se movió veloz para acercarse al modelo y en cuanto este terminó de hablar, se apresuró en responder.

Te tomo la palabra —y los ojos de ambos se encontraron por primera vez—. Llámame sólo “amor mío”, y seré nuevamente bautizado —La expresión profunda de aquellas palabras tintó una vez más las pálidas mejillas del pelinegro—. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo!

Los sonoros aplausos resonaron en todo el salón. Jaejoong parpadeó para voltear a verlos, había olvidado por completo que estaba en un escenario, que había alumnos viéndoles y el maestro evaluaba su “lectura”.

—Magníficos los dos —el maestro se levantó y se sumó a los aplausos de los alumnos—. Sabía que ustedes dos serían una gran pareja. Deberemos preparar algo para fin de curso que les servirá como examen —Changmin y Jaejoong cabecearon en acuerdo—. Ahora sí pueden bajar. La clase ha terminado, recuerden seguir repasando el libreto, continuaremos viéndolo la próxima clase.

Jaejoong se dio prisa en salir del teatro mientras Changmin lo seguía, lo miró de reojo y frunció el entrecejo con molestia al notarlo tan cerca suyo.

—¿Qué crees que estabas haciendo allá arriba cuando actuaste tan mal? —acusó molesto. Sabía que Changmin había fingido todo, sólo le faltaba la confirmación del hecho. Y aún si Changmin lo negaba, no iba a creerle.

—Estaba probando algo —Los pasos del modelo se detuvieron de golpe y Changmin se giró a verlo con curiosidad. Los alumnos que salían de los talleres les pasaron por la orilla sin detenerse a verlos.

—¿A mí? —cuestionó asombrado, pero Changmin negó con la cabeza haciéndolo suspirar de alivio.

—Por supuesto que no, al maestro. A ti ya te he probado y te aseguro que sabes muy bien. —el rostro de Jaejoong enrojeció. ¿Cómo se atrevía a decirle semejante cosa y en pleno pasillo de talleres? ¿Qué no sabía que alguien podría escucharles?

—¡Eres un idiota! Sabes que no es a eso a lo que me refiero. Lo que quiero saber es por qué al maestro. —cambió de tema. No quería meterse en los asuntos del acoso al que siempre lo sometía. Además, le intrigaba saber por qué evaluaba al profesor.

—Quería saber si era como tú o como el resto de esos aduladores que no les importa lo mal que haga las cosas, siempre dirán que estuvo bien. —¿Aduladores? No tenía idea que había gente que a pesar de que hicieras las cosas tan mal como lo había hecho Changmin al principio, dijeran que estaba bien. Por lo menos él no era de esa clase, y era por eso que el actor había dicho aquello, que quería saber si el maestro era como él.

—¿Y cuál es el veredicto?

—Actúas bien.

—¡Imbécil! —le gritó reanudando su marcha y dejando a Changmin de pie en su lugar. Este dejó asomar una mueca en forma de sonrisa en su rostro cuando vio al pelinegro dar la vuelta para perderse en los pasillos rumbo al taller de costura.

Jaejoong sonrió de forma amplia cuando se sintió lo suficientemente lejos de él. “Actúas bien”, eso era lo que había dicho Changmin, y esas simples palabras le hacían sentir orgulloso de su trabajo en el taller. Era como haber recibido un premio por su actuación, no podía evitarlo. Changmin había sido su inspiración por años y escucharlo afirmar aquello era como un aliciente para continuar estudiando.

—Algún día —se dijo en voz baja—, algún día seré un gran actor como lo es él.

Esa misma noche en la sala de estar había una gran algarabía. Los alumnos solían recibir las llamadas de su familia, parientes o novia sólo un día a la semana: los miércoles. Las llamadas por cuestión de trabajo se recibían cualquier día de la semana a cualquier hora, para eso no había restricciones de horario. Así que todos esperaban el momento en que algún alumno que viniera de la sala de prensa mencionara su nombre. Todos volteaban hasta la puerta cada vez que esta se abría, todos esperando el momento en el que pudieran hablar con sus seres queridos.

Pero ni Jaejoong ni Yoochun prestaban atención a sus compañeros y se dedicaban a jugar ajedrez en una de las mesas a un costado de la televisión. Jaejoong jamás recibía una llamada de alguien de su familia. El único a quien veía era a su padre y este solía sacarlo de la escuela los fines de semana para ir a comer. Era lo mejor que podía hacer, prefería hablar con él en persona que hacerlo por teléfono. Pero desde que había enfermado, debido al primer infarto, ya no salía como antes y era probable que su madre o Hyunjoong le evitaran hablarle los miércoles al colegio. Procuraba no darle importancia al asunto y prefería distraerse jugando con Yoochun.

Yoochun por el contrario, solía recibir las llamadas de su hermano a cualquier hora del día, por lo que esperar una llamada de Yoohwan el miércoles en la noche, era poco probable. De la única persona que podría recibir una llamada, era a la que veía por las noches en el bar cerca de la escuela, además la veía los fines de semana.

—¡Hey Yoochun, mira, sales en televisión!

El grito de uno de sus compañeros los distrajo. Tanto Jaejoong como Yoochun dejaron de prestar atención al tablero de ajedrez donde jugaban para voltear a ver la pantalla que les señalaban. La televisión mostraba el programa de chismes K! News Live y justo en ese momento pasaban adelantos de los siguientes segmentos. Breves imágenes de Yoochun caminando por los pasillos de la sinfónica seguido de algunos otros músicos se dejaron ver.

—No voy a salir —afirmó el músico desviando su vista hasta el tablero de nuevo—, fue una entrevista que le hicieron al solista.

—¿Por qué no le cambian a otro programa? —preguntó el modelo volteando a ver a los chicos—. ¿Por qué les gusta ver eso? Sólo van a conseguir que se les atrofie la mente. —aseguró regresando a su juego.

—Vamos Jaejoong, viendo estos programas los no famosos como nosotros nos enteramos de lo que hacen ustedes los famosos. —Jaejoong y Yoochun rieron ante la respuesta del chico, que observó de reojo cómo Changmin levantaba una ceja sin dejar de leer el libro que mantenía entre sus manos.

—Miren, es Taeyeon —apuntó otro de los chicos con aire soñador—. Es realmente hermosa.

Jaejoong levantó la vista para dirigir su atención de nuevo hacia la pantalla, notando de reojo cómo Changmin hacía lo mismo y dejaba el libro para mirar a la pelirroja por televisión.

Y de nuevo la chica aseguraba que Changmin y ella eran novios y deba detalles de su vida y la forma en la que burlaban a los medios para no ser captados juntos. La reportera había cuestionado su veracidad, pero Taeyeon muy astuta había pedido que confirmara la noticia con Changmin.

«Algo totalmente imposible» pensó Jaejoong al ver la sonrisa de la chica para con la reportera, «Y ella lo sabe muy bien».

Todos giraron la vista al escuchar la puerta de la sala ser azotada y a Changmin saliendo de la misma a toda prisa. Jaejoong sólo meneó la cabeza en negativa. Era claro para él que el que la pelirroja hubiera dado tantos detalles de la vida del actor a la prensa le había causado enojo. Pero… ¿y si lo que le molestó es que hubiera dado a conocer que eran novios?

—¿Sucede algo, Jae? —Yoochun lo miraba fijamente, y el aludido sintió las mejillas enrojecer. No esperaba que su amigo le estuviera viendo.

—Kim Jaejoong, tienes llamada en la sala de prensa. —anunció uno de los alumnos, abriendo la puerta y sonriendo de forma amplia.

«Salvado por la campana» pensó Jaejoong en ese momento. Era extraño que alguien le llamara, pero daba gracias a quien fuera que lo hubiera hecho. Así se ahorraba el tener que decirle algo a Yoochun. Era imposible mentirle al músico, y no sabía cómo responder aquella pregunta porque, realmente, no lo sabía. Además, a él qué le importaba que Changmin tuviera o no novia, peor para la chica cuando se enterara de su condición sexual. Seguramente Jessica se sentiría dichosa de podérselo restregar en la cara.

—Deja veo quién es, Chun. No vayas a mover nada. —advirtió riendo. Su amigo sólo cabeceó en acuerdo mientras el pelinegro salía directo a la sala de prensa.

La sala de prensa estaba compuesta por dos amplios salones que contaban con tarimas provistas de una mesa para varias personas con igual número de micrófonos, y en la parte baja se daba cabida a las sillas para los reporteros. De vez en cuando se hacían conferencias para los medios. En la parte trasera se habían ubicado ocho cubículos con teléfono, para que aquellos reporteros que necesitaban llamar a sus editores pudieran hacerlo con confianza. Pero ahora también eran usados por los alumnos para hablar con sus familiares.

Jaejoong llegó en poco tiempo hasta el cubículo 4 que era donde habían dejado la llamada en espera, la curiosidad era mucha. Dudaba mucho que fuera alguien de su familia, o quizá por fin su padre le hablaba para saludarlo. Ese simple pensamiento le hizo sentirse feliz.

—¡Hola, Jaejoong al habla! —saludó alegre tomando el auricular con ambas manos.

—Kim Jaejoong, no me conoces, pero me gustaría que me consideraras tu amigo.

El pelinegro se sintió extraño, la voz que se oía del otro lado del teléfono se escuchaba muy joven. Tenía un acento que había escuchado en algún lado, pero no recordaba de dónde. Parecía tranquila y sincera.

—Disculpa “amigo”, pero creo que te equivocaste de persona —No quería ser descortés, pero no quería verse involucrado con acosadores por teléfono. Ya era mucho tener a un acosador de forma física como para tener que soportar a otro por teléfono.

—No, no estoy equivocado, eres Kim Jaejoong, modelo de profesión. Te conozco, aunque no personalmente, y me gustaría que me consideraras tu amigo —Jaejoong estaba a punto de abrir la boca para negarse, cuando el desconocido se le adelantó—. Espera, antes de que te niegues. Sé que hay alguien en tu escuela que te está molestando…

—¿Qué? —se sintió asustado. ¿Quién era este tipo?—. ¿Quién eres? ¿Cómo me conoces? ¿Qué buscas de mí? —acusó sintiendo que su corazón latía apresurado. Sí, sí había alguien en la escuela que le estaba molestando, pero eso nadie lo sabía. ¿Cómo lo sabía la persona que ahora le llamaba?

—Lo único que quiero es ser tu amigo, nada más. Y como te conozco, pues… —alargó interrumpiéndose, haciendo que Jaejoong se sintiera desesperado. Quería saber todo lo que la persona supiera. Quizá sólo era casualidad y la persona al teléfono había lanzado una afirmación para ver si caía, y al notarlo interesado había decidido continuar con la farsa. ¿Por qué diablos tenía que ser tan curioso?

—¿Pues qué? ¡Contéstame! —elevó la voz.

—Tenemos a un amigo en común, sólo eso puedo decirte. —contestó la voz al teléfono, pero no le era suficiente saber que tenían a un amigo en común. Él tenía muchos amigos, algunos más que otros, no por nada era muy popular en la escuela, pero…

—¿Por qué sólo eso? ¿Cómo sabes que hay alguien que me molesta?

—Sólo lo sé. Por favor, apunta el número que te voy a dar. Puedes llamarme cuando quieras hablar con alguien a quien no conozcas y con quien puedas hablar de todo. Cómo te sientes, cuáles son tus miedos, cómo…

—¿Acaso eres un psicólogo? ¿Te contrató mi hermano para tratar de convencerme de cambiar los títulos a su nombre? —se apresuró a interrumpirle la palabrería que había comenzado a soltarle, aunque estaba seguro de que Hyunjoong, esta vez, no tenía nada qué ver.

—No, estás equivocado, no conozco a tu familia. Sólo sé de ellos lo que han publicado los diarios. De ti sé un poco más, pero no puedo decirte cómo. —De nuevo ocultaba las cosas dejándolo intrigado.

—Y vuelve la burra al trigo. ¡Maldita sea! ¿Quién eres? —volvió a cuestionar totalmente fuera de sí. Odiaba que lo dejaran con la duda y esta persona ya le había sacado de quicio.

—Ya te dije, sólo un amigo. Apunta mi número, puedes llamarme a la hora que sea, yo estaré allí para ti —Jaejoong escuchó el dictado de números que no se molestó en apuntar—. Apúntalo, por favor.

—Mira “amigo”, mis problemas los resuelvo solo. Jamás he necesitado la ayuda de nadie y esta no será la primera vez.

—Sólo por no dejar, apunta mi teléfono. —Jaejoong suspiró, quizá lo apuntaría para mandarlo investigar después. Volvió a escuchar los números y esta vez los apuntó a la carrera.

—Ok, ok, ya tengo tu maldito teléfono, pero si estás esperando que te llame, espera sentado, porque parado te vas a cansar —la risa contagiosa hizo parpadear al pelinegro sin comprender—. ¿Qué fue tan gracioso?

—Eres tal cual me lo habían dicho. Kim Jaejoong, cuídate.

—Espera, espera —pero sólo pudo escuchar el sonido de la línea ocupada—. No me dijiste tu nombre. —murmuró colgando el auricular.

Salió de la sala de prensa pensativo. Ni siquiera del chico que le llamaba para que fuera a contestar la llamada al cubículo había podido escuchar el nombre del extraño. Estaba confuso y lleno de preguntas referentes a la llamada.

¿Quién era la persona que le había hablado? Y sobre todo, ¿por qué le habló? ¿Sería de Changmin de quien hablaba cuando dijo que sabía que alguien le molestaba? No, eso era imposible. En la escuela nadie sabía todo lo que el actor le torturaba. Ni siquiera Yoochun, que era su mejor amigo, lo sabía. ¿Cómo iba a saberlo alguien a quien no conocía? ¿O es que sí lo conocía?

“Tenemos un amigo en común”

¿Acaso sería Yunho? Sí, pudiera ser el modelo. Yunho le conocía muy bien, claro que no más que Yoochun. Pero sería imposible que Yoochun hubiera contado algo de su vida a otra persona. Además el músico se la pasaba en la escuela, las únicas veces que salía era a la sinfónica y ahí estaba su novia. Y de lo que estaba cien por ciento seguro, es que quien le había hablado era un hombre. Y Yoochun no sabía lo de Changmin. ¡Nadie sabía lo de Changmin!

—Maldición, ¿quién era esa persona? —se preguntó agitando fuertemente su cabeza antes de entrar de nuevo a la sala de estar.

Entró justo en el momento en que en pantalla se mostraba a un chico de cabello gris platinado muy sonriente. La mirada de todos estaba puesta en la pantalla, incluida la de Yoochun. El joven daba una entrevista y mencionaba lo emocionado que se sentía de formar parte de la sinfónica y poder interpretar su primer solo.

—¿Compañero tuyo, Chunnie? —preguntó sentándose en su sitio, atrayendo la mirada del chico.

—Sí, es un amigo, Kim Junsu. Toca el violín.

—Oh, he escuchado algo, pertenece a una de las familias más ricas de Haeundae³, ¿verdad? —afirmó más que nada, sonriendo—. No sabía que fuera músico.

—Junsu es un genio tocando el violín. Entró a la sinfónica hace poco más de un año y casi desde el comienzo formó parte de la primera platilla de músicos. Rebasó con creces a los más avanzados. Doy gracias porque no toca la flauta, me hubiera quitado mi puesto muy rápido —Jaejoong rió ante las palabras de su amigo—. Es una persona muy dulce, te agradaría mucho si lo conocieras. Jamás había conocido a alguien como él. Es en extremo sensible, jamás vi a nadie llorar cuando toca. Es un verdadero ángel.

—Chun —entonó el pelinegro viéndolo fijamente—. Que tu novia no te escuche hablar así de otra chica, está bien que hayas dicho eso de este chico pero si lo haces con una chica, la vas a poner celosa. —Las mejillas de Yoochun se tiñeron de un ligero rosáceo.

—¿Y bien, quién te llamó? —preguntó cambiando abruptamente de tema.

—No tengo la menor idea —El signo de interrogación se reflejó en la cara de Yoochun ante tan vaga respuesta—. En serio, no supe quién era —reafirmó al notar que el otro no entendía—. En un principio pensé que era un error, pero creo que no. Aun así sólo tengo un número telefónico, ni siquiera tengo un nombre, me dijo que le llamara “amigo” y que si quería hablar de algo, le llamara a cualquier hora.

—Eso es extraño, ¿no será algún acosador que te vio en algún comercial y le gustaste?

—Eso pensé, pero que ni crea que le voy a llamar.

Jaejoong alzó la vista cuando se sintió siendo observado, sólo para toparse con sorpresa contra un par de ojos castaños fijos en su rostro. Le miraba con el ceño fruncido y la boca curveada. ¿Qué no se había ido ya? Cuando entró a la habitación ni cuenta se había dado de que Changmin había vuelto. Su mirada de nuevo le perturbó. Dos acosadores era mucho para él, y como no quería seguir en ese lugar sintiendo cómo su corazón latía a toda prisa, se puso de pie para despedirse de Yoochun.

—¿Sabes, Chun? Estoy agotado, jugamos mañana, ¿sí? Ya tuve suficiente el día de hoy. Comenzando con los reclamos de Boa por lo que ya sabes, luego sus regaños por haberle llevado trajes grises y azules en lugar de sólo negros, para terminar de rematar la montaña de protestas por no querer usar el Armani. Por suerte había un Yves St Lauren entre los que le llevé, sino no sé qué hubiera hecho. A veces creo que Boa me sobreprotege mucho. Yo no soy ni su novio ni su hermano. —masculló casi al borde del puchero.

—Pero ella igual te quiere. —completó Yoochun.

—Quiere, pero matarme —puntualizó el pelinegro riendo—. Te veo mañana, Chunnie.

—Sí, hasta mañana, Jae.

Yoochun siguió con la mirada al modelo hasta que este salió de la habitación, no pudiendo evitar el percatarse de cómo la mirada de Changmin también le había seguido. Era extraño, y no era la primera vez que lo sorprendía haciendo lo mismo. Sus miradas se encontraron por segundos. El actor se había dado cuenta que le observaba, pero luego simplemente desvió su atención de vuelta hasta su libro. Al parecer no le importaba que alguien le sorprendiera viendo al pelinegro de esa forma, o quizá sólo fingía no importarle.

«Quizá es hora de averiguar por qué»

Yoochun se dio prisa en levantar el juego de ajedrez y acomodarlo dentro de su estuche. Quizá Jaejoong tenía el dominó y las cartas ocultas bajo la cama, pero él tenía el ajedrez y las damas chinas, y esas no necesitaban ser ocultadas. Se levantó del sillón que ocupaba con el estuche bajo el brazo y caminó hasta el sillón que ocupaba Changmin y en donde seguía leyendo. Un pequeño taburete descansaba a un costado del sillón, al parecer nadie quería estar cerca del actor y no los culpaba, el actor era sumamente frío y no parecía querer la compañía de nadie. Así que se sentó, quedando muy cerca de él.

—¿Puedo saber qué significa esa mirada tuya cuando ves a Jaejoong? —Una pregunta directa y queda, a la que Changmin respondió enarcando una ceja.

—Quizá lo mismo que significa la tuya cuando hablas de tu amigo el violinista.

Yoochun se sorprendió ante el comentario, abrió la boca para tratar de responder algo pero terminó por cerrarla sin saber qué decir. Se levantó de prisa de su lugar dando media vuelta para irse, cuando la voz baja de Changmin le retuvo.

—Supongo que Jaejoong no lo sabe. ¿Se lo dirás algún día? —Yoochun apenas y giró lo necesario el rostro para verlo.

—Quizá. —y se dio la vuelta para salir de la sala de estar.



❥ Fin del Capítulo Tres.




¹ Pantalla que se pone detrás de las cámaras y a la vista de los actores, presentadores o conductores para que sepan lo que tienen que decir.
² Set de filmación.
³ Condado en el Este de Busán, conocido por ser de las zonas élite.



—.—.—



Me tardé un poquito más con este capítulo. ¡Lo siento! Llegó la vuelta a clases, pero intentaré que eso no me demore demasiado con las actualizaciones.

Gracias a las chicas que muestran su interés y apoyo al proyecto.


PD. ¡Ah, sí! Antes que me olvide, la apariencia de JunSu para esta historia, es de su look del Uncommitted.




3 comentarios:

Junsa dijo...

Hola vi tu fanfic publicado por un grupo de face y juro que me paso que nunca lo habia visto.... juro que ame tanto como escriber soy una fan loca del MinJae siii amo cuando le dan una personalidad dura a Min un Seme total hahaah xd
sin duda tu fic esta realmente bueno quiero saber mas.....
sigue escribiendo solo cuando no tengas nada con los deberes de la clases n.n
espero el siguiente.

saludos suerte y esperare el otro porfa que no sea mucho tiempo de espera n.n

Anónimo dijo...

ya me lei los tres capítulos y quiero mas cuando tendrás actu
esta genial, me gusta el jaemin espero seguir leyendo mas y please no tardes
tanto escribe después de las tareas jajajaj.
bye te leo!!!!!!!!!!!!!

Rimi~ dijo...

"—¿Puedo saber qué significa esa mirada tuya cuando ves a Jaejoong? —Una pregunta directa y queda, a la que Changmin respondió enarcando una ceja.

—Quizá lo mismo que significa la tuya cuando hablas de tu amigo el violinista".

Esto me ha dejado intrigada. Y no tanto por la relación 'secreta' de Chunnie, más bien porque Min ha dado a entender que no solamente gusta del cuerpo de Joongie como le había dicho al mencionado antes.
Asfgjlkhgssdfasdf ya me estoy haciendo ilusiones x'D

En fin, gracias por tan besho capítulo, y disculpa mi tardanza <|3 pero ya sabes que aunque sea después de un siglo(?), aquí estaré dejando mi huellita, kkk.
Hasta el próximo capi~♥.

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