Tortura: Capítulo 9

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Caminaba lo más lo más animado por los pasillos del colegio, después de todo había pasado un buen fin de semana, aunque quizá debía descartar el sábado, el día de los BIFF. Pero incluso así lo había pasado relativamente bien. Ahora se sentía un poco más despejado y contento ya que, había podido ver a su padre.

Había llegado muy temprano el domingo a la mansión Kim, sorprendiéndose de que Hyunjoong aún no llegara a la casa, pero le daba gusto ya que de ese modo podía ver a su padre sin problemas.

Se había quedado con él hasta después del mediodía, y Eungsoo se había mostrado muy feliz de verlo y poder platicar con él de los temas que más le gustaban: el cine y el teatro. Se quejaba amargamente del abandono en el que lo tenía su familia, rodeado sólo de doctores y enfermeras que nada sabían de dirección y no podían discutir con él la actuación de los nuevos nominados a los Asian Film (fue gracias a su padre que se enteró de la nominación de Changmin como mejor actor). Jaejoong le había sugerido dejar la escuela e irse a la mansión a cuidarlo en persona para poder hablar con él de todos esos temas, pero su padre se lo prohibió tajantemente.

El ama de llaves llegó cerca de las cuatro de la tarde con la merienda y con mucho disimulo fue que le avisó al pelinegro que su hermano iba llegando en el auto de su padre, que era mejor que se marchara antes de que lo descubriera. No en balde la mujer había trabajado con ellos desde hacía años y sabía de sobra las peleas que el mayor de los Kim solía provocar cuando el menor se encontraba presente. No tuvo más remedio que despedirse de aquel a quien quería tanto, pero le prometió regresar muy pronto. El hombre le dejó ir con renuencia, pues eran esas pocas ocasiones en que el modelo iba a visitarle que podía reír como si en realidad no estuviese enfermo.

Después de eso se había dirigido al hospital, directo a ver cómo le había ido a la pequeña. Fue una enorme sorpresa ver el premio que ganara Changmin el día anterior sobre el pequeño buró al lado de la cama de Lauren. El abuelo de la niña, Park Yoosuk, le había contado que todo había salido muy bien, que los médicos estaban muy optimistas de los resultados. Sobre todo, de la actitud de la niña. Todo parecía indicar que las palabras de Changmin le habían infundido ánimos y ahora estaba dispuesta a caminar, cosa que antes dudaba.

Cuando la pequeña vio a Changmin y este le dio la estatuilla, se había sentido tan emocionada y feliz que ahora aquella descarga de adrenalina había terminado por dejarla dormida hacía relativamente poco tiempo. El actor se había presentado muy temprano en el hospital y se había quedado con la niña hasta la una de la tarde. Una de las enfermeras le había informado que incluso el chico había llegado cargado de juguetes para todos los niños internados en ese hospital.

«¡Increíble pero cierto!» pensó Jaejoong dando vuelta en los pasillos rumbo al salón de clases. Ya se le había hecho tarde y lo peor es que había olvidado por completo hacer la tarea, tendría que perder el almuerzo por tratar de resolverla porque Yoochun aún no llegaba y Boa jamás se la prestaría.

Aquellas palabras que Rain le hubiera dicho en los BIFF aún rondaban por su cabeza. “Una novia”. Lo había pensado toda la noche y no le parecía tan mala idea, el único problema era conseguir una, como ya lo había considerado antes. Iba a tener que levantar una lista mental y barajar sus posibilidades, con su apariencia, tener novia debería ser de lo más fácil. El detalle estaba en que no debía ser de la escuela porque terminaría de pleito tarde o temprano.

«¿Taeyeon? Al fin y al cabo ella dijo que le gustaba… ¡No, pero qué tonterías!» sacudió la cabeza. Esa víbora resbalosa era insoportable, y él no quería pasar por cornudo sin darse cuenta.

Quizá una modelo, aunque eso también era complicado, ya que quien no sufría de bulimia o anorexia estaba involucrada con las drogas. Viendo ahora ese panorama, iba a resultar más difícil de lo que hubiera creído la noche anterior.

Empezaba a sentirse como un adolescente desesperado.



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Había hecho ya casi todos los problemas de la clase de contabilidad, ya sólo le faltaba uno. El salón se encontraba todavía solo, lo que le había dado oportunidad de concentrarse en resolver la tarea, que no había resultado tan difícil. ¿Desde cuándo se había vuelto tan bueno para las matemáticas? Oh sí, ya lo recordaba, desde que ese frío actor le había revelado el resultado de uno de los problemas en plena clase. Se había hecho la firme promesa de no volverse a dejar humillar de esa manera.

El chirrido de la puerta abriéndose le hizo voltear por puro reflejo. Quién sabe cómo le hacía ese ególatra para controlar esos impulsos. Sonrió en grande al ver a Boa acercarse hasta él con manzana en mano, la cual colocó frente a él y sobre la paleta del pupitre.

—Ya que no fuiste a desayunar, el desayuno vino a ti. —afirmó sonriendo.

—Gracias. —le sonrió al tomar la manzana y morderla. Su estómago protestaba de hambre y estaba seguro que no podría aguantar hasta el almuerzo; y todo era culpa de ese infeliz de Changmin, si no hubiera perdido aquella apuesta no hubiera olvidado hacer la tarea.

—Me dio gusto verte en la tv —comentó ella, dándole tiempo conforme el pelinegro terminaba de comer su fruta—, y que hayas visto a tu hermano —Jaejoong dejó de sonreír al recordar al Hyunjoong y todo lo que le hubiera dicho en la premiación—. Muchas revistas sacaron sus fotografías… —metió la mano en su mochila para sacar algunas de las mencionadas, donde el modelo no tardó en hallar una impresión de ambos mostrándoseles abrazados—. Se veían muy bien, los dos. Son tuyas, Jae, sé que te gustaría tenerlas.

Boa sabía de los problemas que tenía con su hermano, así que seguramente había sido una sorpresa para ella verlos retratados de aquella manera tan familiar. Por ello se las regalaba… Ella sabía que sería algo irrepetible, o quizá pensaba que su hermano había cambiado.

—Sí, gracias. —murmuró dejando deslizar un dedo por la fotografía. Si Boa supiera…

Lo bueno es que no le había comentado nada sobre los comentarios de Changmin y suyos que venían en las portadas de algunas de las revistas, aunque otras lo aparecían relacionándolo con Jessica, así que seguro la pelicorto las estaba ignorando.

—Pero, ¿sabes? —la repentina emoción de la chica que buscó pararse frente suyo le hizo olvidar de momento las revistas. Se mostraba animada, tanto como aquella vez en que se hubiera enterado del ingreso de Changmin al colegio. Ojalá no tuviera algo que ver con él…—. Quiero pedirte un gran, gran favor, y quisiera saber si pudieras ayudarme.

—Claro, sólo dime de qué se trata. —cedió mientras guardaba las publicaciones bajo el banco. Hasta que escuchó de qué se trataba el favor, y sus cejas se arquearon con disgusto. Podía ayudarle en lo que fuera, menos en eso.

—¡Por favor, Jaejoong! ¡Por favor! —rogó juntando ambas manos—. Me hinco si quieres, ¡pero por favor! —¿Por qué su amiga tenía que hacerle eso? Precisamente a él.

—No, no y no. —agitó su dedo en negación. No quería ni verlo, menos hablar con él, después de todo, había huido de él después de los BIFF y esa mirada fría que le había dirigido a través de la ventanilla de la limusina de Jessica no le auguraba nada bueno.

—Por favor, habla con él… —suplicó de nuevo, subiendo su rodilla hasta donde el modelo se encontraba sentado, haciéndole separar las piernas. Eso lo puso nervioso. ¿Boa estaba intentando coquetearle?

—No sabes lo que dices, es muy difícil hablar con él. —explicó, pero Boa sólo sonrió.

—No más difícil que callar —Quizá sólo estaba malinterpretando las señales. Después de todo, su relación con la pelicorto había terminado hace año y ahora eran sólo amigos. Sí, tenía que estar malinterpretando—. Por favor, Jaejoong… —El tono lastimero hizo al pelinegro morderse el labio inferior.

—No sabes cómo odio que me hagas esto… —se lamentó, volviendo a hacer sonreír a la chica—. Sí, sí, está bien, hablaré con él —Boa sonrió mucho más, por lo que se dio prisa en aclarar—. Pero sólo voy a recomendarte con Changmin en el remoto caso que me pregunte por algún diseñador. Debes recordar que él no suele desfilar por la alfombra roja, así que aún si decidiera usar tu diseño, puede que ni los reporteros ni los críticos de moda lleguen a verlo.

—Sí, lo entiendo. Gracias, Jae, ¡gracias, gracias! —brincó abrazándolo por el cuello. Jaejoong apenas pudo sujetarla con un brazo, en tanto se sostenía del banco con el otro para que no cayeran ambos por el impulso de la chica.

—No me des las gracias, todavía no hablo con él y tal vez nunca lo haga. —Boa se soltó de su cuello y volvió a levantar la rodilla para situarla en el mismo lugar de antes, mirando al pelinegro fijamente.

—Me conformo con tu promesa. —se sinceró tomándolo por el cuello con ambas manos, y tras hacerle alzar el rostro le regaló un inesperado beso en los labios.

El modelo pudo sentir a la perfección el cálido roce, pero no le preocupó mucho, a veces solían darse besos de ese estilo sin ninguna consecuencia. Era sólo un beso de amigos, sin ningún sentimiento romántico involucrado.

El fuerte eco de un portazo les hizo separarse con brusquedad y girar al frente, pero no había nadie. Sintiendo una extraña agitación en el pecho viró la mirada hasta el pupitre de Changmin sólo para encontrarse con que sus libros ya estaban ahí, no habiéndolo notado por las prisas.

¡Maldición! ¿Changmin los habría visto? ¿Había sido él quien había entrado?

No supo si había sido él o no, pues la puerta no volvió a abrirse sino hasta que el resto de sus compañeros empezaron a llegar. Para cuando el actor entró al aula, el corazón se le aceleró mientras trataba de ignorar la fría mirada que este le dirigió enseguida, pero era más fuerte que él. Giró el rostro involuntariamente, sólo para notar que la mirada del menor seguía clavada en su persona. No supo interpretar esa mirada inquisitiva, tan fría y recelosa. Lo miraba a él, a él y no a Boa, ¿entonces lo miraba así por el modo en que había huido de los BIFF? ¿O era también por haberle visto besando a Boa?

Bajó el rostro ya sonrojado. Si le había visto con Boa, entonces debía estar preparado para la revancha del chico, como ya se lo hubiera advertido. Y si no… ¿si no?… ¿Qué iba a hacer Changmin?

—Chicos, ¿se enteraron? —la voz de Boa le sacó de sus pensamientos. La pelicorto había salido del aula luego de haber hablado con él, nerviosa de ser descubierta por algún maestro, y ahora volvía con noticias… o un chisme, más bien.

Yoochun se acercó hasta el pupitre del pelinegro y se sentó con la silla puesta al revés para escuchar, habiendo sido la primera vez que llegaba al salón antes que el maestro. Jaejoong se hizo el firme propósito de interrogar a su amigo cuando fueran al almuerzo. «Quizá se enojó con su novia» Tendría que averiguarlo. El músico miró de reojo en ese momento, notando que Changmin se mantenía atento escuchando, aunque aparentara que no.

Boa lucía agitada y emocionada por igual, lo que se reflejaba en su sonrisa y el eterno vaivén. Esperaba porque ambos chicos le prestaran atención, pues le gustaba causar drama cuando de alguna noticia importante se trataba, sólo que… Jaejoong no tenía paciencia para seguirle el juego.

—Vamos, dilo ya, aquí nos tienes como tontos esperando y tú sólo ríes como boba. —apuró el pelinegro desesperado. Boa le miró con el ceño fruncido, llevándose las manos a la cintura.

—Si me sigues hablando de esa forma no les digo nada y corren el riesgo de perder todo lo valioso que guarden en su habitación. —Jaejoong abrió los ojos enormes de la impresión y Yoochun se acercó aún más para escuchar.

—¿Hay un ladrón en el colegio? —preguntó el músico, dejando bien marcada su incredulidad.

El colegio en el que estaban era de ricos, era casi imposible imaginarse a alguien robando en él. Se suponía que para poder entrar, primero se verificaba la solvencia económica de los aspirantes. ¿Entonces por qué? ¿Acaso había un cleptómano entre los estudiantes?

—Así es. —la pelicorto se sentó en su pupitre para contarles a modo más confidencial—. Vengo en la oficina de Seohyun y me ha contado que en la última semana se han levantado siete quejas de extravío de objetos de valor y dinero en algunas habitaciones del primer y segundo piso. Al parecer el ladrón se cuela por las noches en los cuartos, mientras todos duermen, y roba lo que encuentra en los cajones. También parece que sabe quién tiene y quién no, por lo que piensan podría ser un estudiante.

—¿Y qué piensan hacer para detenerlo? —Jaejoong no daba crédito a lo que sucedía.

—De momento se va a solicitar que las puertas de las habitaciones se cierren cuando salgan, y están estudiando la posibilidad de poner cámaras de video por los pasillos. —aseguró ella, y Yoochun arrugó el ceño. Jaejoong le miró y sonrió por reacción. De esa forma su amigo ya no podría salir por las noches para ver a su novia, se darían cuenta que entraba a su cuarto y no salía hasta la madrugada. Aunque eso también implicaba que ya no habría maratones en la sala de estar.

—Nos van a arruinar la diversión nocturna —Jaejoong hizo un puchero—. Ojalá encuentren a ese ladrón antes de que pongan esas cámaras por los pasillos.

La puerta del salón se abrió y todos volvieron a sus lugares al ver al maestro entrar al aula. Y tal como Boa se los había adelantado, éste no tardó en solicitarles el que cerraran las puertas para evitar los robos, llevándose buena parte de la mañana en darles un largo sermón sobre la honestidad, olvidando por completo la tarea que tanto trabajo le había costado hacer. Si no hubiera sido por esa mirada fría sobre él y los escalofríos que le producía, quizá se hubiera dormido.



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Era ya la última clase antes de salir a comer, literatura era una de sus asignaturas preferidas y a la que más atención ponía, y esa no habría sido la excepción, si aquel día el sonriente rostro de cierta rubia no se hubiera asomado por la puerta del aula, con su largo cabello rubio deslizándose sugerente sobre las curvas delanteras de su silueta. La mayor parte de los varones no tardaron en empezar a exclamar en admiración, distrayendo incluso la atención del profesor ante el escándalo.

—Disculpe que interrumpa su clase —musitó la chica coqueta, agitando sus largas pestañas para que el maestro sonriera amplio y complacido—, pero me urge hablar con Kim Jaejoong. ¿Le puede dar permiso para salir?

Jaejoong alzó la vista de su libro al sentir el codazo de Yoochun a su costado, había estado tan concentrado en su lectura que ni se había percatado de la interrupción, a lo cual, sus ojos mostraron toda su sorpresa al ubicar a su amiga Jessica en la puerta. ¿Qué quería la rubia como para ir a buscarlo hasta la escuela?

—Por supuesto, señorita Jung —pronunció ligeramente nervioso, con una sonrisa—. Jaejoong, puedes salir. —le indicó al modelo con la mano.

El pelinegro se levantó ignorando la severa mirada de Boa sobre sí, así como la extrañada de Changmin. Los murmullos mientras se encaminaba hasta Jessica no se hicieron esperar, la envidia en la mayoría era notoria, y las preguntas se sentían en el aire: ¿Serán novios? ¿Entonces serían falsos los rumores?

La puerta se cerró y Jaejoong siguió los pasos de su amiga rubia, quien se detuvo justo a mitad de los pasillos de las aulas. A esa hora no había nadie en los corredores, faltando pocos minutos para que se llenaran de alumnos que iban directo al comedor.

—¿Qué sucede, Jessica? —la pregunta fue directa al verla de pie, dándole la espalda—. ¿Tienes algún problema? No es común que vengas a la escuela personalmente, aunque no tengo idea de cómo le hiciste para entrar sin un pase especial, ¿o es que conseguiste uno? —Jessica soltó una carcajada que resonó por todo el pasillo.

—Los hombres son todos iguales —murmuró girándose para verlo—. Les guiñas un ojo, les pestañeas un poco, quizá un casto besito en la mejilla y los tienes comiendo de tu mano.

—¡Vaya forma de conseguir tu pase! —aseveró divertido—. Pero aún no me has dicho a qué has venido.

—¿Has escuchado los rumores? —preguntó Jessica muy seria. Jaejoong parpadeó extrañado. Por supuesto que los había escuchado, si le tenían los nervios de punta. Todos hablaban de una posible relación con Changmin, pese a que otros les desmintieran por haberle visto saliendo de la premiación con ella. No obstante, Sunny ya le había informado (el mismo domingo que él le hubiera llamado) que algunas posibles campañas se estaban tambaleando a causa de esos rumores.

—No me vas a decir que estás creyendo que salgo con Shim Changmin —respondió a la defensiva—. El hecho de que le haya acompañado a los BIFF no significa nada, perdí una apuesta y ese fue mi castigo, que por cierto fue terrible. ¡No lo soporto! —Jessica esbozó una sonrisa triste.

—No me refiero a esos rumores, sino a los míos. —aclaró. La extrañeza acudió de nuevo al rostro del modelo. ¿A qué rumores se refería la rubia? Muchos eran los que sabían que ella salía con cuanto chico quería y siempre que podía, lo hacía público. ¿Qué clase de rumores podrían tenerle así de desanimada?

—No. No he escuchado nada acerca de ti. ¿Qué están diciendo? —preguntó curioso, ya que las revistas que Boa le había dado continuaban todavía bajo su cama.

—Me están relacionando con algunas chicas. —afirmó entre un enorme suspiro. Jaejoong abrió enormemente los ojos ante tal afirmación.

—¡TÚ! —señaló entre carcajadas—. Si eres la chica que más sale con hombres, ¿cómo es posible que se les haya ocurrido semejante tontería? Esos son los rumores más estúpidos que se les haya podido ocurrir. —Jessica no pudo evitar el voltear a verle y sonreírle, aunque su sonrisa no era la de siempre. Era triste, algo que no le gustaba. La rubia siempre era sarcástica y divertida, pero ahora… estaba más que extraña, le hacía sentir mal.

—Sin embargo… esos rumores me afectan, y por eso he venido a pedir tu ayuda. —se acercó hasta él para tomar sus manos, dejándole sentir sus cálidas manos húmedas por el sudor de los nervios; porque no podían ser más que nervios los que le tenían así de extraña.

—¿Eh? —balbuceó sin comprender.

—Sé mi novio. —pidió acortando la distancia, en tanto un tenue rosado asaltaba las mejillas del pelinegro—. No, no seríamos precisamente novios —se apresuró a explicar al notar la expresión de su rostro—. Sería sólo un noviazgo de revista. Yo les digo que somos novios, si te preguntan les dices que sí. Salimos una que otra noche, te quedas en mi casa uno que otro día, no es necesario que haya sexo entre nosotros —negó con una mano sin soltarle el rostro—. Aunque me gustaría. Así los rumores que nos rodean desaparecerían. ¿Qué dices, aceptas ayudarme?

—Pero Jessica, yo no sé mentir… —le recordó no muy convencido. Era una buena idea, Rain le había dicho que lo que necesitaba para encaminar su carrera era una novia, y qué mejor que una de sus viejas amigas en quien confiaba y, sabía, no se sentiría mal a la hora de terminar. Conseguir una novia real iba a ser tardado.

—No estarías mintiendo, seríamos novios, pero de los antiguos, de esos de ‘manita sudada’. Me ayudarías mucho… —musitó triste—. Tenía un gran proyecto en puerta, pero ahora con estos rumores lo han dejado en stand by. En verdad necesito tu ayuda… —Jaejoong pudo ver en esa mirada una súplica que jamás utilizaba. Sabía que no mentía, a pesar de ser actriz, ambos podrían ayudarse mutuamente. ¿Por qué no? Sólo sería por un tiempo, mientras presentaba la audición y le daban un papel que le mandara a Seúl, entonces terminarían oficialmente.

—Está bien. —accedió con cierta seriedad. Si en sus manos estaba ayudarle, lo haría, aunque eso significara meterse en líos con cierto actor que lo creía como de su propiedad.

—¡Gracias, mil gracias, Joongie! —ahogó colgándosele del cuello con suma alegría.

El timbre sonó en ese momento y casi al mismo tiempo las puertas de los salones comenzaron a abrirse, con todos los salones saliendo de los mismos a las prisas. Se sintió nervioso conforme el pasillo empezó a llenarse de chicos y chicas que les dedicaban miradas sorprendidas. Jessica aprovechó el que tuvieran público para plantarle un beso en la boca a su ahora novio, eso serviría para que hubiera más de uno que pudiera confirmar lo que le diría a la prensa.

Fueron dos figuras, una alta y varonil, y otra mucho más bajita, femenina, quienes vieron con enorme sorpresa aquella escena justo a mitad de los pasillos. Jaejoong abrazaba a Jessica Jung mientras se besaban, sin importarles el que todos estuvieran viéndoles.

—Te veré el viernes para que me compenses, como sólo tú sabes, por esta eterna separación… —agregó Jessica conforme se separaba de Jaejoong con una gran sonrisa, sin soltar su mano y dejando a más de uno con los ojos abiertos por tal comentario tan íntimo. Era una buena representación, la rubia se alejaba sin soltarle la mano hasta el último instante, cuando la lejanía se lo obligó; como decirles a todos que no querían separarse, y aquel último comentario sólo lo recalcaba.

—Ah… ajá… —atinó a balbucear nervioso el modelo, mirándola alejarse con la mano todavía extendida, como si quisiera mantener el contacto.

Para cuando giró a ver, sólo alcanzó a notar cómo Yoochun cabeceaba en negativa y se daba la vuelta, al tiempo que Boa se acercaba a zancadas con el ceño fruncido. Si bien, lo que más le preocupó fueron aquellos ojos fríos que le observaban más atrás como si quisieran matarle, aproximándose al igual que la pelicorto, aunque mucho más lento.

No fue sino el fuerte golpe sobre su mejilla lo que le hizo reacción, bajando la mirada para notar a la pelicorto cuyos ojos se veían extrañamente vidriosos.

—Boa… ¿por qué me pegas? —Pero la chica le pasó de lado sin dirigirle ni una palabra. Jaejoong se giró para seguirla, con Changmin justo detrás de ambos—. ¡Boa, espera! ¿Qué te dice para que me golpearas así?

—¿Cómo te atreviste, Jaejoong? —masculló ella sin detenerse—. ¡Besarte en medio de todos con esa promiscua! —Jaejoong se sintió molesto de golpe, no midiendo sus palabras cuando se preparó para defenderla.

—¡No te atrevas a hablar así de mi novia! —Quizá no lo eran en verdad, pero no permitiría que nadie insultara así a su amiga.

Boa se detuvo de golpe, volteándose para verlo. Las lágrimas comenzando a resbalar por su rostro, pese a que Jaejoong sólo miró de reojo el cómo Changmin avanzaba más rápido hasta ellos, pasando por un costado y perdiéndose en las escaleras del ala Este. Quizá sabiendo que Jessica era su novia, le dejaría en paz.

—¿Tu novia, dices? —cuestionó la débil voz entre quedos sollozos. Jaejoong regresó la vista a su amiga empezando a sentirse mal, jamás le había gustado ver a una mujer llorar, y mucho menos que esta fuera Boa. Tampoco le gustaba gritarle a las chicas, pero el que su amiga atacara a la rubia no le había simpatizado, pues ella no sabía los motivos por los que se comportaba así. No tenía derecho a prejuzgarla.

—Sí. —respondió más suave.

—Pero ella no… —empezó, pero se interrumpió de golpe frunciendo el ceño y apretando los puños—. ¡Jaejoong, te odio! —gritó un segundo antes de salir corriendo para adentrarse al baño de chicas.

Él se quedó de pie sin saber qué hacer. ¿Por qué Boa reaccionaba así? Si ellos habían dejado de ser novios precisamente por esos arranques de celos… ¡Celos! No, no era posible que Boa siguiera enamorada de él. ¿Cómo no se había dado cuenta? Las miradas de rabia, esa forma de ser tan posesiva con él, esas sonrisas cuando estaban juntos, la mirada dulce con la que le veía y los besos que en supuesto, eran de ‘amigos’.

—Sí que eres idiota, Kim Jaejoong —susurró para sí mismo, dándose un golpe en la cabeza. Su mejor amiga y ex novia seguía enamorada de él, y ni cuenta se había dado. De haberlo sabido, desde hace mucho hubiera hecho algo para remediarlo—. ¿Pero qué puedo hacer si no he logrado quitarme de encima a ese otro problema? —resopló suspirando, de camino hasta el comedor mientras ignoraba aquel ardor en la mejilla.

«Pero me lo tengo bien merecido, no por haber besado a Jessica, sí por no haberme dado cuenta de los sentimientos de Boa»

Ahora tenía más problemas que antes. Uno: Era novio de Jessica sin serlo y él no sabía mentir, así que a ver cómo manejaba a los medios, porque sería mejor entre menos hablara. Dos: Boa seguía enamorada de él y era imposible que pudiera corresponder a tal sentimiento. Y  tres… ¡TRES, CHANGMIN! ¡Dios, el punto tres era el que más le preocupaba!



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Dentro del baño de mujeres sólo podían escucharse los sollozos de la pelicorto. Todas las chicas habían salido, dejándola sola. Jaejoong se había hecho novio de la chica a la que más detestaba. Desde que salían juntos, siempre se había sentido celosa de la cercanía de esa chica para con el pelinegro, aunque Jaejoong le había aclarado que sólo eran amigos, no podía evitar que los celos se apoderaran de ella cada vez que les veía juntos en revistas o televisión. Y a final de cuentas, esos celos que le profesaba habían terminado con la relación.

«Y ahora con esto» se dijo conforme apretaba con fuerza los puños sobre las baldosas del piso donde se había sentado para ocultar su rostro, mojado por las lágrimas, entre sus piernas. «Esto termina por hacerme notar que jamás lograré que Jaejoong se vuelva a interesar en mí»

—Te odio, Kim Jaejoong… —pronunció entre balbuceos producidos por el llanto contenido.

—Deberías odiarte a ti misma y no a ese idiota que tienes por amigo…

Boa levantó la vista asustada. Había pensado que estaba sola en el baño de mujeres, por lo que se sorprendió al ver de pie delante de sí a aquel modelo, amigo de Jaejoong. No entendía qué hacía ahí dentro, o cómo es que había logrado colarse, pero no quería verlo… No quería ver a nadie.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Vienes a burlarte de mí? ¿O es que quieres fotografiarme en este estado? —masculló mostrando su rostro lloroso.

—Y ya le tengo el título —Yunho se cruzó de brazos, mirándola desde su altura—. Derrota.

—Eres un idiota. —replicó furiosa, volteando el rostro para volver a esconderlo entre sus piernas.

—No, la idiota eres tú —El rostro de Boa enrojeció por sus palabras, girando de nuevo para verle—. Jaejoong no es el único ser sobre la Tierra para que te obsesiones con él. Se hizo novio de una rubia que cambia de novio como de calcetines… pues bien por él. Sabes de antemano que esa relación acabará mal, y en lugar de alegrarte porque sabrá que ha tenido todo el tiempo a una buena chica cerca de él, te pones así. Eres más boba de lo que pensé.

—¡Yunho! —ahogó más sorprendida que molesta por aquellas palabras.

—Sí, eres boba. Hay más peces en el agua, ¿y tú sólo te fijas en una simple trucha habiendo salmón? —Boa se levantó del suelo secando sus lágrimas con el dorso de la mano, acercándose hasta el modelo con una sonrisa en los labios.

—¿Estás comparando a Jaejoong con una trucha y a ti con un salmón? —cuestionó algo divertida, lo que causó que Yunho retrocediera asustado y su rostro enrojeciera.

—¿A mí? ¿Quién habló de mí? —evadió nervioso, logrando que la sonrisa en el rostro de la pelicorto incrementara, caminando con las manos tras la espalda hasta la salida del baño, no sin antes voltear un poco divertida, sonriéndole de forma amplia y sincera.

—Tú.

—No, yo no estoy hablando de mí, pero sí estoy hablando de ese alíen y estoy hablando de ti. Siempre he creído que eres muy fuerte, más como para dejarte derrotar por esa rubia. Si pudiste soportar toda la semana pasada mi sarcasmo sin decirme nada, podrás soportar unos cuantos días a ese tonto modelo con esa actriz. —explicó, mirando el cómo la chica abría la puerta disponiéndose a salir con una sonrisa en los labios.

—Gracias, Yunho. Jamás creí que fueses capaz de levantarme el ánimo y hacerme ver el mundo de otra manera. —afirmó antes de salir muy tranquila, ignorando al grupo de chicas que entraron después y gritaron al encontrarse al joven dentro del sanitario. Boa sólo sonrió más, girándose a tiempo para ver al modelo salir corriendo siendo golpeado por libros, manos y mochilas con vanos intentos de defenderse usando sus brazos como escudo.

No cabía duda que el salmón era interesante y muy atractivo…



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Estaba preocupado, mucho muy preocupado. Haberse hecho novio de Jessica le iba a causar demasiados problemas, lo sabía bien, pero ya no había más qué hacer. Al entrar al comedor se había ido a sentar con Yoochun y Hangeng, pensando que Boa no llegaría para comer con ellos, pero se equivocó: la castaña se había presentado pidiéndole disculpas por lo ocurrido y deseándole suerte con la rubia, lo que de por sí lo había desconcertado. Quizá ella no estaba enamorada de él como había creído, y sólo estaba molesta porque sabía que Jessica le haría daño… si estuviera enamorado de ella, cosa que no era así.

Yoochun le advirtió en un tono casual que lo pensara mejor, ya que la relación con la rubia no le dejaría nada bueno, y que si sólo lo hacía por acallar los rumores que había visto en los programas de chismes y los diarios del domingo, había tomado la peor decisión. ¿Cómo sabía Yoochun que ese había sido el motivo real para hacerse novio de Jessica? Prefirió no responder y seguir con su plato, si bien su vista no resistió girar al frente para buscar a Changmin, cuya presencia no parecía estar en el comedor. ¿Dónde diablos se habría metido?

«Quizá estando nominado a los Asian Film lo veré menos en la escuela» consideró entre pensamientos, sólo para suspirar con alivio.

El resto de la comida se la pasó en un tenso silencio, hasta que llegó Yunho. El alto modelo se dedicó a recitar todas las columnas de chistes de los diarios entre carcajadas, contando lo que decían de Jessica, de Jaejoong y hasta de Changmin, hasta que Hangeng le arrancó el diario de las manos y lo hizo pedazos. Por un momento eso pareció disgustar a Yunho, tan sólo para notar que ellos le veían igual o peor.

—Lo lamento. —se disculpó sincero, despidiéndose para ir a buscar al maestro del taller de fotografía.

Jaejoong se despidió sintiéndose incómodo entre sus amigos, quienes no aceptaban su relación con Jessica, algo que le parecía injusto. Él tenía derecho a escoger a la persona con la que quería estar, y en esos momentos era su rubia amiga. Más por conveniencia que por amor, pero eso de momento no podía decírselos. No sabía si no la querían porque creyeran en los rumores o porque sabían que ella terminaría poniéndole los cuernos en cualquier momento, pero tampoco se animó a preguntar.

Lo que de antemano sabía era que esos rumores eran una vil mentira. Aún no veía con detenimiento las revistas que Boa le había dado, pero según había podido enterarse por Yunho, los rumores sobre Jessica surgieron cuando a Im Nana le robaron su celular y obtuvieron fotos comprometedoras de la excéntrica millonaria con algunas chicas, incluyendo a la actriz. Aunque eso no quería decir nada, a Nana ya la habían relacionado antes con mujeres, más no a su rubia amiga, y en todo caso bien podrían ser fotos truqueadas.

Terminó por decidirse ir al bosque a estudiar el libreto para la audición, que se llevaría a cabo a finales de la siguiente semana, mientras llegaba la hora de entrar al taller. Lo mejor era dejar de pensar en los problemas que iba a causarle el ser novio ficticio de Jessica, total, él podía ser novio de quien quisiera, no tenía ningún compromiso con nadie por más que el actor insistiera en creer que era de su propiedad.

Pensativo, avanzó hasta el árbol había llegado a discutir ya algunas veces con Changmin –Prefería pensar en las discusiones y no en lo otro– y se sentó para disfrutar de la sombra y el fresco del lugar. Era tranquilo, y le permitiría estudiar con mayor libertad que estando en su habitación. Estar allá le recordaba lo que Boa les había contado sobre el ladrón, y lo que menos quería ahora era distracciones.

Comenzó a actuar el personaje de Danny y a tararear sus canciones. Actuar era su mayor pasión, lo haría toda la vida una vez le dieran un papel en la obra. Dejaría la escuela, se mudaría a Seúl y vendría a Busán tan seguido como pudiera para ver a su padre. Era una lástima que su estado de salud le impidiera viajar para que le viera actuando.

«Estoy seguro que obtendré un papel»

Interrumpió de pronto la canción cuando distinguió la clara sombra de una persona por sobre el verde pasto que se agitaba con el ligero viento. Jamás se le había ocurrido voltear hacia las ramas de la parte alta del árbol. Levantó la vista y, ahí, recargado en un grueso tronco y sentado sobre una rama, estaba su mayor tormento.

—¡Changmin! —le gritó, pero el actor ni siquiera se movió de su lugar, cual si no le hubiera oído. O eso pensaba, hasta que habló.

—No sé por qué te detuviste, cantas bien. Me entretenía la canción mientras veía unas cosas. —No lo pretendió, pero Jaejoong se alegró de escucharle afirmar aquello, pese a no ser la primera vez que lo hacía, oírlo de nuevo le brindaba toda esa seguridad que necesitaba para cantar en la audición. Y… ¿desde cuándo le tomaba tanta importancia a las palabras de ese tipo? Se mordió el labio inferior.

—No voy a hacer de radio para tu entretención. ¿Por qué no me dijiste que estabas ahí arriba? —bufó medio enfadado, pues el anterior elogio del menor le había quitado la molestia y es que por más que se repetía que eso no debía importarle… ¡le importaba! ¡Y mucho!

—Parecías muy concentrado, no quise interrumpirte. —se encogió de hombros. Jaejoong apretó los puños mirando hacia arriba.

—Sí claro, lo único que hacías era espiarme. ¿Me seguiste? —inquirió sintiéndose enfadar de nuevo. Aquello que había pensado al huir de los BIFF, que se estaba enamorando del actor, era una tontería. No podía estar enamorado de alguien tan arrogante y frío, que no se dignaba a bajar para hablar de frente con alguien.

—Yo no. ¿Lo hiciste tú?

—Ni siquiera sabía que estabas aquí. Como no comiste, pensé que estabas en alguna promoción a tu película, con eso de que estás nominado para los Asian Film. —afirmó sincero. Hubiera deseado no mencionar lo de los Asian Film, porque hacerlo era recordar los BIFF.

—Ah, te enteraste. —comentó tan despreocupado, que si no fuera porque sabía lo importante que era ganar ese premio para poder declararse gay, creería que le estaba hablando del clima.

—Mi padre me lo dijo ayer por la mañana —aseguró. Changmin se enderezó en su lugar para verlo desde arriba—. Él cree que mereces ganar, aunque si supiera por qué quieres hacerlo creo que sería el primero en decirles a los de la academia que no te lo dieran. —aseveró sin verlo. Sólo recordaba una breve conversación con su padre sobre el actor, misma que se había encargado de cambiar con rapidez.

—¿Por qué no deberían dármelo? —preguntó bajando del árbol de un salto, e hincándose a su lado para quedar frente al pelinegro. Este parpadeó nervioso al encontrarse reflejado en esa profunda mirada, tan fría y llena de algo que no alcanzaba a comprender.

—Mi padre te admira mucho y piensa que deberías seguir actuando hasta que seas un anciano y mueras —explicó sin romper el mutuo miramiento—. Aunque yo desearía que lo último fuera primero.

—Pero eso no sucederá tan pronto —le restó importancia—, y ya que hablamos de los Asian Film… —le tendió algo que traía en mano, y Jaejoong lo tomó sin entender—. Necesito que me ayudes a escoger un traje para la ceremonia. Tengo que estar más que presentable para esa ocasión.

—Pues si lo que quieres es llamar la atención, deberías vestir de terciopelo morado, camisa amarilla y zapatos blancos. —respondió por demás irónico. Tenía ganas de levantarse, no le gustaba sentirse vulnerable estando sentado tan cerca del menor, aunque era probable que si lo intentaba el chico trataría de impedírselo, y si llegaba a tocarle no tenía idea de cómo reaccionaría a su tacto.

—No le voy a copiar el atuendo a G-Dragon. —enarcó una ceja, y Jaejoong se molestó al acto por el comentario, pese a que tuviera razón. G-Dragon solía vestir por demás extravagante. Entonces recordó la promesa hecha a Boa, era la oportunidad que tenía para recomendarla. No quería hacerlo, pero una promesa era una promesa y la oportunidad venía servida en bandeja de plata.

—Yo no suelo escoger mis ropas, siempre hay alguien que lo hace por mí. Aquí en la escuela, lo hace Boa. ¿Por qué no le solicitas a ella que te haga un traje? Tiene muy buenas ideas, estoy seguro de que no te decepcionaría. Esta mañana me hizo prometerle que te lo diría, y yo no iba a hacerlo a menos que tú preguntaras y…

Changmin le robó las palabras de la boca cuando le arrebató con violencia la revista de las manos, arrojándola al suelo. Se acercó a él con un aura intimidante, haciéndole retroceder hasta el tronco del árbol para cercarlo con sus brazos y cuerpo, sin darle oportunidad a moverse ni un ápice. Su corazón latió a toda prisa, sintiendo la boca secársele y un conocido calor comenzar a recorrerle el cuerpo. Esa cercanía le ponía la piel de gallina, y ni siquiera sus cuerpos se habían rozado… ¿Y ahora que le estaba pasando?

—¿Por eso la estabas besando? —¡Entonces sí era él quien les había visto! Sintió que la garganta se le cerraba, con su corazón martilleando dolorosamente dentro de su pecho al momento en que las manos del actor le tomaron por la barbilla. ¡No, no podía permitirle que le besara! Se quitó el agarre contrario de un movimiento brusco, colocándose de pie. Changmin le imitó, parándose también.

—Sólo era un beso de amigos. —aseguró bajando la vista para no sentirse perder en la profundidad de esa mirada. Sólo hasta que sintió la mano del actor cerrarse sobre su barbulla para obligarle a verle a los ojos, con la mano libre anclándose contra el tronco del árbol, cercándole una de las posibles salidas.

—¿Y el de Jessica también era un beso de amigos? —Jaejoong tragó saliva nervioso, no pudiendo despegar la vista de la contraria. Se sentía descubierto, como si Changmin pudiera leer en su interior, como si con sólo verle pudiera saber todo lo que ocultaba. Lo vio acercarse con lentitud hasta sus labios, pero su cuerpo se negó a moverse. Su cerebro gritaba y exigía que se moviera, que evitara que el chico le besara, pero algo en su interior aún se negaba.

—¡No! —clamó por fin, desviando el rostro para evitar que el roce entre sus bocas fuese concretado. Alzó los brazos para empujarlo y tratar de regresar al colegio. Era más seguro estar dentro que afuera, a solas con él. Sólo que, una fuerte mano cerrada sobre su muñeca le impidió escapar.

Fue otro cuerpo el que lo arrinconó contra la rasposa corteza. Changmin había vuelto a cercarlo, restregando su pecho contra el suyo para evitar que fuera a moverse. Se sintió estremecer ante la intimidad de sus cuerpos, por esas manos que descargaban placenteras descargas por todo su ser, hasta que los labios del actor llegaron a los suyos, obligándole a abrirlos para introducir su lengua, saborear su interior y beber de ellos.

No quería responder, quería alejarlo de él, pero su cuerpo se negaba a responder. Sus brazos se habían alzado en un intento por empujarlo de nuevo, pero Changmin había aprovechado para abrazarle contra sí e intensificar el beso, deslizando sus manos por la espalda del modelo de camino a levantar el saco y moverse por arriba de la delgada camisa blanca del uniforme. La lengua del menor le recorría con maestría, robándole el aliento y nublando sus ideas, consiguiendo que olvidara incluso el lugar donde se encontraba.

—He de borrar los besos de otros con los míos, te lo he advertido muchas veces, y esta vez no me vayas a decir que no te besaste con ellas porque te he visto hacerlo dos veces esta mañana… —lo escuchó susurrar al separarse de sus labios hinchados para recuperar algo del aire que ya les hacía falta. El pelinegro entreabrió los ojos procesando las palabras del más chico. Sí, sabía que iba a tomar revancha y sin embargo, no le importaba.

Sintió los labios de Changmin de nuevo sobre los suyos, urgiéndole a abrir la boca para introducir su lengua nuevamente. No quería dejarse, su cabeza gritaba ordenes una y otra vez, pero su cuerpo se negaba a obedecer y deshacerse de aquello que le causaba tanto placer. Las manos del actor se habían separado de su espalda para comenzar a recorrer el bien formado cuerpo del modelo, primero con lentitud, acariciando el dorso sobre la camisa y bajo el saco del uniforme, para terminar sacándole la camisa y la playera del pantalón, acariciando de forma maestra su espalda, pecho, y llegar hasta las tetillas erizadas por el tipio contacto sobre ellas.

—No, basta… —escapó de los labios de Jaejoong la ligera protesta producto de su subconsciente, pues su consciente ya se encontraba más que rendido, como aquella noche en el baño del Commodore Busan Hotel.

Como era de esperarse, Changmin no hizo el menor caso y continuó torturando con los dedos aquellas pequeñas protuberancias sensibles al tacto, pellizcando y masajeando con lentitud, arrancando de los labios de Jaejoong pequeños y ahogados gemidos. Era el modo en que las manos del actor se entretenían en su pecho, en tanto su boca viajaba con toda sensualidad la extensión de su cuello deslizándose, besando, acariciando y mordiendo al mismo tiempo.

No supo en qué momento las hábiles manos del más chico le habían abierto la camisa, permitiendo el paso libre de su lengua por su pecho, directo hasta aquello que acariciara antes con sus dedos. La oleada de placer asoló por completo su cuerpo cuando aquel húmedo músculo acarició y chupó una de sus tetillas, haciéndole reaccionar.

—¡Basta! ¡Ya basta! —exigió sintiendo cómo su miembro endurecido comenzaba a moverse dentro de sus pantalones. Pero sus palabras, desesperadas, no hacían mella en el actor, quien no parecía siquiera escucharle. Era sólo su respiración acelerada chocando contra su piel, más ni una sola palabra proveniente de sus labios. No podía negar que disfrutaba esa dulce tortura a la que se encontraba siendo sometido, pero tampoco podía evitar recordar aquellas duras palabras que Changmin le dijera días antes.

“No siento nada por ti, ni por nadie”

—Te deseo… —siseó el actor entre jadeos—. Sé mi amante, Jaejoong…

—No… —murmuró entrecortado.

—Si no lo eres ahora, lo serás más tarde —Sí, lo sabía, pero iba a ser tarde. Esas frías palabras le devolvieron los pies a Tierra—. Si no hubieras huido, a estas horas ya hubieras sido mío. Sé mío ahora…

Respiró profundo tres veces antes de poder alzar los brazos y empujar a Changmin con un rudo movimiento. El fuerte empujón tomó al menor por sorpresa, quien perdió el equilibrio y cayó directo al suelo. Jaejoong sonrió amplio, colocándose a los pies del chico mientras éste sólo alzaba la vista para verle, apoyándose en los codos para incorporarse un poco.

—El día en que el infierno se congele —ladeó su sonrisa socarrona—, o cuando aceptes darme tu corazón… Cuando ocurran cualquiera de las dos, ese día aceptaré ser tu amante. —Changmin guardó silencio, observándolo, pero el pelinegro no le esperó.

Se dio la media vuelta dispuesto a largarse a su taller lo más rápido que pudiera, hasta que la fuerte mano del actor le detuvo por el pie haciéndole caer de bruces al suelo. Giró a verle mientras luchaba por soltarse del agarre. Su cuerpo aún ardía por lo ocurrido escasos momentos antes.

—¿Y ahora qué diablos quieres? —masculló molesto, jalando sin cesar su pierna sin conseguir soltarse. Su corazón latiendo a toda prisa y su cuerpo transpirando, tampoco ayudaban mucho.

—Escucha, Jaejoong —comenzó mirándole fijo—. Te doy mi permiso para exhibirte con Jessica como tu novia, de antemano sé que no hay y jamás habrá nada entre ustedes, sólo es un truco publicitario. Pero nadie más, ¿entendiste? —Jaejoong le miró molesto, jaló su pierna de brusco movimiento consiguiendo soltarse, poniéndose de pie de un salto para mirarle con el ceño fruncido.

—¡No, el que debe de entender eres tú! —gritó en tanto Changmin también se levantaba, sacudiendo sus ropas—. ¡YO NO SOY NADA TUYO! Maldito infeliz, por lo mismo no necesito de tu permiso para nada. Puedo salir con Jessica, con Luna, con Boa o con la misma Taeyeon si ese es mi gusto.

No pudo seguir hablando aunque quisiera. Fue el fuerte e inesperado agarre sobre su brazo el que lo llevó directo contra la figura del actor, quien le tomó de la barbilla con su otra mano para plantarle un beso fugaz en los labios.

Ese contacto ardiente le hizo saltar el corazón del pecho, lo que lanzó otra fuerte sacudida a todo su cuerpo. No obstante, terminó demasiado rápido.

—Sólo con Jessica. Y ahora vete, o llegarás tarde. —Changmin lo soltó de la barbilla, empujándolo con el brazo del que le hubiera tenido sujeto.

El pelinegro, sintiendo su rostro enrojecer, se giró y salió corriendo al interior de la escuela, sacudiendo y arreglando sus ropas tan veloz como podía. Estaba enojado, muy enojado. No necesitaba del permiso de Changmin para tener a Jessica como su novia. Pero no entendía, ¿por qué le molestaba que fuese novio de la rubia? Un momento… Él había dicho “Sé que no hay y jamás habrá nada entre ustedes”. ¿Cómo lo sabía? ¿Era tan obvio que no sentía nada por ella? No, era probable que Changmin se enterara por algún lado. Quizá el representante de la rubia le había comentado a Rain y este le había dicho al actor. Eso iba a ser muy difícil averiguarlo. Aunque eso de que jamás habría algo entre ellos, eso sí no tenía forma de averiguarlo, y sin embargo Changmin había sonado muy seguro al decirlo.

¿Por qué diablos Changmin estaba tan seguro de que jamás habría algo entre Jessica y él?



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Eran pasadas las cuatro de la tarde, el taller de danza iba apenas en su primera hora cuando una de las secretarias de dirección abrió la puerta y empezó a buscar con la vista al maestro. Apenas lo ubicó se acercó a él para darle un recado, tras el cual él puso de pie para llamar a Jaejoong.

—Jaejoong, tienes una visita en la sala de prensa, vístete para que vayas a atenderle. —le indicó.

El mencionado se sobresaltó ante la noticia. No era común recibir visitas en el colegio en horas de clase, estas frecuentemente se hacían los fines de semana y si eran entre semana, era porque algo grave había ocurrido.

Se apresuró en colocarse el uniforme y salir corriendo hasta la sala de prensa, su hiperactiva imaginación hacía estragos en su mente, desde algo que pudiera haberle ocurrido a su padre, hasta el que toda su familia hubiera muerto. Otra fantasía era el que hubieran descubierto lo que ocurría con Changmin y vinieran para interrogarle sobre el actor. Deseaba que no.

Agitado por llegar casi corriendo, se detuvo delante de la puerta, prácticamente transpirando. Intentó recuperar el aliento, tranquilizarse, y cuando creyó lucir lo bastante presentable, abrió.

De espaldas a él y con la frente a la ventana se encontraba un hombre alto y delgado, vestido muy elegante, con las manos cruzadas tras su espalda. Al escuchar la puerta abrirse éste se volteó de lleno exponiendo su rostro. Los ojos oscuros de Jaejoong se abrieron en sorpresa al ver frente a sí a su hermano, a Hyunjoong; su corazón se aceleró de golpe, su boca se secó y las piernas amenazaron con dejarle caer. ¿Es que le había pasado algo a su padre?

—¡Hyung! ¿Le pasó algo a papá? —su voz sonó temblorosa, sin animarse a dar un paso por temor a caerse. Hyunjoong sonrió ante el sufrimiento de su hermano.

—No. —respondió seco, haciendo que el alma le volviera a Jaejoong y suspirara de alivio. Así, cerró al fin la puerta para ver qué se le ofrecía a su hermano al ir al colegio.

—Qué alivio, por un momento pensé que le había ocurrido algo… —confesó sonriéndole de manera luminosa—. Es una agradable sorpresa el que estés aquí. ¿Puedo saber a qué has venido?

El que su hermano estuviera ahí ahora, delante de él, le daba una profunda felicidad. Siempre que había ido a verle al colegio había sido acompañado de su padre, y sólo porque éste le obligaba. Las palabras que le hubiera dicho en la premiación las había dejado ya en el olvido, no le importaban, él le había abrazado y ese gesto borraba todo lo malo que hubiera sucedido después.

—Claro, ‘hermanito’ —sonrió cínico, de la misma forma en la que solía sonreírle cuando estaban en casa y su padre andaba cerca—. Papá está bien, por ahora —el corazón de Jaejoong se sobresaltó de nuevo—, pero si sabe que peleamos puede ponerse mal de nuevo y mandarlo al hospital con otro infarto que esta vez sí puede matarlo.

—Pero nosotros no hemos peleado, ni vamos a pelear. —aclaró viendo fijamente a los ojos de su hermano. Había algo en esa mirada que le asustaba, esa maldad que siempre veía en sus ojos cuando estaba a punto de golpearlo cuando eran niños.

—Tienes razón, no vamos a pelear —Hyunjoong volvió a sonreír de esa misma extraña manera, dando un paso hacia el modelo en tanto deslizaba una de sus manos por entre su cabello—. Resulta ser que necesito un favor de tu parte. —mencionó, provocando que Jaejoong sonriera.

—Claro, hyung. Si está en mis manos cuenta con él. —afirmó emocionado. Hyunjoong jamás le había pedido favores, era la primera vez en toda su vida que lo hacía, lo que quería decir que quizá por fin, ¡por fin! Hyunjoong lo veía como a un hermano y no como al ‘recogido’, como solía decirle.

—Claro que está en tus manos —sonrió aún más al notar la expresión de niño en aquel rostro pálido, tan llamativo—. Sólo tú puedes salvarme de los hombres con los que he apostado —La sonrisa de Jaejoong se borró por completo de su rostro—. Ahora sí fue una suma grande y si no pago me van a matar, y ya sabes que si algo me pasa papá también puede morir, así que… —Fue acercándose más hasta Jaejoong, tomándolo por la barbilla sin borrar aquella sonrisa cínica que había aparecido desde la llegada del pelinegro a la sala de prensa—. Vas a cederme todas las propiedades que papá te dio. Propiedades que son legítimamente mías.

Jaejoong se sobresaltó y retrocedió alejándose de su hermano. Ese había sido el motivo del pleito que habían tenido y por el cual su padre había tenido el infarto que lo mantenía postrado en cama desde hacía tres años. No podía hacer lo que Hyunjoong le pedía, se lo había prometido a su padre y no podía traicionar su confianza. Conocía de antemano de los vicios del chico y sabía, en cuanto tuviera las propiedades en sus manos las apostaría y perdería. No podía cedérselas, aun y cuando dijera que estaba en peligro su vida. Una promesa era una promesa y no estaba dispuesto a romperla.

—Sabes que no puedo hacer eso, hyung… —La mirada de Hyunjoong centelló con furia, pero no podía, no debía y no quería hacerlo.

—Esas propiedades no te pertenecen. ¡Tú no eres un Kim, papá debió dármelas a mí, soy su único hijo! Tú sólo eres basura… —Cada palabra iba cargada de un infinito desprecio, y con cada paso que daba hacia el pelinegro éste retrocedía—. Tú eres un recogido, no mereces llevar el apellido de nuestra familia. Desde que llegaste a la casa me has arrebatado el cariño de papá y no conforme con eso también me quitaste el dinero que por derecho me pertenecía…  —conforme iba arrinconando a Jaejoong, Hyunjoong llevó ambas manos contra el cuello de su hermano, quien alzó las manos intentando que le soltara, sin embargo, la furia del mayor era demasiada; comenzaba a ahogarle.

—No, hyung… Papá te quiere, ¿cómo no ha de querer a la sangre de su sangre? Yo jamás te arrebaté nada… —sus palabras se cortaron cuando Hyunjoong apretó más fuerte.

—Si no has de cederme esas propiedades, entonces te quitaré del camino como debí hacerlo aquella vez en la alberca, o cuando cubrí tu cara con la almohada. Si no hubieras existido ahora sería yo el único dueño de esas propiedades y del cariño de papá.

—Hyung… me estás… ahorcando… —logró pronunciar a duras penas, luchando por soltarse. Hyunjoong siempre había sido cruel con él desde niños, jamás le había querido, siempre que podía le golpeaba, aunque en partes donde se no se notara, para que su padre no le regañara. Hyunjoong sabía bien que un golpe visible en su cuerpo era menos dinero en la cuenta familiar—. No… hyung…

—Regrésame mis propiedades y te dejaré vivir. —aseveró soltándolo de golpe, a lo que Jaejoong cayó al suelo tosiendo,  luchando por recuperar el aire perdido mientras sobaba su cuello. No obstante, su hermano se dio prisa en tomarlo por las solapas del saco para levantarlo, sólo para dejarle caer el puño cerrado en el estómago, robándole el poco aire que aún conservaba.

Aquello volvió a mandarlo al suelo, a ojos cerrados. Cómo recordaba esas palizas que su hermano le daba. Por eso no le gustaba ir en verano o navidad a la mansión Kim, Hyunjoong siempre le recibía con puñetazos en el estómago, y cuando le pedían que bajara a cenar prefería no hacerlo para no tener que mentirle a su papá. Jamás había acusado a su hermano de esos golpes. Siempre que su padre le veía quejándose con la mano en el estómago era Hyunjoong quien le decía que a su hermano le dolía el estómago y era mejor dejarlo descansar, nadie se enteró jamás del odio que el chico sentía por él, hasta el día de la pelea que mandó a su padre al hospital.

Hyunjoong volvió a levantarlo del suelo y él, como en ocasiones anteriores, no metió las manos para defenderse de los golpes. Se sentía demasiado culpable de la antipatía que el mayor sentía hacia él, de ese odio que tanto le profesaba, y el único modo de disminuir esa carga, era dejándose golpear…

—Te odio, ¡te odio! —resolló descargando sus puños sobre el estómago del pelinegro, quien apretaba los dientes aguantando el dolor que aquello le causaba—. Devuélveme lo que es mío o papá se enterará de esto y posiblemente vaya al hospital por tu culpa, como la última vez. Y si muere será tu culpa, sólo tu culpa.

Jaejoong cayó sobre la enorme mesa de fina madera que adornaba la sala de estar, ya no tenía fuerzas para levantarse, Hyunjoong siempre había sido más fuerte que él, siendo sus golpes en extremo dolorosos. El mayor se colocó encima suyo y dejó caer una fuerte cachetada sobre su rostro. Con lo blanca que era su piel, el enrojecimiento se haría por demás notorio.

—¿Vas a firmar esa sucesión de propiedades? ¿Vas a darme todo lo que me quitaste? —siseó alzando otra vez la mano, en tanto tomaba fuertemente a Jaejoong por el cuello. Este abrió los ojos para ver la figura de su hermano sobre él con el sabor metálico de la sangre inundándole la boca, la bofetada había sido tan intensa que seguro había reventado algo en ella. Sin embargo, movió la cabeza en negativa y apretó los ojos esperando sentir el siguiente golpe. Estaba demasiado cansado y adolorido, rogaba que esto terminara pronto.

Por ello, el sonido de un fuerte golpe y la liberación de su cuerpo le tomaron por sorpresa. Cuando abrió los ojos, se encontró con la espalda de una alta figura que, al parecer por el cuadro frente a él, había retirado a Hyunjoong de sobre él dándole un buen golpe para mandarlo de lleno al piso, dejándole un labio reventado.

Una leve sonrisa acudió a su rostro cuando pudo reconocer aquella figura que se acercaba a él para levantarlo y preguntarle en un preocupado tono si se encontraba bien. Sólo había podido asentir con la cabeza, pues las palabras no salían de su boca, ni siquiera sabía cómo agradecer lo que habí ahecho por él.

Hyunjoong alzó una mano para limpiar la sangre que comenzaba a escurrir por su labio, elevando la vista para ver el rostro de quien se hubiera atrevido a golpearle. Entonces sonrió, de la misma manera en que le hubiera sonreído a Jaejoong, tan descarado que dejaba entrever sus intenciones tan sólo al verle.

—Shim Changmin —silabeó al ir poniéndose de pie, ayudándose de la pared—. Me habían contado que tus golpes eran salvajes, pero este los supera, supongo —volvió a limpiar su boca—. Voy a demandarte. —sonrió al verlo fijamente.

Changmin guardó silencio, sólo observando al hermano del pelinegro. Era notoria la felicidad que le causaba el haber sido golpeado por el actor, pero este lo ignoró, dando la vuelta de camino a la mesa donde había dejado sus cosas; tomó de la bolsa de su camisa un bolígrafo y abrió la chequera que descansaba sobre la madera. Escribió algo rápido y arrancó el cheque.

Jaejoong observó cómo el menor se encaminaba para extenderle el papel a su hermano. Hyunjoong lo vio con sorpresa, pero no movió ni un músculo para tomarlo.

—Esto es lo que siempre le doy a aquellos a quienes golpeo. Tómalo o déjalo. No obtendrás ni un solo centavo más de mi parte.

El aludido se dio prisa en tomar el cheque y ver la cantidad, no tardando nada en abrir sus ojos enormes por la impresión, sonriendo con amplitud al instante. Changmin no jugaba. Alzó la vista para ver a Jaejoong y esbozar una mueca por demás burlona.

—Parece que ser amante de alguien tan rico como Shim,  me da ventajas a mí —se abanicó con el cheque—. Está bien, me quedo con los 350 millones de won —volteó a ver a Changmin—. No voy a demandarte por agresión.

Jaejoong frunció el entrecejo tras escuchar a su hermano, era claro para todos que eso era lo que buscaba desde un principio: dinero. Quería el dinero de las propiedades para seguir apostando, y ya que no parecía que lo fuese a conseguir de él, se lo había sacado a Changmin amenazándolo con demandarle.

Pero no iba a permitírselo. ¡Claro que no! Hyunjoong no tenía por qué tomar el dinero que Changmin había ganado con su trabajo. Si su hermano quería dinero, ¡que trabajara! Para eso tenía una carrera.

Con eso en mente, fue hasta donde su hermano para arrebatarle el cheque de las manos, y antes de que este pudiera siquiera quejarse, ya lo había hecho pedazos. Hyunjoong enfureció.

—¿Cómo te atreviste? —bramó con enojo, pero Jaejoong no se inmutó, encarándole con una seria mirada.

—No, ¿cómo te atreviste tú? —le interrumpió a la carrera cortando cualquier cosa que pudiera decirle—. Para demandar a Changmin necesitas un testigo, y yo sólo vi cómo te caíste y te reventaste el labio, no puedes hacer nada.

Hyunjoong se irguió altivo y orgulloso, demostrando cuán alto era, tanto o más que Jaejoong. Era notorio que ni siquiera eran parientes, si no se parecían en lo absoluto. Al ver a ambos hombres frente a él frunció el entrecejo, pero no dijo nada. Se dio la vuelta, abrió la puerta y salió azotándola con fuerza tras de sí.

Apenas quedaron a solas, Jaejoong se llevó una mano al estómago para dejar descansar su cuerpo en la primera silla que encontró, si bien no había sido una silla, sino un cálido brazo, mucho más fuerte que el suyo el que alcanzó a sostenerle. Al girar el rostro se encontró con la mirada del menor fija en él. Quiso apartar la vista, pero no pudo, aquellos ojos le atraían cual imán polarizado, y ese cuerpo cerca suyo lo proveía de todo el calor que los golpes de Hyunjoong le habían quitado.

Changmin pasó su brazo por la cintura del pelinegro, indicándole a este que pasara del mismo modo el brazo por su cuello para ayudarle a caminar.

—Hay que ir a la enfermería, ese loco te dejó mal. —observó el actor, pero Jaejoong se negó a moverse.

—No, estoy bien, sólo ayúdame a llegar a mi habitación.

—No estás bien —aseveró serio—. Puedes tener alguna costilla rota. No sé qué pasó aquí, pero creo que si no hubiera llegado, ese hermano tuyo pudo haberte matado.

—Hyunjoong no me mataría hasta no asegurarse de que las propiedades de papá estén a su nombre. Me golpeó como lo hace siempre, no me dañó ningún hueso, te lo aseguro. Sólo quiero descansar, para mañana estaré bien. No quiero darle explicaciones de estos golpes a nadie… —Se sentía terrible, aunque estaba seguro que de tener algún hueso roto lo sabría; el dolor sería insoportable.

—¿Las propiedades de tu padre? ¿Qué no se las habían quitado los acreedores cuando se fue a la bancarrota? —preguntó Changmin sin comprender. Muchos eran los que sabían que Kim Eungsoo estaba en quebrado por completo. ¿Entonces de dónde sacaba Jaejoong que su padre aún tenía propiedades?

—Eso fue un ardid de los abogados. Todas las casas y tierras que posee, así como algunas acciones en la bolsa están a mi nombre, para evitar que los acreedores le quitaran todo. Como yo trabajo desde que era niño no se les hizo extraño que pudiera tener tanto, pero Hyunjoong se dio cuenta los movimientos de papá y le reclamó por no ponerlo a él como dueño de todo. Fue una gran pelea, papá no podía poner a mi hermano porque sabía lo que haría con las propiedades: apostarlas. Hyunjoong es un jugador empedernido desde que estaba en la escuela y nunca lo ha aceptado, ni creo que lo haga…

—Ya sabía lo de tu hermano —admitió mientras le ayudaba a subir las escaleras—. ¿Quieres que te cargue? —preguntó al ver que subía muy apenas los escalones. El color rojizo tiñó de inmediato las blancas mejillas del modelo, complementando el enrojecimiento que la bofetada de Hyunjoong le había dejado.

—¡Nooo! —soltó a la carrera, tratando de que su corazón dejara de latir tan aprisa. Es sólo que la cercanía de Changmin le ponía demasiado nervioso—. Puedo hacerlo.

—¿Por qué no te defendiste? Golpeas bastante fuerte, pudiste haberlo mandado a la lona muy fácil. Tu hermano no tiene músculos definidos, tiene tu misma complexión delgada. —Jaejoong bajó la vista, avergonzado de revelarle a alguien el por qué jamás se defendía o se defendería del chico. Si bien, sabía que Changmin no era de los que hablaba mucho, así que podría confiar en él.

—Dejo que hyung desquite conmigo la falta de atención de papá. Él cree que yo le arrebaté su cariño, cuando realmente papá no ha tenido detalles cariñosos con ninguno de los tres. Yo soy adoptado, es natural que no me quieran, sin embargo, soy al que más solía visitar en el colegio. Aunque jamás me dijo que me quería. Hyunjoong me acusa, desde que éramos niños, de que le quité todo lo que tenía. Si me dejo golpear, es para sentirme menos culpable…

—No cabe duda… —Changmin negó con gesto aburrido, abriendo la puerta de la habitación del pelinegro—, eres de los buenos que rayan en lo tonto. Tu hermano se aprovecha de ti y tú lo dejas. Así esto jamás va a acabar.

Jaejoong guardó silencio ante tan duras palabras, pero lo sabía, lo sabía y sin embargo no hacía nada por detenerlo. Cerró los ojos por el dolor cuando Changmin lo recostó sobre la cama, abriéndolos con sorpresa cuando sintió las manos del chico desabotonarle la camisa.

—¡No, espera! ¿Qué haces? —acusó sintiéndose enrojecer, deteniendo las manos del actor. No iba a pretender atacarlo ahora, ¿verdad?

—Quiero ver cómo te dejó ese idiota —le aclaró retirándole las manos para seguir con su tarea—. Ya que no quieres ir a la enfermería, me voy a asegurar de que no tengas ningún hueso roto. —afirmó ya terminando de abrir la camisa, levantándole más tarde la playera que cubría su torso.

Un calor indescriptible invadió por completo el cuerpo del mayor al sentir las manos que le despojaban de la prenda con sumo cuidado, sin poder apartar la mirada de cada uno de sus movimientos. Estaba temeroso por lo que pudiera pasar, pues se encontraba débil, cansado, y sumado a eso, nervioso. Sólo le quedaba hacer algo para alejar esas imágenes que su hiperactiva imaginación se empeñaba en mostrarle.

Empezó a reír…

Changmin se detuvo y levantó la mirada hasta el rostro contrario, el cual sonrojado, se encontraba cubierto en parte por uno de sus brazos, lo que no detenía sus carcajadas.

—Si te ríes de esa forma no debes estar tan mal.

—No sé desde cuándo me resultaste doctor —comentó entre risas—. ¿O es que esa película en la que eras un niño genio convertido en médico te dejó algún conocimiento extra? —preguntó despejándose el rostro para mirarle divertido. No sabía ni lo que decía, en realidad, lo único que trataba de hacer era distraer sus propios pensamientos de las manos del menor sobre su cuerpo.

No obstante, Changmin no dijo nada, sonriendo muy ligeramente cuando volvió a pasar su mano sobre las costillas del pelinegro de un movimiento firme pero suave, lo que causó que un estremecimiento recorriera por completo al modelo. Esa electricidad que sentía cada vez que Changmin le tocaba, provocaba también una fiebre que nunca antes había sentido. Quería volver a reír, burlarse del chico, pero al parecer éste había encontrado una manera de mantenerlo callado: tocándolo.

—Sé de defensa personal, ¿recuerdas? —Changmin presionó las sutiles líneas que marcaban las costillas del pelinegro—. Sé reconocer un hueso roto de una simple luxación. Ahora voy a presionar cada costilla y me dirás si tienes dolor. —Jaejoong cabeceó en acuerdo.

No sintió nada. Por lo menos no dolor ante lo que Changmin hacía, tan sólo ese cosquilleo que le recorría el estómago por completo, como si una serie de mariposillas revolotearan dentro del mismo.

—¿Te duele? —preguntó haciendo algo más de presión. Jaejoong agitó la cabeza en negativa, alejando todo pensamiento loco que llegaba hasta su cabeza a causa de ese tacto sobre su piel—. Entonces no tienes nada roto. —concluyó alejando las manos de forma abrupta, para alivio y desilusión del modelo.

—Hyunjoong jamás me ha quebrado ningún hueso, sabe muy bien cómo no hacerlo. Si lo hiciera significaría un buen tiempo sin recibir el dinero que gano por mi trabajo. —explicó a la par que empuñaba ambas manos sobre sus ojos, tratando de detener esa gama de sensaciones que las manos del actor le habían provocado.

Pero las apartó de golpe, abriendo los ojos apenas sintió aquellas manos de nuevo, ahora sobre su barbilla para obligarle a abrir la boca. Las apartó de un manotón intentando levantarse, pero el cuerpo del chico se lo impidió.

—¡Qué intentas! —acusó en un grito, pero Changmin volvió a detenerlo tomándolo por la barbilla.

—Quiero ver si con ese golpe tu hermano no te aflojó algún diente, aún tienes sangre en la boca. —aclaró. Jaejoong soltó la carcajada y se dejó caer de nuevo en la cama. Había pensado por un momento que el actor intentaría algo con él, tal parecía que los golpes de su hermano y las manos del menor sobre su cuerpo lo habían dejado muy afectado.

—¿Ahora también eres dentista? —preguntó entre risas, pero Changmin enarcó una ceja—. Ya sé, ya sé, sabes distinguir un diente flojo de una simple herida.

—Así es, ahora abre la boca.  —le indicó inclinando con sus dedos la barbilla del modelo.

De nuevo, los nervios por esa cercanía cada vez mayor con su rostro. La calidez de los dedos de Changmin sobre su piel no dejaban de producirle ese cosquilleo que ya le tenían el cuerpo por completo electrizado. No quería abrir la boca, pero la insistencia de aquellos dedos terminaron por hacerle ceder con lentitud, a lo que Changmin no tardó en introducir dos de sus dedos para tentar las paredes y ver si sólo era una cortada o si algún diente se había aflojado y el modelo necesitaría ir a un dentista.

Entre tanto, Jaejoong tuvo que cerrar sus ojos con fuerza cuando sintió la profunda necesidad de mover la lengua y acariciar con la punta de esta los dedos en su boca. Quería morder sus labios, quería obligar a su lengua a permanecer en su lugar mientras Changmin continuaba su inspección en busca de la procedencia de la sangre.

El impulso era demasiado…

¿Qué podría suceder si cedía a él?

—Oye, Jaejoong, no…

La inconfundible voz de Yoochun le llevó a abrir los ojos con asombro sólo para darse cuenta de la comprometedora situación en la que su amigo lo encontraba. Con la camisa totalmente desabrochada y la playera levantada, Changmin casi encima suyo y, para completar el cuadro, los dedos de este dentro de su boca. Un furioso sonrojo ascendió a su rostro al ver de reojo la mirada asombrada de Yoochun fija en ellos, con la boca por completo abierta, pensando quién sabe qué cosas… Bueno, sí sabía qué cosas, ¡pero eso no era cierto!

—Creo… Creo que vuelvo luego. —balbuceó consternado, pero Jaejoong se apresuró en sacar los dedos de Changmin de su boca para detenerlo.

—¡No, Chun, espera! —gritó desde la cama, sintiendo el dolor que los golpes de su hermano le habían causado. Changmin se retiró de inmediato, sacando un pañuelo de la bolsa de su saco para limpiarse con él.

Yoochun se giró apenas, terminando por voltearse por entero cuando vislumbró el golpe sobre la mejilla de su amigo.

—Al parecer tampoco tienes ningún diente suelto —el actor terminó de limpiar sus manos—. Fue sólo un corte en el interior de la mejilla, cerrará en poco tiempo. Tenías razón, tu hermano sabe cómo golpearte para no dañarte por mucho tiempo.

—¿Golpes? ¿Hermano?… —repitió Yoochun sin entender. Jaejoong volteó sorprendido a ver al menor, jamás le había dicho lo de Hyunjoong a nadie, ¿y ahora venía a revelar su secreto?

—Por esa mirada intuyo que no le has dicho nada de esto… —concluyó Changmin, pero igual se giró de camino a la puerta—. Ya los dejo solos para que se pongan al día, yo cumplí con revisarlo y ver que no tuviera ningún hueso roto. —se deslindó sin mirar atrás, saliendo de la habitación. Jaejoong bajó la vista, mientras Yoochun se acercaba a él.

—Esa escena parecía de sexo, Jae… —señaló el músico, lo que provocó que el pelinegro se sonrojara hasta las orejas, negando rápido con la cabeza.

—No fue así —suspiró—. Déjame te cuento. Comenzaré por el inicio… —Y eso fue, Jaejoong tuvo que contarle a Yoochun por todo lo que pasaba con Hyunjoong y las golpizas a las que su hermano solía someterlo, lo que Changmin había medio evitado esta vez.


               
–.—.—.—.—.—.–



Estaba tendido en la cama desde hacía varias horas sin poder conciliar el sueño. A su memoria regresaba la tremenda golpiza que Hyunjoong le había propinado y lo que Changmin había hecho por evitarlo. Bebía, intentando que el dolor desapareciera. Un trago era mucho mejor que cualquier analgésico.

Ahora ya se sentía mucho mejor, pero seguía recordando su cuerpo ardiendo a mil al sentir las manos del actor recorriéndole en busca de un hueso roto, y la tremenda necesidad que aquellos dígitos en su boca habían despertado en él. Tenía que ser productor del alcohol en su cabeza. Por lo mismo, esa noche, en ese momento, quería algo más… Quería que Changmin le hubiese besado.

Aun ahora, sentía que algo faltaba…

Un beso de Changmin.

—¡Maldición! ¿En qué diablos estoy pensando? ¿Acaso ya estoy borracho? —se recriminó dando la vuelta sobre la cama para quedar boca abajo y cubrirse la cabeza con la almohada.

Pero para qué engañarse, no estaba ebrio y aun así quería sentir la calidez de los labios de Changmin sobre los suyos, que sus delgadas y suaves manos le recorrieran la piel de arriba abajo. Quizá si no hubiese huido después de los BIFF, en esos momentos su cuerpo no estaría sufriendo por la falta de atención que, bien sabía, el actor podría brindarle.

¡Pero no!

Jamás sería amante del Témpano de Hielo Shim, se lo había prometido a sí mismo y haría hasta lo imposible por cumplirlo.

Necesitaba dormir para alejar de sus pensamientos esas tonterías sobre Changmin. Sólo que conciliar el sueño se hacía cada día más difícil…

Apenas se estaba quedando dormido cuando el sonido de unos pasos apresurados resonaron por el pasillo. Se giró boca arriba de nuevo y volteó a ver el reloj: las 2:00am. ¿Quién andaría corriendo por los corredores a esa hora?

No era de su incumbencia, ahora sólo quería dormir. Y de nuevo, ya se había girado para abrazar la almohada cuando alguien golpeando la puerta con desesperación mencionó su nombre.

El susto casi lo hace caer de la cama. Su corazón comenzó a latir apresurado al identificar la voz de Seohyun, la secretaria y nieta del director. No se permitía el paso de chicas al dormitorio de varones, y mucho menos de noche. Ese pensamiento logró hacerle levantar a la carrera, ponerse una bata sobre su ropa de dormir y correr descalzo hasta la puerta para abrir con el corazón en la garganta.

—Seororo, ¿qué ocurre? —preguntó asustado, la preocupación en los ojos de la chica sólo le ponía peor.

—Jaejoong, lamento venir a estas horas, pero tienes una llamada de tu madre en dirección… —explicó intentando medir sus palabras, pero el pelinegro sintió que la sangre se le iba hasta el suelo. Su madre jamás hablaba y mucho menos de madrugada.

Salió corriendo rumbo a dirección completamente perturbado, mientras su hiperactiva imaginación le mostraba mil y una imágenes que se daba prisa en borrar. La que más acudía a él, era la muerte de su padre.

Apenas el día anterior le había ido a visitar aprovechando que Hyunjoong, más que seguro, estaría borracho y no podría detenerle. Y al verlo había verificado que en términos generales estaba bien, pese a lucir muy cansado. ¿Dónde había quedado aquel hombre alto y guapo por el que suspiraban tantas mujeres? En tan pocos años había envejecido mucho, y ahora su rostro y ojos mostraban el paso irremediable de los años. Estaba seguro de que de sufrir otro infarto, su cuerpo no lo resistiría; eso era lo que más temía.

Seohyun le alcanzó apenas unos segundos antes de que tomara el auricular.

—¡Madre! —pronunció en un jadeo, tratando de recuperar el aliento—. ¿Papá está bien? —cuestionó esperando escuchar la más terrible de las noticias.

—¡Oh, cariño! —Eso lo asustó mucho más. La mujer no usaba con frecuencia ese tono cariñoso con él, tan sólo cuando quería algo—. Tu padre está bien, de momento, el problema es con tu hermano…

El alivio profundo llegó a él, con el alma regresando a su cuerpo. ¿Pero ahora qué podría estar pasando con Hyunjoong? No hacía ni diez horas que se había marchado de ahí perfectamente bien. Bueno, quizá sólo con el labio reventado, pero por lo demás bien.

—Hyun tuvo un fuerte accidente, lo tienen detenido —La mujer comenzó a llorar, haciendo sentir mal a Jaejoong—. Estaba enojado porque no quisiste cederle las propiedades de tu padre —De nuevo la señora Kim le hacía ver que él no debía aparecer como sueño, sino su hijo—. Se fue a tomar y al salir del bar chocó el Mercedes de tu padre contra una de las camionetas de los guardias de seguridad de Im Nana…

—¿Pero mi hermano está bien, mamá? —preguntó preocupado. Lo de menos era lo material, eso ya lo cubriría el seguro, lo importante era que Hyunjoong estuviera bien.

—Sí, sí, cariño, Hyun está bien, quizá un poco golpeado. Pero está detenido, piden 400 millones de won para liberarlo.

—Pero el seguro… —intentó hablar, siendo interrumpido por la señora Kim.

—Tu hermano iba tomado, el seguro no quiere hacerse responsable. Si no sacamos a tu hermano de este problema va a salir en los diarios y bien sabes que tu padre es lo único que lee… —El tono de la mujer era molesto, aunque al instante su ánimo cambió para empezar a llorar—. Si tu padre se entera de que Hyun se peleó contigo y eso le causó el accidente quizá sufra otro infarto y esta vez sí muera. Jaejoong, ¡tienes que ayudarlo! —sollozó haciendo que el pelinegro apretara los labios sin animarse a hablar.

Sentía que de nuevo todo era su culpa. Su madre le acusaba, quizá sin quererlo, de ser el causante del accidente de Hyunjoong, y si su padre volvía a tener otro infarto que esta vez sí le matase, sabía que toda la familia le culparía si no hacía algo por ayudarle. ¿Pero qué podía hacer? Él no contaba con 400 millones en su cuenta, es más, no contaba ni con 100 millones. Todo iba a parar a manos de su familia.

—Mamá, yo no tengo ese dinero… —explicó desesperado, viendo cómo Seohyun observaba con semblante preocupado. Trató de disimular su frustración sonriéndole un poco para indicarle que todo estaba bien, así que la chica le devolvió la sonrisa y le mostró la llave del despacho, la cual dejó sobre el escritorio. Apenas hubo desaparecido, dejó de sonreír—. Todo lo que gano está en la cuenta de papá, yo sólo tengo lo mínimo…

—Lo sé, cariño —pronunció la mujer en un tono cariñoso que Jaejoong sabía, no era sincero—. ¡Pero debes conseguir ese dinero! Fue por tu causa que Hyun se ha accidentado.

—Estuvo bebiendo… —se defendió, pero la mujer volvió a interrumpir.

—Hyun bebe con moderación, siempre llega a casa lúcido —Eso era una mentira y su madre lo sabía bien, estaba tratando de hacerle sentir culpable—. Pero esta vez estaba ofuscado por la discusión que tuvo contigo en la escuela. ¡Él sólo quería tu ayuda y se la negaste! Si se accidentó fue por tu culpa, y su tu padre muere por enterarse de que su único hijo está en la cárcel, también será tu culpa.

Jaejoong mordió su labio casi hasta hacerlo sangrar. ¿Sabía su madre cuánto daño le causaban esas palabras? Hyunjoong no era su único hijo, él también lo era, pero la señora Kim se empeñaba (desde la aparición de aquel reportaje que aseguraba era hijo de Eungsoo y una de sus ayudantes) en recalcarle que el único que merecía llevar el apellido Kim era Hyunjoong.

—Así que apúrate a conseguir ese dinero. Me aseguraron que mantendrán esto en secreto hasta las 5:00am, si para esas horas Hyun no ha salido todos los tabloides se enterarán. Sabes que un disgusto como ese puede matar a tu padre.

—¿Pero de dónde voy a sacar ese dinero, mamá? Y en tan poco tiempo… —Estaba desesperado. ¿Cómo conseguirlo?

—No sé, no sé. Pídeselo a tu representante, cobra muy bien por tenerte en sus filas, quizá ella pueda ayudarte. O quizá tengas algún amigo que pueda prestártelos en esa escuela tan cara que te pagamos.

¿Amigo? ¿Préstamo? ¿Pero quién? ¿QUIÉN?

Una repentina idea cruzó por su cabeza haciéndole abrir enorme los ojos.

¿Y si quizá él pudiera…?

—Está bien, mamá, te prometo que los conseguiré. Mi hermano saldrá antes de las 5:00am, ya anoté en qué delegación está. Te llamaré en cuanto salga.

—Gracias, cariño. —La mujer colgó el auricular, en tanto Jaejoong salía corriendo rumbo a los dormitorios del ala Este de nuevo.

«Changmin»

Fue el primer nombre que cruzó por su cabeza cuando su madre mencionó lo del amigo. Justo en la tarde, le había extendido un cheque a su hermano por 350 millones de won, que era lo que siempre daba a quienes lo demandaban por agresión. Quizá pudiera lograr que le prestara 350 millones…

¿Prestar? ¿Y con qué demonios iba a pagarle semejante suma? Por más adelantos que pidiera le iba a resultar imposible reunir los 350 millones en 3 horas o 3 días, semanas o meses. Las compañías generalmente prescindían de dar adelantos por los trabajos realizados, pagaban una vez los comerciales fueran hechos, editados y sacados a la luz. Por lo mismo aún no le pagaban los catálogos de Nak Classic. Salvo raras excepciones, solía cobrar varios meses después de realizado el trabajo.

¿Entonces con qué le iba a pagar a Changmin?

Sus pasos apresurados se detuvieron justo delante de la puerta del actor. Respiraba acelerado producto de la carrera desde dirección. Sentía su cuerpo temblar, las piernas amenazándole con no sostenerle más. Intentó respirar varias veces para normalizar su respiración, pero le resultaba en exceso difícil.

Cuando pudo recuperarse –no del todo–, la respuesta que su cabeza le planteaba a la pregunta antes hecha, ya no le resultaba tan descabellada.

Tocó la puerta sintiendo su mano temblar y esperó por la respuesta del menor, pero este no contestó. Volvió a tocar más fuerte volteando a todos lados, lo último que quería era que otros estudiantes se enteraran de su visita a Changmin a tales horas de la madrugada; ya iban a ser las 2:30am.

El rechinido de la puerta le asustó logrando hacerle retroceder. Cuando centró la vista al frente, ubicó a Changmin frente a él, el cabello todo revuelto, los ojos adormilados que tallaba para acostumbrarse a la pequeña luz encendida al final del pasillo. Estaba descalzo, usando aquel pijama azul que hubiese visto sobre la cama aquella primera noche en que le besó.

Su rostro se tiñó de rojo al recordarlo, su corazón amenazando con salírsele del pecho.

—Jaejoong… —La voz ronca del actor sonó con eco entre aquellos pasillos desiertos—. ¿Sabes qué maldita hora es? —acusó de malas. El pelinegro sintió que la voz se le perdía en alguna parte de su garganta. No podía responderle, pero tenía que hacerlo. Sentía que habían pasado años desde que hubiera llegado a esa puerta y esta se abriera, pese a que sólo hubieran sido segundos.

—A… Acep… Acepto —logró pronunciar nervioso, sintiendo el sudor frío recorrerle ante la mirada extraña del castaño—. Acepto el trato que me ofreciste. —¿Qué demonios estaba haciendo? Changmin frunció el ceño sin entender.

—¿Cua…? —Y entonces sus ojos se abrieron con asombro, tomando el brazo del modelo con fuerza para meterlo a la habitación. Cerró la puerta dejando a Jaejoong recargado en la pared, cercándolo con su cuerpo como aquella primera vez en que le besó—. ¿Estás aceptando ser mi amante? —susurró a su oído, acortando la distancia entre sus rostros.

—S… Sí… —musitó quedo.

Esperaba alguna reacción del actor, que le besara, que le abrazara o quizá que lo lanzara a la cama para hacerle el amor; pero lo único que hizo fue separarse de él, mirándolo con detenimiento. Volvió a erguirse para verle, pero el menor sólo le observaba.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? Todavía ayer jurabas serías mi amante el día en que el infierno se congelara.  —le recordó separándose de su cuerpo.

«El alcohol» se dijo antes de sentirse temblar de frío, había resentido esa lejanía como jamás lo hubiera pensado.

—Ya he aceptado, que sea lo único que te importe. —afirmó sin moverse de su lugar. No quería decirle nada, menos explicarle que se estaba sacrificando por su hermano.

Sus muñecas fueron apresadas sin cuidado alguno, siendo una vez más arrinconado contra la pared.

—Te equivocas, en lo que a ti respecta, todo me importa. ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —volvió a preguntar. Jaejoong apretó los labios y bajó la vista—. Bien, si eso es lo que quieres, entonces así será.

Lo siguiente que supo fue que era jalado de la muñeca por el castaño, siendo separado de la pared con brusquedad para ser conducido directo a la cama. El corazón se le fue a la garganta. ¿Acaso le iba a tomar ahora mismo? Esos delgados dedos sujetándolo de la muñeca producían cosquillas, transmitían esa electricidad que le sacudía el cuerpo. No podía negarse a sí mismo que lo que sucedía, en cierta forma, le excitaba. Pero era imperativo sacar a su hermano de la cárcel.

—¡Espera! —cortó soltándose del agarre. El menor volteó a verlo—. ¿Podemos…? Podemos… —empezó a balbucear, el rostro enrojeciéndole ante la mirada ajena—. ¿Podemos dejar esto para más tarde? Necesito 400 millones de won ahora…

—¿400 millones? —Changmin le miró con extrañeza—. Los tengo, pero sólo te los daré si me dices para qué los quieres.

No, no iba a decirle nada. Ya demasiado era que supiera que su hermano lo golpeaba, esta vez no diría nada…

—¿No me dirás? —cuestionó acercándose a él.

Jaejoong retrocedió un paso, pero el fuerte brazo de Changmin lo pescó lanzándolo a la cama, cercándolo con su cuerpo para sofocarlo con un beso demasiado impulsivo, lo que le hizo abrir los labios para ceder el paso a que el chico le recorriera. Necesitaba tanto sentir esa pasión que sólo los labios de Changmin podía despertar en él. Pero aquello terminó demasiado pronto.

—¿Embarazaste a alguna chica y ahora quieres deshacerte del problema? —cuestionó en un tono que más parecía molesto, sorprendiendo al pelinegro—. ¿Por eso no quieres decirme nada?

—¡Te equivocas! —se exaltó, empujándolo para poder sentarse sobre la cama—. Es para sacar a mi hermano de la cárcel… —le miró con el ceño fruncido—. Necesito que mi padre no se entere, o podría causarle otro infarto… —explicó bajando la vista. No cabía duda que el actor tenía formas bruscas de hacerle reaccionar. Si tan sólo dejara de insultarle, si supiera guardar silencio en lugar de atacarle…—. Eres un maldito malnacido —masculló lo suficientemente alto para que le escuchara—. Me estoy vendiendo a ti y no haces más que insultarme. Jamás embarazaría a una chica, sé cuidarme, y si por algún descuido o error lo hiciera me haría cargo de mi hijo, como no lo hizo mi madre.

—Deja a tu hermano que se pudra en la cárcel. —Changmin se levantó de la cama, abriendo el cajón de su buró sin hacer caso a las palabras del mayor.

—Si por mí fuera lo haría, pero de hacerlo papá puede morir y eso no lo soportaría… —se mordió el labio inferior. Era lo que más temía, perder a la única persona que realmente lo quería.

—Sabía que dirías algo como eso. Ven conmigo.

Jaejoong alzó la vista, notando cómo Changmin salía de la habitación con una bata puesta sobre el pijama, llevando una agenda y su chequera en la mano. ¿Qué diablos iba a hacer ahora?

—Me vas a salir más barato de lo que pensé. —sonrió el castaño con esa mueca torcida.

—Bastardo… —le respondió siguiéndolo por el pasillo, con rumbo a dirección—. ¿Y qué harás ahora? Tengo que llevar el dinero a la comandancia antes de las 5:00am…

—No lo creo. —afirmó muy seguro, lo que hizo a Jaejoong confiar en que todo saldría bien.

—¡Eso dijo mi madre! Es el plazo que le dieron para no enterar a la prensa.

—Conozco al comandante de la delegación, además está Michael Kim, mi abogado. Tu hermano saldrá de ahí en menos de 20 minutos sin que nadie sepa nada. —Jaejoong parpadeó confundido.

—Pe… ¿Pero cómo?

—Ya estoy acostumbrado. Digamos que esa delegación es para mí, como detención lo es para ti. —Jaejoong comenzó a reír. En momentos como ese era que el actor parecía alguien agradable.

—¿Cómo sabes que yo no suelo salir de detención? —preguntó divertido.

—Tu reputación te persigue, todo mundo lo sabe. Creo que este semestre has tenido la suerte de que yo te salve un par de veces.

—¡Ah, eres un presumido! —bufó fingiendo molestia, pese a que la sonrisa se le escapara cuando el menor no le veía. Pero era cierto, en los meses que llevaba en el colegio no había caído aún en detención, y eso había sido gracias a él.

Ambos ingresaron a dirección, gracias a que Jaejoong todavía conservaba la llave que Seohyun le había dejado. No era la primera vez que la chica le dejaba la puerta abierta al modelo, así que sabía debía dejar la llave en el primer cajón del escritorio para que ella la recogiera por la mañana.

Jaejoong se sentó a un costado del castaño, en el amplio sillón, a observar cómo este hacía varias llamadas, empezando por el comandante para saber qué tan graves eran los daños. Y realmente eran muchos. Hyunjoong había destrozado el Mercedes del señor Kim y la camioneta de uno de los guardaespaldas de Im Nana. La caprichosa millonaria se había enojado tanto que ahora pedía mucho dinero por la reparación del daño, eso sin contar que el pobre hombre permanecía internado en un carísimo hospital de Busán.

La siguiente llamada había sido a Michael Kim, si alguien podía sacar a Hyunjoong, ese era el abogado que había liberado de la cárcel a Kang Daesung.

Jaejoong empezó a bostezar, eran pasadas de las 3:00am y Changmin seguía hablando con el hombre. Según escuchaba, el abogado iba en camino a la delegación y se mantenía comunicado por el celular, aunque este ya no hablaba de su hermano. Más bien, parecía haber aprovechado la llamada para determinar con Changmin algún otro caso, quizá el de su madre.

Todavía debían esperar la llamada de regreso del abogado una vez hubiesen sacado a Hyunjoong de la cárcel, pero no podía mantener los ojos abiertos ni un minuto más. Sin siquiera darse cuenta cayó dormido, sentado justo al lado del actor.

El sonido del teléfono le sobresaltó haciéndole brincar en su lugar, pero fue una mano cálida la que le palmeó ligeramente el hombro para tranquilizarle. Se sentía cómodo, tibio y protegido, si bien al alzar la vista pudo darse cuenta que su cabeza yacía recargada sobre las piernas de Changmin, mientras se aseguraba con aquel toque de que el timbre del teléfono no le asustara.

—Changmin… —susurró al verlo atender la llamada.

¿En qué momento se había acostado sobre el regazo del chico? Se incorporó tallándose los ojos. Se sentía tan bien, tan a gusto. Ni siquiera tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero había sido maravilloso.

Al girar la cabeza para ver el reloj que descansaba sobre la pared, notó la hora: 4:15am.

«¡Hyunjoong!»

—Tu hermano ya salió, podemos ir adormir ahora.

Jaejoong sonrió de manera luminosa, quiso decirle ‘Gracias’, quiso decirle mil cosas, pero de su garganta no salió ni una sola palabra. Vio a Changmin levantarse y tenderle la mano para ayudarle. Al estirar él la suya, se sintió perturbado, sabía lo que seguía ahora y su corazón no podía evitar comenzar a latir acelerado. El contacto con la mano del menor produjo nuevamente ese conocido cosquilleo. La electricidad sacudía su cuerpo, la necesidad estaba impresa en todo su ser.

«Maldición, ¿qué hice?» se lamentó al seguir al castaño por el pasillo, aquella mano apresando la suya. Su corazón amenazaba con desbordarse presa del miedo, de la vergüenza, de un sentimiento que no alcanzaba a comprender.

Quería olvidar todas esas sensaciones, así que se limitó a hablar para alejarlas.

—¿Cómo fue que tu abogado sacó a Hyunjoong tan pronto? Creí que esto no se arreglaría tan fácil… —comentó sin animarse a soltar la mano del actor, aquella misma que le proporcionaba una tibieza indescriptible, mitigando el frío del solitario pasillo.

—Nana hizo un escándalo por nada. La camioneta de su guardaespaldas sólo sufrió un raspón en la defensa trasera y el hombre no tiene ningún daño severo. El verdadero problema es el Mercedes, que ha sido una pérdida total. Michael pagó la fianza de tu hermano y lo sacó libre, ya mañana arreglará el problema del auto con el seguro.

—Oh… —soltó bajito al darse cuenta que su madre había hecho una tormenta en un vaso de agua.

Ambos se detuvieron frente a la habitación del modelo. El frío acudió a su mano cuando Changmin le soltó, su corazón martilló de nuevo y su estómago se contrajo. Estaban a  un par de pasos de convertirse en lo que desde un principio el actor había querido. Estaba aterrado, tan nervioso que cuando alzó la mano para abrir la puerta de su recámara se dio cuenta que esta temblaba, lo mismo que sus piernas.

—Buenas noches.

La imperturbable voz de Changmin le hizo girar de manera abrupta. ¡Se estaba alejando de él! ¿Por qué? ¿Qué acaso no iba a entrar con él a su habitación? ¿No iba a hacerle el amor? ¿A convertirlo en su amante esa noche?

—¡Changmin! —El llamado salió de su garganta sin que le diera permiso, deteniéndolo antes de que el castaño pudiera entrar a su propio cuarto. Quería preguntarle, pero la vergüenza le impedía pronunciar cosa alguna. Cuando bajó la mirada, Changmin le miró, regresando sobre sus pasos para tomarle por la barbilla y que le viera.

Ese simple contacto le hizo estremecer, arremolinando todo el calor que sentía por completo en sus mejillas. Quería hablar, decirle mil cosas, pero sólo se encontró balbuceando palabras sin sentido y sin voz, porque esta se negaba a salir de su garganta.

Suspiró sólo un poco, animándose a pronunciar algo.

—Yo… —alargó, pero sólo consiguió que sus pálidas mejillas se tintaran de un rojizo más intenso.

—Esperaré —susurró acercándose a su oído, lo que le hizo estremecer de pies a cabeza una vez más—. Esperaré todo el tiempo que sea necesario, hasta que estés seguro de que esto es lo que realmente quieres. —aseguró antes de posar sus labios sobre los del modelo con suavidad, sin presionarle, sin exigirle nada—. Además… —se separó para verle a los ojos—, ya van a ser las cinco, y yo quiero dormir.

Jaejoong volvió a reír más que contento, en tanto Changmin se giraba para adentrarse a su recámara sin decir nada más.

—¡Changmin! —llamó de vuelta desde la entrada de su cuarto. El menor se detuvo antes de abrir la puerta para verle, momento que el pelinegro aprovechó para correr y abrazarle, para sentir de nuevo la tibieza de su cuerpo, el calor en su piel cuando el abrazo fue correspondido—. ¡Gracias! Muchas gracias por lo que hiciste —musitó renuente a soltarlo—. Buenos días. —sonrió al fin soltándolo.

Con una media sonrisa, Changmin negó y de adentró a su habitación, frente a la que Jaejoong se quedó de pie observando la puerta cerrada por un momento más.

«Quizá no tengas que esperar por mucho tiempo…» sonrió para sí mismo, dándose la vuelta sólo para chocar contra otra persona.

—¿Y qué significó todo eso? —Jaejoong se asustó al sentir aquel par de manos sostenerle por los hombros, pero se alivió al encontrarse frente a frente con Yoochun. Aunque… ¿Qué hacía él ahí? ¿Y qué tanto había visto?

—¿Qué significó qué, Chun? —Alzó las cejas haciéndose el inocente. Tenía que obtener información sin meter la pata, ni modo de decirle: “Changmin me ha comprado por la ridícula cantidad de 400 millones de won, pero ha decidido esperar has que yo quiera ser su amante, lo cual me tiene entre feliz y desilusionado. Realmente esperaba que me tomara ahora, pero el señor tiene sueño”.

—¿Qué significa ese “Gracias” envuelto en lo que parecía ser un cálido abrazo a quien consideras tu peor enemigo? —Jaejoong suspiró. Yoochun no había visto nada.

Lo siguiente fue tener que resumirle a su amigo en pocas palabras todo lo que había pasado en las últimas horas, omitiendo por supuesto, lo referente al pago pospuesto por el favor prestado.

«Nunca nadie debe saber lo que he hecho, ni siquiera Yoochun»

«Porque JAMÁS debes decir JAMÁS…»

Pero las palabras que Changmin le hubiera dicho días antes no desaparecerían tan pronto de su cabeza…

“No siento nada por ti, ni por nadie”



–.—.—.—.—.—.–



Apenas iban a ser las 7:00am, ya había desayunado y se encontraba totalmente lista para entrar a la primera clase, sólo debía pasar por el taller de diseño unos segundos para anotar algunas ideas que se le habían ocurrido durante la noche para ese traje que aún surcaba su cabeza y pugnaba por salir. Sólo necesitaba al modelo, y eso dependía enteramente de Jaejoong.

«Sólo Jaejoong puede recomendarme con Changmin» se decía Boa a sí misma, mientras se encargaba de dar unos trazos al modelo diseñado en papel.

Estaba segura de que su diseño luciría magnífico en el actor, pero ella no podía ir directamente con él a ofrecer a diseñarle, muy apenas y le saludaba con una inclinación de cabeza, y Jaejoong había ido con él a los BIFF. Quizá había surgido una amistad entre ellos, eso en verdad no lo sabía, pero si podía hablarle ya era ganancia. Ella apenas podía pararse frente a él y la garganta se le secaba, las palabras se atoraban en su boca. Jamás podría hablarle sin empezar a tartamudear de los nervios.

Justo en ese momento, un riquísimo aroma a colonia le inundó la nariz, haciéndole girar el rostro hasta la puerta del taller. Las aulas a esas horas estaban por completo desiertas, ya que todas las clases comenzaban por la tarde, y aún si fuese un maestro sólo le vería pasar por la puerta que había dejado entreabierta, pero nadie pasó. La persona que usara esa colonia para caballero debía tener un magnífico gusto. Con ese pensamiento fue que giró de nuevo la atención a su diseño, al menos hasta que el rechinido de la puerta le obligó a ponerse de pie por el sobresalto, quedando frente a la última persona que hubiera esperado ver por ahí.

—Ch… Chang…

—Changmin. Sí.

Sí, ahí, frente a ella, usando su pulcro uniforme escolar, estaba aquel quien esperaba pudiera ser su modelo.  Tal como pasaba siempre cuando se encontraba frente a él, su boca se secó y su cerebro quedó en blanco. Sus ojos quedaron tan abiertos como su boca. Incluso trató de decir algo, pero nada salió.

Se hizo a un lado por mero impulso cuando vio que el alto chico caminaba hacia el interior del salón, directo a sentarse sobre uno de los banquillos de diseño para verla.

—Jaejoong me dijo que… —El corazón de Boa se agitó con violencia. ¿Jaejoong había cumplido su palabra?—, podías diseñar un traje para mí.

—S… sí… —logró responder. Pero si Changmin la veía así de nerviosa, probablemente no le permitiría diseñarle un traje, debía controlarse y responderle con seguridad, pues de lograr ser una diseñadora, en un futuro no muy lejano, trabajaría con grandes artistas y no podría permitirse el tartamudear frente a ellos—. Sí —afirmó apretando el puño—. Estoy segura de que de permitirme hacerte un traje para la ceremonia, lucirías magnífico, llamarías la atención de toda la prensa.

—¿Estás totalmente segura de poder hacerlo? —Changmin le miraba fijo, pero ella lo estaba. Apretó más el puño y contestó.

—Totalmente.

—Tienes menos de cuatro semanas. —El actor se puso de pie, de camino a la salida mientras Boa apretaba los labios para evitar soltar las lágrimas.

Sin embargo, Changmin pudo escuchar el cómo la chica rompía en llanto luego de que hubiese cerrado la puerta. Lo que no pudo saber, es que ese llanto era de felicidad, y no de miedo.

Su sueño estaba por hacerse realidad.



–.—.—.—.—.—.–



Se había dormido muy tarde, cerca de las 7:00am dando vueltas al trato que había establecido con Changmin. Yoochun no había ido a despertarle porque le había avisado que no se presentaría en las primeras clases gracias a la desvelada que había tenido con el problema de su hermano. Eso sin contar que todavía se sentía adolorido por los golpes que Hyunjoong le había dado y, aunado a eso, la resaca por haber bebido anoche le tenía aún mareado.

Durante las primeras horas de insomnio se le había ocurrido algo, haciéndose el firme propósito de llevarlo a cabo durante la mañana. Por ello, había estado hablando con Sunny muy temprano para ponerse luego a esperar por el mensajero que le hubiera mandado ella con aquello que le había pedido, razón por la que perdió casi todas las clases; le faltaba literatura, tenía que arreglar un asunto antes de dirigirse al taller de pasarela. El timbre había sonado mientras caminaba hasta el pasillo de aulas, teniendo que franquear todo el mar de gente que se dirigía al comedor. Ya se daría la vuelta por ahí más tarde, ahora debía ir al salón. Esperaba poder encontrar al maestro para entregarle la tarea pasada y anotar la siguiente para no tener que pedírsela a Yoochun.

Últimamente la mirada inquisitiva de su amigo músico le ponía algo nervioso. No era la primera vez que le sorprendía cerca de Changmin, pese a que siempre que le preguntaba le tenía una buena excusa. No eran mentiras, sólo excusas.

«¿Qué pensará Chunnie cuando se entere de que he aceptado ser amante de Changmin?» se cuestionó sintiéndose perturbado. «¿Me rechazará?» sacudió su cabeza con fuerza. «¡No! No debe de enterarse, nadie debe enterarse. Además, Changmin debe entender que estaba tomado, debe hacerlo. No puede obligarme a cumplir. Hablaré con él antes de que entre al taller, voy a arreglar esto hoy mismo»

Ni siquiera tuvo ganas de comer con sus amigos, así que sólo entró a la cocina por un sándwich. Conocía a todas las ayudantes y al mayordomo de la cocina, por lo que entrar con las manos vacías al lugar y salir con ellas llenas no era para sorprenderse. Varias veces había hecho lo mismo por algún amigo enfermo o que se había quedado estudiando, aunque en esta ocasión fuera para él.

Cuando llegó al bosque detrás del comedor, ya había terminado de comer. Necesitaba tener el estómago lleno para poder arreglar las cosas con Changmin. Metió la mano a la bolsa del saco y tomó con fuerza aquello que Sunny le había enviado a regañadientes. Sabía que su representante había hecho un gran esfuerzo por conseguir lo que le había pedido con tanta desesperación.

Vio a Changmin sentado bajo el árbol en el que siempre solía estar, con un libro en la mano. Sólo esperaba que no fuera de leyes, porque si el asunto con su madre aún no acababa, quizá no lo hallaría de humor para romper el trato.

Sí, romper el trato.

De pronto estaba inseguro. Detuvo sus pasos a centímetros del tronco del árbol. ¿Realmente deseaba romper con el trato? Sacudió fuerte la cabeza. ¡Claro que deseaba romperlo! Changmin no le quería, sólo deseaba su cuerpo. ¿Cuántas veces no se lo había dicho? No iba a enamorarse de él de la noche a la mañana, ¿o sí? No, qué va, ese frío y arrogante chico no tenía corazón, sólo un trozo de hielo en su lugar. Jamás le amaría, y por lo mismo desharía el acuerdo que había hecho bajo los influjos del alcohol.

«¿Y por qué duele tanto?»

—¿Se te ofrece algo? —la serena voz de Changmin le despertó de sus pensamientos. Al bajar la vista, se topó con aquellos ojos castaños que parecían esperar porque dijera algo.

—Quería… —comenzó nervioso, pero se repuso con rapidez para responder—. Quiero darte las gracias por lo que hiciste por mi hermano. —aseguró. Changmin cerró el libro y se puso de pie para verle de frente. Jaejoong empezó a sentirse nervioso de nuevo. Iba a darle un rodeo para llegar al punto, pero tener al chico escudriñando su cara no le ayudaba, sólo estaba consiguiendo sonrojarse ante aquella mirada fija en sus labios.

—No creo que hayas venido hasta aquí sólo para agradecerme. —¿Cómo es que Changmin lo sabía? ¿Acaso era tan transparente que el actor podía leerlo?

La mano del menor se levantó para acariciarle el rostro, pero el pelinegro retrocedió un paso atrás previendo aquello. Si el actor le tocaba, jamás lograría decirle nada.

—Sólo quería saber cómo estás —explicó Changmin, enarcando una ceja. Jaejoong se sintió un poco más aliviado—. ¿Y entonces? ¿A qué has venido?

Esta era su oportunidad, Changmin le estaba ayudando mucho. Metió la mano en la bolsa del saco y sacó un trozo de papel, observándolo un momento para después tendérselo al castaño, el corazón pulsando en su garganta. «He aquí el producto de medio año de trabajo» Changmin tomó aquello, sus cejas arqueándose con disgusto cuando levantó la vista para verlo con la mirada encendida.

—No, no te molestes —se apresuró el pelinegro agitando las manos en negativa—. Sé que no está completo, es lo que pude conseguir como adelanto del pago de algunos proyectos —aclaró intentando sonreír. Changmin no decía nada—. Mira, Changmin, sé que 150 millones de won es menos de la mitad de lo que me prestaste, pero todavía no me pagan el catálogo de Nak Classic y aún debo renovar el contrato con Tony Moly, además Sunny está negociando un gran trabajo con una compañía que no me quiso decir, pero en cuanto se concrete yo te pagaré todo y… —detuvo su perorata cuando miró a Changmin doblar el cheque que le hubiera dado, partiéndolo en pedacitos—. Cha… ¿Changmin? —Y entonces, una lluvia de papelitos se estrelló contra su cara. Un extraño sentimiento acudió a él, como si Changmin tomara revancha por las veces que él le hubiera hecho exactamente lo mismo. Al abrir los ojos, la mirada del menor continuaba fija en él.

—Tenemos un trato que no pienso romper. —aseguró haciéndole retroceder y recargarse contra el árbol donde apoyó una de sus manos, justo a un costado del pelinegro.

Escuchar aquello con tal frialdad le hizo sentir perturbado. Necesitaba que entendiera, ¿pero por qué? Sabía de antemano, para qué negarlo, Changmin le atraía mucho, pero el actor no sentía nada por él. Si alguna vez consideraba el entregarse, sería porque el menor sentía también algo por él. ¡Lo que fuera!

—¡Estaba tomado! —se explicó intentando alejarse, pero la otra mano del actor le cercó el único camino libre para huir.

—No como para no saber lo que hacías.

Y con esas palabras lo vio alejarse tan rápido como se había acercado a él, tomar su libro del suelo y partir sin más. ¿Pero qué…? Iba a seguirle cuando algo en el césped llamó su atención. Al agacharse para levantar lo que parecía una fotografía se sorprendió de ver aquella foto que Changmin le había quitado cuando se le habían caído en el pasillo.

«Ese maldito la pudo haber perdido en la escuela» pensó al tiempo en que le daba la vuelta, encontrando algo escrito en ella.

 “Voy a poseerte y voy a herirte. Me amarás aun que me odies, esa será mi venganza”

El escalofrío le recorrió la espalda justo al mismo tiempo en que la fotografía era arrancada de sus manos sin que pudiera evitarlo.

—¿Pero qué rayos?… —Al alzar la vista, se topó de lleno con la mirada helada de Changmin—. Esa es mi foto.

—Si no mal recuerdo, me la regalaste. —afirmó sin más, guardándola en la bolsa de su saco. Jaejoong frunció el ceño, no iba a quitársela forcejando con él. De todas maneras, ¿qué significaban aquellas palabras?

—¿Por qué escribiste eso en el reverso? —preguntó curioso, pero las cejas arqueadas con disgusto del menor le hicieron callar. Changmin se dio la vuelta y partió rumbo al colegio sin decir más.

“Voy a poseerte y voy a herirte. Me amarás aun que me odies, esa será mi venganza”

Palabras crueles dichas por alguien que sentía mucho rencor. Por lo menos eso le parecieron a él. ¿Las escribiría Changmin? No, eso lo dudaba. Quizá el actor era frío y no parecía tener corazón, pero dudaba mucho que fuese capaz de herir a alguien de forma deliberada.

No, era probable que Changmin leyese esas palabras en algún libreto y las hubiera apuntado para aprendérselas mejor. Sí, eso tenía que ser.



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Esa misma noche, Boa se encontraba de nuevo observando hacia el segundo piso del edificio del ala Este. Desde la vez en que se había equivocado de habitación y había entrado a la de Changmin no había vuelto a la de Jaejoong. Sí, solía hacerlo con frecuencia cuando eran novios para tener un poco de diversión, pero ahora iba por otro motivo más importante. En sus manos llevaba un pequeño obsequio para su amigo, sabiendo de antemano que no podría dárselo en el día. ¡Sería mandada a detención si era descubierta! Además, no lo había visto en clases ni en el comedor, era sólo por Yoochun que sabía que el pelinegro se había sentido un poco mal, así que ahora iría a su cuarto.

Volvió a ver las terrazas de las habitaciones. Dos de ellas que permanecían con la ventana abierta y las luces apagadas se veían iguales, pero esta vez no cometería ningún error, la de Jaejoong era la de la derecha. Volvió a fijar su vista en la habitación, amarró la botella del pico a su cintura, subió por el tronco del árbol y saltó a la terraza.

—¡Jaejoong, sorpresa! —saludó entrando de lleno al interior del cuarto. El modelo se giró de lleno hasta el balcón y sonrió con amplitud cuando vio a la pelicorto correr hasta él para abrazarle con los ojos llenos de lágrimas, dándole las gracias mil y una vez.



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Pasaba de la media noche cuando Boa se marchaba de su recámara y él se dejaba caer de espaldas a la cama con una enorme sonrisa en el rostro. No cabía duda de la locura e impulsividad de su amiga, nunca iba a cambiar, ya que se había colado por la ventana del balcón, como cuando eran novios. Y todo para darle las gracias por haberla recomendado con Changmin –le llevó una botella de licor–. Boa se encontraba tan emocionada que no había podido medir el volumen de su voz, se había paseado por su habitación riendo a carcajadas, imaginando lo que los críticos de moda dirían sobre el traje que le confeccionaría al actor, sobre lo mucho que le solicitarían después de eso. Varias veces se había visto en la necesidad de callarla colocando su mano en la boca de la chica para que guardara silencio –Changmin podría escucharle y eso la metería en problemas si el Témpano de Hielo Shim se molestaba–.

Aunque era de esperarse tanta alharaca, diseñar un traje para un actor nominado en uno de los rubros más importantes de los Asian Film era motivo de locura; era darle el impulso que su amiga necesitaba para adentrarse en el competitivo mundo de la moda. Sabía que haría un magnífico papel, si algo así bien la pelicorto, era diseñar. Y estaba tan emocionada por lo ocurrido que para calmarle los nervios y energía había tenido que sacar la cuerda que guardaba bajo la cama para ponerla a saltar.

«Pero ni eso la hizo guardar silencio»

Ahora sólo quería dormir. Giró en la cama boca abajo y se cubrió con la sábana hasta media espalda. Estaba contento y aliviado, entre tanto alboroto hecho por su amiga había escuchado una confesión… Ella había estado enamorada de él hasta el momento en que descubrió que había otro chico que le gustaba «Qué alivio». Cuando le hubo preguntado si era Changmin, de inmediato respondió que no, pero que sí era alguien a quien conocía. Le mencionó mil nombres, pero todos había dicho que no. Su alegría era ahora por dos razones: Primero, por haber escuchado la confesión de Boa y el que su padre no se hubiera enterado del accidente de Hyunjoong –seguro hubiese sufrido otro infarto–, y lo segundo fue gracias a Changmin y a lo rápido que su abogado se había movido.

Changmin…

Por un momento pensó que haría válido el trato esa misma noche, que entraría a su habitación y lo tomaría en la misma cama en la que descansaba ahora. Tantas veces que estuvo a punto de hacerlo, tantas… y sin embargo cuando tuvo su consentimiento, no hizo nada.

“Esperaré todo el tiempo que sea necesario, hasta que estés seguro de que esto es lo quieres”

En ese momento lo quería, no, más bien lo deseaba. ¿Pero ahora? Había ido a entregarle el cheque que consiguió con Sunny, 150 millones de won, era poco menos de la mitad y el muy desgraciado lo había roto para lanzárselo a la cara en pedazos. Frunció el ceño con molestia al recordar las palabras que Changmin le había espetado.

“Tenemos un trato que no pienso romper”

Quería que entendiera, que le comprendiera. No quería que lo tomara sólo porque se había vendido a él… pero no había tenido el valor para decírselo a la cara. ¿Y por qué no? Eso era sencillo de responder. ¿Cuántas veces no le había dicho que no sentía nada por él… ni por nadie? Pero quería que sintiera algo para podérsele entregar.

¡Sí! ¡Eso iba a hacer!

Se le entregaría hasta el día que le dijera que le quería. Quizá aquello que le hubiera pedido mientras iban en la limusina había sido un modo de defensa –defensa que no funcionó–, pero aquellas palabras soltadas en medio de su desesperación se hacían realidad ante sus ojos.

Sería suyo por completo el día que Changmin le dijera “Te quiero”, porque quizá un “Te amo” sería imposible de pronunciar.

Cerró los ojos sonriendo para sí, su hiperactiva imaginación le mostraba a Changmin una y otra vez diciendo aquellas palabras que le aceleraban el corazón. Abrazó la almohada para intentar conciliar el sueño, y lo logró a medias.

Estaba adormilado, sintiendo el fresco del aire que se colaba por la ventana del balcón abierta, cuando sintió que la cama se movía. No prestó atención, pensando que era la sensación de su consciencia cayendo al sueño profundo, hasta que algo empezó a recorrer la piel de su brazo que la manga corta no alcanzaba a cubrir; y se estremeció. Se levantó de golpe, saltando por el lado contrario de la cama y tratando de acostumbrar su visión a la oscuridad reinante, pero no lograba ver nada. Sabía que no era un animal, habían sido los dedos de alguien. De pronto, llegó hasta su memoria la noticia del día: ¡El ladrón!

Una sombra se movió frente suyo, dándose él prisa en saltar por encima de la cama para huir, ese ladrón podría intentar hacerle daño por haberle descubierto y no iba a permitirlo. Se agachó bajo la cama para obtener la cuerda. Si se le presentaba la oportunidad, iba a capturarlo.

No supo hacia dónde se movió aquella sombra, pues parecía caminar sigilosa, como si conociera bien el lugar, cosa que le ponía nervioso. Bueno, tampoco era de sorprenderse si todos los cuartos del segundo piso tenían la misma distribución. Con cuerda en mano se convenció de que, si él no veía bien, era más que probable que el ladrón tampoco. No escuchaba nada más que los latidos acelerados de su propio corazón. No quería moverse, de pie al lado de su cama, sólo observaba de reojo su entorno. De lo único que estaba seguro, era que el ladrón aún no salía de su habitación.

—Sé que estás aquí. —denotó con voz audible, luchando por imprimir una seguridad que estaba muy lejos de sentir. Su pulso corría descontrolado a causa de los nervios, pero tenía que sacarlo de donde quiera que estuviera.

Entonces, un fuerte empujón lo derrumbó sobre la cama, aunque consiguió rodar y quedar de un rápido movimiento al otro lado de la cama, pese a que su camiseta se atoró en algo –o quizá ese tipo la jaló– y del fuerte tirón que dio para soltarse, quedó partida en dos. La tela era bastante delgada y estando ya algo vieja, no resistió el maltrato. La cuerda había quedado extendida sobre la cama, atorada con su muñeca derecha. Quiso levantarse rápido para alejarse, pero la soga fue jalada con fuerza llevándose su brazo con ella, y de paso, dejándolo boca arriba en medio del colchón.

—¡Espera! —gritó al sentir que las cuerdas enrolladas en su muñeca empezaban a lastimarle, pero el ladrón no se detuvo. Por el contrario, sintió la cama moverse por el peso extra y el momento en que tomaban su mano libre para amarrarla al igual de como se encontraba la otra. Trató de soltarse, pataleando y tirando de su brazo, pero el ladrón parecía más fuerte que él. Lo único que conseguía era ver la silueta ante sus ojos y sentir el calor que emanaba cerca suyo—. ¡Espera! —insistió al notar que el hombre (imposible que fuese una mujer) no se detenía—. No tienes por qué usar la violencia, si lo que quieres es dinero está en el cajón superior de la cómoda, pero no me hagas daño. Ya me rendí, sé que fui un tonto al ponerme con un profesional…

El ladrón no le hizo el menor caso. Sus manos atadas por la soga fueron amarradas al respaldo de la cama. La persona sobre sí respiraba agitada, había podido sentir su aliento golpearle la nuca cuando se estiró para amarrarle a la madera del lecho. Estaba nervioso, asustado. Jamás había sido asaltado. Había escuchado que en Seúl los asaltos ocurrían a cada instante, y seguro tendría que lidiar con ese miedo cuando se mudara… ¡pero no ahora, cuando estaba en su propia habitación, en su cama!

Al no obtener respuesta del intruso logró armarse de valor. No iba a dejarse de un maldito mal nacido. Si iba a robarle procuraría verle la cara para tomar medidas al día siguiente con el director.  Así fue como giró ambos pies, como en un paso de baile, y de un golpe lanzó la pequeña lámpara que mantenía en el buró directo al suelo. Había intentado golpearlo, pero el ladrón se le había anticipado, agachándose para esquivar el golpe que sólo le pasó rozando. Al estrellarse la lámpara en el suelo, esta se encendió, si bien la luz que provocaba no era suficiente para distinguirlo. La silueta fue tomando una forma más conocida, hasta incluso familiar, y justo en ese momento, su corazón se aceleró con rapidez al sentir como golpe a su nariz, aquel aroma a colonia cara. Una colonia que conocía de sobra, porque su dueño siempre buscaba una oportunidad para estar sobre él –literalmente–.

—¿Quién quiere tu dinero? —la grave voz le confirmó sus sospechas—. Quiero algo más importante…

—¡Cha… Changmin! —balbuceó temblando de pies a cabeza. La escasa confianza que había adquirido se esfumó de golpe al sentirlo sobre su cuerpo. Ahora era temor lo que invadía su pecho. ¿Por qué le ataba a la cama? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué iba a hacerle?—. ¡Changmin, suéltame! ¡Suéltame, suéltame ya! —trató de forcejear con él, pero la fuerza del menor era enorme, algo que ya había comprobado muchas veces antes. Estando a horcadas sobre sus caderas, teniéndolo boca arriba y maniatado iba a ser imposible librarse de él por la fuerza.

—Estabas bien acompañado… pues ahora seré yo quien te haga compañía. —Un sudor frío escurrió por su frente al sentir las manos del castaño moverse por la piel de su pecho. La libertad que la camiseta desgarrada le proporcionaba era intimidante. No lo entendía. ¿Por qué se comportaba así con él? ¿Qué había hecho ahora? El reclamo, si no viniera de él le parecería de alguien celoso. ¿Pero celoso por qué?

—¿Qué? ¿De qué hablas? —su voz salió en un hilo, haciendo esfuerzos por controlar su miedo y ese cosquilleo que comenzaba a sentir por todo su cuerpo ante la calidez proveniente de su captor.

Las piernas de Changmin a sus costados le apretaban con fuerza la cadera impidiéndole mover los pies, mientras esas manos delgadas y cálidas le recorrían con lentitud y sensualidad el pecho desprovisto de toda tela. Apretó fuerte los labios evitando soltar algún gemido cuando los largos dedos pasaron rozando una de sus tetillas. Changmin no podía darse cuenta del efecto que estaba teniendo en él.

—Estabas con ella, los vi y los escuché. Te dije que no estaba dispuesto a compartirte con nadie. —Jaejoong abrió sus ojos cuan grandes eran. Él estaba malinterpretando las cosas con Boa, debió haberla visto entrando y…

—¡Boa y yo sólo charlamos, no hicimos nada! —afirmó desesperado, Changmin se agachaba sobre su cuerpo para acercar los labios a su oído. Esa cercanía le producía temblores en todo su cuerpo, y aunque tratara de decirse que era debido al frío, algo en su cabeza seguía gritando que era el cuerpo del actor. El pecho de Changmin chocaba con el suyo provocando sensaciones indescriptibles, el aliento cálido chocando contra su mejilla le hacía enrojecer. ¡No, no podía estar pasando esto! Changmin no podía tomarle a la fuerza, no era de esta manera que debía ocurrir. ¡No!…

—¿Nada? —el susurro cayó sensual, dejando que su lengua delineara el interior de la oreja del pelinegro haciéndole respingar—. Pues ‘nada’ es lo que haremos nosotros ahora… —Jaejoong sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Por más que luchaba por soltarse de las amarras sólo conseguía lastimarse. Tenía que detenerle de alguna forma. ¿Acaso sería capaz de violarle?

—No, espera, ¿qué insinúas? ¿Estarías dispuesto a tomarme a la fuerza? Dijiste que esperarías. —soltó a la carrera intentando hacerle recordar sus palabras. Sabía que Changmin cumplía sus promesas, ¿entonces por qué el cambio de opinión?

—Esperar no significa que puedas revolcarte con tu novia y ex novia. —Un momento, le había dicho que podía exhibirse con Jessica, que al cabo él sabía que sólo era un truco publicitario y que no había ni habría nada entre ellos. ¿Entonces a qué se debía ahora ese reclamo? Prácticamente había tenido su permiso, aunque no necesitaba el permiso de nadie para hacerlo.

—¡Lo de Jessica sólo es un truco publicitario, lo sabes! —intentó exclamar, pero cerró la boca con brusquedad al sentir los labios del actor comenzando a descender por su pecho. Intentó soltarse una vez más, sólo consiguiendo un dolor agudo—. ¡Ah! —se quejó ante la fricción de las sogas quemaban la piel de sus muñecas.

—Ni lo intentes —Changmin alzó la vista para verle—. Mis nudos han ganado premios —le mostró esa breve mueca en forma de sonrisa, volviendo a donde se hubiera quedado para recorrer lento con sus labios ese pecho que subía y bajaba agitado por la respiración de su dueño—. Y lo digo por Boa. Voy a borrar con mi cuerpo las huellas que su cuerpo te dejó. Voy a borrar con mis besos los besos que ella te dio.

—¡Ah! Changmin, no lo hagas… —pidió en un murmullo, presa de la tibieza que aquellos labios recorriendo sugerentes su cuello le producían, dejando besos cálidos y una sensibilidad que dolía.

Tenía que mantenerse lúcido a las caricias que comenzaban a embriagarle. No sabía por qué Changmin parecía molesto, más molesto que enfadado. Quizá pensaba que se había acostado con Boa y actuaba como alguien loco de celos, pero era mentira, estaba malinterpretando todo. Quiso abrir la boca para decirle, aclararle, pero esta fue invadida por la contraria, que le inflamó el cuerpo entero ante su solo roce.

Sus manos atadas al respaldo de la cama le impedían moverse. Sus muñecas escocían por el dolor que la cuerda le causaba. Le estaba hiriendo y aunque de cierta forma le gustaba, también le espantaba. Se sentía a merced de Changmin, pese a que su boca respondiera al beso salvaje que el actor le daba, enredando su lengua con la invasora, dejando que le recorriera y saboreara, que le inflamara la sangre como sólo él sabía haciéndole olvidar dónde y con quién estaba.

Las manos de Changmin fueron moviéndose por debajo de la destrozada camiseta que solía usar para dormir, levantándola de manera lenta y sensual, con los dedos recorriendo cada centímetro de piel descubierta hasta dejar desnuda al resto de su piel. El fresco de la noche ni lo sentía, su cuerpo quemaba, ardía por las caricias con aquella figura que se frotaba contra sí y le arrancaba placenteros estremecimientos que jamás había experimentado.

El castaño abandonó su boca, deslizándose por su cuello entre mordidas suaves para limpiar con su lengua el camino desde su lóbulo hasta la comisura de sus labios, bajando más tarde hasta su cuello de nuevo, robando ligeras sacudidas al modelo. De sus labios habían empezado a escapar quedos gemidos que no pudo detener, en tanto las manos del actor terminaban por levantarle por completo la playera y la dejaba envuelta entre sus manos atadas.

—Por favor, detente… —alcanzó a murmurar cuando Changmin abandonó su boca, dejándole los labios inflamados—. No hagas algo de lo que te arrepentirás mañana… —Si bien no entendía por qué, los gritos en su cabeza le decían que el arrepentido sería él si Changmin se detenía ahora.

—Arrepentido estoy de no haber hecho esto ayer… —masculló contra la piel ardiente del pelinegro.

—¡Suéltame, Changmin! —exigió al sentir esos labios bajar por su pecho—. ¡Agh! —se quejó cuando el menor atrapó con los mismos uno de sus pezones, el cual se irguió ante el contacto—. ¡NO! ¡Detente, Changmin! Detente, no hagas esto… —suplicó al percatarse de que algo despertaba en su entrepierna.

Ya era tarde… Lo sabía, su cuerpo reaccionaba ante las caricias del chico. Se erguía y temblaba dándole mayor movilidad a sus manos, que parecían tener vida propia sobre su anatomía. Ya no era necesario que su cerebro ladrara órdenes a su cuerpo, porque este, rebelde, se negaba a obedecerle. El aliento de Changmin chocaba sobre su piel desnuda y él sólo podía sentirse arder ante los besos y las caricias que el más joven le regalaba. ¿Por qué no podía hacer nada? ¿Por qué su cuerpo reaccionaba ante sus toques? Sabía de antemano que Changmin sólo deseaba su cuerpo y no era su intención entregarse a él, pero le era imposible no responder a cada caricia y beso dado. Su mente se encontraba a punto de renunciar a la batalla contra su cuerpo, incapaz de seguir negándose al placer que sólo Changmin sabía despertarle.

Le deseaba, al igual que él, lo deseaba y mucho. Pero sabía que Changmin no sentía nada por él. ¿Entonces por qué parecía celoso?

—Sólo puedes ser mío, Jaejoong… De nadie más… —escuchó la voz ronca respondiendo involuntariamente a su pregunta mental, entristeciendo a su corazón.

Un estremecimiento aún mayor le sacudió por entero el cuerpo cuando las manos del actor descendieron sobre sus caderas, bajando el pantalón del pijama. A pesar de las palabras soltadas tan frías, su cuerpo ardía ante las caricias. La suavidad de las manos del castaño la sintió por toda la piel de su cadera, hasta que llegaron a sus glúteos y se detuvieron ahí, masajeando con entera maestría, moviendo y apretando, arrancándole gemidos mucho más sonoros.

Sus intentos por sellar sus labios para evitar que los sonidos escaparan resultaba una tarea imposible. Su boca se abría y sus ojos se cerraban al sentir los labios del actor recorrer su vientre mientras aquellas manos bajaban por completo su pantalón para dejarlo por entero desnudo. Su excitación quedó totalmente visible, pero por continuaba atado a la cama, y por más que jalaba y tiraba, sólo conseguía hacerse daño. Se sentía impotente… y excitado a más no poder.

—Eres perfecto… —susurró la voz de Changmin a su oído, con un nuevo beso siendo arrancado de sus labios, y respondido, pese a que no deseaba hacerlo. Una mano del menor se deslizó furtiva hasta su miembro erecto, empezando a masturbarle.

—N… no… Changmin, no… —pronunció entre jadeos cortados por su respiración agitada al momento en que la boca del más chico se separó para tomar aire. Estaba siendo violado y nada iba a poder quitárselo de la cabeza. Se negaba a ser tomado por la fuerza.

—No mientas, Jaejoong… —respondió con los labios pegados a su abdomen—. Lo deseas tanto como yo… Tu cuerpo responde, tiembla y se estremece ante mis caricias. Lo deseas, admítelo…

—N… no… Deten… Detente… Por favor, detente… ¡AH! —Otro gemido más fuerte escapó apenas sintió algo cálido y húmedo cerrarse sobre su excitación despierta.

¡Dios! Se sintió de pronto transportado al cielo, jamás mujer alguna le había hecho sentir de esa forma. Changmin era un experto, de eso no había duda, sabía bien lo que hacía. Sin haber llegado a esos extremos ya lo tenía excitado, sólo con haberlo besado y acariciado su cuerpo ya había respondido. Y ahora… ¿Ahora? Los gemidos audibles escapaban de su boca sin poderlo evitar. Changmin sacaba y se metía su miembro en la boca haciéndole estremecer y vibrar como jamás pensó hacerlo. Lo tomaba sin obtener ninguna resistencia. Su miembro empezó a pulsar en la boca ajena, en cualquier momento se vendría en la húmeda cavidad. En cuestión de segundos, tuvo que apretar los labios cuando se sintió llegar al límite y el semen salió disparado al interior de la boca del castaño. Esta vez no había podido detenerse, no había nada que les interrumpiera de conseguir su orgasmo con su amante… ¿AMANTE?

No, no era su amante. Él le había obligado, le había pedido que se detuviera y no lo hizo. Le había atado a la cama impidiéndole el defenderse. Aunque, ¿se habría defendido?

Su respiración estaba todavía agitada, su mente tremendamente confundida. Ni cuenta se había dado de que Changmin se había quitado la ropa y volvía a colocarse a sus pies. Sus ojos se abrieron de golpe al sentir las manos del actor abrirle las piernas.

—¿Changmin?… —susurró sin entender, su cuerpo tensándose.

—Relájate, Jaejoong… o será doloroso para ambos. Aún no hemos terminado…

Fue una sensación extraña, pero supo, fue uno de los dedos del actor el que comenzó a abrirse paso en su interior, lastimándole. ¿Cómo le pedía que se relajara si era la primera vez que estaba con un hombre? Pero entonces le sintió tomar su miembro entre sus dedos para empezar a masturbarle una vez más.

—¡Aaahh! —Un sonoro gemido escapó de su boca. Mientras una mano del menor le acariciaba la otra le preparaba—. No… —masculló mordiendo su labio. Su miembro despertaba de nuevo y el dolor se hacía menos intenso.

Pronto se encontró moviendo sus caderas con lentitud, en tanto Changmin introducía un segundo dedo que fue recibido con menos dolor. En sólo instantes, su miembro estuvo por completo erecto y casi preparado porque un tercer dedo fue recibido sin mucha resistencia.

—Pídeme ahora que me detenga —escuchó la fría voz del actor, ronca por la pasión, retumbar entre las cuatro paredes de su habitación. ¿Que se detuviera? ¿Acaso estaba loco?—. ¡Pídemelo ahora, Jaejoong!

—¡Eres un maldito desgraciado! —clamó entre jadeos, temblando presa de la pasión que Changmin había despertado en él—. Eres un témpano de hielo, eres un…

—Ya te has dado cuenta que no soy de hielo… —señaló introduciendo un cuarto dedo en su interior, provocándole un gemido mucho más fuerte. Comenzó a sacar y meter sus dígitos en la apretada abertura, haciéndole jadear. Jaejoong necesitaba más, su miembro pulsaba en la mano del actor y sus caderas se mecían como desenfrenadas—. ¡Pídelo ahora!

—¡Deja de jugar! —ahogó molesto—. No quiero…, no quiero… ¡NO QUIERO QUE TE DETENGAS! —gritó fuera de sí, rindiéndose a la pasión, suplicando por más.

Changmin retiró sus dedos del interior de Jaejoong haciéndole respingar de desilusión, sólo para al instante tomarlo por la cintura, posicionando su propio miembro contra la entrada del mayor. Los jadeos del pelinegro se escuchaban por toda la habitación, sabiendo de antemano que un gemido más fuerte podría descubrirlos. Pasaba de la media noche, aunque no faltaba quién anduviera por los pasillos a esas horas. Pero no podía callarse, era algo ajeno a su voluntad, por primera vez, desde que había comenzado su vida sexual, no podía controlarse. Jamás con mujer alguna había disfrutado tanto como con Changmin. Y esto aún no terminaba.

El castaño colocó su mano sobre la boca del modelo, evitando que siguiera gimiendo tan alto como lo hacía.

Entonces lo sintió…

El miembro caliente y pulsante del menor se introdujo de una sola arremetida en su interior. Lo había preparado lo suficiente como para que no doliera tanto, además de que pudo identificar el uso de un condón lubricado, y aun así… sintió su interior desgarrarse, un fuerte dolor que pensó le partiría en dos. Muchas veces lo había escuchado de sus amigos gays, pero vivirlo era peor. Mordió con todas sus fuerzas la mano del actor para aguantar, al grado de probar el sabor metálico de la sangre –¿Cuántas veces no lo había hecho al recibir los golpes de su hermano?–, hasta que al cabo de unos segundos el dolor empezó a pasar, convirtiéndose de a poco en un placer extraño.

Changmin se mantuvo quieto, esperando a que Jaejoong se acostumbrara a la invasión y el dolor de la primera vez se diluyera; una vez el modelo dejó de morderle, le soltó. El cuerpo del pelinegro se movió de manera involuntaria, envolviendo las caderas del menor con sus piernas, lo que llevó al miembro del chico hundirse más en él para después salir y volver a entrar, dejándose arrastrar por la grata sensación. La mano del actor volvió a atrapar el miembro del mayor para continuar masturbándole, mientras su otra mano le sostenía de la cintura. Se movieron a la par, en una danza de movimientos ascendentes y descendentes, subiendo y bajando, jadeando y sudando juntos. Jaejoong sentía el cuerpo perlarse en sudor, con el corazón desbocándose en su pecho. Las caricias de Changmin le volvían loco, su erección pulsaba de nuevo entre las manos ajenas, a punto de terminar.

—Maldito… desgraciado… —siseó sofocado, apretando los dientes al escuchar un fuerte gemido y el cómo el miembro del menor pulsaba en su interior para derramar su semilla caliente en el condón que se hubiera puesto. Apenas sentirlo, su semilla también escapó derramándose por completo en la mano del actor y parte de su vientre.

Sus brazos sufrían horrores, sus muñecas escocían por los raspones de la cuerda y sumado a eso, la espalda le mataba y sin embargo… ¡No importaba!

Lento, sintió el miembro de Changmin salir de su interior, un segundo antes de que se desplomara sobre su cuerpo en tanto su respiración se normalizaba. Su propia respiración estaba más que acelerada, por lo que cerró los ojos para disfrutar del momento. Así, con Changmin sobre su cuerpo, con el calor extremo que otra piel le proporcionaba.

—Mío… —le escuchó murmurar, aquellos labios besando su pecho—. Sólo mío…

Jaejoong abrió los ojos al escuchar la afirmación, molesto y profundamente herido. No era de nadie, DE NADIE, ni siquiera de aquel que había poseído su cuerpo. Y tenía su corazón, respondió algo en su interior.

—Yo no soy de nadie. —sentenció molesto. Trató de empujar aquel cuerpo con el propio, pero el dolor era tan grande que no logró moverse.

La figura de Changmin se estiró sobre él, llegando a las sogas que mantenían sus muñecas atadas al respaldo de la cama. La tibieza de los labios ajenos recayeron junto a su oído al tiempo en que jalaba la cuerda para soltarle al fin.

—Será mejor que no le digas esto a nadie, o sino… la próxima vez no seré tan considerado.

Jaejoong apretó los ojos con fuerza, sintiéndose miserable. ¿Pero qué esperaba? ¿Que al irse le dijera algunas palabras tiernas? ¿Un ‘Te quiero’ quizá? ¿Un ‘Gracias por la magnífica noche, te llamaré mañana’? Cuando él se acostaba con alguna mujer, si no sentía nada por ella procuraba irse haciéndolas sentir bien, les decía cosas tiernas y les daba las gracias… pero el desgraciado se iba lanzando una amenaza.

—¡TE ODIO! ¡TE ODIO! —gritó entre jadeos de indignación, mientras su agresor se colocaba la ropa a tientas.

—No, Jaejoong. No me odias, estás enamorado de mí…

—¡MENTIRA! —negó enfadado—. Voy a demandarte por violación. —Changmin no dijo nada por unos momentos.

—Para demandarme necesitaras alguna evidencia, y eso lo llevo conmigo al dejar tu única prueba en el condón. Y no te engañes, Jaejoong, no fue una violación, tu boca y tu cuerpo se pusieron de acuerdo en un momento. Te di la oportunidad de detenerme y no la tomaste. Fuiste mío por voluntad propia.

—Mentira… me… mentira… Te odio, Shim Changmin, ¡TE ODIO!

—Te he poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente. Tu corazón no me importa y jamás llegará a importarme, ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi venganza…

“Voy a poseerte y voy a herirte. Me amarás aun que me odies, esa será mi venganza”

Al escuchar esas palabras dichas con tanto odio y coraje, abrió los ojos. El dolor en el corazón se hizo insoportable.

«¿Venganza?» Entonces aquellas palabras escritas eran para él. ¿Para él? ¿Por qué? ¿Por qué…? «No, esto… jamás sucedió… Jamás sucedió… Jamás» repitió para sí mismo, arrastrándose sobre el lecho de la cama hasta llegar al suelo, con un intenso dolor, más dolor en el alma que en el cuerpo.

La poca felicidad que había sentido se esfumó de golpe al escucharle. El muy infeliz se marchaba sin mirar atrás, mientras él, de forma lastimosa y torpe lograba ponerse el pantalón del pijama.

«Jamás pasó…» se dijo por enésima, vez cerrando los ojos y jalando la cobija para cubrir su cuerpo maltrecho. Fue ahí que notó bajo la cama la botella que Boa le trajera momentos antes, seguramente había caído al suelo durante el forcejeo. Estiró la mano y la tomó; con los dientes le retiró el corcho, disponiéndose  a olvidar con alcohol todo lo ocurrido.

Iba a olvidarlo, iba a hacerlo, así tuviera que beber toda la botella, iba a olvidar que se había entregado a Changmin… Si tan sólo hubiera mantenido su maldita boca cerrada…

Pero de nuevo lo había arruinado todo…

TODO…



–.—.—.—.—.—.–



Changmin ni siquiera se dio cuenta del cómo llegó hasta el balcón de su habitación, notando la cortina que se colaba por una rendija de la ventana abierta. Abrió la puerta de su cuarto con mano temblorosa, el aire frío de la noche golpeaba su piel ardiendo. Cerró la puerta de manera instintiva, dejando recargar su cuerpo por completo, si bien sus piernas no lograron sostenerle más, dejándole resbalar hasta el suelo. Su mirada quedó fija en la nada, su cuerpo seguía aún temblando.

Temblando… como jamás lo había hecho.

—¡Dios! Jamás va a perdonarme… —soltó en un murmullo, ocultando la cabeza entre sus piernas.




 ❥ Fin del Capítulo Nueve.



—.—.—



¡SORPRESA! ¿Qué tal? Llegamos al clímax -literal(?)-

No tengo mucho qué decir, sólo... creo que me ha dado mucho por mencionar a los chicos de BIGBANG en estos últimos capis, kkk. Ojalá les haya gustado.



2 comentarios:

Junsa dijo...

Hola..
O.O este cap estuvo intenso Oh por dios Changmin que has hecho, ahora si que estoy mas interesada y con muchas preguntas, siento lastima por Jae se entrego a Min por amor que por calentura, y el solo esperaba algo lindo por parte de Min...
ah quede sentimental a este capitulo. quiero saber mas....
porfis no demores y sigue con los siguientes amo amo amo amo esta adaptación.
Saludos..............

mariposa_22_11 dijo...

Solo tengo un frase:

"Oh my god sun"
......

ChangMin sufre al final, luego de violar-no violar a Jae... Malditos celos suyos... ¿qué pasará ahora? Ay, ay, y quiero saber porqué tanto odio y venganza hacia él.. ¿porqué? ;;

Qué intensos ambos... ¡de verdad!

Y... JJ con Jessica... es que noooo. BoA ya se enamoró de YunHo HAAHAH.

Está genial Soulfighter, sigue, sigue, quedan más capítulos;;

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