Jaejoong se
encontraba arreglándose para salir. En pocas horas el auto que mandaría Jessica
pasaría por él, por lo que debía encontrarse listo para cuando le avisaran de
su arribo. Arreglaba la corbata roja que Boa le seleccionó frente al espejo. La
pelicorto le había insistido mucho en usar el Armani, y no podía dudar que los
gustos de su amiga eran exquisitos, pero el Armani estaba fuera de su lista de
diseñadores elegibles. Aún tenía muy presente el desagradable incidente con Fukutaro,
gerente de mercadotecnia de la firma. Le había gritado que jamás usaría un
traje de ese diseñador y pensaba cumplirlo. ¿Cómo se había atrevido ese hombre
a sugerirle vender su cuerpo a cambio de la firma del contrato? Está bien que
era un contrato millonario, pero él no estaba dispuesto a venderse. Y ya se lo
había hecho ver a Changmin cuando sugirió algo parecido.
«Y hablando
de Changmin…»
Se le había
hecho extraño no verlo desde la hora de comida del día anterior. Lo había visto
en clase, como siempre, ignorando a todo el mundo y poniéndolo nervioso con su
fría mirada sobre él, pero a la hora de la comida no apareció y quién sabe a
qué taller se habría metido los jueves; no había aparecido en el desayuno o en
la comida del viernes, tampoco se presentó en clases. Quería sentirse bien por
no verlo, pero en lugar de relajarse se sentía tenso. Ni siquiera había podido
concentrase en el juego de ajedrez del jueves en la noche, provocando que Yoochun
le venciera rápido en dos ocasiones, y eso que al músico tampoco se le había
visto precisamente concentrado.
El día
anterior fue sumamente aburrido, el taller de dicción fue suspendido debido a
que el maestro debía organizar la presentación del prompt para los
presentadores de los Blue Dragon. Tener maestros reconocidos tenía sus
ventajas, ya que contaban con su experiencia para ayudarles a aprender mejor;
pero también tenía sus enormes desventajas, como que tuvieran que faltar a sus
clases por cumplir compromisos laborales, tal cual había sido este el caso.
Ahora la primera clase del curso de dicción sería hasta el siguiente jueves. «Que
aburrido» se había dicho Jaejoong de camino hasta su habitación para sacar su
traje de baño. Por lo menos el haber tenido tantas horas libres le había dado
la oportunidad de nadar en la alberca.
Un golpe en
la puerta avisándole que llegaban por él le distrajo de sus pensamientos. Se
dio prisa en tomar sus cosas de la cama para meterlas en las bolsas del
pantalón, y fue entonces que reparó en el trozo blanco de tela doblado al
centro de la misma. Era el pañuelo de Changmin. Se lo había querido devolver el
mismo miércoles que le habían traído su ropa limpia, pero no había querido ir a
su habitación para dejárselo. El jueves no lo había visto después de la comida
y el viernes no se había presentado en clase, por lo que suponía no estaba en
la escuela.
«Quizá está
arreglando ese asunto legal que me comentó» se dijo a sí mismo, tomó el pañuelo
y metió a la bolsa del saco.
Salió de la
habitación presuroso, uno de los guardias le avisó entonces del chofer que le
esperaba en el estacionamiento principal de la escuela, entregándole el pase de
salida y girándose posteriormente para alejarse de Jaejoong rumbo al tercer
piso de los dormitorios. Al parecer alguien más iba a salir ese día.
A un paso algo
más tranquilo, se encaminó por los solitarios pasillos del ala Este. Los
viernes había algunos talleres, pero una buena cantidad de alumnos salía
después de la hora de comida, por lo que sólo se quedaban unos cuantos a pasar
el fin de semana en el colegio. Yoochun, como era su costumbre desde hacía unos
meses, salió poco antes de las dos de la tarde. Boa se había quedado en el
taller de costura preparándose para el primer examen de la carrera de diseño de
modas. No entendía cómo un examen parcial podía consistir en elaborar un traje
medieval… En estos tiempos, ¿quién iba a usarlo? Pero como bien le había dicho Boa
cuando le mencionó aquello:
“En
cuestiones de moda, lo viejo se hace nuevo cada año…”
¡Quién iría
a decirlo! Prendas que se usaban en los años veintes, volvían a ponerse de moda
en el siguiente siglo.
Dio la
vuelta para tomar el camino que le conduciría al estacionamiento de la parte
delantera del edificio. Las aulas de clases estaban vacías a esas horas. Sus
pasos pausados retumbaban en el solitario recinto, sólo el leve murmullo de
otros pasos apresurados podían distinguirse. Giró la vista a sus espaldas
cuando aquel eco resonante comenzó a aproximarse aún más a él, interceptando
enseguida a la chica que llegaba corriendo.
—¡Jaejoong! —llamó
agitada, sosteniéndose de la pared de uno de los salones para respirar.
—Luna, ¿por
qué tan apurada? —preguntó curioso. La chica levantó la vista y respiró
profundamente tratando de recobrarse un poco de la carrera.
—Tenía que
alcanzarte. —le sonrió, Jaejoong sonrió en respuesta.
—¿Se te
ofrece algo? ¿Quieres que te traiga algo de afuera? —comenzó sonriente, ni
percatándose del sonrojo en el rostro de la chica, que le veía con detenimiento
y una mirada iluminada—. Me alcanzaste justo a tiempo, el chofer que viene por
mí ya está aquí. ¿Qué te traigo? Lo haré con gusto.
—Eres muy
amable, Jaejoong —musitó bajando la vista—, pero no es por eso que he venido a
alcanzarte. —El muchacho se inclinó tratando de escuchar la débil voz de la
joven.
—¿Sabes? Para
estudiar canto tienes un volumen un poco bajo —señaló haciendo el ademán con
los dedos, a lo que la chica se sonrojó con intensidad—. ¿Pero entonces no vas
a pedirme nada? —Luna asintió sin poder apartar de él su mirada—. ¿Y qué es?
—El
miércoles dije algo que no debí decirte. —afirmó bajando la vista nuevamente.
Jaejoong intentó hacer memoria para entender a qué se refería, pero no lo
logró. Muy apenas se acordaba de ella al lado de Sulli cuando esta le hubiera
enseñado la revista con la nota donde le mencionaban, pero de algo que hubieran
platicado en concreto, nada.
—No recuerdo
qué me dijiste, Luna. —admitió cruzándose de brazos, recargándose contra la
pared del aula. Ella pareció sorprendida, y en su mirada pronto se reflejó la
decepción. ¿Realmente había sido tan importante? Eso comenzaba a darle mala
espina, ahora ya no quería saber para qué le había seguido, si era lo que se
imaginaba… ¡Dios! Le dolería mucho tener que negarse.
—Jaejoong —entonó
tristemente—, es que yo… Yo… —El pelinegro se enderezó con rapidez y consultó
su reloj. Eso se estaba pareciendo cada vez más a una declaración y no quería
rechazarla; siempre que una chica se le declaraba y la rechazaba, terminaba
sintiéndose mal por días.
—Luna, creo
que tengo que irme, el chofer está esperándome. —interrumpió delicadamente, dándose
la vuelta sin esperar a que la chica pudiera decir algo, pero las delicadas
manos de Luna le sujetaron por el brazo para evitar que se fuera.
—Jaejoong,
te quiero. —confesó quedito, ocultando su cara en los pliegues del saco del modelo.
Él suspiró resignado, habría hecho lo que fuera por no tener que escuchar esas
palabras de nuevo y tener que rechazarla.
Se giró
tomándola por los hombros, levantándole suavemente su mentón para que pudiera
verle a la cara. La lágrima traviesa que resbaló por la mejilla sonrosada sólo
le hizo sentir aún más mal de lo que ya se sentía.
—Luna —llamó
captando la atención de la cantante—. Eres una chica muy linda, y estoy seguro
que encontrarás a alguien que te merezca más que yo. Me honras —le sonrió—,
pero yo hace mucho tiempo me prometí no salir con nadie del colegio.
—Desde que
rompiste con Boa. —asintió secando sus lágrimas con el dorso de la mano.
—¡Exacto! —se
enderezó soltándola de los hombros—. No he querido ser cruel contigo, me gustas
—aseguró al notar que las lágrimas de la joven no cedían—. No quiero que
llores, me haces sentir muy mal.
—Te gusto,
pero no lo suficiente como para que me aceptes. —balbuceó entre sollozos cubriéndose
el rostro con las manos.
—Luna, somos
amigos, no echemos a perder esa amistad con algo que no funcionará. Soy un tipo
muy infiel —señaló riendo—. Bebo, fumo, jamás obedezco las reglas y me meto en
muchos problemas. ¿Quieres a alguien así contigo?
—Por
supuesto que sí —la sonrisa en el rostro de Jaejoong desapareció—. Pero sé que
no serás tú, y por lo mismo he de conformarme sólo con esto.
Las manos de
la chica lo tomaron por el cuello de la camisa, cuando esta se estiró y le
plantó un beso en la boca. Era una caricia suave, donde muy apenas podía sentir
el contacto tibio de los labios femeninos sobre los suyos. De pronto, se sentía
apenado y culpable por no sentirse atraído por ella, o por el resto de las
chicas que a lo largo de los años en el colegio se le habían declarado.
Sin querer
prolongar demasiado aquello porque le estaban esperando, tomó delicadamente a
la joven por la cintura y la apartó con suavidad.
—Lo siento, Luna
—se disculpó quedo, pero la chica se dio la vuelta para correr por los pasillos
con el rostro bañado en lágrimas. Era duro, lo sabía, pero era mejor rechazarla
ahora y no aceptar una relación que quizá les haría daño más tarde—. Además… yo
jamás podría mentir sobre mis sentimientos. —susurró a lo bajo.
Girándose
lentamente, siguió su camino rumbo al estacionamiento.
No era la
primera vez que una chica se le declaraba, y tampoco era la primera vez que se
veía en la necesidad de rechazarla. Siendo un niño bonito, tenía mucha suerte
con las mujeres, se le ofrecían en las fiestas, en los bares e incluso en la
escuela. Podía dejarse llevar por una noche, cuando sabía que no las volvería a
ver y siempre y cuando fuera de común acuerdo; pero dentro de la escuela la
situación era diferente. Había más compromiso y la relación se tornaría muy
seria, ahí no habría acuerdos previos, tarde o temprano alguno de los dos
terminaría por exigir un compromiso que les llevaría a una ruptura dolorosa.
Desde lo de Boa, había decidido no volverse a involucrar con nadie dentro,
fuera era otra cosa. Sin embargo, el haber recibido una declaración un par de
días después de que Changmin le dijera que sólo quería su cuerpo, le hacía
sentir un poco contento. No del todo contento, porque había hecho sufrir a una
chica que le quería, pero sí un poco, porque sabía que a pesar de todo lo que
pasaba con Changmin, había gente que le quería por lo que era y no sólo por ser
atractivo.
Apenas había
dado un par de pasos por el pasillo de aulas solitarias cuando logró distinguir
una sombra detrás de una de las columnas, de pie al lado del marco de una de
las puertas. Quizá un maestro o alumno que se había quedado a escuchar la
declaración de Luna, pues entre la distancia y el silencio reinante seguramente
había podido escucharles. Pero le restó importancia, el pobre chofer de Jessica
ya debía estar desesperado en esos momentos.
Así siguió
su camino sin prestar mayor atención, cuando el sonido de las bisagras
rechinando le hizo reacción y girar la mirada para toparse con otra más clara
atravesándole, observándole fijamente con el ceño fruncido. La frialdad de aquellos
ojos marrones le hizo sentir quemar la piel, con el corazón latiendo furioso
dentro de su pecho. Era Changmin quien le miraba con evidente molestia, sin
decir una palabra, ni moverse, únicamente dejando que su mira se encargara de
transmitirle algo que él no comprendía, pero que intuía no debía ser nada
bueno.
La mano del
actor se despegó de su costado, alzándose para tomar al pelinegro por el brazo
y empujarlo al interior del salón que acababa de abrir. Éste no tuvo tiempo de
decir nada cuando se vio dentro del aula vacía, apenas iluminada por el escaso
sol de la tarde que alcanzaba a colarse; las sombras se proyectaban por las
paredes de manera lúgubre.
Jaejoong se
giró de golpe dispuesto a encarar al menor, pero los fuertes brazos de éste lo
sujetaron empujándolo contra la pared, arrinconándolo entre su cuerpo y el frío
cemento. Los labios del más alto se encontraron con los suyos con ferocidad. El
pelinegro abrió los ojos, Changmin le estaba besando de nuevo, como en tantas
otras ocasiones; y como en tantas otras no podía hacer nada. Sus manos
comenzaron a empujar el firme cuerpo del moreno, pero entre más empujaba, los
brazos de Changmin más le apresaban, obligándole a perder más rápido el aire.
Era un beso
tan diferente al que le robara Luna minutos antes…
El beso de Luna
no le exigía nada, sólo había unido sus labios a los suyos, pero el de Changmin
era distinto, le estaba asaltando, obligándole a abrir los labios para dejarle
introducir la lengua en su boca, para jugar con ella haciéndole estremecer,
sentir cómo las manos del actor subían y bajaban por su espalda. No sabía en qué
momento sus ojos se habían cerrado y había dejado de luchar contra el fuerte
abrazo en el que le mantenían preso, sólo sabía que si no se detenía ahora, más
tarde no podría hacerlo. Lastimosamente su cuerpo no le ayudaba, de nueva
cuenta respondía a unas caricias que no habían sido pedidas, y a un beso que se
tornaba cada vez más apasionado y menos salvaje, robándole los sentidos y la
conciencia.
—No acepto
compartirte con nadie —llegó el susurro al oído del modelo cuando ambos se
separaron por un poco de aire—. Cada vez que te vea besando a otra persona he
de borrarte las huellas de esos besos con los míos.
Al
escucharlo, Jaejoong intentó empujarlo con fuerza, pero su respiración
entrecortada no ayudó en su cometido; Changmin lo retuvo por las muñecas y lo
empujó de nuevo contra la fría pared. Su gélida mirada se clavó en el pelinegro
que luchaba por soltarse de su fuerte agarre, y que frunció el ceño con enojo.
—¡Yo no soy
nada tuyo! —protestó molesto, tratando de calmar a su corazón acelerado. Sentía
que en cualquier momento el fuerte golpeteo podría llegar a hacerle estallar el
pecho.
Los ojos de Changmin
no parecieron cambiar ante la afirmación del chico, pero sus manos reaccionaron
raudas, empujándolo contra el escritorio de gruesa madera donde los profesores
solían sentarse.
Jaejoong se sintió
tensarse bajo el cuerpo del actor, quien le había derribado sobre el mueble y
le asaltaba nuevamente con sus besos, dejando que sus manos se deslizaran por
su pecho, abriendo fácilmente los botones de la camisa. El calor de las manos
de Changmin sobre sí lanzaba corrientes de electricidad por cada centímetro de
piel que tentaba. Se estremecía, temblaba ante las caricias del actor, su
respiración se agitaba y su pecho subía y bajaba completamente acelerado. Ni
siquiera podía respirar con normalidad. ¿Por qué Changmin lograba despertar en
él lo que Luna no había conseguido?
—Respóndeme.
—La orden ronca pidiendo por respuesta logró hacerlo despertar brevemente del
hechizo en el que sus caricias lo tenían sumido.
—¡Jamás! —exclamó
con voz apenas audible.
Changmin
volvió a apoderarse de su boca de forma salvaje –aún más, si era posible–,
exigiendo una respuesta que no llegaba. Jaejoong trataba a toda costa de
mantener su mente firme y no responder al beso que le arrancaba los sentidos.
Podía estarle besando, podía estarle tocando, ¡pero no obtendría respuesta de
su parte!
La mano del
actor bajó de su pecho hasta la pretina del pantalón, desabrochando con rapidez
el cinto y el botón, para al interior del mismo hasta llegar al miembro
despierto del modelo; arrancándole un quejido gutural cuando lo sostuvo con la
mano.
—¡Detente! —pidió
tratando de detener aquella mano dentro de su ropa, pero los movimientos
rítmicos que Changmin hacía sobre su intimidad le hicieron estremecer.
—Tu boca
dice una cosa…, pero tu cuerpo otra muy distinta —murmuró contra la blanca piel
de su cuello—. Me detendré cuando tu cuerpo así lo exija.
Jaejoong
tembló ante aquellas palabras. ¿De qué forma su cuerpo podría dejar de
responder a esas caricias? ¿Hasta que terminara en sus manos? ¡Jamás! Tenía que
ordenarle a su cuerpo que se detuviera, pero la electricidad que recorría sus
venas era demasiado fuerte, la respiración agitada y la maldita sensación de
placer le evitaban pensar con claridad.
—Detente… —volvió
a murmurar, intentando evitar que aquella mano continuara masturbándole, mas no
logrando más que sentir la propia excitación del otro bajo sus pantalones.
—No vayas a
los premios, quédate y esta noche nos divertiremos juntos. —El murmullo a su
oído provocó un intenso estremecimiento que sacudió el cuerpo del modelo.
¡Esto estaba
llegando demasiado lejos!
Su mente se
nublaba y comenzaba a disfrutar de las salvajes caricias y los besos de Changmin,
pero no podía dejarse vencer por las sensaciones. ¡Era Shim Changmin quien lo
estaba sometiendo a su voluntad! Haciéndole olvidar que estaba con un hombre y
no con una mujer. Tenía que parar ahora, de alguna forma tenía que hacerlo. Si
no lo hacía muy pronto sería muy difícil detener a Changmin o peor aún…
¡Detenerse él!
¿Que no
fuera a los premios? ¡Dios! Casi olvidaba que el chofer de Jessica le estaba
esperando para ir al Commodore Busan Hotel. Tenía que quitarse a Changmin de
encima y rápido, si continuaba tocándolo de ese modo muy pronto iba a terminar
en sus manos, y no iba a darle ese gusto.
Intentó
forcejear contra el actor, empujar con las manos su cuerpo para lanzarlo al
suelo, pero Changmin era más fuerte que él… aquellos brazos apresaban los suyos
impidiéndole el movimiento; no obstante, sus piernas estaban en libertad. Así
que como pudo se las arregló para levantar una hasta el escritorio y, de una
fuerte patada, alejar a Changmin de su cuerpo, que fue a estrellarse contra la
pared.
El actor
perdió el equilibrio y se deslizó por el muro hasta el piso, desde donde miró a
Jaejoong incorporarse veloz sobre el escritorio para acomodarse las ropas.
Respiraba agitado y sus manos temblaban al intentar abrocharse la camisa, la
ligera transpiración perlaba su frente y la excitación se hacía evidente en sus
pantalones. Él se encontraba igual.
—Eres un
desgraciado —El pelinegro bajó del escritorio sosteniéndose con las manos,
hablando entrecortado con el rostro enrojecido, sin saber si por el coraje o la
pasión—. ¿Esta era la clase de respuesta que buscabas? —le miró a los ojos—. Pues
espero que te haya resultado satisfactoria.
Changmin se
puso de pie, haciendo evidente la huella del zapato del modelo marcada sobre su
blanca camisa del uniforme. Al notarlo, esbozó una de esas sonrisas torcidas
suyas.
—Me resultó
muy satisfactoria —evidenció mostrando la mano con la que le hubiera estado
masturbando, logrando teñir las mejillas del pelinegro cuando este notó las
manchas blanquecinas sobre aquellos largos dedos—. Pero creo que resultará
doloroso si no termino lo que hacía. —mencionó dando un paso hacia el modelo,
que retrocedió a la defensiva.
—¡No te me
acerques! —levantó las manos, haciendo que Changmin se detuviera—. No quiero
que me vuelvas a tocar. No quiero que me vuelvas a besar, ¡te detesto Shim
Changmin! Y voy a levantar una demanda en tu contra por todo esto —aseguró con
molestia—. No me importa lo que digan, ni lo que piensen, ¡voy a acusarte de
acoso sexual! ¿Qué pretendías? ¿Violarme?
Changmin se
cruzó de brazos en completo silencio. Había esperado la reacción molesta del
chico y a que terminara de hablar antes de poder responder.
—Puedes
acusarme de todo lo que quieras —indicó calmo—, pero para sostener esa
acusación necesitas testigos o pruebas, y no los tienes —La mirada de Jaejoong
continuó con el ceño fruncido, su respiración agitada y el carmín adornando la
piel pálida—. Y no pretendía violarte, porque estabas cooperando muy bien.
—¡DESGRACIADO!
—exclamó apretando los puños—. Yo no estaba cooperando, te pedí dos veces que
te detuvieras y no lo hiciste —Su corazón no paraba de martillar en su pecho.
Quería salir huyendo lo antes posible, pero mientras Changmin permaneciera
franqueando la puerta, no podía intentar retirarse.
—Espero que
algún día tu cuerpo y tu boca se coordinen y den la misma respuesta.
—Ni lo
sueñes —farfulló el modelo—. Quítate de enfrente, me están esperando. —instó sin moverse de su lugar, esperando porque el
actor se apartara. Changmin dio dos pasos para dejar el camino libre, pero
apenas el pelinegro se acercó a la puerta uno de sus brazos le detuvo,
arrancándole una mirada sorprendida.
—Acompáñame
a la entrega de los BIFF —La serena petición logró que la mirada de Jaejoong
cambiara de sorpresa a incredulidad—. Claro, a menos que ya tengas compromiso
con Jung Sooyeon, en cuyo caso te pediré que lo canceles.
El castaño
lo soltó, y Jaejoong se giró para verlo. Apenas podía creer el cinismo del
actor para pedirle semejante cosa. Después de la forma en la que se venía
comportando, ¿todavía tenía la osadía de pedirle que le acompañara a un evento
público?
—¡Estás
loco! —recriminó elevando la voz—. ¡Jamás te acompañaré a ese o a algún otro
sitio! Y no es porque tenga compromiso con Jessica, sólo le acompañaré a los
premios de hoy y si me pide ir con ella al BIFF o hasta al Asian Film, lo
prefiero mil veces a ir contigo. ¡Te detesto Shim Changmin!
—Pensé que
me odiabas. —De nuevo otra de esas sonrisas odiosas.
—Sí, ¡te
odio! —gritó al mismo tiempo que sacaba del saco un pañuelo blanco para
arrojárselo. Changmin alcanzó a pescarlo antes de que cayera al suelo—. Y eso
es tuyo.
—Quédatelo —se
lo arrojó de regreso, y Jaejoong lo atrapó en el aire—. Yo tengo una magnifica
foto tuya con la que me conformo cuando no te veo, es bueno que conserves algo
mío. —El pelinegro arrugó el entrecejo molesto y lanzó el pañuelo al piso.
—¡Yo no
quiero nada tuyo! Seré feliz el día en que desaparezcas de mi vida. —aseguró
dándose la vuelta para poder salir del aula, cuando la voz del otro le detuvo.
—Que
extraño, porque ya tienes algo mío. —se cruzó de brazos, y el modelo se extrañó
por la afirmación, seguro de no conservar nada del castaño a excepción del
pañuelo… A menos que el muy desgraciado se estuviera refiriendo…
—¿Qué? ¿Qué
tengo tuyo? —cuestionó fastidiado, ni siquiera quería pensar en eso, pero al
ver la mueca en los labios del más alto su lengua respondió más rápido que su
cerebro—. A menos que sean tus patéticos besos que…
—Puedes
regresármelos cuando quieras, estaré gustoso de recibirlos. —interrumpió
divertido, intensificando el rubor en el rostro del modelo. Estaba muy
equivocado si pensaba que algún día respondería a alguno de sus besos.
—¡Imbécil! —le
gritó, abrió la puerta y salió del aula con un sonoro portazo que retumbó entre
todo el recinto de aulas vacías.
Changmin se
agachó para recoger el trozo de tela que había quedado a unos pasos suyos,
llevándola a sus labios al contemplar el sitio por el que hubiera desaparecido
el modelo.
Seré feliz
el día en que desaparezcas para siempre de mi vida.
Sus últimas
palabras aún resonaban en su cabeza, acompañado del eco del portazo con el que
había salido del lugar.
«No cuentes
con eso…»
Guardó el
pañuelo en el saco de su uniforme y salió del salón, directo hasta perderse por
los pasillos que le llevarían hasta su habitación.
Jaejoong
subió a toda prisa al auto del chofer de Jessica. El hombre no se mostraba
molesto o desesperado, seguramente estaba acostumbrado a las tardanzas de la
rubia. Aún recordaba la primera cita que hubiese tenido con ella, le había
hecho esperar más de tres horas en el restaurante en el que se habían quedado
de ver, y cuando llegó se limitó a decirle con la más amplia de las sonrisas
que “las chicas nos damos a desear con nuestra tardanza”.
En cuanto
estuvo dentro del auto se acomodó sobre el asiento. Se encontraba aún nervioso
por lo sucedido con Changmin apenas instantes atrás, sensible ante la
incomodidad en su vientre por el orgasmo contenido. Ese idiota lo habría
conseguido de no haberle detenido a tiempo.
«¿Y aún se
atreve a pedirme que le acompañe a los BIFF? Sí que es cínico»
No podía
imaginarse la razón por la que Changmin le había invitado a esa premiación. Era
una de las más importantes del año, junto con los Asian Film Awards. Era
bastante probable que la pelirroja, Taeyeon, estuviera encantada de
acompañarle. Aunque quizá lo que Changmin buscaba era desmentir que salía con
ella. ¡Pero él no le iba a servir como pretexto! Que buscara a otro si quería ir
acompañado de un hombre. Había miles interesados en acompañarle, no por nada
era uno de los actores más sexy's de la meca del cine.
«Maldición» maldijo
mentalmente mientras pasaba la mano por los mechones largos que cubrían su
frente, «¿Y ahora por qué pienso que es sexy?»
Notó
entonces sobre la parte delantera del asiento una serie de cigarrillos y
cerillas, estiró la mano y tomó una cajetilla. Necesitaba tranquilizarse y qué
mejor que un cigarro para lograrlo. Lo encendió y lo sostuvo en su boca hasta
que llegaron a la mansión de Jessica, tratando de eliminar de su cabeza los
pensamientos alusivos a Changmin.
Al ingresar
al amplio recibidor el mayordomo le reconoció de inmediato. Le condujo hasta la
sala invitándole una copa. La necesitaba, claro que la necesitaba, pero si quería
llegar lúcido al evento más le valía no comenzar a tomar desde temprano; así
que se negó de forma cortés.
Todavía era
temprano cuando llegó a la mansión de la rubia, pero el reloj marcaba las cinco
y media de la tarde y ya estaba desesperado. El evento daba inicio a las siete
y deberían ir llegando a la alfombra roja a más tardar las seis y media.
Definitivamente Jessica ya le había hecho esperar demasiado, un poco más dando
vueltas sobre la alfombra y le haría un enorme boquete.
—Espero no
haberte hecho esperar demasiado.
La voz
femenina proveniente de las escaleras principales le distrajo, girándose sólo
para abrir los ojos todo cuan grandes eran. El reclamo que hubiera estado a
punto de salir de su boca se olvidó para siempre.
—Con tu cara
me has dicho qué opinas de mi vestido. —Con una gran sonrisa, la rubia
descendió lentamente la escalinata.
Jessica
lucía un vestido recto cuya parte baja se abría en grandes holanes conforme
cada paso que daba. No tenía hombros, por lo que estos lucían sencillamente
blancos y divinos, combinando la cremosa piel blanca de la joven con el color
ocre oscuro que había escogido. Su larga cabellera rubia la llevaba por
completo recogida en una especie de corona y en su cuello pendía un bello
collar de pequeños diamantes a juego con los aretes y una pulsera.
—Te ves
divina —aseguró acercándose para tenderle el brazo y ayudarla a terminar de
bajar los escalones—. No me hubieras necesitado para que voltearan a verte, con
tu belleza era más que suficiente. —Jessica sonrió ante el cumplido.
—Tú también
te ves maravilloso, Joongie, no esperaba menos de ti. ¿Nos vamos? —indicó
tomando su bolso de la mesita del teléfono y conduciendo al muchacho hasta la
limusina que ya les esperaba para partir.
Por lo
menos, esa noche no tendría por qué pensar o sufrir por ese maldito actor de Shim
Changmin.
Las
cercanías al 743-80 Yeongju-dong estaban congestionadas. Un sin fin de
limusinas aproximándose a la entrada principal del Commodore Busan Hotel constituían
el trafico principal de la noche. Jessica sonrió cuando alguien desde la acera
de la calle empezó a gritar su nombre, ella levantaba la mano y les saludaba.
Las veredas estaban repletas de guardias de seguridad que impedían el acceso a
los fans curiosos.
—Adoro esto.
—afirmó la rubia sonriendo, mientras la limusina lograba abrirse paso hasta la
entrada principal.
—Yo odio
esto. —suspiró el pelinegro resignado, enderezándose en su asiento cuando el vehículo
se detuvo frente a la alfombra roja.
La lluvia de
luces centellearon en cuanto la puerta se abrió y un hombre ataviado con un
lujoso uniforme le tendió la mano a Jaejoong para ayudarle a bajar. Fuera de la
limusina los medios de comunicación se peleaban por acaparar a las estrellas
que acababan de llegar, sólo para que el alta voz anunciara el arribo de
alguien más y las luces de las cámaras y flash se giraran hacia otro lado.
Jessica tomó
la mano que Jaejoong le ofreció para bajar, justo en el momento en que un
fotógrafo le captaba en un gesto tan caballeroso. Ya se imaginaba la portada de
los diarios del siguiente día y no le importaba que le relacionaran con el
modelo, al fin y al cabo, ella había hecho circular esos rumores sólo para
molestar a Taeyeon.
Ambos
caminaron por la alfombra roja deteniéndose de cuando en cuando para responder
a algún medio que les solicitaba. Pero la noche era de Jessica, Jaejoong sólo
se limitaba a acompañarla y sonreír cuando se le preguntaba si eran novios. Eso
se lo dejaba a su rubia amiga, era ella la que debía responder y con suma
alegría se daba cuanta que Jessica eludía muy bien las preguntas sin llegar a
afirmar o negar nada. Quizá y esa maniobra de la chica le podría ayudar a
alejar a Changmin de él.
Se
detuvieron frente a una de las reporteras del canal anfitrión. Jaejoong estaba
seguro que en esos momentos sus amigos en la escuela les estarían observando y
sonrió de forma luminosa cuando la reportera, Im Yoona, se acercó a él mientras
Jessica charlaba con alguien más.
—Kim
Jaejoong, ¿podrías contestarnos la pregunta que todo el medio se está haciendo
en estos momentos? —Él sonrió, ya se lo esperaba. Todos los que se le acercaban
le preguntaban lo mismo, pero por desgracia, en esta ocasión Jessica estaba un
poco alejada como para responder por él.
—Ya sé lo
que me vas a preguntar. —le sonrió a la reportera, pero Yoona se dio prisa en
negar con la cabeza, a lo que Jaejoong le vio con sorpresa. El tiempo en
televisión era muy caro y quería salir de dudas pronto.
—No Jaejoong,
tú como compañero de Shim Changmin debes estar enterado si es verdad que Taeyeon
sale con él. ¿Puedes respondernos eso? —El rostro de Jaejoong dejó ver la
sorpresa que esa pregunta le causaba. Jamás se imaginó que alguien le
preguntara por Changmin precisamente a él.
—¿Y yo qué
voy a saber? —rebatió con molestia; y él que pensaba olvidarse del maldito
actor por esa noche—. Creo que eso deberían preguntárselo a él. —Pero en cuanto
trató de alejarse de la reportera, esta le retuvo del brazo con sutileza.
—Bueno, te
pregunto a ti porque alguien nos informó que eran compañeros de salón,
compañeros de equipo en el taller de teatro y además vecinos de habitación. Por
lo que supongo que también son amigos. —explicó sonriendo la mujer.
—Pues en eso
estás totalmente equivocada —contradijo muy serio—. Sí, es verdad todo lo que
dices, menos en que somos amigos. A Shim Changmin no le interesa tener amistades,
sólo se limita a tomar clases, ignorar a todo el mundo y hacerme la vida de
cuadritos —La última afirmación dejó a Yoona sin palabras. El sonrojo cubrió de
inmediato el rostro del modelo, que no se había dado cuenta de lo que había
dicho hasta muy tarde. Todo hubiera estado bien si no hubiera mencionado
aquello último… No cabía duda de que su cabeza no estaba coordinando nada con
su lengua.
—Joongie,
querido, es hora de que entremos. —Jessica llegó a salvarlo, tomándolo de la
mano para alejarlo de la reportera. Había podido escuchar la última parte de la
conversación y quiso alejarlo de la prensa antes de que todo el mundo se fuera
sobre él para cuestionarle por tal afirmación.
—Lo siento, Jessica
—le susurró Jaejoong cuando entraron a la recepción del hotel—, creo que eché
todo a perder. —Pero la rubia tan sólo se giró para acomodarle la corbata
mientras hablaba.
—Al
contrario —le sonrió encantada—. Tu pequeña declaración le ha quitado la luz a Taeyeon
—dejó escapar una pequeña risita y Jaejoong miró sin comprender—. Así es Jae, Taeyeon
afirma que Changmin es su novio y tú dices que te hace la vida de cuadritos,
pero no dices de qué forma. Ahora todos los medios querrán saberlo, pero como
en tu escuela no se aceptan reporteros, les será muy difícil obtenerla. Taeyeon
podrá decir misa porque tu declaración es más interesante que la suya. ¡Gracias
por eso! —Jessica lo jaló hacia ella y le besó la mejilla—. Ahora, será mejor
que entremos a ocupar nuestros puestos.
Jaejoong le
sonrió acompañándola hasta el salón principal donde se llevaría a cabo la
entrega de los premios. A pesar de las palabras de aliento que la rubia le
había dirigido, no se sentía a gusto, los nervios le traicionaban al imaginar
que Changmin pudiera haber visto lo que hubiese dicho en televisión. Su corazón
seguía latiendo a toda prisa a pesar de que ya estaba sentado viendo a las
estrellas que seguían llegando. Y lo vio, apenas un par de filas más abajo se
encontraba el nombre de Shim Changmin. Aunque estaba seguro de que no
asistiría, no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda cuando
reconoció su asiento.
—¡¡Maldita!!
La maldición
que pronunció su acompañante le hizo girarse para verla. Jessica estaba sentada
a su izquierda, pero volteaba hacia la parte alta del teatro; furia era lo que
inundaba sus ojos recubiertos por los pupilentes celestes y sus arqueadas cejas,
mientras apretaba con fuerza el chal que descansaba sobre sus hombros.
Las orbes
oscuras del pelinegro giraron buscando el origen de aquella reacción, y sus
ojos se abrieron enormemente al ver a la pareja que bajaba los escalones del
teatro para llegar hasta sus lugares. Los ojos castaños del alto joven le
miraron de reojo, pero al pasar por su costado se giraron para ver al frente.
—¡Maldita! Mil
veces maldita —mascullaba Jessica enojada—. Jamás creí que Changmin le
acompañaría. Ya me imagino a toda la prensa cuando salgan, van a estar como moscas
detrás de ella. Pero me niego a pensar que Changmin salga con ella, él tiene
demasiada clase para una arpía como esa…
Jaejoong
siguió a la pareja en silencio. Observó a Changmin conducir a Taeyeon del brazo
hasta su asiento, que no era otro que el que tenía a su lado izquierdo.
Entonces tenía que ser verdad.
«Son novios»
se dijo a sí mismo con sorpresa.
Ignoró por
completo el montón de maldiciones que Jessica le dirigía a la pelirroja de
forma silenciosa, ocupado en observar el comportamiento del actor. Seguía
siendo igual de indiferente, pero en esta ocasión prestaba un cierto grado de
interés en lo que su acompañante le comentaba.
“No vayas a
los premios, quédate y esta noche nos divertiremos juntos.”
Eso le había
dicho Changmin horas antes. ¡Sí, como si fuera a cumplir! El muy desgraciado ya
tenía una cita con su novia y había querido divertirse un rato con él. ¿Qué no
le había dicho que no había amor involucrado en el deseo por su cuerpo? ¡Claro!
Cómo iba a haber amor si ya tenía a la pelirroja que le acompañaba.
Y viéndolo
bien, la chica no era nada fea. Era delgada y bajita, de ojos almendrados y una
cara de inocencia que seguramente le encantaría a Changmin. Vestía de rosa esa
noche, dejando que su largo cabello rojizo cayera en cascada sobre su espalda.
—Por lo
visto quiere hacerle la competencia a Im Nana —murmuró Jessica, haciendo que
Jaejoong girara a verla. Al parecer su amiga estaba realmente molesta—. El rosa
no le queda bien a todas, y a ella se le ve terrible. Quiso lucir un escote sin
tener ningún atributo qué lucir. Vera Wang debió decírselo, sólo hace deslucir
su hermoso diseño.
—Vamos Jessica,
la chica es bonita —Jaejoong se dio cuenta del error que había sido su
comentario cuando la mirada de la rubia por poco cambia de color para volverse
roja por el enfado—. Ella es bonita, pero tú eres hermosa, inteligente y tienes
a un chico más guapo a tu lado —recitó a la carrera, y Jessica estalló a
carcajadas echándole los brazos al cuello.
—Por eso te
quiero tanto.
El pelinegro
respondió al abrazo de la chica, pero de reojo no perdió detalle de las miradas
de Changmin y Taeyeon sobre ellos. Sintió un profundo malestar al notar esa
mirada fría sobre él. No sabía qué hacía Changmin en los premios, pero no iba a
echarle a perder la noche, esta vez no se iba a dejar intimidar por aquella
mirada de hielo.
El salón
principal se fue llenando con rapidez, las estrellas llegaban saludándose entre
sí como si fueran amigos de antaño. Algunos apenas se conocían, de otros sólo
había oído hablar. La parte alta del teatro era llenada por los fans que habían
cubierto la entrada de 60 mil a 180 mil won¹ por asiento. La parte baja sólo era ocupada por nominados, invitados y sus
familiares.
En punto de
las siete de la noche el Prompt principal que se mostraba en la parte central
del teatro se encendió mostrando el anuncio de la premiación. Pedían silencio a
los presentes porque en cualquier momento la señal de “On Air” daría la
indicación del comienzo del evento.
Jaejoong
prestó atención cuando un hombre alto de cabello oscuro y hombros anchos
ocupaba el asiento al lado derecho de Changmin. No le fue difícil reconocerlo,
era Jung Jihoon, su representante. El moreno actor volteó para susurrarle algo
mientras la música de cada una de las películas seguida de diversos bailarines
indicaban el inicio de la ceremonia de premiación.
Las luces se
apagaron sorpresivamente al mismo tiempo que una serie de láser dibujaba el
nombre de la ceremonia y un montón de luces explotaban al centro del escenario
dejando entre ver a la que sería la presentadora de la noche.
Lee Nayoung².
—¡Bienvenidos,
bienvenidos! —anunció agitando su mano para abanicar el humo que las luces
habían dejado, provocando la risa de algunos cuantos—. ¿Estamos al aire? —cuestionó
de pronto, para ver el letrero en rojo que indicaba que sí—. Oh sí, ya vi que
sí —Los presentes volvieron a reír—. Bienvenidos a la 35° entrega de los Blue
Dragon Film Awards, soy su anfitriona por esta noche. ¿A quién esperaban? —volteó
a verlos a todos—. ¿A Henry Cho³?
Pues no, temo decepcionarlos, él esta confirmado para los Asian Film, tuve que
rogarle para que no aceptara venir aquí, sino no obtengo su atención esta
noche. ¡Ups! ¡Hola, Henry! —saludó con la mano hacia el público, donde el
aludido comediante reía por las ocurrencias de la presentadora—. Creo que no me
hizo caso.
Nayoung
siguió haciendo una serie de chistes sobre los presentes y sobre política
mientras caminaba de un lado al otro del escenario. Jessica había recibido uno
de sus chistes por su última actuación, provocando la carcajada de Jaejoong. El
modelo había olvidado por completo que Changmin estaba a dos filas por debajo
de donde ellos se encontraban, hasta que la presentadora lo hizo saber de una
forma que no esperaba.
—¿No tienen
frío? —preguntó Nayoung parándose al centro del escenario—. Es extraño —comentó
caminando hacia un lado—. Por acá no hace frío, es más, se siente algo de calor
—Luego caminó al lado contrario—. En esta parte tampoco hace frío, pero al
frente —Volviendo a cambiar al centro—, hace un frío tremendo.
Jaejoong
sintió su corazón comenzar a latir acelerado, con un muy mal presentimiento
haciéndole escurrir el sudor frío que resbaló por su espalda. ¿Iba Nayoung a
hacer lo que temía?
—¡Por eso
hace frío! —exclamó alegre—. Miren nada más a quién tenemos aquí, nada menos
que al mismísimo Shim Changmin —el actor inclinó un poco la cabeza como
saludo—. Taeyeon, si quieres un abrigo extra, sólo avísame, yo tengo bastante.
—señaló su cuerpo provocando algunas risas—. Quizá entre las dos podamos
derretir algo de ese hielo. ¿Qué dices Changmin, nos das permiso?
Jaejoong
observaba la pantalla panorámica en la que se mostraba el rostro frío e
impasible del moreno. Estaban haciendo chistes a su costa y a él no le quedaba
otra más que ignorarlos o reír, y Changmin no reía, de eso estaba seguro. Desde
que la serie infantil había sido cancelada, todos los papeles que el chico
hacía eran de personas frías y rebeldes. Había pasado de ser el niño bueno al
niño malo del cine.
Y tal como
lo había pensado, Changmin sólo inclinó la cabeza sin mostrar ninguna señal de
diversión en el rostro. Siguió observando a la presentadora que había cambiado
sus chistes personales por políticos hasta que el Prompt y la música señalaron
la ida a comerciales en la televisión.
Tan tenso
como se encontraba, Jaejoong no fue capaz de disfrutar la premiación. Changmin
sólo tenía que inclinarse un poco hacia Taeyeon y su ángulo de visión le
permitía observarlo de reojo claramente. Y lo había visto hacerlo en varias
ocasiones. Podía ver su fría mirada detenida en él, de la misma forma en que él
le estaba mirando; miradas que chocaron innumerables veces, sosteniéndose por
intensos segundos, hasta que Taeyeon le decía algo a Changmin o hasta que Jessica
le comentaba algo a Jaejoong.
Los últimos
cuatro premios y los más importantes estaban por ser anunciados. Jessica tomó
la mano del modelo cuando escuchó su nombre al ser anunciadas las cinco
nominadas como mejor actriz principal. Después sería anunciado el premio como
mejor actor, seguido de mejor película para terminar con el mejor director.
—Tengo que
ganarle a Taeyeon. —murmuró la rubia provocando que el modelo volteara a verle.
No entendía
esa rivalidad entre ambas chicas. Cuando solía preguntarle a Jessica, ella
simplemente eludía la pregunta con la misma habilidad que eludía las preguntas
de la prensa que no quería contestar. Ese pleito entre Taeyeon y Jessica ya
tenía varios años y siempre se hablaba de ambas en las revistas y noticieros de
espectáculos, era común ver cómo constantemente eran comparadas y la nominación
a los BIFF era la culminación del año. Aún faltaban los Asian Film Awards, pero
estaba casi seguro que esa competencia llegaría incluso hasta esa premiación.
—Y la
ganadora es…
Jessica
apretó más fuerte la mano del pelinegro, el enfoque de las cinco nominadas
aparecía en la pantalla gigante al centro del escenario y en cada una de las
pantallas distribuidas por todo el teatro. Jaejoong pudo ver el rostro
sonriente de Taeyeon y el perfecto perfil de Changmin viendo de reojo hacía
algún lado; su lado, lo sabía bien.
—¡Jung
Sooyeon!
La rubia se
paró de un brinco escuchando los aplausos de todos los presentes. Pasó sus
brazos por el cuello de Jaejoong y le plantó un beso en los labios, para total
sorpresa del aludido. Este no pudo ver la reacción de Changmin al aparecer tal
acontecimiento en las pantallas del teatro. Jessica estaba muy emocionada, y
así subió sonriendo para recibir su premio de manos de uno de los actores de
The Man From Nowhere: Won Bin.
En cuanto Jessica
pasó por su lado centró su mirada en el lugar que ocupaba Changmin, pero el
actor parecía ver al frente sin centrar su atención en nadie más. Ni siquiera
en Taeyeon, que lucía sumamente ofendida por haber perdido el premio, ocupada
en reclamar algo de forma acalorada al representante de Changmin mientras éste último
se dedicaba a ignorarlos a ambos.
“Cada vez
que te vea besando a otra persona he de borrarte las huellas de esos besos con
los míos”
Aquellas
palabras habían golpeado en su cabeza cuando sintió los labios de Jessica sobre
los suyos. ¿Iría Changmin a hacer algo? No, eso lo dudaba, por lo menos no en
público. Ahora sabía que tenía que estar atento a cualquier posibilidad dentro
del colegio en los siguientes días.
Jessica tomó
emocionada el reconocimiento y se acercó al micrófono para hablar.
—Quiero dar
las gracias a mi director —expresó sonriendo y casi sin poder hablar debido a
la emoción—, a mis compañeros, a mi familia, a todos mis amantes —Algunos
rieron de buen modo por el comentario—, y a Jaejoong de forma muy especial,
porque tiene que soportar a una loca como yo —El modelo sonrió—. Y por último
quiero decirle algo a Taeyeon…
Jaejoong se
enderezó en su sitio y todos guardaron silencio en el lugar. La pelirroja
prestó atención al escuchar su nombre en labios de su rival, que levantó la
estatuilla en sus manos para mostrársela.
—¡Perdedora!
—señaló soltando la carcajada y dándose la vuelta, haciendo que Taeyeon
apretara sus puños con bronca y Jaejoong se levantara corriendo de su lugar
para ir hasta el lugar de las entrevistas.
Alcanzó a
notar cómo la mirada de Changmin le seguía en su carrera por el pasillo
principal hasta que se perdió detrás del escenario. No quiso darle importancia,
le importaba de momento llegar hasta Jessica, que jamás debió comportarse de
esa forma. Ya había ganado, ¿por qué restregarle su triunfo a Taeyeon en la cara?
Detrás de
los escenarios había un pequeño set donde se encontraban reunidos varios medios
de comunicación. Los actores podían tener diez minutos para dar entrevistas antes
de que apareciera el siguiente ganador.
Jaejoong se
detuvo detrás de una de las bambalinas procurando no ser visto, desde donde
lograba ver cómo Jessica contestaba sonriente a las preguntas que le hacían o posaba
para la cámara. Al parecer el incidente con Taeyeon no le había afectado en
nada… esa anoche. Ya verían mañana los comentarios en los medios, pasaría a ser
uno de esos momentos memorables de las premiaciones.
El siguiente
premio en ser anunciado era el de mejor actor, y desde su lugar pudo ver a los
cinco nominados en una de las pantallas que se mostraban sobre el escenario. Changmin
lucía igual de impasible que siempre, sin que pareciera importarle un premio
por su actuación. Más emocionada se veía Taeyeon, que se mantenía a su lado
sonriendo y diciéndole algo que él parecía no escuchar. Si así de frío era con
su novia, ¿qué podían esperar los demás?
No fue para
nadie una sorpresa enterarse que el ganador era Changmin, los aplausos sonaron
en todo el lugar y Taeyeon se lanzó a su cuello para intentar besarle; por un
momento Jaejoong sintió que la pelirroja intentaba imitar la reacción de
Jessica, pero sacudió la cabeza al creerlo una tontería. Changmin hábilmente
había evitado que la chica le besara. Todo el mundo había visto eso, bien
podían decir que había sido producto de los nervios… si los tuviera. Porque el
actor lucía igual de sereno que como cuando hubiese llegado. Rain le dio la
mano en señal de felicitación y se dispuso a subir al escenario para recibir su
premio de la mano de una de las ganadoras del Bambú de Oro en los Asian Film:
Jeon Doyeon.
Jaejoong esperó
desde su lugar los agradecimientos que daría el actor, seguro de que llegaría a
escuchar la mención de Taeyeon entre ellos. Para su sorpresa, una vez Changmin
tomó el micrófono todo lo que alcanzó a articular fue un seco “Gracias” antes de
disponerse a salir del lugar, por lo que los ejecutivos de K! tuvieron que
mandar pronto a comerciales en televisión.
Se cruzaron
cara a cara mientras Jessica continuaba dando entrevistas, ignorante de que el
siguiente ganador ya se encontraba ahí. Uno de los asistentes se dio prisa en
ir hasta ella y una vez a solas la mirada marrón de detuvo en la azabache por
segundos. Changmin alzó la vista e inmediatamente Jaejoong le imitó, sin
entender qué era lo que este veía: era una de las bambalinas de tela, la que se
alzaba frente a ellos y tras la cual se encontraban los reporteros y
asistentes. El pelinegro no tuvo tiempo de reaccionar cuando el más alto bajó
los dos escalones que les separaban, tomándolo sorpresivamente por el cuello
para voltearlo y estampar sus labios contra los ajenos.
—¡Desagraciado!
—ahogó alejándose de él tanto como pudo, con aquel delatante sonrojo invadiendo
su rostro. Había demasiada gente, cualquiera podría haberles visto y sin
embargo aquello parecía no importarle al actor; su corazón latía desesperado,
pero Changmin lucía demasiado calmado.
—Te lo
advertí. —Fue la escueta respuesta al pasar por su lado, pocos segundos antes
de que el asistente llegara a avisarle que los medios ya le esperaban para
entrevistarle.
Ese beso
había tomado por sorpresa al modelo. Se había esperado algo semejante en la
escuela… ¡No en un teatro con cientos de personas y la prensa a menos de veinte
pasos! Decir que estaba enojado con él era poco. Teniendo a su novia sentada en
segunda fila y el muy desgraciado se atrevía a besarlo casi en sus narices, era
un cínico y un desgraciado; y él era un tonto por pensar que Changmin se
contendría en un lugar tan atestado de gente como lo era aquel.
Molesto,
irritado… Así es como se encontró con Jessica, sin poder explicarle nada ni
hacer más que limitarse a sonreír y asegurar que todo estaba bien. Intentó
cambiar el tema de conversación con rapidez, atajando el tema de su mensaje
público para con Taeyeon, pero la rubia únicamente se deslindó con un simple “Se
lo dije porque lo es” y lo tomó por el brazo para arrastrarlo de nuevo hasta el
teatro.
Los medios
que rodearon a Changmin se habían dado prisa en cuestionarle sobre Taeyeon y su
relación, conscientes de que no iban a tener mejor oportunidad para sonsacarlo
que aquella.
—¿Puede
decirnos joven Shim, si su relación con Kim Taeyeon es cierta? —cuestionaba uno
de los reporteros.
—Ella afirma
que ustedes están saliendo a escondidas de la prensa desde hace meses, ¿es
cierto? —añadía otro.
—Nos
llegaron rumores de que está ayudando a la señorita Kim y que esto del noviazgo
es sólo publicidad, ¿podría confirmarlo?
—¿Hay planes
de matrimonio?
Changmin los
miró a todos. De una u otra forma cada uno de ellos buscaba saber lo mismo.
Apenas otro de los reporteros hizo ademán de abrir la boca la severa mirada del
actor le hizo callar de forma abrupta. Era bien conocido por todos los
presentes el carácter huraño y violento del actor, y ninguno parecía dispuesto
a ser golpeado por el susodicho. No obstante los flashes no se detuvieron, y la
cámara del canal K! le continuó enfocando hasta que el moreno llegó hasta el
set de entrevistas.
—Sólo lo
diré una vez —aclaró con calma—. El día en que salga con alguien no me voy a
estar escondiendo y me aseguraré de gritarlo a los cuatro vientos.
Y con esas
únicas palabras se abrió paso entre los reporteros. Nadie se atrevió a
preguntar nada más o a interceptarlo para buscar aclarar sus palabras. De lo
único que todos estaban seguros es que Changmin no salía con Taeyeon y así lo
darían a conocer en los principales diarios al día siguiente.
—Espere, joven
Shim.
La voz
femenina le hizo detener su andar apresurado, girándose de lleno para toparse
con una de las reporteras del canal anfitrión. Ya había respondido a la única
pregunta que parecía importarles, ¿ahora qué podría querer esa mujer?
—¿Puede
responderme una sola pregunta? —pidió acercándose con grabadora en mano. El
actor se limitó a observarla sin responder—. ¿Puede decirme de qué forma le
hace la vida de cuadritos a Kim Jaejoong?
Por una
breve fracción de segundo, Im Yoona pudo ver la sorpresa en la mirada del
muchacho. Su instinto periodístico le dijo que había hecho bien en arriesgarse
a interceptar a un actor tan violento como Shim Changmin. Ahora tenía una nota
qué perseguir, porque estaba segura que Shim negaría todo lo que el modelo
hubiese dicho.
—No sé de qué
me está hablando —y no se había equivocado—. Si Kim Jaejoong dice que le hago
la vida de cuadritos, deberá preguntarle a él, esta es la primera noticia que
tengo de tal evento.
Y sin decir
más, se dio la vuelta para seguir con su camino rumbo al teatro. Yoona levantó
la grabadora a la altura de sus labios y se dispuso a grabar sus observaciones.
—Si no fuera
porque grabé el grito que Kim le dirigió a Shim cuando este bajaba las
escaleras rumbo al set de entrevistas…, que es una lástima no haberlo visto, me
quedaría con las palabras del actor. Pero esta reportera va a averiguar qué hay
entre esos dos… Por qué ese grito, y por qué ambos lo niegan. Si Changmin no
sale con Taeyeon… ¿Tendrá que ver con ese rumor de que Shim es gay?
Yoona
oprimió ‘stop’ y observó con una pequeña mueca el camino por el que el actor
hubiera desaparecido minutos antes. Estar en el área de espectáculos no le
agradaba mucho, hubiera preferido estar en las noticias, pero quizá hacerle al
detective por un rato la llevaría a emigrar al área que realmente le gustaba: la
policíaca.
—Vamos, Taemin
—habló al joven delgado y alto que permanecía a su costado con cámara colgada
al cuello—. Tenemos muchas cosas qué averiguar.
El
movimiento vibratorio de su celular le hizo detener el paso por segunda vez.
Metió la mano a la bolsa interior de su saco para obtener el pequeño aparato,
reconociendo el número y lanzando una maldición silenciosa justo antes de
contestar.
—¿Qué
quieres? —atajó seco.
—Vaya forma
de contestarle a tu hermano, Changmin. —se escuchó la voz divertida al otro
lado.
—No eres mi hermano.
—objetó fastidiado sin prestar mayor importancia a sus risas.
—Soy tu primo-hermano,
así que técnicamente estoy en lo correcto —el moreno suspiró resignado—. No te
enfades, Min, sólo quiero felicitarte, te acabo de ver por televisión, y como
sé lo ‘mucho’ que hablas con la prensa calculé unos dos minutos para llamarte.
¿Le atiné? Apuesto a que ya saliste del set de entrevistas y vas rumbo al
teatro de nuevo.
—Sí —masculló
lacónico—, pero dudo mucho que sólo me hayas llamado para felicitarme o saber
si tus matemáticas están bien. ¿Qué quieres?
—Qué mal
carácter —se quejó el chico por teléfono—, pero tienes toda la razón. Quiero
preguntarte, ¿por qué has ido a esos premios? Me dijiste que sólo irías a los
BIFF y a los Asian Film una vez que fueses nominado. Ahora te veo en televisión
recibiendo un premio al cual no tenías contemplado ir. ¿Qué pasó?
—Qué te
importa. —alegó fastidiado.
—Tiene algo…
o mejor dicho, tiene todo que ver con ese chico, ¿cierto? —No hubo respuesta—. ¿Vas
a continuar con eso, Changmin? ¿Cómo puedes seguir con una tontería como esa?
Estoy seguro que el chico ni siquiera sabe los motivos de tu supuesta venganza.
—¿Y tú sí
los sabes? —cuestionó tranquilo, recargándose contra la pared—. ¿Tú sabes cuáles
son mis verdaderos motivos para seguir con esto?
—¡Por
supuesto! Te conozco muy bien Shim Changmin, no vas a descansar hasta cumplir
con tu objetivo y…
—Te
equivocas —interrumpió—. Crees conocerme, pero no es así. Y quiero que dejes de
tomar el papel de mi consciencia, que no te queda, y te metas en tus propios
asuntos.
—¡Changmin!
—Tienes
muchas cosas qué esconder, primito, así que por qué no resuelves tus asuntos
primero y si te queda tiempo, tratas de resolver los míos. —Y diciendo esto,
cerró el celular cortando la comunicación.
Su primo… El
único ser sobre la tierra que parecía entenderle sin necesidad de hablar
demasiado las cosas. El único que sabía la tragedia que había sido su vida y el
único que conocía, quizá a medias, sus planes para con Jaejoong.
«Pero ni tú
podrás detenerme…»
El gran
salón del teatro se fue desocupando poco a poco cuando los dos últimos premios
fueron otorgados. Para nadie fue sorpresa saber que la película en la que
participaba Changmin se llevaba los dos últimos galardones y un sin fin de
premios antes que esos, sólo perdiendo dos: Mejor guión original y Mejor
partitura musical. La mayoría de las estrellas fueron invitadas a una cena
baile para celebrar la premiación en uno de los salones contiguos del Commodore
Busan Hotel, no era necesario que salieran, todos podían trasladarse caminando
del teatro al ballroom que se encontraba cerca del estacionamiento.
Jaejoong
observaba desde la parte alta del salón a quienes se encontraban en la pista de
baile. Llevaba en sus manos una cuba, la cuarta de la noche. No sabía ni cuánto
tiempo llevaba en el salón, pero ya estaba aburrido. Jessica había cumplido con
su parte del trato, había estado con él en la alfombra roja y en la premiación,
pero en cuanto entraron al ballroom se le desapareció por completo. Ni siquiera
le había acompañado en la cena, donde se había visto obligado a soportar los
intensos coqueteos de una mujer mayor cuyo único tema de conversación parecía
ser el de sus ex maridos y su intensa búsqueda por uno nuevo. Por ello, en
cuanto la cena terminó, se dio prisa en levantarse y huir. ¡Estaba aburrido,
pero no desesperado!
Dio el
último sorbo a su vaso y se dio prisa en colocarlo en la bandeja de uno de los
meseros pasaba, aprovechando para tomar una nueva copa de algo que parecía ser
un martini. Buscaba a Jessica con la mirada, ansioso por poder avisarle que se
retiraría con su chofer y que más tarde se lo mandaba de regreso, pero no la
veía por ningún lado. Ni entre las mesas, ni la pista de baile… A quien sí vio
bailando ahí muy animadamente fue a Taeyeon, si bien las luces no le
permitieron identificar con quién. La música era demasiado estridente para que
una pareja pudiera bailar de forma romántica, así que intuía no era Changmin. Aunque…
¿Changmin bailando? Eso era muy difícil de imaginar. ¿Un chico tan huraño? No,
difícilmente podría ser él. Quizá ya hasta se hubiera regresado al colegio,
había tenido suficiente tiempo como para llegar antes de que las puertas se
cerraran.
Apuró por
completo el contenido del vaso en mano y volvió a colocarlo en una de las
bandejas de los meseros que pasaban. Al parecer estaba cerca del bar, porque estos
iban y venían con vasos de licor tanto llenos como vacíos. Esta vez tomó una
copa de burbujeante champaña. Debería dejar de beber tanto, tanta revoltura de
licor le iba a causar una terrible jaqueca al día siguiente, pero eso no le
importaba ahora, ya mañana tomaría algún remedio para curar su mal. Ahora no
podía dejar de pensar en Changmin y en lo que había hecho, tomaba para sacarse
de la cabeza al actor y sus besos, pero parecía que entre más tomaba, más lo
recordaba. Todavía podía sentir sus labios temblando ante aquel contacto, como
un cosquilleo que no quería apartarse de ellos. Era una sensación extraña, como
si una corriente eléctrica punzara sobre sus labios.
—¡Maldita
sea! —masculló en voz baja dándose la vuelta precipitadamente, sin notar a
quien se encontraba justo detrás suyo y el lujoso traje Armani sobre el que
cayó el contenido de la copa de champaña.
—Vaya forma
de saludarme, Kim Jaejoong —La enorme sonrisa provocó un mohín en él al
reconocerle. El hombre sacó un pañuelo y se sacudió las gotas del brillante
líquido que no habían alcanzado a manchar la tela—. Es una suerte que la nueva
línea Armani tenga teflón. ¿No vas a disculparte? —avanzó hacia él, pero el
pelinegro retrocedió por igual topándose contra la pequeña barda que servía de
barandal.
—No te
acerques, Fukutaro, puedo disculparme desde aquí —farfulló sin moverse—. No
esperaba verte en la recepción.
—Bueno,
estoy viendo a mis futuros clientes —excusó extendiendo una mano para tentar las
solapas del saco del modelo—. Un Yves St Lauren, veo que cumples tus promesas. —Jaejoong
levantó la mano para apartar la del otro.
—Yo siempre
cumplo lo que prometo —aseguró dejando la copa semi vacía sobre la barda de
cemento donde se encontraba—. Me disculpo por mi torpeza y si me permites, debo
irme. —apuró intentando pasar por su lado, pero uno de los brazos del hombre le
detuvo con ligereza.
—3 mil
millones de won, Jaejoong —le susurró, alcanzando a ver la sorpresa reflejada
en aquellos ojos oscuros—. 3 mil millones porque firmes el contrato. —ofreció
soltándolo.
—¿De qué
demonios estás hablando? —inquirió sintiéndose atemorizado, pues aquella era la
cantidad por la que Changmin había amenazado con demandarle; una cantidad
impresionante que no se le daba a un simple modelo como él.
—Sólo de
trabajo. —aseguró haciendo una seña a uno de los meseros que se acercó dejando
al empresario tomar un par de copas, tendiéndole casi de inmediato una al
modelo. Este la tomó con ciertas reservas, sin entender aún el porqué de tan
grande ofrecimiento.
—Comenzaste
ofreciendo 450 millones, después subiste a 600. La última vez ofrecías mil
millones, ¿por qué de pronto ofrecerme tanto? Sólo es un comercial en el cual
salgo con uno de esos trajes. ¿O es que debo hacer algo más? —indagó dando un
trago a su copa sin alejar su mirada del otro. Fukutaro sonrió de forma extraña
y también dio un trago a su copa, era consciente de que el alcohol comenzaba a
afectar al pelinegro y no iba a dejar pasar la oportunidad.
—Por
supuesto que tienes que hacer más… —se acercó para susurrarle— cosas que no
saldrán en un comercial.
Jaejoong no
supo si fue a causa del alcohol o por las palabras de Fukutaro, pero se sintió
escuchar nuevamente la voz de Changmin proponiéndole porque fuera su amante a
cambio de olvidarse de la demanda. Extrañamente, no se molestó. Al parecer el
alcohol le había servido como calmante, por lo que lejos de ofuscarse, se echó
a reír.
La mirada de
Fukutaro cambió ante aquello, evidenciando su desagrado. Esperaba una negativa,
una aceptación escondida entre líneas o reclamos como la última vez. Pero no,
en esta ocasión Jaejoong parecía estarse burlando de su propuesta, y ello le
irritaba.
—Antes de
que digas nada —comentó tratando de ocultar su bronca, pese a que el muchacho
no dejara de reír—, piensa en la oferta que te hago, es un comercial millonario.
Además, te pondría un departamento en una zona muy exclusiva de Haeundae-gu con
auto a la puerta, te pasaría una muy importante pensión y me aseguraría de que
filmaras todos los comerciales de Armani desde hoy y hasta que mueras. Recuerda
que Armani tiene todas las líneas desde juvenil hasta la tercera edad. Sólo
tienes que firmar. —Jaejoong calló abruptamente para mirarlo.
—¿Y ser tu
amante? —cuestionó, aunque sabía muy bien la respuesta. Fukutaro sonrió y
asintió, seguro luego de exponer tan jugosa propuesta—. Pues… —alargó, y el
otro le miró expectante—. ¡VETE AL DIABLO, NO ESTOY EN VENTA! —pero al darse la
vuelta completamente asqueado, sintió un brazo reteniéndole. En respuesta,
empujó la copa de vino directo al rostro del ejecutivo, mojándolo por completo—.
¡Oh, qué torpe fui, no sabes cómo lo siento! —Aunque el contrario pareció
ignorar el sarcasmo impreso en sus palabras, y se sacudió el líquido de su
rostro y ropas.
—4 mil
millones, Jaejoong. —ofreció con cierta molestia, pero el pelinegro seguía
enojado.
—Puedes
ofrecerme todo lo que quieras, no voy a acceder. Jamás me convertiré en tu
amante, porque simplemente no soy gay. —aseveró sintiendo que el mundo
comenzaba a darle vueltas. Necesitado de un poco de aire fresco se giró en
busca de la terraza, sin fijarse en dónde había quedado Fukutaro, pues ni le
interesaba. En cuanto estuviera mejor buscaría a Jessica para avisarle que se
iría; pero lo primero era tomar aire.
Avanzó
sintiendo el suelo moverse bajo sus pies, no era la primera vez que asistía a
ese salón, pero era gracias a la cantidad de alcohol que había tomado que no
podía recordar dónde era que se encontraba la salida a las escaleras de
emergencia. Sabía que ese salón no contaba con terrazas, pero podía salir al pequeño
espacio donde descendía la única esperanza de salvarse de un incendio.
«¡Como si
fuese tan sencillo bajar una escalera vertical cuando se está en pánico!»
—¡Oye,
chico! —llamó a uno de los meseros que hubiera pasado por su costado, logrando
alcanzar a detenerlo—. Dónde está la salida a la escalera de emergencia, necesito
aire urgentemente.
—Justo a su
espalda, joven. —señaló la puerta tras el modelo, logrando arrancarle a este la
risa. Definitivamente el alcohol se le estaba subiendo demasiado a la cabeza.
—¡Gracias! —le
sonrió tomando una de las botellas que el mesero llevaba en la bandeja,
abriendo la puerta para salir sin esperar respuesta alguna.
Apenas salió
el viento de la noche golpeó contra su rostro, lo sentía arder y el fresco
nocturno le produjo cierta sensación de bienestar. Quiso acercarse a la barda que
franqueaba el acceso al estacionamiento, pero el mareo lo llevó a pisar mal y caer
de bruces al suelo. Soltó una sonora carcajada y gateó hasta la baranda para
levantarse. Era una suerte que nadie le estuviera viendo en semejante
condición. Pocas veces se emborrachaba tanto como lo estaba ahora, pero había
estado necesitando un trago desde la tarde, cuando Changmin le hubiera atacado
en la escuela.
«Aún siento
sus labios»
Inconscientemente,
los dedos de su mano libre tentaron su boca, pero apenas lo notó la bajó con
rapidez para abrir la botella, arrojando el tapón de esta hasta el
estacionamiento. El golpe del metal consiguió encender la alarma de uno de los
autos, haciéndolo reír una vez más. La botella llegó hasta sus labios y bebió un
poco tratando de borrar en vano la sensación que sólo se hacía más fuerte con
cada bebida.
—¡Maldición,
estoy muy tomado! —rió dejando descansar su pecho sobre la barda para
detenerse.
—Pues
entonces deberías dejar de tomar…
El pelinegro
giró precipitadamente al reconocer la voz a sus espaldas, topándose contra
aquellos ojos chocolate que tanto había luchado por sacar de su cabeza. Era la
última persona a quien esperaba ver en esos momentos, quien le observaba de
manera fija con ambas manos en los bolsillos del pantalón y un cigarrillo
encendido entre los labios. Comenzó a temblar entonces casi imperceptiblemente,
sin saber si era a causa del alcohol o por alguna especie de fuerza extraña; lo
único que tenía seguro, es que no iba a poder intentar huir de él sin terminar
de boca al suelo en el intento.
—¡Changminnie!
—llamó de forma divertida—. No esperaba verte aquí, creí que estarías bailando
esa música moderna con tu novia.
—Si te
refieres a Taeyeon, ella no es mi novia —alzó una mano para tomar el cigarro de
su boca, expulsando el humo de la misma—. Y no me gusta bailar.
—¡Vaya! —el
modelo se enderezó, señalándolo con una mano—. Estás fumando. Y yo que creí que
el famoso actor Shim Changmin no fumaba, ni bebía. Creí por un momento que eras
alguien perfecto que no tenía vicios… Bueno, sólo fastidiarme la vida. —se rió
y volvió a darle un trago a la botella de vino, ante la mirada dura y el ceño
fruncido de Changmin.
—Tú no sabes
nada Jaejoong, y deja de tomar. —Pero ni bien intentó arrebatarle la botella,
el pelinegro la alejó elevándola por sobre su cabeza, riendo de manera
estridente.
—Quítamela
si puedes. —atajó pasándola de una mano a otra por sobre sí.
—Si eso
quieres, eso tendrás. —masculló arrojando el cigarrillo al suelo para atrapar
al chico por los brazos.
La fuerte
presión de aquellas manos sobre sí logró atraer la mirada oscura del modelo hasta
la del actor, donde ambas se conectaron por intensos segundos, hasta que los
ojos chocolate terminaron por cerrarse, acercándose precariamente hasta su
rostro; rostro que se desvió justo antes de que los labios del castaño
apresaran su boca. Estaba tomado, pero aún podía recordar lo peligrosas que
resultaban las caricias de Changmin, y no se sentía con fuerzas como para
luchar contra las reacciones de su propio cuerpo.
—Estoy
tomado. —señaló al sentir los labios del moreno sobre su mejilla.
—Y bastante.
—respondió a su oído sin soltarle, notando cómo las piernas del chico
amenazaban con no sostenerle mucho más. Él recordaba esas mismas sensaciones,
sabía bien por lo que el modelo estaba pasando.
—Quiero irme.
—pronunció bajo sin voltear el rostro, temeroso de que, de hacerlo, Changmin
pudiera llegar a besarle, pues aquello no podría tener un muy buen final para
él.
—Está bien —Pero
Changmin se separó, logrando que Jaejoong finalmente girara para verle—. Vámonos
de esta fiesta. —El pelinegro sintió una punzada en el estómago. Algo le decía
que tenía que estar alerta y no irse con él, o con ningún otro. Tenía que ir a
casa de Jessica, donde estaría a salvo.
—No, no
quiero irme contigo, me iré con el chofer de Jessica a su casa, regresaré el
domingo al colegio. —balbuceó apresurado tratando de soltarse de las manos del
más alto, aún si podía sentir sus piernas temblar.
—Temo que no
podrás llegar a la zona de limusinas sin ayuda. ¿Por qué no vienes a casa
conmigo? Te sacaré sin que la prensa se dé cuenta. —Changmin intentó mirarlo a
los ojos, pero el pelinegro ya no podía enfocar bien, el alcohol hacía de las
suyas en su sistema.
—¿Qué
buscas? ¿Que me convierta en tu amante estando borracho? —cuestionó, pero el
actor sólo bajó la vista sin soltarle.
—Posiblemente.
—¡Sigues
siendo un desgraciado! Esta noche ya me han ofrecido 4 mil millones por
convertirme en el amante de alguien y lo rechacé. ¿Qué te hace pensar que voy a
aceptarte a ti? —La mirada chocolate centelleó al tiempo que sus cejas se
fruncían. Jaejoong pudo sentirse estremecer cuando la mirada fría le atravesó con
fiereza.
—¿Quién fue?
—Molesto, estaba molesto, pero esta vez no iba a dejarse intimidar. Se había
enfrentado a Fukutaro estando en esas condiciones y le había vencido. ¿Quién decía
que no vencería a Changmin estando tomado? Jaejoong comenzó a reír.
—Un
desgraciado como tú, pero no me has respondido. ¿Qué te hace pensar que voy a
aceptarte a ti, si no lo acepté a él?
La figura
del modelo se vio bruscamente separada de la barda sólo para ser arrinconado
contra una pared, siendo sujetado por las muñecas. La botella de vino cayó al
suelo haciéndose añicos, y Jaejoong pudo sentir el cálido aliento del actor
acariciando su rostro, su cuerpo apresando el suyo en una intimidad
embriagante. Las pupilas chocolate le miraban con ira y él sólo podía
regresarle la mirada desafiante.
«Quizá el
alcohol no es suficiente» pensó el modelo al notar la vista del otro descender
hasta sus labios.
—Porque te
gusto. —fue toda la respuesta que alcanzó a escuchar, antes de que su boca
fuera apresada por una más fuerte. Una boca que le recorría de forma maestra,
robándole el aliento, los sentidos y la poca fuerza que le quedaba para
resistirse.
De manera
inusitada la lengua de Changmin había aprendido cómo introducirse en su boca.
Sabía cómo recorrerla y jugar con ella, enloquecerle y hacerle olvidar con
quién demonios se suponía que estaba.
La cabeza había
comenzado a darle vueltas conforme las oleadas de placer recorrían por completo
su cuerpo. Estaba perdido, en las delgadas manos que recorrían con plena
libertad su espalda y los suaves labios que abandonaban su boca húmeda para
encaminarse por su cuello, recorriéndolo con lentitud y sensualidad. Los ojos
oscuros se mantuvieron cerrados, con la respiración acelerándose a cada
segundo.
El
inesperado azote de la puerta contra la pared obligó al actor a separarse del
pelinegro por el sobresalto, dándole espacio a éste último para replegarse
contra la barda con la respiración entrecortada.
—¡Perdón!
La puerta
volvió a cerrarse igual de rápido que como se hubiera abierto. La pareja que
había entrado se encontraba en igual o peores condiciones de las que se encontraba
el modelo, así que estaba seguro que ni siquiera les habían reconocido. Lo
mejor era salir de ahí antes de que alguien sí pudiera identificarles.
—No nos han
visto. —intentó tranquilizarle el moreno, pero apenas tocó el hombro del chico
recibió un manotazo para separarlo.
—Quiero irme
de aquí. —se quejó intentando andar hasta la puerta con pasos erráticos.
Changmin suspiró, le siguió para tomarlo de la cintura y encaminarlo.
—Sí, ya nos
vamos.
—Cubito, ¿me
llevarás a casa de Jessica? —preguntó el pelinegro con una sonrisa, a lo que el
castaño se detuvo para mirarle con una ceja arqueada.
—¿A quién
demonios le dices cubito? —Aquella expresión y tono irritados arrancaron una
carcajada en Jaejoong, que con un dedo delineó su ceja.
—A ti, Minnie,
te digo cubito porque es una forma cariñosa de decir témpano de hielo —explicó
riendo—. ¿O prefieres que te diga ‘Témpano de Hielo’ en lugar de ‘Cubito’?
—Tú y tus
malditos apodos Jaejoong, no sabes los corajes que me has causado —reprochó
mirándolo a los ojos, aunque el otro pareciera no entender—. Pero dime como se
te dé la gana.
Changmin
abrió la puerta con fastidio decidiendo que no tenía caso discutir con alguien
tomado, pues bien podría decirle que no le llamara de esa forma y aun así, muy
probablemente el modelo terminara haciéndolo sólo para molestarle. Para cuando
sacó a este de la fiesta todo se encontraba a oscuras, sólo iluminado por las
luces centelleantes del techo, perfecto para que no los notaran; aunque
seguramente afuera estaría lleno de reporteros. En cuanto vieran a Jaejoong en
ese estado y a él llevándolo en su limusina, los chismes se iban a desatar,
tenía que sacarlo sin que nadie se diera cuenta.
Lo llevó
apenas caminando y le ayudó a recargarse en una de las paredes por donde
pasaban los meseros. Tenía que avisarle a su chofer para que le esperara en
otro lugar, pero necesitaba encontrar por dónde salir sin ser visto.
—Quédate
aquí y no te muevas —le susurró al oído—. Voy a avisarle a mi chofer que nos
espere por la salida de la cocina. —Era lugar más adecuado, no se esperarían
que alguien saliera por donde él había llegado.
—No caminaré,
no me moveré, aquí me quedo muy quietecito —canturreó en respuesta—. Hey,
chico, dame una copa. —llamó al mesero que pasaba, extendiendo la mano para
arrebatarle una copa cuando Changmin lo detuvo.
—Ya no vas a
beber más. —sentenció indicándole con una mano al chico que se fuera.
—¡A la orden,
General! —recitó haciendo un saludo militar. El más alto suspiró hastiado,
hacía años que no sufría con una borrachera ajena.
Sin perder
más tiempo, Changmin se alejó a toda prisa dejando al modelo de pie, observando
distraídamente a la gente que bailaba de manera animada. Estaba demasiado
mareado y no coordinaba bien. Pero no pasó demasiado cuando una mano se posó en
su hombro, a lo cual se giró sonriendo.
—¿Jaejoong?
—¡Fuku-ttan!
—reconoció alegremente—. No sabía que seguías por aquí, ¿has visto a Cubito?
—¿Cubito? —cuestionó
el otro sonriendo ampliamente. Era notorio el estado de embriaguez del modelo,
quizá y podría tenerlo sin necesidad de darle todo lo que le había prometido—. Creo
que ya se te subieron las copas, Jaejoong, ¿por qué mejor no nos vamos de aquí?
Te llevaré a dormir y ya mañana me dirás a quién estabas buscando. —se acercó
colocando un brazo en la cintura del pelinegro para hacerlo caminar, pero este
se detuvo plantando los pies en el suelo. Por un momento se sintió un niño
negándose a ir con un hombre que le ofrecía dulces por acompañarle.
—Cubito me
dijo que no me moviera, él va a llevarme con Jessica. Ya estoy muy tomado Fuku-ttan,
pero aún recuerdo que no confío en ti. —rió negando con un ademán de su dedo
índice. Fukutaro frunció la boca en señal de disgusto, al parecer ni tomado Jaejoong
aceptaría irse con él. Aunque… quizá el estado de lucidez del modelo podría ser
nublado lo suficiente como para sacarlo de la fiesta.
—Por favor, Jae,
ese amigo imaginario tuyo no creo que regrese. Te prometo que te llevo con Jessica,
pero vamos, antes de que alguien te vea en ese estado. —«Más bien, antes de que
alguien nos vea. Sería cuestión de rentar un cuarto en este mismo hotel y
decirle que es la casa de la chica». Era por todos sabido que la rubia cambiaba
de decoración cada semana.
—¡No, suéltame!
—profirió tratando de alejar la mano del otro de su cuerpo, pero lo tenía muy
bien sujeto; esta vez no se le iba a escapar.
—Suéltalo, Fukutaro.
—La voz a sus espaldas le hizo soltar al modelo, girando para encontrarse
contra los ojos chocolate de uno de sus mejores clientes viéndolo con molestia.
—¡Changminnie!
—Efusiva y torpemente, el pelinegro avanzó hasta Changmin casi cayéndose, de no
ser porque este último alcanzó a estirar su brazo para que el modelo
consiguiera apoyarse en él y le lanzara los brazos al cuello para evitar caer
al suelo.
—¡Changmin! ¿Conoces
a Jaejoong? —Fukutaro lució desconcertado y molesto al ver la escena—. Oh, pero
qué tonto, claro que debes conocerlo, están en la misma escuela. ¿Era a ti a
quien esperaba? No sabía que Jaejoong ya tenía dueño, con razón rechazó mi
oferta. —apuró el líquido en su copa, profundamente irritado. Tanto tiempo
detrás del modelo y de buenas a primeras era cambiado por un actor egocéntrico
y arisco como Shim Changmin.
Fukutaro
pudo ver claramente la mirada de Changmin encenderse. Era extraño ver alguna
clase de emoción en él, generalmente se notaba frío y desinteresado por lo que
fuera o quien fuera. Pero el fuerte brazo sosteniendo la delgada figura del modelo
contra su cuerpo de forma posesiva, y la mirada fulminante con que le veía, le
decían que Changmin no era tan indiferente como se mostraba al resto de los
mortales.
—¿Fuiste tú
quien le ofreció 4 mil millones de won? —La pregunta sin emoción alguna hizo
parpadear a Fukutaro, no habiendo esperado que Jaejoong le contara sobre ello.
¿Así que por eso estaba molesto Changmin?
—¡Fue antes
de saber que estaba contigo! —se defendió a la carrera, intentando arreglarlo
antes de que fuera a ganarse una paliza—. No lo hubiera hecho de haberlo sabido
antes. Es una lástima que me lo hayas ganado, está de muy buen ver —intentó hacerle
un cumplido—. Espero que me perdones, no volverá a suceder.
—De eso
estoy seguro. —Y la mano libre del moreno fue a dar contra el japonés, que cayó
directo al suelo de golpe seco.
—¡Duerme
bien! —canturreó Jaejoong al ver que ya no se levantaba, pues había quedado
noqueado. Changmin pasó el brazo del pelinegro sobre su cuello y rodeó su
cintura para ayudarle a caminar.
—Iremos por
el bar, así nadie nos verá salir de aquí. —le indicó suavemente para que sólo
él le escuchara.
—Iremos por
el bar para que nadie nos vea juntos. —señaló Jaejoong en el mismo tono. Sentir
la calidez del cuerpo del actor contra el suyo le era placentero, pero saber
que este le ocultaba del resto de la gente le causaba cierto malestar; no cabía
duda que el alcohol estaba haciendo de las suyas.
—Sí. —confirmó
el castaño a su aseveración, causando sólo que su malestar se acrecentara. ¿Por
qué habría de importarle tanto? Al fin y al cabo, Changmin era gay y él no.
Atravesar el
bar había sido relativamente sencillo, un hombre servía las copas y el resto de
los meseros se encargaban de llevarlas por el salón; el problema real fue
atravesar la cocina. Había un sin fin de cocineros trabajando en grandes ollas
y enormes hornos que podrían quemarlos si alguno de los dos se movía al lado
equivocado. Una sola persona en sus cinco sentido hubiera travesado
perfectamente la cocina, pero dos personas y una de ellas tomada, era otra
cosa.
Afortunadamente,
lograron llegar a la salida donde les esperaba el chofer. En cuanto el hombre
alto, pálido y fornido les vio salir, se dio prisa en bajarse del auto y abrir
la portezuela para que Changmin acomodara primero a Jaejoong y después subiera
él.
—Vamos a
casa, Zhoumi. —le indicó al hombre a través de la ventanilla.
—Enseguida, joven
Changmin.
Jaejoong
entreabrió los ojos sintiéndose demasiado mareado, sin saber dónde estaba ni
cómo se suponía que había llegado hasta lo que parecía ser el interior de un
auto; uno muy grande y cómodo. Se incorporó un poco sobre el asiento y giró la
vista cuando sintió a alguien a su lado.
—¡Cubito! —llamó
alegremente—. ¿Vamos a casa de Jessica? —Su voz sonaba aguardentosa y divertida,
pero la mirada de Changmin era fría.
—Vamos a mi
casa, Jae. —explicó desviando la vista.
El
movimiento ondulante de la limusina terminó por hacer que Jaejoong se recargara
sobre el costado del moreno, que pasó un brazo por su espalda para evitar que
se moviera de más y terminara por marearse. Pero aquello resultó demasiado
tentador. La tibieza que la figura del modelo le transmitía estando apoyado
sobre parte de su pecho, su cálido aliento chocando contra su cuello…
La mirada
oscura permanecía apenas entreabierta, lejana cuando la mano libre del actor se
encaminó hasta su barbilla, buscando atraer su atención. Ojos chocolate y
azabache chocaron por segundos.
—Estoy muy
tomado. —balbuceó rompiendo el hechizo en el que Changmin parecía haber caído.
—Ni siquiera
tienes que decirlo. —le recriminó sin soltar su rostro.
Jaejoong
sintió la distancia acortarse sin poder reaccionar, demasiado débil como para
lograr evitarlo, apenas logrando alzar una mano para tratar de apartarlo; en
vano, porque esta quedó detenida contra el pecho de Changmin. Sintió el calor a
través de la tela de la camisa, mientras los labios del castaño se posaban muy
suavemente sobre los suyos, como jamás lo habían hecho antes, dejando que se
rozaran sin exigirle nada, sin presionar ni exigirle respuesta alguna. Sin
embargo, fueron sus labios los que se abrieron dejándole ingresar en su
interior, ahogando el suspiro al sentir la nueva ola de corriente recorrerle el
cuerpo, cual si un intenso calor le abrazara por completo.
Cerró los
ojos por instinto. Por primera vez desde que Changmin había comenzado a
torturarle le besaba de manera diferente, sin aquella oleada salvaje de pasión,
pero sin perder tampoco ese toque de sensualidad que sólo sus besos sabían
proporcionarle.
Sin
esperárselo, el moreno se separó de él. Reclinó la cabeza sobre el brazo del
actor, que aún le sostenía, y le observó sin entender. Era la primera vez que
lograba disfrutar uno de sus besos, y se había apartado.
«El alcohol
está haciendo de las suyas» se dijo sin lograr apartar su mirada de la castaña.
—Sabes a
alcohol. —murmuró el menor mirándole con detenimiento. Jaejoong intentó
enderezarse, pero Changmin lo detuvo acercándolo de vuelta a su cuerpo, arrancándole
un estremecimiento.
—¿Ah sí? Pues
tú sabes a cigarro. —devolvió tratando de imprimir molestia en sus palabras, mas
demasiado atontado por aquel sabor como para lograrlo.
—La
diferencia es que el cigarro no emborracha y tú te estás cayendo. —Jaejoong rió
ante esas palabras, reconociendo su veracidad ya que, de soltarlo, muy
seguramente acabaría rodando por el suelo del automóvil.
—¡Cubitooo!
¿Te estás preocupando por mí? Eres un buen amigo. —le señaló al pecho, pero el
actor detuvo su mano logrando encontrarse contra la mirada oscura nuevamente.
—Sólo
estando borracho puedes decirme que soy tu amigo, porque estando en tus cinco
sentidos dices odiarme. —No supo por qué esas palabras le hacían sentir cierto
gusto, como si a Changmin le importara realmente el que le odiara o no. Pero
aunque en su estado le era imposible razonar un por qué, tampoco pudo controlar
su lengua antes de encontrarse respondiendo a la acusación sin siquiera meditar
sus palabras.
—No te odio,
sólo eres insoportable cuando te sientes superior a todos. Ignoras a todo el
mundo, como si el simple hecho de dirigirles un saludo te fuese a enfermar. ¿Sabes…?
Todos tienen sentimientos, y tú los hieres con tu forma tan fría de comportarte.
—explicó el modelo sintiendo su cuerpo traicionarle, temblar ante el roce de
los dedos del chico sobre su cintura aun si sabía que era para que no cayera.
—Todos
buscan algo de mí, creen que colgarse de mi fama les abrirá las puertas de este
mundo tan hipócrita. —masculló desviando la vista, soltando la mano que había
capturado.
—No todos
buscan hacerse famosos a costa tuya. Te aseguro que hay quienes sólo quieren
acercarse a ti para brindarte su amistad, y tus los corres con esa mirada de
hielo que les dedicas. —Y cual si la hubiera evocado, la mirada fría recayó sobre
el rostro sonrojado del pelinegro.
—Sólo tú no
quieres mi fama. —aseguró frunciendo el ceño.
—Yo no
necesito tu fama —rebatió tratando de empujarlo, pero Changmin lo evitó endureciendo
su agarre—. Ni a ti, sólo quiero que me dejes en paz. ¿Por qué no escogiste a
otro para fastidiar? Hay muchos en la escuela, ¿por qué yo?
Los delgados
dedos del actor se asieron de su barbilla, obligándolo a mirarlo. Su mirada era
dura, fría, pero había algo en su interior que le hacía estremecer; parecía
estar cargada de algo que no alcanzaba a identificar. Quizá, de haber estado
sobrio hubiera podido saber qué era, pero ahora le resultaba imposible.
—Porque eres
perfecto, Jaejoong. —El aludido volvió a reír. Changmin frunció el entrecejo y
lo soltó por completo, dejándolo libre para que alcanzara a recargarse en el
asiento y tratara de detenerse con la puerta de la limusina para no caer.
—Deja de
repetir tus líneas conmigo y contesta. ¿Por qué yo? —volvió a cuestionar con
diversión, sin perder detalle del perfil fastidiado del otro.
—Ya te lo
dije, porque eres perfecto. Eres hermoso y aunque lo niegues, te atraigo.
—Sí, por
supuesto, me atraes como la luz a una mosca.
—Lo acabas
de admitir.
—No admití nada,
estoy muy tomado y ya no sé lo que digo.
Changmin
observó de soslayo la mirada de Zhoumi observándoles a través del espejo
retrovisor, y no perdió tiempo en apretar el botón que cerraba la ventanilla
central para asegurarse la intimidad con el pelinegro.
La vuelta en
una de las calles hizo a Jaejoong perder el equilibrio y caer recostado sobre
el asiento entre risa y risa, pero esta se apagó cuando sintió sobre sí el
cuerpo del actor. Aquellos labios encontraron los suyos de la misma forma que
lo hubieran hecho minutos atrás, pero diferente, besándole con lentitud la
comisura de los labios, acelerándole la respiración. Las manos del castaño se
dejaron deslizar por su pecho, desabrochando los botones del saco para dejarlo
abierto mientras sus labios se entretenían besando la blanca piel de su cuello.
—Changmin… ¿qué
haces?… —La voz ahogada del modelo se escuchó asustada. No podía coordinar bien
sus movimientos, si en esta ocasión el chico lograba hacerle olvidar iba a caer
en sus manos, y no quería hacerlo.
—Nada que no
quieras.
La respuesta
calma de Changmin no le ayudó en nada. El corazón le latía a toda prisa y sus
manos se cerraban sobre el piso y el asiento del auto mientras los labios del
castaño le asaltaban. Se introducía en su boca, su lengua jugaba con la suya
para recorrerle centímetro a centímetro, para devorarle con besos mientras sus
delgadas manos desabrochaban su camisa con lentitud, alzándole las piernas para
acomodarlas a sus costados.
No quería
tener sexo con Changmin, pero no tenía fuerzas para negarse y lo peor era que
comenzaba a disfrutarlo mucho.
Sus manos se
alzaron con lentitud, dejando que sus brazos se enrollaran sobre el cuello del
actor para, por primera vez, responder al beso con una entrega y pasión de las
que Changmin jamás había tenido noticia.
Este se
separó abruptamente para ver con sorpresa el rostro sonrosado del pelinegro, era
la primera vez que le respondía, y aquel simple contacto le había hecho
estremecer. No cabía duda que el modelo tenía experiencia en el tema, y quizá
era ese el motivo por el que nunca le había respondido a algún beso… porque
sabía lo que podría llegar a causarle: perder la cabeza.
—Respondiste…
—aseguró observándolo fijamente.
—Quiero que
me prometas algo… —pidió regresándole aquella mirada. Era ahora o nunca, había
conseguido detenerlo, pero ahora tenía que lograr que le prometiera lo único
que podría salvarle de enredarse con él.
—¿Qué? —La
mano del pelinegro se cerró sobre la camisa del actor, acercándolo a su rostro.
—No te
aprovecharás de mí mientras estoy en estas condiciones —balbuceó soltándolo,
pero el castaño sólo lo observó sin decir palabra—. Promételo —volvió a pedir—.
Promételo —Changmin suspiró pesadamente y se enderezó en su lugar, mientras
Jaejoong bajaba las piernas sin levantarse siquiera.
—Está bien,
te lo prometo.
El moreno lo
miró sonreír un poco, dejando caer la mano que segundos antes sostuviera la
manija de la puerta de la limusina. ¿Acaso Jaejoong pensaba lanzarse del vehículo
en movimiento si él no le prometía nada?
—¡Detén el
auto! —gritó incorporándose a la carrera ante la mirada extrañada del actor.
—Ya te dije
que no me aprovecharé de ti, Jaejoong… —acusó renuente, temiendo que el modelo
en verdad intentara saltar del vehículo en movimiento.
—No
entiendes —ahogó con cierta
desesperación—. Detén el auto antes de que…
Pero había
sido demasiado tarde, el continuo balanceo del automóvil y el alcohol le habían
hecho devolver el estomago manchando el interior del mismo, parte de su traje y
el de Changmin.
—Zhoumi,
detente. —mandó el moreno a través del intercom.
En cuanto
Jaejoong sintió que el auto bajaba la velocidad abrió la puerta y saltó fuera
directo al primer bote de basura que encontró en la banqueta de la calle para
seguir devolviendo. Changmin abrió la puerta de su lado y se quitó el saco
manchado arrojándolo al suelo del auto, así al menos no se mancharían cuando entraran
de nuevo. Luego se dedicó a sacar una botella de agua y un pañuelo, acercándose
al pelinegro que respiraba agitado.
—Toma esto —le
tendió el agua—, para que te enjuagues la boca y te quites el mal sabor. Y esto
—le dio el pañuelo—, para que te limpies.
—Gracias. —musitó
apenas, tomando ambas cosas.
—¿Su amigo
está bien, Joven Shim? —preguntó el chofer bajando del coche.
—Sí, Zhoumi,
enseguida regresamos al auto, no tienes de qué preocuparte. —la calmó paciente,
observándolo subir una vez más al asiento del piloto, pero no quitándoles los
ojos de encima. Claro, justo lo que se esperaba de un guardaespaldas.
Con cuidado,
el más alto ayudó al pelinegro a quitarse el saco manchado, conduciéndolo de
vuelta hasta el interior del auto donde lo acomodó; cayó dormido casi al segundo
sobre su pecho. Estaba seguro que la resaca del día siguiente iba a ser
terrible, pero por ahora, iba a tener que hacer uso de toda su fuerza de
voluntad para cumplir con la promesa que el modelo había conseguido sacarle.
Al llegar al
edificio de apartamentos en aquel lujoso barrio de Haeundae se dio prisa en
encender las luces del piso, moviendo los muebles que pudieran estorbar al paso
de Zhoumi con Jaejoong en brazos. Hubiese preferido ser él quien llevara al
modelo en vilo hasta la recámara, pero el hombre había insistido y, a fin de
cuentas, sólo él y Mei –el ama de llaves–, conocían la combinación de la
alarma.
Se dirigió a
ver los mensajes en la contestadora mientras Zhoumi dejaba a Jaejoong en el
cuarto; tenía seis, y todos eran de Taeyeon. Los borró sin siquiera
escucharlos. Ya estaba cansado de los constantes acechos de la chica, y
esperaba que con lo que hubiese dicho a la prensa bastara para mantenerla
alejada de él.
—He dejado
al joven en la cama. ¿Me necesitará mañana a alguna hora, joven Shim? —preguntó
el hombre mientras Changmin volteaba para verlo. Tenía muchos años de conocerlo
y se había vuelto una de las pocas personas en quien confiaba.
—No, Zhoumi,
mañana no pienso salir del departamento. Asegúrate de llevar el auto a lavar y
pasar por nosotros el domingo a las tres de la tarde —El hombre asintió sin
decir nada, pero Changmin le detuvo—. Dile a tu madre que le dejaré la ropa
sucia en el cesto, necesito que la lleve de forma urgente a la tintorería. La
quiero de vuelta para las seis de la tarde de mañana mismo.
—Como ordene,
joven Shim. Traeré el celular encendido, por si a última hora decide salir. —Changmin
pasó por su lado frunciendo el ceño. Odiaba tener a una niñera que le siguiera
los pasos, pero era algo que Rain había hecho sin su consentimiento. Entró a la
cocina y se sirvió un vaso de jugo.
—Ya te he
dicho que no necesito de guardaespaldas, Zhoumi, puedo cuidarme solo.
—Lo sé,
joven Shim, pero me contrataron para cuidarle y eso mismo es lo que hago. No me
gusta recibir un sueldo cuando no hago nada. —En eso tenía razón. Mientras
estaba en la escuela no había a quién cuidar, pero estando fuera podía
desquitar su sueldo, aún si a él no le agradaba.
—Está bien,
pero ya te he dicho que mañana no pienso salir. —aseguró terminando su bebida.
—Muy bien,
que descanse joven Shim.
Zhoumi era
el hijo mayor de su ama de llaves y Rain le había contratado para que le
siguiera como si fuera su sombra. Había estado en la marina, pero hacía unos
años había pedido su baja del ejército y ahora trabajaba como guardaespaldas.
Por supuesto, Mei estaba feliz de tener a su hijo tan cerca de ella. Debería
tener a alguien que le cuidara… eso había sido en años pasados, ahora podía
hacerlo él solo, pero Rain no quería que despidiera al hombre.
—Para lo que
salgo. —se dijo en voz baja dejando el vaso en la tarja de la cocina, y se
encaminó hasta la recamara.
Ingresó
molesto sin encender las luces, sacándose la camisa del pantalón para
desabrocharla cuando un gemido proveniente de la cama le hizo girarse de golpe.
Jaejoong se había sentado al borde del jergón.
—Deberías
estar descansando.
—¿Changmin?
¿Qué haces en mi habitación? —cuestionó al verlo acercarse, sus manos directo a
desabrochar su camisa—. No, no hagas eso. —negó manoteando, pero Changmin sólo
le retiró las manos sin detener su labor.
—No estás en
tu habitación, estás en la mía. —aclaró terminando de desabotonarle la camisa
para quitársela. Jaejoong intentó apartarlo, pero terminó cayendo de espaldas
contra el colchón en el intento; el castaño aprovechó entonces para retirarle
zapatos y calcetines.
—Tengo que
irme a mi cuarto. —balbuceó el pelinegro intentando levantarse, pero la delgada
mano del otro le empujó de vuelta a la cama.
—No estamos
en el colegio, Jae, estás en mi casa y aquí no hay dos habitaciones, hay una y
una única cama. Y ni creas que porque estás tomado voy a dormir en el sillón. —advirtió
comenzando a desabrocharle el cinto del pantalón, a punto de bajar el cierre
cuando la mano del chico le detuvo.
—No lo hagas
—murmuró—. Aunque confío en ti, no quiero dormir en la misma cama contigo…
desnudo. —entreabrió apenas los ojos. Changmin le sostuvo la barbilla,
acercándose a su rostro para verle.
—Escúchame,
te prometí que no me aprovecharía de tu situación y sé cumplir con mi palabra,
pero tu ropa está sucia y debe irse a la tintorería mañana temprano. ¿Lo
entiendes? —Jaejoong cabeceó en acuerdo cerrando los ojos.
Una vez
libre para hacerlo, Changmin tomó la pretina del pantalón junto con la de los
boxers, torturándose con la piel suave de las caderas del modelo cuando sus
dedos comenzaron a deslizar las prendas por sus piernas. Era la primera vez que
le veía desnudo, y aunque había querido retirar la vista de lo que hacía para
no tentarse, aquello había sido más fuerte que él. La imagen era sublime; su
cuerpo era perfecto, como ya antes se lo hubiera dicho, e incluso la suavidad
de su piel resultaba una delicia al tacto.
Arrancó las
prendas en cuanto sintió su cuerpo reaccionar a la escena y las arrojó al
suelo, apresurándose en poner distancia. Hasta entonces recogió las ropas para
dejarlas en el cesto de ropa sucia y se sentó con pesadez sobre el colchón,
dándole la espalda a Jaejoong. No quería continuar viéndolo, pero su aroma se
había impregnado tanto en la habitación que resultaba imposible no verlo
siquiera de reojo.
—Changmin —escuchó
en un murmullo la voz del modelo, y se giró un poco para verle. Jaejoong le
miraba intensamente, con los ojos apenas entreabiertos—. Tus besos… —escuchó
sin pronunciar palabra—, me gustaron…
Volteó
completamente apenas escucharle, pero el pelinegro ya había cerrado los ojos y
parecía dormir. ¿Habría sido producto de su imaginación? Pero su cuerpo
reaccionaba ante la desnudez del chico, era tan perfecto… delgado, de caderas
estrechas y piel blanca inmaculada. No tenía músculos definidos pero no le
hacían falta, gozaba de un abdomen plano y el rostro más hermoso que hubiese
visto alguna vez.
Extasiado,
se inclinó sobre aquel rostro pálido para rozar sus labios en un beso sutil,
retirándose casi inmediatamente apenas notar la tontería que estaba cometiendo.
Molesto consigo mismo, levantó la sábana que se encontraba a sus pies y la
lanzó sobre el modelo para cubrir su desnudez, quedándose él sentado al borde
contrario de la misma cama.
—Tienes
suerte… —susurró por lo bajo mientras comenzaba a frotar su miembro con firmeza—,
de que tenga palabra… —ahogó quejoso observando de reojo el cuerpo desnudo que
descansaba bajo la delgada sábana de seda, dejando correr los minutos en los
que se encargó de atender su virilidad despierta hasta terminar en su propia mano.
❥ Fin del Capítulo Cuatro.
¹ Alrededor de 50 a 150 dólares.
² Reconocida actriz de comedia.
³ Famoso “comediante en vivo” (stand-up comedian).
—.—.—
Una vez más: Perdón la tardanza, la vuelta a clases atrasa estas cosas.
Y aprovechando esta oportunidad, les recuerdo:
Esto es una ADAPTACIÓN, la historia original NO es mía, yo sólo la pedí “prestada”.
Nuevamente, ¡gracias por los comentarios!
2 comentarios:
Debo ser sincera al principio no me llamo demasiado la atención la historia pero goshhh como me arrepiento de haber puesto prejuicios dfalsdfasdfsadfsdfa
M E E N C A N T O enserio que siii y no puedes dejarme espera mucho tiempo :A; I need more!!!
Gracias por adaptarlo y compartirlo fdadsf nada como un buen MinJae para la vida xD
Me lo lei todo, de una sola vez
solo puedo decir: DEBES SEGUIRLO YA!
al principio estaba medio tedioso, pero ahora se estan saliendo las piezas del rompecabezas
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