Tortura: Capítulo 8

|

La fría mirada de Changmin continuaba ahí, posada desde hacía buen rato sobre su rostro, pero no iba a dejarse intimidar. Esperaba paciente por su respuesta. ¿Estaría realmente dispuesto a darle su corazón? Y si le decía que sí, ¿qué haría si ese egocéntrico, frío y arrogante actor le llegaba a decir que sí?

¡No!… Era imposible que el actor le diera lo que pedía. Desde su primer día en la escuela había dejado claro lo que pretendía de él y aún al inicio de la semana se lo había vuelto a repetir: “No siento nada por ti, ni por nadie”. Eso le había dicho, no podía cambiar de la noche a la mañana.

¿Pero y si le decía que sí?… No, definitivamente si lo hacía iba a ser una mentira, era capaz de decirlo sólo por llevarlo a la cama y él no estaba dispuesto a convertirse sólo en un juguete sexual.

«¿Sólo un juguete sexual?» ¡Maldición! Ya ni siquiera pensaba en que no era gay y que jamás se involucraría con otro hombre, sólo se centraba en no caer en los juegos de Changmin.

Su mirada giró en dirección a la ventanilla de su lado cuando el auto se detuvo, pero sólo alcanzó a vislumbrar a Zhoumi inclinándose para abrirles la puerta. Sabía que estaban en un barrio muy lujoso, aunque aún no comprendía qué hacían ahí.

Una vez bajó del vehículo sus ojos recorrieron la enorme fachada del edificio frente a ellos. Las enormes letras plateadas que adornaban un elegante local dejaban denotar el sitio al que Changmin lo había llevado. Frunció el ceño con molestia. ¡JAMÁS, JAMÁS, JAMÁS! Lo había prometido, él jamás pondría un pie en ese lugar de nuevo.

El giro brusco que dio cuando se disponía a marchar de ahí le llevó de lleno a chocar contra el pecho del actor detrás suyo, quien recién bajaba del auto. Las fuertes manos le sujetaron de los brazos lanzando esas conocidas corrientes eléctricas por toda su espina dorsal, logrando llevar el color a sus mejillas. Retrocedió un paso al instante, nada dispuesto a dejar que le tocara. La penetrante mirada del menor parecía inspeccionar cada centímetro de su enrojecido rostro cual si quisiera leer su interior, pero no iba a permitírselo, tenía que hacer algo; como irse ahora mismo.

—Si vas por tu traje para la ceremonia, yo te espero en el auto. —explicó ya de camino a la limusina, pero la mano de Changmin le detuvo sujetándolo con firmeza.

—Tú vienes conmigo —acotó imperativo, mirándole fijamente—. Ni creas que irás vestido así a donde vamos. —advirtió conforme empezaba a jalarlo, pero el pelinegro oponía resistencia al arrastre.

—No, yo no voy a entrar a ese lugar —insistió tratando de soltarse, pero el chico apretaba cada vez más fuerte. Se sentía casi como un niño siendo llevado al dentista. Changmin no parecía querer soltarle y él no quería entrar ahí—. No, Changmin, ¡suéltame! No voy a entrar a ese lugar, mucho menos podrás obligarme a usar esas cosas.

—Eso debiste pensarlo antes de mandar deliberadamente tu ropa a la lavandería. —le recordó ya llegando con él a la entrada del local. Jaejoong se maldijo. ¿Cómo diablos supo que había mandado su ropa a la lavandería a propósito?

Las puertas de cristal se abrieron automáticas y tres elegantes vendedores se acercaron hasta ellos. Jaejoong se puso rígido al notar la mirada que uno de ellos le dirigió, recorriéndolo de pies a cabeza con una mueca de disgusto. ¡Pero claro! ¿Qué podría esperar? Iba vestido con unas fachas a un lugar por demás lujoso, donde unos calcetines costarían hasta 10 millones de won. Bien decían que como te ven te tratan, estos hombres hacían gala de ello.

—Bienvenidos a Armani, ¿en qué podemos servirles? —cuestionó uno de los encargados, ataviado con un distinguido traje gris de perfecto corte.

—Tengo una cita con el director Jang. —El vendedor se mostró extrañado y movió la cabeza en negativa.

—El señor Jang no atiende personalmente a nadie, aunque sea usted, señor Shim. Para eso estamos nosotros o el gerente, el señor Fukutaro. Si quiere puedo llamarle para ver si puede atenderle, señor. —ofreció el vendedor directo a Changmin, ignorando por completo al pelinegro.

—Si el señor Fukutaro se presenta a menos de 100 metros de Jaejoong —señaló al modelo—, haré que le manden a la cárcel por no respetar la demanda de restricción que tiene en su contra —El vendedor se mostró sorprendido y miró al susodicho—. Y yo quiero ver a uno de los socios de mi padre. Jang me espera.

El hombre comenzó a temblar, disculpándose de inmediato para casi correr a llamar al director de la filial. Jaejoong observó en silencio al actor, pocas veces le escuchaba hablar de su padre, ¡ni siquiera sabía a qué se dedicaba el hombre! Lo único que sabía de él era que viajaba mucho y las pocas veces que había vuelto para ver a su hijo era para pelear con él.

Pero no era ya el tiempo ni el momento para cuestionarle a Changmin sobre su anterior petición, si bien el silencio era una clara muestra de su respuesta. ¡Nunca! El momento había pasado, ahora tenía que asegurarse de que el menor no le fuese a obligar a usar algún traje Armani para la ceremonia. ¡Claro! Si es que iba a asistir a ella.



–.—.—.—.—.—.–



Habían visto brevemente al importante hombre que, como era de imaginarse se encontraba sumamente ocupado, pero se había dado tiempo para atender al hijo de su socio comercial y para su sorpresa, le reconoció a él como modelo.

Jamás se hubiera imaginado que alguien de ese estatus fuera a reconocerle aunque, en cuanto nombró a Fukutaro, supo de dónde le conocía y por qué. El japonés le había informado sobre sus deseos de contratarlo como modelo para la campaña de otoño el año anterior, y cuando el director le cuestionó sobre su negativa, se las arregló para responder sin necesidad de mentirle.

—No me fue posible aceptar su “amable” oferta. —explicó con una sonrisa, imprimiendo una sutil entonación a la palabra que el hombre pareció no captar, pero el actor a su lado sí.

Después de la entrevista les había enviado a un piso superior, el salón VIP, donde tres chicas les recibieron y se encargaron de mostrarles trajes, pantalones, camisas, zapatos; todo cuanto fueran a ocupar para lucir elegantes a donde quiera que se fueran a presentar.

Jaejoong se encontró perdido entre tantos vestuarios y palabras de una de las chicas que se encargaban de atenderle de manera tan personal y entusiasta. Si decían que él hablaba mucho, ella no se quedaba atrás. Desde que modelaba siempre había existido alguien encargado de elegir las ropas por él, y si no había nadie, pues tenía a Boa, pero esta vez se veía en la necesidad de elegir por sí mismo y la insistencia de la joven para que seleccionara las prendas no ayudaba en nada.

Quería gritarle a Changmin que no lo haría, que era suficiente, pero aquella joven se notaba tan emocionada, esforzándose en decirle los pros y contras de tal o cual prenda; incluso le había contado parte de su pobre vida y cómo el venderle a los actores le proveía una buena comisión.

«Por qué siempre caigo en este tipo de chantajes» pensó para sí.

Suspiró para sí con resignación, seleccionando al fin un pantalón de vestir azul y una camisa un tono más clara. Akiko, la vendedora, lo cargó con algunas cuantas más que deseaba que el chico se midiera, que Jaejoong alcanzó a notar, eran de las más caras; pero al fin y al cabo, Changmin iba a pagar.

«A buena hora. Yo había prometido jamás ponerme algo de Armani y ahora me veo cargando prendas del diseñador»

Mientras caminaba hacia el interior de vestidor, volteó para sonreírle a la vendedora que no paraba de mirarle con esa expresión soñadora. Y eso le confundía. Akiko era muy hermosa, no podía negarlo, y quizá era esa la razón principal por a que se había dejado convencer de tomar la ropa y no por saberla necesitada. Había estado considerando ser gay, ya que había admitido para sí mismo sentirse atraído por Changmin… Era sólo cuestión de que esos ojos profundos le miraran para sentir escalofríos recorrerle el cuerpo por entero. Por otro lado, la chica le gustaba. Sus coqueteos sutiles no le pasaban desapercibidos, y comenzaba a considerar seriamente el pedirle su número telefónico para invitarla a salir. Quizá era eso lo que le hacía falta para que el actor le dejara en paz: salir con una mujer.

Se adentró al pasillo de vestidores con las prendas en mano, no sin antes echar una mirada de reojo para ver qué hacía su mayor tormento. El menor se medía un saco de color oscuro frente al espejo, mientras la otra vendedora le doblaba los puños que al parecer quedaban un poco largos. Suponía que la joven que le atendía estaba encargada también de hacer los arreglos necesarios a cualquier prenda que fuera a llevar.

—¡Cielos! —suspiró empezando a retirarse la playera y el pantalón para medirse la ropa que llevaba.

Antes, cuando pensaba en Armani, la imagen de Fukutaro acudía a su mente, no la imagen del diseñador, ni nadie más. En su cabeza había una maraña de emociones y sentimientos que no sabía cómo desenredar, y aquello involucraba no sólo a Armani, sino también a Changmin.

—Uh, al parecer el “Jamás pondré un pie en este lugar” ha cambiado de opinión. —Aquella voz.

Todos sus pensamientos se vieron cortados de golpe, girándose por mera reacción para encontrarse con una conocida mirada lasciva que hubiese deseado no tener que encontrar. Una sonrisa burlona se dibujaba en ese rostro apuesto pero vil, en tanto un par de mechones de cabello travieso sobre su frente insistían en brindarle un toque más que juvenil, más de lo que el hombre lo era.

—¡Fukutaro! —ahogó sorprendido. Aún no se había abrochado la camisa, por lo que su torso desnudo fue lo primero que consiguió captar la atención del ejecutivo. El pelinegro se percató de inmediato de esa mirada hambrienta que le dirigía, por lo que se apresuró en cerrar el primer botón—. ¿Qué haces aquí? —atacó, pero la sonrisa del hombre aumentó—. Tienes prohibido acercarte a mí.

Fukutaro rió quedo, pasando los brazos por sobre la puerta del vestidor. Ya que era más alto, no le costó recargarse sobre el umbral para contemplar a Jaejoong encerrado en aquel lugar, como si fuese alguna clase de presa acorralada y a punto de ser devorada.

—¿Ah, sí? —inquirió con una sonrisa provocativa—. Pues yo no veo por aquí a ningún perro guardián que me impida estar cerca de ti en estos momentos —Jaejoong sonrió amplio y señaló por sobre el hombro ajeno, desconcertándolo. Por lo menos había sido buena idea entrar al primer vestidor del pasillo, desde donde se veía el salón principal.

—¿Y qué te parece ese guardián? ¿No crees que sería suficiente?

El japonés volteó tan sólo de reojo, pero lejos de sorprenderse o molestarse, sonrió con amplitud, borrando la sonrisa de Jaejoong. Había esperado que al notar la presencia de Changmin tan cercana terminara por retirarse, pero al parecer no sería así.

—¿Crees que debo temerle a un perro chihuahua? —¡Cómo se atrevía! Jaejoong frunció el ceño molesto. Si quería compararlo con un perro, bien pudo haberlo hecho con uno mejor.

—Pues un chihuahua también puede ponerte un ojo morado, como bien has de saber. —siseó satírico, lo que provocó una sonrisa en Fukutaro por el recuerdo ocurrido en la anterior premiación.

—¡Cierto! Pero sé cómo controlar a un chihuahua. En cambio un chow chow como tú es necio, difícil de amaestrar y una vez domado en ocasiones la da por morder la mano de su mano; y vaya, lograr que no lo haga lo considero un reto divertido. —Jaejoong frunció aún más el ceño, apretando sus puños con fuerza.

—Pues si yo soy un chow chow y Changmin un chihuahua, tú serías un simple perro cruzado, flacucho y desaliñado. —¡No podía ser! Fukutaro estaba consiguiendo que se comportara como un niño, defendiendo a Changmin contra comparaciones tontas. La risa del hombre le crispó más los nervios, al parecer sabía lo que hacía.

—Al parecer tu amante te puso correa y te sacó a pasear, y como te portaste tan bien ahora vino a darte un premio comprándote ropa. —se burló.

—¡Changmin no es mi amante y mucho menos mi dueño como para sacarme a pasear, tú, bastardo!

—Uhm… —balbuceó el japonés, llevándose una mano a la barbilla con gesto pensativo—. Entonces debe tener un enorme poder de convencimiento.

—Tampoco me convenció de nada, sólo me trajo sin consultarme nada…

—Eso es muy típico de Changmin, está acostumbrado a que todos se rindan a su voluntad, ¿no es así, mi amigo? —Esa punzada en el estómago la había sentido aún más fuerte al escucharle hablar del actor con tanta familiaridad. ¿Pero acaso le importaba si Fukutaro y Changmin hubiesen tenido algo que ver?

«Son celos, Jaejoong» Esa vocecita en su interior volvió a interrumpir sus pensamientos. ¡No, jamás! Él no estaba celoso. Se lo repetiría una y otra vez hasta que su subconsciente se convenciera de ello.

—No voy a discutir contigo sobre Changmin, y si no quieres meterte en problemas, más vale que te largues y me dejes seguir con esto —le señaló sus ropas desarregladas, pero Fukutaro sólo sonrió, abriendo la puerta para que Jaejoong retrocediera hasta el fondo—. ¡No te me acerques! Estás incumpliendo con la demanda de restricción, esto puede mandarte a la cárcel. —advirtió nervioso, mirando cómo el hombre se acercaba peligrosamente a su cuerpo sin inmutarse por su amenaza.

—Lo sé —afirmó acorralándolo cada vez más—, pero valdrá la pena pasar unas horas en la cárcel si puedo hacer esto…

Lo siguiente que Jaejoong pudo apreciar fue el rostro de Fukutaro acercándose vertiginosamente, en tanto cerraba os ojos para capturar sus labios; pero no iba a dejarse besar, jamás dejaría que el hombre le tocara. Desvió el rostro al tiempo que empujaba al ejecutivo para despegarlo de él. ¿Por qué no hacía lo mismo con Changmin?

—Aléjate —masculló entre dientes con el ceño fruncido—, o atente a las consecuencias. —siseó cada vez más molesto. Fukutaro volvió a reír sin despegar su mirada del cuerpo del pelinegro. Volvió a acercarse acorralándolo contra la pared, pero esta vez tomándolo por los brazos para inmovilizarle.

—¿No te parece esto excitante, engañar a tu novio en sus narices? —susurró volviendo a acortar distancia con su rostro, pero el pelinegro desvió el rostro una vez más, por lo que aquel roce de labios recayó sobre su mejilla.

Estaba molesto y asqueado, no era la primera vez que Fukutaro intentaba propasarse con él. La primera vez que había acudido a una entrevista a esas oficinas había intentado lo mismo y ahora iba a obtener lo mismo que en aquel entonces.

Tras un fuerte empujón que logró separarlo de su cuerpo, alzó el brazo empuñando a mano y, asestando un fuerte y violento puñetazo directo al rostro del ejecutivo junto a un estridente “¡FUERA!” que terminó tumbando al ejecutivo fuera del vestidor para caer de un sonoro golpe al suelo.

El estrepito llamó la atención de todos los empleados en aquel salón privado, que presurosos corrieron para auxiliar a su gerente. Changmin llegó igual de veloz, mirando con el ceño por completo arrugado a Fukutaro, que ya se levantaba con un hilillo de sangre en el labio inferior. Jaejoong estaba al borde de la puerta del vestidor, con la ropa desarreglada, abriendo y cerrando la mano derecha, clara señal de que lo había golpeado.

—¡Suéltenme! —vociferó rechazando la ayuda que sus empleados le brindaban—. Sólo sufrí una caída, no es necesario que hagan tanto alboroto —se puso de pie arreglando sus ropas, evitando la mirada de hielo que Changmin le dirigía—. Atiendan bien a nuestros clientes. —sentenció dando la vuelta para toparse de lleno con la imagen del actor, que ya tenía la boca curveada por el enojo.

Le observaba, sin siquiera emitir una palabra porque no hacía falta. Era claro para todos que había pasado algo con Jaejoong dentro del vestidor, y el pelinegro ya esperaba la reacción del menor, cuya molestia reflejada tanto en sus ojos como facciones empezaba a poner a Fukutaro demasiado nervioso. Sin embargo, este le pasó de largo a Changmin, andado a toda prisa hasta perderse detrás de la puerta. Cuando el modelo levantó la mirada, se encontró de lleno con aquellos ojos profundos que tan bien sabían ponerle los pelos de punta. Sabía que sus ropas estaban desarregladas, ¡pero no era a causa de Fukutaro! ¿Acaso Changmin se estaba imaginando eso y por ello le miraba así?

Intentó ignorar aquella electricidad que la sola mirada del chico le producía, girándose para entrar de vuelta al vestidor. Total, no había pasado nada y nada era lo que iba a hacer ahora. Cerró la puerta a sus espaldas, pero ni bien alcanzó a llegar al marco cuando se abrió de nuevo y el reflejo molesto del actor apareció por el espejo de aquella reducida habitación.

Changmin se adentró, empujándolo hasta el fondo para acercarlo al igual que Fukutaro, con su cuerpo apresado contra el espejo. Su corazón comenzó a latir presuroso al contacto con la tibia figura que se apegaba a sus espaldas, con el aliento caliente golpeando contra su cuello y mejilla. Era muy parecido a aquel encuentro en el gimnasio del colegio.

«Por lo menos el infeliz esta vez no me tiene sujeto el brazo a la espalda»

—¿Por qué si Fukutaro estaba aquí no dijiste nada? —susurró entre dientes a su oído. Jaejoong sabía que las vendedoras continuaban fuera y podrían escuchar la discusión, consciente de que no le convenía que alguna pudiera llamar a la prensa en aquellos momentos para ventilar lo ocurrido a unas cuentas semanas de los Asian Film.

—No lo creí necesario, ya te había dicho que puedo controlar a Fukutaro. —afirmó seguro, sin querer darle importancia al asunto, y empujó los brazos sobre el espejo para intentar separarse de éste y del actor. Pero el ceño de Changmin se frunció todavía más a través de su reflejo y apretó la figura del modelo para evitar que se separara.

El inesperado roce de la hombría del menor contra sus glúteos le provocó un temblor de pies a cabeza. ¿Cómo era posible que su simple tacto le hiciera despertar de esa forma? Changmin ni siquiera le estaba tocando con las manos como para que la sangre le hirviera por dentro. ¡No, no! ¡No era posible! Pero bien sabía que su cuerpo no respondía a las órdenes que dictaba su cerebro. Una sola mirada le bastaba para hacerle reaccionar, ¿y qué otra prueba quería? Si estaba ahí mismo, cumpliendo esa maldita apuesta perdida.

—Dime qué pasó aquí. —instó con voz queda a su oído, con los labios rozando el lóbulo de la oreja del pelinegro que no logró reprimir aquella corriente eléctrica azotándole.

—Nada, no pasó nada. —aseguró nervioso, mirando a través del espejo cómo las manos del alto chico comenzaban a deslizarse de la pared a su cuerpo para empezar a recorrerle.

—Trató de propasarse. ¿Te besó? —volvió a cuestionar, sus manos deslizándose con lentitud por el torso del modelo.

—¡No!… ¡Detente!… —ahogó en un susurro asustado, con su cuerpo ya reaccionando ante los dedos sobre su abdomen. Intentó detenerlo con las manos, pero Changmin volvió a apretarse contra su cuerpo y el pelinegro pudo sentir con toda claridad el miembro despierto del chico.

—Te lo advertí, Jaejoong —soltó amenazador, separando una de las manos del cuerpo ajeno para tomarlo del mentón y girarlo para que le viera de frente, llenando al chico de temor por sus palabras. Su mirada parecía de hielo. Tal vez este era otro de los motivos por lo que le llaman Témpano de Hielo Shim—. No acepto compartirte con nadie… —siseó justo antes de posar sus labios sobre los del pelinegro, besándole con rudeza y sin otorgarle tregua alguna, ni tiempo de reaccionar. Era un beso como aquellos que le daba al principio, cargado de pasión, pero falto de la sensibilidad de las últimas veces. Y así como llegó, se separó de su boca—. Cada vez que te vea besando a otra persona he de borrarte las huellas de esos besos con los míos…

—¡Pero Fukutaro no me besó, estúpido! —se quejó empujándole con ambos brazos, aunque el menor no se apartó del todo.

—Es sólo por si las dudas. —Y el mayor creyó ver un atisbo de sonrisa en aquellos labios, justo antes de volver a besarlo.

¿Por qué con Fukutaro había tenido el suficiente coraje como para impedir que se acercara y con Changmin no podía? ¿Sería porque deseaba sus besos, aunque se lo negar a sí mismo? Sí, para que seguir haciéndolo. Los besos de Changmin, aún los más salvajes, eran los que le despertaban la pasión y hacían a su cuerpo reaccionar. Podían estar en cualquier parte: en los dormitorios del colegio, en el gimnasio, en el baño, en el pequeño bosquecito o incluso en el salón de clases; los besos de Changmin tenían el poder de hacerle olvidar el lugar donde estuvieran.

La lengua de Changmin recorriendo el interior de su boca provocaba temblores a lo largo de su cuerpo. Podía sentir sus manos recorriéndole la espalda y apretándolo contra su cuerpo, dejándole sentir la excitación en su entrepierna. ¿Cómo era posible que habiendo estado a punto de pedirle su número de teléfono a Akiko, ahora sólo deseara que aquellas manos continuaran recorriendo su piel?

—¿Señor Shim?

La voz de una de las empleadas detuvo a Changmin de golpe, y Jaejoong se encontró ahogando un gemido de protesta. ¿Cómo era posible que deseara que el chico le siguiera besando? ¿Luego qué más iba a desear? ¿Que le hiciera el amor?

—Maldito estúpido. —masculló empujando al menor lo suficiente para apartarlo, abrochándose torpemente los botones de la camisa.

Estaba molesto consigo mismo por permitir aquello, tanto que ni siquiera podía abrocharse bien la prenda. Sus manos temblaban, igual que su cuerpo. «Todo por culpa de ese maldito» renegó mientras luchaba por meter el botón en su ojal. La idea era que jamás le tocara, pero cada vez que lo hacía se olvidaba de lo que supuestamente quería: Que Changmin desapareciera de su vida.

El Amigo tenía razón. Era hombre y si era tocado de cierta forma, su cuerpo reaccionaría. Odiaba a Changmin, lo odiaba tanto que su cuerpo temblaba.

De pronto, unas manos cálidas apartaron las suyas de los botones. Al alzar la vista, se encontró con el actor, abrochándolos por él. Su corazón latía tan acelerado que temía Changmin fuera capaz de escucharlo. Quería alejarlo y cerrarse él mismo la camisa, pero apenas levantó las manos se dio cuenta que estas seguían temblando. ¿Por qué temblaba? ¿Por qué? No era la primera vez que ese maldito le besaba.

«Y tampoco es la primera vez que tiemblas» dijo esa vocecilla en su interior. «Es por coraje» se repitió.

—El único que puede propasarse contigo soy yo. —afirmó el actor saliendo del vestidor, dejando a un Jaejoong sorprendido con la camisa totalmente cerrada y las ropas acomodadas, así como el corazón acelerado y el rostro pálido que ya empezaba a pintarse de carmesí.

—¡Eres un maldito miserable! —gritó cuando Changmin ya caminaba fuera del lugar, mostrando esa mueca en forma de sonrisa torcida que hizo que la vendedora casi se derritiera en su lugar. Ver a Shim Changmin sonreír era algo que sólo algunos pocos podían llegar a disfrutar.



–.—.—.—.—.—.–



Luego de unos minutos más en la tienda de Armani habían finalmente salido sin nada, ya que la ropa la llevarían al departamento del menor más tarde. Bueno, eso de ‘sin nada’ no podía aplicarse del todo a él, ya que su ropa había desaparecido misteriosamente del vestidor y había tenido que salir luciendo un costoso juego de pantalón y camisa.

«Sé que fue Changmin. Él las tiró o escondió en alguna parte» se decía. Subieron a la limusina de nuevo y partieron a quién sabe dónde, ya que el actor no le había mencionado nada, pese a que le hubiera estado preguntando a cada minuto el maldito sólo se limitaba a bajar la cabeza y negar cada vez que intentaba adivinar preguntando algún sitio. «¿Qué le costaba decirme? Ni que fuera mudo». Pero como las preguntas no parecían servir de nada, se dedicó mejor a reclamarle por haberle comprado tanta ropa cuando él no la necesitaba, y por supuesto, a insultarlo por haberle escondido las prendas con las que hubiera llegado al local.

—Si gano en los BIFF esa ropa será gratis, pero si quieres pagármela podemos arreglarlo en mi departamento de algún modo. —le había dicho con intensa mirada que dejaba muy en claro sus dobles intenciones tras esas palabras.

—¡JAMÁS! —volvió a gritar Jaejoong entiendo la sugerente propuesta a la perfección.

—Pues entonces cállate y déjame en paz —le cortó desviando la mirada por la ventanilla—. Aún tengo mucho en qué pensar.

Había guardado silencio todo el camino. No sabía cómo interpretar la mirada perdida del menor, que desde hacía varios minutos observaba a la nada, totalmente mudo. Bueno, casi nunca hablaba, pero siempre su mirada se encontraba centrada en algo, o más bien, en alguien: en él. Y ahora no era así. ¿Qué sería eso en lo que tanto pensaba? ¿Acaso se estaba debatiendo entre ir o no ir a la premiación? Porque de no ir, le había dicho que tendría 14 horas para convencerle de que era gay, pero hasta el momento no había intentado nada; claro, además del beso en el vestidor de Armani, pero de ahí en fuera nada.

«¿Y es eso lo que te tiene tan molesto?» le preguntó esa vocecita en su cabeza, pero lo desechó de inmediato. Lo que lo tenía así de molesto era ese horrible silencio al que lo tenía sometido ese maldito asocial. Aunque claro, como él no era alguien que pudiera mantener el silencio por mucho tiempo, terminó por hablarle sobre todo y nada, pese a que el actor siguiera perdido en pensamientos.

¿Por qué rayos quería llamar su atención?

«El muy idiota no me quiso decir a dónde íbamos y sólo hemos venido a un restaurante. ¿Qué le costaba decirme? ¿Por qué siempre ha de ser tan frío?»

Estaban sentados en la mesa de aquel fino restaurante ubicado cerca de Nampo-dong, donde el mayordomo no tardó en saludar a Changmin con suma familiaridad. Al parecer, iba con frecuencia ahí. Incluso ordenó por ambos sin permitirle ni ver el menú.

«¡Pues qué se cree el muy idiota!» Sin embargo, la comida estaba deliciosa. Por un momento había pensado que llegarían a almorzar lo que Mei cocinaba tan rico, pero se había equivocado. ¿O habrían sido los reclamos que le hubiera hecho por haberlo sacado del colegio sin desayunar?

Algo estaba inquietándole, además claro de la pregunta que le había hecho hace algunas horas. Y sólo quizá, soltarla en medio de aquel tenso silencio serviría para romperlo.

—Changmin —llamó, esperando hasta que el actor volteó a verlo—. ¿Puedo hacerte una pregunta? —le miró atento mientras se llevaba un trozo de frutal a la boca de aquel plato que le habían llevado.

Pero el chico cerró los ojos sin hacerle el menor caso. Jaejoong comenzó a molestarse al ser ignorando de esa forma. ¿Hasta cuándo dejaría de ser un engreído, petulante y frío con toda la gente? ¿Para eso le había sacado del colegio, para pasársela ignorándolo como ahora? Aunque, era mejor tenerlo así y no sobre él… literalmente. Si bien, fuera como fuera, le molestaba sentirse invisible para él.

—Changmin, te estoy hablando… —alzó un poco la voz. El aludido levantó la vista para clavarla en la contraria.

—Sabes perfectamente bien cuál es la respuesta a esa pregunta. —afirmó con fría indiferencia, sólo para girar de vuelta su mirada de costado, ignorándolo una vez más.

Jaejoong se sintió desconcertado por un momento. ¿Que sabía la respuesta a la pregunta? ¡Pero si aún no la hacía!… Y entonces recordó, aquella pregunta que le hubiera hecho horas antes y que el menor hubiera evitado responder. ¡Claro que sabía la respuesta a esa pregunta! Pero no era eso lo que iba a preguntarle.

—Claro que lo sé —masculló entre dientes, logrando ganarse la mirada del castaño de nuevo—. Sé que NUNCA entregarás tu corazón a nadie, ya me lo habías dicho, por lo mismo sabes lo que tampoco tendrás —le sonrió ampliamente, ganándose una mirada aún más penetrante sobre sí—. Pero esa no es mi pregunta. Quiero saber… ¿A qué se dedica tu padre? —Changmin pareció sorprendido por la pregunta—. Jamás ha salido en las revistas contigo, sólo sé que viaja mucho.

—Tú… —lo miró de pronto con un extraño tinte gracioso—, de verdad, ¿me sigues tanto?

—No es eso. Creo que ya te lo había dicho… —comentó un tanto nervioso, jugando con un trozo de su fruta—. Tú ERAS para mí como un héroe, así que me leía todo lo que aparecía en las revistas de ti —el menor fijó más intensamente su mirada en él—, pero jamás mencionaban a tu padre, sólo a tu madre…

—Mi tía. —aclaró.

—Sí, ya sé que es tu tía. Pero eso en las revistas jamás lo dijeron y si no… —se interrumpió de golpe al darse cuenta que de nuevo había estado a punto de pedirle que se disculpara con ella, lo que podría causar que el actor se molestara y no era eso lo que buscaba. Quería entablar una conversación tranquila con él—. Sólo quiero saber algo de tu padre.

—Es importador y exportador de telas. Es socio comercial de varios diseñadores y casas de modas, por eso viaja mucho y casi nunca lo veo. Es todo lo que voy a decirte. —explicó con calma, desviando la vista de nuevo.

Jaejoong vio con molestia cómo el chico volvía a sumirse en un silencio que no entendía. Había medio picado la comida y ya ni siquiera tenía hambre. ¿Por qué hablar con él era tan difícil? A veces hablaban bien, tenían una plática amena y entretenida, ya que siempre se enteraba de cosas que no sabía de él, pero eso era en raras ocasiones y casi siempre terminaban discutiendo… como ahora.

—¡ERES INSOPORTABLE! —tronó al fin, alzando la voz—. ¿Para eso me sacaste del colegio? ¿Para llevarme a recorrer una tienda de trajes y un restaurante? Mejor me hubiera quedado en la escuela, aún tengo tarea qué hacer y debo estudiar para el examen de literatura del miércoles. —molesto, desvió la mirada lejos del actor que había girado de nuevo para verle.

—Pero perdiste una apuesta que te obliga a estar conmigo un día y una noche, y aún no sucede ni lo uno ni lo otro, así que te aguantas.

No lo soportaba, podía gustarle, si bien lo lograba entender todavía qué le gustaba. ¿Su arrogante forma de ser? ¿Su frialdad? ¿Su forma de ser egocentrista?… Definitivamente no lo sabía.

«Te gusta la pasión con la que te besa y te hace reaccionar» respondió esa voz interior haciéndole sonrojar.

Se puso de pie a prisa ante la mirada intensa de Changmin clavada en él. Había sentido por un momento como si este hubiera sido capaz de escuchar su respuesta mental, aun si sabía que eso era imposible. No estaba dispuesto a soportar un segundo más a su lado. Era probable que esa respuesta mental un día llegara a salir impulsivamente de sus labios y no quería que ese día fuera hoy. Una apuesta no le obligaba a tener que estar con él, e iba a marcharse.

«Soy cobarde, lo admito» se dijo nervioso, pero no iba arriesgarse con ese engreído.

—Nada me obliga a estar contigo —afirmó para deshacerse del compromiso—, así que me largo de aquí.

Changmin enarcó una ceja, pero desvió la mirada lejos del modelo. Jaejoong pensó por un momento que le dejaría ir sin decir nada, pero se equivocó.

—Pensé que habías dejado de huir de mí. —Jaejoong se detuvo en seco al escucharle. Por un momento había regresado a aquella noche en el gimnasio cuando por demostrarle que no huía había caído en su juego. ¿Acaso pretendía hacer ahora lo mismo? No, esta vez no iba a caer. Sonrió amplio y giró para verle.

—No estoy huyendo, Changmin, y bien lo sabes —aclaró—. Pero tu frialdad me exaspera. Tú y yo jamás podremos ser amigos… —No era por completo la verdad, pero tampoco mentía.

—No es lo que deseo. —explicó, haciéndole sonrojar de vuelta.

—Jamás voy a ser tu amante. —chistó entre dientes, desafiante, acercándose sobre la mesa a él para evitar que los demás comensales le escucharan.

Ese había sido su error, ya que Changmin lo tomó por el brazo para acortar peligrosamente la distancia a su rostro. Sus ojos castaños centellearon con intensidad. Bien que conocía esa mirada y cuántas veces no la había visto antes, haciéndole enrojecer mucho más si es que se podía. El contacto con su piel producía un cosquilleo que amenazaba con recorrerle el cuerpo mientras su corazón amenazaba con desbordarse de su pecho. Estaban en un lugar público y si Changmin le besaba, todos les verían. Su hiperactiva imaginación comenzaba a jugarle sucio, viéndose a sí mismo responder al beso del actor sobre la mesa mientras algún reportero les tomaba fotos y la imagen salía publicada en cuanto medio impreso existía. Había sido un completo idiota en desafiar al chico de esa forma.

—Yo tengo palabra —empezó Changmin sin soltarlo—. Si perdía aquella apuesta iba a alejarme de tu vida. Pero da la casualidad de que gané, y espero que sepas cumplir tú con la tuya. —A ello, le sobrevino un fuerte tirón que mandó al pelinegro a caer de sentón a su lado, casi sobre sus piernas. Ahí donde podía sentir la calidez de la piel del menor a través de la tela del pantalón, así como su mano sujetándole del brazo que seguía transmitiendo más de ese cosquilleo que comenzaba a hacerse conocido. Trató inútilmente de soltarse, pero Changmin parecía sujetarle con más fuerza que antes. Estuvo a punto de gritarle, cuando el mesero llegó hasta su mesa.

—¿Desean algo más, señores? —ofreció amable. Jaejoong volteó a verle, con todas las ganas de decirle “Sí, quiero un cuchillo para rebanarle el cuello a este estúpido que se cree que soy un objeto que se puede manipular a su antojo”, pero terminó por morderse la lengua para evitar que aquello saliera.

—Sí, traiga el carrito de los postres. —Jaejoong volteó a verle con sorpresa. El carrito de los postres era demasiada tentación para él. No había comido mucho, así que bien aún tenía espacio para algo dulce.

Sin embargo, mientras el mesero iba y regresaba con los postres, su cuerpo lanzó un respingo al sentir cómo la mano de su compañero se deslizaba provocativa por su pierna. Esto era algo de lo que esperaba que hiciera, porque bien sabía que no iba a cumplir esa parte del trato, aunque hubiera esperado que se propasara en la limusina, ¡pero por Dios, no ahí! Estaba jugando con él, sabía que mientras el mesero estuviera cerca no se atrevería a responderle nada y ahora se aprovechaba de eso, para deslizar esa mano delgada por su pierna, recorriendo con libertad todo el largo de su muslo.

Trató con poco éxito de separar la mano de Changmin de su cuerpo, pero el muy desgraciado parecía disfrutar de su sufrimiento. El menor escuchaba atento lo que el mesero el mesero explicaba, la descripción de cada uno de los postres en tanto sus dedos vagaban hasta la entrepierna del pelinegro provocándole otro respingo. Y mientras este intentaba detener su avance, empezaba a sentirse más y más acalorado. Apretaba los dientes para ahogar los jadeos, manoteando con torpeza la mano del actor para detenerle, pero el chico sólo la atrapó con la propia para dirigirla hasta su entrepierna.

El mesero seguía tratando de convencerlos de elegir algún postre exótico, mientras Jaejoong intentaba alejar su mano de los muslos de Changmin, que insistía impidiéndole alejarse. Y apenas sintió el miembro despierto del actor bajo sus dedos, el intenso rubor cubrió sus pálidas mejillas. Su propia hombría respondía a ese contacto, y no pudo soportarlo. Se paró de un brinco sorprendiendo al mesero, aunque no a su acompañante.

—¡Voy al baño! —se excusó quizá más alto de lo que debía, saliendo disparado del lugar.

—Espero que no haya sido nuestra comida… —balbuceó el joven que les atendía, apenado.

Changmin siguió al pelinegro con la mirada hasta que este se perdió por los pasillos rumbo a los sanitarios, sonriendo muy por lo bajo con aquella mueca torcida.

Jaejoong entró corriendo en busca del lavabo, necesitado de echarse agua para aminorar aquel calor que había invadido tan velozmente su cuerpo. Jamás se había sentido de esa forma con chica alguna. Era como si quemara, como si una oleada de calor recorriera su cuerpo y terminara por incendiarle. ¿Cómo mitigar ese calor? ¿Cómo apagar ese fuego que parecía quemarle por dentro?

«Entregándote a él» respondió aquella voz en su cabeza.

—JAMÁS —exclamó de frente al espejo, viendo cómo escurría el agua en cascadas por su rostro. Ni siquiera eso parecía calmarlo—. Jamás voy a pertenecerle. No voy a ser un juguete para él, no… Jamás seré su amante. Ese tipo no quiere a nadie.

«Ese estúpido desgraciado» se repitió frente al espejo. «¡Cómo se atreve! Esta era una de las condiciones para acompañarle y no está cumpliendo. Ya lo esperaba. ¡Maldito desgraciado!…»

El sonido de la puerta abriéndose interrumpió todos sus pensamientos. Fue a través del reflejo frente a sí que pudo ver ingresar a un hombre alto, delgado, maduro y de cabello cano adentrarse con cuidado, buscando algo con la mirada. Una mirada que lucía cansada, adornada con un par de grandes ojeras, como si estuviera enfermo. El hombre en cuestión, se le había quedado viendo, haciéndole sentir incómodo. Era como si quisiera decirle algo pero no se animara.

—¿Puedo ayudarle en algo, señor? —preguntó al girarse para recargarse en el lavabo con una sonrisa.

—Eh… pues… —titubeó.

—Por favor, dígame.

—Verá —dijo al fin—, mi nombre es Park Yoosuk, y estoy aquí con mi hija y mi nieta. La niña es una gran admiradora del joven Shim, que he visto, viene con usted… —la sonrisa de Jaejoong titubeó al escuchar aquel nombre—. No quiero importunarlos, no es mi intención. No he querido acercarme a su mesa, porque sé que debe ser muy fastidioso que los fans le molesten a uno cuando está comiendo —El pelinegro no pudo dejar de sonreír ante esa muestra de consideración—. Por eso aproveché cuando le vi levantarse para venir al baño para acercarme y pedirle… —se interrumpió negando—. No, suplicarle, le rogaré de rodillas si es preciso…

—¡No, no, claro que no! —se apresuró a responder—. Sólo dígame qué quiere que le diga a Changmin.

—Si pudiera ser tan amable de ir a mi mesa a ver a mi nieta… —Jaejoong vaciló por un momento. Dudaba mucho que ese egocéntrico tan siquiera lo considerara. No lo haría aunque fuera la propia niña quien le rogara—. Le pido que vaya, porque mi nieta no puede caminar. Tiene ocho años y sufre de cáncer en la columna. Será operada esta noche en el hospital infantil, por lo que ver a su actor favorito y que este le desee algo de suerte, o que siquiera la salude, sé que le hará mucho bien y dará fuerza para recuperarse.

Jaejoong sintió un nudo en la garganta. Changmin también había sido su inspiración cuando estaba en el orfanato. Si en ese entonces Changmin le hubiera visto y saludado, le hubiera hecho el niño más feliz del mundo. Ahora tenía la oportunidad de brindarle algo de felicidad a un ser necesitado y si en sus manos estaba lograrlo, llevaría al actor así fuera lo último que hiciera.

—Cuente con ello señor Park. ¿Cómo se llama su nieta? —preguntó sin borrar su sonrisa, interiormente comenzando a fraguar alguna estrategia para obligar al menos por si acaso se negaba.

—Lauren, es mi pequeña Lauren.

—Le prometo que le llevaré a Changmin hasta su mesa. No le diga nada a la niña, dejemos que sea sorpresa. —El hombre le sonrió a Jaejoong y luego de agradecer en silencio, salió.

«¿Y ahora cómo consigo que vaya?…» se golpeó la cabeza con una mano.

Al llegar a la mesa, el menor ya le esperaba. La única solución que encontraba era decirle todo tal cual el abuelo de la niña le había dicho. Quizá el Témpano de Hielo Shim tuviera corazón y se compadeciera de la pequeña… Aunque era un pensamiento optimista, no dejaba de preguntarse, ¿y si no quería ir?

—Espero que así como te tardaste en el baño masturbándote te tardes cuando hagamos el amor.

Las palabras de Changmin le tomaron por sorpresa encendiendo el color en su rostro de golpe. ¿Cómo se atrevía a pensar que se había estado masturbando? Y lo peor del caso, ¿cómo se atrevía a decírselo en pleno restaurante donde cualquiera podía oírlo?

—¡Eres un maldito desgraciado! —siseó de pie a su lado—. No estaba haciendo nada de eso, estuve hablando con el abuelito de una niña que tiene cáncer que operarán esta noche. Quiero que vayas a verla para darle ánimos. —No había planeado que sus palabras sonaran tan imperativas, pero el coraje por lo que el chico hubiera dicho había provocado que su boca fuera más rápida. Apenas se dio cuenta trató de retirar lo dicho, pero la mirada del menor le calló.

—Son mentiras. —afirmó sin más. Y quizá si no hubiera sido por haber visto el dolor de aquel hombre, también lo hubiera creído.

—Claro que no. —Tenía que convencerlo.

—Sólo buscan acercarse a mí e inventan esa clase de tonterías. —Enarcó una ceja.

—Changmin, es una niña de ocho años que tiene cáncer en la columna, por eso no puede caminar. Eso no se inventa, va a ser operada esta noche en el hospital infantil y le he prometido a su abuelo que irás. —explicó, pero el otro no parecía conmovido.

—No debiste haberlo hecho, porque no voy a ir —encogió los hombros, y el pelinegro frunció el ceño—. Ya una vez me tocó que llegara una persona en silla de ruedas, que a los cinco minutos se levantó y me pidió que me acostara con ella. —Jaejoong se sorprendió por la anécdota, pero estaba seguro, el señor Yoosuk no le había mentido.

—Irás —le tomó fuerte por el brazo—. Aunque tenga que arrastrarte.

No sabía si había empleado mucha fuerza o si realmente Changmin se estaba dejando arrastrar, pero lo que contaba era que ya estaban avanzando hasta la sección de no fumar e iban en busca de la pequeña Lauren.

La niña estaba de espaldas, sentada en una silla de ruedas con una manta cubriéndole las piernas. Su madre le rogaba para que comiera algo de lo que había en el plato mientras su abuelo observaba sin decir nada. Tenía el cabello corto y se notaba muy delgada, tal vez debido al tratamiento.

Jaejoong observó de reojo el perfil de Changmin, la mirada del chico no se despegaba de la pequeña. Seguro, ya se habría dado cuenta que no había sido una mentira. Lauren realmente estaba enferma, y una sola palabra suya le bastaría para animarla. No podía permitir que se diera la media vuelta, por lo que le tomó de la muñeca, atrayendo su mirada.

—Lauren. —llamó sin soltar al actor para que no huyera.

La niña volteó al escuchar su nombre, y fue por completo visible el momento en su rostro se transformaba tras ver la figura de Changmin ahí de pie, con su dulce carita iluminándose y una enorme sonrisa dibujándose en sus labios. Era como ver el amanecer reflejado en su rostro. La felicidad que esa expresión mostraba había valido cualquier reprimenda que el menor le fuese a dar después por haberle obligado a aquello.

—¡Oppa! ¡Changmin oppa! —pronunció la niña sin poder dejar de sonreír.

Jaejoong volteó en ese momento, esperando la reacción del chico y rogando porque no fuese a hacer alguna grosería como solía hacer con los medios u otros fans. Pero se sorprendió en verdad, cuando aquella sonrisa que solía adornar el rostro infantil del actor, reaparecería luego de tanto para aquella niña que tanto apoyo necesitaba…

«Después de todo, me alegro de haber perdido esa apuesta»



–.—.—.—.—.—.–



De pie a un costado de la cama en el departamento de Changmin, veía su imagen por enésima vez. No había querido usar los Armani porque se lo había gritado a Fukutaro después de que hubiera intentado propasarse con él, pero ahora… su esbelto cuerpo era delineado por un costoso traje de etiqueta. Ahora comenzaría a rezar para que Changmin ganara, porque tenía dos motivos importantes. El primero: Iba a dedicar su premio a la pequeña Lauren.

¡Sí, iba a dedicarle el premio a alguien! Cuando escuchó al menor hacerle semejante promesa a la niña no pudo evitar pensar, por un momento, que mentía, que sólo estaba actuando. Pero entonces recordó aquella promesa que Changmin afirmó, él le había arrancado en los Blue Dragon Film Award. Cumplió. No se aprovechó de él mientras estaba ebrio. Entonces quizá, si ganaba, sí le dedicaría el premio a Lauren.

Y lo segundo… Si Changmin perdía, ¿le cobraría las costosas prendas que había traído para él de Armani?

No, no quería ni imaginarse que semejante cosa llegara a ocurrir. No porque no tuviera dinero para pagarlo, sino porque sabía que ese egocéntrico de Shim Changmin no aceptaría dinero por las prendas. Bien que se lo había insinuado antes.

Alguien llamaba a la puerta de la habitación. Aún podía escuchar las risas estridentes de Ping, divertida con algo que contaba su madre, y los ocasionales comentarios de Changmin. No lo sabía bien, pero estar en ese departamento con Ping, su madre y aun difícil de creer, con el mismo Changmin, le agradaba, y mucho. Era como estar con una verdadera familia, y comenzaba a sentirse parte de ella.

Con un ‘Adelante’ la puerta se abrió y un hombre ataviado con un maletín se acercó hasta él.

—Soy el estilista. Me enviaron para hacerle un cambio de look, arreglarlo y cortar su cabello, señor.

—¿Hacerme un qué…? —Pero aquello no fue nada de lo que se esperaba, apenas el hombre le recorrió con la mirada explicando los posibles cambios a hacer.

Los ojos de Jaejoong se abrieron de par en par. ¡Le querían incluso cambiar el color de cabello! ¿Cómo se atrevía ese desgraciado a considerar que alguien tocara su imagen, que sabía era el producto de muchos de sus contratos?

El fuerte grito se escuchó desde el interior de la única recámara del departamento, y todos guardaron silencio al ver cómo el estilista salía corriendo mientras Jaejoong aparecía por la puerta más que molesto, avanzando hasta donde Changmin permanecía sin inmutarse.

—¿Quieres dejarme sin trabajo? —acusó clavando su mirada en la contraria, en tanto la pequeña Ping permanecía sentada a su lado observando sin entender.

—No, pero ya sabes que puedo conseguirte más. —El sonrojo acudió a las mejillas del pelinegro. Sabía perfectamente a qué se refería, no era necesario que lo detallara.

—¡Lo hiciste a propósito! Si alguien llega a cambiar mi imagen, las campañas de Tony Moly, Nature Republic y…

—¿Tony Moly no es una marca de maquillaje? —preguntó la pequeña Ping, mirando con mucha sorpresa al pelinegro—. No entiendo, ¿también los hombres hacen comerciales de eso?

Jaejoong se interrumpió al escuchar la pregunta de la niña, sonriéndole con paciencia.

—Bueno, es una marca de cosméticos, los chicos de este país también buscan cuidarse la piel y verse bien.

—¿Tú te maquillas? —preguntó de nuevo Ping.

—Eh… sí, en ciertas ocasiones, para algunas campañas publicitarias.

—¡Wow! Ya veo… Así que los chicos de aquí también hacen eso. —rió bajito la pequeña, contagiando a Jaejoong de aquellas mismas risas. En realidad, era gracias a su imagen que ahora tenía todos esos contratos que, irónico, lo obligaban a consultar con la compañía cualquier cambio en su apariencia; incluso algún corte o pintura en su cabello.

—Joven Shim, se les hará tarde si no se van ahora —avisó Mei sonriendo, y Changmin se levantó—. Ambos se ven muy guapos —aseguró acomodándole el moño al actor, más tarde apretando las mejillas de Jaejoong para susurrarle—. Cuídalo, él odia este tipo de eventos. Tal vez tú puedas hacérselo más soportable.

—… Pero yo tampoco quiero ir… —había susurrado al voltearse, andando hasta la puerta del departamento donde Changmin ya le esperaba.



–.—.—.—.—.—.–



No podía soportarlo y sin embargo, ahí estaba, camino a los BIFF, sentado en una limusina al lado de ese idiota de Shim Changmin. Veía las calles pasar rumbo al Commodore Busan Hotel de nuevo, repletas de limusinas iguales. No hacía ni un mes que había acompañado a Jessica al mismo sitio, pero sería el último. Que la rubia se olvidara de invitarle a los Asian Film. ¡Cómo odiaba esos eventos! Pero por esa maldita apuesta… Ya había soportado demasiado ese día, comenzando por el casi secuestro del colegio, es decir, le había sacado de su cuarto con una vestimenta para nada elegante y lo metió a Armani, donde tuvo que soportar a Fukutaro y que de nuevo le acosara en uno de los vestidores de la tienda. Luego lo arrastró a un restaurante del que había resultado ser socio «Por eso no pagó, el muy desgraciado. Casi lo acuso de ladrón por salirse sin pagar», y ahora terminaba de nuevo en la limusina tumbo a la premiación.

Y en todo ese tiempo se había medio comportado de manera civilizada. Por mucho tiempo estuvo temiendo que en cuanto lo tuviera a solas se le echaría encima e intentaría violarlo o algo peor, pero no, ese egocéntrico actor parecía estarse cuidando. Sólo aquel beso en Armani y lo del restaurante. ¡Y todavía esperaba más!… Para qué negarlo. La verdad es que sí, esperaba más y eso quizá muy en el fondo es lo que lo tenía ligeramente desilusionado.

Algo cálido recorrió su mejilla. La sensación era tan placentera que sus ojos se cerraron por reacción para disfrutar la caricia. Se sentía tan bien, que por un momento deseó que no terminara. Su mente estaba nublada por sus propios pensamientos que no llegó a identificar al dueño de aquellos delgados dedos que recorrían su pálida piel. ¿Pero qué estaba haciendo al dejarse arrastrar por una ilusión? Abrió los ojos al instante y alejó de un manotón aquella que le había recorrido tan sensual por el rostro.

—¡No te atrevas a tocarme de nuevo! —recriminó nervioso, replegándose contra la puerta. ¿Cómo pudo ser tan idiota como para sucumbir ante el simple roce de sus dedos? ¿Cómo? ¡Era un idiota! ¡Mil veces idiota! Changmin iba a tratar de aprovecharse de sus momentos de flaqueza.

—Parecías disfrutarlo. —explicó el menor sin más, presionando el botón que subiría la pequeña ventanilla que les separaba del área del chofer.

Ahora sí estaban aislados.

Jaejoong comenzó a sentir el sudor de los nervios perlar su frente. La mirada de Changmin estaba encendida, habiéndose acercado hasta él, mucho, demasiado cerca de su rostro. Su piel cubierta por la tela del pantalón chocaba con la de Changmin, haciéndole cosquillas. ¿Era sudor de nervios, o de otra cosa? Quería dejar de verlo, dejar de sentirse como un ratoncillo acorralado, atrapado e hipnotizado por el mar embravecido de sus ojos.

Una gota cristalina resbaló por su rostro.

De nuevo esa calidez, el dedo índice de Changmin recorrió su rostro desde la frente hasta sus labios con sensualidad, limpiando a su paso la húmeda huella que aquella gota había dejado. No podía detenerlo, y en el fondo, tampoco quería hacerlo. Quería continuar disfrutando de aquello. Todo el día había esperado por ese momento, cuando estuvieran a solas y Changmin intentara seguir acosándolo. Tenía preparados mil y un argumentos, mil y una formas de deshacerse de sus caricias, de sus besos… pero ahora que sucedía, no podía.

¿No podía, o no quería?

«No quieres» repitió algo en su interior, acelerando todavía más el latir de su corazón.

Aquel palpitar acelerado inundaba sus sentidos, al grado de no notar en ningún momento la cercanía del actor. ¿Cómo sentirlo, si su piel estaba anestesiada por los cosquilleos que le producía dicha cercanía?

—No… —fue la tibia protesta que llegó a los labios del actor cuando estos se cerraron sobre los suyos, un beso cálido provisto de una sensualidad que llevaba de un tiempo hasta la fecha sintiendo provenir de él.

De nuevo algo golpeaba su cuerpo, como si la electricidad comenzara a quemarle la sangre y le recorriera por completo. ¿Por qué un simple beso podía causarle ese efecto? ¿Por qué su voluntad se quebrantaba cuando de Changmin se trataba? Quería alejarlo de su lado, separarlo, porque sabía que sintiéndose como se sentía, un día iba a acabar entregándose a él, convirtiéndose en aquello que el actor quería: su amante.

—¡Basta! —ahogó al sentir las manos del menor terminar de desabrochar su camisa. Ni siquiera se había dado cuenta en qué momento la había sacado del pantalón.

«Tu mente se nubla cuando te toca» replicó esa vocecita en su interior.

—No, no basta —murmuró Changmin—. Apenas comenzamos.

Otro estremecimiento asoló su cuerpo. ¿Eso quería decir que no irían a los premios? ¿Que intentaría tomarlo ahí mismo? ¿Con Zhoumi al frente de la limusina?

Tensó su cuerpo tan sólo de imaginarlo. No quería convertirse en su amante ahora. ¡Ahora! ¿Acaso lo estaba considerando? No, las caricias de Changmin le nublaban la razón, como aquella voz se lo decía.

Los labios del chico descendieron por su cuerpo, torturándolo con esos labios, besando y chupando la tersura de su piel. ¿Por qué ese maldito sabía cómo hacer que su cuerpo le correspondiera? Su cabeza podía gritar órdenes a su estúpido cuerpo, pero éste jamás respondía cuando era Changmin quien le tocaba. ¿Cómo era tan bueno ese maldito infeliz? Sí, ya lo había dicho Fukutaro, era muy bueno en la cama…

Ese simple pensamiento le hizo sentir como si alguien le golpeara a puño cerrado justo sobre el estómago. Sí, el infeliz había sido amante de Fukutaro, y él jamás sería de ninguno de los dos.

—No, detente —balbuceó empujándolo fuerte, su ceño fruncido. No quería que se diera cuenta de lo que había pasado por su cabeza, por lo que soltó lo primero que se le ocurrió—. Llegaremos tarde. —señaló desesperado, como si esas simples palabras pudieran detenerlo.

Pero era una tontería, lo sabía, esa tonta excusa no detendría a alguien como Changmin.

El actor le observó con una mueca en forma de sonrisa, estirándose por sobre el lado del pelinegro y rozando ambos cuerpos para alcanzar a apretar el botón del intercom. Esa cercanía le produjo otro choque en todo el cuerpo.

«Esto es muy contradictorio» se dijo evitando soltar una risita nerviosa. «Siento la calidez de alguien que se supone es un témpano de hielo»

—Zhoumi, vamos al Haeundae Centum Hotel. No iremos a los BIFF. —Jaejoong abrió los ojos de sorpresa, saliendo de sus pensamientos. ¿Cómo que no irían a los BIFF? ¡Pero si ya casi llegaban!

—Sí, joven Shim. —se escuchó a través de la bocina.

—¿Qué? No. —profirió muy nervioso, sintiendo el cuerpo de Changmin moverse sobre el suyo.

Oh, y vaya que lo sentía. Ahí mismo, el miembro bien despierto del chico chocaba contra su cuerpo, y ese simple roce bastaba para lanzar oleadas de calor por todo su ser, provocando que su propia intimidad despertara. Changmin entrecerró los ojos, observándole. ¿Acaso se había dado cuenta? Rogaba porque no fuera así, rogaba porque le dejara libre, porque de no ser así, su cuerpo terminaría por ceder a la pasión que ese chico le despertaba.

Porque sólo era eso: pasión. No había amor ningún sentimiento involucrado. Sólo sería sexo, un buen sexo quizá, pero sólo eso…

¿Pero en qué rayos estaba pensando? ¿Estaba considerando el tener relaciones con Changmin? ¡JAMÁS! ¡Jamás, jamás sería un juguete para él!

—Llegaremos en unos momentos, espero que tu excitación pueda ser cubierta. ¿O prefieres remediarlo antes de entrar al hotel? —entre el grave murmullo, la mano del actor se deslizó hasta posarse sobre aquel bulto que sobresalía de sus pantalones—. Porque yo desearía terminarlo aquí mismo…

—¡Ah! —gimió el modelo al sentir aquella calidez irradiar del tacto ajeno, en tanto su propia mano era guiada hasta la erección del menor—. ¡No! —intentó resistirse, alejarse y alejarlo, pero entre más trataba más presionaba el actor. La excitación era mucha y la forma en que Changmin movía su mano no estaba ayudando, se seguía con lo que hacía, iba a terminar en su mano, y no lo quería, no debía, tenía que pararlo de alguna forma… Por ello su otra mano fue a dar contra el picaporte de la limusina—. ¡Si no te detienes ahora, te juro que abriré la puerta y me lanzaré por ella! —amenazó entre jadeos, nervioso y excitado, pero con la suficiente fuerza para tomar una decisión precipitada.

Changmin se detuvo y se incorporó en su lugar, acomodando sus ropas. Parecía tan calmado, como si nada estuviese ocurriendo en ese auto.

«Infeliz Témpano de Hielo Shim» maldito mentalmente, en tanto trataba de arreglar lo mejor sus ropas de manera lenta y temblorosa. Si no fuera porque sabía que Changmin no reía, hubiera jurado que lo había hecho. «Sólo es producto de mi hiperactiva imaginación» se repitió a sí mismo.

La limusina se detuvo poco antes de que terminara de arreglarse. Se sintió una vez más nervioso, y de paso profundamente adolorido por la contención del orgasmo. ¿Acaso ya habían llegado al hotel? Sabía que en el Haeundae Centum Hotel se entregaban los premios al gremio de escritores. ¿Sería que Changmin solía llevar ahí a sus ‘amiguitos’?

Ese simple pensamiento le hizo fruncir el entrecejo, otra vez con esa molesta punzada en el estómago. Quizá no tan fuerte como haberlo imaginado con Fukutaro.

«Son celos, Jaejoong» replicó algo en su cabeza, pero la sacudió rápido para alejar esos pensamientos de ella. «No son celos, no lo son» rebatió contra sí mismo.

—Toma. —Changmin le extendió algo y Jaejoong le miró con cierto recelo, pero tras tomarlo, su ceño sólo se arrugó más.

—¡Para qué me das esto, bastardo! —gruñó lanzándole el sobrecito a la cara. Changmin lo pescó antes de que le golpeara y se acercó para guardarlo en la bolsa del saco del pelinegro.

—Estos condones son para que te los pongas antes de bajar de la limusina, por si no puedes llegar al baño a masturbarte. Aunque si prefieres esperarte, estaré encantado en ayudarte a usarlos.

—¡Imbécil! —volvió a gritarle, pero el intempestivo movimiento de la puerta abriéndose acalló el resto de sus quejas.

Alboroto, luces, gente a las orillas gritaba emocionada. ¿Dónde diablos estaban? Esto no parecía ser el Haeundae Centum, ¿o es que había un evento del que no estaba enterado? ¿O quizá este no era el Haeundae y en realidad era…?

—Date prisa en bajar, ni creas que pasaré por la alfombra roja yo solo. —atajó un serio Changmin, que ya llegaba hasta la puerta del auto.

¿El Commodore Busan Hotel?

—¡Maldito desgraciado! —masculló entre dientes, lo suficientemente alto para que el actor alcanzara a escucharle—. ¿Qué no íbamos al Haeundae Centum? —cuestionó aún en el mismo tono, acercándose al lado por donde Changmin descendía. Éste asomó hasta su lado extendiéndole la mano para ayudarle a bajar, mientras murmuraba.

—No puedo faltar a este evento, aunque muera de ganas por ir contigo al Haeundae Centum y pasar toda la noche y el siguiente día haciendo el amor. —El sonrojo intenso pintó las mejillas del pelinegro—. Pero no te preocupes, terminando esto podemos ir.

—Mal… —comenzó a decir, pero los dedos de Changmin interponiéndose ante sus labios le evitaron soltar la maldición.

—Ya lo sé, ahora baja. —volvió a insistir ante la renuencia del mayor por bajar del auto dándole la mano.

—Le dijiste a Zhoumi que cambiara la dirección, no vendríamos aquí. —recordó aún dentro. No quería pasar por la alfombra roja al lado de Changmin. Sabía que eso sería fuente de chismes y especulaciones que irremediablemente le relacionarían con el actor. Ya se imaginaba todos los noticieros de chismes y revistas de espectáculos, y sabía que no tendrían buenos titulares.

—Zhoumi sabía que te jugaría una broma. —explicó tomándolo por la muñeca.

—¿Broma? —repitió sorprendido, dejando que los dedos del chico apretaran el agarre para hacerle bajar. Esa cálida piel tocando la suya de nuevo… No podía evitar la sensación de aquellas cosquillas recorriéndole.

—Sí, de hecho fue idea de Ping, así que puedes reclamarle a ella la próxima vez que la veas. —reprimió una discreta sonrisa burlona, jalando al modelo para por fin bajar. Este se había dejado llevar, sintiéndose como gelatina gracias a los nervios. ¿O sería otra cosa?

—Esa chica… —Y todos sus pensamientos se fueron al fondo ante esas sensaciones que el tacto con la piel del menor le causaba. Los flashes y reflectores que les recibieron le obligaron a callar cualquier comentario con respecto a la pequeña Ping y su muy singular broma. ¿Cómo olvidar toda la atención que iban a acaparar? Era el gran actor Shim Changmin el que se había bajado de la limusina y estaba a punto de desfilar por la alfombra roja. Algo pocas veces visto.

Jaejoong cerró los ojos debido a las luces centelleantes, y a poco estuvo de tropezar con el bien formado cuerpo del actor para ir directo al piso, de no ser porque este le alcanzó a sostener fuertemente por el brazo para evitar que lo hiciera.

—¡Shim Changmin, es una verdadera sorpresa verle desfilar por la alfombra roja! —anunció la anfitriona con micrófono en mano, tomando al chico del brazo para acercarlo hasta la cámara.

Changmin frunció el ceño molesto, ya que el repentino jalón le había hecho soltar a Jaejoong. Pero este último sonrió divertido, era la oportunidad de que el menor demostrara que por lo menos, podía cumplir parte de su trato. Iba a tener que dar entrevistas y ser amable.

Lo notó, pudo darse cuenta que el actor le miraba de reojo, mientras él se cruzaba de brazos y lo observaba a la espera. Si les respondía mal o los mandaba al diablo, en ese mismo instante se iría y le dejaría solo. Claro que eso no se lo había dicho, pero esperaba que leyera su determinación.

Y entonces lo vio…

Changmin borró de su rostro esas cejas arqueadas y la mueca de disgustos, hablando de pronto con la reportera con toda amabilidad. No dijo gran cosa, pero tampoco los dejó con la palabra en la boca o los mandó al diablo. Cuando la pregunta sobre sus relaciones amorosas surgió, las evitó con cortesía, tal como lo hacía Jessica.

Sonrió satisfecho consigo mismo por haber logrado semejante cambio en el actor, aunque fuera por breves instantes.

Cuando Changmin dio por terminada la charla, parecían haber pasado siglos desde que le había dejado, pese haber sido apenas algunos minutos. Y entonces pasó, que la mirada fiera del chico recayó sobre él; no había esperado que su furia terminara desahogándose en él.

El menor lo tomó fuerte del brazo, empezando a guiarlo por la alfombra de nuevo.

—Es la última vez que te hago caso. —siseó bajo, porque apenas desviaba la mirada hacia la gente que gritaba y alzaba la mano para saludarles, su rostro volvía a transformarse a uno mucho más amable.

—Te pudiste haber evitado todo esto dejándome en el colegio —le miró divertido—. Y sonríe, porque ahí viene la reportera Im.

Nunca había tenido una alfombra roja tan divertida. Realmente le causaba gracia ver los enormes esfuerzos que hacía Changmin para no mandar al diablo a todos aquellos que le preguntaban por su relación con un modelo, o con Taeyeon. Además, había tenido que acercarse a las orillas del círculo de contención a firmar autógrafos y tomarse fotos con sus fans. ¡Sonriendo! Incluso ahora, seguía dando breves entrevistas y había aceptado filmar un promocional para el canal K! ahí mismo. Se imaginaba que los de K no habían querido esperar, capaz y el actor cambiaba de opinión al siguiente día, y así sería, sólo que ellos no lo sabían.

Por otro lado, él tampoco se había salvado. Había tenido que responder a varios reporteros, y es que todos le cuestionaban lo mismo: ¿Por qué venía acompañando a Shim Changmin y no a Jessica Jung? La respuesta era la misma para todos: “Perdí una apuesta”. Y al responder Changmin lo mismo, le dejaban fuera de especulaciones. Aunque el que le relacionaran sentimentalmente con el actor no iba a poder evitarse, sabía que tarde o temprano uno que otro tabloide los iba a relacionar. ¡Pero estaba preparado psicológicamente para eso!

Ahora mismo estaba de pie en la antesala del lobby del hotel, esperando porque el actor terminara con la última mini entrevista mientras saludaba de vez en cuando a algún conocido, hasta que escuchó una carcajada. El corazón se le aceleró furioso, y tuvo que girar la mirada para encontrar al responsable. Lo sabía, le era familiar, pero entre la gente era imposible ubicarle.

Avanzando algo presuroso entre aquel gran tumulto de personas que se entretenían hablando entre sí, se frenó de golpe en cuanto lo vio. ¡Sí, era él! Lo sabía, sabía que conocía aquella risa burlona y sarcástica pero alegre. Estaba ahí, platicando con otros dos hombres que iban acompañados de hermosas damas. Vestía de frac al igual que él, seguía conservando ese finísimo gusto que tanto le caracterizaba, al parecer. Su cutis claro y terso, como siempre. ¡Y cómo no iba a ser así! Si desde que le conocía había acompañado a su madre a los salones de belleza y spa donde le cuidaban las manos, la piel y el cabello, además de aplicarle cremas en la cara para evitar el acné y exceso de grasa.

Se veía tan impecable y perfecto… ¡Todo un metrosexual! Totalmente diferente a Changmin, que era todo un übersexual¹.

Sí, no cabía duda de que si su hermano lo hubiera querido, bien pudo haber sido un cotizado modelo o incluso actor. Tenía todo: elegancia, belleza, altura y porte. Pero no, Hyunjoong prefirió vivir a expensas del dinero de su padre a ganarlo por sí mismo.

Se había quedado de pie, mirándolo sin animarse a acercarse. Tal vez su hermano podría molestarse por haber coincidido en un evento público, pero a él le daba gusto poder verlo aunque fuera de lejos.

Estaba a punto de marcharse cuando la mirada del mayor giró hasta él, chocando con la suya. Y por un momento, en verdad pensó que Hyunjoong iba a molestarse, pero se sorprendió en grande cuando en el perfecto rostro de su hermano se esbozaba una enorme sonrisa. Dudó por un segundo, creyendo que quizá su hermano le sonreía a alguien más, pero al girar la mirada a sus lados se dio cuenta de que no, no había nadie más. ¿Por qué le sonreía, si la última vez que se habían visto le había gritado que ojalá se muriera? ¿Era realmente esa sonrisa para él?

Hyunjoong se despidió de las personas con quienes platicaba, murmurándole algo al oído a la impresionante pelirroja que traía del brazo, acercándose después hasta él.

Jaejoong parpadeó. ¿Hyunjoong se acercaba a él con una sonrisa? ¿Acaso estaba soñando?

Su corazón latía a toda prisa conforme su hermano avanzaba. ¿Iría Hyunjoong a hacerle una escenita en ese lugar? ¡No, no! Eso podría causarle una muy mala imagen a Changmin y hacerle perder la premiación. ¡La premiación! ¿Y desde cuándo se preocupaba tanto por ese engreído de Changmin?

—Hermanito, esta si es una verdadera sorpresa. —Jaejoong se quedó en silencio ante el ademán de su hermano, que se acortó distancias con ambos brazos abiertos yendo directo a abrazarle de una cariñosa manera.

Nunca, nunca Hyunjoong le abrazaba, ni le llamaba hermano. ¡Mucho menos hermanito! Esto tenía que ser un sueño. Una fantasía de su cabeza que se hacía realidad en su imaginación. Pero estaba ahí, rodeándole y apretándole contra su cuerpo. No podía ser un sueño, era verdad. Ahí estaba Hyunjoong y ahí estaba él, los dos abrazados como los hermanos que eran. Quizá no de sangre, pero se habían criado juntos, lo habían adoptado y eso los convertía en hermanos, pese a que el mayor no lo considerara así.

Lento, ambos brazos se alzaron buscando corresponder al abrazo de Hyunjoong, cerrando sus ojos para perderse en esa calidez que jamás había conseguido sentir.

—Me alegra mucho verte, hyung… —susurró demasiado feliz. Por segunda vez, le daba gusto haber perdido aquella apuesta.

—Vamos, vamos, somos hermanos, no me trates tan formal.

—¡Los hermanos Kim juntos! ¿Puedo tomarles una foto? —llovió la inesperada pregunta de un fotógrafo, quien al parecer no quería perder la oportunidad.

Jaejoong guardó silencio. No sabía qué pensaría Hyunjoong de eso, pero volvió a sorprenderse cuando su hermano pasó un brazo por su hombro y sonriendo lo acercó a él. No sabía qué pensar, ni cómo reaccionar al comportamiento tan amable del mayor, lo que lo mantenía extrañamente serio.

Hyunjoong lo miró de reojo y giró para dibujarle una sonrisa en el rostro con sus dedos.

—Sonríe hermanito, te ves mejor así que serio.

—¡Claro! —asintió esbozando una grata sonrisa para que el fotógrafo tomara su foto de ambos juntos.

Tras tomar la captura, el hombre les agradeció y se fugó contengo a continuar tomando fotografías de aquellos que continuaban llegando al hotel.

—Hyung… —llamó Jaejoong sonriendo—. En verdad me da mucho gusto verte, jamás pensé que pudiéramos encontrarnos en este sitio. Dime, ¿cómo está papá? —Hyunjoong sonrió aún más y tomó al pelinegro por el cuello para acercarlo a él y susurrarle.

—Le gané las entradas a un tipo —Jaejoong se soltó frunciendo el ceño. Por un momento había creído que su hermano había dejado el juego, pero estaba equivocado—. Vamos, no pongas esa cara. Te pondrás contento cuando te diga que papá está bien, aún sigue postrado en cama, pero está bien.

—Qué bueno… —suspiró sintiéndose más tranquilo. Tal vez algún día su hermano dejaría el juego, pero por ahora y aprovechando que estaba contento, podría intentar sacarle el permiso para ir a visitar a la mansión Kim a su padre.

No obstante, justo cuando estuvo a punto de decirle algo, su hermano volvía a tomarlo por el cuello. No sabía por qué esa costumbre que solía usar para susurrarle algo, como en el pasado, cuando le contaba con cuál de las chicas del servicio se había acostado; y mucho antes de eso, a cuál de ellas había visto desnuda o le había visto la ropa interior. Era gracias a eso que ahora no le agradaba mucho esa manía, pues en su hiperactiva imaginación aquel se reía narrándole con lujo de detalle las indiscreciones que había cometido con las distintas actrices que iban entrado al lugar.

—¿Ves a la hermosa pelirroja que está parada ahí? —le susurró señalando a la chica que le esperaba. Ella vestía de blanco, por lo que el color de su cabello resaltaba mucho más. Este lucía bien arreglado, a juego con el fino maquillaje en su rostro estilizado. No la conocía, pero bien podría ser una modelo.

—Sería difícil no verla. —aseguró.

—Pues ella me acompaña esta noche, sólo que tengo un problema —alzando frente a ambos su índice, medio y pulgar, frotó los dos primeros contra el último en un ademán que hablaba por sí solo—. ¿Podrías prestarme algo?

—Claro —Jaejoong sonrió al tiempo en que metía la mano a la bolsa interior del saco para tomar la cartera y abrirla, dejando a la vista un buen fajo de billetes—. ¿Cuánto necesitas?

—Con esto es suficiente. —aseguró tomando el fajo de billetes tal cual de la cartera de su hermano.

—Pero… —intentó pronunciar. Su hermano se guardaba el dinero en el seco tras haberle dejado la cartera vacía. «Por suerte aún tengo las tarjetas de crédito» se consoló suspirando.

—¿Y tú con quién vienes? —preguntó viendo en todas direcciones. Jaejoong volvió a suspirar.

—Con Shim Changmin…

Y Hyunjoong empezó a reír a carcajadas, llamando incluso la atención de varias de las personalidades que seguían llegando al lugar.

—¿Qué? ¿Aún estás pensando en casarte con él? ¿Te has vuelto gay? No sabía que los juegos de Hyuna habían surtido un efecto retardado. Ni se te ocurra ir a decírselo a papá, porque se muere de la impresión.

Jaejoong se sonrojó de golpe al escuchar las burlas. Todavía podía recordar esas mismas risas sarcásticas. Había crecido oyéndolas, porque cuando tenía seis años y admiraba a Changmin en aquella serie infantil que protagonizaba, había creído que la forma de jurar lealtad a un amigo era casándose con él. Y eso había sido debido a uno de los capítulos en el que Changmin se casaba, jugando, con una amiguita y se juraban estar juntos para toda la vida, hasta que la muerte los separara. Debido a eso y a su inocencia infantil, había jurado y perjurado delante de toda su familia que cuando conociera a Changmin, se casaría con él. Hyunjoong se había burlado de él por años debido a semejante disparate, y había sido su padre quien hubiera tenido que aclararle las cosas. Lo que no impidió que Hyunjoong continuara burlándose de él por mucho tiempo más, haciéndole sonrojar en cada vez… como ahora.

—Hyung, sabes bien que eso fue una niñería. Ahora vengo con ese egocéntrico, sí, pero sólo porque perdí una tonta apuesta. —masculló molesto.

Ese que ahora se reía de manera tan escandalosa ya se parecía más al antiguo Hyunjoong. ¿Sería posible que aquellas clases de actuación tomadas en la universidad las hubiera usado con él, sólo para sacarle dinero?

—Espero que no te portes de la forma en que acostumbras con la dama que te acompaña… —musitó entre dientes, ya molestándose por las burlas de su hermano.

—¿Dama? ¿Cuál dama? —giró su mirada como si buscara a la mencionada—. Ah, la chica que me acompaña —se acercó a él para abrazarlo de nuevo, esta vez susurrándole en un tono mucho más confidente para que nadie más oyera—. Ella es como tú, “hermanito”. Una recogida que no merece llevar un honorífico como el de dama, o en este caso, caballero…

—¿Hy… Hyung? —balbuceó de pronto, sintiendo el corazón rompérsele en pedazos. Intentó soltarse, pero el mayor le apretó fuerte para obligarle a escuchar.

—Así es, Jaejoong, a ella la saqué de la calle, la vestí y la he traído aquí. Que parece es lo mismo que hizo Changmin contigo, ¿o no? —le soltó para verle de arriba abajo—. Sólo que ella no es hipócrita, cobra por sus servicios y me parece que tú no, “hermanito”. Lo haces gratis con él.

—¡Hyung!

—No mereces llevar el apellido de nuestra familia, tú no eres como nosotros, ni siquiera deberías estar aquí.

Jaejoong bajó la cabeza triste. Esas eran las palabras que Hyunjoong siempre usaba con él. Jamás le quiso y jamás le querría, ya debería haberlo sabido. Había sido ingenuo al creer que su hermano habría cambiado. «¡Qué tonto fui!» se recriminó por haber creído, una vez más, en él.

—Eres muy poca cosa, hasta para ser el amante de alguien como Shim… Sueña, Jaejoong, sueña que eres un Kim y disfruta el tiempo que te resta como uno de nosotros…

El chico se dio la vuelta en dirección a donde se encontraba aquella chica vestida de blanco, le susurró algo al oído, voltearon a verlo y ambos rieron mientras se encaminaban hacia el interior del hotel.

Y él, tonto, se quedó observándolos. Hyunjoong le había utilizado, como tantas veces. Sabía que no era la primera vez que lo hacía, y no sería la última. Un día de estos se la volvería a hacer y él de la misma forma volvería a caer. Lo sabía bien y lo aceptaba.

—Pero valió la pena —murmuró en voz baja, ya habiendo perdido de vista a su hermano—. Por ese abrazo, por esa foto y el haberme llamado hermano… Valió la pena.

—Ese era tu hermano. —La voz de Changmin a sus espaldas le hizo girarse bruscamente. Y al sólo verle comenzó a reír, olvidando por breves instantes lo ocurrido, lo que hizo a Changmin fruncir el ceño y hacerle una señal a Zhoumi para que se acercara.

—¿Qué es todo eso? —preguntó el pelinegro al ver lo que el menor cargaba: osos de felpa, cartas, flores y una que otra prenda interior femenina.

—El motivo por el que no me acerco demasiado a los fans —explicó entregándole todo aquello a Zhoumi—. Llévalo a la limusina —el guardaespaldas asintió y se alejó—. ¿Qué hacías platicando con tu hermano? —le miró de nuevo, y los ojos oscuros del modelo se entristecieron de inmediato al recordar el incidente—. Creí que no se llevaban bien.

—Sólo coincidimos y hablamos un poco, nada más. —dio un par de pasos para adentrarse al hotel, pero la mano del actor le detuvo.

Ese cosquilleo de nuevo amenazaba con recorrerle, hacerle estremecer.

—Eres muy malo mintiendo. ¿Qué fue lo que te dijo? —cuestionó sin soltarle. Jaejoong no quería voltear a verlo, su corazón se había partido por las palabras que Hyunjoong hubiera dicho y temía que aquellas lágrimas que había conseguido controlar le traicionaran estando frente al menor.

—Nada —mintió tratando de soltarse. Ya estaban haciendo demasiado notoria su cercanía—. Entremos, se hace tarde.

—No entraremos hasta que me digas, y si es necesario pasar aquí toda la noche, lo haremos —sentenció, para completa sorpresa de Jaejoong. ¿Sería realmente capaz de quedarse a las afueras del ballroom? Sí, podía ver la determinación en esos fríos ojos cobalto.

—Cualquier cosa que me haya dicho, valió la pena —afirmó con una triste sonrisa, logrando que Changmin le soltara—. Me abrazó, me llamó hermano, e incluso nos han tomado una foto juntos. —sonrió más, cerrando sus ojos. Era claro para cualquiera que esas cosas tan simples, para él eran muy valiosas—. Jamás lo había hecho. Quizá fue para quitarme los 6 millones de won que traía en la cartera, pero créeme que valió la pena.

—Eres un verdadero idiota. —Changmin se miró molesto, girándose para caminar a prisa rumbo al ballroom sin sujetarlo.

Le había pasado de largo, enojado. Y él se había extrañado por esa reacción, pero esta era su oportunidad para irse si así lo quería. Sólo que, por alguna extraña razón, no deseaba hacerlo. Total, sólo faltaban unas cuantas horas para que su compromiso por ese día terminara, y todavía quería ver si el menor cumplía su promesa. Por ello, se apresuró para darle alcance.

En unas horas más. En unas cuantas horas podría alejarse de él… Aunque saberlo le producía un cierto malestar que prefería atribuir a lo ocurrido con Hyunjoong, apenas unos momentos antes.

«Al diablo y al fondo lo que sentía»



–.—.—.—.—.—.–



No entendía por qué algunas veces los premios se entregaban en teatros y en otras ocasiones, como hoy, en salones de fiesta.

Había mesas redondas con 10 sillas cada una, lugares que ocuparían los actores con sus acompañantes. No obstante, todo parecía estar mal organizado: Primeros actores habían sido sentados al final del pasillo, algunos con miembros de las películas contra quienes competían, mientras guionistas y directores estaban al otro lado del salón; había micrófonos instalados cada cinco o seis mesas, lo que quería decir que los presentadores se estarían colocando en esos sitios y, muy seguramente, los largos vestidos de algunas damas se atorarían con las sillas de invitados.

No entendía quién había elaborado semejante distribución, pero de haberlo hecho él, hubiese puesto a todos los miembros de una misma película o serie televisiva juntos. O por lo menos, en mesas contiguas. Y no permitiría que los presentadores hablaran en medio de las mesas, para evitar accidentes.

Así se vio llegando hasta el centro, siguiendo a uno de los mayordomos mientras esquivaba los micrófonos mal puestos. Todo el salón estaba lleno. Trató aun así de localizar con la mirada el lugar asignado para Hyunjoong, más no fue sino a Jessica a quien ubicó, a unas cuantas mesas de donde le tocaba sentarse con Changmin.

Jessica lucía hermosa, como siempre, ese día acompañaba por el actor Ok Taecyeon, cuya presencia no la hacía ver menos molesta. En cuanto la mirada de la rubia chocó con la suya se notó sorprendida, lo que duró poco porque al siguiente instante volvía a desviar el rostro con enfado. Él también desvió su mira, prefiriendo pensar que el motivo de su enojo no era él, sino quizá un encuentro con su eterna rival: Taeyeon.

«Por cierto, ¿a dónde la habrán mandado?»

Su sorpresa fue enorme al darse cuenta que tanto Taeyeon como Rain se encontraban sentados en la misma mesa que ellos. La pelirroja le sonrió dulce, enfatizando esas facciones que tan tierna le hacían lucir. Esta peinada sencilla, con un entallado vestido color durazno descubierto por los hombros. ¿Sería ese el motivo por el que Jessica se veía tan molesta? ¿Porque Taeyeon estaba en su misma mesa? Changmin le había susurrado al oído, logrando hacerle estremecer, un: “Ten cuidado con ella, no es tan inocente como aparenta”. Aunque claro, no pretendía hacerle caso. Ella realmente lucía adorable, por lo que se consideró afortunado cuando la chica se movió para quedar a su lado, y no al de Changmin.

—Un verdadero placer el conocerla, Taeyeon-ssi —saludó tomando la enguantada mano que la chica le tendía para besarla, tras que Rain hubiera hecho las debidas presentaciones en la mesa. Pudo sentir claramente la mirada menor observándole de reojo, pero optó por ignorarlo. Al menos estaría departiendo con actores de todas las películas y series nominadas, esa era una mesa con suerte.

—El gusto es mío, Kim Jaejoong. —El pelinegro le sonrió amplio. Ella estaría sentada a su lado izquierdo, mientras Changmin estaría al derecho. Procuraría mantener conversación con ella todo el tiempo, aunque Jessica se enojara con él, así podría ignorar al actor tal cual como cuando había llegado a la mesa. Eso le demostraría que no había sido buena idea invitarlo a los premios.

En cuanto se sentaron a la mesa, Rain empezó a hablar con Changmin sobre algo que él poca y nada de atención prestó. Mejor respondía a las preguntas de la pelirroja a su lado, quien al parecer se le había adelantado a la idea de entablar conversación.

—Te ves más guapo en persona que en televisión. —comentó Taeyeon esbozando una sonrisa inocente para con el modelo, quien se sintió ruborizar por el halago.

—No diga eso, Taeyeon-ssi, me abochorna. Usted es tan hermosa que no hay palabras que puedan halagarla —La pelirroja rió de buena gana por el piropo—. No crea que es adulación, le estoy diciendo la verdad. —aclaró, sólo para que la chica riera de nuevo.

Los premios iban comenzando. Y no sólo ellos charlaban, casi todos lo hacían, guardando silencio cuando la señal de “Al Aire” aparecía y más tarde continuar con sus respectivas conversaciones.

Jaejoong se sintió extrañamente cómodo con la pelirroja. Llevaba una plática sencilla y una auténtica curiosidad por lo que él hacía. No sabía, y no había querido preguntarle si aún era novia de Changmin. Es más, el nombre del actor no había surgido en su conversación… hasta ahora.

—¿Y puedes decirme cuál fue el motivo que te orilló a acompañar a Changmin y no a Jessica a estos premios? —preguntó curiosa. Él había estado esperando que el nombre de la persona sentada a su derecha jamás surgiera, pero sabía que era inevitable. Suspiró, bajando la cabeza.

—Perdí una apuesta con él. Sólo por eso estoy aquí.

—¿Una apuesta? ¿De qué tipo? —volvió a cuestionar, llenando de nervios al pelinegro—. No estaba enterada de que a Changmin le gustaran las apuestas. —Bien, tenía que desviar el tema de alguna forma.

—Yo tampoco lo sabía. Supongo que usted sabrá más que yo de sus gustos, no por nada es su novia. —comentó en medio de un desesperado intento por olvidar la pregunta anterior.

—¿Yo, novia de Changmin? —Taeyeon empezó a reír disimulada, cubriéndose la boca con su enguantada mano—. Ya quisiera.

Jaejoong se extrañó. ¿En qué momento había contado un chiste para que la chica riera de esa forma? ¿Lo de ser novia de ese egocéntrico actor… había sido una mentira? Y ahora que recordaba, Changmin había mencionado que el día que anduviera con alguien no se escondería, además de molestarse por el hecho de que la joven actriz afirmara que salían.

«¡No son novios!» se afirmó a sí mismo. «Lo que no sé es si alguna vez lo fueron»

—Por lo que dices… —inició la pelirroja, despertándolo de sus pensamientos cuando sintió la mano femenina recorrer su brazo—, tú no eres como Changmin. Ya estaba comenzando a sentir celos de ti…

—¿Eh? —balbuceó incoherente, incómodo con las palabras y caricias contrarias que intentó, de forma sutil, alejar de sí. ¿Por qué había cambiado de súbito su manera de comportarse? ¿Changmin se habría dado cuenta? Pero a ver de soslayo al actor, lo notó más atento a la premiación, incluso respondiendo alguna pregunta que le hacía Rain. Estar dividido en tres partes sería imposible para el chico. ¿Y ella, por qué le decía que comenzaba a sentirse celosa? ¿Qué pretendía?

Lo notó en ese momento, ese brillo especial en la mirada de la actriz, aquella inocencia con la que la hubiera visto al llegar había desaparecido por completo de su rostro. ¿Qué había cambiado? Su sonrisa ahora era coqueta, y aquellos toques antes casuales sobre su pierna, se estaban volviendo más atrevidos.

—Tú no eres como Changmin, ¿verdad? —murmuró al acercarse hasta su oído, dejando deslizar mucho más su mano por el muslo del pelinegro, aumentando su incomodidad.

—¡Señorita, por favor! —ahogó entre dientes, retirando la mano femenina para regresarla a su lugar. Taeyeon volvió a reír bajo. Le había detenido la mano justo cuando se encaminaba hasta su entrepierna.

La mirada oscura del modelo giró buscando a Changmin, necesitado de ayuda, pero aquel seguía enfocado en una discusión con Rain. Estaba perturbado, nervioso y asustado. ¿Qué haría Changmin de ver lo que la pelirroja le hacía? Seguramente, echarle a él la culpa y vengarse.

—Vamos, Jaejoong, nadie nos está viendo… —susurró coqueta, llevando una vez más la mano hasta la pierna ajena—. ¿No te gusta lo que hago? —El leve rosado pintó las pálidas mejillas del pelinegro—. Podemos ir a otro lado, si gustas… —La mano fue alejada otra vez de su objetivo—. No me salgas con que también eres gay.

Jaejoong se sobresaltó, girando de lleno para mirar a la actriz. ¿Cómo sabía ella de las preferencias de Changmin? Y si lo sabía, ¿entonces por qué afirmar a todos los medios que eran novios?

—¿No lo sabías? —preguntó distraída, haciendo un ademán con sus cabellos para llevarlo al frente sobre su fleco, después volviéndolo a acomodar en su lugar con gesto coqueto.

—Si usted lo sabía, ¿por qué afirmar que son novios? —La pelirroja rió de nueva cuenta, disimulada. El tono confidencial que usaba impedía que alguien más fuera a enterarse de su conversación.

—Truco publicitario —admitió orgullosa—. La fama de Changmin ayuda a mi carrera. El día que él decida gritar que es gay, yo saldré nuevamente beneficiada. Ojalá no lo fuera, admito que estuve enamorada de él por muchos años, pero siempre me despreció por Kyuhyun.

El golpe en la boca del estómago sacudió su cuerpo. Cho Kyuhyun de nuevo, ese nombre que siempre iba ligado a la vida sentimental del actor. ¿Qué habría pasado entre ellos? Changmin había permanecido en Busán después de terminada la serie y sabía, por el propio actor, que Kyuhyun se había ido a Alemania como corredor de autos.

Regresó a Tierra cuando sintió las manos de la actriz de nuevo sobre su cuerpo. Ella quería excitarlo y estaba consiguiendo todo lo contrario. ¿Cómo decirle que le dejara en paz sin ofenderla?

—Me gustas. —susurró a su oído, pero él volvió a retirarle la mano. Ojalá pudiera responderle lo que pensaba, pero era ante todo un caballero.

—Taeyeon-ssi, va a disculpar que se lo diga, pero no debería comportarse así con un completo extraño, menos en un lugar público. —replicó serio. Esperaba que con esa indirecta la joven le dejara de acosar, aunque sus palabras parecían no haber logrado el efecto deseado.

—¡Oh, por favor! No trates de comportarte como mi hermano, que para eso lo tengo a dos sillas de distancia. —Los ojos de Jaejoong casi salieron de sus órbitas, girándose para ver a la mesa. Del lado derecho había una mujer y del otro… Rain.

—¿Rain? ¡¿Es tu hermano?! —ahogó asombrado. Taeyeon rió.

—Para mi desgracia, sí. Rain es un nombre artístico… igual que el mío. Ambos usamos nombres artísticos.

—Pues con mayor razón debería comportarse —Jaejoong frunció el ceño—. Si yo fuera otro… —pero la mano de la pelirroja en su pierna le interrumpió.

—Si fueras otro, no perderías la oportunidad de acostarte conmigo. Ya dijiste que soy hermosa, entonces ¿qué esperas? ¿A qué Changmin o Jessica te den permiso? —Las mejillas del modelo se encendieron de nuevo. Si Changmin se enteraba de lo que pasaba con la hermanita de su representante, estaría metido en un lío—. Podemos entrar a uno de los cuartos del hotel, tengo una suite reservada por si surgía la oportunidad de llevarme a Changmin a la cama, así avisaba a la prensa para que nos vieran juntos, pero ya que él parece no estar interesado…

Sólo había una única palabra en su cabeza y esta era:

«Ruin»

Sólo así podía describir a esa arpía. Con razón Jessica la odiaba y Changmin no quería saber nada de ella, si sólo se colgaba de la fama del actor para beneficio propio. Quería utilizarlo, al no poder conseguirlo. Sintió repugnancia y un ferviente deseo de alejarse lo más posible, pero estando sentado a su lado, era imposible en tales circunstancias. Aún tenía que cumplirle a Changmin.

En ese momento, se dio cuenta que la mirada de Taeyeon viraba ocasionalmente hacia atrás, y tras girar el rostro fue que tuvo la clara visión de su amiga Jessica. Estaba molesta, casi hasta echar humo por las orejas, lo que le dejaba ver que no les había quitado la vista de encima. No iba a ser una buena idea ir con ella, podía ser capaz de arrancarle la cabeza con las uñas. ¡Pero él no tenía la culpa de que Taeyeon estuviera a su lado resbalándosele como mantequilla en sartén al fuego!

La hábil mano de la pelirroja se pasó una vez más sobre su miembro, al tiempo que ella se acercaba a su mejilla para darle un beso y él se sobresaltaba. Apresurado, se levantó de su lugar rojo por la vergüenza, atrayendo las miradas intrigadas de Changmin y Rain.

—Ahora regreso. —se excusó audible, viendo hacia ambos hombres antes de girar hacia la chica con el ceño fruncido. Quería completar “Aquí apesta”, pero se mordió la lengua para callar y el actor, con esa suspicacia que le caracterizaba, pudiera adivinar lo sucedido.

Saliendo a toda prisa del lugar, evitó a toda costa a la gente que se paraba cuando la señal de “Al Aire” se apagaba. Podía sentir esos ojos fríos clavados en su espalda, pero bien sabía que no iba a seguirle estando tan cerca la entrega de los premios a mejores actores.

Estar ahí le molestaba, empezaba a sentirse ahogar. Necesitaba un cigarro o un buen trago para olvidarse de ese mal rato, pero como no tenía ni lo uno ni lo otro, se conformó con echarse agua al rostro para despegarse el aliento amargo de esa arpía. No sabía lo que quería, ni lo que se proponía comportándose así de resbalosa con él, y tampoco quería saberlo. Quizá buscaba darle celos a Changmin, demostrándole que podía estar con él o con quien quisiera. ¡Pero él no iba a servirle de juguete! Suficiente era tratar de no ser el juguete de Changmin como para también preocuparse por no ser el juguete de alguien como Taeyeon.

Abrió la puerta de los baños que se encontraban en los pasillos, fuera del ballroom, e ingresó. No quería encontrarse con ningún famoso ni reportero, necesitaba estar solo y calmarse. Dentro, encontró el lugar vacío, dirigiéndose de inmediato hasta el lavamanos.

«Cuando llegue a la mesa le exigiré a Changmin que me cambie de lugar. No tengo por qué soportar a esa… esa… ¡pelirroja desabrida y arpía resbalosa!» se dijo apenas un segundo antes de golpear sus manos contra el fino mármol de la decoración.

Si no hubiese perdido esa maldita apuesta no estaría ahora ahí, soportando los acosos de esa chica que no parecía entender la negativa sutil. ¿Qué tenía qué hacer, gritarle “No molestes” a la cara?

Estaba molesto, molesto y agitado. Necesitaba calmarse. Casi siempre cargaba con cigarros cuando salía del colegio, así que rebuscó en el saco y pantalones, pero no encontró nada. «Si ese idiota me secuestró de mi habitación, ¡cómo espero traer cigarros!» maldijo interiormente. Al menos hasta que al palpar la bolsa superior del saco sintió un pequeño bulto, dándose prisa en sacarlo para ver qué era. Ojalá fueran chicles, al menos eso le quitaría un poco los nervios. Pero… no, no eran.

—¡Maldito Changmin! —gruñó con molestia, dejando sobre el lavabo el sobrecito de condones que el actor le hubiera depositado antes en la ropa.

Vencido por no encontrar cigarrillos, volvió a abrir la llave y se echó agua al rostro. Estaba que lo frío del líquido lograra enfriar el enojo que sentía. No sabía qué estaba pasando con él, en otros tiempos quizá no hubiese dejado pasar la oportunidad, tal como decía ella. Aunque tal vez era la cercanía del actor y la forma tan atrevida con la que la pelirroja se hubiese comportado. Siempre le habían gustado las chicas más serias, razón por la que jamás contempló una relación con Jessica. Y ahora que lo pensaba, las dos se comportaban similar cuando les gustaba alguien, sólo que Jessica era abierta, no le importaba que le vieran mientras que Taeyeon prefería mantener todo oculto.

Al abrir los ojos se encontró con su propia imagen escurriendo agua. Estiró la mano a un costado de la pared para tomar algunas toallas de papel y secarse. No, esa niña no conseguiría hacerle enfadar más de lo que lo hacía Changmin. Si no fuera porque sabía que el actor era hijo único hubiese jurado que él y Taeyeon eran hermanos, tenían una manera muy parecida de comportarse.

—Taeyeon… —murmuró esbozó una ligera sonrisa al notar que la había comparado con Jessica y con Changmin al mismo tiempo.

Unas cálidas manos le abrazaron por la espalda, haciéndole respingar de la sorpresa pues no había escuchado la puerta del baño abrirse en ningún momento. Se giró veloz buscando ubicar al contrario, llegando a creer por un momento que se encontraría con Changmin, pero no, aquella figura pequeña, esas manos delgadas, eran de Taeyeon.

—Me extrañaste —afirmó ella sonriendo—, pero ya llegué. Entendí a la perfección tu señal. —se giró moviéndose hasta los lavabos, algo que Jaejoong aprovechó para moverse por igual, alejándose de ella. ¿Qué diablos hacía esa niña en el baño de caballeros?

—¿Mi señal? ¿A qué se refiere, Taeyeon-ssi? Yo no le he hecho ninguna señal. Usted debería salir de aquí antes de que alguien la vea. —acotó nervioso. La actriz ya no traía los guantes, y con cada movimiento que esta hacía el entallado vestido se ceñía a su cuerpo enmarcando sus finas curvas. Daba la impresión como de si en fuera a caérsele en cualquier momento, aunque eso lejos de atraerle le producía escalofríos. Veía a Taeyeon como una especie de flor carnívora: hermosa por fuera, pero capaz de devorarte.

Los ojos de la chica viajaron hasta el pequeño sobrecito azul que Jaejoong hubiera dejado sobre el lavabo, lo tomó y lento, fue levantándolo para mostrárselo al modelo a través del espejo, sonriendo seductora.

—Me encanta que seas algo tímido… —se giró para verlo, llevando una de sus manos hasta la espalda para comenzar a bajar sin prisa la cremallera de su vestido—, y que vengas preparado…

Jaejoong miró asombrado los movimientos de la pelirroja a través del espejo. ¡Iba a desnudarse! Y no podía permitirlo. Estaba incómodo, perturbado y aterrado porque alguien pudiera llegar justo en medio de esa situación. Reaccionando por instinto corrió hasta ella, abrazándola a su cuerpo para detenerla. Los brazos femeninos sin embargo, se cerraron sobre su cuerpo, apretando los senos contra su pecho haciéndole enrojecer hasta las orejas.

Taeyeon sonrió, complacida de creer que el modelo hubiera caído en sus redes, o al menos hasta que éste cerró la cremallera del vestido para que no cayera y la alejó de sí con frialdad. Jamás nadie la había rechazado de esa manera. Bueno, sí, sólo Changmin, pero nadie más. Maldición, ¡Kim JaeJoong no iba a despreciarle!

—No haga eso, señorita —el pelinegro le dio la espalda, evitando que le mirara sonrojado, pues no quería que siguiera confundiendo las cosas—. Si viene alguien se meterá en líos. Además, usted es menor de edad. —Tenía que encontrar alguna excusa válida, y esa le había parecido la mejor. Al fin y al cabo hasta donde sabía, Taeyeon era de la misma edad que Jessica, y él le sacaba dos años a su rubia amiga. Tener relaciones con un menor, incluso el acosar podía ser penado por la ley.

El rostro molesto de Taeyeon cambió al escucharle.

—Si ese es todo el problema… —insinuó avanzando hasta Jaejoong sin que se diera cuenta—, no tendrías por qué preocuparte, incluso tú, aún tienes 20, ¿no es así? No deberás preocuparte por hacerme daño, no serías el primero… —el pelinegro giró sorprendido quedando a centímetros del rostro ajeno, descuido que la pelirroja aprovechó para tomarlo de la nuca y plantarle un beso directo en la boca.

Jaejoong intentó apartarse, pero Taeyeon lo sostuvo con firmeza. ¿Cómo podía esconder tanta fuerza un cuerpo tan delgado y pequeño? No podía empujarla, no quería hacerle daño, pero tampoco iba a corresponderle. Por ello sus manos permanecieron a sus costados, sin moverse siquiera. Taeyeon empezó a alejarse, intentando continuar con besos sobre su cuello.

—Tómame. Tómame aquí mismo, déjame sentirte y saber que tu fama de Don Juan es cierta… —Jaejoong la apartó de un movimiento rudo, regresando sus brazos de nuevo a su lugar. ¿A qué se refería con eso?—. Cuando te vi llegar con Changmin pensé que ustedes salían, pero me di cuenta que estaba equivocada. Por eso déjame sentir tus besos, tus caricias… Déjame sentirte dentro de mí…

—¡Taeyeon-ssi! —Pero los labios de la chica sobre los suyos le callaron.

Ella era apasionada, quería asaltarle, pero no estaba lográndolo. Cuando iba al bar cercano a la escuela, las chicas con las que se acostaba eran igual o más apasionadas, le hacían reaccionar de inmediato. ¿Quizá no reaccionaba porque comenzaba a ser gay? No, eso no era verdad. Aunque un beso de Changmin… Sí que era diferente un beso de Changmin a esto. Este no le hacía sentir nada, ah no, sí, sentía asco. Un simple beso del actor le hacía reaccionar, cosa que Taeyeon por más que intentaba no lograba.

«¿Acaso no estás aquí debido a uno de sus besos?»

—Taeyeon…

Esa fría voz la reconoció al instante, y al parecer la pelirroja también puesto que se separó de inmediato de él. Ambos voltearon a ver al frente para encontrarse con la estoica figura de Changmin de pie, con una mano al bolsillo y el ceño fruncido. La sola mirada del chico les hizo estremecer hasta los huesos. Se sintió de pronto temeroso ante su presencia, sólo viéndoles, sin decir nada más. ¡Por Dios! ¿Ahora qué iba a pasar con ellos?

—Cha… Changmin, yo… —tartamudeó el modelo sintiendo un calor insoportable ascender hasta su rostro. La mirada del actor sólo recayó en él un segundo, sólo para dirigirse más tarde a la chica que parecía elevar altiva su propia mirada en desafío. ¿Pero qué estaba haciendo la muy estúpida? ¿Qué acaso no sabía que desafiar a Changmin era como suicidarse?

—¿Qué crees que hacías? —Jaejoong no supo a quién le hablaba. Trató de abrir la boca para defenderse pero, ¿qué podía decirle? ¿“Ella me siguió hasta aquí y trató de seducirme”? Sí cómo no, como si eso sonara muy coherente.

—Como si realmente te importara lo que hago, Changmin-ah —Taeyeon se paró frente a él, aún desafiante—.  Nunca te has preocupado con quién salgo o me acuesto, así que por qué no nos hacemos un favor y te largas de aquí —le señaló la puerta de los sanitarios—. Jaejoong y yo estábamos en algo importante cuando interrumpiste.

El mencionado bajó la vista sintiendo que se quedaba sin voz ante semejantes palabras. ¡No estaban en nada, absolutamente en nada! Quería decirle a Changmin que ella mentía, pero las palabras no salían de su boca. Lo estaba metiendo en problemas con el actor y ni siquiera podía defenderse estando frente a ambos. Por un momento, tuvo la impresión de que ella lo hacía a propósito, que trataba a toda costa de despertar los celos en el actor.

«¡Pues que se busque a otro para encelar a Changmin, yo no tengo nada qué ver y se lo diré ya mismo!… Un momento…»

¿De cuándo acá debía darle explicaciones? No eran pareja, no tenían ninguna relación. No tenía por qué excusarse. Changmin podía pensar lo que quisiera con respecto a Taeyeon y él. Alzó la vista sintiéndose más seguro, pero la mueca en forma de sonrisa torcida del menor le tomó por sorpresa.

Lo miró acercarse hasta la pelirroja sin que esta se moviera de lugar, tomándola de los hombros para acercarla a su rostro. Al verlo, fue como si algo le golpeara fuertemente el estómago. «¿La va a besar?»

—No conseguirás nada, con alguien que es como yo… —susurró al oído de la chica, soltándola tan rápido que casi la hace caer, aunque mantuvo el equilibrio.

Taeyeon pareció sorprendida al inicio, sus ojos abiertos de par en par, para después arquear las cejas con disgusto. La había engañado, se había dejado seducir por ella para despreciarla de esa forma, pero no se iba a dejar, eso no se quedaría así. Nadie humillaba a Kim Taeyeon y se quedaba como si nada. Sus ojos fieros giraron hasta clavarse en Jaejoong, alzando la mano dispuesta a darle una bofetada. El pelinegro cerró los ojos esperando sentir el golpe, pero fue la voz de Changmin la que le hizo volver a abrirlos.

—No te atrevas a golpearlo, Taeyeon.

El actor permanecía en su lugar, mirándole imperturbable. Ni siquiera se había movido de lugar y Taeyeon aunque molesta, había obedecido.

—Los dos son unos… —masculló la actriz iracunda, sus puños cerrados volviéndose blancos hasta que la mueca en el rostro del actor la interrumpió. Jaejoong ni siquiera se atrevió a decir algo, no había escuchado nada así que no comprendía qué había dicho Changmin para que la chica se pusiera así.

—Lo mismo que tú, Taeyeon, y recuerda… —caminó hasta el modelo, colocándose a sus espaldas para pasar un brazo en torno a sus hombros y acercarlo a su cuerpo de forma íntima—. No te metas con lo que me pertenece.

—¿Qué? —exclamó Jaejoong sintiéndose ruborizar. Eso no era cierto, y a punto había estado de decírselo a la pelirroja cuando Changmin tomó su brazo para alzarlo hasta su espalda y torcerlo, evitando que le desmintiera.

—¡Malditos, los dos! —gritó Taeyeon rabiosa, lanzando el sobrecito del condón directo al rostro del modelo, pero Changmin lo pescó antes en el aire. Ella se dio la vuelta y salió a toda prisa del baño.

Para cuando Changmin soltó a Jaejoong, este aprovechó para empujarle. Si en un principio estaba molesto con la pelirroja, ahora lo estaba con el actor.

—¿Desde cuándo soy de tu propiedad? ¿En qué momento me puse en venta como para que me hayas comprado, imbécil? ¡YO NO SOY NADA TUYO! —clamó empujándolo por el pecho, obligándolo a retroceder hasta el lavabo. Changmin se mantuvo en silencio, sólo escuchando sus reclamos—. Ya me cansé de ti y de tu forma arrogante de comportarte, quiero que me dejes en paz, que te alejes de mí. ¡Te odio, Changmin!

Y en cuanto ese ‘Te odio’ fue pronunciado, pudo darse cuenta de ese extraño brillo en los ojos del menor que no supo identificar. Changmin no había dicho nada, no le había reclamado por encontrarle en el baño en una situación comprometedora con la hermana de su representante, y tras eso sólo se había limitado a escuchar sus reclamos; hasta que lo empujó sin cuidado hasta la pared de los baños, haciéndole sentir de frente la frialdad de los mosaicos, con el brazo pegado a su espalda para evitar que escapara. Cómo recordaba aquel encuentro en el gimnasio, le tenía igualmente cercado.

El cálido aliento ajeno golpeó contra su nuca, no pudiendo evitar que el conocido cosquilleo le recorriera el cuerpo, amenazando con hacer sus piernas flaquear.

—No quieres estar conmigo, pero sí con Taeyeon —susurró a su oído, provocando un nuevo estremecimiento. Tanta cercanía con su cuerpo producía demasiadas cosas en él, sobre todo calor—. Ella no pudo excitarte, ¿cierto? —Las manos del menor empezaron a moverse por su cuerpo sin poder evitarlo.

Se deslizó primero por su espalda, para pasar por su muslo, volviendo a subir hasta su abdomen. Quería empujarlo, separarse de él, pero su maldito y estúpido cuerpo no quería responderle, no quería moverse, disfrutando de aquellas caricias que no habían sido pedidas.

—¡Basta! ¡Maldito desgraciado, detente! —exigía intentando soltarse, pero con cada tirón su brazo dolía—. Tengo que detener a esa arpía resbalosa antes de que diga algo de mí a la prensa.

¿Por qué se molestaba en hacerle notar al actor que todo era cosa de ella? Se sentía como un estúpido, se había comportado como un tímido adolescente frente a una mujer adulta y todo por pensar en que estaba con ese idiota de Changmin.

El actor se acercó más, haciéndole sentir lo que le causaba tan sólo acariciarle. Aquello lo puso mucho más nervioso.

—No la creo tan estúpida como para delatarnos… —le escuchó murmurar a su oído, aquellos labios cálidos sobre su oreja, su aliento moviendo los rebeldes cabellos que caían a los costados de su rostro.

—Será delatarme, ella ya sabía que tú eras gay. —afirmó Jaejoong pegado a la pared, con el creciente temor de ser descubiertos.

—¿Estás aceptando tus preferencias? —preguntó al hacerlo girar para ponerlo de frente a él, acortando aún más la distancia al pasar sus manos a través de los costados del modelo, evitándole el moverse.

—¡No! —reaccionó asustado. Y eso había sido un “No” demasiado rápido, sabía que se estaba defendiendo de una acusación, debía retractarse, pero un beso calló cualquier otra protesta que fuera a salir de su boca. Se sintió arder por dentro, como si una corriente de fuego recorriera sus venas y le arrastrara hasta hacerle caer a un hoyo sin fondo.

¿Por qué un beso del actor le hacía reaccionar como no lo había hecho Taeyeon? ¿Por qué? «¡Porque sabe dónde, cuándo y cómo!» se dijo a sí mismo. «Porque ha tenido por amante a Kyuhyun, a Fukutaro y a no sé cuántos más. Porque tiene la experiencia con hombres que yo no tengo. Por eso, sólo por eso» se aclaró sintiendo el control regresar a su cuerpo.

—¿Ibas a acostarte con ella? —preguntó Changmin, separando apenas lo necesario sus bocas.

—Claro, por qué no —masculló frunciendo el ceño, empujándolo para alejarlo de él—. Después de todo, ella es una mujer hermosa y aunque sólo me quería para darte celos, lo hubiera hecho. —Changmin frunció el ceño, cercándolo de nuevo con sus brazos para hablarle lo más cerca posible.

—Eres un pésimo observador, Jaejoong —sus labios rozaron el cuello del modelo, arrancándole un estremecimiento—. Ella no quería darme celos a mí, quería encelar a otra persona, alguien que estaba en el mismo salón que nosotros dos.

—¿A quién? —intentó poner sus brazos sobre el pecho del menor para empujarlo, pero este cerró los suyos sobre su espalda en un abrazo que parecía de hierro.

Sintió los labios del castaño recorrer su cuello, justo como lo había hecho durante aquella apuesta, el muy desgraciado lo sabía. ¡Sabía lo que podía causarle! Y se estaba aprovechando. El calor ascendió conforme la humedad de la lengua del menor comenzó a recorrer su piel con sensualidad, arrancándole más estremecimientos, robándole un sonoro gemido del que siquiera llegó a ser del todo consciente. Aquellas fuertes manos le abrazaban pegándolo a su cuerpo, arrinconándolo contra la pared, dejando deslizar sus manos por debajo del saco del frac para desabrochar los botones de un fuerte tirón. Su cerebro rogaba, imploraba a su cuerpo (ya que ordenar no funcionaba) que se apartara de él. Todos eran intentos vanos.

Su corazón de por sí acelerado, comenzó a latir con mayor fuerza ante la pasión que le invadió por dentro, de nuevo esos torrentes de calor envolviendo su cuerpo. Los besos de Changmin eran sensuales, había comenzado a moverse y cuando menos lo pensó ya recorría el interior de su boca con la lengua. ¿Por qué sus propios labios se abrían a él, como esperándolo, como disfrutando de aquel beso? ¿Por qué sus ojos se cerraban cuando él les ordenaba lo contrario? Hábiles y rápidas, las manos del menor habían sacado la camisa de su pantalón, deslizándose ahora por la suave piel de su espalda, arrancándole gemidos de placer que no sabía podía soltar.

«No debo, no puedo» se dijo a sí mismo, pero sus fuerzas le abandonaban sin que se diera cuenta, sin que pudiera siquiera hacer algo por evitarlo. Sus sentidos estaban siendo ahogados por las caricias del castaño, no podía pensar, sólo sentir las manos que se movían por su figura, desabrochando la camisa para dejar su pecho expuesto a ser besado y torturado.

—Ahhh…

Un gemido escapó de nuevo de su boca sin poder controlarlo. Las manos de Changmin eran diestras, unas auténticas maestras que ya sin haberle desabrochado el botón de los pantalones, habían encontrado su camino dentro de este directo a tomar su miembro ya excitado, lanzando corrientes por su espina dorsal que le hicieron estremecer ante la exploración.

—Jaejoong… —murmuró el actor pegado a su piel.

Lo mismo, lo mismo había pasado hacía unos días en el baño de la escuela. Changmin volvía a torturarle con sus labios, masturbándolo con su mano, y él no hacía nada por detenerle. Su cuerpo se negaba a deshacerse de aquellas caricias, de aquel estado de excitación que parecía provocarle el que alguien pudiera encontrarles.

—Te deseo…

Aquellas palabras dichas sobre la piel de su pecho le produjeron una especie de ensoñación, como si hubiese ingerido una gran cantidad de alcohol y estuviera ahora totalmente embriagado. Sabía de antemano que estaba cometiendo un error al dejarse seducir de esa forma por Changmin, pero su cuerpo no daba señales de querer luchar por apartarlo. Su mente gritaba y gritaba, pero el actor parecía haberle anestesiado. No podía moverse y muy dentro de sí, tampoco quería hacerlo…

—Tócame, Jaejoong… Como aquella vez, hazlo…

¿Tocarlo de nuevo? ¿Como aquella vez? ¿Provocarle? ¡NO! No eran nada, no eran amantes en un juego de seducción. No iba a hacerlo. ¡No!

Pero la mano de Changmin provocándole con sus caricias, moviéndose de arriba abajo sobre su miembro endurecido, comenzaba a nublarle la razón y las ideas. No quería tocarlo, no debía hacerlo, sin embargo, fue algo muy dentro de sí lo que le obligó a llevar su mano directo al interior del pantalón del menor, tomando entre sus dedos aquel miembro que se encontraba en las mismas condiciones que el propio. Al tomarlo, pudo escuchar de los labios de su acosador un fuerte y placentero gemido que provocó en sí un temblor en todo su cuerpo.

A su memoria llegó la fría voz del chico pidiéndole que moviera su mano más rápido, y fue así como empezó, a masturbarlo sin pensar, a hacer ajustar los movimientos de su mano a los mismos movimientos que hacía él. Escuchaba la respiración rápida del actor. Sabía y lo sabía muy bien, que esto no era correcto, pero se sentía… se sentía… ¿Para qué pensarlo? ¡Sólo lo sentía y ya!…

«Entrégate a él» Aquella voz en su cabeza no dejaba de repetirlo, quería que se entregara a Changmin, que dejara de luchar, y cada vez que su mente gritaba que todo estaba mal era esa misma voz la que se encargaba de acallarla. Quizá un poco más y lo iba a lograr.

Justo ahora, ya no le importaba nada. Sus labios seguían liberando gemidos quedos, todos provocados por las expertas caricias del menor. Sabía que en cualquier momento se vendría en sus manos, pero no importaba, como tampoco le importaba ya que alguien pudiera encontrarles en semejante situación. Afuera había reporteros gráficos y de televisión, e incluso sabiendo eso, nada importaba ya. Su mano en el miembro de Changmin se movía a la misma velocidad que la contraria sobre su propia excitación, cada vez más rápido, gemidos más acelerados y fuertes.

Ya no tenía la fuerza ni el coraje suficiente para apartarlo de su lado. «Ya ganaste, Changmin» aceptó para sí, muy lejos de importarle si aquel era un hombre y no una mujer con quien estaba.

—Jaejoong… —los labios del chico volvieron a la boca del modelo, abandonando de improviso las caricias sobre su intimidad—. No puedo avanzar más… —susurró separándolo por los hombros, intentando que la respiración se le normalizara.

El pelinegro abrió los ojos con asombro, viéndolo darle la espalda para acomodarse la ropa, mientras oía sin escuchar realmente algo sobre los premios principales de actriz y actor, así como el dinero y el trabajo que le daría una vez fueran amantes. Pero no entendía, su cuerpo se había recargado en la frialdad de los mosaicos del baño. El fresco atravesaba su piel, quemando la piel que había quedado caliente por las caricias del actor. Se había rendido a él, ¿y se apartaba? Sus piernas temblaron, comenzando a resbalarse por aquella pared hasta caer al suelo. ¿Se había rendido y aun así quería comprarle?

«Maldito desgraciado» maldijo en su fuero interno, haciendo un esfuerzo por volver a levantarse antes de que Changmin le viera. No iba a dejar que supiera el estado en que lo había dejado –por segunda vez en el día- habiéndole ofendido tras ofrecer comprarle. ¿Por qué cada que habría la maldita boca lo arruinaba todo? «Ojalá te quedaras callado»

—Seguiremos esto cuando acaben los premios —Cuando Changmin se giró para verlo, Jaejoong ya terminaba de abrochar el saco del frac—. No deben tardar en acabar.

—Te equivocas —el mayor le miró con el ceño fruncido, presa del calor que aún sofocaba su cuerpo—. Cuando den las doce de la noche, me retiraré. Mi compromiso termina a esa hora y no pienso pasar contigo ni un segundo más. Arréglatelas como puedas, hay miles ahí afuera que estarán encantados de pasar la noche contigo. Yo no soy uno de ellos —afirmó molesto—. Deberías mantener tu maldita boca cerrada —Changmin se giró del todo para verlo, frunciendo el ceño por igual—. Yo no estoy en venta, maldito desgraciado. Si acaso estuvieses logrando algo conmigo, lo echas todo a perder cuando abres tu maldita boca para ofrecerme dinero.

—No lo creo. —Changmin le restó importancia, abriendo la puerta de los sanitarios mientras retiraba de esta el letrero de ‘Fuera de servicio’.

—¿Quién puso eso ahí? —cuestionó el modelo habiendo visto aquello, sólo para seguir al actor por los pasillos un poco a la carrera. Todavía se sentía ofendido, quería irse, pero sólo faltaban pocos minutos para que la apuesta terminara. Changmin no podría decir jamás que no tenía palabra.

—Si no fuiste tú, entonces fue Taeyeon. Buscaba la forma de que nadie los molestara. —le aclaró.

—¿Cómo supiste que estábamos ahí? —volvió a preguntar. No es que no le agradeciera el haberle salvado de la pelirroja resbalosa, pero tampoco debía haberle acosado. Si no fuera porque los premios a mejor actriz y actor estaban por entregarse, seguro que para estos momentos ya se habría convertido en su amante. ¡Por Dios! Jamás debería bajar la guardia de nuevo. No volvería a estar a solas con él.

—No lo sabía. Fui a buscarte, porque habías tardado mucho. Vi el letrero en el baño y me pareció extraño, ya que estaba bien cuando recién pasamos por aquí. Entré y me topé con su escenita. ¿Qué hubieras hecho si no te rescato de sus garras? ¿Te hubieras acostado con ella? —Maldito desgraciado, sabía bien que lo había rescatado y tenía el descaro de decirlo.

—Por supuesto. —resopló molesto.

—Eres malo para mentir. —se burló el menor. Jaejoong clavó su mirada en la contraria. Sabía bien que era malo para decir mentiras, pero que el actor se lo dijera era el colmo.

—Si ya sabes que no, entonces para qué preguntas. —masculló de mala manera, sólo alzando la barbilla de forma altiva.

—Sólo curiosidad. —se excusó encogiendo los hombros todavía divertido, llegando hasta el corredor que llevaba directo al ballroom. El alboroto alcanzaba ya a escucharse.

—¡Pues vete al diablo, maldito curioso! —recriminó a viva voz, sabiendo que el ruido en el interior evitaría que cualquier medio escuchase.

—La frustración por el sexo te hace enfadar con facilidad… —Eso le hizo enrojecer.

—Quien me hace enfadar eres tú, maldito desgraciado… —Changmin abrió la puerta y ambos se asomaron para escuchar la lluvia de aplausos, así como la lluvia centelleante de flashes de las cámaras de los reporteros de la farándula.

—Señor Shim, señor Shim, ¿qué opina de que Taeyeon no haya ganado el premio a mejor actriz? —Jaejoong observó a los medios aglomerarse en torno al actor. Las luces de las cámaras lo cegaron por un momento y para cuando notó, los micrófonos y grabadoras no le permitieron avanzar.

—Que debe aceptar su derrota y felicitar a la ganadora. —respondió sin más, abriéndose paso entre los reporteros. Jaejoong lo siguió, procurando no apegarse demasiado para evitar suspicacias mal intencionadas.

Escuchó en ese momento las risas estridentes de su amiga Jessica. ¿Es que ella había ganado? Volteó hasta la mesa donde la rubia se encontraba y notó que no, ella no había ganado. La actriz ganadora se encontraba ahora recogiendo su premio con una enorme sonrisa y agradecía a diferentes personas por él.

Miró entonces a Taeyeon, que se encontraba aún sentada en su mesa como si nada hubiera ocurrido entre ellos. Estaba enojada, gritándoles a sus compañeros de reparto. Taeyeon volvía a perder, y aunque Jessica tampoco había ganado, a la rubia parecía no afectarle. Al menos eso le dio gusto, por lo que le dedicó una sonrisa a su amiga.

Estaba a punto de sentarse de nuevo al lado de Taeyeon cuando un fuerte brazo le tomó por el codo, jalándole de regreso. Levantó la vista para toparse con la mirada del actor que, con un gesto, le indicó que tomara asiento junto a Rain, él se sentaría al lado de la resbalosa de Taeyeon. Ojalá Changmin pudiera controlarla.

—Veo que no lograste hacerlo enojar. —Rain lo miró apenas el pelinegro se sentó en su lugar, pasando ambos brazos por detrás de su cabeza de manera desinteresada. Sabía bien a lo que el representante se refería.

—Enojar sí lo logré, lo que no logré fue que me dejara en el colegio. —se lamentó.

—Le he estado haciendo ver que puede perjudicar tu carrera, pero a él parece no importarle. Cree que en lugar de perjudicarte puede beneficiar el que te vean con él.

—Eso lo dudo —murmuró sin darle mayor interés al asunto—. Pero no debe preocuparse, ya no volverán a verme con él. Será la última vez que apueste algo o me deje convencer. —Rain le sonrió con simpatía.

—Tú has tenido novia, ¿no es así? —Jaejoong le miró sólo de reojo, quitando los brazos de su cabeza para ponerlos sobre la mesa—. Una, si no mal recuerdo —el pelinegro cabeceó en acuerdo—. Aunque has salido con muchas otras, incluyendo a Jung Sooyeon.

—Jamás hemos sido novios, sólo buenos amigos. Amigos de los buenos, no de esos con derechos. —le aclaró.

—No te estoy recriminando nada, aunque conociendo cómo es Jessica se me haría difícil creer que ustedes no hayan acabado en la cama —Jaejoong se sintió enrojecer. Su amiga en realidad sí se lo había propuesto muchas veces, aunque jamás se le insinuaba como Taeyeon—. Quizá deberías conseguir una novia —Los oscuros ojos del modelo se abrieron de sorpresa—. Sí, no me veas así. Una novia te ayudaría en tu carrera y no el que te vean con Changmin, a quien la prensa no dejará jamás en paz. Primero, porque tratan de averiguar si es gay, y si se atreve a decir que lo es, tratarán de saber con quién sale. Segundo, porque su fama se ha ido incrementando demasiado, y si es nominado y gana el Bambú de oro, sus bonos se irán al cielo y la prensa no lo dejará tan fácilmente. Y, tercero y último, Changmin odia a la prensa.

—Sí, eso lo sé —suspiró el pelinegro—. Pero de momento no hay nadie que me guste. —Rain levantó una ceja, mirando cómo al fondo Changmin cabeceaba de forma negativa a lo dicho por el modelo. Ambos guardaron silencio para escuchar al ganador del siguiente premio: mejor actor de cine.

No fue para nadie una sorpresa escuchar que el ganador era Shim Changmin. Todo el salón se vio inundado de aplausos y felicitaciones, mientras en la pantalla gigante que se mostraba al frente pasaban cortos de la película que el actor protagonizaba.

El salón entero quedó en silencio al ver a Changmin subir a recoger su premio. Sabían que el chico solía ser muy parco en su discurso de agradecimiento, ya lo habían visto en eventos anteriores. Un seco ‘Gracias’ y salía huyendo, incluso de los medios que le esperaban en la parte trasera para la clásica rueda de prensa.

Al llegar, tomó el premio de manos de la actriz Jeon Jihyun y se acercó al micrófono. Jaejoong permaneció atento a los movimientos del actor, quien giró el premio de un lado a otro y miró al frente. Parecía que haría lo de siempre.

—Este premio es para ti —volteó a las cámaras, para sorpresa general. ¿Changmin hilando más de dos palabras?—… Lauren. —completó, girando para darse la vuelta y perderse tras el escenario.

—¡Vaya! Por lo visto el Témpano de Hielo Shim sí tiene corazón… —Jaejoong sonrió, ganándose una mirada de Rain.

—¿Conoces a la tal Lauren? —preguntó tan curioso como sorprendido e incrédulo. Jamás, en sus nueve años de representante de Changmin, le había escuchado dedicar un premio a alguien.

—Sí, la conocimos esta mañana en un restaurante al que fuimos a desayunar. Es una niña que tiene cáncer, de hecho, la deben estar operando en estos momentos. Changmin le prometió que si ganaba le dedicaría el premio y… vaya, lo hizo. —Había pensado que no lo haría, pero en el fondo había esperado que cumpliera su promesa.

«Me doy cuenta que realmente se puede confiar en ti… Shim Changmin»



–.—.—.—.—.—.–



Changmin caminaba ya detrás del escenario, donde los reporteros habían tenido un magnífico día pues había contestado a todas sus preguntas con amabilidad. Sin embargo, él estaba molesto de haber tenido que cumplir esa promesa al pelinegro; de haber dado entrevistas, en lugar de mandarlos a todos al diablo como tenía acostumbrado. Mientras se alejaba del sitio para dejarle el lugar a otro, sintió la vibración del celular en su bolsillo, dándose prisa en sacarlo. Vio el identificador de llamadas y con una maldición atendió.

—Ya sé lo que me vas a decir, acabas de verme por televisión… —Escuchó una risa ligera del otro lado de la línea.

—Así es, Changminnie… ¡Felicidades dobles! —respondió la voz alegre y emocionada. Changmin arrugó el ceño sin comprender del todo.

—¿Dobles?

—Sí, por tu premio y por la nominación a los Asian Film. Sé que ganarás, primo.

—Mhm. Bien, si eso era todo… —intentó cortar, ya algo fastidiado. Quizá le importaba más de lo que aparentaba, pero nadie tenía por qué saberlo.

—No, espera. ¿Fuiste con Jaejoong?

—Sí. —respondió por demás seco.

—¿Lo llevarás contigo al departamento? —la preocupación en su voz pareció enfadar al actor.

—No es algo que deba importarte.

—Changmin-ah… Déjalo en paz, no sabes el daño que le haces.

—Deja de intentar meterte en mis asuntos.

—Un día de estos te arrepentirás, vas a querer dar marcha atrás y no podrás. Aún estás a tiempo, no lleves a cabo esa venganza tuya. ¡Él ni siquiera tiene la culpa! Es totalmente inocente… —suplicó su primo tratando de hacerlo recapacitar, pero era algo que nadie podría lograr.

—Es culpable. —afirmó.

—No, no lo es. Dime de qué va a ser culpable. ¿De ser modelo y aparecer en televisión?

—Es culpable, por haber nacido. —Y con esa última afirmación, colgó. Jaejoong pagaría, claro que lo iba a hacer.

Se dio prisa en seguir su camino, enfadado ahora por culpa de su primo. Ya no quería saber nada de preguntas hechas por reporteros o personas, iba a marcharse de ese lugar, pero no solo. Claro que no, Jaejoong se iría con él lo quisiera o no.

Tras algunos metros, se dio cuenta que un par de hombres le seguían, hombres que no parecían ser reporteros, pero como no se molestaron en hablarle, se decidió por darse prisa en volver al salón para marcharse. No obstante, le interceptaron justo antes de que pudiera llegar de nuevo al ballroom.

—Señor Shim —Changmin se detuvo al escuchar su nombre pronunciado con un acento vagamente familiar—. Somos el señor Johnson —señaló al hombre que le acompañaba—, y el señor Lee —se señaló a sí mismo—. Venimos de parte de Sony Pictures Entertainment, en América, y nos gustaría hablar con usted.

Changmin se giró para verlos. Ambos estaban finamente trajeados, pero era clara su ascendencia norteamericana, por eso el acento le resultaba conocido. El nombre de la casa productora también le resultaba vagamente familiar, mas no conocida. De cualquier forma, no estaba interesado en actuar.

—Para cualquier trabajo de actuación, deben dirigirse a mi representante. —explicó disponiéndose a partir, pero los hombres se le adelantaron cortándole el paso.

—No, señor Shim, no es por actuación —pronunció el señor Johnson con algo de dificultad, para sorpresa de Changmin—. Hemos viajado directamente desde América para ver algo de lo que sabemos, usted domina bien, señor… Choikang.

Una imperceptible mueca en forma de sonrisa surcó los labios del actor. Si habían viajado desde tan lejos y habían conseguido averiguar su seudónimo, además de dar con él, deberían estar realmente interesados en lo que podía hacer.

—Hablemos. —cedió, logrando que ambos hombres sonrieran.



–.—.—.—.—.—.–



Jaejoong vio hacia su reloj y después giró para ver la silla vacía de Changmin. Hacía un rato que había recibido el premio, calculaba tiempo suficiente para haber dado una breve entrevista, y aún no llegaba. Estaban por dar el último premio y que todo terminara. Él debía huir, era ahora o nunca.

Su cuerpo se encontraba todavía sensible por lo ocurrido en el baño y estaba seguro que de ir con Changmin a algún lugar, fuera hotel o su departamento, intentaría hacer lo mismo, y él no podía permitirse caer. Quizá Changmin le gustase, pero el actor no sentía nada por él, ni por nadie. Ya se lo había dicho.

No habría nada involucrado en una relación con él, sólo sexo, y sólo sexo no es algo que buscara ahora. ¡Maldición! Definitivamente se estaba convirtiendo, quizá no en gay, pero sí en bisexual. Rain le había comentado el conseguirse una novia, era probable que eso necesitara. Tal vez, si se hacía de una novia podría sacarse de la cabeza a ese frío y egocéntrico actor, y de paso lograr que Changmin le dejara en paz.

El problema sería encontrarla. Tenía varios meses fuera del mercado femenino. Iba a tener que regresar a él y buscar a una chica linda, que supiera comprender su trabajo y no fuese celosa. ¡Difícil! Y tardado, la necesitaba lo más rápido posible. Pero esa desesperación no le haría caer en los brazos de alguna compañera del colegio, como Luna, eso sería meterse en camisa de once varas².

Pero primero lo primero: Debía salir de ahí antes de que Changmin volviera. Se puso de pie y le sonrió a Rain.

—Las 12:01, el hechizo se rompió y la carroza se ha convertido en calabaza, así que me voy. —recitó con una sonrisa luminosa, volviendo con disimulo al frente sólo para asegurarse de que el actor no fuese a venir por ese sitio.

—¿No esperarás a Changmin? —preguntó el hombre mayor sin mucho interés. Estaba seguro que Rain sabía que lo mejor era que se fueran por separado. Aunque él pensara que ‘salían pero lo mantenían oculto’, no iba a decirle que estaba huyendo.

—No. Mi compromiso era hasta las 12:00 de hoy, son las doce y dos así que ya soy libre de irme —se giró para ver a la pelirroja que seguía molesta y refunfuñando por su derrota—. Con permiso, Taeyeon-ssi.

—¡Vete al diablo! —renegó, pero Jaejoong sonrió.

—Con gusto le saludo de su parte y le digo que irá usted para allá. —Taeyeon gruñó por la respuesta sarcástica, pero el modelo no se arriesgó a esperar una respuesta y se fue silbando con las manos en las bolsas de los pantalones.

Salió del salón procurando no ser visto por el actor. Lo que tenía que hacer ahora era buscar un cajero automático para sacar dinero de su tarjeta, Hyunjoong lo había dejado sin un centavo en la cartera y necesitaba billetes para poder pagar el taxi a algún hotel.

Estaba en uno de los mejores hoteles de la ciudad, así que cajeros debía haber muchos. El virar la vista pudo ver, cerca de los teléfonos, una hilera de cajeros de diferentes bancos. La decoración en la pared donde estaban las máquinas consistía en un espejo que permitía ver a la persona que sacaba dinero, si alguien le vigilaba para después robarle. Muy buena ayuda. Se acercó a ellos y se dispuso a sacar dinero de uno.

Mientras esperaba que el dinero apareciera, levantó la vista y se topó de lleno con la imagen de la pelirroja que había llegado acompañando a Hyunjoong. Sintió el corazón subírsele a la garganta. Hyunjoong iba a verle disponiendo de dinero y quizá iba a intentar quitárselo. Empezó a apurar a la máquina en voz baja hasta que el dinero apareció, lo tomó rápido y lo guardó en su billetera sin girarse, evitando que si su hermano estuviera ahí, le viera. Pero al voltear, vio a la chica siendo llevada del brazo del actor Lee Seungri. ¿Y Hyunjoong? ¿Dónde estaba su hermano?

Conocía a Seungri desde hace tiempo, había trabajado un par de veces con su padre, pero había tenido ocasión de entablar amistad con él gracias a Sunny, que era amiga de una de las ex novias del actor; aunque no le veía desde que su relación terminó debido al escándalo en el que el actor se había visto envuelto durante su visita a Japón. Allá, donde hubiera visto siendo acompañado de una prostituta en su auto mientras aún mantenía una relación.

Seungri abrió los ojos de sorpresa al ver a Jaejoong frente a ellos. La pelirroja le sonrió con coquetería, pero a él sólo le importaba saber qué había sido de su hermano.

—Jaejoong-ssi, buenas noches —saludó el actor bastante nervioso—. Tu hermano me pidió de favor que acompañara a la dama a su casa…

—¿A su casa? —repitió el pelinegro, sabiendo de antemano que Hyunjoong iba a aprovechar los 6 millones de won que le había quitado para irse a jugar en lugar de usarlos con la chica.

—Sí, sí… a su casa, y si nos disculpas, el auto nos espera. Buenas noches. —se despidió presuroso, dejándolo atrás con rapidez.

—Tienes imán para las mujeres de la vida galante… —susurró Jaejoong, viendo al actor perderse entre los pasillos en compañía de la mujer.

Lo bueno es que Hyunjoong no le había visto. Saldría a recepción y les solicitaría un taxi para irse a un hotel cercano a la mansión Kim. Sabía que cuando su hermano apostaba se pasaba buena parte de la noche y madrugada en el lugar, llegando a casa para caer directo a la cama, y no se despertaba hasta después del mediodía. Sabiendo eso, tendría la oportunidad de ir temprano y visitar a su padre. Hacía tanto que no le veía que se sentía feliz –por tercera vez en el día– de haber perdido aquella apuesta.

Al ir avanzando vislumbró el ondulante caminar de una hermosa mujer rubia alejándose rumbo a la salida del hotel. No le fue difícil identificar la magnífica figura de su amiga Jessica, apresurándose a alcanzarla.

—¡Jessica! —la chica giró sobre sus talones, provocando que su hermosa cabellera le siguiera en el movimiento. Al identificar a la persona que le hablaba, sonrió.

—¡Hola, Jaejoong! —saludó, aunque al instante frunció el ceño—. Ahora que me acuerdo, no debería dirigirte la palabra. —afirmó dándole la espalda, retomando su camino a la salida. Jaejoong le siguió sin comprender.

—¿Por qué?

—Eres un maldito, Kim Jaejoong —resopló deteniéndose, mirándole con ambas manos en la cintura—. Me habías dicho que no vendrías a estos premios y mira, aquí estás, y sentado a la mesa con mi peor enemiga.

—No fue mi culpa —se defendió—. Ella ya estaba ahí. Yo vine con Changmin porque perdí una tonta apuesta, te juro que hubiese preferido estar mil veces contigo que al lado de esa arpía resbalosa. —Jessica enarcó una ceja suspicaz.

—Te estuvo molestando, ¿cierto? —Un intenso rubor amenazó con pintar el pálido rostro del modelo.

—¿Eh? —balbuceó nervioso—. No, no. Cómo crees, yo…

—Oh vamos, no mientras, Jaejoong. Esa arpía resbalosa lo hizo apropósito, quería… —comenzó, pero el pelinegro interrumpió.

—Darle celos a alguien. —completó, logrando que su amiga arqueara ambas cejas por la sorpresa.

—¿Te lo dijo? —cuestionó incrédula. Jaejoong se encogió de hombros sin darle mayor importancia. Suponía que de nuevo era algún pleito entre las dos chicas.

—Ella no, fue Changmin.

—Ay ese Changmin, siempre está en todo —rió ella—. Hasta te protegió de Taeyeon, sentándose entre ustedes. —Jaejoong volvió a enrojecer al recordarlo.

—Y tú nunca nos quitaste la vista de encima.

—Estaba molesta —explicó volviendo a ponerse en marcha—. Mi acompañante se la pasó todo el tiempo coqueteando con otro chico y a mí ni caso me hizo.

—¿Y ya no estás molesta?

—No, porque Taeyeon perdió. Quizá yo no gané, pero tampoco ella. Por cierto, ¿a dónde ibas ahora? —preguntó al verle de reojo sin aminorar su paso.

—A buscar un taxi para irme a un hotel.

—Ah no —Jessica lo tomó del brazo y lo arrastró con ella—. Tú te vienes a mi casa, ya sabes que las puertas siempre están abiertas para ti. Tienes una habitación y hasta ropa para que duermas a gusto, y si gustas, hasta las puertas de mi habitación… —le lanzó una sonrisita coqueta.

—Jessica… —alargó Jaejoong a sabiendas de que sólo bromeaba. La rubia comenzó a reír mientras jalaba al pelinegro del brazo y salían a donde el auto les esperaba. Lo que no se imaginaron fue que la prensa estuviera esperándoles con micrófono y cámara en mano.

—Señorita Jessica, se va acompañada de Kim Jaejoong, ¿podemos saber a dónde van? —preguntaban varios reporteros conforme les rodeaban.

—Claro, a calentar la cama. —respondió sin pena.

—¿Por separado? —cuestionó otro reportero.

—Por supuesto que no, en la misma casa y en la misma cama, ¿verdad, Joongie querido? —le miró la chica apretándose contra el brazo del modelo, haciéndole enrojecer.

—¡Jessica, eso no se ventila y mucho menos a la prensa! —Estaba apenado, pero Jessica siempre era así y no podía evitarlo. Ya se vería los titulares del siguiente día y la verdad poco le importaba, prefería esos titulares a los que aparecerían si se iba con Changmin. Al fin y al cabo, él sabía la verdad y con eso le bastaba.

—Pero si de todas formas lo iban a insinuar, qué mejor que confirmárselos. —volvió a reír Jessica, mientras una serie de reporteros apuntaban cada palabra dicha por los jóvenes.

—¿Entonces son novios?

—No, pero de todas formas compartiremos el techo esta noche.

—¡Jessica! —La rubia soltó la carcajada y se dirigió hasta el auto que ya les esperaba.

El chofer les abrió la puerta amable dejando pasar primero a la chica. Todo el tiempo Jessica le había tomado de la mano y se había separado de él hasta que entró al auto. Jaejoong giró el rostro hasta el lobby del hotel y vio, justo en ese momento, la inconfundible figura de Changmin aproximándose a la salida. Sonrió con satisfacción cuando sus miradas chocaron, pero sabía bien que una vez Changmin estuviese afuera sería rodeado por todos esos periodistas que se apostaban esperando por los actores que partían.

La apuesta había terminado, Changmin podía mandar al diablo a todos esos cazadores de noticias. Subió al auto sin despegar la mirada del actor, quien se vio rodeado por cámaras, luces y personas. No supo qué les dijo, pero lo vio acercarse hasta el auto donde se encontraba con Jessica, por lo que sólo atinó a sonreírle cuando este se asomó por la ventana del auto, despidiéndose con la mano mientras el menor maldecía por lo bajo. Cuando giró para atrás, se sorprendió de ver que el chico se había quedado dando entrevistas de nuevo.

¿Por qué? La apuesta ya había terminado, podía seguirse comportando como siempre y sin embargo, no lo hacía.

—Estaba un poco cambiado, ¿no? —Jessica lo sacó de sus pensamientos—. Es amable con sus compañeros, pero nunca con la prensa. Me sorprendió verlo desfilar por la alfombra roja y más aún que diese entrevistas a los medios. ¿Fue obra tuya?

—Puede ser. —murmuró sintiéndose extraño; era como un vacío, una opresión en el pecho que le hacía sofocarse.

No se dio cuenta en qué momento el auto se paraba al frente de la lujosa mansión a las Yeongju-dong. Jessica se había acercado a él para darle un beso en la mejilla, lo que le hizo girarse para verla.

—Descansa, Joongie. Yo me voy a divertir toda la noche con algunas amigas. —le susurró sonriendo, sólo para después bajar del vehículo.

—Pero Jessica… —intentó decir, haciéndola reír. Se sentía incómodo al estar solo en la mansión de la chica, sin ella.

—Ya sabes que mi casa es tu casa, siéntete cómodo en ella aunque yo no esté. Sabes que Yao te atenderá bien. —le señaló la rubia, recordándole al pelinegro que su mayordomo estaba ahí para atenderle.

—Gracias.

Jessica se despidió y él se dispuso a llegar a la elegante residencia. No obstante, esa opresión en el pecho le inquietaba. Se sentía solo, como no se había sentido en mucho tiempo, y tenía frío, aunque no el tipo de frío que se podía quitar con un abrigo. A pesar de que él siempre había estado en la escuela solo, sus amigos le hacían olvidar la soledad, sólo que ahora no le bastaba la amistad de Yoochun o de Hangeng, algo hacía falta.

—Changmin… —susurró aquel nombre en medio del silencio—. No puede ser que realmente esté enamorándome de ti… —Y con ese pensamiento, se quedó dormido en el auto que le conduciría a otro lugar, en el que estaría igual de solo.



 ❥ Fin del Capítulo Ocho.



¹ übersexual: Hombre que esta tan seguro de sí mismo que no necesita cuidar su apariencia y aun así se ve seductor y atractivo. En pocas palabras, se ve bien con cualquier cosa. La palabra über proviene del alemán y significa 'por encima dé'.
² Camisa de once varas: Es la que usan en los sanatorios mentales para evitar que los enfermos se hagan daño. Es una frase común que se usa para decir que se metería en un problema y batallaría para salir de él.



—.—.—



¡Ya sé! Sé que me tardo mucho en actualizar esta adaptación ;;</3 Siempre me digo que no tardaré tanto con el siguiente capítulo y pasa lo mismo, échenle la culpa a mi escuela. Ush...

También pueden motivarme, ¿saben? Gracias a las personitas que dejan su mensaje en el blog, y no a aquellos que sé que leen pero prefieren presionarme sólo por interno (¬¬...). 

Ojalá les haya gustado el capítulo~ Hasta la próxima(?)



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me obligas a comentar, y aunque esté en anónimo aquí esta tu soulfighter que quieres obligar a shippear(?)

Aigo, aigo... ¿Sabías que tenías razón en decirme 'lectora compulsiva'? Pues sí, hace poquito comencé y heme aquí ya en el capítulo ocho. ¡Al punto!

¿Porqué ChangMin se quiere vengar así de JaeJoong?
No olvido que Rain comentó algo de que 'Ya lo encontró' Al referirse a JJ... uhm.

¿Cuántos capítulos tendré que esperar para saber la verdad?

Bueno..
Jaejoong ya aceptó que es gay, y lo niega al instante. ¡Ya ibs a ceder! Y ChangMin no quiso, luego ni se queje(?).

Adoro a ese ChangMin taaaaan celoso posesivo, pero tenía quq ser un 'Témpano de hielo' iugh...

La Taeyeon es un bitch... ¡Yo sabía!(?) bueno, no. Pero no me caen pues...

Y si sigo analizando cada escena esto parecerá testamento.

¡Quiero que actualices pronto!
Saludos, te quelo y así♥

PD: Amo que no los pongas tan gheis y sabes que odiamos eso jajaj.

Junsa dijo...

Hola...
mi comentario como siempre, es tan hermoso ver cuando hay actulizacion n.n y
aunque tenga algo que hacer dejo de lado para leerlo hahahaah
esto me tiene con el alma en un hilo de verdad a veces me da ganas de golpear
a Jae y desearia que Min le saque celos... pero ahora esta tan complicado con eso de vengarse!!! esta tan bueno, Changmin y Jae tiene que asumir que se aman y necesitan sus cuerpos XDD
bueno si demoras pero es comprensible maldita escuela hahahaahh
te dejo un vídeo para tu motivación hecho por mi ♥ pero inspirado por una amiga

https://www.youtube.com/watch?v=bEKa1kXB6rI

Publicar un comentario