Lo recuerdo
como si hubiera sido ayer, a pesar de que ya han pasado poco más de tres años…
Recibí la
llamada de Sunny pocos días antes de que terminaran las clases y comenzaran las
vacaciones de invierno. Me ofrecían hacer un comercial en Chuncheon, la capital
de Gangwon, para promover el turismo. Era la oportunidad perfecta, yo no
deseaba ir a casa a pasar las navidades y sufrir el desprecio de mi madre y
hermana, además del repudio de mi hermano; y por qué no decirlo; su odio. Si no
fuera por mi padre, jamás regresaría a la mansión Kim. Así que decidí aceptar
el comercial. Los únicos requisitos eran: saber esquiar y patinar sobre hielo.
Esquiar no sabía, pero el cliente se ofreció a pagarme un maestro para que me
enseñara lo básico y ya patinaba sobre ruedas. ¿Qué tan difícil puede ser
patinar sobre hielo?, me dije.
«¡Santo Dios!»
Patinar sobre hielo es tan o más difícil que aprender a caminar sobre la cuerda
floja. En principio, los patines son muy pesados, tanto que los pies se te
hacen checos (hacia adentro o hacia afuera) y el dolor se hace insoportable,
sobre todo si hace frío y créanme, en Chuncheon, hace frío; las caídas además
de ser dolorosas te provocan raspones horribles, porque el hielo quema la piel;
ropa excesiva no te permite moverte, pero ropa ligera hace que te congeles.
¡No, definitivamente aprender a patinar sobre hielo fue el infierno! Y aprender
a esquiar no fue el cielo. Conservar el equilibrio sobre un par de barras de
escasos centímetros de ancho es más difícil que aprender a pararte de puntillas
en clases de ballet. Las caídas en la nieve fueron tan frecuentes que casi
terminé en el hospital con costillas y piernas rotas. El frío ahí era tan
fuerte que apenas salías del hotel, el viento te congelaba la cara. Quizá traía
gruesos abrigos, botas y guantes, pero fue imposible cubrirme por completo el
rostro que al final del día terminaba por completo rojo, si no es que azul.
Al final de
las tres semanas en Chuncheon, había logrado mantenerme en pie sobre los skies
cuando iba de bajada por la montaña y dar un par de giros en patines para
filmar el comercial que fue trasmitido recién entrado el año. Pero mi cuerpo
terminó tan maltratado, que por mucho tiempo deseé haber rechazado el comercial
y aceptado ir a casa a recibir las palizas de Hyunjoong.
De todas
formas no pude escapar a ellas.
Llegué a
casa por la tarde, un par de días antes de año nuevo. Me sorprendí de no ver a
nadie, pero di gracias por eso. Escuché cómo el ama de llaves tocaba a mi
puerta para decirme que mi padre me esperaba en la biblioteca. No sabía que él
estaba en casa, sino hubiese ido de inmediato a saludarle.
Bajé
corriendo las escaleras y llegué de igual modo hasta donde mi padre me esperaba,
entrando de golpe y lanzándome a sus brazos para darle un beso de navidades
atrasadas, diciéndole cuánto lo extrañaba. Papá sólo me felicitó de forma seria
y me pidió que me sentara. Kim Eungsoo era un hombre poco expresivo, rara vez
dejaba ver sus emociones, pero siempre tenía un cálido recibimiento para
conmigo. En esta ocasión no fue así, por lo que me dio la impresión de que algo
malo pasaba. Y no estaba equivocado…
La familia Kim
estaba en bancarrota, papá había invertido todo su capital en proyectos que no
redituaron ganancias. Había solicitado prestamos al banco y ahora no tenía con
qué responder. Sabía que las cosas con los negocios familiares no iban bien,
por eso, parte de lo que ganaba iba a parar a manos de la familia; pero tampoco
sabía que estaban tan mal. Me di prisa en ofrecerle mi sueldo completo como
modelo y todo aquello que tenía en mi cuenta bancaria. Papá rió amable, todo
aquello que yo poseía no alcanzaba para pagar sus deudas. Ni siquiera vendiendo
la mansión, las pinturas, los autos o las propiedades. Eso me asustó mucho. Por
lo mismo y a sabiendas de que no podría pagar, los abogados habían hecho algo
que me involucraba directamente desde hacía un par de años: Todas las
propiedades de la familia, incluyendo algunas acciones en la bolsa estaban a mi
nombre.
—¡Papá!
Fue una
sorpresa enorme enterarme de que papá sólo confiaba en mí, ya que mis hermanos
habían demostrado no ser dignos de confianza. Lo único que me pedía era que, si
él llegaba a faltar, no los desamparara, pero que tampoco pusiera las
propiedades a nombre de Hyunjoong, ya que éste las utilizaría para saciar su
vicio. Se lo prometí.
Escuchamos
la puerta abrirse de golpe y azotarse contra la pared. Hyunjoong había entrado
furioso con varios papeles en la mano, se había enterado que las propiedades
estaban a mi nombre y llegaba reclamando lo que él consideraba suyo. Había
apostado una enorme fortuna y quería poner la mansión como garantía de pago,
pero al estar a mi nombre y no al de papá los hombres con los que había
apostado no se la validaron. Al verme, Hyunjoong quiso golpearme, pero papá se
interpuso y ambos comenzaron a discutir de forma acalorada. Quise detenerlos,
me metí en medio y mi hermano siguió gritando cosas ofensivas, señalando todo
el odio que sentía por mí y por el hombre que le dio la vida. Fue entonces que
el grito de dolor de papá nos hizo detenernos, le vimos caer al suelo y yo
corrí de inmediato a ayudarle, mientras Hyunjoong parecía haberse quedado
pegado al suelo.
—¡Rápido, hyung,
una ambulancia! ¡Una ambulancia! —grité, logrando que la servidumbre llegara
hasta la habitación asustada.
Mamá y Hyuna
llegaron en el momento justo en que los paramédicos levantaban a papá para
llevárselo a un hospital, presa de un paro cardiaco.
—¡Es tu
culpa, tu culpa! —chilló Hyunjoong empujándome dentro de la casa y evitando que
me fuera con mi padre en la ambulancia, pero yo forcejeaba tanto que terminó
mandándome al suelo de un puñetazo mientras él se marchaba con mi madre en su
auto.
“Es tu culpa”
¿Cuántas
veces no escuché esa misma frase a lo largo de las semanas, de los años? Hyunjoong
le dijo a mamá que yo había convencido a papá para que me lo dejara todo. Mamá
le apoyó diciendo que a mí me convenía que muriera, que dejara de ser un
hipócrita yendo todos los días al hospital a verlo. No me creyeron cuando les
dije que yo no sabía nada, tampoco le creyeron al abogado cuando les dijo que
no podía ceder los derechos de todas las propiedades a mi hermano. Papá aún no
moría y Hyunjoong ya estaba peleando por su herencia.
Yo rogaba
porque papá viviera. Me quedaba con él por las noches, cuando todos se habían
marchado y lograba colarme por la ventana de mi habitación (Mamá ordenó al
director Lee que no me dieran permiso de salir de la escuela). Si el director
se enteró de mis salidas, jamás dijo nada –Yo creo que sí se enteró, pero él
sabía cuánto adoraba yo a mi padre–.
Papá regresó
a casa al cabo de un par de meses, pero su salud quedó muy menguada. Debido al
infarto, dejó de mover sus piernas y la parálisis facial le afectó la mitad de
la cara y brazo derecho. Pasaron seis meses de continua terapia física para que
pudiera volver a mover su brazo y los músculos de la cara regresaran a la
normalidad, pero sus piernas no recuperaron su movimiento.
Mi cuerpo
dolía por las caídas en Chuncheon, y al no tener la recuperación adecuada
debido a la enfermedad de mi padre, tardé algún tiempo en recuperarme.
El frío de Chuncheon
calaba hasta los huesos y me hacía estornudar constantemente, pero el frío en
casa por parte de mi familia era aún más insoportable…
–.—.—.—.—.—.–
—¡Achou!
El fuerte
estornudo le hizo cerrar los ojos, sólo para abrirlos más tarde con dificultad
sin que su vista lograra centrarse en nada, apenas y podía distinguir un bulto
frente a sí que no sabía si era o no una persona, pero la ligera risa que llegó
a sus oído le indicó que sí, había alguien frente a él.
Talló sus
ojos para aclarar su visión y fue entonces que todo se esclareció. La mirada
divertida de Yoochun le observaba con fijeza, sonriendo al por demás divertido.
Traía en la mano una espiguita, que era con la que le había hecho cosquillas en
la nariz para que estornudara.
—Parece que
la fiesta de anoche estuvo buena. ¿Te bebiste tú solo todo este licor? —señaló
con la espiga la botella vacía que reposaba a un costado del modelo—. Hasta
dormiste en el piso. ¿O te caíste de la cama? —Jaejoong parpadeó un poco y
comenzó a reír divertido mientras intentaba incorporarse, dejando que la cobija
resbalara por su figura revelando su pecho desnudo. Apenas intentó pararse, un
fuerte dolor en la espalda se lo impidió.
—¡Auch,
auch! Por el dolor creo que me caí de la cama… —masculló cubriéndose el rostro
con ambas manos. La cabeza había comenzado a dolerle al ver el brillante sol de
la mañana.
—¿No lo
recuerdas? —preguntó el músico aún desde su posición.
—No, no, no
lo recuerdo y hazme un favor —susurró sin descubrirse los ojos—. No me grites.
Me duele la cabeza. Ese maldito sol está brillando demasiado esta mañana… Me
voy a enfermar.
—Enfermo ya
estás, pero por la borrachera que te pusiste anoche. Voy a ir al comedor a
prepararte algo para la ‘cruda realidad’. Traes un tufo que a 10 metros se
darían cuenta que tomaste.
—Te lo
agradezco, Chun. Voy a darme un baño rápido y te veo abajo.
—Date prisa
o se te hará tarde.
—Sí, está
bien.
Yoochun se
levantó de la cama donde había permanecido boca abajo para ver a Jaejoong
sentado en el suelo. Vio y escuchó la dificultad con la que su amigo se ponía
de pie, mientras procedía a contarle su sueño.
—Soñé que
estaba en Chuncheon, aprendiendo a patinar y esquiar. Quizá por eso me caí de
la cama. Seguro traté de dar un giro sobre el colchón, pensando que era el
hielo, y como entonces, terminé en el suelo. —relató sin verlo, dirigiéndose a
la cómoda para sacar algo de ropa interior.
El músico
sólo sonrió al recordar cómo había regresado Jaejoong de filmar aquel
comercial: Totalmente amoratado, raspado y adolorido. Claro que además de las
caídas en Chuncheon, debía sumarse el nulo descanso por la enfermedad de su
padre. Jaejoong había pasado una pésima navidad y de ese momento a la fecha no
había vuelto a su casa a pasar las fiestas, sólo llegaba de visita una que otra
vez y hasta ahora que se enteraba por qué. Se giró un poco para ver a su amigo
antes de abrir la puerta y salir. Jaejoong andaba sin la camisa del pijama,
dando de una forma muy extraña hasta la cómoda para sacar ropa interior. Arqueó
una ceja al ver al pelinegro tentarse la espalda entre un par de muecas de
dolor… y los ojos del músico se abrieron enormes. ¿Estaría malinterpretando
esas señales? Porque ese gesto, ese dolor, esos movimientos torpes al caminar…
ya lo había visto antes.
—Jaejoong…
—llamó, consiguiendo que el mencionado se girara con un signo de interrogación
en el rostro. Él ya pensaba que su amigo se había ido desde hacía rato.
—¿Sucede
algo? —preguntó al notar la extraña mirada que Yoochun le dirigía. De pronto se
sintió como si estuviese robando algo y le hubieran atrapado con las manos en
la masa. Pero el otro cabeceó en negativa.
—Nada,
olvídalo. —Y cerró tras suyo dejando al pelinegro confundido.
Fuera de la
habitación, Yoochun permaneció de pie frente a la puerta pensando en lo que
había visto, pero era algo imposible de imaginar siquiera. ¿Jaejoong? ¿Pero con
quién?
El sonido de
una puerta al abrirse le distrajo de sus pensamientos, volteando hasta la
habitación contigua a la de Jaejoong. Una alta figura salió de ahí, con quien
intercambió una mirada por intensos segundos. Changmin había aparecido por
completo vestido, mientras él aún usaba su pijama. No era extraño que el actor
se levantara una hora antes que el resto de los alumnos para hacer ejercicio,
eso lo había escuchado de los conserjes que solían topárselo en el gimnasio. El
menor caminó en su dirección con paso seguro y no pudo evitar notar el vendaje
que llevaba en su mano derecha –¿Producto del ejercicio, quizá?–. Por un
momento le pareció que se detendría a preguntarle algo, pero sólo le vio
cabecear a modo de saludo, luciendo un visible raspón en su mejilla izquierda;
pasó a su costado sin pronunciar palabra, directo hacia las escaleras para
perderse por ellas.
Yoochun
parpadeó sin comprender nada, más confundido que nada por la idea que había
cruzado por su cabeza.
—¿Jaejoong y
Changmin?… No, eso es imposible. —negó regresando la vista del cuarto del
pelinegro a las escaleras por donde el actor había desaparecido.
¿Sería acaso
que los rumores eran ciertos?
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong
sentía todo su cuerpo molido. «Ese sueño fue bastante real» pensó para sí entre
esfuerzos para llegar a la ducha. Tenía un hambre atroz, mucha sed y su cabeza
dolía horrores. «Jamás vuelvo a beber» se prometió por enésima vez. Muy apenas
pudo levantar la mano para pasársela por la cabeza y meterse bajo la regadera,
donde el vapor cálido ya inundaba todo el cuarto.
Algo en él
se sentía extraño, y no sólo por haber bebido. Estaba relajado y lleno de
energía a pesar del dolor. «Como si hubiera tenido una noche de buen sexo» se
dijo al sentir el agua tibia correr por su cuerpo. Cualquier cosa que hubiese
ocurrido anoche, no quería recordarla mientras se siguiera sintiendo así de
bien. Pero entonces su muñeca se vio cubierta de la espuma del jabón y algo
comenzó a picar; al escurrir el agua para dejar limpia la piel, las marcas
rojizas en ella resaltaron. ¿Dónde y cómo se las había hecho?
Y como en flashback,
las imágenes de la noche anterior asolaron su memoria.
—No… —musitó
perdido en las marcas que iban quedando descubiertas conforme el jabón caía al
suelo.
En sus
recuerdos veía la cuerda que él mismo había tomado de debajo de la cama, y el
cómo había sido utilizada para ser atado a la cama…
—No, no… —su
voz se fue elevando ante la imagen de Changmin sobre él, besándole,
torturándole con sus caricias, logrando que su propio cuerpo respondiera a la
pasión con la que era tomado.
Se agachó
veloz a tomar el jabón del suelo para tallarse con frenesí en un intento por
limpiar su cuerpo, por quitar el aroma del actor de su piel, de borrar las
huellas que le hubiese dejado.
—No, no, no…
—repitió cuando el jabón se le resbaló y sus manos viajaron directo a cubrir su
rostro, recordándose a sí mismo gimiendo de placer al recibirle, suplicándole
que no se detuviera cuando le había dado la oportunidad de hacerlo.
Se sentía
sucio, usado y desechado. Por eso no quería recordar, por eso había bebido
hasta la última gota de licor que había en la botella, por eso… ¿Pero de qué
servía? Al siguiente día recordaba todo y sentía todo…
—¡NOOO!
—ahogó poco antes de devolver el estómago, dándose cuenta de que había sido
cruelmente utilizado, violado y desechado… porque lo que Changmin había hecho
con él no era el amor, aunque en un principio lo pareció.
“Te he
poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente. Tu corazón no me importa y jamás
llegará a importarme. Ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi
venganza…”
Recargado en
la pared fue cayendo poco a poco, hasta que su cabeza llegó a ocultarse entre
sus piernas, donde el agua mojara toda su piel, su cabeza, sus recuerdos…
aunque algo como lo de anoche, jamás podría olvidarlo.
Changmin lo
había violado…
–.—.—.—.—.—.–
Yoochun no
paraba de mirar su reloj. Había despertado a Jaejoong con suficiente tiempo
como para que se arreglara y bajara a desayunar, su remedio para la ‘cruda’ le
estaba esperando y el muy flojo seguramente se había vuelto a dormir. La risa
de Boa al despedirse le distrajo de sus pensamientos, alzando la vista hasta la
pelicorto frente a él aunque, más atrás, pudo captar el momento en que el
vecino de su amigo, Changmin, veía hacia la puerta del comedor.
—Lo está
esperando. —murmuró bajo, sin darse cuenta que Hangeng había podido escucharle.
—Lo que no
sé es por qué no se sientan juntos. Son novios, después de todo, ¿no? —Yoochun
volteó de golpe hasta su platinado amigo, en tanto Boa se alejaba sin
percatarse de la conversación.
—¿De qué
hablas? —inquirió sin comprender.
—De lo mismo
que tú. —aseguró el moreno-rubio, limpiando su parte del mantel en la mesa para
recoger su bandeja e irse, pero el agarre del músico sobre su brazo lo detuvo.
—Yo hablaba
de Changmin y Jaejoong —le miró serio—. Ellos no pueden ser novios, en
principio porque Jaejoong no es gay y en segunda porque se llevan terriblemente
mal. —Hangeng empezó a reír estridente, llamando la atención de más de uno en
el comedor. Incluso de Boa, quien se detuvo en la puerta para voltear a verlos.
—No, yo
hablaba de Luna y Jinki. Son novios, pero tratan de mantenerlo oculto a los
demás, por eso, creo, no se sientan juntos; y como él aún no llega creí que
decías que lo esperaba porque habías visto a Luna mirando a la puerta.
Yoochun negó
con la cabeza, regresando su vista al frente para encontrarse con la mirada
inquisitiva de Changmin. El actor ya se había levantado con su bandeja en mano,
pero sólo anduvo por un costado y le vio de reojo antes de salir del comedor.
Desde
aquella vez en la sala de estar que sabía del interés de Changmin por Jaejoong,
pese a que el modelo tuviera novia. Infiel, pero novia al fin y al cabo. Él no
era gay, aunque… Sí, aunque a últimas fechas Jaejoong había hecho enormes
esfuerzos porque Changmin lo notara. Quizá él no lo sabía, quizá actuaba sin
saber. Quizá Jaejoong también estaba interesado en el actor y aún no se daba
cuenta…
Sí, quizá…
–.—.—.—.—.—.–
Poco antes
del escándalo de la risa de Hangeng, Changmin había podido ver a Boa alejarse
del comedor, decidiéndose por seguirla. Había una duda que le carcomía el alma.
Al verla entrar al taller de costura aprovechó la hora temprana y el que este
estuviera solo para llegar directo e interrogarle.
Boa sacaba
unas hojas de diseño de una de las mesas de trabajo, observándolas bien antes
de meterlas a la carpeta de dibujo. Estaba contenta, tarareando distraída una
canción romántica cuando un golpe a la puerta la asustó.
—¡Changmin!
—ahogó al verlo recargado sobre el umbral con los libros bajo el brazo. No lo
había escuchado acercarse, y ahora estaba tan sorprendida como nerviosa—. No…
no te… esperaba por aquí… —logró balbucear, las piernas temblándole. Está bien
que eran compañeros de clase y ya hasta le saludaba, pero su cercanía todavía
le intimidaba—. Justo iba a llevarte al salón unos diseños que quería
mostrarte. Quería que me dijeras cuál te gustaba más y ponerme a trabajar en
él. —explicó al sacar de su carpeta los diseños para tendérselos. Changmin los
miró apenas un momento, pero no se movió ni se molestó en tomarlos. Boa se
sintió avergonzada y bajó el brazo con los dibujos, esperando por lo que fuera
a decirle.
—¿Qué caso
tiene tener un diseñador si este va a preguntarte qué es lo que más te gusta?
¿No se supone que deberías saber qué es lo que mejor me queda? Armani nunca me
preguntó nada, sólo iba a que me tomaran las medidas y me entregaban el traje,
el cual siempre fue bien recibido. Estoy depositando mi confianza en ti por
recomendación de Jaejoong. —Boa enrojeció por la reprimenda. ¡Tenía toda la
razón! Changmin jamás hubiera accedido a ponerse un traje suyo si no fuera por
el pelinegro. No iba a fallarle… No, iba a hacerle un traje con el que luciera
espectacular.
—Lo lamento,
Changmin-ssi… —musitó más repuesta y segura—. No voy a defraudarte, ni a ti ni
a Jaejoong que fue quien me recomendó.
—¿Qué hacías
en la habitación de Jaejoong anoche? —la inesperada pregunta, helada, espantó a
la pelicorto. ¡Le había visto, le había visto e iba a delatarle! Lo sintió
aproximarse, con esos delgados dedos tomándole por la barbilla de un fuerte
agarre que le hizo por poco derretirse por el contacto—. ¿Qué hacías?
—repitió—. ¿Te acostaste con él?
—¡NO!
—reaccionó totalmente sonrojada, retrocediendo un paso para separarse de él—.
No desde que… terminamos… —bajó la vista avergonzada. No se hubiera imaginado
confesarle a Changmin algo semejante—. Él y yo somos amigos, sólo amigos, y
anoche fui a agradecerle por haberme recomendado contigo, ya que no lo había
visto en todo el día… —explicó de corrido, explicándose ante aquella mirada que
le observaba escéptica.
—Te vi
entrar a su habitación, se escucharon carcajadas y poco después jadeos —Boa
enrojeció de nuevo, cubriendo sus ardientes mejillas con las manos—. No me vas
a decir que no te acostaste con él, te despediste con un beso y le dijiste que
era magnífico.
—Pero no se
lo dije en ese sentido… —intentó aclarar. Paranoicamente, se sentía como si
estuviera en medio de alguna clase de juicio siendo acusada por un intimidante
fiscal. Como si fuera la santa inquisición y estuviera por ser quemada por
hereje—. Y… los jadeos que escuchaste fue porque… me puse a brincar la cuerda
en su habitación… Yo… y-yo no amo a Jaejoong, amo a… a…
—¿A quién?
—exigió en un tono seco y demandante que hizo a Boa tragar saliva asustada.
—A Yunho…
La mirada de
Changmin quedó oculta tras sus cabellos, mientras apretaba los puños y se
volteaba hacia la pared, golpeándola con tanta fuerza que su mano izquierda
terminó herida.
—Maldición…
Me estaba diciendo la verdad…
Boa no pudo
hacer más que mirarle cuando se alejó, no sabiendo qué hacer o pensar. Changmin
se iba con la mano ensangrentada y ella no había podido moverse para intentar
curarle. Changmin… parecía celoso. ¿Celoso?
—¡Dios!
¿Acaso los rumores sobre Jaejoong y Changmin son ciertos?
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong
avanzaba por los pasillos de la escuela rumbo a su salón de clases algo
presuroso, el timbre de entrada estaba casi por sonar. Llevaba sus libros bajo
el brazo, ni prestando atención a los saludos que algunos chicos le dirigían.
Toda su atención iba puesta en una sus muñecas, cubierta por una banda
deportiva; no había encontrado mejor forma de cubrir las heridas hecha por la
soga que usando aquello.
Estaba tan
distraído que jamás notó la presencia que se acercaba hasta él con la firme
intención de detenerle. El escalofrío le recorrió la espalda y se detuvo de
golpe para girar su rostro hacia atrás. Y ahí, abriéndose paso entre sus
compañeros se encontraba el causante de su desdicha: ¡Shim Changmin! El actor
se acercaba a toda prisa y justo su cuerpo eligió ese momento para no
responder, como pegado al piso, con el corazón latiendo acelerado. ¿Y ahora qué
iba a decirle? ¿Qué iba a hacerle? Aquellos ojos fijos en él, le veían como si
fuese un león a punto de devorar a su presa. Quería correr, gritar, pero no
podía reaccionar.
—¡Jaejoong!
—el fuerte llamado le sacó de su parálisis mental y a escasos metros de ser
alcanzado, giró y corrió.
Ni siquiera
supo quién le había gritado o por qué, lo único que sabía es que debía huir de
ahí. No quería volver a verlo, no quería saber nada del Témpano de Hielo Shim…
No, no era un témpano de hielo, y bien que lo había comprobado la noche
anterior.
Pero no
volvería a pasar jamás, JAMÁS. Ya había cumplido con su parte del trato, había sido
suyo, Changmin no tenía de qué quejarse. Ese maldito lo había tomado, ya no
tenía nada con qué presionarlo.
—Quizá por
fin me lo haya quitado de encima… —consideró al abrir la puerta del salón,
ingresando al mismo para llegar a su lugar a toda prisa y sentarse.
—¡Maldición,
Jae! —Yoochun llegaba detrás de él bastante cansado. Jaejoong abrió los ojos
sin comprender nada—. Si no quieres el remedio sólo dímelo, pero no corras… —El
pelinegro soltó la carcajada al ver el frasco que su amigo había dejado sobre
el pupitre.
—Sólo huía.
—explicó con una felicidad que estaba muy lejos de sentir. Podía sentirse morir
por dentro, pero siempre mostraría una sonrisa para todos.
—Sí, ya sé
que huías. El remedio sabe feo, pero es la única forma de que se te quite ese…
—Yoochun se interrumpió de golpe y olfateó el aire varias veces—. Ya no hueles
a crudo. ¿Qué hiciste? —Jaejoong sacudió sus manos con nerviosismo.
—Nada, nada,
sólo vomité. —El músico mostró un gesto de reprobación. Pero no había sido
intencional, el recordar todo lo que hubiera ocurrido con Changmin le había
revuelto el estómago al punto de hacerle devolver todo lo que no había cenado
la noche anterior.
—Vomitar
también sirve, pero que no se te haga costumbre. No vayas a terminar
convirtiéndote en bulímico —Yoochun se encaminaba a su lugar, entre el silencio
que guardó el modelo—. Mejor aún, deja de tomar si no puedes controlarlo.
—Ya deja de
regañarme —musitó fingiendo molestia. Esas mismas palabras las había escuchado
de Changmin antes—. Me haces sentir como un niño. —se recargó sobre el pupitre
haciendo un puchero involuntario.
—Pues deja
de comportarte como un niño y…
La puerta
abriéndose para dejar entrar a su torturador, logró que dejara de prestar
atención a lo que fuera que Yoochun continuó diciéndole. Esa mirada intensa
sobre sí le hizo sentir erizar los vellos de su nuca. En su hiperactiva
imaginación veía a Changmin entrando por la puerta y gritando a los cuatro
vientos que había sido suyo. El sutil rojizo tiñó sus mejillas al ver al menor
acercarse a él. Él tampoco había dejado de verle, su corazón permanecía
acelerado y si se ponía de pie, estaba seguro de que sus piernas temblando no
lograrían sostenerle. ¿Qué quería? ¿Iba a decirle algo delante de todos? El
salón ya estaba lleno, en cualquier momento el maestro entraría y entonces…
¿Entonces?
Pudo ver al
actor parándose delante de él con sus finos zapatos, perfectamente boleados; su
uniforme planchado, sin una sola arruga y sus libros bajo el brazo. Alzó la
mirada hasta quedar sumido en la profundidad de sus ojos. Quería golpearle en
ese momento, reclamarle, decirle cuánto le odiaba. Pero había algo en la mirada
de ese egocéntrico actor que le hacía callar.
—Jaejoong,
yo… —La queda voz del actor le hizo despertar de sus pensamientos e incorporarse
en su pupitre sin llegar a levantarse. Nunca notó la mirada inquisitiva que
Yoochun mantenía ante la escena, como si esperara algo.
—Siéntense
todos —La presencia del profesor detuvo cualquier cosa que el castaño fuera a
decirle. Todos regresaron a sus lugares menos Changmin, y Jaejoong se
sorprendió de que el chico se quedara ahí frente a él sin moverse, ni decirle
nada—. Señor Shim, esperaremos hasta que decida pasar a su asiento para
comenzar la clase. —El tono del hombre era retador y autoritario, no obstante
guardó silencio cuando la mirada del alto chico se clavó en él de forma
intimidante, incomodándolo mientras este volvía a regresar su atención al
modelo.
Jaejoong
sintió la furia crecer dentro de sí. ¿Qué esperaba conseguir parándose así
delante de él, observándolo sin decir nada? ¿Esperaba leerle la mente o la
mirada? Si lo que buscaba era ponerlo nervioso, no iba a conseguirlo, en
realidad empezaba a sentirse molesto por lo ocurrido. Changmin se había portado
mal. No, no mal, terrible con él, y no iba a perdonárselo jamás.
Se puso de
pie frente al actor, ganándose la mirada de todos los presentes. Todo parecía
indicar que había una nueva pelea entre ellos.
—¡Lárgate!
—masculló el pelinegro por lo bajo, el tono exacto para que sólo Changmin
pudiera oírle.
—Necesito
hablar contigo. —susurró el menor sólo moviendo los labios, pero Jaejoong
entendió perfecto y frunció el ceño molesto. No iba a hablar con él jamás. Para
él Shim Changmin ya no existía, había muerto la noche anterior, cuando lo había
violado.
—Ustedes dos
—el maestro sonaba molesto—. Si tienen algo de qué hablar, ¡salgan de mi clase!
—Jaejoong se sentó al instante.
—Yo no tengo
nada de qué hablar con este tipo, profesor. Yo he venido a estudiar, si él
quiere hablar con alguien, que se busque a otra persona.
—Joven Shim,
¿va a permanecer en mi clase o no? —Changmin regresó la vista de vuelta al
modelo, pero este ya ni le veía. Se dio la vuelta y regresó a su banco—. Muchas
gracias, joven Shim —musitó el hombre sin disimular su molestia—. Ahora, vamos
a comenzar la clase.
Yoochun se
acercó con disimulo hasta Jaejoong para preguntarle aquella cuestión que todos
se hacían. ¿De nuevo se pelearon? Jaejoong omitió la respuesta. ¿Pelea? Ojalá
eso hubiera sucedido. Yoochun sabía bien que algo pasaba entre ellos, y era
sólo cuestión de tiempo para que supiera todo, pues al paso que el pelinegro
iba, un día terminaría saliendo todo de su propia boca. ¿Y entonces qué diría
el músico? ¿Qué pensaría de él? ¿Le rechazaría?
Esperaba,
con toda el alma, que jamás se enteraran ninguno de sus amigos y le rechazaran
por ser gay.
Todo el día
se lo había pasado incómodo. Primero, porque Yoochun no dejaba de preguntarle
si había pasado algo entre Changmin y él, cosa que evitaba responder encontrando
el medio perfecto: preguntarle por su novia y si es que estaban peleados, ya
que el lunes había llegado temprano a la escuela y al preguntar por si esa
noche pensaba colarse también por su ventana, el músico le había sorprendido
diciendo que no. Él también evitó responder a la pregunta. Lo segundo que lo
tenía incómodo era la mirada de Boa. Su amiga siempre era muy estridente,
constantemente platicaba con todos, más con Yoochun y con él, pero esa mañana
ni siquiera le había dirigido la palabra, ni un saludo, nada. Quiso preguntarle
si estaba molesta con él, pero sentir la mirada de Changmin clavada en él se lo
impidió. Ya tendría oportunidad de preguntarle luego.
Y lo último
que le tenía incómodo, era justo esa mirada penetrante fija en él. Siempre que giraba
el rostro a su izquierda, ahí estaba Changmin observándole. Había visto, con
cierto desconcierto, que esa mañana el chico se había ofrecido, milagrosamente,
a resolver todas las tareas que los profesores pedían fueran hechas en el
pizarrón, pese a que al terminar aprovechaba para fijar su mirada de vuelta
sobre él. Y eso lo hacía sentir incómodo, humillado. No podía evitar que sus
mejillas enrojecieran de coraje al verle tan calmado después de lo que había
hecho con él la noche anterior.
—Jaejoong…
La mano en
su hombro le hizo saltar del banco, poniéndose de pie de un brinco. Yoochun
también se sobresaltó, soltándolo al mirar su reacción. ¿Por qué estaba tan
nervioso?
—Ya sonó el
timbre para ir al comedor. ¿No piensas ir a comer? —preguntó el músico,
estudiando en silencio el semblante del modelo. No cabía duda que algo le
pasaba. ¿Hasta cuándo Jaejoong tendría la suficiente confianza como para hablar
con él?
—No tengo
hambre, Chun, discúlpame. —El pelinegro se levantó con cierto dolor del pupitre
y caminó de manera lastimera hasta la salida del salón. Yoochun lo observó
marcharse sin decir nada. Jaejoong no había probado bocado desde la mañana,
tenía que averiguar qué había pasado… y el único que lo sabía, era Changmin.
–.—.—.—.—.—.–
Había llegado
algo tarde al comedor y sólo había alcanzado las sobras, motivo por el que
tampoco vio a la persona que podría saber el motivo por el que Jaejoong se
comportaba tan extraño.
Ahora
caminaba por los pasillos del dormitorio para ver si de casualidad se
encontraba a Changmin por ahí, ya que si no tendría que esperar hasta que
estuviera en la sala de estar. Su preocupación por su amigo era mucha, y al no
saber nada por parte de Jaejoong tendría que buscar información por la otra
parte.
Apenas iba
subiendo las escaleras cuando vislumbró la inconfundible y alta figura de
Changmin doblar por el pasillo rumbo a las habitaciones. Estaba de suerte. Se
apresuró a alcanzarlo antes de que el chico llegara a su recámara,
encontrándose con varios alumnos que yacían platicando en los pasillos o
recargados en los marcos de sus puertas. Faltaban todavía algunos minutos para
que los talleres dieran inicio. Yoochun volteó en todas direcciones entre los
chicos, esperaba que el actor no fuese a reaccionar mal a su pregunta como para
dar un espectáculo tal como los que solía hacer con los miembros de la prensa.
—¡Changmin,
espera! —le pidió para que se detuviera y girara el rostro para verle. El
músico le dio alcance a escasos pasos de la puerta de Jaejoong. Él era el único
que podía decirle qué le pasaba al modelo—. ¿Puedo preguntarte qué pasó entre
Jaejoong y tú? —El asombro apareció por segundos en la mirada contraria, pero
igual de rápido la disimuló.
—¿Dónde está
él? Lo he estado buscando —preguntó a su vez, y Yoochun frunció el entrecejo.
Lo estaba evadiendo, igual que Jaejoong.
—Te hice una
pregunta. —reclamó endureciendo el tono de voz. No estaba dispuesto a
conformarse con suposiciones.
—Si Jaejoong
no te lo ha dicho, no tengo por qué decírtelo yo. ¿Dónde está ahora? —Yoochun
se cruzó de brazos, el actor no iba a intimidarle con esa mirada hosca con la
que solía asustar a otros.
—¿Qué le
hiciste a Jaejoong? —insistió molesto.
—Nada que te
importe.
—Le has
reclamado lo que le prestaste para sacar a su hermano de la cárcel y se han
vuelto a pelear —afirmó Yoochun. Changmin sólo esbozó una media sonrisa,
encaminándose de vuelta a las escaleras cuando el músico atravesó su brazo para
franquearle el paso—. Con esa arrogancia y frialdad que muestras jamás tendrás
amigos.
Changmin le
miró de reojo, alzó su brazo derecho con la mano que aún estaba vendada, tomó
la del músico y la separó con fuerza para dejarse el camino libre.
—Las
personas como yo no necesitan amigos. —aseguró al pasar por su costado. Yoochun
se giró para verlo mientras el menor se alejaba.
—Todos
necesitamos amigos. —replicó, Changmin se detuvo para girarse y acercarse a él.
La sorpresa acudió al músico cuando el brazo del actor lo empujó contra la
pared, arrinconándolo sin dejarle moverse.
—Lo único que
necesito, no es algo que tú puedas darme. —siseó clavando su mirada en la
contraria. Yoochun se sintió primero asustado por esa reacción, pero al
comprender no pudo evitar esbozar una sonrisa.
—Yo no. ¿Y
Jaejoong sí?
—¡Changmin!
—La voz de Jaejoong distrajo a ambos. Changmin soltó al músico para alejarse del
lugar entre los murmullos de chicos que había alcanzado a presenciar todo,
mientras el pelinegro llegaba corriendo para ver cómo se encontraba su amigo y
cuestionar qué había sido eso, pues nadie en realidad había alcanzado a
escuchar nada de su conversación.
—Digamos
que… tú tienes mucho qué ver. —fue lo único que pudo conseguir del músico,
mientras ambos andaban con rumbo a sus respectivos talleres.
«Te atrapé,
Shim Changmin» se dijo Yoochun mientras entraba a su taller de música y dejaba
a Jaejoong en el suyo con un gran signo de interrogación pintado en la cara.
–.—.—.—.—.—.–
La noche se
había dado su tiempo en caer, las horas habían pasado tan lentas que parecía
jamás podría huir de él, pero estaba a poco de lograrlo, de escapar de Changmin
por ese día; y si lo había logrado un día, lo lograría dos y tres, una semana o
un mes. ¡Jamás volvería a hablar con Changmin! O a estar a solas con él. Una
vez que llegara a su habitación la cerraría con cien… no, con mil candados y
trancaría la puerta del balcón para evitar que brincara al suyo.
Desconocía
cuál había sido el problema con Yoochun antes de entrar al taller, lo cual lo
tenía preocupado, pero al menos estaba seguro de que el infeliz no le había
contado a su amigo nada de lo que le había hecho. Por esa parte podía sentirse
tranquilo. Aunque, ¿entonces por qué Yoochun decía que era por su causa que se
habían hecho de palabras? Tampoco podía preguntarle de ello a Changmin, lo
había evitado con éxito en el taller de teatro al sentarse con Sulli, quien no
tenía pareja por estar filmando un drama. Era mil veces preferible soportar el
acoso de la aspirante a actriz que el continuo acoso de su torturador. El
maestro casi le obligaba a sentarse con él, pero cuando Sulli le dijo que
Changmin estaba de acuerdo (aunque fuera mentira), ni el actor ni el maestro
dijeron nada. De esa manera se libró de su ‘agradable’ compañía durante toda la
tarde.
Al llegar la
hora de la cena, prefirió meterse a la cocina y cenar con el personal de
limpieza, quienes lo recibieron encantados (¡No se iba a quedar con hambre por
culpa de ese imbécil!). Rió como nunca, logrando olvidar por momentos su
sufrimiento, y en lugar de ir a la sala de estar como cada noche, tomó rumbo a
su habitación para evitar tener que verlo.
—Sólo unos
metros más… —se dijo apresurando el paso hasta llegar a su habitación.
Estaba
terriblemente cansado, ya que huir de Changmin no había sido nada sencillo.
Cada que le veía, aunque fuera de lejos, corría para el lado contrario; incluso
había entrado a la biblioteca, donde era seguro que nadie le buscaría a
sabiendas de que odiaba los libros, lo que lo convertía en el lugar más seguro
de todos. Pese a que de lo aburrido se hubiera quedado incómodamente dormido
sobre una de las mesas hasta esa hora. Esa era la razón por la que ahora
llevaba el saco del uniforme en la mano, la corbata deshecha y los tres
primeros botones de la camisa desabrochada. Le urgía llegar a la recámara para
poder dormir a gusto y a sus anchas.
Tomó el
picaporte de la puerta, no sin voltear a ambos lados antes, no quería que ese
idiota pudiera interceptarle entrando a su habitación y le fuera a empujar al
interior para tenerlo a su merced de nuevo. Pero el pasillo estaba desolado,
apenas iluminado, y era gracias al alboroto que había podido escuchar en su
camino ahí que sabía, todos se encontraban en la sala de estar viendo
televisión o jugando ajedrez. Suspiró de alivio y entró a la oscuridad de su
habitación, recargándose en la puerta a ojos cerrados, ya sintiéndose seguro
tras haber trabado la puerta. Changmin no podría entrar, sólo faltaba cerrar el
balcón y…
—¡Changmin!
—ahogó apenas percibió la luz de la lámpara de su buró encenderse y sus ojos se
abrieron de golpe, encontrándose con la inconfundible figura del menor sentado
en la cama donde la noche anterior le hubiera atado y tomado.
Fue como si
un fuerte rayo le golpeara el cuerpo. Sus piernas comenzaron a temblar, y si no
fuera porque estaba recargado en la puerta y aún sujetado al picaporte de la
misma, hubiera caído al suelo. Su corazón latió alocado al verlo levantarse de
la cama, observándole muy fijamente. Se sintió de pronto cual si fuese un
liliputiense a punto de ser aplastado por Gulliver. Su cerebro gritaba desesperado
por tratar de hacerle reaccionar, que se alejara lo más rápido que pudiera,
pero su maldito cuerpo dictaba lo contrario. Sus pies se mantenían fijos al
piso tal cual estuvieran imantados, mientras su piel cosquilleaba al ser
recorrida por la mirada ajena que, a pesar de su frialdad, parecían
transmitirle un calor que quemaba.
—Jaejoong…
Escuchar su
voz era lo que necesitaba para romper el hechizo en el que había caído. Cerró
la boca, que había permanecido abierta por incontables segundos, y frunció el
ceño molesto. Se obligó a tomar el control de su cuerpo y sus emociones para
dejar de lado esa sensación de calor y el inconfundible aroma a colonia que
inundaba su cuarto desde la noche anterior.
—¡Lárgate de
mi habitación! —exigió arrojando los libros y el saco que aún llevaba bajo el
brazo, ya que no había vuelto a su habitación desde que hubiera salido en la
mañana. Changmin se quedó en su lugar mirándole con los ojos entrecerrados, ni
inmutándose por su reacción. Eso lo hizo enfurecer—. ¡Te he dicho que te vayas!
¿Acaso eres sordo? —Changmin aguardó sin mover ni un músculo.
—Te he
buscado todo el día —musitó apenas notó que el modelo guardaba silencio—.
Necesito hablar contigo —Jaejoong se giró de golpe para tomar el picaporte de
la puerta y quitar la llave dispuesto a abrirla y salir. No estaba dispuesto a
escuchar a ese egocéntrico, así tuviera que irse a dormir a cualquier otra
parte, ya fuera al patio, al gimnasio o a las aulas de clases. No hablaría con
él, ¡si por eso lo evitaba! Pero la mano del chico fue más rápida, empujando la
puerta y cerrándola de nuevo—. Vas a escucharme aunque tenga que perseguirte
por toda la escuela. —Ambas miradas chocaron.
—No tengo
nada qué hablar contigo, te lo dije en el salón de clases y te lo repito. —le miró
de reojo, imprimiendo en su voz toda esa seguridad que estaba lejos de sentir.
Ese calor
que la proximidad del cuerpo de Changmin le proporcionaba le hacía temblar de
pies a cabeza. Ese aroma que impregnaba toda su habitación y el cuerpo del
actor le estaban mareando. Tenía que salir de ahí ahora o acabaría haciendo
alguna tontería. Trató de abrir la puerta de nuevo para huir, pero el fuerte
brazo contrario volvió a empujarla impidiéndoselo, franqueando con todo su
cuerpo cualquier salida. Jaejoong pasó saliva con nerviosismo, sin querer
moverse sabiendo que cualquier roce con el contrario podría hacerle estallar la
piel y el corazón.
—¿Quieres
que te ate de nuevo?
La ronca voz
del actor murmurando a su oído con tal sensualidad le erizó los vellos de la
nuca. Cerró los ojos con fuerza tratando de empujar al fondo de su cabeza las
imágenes que querían asaltarle. ¿Cómo era posible que ese tipo le atrajera
tanto? ¿Cómo era posible que su cuerpo hubiese reaccionado a sus caricias? ¿Que
hubiese gemido de placer cuando le tomó? “Estás enamorado de mí”, dijo el actor
la noche anterior… ¡NO! No lo estaba, no podía estar enamorado de un infeliz
que le había violado.
Y sin
embargo su cuerpo temblaba ante su sola cercanía, ni siquiera necesitaba
tocarlo para sentirse excitado, como bien lo había comprobado al perder aquella
maldita apuesta. Si tan sólo el actor sintiera algo por él, si tan sólo no le
hubiera dicho aquellas palabras la noche anterior, él quizá ahora…
—¡JAMÁS!
—gritó negando sus pensamientos, al mismo tiempo que empujaba uno de los brazos
del menor para hacerlo retroceder y verlo con el ceño fruncido. ¡Estaba
totalmente loco! Sí, no había otra razón para tan siquiera pensar en seguir con
el actor si este parecía odiarle. ¿Pero qué le había hecho para que este
quisiera vengarse de él? ¿Romperle su foto y lanzársela a la cara? ¿Acaso había
fracturado tanto su ego con eso? Sus ojos se clavaron en los contrarios que
parecían desvestirle. No, no iba a permitir que Changmin volviera a tomarle, ya
había obtenido lo que quería y no volvería a permitirse ceder. Sí, porque la
noche anterior había cedido a la pasión que el chico sabía bien cómo
despertarle—. ¿Qué diablos quieres? Dilo de una buena vez para que te vayas lo
más pronto posible de mi habitación.
—Sólo quiero
disculparme. —aseguró sin moverse. Jaejoong se sintió enfurecer. ¿Disculparse?
¿Así de fácil? ¿Como si estuviera hablando de una pluma perdida o un plato
roto? No, Changmin pretendía algo, él mismo había dicho que no se disculpaba si
no lo sentía y no parecía que lo sintiera mucho.
—No —frunció
el ceño—. No te disculpo. ¿Crees que con un simple “Lo siento” vas a reparar
todo el daño que me hiciste? ¿Crees que así de fácil voy a perdonarte o voy a
olvidar lo sucedido? No, no te disculpo, ni te perdono.
—No te estoy
pidiendo perdón, sólo me disculpo por la forma en que lo hice. —Eso fue lo
último para que Jaejoong se sintiera estallar de indignación.
—¡Eres un
cínico! —exclamó—. Deberías pedirme perdón de rodillas mil veces por lo que me
hiciste en lugar de pedir disculpas. No deberías ni tener el valor de verme a
los ojos, deberías sentirte avergonzado y sin embargo te das a la tarea de
seguirme todo el día buscando, ¿qué? ¿Pedir una maldita disculpa? ¿Acaso crees
que con eso reparas todo? ¿Una maldita disculpa? ¿Y qué si te disculpara?
¿Querrías volver a tomarme como anoche? ¿Como si hubiera sido algo realmente
agradable y que quisiera repetir? ¡Ni por un millón de disculpas, idiota,
maldito violador!
La mirada de
Changmin centelló furiosa al escuchar tal acusación, y en menos de nada
Jaejoong pudo sentir el cuerpo del menor apresar el suyo haciéndole golpear
contra la pared. Su piel parecía reacción al tacto del actor, porque había
empezado a mandar corrientes eléctricas por todo su ser.
—No soy un
violador, ¿o ya no recuerdas la forma en la que te entregaste anoche? —Sus ojos
oscuros se abrieron ante la mención. ¡Por supuesto que lo recordaba! Y cómo iba
a olvidarlo si cada rincón de su habitación estaba impregnado con el aroma del
actor y esa mirada intensa que se esmeraba en recordárselo una y otra vez. Pero
no, no iba a dárselo a notar, no señor. Shim Changmin no iba a saber que sentía
algo diferente al odio.
—Yo no me
en… —intentó justificarse, pero Changmin le interrumpió.
—Lo hiciste,
Jaejoong. Deja de mentirte, deja de hacerte la víctima conmigo porque no voy a
dejar que me conviertas a mí en el victimario. Dime quién me pidió que no me
detuviera, ¿eh? ¿Quién fue, Jaejoong? Porque parece que ya se te olvidó. Tú me
perteneces. —Los ojos del mayor se abrieron aún más por el asombro, deteniendo
su corazón por un instante para que más tarde comenzara a latir a toda prisa—.
Sí, no me mires de esa forma. Recuerda que te vendiste a mí, yo sólo reclamé lo
que me pertenecía.
—¡ERES UN
MALDITO DESGRACIADO! —le gritó encolerizado, empujándolo tan fuerte que lo tiró
al suelo, de espaldas a la cama. El asombro se asomó en aquellos ojos castaños,
pero tan pronto como apareció se esfumó. El chico volvió a incorporarse con
lentitud, sin romper el contacto visual con el pelinegro.
Jaejoong
sentía la sangre hervirle por dentro, cual almacén lleno de pólvora capaz de
estallar ante la más simple chispa. Sus puños apretados sólo esperaban por el
momento justo para estrellarse contra aquel rostro de 2,500 millones de won.
Changmin
mostró una sonrisa torcida, y antes de que el modelo pudiera darse cuenta lo
tomó por ambos brazos lanzándolo a la cama, donde se subió sobre él para
sujetarle ambas muñecas sobre la cabeza. Había sido un completo idiota al tan
siquiera imaginarse ganándole al actor, Changmin sabía de Taekwondo y él no.
Sus muñecas dolían horrores por las heridas y sin embargo, la furia que crecía
dentro de él bastaba para mirarle a los ojos y reclamarle, luchando por olvidar
lo que ese contacto le hacía sentir, que Changmin lo tenía por completo a su
merced.
—Sí, soy lo
que tú quieras. —el menor recorría su cuello con los labios, lanzando
corrientes eléctricas por todo su cuerpo, obligándole a apretar los dientes.
Su corazón
latía a toda prisa ante aquellos roces tan sugestivos, tratando de arrancarle
los gemidos de la noche anterior, bajaba con sensualidad rozándole de forma
delicada, cosquilleando, mordisqueando de a ratos para recorrer con la lengua
la textura de aquella piel que había quedado expuesta gracias a los botones
desabrochados. Jaejoong luchaba contra su propio cuerpo, porque pese a sentirse
molesto, decepcionado y profundamente herido, no podía negar que las caricias
de aquel chico le hacían reacción como ninguna mujer lo había logrado antes.
¿Qué era esto? ¿Qué?
«Deseo…» respondió
algo en su interior.
El deseo,
sí, sólo el deseo estaba haciendo, de nuevo, presa de él y no podía, no debía.
Se había prometido que Changmin jamás volvería a tomarle y ahí se encontraba,
otra vez, temblando bajo la pasión de sus besos, bajo el calor que le
proporcionaba un cuerpo extraño y a la vez tan conocido. Su maldito cuerpo
respondía como la primera vez en que le había besado. ¿Pero de qué se
extrañaba? ¿No le había dicho Fukutaro que Changmin era muy bueno en la cama?
La lengua
del menor abriéndose paso en su boca le hizo reaccionar de inmediato,
endureciendo algo en su entrepierna mientras trataba de soltarse sin éxito.
Esos besos cargados de deseo, de pasión, le arrebataban en un instante los
sentidos, le hacían olvidar que le odiaba, que le había tomado a la fuerza… que
había sido amante de Fukutaro.
Cuándo lo
odiaba, amante de ese desgraciado de Fukutaro…
—Hiciste un
trato conmigo, Jaejoong… —susurró el actor entrecortado al separarse de su boca
para tomar aire. El pelinegro sintió el aliento caliente chocar contra su oído,
así como aquella dura hombría chocando contra su vientre. Él también estaba
excitado, y sólo se habían besado. Era increíble lo que podía lograr con sus
besos—. Tú a cambio de la libertad de tu hermano. Y antes de que digas que él
ya está libre, tu recuerdo que todavía hay un proceso en su contra por daños a
terceros. Una llamada a Michael y tu hermano vuelve a la cárcel.
—¡Me estás
chantajeando! —Jaejoong apretó los ojos, la pasión evaporándose de su cuerpo
para hacer lugar a la ira. De nuevo, de nuevo Changmin abría la maldita boca
para arruinar todo.
—No, sólo te
recuerdo el trato —afirmó regresando a la tarea de besarle, pero la furia
interior en el mayor era demasiada. De nuevo le decía que no le importaba en lo
absoluto, que sólo era un objeto con el que hacía transacciones hasta que
dejara de serle útil y pudiera botarlo—. Así que las cosas serán a mi manera,
serás mío cuando yo quiera, donde yo quiera, como yo quiera y a la hora que
quiera…
Le odiaba,
realmente le odiaba y esta vez no iba a dejarse intimidar, no, jamás. No
volvería a ser tomado a la fuerza como la noche anterior. No volvería a
sentirse utilizado, una basura. El actor aprendería, aunque fuera a la mala, que
a Kim Jaejoong nadie lo lastima.
De una
fuerte patada lo empujó lejos de su cuerpo, el odio podía ser tan fuerte como
el amor y esta vez el odio ganaba en su corazón. El impulso tumbó al actor de
la cama y Jaejoong se dio prisa en alcanzarle en el suelo, colocando ambas
manos en el cuello del chico para empezar a apretar con todas sus fuerzas.
—¡TE ODIO
SHIM CHANGMIN, TE ODIO! —le gritó apretando el agarre, en tanto las manos del moreno
hacían todo lo posible por soltarse—. Jamás será cuando, como y donde tú
quieras…
—Jae…
Jaejoong, me… —intentó decir en apenas un murmullo—. Me estás ahorcando… —Pero
la ira le nublaba la cabeza al modelo. El color en la cara del otro empezó a
pasar de un morado pálido a un azul, pese que aún luchara porque le soltara.
—¡MUÉRETE
CHANGMIN, ASÍ DEJARÁS DE DAÑARME!
—¡JAEJOONG,
ESTÁS LOCO!
Un par de
fuertes brazos lo tomaron por el pecho obligándole a soltar a su presa, dándole
a Changmin el tiempo para incorporarse a prisa tosiendo y recuperar el color,
así como el aire perdido. Jaejoong había estado tan ofuscado tratando de matar
a Changmin que no notó cuando Yoochun entró por la puerta, sin seguro, para
preguntarle cómo estaba y se encontró con semejante escena que jamás creyó el
modelo pudiera protagonizar.
—¡Te odio maldito
desgraciado, TE ODIO! ¡Déjame Yoochun, voy a matarlo con mis propias manos!
—exigía tratando de soltarse de los brazos del músico que muy apenas y podían
sostenerle.
—¡Cálmate,
Jaejoong, cálmate! —le pedía Yoochun entre intentos sobrehumanos por detener al
modelo, quien seguía tratando de soltarse para atacar al actor—. Estabas a
punto de matarlo, ¿qué no viste que ya estaba azul?
—¡Eso es lo
que quería hacer! ¡MATARLO!
El forcejeo
incesante logró finalmente soltarle del agarre del músico, sólo para salir
corriendo con rumbo al balcón y saltar por él. Yoochun se dio prisa en
seguirlo, pero lo único que puso hacer fue verlo perderse por los patios del
colegio rumbo a la barda. Se giró rápido al actor, acusándolo con la mirada.
¿Qué diablos había pasado ahí? Changmin intentó seguirlo, pero Yoochun le
detuvo.
—¿Qué le
hiciste? ¿Por qué quería matarte? Jamás lo había visto actuar así y mira que ha
tenido motivos suficientes para tratar de matar a alguien. —Changmin le miró
sin interés, soltándose del agarre para girarse y salir de la habitación. No
obstante, Yoochun se atravesó volviendo a impedirle el paso—. ¡Habla de una
maldita vez! —le gritó. Jamás se había sentido tan molesto y asustado como para
gritarle a alguien, como ahora. Él era más bien sereno, pero la escena que
había presenciado lo había conseguido perturbar lo suficiente—. ¿Qué le hiciste
a Jaejoong?
—Lo que pasa
entre él y yo sólo es asunto de los dos —afirmó sin inmutarse—. Arregla tus
propios asuntos primero, que ya llevas bastante tiempo postergándolos, antes de
querer arreglar los de los demás. —Yoochun se incorporó en su lugar más que
sorprendido, dándole al menor la oportunidad para pasar a toda prisa a su
costado y salir del cuarto para entrar al suyo.
Yoochun
quedó de pie observando a la nada, con el corazón en la garganta. ¿Qué tanto
sabía Changmin de sus problemas como para decirle semejante cosa? Ya una vez le
había insinuado algo, pero en esta ocasión… le había dicho muy claro que había
un asunto al que ya le había dado muchas largas.
—¿Qué tanto
sabes, Changmin? —se preguntó en un susurro.
–.—.—.—.—.—.–
Estaba tan
enojado, tan lleno de ira, que ni siquiera sintió dolor cuando saltó por el
balcón del segundo piso y cayó en dos pies. Tan pronto se vio fuera de su
habitación corrió rumbo a la barda para salir del colegio y brincó. Sus pasos
lo llevaron hasta el teléfono público que se encontraba en una esquina. Con mano temblorosa hurgó en la bolsa de su
pantalón y sacó de la cartera la tarjeta telefónica, marcando de memoria para
obligarse a esperar nervioso que le contestaran del otro lado de la línea.
—Amigo…
—pronunció entrecortado apenas escuchó que el teléfono era atendido, ni
esperando que la otra parte saludara—. Estoy muy mal…
—Jaejoong,
por Dios… ¿Qué te ha pasado? —No le fue difícil distinguir la preocupación de
su amigo, como si pudiera verle, aunque no lo conociera. Su voz era tan clara,
tan pura y agradable, que sabía bien, era el único en esos momentos que podría
darle la paz que necesitaba.
—Lo peor, me
ha pasado lo peor… —musitó pasándose las manos por la cara, tan débil que
apenas y lograba apoyar los brazos en la cabina. Pelear con Changmin hasta casi
matarlo no era lo que tenía pensado, pero el actor era tan frío, tan idiota
que…—. Casi he matado a Changmin…
—¿Cómo?…
¿Estás detenido, necesitas un abogado? —Jaejoong soltó una risita amarga.
—Ojalá lo
hubiera matado, realmente se lo merecía después de lo que me hizo… —Y a partir
de ahí, sabía cuál sería la siguiente pregunta.
—¿Has… has
tenido relaciones con él? —El pelinegro sintió que se le iba el aire, como si
le hubieran dado un fuerte puñetazo en el estómago. ¿Cómo lo sabía? La última
vez que hablaron él había adivinado que Changmin le gustaba, tan sólo con
escucharle—. Lo siento, no debí decir esa tontería. Perdóname, no…
—Sí —La
rápida y lánguida respuesta cortó las disculpas que el otro le daba. Ahora le
tocó a él escuchar el silencio del amigo—. Pero las cosas no fueron como seguro
imaginas. No fue nada romántico, ni por el estilo.
—¿Entonces?
—Mi hermano
se metió en un problema, yo necesitaba dinero rápido… Sólo se me ocurrió
pedírselo a Changmin, y para que aceptara, me ofrecí como pago a su préstamo
—Más silencio por parte del amigo—. Seguramente después de esto ya no querrás
escucharme o saber de mí…
—No,
Jaejoong, te equivocas. Si no me escuchas es porque estoy sorprendido de hasta
dónde ha llegado ese tipo. ¿Aceptaste ser su amante para que él ayudara a tu
hermano? ¿Por qué no acudiste a mí? Yo pude prestarte cualquier cantidad que
necesitaras sin que me dieras nada a cambio, yo…
—No se me
ocurrió nada, en ese momento se me cerró el mundo y acudí a Changmin… —le
interrumpió de nuevo. Sabía que hubiera podido haber acudido a alguien más, un
día después había logrado juntar una buena suma con Sunny, sin embargo, en ese
momento sólo pensó en él.
—Y tuviste
relaciones con él esa noche para que te diera el dinero. ¡Qué desgraciado! ¡Se
aprovechó de ti! —acusó enojado. Jaejoong golpeó con la mano la cabina y el
chico guardó silencio mientras el pelinegro se dejaba caer al suelo, recargando
el cuerpo sobre el tubo de metal que le sostenía.
—No, yo
pensé… Yo creí… —intentó explicar, mirando al cielo. La noche estaba clara y
estrellada. Estaba evitando a toda costa soltar el llanto, jamás iba a llorar
por culpa del Témpano de Hielo Shim.
—¿Jaejoong…,
estás llorando?
—No por
fuera —respondió con calma—. Pero por dentro sí. Esa noche —continuó, esperando
que el amigo no dijera nada por su afirmación—, yo lo deseaba. Yo quería que
esa noche me tomara y me hiciera suyo. Quizá había sido un deseo producto del
alcohol que había bebido, pero esa noche lo deseaba mucho. Sólo que… él tenía
sueño, y prefirió marcharse. Me dijo que esperaría todo el tiempo que hiciera
falta.
—¿Y entonces
qué pasó? ¿Por qué si iba a esperar te encuentras en ese estado? ¿Qué te hizo?
Me dices que tuviste relaciones con él, pero… ¡Por Dios, Jae! ¿Acaso él…?
—¿Acaso este chico leía la mente? ¿Cómo era posible que hilara las cosas de una
forma tan certera? Quizá por ese motivo le resultaba tan fácil hablar con él.
No era necesario decirle mucho para que adivinara las cosas. Quizá sí leía la
mente, pero eso le estaba evitando tener que contarle. Sólo tenía que
confirmarle lo que ya suponía.
—Sí…
—susurró quedamente—. Me ató a la cama la siguiente noche, ayer, y me tomó.
—¡Te violó!
—aseveró casi en un grito, haciendo que Jaejoong saltara ante la palabra.
—¿QUE? ¡No,
no me violó! No lo hizo, sólo que yo…, yo… —¿Cómo decirle? ¿Cómo contarle lo
que había pasado si lo que quería era olvidarlo? ¿Cómo decirle que él…?
—¿Le pediste
que no lo hiciera y él continuó? —De nueva cuenta el amigo sabía la
continuación de la historia. Eso mismo era lo que no quería decirle y eso mismo
era lo que él le evitaba decir.
—Sí, algo
así. —le confirmó. A fin de cuentas, ya lo sabía.
—¡Entonces
sí te violó! Debes denunciarlo a la policía de inmediato, él…
—¡No! No lo
entiendes, él me dio la opción de detenerle y yo… —le cortó al escuchar lo que
le proponía el chico. Ya lo había pensado, de hecho, la noche anterior le había
amenazado con hacerlo. Pero sabía que no iba a ser nada fácil de probar, tan sólo
con que Changmin dijera que había sido de mutuo acuerdo bastaría para que su
versión de haber sido violado se viniera por los suelos. Además, él le había dado
la opción de negarse y no la tomó, no quiso tomarla.
—¿Pero en qué
momento, Jaejoong? —interrumpió el amigo sus pensamientos—. ¿Cuándo te dio esa
opción? Porque bien debes saber que cuando se llega al punto máximo de la
pasión uno ya no puede ni quiere detenerse aunque nos estén pidiendo detenernos
o nos pregunten si queremos que se detengan. —Sabía que eso era verdad, tenía
suficiente experiencia como para saberlo, pero Changmin se habría podido
detener si él se lo hubiera pedido; sólo que no pudo. No, no es que no pudiera,
es que no quería.
¡No quería!
—Es que yo…
yo… yo lo deseaba, deseaba mucho que me tomara. Creo que de no haberlo hecho
así, jamás habría tenido el valor… —murmuró al fin, más para sí mismo que para
el amigo. La noche anterior había quedado tan satisfecho que había mandado al
diablo sus pensamientos. Por un momento, no le importó lo que Changmin quería
de él, y se entregó sin importarle las consecuencias. En ese instante lo había
disfrutado, y estaba seguro que de volverse a repetir, lo volvería a disfrutar
aunque después se arrepintiera.
—¿Qué dices?
¿Lo estás justificando? —Las palabras de su amigo le hicieron volver a la
realidad. ¿Estaba justificando a Changmin por lo que le había hecho? ¿Realmente
era a Changmin a quien justificaba? Para qué seguirlo negando, el amigo ya
debía saberlo.
—No, no lo
estoy justificando a él. Me… Me estoy justificando yo —Silencio al otro lado de
la línea—. ¿Te asusta?
—No, sólo no
comprendo y estoy tratando de entender. —Jaejoong sonrió con sinceridad ante el
comentario. No cabía duda que hablar con el chico al otro lado de la línea le
estaba ayudando mucho a entenderse a sí mismo.
—Es simple,
yo… lo amo —confesó al fin en voz alta—. Amo a Shim Changmin —repitió
sintiéndose liberado de un gran peso—. Y aunque sé que él me desprecia, no
puedo negar que me gustó su forma ruda de poseerme. Quise negármelo, quise
culparlo a él, cuando el único culpable soy yo.
—Tu eres una
víctima, no eres culpable de lo que pasó. —El amigo se escuchaba preocupado,
pero no tenía por qué estarlo. Se sentía bien, ahora sí se sentía bien. Changmin
no era culpable y se lo haría notar.
—Te
equivocas, soy culpable desde el mismo momento en que le ofrecí mi cuerpo como
pago a su préstamo. Le prometí ser su amante y sólo hizo valido el trato. —Le
aclaró.
—Te violó. —reafirmó
acusadoramente.
—Me hizo el
amor. A su manera, pero lo hizo. —Sí, Changmin lo había tomado de forma ruda al
principio, diciendo palabras duras y frías, pero no podía negar que había sido
considerado con él, muy considerado… al grado de no dolerle como le habían
dicho muchos de sus amigos gay.
—Jaejoong…
—Le oyó por fin algo más calmado, pero el sonido que escuchó por el auricular
le hizo interrumpir cualquier cosa que el chico fuera a decirle.
—Amigo, se
me está acabando el crédito en la tarjeta, voy a ver si consigo otra para
volverte a llamar. Si no lo hago, de todas formas muchas gracias por
escucharme.
—Jaejoong,
espera, Jae…
Pero el
único sonido que podía escucharse era el de la operadora solicitando el cambio
de tarjeta.
Con un
fuerte suspiro, el modelo dejó el auricular en su lugar. Se había desahogado un
poco de aquello que le había pasado con Changmin. ¿Lo amaba? Sí. Lo había
sacado a colación ahora que hablaba con el amigo. Por lo mismo había caído bajo
el hechizo de su frialdad, de su seducción, y su cuerpo había correspondido a
la pasión con la que había sido tomado… No podía culparlo por la forma en que
lo había hecho.
«Yo tuve la
culpa por venderme a él» se dijo de camino de vuelta al colegio.
Detrás del
árbol que protegía a la pequeña cabina telefónica desde donde Jaejoong solía
hablar cuando salía de la escuela, el humo de un cigarrillo había comenzado a
formar una ligera cortina. La persona oculta tras el tronco dio un par de pasos
hasta tener de frente la pantalla LCD que pedía el cambio de tarjeta
telefónica; Jaejoong había olvidado retirarla. Arrojó el cigarro al suelo
todavía encendido, levantó el auricular y presionó el botón de remarcar. Sus
cejas oscuras y boca se curvearon con disgusto ya que, el número que apareció
lo reconoció al instante. Molesto, retiró la tarjeta sin crédito e insertó una
nueva que llevaba en su cartera.
—¡Jaejoong!
Qué bueno que conseguiste otra tarjeta, tengo que decirte que…
—¿Qué crees
que estás haciendo? —siseó a través del teléfono al escuchar la preocupada voz
del amigo.
—¿Cha…
Changmin?
—¿Por qué
hablabas con Jaejoong? ¿Qué le has dicho de mí? ¿Te has atrevido a contarle
algo de mi plan? —preguntó veloz.
—¡No! No le
he dicho nada… ¡Pero cómo te atreviste, Changmin! Lo has forzado… —lo acusaba.
Jaejoong estaba sufriendo y él era el único culpable.
—Eso es
mentira. —El amigo guardó silencio de golpe. ¿Mentira? ¿Por qué decía eso?
¿Jaejoong le había mentido?
—Él me lo
dijo, lo ataste a la cama y lo…
—Escuché lo
que te contó —le interrumpió—, así que no mientas. —¿Qué? ¿Cómo que había
escuchado?
—¿Escuchaste?…
¿Cuánto escuchaste? —preguntó asustado.
—Escuché
todo. Desde el principio, escuché todo. —¡Dios, no! Jaejoong estaba en grandes
problemas. Changmin había escuchado todo y eso le haría sufrir más de lo que ya
lo hacía.
—Changmin…
¿Le dirás que lo escuchaste? —cuestionó preocupado.
—¿Decirle o
no decirle? He ahí el dilema.
—Changmin… —suplicó—.
Desiste de tu plan, le estás haciendo mucho daño. El pobre chico no tiene la
culpa…
—No voy a
desistir, el que va a desistir de hablar con él eres tú.
—¡Eso no!
Voy a decirle lo que estás haciendo, le contaré todo como debí hacer desde el
principio…
—No vas a
decirle nada, y si lo haces te atendrás a las consecuencias.
—¡No te
atreverías!
—Además,
¿crees que te creerá… primito? Supongo que no sabe quién eres, y si yo le digo
que mi primo ha estado hablando con él para sacarle información y decirme, ¿a
quién crees que va a creerle? Puedo decirle que fuiste tú quien me dijo que él
me amaba…
—¡Changmin,
no seas desgraciado! Él…
—Si no
quieres que yo mismo le diga que todo el tiempo ha estado hablando con mi
primo, vas a dejar de hablarle. Corta cualquier comunicación que tengas con él,
ni siquiera se te ocurra verlo.
—No me
conoce en persona, sólo hablamos por teléfono.
—Pues
dejarás de hacerlo.
—¿Estás
celoso? —cuestionó de pronto. Siempre que hablaban se comportaba de una forma
fría y desinteresada, jamás dejaba ver sus emociones, pero en esta ocasión…
Changmin parecía querer separarlo de Jaejoong a cualquier costo. ¿Serían celos?
—No te metas
en lo que no te importa —¿Había evitado responder? Aunque esa era una de sus
frases favoritas—. Y no estoy celoso, no quiero que lo prevengas. —De nueva
cuenta ese maldito plan. ¿Hasta cuándo Changmin estaría con eso? ¿Hasta que le
destruyera? ¿Pero por qué a él? Sólo porque… ¿Era eso? ¿Por eso quería destruir
a Jaejoong?
—¡Changmin!
Ves en él una forma de vengarte de ella, ¿verdad? ¡Admítelo! —Sí, eso tenía que
ser. Todo había comenzado con la demanda y terminaba en Jaejoong—. Tú no lo
odias a él, la odias a ella. ¡A tu madre!
—Ella no es
mi madre. Y sí, está bien, lo admito —masculló cínico—. ¿Tuviste tantos años de
terapia sólo para venir a darte cuenta de lo obvio? Destruyéndolo a él y todo
lo que representa, la destruyo a ella.
—¡Por favor,
Changmin! Deja ese rencor, sólo te va a destruir. Arregla tus asuntos con
Jaejoong, dile por qué haces lo que haces y olvida esa absurda venganza que no
te llevará a nada bueno.
—¡Cierra la
maldita boca! Y antes de darme consejos de cómo manejar mi vida, arregla la
tuya, maldito mentiroso. ¿Por qué no le dices a tu padre de una buena vez que
eres gay? Deja de pretender ser lo que no eres ante sus ojos, tarde o temprano
se enterará y te irá peor.
—Si le digo,
ya no tendrías con qué chantajearme. —soltó una risita.
—Ya
encontraría otra cosa, ¿quizá decirle quién es tu novio? ¿O quién fue el
primero con quien hiciste el amor?
—¡Changmin!…
—ahogó asustado—. ¡No te atreverías!
—Me conoces
bien, ¡sabes que lo haría! Ya te dije, arregla tus asuntos primero y no te
metas en mi camino, porque si no lo haces te llevaré de encuentro. —Y colgó el
teléfono de golpe.
Changmin
observó su mano apretando aún el auricular, sus nudillos blancos por la fuerza
que imprimía. Se había enojado con su primo, con el único que le había
entendido por años. “Su plan”, ese dichoso plan que había estado armando por
todo un año, el mismo que le había llevado a buscar a ese niño por el que creía
sentir tanto odio. Pero, ¿cuál plan? Si se había hecho añicos casi desde que le
hubiera encontrado…
«No debí
amenazarlo…» se dijo mientras regresaba a paso lento hacia la escuela, ambas
manos en los bolsillos.
En esos
precisos instantes iría a ver a Jaejoong. Quizá era hora de que él mismo le
contara por qué le había dicho todo aquello la noche anterior.
«Mi venganza
no es contra ti, es contra ella. Tú realmente no tienes la culpa de nada»
aceptó para sí, dándole la razón a su primo.
–.—.—.—.—.—.–
Había vuelto
a su habitación más calmado. Haber hablado con el amigo le había dado la paz
que necesitaba. Se había metido a la ducha y tallado su cuerpo con fuerza para
tratar de deshacerse del aroma de aquel chico que aún le impregnaba, pero era
una tarea que al parecer tardaría días en lograr.
Había salido
del baño lleno de preguntas y dudas, pero por más que intentaba aclararse o
darse una respuesta, nada servía. Se sentía un completo idiota, después de
todo, había sido sólo culpa suya, tal como le había dicho al chico en el
teléfono. Él se había ofrecido como pago y Changmin sólo había cobrado lo que
le correspondía. Y sí, para qué seguir negándolo, era más que probable que
titubeara en el momento en que se entregara a él por primera vez, el miedo y la
vergüenza acudirían y se detendría. Tal vez Changmin se detuviera, tal vez no, eso ya jamás lo sabría.
Pero, de la
forma en que lo hizo… de esa forma… No, no pudo, ni quiso detenerse. Ahora no
sabía si el actor volvería, después de todo, había intentado matarlo, ¿no?
Aunque, conociendo bien a Changmin, volvería a tomar lo que por derecho le
pertenecía.
«Yo…» aceptó
en su fuero interno, sentándose con sólo el pantalón del pijama puesto.
Changmin le había roto la playera con la que solía dormir, ahora debería buscar
otra entre sus cosas. Nunca usaría aquel pijama que le había regalado. ¿Cuántas
veces no lo había tirado? Las mismas que aparecía lavada, planchada y doblada
sobre su cama. Dándose por vencido, había decido guardarla en el último cajón
de la cómoda.
Algo más de
Changmin para recordar…
Todavía
sentía su cuerpo arder de recordar la noche pasada. Miró sus muñecas marcadas y
suspiró hondo. No cabía duda que la forma ruda en que había comenzado todo, le
había encendido como jamás hubiera imaginado.
Atado a la
cama…
Una triste
sonrisa surcó su rostro ante el calor abrasador que recorrió su cuerpo al sólo
recordarlo. Changmin le había atado a la cama y le había poseído de una manera
alocada, apasionada y sensual. Si no hubiera sido por aquella palabras al final
de todo, hubiese creído que el actor le amaba al igual que él.
Que a pesar
de todo le amaba…
¿Le amaba?…
Sacudió la
cabeza con fuerza. ¡No, para qué hacerse falsas ilusiones! Ese idiota no le
amaba ni le amaría jamás, lo único que quería de él era su cuerpo y lo había
conseguido. Bien que le había recordado que su corazón no le importaba.
“Te he
poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente, tu corazón no me importa y jamás
llegará a importarme. Ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi
venganza…”
¿Venganza?
¿A qué venganza se referiría? Aunque estaba seguro que eso era algo de lo que
posiblemente jamás se enteraría.
Se levantó
de la cama para buscar una playera en la cómodo pegada a la pared, a un costado
del balcón. Ya se hacía tarde y el fresco de la noche empezaba a molestarle. Todavía
tenía mucho en qué pensar, sobre Changmin y sobre Yoochun. ¿Qué diablos le iba
a decir al músico mañana que le preguntara por aquel intento de asesinato? Ese
sí que iba a ser un problema, su amigo era muy intuitivo, sabía de antemano
cuando mentía y era experto en atar cabos. Con él no funcionaban las verdades a
medias, mucho menos las mentiras. Si no encontraba qué decirle, quizá tendría
que decirle la verdad…
Probablemente
perdería a un amigo, ya que Yoochun parecía ser homofóbico…
Volvió a
suspirar profundo, cuando de pronto logró ver de reojo una figura de pie en el
marco de la puerta del balcón. Los vellos de su nuca se pararon en punta. Era
inconfundible, además el aroma a colonia cara comenzaba a hacerse más fuerte en
la habitación. Sintió su corazón latir a toda prisa, ni animándose a soltar el
mueble por temor a que sus piernas temblorosas no fueran capaces de responder
si lo hacía. Quería hablar, pero su boca se había secado de golpe, sólo abriéndose
y cerrándose sin soltar ningún sonido.
Se armó de
valor y, sin animarse a verlo de frente, trató de imprimir la confianza
suficiente a su voz para que esta no temblara y el actor pudiera darse cuenta
de lo que su sola presencia le causaba.
—¿Qué haces
aquí? —cuestionó, y suspiró de alivio en su interior al notar que su voz no se
había quebrado.
—Vine a
verte. —Él se notaba tan seguro como siempre, no había ningún tono molesto en
su voz por lo que hubiera hecho. Quizá debería disculparse ahora y no cuando lo
sacara a colación, porque era seguro que tarde o temprano lo haría y más valía
hacerlo ahora y no cuando estuviera enojado.
—Si a lo que
has venido es a que te dé una disculpa por casi matarte… —empezó sin voltear a
verlo—. Está bien, me disculpo por lo sucedido. —se separó de la cómoda para
andar hacia el centro de la habitación. Por lo menos ahí se sentía un poco más
seguro porque la cercanía del actor le ponía nervioso.
Changmin no
se movió de lugar, lo que le hizo sentir entre aliviado y desilusionado.
—Digamos que
estamos a mano. —Esa afirmación le hizo voltear a verle sorprendido.
—¿Eh? —Pudo
distinguir, bajo la tenue luz de la lámpara, que Changmin aún usaba el pantalón
del uniforme y la camisa blanca del mismo arremangada hasta la mitad de los
codos. Ya era muy tarde, ¿por qué no se había cambiado?
—Sí —respondió
dando un paso al interior del cuarto, llevándose una de sus manos hasta el
cuello para abrir un poco la camisa y mostrarle—. Yo dejé marcas en tus muñecas
y tú las dejaste en mi cuello. Estamos a mano. —Jaejoong intentó enfocar la
mirada para ver, pero la luz de la lámpara era insuficiente y no llegaba hasta
el menor. Él pareció darse cuenta, porque se acercó un poco más al modelo de
modo que pudiera apreciar mejor aquello.
Y era
verdad. Jaejoong no sabía si la piel de Changmin era tan delicada como la suya,
pero sabía que esas marcas color parduzco en torno a su cuello se iban a notar
mañana. Quizá tendría que hacer lo mismo que él cuando le dejó aquel chupetón,
aunque dudaba que el menor usara pañoletas para ocultarlas.
Entonces se
dio cuenta de algo de lo que no se había percatado: Changmin estaba a
centímetros de él. Su aroma y su calor llegaban a torrentes provocándole
estremecimientos sin que tuviera que tocarle. Se apresuró a dar un paso atrás
para alejarse, sintiendo el temblor de todo su cuerpo. No sabía si el actor se
habría dado cuenta de ello, pero al alzar la mirada, se dio cuenta de aquella
media sonrisa en el rostro ajeno.
«Se dio
cuenta» notó alarmado.
Intentó
alejarse, pero había sido demasiado tarde, la mano del actor le sujetó de la
muñeca e impidió alejarse. Ese simple resultó peor que un rayo sobre su piel,
que comenzó a cosquillear por todo su cuerpo haciéndole estremecer de pies a
cabeza. El susto le impulsó a gritar.
—¡Suéltame!
—tiró del agarre, pero éste le sostenía tan fuerte que su muñeca lastimada por
la soga dolió—. No quiero que me toques. —volvió a rugir, pero el castaño
permaneció quieto, sin dar ninguna seña de querer soltarle.
—Mientes. Lo
deseas tanto como yo, tú me amas —Jaejoong sintió el balde de agua helada
caerle encima. ¿Cómo lo sabía?—. Tu cuerpo tiembla cuando te toco, te encienden
mis besos y mis caricias. Me amas, y lo de anoche me lo demostró, pero no sé
por qué maldita razón ahora me rechazas.
Jaejoong
empezó a molestarse. ¡No podía ser tan transparente! ¿Cómo es que Changmin
podía saber lo que sentía? ¡Sí, sí, lo amaba! Pero no era algo que fuese a
decirle. De su boca jamás saldría un “Te amo” para alguien tan frío y ególatra
como él.
—No, no te
equivoques conmigo —elevó su tono de voz—. Lo de anoche fue sólo sexo, ¡sexo!
—recalcó—. No hubo nada parecido al amor involucrado. Yo no siento nada por ti.
Ah, no… sí. ¡TE ODIO! Te detesto, eres el ser más insoportable que jamás haya
conocido. Jamás llegaré a sentir algo parecido al amor por ti. Podrás tomar mi
cuerpo cuantas veces quieras, pero nunca de los nuncas obtendrás mi corazón.
Pero ni bien
hubo terminado de hablar los ojos castaños centellearon de enojo, soltándole
del brazo con brusquedad. Por un momento temió que el actor le fuese a golpear,
pero no, Changmin sólo se puso a caminar en círculos sin decir nada, pensando
en algo mientras mordía uno de sus nudillos. ¿Por qué estaría de esa forma? ¿Y
él? ¿Él qué iba a hacer ahora? ¿Por qué le había dicho todas esas cosas que no
quería decir? Quizá sólo buscaba herirlo para desquitarse por cómo se sentía.
¿Pero de qué había servido? Todo era mentira y lo sabía. Ahora sólo se sentía
derrotado, sin fuerzas como para seguir en pie, terminando por mejor sentarse
en la cama con la vista baja. Si Changmin no le quería, con lo que había dicho
no le querría jamás.
«¡Diablos!»
se recriminó mordiendo su labio inferior.
—Está bien
—La fría voz de Changmin le hizo alzar la vista y toparse en directo con esa
mirada que parecía haber sida cubierta por hielo—. Si estás poniendo los puntos
sobre las ‘ies’, deberás ponerlos también sobre las ‘jotas’ —Jaejoong le miró
extraño. ¿Qué quería decir con eso de poner los puntos?—. ¿Cuánto más vas a querer
por tus… “servicios”?
—¿Qué? —Sus
oscuros ojos quedaron del todo abiertos, sintiéndose cual si una daga le
atravesara el corazón. ¿Dinero? ¿Estaba hablando de dinero?
—Sí, ¿o te
vas a quedar sólo con los 400 millones de won? —Una daga más lanzada con
certera puntería sobre su de por sí ya roto corazón. Quería comprarle, como lo
había intentado desde un principio. Eso terminó por hacerle sacudir de su loca
imaginación la idea de que Changmin le quisiese aunque fuera un poco. ¡Ese
estúpido no iba a seguir haciéndole daño!
—¡Yo no
quiero tu maldito dinero! —reclamó apretando tanto los ojos como sus puños
sobre el regazo. Mandaría al fondo de su corazón lo que sentía por ese
engreído, no permitiría que le siguiera humillando. No, no volvería a
permitírselo.
—¿Ah no?
¿Entonces qué quieres? Y no me salgas con esa tontería de que quieres mi
corazón, porque…
—Tú no
tienes corazón —le interrumpió con voz gélida, colocándose de pie para
encararlo. Sus ojos chispeaban por el enojo que aquellas palabras le habían
hecho sentir—. Tú sólo tienes un maldito trozo de hielo en su lugar. No eres
capaz de sentir nada por nadie, eres frío, arrogante, insensible, ególatra, y…
—el modelo daba un paso con cada afirmación, apuntando con su índice el pecho
del actor haciéndole retroceder. No obstante, este le tomó de la muñeca y lo
jaló hasta sí para robarle un beso y callarlo.
—¿Y qué hay
de ti? —inquirió clavando su mirada en la sorprendida del pelinegro—. Tú eres
un gran mentiroso, un malcriado, no sabes perder y te gusta mentirte a ti
mismo. Te gusta mostrarte como no eres, ante el mundo eres perfecto, pero esa
perfección es sólo física.
—Yo jamás he
dicho que soy perfecto, no soy como tú, maldito ególatra. —recriminó intentando
soltarse.
—Muestras al
mundo una sonrisa que es más falsa que un billete de 3,000 won. No eres feliz y
aparentas todo lo contrario. —agregó sin soltarle, mandando su brazo a la
espalda para evitar que siguiera moviéndose.
—Yo soy
feliz a mi manera, sonrío para darme ánimos a mí mismo y a los demás. ¿Qué caso
tiene poner tu cara de hielo ante las adversidades? ¿Qué no sabes que una
sonrisa cuesta menos y da más luz?
—Mientes
mucho y crees que tus mentiras son verdad. Por eso te las crees tú mismo.
—Yo jamás
miento —alzó la voz volviendo a intentar safarse—. ¡Dime una cosa, una sola en
la que te haya mentido! —desafió con coraje. Jamás decía mentiras, no entendía
por qué decía aquello, podía preguntarle a quien fuera y todos le dirían lo
mismo: Jaejoong jamás miente.
—En que me
odias. Si me odiaras como dices no estarías temblando. —Esa afirmación le hizo
callar abrupto, enrojeciendo de golpe. ¡Touché!
—¡Eres un
maldito desgraciado!… —vociferó al sentirse atrapado, pero no, se negaba a
demostrarle que estaba en lo correcto.
—Sí, y
también soy temerario —sonrió de medio lado—. Pudiste matarme y sin embargo,
aquí estoy.
—¡No soy un
asesino!
—No me
refiero a esa clase de muerte.
—¿Entonces?…
Las manos
del actor le tomaron con fuerza por la espalda, apretando su cuerpo contra el
suyo y presionando sus labios contra los contrarios para evitarle seguir
discutiendo. ¡Dios! Podía sentir la lengua del castaño insistiendo para que
abriera la boca y le dejara entrar, su brazo dolía por la presión que Changmin
ejercía y entonces, el dolor se incrementó cuando el menor le dobló un poco más
el brazo. Abrió la boca para gritar, lo que le dio la oportunidad al actor para
introducir su lengua y torturarle con ella, para probar y jugar con la suya,
degustando el interior sin prisa de la misma sensual forma en que sólo él sabía
hacer. Le hizo estremecer de pies a cabeza. Quería soltarse, liberarse de aquel
que le tenía preso, pero su cuerpo no respondía, no a sus órdenes, sino al
cuerpo que se ceñía contra él y le robaba los sentidos.
—Changmin… —murmuró
quedó cuando se separaron para tomar un poco de aire, tratando de soltar
aquellas manos que le apresaban, sin lograrlo.
—Si creías
que no iba a volver estás equivocado. Volveré cada día y cada noche, cada
madrugada o amanecer, después de que Yoochun escape por tu ventana y antes de
que amanezca estaré aquí.
—No…
Siendo
aventado contra la pared, se sintió apresado por la figura del actor sin
cuidado. No podía ser que amara a un imbécil como Shim Changmin, pero su cuerpo
respondía a las caricias, a esas manos que se deslizaban por su pecho desnudo,
a esos labios que le arrancaban gemidos de placer al recorrer sugerentes su
cuello. Su corazón latía a toda prisa, sus piernas amenazaban con no sostenerle
entre temblores, su sangre quemaba en su interior y su miembro comenzaba a
despertar. ¿Cómo negarse a la pasión que el actor sabía bien cómo despertar?
Su boca fue
invadida de nuevo por unos labios fogosos que le obligaron a abrir los suyos
para dejar introducir aquella lengua que enseguida jugó con la suya. Chupaba,
mordía y degustaba a su antojo dentro de su boca, sabiendo exactamente cómo,
cuándo y dónde tocar mientras besaba. Sus sentidos le estaban arrastrando, su
razón se encontraba debatiéndose, pero desde hacía tiempo que había perdido.
No hay razón
cuando los sentidos están tan vivos.
—¡Detente! —gimió
al sentirse inflamar por dentro. No quería volver a caer, no debía ceder ante
los deseos de su cuerpo, pero era casi imposible detenerlos cuando sentía las
manos de Changmin moverse sobre él.
—Lo deseas… —Escuchó
la ronca voz del actor arrastrarse por su piel—. Lo deseas y tu subconsciente
habló por ti hace rato.
—No…
—“Puedes
tomar mi cuerpo cuantas veces quieras”. ¿No fue eso lo que dijiste?
—Maldito
témpano de hielo…
—Oh no,
sabes bien que no lo soy… Y voy a demostrártelo ahora mismo.
—¡Changmin!
Sintió sus
manos ser arrastradas hacia arriba y enrolladas sobre algo suave. ¿En qué
momento habían llegado a la cama? ¿Estaban tan nublados sus sentidos que no se
percató de a dónde lo había conducido el actor? ¡Sí! ¡Mil veces sí! No sabía a
ciencia cierta qué era lo que sujetaba sus muñecas, pero sabía que no era la
soga de la noche anterior; fuera como fuera, de nuevo era atado a la cama. Su
cuerpo estaba tan inflamado de pasión que en lugar de gritar por ayuda, se
encontró gimiendo de placer por los provocativos roces que provocaban los
labios del menor recorriendo su pecho con besos cortos, mientras una de sus
manos llegaba a sus tetillas para estimularle y se iba despojando de la camisa
del uniforme para quedar sólo con los pantalones.
—¡Basta! —jadeó
quedo y entrecortado. Su corazón latía al límite y su cuerpo se arqueaba
buscando el calor que la figura de castaño emanaba.
Pero
Changmin no le hizo caso, siguiendo con su tarea de llegar hasta el rosado
pezón para rodearlo con sus labios, succionando y acariciando, golpeando con la
punta de la lengua brevemente y rodeando con pequeños círculos para mordisquear
la delicada zona. El golpeteo incesante y la succión continuaron durante un
tiempo más, tras el cual continuó su recorrido por el pálido pecho hasta llegar
al otro y repetir el proceso, haciéndole lanzar gemidos quedos mientras se
retorcía de placer en su lugar.
—Te gusta
esto, Jaejoong… —escuchó en tanto esos labios torturaban su pecho—. ¿Por qué no
lo reconoces?
—No… Ah, no…
—gimió quedo, más como reacción a lo que hacía el actor que a lo que decía—. ¿Por
qué yo?… —dejó al aire sin realmente
meditarlo.
—Porque eres
perfecto… —oyó murmurar.
Lentamente
la mano del actor fue bajando, en tanto sus labios volvían a capturar los del
mayor en un beso sensual y apasionado, que fue recibido por una boca
entreabierta por cada gemido que escapaba de ella, deseosa y arrojada,
respondiendo al beso que le era arrebatado. La mano de Changmin viajó ávida
hasta las caderas de Jaejoong, introduciéndose por debajo del pantalón del
pijama de camino a recorrer los glúteos del pelinegro con entera libertad, más
tarde pasándose con movimientos insinuantes hasta la parte delantera.
—¡Ah!
Changmin… No, Min… —gemía su nombre al sentir esos delgados dedos llegar hasta
su miembro endurecido, enrollándose en torno a este—. No… —replicaba ante esos
delirantes movimientos que empezaron lentos al inicio, para ir tomando fuerza y
velocidad. ¿Por qué esas simples caricias le encendían tan rápido? ¿Por qué?
¿Qué tenía este hombre que encendía con tanta rapidez?
«Experiencia…»
le respondió algo en su cabeza.
Volvió a
dejar escapar un gemido de éxtasis a la sensación de aquella mano sobre él,
retorciéndose una y otra vez por la maestría con la que era tomado. Sus manos
se aferraban a la sábana enrollada en sus muñecas, pero el dolor ya no era
agudo sino sólo el de la fricción sobre las viejas heridas. Apretaba sus labios
con fuerza para evitar que los gemidos más fuertes lograran salir. Sabía que su
vecino, del lado derecho, tenía el sueño pesado, pero gritar de manera tan
sonora –más bien, gemir– podría despertarle y eso implicaría ser descubiertos
irremediablemente.
—¿Quieres que
continúe? —La voz del actor sobre el lóbulo de su oreja sonó ronca, haciéndole
estremecer de pies a cabeza. ¿Cómo se atrevía a preguntarle semejante cosa?
¡No, no quería que parara! Pero tampoco quería decirle que no lo hiciera.
De cualquier
modo no hizo falta esperar una respuesta. La mano de Changmin le deslizó el
pijama hasta la punta de los pies, regresando después a la punta de su miembro
que ya goteaba en necesidad; un segundo después, fue la boca del actor la que
se posicionó sobre él para golpear el glande con la lengua. El estruendoso
gemido abandonó la boca del pelinegro ante la sensación calurosa y envolvente
que no tardó en rodear su excitación.
¿Acaso leía
sus pensamientos?
Ávidamente,
el menor fue suministrándole placer, subiendo y bajando con su boca,
recorriendo con su lengua de arriba abajo, tocando en cada posible momento la
punta de su miembro con la misma, rodeando y sumergiéndolo entero entre la
abrazadora calidez de sus labios.
—Ah, ah…
Changmin, ¡no! —gimió al no poder más. Su respiración era errática y agitada,
su corazón amenazaba con salírsele del pecho y su cuerpo se perlaba en sudor
mientras él sólo cerraba los ojos y disfrutaba de aquellas nuevas sensaciones.
Sensaciones que nunca antes mujer alguna logró proporcionarle.
Sintió su
sexo punzar con mayor fuerza en la boca de su amante –Sí, ¡SU AMANTE! Para qué
negarlo– y supo que se vendría. La boca de Changmin fue moviéndose más rápido
sobre su palpitante excitación, metiendo y sacando, subiendo y bajando en una
danza continua, arrancándole gemidos extasiados que le hacían olvidar todo lo
que le rodeaba y sentía. En ese momento sólo podía disfrutar de hacer el amor…
¿El amor?…
Sí, el amor con su amante.
¿Qué
importaba que Changmin pareciera odiarle? ¿Qué importaba que amara a un frío y
ególatra actor? ¿Qué importaba que todo fuera a terminar tarde o temprano? ¿Qué
importaba eso ahora?…
Cuando se
dio cuenta, las manos del castaño ya viajaban para colarse a su parte trasera,
una de ellas acariciando la piel lisa de sus glúteos mientras la otra se colaba
en dirección a su entrada. Gimió fuerte ante la repentina sensación de
intrusión en su cuerpo, arqueándose como si con eso pudiera evitarla, pero esta
quedó pronto en el olvido gracias a las atenciones de aquella boca maestra
sobre su miembro casi realizado.
Inmóvil,
aquel dedo había permanecido quieto hasta que el mayor se acostumbrara a la
invasión, tras lo cual empezó a deslizarse lento, en medio de un movimiento
envolvente que fue tomando forma de adentro hacia afuera, entrando y saliendo
en medio de quejidos placenteros por parte del pelinegro. Quería apretar los
labios, pero sólo conseguía tirar más de la tela en sus muñecas. Muy pronto
sintió un segundo dedo hacerle compañía al segundo, y la sofocación fue tal que
antes de darse cuenta sus caderas ya se movían de manera rítmica, lenta y
sensual. Cuando el tercer dedo llegó, su cuerpo sufrió una intensa sacudida junto
a un gemido más fuerte, así como la realización de su excitación dentro de la
boca del menor.
Su respiración
era agitada cuando sintió los labios de Changmin capturar los suyos en un beso
urgente y hambriento, dejándole compartir un sabor almizclado que no supo
identificar al principio, pero que de inmediato imaginó de dónde provenía.
Era la
primera vez que probaba algo como eso, tan dulce y embriagante…
Ambas
respiraciones lucieron igual de excitadas. Aún podía sentir los dedos de
Changmin en su interior, moviéndose de adentro hacia fuera con facilidad,
haciendo que el deseo creciera más que su resistencia ante la danza ávida y
continua en su interior. Un punto, una parte estratégica en su interior que
desconocía fue rozada obligándole a retorcerse y gemir de placer, pero no se detuvo
ahí; volvió a golpear esa zona una vez más, y su cuerpo se arqueó,
revolviéndose en su lugar una y otra vez.
Changmin
retiró sus dígitos en ese momento, recibiendo a cambio un gemido de protesta de
parte del modelo.
—Necesito
retirarme los pantalones, ¿o prefieres que lo dejemos aquí?
—¡Eres un
maldito desgraciado, imbécil, insensible, ególatra…!
—Está bien,
ya entendí.
Sus labios
fueron capturados nuevamente, en tanto sus piernas iban siendo abiertas para
que el menor fuera colocándose entre ellas, la excitación rozando su entrada.
Se sintió de pronto temeroso ante el dolor que había sentido la noche anterior,
aunque poco a poco la pasión y el placer fueron haciéndole olvidar. Changmin
pareció notarlo, porque ahondó en el beso, mandando al fondo de su corazón por
un momento lo que seguía. Y lentamente, sumergió sólo la punta. Jaejoong soltó
un quejido ahogado entre el beso, identificando de nueva cuenta el uso de un
condón lubricado, lo que le hacía menos dolorosa la intrusión en tan estrecha
cavidad. En ese momento, Changmin entró en él de una sola arremetida,
arrancándole un fuerte gemido que quedó ahogado contra la boca del actor.
El placer
era infinito e increíble, como ser transportado al cielo. Rápido, el poco dolor
restante se fue diluyendo hasta hacerle levantar las piernas para rodear con
ellas el cuerpo del menor, moviéndose a su compás. Era imposible que dos
hombres se amoldaran tan bien y sin embargo, lo hacían.
Changmin
comenzó a moverse con Jaejoong, saliendo levemente de su entrada hasta dejar la
punta dentro, para enterrarse más tarde con una rápida embestida. El modelo se
arqueó casi en su totalidad, con una flexibilidad que jamás pensó poseyera –aunque
para eso estudiaba danza–, y abriendo la boca fue que empezaron a salir esos
audibles gemidos a los que ya se estaba acostumbrando mientras el actor
continuaba entrando y saliendo, una y otra vez.
—Jaejoong… —escuchó
su nombre pronunciado en voz ronca, el sudor cayendo a su estómago brindándole
deliciosos estremecimientos. Su propio cuerpo escurría de una calurosa
transpiración.
—Changmin… —escapaba
de sus labios con tal sensualidad y urgencia entre cada profundo empujón. Cada
arremetida que lanzaba olas de infinito placer por su anatomía, apresurando su
respiración y deseo, despertando de nueva cuenta su propia excitación—. ¡Ah, ChangMin!…
—Una y otra vez, ese hombre hacía posesión de sus labios, cada vez con más
necesidad.
El nivel, la
fuerza y la velocidad fue aumentando en cada arremetida, el placer y los
gemidos creciendo a cada paso. La sofocación incontrolable.
Jaejoong
sintió su miembro despertar y moverse con necesidad, y Changmin pareció leerle
la mente, porque de inmediato lo tomó con una mano para masturbarle al mismo
ritmo de las embestidas.
—¡Changmin!…
¡Ah…! —gimió de placer sin poder contenerse, dando fin a sus últimas
resistencias. Su cuerpo se tensó una vez más, y con una fuerte sacudida terminó
por correrse en la mano de su amante, salpicando tantos sus dedos como estómago
con su semilla. Un momento después, pudo sentir las mismas convulsiones en el
cuerpo de Changmin, con las cuales y tras un profundo gemido gutural, su
semilla salía disparada a su interior, siendo contenida por el plástico del
condón.
El menor se
desplomó sobre su cuerpo, mientras Jaejoong se sentía morir de nuevo. Otra vez,
su cuerpo había reaccionado. ¿Pero cómo pararlo? Changmin le había tomado,
haciéndole el amor a su manera. ¿No era eso lo que le había dicho a su amigo?
Entonces no había de qué quejarse.
«Yo me lo
busqué… y sin embargo, ahora no me importa»
Sintió el
cuerpo de Changmin estirarse para soltarle de la sábana con la que le había
mantenido atado a la cama. Los brazos le dolían, de nuevo. Pero la sensación
placentera continuaba en su cuerpo. No cabía duda que el chico era excepcional,
un verdadero maestro en la cama.
—No le… —empezó
a escucharle, pero le interrumpió.
—Ya lo sé —No
quería escucharlo. No quería terminar sintiéndose una basura, como la noche
anterior—. ¿Quieres sólo guardar silencio y dejarme dormir? Muero de sueño. —cerró
los ojos.
—Está bien,
sólo descanso un poco y me iré. Espero que tengas la misma fuerza mañana. —comentó
al jalar la sábana que había usado como soga para cubrirlos a ambos con ella.
—¿Mañana? —repitió
abriendo los ojos con sorpresa.
—Mañana y
pasado, y el siguiente día después de ese. I’ll be back. Te lo dije.
—¡Dios,
estoy con Terminator! —ahogó agotado.
«No importa
que me tome de esta forma» suspiró fuertemente dándole la espalda al menor. «Sólo
sexo, me lo dijo. Jamás mintió. Ahora sé lo que sienten aquellas chicas en el
bar» cerró los ojos tratando de descansar.
Podía sentir
la tibieza que aquel cuerpo desnudo le proporcionaba, pero era sólo eso, la
frialdad que con cada palabra le transmitía no se derretiría sólo porque su
cuerpo ardía.
«Si es la
única forma de tenerle… si es la única forma de amarle… No me importa…» se dijo
por último, antes de dejarse caer preso del sueño y el cansancio que todo el
acto le había causado.
De todas
formas, más temprano que tarde, todo iba a terminar…
—.—.—
Capítulo corto, salió más rápido, kkk.
Jaejoong se ha resignado, ush. ¿Cómo creen que vaya a terminar todo esto? Aguarden, todavía faltan un par de sorpresas más en esta historia ~
Jaejoong se ha resignado, ush. ¿Cómo creen que vaya a terminar todo esto? Aguarden, todavía faltan un par de sorpresas más en esta historia ~
3 comentarios:
OMG! esto esto se puso muy interesante adfsasdfas Min acepta que estas ya enromado de Jaejoong.
No aguanto mas necesito saber mas de la dichosa venganza y fasdfsad como va terminar esto o Goshh y cuando todos se enteren adfasdfasdfsd la espera me va matar
Gracias por el capitulo espero el proximo con muchas ansias
O.O cada vez esta mejor.. porfa actualiza u.u
Es mucho tiempo sin actualizar :c
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