Yoochun entró corriendo a su habitación de un portazo. Se
lanzó al baño y abrió el agua fría a toda su capacidad, tomándola con las manos
para arrojársela al rostro, que aún ardía gracias a semejante escena que había
visto protagonizar por Changmin y Jaejoong, y que seguro se quedaría grabada en
su retina de por vida.
¿Jaejoong montando a Changmin?
¡Imposible!
Eso jamás se lo habría imaginado. Quizá, en algún otro
momento, de Changmin sí, pero no de Jaejoong, de su amigo el Don Juan, el modelo
que salía con un sinfín de chicas y parecía horrorizado de saber que también le
atraía a los chicos; a Changmin en particular.
¿Pero en qué momento había pasado todo?
¿En qué momento que no se dio cuenta?
Porque si de algo podía estar seguro, es que de una
violación no se trataba. Había podido ver a ambos disfrutarlo, ¡y mucho!
¡Vaya que sí!
No había visto tanto, pero lo que sí logró visualizar fue
suficiente para sentir que su propia excitación crecía entre sus piernas y el
pulso aceleraba a mil. Ahora sabía por qué Jaejoong reaccionaba como
reaccionaba cuando el actor estaba presente.
—Lo que tanto ocultabas era tu relación con Changmin… —concluyó
con el rostro empapado y rojo a más no poder—. No te culpo, yo también tengo un
secreto parecido.
Apagó las luces del baño y se fue a la cama intentando
calmar con sueño la creciente excitación que le embargaba. En esos momentos no
tenía ánimo para nada más aunque la escena la tuviera grabada en la memoria –¡Y
sí! Sí tenía ánimo para más gracias a eso, pero no tenía con quién saciarlo–.
«Guardaré tu secreto hasta que puedas decírmelo, o hasta que
yo pueda compartirte el mío y termines por confesar el tuyo» se dijo en medio
de una ridícula agonía, sintiendo que no podría soportar el dolor que empezaba
a punzar en su entrepierna, teniendo que aliviarlo con sus manos.
Esas eran las consecuencias de estar enojado con Junsu…
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong vio con horror las muñecas de Changmin: Estaban
rojas por las esposas. Su respiración todavía acelerada le impedía ver con
claridad, pero sabía por experiencia que eso debía doler. Se levantó a toda
prisa de la cama, aún desnudo con la mirada ajena fija en él, pero apenas
encontró las llaves le soltó a toda prisa.
—¡Perdón! —cerró los ojos sintiéndose culpable—. ¡Perdóname,
Changmin! ¡Perdón! —insistió sin animarse a verlo, no después de lo que había
hecho. Se había imaginado muchas veces que la venganza era dulce, pero ahora
que había tenido la oportunidad de probarla, sabía que era muy amarga.
Pronto sintió los fuertes brazos del chico tomarle con
calidez por los hombros, lo que le llenó de miedo. Si ahora iba a vengarse
estaba dispuesto a recibir su merecido castigo, pues era culpable. ¡Culpable!
Comenzaba a sentirse como las cientos de veces en que el director Lee lo había
atrapado infraganti en alguna travesura, pese a saber de antemano que el
castigo a esta sería mucho peor que un mes en detención.
—No te sientas culpable… —le escuchó susurrar a su oído,
haciéndole abrir los ojos por la sorpresa mientras Changmin lo atraía hacía sí.
Sintió el cosquilleo que el cabello del actor producía al rozarle el cuello,
así como el aliento cálido y embriagante que chocaba contra la piel desnuda de
su espalda y le hacía estremecer. Decirle que no se sintiera culpable no le
ayudaba a no sentirse así, no tenía la sangre tan fría como cierto chico
arrogante que conocía.
—Perdóname… —repitió bajando la cabeza y apretando sus ojos
cerrados. No podía ni verlo, presa del miedo que le daba la posibilidad de
llegar a encontrar odio en aquellos ojos castaños.
—No debes sentirte culpable, porque yo lo permití.
—¿Qué? —intentó mirarle asombrado, pero Changmin le impidió
voltear. Las finas manos del actor se movieron sobre sus brazos causándole
cosquillas. ¿A qué se refería con eso?
—Sí… Dejé que me esposaras a la cama porque conocía tus
intenciones, y lo permití. —Eso era mentira, no se había enterado. ¿O sí?
—¿Cómo que te dejaste? ¡Estabas dormido! —Necesitaba
corroborar lo que sus palabras le hacían sospechar.
—No lo estaba. —Lo sabía. Aunque lo había visto dormido en
su cama, ¿cierto?
—Pero yo te vi…
—Te escuché entrar y murmurar tu plan. Pude resistirme,
incluso pude haberte cambiado los papeles, y no lo hice. —Qué miedo. Si estar
atado a la cama le hacía sentirse importante, estar esposado le habría hecho
sentir muchísimo peor. No, no debía haberlo hecho, dijese lo que dijese
Changmin.
—Changmin… de cualquier modo, yo no debí…
—Sí debiste. —Y tras tomarlo por la barbilla para hacerle
girar el rostro, lo acalló con sus labios buscando robar sus sentidos, que la
culpa se evaporara conforme las caricias del menor se volvían más y más
intensas. Su cuerpo ardía, y comenzaba a reaccionar a esas sensaciones. La
pasión de Changmin parecía tan inmensa, tan difícil de saciar. Quizá por ello
es que había buscado a Kyuhyun, porque él no le daba todo lo que necesitaba.
¿Acaso, antes de enfermar, no iba cada noche a buscarle para hacer el amor?
¿Amor?
No, no había amor de parte del actor para con él, y sin
embargo… ¿le había permitido ser dominante esa noche?
¿Y Kyuhyun? El sólo hecho de pensar en él le hacía sentir la
opresión en su pecho y una fuerte punzada en el estómago.
—Relájate, Jaejoong, te he dicho que no tienes por qué
sentirte culpable. —Sus pensamientos le habían hecho tensarse al grado de
dejarlo en evidencia ante el menor. Pero no era por sentirse culpable; bueno,
no del todo.
—No es por eso… —respondió seco, logrando que el castaño se
separara un poco para verle.
—¿Entonces? —indagó este. No sabía si cuestionarle o no,
pero no podía quedarse tampoco callado. ¿Por qué siempre que alguien le hacía
una pregunta directa terminaba por responderla? Su rostro giró por completo
para evitar verle cuando se animó a pronunciar ese nombre que tanto le
torturaba.
—Kyuhyun. —musitó empezando a sentirse avergonzado. No podía
creer que pudiera sentirse tan celoso de ese corredor de autos, ¡pero lo
estaba! Un suave beso depositado sobre su mejilla lo desconcertó, así como el
notar el momento en que el alto chico hundía el rostro sobre el hueco de su
hombro, tomándolo con ambas manos de los hombros.
—No seas idiota, Kyuhyun y yo sólo somos amigos. Entre él y
yo jamás ha habido ni habrá nada. —Jaejoong se giró para verlo con sorpresa.
¿Cómo que nada? Mei lo había dicho, también Fukutaro, todos sabían que el
primer amor de Changmin era Cho Kyuhyun. ¿Por qué mentía? ¿Qué caso tenía si él
ya sabía la verdad? Ni siquiera había negado haberse acostado con él cuando le
hubo golpeado la tarde anterior.
—Pero no fue eso lo que dijiste cuando te golpeé. Es más,
¡no dijiste nada! Me diste a entender que estuviste con él. Y traías el cabello
todo revuelto, la camisa de fuera… —prosiguió frunciendo el ceño al recordar lo
sucedido.
—Jamás te había visto tan celoso. Quería ver hasta dónde
podías llegar, así que mentí —resolvió encogiéndose de hombros—. El cabello y
la camisa, lo hice yo mismo.
—¡Eres un arrogante! ¡Idiota! ¡Mentiroso y engreído! —se
quejó intentando golpearlo de nuevo como aquella vez, si bien el menor fue más
rápido al lograr detenerlo para apresarlo con ambos brazos.
—Sí, soy todo eso y más… Pero tú eres el único a quien le he
permitido estar dentro de mí. —le susurró al oído.
Cualquier cosa que fuera a decir fue bloqueada por los
labios del castaño invadiendo su boca, acallando cualquier protesta mientras
las manos ansiosas del chico lo empujaban a la cama para quedar, esta vez con
él arriba.
¿Qué significaban las últimas palabras de Changmin?
¿Permitido? ¿El único? ¿‘Dentro de mí’?
Entonces, ¿Kim Jaejoong había sido el primer hombre en la
vida de Shim Changmin? Relativamente.
Eso le hizo sonreír.
—Quiero saber… —pronunció entre besos y caricias—, quién fue
la primera persona con la que tuviste relaciones… ¿No fue Kyuhyun? —cuestionó
deteniendo sus avances para mirarle a los ojos.
—No, no fue Kyuhyun. Ya te dije que entre él y yo jamás ha
habido nada, y te contaré toda la historia de qué, con quién y en qué momento
si, sólo si, vas conmigo a los Asian Film. —La mirada del menor brilló. No era
justo, Changmin sabía perfectamente que odiaba esos eventos y estaba tratando
de sobornarlo con algo que le interesaba… –¡Qué millones ni qué nada, sólo
información!–, pero no iba a ceder.
—¡No! Eso es trampa. —recriminó intentando sonar molesto—.
Sabes a la perfección que soy muy curioso… pero aunque la curiosidad me queme
por dentro, ¡NO! No voy a los Asian Film contigo. —No, no y no. Esta vez no iba
a caer en sus trampas ni chantajes.
—Eso lo veremos. —Y tras la advertencia, los labios del
modelo fueron asaltados una vez más.
—Mhmp, ¡Chang…! Mhm, ¡AH!…
–.—.—.—.—.—.–
La mañana pintaba de colores el cielo, augurando un buen día
puesto que no se veían nubes algunas que lo empañaran. Jaejoong terminó de
escoger su desayuno colocándolo sobre una bandeja y se giró para ver la mesa en
la que siempre se sentaban sus amigos. Los vio a los tres ya comiendo –Malditos
desesperados, ni quiera lo habían esperado–, pero luego alzó un poco la mirada
y vio a Changmin, como siempre, sentado solo en aquella mesa que siempre
ocupaba.
Se sintió pésimo al ver los brazos del chico ya que, al
tomar los alimentos, un vendaje algo suelto había alcanzado a asomarse bajo las
mangas del saco del uniforme. La culpabilidad lo carcomía, muy a pesar de las
palabras de Changmin.
Fue la inercia la que lo llevó hasta la mesa donde todos le
dieron los buenos días, pero su vista no se despegó del actor. Cuando éste giró
el rostro, la intensa mirada descubriéndole le hizo enrojecer.
Desvió la vista para dirigirles una sonrisa a sus amigos,
quienes le veían sin comprender su demora para acompañarles.
—Vamos, Jaejoong, siéntate. —instó Boa palmeando la silla a
su lado, que se encontraba de espaldas al actor, pero Jaejoong negó y volvió a
sonreírles. Tal vez estaba por cometer una locura, pero le nacía hacerlo y no
habría poder humano que le hiciera desistir de aquel impulso.
—En esta ocasión desayunaré con otra persona. Nos vemos en
clase. —Y diciendo esto, se encaminó a la mesa contigua, logrando la sorpresa
general cuando todos le miraron sentarse junto a Changmin.
¿Qué no se supone eran enemigos jurados? Esa era la pregunta
generalizada en la cafetería.
Yoochun levantó su vaso de juego y bebió cauto, dejando que
su mirada se deslizara sin cuidado sobre los ocupantes de la mesa contigua.
Observó a Jaejoong, quien en ese instante tomaba uno de los brazos del actor y
le levantaba la manga del saco para deshacerle los vendajes que traía algo
flojos, volviéndoselos a hacer. Eso le permitió ver las marcas negro-rojizas
que las esposas le habían dejado. Los recuerdos de lo que hubiera llegado a ver
por accidente la noche anterior llegaron entonces de golpe a su cabeza, no
pudiendo evitar el sofocante calor que tiñó de un rojo intenso su rostro.
—¡Yoochun! ¡Estás todo rojo! —La alertada voz de Boa provocó
que el músico escupiera el jugo y comenzara a toser—. ¡Ay, Chun! Te asusté,
¡perdón!
—No sólo a él, a mí también… —Hangeng tosía a su vez—.
Pareciera que fuera un crimen el sonrojarse. —Yoochun sólo logró asentir
mientras intentaba controlarse, era la oportunidad perfecta para evitar
responderle a la pelicorto.
—Yo sé que no es un crimen —recriminó ella—, sólo que jamás
había visto a Yoochun hacerlo.
—Pues ni que fuera un robot para no hacerlo. Es tan humano
como tú o yo. —sentenció el bailarín. Boa se ruborizó al comprender que había
dicho una verdadera tontería, pero Hangeng la estaba haciendo más grande.
—¡No estoy diciendo lo contrario! —se defendió. No sabía si
el ‘rubio’ estaba bromeando o no, pero estaba consiguiendo hacerla sentir mal.
—Pues según entendimos —codeó a Yoochun en señal de
complicidad—, le estabas diciendo inhumano. —Boa abrió mucho los ojos. ¡No!
Jamás había querido decir algo así.
—¡No, no y no! Yo no quise decir eso, es sólo que…
—¡Nada! Te atreviste a insultarlo. —acusó Hangeng con un
tono más serio, si bien Yoochun sabía que el chico sólo hacía una de sus
acostumbradas bromas, le convenía que Boa se turbara tanto. Así se olvidaría de
seguir preguntando por el sonrojo de su rostro.
—¡Yoochun, te lo juro! Yo no quise insultarte, no fue mi
intención… —ahogó apenada.
—No te preocupes, sé que no querías insultarme. —¿Por qué
Boa se tomaba las cosas tan en serio? ¿Qué no conocía la forma de ser de
Hangeng?
La pelicorto tomó sus cosas sumamente avergonzada, musitó un
‘Lo siento’ y se fue lo más rápido que pudo. Apenas un segundo después, Hangeng
soltó una sonora y escandalosa carcajada, de esas que llamaban de más la
atención, sólo causando que todos voltearan a verlos.
Yoochun sonrió aliviado y agradecido con el bailarín, pues
le había ayudado a librar el predicamento en el que casi lo metía su amiga
diseñadora. Por lo visto, Boa no recordó lo bromista que podía llegar a ser su
amigo bailarín. Desvió así después la vista a los comensales de la mesa
contigua, pero aquellos parecían no haberse dado cuenta de semejante escándalo.
«Quién fuera ellos que parecen perderse en la profundidad de
sus miradas sin ni notar lo que sucede a su alrededor» pensó el músico con el
vivo recuerdo de las orbes de cierto violinista impresas en sus pensamientos.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong había llegado a la mesa del menor para volver a
disculparse, pero… ¿cómo hacerlo sin que los demás se enteraran? Hablar de ‘lo
de anoche’ podría prestarse a malos (o buenos) entendidos y meterlos a ambos en
problemas. Motivo por el cual, lo primero que se le ocurrió fue acomodar su
bandeja en la mesa del menor sin pedirle siquiera permiso.
—Me voy a sentar contigo. —afirmó al sentarse frente a él.
Changmin frunció el ceño, pero no, eso no iba a lograr intimidarlo; esa mirada
de hielo jamás había podido asustarle.
—No es una buena idea. —musitó muy serio, pero el pelinegro
sólo sonrió, extendió una mano para jalar uno de los brazos del actor y
levantarle la manga, dejando ver así los vendajes. ¿Qué no se suponía que sabía
primeros auxilios? Tal vez simplemente no pudo hacérselos él mismo.
—Al contrario —empezó a soltarle las vendas—. Por lo menos
yo no te preguntaré qué pasó. —intentó bromear, pero la seriedad en el
contrario le hizo entender que no estaba de humor para ello. Volvió su mirada a
los vendajes.
—Eso es porque ya lo sabes. —recriminó por lo bajo, logrando
que Jaejoong le soltara el brazo para tomar su tenedor y tratar de comer.
—Te dije que lo sentía. —aclaró con tono seco.
—Y te contesté que no eras culpable. —El modelo alzó la
mirada para verle con el entrecejo arrugado.
—Pero me siento culpable. No sé qué hacer para sentirme
mejor. —Bajó la vista sintiéndose apenado, un verdadero criminal. ¿Así se
habría sentido Changmin cuando le hizo lo mismo aquella primera vez?
—¿Harías cualquier cosa? —Jaejoong clavó la vista en la
contraria con inseguridad. ¿Cualquier cosa? ¿Más sexo como el de anoche?
¿Orgías? ¡NO! ¡Orgías no!
—¡No! —recalcó con el rostro enrojecido, su imaginación
volvía a hacer de las suyas y, para peor, el menor lo había notado. Había
dibujado una media sonrisa.
—Iba a pedirte que fueras conmigo a los Asian Film. —¡Idiota!
¡Mil veces idiota! Debía haberse imaginado algo como eso. ¿Qué no había tratado
de comprarlo anoche cuando le ofreciera contarle sobre su primera vez? Pero no
iba a ir.
—¡No! Eso en lugar de hacerme sentir mejor me haría sentir
mal. ¿Por qué insistes en que te acompañe? —Después de todo, él podría llevar a
quien quisiera. Muchas y muchos, estarían encantados de aparecer a su lado en
la alfombra roja del Centro de Convenciones Plaza, en Seúl.
—Ya lo sabes. —encogió los hombros mientras terminaba su
desayuno. Jaejoong dudó un poco. ¿Cómo que ya lo sabía? ¿Sería el mismo motivo
de Jessica?
—¿Porque no me luciría como Taeyeon? —intentó adivinar.
—No.
—¿Porque soy más guapo que tú y las cámaras no perderían
detalle de nosotros? —Changmin volvió a dibujar esa mueca que bien podría
parecer una sonrisa, ante la broma del modelo.
—No.
—… ¿Porque no tienes quién te acompañe? —Era su última
opción, aunque la menos probable.
—No.
—¿Entonces por qué? —espetó algo más desesperado. Y pensó
que el menor ya no le respondería, pero se había equivocado.
—Porque se supone que un nominado o invitado a los Asian
Film Awards siempre va con su pareja. —Las expresiones del pelinegro se
congelaron, pero eso no impidió que el carmín las decorara. Él que tanto se
cuidaba de no decir nada comprometedor y este estúpido tenía que arruinarlo
todo. Giró la cabeza a los costado esperando que nadie les hubiera escuchado, y
cuando notó a todos distraídos por la estruendosa risa de Erick, regresó a
mirar a Changmin con el entrecejo fruncido.
—¡Eres un estúpido! No me agrada que digas eso ni en broma —Apenas
el castaño sonrió, el mayor se levantó de golpe, alzando la voz para que todo
el mundo escuchara—. Nosotros seguimos siendo tan amigos como siempre. —Changmin
asintió, justo cuando las miradas giraban a verlos.
—Nosotros no somos amigos. —afirmó frío, sin cambiar el
semblante. Jaejoong sonrió triunfal. No sabía si Changmin le estaba siguiendo
el juego o si lo decía en verdad. ¡Esas eran las desventajas de que fuera un
gran actor!
—¡Te has ganado el premio al idiota más listo! —Y dicho
aquello, se dio la vuelta sin dar oportunidad de agregar nada más, saliendo a
toda prisa del comedor con rumbo al salón; su rostro adornado con la más
hermosa de las sonrisas.
Por lo menos el malestar por ‘lo de anoche’ ya se le estaba
pasando, aunque ¿a Changmin le habría dolido igual? Si era así, aún le faltaban
unas cuantas horas de arrastrar la pierna.
Ese sólo pensamiento le hizo reír.
–.—.—.—.—.—.–
Cuando llegó al salón, se le hizo extraño ver a Boa en su
lugar, aunque no dudó en aproximarse a ella con la sonrisa aún impresa en sus
labios. La pelicorto alzó la vista al escuchar los pasos ajenos resonar en el
vacío lugar.
—¡Jaejoong! No te esperaba tan pronto. —afirmó alegre, pese
a que en su semblante se notara la tristeza.
—A mí se me hace extraño verte sola. ¿Por qué no viniste con
Yoochun? —Boa bajó la mirada apenada, y Jaejoong pudo darse cuenta de
inmediato. Y es que la chica generalmente se la pasaba riñéndole sobre
cualquier cosa que tuviera que ver con ese frío y arrogante actor, o si no le
contaba sobre el traje que estaba por terminar.
—Dije una tontería y creo que Yoochun se molestó.
—Lo dudo. —respondió Jaejoong en automático. Se sentó en la
paleta de su banco y la observó detenido—. Yoochun no se enoja tan fácil, y si
en verdad lo hiciste enojar, para cuando llegue al salón ya se le habrá pasado.
—¿En serio? —le miró sin poder creerlo.
—Sí. El enojo no le dura mucho. —Boa suspiró. Debía ser
cierto, Jaejoong y Yoochun tenían ya muchos años de conocerse, y no por nada
eran buenos amigos. Debía ser cierto.
—¡Qué alivio! —El modelo rió—. Y bien, aprovechando que te
veo, Jae… quería pedirte un favor. Sólo no me vayas a decir que no.
—Si no me dices cuál, no podré decirte nada.
—¿Podrías por favor, decirle a Changmin que ya está listo su
traje y necesito que se lo pruebe?
—¿Qué? ¿Por qué yo? —reaccionó violento. Lo que menos quería
es que lo vieran en la escuela acercándose al cubito.
—Estabas desayunando con él. —señaló sin entender.
—Sí, ¿y eso qué? También se puede desayunar con un condenado
a muerte y no necesariamente tener una conversación amable con él. Sólo le
hacía un favor. —Desvió la mirada. No estaba mintiendo, todas las
conversaciones con el más chico terminaban en algún pleito. ¿Algún día podrían
hablar de forma civilizada sin llegar a los insultos? Lo dudaba.
—¿Eso quiere decir que no son amigos?
—¡Por supuesto que no! —Eran amantes, pero no amigos; así
que no estaba mintiendo.
—¡Oh! Yo creía que sí, pero… ¿podrías hacerme ese favor? —Volvió
a insistir.
—¡No! No quiero hablar con él.
—¡Por favor!
—¡No!
—Oh, vamos, Jaejoong… Yo no puedo dirigirle la palabra sin
tartamudear, me pongo muy nerviosa.
—Aun así, no. Algún día serás una diseñadora famosa y
tendrías que lidiar con artistas incluso más famosos que Changmin. ¿Vas a
ponerte siempre nerviosa y a tartamudear?
—Supongo que no…
—Entonces debes comenzar ya, porque si Changmin gana el
Bambú de Oro, tu traje será más famoso que la propia película —Sí, sí, estaba
exagerando, pero necesitaba convencerla para no ir con el actor—, y comenzarás
a ser solicitada por grandes actores y actrices.
—¡Dios te oiga!
Los alumnos empezaron a llegar, y Changmin entre ellos. Boa
se armó de valor, y fue a hablar con él.
–.—.—.—.—.—.–
Sentada dentro de la sala de costura, luchaba por todos los
medios para no sentirse nerviosa. ¡Pero cómo no hacerlo! Si de lo que dijera
ese chico dependía toda su calificación; y no sólo la del examen, sino la del
semestre entero, porque el maestro le había dado la oportunidad de
confeccionarle el traje que llevaría a los Asian Film. Lo peor del caso, es que
la nota no dependía del maestro, ni siquiera del dueño del traje… Dependería
por completo de los críticos de moda en la ceremonia de los Asian Film Awards.
Levantó la vista de nuevo para ver si podía leer algo en el
semblante del actor, pero sus facciones seguían mostrándose igual de serias que
un minuto antes. ¿Qué pensaba? ¿Le habría gustado el traje? ¿Se sentía a gusto
con él? ¿Lo llevaría realmente a la ceremonia? No podía negar que había hecho
su mayor esfuerzo y a ella le encantaba cómo lucía el alto chico, pero no podía
obligarlo a usarlo, si no le gustaba, aún tenía oportunidad de buscar un
Armani. Aunque, de no llevarlo a la ceremonia, estaría reprobada.
—¿Te… te gus-ta? —preguntó, poniéndose de pie de un brinco
al notar que Changmin se giraba para verla. Había estado, lo que para ella era
una eternidad, observándose al espejo, poniéndola cada vez más y más nerviosa.
El castaño alzó los brazos observando el largo de las mangas
y acomodó el cuello mao del saco cerrando el primer botón en completo silencio.
Boa comenzó a estrujarse los dedos con mayor nerviosismo al tiempo en que se
mordía el labio inferior, esperando por la sentencia.
—¿De qué forma va este cuello? —preguntó el actor, girándose
para verse de nuevo al espejo, desabrochando el botón que antes hubiese
cerrado. Boa se aproximó a la carrera, subiéndose a un pequeño banco escalonado
para quedar a su altura y mostrarle las posibilidades.
—Pue… Puedes usarlo de do-… dos formas —logró decir entre
los nervios—. Una e… es abierta, tal como la usas ahora o cerrada, por lo cual
no deberás preocuparte por una camisa atractiva —explicó tratando de recuperar
la poca seguridad que sentía habérsele escapado—. Yo te recomendaría llevarlo
cerrado, te hace verte más formal, y dado que vas a recibir un premio…
—No es seguro. —comentó todavía observándose a través del
espejo, provocando el sonrojo en Boa.
—Yo creo que sí ganarás —sonrió—. ¡Oh! —alzó las cejas
asombrada al observar una de las orejas del chico, quien giró a verla—. Tienes
las orejas perforadas.
—Sí, fue para una película. —aseguró sin darle mayor
importancia. Boa se bajó corriendo del banquito, para extrañeza del contrario.
La pelicorto llegó hasta su máquina de coser y se fue a
buscar cajón por cajón hasta que por fin logró extraer del último una pequeña
cajita. Sonrió al abrirla y regresó hasta donde el actor para subirse al banco.
—Esto cerrará tu look. —aseguró al tiempo en que le colocaba
un pequeño pendiente de piedra blanca en su oreja izquierda.
Changmin sólo alzó una ceja al contemplarse en el espejo de
cuerpo completo, logrando que Boa casi se arrepintiera de lo que había hecho.
¿Cómo se había trevido a tan siquiera tocarle sin haberse derretido?
—Lo siento —musitó por demás apenada—. No debí, parece que
no te gusta y creo que…
—Tienes razón, no me gusta. —La sola afirmación le dio ganas
de llorar.
Se había esforzado tanto en él, había trabajado tan duro,
cosiendo incluso de madrugada y los fines de semana para tenerlo a tiempo para
la ceremonia. Pero debía resignarse, no sería la primera vez que alguien le
rechazara un diseño, y como ya no había tiempo para hacerle otro, era mejor
resignarse y reprobar. Bajó la vista, aspiró hondo y tras alzarla de nuevo se
preparó a escuchar lo que seguía.
—Me encanta —aseguró con una ligera sonrisa en sus labios.
Boa sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, pero de la emoción. Jamás había
visto al actor sonreír, y menos para ella—. Jaejoong tenía razón, eres muy
buena en lo que haces. Llevaré tu diseño a la ceremonia del fin de semana.
—¡Gracias, gracias! —ahogó secándose el rostro con el dorso
de la mano. Ya sólo faltaba lo que dijeran los críticos de moda en la alfombra
roja—. Le diré a Jaejoong que llevarás puesto uno de los pendientes que me
regaló cuando éramos novios. Sé que…
—No. —cortó el chico, quitándose enseguida el pendiente para
dejarlo sobre el escritorio. Boa pudo notar las imperceptibles señas de la
molestia en su voz y rostro. ¿Pero por qué? ¿Qué había dicho o hecho para que
se molestara de pronto?
—Pero con ese pendiente complementas el…
—No me importa, no usaré nada que te hayan regalado.
Prefiero no llevar nada. —aseveró entrando de vuelta al cuarto que había usado
como vestidor, haciendo que Boa se extrañara de su reacción.
Todo había estado tan bien hasta que hubiera mencionado a
Jaejoong y su regalo. ¿Sería acaso que Changmin se había sentido… celoso?
¿Podría ser? Pero según tenía entendido, se habían vuelto a pelear hacía unos
días, todo lo habían visto, incluso habiendo sido comentado en K! News Live.
—Sí que soy idiota —se dijo agitando la cabeza en negativa—.
Claro que Changmin se niega a usar algo regalado por Jaejoong, si ni se
soportan. ¿Cómo va a usar algo que él me compró? Debo dejar de tener tantas
ideas locas… —susurró con una sonrisa en los labios, a la espera de que el
actor saliera para dar por terminado su trabajo.
–.—.—.—.—.—.–
Jaejoong esperaba a Boa fuera del salón de costura. Quería
saber qué le había dicho Changmin, por lo que los había seguido a ambos cuando
salieron del comedor rumbo a la sala donde su amiga le mostraría el traje que
esperaba llevara a los Asian Film.
Esperó un buen rato, poniéndose nervioso hasta que vio al
actor salir a toda prisa con un sonoro portazo, sólo para sacar después un
cigarrillo de entre sus ropas. Seguro iría al bosque a fumar, pero… ¿por qué
estaba tan enojado?
Se escondió rápido tras una columna para que no le viera y
esperó a que Boa saliera. Una vez fuera se apresuró a alcanzarla para
preguntarle por la sentencia. ¡Ja! Ni que hubiera estado en el banquillo de
acusados.
—¿Cómo te fue? —cuestionó al llegar a su lado, acompañándola
por el camino—. Vi a Changmin salir molesto. ¿Acaso no le gustó tu traje? —Boa
sólo sonrió un tanto melancólica.
—Oh no, sí le gustó el traje.
—¿Entonces? —le miró sin comprender.
—Creo que hoy no estoy de suerte —suspiró la pelicorto—.
Debí quedarme en la cama o definitivamente perder la voz por este día. —Jaejoong
sacudió un poco la cabeza entendiendo cada vez menos.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
—¡Soy una estúpida! —ahogó ella vehemente—. Todavía me
dijiste en la mañana que tú y él no eran amigos y aun así se me ocurre
ofrecerle en préstamo los pendientes que me regalaste cuando éramos novios…
¡pero es que se veía tan bien con uno! No pensé que se fuera a enojar por eso.
—¿Changmin tiene las orejas perforadas? —repitió en voz
alta, aunque fuera más para sí mismo. Y es que las veces en que estaban juntos
lo último en lo que se fijaba era en sus orejas. Tenía cosas más interesantes
qué ver, pese a que la mayoría de las ocasiones no alcanzaba a ver nada por la
necesidad de cerrar los ojos al besarse.
—Sí, lo vi cuando me acerqué a arreglarle el cuello del
saco. Pero es que son unos orificios tan pequeños que a simple vista no se
notan.
—¡Hum! —resopló con desdén tratando de restarle importancia
al asunto, aunque casi de inmediato llegó a su memoria algo que le hizo girarse
para con Boa—. ¿Crees que se veía “genial” con un pendiente?
—Sí, aunque pienso que un color azul le quedaría aún mejor
que los blancos que me diste.
—Bien. —soltó y pegó carrera sin decir más, dejando a Boa
sorprendida y extrañada. Aunque de un tiempo a la fecha Jaejoong se venía
comportando de manera extraña, así que sólo se encogió de hombros y continuó su
camino.
Sonrió amplio cuando ubicó frente a sí una conocida figura
caminando segura con una carpeta bajo el brazo. Corrió hasta él agitando la
mano.
—¡Yunho! —se detuvo frente a él con una gran sonrisa que el
contrario le correspondió del mismo modo—. ¿Qué crees? Changmin llevará el
traje que le diseñé a los Asian Film —afirmó sumamente feliz—. ¡Gracias por
recomendarme ver esos diseños chinos! —Yunho sonrió con orgullo al tiempo que
un apenas notable sonrojo pintaba su rostro.
—Eso merece que me invites a salir. —Y eso bastó para que el
color se contagiara al rostro de la diseñadora, quien asintió sintiendo que el
pecho le estallaría de la felicidad. ¡Por fin saldría con Yunho!
—¡Claro que sí! —respondió a la carrera, esperando que en su
tardanza para contestar el modelo no se hubiera arrepentido.
—Entonces, ¿es una cita? —cuestionó con cierta incertidumbre
impresa en la voz.
—Sí, es una cita. —declaró la pelicorto sonriendo, feliz de
conseguir lo que anhelaba desde que se hubiera dado cuenta de cuánto le
gustaba.
–.—.—.—.—.—.–
Aún era temprano y muchos alumnos se encontraban reposando
la comida antes de entrar a los talleres.
Jaejoong corrió por el pasillo hasta llegar al ala Este,
subiendo a las carreras las escaleras para llegar a su habitación. Entró veloz
directo hasta la cómoda, y del mismo modo comenzó a sacar la ropa del primer,
segundo y tercer cajón hasta que encontró lo que buscaba: Una pequeña cajita de
terciopelo negro con la marca ‘CARTIER’ impresa en letras doradas. Sonrió al
abrirla y ver los pequeños destellos que aparecían al recibir la luz. Salió tan
rápido como entró rumbo al bosquecillo que tan bien conocía.
Detuvo su paso a la carrera cuando vio al actor sentado en
la rama de aquel árbol. ¿Por qué siempre acudía a ese sitio? Quizá lo hacía
para alejarse de todos y despejarse antes de volver a enfrentarse a maestros y
compañeros. Quizá lo atraía esa magia que el lugar parecía despertar también en
él. Aunque eso realmente no lo sabía, y quizá nunca lo sabría.
—¡Oye tú! —le gritó desde abajo, llevando ambas manos a sus
bolsillos. Changmin bajó la vista para verlo—. Quiero hablar contigo, ¡baja!
—¿Por qué? —cuestionó cerrando los ojos y cruzando ambos
brazos para mayor comodidad. Jaejoong se sintió ignorado.
—Porque quiero hablar contigo. ¡Baja! —repitió molesto.
—¿Por qué? —Jaejoong arrugó el ceño más enojado.
—¡Ya te lo dije! ¿Acaso tanta frialdad ya te volvió sordo? —Pero
Changmin ni siquiera se molestó en verle.
—Si no me pides ‘por favor’ tendrás que hablar desde donde
estás.
—¡Eres un idiota! —recriminó muy molesto. Changmin se giró
en la rama dejando ambos pies en el aire para mirarle, y Jaejoong suspiró
calmándose. Si no lo hacía bajar no podría darle lo que traía para él. ¿Y a él
qué le importaba si lo usaba o no? Bueno, sí le importaba, lo estaba haciendo
por Boa. Sólo por ella, intentó convencerse—. Por favor, baja. —pidió más
calmado. Changmin le miró un segundo y de un brinco bajó hasta quedar frente al
pelinegro.
Jaejoong sintió aquella mirada recorrerle de arriba abajo y
se estremeció. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba de esa forma ante algo tan
simple? Cerró los ojos por un momento tratando de mantener ocultos sus
sentimientos, pues no era el lugar, ni el momento.
—¿Qué quieres?
Se dio prisa en sacar la cajita de la bolsa de su pantalón
pues, si no lo hacía ahora, no lo haría nunca. Si el valor le había surgido de
repente, no podía darse el lujo de desperdiciarlo; extendió la mano con la
cajita en la palma y, tras que el menor enarcara una ceja, la tomó con
extrañeza.
—¿Qué es esto?
—Un obsequio. —El desconcierto terminó por adornar todas las
facciones del castaño al ver al pelinegro sonreír. Al abrir la cajita, una
mueca disconforme cruzó sus labios.
—¿Pendientes? ¿Qué crees que soy? ¿Una chica?
Jaejoong frunció el ceño otra vez molesto. ¿Qué no entendía
nada? Le daba un hermoso regalo y el chico lo despreciaba de la manera más
idiota posible. Y él que se había dado prisa en sacarlos de su cajón de ropa
sin tomar en cuenta el desastre que había provocado con ello en su habitación.
—Boa me dijo que te ayudarían para lucir el traje de
llevarás a los Asian Film —aclaró—. Ya que no quieres usar los que ella te
prestaba, pensé que preferirías usar unos que yo te obsequiara. Pero dado que
no los quieres… —le tendió la mano para que el actor le regresara la caja,
aunque el más alto sólo apretó el objeto en su mano, dándose prisa en guardarlo
en la bolsa de su pantalón—. ¡Eres un idiota!
—Y tú lo eres más —La mirada oscura del modelo centelleó de
furia—. No necesitabas usar a Boa como excusa para regalarme algo. —Ese comentario
le hizo enrojecer. ¿Cómo se atrevía a decirle eso?
—¿Qué? Yo no usé a Boa de excusa, es sólo que pensé que…
que… —¿Era una excusa? Realmente, ¿lo era? Desde que conocía a Changmin había
querido darle muchas cosas; golpes, que le había dado unas cuantas veces;
regresarle cada una de las humillaciones que le había hecho; darle un par de
patadas en el trasero; besarle; abrazarle; seducirle y, sí, por qué no,
regalarle algo.
—Los cuidaré —Changmin observó la turbación y el sonrojo del
mayor—. Boa me dijo que los de piedra blanca, los que quería prestarme, se los
regalaste cuando eran novios. ¿De dónde sacaste estos? —señaló el bolsillo de
su pantalón y Jaejoong sonrió, complacido de que la conversación hubiese
cambiado de rumbo. Tomó asiento en la base del árbol sin perder su sonrisa.
—Del mismo lugar de donde salieron los primeros —rememoró—.
El cliente de CARTIER me los regaló cuando terminé un comercial. Los vi bonitos
y como Boa y yo teníamos poco de ser novios, decidí regalárselos cuando
cumplimos un mes. El otro par los guardé para cuando tuviera otra novia —rió
por el recuerdo, en tanto Changmin se sentaba a su lado con la atención
centrada en la cajita ahora en su mano—. Sé que sonó pésimo y quizá debí
regalarle ambos pares a Boa, pero considéralo premonición o algo por el estilo,
que sabía que no duraría mucho con ella.
—¿Entonces? —La voz pausada del menor hizo que el modelo
volteara a verle extrañado. El actor miraba muy detenidamente el objeto
inanimado entre sus dedos, cual si esperara que éste le revelara algún secreto—.
¿Me estás considerando tu novio?
—¡NOOO! —ahogó demasiado asustado por tal cuestión, como si
la simple pregunta le quemara la piel y los sentidos. ¿Su novio? No, noviazgo
implicaba amor, un amor que Changmin no parecía sentir por él.
—Dijiste que habías guardado este par para tu siguiente
novia, eso quiere decir que soy yo. ¿No? —Jaejoong sintió el calor ascender por
todo su rostro, coloreándolo. Había sido más que idiota al decirle eso de su
novia, o novio, ¡o lo que fuera! Sí, está bien que él estaba enamorado del
actor, pero el actor de él no, así que no podía considerarlo su novio. ¡Por
supuesto que no! Entre ellos sólo había sexo sin amor… ‘Sin amor’, se dijo a sí
mismo bajando la mirada con tristeza.
—Un noviazgo se da entre personas que sienten algo una por
la otra. Entre nosotros no hay nada de eso —alzó la mirada para clavarla en la
ajena—. ¿O tú sientes algo por mí que no sea deseo? —Preguntar eso le hizo
sentir más acalorado que antes.
No obstante, lo que llegó a ver en las facciones del actor
le hizo bajar el calor y convertirlo en frío. Changmin parecía reír en voz
baja, aunque no escuchó nada salir de sus labios; pero se estaba burlando, lo
sabía, lo sentía. Changmin no tenía ningún sentimiento por él, sólo lo
utilizaba para desahogarse, y nada más.
—No te hagas falsas ilusiones, Jaejoong —El pelinegro volvió
a bajar la mirada—. Sabes muy bien qué hay y qué no hay en nuestra relación.
Ese frío con el que Changmin había pronunciado aquello lo
sintió calar hasta el alma. Sí, sabía qué había en su relación: ¡Sexo! Y un muy
buen sexo, debía admitir. Y qué no había: Amor, algo que indiscutiblemente le
gustaría sentir, pero que sabía jamás llegaría.
Se puso de pie con puños apretados, furioso consigo mismo
por sentir algo parecido al amor. ¡Odio! Eso es lo que debía sentir por él y
sin embargo amaba a ese frío, egocéntrico y antisocial que le hacía hervir la
sangre tan sólo con rozar sus labios o dirigirle una de esas miradas cargadas
de deseo.
Changmin levantó la mirada para ver desde su posición los
ojos oscuros del modelo, mismo que se veían de un profundo negro ante la sombra
que les daba el enorme árbol bajo el que se encontraban. Jaejoong arrugó el
ceño al notar esa mirada serena e imperturbable. ¿Qué podría hacerle cambiar?
¿Qué podría derretir ese corazón de hielo? ¿Qué?
—Lo sé muy bien —Su voz era seria—. Sé muy bien qué hay y
qué no hay y qué jamás podrá haber. —Aquel tono de resignación debió causar
algo en el actor, porque se puso de pie quedando a escasos centímetros de él.
Jaejoong no pudo moverse, se quedó perdido en esos ojos que
parecían querer transmitir algo que no podía entender. Era como aquella mirada que le hubiera
dedicado el día que había entrado a su habitación buscando una respuesta a la
ruptura del trato, una respuesta que fue afirmativa. Sí, habían roto el trato
de entregarse a él por no enviar a la cárcel a Hyunjoong, pero ahora lo hacía
por voluntad propia. ¿Sabía el actor que al entregarse a él lo hacía por amor y
no sólo por buscar una satisfacción física? ¿Podía notarse ese amor, como se
notaba cuando mentía? ¿Puede el amor ser así de transparente? ¡Más valía que
no!
Se giró brusco tratando de alejarse de ese imán de problemas
que tenía enfrente. Ya era hora de entrar al taller de pasarela. Sin embargo,
una fuerte mano le tomó de la muñeca impidiéndole irse al arrojarlo contra el
tronco del árbol donde estuvieran hablando momentos antes.
—Pero qué demonios… —se quejó al notar que no era otro sino
Changmin quien le detenía. No entendía por qué, si todo lo que tenían que
decirse lo habían dicho ya. Y sin embargo lo había vuelto a hacer, porque sus
palabras quedaron a medias cuando el actor le asaltó con esos besos tan
conocidos como deseados, truncándole el habla con aquella lengua que le
torturaba al infiltrarse en su boca para recorrerla con plena libertad,
saboreando y disfrutando con lo que hacía.
Intentó detenerlo, pero era un intento demasiado débil,
porque los brazos de acero del actor le aprisionaron contra el tronco del árbol
evitando como en otras ocasiones, que pudiera soltarse. Aunque, tampoco quería
hacerlo…
Dejó que su boca respondiera a aquel roce apasionado, con su
lengua danzando contra aquella que se daba prisa en dominar y él, se dejaba ser
dominado. Lo disfrutaba como nunca antes, con una consciencia limpia, dueña de
la situación y deseosa de seguir el juego. Porque sabía que eso era, un juego,
y estaba dispuesto a jugarlo hasta el final. ¿Iba a salir lastimado? Sí, pero
eso qué importaba si podía sentir esos labios contra los suyos, adentrándose a
su boca y robándole los sentidos, la voluntad y la razón.
Sus brazos se alzaron intentando retirar el saco del actor
por los hombros, pero éste lo impidió tirándoselos hacia atrás, semi abrazando
el tronco del árbol en tanto su boca seguía devorándole con fervor. Poco a poco
el control se le iba de las manos, podía notarlo tanto en su respiración como
en la del actor, por igual de aceleradas.
Las manos del menor se guiaban sobre su pecho sin dejarle
mover los brazos para abrazarle o acariciarle, como si quisiera que las cosas
fueran como antes, cuando no le dejaba participar… Pero esta vez no iba a
dejarse…
‘Click’
La sutil cacofonía junto a la sensación pesada y fría
cerrándose sobre sus muñecas le obligó a alejarse de la boca del menor para
mirarle jadeante y sorprendido.
—¿Q-Qué…? ¿Qué es… esto? ¿Qué haces? —cuestionó con la
respiración entrecortada, pero por más que sacudía los brazos estos no podían
despegarse del tronco del árbol. Estaba atado, pegado, esposado o algo, porque
sus muñecas empezaban a escocer.
—Una pequeña venganza por lo que hiciste —Esa maldita
sonrisita de autosuficiencia que a veces tanto odiaba. Changmin se llevó las
manos a los bolsillos del pantalón—. Parece que dejaste olvidadas las esposas cuando
te fuiste esta mañana.
—Eres un maldito… ¡Suéltame! —¿Qué pretendía? El desgraciado
ni siquiera se veía agitado, pese a haber estado igual de excitados momentos
antes. ¿Cómo había hecho para volver a la normalidad tan pronto?
—No.
—¡Suéltame! Tengo que ir a clases —se excusó intentando
aludir a su sentido de la responsabilidad, pero el más alto sólo se giró
comenzando a caminar—. ¡Chaaangmiiiiiin! —Y el castaño se detuvo, sólo para
mirarle de reojo.
—Te soltaré si para la hora de la cena no te has presentado.
Significaría que nadie te encontró o no pudiste soltarte. —explicó dejando caer
las llaves de las esposas a sus pies, pero estaba algo retirado para el alcance
del pelinegro. ¡Desgraciado! Iba a dejarle ahí, sin comida, sin agua y sin
poder ir al baño.
—¿Vas a dejarme aquí esposado al árbol? —lo miró sin
creérselo aún.
—Sí. —asintió resuelto, caminando sin prisa lejos de él.
—¡Changmin! ¡Ven acá, suéltame! ¡No seas desgraciado! —Sólo
entonces, lo vio regresar sus pasos hasta acercarse a él, con la mirada fija en
su rostro. Esa mirada recorriendo por completo cada una de sus facciones,
posándose interminables segundos en sus labios y aproximándose peligrosamente a
su boca; un rubor furioso lo embriagó y tuvo que desviar el rostro para evitar que
el actor le besara… de nuevo.
—Este tipo de juegos se nos dan muy bien, ¿no crees,
Jaejoong? —La voz del castaño le hizo girar para verle. Esa mueca tatuada a
modo de sonrisa en su rostro le enfureció.
—¿Juegos? ¿Qué clase de juegos?
—Este. Es como si jugáramos ajedrez. Yo hago un movimiento y
tú respondes al mío. ¿Quién comenzó?
—¿De qué diablos estás
hablando? —masculló sin entender, pese a que se dio prisa en responder
sin siquiera meditarlo—. ¡Tú comenzaste todo cuando me besaste en tu habitación,
cuando sólo había ido a dejarte la tarea! Me acusaste de irte a buscar,
¡estúpido y engreído! ¡Ni que fueras irresistible!
—Lo soy.
—¡ARROGANTE!
—Pero yo creo que fuiste tú quien comenzó este juego, cuando
constantemente hacías bromas a mis espaldas. —Sí, lo recordaba. Había estado
haciendo bromas de él con sus amigos, pero no era por comenzar ningún juego. Ni
siquiera quería que le reconociera y… ¿realmente no le habría reconocido?
—Nunca aceptaste que te acordaras de mí, que sabías que fui
yo quien rompió la foto y la lanzó a tu estúpida cara después de que me
golpeaste. —Changmin enarcó una ceja.
—¿Recordarte? Por supuesto —Jaejoong sintió algo de emoción
aunque no lo admitiera. El idiota lo había reconocido desde el inicio, pero
siempre lo negó—. Eres inolvidable. —Ese tono sarcástico borró la sutil sonrisa
que había empezado a formarse en su rostro.
—¡Estúpido! Nunca vas a cambiar. Seguirás siendo siempre un
arrogante, engreído e insensible Témpano de Hielo Shim —recriminó en un ataque
te cólera sin que el menor le tomara en cuenta, pues sólo se giró para irse—.
¡No te quiero en mi habitación ni en mi cama, ¿oíste?! ¡¿Cubito, oíste?!
—Auf Wiedersehen. —alzó la mano para despedirse sin mirar
atrás.
JaeJoong abrió los ojos enormes al identificar aquella con
la que el más alto se despedía, porque era la misma que Kyuhyun había usado con
él cuando se fue. ¿Era eso alemán? Sí, era más que probable que lo fuera.
Changmin sabía ese idioma, igual que aquel corredor de autos.
—¡Maldición! —se dejó caer al suelo bajo la base del árbol—.
No sé alemán. ¿Por qué no me hablan en japonés, chino… o inglés? Por lo menos
esos idiomas los conozco… —susurró ya deprimido, resignado a esperar que
alguien lo encontrara—. Me lo tengo bien merecido… Por confiado, estúpido,
idiota. Sabía que no se quedaría de brazos cruzados después de que lo esposé,
debí tener más cuidado… —y por los siguientes minutos se dedicó a seguir
murmurando maldiciones, pero todas dedicadas a él.
–.—.—.—.—.—.–
—¡SEOHYUN!
El fuerte grito de su abuelo, el director, le hizo cerrar de
golpe la persiana por la que hubiera estado observando a aquellos dos chicos
que, por accidente, había descubierto hacía relativamente poco tiempo.
El rubor cubría por completo su rostro al haber sido
descubierta infraganti, girándose con el corazón latiendo a toda prisa, a la
espera de encontrar la mirada furiosa de su abuelo; en su lugar, se encontró
sola en la habitación.
—¡SEOHYUN! —volvió a escuchar al director, notando hasta
entonces que la voz no venía sino del intercom que comunicaba de su oficina a
la de su abuelo.
—¿Sí, Sr. Director? —respondió aliviada—. ¿En qué puedo
ayudarle?
—Tráeme todas las facturas que se vencen este mes, también
necesito los permisos de salida de los alumnos que saldrán este fin de semana
para firmarlos de una vez.
—Enseguida, abuelo. —afirmó sacando un par de fólderes de su
escritorio para llevarlos a prisa a la oficina contigua.
Una vez afuera salió corriendo de la dirección para llegar
al bosque. Había visto casi todo, por casualidad. No tenía idea de que Jaejoong
y Changmin estuvieran ahí, sólo quería un poco de sol y al levantar las
persianas los había visto besarse y después discutir. Se había sentido, como en
otras discusiones, hipnotizada por esa escena al grado de no lograr apartar la
mirada de ellos. ¡Era una vouyerista! Lo sabía, pero no podía evitarlo. Muchas
veces, desde que hubiera entrado a trabajar para su abuelo, había visto a
Jaejoong bajo el mismo árbol, a veces solo, a veces acompañado de alguna chica,
pero eran más veces en las que le veía en solitario.
Nunca había pasado por su cabeza, ni la de nadie, que fuera
gay. Aunque ahora comprendía por qué sus relaciones amorosas no duraban mucho,
unos cuantos meses, y a veces ni eso. Siempre que le veía ahí parado, recargado
en aquel tronco, lo notaba triste. Jaejoong mostraba su verdadera naturaleza
estando en soledad, porque en la escuela siempre era bromista y alegre, lleno
de una energía envidiable. Pero estando solo… ¿Cómo era Jaejoong en solitario?
¿Cómo se comportaba cuando estaba a solas en su habitación? Tal vez de la misma
manera en que lo hacía estando bajo aquel árbol, cuando creía que nadie le
veía.
Corriendo, llegó hasta donde había visto a Jaejoong. Los
matorrales que crecían alrededor impedían ver algo. Quizá Changmin sí había
regresado y Jaejoong ya se encontraba en clases… pero no. Al acercarse más, se
encontró con un par de llaves tiradas entre las hierbas. Las tomó entre sus
manos y avanzó otro poco.
Jaejoong guardó silencio y alzó la vista al escuchar el
crujir de una ramita siendo pisada, la esperanza regresó a su corazón al creer
que Changmin se habría arrepentido y volvía para soltarlo. No obstante, grande
fue su sorpresa al ver a Seohyun de pie delante suyo con las llaves de las
esposas en mano. ¿Qué hacía ella ahí? ¿A esa hora? Cuando se suponía que debía
estar trabajando con su abuelo.
—¡Oppa! ¡Por Dios! —la joven se apresuró a arrodillarse a su
costado para empezar a soltarle. El pelinegro no sabía qué decirle, era
preferible no hablar a hacerlo y meter la pata—. ¡Pero qué horrible broma la de
dejarte aquí esposado! —¡Bingo! La excusa perfecta—. Qué desalmado, ¿iba a
dejarte aquí toda la noche? ¿Por lo menos iba a regresar a soltarte?
—Si no me veía en la cena, sí —admitió triste, pero al
segundo volvió a sonreír sobándose las muñecas—. Ese idiota jamás esperaría que
me encontraras tan pronto, así que tengo oportunidad de vengarme. —se puso de
pie con la mirada encendida. No iba a preguntarle cómo había dado con él. No
quería ni saberlo.
—Oppa, no creo que sea conveniente… —se puso de pie y le
entregó el juego de esposas y llaves—. Él buscará la revancha de nuevo y quién
sabe qué intente después. —Jaejoong se volteó y le sonrió amplio.
—No te preocupes, Seororo, él y yo así nos llevamos —¡Vaya
que sí!—. Estamos jugando un tipo de ajedrez humano —rió al ver la cara
extrañada de la chica—, sólo que estoy a punto de darle jaque al rey. ¡Gracias
por soltarme! —Y diciendo esto salió corriendo rumbo a la escuela.
No quería estar demasiado tiempo en presencia de la menor,
tenía el vago presentimiento de que ella sabía mucho más de lo que aparentaba; su
presencia en el bosque había sido más que oportuna. No había pasado tanto
tiempo esposado, por lo que todavía podía llegar al taller, pero esa no era su
idea… Su principal objetivo ahora, era vengarse de Changmin.
¡Ese idiota iba a pagárselas todas juntas!
Corrió por el bosque a toda velocidad con la furia creciendo
dentro de él, subiendo por el estómago hasta llegar a la garganta, y no iba a
quedarse con ella. Estaba seguro de que Changmin no esperaba que se soltara tan
pronto, así que lo tomaría por sorpresa. Faltaban todavía unos minutos para dar
comienzo a los talleres, así que planeaba encontrarlo ya en el interior del
taller de Dirección. Esta vez no importaría lo que hiciera o pasara,
desahogaría su ira con el causante.
A toda prisa por los pasillos fue que se abrió paso entre
sus compañeros que aún se encontraban platicando fuera de los salones. El
taller de Dirección se encontraba sólo a unos pasos del de Pasarela.
Y ahí estaba el desgraciado, de pie al costado de la puerta,
platicando con el maestro del taller. ¡Y tan fresco el malnacido!
—¡CHANGMIN! —profirió al verlo, ya alzando el puño para
avanzar hasta él. Ese fue su error, porque el más alto se giró apenas para
tomarlo del brazo y, alzándolo sobre su hombro, lo lanzó al suelo.
Todo dio vueltas a su alrededor, con el fuerte golpe
punzando en su espalda al ser azotada contra el frío suelo. Sí que había sido
idiota por alertarlo, si el menor sabía de defensa personal. Aunque aún tenía
un as guardado bajo la manga.
Changmin permanecía de pie a sus pies, mirándole con una
ceja alzada y ese ‘Te gané’ tatuado en el rostro. Otros más se habían acercado
para ver lo que sucedía, franqueándolos a sus costados para observarle tirado,
¡mas no derrotado! Porque enseguida estiró la pierna derecha y la enredó sobre
la del castaño para mandarlo por igual al suelo, donde aprovechó para saltarle
encima muy dispuesto a agarrarlo a puñetazos.
—Tranquilízate, Jaejoong. —Changmin le había detenido los
brazos, haciéndolo girar para mandarlo al suelo de nuevo.
Pelea, pelea, pelea…
El coro de voces de quienes presenciaban el espectáculo no
se hizo esperar. Aquello apenas había empezado y media escuela parecía estar
ahí, apoyando a uno u otro contendiente.
—Eres un desgraciado, ¡vas a pagar lo que me hiciste! —vociferó
el pelinegro, con su pálido rostro ya tomando un tono rojizo. Tanto era su
coraje que le importaba poco que los vieran, ni mucho menos le importaban las
posibles consecuencias.
En esas circunstancias dejó caer un golpe sobre el apuesto
rostro del joven actor, aunque este estrelló a sí mismo el puño contra su
estómago, dejándolo sin aire. Ese inconveniente no le detuvo por mucho,
acostumbrado ya a recibir los golpes de Hyunjoong, por lo que se recuperó
rápido para volver a levantar los brazos y asestar otro par de golpes sobre el
cuerpo más alto, quien a su vez respondió deteniendo algunos y devolviendo
otros.
Un instante después alguien le levantaba, deteniéndole y
evitando que continuara peleando con Changmin, pese a ver que el castaño
también era detenido por alguien más.
Yoochun trataba a toda costa de detener al modelo, quien a
sus ojos, se veía casi tan molesto como cuando había intentado matar al actor.
No entendía lo que había pasado, pero era indispensable detenerlos. Hangeng
hacía lo suyo deteniendo a Changmin por el pecho, pero él estaba teniendo
problemas para detener a Jaejoong por la espalda, sujetándolo por los brazos.
—¡Suéltame! —gritó ofuscado, luchando por recuperar el aire
que la pelea le había robado—. Voy a destrozarle a golpes ese rostro de portada
de revista.
—¿Acaso tienes dos mil y medio millones de won para pagar la
demanda? —cuestionó Changmin con ese tono perfectamente controlado, ni siquiera
sudando, mientras se masajeaba el rostro golpeado con el dorso de la mano.
—¡Tengo eso y más! ¡DEMÁNDAME! Si te atreves. —retó el
modelo con una mueca de autosuficiencia que hacía mucho no mostraba. Esta vez
el menor no iba a intimidarle con una amenaza como esa. No, ahora tenía todo lo
que su padre había estado ahorrando por él.
—¡BASTA LOS DOS! —La fuerte voz del director provocó que el
alumnado se replegara a un lado para dejarle pasar junto con el maestro de
Dirección, el mismo que momento antes hablaba con Changmin. Jaejoong volteó a
verlo, conteniéndose las ganas de gritarle “Chismoso”, porque el castigo sería
peor—. Vengan ahora mismo conmigo. —sentenció para que ambos caminaran a su
lado con destino a la dirección.
Yoochun y Hangeng se mantuvieron de pie observando a ambos
chicos marcharse con las manos en los bolsillos, tal vez, para evitar seguir
dándose puñetazos. El resto de sus compañeros se metieron a sus talleres con
una sonrisa en los labios. ¡Por fin habían visto la pelea que tanto esperaban!
Tanto el músico como el bailarín voltearon a verse, soltando
la carcajada.
—Esos dos se comportan como niños de kínder —afirmó Hangeng
entre risas, ante lo que Yoochun asintió gracioso—. Sólo falta que nos pongamos
a corearles ‘Se quieren y no son novios, se quieren y no son novios~’ —canturreó
balanceándose al ritmo del estribillo.
—Quizá debamos hacerlo… —El músico sonreía. No estaba seguro
de qué tanto sabía Hangeng, porque sus bromas al respecto eran muy constantes, pero
no era una mala idea formar un coro para gritarles lo mucho que ambos se
atraían.
—¿Entonces qué, amigo? ¿Formamos un pequeño coro para
gritarles? —Hangeng pasó el brazo por sobre los hombros del músico, de camino
ambos hasta sus respectivos talleres.
—No sería mala idea —sopesó Yoochun ya frente a su salón,
pero mirando una última vez al moreno-rubio antes de abrir la puerta—. Avísame
cuando lo hayas formado, yo pongo la música.
Hangeng rió tan fuerte que sus risas retumbaron en el vacío
de los pasillos. Quizá después de todo, el bailarín sí estaba bromeando…
–.—.—.—.—.—.–
El viento nocturno de la noche agitaba las cortinas del
balcón. Hacía rato que se había quedado dormido esperando a Changmin. Está bien
que le había pedido que no fuera, pero no creía que el menor lo fuera a
cumplir. Incluso después de haber peleado en pleno pasillo de talleres y haber
sido mandados a detención por el resto de la tarde, sabía que esa pelea no le
detendría y, sin embargo, no se apareció.
Algunas horas después se giró en su lugar para quedar
bocarriba, despertándose a medias. Comenzaba a sentirse inquieto, pero se
negaba a abrir los ojos. Sabía que aún era de noche y era más que probable que
el ‘cubito’ no se presentara a esas horas de la madrugada. Estaba dispuesto a
permanecer en esa posición hasta que volviera a sentirse cómodo o hasta que el
sueño volviera a vencerle, o eso era hasta que una mano le cubrió la boca,
despertándole sobresaltado. ¿Pero qué demonios estaba pasando? ¿Sería ese
maldito ladrón que nunca atraparon?
—Soy yo. —escuchó la voz suave de Changmin en medio de la
oscuridad, haciéndole respirar más calmado. ¿Qué pretendía? ¿Matarlo de un
susto?—. No voy a hacerte nada, sólo quiero estar a tu lado un momento. —aseguró
retirando la mano de su boca.
—Changmin… ¿qué sucede? —preguntó abriendo las sábanas por
instinto para que el menor entrara, pero este no dijo nada, acomodándose a su
costado para abrazarle con fuerza—. ¿Changmin? —volvió a llamar, pero no obtuvo
mayor respuesta que aquel abrazo.
Se sentía extraño, como si Changmin estuviera triste. El que
sólo se limitara a abrazarlo sin decir nada le daba escalofríos. ¿Por qué
Changmin estaba así? Nunca lo había visto reaccionar de ese modo. Lo abrazaba
como si quisiera evitar que se fuera… que se alejara de su lado.
—¿Changmin?…
—Sólo déjame descansar aquí, esta noche no quiero estar
solo… —Los enormes ojos oscuros de Jaejoong se abrieron con sorpresa.
¿Changmin no quería estar solo? ¿Desde cuándo el Témpano de
Hielo Shim necesitaba de compañía? Él siempre estaba solo, y cuando intentaba
acercarse a él, sentía una barrera impenetrable cortándole el paso. Y aun así,
en aquellas extrañas ocasiones en que había logrado abrirse a él, terminaba
soltando alguna frase hiriente o comentario humillante que lo volvía a alejar.
Sin embargo, ahora estaba ahí pidiéndole compañía, y no iba a negársela.
—Claro. —musitó cerca del oído del menor, dejando pasar sus
dedos por los mechones castaños.
Así pasaron varios minutos, masajeando su espalda, tratando
de darle consuelo a algo que no entendía. Pero no tenía tampoco otra manera de
obtener alguna respuesta de su parte… una vez que Changmin decidía no hablar,
no había poder humano que lograra sacarle una palabra.
—No te vayas… —susurró el menor. Jaejoong detuvo sus
caricias sin entender y sonrió.
—Changmin, son las dos de la mañana y estás en mi
habitación. Salir en estos momentos no es una buena opción. —intentó bromear,
pero Changmin volvió a callar.
—Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich verlassen… —Aquella
frase pintó un gran signo de interrogación en el rostro del modelo. ¿Changmin
estaba hablando en otro idioma? Y uno que para su desgracia no conocía. En
definitiva no era coreano, ni japonés. ¿Francés? ¿O quizá ruso? ¿Alemán? Pero
incluso así, la frase era tan larga que aunque identificara el idioma sería
imposible recordarla completa. ¡Uff! ¿Sería inglés? Al fin y al cabo la familia
de su madre era de raíces estadounidenses, era de esperarse que dominara el
idioma.
—Changmin… no entendí lo que dijiste, ¿puedes repetirlo? De
preferencia en nuestro idioma. —pidió con la curiosidad y frustración al tope.
—No… —El abrazo en torno al modelo se apretó más—. Nein
wollwn Einbuße. —Jaejoong volvió a fruncir el ceño. ¿Qué acaso era klingon?
—¿Por lo menos puedes decirme en qué idioma estás hablando? —Sabiendo
aquello podría ponerse a estudiarlo de inmediato. Era bueno en los idiomas,
aunque flojo para estudiarlos.
—No. —Ni modo, tendría que quedarse con la curiosidad.
Una tibia gota salina cayó hasta su brazo, sobresaltándole.
¿Y eso? ¿Changmin estaba llorando? ¿Por qué? En todo el tiempo de conocerlo
jamás lo había visto así, lo veía como alguien demasiado fuerte como para
mostrar una debilidad tal como el llanto. Si bien, estaba seguro que de preguntar,
el menor sólo se encerraría en sí mismo y no diría nada. Tal vez hasta se fuera
de su habitación, y no quería que lo hiciera, no ahora que le dejaba ver una
parte suya que jamás creyó conocer.
Paciente, se limitó a corresponder al embrace de la misma
forma en que Changmin le sostenía y masajear su espalda con las manos,
intentando consolar aquel dolor que parecía brotar el chico por cada poro.
Quizá después Changmin se animara a explicarle qué estaba pasando, pero por
ahora se dedicaría a abrazarle de aquel modo hasta que el sueño les venciera a
ambos.
–.—.—.—.—.—.–
Un intenso escalofrío recorriéndole el cuerpo obligó a
Jaejoong a despertar y abrir los ojos de golpe. Estaba todavía oscuro, así que
podía ver bien a su alrededor. Al alzar la mira hasta el buró notó que eran
apenas pasadas las cinco de la mañana.
Pero estaba solo, por eso sintió frío.
¿Y Changmin?
Se incorporó en la cama buscando al actor. Apenas hacía unas
horas que había llegado hasta él y ahora le dejaba ahí, preocupado. ¿Por qué
estaba llorando?
—¿Changmin? —se levantó a buscarlo, pero no lo halló en el
baño, ni en ninguna otra parte de la habitación. ¿Dónde se habría metido?
Anduvo hasta el balcón, que tenía las puertas abiertas de
par en par. ¿Habría saltado de regreso a su recámara? Bueno, no perdía nada con
buscar ahí; brincó de su recámara a la de Changmin.
—¿Changmin? —volvió a llamar, sin respuesta alguna más allá
del silencio.
Ingresó a la habitación oscura, donde todo estaba en
perfecto orden: la cama tendida y el pijama con el que había llegado a
buscarlo, doblado sobre el colchón. Se dio prisa en tomar las prendas entre sus
manos y el aroma a colonia cara inundó sus sentidos.
¿Pero qué diablos? ¿A dónde se había ido Changmin tan
temprano? Ni siquiera se había dado cuenta de su salida del cuarto. No lo
sintió levantarse e irse, mucho menos al brincar a su propia habitación para
marcharse… ¿Pero a dónde? ¿A ejercitarse en el gimnasio? ¿A correr?
Estaba a punto de regresar a su habitación, convencido de
que Changmin aún continuaba en algún lugar de la escuela, cuando notó una hoja
doblada sobre el peinador. Le resultó conocida, porque él mismo solía
recibirlas constantemente. La tomó y la leyó.
—¿Un permiso de salida?
¿Por qué Changmin tenía un permiso extendido la noche
anterior para que saliera todo ese día? Y de ser así, ¿por qué no se había
marchado desde ayer? ¿A qué hora había salido de la escuela? ¿De verdad habría
salido?
Sí, era más que probable.
¿Esa salida tendría algo que ver con su comportamiento de anoche?
¿A dónde habría ido?
La duda no lo dejó seguir durmiendo, ni comer en el desayuno
o concentrarse en clases. Volteaba cada tanto, buscándolo con la mirada, pero
Changmin no apareció en todo el día, ni siquiera para el taller de teatro en la
tarde.
Esa misma noche llevaba jugando ajedrez con Yoochun un par
de horas, sentado en el taburete que siempre ocupaba cuando reñían una partida,
pero no podía concentrarse y seguía perdiendo. Aunque el músico tampoco estaba
en sus mejores condiciones, ya que no le había ganado tan fácil como lo hubiese
hecho en otras ocasiones.
La TV estaba encendida a todo volumen, con los chicos de la
sala de estar siguiendo las noticias del espectáculo bastante atentos, pero
Yoochun y él continuaban sumidos en sus propios pensamientos, tratando de
prestar atención a un juego que nadie daba por ganado o perdido.
Necesitaba distraer sus pensamientos, alejarlos de Changmin
de algún modo. Alzó la vista y vio al músico con la mirada centrada en un punto
fijo sobre el tablero, perdido en sus propios pensamientos. ¿Cómo no se había
dado cuenta antes? Yoochun tenía problemas y debido a los propios con el actor
es que casi se había olvidado de la única persona que siempre había estado
junto a él, en las buenas y en las malas.
—¿Chun? —El mencionado le miró, sólo para encontrarse con la
preocupación en los ojos oscuros del modelo—. ¿Por qué estás así?
—¿Así cómo? —regresó desdoblando el brazo en el que había
tenido apoyada la barbilla para mover una pieza del juego.
—Muy serio, más de lo habitual. —explicó moviendo a su vez
otra pieza.
—Sabes que así soy, no tengo nada. —Jaejoong lo vio evitar
su mirada con disimulo y supo de inmediato que estaba eludiendo también sus
preguntas. No por nada lo conocía de hacía varios años.
—Mientes. Estás enojado con tu novia, y no me digas que es
mi imaginación o que estoy alucinando.
—No sé de qué hablas. —La seguridad impresa en la respuesta
hizo al pelinegro dudar por un momento, pero no, estaba seguro de que todo era
por esa chica con la que su amigo mantenía una relación.
—¡Vamos, Chun! Ya no llegas tarde los lunes, incluso te vi
aquí el domingo pasado, y eso que antes te la pasabas todo el fin de semana con
ella. Eso sin contar que ya no te escapas por mi balcón para ir a verla entre
semana —«Eso sería imposible, porque estás con Changmin» se dijo el músico,
sintiendo el calor ascender a sus mejillas—. Y te he visto así —El modelo le
señaló—. Rojo, seguro por falta de actividad, ¿no? —Yoochun se sintió enrojecer
mucho más.
—Sí, sí, está bien, está bien —respondió a la carrera para
evitar tener que aclarar esa última cuestión—. Estamos enojados —suspiró pesado—.
No, más bien, yo estoy enojado. —Jaejoong le observó a los ojos, como si
buscara algo más—. No me mires así. Hay un tercero en discordia.
—¿Qué? No puedo creer que te esté engañando, yo…
—No —intentó aclarar, más para sí que para su amigo—. La
verdad, no lo sé… —se pasó una mano por el cabello para despejarse—. En verdad
no sé si me engaña o no, y no he querido preguntárselo de frente porque tengo
miedo a que me diga que sí.
—Chunnie, no entiendo nada —Jaejoong intentaba hilar las
palabras del músico—. Si no me explicas bien, no podré ayudarte.
Yoochun volvió a suspirar. Quizá hablar con el pelinegro le
ayudara a aclarar esa terrible duda que le carcomía el alma, antes de hablar
con Junsu. Sólo tenía que ser cuidadoso con sus palabras, todavía no estaba
listo para revelarle su secreto a Jaejoong.
—Cuando empezamos a salir… —comenzó—, yo le consideraba
alguien muy transparente, inocente, incapaz de mentir —explicó cuidando cada
palabra—. Era una persona honesta y amable, pero de unos meses a la fecha ha
cambiado mucho, al grado de que la gente que le rodea dice que hay alguien más
además de mí.
—¿Qué? ¿Quién? ¿Tú la has visto con él?
—No. Yo no he visto nada —meditó Yoochun—. Pero le he
escuchado hablar con él por teléfono de un modo muy cariñoso. Cuando le
pregunté por la identidad del tipo sólo dijo que era un amigo que necesitaba
ayuda. Le pregunté qué clase de ayuda le daba y sólo me dijo que hablaban, pero
no le creí. Le interrogué para saber de qué hablaban, pero no pude sacarle una
sola palabra, me dijo que era un secreto que no le pertenecía y aunque fuéramos
novios no podía contarme. —Yoochun apretó los puños con fuerza al recordar sus
discusiones con el chico de cabellos platinados. La última vez había preferido
irse para no provocar una escena en pleno sepelio del padre de Jaejoong.
—¿Eso es lo que te tiene tan enojado? —Yoochun alzó la vista
con asombro. ¿Por qué Jaejoong le hablaba en ese tono, como si le echara la
culpa a él?—. No creo que te esté mintiendo. Hay amigos que te prestan ayuda
sólo con escucharte. Y mira, ella podrá ser muy tu novia, pero es realmente
leal con ese amigo con quien habla. O me dirás que a ti te gustaría que contara
todos tus secretos al primero que se los preguntara…
—No. Pero creo que tengo cierto derecho a saber, por lo
menos, quién es él.
—¿Y si esa persona con quien habla le pidió mantener el
secreto? —Eso le hizo a Yoochun meditarlo un poco más. No cabía dudo que en
ocasiones Jaejoong podía hacerlo pensar más de la cuenta, y eso le agradaba,
porque podía ser que el errado fuera él—. Mira, te voy a contar algo sólo para
que veas hasta qué punto puede llegar la lealtad de un amigo. ¿Recuerdas a la
persona que me habló el miércoles y yo pensé que era un acosador?
—Sí, el que quería ser tu amigo y te dejó su número. ¿Cuál
era?
—Pues sí le hablé —Yoochun abrió los ojos con sorpresa,
olvidándose de su anterior pregunta—. Él se ha convertido en un buen amigo y
confidente, le he contado muchas cosas que me han pasado, pero le pedí que me
guardara el secreto. Si él hubiese querido, todo lo que le he contado ya
estaría en los diarios o en la TV, pero no me ha traicionado, ni creo que lo
haga.
—¿Le has contado muchas cosas? —Jaejoong asintió—. ¿Por qué
no me lo has contado a mí? —El modelo se sonrojó de golpe, azotándose la cabeza
mentalmente por haber dicho aquello.
—Porque hay cosas que no podría decirte jamás. —musitó
bajando la vista avergonzado. Yoochun entendió de inmediato, pero eso no le
impidió preguntar.
—¿Como lo del beso con Changmin?
—Entre otras cosas. —admitió aun azotándose la cabeza por
haber sacado a colación ese tema. Daba gracias al cielo porque su amigo supiera
interpretar sus palabras y dejara de preguntar por ello—. Pero lo que quiero
que entiendas con esto, es que ese chico jamás revelará nada de lo que le he
contado, aunque su novio lo presione.
—¿Su… novio? ¿Es gay? —La mirada de Yoochun se afiló.
—Sí, eso creo… Bueno, no me lo ha dicho, pero es fácil darse
cuenta. —se explicó nervioso. Sabía de antemano que Yoochun no se sentía a
gusto con ese tema, así que era mejor cambiarlo; sólo que su amigo tenía otros
planes.
—¿Se te declaró? —preguntó asombrado, asustando al pelinegro.
—¡No! Cómo crees —respondió a prisa—. Sólo es un buen amigo
a quien no conozco, un verdadero incondicional.
Incondicional.
Esa palabra se había tatuado en la cabeza del músico desde
que la hubiese escuchado en el funeral del padre de Jaejoong. Escucharla ahora,
le hizo prestar mayor atención a lo que el modelo decía.
—¿Sabes que me localizó en mi casa para darme el pésame por
lo de papá? Y de nuevo se puso a mis órdenes, me dijo que podía hablarle cuando
quisiera, a la hora que fuera. Incluso me dijo que…
—… Siempre estaré ahí para ti. —musitó Yoochun por demás
bajo, aunque Jaejoong logró escucharlo.
—Sí, ¿cómo lo supiste? —Los ojos del músico se abrieron
tanto como era posible. Sólo había recordado en voz alta lo que hubiera
escuchado decir a Junsu por el celular aquella vez, pero aquello sí le había
sorprendido. ¡ERA JUNSU! ¡Junsu con quien Jaejoong hablaba! ¿Entonces era
Jaejoong de quien se encontraba tan celoso? Jaejoong, su mejor amigo, quien en
esos momentos mantenía una secreta relación con Changmin.
¡ERA UN VERDADERO IDIOTA!
Yoochun se levantó de golpe, tirando de paso todas las
piezas de ajedrez al suelo. Jaejoong lo siguió en movimiento, sorprendido por
tal reacción. Jamás lo había visto así de… ¿asustado? ¿O sería sorprendido?
—Chun… ¿qué sucede?
—¿Cuál es el número telefónico? —preguntó de golpe, logrando
que el pelinegro le mirara desubicado.
—¿El número? —repitió sin saber qué responder, pese a
repetir los dígitos de memoria, confirmando lo que su amigo ya sabía.
Era Junsu, eran los números del conmutador de la mansión del
chico, sólo cambiaban los últimos dos, lo que indicaba que era uno directo. Ya
no había ninguna duda, Jaejoong era por quien había estado sintiendo aquellos
celos, y ahora se daba cuenta que ni siquiera tenía por qué sentirlos.
—¡WOOOOOW!
El eco a coro de los alumnos en la sala de estar les obligó
a girar hasta el televisor, olvidando por un momento lo antes sucedido. Lo que
estaban transmitiendo en ese momento había conseguido atrapar la atención
general. En ella, podía apreciarse la demostración de una carrera de la CART.
Jaejoong no prestó atención a lo que la reportera decía,
porque fue la imagen en la TV lo que le hizo abrir al máximo los ojos,
sintiendo que el corazón se le aceleraba de golpe. Era un auto color rojo y
blanco que chocaba contra otro, siendo el primero el que salía volando por los
aires para hacerse pedazos al impactar contra la barrera de contención. Y
entonces, como si un rayo le tocase el cuerpo, las palabras de la reportera le
hicieron comprender el llanto de Changmin la noche anterior.
El día de ayer por la noche, el ex actor y corredor de autos
Cho Kyuhyun, murió en un accidente automovilístico al perder el control en una
curva, en la demostración de lo que será la serie CART de este fin de semana.
Esta mañana los restos mortales fueron cremados y enviados en avión especial a
Alemania, donde sus padres le esperan para ser enterrado. Aquí, en Busán, fue
despedido por algunos antiguos amigos, como su compañero de serie infantil,
Shim Changmin y su antiguo representante, Jung Jihoon.
Descanse en paz, Cho Kyuhyun.
Jaejoong apretó los puños con fuerza y salió corriendo de la
sala de estar a toda prisa. Changmin había estado presente en la cremación de
Kyuhyun por la mañana, para el medio día pudo haber estado en el hangar donde
estaba el avión que lo trasladaría, pero a esa hora ya tenía que estar en la
escuela.
Si lo conocía aunque fuese un poco, era más que seguro que
estuviera encerrado en su habitación, aislado del mundo como siempre, y era ahí
donde iba ahora a toda prisa. Si fuese el medio día después de comer estaría en
el bosque, pero como ya era de noche…
¡Ahora sabía que eso había sido lo que había dejado a
Changmin tan vulnerable! ¡Por eso lloraba la noche anterior! Cho Kyuhyun había
muerto, le habían avisado y él había reaccionado como cualquier persona que
perdía a un ser querido: con lágrimas.
Sintió que su corazón se le estrujaba en el pecho al
saberlo, que pese a que Changmin dijera lo contrario, pese a que dijera que
entre ellos no había nada, sus sentimientos lo habían traicionado y había
reaccionado al dolor.
¿Sentimientos?
Era raro pensar que el menor tuviera sentimientos cuando
siempre se comportaba de una manera tan fría. Pero esas gotas que hubieran
caído sobre su brazo se lo demostraban. Shim Changmin no era de hielo.
Llegó hasta la habitación del castaño con el corazón en la
garganta y abrió de golpe sin pedir siquiera permiso, adentrándose en la semi
oscuridad del lugar apenas irrumpida por la pequeña lámpara del techo. Y ahí,
recargado en el respaldo de la cama, se encontró a Shim Changmin. Lo miró desde
su lugar, pues el menor ni siquiera se había dignado a verlo, ni moverse de su
posición, como si no le hubiera escuchado entrar pese a que el azotar la puerta
al entrar hubiese sido de por sí bastante ruidoso.
—¿Changmin? —cuestionó al acercarse, pero este no pareció
oírle, porque se mantuvo observando al techo. Esta vez el pelinegro no se
molestó porque le ignorara, él lo comprendía, sabía muy bien lo que se sentía—.
Changmin, ya sé por qué estás así… —continuó acercándose, dudando unos
instantes tras los cuales se animó a sentarse cerca suyo—. Lo siento mucho. —musitó,
tentando apenas el brazo del chico para darle apoyo, pero nada ocurrió.
Había estado esperando algún comentario, lo que fuera que le
indicara que estaba bien y no debía preocuparse, pero al notarlo impávido sólo
se sintió más intranquilo.
—Changmin, sé cómo te sientes, sólo quiero ayudarte, así
como tú lo hiciste conmigo cuando murió papá… Sé que te duele, Kyuhyun era tu
amigo, tu primer amor, así que sé que… —Pero la mirada que el castaño le
dirigió le hizo callar. El menor había bajado la vista para clavarla con furia
en el pelinegro. ¿Qué había dicho para que le viera así?
—Tú no sabes nada, Jaejoong. —siseó mordaz, logrando que el
contrario se enderezara en su lugar sin comprender.
—Te equivocas. ¿No recuerdas que papá murió apenas la semana
pasada? Creo que soy quien más sabe en este momento, y quiero ayudarte a pasar
el mal trago. No estás solo, me tienes a mí. —Pero de nuevo, Changmin sólo
enarcó una ceja.
—¿Te tengo a ti? ¿Y de qué forma te tengo? —atajó—. ¿Como
amigo? Porque según pregonaste ayer por la mañana, nosotros no somos amigos —recordó
irónico. Aunque era él quien lo hubiera dicho, pero prefirió no interrumpir—.
¿Como novio? Porque según me dijiste cuando me diste los pendientes, no lo
somos. ¿Como un amante ocasional? Porque nos acostamos de vez en cuando. ¿Como
qué, Jaejoong? ¿Como qué te tengo?
El pelinegro tragó gordo sin saber qué responder. Después de
la pelea con Changmin en la que ambos habían ido a parar a detención (que por
suerte sólo los detuvieron esa tarde por el luto del modelo), la subdirectora
se encargó de darles a leer un artículo sobre las diferentes etapas que conlleva
el duelo, pues según ella, Jaejoong se comportaba agresivo a causa de la
pérdida de un ser querido.
«¡Bah! Qué sabe esa vieja amargada del verdadero motivo que
me llevó a golpear a Changmin»
Ella se había referido al enojo. Seguro Changmin estaba
pasando por esa etapa, y no podía culparle por todo lo que estaba diciendo.
La mirada del chico seguía sobre él, su semblante molesto
con las cejas fruncidas y los brazos cruzados, lo que le hacía pensar que
buscaba protegerse de algo, quizá de él y sus palabras.
Sin pensárselo demasiado estiró ambos brazos para pasarlos
por el cuello del más joven y abrazarle firme contra su cuerpo. Quería
transmitirle así que podía contar con él. Pero este se soltó de su abrazo,
poniéndose de pie con brusquedad. No obstante eso no bastaría para alejarlo, no
cuando sabía que le necesitaba más que nunca; por ello le siguió por el cuarto
hasta abrazarlo, esta vez por la espalda.
—Suéltame, Jaejoong. —demandó tenso, las manos a cada
costado de su cuerpo. Necesitaba hacer que se relajara, de una u otra forma.
—No voy a soltarte. No voy a dejarte cuando sé que me
necesitas —afirmó dejando que su cabeza descansara en el hueco del hombro del
menor—. Puedo ser todo lo que dijiste antes. Puedo ser tu amigo, tu novio o tu
amante. Todo lo que necesites. —aseguró en voz baja, consiguiendo al fin que la
tensión en el cuerpo contrario se disipara un poco.
—¿Por qué? ¿Por lástima? —preguntó al tomarle de los brazos,
soltándose suave para girarse y verle a los ojos. Jaejoong lo notó, observó
esos ojos castaños llenos de algo que no comprendía. ¿Había en esa mirada que
parecía cuestionarle con tanta seriedad?
—No, porque yo… —‘Te amo’. Las palabras acudieron a su mente
en milisegundos, pero jamás llegaron a su boca.
¿Podría decirle ahora lo que en verdad sentía por él, sin
que lo considerara hueco? ¿Sin que creyera que lo decía sólo porque sentía
lástima por él? No. Este no era el mejor momento. Por ello, optó por cerrar la
boca y dejar la frase al aire.
El golpe a la puerta les hizo separarse de golpe, observando
hasta la puerta como si ésta fuera a abrirse y alguien pudiera descubrirles.
Pero no sucedió, en su lugar otro golpe volvió a escucharse. Changmin se giró
para ver a Jaejoong con mirada dura.
—¿A quién más le dijiste que estaba aquí?
—A nadie —respondió a la carrera—. En cuanto supe lo de
Kyuhyun vine corriendo para acá, no le dije a nadie que estabas aquí, porque no
lo sabía. —Changmin asintió y tras un quedo suspiro, volvió a la cama, al lugar
que antes hubiera ocupado.
—Adelante. —recitó sin ánimos, ante lo que el modelo no supo
qué hacer.
La puerta se abrió y por ella entró Hangeng, seguido de
Yoochun. Changmin clavó la mirada en Jaejoong, quien pudo distinguir la oleada
de odio en ella. ¡Pero él no les había dicho nada! Ni siquiera sabía por qué
estaban ahí, si ellos no conocían a Changmin lo suficiente como para
acompañarle en su duelo.
—Changmin —saludó Yoochun colocándose al lado de la cama del
actor, en tanto miraba de reojo a Jaejoong al pasar por su lado—. Nos acabamos
de enterar de lo de Kyuhyun. —No sólo ellos, toda la escuela, suponía el
modelo.
—Y vinimos a hacerte compañía. —secundó Hangeng, lo que sí
era una sorpresa, porque lo que eran el bailarín y el actor no parecían
llevarse muy bien, y sin embargo, los había visto platicar en el sepelio de su
padre. Quizá esa ocasión y ahora esta sirviera para limar viejas asperezas.
—No es bueno para nadie estar solo en momentos como este. —aseguró
el músico. Changmin sólo bajó la mirada sin decir nada. Jaejoong dudaba que
dijera ‘Gracias’, pero aunque no lo dijera, sabía que se sentía agradecido—.
Espero nos permitas acompañarte.
—Por lo menos hasta que apaguen las luces. —aclaró el chino
intentando bromear.
—… Está bien. —Y aquella queda afirmación los sorprendió a
todos.
Yoochun había esperado que se negara, es más, que los
corriera de su habitación o incluso que los sacara a golpes; Hangeng que les
dijera que no los necesitaba, que podía pasar eso solo ya que siempre estaba
así, en completa soledad; y Jaejoong sabía bien a bien, que muy en el fondo iba
a aceptar la compañía de aquellos a quienes consideraba cercanos. Y aunque lo
negara, sabía que sus amigos eran los más cercanos que tenía, sólo faltaba que
llegara Boa, aunque dudaba que se lo permitieran.
Estuvieron largo rato con él, platicando a gusto de diversos
temas sin ahondar mucho en nada, sólo pasando el rato. Y aunque pareciera
difícil, Changmin participaba en cada tema. Hablaron desde las condiciones
climatológicas hasta del posible ganador del Bambú de Oro en los Asian Film
Awards. Changmin ya sabía que Hangeng se iría a Rusia (lo había escuchado
cuando se disculpó con Jaejoong por haberse propasado), pero ahora sabía
también por qué aún no se marchaba.
—¡Qué difícil es obtener una visa de trabajo! —había dicho
el moreno-rubio al ser cuestionado por el actor sobre su partida. Changmin
ofreció ponerlo en contacto con el secretario particular del embajador ruso,
amigo suyo. Jaejoong se sintió celoso por un momento, pero trató de aparentar
que no le había afectado el saber sobre esa amistad.
—Tiene como 80 años, pero todavía escucha. —aclaró el actor
cuando notó el ceño fruncido del pelinegro, lo que coloreó las mejillas del
susodicho por la vergüenza. ¡Por qué diablos tenía que ser tan transparente!
Cuando las luces se apagaron todos se pusieron de pie para
despedirse de Changmin. El tiempo se había pasado tan rápido que no creían que
ya fueran las diez de la noche.
—Deberíamos repetirlo —sonrió Hangeng al estirar los brazos
una vez fuera de la habitación del actor—. Me sentí muy a gusto, hacía tiempo
que no me la pasaba tan bien.
—No te hagas ilusiones, quizá Changmin sólo estaba actuando —comentó
Yoochun, no muy seguro de que algo así fuera a repetirse—. Aunque si no lo
hacía, fue bastante agradable.
—Changmin no estaba actuando. —acotó Jaejoong con cierto
tinte molesto. ¿Cómo era posible que no pudieran distinguir cuando el menor
actuaba o no? Si bien él tampoco podía distinguirlo siempre, ahora estaba
seguro de que no lo hacía.
—Sí, sí. Tú lo conoces más. —Yoochun palmeó su hombro a
broma, lo que hizo al modelo arrugar el ceño.
—¡No digas idioteces! Todavía seguimos peleándonos por casi
todo, pero no se me olvida lo que hizo por mí cuando papá murió. —musitó más
bajo, tan bajo que ambos chicos tuvieron que acercarse para poder oír.
—¿Y qué hizo? —El bailarín le miró curioso, y Jaejoong
levantó la cabeza con asombro. ¿Qué había hecho? ¿Y ahora qué iba a decirles?…
—Él… ah… —balbuceó sin lograr hacer funcionar sus ideas.
—Nos avisó de la muerte del padre de Jaejoong, Hangeng,
¿recuerdas? —Yoochun lo miró, consiguiendo un asentimiento del chino y un
suspiro aliviado del pelinegro. El músico le había salvado sin darse cuenta—.
Creo que deberías quedarte esta noche con él. —colocó una mano en el hombro de
su amigo.
—¿Quéeeee? —Jaejoong lo miró por demás asombrado, como si
este le hubiera condenado a muerte.
—Chicos, chicos —La voz del maestro de literatura los
distrajo—. Ya es hora de dormir, mañana discuten todo lo que quieran. Ahora a
la cama, los tres. —apuró empujándolos para alejarlos de la habitación de
Changmin.
—Hazlo, Jae. —animó el músico ya en la entrada de su
habitación, frente a la del modelo, en tanto el maestro seguía empujando a
Hangeng hasta la suya.
—¡Estás loco! —musitó sólo para que él le escuchara—. No me
voy a quedar con él.
—Pues deberías. —Y sin más, se volvió para ingresar a su
cuarto.
Jaejoong se quedó observando la puerta de Yoochun por unos
segundos, girándose después para entrar a su recámara con las palabras de su
amigo en la cabeza. Sí, claro que iba a quedarse con Changmin, pero no iba a
decírselos.
Muy a prisa se cambió de ropa para ponerse el pijama, quería
llegar rápido a la habitación del actor, pues no deseaba dejarlo solo mucho
tiempo. Le hubiese gustado darse un baño antes de ir con él, pero se contuvo,
quizá pudiera bañarse en la habitación de Changmin después… El solo hecho de
pensarlo le hacía sonrojar.
Corriendo saltó de un balcón a otro y entró a la habitación
del actor, si alguien esperaba que entrara por la puerta estaban muy
equivocados. Necesitaba mantener su relación en secreto, por la carrera de
ambos. Sabía que Changmin no estaba interesado en su carrera, él quería decirle
a medio mundo que era gay, pues no se dedicaría de por vida a la actuación… tenía
otros planes para el futuro. ¡Pero él no!
Al entrar por la puerta corrediza lo encontró de nuevo
sentado en la cama con la vista al techo, pero ya con el pijama puesto. Avanzó
despacio hasta ahí, subiendo sobre el colchón para quedar frente a él.
—Ya vine. —avisó como si hiciera falta, la mirada del menor
apenas bajando para verle con esa indiferencia usual.
—Si no lo dices no me doy cuenta. —Jaejoong suspiró ante el
sarcasmo, por lo visto su humor no había mejorado nada—. Pero no es necesario
que te quedes. Puedes irte a dormir, yo estoy bien.
Lo imaginaba. Imaginaba que Changmin haría algo como eso,
alejarlo como hacía siempre. Quizá había pensado que permitir la compañía de
Yoochun y Hangeng, además de la suya, había sido una debilidad que no debía
repetirse. No se iría.
—Pero voy a quedarme esta noche, aquí, contigo. Si quieres
dormiré en el suelo, pero de tu lado no me muevo. Estás sufriendo mucho, no voy
a dejarte solo. —aseguró cruzándose de piernas y brazos frente a él con
renuencia. Esa la clara muestra de que no le haría cambiar de opinión. Changmin
se levantó de la cama para ir hasta el peinador, a lo que Jaejoong se giró e
hincó para verlo.
—Tú no entiendes nada, Jaejoong —repitió aquella misma frase
de hacía unas horas—. No estoy sufriendo por Kyuhyun. —afirmó de un modo tan
frío que se le hizo imposible de creer.
—Pero… anoche estabas llorando por su muerte. ¡Estabas
sufriendo! ¡No mientas, Changmin! Por una sola vez deberías reconocer tus
sentimientos. —El mencionado giró para verle y Jaejoong pudo ver en sus ojos la
determinación, iba a continuar negándolo y él no lo dejaría. Tenía que sacarlo
todo ahora para que esa herida cicatrizara, si no nunca lo haría.
—¡Tú no entiendes nada! —vociferó esta vez—. Yo no estaba
sufriendo por Kyuhyun, no sentí nada con su muerte. —Esas palabras en un tono
tan alterado le sacudieron el corazón.
—¿Qué? ¿Cómo que no sentiste nada? ¡Era tu amigo! Quizá tu
único amigo. Debiste sentir algo, estabas llorando… —aseguró sin creerle.
—Kyuhyun y yo éramos amigos hace casi 10 años —acotó
girándose de nuevo, la mira perdida en sus manos—. Después de la cancelación de
la serie él se fue a Alemania con su familia y lo que yo sentía o llegué a
sentir por él se enfrió. Sí, nos hablamos una que otra vez, nos enviamos uno
que otro e-mail, nos visitamos uno que otro día, pero nada más. Cuando supe de
su muerte sentí pena, pero por él. Aunque no me lo creas, no me dolió su muerte
como todos creen. —¡No era verdad! No podía ser tan insensible si había estado
llorando.
—¿Entonces qué fue lo de anoche? —acusó poniéndose de pie
para llegar hasta él. Changmin alzó la mirada, observando a Jaejoong por el
reflejo del espejo en el peinador.
—Nada. —Y el pelinegro se molestó por tanta indiferencia.
—¿Nada era lo que salía de tus ojos y mojaba mi brazo? —Ojalá
Changmin fuera como él, para poder leer en su semblante como todos leían en él,
pero sabía que eso era imposible. Sin embargo, lo vio bajar la vista de nuevo
hasta sus manos, y cómo estas se cerraban en puños.
¿Ahora qué le pasaba?
—Es que me di cuenta de algo. —El pelinegro se acercó más,
extrañado.
—¿De qué te diste cuenta? —preguntó en el mismo tono bajo,
pero Changmin no hacía más que apretar los puños. Pudo verlo incluso mordiendo
su labio inferior, como si se contuviera para soltar algo—. ¿De qué te diste
cuenta, Changmin? —insistió, observándolo abrir los puños para apoyar las
palmas contra el peinador, regresándole la mirada a través del espejo.
—De que nadie tiene la vida comprada. —Jaejoong parpadeó
confuso y el más alto se volteó para verle. Su mirada transmitía dolor, uno que
él entendía tan bien, porque era el mismo que él sentía: el de la soledad—. No
debemos pensar en el futuro porque no sabemos si vamos a llegar.
—Pero Changmin… —intentó abrazarlo, pero el menor avanzó
hasta el buró y sacó un sobre que le tendió al pelinegro.
—Kyuhyun tenía pareja desde hacía cinco años e iban a
casarse —explicó sin verle a los ojos—. Vino a verme para dejarme la invitación
a su boda. —¡¿Qué?! Y él tan celoso que se había sentido al ver al corredor en
la escuela. ¡Maldición! Al ver el otro nombre en la invitación, se dio cuenta
de que Kyuhyun seguía siendo gay, tal como Mei lo había asegurado. Pero era un
hombre enamorado, y no de Changmin.
Se sentía como un verdadero idiota, si tan sólo Changmin se
lo hubiera aclarado…
—Lo siento… —susurró dejando la invitación sobre el buró.
—Nadie tiene la vida comprada. —repitió el actor. Jaejoong
sintió que el menor intentaba tatuarse esa frase en la memoria, como si
quisiera darse valor para hacer algo que había postergado desde hacía tiempo. Eso
le dio una idea.
—¡Y tú desperdiciándola peleando con tu madre! —Changmin se
enderezó sorprendido para verlo, pero ese gesto fue pronto remplazado por un
notable fastidio. El mayor no supo si tal reacción era por sentirse
descubierto, o porque había errado en sus suposiciones.
—No entiendes nada de lo que te digo —siseó exasperado—.
¿Qué tiene que ver mi madre en todo esto? —¿Dijo madre? ¡Lo sabía! Changmin
nunca había dejado de quererla, aunque se empeñara por querer odiarla.
—¡Todo! Ni tú, ni ella ni nadie, tienen la vida asegurada.
El día de mañana uno de los dos puede morir y no habrás perdido la oportunidad
de hacer las paces con ella. —afirmó el modelo, aunque pensándolo mejor, ni él mismo
tenía la vida comprada. Tal vez era hora de decirle a Changmin que lo amaba.
—¡Sí que eres terco!
—¡Y tú lo eres más! Olvida ese estúpido orgullo y pídele una
disculpa. Es todo lo que te está pidiendo.
—No.
—Changmin… —suplicó.
—He dicho que no. —sentenció arrinconándolo contra la pared
junto al peinador. Esa mirada fiera escudriñándole hasta lo más profundo de sus
ojos le hacía estremecer; o quizá fuera culpa de aquel tono grueso y dominante—.
Olvidemos esto de una buena vez. —Y sin darle oportunidad a queja le tomó de la
barbilla, apresando por sorpresa sus labios con los propios.
Por un segundo, el mayor llegó a creer que Changmin le
asaltaría con un beso rudo, igual a los primeros, cargados de pasión y
salvajismo; pero se había equivocado en rotundo. Este beso era diferente,
porque aunque estaba lleno de pasión, resultaba un tanto… ¿tierno? Era un roce
suave sobre sus labios, susceptibles a la tibieza de la piel sobre ellos sin
apenas tocarlos, provocando no sólo choques eléctricos, sino placenteras
cosquillas que hormigueaban por toda su dermis y le hacían temblar. ¿Qué era
esto nuevo que estaba experimentando? Esto que le aceleraba el corazón y los
sentidos…
Los labios del castaño se presionaron contra los suyos,
sintiendo después la cálida lengua del chico pidiendo permiso para ingresar, lo
que consiguió casi de inmediato. ¿Cuándo había pedido antes Changmin permiso
para entrar a su boca? Y entró despacio, saboreando, embriagando con su sabor.
Todo parecía dar vueltas a su alrededor, con la razón
fugándose demasiado pronto de sí. Fue la exquisita sensación de aquella boca
sobre la suya, la que le hizo olvidarse de todo. Poco a poco se fue dejando
llevar por todo lo que Changmin conseguía hacerle sentir, cosas que sus
anteriores besos no despertaban en él y que, aun los besos de las mujeres, no
habían logrado despertado, ¿Por qué ese beso era tan diferente? ¿Por qué
parecía transmitir algo que antes no había podido sentir? Y es que presa de
toda esa marejada de emociones, se dejó envolver por el deseo que un solo beso
-¡Uno solo!- había despertado en él.
Changmin lo tomó por la cintura, acercándolo para
profundizar en tanto le empujaba con su cuerpo contra la pared. El contacto fue
volviéndose más apasionado, cada vez más urgente mientras se peleaban por un
control que ninguno quería ceder, pero que sólo servía para acrecentar la
pasión que sus cuerpos se encargaban de exudar.
El cuerpo del mayor fue pronto conducido de espaldas por la
habitación, hasta que el borde del colchón colisionó contra sus piernas y ambos
cayeron sobre la cama, el castaño encima suyo. Este no dejaba de recorrerle por
sobre la seda del pijama, movimientos suaves que se encargaban de impregnarse
por completo en su cuerpo, robándole uno que otro suspiro. La ropa se hacía estorbosa,
pero ya que Changmin no parecía tener intenciones de retirarla fue el mismo
Jaejoong quien alzó sus manos para empezar a desabotonar la prenda superior del
actor; acarició su pecho, y tras robarle un jadeo lanzó lejos la camisa del
pijama para dejarlo descubierto.
—Jaejoong… —escuchó la voz ronca llamarle con una
sensualidad que le hizo estremecer.
Se sentía arder por dentro, con la respiración acelerada y
su cuerpo temblando sólo de sentir las manos del más joven tocarle, la piel
caliente que recorría con sus dedos. Aquello era tan distinto, tan erótico que
los jadeos no podían dejar de escapar de su boca, aun cuando esta se encontraba
aún ocupada por la del actor.
Pero se separó de aquellos labios, dejando un camino húmedo
en el recorrido por la cremosa piel del chico hasta su pecho, donde varios
besos superficiales pero cargados de sensualidad llovieron sobre la bronceada
dermis. Podía sentir al castaño temblar ante la exploración, disfrutar de algo
a lo que él jamás había tenido tiempo ni oportunidad de aprovechar como lo
hacía ahora.
—Changmin… —murmuró el nombre de su amante, obteniendo un
gemido ahogado en respuesta.
Dedos largos empezaron a recorrer la espalda del modelo,
alzando con lentitud el saco del pijama y dejándose vía libre para recorrer
aquella piel pálida y perfecta. Jaejoong a su vez acariciaba los omóplatos del
actor, de donde le siguió un cálido recorrido por la espina dorsal hasta la
base, donde introdujo las manos hasta tentar sus glúteos.
—Despacio, Jaejoong… —se quejó el menor al sentir aquellas
manos sobre él. El pelinegro sintió entonces la creciente excitación ajena
chocar contra su vientre, y su sangre hirvió.
El saco de su pijama pronto fue olvidado en el suelo, en
tanto Changmin comenzaba a bajar por su cuello y sus manos de apoderaban de las
rosadas tetillas que adornaban el pecho del modelo, acariciándolas con
movimientos circulares y sugerentes. Jaejoong apretó ambas manos sobre el
trasero del castaño, estrujando la piel mientras gemía presa del ardor que el menor
conseguía despertar en él, excitándolo cada vez más.
—Changmin, sigue… —suplicó, delirando por las sensaciones
sobre su piel. Temblaba de pasión y poco le importaba hacérselo notar,
consciente del sudor que ya perlaba el cuerpo de su compañero, justo igual que
el suyo.
Los labios de Changmin se cerraron sobre una de las tetillas
que antes acariciaba, dándole libertad a su mano para bajar por el vientre del
pelinegro hasta llegar al elástico del pijama, por donde se introdujo para
atrapar su miembro ya despierto.
—¡Changmin! —gimió al sentir aquellos dedos moviéndose sobre
su dura intimidad, en tanto la otra mano del joven se apresuraba a bajarle el
pantalón del pijama, rebelando así la ansiedad que se había estado escondiendo
bajo la tela.
Sólo que Jaejoong no se quedó quieto, dejando el trasero del
actor para buscar su miembro y acariciarlo por igual, robándole un sonoro
gemido al contrario. Entre el masturbar y ser masturbado, una idea traviesa se
coló entre sus pensamientos.
—Me dejarás volver a estar dentro de ti… —insinuó sensual,
logrando que Changmin apenas se detuviera un segundo para alzar la mirada y
asaltar sus labios.
—Lo haría… —aseguró, sorprendiendo al pelinegro—, pero aún
estoy muy adolorido por lo de ayer. —afirmó volviendo a bajar por su blanca
piel, haciéndolo reír.
—No aguantas nada —sonrió, arqueándose gracias a sus
caricias—. Te aseguro que la segunda vez es menos…
No alcanzó a terminar. Un fuerte gemido escapó de sí cuando
algo húmedo y tibio se cerró sobre su miembro, haciéndolo jadear de placer y
arquear la espalda ante los rápidos movimientos que la boca ajena le
proporcionaba.
—¡Aahh! Changmin, Changmin…
Las prendas restantes de Jaejoong terminaron en el suelo y
sus caderas fueron sujetas por las manos del menor, quien le sujetaba con
fuerza mientras devoraba aquella creciente intimidad, chupando, succionando,
dejándolo salir con rapidez sólo para volver a entrar.
Jaejoong se sintió subir al cielo, presa de la excitación y
el placer que Changmin sabía bien cómo despertar en él, lo que le nubló la
mente lo suficiente para no sentir molestia alguna cuando un primer dedo empezó
a sumergirse en su entrada. Su cuerpo hervía a punto de llegar al clímax, lo
sabía porque su miembro palpitaba cada vez más fuerte y sus gemidos escapaban
cada vez más alto.
—¡Chang…min! ¡AAHHH! —ahogó ruidoso, descargando finalmente
su semilla en la boca del actor.
Su cuerpo tembló entero presa del orgasmo, pero a pesar de
sentirse desfallecer logró notar aquello que se retiraba de su entrada. Al alzar
la vista encontró a Changmin retirándose el resto de la ropa, girándose para
abrir el primer cajón del buró y sacar un pequeño sobre de color metálico.
Sabía lo que era, y no lo quería.
—Déjalo —pidió entre jadeos—. No lo necesitas… —Pero el
castaño le ignoró, rasgando el pequeño sobre para abrirlo—. ¡He dicho que no! —protestó
incorporándose a medias, lo suficiente para conseguir detener el brazo del
actor.
—Es para que no te duela… —Jaejoong negó con la cabeza.
—Si no quieres que me duela sólo tómame ahora, ya no aguanto
más sin ti…
Sonrió cuando vio el condón caer a la basura y aquella bien
tonificada figura acomodarse entre sus piernas; los dedos hundiéndose una vez
más en su abertura le obligaron a arquear la espalda. No sabía en qué momento
Changmin había empezado a prepararlo, pero el dolor había quedado lejos,
olvidado por el placer que ahora sacudía su cuerpo de arriba abajo.
Sus brazos se entrelazaron sobre el cuello del menor,
besando la piel expuesta que arrancó ligeros gemidos en respuesta. Otro dedo
más se abrió espacio para preparar aquel estrecho pasaje, anticipándose a lo
que venía a continuación.
Changmin le levantó las caderas y Jaejoong entrelazó las
piernas sobre su espalda para recibirlo.
—Jaejoong… —gimió, sofocado por aquel apretado orificio que
apenas y conseguía dar de sí para dejarle entrar, atrapándolo entre sus cálidas
paredes.
—Chang…min… Ugh…
Con un solo movimiento, rápido y certero, Changmin consiguió
hundirse en su amante por completo, arrancándoles a ambos un grito jadeante e
intenso. Las uñas de Jaejoong se clavaron en la morena espalda al sentirlo
moverse sobre sí, salir y volver a sumergirse en su interior al inicio con
lentitud, sintiendo todo de él, para después empezar a tomar cada vez más
velocidad.
—Changmin…
—Jaejoong…
Este sintió al menor buscando una de sus manos para
entrelazar sus dedos, mientras con la otra tomaba su miembro que ya volvía a
despertar y lo masturbaba a la par de las embestidas, que chapoteaban contra su
ingle. Lo sentía hundirse hasta el fondo, acariciar cada rincón y tocar cada
uno de los puntos sensibles que desplegaban sensaciones electrizantes por cada
uno de sus músculos, llevándolo al límite.
Cada vez más rápido…
Cada vez más fuerte…
Arrancando con cada penetración un gemido cada vez más alto…
—Changmin… ¡POR DIOS, CHANGMIN! —gemía alto y sin
controlarse—. ¡Te amo! —soltó evitando el rostro del menor.
—Jaejoong…
Sólo le escuchó murmurar su nombre envuelto en pasión, y más
tarde y con un último grito de placer, la esencia de ambos se liberó. Changmin
en el confortable interior de Jaejoong, y Jaejoong sobre el estómago y mano de
Changmin.
Presas del agotamiento consiguieron recostarse sobre la
cama, desnudos y aún enredados en el cuerpo del otro. La mano de Changmin aún
entrelazada con la suya, sin cubrir su desnudez, tan sólo disfrutando del
contacto de sus pieles todavía ardiendo por la pasión.
La mirada oscura permanecía lejos, sin atreverse a ver a su
compañero. Había sido todo muy diferente, y ambos lo sabían. Había dejado
escapar lo que sentía por él tras haber jurado que jamás lo haría, aunque sabía
que en algún momento tendría que decírselo, había sido en la cumbre del placer
cuando se presentó su oportunidad. Y Changmin se había quedado callado. Nada le
costaba decir un ‘Yo también’, si bien podría ser sólo por la pasión del
momento y no porque realmente lo sintiera.
¿Y si eso era lo que pensaba el actor? Que había dicho
aquello sólo por estar inmerso en la pasión del momento y no porque lo
sintiera…
Al levantarse un poco de su pecho para verlo, se encontró
con aquellos ojos castaños que al parecer, se habían quedado estudiándole desde
hacía rato.
—Lo que dije… es verdad —soltó de pronto. El ceño de
Changmin se arrugó—. Te amo.
Por un momento, creyó que el chico se levantaría y se
alejaría de su lado, que se encerraría en el baño o lo correría de la
habitación, tal vez diciéndole que eso no había sido nunca parte del trato y
que no podía esperar lo mismo de él. Pero se equivocó.
Lejos de eso, Changmin llevó una mano hasta su nuca,
acercándolo para volver a besarle de un modo tan vehemente que sólo consiguió
incitarlo, retomando las caricias profusas y los besos fogosos hasta que
minutos más tarde y presas del cansancio, el sueño los venció.
–.—.—.—.—.—.–
Yoochun se levantó de la cama un par de horas después de que
las luces se hubieran apagado. Necesitaba hablar con Junsu, pero no podía
escaparse por la habitación de Jaejoong. No quería ni asomarse por ahí por el
mero temor de tener que toparse con una escena como la que había presenciado
hacía poco. Y con esa perspectiva, mejor salió de su habitación rumbo a
dirección. Esperaba encontrar la puerta abierta y tomar una de las líneas del
teléfono de Seohyun; no se equivocó. La puerta estaba sin seguro y las luces
todas apagadas, así que entró.
La luz que se colaba por la ventana abierta de la oficina
permitía ver bien los números del teléfono, lo que le facilitó marcar los
dígitos que Jaejoong le hubiese mencionado antes. Esperó.
—¿Jaejoong?… ¿Jaejoong, eres tú? —la voz adormilada de Junsu
llegó clara. De pronto quiso decirle tantas cosas, reclamarle tantas cosas,
pero al final nada salió de su boca—. ¿Jaejoong? ¿Estás bien, qué sucede? Sabes
que puedes decirme cualquier cosa, haré hasta lo imposible por ayudarte… —Jaejoong
tenía razón, Junsu sólo quería ayudarle. Y él que le había acusado tan
injustamente.
Suspiró pesado.
—Soy Yoochun.
—¡Yoochun! —la voz de Junsu ahora sonó alarmada y clara. Al
parecer, el susto le había terminado de despertar—. Yo… ¿cómo supiste? ¿Cómo
conseguiste este número? ¿Le pasó algo a Jaejoong? —bombardeó preocupado ante
el silencio contrario—. Vamos Chun, responde. Si tienes este número es que
Jaejoong te contó sobre mí, ya debes saber que no hay nada entre él y yo, sólo
escucho e intento ayudar…
—Lo sé.
—Entonces dime —suplicó—. ¿Le pasa algo? ¿Está bien? —El
silencio siguió, y Junsu tuvo que morderse el labio porque no quería seguir
preguntando y arriesgarse a echar de cabeza al modelo—. ¿Te ha dicho el motivo
por el que me llama?…
—Sí —Yoochun guardó silencio y esta vez Junsu también calló—.
Perdóname, Su… Fui muy injusto contigo…
—No digas eso. Tenías todos los motivos del mundo para creer
que…
—No, no los tenía. Debí confiar en ti, debí… —musitó
culpable. Se sentía como un criminal disculpándose ante su víctima—.
¡Maldición, Su! ¿Por qué no te enojas conmigo y me gritas que me vaya al
diablo? ¿Por qué en lugar de disculparme no terminas conmigo y me dices que
mereces algo mejor que yo?
—Porque tú eres lo mejor para mí, y… te amo, Yoochunnie.
Si Junsu hubiese podido ver el rostro de Yoochun en ese
momento, habría podido ver cómo las lágrimas caían por sus mejillas, mojando la
fina madera del escritorio donde se encontraba. Las palabras habían muerto en
su boca al escucharle, por lo cual fue apenas capaz de pronunciar entrecortado
un “Yo también… te amo”.
–.—.—.—.—.—.–
Al mediodía del lunes se podía sentir en la cafetería un
extraño ambiente de exaltación. Muchos alumnos esperaban impacientes por las
cartas de aceptación para el musical de Vaselina. No había otro tema de
conversación más que el del mensajero que llegó por la mañana con un cargamento
de sobre que debían ser distribuidos entre los jóvenes que habían hecho el
casting hacía dos semanas ya.
Jaejoong giraba la mirada para todos lados, buscando al
actor. Desde hacía días que no lo veía, para ser exactos, desde aquella noche
en que se quedara con él después de la muerte de Kyuhyun. No sabía qué había
sido de él, aunque lo había visto en diferentes eventos debido a la cada vez
más próxima fecha de los Asian Film Awards. No obstante, no podía negar que se
sentía preocupado por él. ¿Estaría realmente bien? Esperaba poder pasar el fin
de semana con Changmin, pero había olvidado por completo que tenía trabajo
pendiente y había tenido que salir a cumplir con él. Así que se fin de semana
no lo había visto.
Ahora estaban a lunes, pera era hora que el actor no se
aparecía por la escuela. ¿Iría a llegar en algún momento?
—Vamos, Jaejoong, no estés tan nervioso, seguro que obtendrás
ese papel que tanto quieres. —animó Boa, haciendo que el pelinegro volteara
verla y le sonriera.
—No estoy nervioso. Escuché de los maestros y algunos
alumnos que hicieron la prueba que mi audición fue de las mejores, así que
estoy seguro de obtener algún papel. No sé si será el de Danny, pero me
conformo con cualquiera mientras no sea el de Sandy o Frenchie. —rió gracioso,
contagiando del mismo modo a Boa y a Hangeng por la ocurrencia.
Pronto el silencio se hizo en el lugar y todos los presentes
se giraron para ver atravesar las puertas del comedor a la subdirectora,
seguida muy de cerca por Seohyun, quien cargaba un par de sobres color manila
que se veían llenos.
Más de uno se removía en su sitio nervioso, y Jaejoong
sintió que la seguridad que había aparentado con sus amigos se esfumaba de
golpe. Seohyun llevaba en las manos su futuro profesional… y amoroso, porque si
lo habían aceptado –Que estaba seguro de que era así– tendría que partir rumbo
a Seúl en un mes, dejando la escuela… y a Changmin. Y si no había sido
aceptado, permanecería otro año más en el colegio y con Changmin, pero tendría
que empezar a tocar puertas una vez se graduara.
Un grito de júbilo le sacó de sus pensamientos, volteando
hasta donde un grupo de estudiantes felicitaba a una chica que, según
reconoció, había hecho el casting junto con él.
«Uno menos» se dijo ya respirando agitado por la excitación.
La atención general continuaba puesta en la subdirectora, quien mencionaba
nombre tras nombre y Seohyun les entregaba su sobre membretado con el
inconfundible logo de la C-JeS.
Gritos de dicha y llanto de felicidad por haber sido
aceptados, acompañados de maldiciones, palabras altisonantes y lágrimas de
frustración y tristeza al haber sido rechazados; la cafetería se había convertido
en un nido de histeria colectiva.
Jaejoong sentía que el sudor frío le corría por la espalda
entre más pasaba el tiempo sin escuchar su nombre. Temblaba de miedo y emoción,
pero no se animaba a ver hacia Seohyun o la subdirectora, temiendo que de hacerlo,
su nombre sería mencionado enseguida y no, aún no quería saber el resultado.
—KIM JAEJOONG. —La voz alta de la subdirectora le puso los
pelos de punta, levantándose de un salto ante la sonrisa de Boa, la expectativa
de Yoochun y el pulgar alzado de Hangeng.
Cuando se acercó a tomar el sobre de manos de Seohyun pudo
notar la encantadora sonrisa que esta le dedicaba, y por un momento sintió de
nuevo la confianza. Sólo hasta que alzó la mano para tomar aquello, y se dio
cuenta que aún temblaba. Lo tomó rápido y se fue a sentar a prisa ante las
miradas inquisidoras de Boa, Yoochun, Hangeng y aquellos que estaban sentados
cerca de su mesa.
—Vamos, ábrela —apremió la pelicorto emocionada—. Ya quiero
saber qué papel te dieron.
—Sí, Jaejoong, ábrela ya. —secundó Hangeng, apoyado sobre
sus brazos para acercarse más al pelinegro y la dichosa carta.
Jaejoong levantó el sobre con temor, iniciando por rasgarlo
para sacar la sencilla hoja escrita a computadora. No pudo ver nada por
interminables segundos, presa de la vista nublada que sólo le permitía notar
algunas manchas. Parpadeó varias veces hasta aclararse la visión, a la
expectativa de todos, y leyó:
“Sr. Kim Jaejoong:
Lamentamos mucho informarle que…”
La hoja bajó hasta la mesa sin continuar la lectura, incapaz
de seguir leyendo. La mirada de Boa, anegada en lágrimas, era semejante a la de
él. Había esperado tanto, soñado tanto, y esas simples palabras echaban todo
por la borda.
Se levantó de la mesa y salió corriendo del comedor sin
decir nada, pero no era necesario decirlo, sus amigos sabían bien cómo se
sentía. No era momento para cuestionarle, ni darle opciones. Lo mejorera
dejarlo solo para que meditara bien lo que haría de ahora en más.
Boa estiró la mano y tomó la hoja abandonada sobre la mesa,
llamada por la curiosidad hacia el motivo del rechazo. El pelinegro había dado
una magnífica audición, todo mundo lo sabía, lo había visto bailar, cantar y
actuar. Era un gran actor y bailarín, certificado por los mejores del país.
Jamás lo había escuchado cantar, pero según lo dijeron en la audición y
comprobó personalmente, cantaba excelente. ¿Entonces, por qué?
“Sr. Kim Jaejoong:
Lamentamos mucho informarle que a pesar de haber presentado
una de las mejores audiciones que hemos visto, nos hemos visto incapacitados
para ofrecerle un papel en la obra VASELINA, siendo la causa los variados
contratos como modelo que le impiden hacer modificaciones a su apariencia.
Es una pena que no podamos contar con usted en nuestra obra
VASELINA.
Sin más por el momento, se despide de usted.
Kim Junho.
C-JeS Co.”
Boa bajó la vista con pesar. Quizá si hubiesen hablado con
Jaejoong sobre su apariencia, quizá él… Pero qué caso tenía, le habían
rechazado por algo que realmente tenía solución, ¿o no?
–.—.—.—.—.—.–
¿Por qué? ¿Por qué, al igual que Changmin, siempre acudía a
ese lugar cuando se sentía triste?
Sentado bajo aquel gran roble, apoyando sus brazos sobre las
rodillas, dejaba que sus ojos ensombrecidos por la tristeza vagaran sin rumbo
fijo entre el paisaje de alrededor.
Ahí mismo, bajo las sombras de ese enorme árbol, había
llorado cuando los niños del colegio le llamaban huérfano o adoptado. Siempre
lo supo y nunca le importó, pero la forma despectiva en que lo llamaban, como
si fuera un insulto, era lo que más había herido cuando apenas tenía 7 años.
Había aprendido a ignorar ese sentimiento, y ahora ya no le lastimaba.
Ahí mismo, bajo ese árbol, estaba enterrado su primer y
único hámster. Lo había metido de contrabando al colegio al cumplir 8 años,
regalo de uno de los clientes para quien filmó un comercial de helados. Solía
esconderlo bajo la cama cuando salía de su habitación y éste fue su mejor amigo
hasta que, 12 meses después, murió de forma extraña. Se juró no volver a tener
una mascota ni entregar su amistad, para que cuando esta se fuera o muriera no
volviera a llorar por él. Y lo había cumplido, pero entonces apareció Yoochun y
de nuevo volvió a tener un mejor amigo que hasta la fecha no lo había
abandonado.
Ahí mismo, bajo ese árbol, había besado por primera vez a
una chica. ¡Y no cualquier chica! Había sido su maestra de danza. Ella era 10
años mayor que él, tenía 24 y era realmente hermosa; nunca se arrepentiría de
semejante bofetón que le plantó después de ese atrevimiento. Estaba enamorado y
estaba seguro que ella también de él, aunque jamás llegó a averiguarlo porque
al siguiente día se fue.
Ahí mismo, se le había declarado a Boa una bella tarde de
verano y había sido realmente feliz cuando ella lo aceptó como novio.
Ahí mismo, también había terminado con ella y había quedado
parte de su corazón tirado por el suelo cuando la vio llorar por él.
Ahí mismo, había discutido con Changmin y escuchado por
primera vez la propuesta de ser su amante.
Ahí mismo, pero no por primera vez, se había besado con él.
Ahí mismo, se había enamorado de un hombre.
Ahí mismo. ¡Aquí mismo! Siempre venía a buscarle a él.
Quizá inconscientemente estaba esperando encontrarlo en las
ramas de ese árbol, pero tal como en el salón de clases y el comedor, no
estaba.
Después de haber leído el comienzo de la carta no tuvo valor
para seguir leyendo. Había fincado sus esperanzas en el trabajo, pero lo habían
rechazado. Ahora tenía dos opciones: Llorar o levantarse, y en definitiva no se
iba a poner a llorar. Ya antes había contemplado la posibilidad de ser
rechazado, pese a creerlo una posibilidad remota, pero había ocurrido.
Suspiró pesado y cerró los ojos, abriéndolos al poco. ¿Qué
esperaba al ir a buscar a Changmin? ¿Contarle todo lo que pasaba por su cabeza?
¿Que le diera opciones? O quizá, ¿que le consiguiera un papel con su primo?
¡No! Se había prometido a sí mismo que jamás aceptaría algo que viniera
directamente del actor, que se ganaría sus papeles porque era el indicado para
él y no porque Changmin lo recomendase.
—No debí venir a buscarle… —se recriminó por lo bajo,
dándose cuenta que seguro de haberle ido a contar a Changmin lo que pensaba,
este lo hubiera malinterpretado todo. ¡Y como no tenía costumbre, el muy
idiota!
—¿A quién venías a buscar?
La pregunta lo tomó por sorpresa, levantándose entonces a la
carrera para toparse nariz con nariz con quien menos esperaba encontrar. Sonrió
sin proponérselo y se prendó de su cuerpo, rodeándole con los brazos. El calor
que el actor le proporcionaba le reconfortó, le hizo sentir seguro. Se había
sentido tan solo que en ese momento no le importó demostrar por instantes
cuánto le amaba, había sentido los brazos del chico rodearle por la espalda y
corresponderle el abrazo. Quizá, él también había dejado que sus sentimientos
se escaparan de ese caparazón de hielo que siempre parecía cubrirle.
—Changmin, creí que hoy tampoco te vería… —admitió
separándose, buscando sus ojos. Notó la calidez en aquella mirada siempre fría
y él frunció el ceño extrañado, pero el más joven no cambió su actitud, ni su
mirada. Desde aquella noche, después de lo de Kyuhyun, lo venía sintiendo
distinto, muy distinto.
—He estado muy ocupado con lo de los Asian Film Awards. Ya
sabes, eventos, cenas y demás. Es bueno saber que me extrañaste. —El rubor
asoló las mejillas del modelo.
—Yo no te extrañé. —le golpeó un hombro para darle la
espalda y que no viera su vergüenza. Comenzaba a sentirse como si en realidad
fuesen novios, y no lo eran, ¿o sí? Le había dicho que lo amaba pero, ¿eran
novios, o algo por el estilo?
—Qué mal mentiroso eres, tu piel es tan pálida que te delata
fácil —Aquel tono burlón bastó para que Jaejoong girara a verlo con el ceño
fruncido—. Lo siento.
—¿Eh? —El enojo se evaporó, reemplazado por la extrañeza.
¿Changmin diciendo ‘Lo siento’? ¿Y eso por qué?—. ¿Por qué?…
—Voy llegando y me enteré de que fuiste rechazado —La mirada
oscura del pelinegro bajó con tristeza. Por un momento, muy breve en verdad,
había olvidado ese tema—. Si quieres, yo…
—¡NO! —negó enérgico. Sabía bien lo que iba a ofrecerle y no
iba a aceptarlo—. Ya te he dicho que no quiero que te metas en mi vida
profesional, todo lo que obtenga será por mis propios méritos y no porque tú y
yo…
—¿Nos acostamos? —Esa sola mención le hizo retroceder.
¿Acostarse? ¿No hacer el amor? No, sólo sexo, nada más que
sexo. ¿Qué caso tenía el pensar que había alguna relación seria entre ellos
cuando Changmin siempre se empeñaba en hacerle saber que no era más que un
objeto sexual para él?
—Si ya lo sabes, no veo el por qué siempre me ofreces lo
mismo. ¿No sabes que me ofendes? Es como si quisieras pagarme por… por…
—Acostarnos —Jaejoong suspiró resignado, asintiendo sin
decir nada—. Pero yo no estoy ofreciendo pagarte. La compañía teatral C-JeS
tiene más obras de teatro, no sólo Vaselina. Puedes calificar para cualquier
otra.
—Pero si no me llamaron, es que no sirvo para esto —musitó
frustrado—. No terminé de leer la carta de rechazo, pero estoy casi seguro que
fue por mi canto. No soy cantante y… —Algo suave y cálido sobre sus labios le
acalló, regalándole un cosquilleo que comenzaba desde su boca y continuaba
hasta sus pies.
Cerró los ojos y se dejó llevar, disfrutando de la caricia
de aquella boca sobre la suya. Era un roce tierno, suave y ligero, pero lleno
de la pasión que tanto le gustaba del actor; aunque era distinto, tan lleno de
una ternura que era difícil creer que el chico pudiera tener. Los besos de
Changmin habían comenzado siendo salvajes y apasionados, pasando por ser
sensuales y apasionados, y ahora eran… ¿tiernos y apasionados?
La palabra ‘tierno’ no era aplicable al Témpano de Hielo
Shim, y sin embargo, sentía la suavidad de sus manos recorriéndole el rostro
centímetro a centímetro, despejando cada mechón de cabello que caía
descuidadamente sobre su coloreado rostro. Como recorría su espalda, bajo el
uniforme, amoldándolo suave a su cuerpo para profundizar aquel dulce contacto,
en busca de recorrer toda su boca y torturarle suavemente con ello.
El aire se hizo necesario poco a poco, obligando a ambos a
separarse.
—Yo te dirigí en esa audición —le susurró al modelo,
apoyando su frente contra la de él—, y cantas muy bien. No te tortures por eso.
Si hubieses terminado de leer la carta de Junho, sabrías la verdadera razón. No
creo que haya sido por canto, baile o actuación, debió ser otra cosa.
—¿Lo crees? —Jaejoong intentaba recuperar aún el aliento.
—Lo creo. —aseguró. Tras ello, llevó una mano a la bolsa de
su saco y extendió algo frente al mayor.
Jaejoong se quedó observando la cadena que oscilaba libre
entre los dedos del más alto, de donde colaba un anillo de oro que destellaba
al chocar con los rayos de sol que se colaban entre las hojas del árbol bajo el
que estaban.
—¿Qué es? —preguntó
al tocar el anillo con los dedos, su mirada fija en la del actor que parecía brillar
con una especie de… ¿emoción?
—Un presente.
—¿Por qué? —le miró extrañado. Jamás se hubiese imaginado
recibiendo algo de la persona a quien más había admirado en el mundo. ¿Había?
No, más admiraba en el mundo. Porque a pesar de haber sentido que lo odiaba por
casi un año, no podía negar que sus cualidades como actor eran envidiables, y
lo admiraba por ello.
—Tú me diste unos pendientes, yo te doy esto ahora. —explicó
en tanto separaba el broche de la cadena y se lo colocaba al pelinegro
alrededor del cuello, pasando sus brazos en torno al mismo, lo que le dejó al
pelinegro sentir la suavidad de aquella piel rozar su rostro. Se sintió
enrojecer de nuevo. Tal vez habría sido más fácil darse la vuelta, pero
sospechaba que el menor disfrutaba de torturarle con su cercanía.
Tomó el anillo que colgaba como dije y sonrió al leer la
inscripción.
—¿Tú y yo? Que romántico, Changmin —enarcó una ceja ante su
propio sarcasmo—, y algo cursi.
—Sí, es cursi, lo sé, pero me pareció un buen presente. De
todas formas, venía dentro del paquete de regalos a los nominados a los Asian
Film¹. Yo también tengo uno. —le señaló el otro juego de cadena y anillo que
pendían de su cuello.
Jaejoong sonrió complacido y se dio la vuelta para no verle.
¿Un presente? Un presente como se daban los enamorados. Pero entonces recordó
que aquí el único enamorado era él. Lo había confesado, había abierto su
corazón y Changmin no había dicho nada. Se había prometido que con su amor
bastaba y sobraba para los dos pero, ¿realmente era así?
—¡JAEJOONG!
El llamado estridente y a coro de personas les obligó a
separarse con rapidez. Podía distinguir la voz de Boa, la de Hangeng (parecía),
e incluso la de Yoochun, pero la última no la ubicaba. Quería correr al
encuentro, pero también quería estar con Changmin. Al girarse para verlo esperó
encontrar comprensión a su muda cuestión, y el menor pareció entender, porque
le indicó con un movimiento de cabeza que se fuera. Él le sonrió y salió a
prisa de entre los arbustos para encontrarse con sus amigos.
—Hey, ¿qué pasa? —preguntó al ver a Hangeng, Yoochun, Boa y
Seohyun. Esta última, notó, traía en mano un sobre con el logo de C-JeS Co. en
la esquina superior izquierda.
—Te olvidaste de recoger esta carta. —le extendió el sobre,
pero Jaejoong negó. ¿Olvidar? Él ya había recogido su sobre y leído su
contenido. Tal vez la compañía había tenido un error y le habían mandado dos
cartas de rechazo en lugar de uno.
—No, es un error, Seororo. Recogí mi carta hace rato. —negó
el ofrecimiento a la carrera, sintiendo que de nuevo temblaba y la voz le
sonaba extraña, cargada de una angustia que no lograba dominar.
—No, Jaejoong… —Esta vez fue Boa—. Varios chicos también
recibieron dos cartas. Bueno, en realidad sólo tres, tú entre ellos. ¡Ábrela!
Vamos, no tengas miedo. ¿Qué puedes perder?
¿Tres chicos habían recibido dos cartas? ¿Por qué? ¿Y cuál
era el motivo de la segunda?
Con el pulso tembloroso tomó el sobre y lo rasgó para sacar
su contenido, empezando a leer en voz alta:
“Sr. Kim Jaejoong:
Nos complace informarle que ha sido seleccionado para tomar
parte en nuestra puesta en escena de EL FANTASMA DE LA ÓPERA, que se llevará a
cabo el próximo mes de Septiembre, en Seúl”
—¡Dios mío, Jaejoong! —brincó la pelicorto emocionada,
interrumpiendo la lectura de su amigo. Ni él podía creer lo que estaba pasando,
la boca se le secaba y la emoción invadía su cuerpo, acelerándole el corazón.
Reunió fuerzas y siguió.
“El papel que se le ha sido asignado, gracias a su talentosa
voz, gran actuación y apariencia, es el de EL FANTASMA”
El grito de las dos chicas en el grupo se elevó en el lugar
y Jaejoong volvió a interrumpirse por algunos segundos. Aprovechó la pequeña
distracción para pasar saliva y humectar su garganta, esperando que la voz
pudiera salir para terminar de leer.
“En breve nos pondremos en contacto con su representante
para ultimar detalles.
¡Felicidades!
Kim Junho.
C-JeS Co.”
Jaejoong enmudeció con la mirada perdida en la hoja entre
sus manos, mientras sus amigos le felicitaban. Boa y Seohyun empezaron a dar
saltitos a su alrededor cual par de niñas bailando sobre su primer charco de
agua, Hangeng le palmeó la espalda y Yoochun le sonreía en señal de apoyo.
¡Iba a actuar! ¡Dios mío, iba a actuar! Estaba tan
emocionado que no sabía cómo reaccionar. Un segundo antes había estado triste
por el rechazo y ahora, ¡iba a actuar! Y en una gran obra, una que tenía un
sinfín de premios.
¡Iba a ser el Fantasma! El personaje principal. Ahora caía
en cuenta sobre aquella segunda canción que le habían hecho interpretar, era de
la obra que ahora iba a protagonizar. “The music of the night”. Por eso le
resultaba tan familiar. Ahora lo recordaba, su padre, en un viaje relámpago a
Seúl, cuando tenía 10 años, lo había llevado a ver esa obra y había quedado
encantado. Se había prometido que, algún día, subiría al escenario a
interpretar un personaje principal.
¡Y ahora era cuando esa promesa se iba a cumplir! Estaba tan
emocionado, pero…
¿Y Changmin?
Giró la cabeza hasta aquel lugar donde momentos antes había
estado con el actor y lo encontró ahí de pie, contemplándolo serio, con ambas
manos en las bolsas del pantalón. Estaba seguro de que habría escuchado todo, y
si era así debía saber que iba a irse pronto. Quizá no tan pronto de haber
quedado seleccionado para Vaselina, pero sí debía irse una vez terminado el
curso para empezar con los ensayos.
Changmin no dejó de observarle en ningún momento. Hubiese
deseado estar solo para poder correr a su lado y juntos decidir lo mejor para
ambos, pero había demasiada gente a su alrededor. Fue entonces que lo vio darse
la vuelta de espaldas a él y caminar bosque adentro. ¡Dioses! Tenía que irse de
la escuela a cumplir su sueño de actuar. Irse… de Changmin también, ahora que
las cosas entre ambos parecían ir tan bien, como si realmente fuesen
enamorados.
¿Qué hacer? ¿Qué?
¿Renunciar a su sueño de actuar por seguir a la persona que
amaba? ¿O renunciar al amor por actuar?
La decisión era sólo suya, y no sabía qué hacer…
–.—.—.—.—.—.–
Había tratado de hablar con Changmin durante toda la tarde
del lunes, pero había sido imposible. Por un momento creyó que por la noche lo
tendría en su habitación, puesto que las anteriores tres no lo había visto,
pero de nuevo se equivocó. Cuando brincó al balcón del actor para ir a su
encuentro, sólo encontró una nota para él, al parecer previendo que iría a
buscarlo. La nota le avisaba que no estaría en la escuela esa noche y quizá,
tampoco por la mañana del día siguiente, pero que esperaba verlo por la
siguiente noche.
«¿Changmin dejando notas?» Un punto más en esa lista de
comportamiento extraño que debía comenzar a llevar.
El hecho de que Changmin le avisara que no llegaría en toda
la noche y que quizá por la mañana tampoco estaría, no le evitó el voltear
constantemente hacia cada puerta por la que pudiera aparecer. Al salir de su
habitación para ir a desayunar, no pudo evitar el voltear a la recámara del
menor para ver si de casualidad salía de ella. Cuando llegó al comedor, seguía
volteando hacia la mesa que siempre ocupaba o la puerta por donde llegaban los
demás alumnos, para ver si entraba. Cuando llegó al salón, su mirada giraba de
tanto en tanto al banco que siempre ocupaba, o a la puerta, esperándolo llegar…
Y sin embargo, ya casi era medio día y no había señales de
Shim Changmin. No sabía que podía extrañarlo tanto. Desde aquella noche en la
que se había quedado con él, no habían vuelto a hacer el amor. ¿El amor? ¡Sí!
Estaba a meses de dejarlo ir, bueno, aunque quien se iba era él… y Changmin lo
sabía. Quizá ese era el verdadero motivo de su ausencia, y no tanto el estar
ocupado con lo relativo a los Asian Film Awards.
Hubiera seguido cavilando, pero la puerta de la sala de
prensa dos apareció ante sus ojos, sacándolo de sus pensamientos. ¡Y cuántas
gracias daba a a eso! Ya estaba empezando a tornarse muy pesimista. Sujetó el
picaporte, sintiéndose extraño. Cuando estaba en clases, escuchó que alguien le
buscaba en ese lugar, así que decidió ir de inmediato. No sabía quién era, pero
suponía no era Sunny, y eso era lo extraño.
Al abrir la puerta se encontró de frente contra esa mirada
familia a la que tanto temía, al igual que esa sonrisa que sabía, cuando se le
dirigía, es porque algo traía entre manos.
En cuanto se puso de pie para acercarse a él, retrocedió.
—Vamos, hermanito, no voy a hacerte nada. —La burlona voz de
Hyunjoong lo despertó de lo que creía era una más de sus pesadillas infantiles,
aquellas donde lo veía azotándolo contra el suelo y golpearlo hasta hacerle
perder el sentido.
—Hyung… ¿Qué haces aquí? —Era la última persona a quien
esperaba ver, pero de las pocas que tenían permiso para entrar; quizá por eso
se sentía extraño, porque sabía que algún familiar estaba en la escuela para
verlo.
Hyunjoong se acercó a él sin perder la sonrisa y lo tomó por
los hombros, haciéndolo respingar. Sabía lo mucho que Jaejoong le temía, pero
este sólo le sintió palmearle los hombros con las manos, tal como solía hacer
su padre cuando vivía, para que se relajara y olvidara los nervios.
—Relájate, no vine a golpearte ni exigirte nada de lo que
papá te dejó —aseguró con esa sonrisa que el pelinegro sintió real. Entonces lo
soltó y giró para darle la espalda—. Sé que papá tenía toda la razón al
protegernos como lo hizo. Si le dejaba todo a mamá ella seguro me lo daría para
que yo siguiera apostando. —Jaejoong no sabía si creerle o no, era claro que su
hermano sabía actuar cuando lo necesitaba—. Por lo mismo, necesito pedirte un
favor.
—¿De dinero? —inquirió previendo la respuesta, pero
Hyunjoong ni se inmutó, sólo avanzó hasta el escritorio y se sentó para
observarlo desde ahí.
—Necesito comenzar de nuevo. Quiero corregirme y sentar
cabeza, tal como papá quería, así que me voy a Japón. —Jaejoong tomó asiento en
la silla frente al escritorio sin poder asimilar la seriedad con la que el mayor
hablaba. Si tan sólo pudiera creerle, pensaba con tristeza—. Sé que no me
crees, hermanito —El pelinegro se sintió poner a la defensiva. Hyun sólo usaba
esa palabra cuando se burlaba de él—, pero te estoy diciendo la verdad. Voy a
irme a trabajar a un casino en Yokohama, mira —sacó un boleto de avión y carta
para mostrarle—. Me voy este domingo y comienzo el miércoles en este casino —señaló
el membrete de la carta, que era realmente una de trabajo, donde lo aceptaban
como crupier—, y necesito de tu ayuda para solventar los primeros gastos. Ya
sabes, comida, casa…
—Hyung, yo… —Al ver el boleto y la carta, supo que todo era
real. ¡Hyunjoong no mentía! Iba a irse a otro país a comenzar de nuevo. Y si en
sus manos estaba ayudarle a enderezar su camino, lo haría.
—Además, ¡voy a casarme! —Jaejoong abrió enormes los ojos.
—¿Con la pelirroja despampanante que llevaste a los BIFF? —preguntó
sorprendido, a lo que su hermano se mostró asombrado para soltar la carcajada
después.
—Claro que no —aseguró entre risas—. Esa chica… en realidad
se hace llamar Sunhee, y se fue con Lee Seungri. —volvió a reír. Jaejoong lo
recordó en ese momento y no pudo sino reír también.
—Lo siento, hyung, pero como no te conozco novia, por un
momento creí…
—Bueno, voy a casarme —le interrumpió—, pero aún no sé con
quién —Jaejoong le miró nervioso. ¿Qué pensaba hacer?—. Voy a cumplir con los
términos del fideicomiso, voy a casarme y a tener un hijo, así cobraré lo que
papá me dejó y te pagaré lo que ahora me prestes. ¡Lo prometo! —alzó su mano
derecha. Con ese gesto, sabía que Hyunjoong cumpliría. Podían acusar a su
hermano de jugador, de manipulador, truan, pero no de romper una promesa.
—Espérame aquí —le pidió al ponerse de pie—. Voy por mi
chequera.
—¡Gracias, hermano!
Tras aquello, salió de la sala de prensa, no sin esperar
fuera de la misma un momento. Había dejado la puerta apenas un poco
entreabierta, esperando quizá, alguna burla de su hermano. Pero sólo lo vio
ahí, sentado, con la cabeza baja y sin
moverse ni decir nada. Cuando niños, si Hyunjoong le lograba sacar algo (algún
juguete nuevo o dinero de su mensualidad), solía burlarse en cuanto él se daba
la vuelta para traérselo; ahora no había sido así. Eso le terminó de dar la
seguridad para ir a su habitación y extender un cheque por una fuerte cantidad,
la que creía suficiente para que viviera unos 6 meses sin trabajar. Claro, a
menos que los apostara, pero ese ya no sería su problema.
Rogaba porque en ese tiempo, estando solo, sin su madre que
le protegiera y le sacara de problemas, lograra meditar mejor las cosas.
Casarse sin amor le llevaría a un rompimiento doloroso, y traer a un hijo en un
matrimonio así… No, ojalá lo pensara bien, si no quería que su hijo padeciera
la falta de cariño que ellos también sufrido por igual.
Cuando Hyunjoong vio las cifras en aquel trozo de papel
quedó pasmado. Nunca hubiera esperado que su hermano, aquel a quien siempre
había hecho daño, le pudiera dar tanto.
—No cabe duda… que papá tenía la razón al quererte tanto.
Eres el mejor, Joongie.
—No, hyung, papá nos quería a todos por igual. —«Pero no
sabía demostrarlo», pensó.
—Él siempre tuvo un afecto especial por ti, pese a ser
adoptado. Siempre fue a tus competencias y obras de teatro en la escuela,
cuando yo siempre tuve que conformarme con la presencia de mamá —«Y yo jamás la
vi en ellas», pensó—. Eso era porque nosotros jamás pudimos demostrarle nuestro
cariño. Cuando llegaste a casa, pensé que estabas robando el poco amor que me
tenía… Por eso te golpeaba, yo… Perdón, Jaejoong. —musitó al ir bajando la
mirada.
—No hay nada qué perdonar, yo siempre entendí eso. Siempre
supe por qué lo hacías, y lo entiendo. No tengo nada qué perdonar.
Sabía que a su hermano le costaba trabajo pedir un perdón.
Nunca lo había hecho por sí mismo, pues cuando lo hacía era sólo porque su
padre lo obligaba. Por ello sabía que hacerlo ahora frente a él, era algo
difícil. No iba a torturarle con reclamos o burlas, era mejor dejar las cosas
así. Si Hyunjoong mentía o no, el tiempo lo diría, y él rogaba porque la muerte
de su padre fuera el detonante suficiente para hacerle aterrizar y cambiar.
—Te deseo suerte… hyung. —lo miró por segundos, dudoso.
Hyunjoong lo notó, tomándolo por la ropa para jalarlo y darle un fuerte abrazo
que tomó a su menor por sorpresa.
—¡Gracias!… Hermanito. —Y tras estrecharlo con más fuerza,
lo soltó, dándose la vuelta para marchar sin ver otra vez atrás.
Jaejoong se quedó de pie, la mira fija en la puerta por
donde su hermano se hubiera ido, preguntándose si aquello había sido una más de
las ilusiones provocadas por su hiperactiva imaginación y las enormes ganas que
tenía porque la situación con su familia se compusiera. Pero esa duda se
despejaría, el día que viera su saldo en el banco.
–.—.—.—.—.—.–
El miércoles por la mañana se encontró de nuevo buscando a
ese antipático y engreído de Shim Changmin. ¿Y ahora qué diablos le había
pasado? Lo había estado esperando toda la noche, oh bueno, por lo menos hasta
que el sueño lo venció. Pero al despertar, se dio cuenta que el día había
llegado y que contaba con muy poco tiempo para arreglarse y bajar a desayunar.
—¿Por qué Yoochun ya no vendrá a despertarme? —se preguntó
al ver su reflejo frente al espejo, perfectamente vestido y peinado.
Al salir de la habitación, se encontró a sí mismo volteando
hasta la puerta de Changmin con ese profundo hueco punzando en el pecho. No
podía imaginarse sin él, y sin embargo, estaba decidido a irse a Seúl. ¿Estaría
Changmin dispuesto a seguirlo? ¿Y si le decía que no? Su relación física era
perfecta, pero no había contacto entre sus corazones. ¿Sería eso suficiente
como para hacer que Changmin le siguiera, abandonando la escuela y algún futuro
proyecto? ¿Y si Changmin le decía que renunciara a su sueño y se quedara con
él, estaría dispuesto a hacerlo? ¡No! No quería, no podía. La relación con
Changmin terminaría tarde o temprano y ese día comenzaba a hacerse más visible,
pues podía incluso ponerle fecha: el día que tuviera que irse.
—Jaejoong, ¿no vas a bajar a desayunar? —La voz de Yoochun
le sacó de sus pensamientos. Se había quedado de pie observando en dirección a
la recámara de Changmin, sin ni darse cuenta en qué momento el músico salía de
la suya. Se dio la vuelta y le sonrió.
—Claro, muero de hambre. Vamos. —animó al seguirle el paso
por el pasillo en silencio, pero Yoochun entendió de inmediato. Changmin no
había vuelto a la escuela desde el jueves pasado y ya estaban a martes. Seguro
el pelinegro lo extrañaba mucho, tanto como él extrañaba a Junsu; eso le
recordó algo.
—Jaejoong, de una vez te aviso, esta noche voy a colarme a
tu cuarto para escapar de la escuela. —El mencionado alzó la vista y volvió a
sonreírle.
—¡Vaya! Ya era hora de que te contentaras con tu novia.
¿Pero por qué avisas? Usualmente sólo llegas a mi cuarto sin decirme nada, te
vas al bar sin invitarme y regresas de madrugada sin un regalo para tu sediento
amigo. —recitó haciéndose el ofendido, aunque las mejillas de su amigo se
tintaron con suavidad.
—¡Cumplo con avisarte! —aclaró al acelerar el paso para
llegar al comedor, donde ya el resto de sus amigos se encargarían de borrarle
de la cabeza las preguntas que el modelo se empeñaba en hacer con respecto a su
cambio de costumbre al avisarle de su salida. ¡Jaejoong seguía siendo igual o
peor de despistado!
Y Changmin tampoco llegó a la hora del desayuno, ni durante
las primeras clases. Rogaba porque se presentara al taller de teatro, aunque
tampoco podría asegurar que lo haría. Según las noticias del espectáculo, las
fiestas previas a los Asian Film estaban en su apogeo y a Changmin se le veía
en todas y cada una de ellas, como siempre: frío, sin dar demasiados detalles
sobre su vida ni pasado, sin aceptar o negar ningún romance con alguna mujer u
hombre, lo que había vuelto a despertar una serie de rumores sobre su sexualidad
alrededor. A cada evento que iba, se le veía llegar solo o en compañía de Rain.
Si Taeyeon estaba presente, no se le veía a su lado, pero tampoco mujer u
hombre. Jaejoong no había perdido detalle de eso, y se sentía aliviado de verlo
así.
Mientras tomaba una de las últimas clases, volvió a escuchar
su nombre a través del altavoz, resonando por todo el salón, citándolo en la
sala de prensa dos, de nuevo. Se puso de pie con renuencia ante la mirada y
seña del maestro que le instaba a salir a prisa, sin que siquiera
interrumpiendo su clase, y lo hizo, sólo porque su mente había estado demasiado
dispersa como para lograr haber puesto algo de atención a la lección del día.
Se encaminó lento hasta el lugar, sin ánimo de llegar porque
suponía que sería Hyunjoong esperando por burlarse de él luego de haber
cambiado el cheque. ¡Claro! Debía estar seguro de que no iba a cancelarlo una
vez que hubiera salido de la escuela.
Suspiró pesado, animándose a ingresar a la sala de prensa en
la que hubiera estado el día anterior, y… nada lo hubiese preparado para ver a
semejante aparición delante suyo. ¡Jamás se lo hubiera imaginado! ¿Qué estaba
haciendo ella ahí? Luciendo como siempre, como una diosa bajada del cielo… ¡De
acuerdo! Era gay, estaba enamorado de Changmin y ella era una bruja con cuerpo
de Miss Universo, pero nada le impedía reconocer la belleza de las damas; al
fin y al cabo, seguía siendo hombre.
—¿Taeyeon-ssi, qué hace usted aquí?
Ella sonrió amplio al verle, se pasó una mano por el cabello
y lo retiró hacia atrás con coquetería. Jaejoong prefirió quedarse en su lugar,
parado junto a la puerta semi abierta. Aún recordaba la última vez que la había
visto, y no iba a repetir tal escena.
¿Qué hacía ahí? Después de todo, se había ido más que
enfadada de aquel baño de caballeros en los BIFF. ¿Qué quería?
—He venido a hablar contigo. —La pelirroja dio un paso al
frente sin dejar de verle a los ojos. No sabía qué pensar o esperar de ella, si
bien decían que las mujeres eran vengativas cuando estaban enojadas, pero de
los BIFF a la fecha había pasado el tiempo suficiente como para que su enojo se
diluyera—. Podemos sentarnos. —le indicó las sillas dispuestas alrededor del
escritorio.
Jaejoong asintió sin animarse a decir o cuestionar nada.
Sabía, por Jessica, que Taeyeon era de armas tomar, y no quería ninguna clase
de escenita en la escuela, así que iría con cautela. Ella caminó hasta la silla
con gracia, con un movimiento que hacía ver como si su vestido flotara a su
alrededor. Se sentó frente a él y no del otro lado de la silla, como lo hacía
casi todo el mundo.
—Sé que guardas un amargo recuerdo de mí, me porté muy mal y
no sabes cómo lo siento. —comenzó la joven.
—Taeyeon-ssi, yo… —El pelinegro se mostró incómodo, pero
ella alzó una mano para interrumpirle.
—Déjame terminar. No he venido para hablar de mí, sino de
Jessica. —Eso logró que Jaejoong abriera los ojos de golpe y guardara silencio.
¿Por qué de Jessica? ¿Acaso estaba preocupada por ella? ¿Desde cuándo eran
amigas? ¿O venía a pedirle ayuda para vengarse de su amiga rubia?
—No voy a ayudarte a hacerle daño. —le miró ceñudo, tomando
su última suposición como cierta.
—No, no. No me mal entiendas, Jaejoong. —se puso de pie y él
la imitó—. Yo no quiero hacerle daño, todo lo contrario.
—¿Eh? —balbuceó perdido—. Ustedes no son amigas, Jessica
siempre me dijo que se odiaban, así que no me vengas a decir que estás
preocupada por ella, porque no voy a creerte.
—Nos odiamos tanto o más que tú y Changmin. —Esa aseveración
le coloreó el rostro al instante. Taeyeon sabía que entre Changmin y él había
algo, el menor se lo había dado a entender en aquel baño de caballeros. ¿Qué
quería darle ella a entender?—. No te sonrojes, Jaejoong. Jessica y yo somos
amantes desde hace más de tres años.
Jaejoong quedó en shock. ¿Amantes? Eso era… imposible de
creer, no de su rubia amiga y ex novia. La mujer que cambiaba de hombres como
de calcetines, aquella que se iba con el primer par de pantalones que le
cerrara el ojo. ¡No! No Jessica, tenía que ser un error.
—Mientes —apresuró intentando asimilarlo—. Jessica no es
lesbiana, estás levantándole un falso para vengarte de ella. Y no sé qué
pretendes con venir a mí a decírmelo, que no soy chismoso y no correré a la
prensa a contarlo.
—Y no quiero que lo hagas —suplicó Taeyeon de pronto—. No te
estoy diciendo esto para que nos eches de cabeza con la prensa y nos vuelques
por tierra toda la carrera. No, Jaejoong. Te estoy contando esto porque
necesito de tu ayuda para sacar a Jessica de la depresión en la que ha caído.
—… ¿Depresión?
—Sí. Está deprimida porque cree que al haber cortado con
ella, su carrera se vendrá a pique.
—Pero si ustedes son pareja, ¿por qué salen con hombres?
Muchos hombres. —señaló al recordar la forma de comportarse de su amiga, y de
la propia Taeyeon.
—Por el bien de nuestras carreras —Con calma, volvió a
sentarse en su silla—. Desde el inicio sabíamos que nuestra relación no podía
salir a la luz pública o correríamos el riesgo de no volver a actuar en
películas serias. Decidimos salir con otras personas, pero siempre, cada noche,
debíamos volver a los brazos de la otra… —Ese comentario atrajo el rubor
nuevamente al rostro del pelinegro—. No me incomoda contarte, supongo que el
acuerdo que tienes con Changmin es igual. Por eso me sorprendí mucho cuando
Jessica me contó que terminaste con ella. ¿Por qué, Jaejoong? Ese noviazgo les
ayudaba mucho a ambos. No había nada entre ustedes como para que Changmin se
sintiera celoso, él ya sabía de nuestra relación y contaba con que Jessica
nunca se acostaría contigo, así como yo contaba con eso.
—¿Changmin sabía de su relación? —logró pronunciar,
sorprendido por la revelación. Por eso le había ‘dado permiso’ de fingir una
relación con ella, por eso no le molestaba el que todos dijeran que era su
novia. Por eso sabía, cuando recién lo habían anunciado, que sólo era un truco
publicitario. Entonces, ¿lo que había pasado en los BIFF…?—. Contéstame algo.
Tu extraño comportamiento en los BIFF, no era para poner celoso a Changmin,
¿verdad? —Taeyeon rió con disimulo, cubriendo su boca con la mano, tal como
hubiera hecho en aquella ceremonia de premiación.
—Lo siento, Jaejoong, pero quería poner celosa a Jessica. —Jaejoong
gesticuló una mueca con un audible ‘Auch’, riendo igual que ella. Y eso
Changmin lo sabía, por eso le había dicho también que era mal observador, el
actor se había dado cuenta de todo y él no.
—¿Qué quieres que haga para ayudarte? —Lo que fuera menos
regresar con Jessica, eso no podía cumplirlo.
—Sólo dile a la prensa que volvieron al siguiente día de pelearse,
pero que esta vez fue ella quien te terminó. Hazla ver bien, la prensa la ha
estado atacando mucho… Primero por no estar en el sepelio de tu padre, que por
cierto —bajó la voz—, lo lamento. Y segundo —retomó—, porque fuiste tú quien
terminó con ella cuando es ella quien siempre los termina. El proyecto que
tenía en puerta se volvió a congelar por este último escándalo y creo que eso
le ayudaría un poco. ¿Podrías hacerlo? ¡Por favor! —suplicó de nuevo. Aunque no
era algo en realidad excesivo, y estaba seguro de que Changmin no se molestaría
por decir que habían vuelto y luego terminado.
—Está bien. Hoy mismo llamo a cierta reportera que se la ha
pasado llamándome y le daré la exclusiva. —le sonrió, pese a que algo le decía
en el fondo que regresarle la llamada a Im Yoona iba a ser contraproducente.
—Gracias, Jaejoong… Estoy segura de que Jessica te lo
agradecerá eternamente. —se puso de pie para estrecharle la mano entre las
suyas, despidiéndose con una sonrisa aliviada.
Tras ella marcharse, el pelinegro se quedó en su lugar,
meditando aquella noticia tan reveladora. ¿Jessica ocultando una relación por
más de tres años? Y él que siempre la consideró demasiado voluble como para
serle fiel a alguien. ¡Quién habría de imaginarlo! Bien decían que ‘Caras
vemos, corazones no sabemos’.
Fue entonces que los gritos en la sala de prensa tres
llegaron a sus oídos, sacándole de sus pensamientos. ¿Qué sucedía en la sala
contigua? Pero de inmediato reconoció aquella voz hosca y varonil, aquella que
le hacía poner los bellos de la nuca en punta y le aceleraba el corazón. Se
puso de pie al segundo, con el corazón en la garganta.
¡Era Changmin!
La emoción lo llevó antes de darse cuenta hasta la puerta
que le comunicaba a la sala tres. Sí, era Changmin, pero estaba gritando, y eso
era impropio del Témpano de Hielo Shim, tan controlado y firme en toda
situación. Siempre tan serio y formal. ¿Con quién estaba reunido? Peor aún,
¿quién había conseguido sacar ese carácter impulsivo y violento, que él no
conocía?
–.—.—.—.—.—.–
Había llegado desde temprano a la escuela y, ¿para qué? Para
encontrarse con la sorpresa de que su madre y ese maldito abogado que la
representaba estaban esperándole. Ni siquiera pudo llegar a clases, consiguió
apenas darse un baño y cambiarse de ropas, pues había mandado llamar a Kang, su
abogado, y no pensaba estar frente a su mad… tía, hasta que no estuviera con
él.
Kang acababa de salir de la pequeña sala de prensa
convertida en oficina, la número tres. El abogado de su madre había terminado
por informarles sobre la desestimación de los cargos, pues no había nada con
qué ir a juicio. Changmin había mostrado esa sonrisa torcidas suya todo el
tiempo. ¡Había ganado! Sin embargo, su madre aún quería hablar con él.
Por ello se quedó sentado en el escritorio, esperando por la
mujer. No deseaba volver a la misma pelea de siempre, pero sabía que de no
recibirla, no se iría del colegio hasta verle. No sabía si la terquedad se
heredaba o se aprendía, porque ambos eran iguales, pero el hecho de recibirla
no quería decir que tuviera que verla. Por ello y en cuanto la puerta se abrió,
dio vuelta a la silla para quedar de espaldas.
—Changmin… hijo. —pronunció su madre al identificarle por
las mangas del saco que sobresalían de los reposabrazos de la silla.
—No soy tu hijo.
—Por favor, dejémonos de pleitos, bien sabes que te quiero
como si lo fueras. —respondió más tajante. Sabía que el único modo de enfrentar
al menor era responder el mismo modo que él, o sólo le tocaría sufrir más.
—Pero no lo soy, así que como dices, dejémonos de pleitos…
tía. ¿Qué quieres? —volteó para verla. Ella suspiró.
—Me olvidaré de la disculpa, si confiesas que usaste tu vida
para la realización de esa película. —pidió serena. En sus ojos se notaba la
súplica, no así en el resto de su rostro, que se rebelaba ante la frialdad con
la que era tratada.
—No. —pronunció pausado, revelándose al igual que ella, a
las imposiciones.
—¡Changmin! Lo merezco —insistió—. Sólo me lo dirás a mí. No
te estoy pidiendo que vayas con la prensa o lo pongas por escrito. ¿Acaso es
demasiado? ¿Te pido un imposible? Toda la familia sabe que lo hiciste, ¿por qué
no sólo lo aceptas?
—Porque el juez ya dijo que no he tenido nada que ver. ¿O no
fue por eso que se desestimó los cargos?
—¡Vamos, Changmin! Puedo intentar que me lo digas, por las
buenas o por las malas. —El menor frunció el ceño con molestia al escucharle.
¿Amenazas de nuevo?
—No pudiste demandarme porque nada tengo que ver con el
asunto, ¿y ahora quieres que confiese algo que no es cierto?
—¡Pero es cierto! —gritó vehemente. Changmin la exasperaba—.
Todos lo sabemos.
—Tía… —inició él con tanta calma que apenas y podía creerse
que estuviera así cuando ella lucía tan desesperada—. Si sólo para eso querías
verme, puedes irte justo por donde viniste. —extendió la mano para señalarle la
puerta. ¡La estaba corriendo! ¡Con cortesía, pero lo hacía!
—¡No me iré hasta que lo confieses!
—Entonces no te vayas —La esperanza brilló en los ojos de la
mujer—. Me iré yo. —y diciendo aquello se levantó del escritorio tomando rumbo
a la puerta, listo para irse.
La discusión con su madre ya estaba llegando demasiado
lejos. Esa mujer, la señora Shim, no porque realmente fuera su madre, sino la
esposa de su padre, y para colmo la hermana de su madre; estaba molesta, pero
para una terca, un terco peor. Él no daría su brazo a torcer y estaba seguro
que su tía tampoco. Ni él pediría una disculpa, ni ella aceptaría que él no
tenía créditos en la película como escritor.
—¿Desde cuándo te has convertido en un patán? —reclamó la
mujer al mirarle de espaldas.
Changmin se detuvo de golpe, se giró sobre sus talones y
caminó dos pasos hasta la mujer, quedando frente a ella. ¿Cómo era posible que
no lo supiera?
—¿Desde cuándo? ¿Te atreves a preguntar… desde cuándo? —siseó
frunciendo el ceño, elevando de a poco la voz. Ella le mantuvo la mirada en
claro desafío—. ¿Quizá fue el día en que comenzaste a compararme con él? —señaló
la puerta tras la que Jaejoong se encontraba, para sorpresa de la mujer. Ambos
habían escuchado el altavoz indicándole al modelo que le esperaban en la sala
contigua—. ¿O quizá el día en que te escuché gritarle a mi padre que criarme
era una molestia? Quizá el día en que supe que tú no eras mi madre, o quizá en
el momento en que decidí convertirme en todo lo opuesto de lo que soñabas que
fuera. ¿Preguntas desde cuándo me convertí en un patán? —repitió bajando el
tono de voz, mordaz—. Quizá fue el día en el que me di cuenta que jamás me
quisiste.
—¡Eso no es verdad, Changmin! —Pero las lágrimas que se
habían acumulado al escuchar sus reclamos, empezaban a resbalar por sus
mejillas—. Yo jamás te pedí que te convirtieras en Jaejoong, ¡JAMÁS! —aseguró
en un grito desesperado, pero la fría mirada que el actor le dirigió, le dijo
que no le creía nada.
—No era necesario que me pidieras nada —acusó sintiendo el
odio crecer dentro de él—. Bastaba con escucharte decirme lo maravilloso que
era él. Bastaba con que repitieras a cada momento lo mucho que te gustaría que
yo fuera como él, que me comportara como él, que fuera así de alegre como él.
Bastaba para hacerme entender que él era el hijo que deseabas tener,
obligándome a mí a intentar imitarlo.
—No, Changmin, yo jamás… —sollozó, pero él la silenció con
un dedo sobre sus labios.
—Hasta que me cansé de no poder darte gusto, porque nada de
lo que hacía para parecerme a él te agradaba. Por eso, decidí que sería todo lo
contrario.
—Cha… —pero volvió a interrumpirla con su índice.
—Jamás te diste cuenta del daño que me hacías. Fue
suficiente para jurarme a mí mismo que destruiría aquello que tanto admirabas,
así como me destruiste tú…
—¡Por Dios, Changmin! ¿Qué le has hecho a ese muchacho? —Pero
continuaba mudo—. ¡Contéstame! ¿Qué le has hecho? Tu silencio te acusa… ¿Qué le
hiciste?…
Al mirarla de nuevo, esbozó una media sonrisa.
—Lo he destruido.
—¿Qué? —se sintió preocupar al ver esa mueca en el rostro
del menor. Jamás le había visto reflejar tanta amargura en una expresión—. ¿De
qué… hablas? ¿Cómo que lo destruiste? —Y en ese momento, escuchó algo que hacía
mucho no oía: La risa de Changmin. Aunque una amarga, cargada de rencor—.
¿Changmin?
—Ya no puedes compararme con él… madre —pronunció irónico—.
Porque ahora Jaejoong es justo igual que yo —Los ojos de la señora Shim se
abrieron en grande al escucharlo—. No me veas de esa forma, sabes perfectamente
a lo que me refiero. Jaejoong es gay.
—¡Oh! —La exclamación de sorpresa en el rostro femenino le
hizo curvar la boca con disgusto.
—Sí, es gay, tan gay como yo. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque
lo convertí en mi amante, por mera venganza.
—¡Changmin! ¿Qué estás diciendo? —ahogó horrorizada.
—¡Lo que oíste! —alzó la voz—. Sí, Jaejoong es mi amante a
fuerzas. Lo obligué a acostarse conmigo, y ni creas que siento algo por él, no
vayas a empezar con tus estúpidos romanticismos. No siento nada por él, y si lo
convertí en gay fue para vengarme de ti, para que supieras que Jaejoong no es
aquello que dicen los diarios ni el Don Juan que tanto pregonan. Para que
aprendas que la gente no se puede amoldar a la imagen y semejanza de otra,
para que dejes de llamarme hijo cuando sólo has sido la pro…
Plaf
La fuerte bofetada en el rostro le hizo callar. Su mirada
encendida giró para atravesarla, respirando agitado. Estaba horrorizada, lo
sabía, ese había sido su plan desde el principio. Alzó la mano para sobar el
golpe con índice y medio, mostrando así una mueca cínica.
—Puedes pegarme todo lo que quieras, pero eso no quita el
hecho de que Jaejoong sea mi amante… en turno.
Plaf
Sólo que esta vez, la mujer sólo consiguió golpear la mano
que Changmin había levantado, evitando así otro golpe sobre su rostro
enrojecido.
—No vuelvas a tocarme, si no quieres que te devuelva la
caricia.
—¡Changmin!
—Y no vuelvas aquí a buscarme, porque no te recibiré más. —Dicho
aquello, se dio la vuelta para salir de la habitación. Hasta que ella empezó a
gritar.
—¡JAEJOONG NO TENÍA LA CULPA DE NADA! ¡Yo no sabía que te
hacía tanto daño por querer que fueras más sociable, más abierto y…!
—¿Heterosexual? —la encaró al darse la vuelta con una ceja
alzada.
—No, Changmin. Alegre. Tú sabes que el que seas gay nunca me
importó…
—¡Mientes! —la acalló de golpe—. Cuando te dije que era gay
pegaste el grito en el cielo. Tú querías verme como Jaejoong, retratado en
todas las revistas, acompañado de una bella actriz o modelo. Siempre cargabas
con ellas para todos lados, presumiendo cada uno de sus logros como si fuera tu
hijo… Pero tu hijo debí haber sido yo. —Lleno de amargura, terminó por darse la
vuelta y salir de la sala de prensa con un sonoro portazo.
La señora Shim se llevó las manos a la boca tratando de
aguantar el fuerte llanto que toda la discusión le había provocado. Pero era
más fuerte que ella, y sin poder evitarlo, dejó que las lágrimas bañaran su
rostro y los lamentos histéricos escaparan de
su garganta sin poderles detener. ¿Pero qué había hecho? Si lo que había
dicho Changmin era verdad, ella y sólo ella era la culpable de lo que el pobre
de Jaejoong estuviera pasando.
Éste escuchó primero los gritos y luego los sollozos
provenir de la sala contigua a la que había estado momentos antes con Taeyeon,
y se intrigó. No era correcto interrumpir en una discusión, muy a pesar de que
hubiera podido interrumpir la voz de Changmin, porque esos llanto desgarrador
le inquietaba.
Finalmente, se decidió y abrió la puerta que la comunicaba
con la sala contigua.
La señora Shim levantó la vista al escuchar la puerta
abrirse, y el ver Jaejoong de pie en el umbral sólo hizo que el llanto
aumentara.
Era su culpa, todo era su culpa e iba a tener decírselo a
Jaejoong…
—¡Señora Shim!
La mujer se ahogaba en lágrimas. La había visto sólo un par
de veces, y no le parecía mala. Todavía recordaba aquel beso que le diera
cuando niño con mucho cariño. Changmin era un orgulloso al no hacer las paces
con ella, pero… justo ahora, lo que le inquietaba era verla llorar así.
Por los gritos que había escuchado de Changmin, intuía ya la
razón de la discusión. ¿Ese insensible era quien la había hecho llorar? Porque
si era así, iría a reclamárselo en ese mismo instante. Le partía el corazón ver
llorar a las mujeres, y más a alguien que había criado a un hijo ajeno como
propio.
—Señora Shim… —llamó más suave, acercándose a ella para
colocar una mano en su hombro a la espera de que se calmara—. No llore, por
favor. Cualquier cosa que haya pasado con Changmin tiene solución, se lo
seguro. —La mujer levantó la vista anegada en agua para posarla en los ojos
oscuros de Jaejoong, quien sonrió para intentar hacerle sentir más cómodo,
aunque las lágrimas seguían fluyendo.
—Jaejoong… ¡Perdóname! —soltó al lanzarse sobre el cuello
del pelinegro, quien tuvo que agacharse para no perder el equilibrio y caer al
suelo junto con ella. Esa reacción le había sorprendido e incomodado—. Todo lo
que te pasa es por mi culpa… —Eso no lo entendió. Trató de separarse con
sutileza para que le explicara, pero ella se negó a soltarlo, incapaz de verle
a los ojos—. Todo lo que Changmin te ha hecho. Ya sé que eres su amante…
Jaejoong se soltó de golpe, retrocediendo hasta casi chocar
con la puerta que daba a la salida de los pasillos con el rostro teñido por la
vergüenza. ¡Changmin se lo había dicho! ¿Por qué? ¿Qué pretendía diciéndole eso
a su madre? ¿Y a quién más se lo iría a contar? ¿A la prensa?
La mujer se giró en la silla para no verlo, las lágrimas
cayendo raudas por sus mejillas.
—Perdóname, Jaejoong… —recitó de vuelta tras un instante,
buscándolo aunque él siguiera en shock sin comprender nada—. Yo fui la culpable
de que Changmin… De que tú… De que él… —balbuceaba, sin conseguir pronunciar nada
coherente—. ¡Dios mío! —se llevó las manos al rostro—. ¡Es un monstruo! Tú no
tenías la culpa de nada, tan sólo de que hubiera querido adoptarte.
Jaejoong la observaba desde su lugar en la puerta, absorto,
intentando comprender con tan poca información. Pero de su boca no lograban
salir las palabras. ¿Qué había hecho Changmin? Su corazón pulsaba tan fuerte y
rápido que no conseguía formularlo en voz alta.
—Jaejoong… —Ella separó las manos de su rostro para verlo—.
Él no te ama…
«Ya lo sé» quiso decirle, pero nada salió de su boca. Ni una
sola palabra o expresión que confirmara o negara lo que la madre Changmin le
decía, pero él lo sabía, dolorosamente lo sabía. Changmin jamás le confesó
amor, por el contrario, le había dicho siempre que sólo deseaba su cuerpo, que
sólo lo usaba cuando necesitaba una satisfacción física. Sí, lo sabía, y sin
embargo no le importaba.
—Jaejoong, sólo te ha usado para vengarse de mí… Él sabía
cuánto yo te admiraba, cuánto quería que él fuese como tú. Perdóname, Jaejoong…
Si yo no hubiera estado tan empeñada en tenerte con nosotros, si me hubiera
fijado más en lo que decía delante de Changmin cuando te veía en la TV o en las
revistas, si yo hubiera… —se detuvo de golpe, poniéndose de pie para acercarse
a él con lentitud—. Si yo hubiera visto más los logros de Changmin que los
tuyos, quizá ahora tú no serías gay como él, ni te hubiera destruido para
vengarse de mí…
Los ojos negros se abrieron de golpe al escucharla, y la voz
de Changmin, esas palabras dichas durante la primera noche en que le tomó,
regresaron a su memoria.
“Voy a poseerte y voy a herirte, me amarás aunque me odies… Esa
será mi venganza”
¡Venganza! Pero contra su madre, no contra él. No obstante,
él igual había salido perdiendo, porque su corazón ahora le pertenecía a
alguien que jamás le querría, y que por el contrario, le odiaba. Lo había
utilizado como un instrumento de venganza contra su madre, como un objeto.
Ahora que la venganza estaba concluida, ya podía desecharlo.
—Jaejoong, sé que el hubiera no existe, pero nada me sacará
de la cabeza que si Changmin no hubiese escuchado esa discusión con su madre,
nada de esto hubiera pasado…
—Fue un accidente el que se enterara… —balbuceó a duras
penas, sintiendo su corazón empezar a desquebrajarse. Había bajado la vista
para que la señora Shim no le viera a los ojos, para que no supiera el daño que
también le estaba haciendo a él al contarle todo aquello.
—¡Pero eso también fue mi culpa! —ahogó casi gritando—. Yo
quería un hijo propio, no sólo cuidar del de mi hermana y mi esposo, pero él me
negó la posibilidad de ser madre. Aunque ella esté muerta… aún la ama… —masculló
limpiándose los ojos anegados con las manos, porque apenas y podía ver así.
Jaejoong tampoco alzó la vista para verla, pero sentía su sufrimiento y era
capaz de leer entre líneas para saber que aquel matrimonio, el sexo era
ocasional o nulo—. Así fue como quise adoptar a un niño para que fuera el
hermano de Changmin, su amigo, su confidente. Él siempre fue tan retraído y
serio… Sólo hablaba cuando actuaba, adoptando el carácter del papel que
interpretaba en esa serie infantil. ¡Pero ese no era el verdadero Changmin! Ni
siquiera sé cómo logró convertirse en actor. A veces pienso que lo hizo sólo
por darme el gusto, pero ya no estoy segura de nada con él. Su carácter no le
ayudaba mucho a hacer amigos…
» Por eso fue que empecé a buscar en los orfanatos a un
niño con tu carácter, pero cuando te hallé Changmin estaba por presentar una
prueba para una película y olvidé un poco el asunto por estar en su audición.
Cuando regresé al orfanato con todos los papeles, supe que habías sido adoptado
por la familia que pagaba tus clases de actuación. Lloré tanto… Tú eras
perfecto, ¡perfecto! Contigo a su lado, él hubiera aprendido a ver la vida de
un modo más alegre…
“Porque eres perfecto, Jaejoong”
La voz de Changmin volvió a acudir a su memoria. Justo eso,
aquella misma frase había sido su respuesta al preguntarle por qué él, por qué
escogerlo a él de entre tantos alumnos en la escuela. Y esa había sido su
respuesta: “Porque eres perfecto”.
—Fui de inmediato a ver a tu padre, a Kim Eungsoo, para
suplicarle que retirara la solicitud de adopción, pero ya se había enamorado de
tu carácter y pensaba que con dos hermanos serías más feliz que con uno. —Jaejoong
abrió los ojos al recordar esas mismas palabras de boca de su padre—. No volví
a intentarlo, traté de fincar mis esfuerzos en hacer que Changmin cambiara, en
hacerle disfrutar más de la vida, pero entre más le decía que debía parecerse a
ti, más parecía odiarte…
«Sí, yo sé que me odia. Lo vi en su mirada desde el primer
día, desde la primera vez en que sus ojos fríos me cautivaron y me dejaron
helado el corazón» pensó él, pero no dijo nada.
—Ahora sé que fui yo quien propició todo… ¡aunque nunca fue
mi intención! Yo sólo quería que fueras su ejemplo a seguir, que viera cómo
eras tú; era la razón para siempre mostrarle tus comerciales y cuanto reportaje
tuyo caía en mis manos. Ese fue mi error… —Jaejoong siguió mudo, viéndola e
imaginando a Changmin de niño, siendo acosado por su madre para que cambiara su
personalidad y la igualara a la de un total extraño; alguien que siempre se
reía por todo, aunque por dentro sufría los golpes de su hermano y la
indiferencia de su madre y hermana; alguien que ante todos mostraba una energía
inusual, pero que tenía días en los que no quería ni levantarse de la cama por
la depresión que sentía; alguien que al igual que él, sufría de la soledad por
no tener a nadie que le entendiera, hallándose completo sólo cuando trabajaba.
—¿Por qué no le dijeron a Changmin la verdad cuando estuvo
en edad? En el orfanato se recomienda decírselo lo antes posible, para evitar
noticias malintencionadas después. La edad adecuada es de ocho, debieron
decírselo, ¿o es que no pensaban hacerlo? —preguntó quedo, siempre manteniendo
la cabeza gacha, donde los mechones de su cabello alcanzaran a cubrir parte de
su faz y expresión.
Si ellos hubieran… Pero qué caso tenía tan sólo el pensarlo.
—No pensábamos decirle nada. —Aún en un lamentable estado,
la señora Shim regresó a su asiento. Las lágrimas se habían vuelto menos
constantes, incrementando sólo ante el recuerdo de algo doloroso—. Cuando
Changmin nació, mi hermana quedó mal y murió a los pocos días, destrozándonos a
todos. Sólo que… poco antes de morir, ella me pidió llorando que cuidara de su
pequeño, y acepté casarme con quien fuese su esposo. Aunque sólo fue porque se
lo prometí a ella en su lecho de muerte… —explicó observando al pelinegro,
aunque este siguiera con la vista baja—. Mi nombre y el de mi hermana diferían
sólo por una letra, ella era Mina, y yo Mia; por eso sólo hicimos una
corrección en el acta. Nadie sospechó nada, todos creyeron que había sido un
error al teclear mi nombre.
—Pero, ¿entonces? —alzó la vista para verla, sin entender—.
¿Qué pasó? ¿Su familia cometió alguna indiscreción? ¿O fue todo por aquella
discusión? De cualquier forma, pudieron haberlo negado. Nadie sabía nada… según
me informaron. —recordó a Mei Ling. ¿Cuál había sido aquella palabra dicha por
la señora Shim que lastimó tanto a Changmin?
El llanto volvió a incrementar en la mujer, quien volvió a
cubrir su rostro y sollozaba desesperada. Ni siquiera tuvo que decirle nada,
esa reacción la acusaba, si bien también la redimía un poco, porque hacía
notorio su arrepentimiento.
—¡Yo tuve la culpa! —volvió a acusarse—. Changmin me
confrontó en cuanto me escuchó decirle a su padre que yo jamás había estado
conforme con un hijo que no era mío. Jamás me imaginé que Changmin estuviera en
la mansión, escuchando todo. Él bajó corriendo las escaleras y me preguntó si
era verdad, pero yo estaba enojada por… motivos personales —¡Claro! Siempre
dicen eso cuando alguno de los dos es infiel, se decía Jaejoong, al recordar
cada una de las veces en que sus prospectos de novias daban esa misma
declaración ante la prensa—, y no medí mis palabras. Yo quería herir a su
padre, no a Changmin, y sin embargo lo hice, le dije que sí, que yo no era su
madre… —Fue “Sí”. Cuando Changmin preguntó por la verdad, ella dijo que “Sí”,
que no era su hijo, y eso fue lo que lo había mandado por el mal camino, según
Mei.
A veces las personas no saben el daño que pueden causar
cuando responden enfadados, sin meditar en sus respuestas, sin tomar en cuenta
que al herir a esa persona, quizá, hieren a alguien más.
—Changmin era muy maduro para su edad, pero una noticia como
esa no la pudo soportar. Además, casi al mismo tiempo se canceló la serie que
protagonizaba y su mejor y único amigo se iba del país. Ninguno de nosotros
pudo apoyarlo como era debido, su padre siempre viajaba y a mí no quería ni
verme. Un día, nos llegó con las fotos de la boda de su padre y mi hermana, y
me acusó de haber sido la amante… Jamás creyó que fue Mina quien me pidió
casarme con quien fuera su esposo.
» Ese día escapó de casa y se fue a vivir con su primo
Junsu. Logró que su padre firmara un consentimiento para cancelarme como su
representante y firmó con Rain, el representante de Kyuhyun. Sin embargo, la
presión, los acontecimientos y la terrible depresión en la que cayó lo
indujeron al alcohol. ¡Por mi culpa!
Por lo visto, ella jamás se iba a perdonar por todo lo que
había causado, tal vez sin querer, aun cuando Changmin pudiera llegar a
perdonarla.
—Fue cuando Rain lo metió a un centro de rehabilitación, a
los 16 años, sin que la prensa se diera cuenta. Desde entonces no ha bebido una
sola gota de alcohol… —recitó ahora Jaejoong sin darse cuenta, interrumpiendo
el llanto de Mia Shim, quien lo miró sorprendida.
—Sí, eso hizo. Además de irse a vivir solo y llevarse a Mei
y su familia con él. Aunque me cueste reconocerlo, lo ha hecho bien solo
gracias a Rain. —afirmó con un fino tinte de orgullo en la voz.
«Solo y solitario no es lo mismo» se dijo Jaejoong con
pesar.
—Pero, antes de irse —se limpió las lágrimas para verlo
mejor—, me informó… No, más bien me amenazó —aclaró—, que me destruiría,
destruyendo aquello que yo más quería. —Los
ojos negros de Jaejoong se abrieron sin comprender, o temiendo entender,
porque su corazón se aceleró con el temor de preguntar. Sólo que Mia pudo verlo
en su rostro.
—Él cree que eres tú, Jaejoong —afirmó seria—. Por todo lo
que dije sobre ti a lo largo de los años, por mi admiración hacia tu trabajo y
persona, por todo eso… Changmin cree que eres tú a quien más quiero, sin saber
que… a quien yo más quiero es a él … —Lo sabía. Sabía que Mia Shim adoraba a su
hijo, aunque le costara demostrarlo y batallara para decírselo. ¿Pero
destruirlo a él por eso?—. Changmin acumuló mucho rencor contra ti. Por eso
necesitas separarte de él… —Jaejoong la miró sorprendido, aunque era algo que
ya sabía—. Déjalo, él sólo va a destruirte, como se está destruyendo a sí
mismo. Jaejoong, no sé lo que sientas por Changmin, pero aún si lo amaras,
debes alejarte de él… A su lado sólo vas a sufrir, y tú no lo mereces. Él sólo
quería vengarse de mí, utilizándote…
Pero sus ojos seguían abiertos de horror al saber la verdad.
Todo aquello por lo cual Changmin había trabajado. Todo por lo que le había
hecho sufrir, había sido una venganza y no contra él, sino contra su madre.
Le destruía a él para destruir aquello que su madre admiraba
tanto.
Le utilizaba a él para dañar a su madre.
Le usaba a él porque era la forma más sencilla de herirla a
ella.
Le usaba a él… porque aún la amaba, y era su forma de
demostrárselo.
Antes de darse cuenta, salió a toda prisa de la sala de prensa,
dejando atrás a la señora Shim. Se sentía abatido, triste, tan usado y
engañado. Porque Changmin no lo quería, ni le querría nunca. Quizá lo sabía,
pero detestaba sentirse así: una basura. E iría a reclamárselo.
Con los ánimos aún encendidos llegó hasta el pasillo de las
habitaciones en el segundo nivel del ala Este. No supo por qué sus pies le
llevaron hasta ahí, pero tenía el presentimiento de que Changmin no se
encontraba esta vez en el bosque, y no se había equivocado…
El menor iba llegando apenas a su habitación. Jaejoong no
tenía idea de a dónde había ido antes como para estar llegando hasta ahora,
pero poco le importaba. Necesitaba saber si era cierto, si realmente había sido
usado para vengarse de su madre y ahora le botaría a la basura como se bota un
trasto viejo.
—Changmin. —su voz sonó tan baja y lejana que ni siquiera él
pudo oírla.
Este se abría paso entre los compañeros que se encaminaban a
sus habitaciones para dejar útiles y cambiarse de ropas antes de ir a comer. No
había mucha gente, porque la mayoría se iban directo de clases al comedor sin
dejar libros o cambiarse, dejándolo para después de comer.
Quería alzar la voz, detenerlo para exigirle una respuesta
en el momento, pero su garganta se atascó y nada logró salir.
—Changmin… —volvió a balbucear sin ninguna fuerza. Con cada
segundo que pasaba más lejos lo veía y más alumnos se atravesaban a su vista.
¿Iba a dejarlo ir? ¿A dejar que todo se quedara como estaba?
¿Que en el momento en que lo determinara le dijera que se largara? ¿Que se
fuera por su lado porque ya no lo necesitaba? ¿Porque su venganza ya estaba
completa? ¡NO! No podía ser cierto lo que la señora Mia le había dicho.
¡Changmin no podía ser así de cruel y vengativo! ¡No podía! ¿O sí…? Sí, para
qué negarlo, Changmin podía ser eso y más, mucho más. Era frío e insensible,
talvez porque había aprendido a ignorar todo lo que los demás decían de él como
método de defensa, para ignorar su propio dolor al saber la muerte de su
verdadera madre y quien creía antes en ese lugar, era su tía.
Sí, podía ser tan cruel e insensible como para terminar con
él en cualquier momento. Sí, podría ser tan frío como para hacerle el amor sin
sentir nada por él. Sí, podía ser un completo témpano de hielo como para
afirmar el no haber sentido nada con la muerte de Kyuhyun…
¡Pero no! No iba a permitir que le tratara como a una basura
una vez más.
No quería creer en las palabras de Mia Shim, pero habían
sido tan contundentes, tan crudas, que no podía ser una mentira. No obstante,
necesitaba oír esa verdad de los labios de él, y entonces sería su corazón,
hecho pedazos, quien decidiera qué hacer.
—¡CHANGMIN! —gritó avanzando a toda velocidad para darle
alcance, logrando hacerle detener justo antes de abrir la puerta de su
habitación y que muchos de sus compañeros se hicieran a un lado ante el
alboroto.
—¿Jaejoong? —le miró cuando éste se detuvo a la altura de su
propia habitación—. ¿Qué quieres?
—Ya lo sé todo. ¡Maldito desgraciado! —acusó furioso—. Tu
madre me lo contó…
La expresión de Changmin se transformó, dejando ver así toda
su sorpresa por más tiempo del que Jaejoong hubiera esperado. La mirada del
actor cambiaba a veces por una desconcierto, pero siempre regresaba a su forma
habitual demasiado rápido. Esta vez no había sido así, quizá porque nunca
hubiera esperado que su madre le contara algo. ¡Pero lo había hecho!
—Quiero saber si es cierto. Quiero saber si tú… —pero la
cuestión quedó en el aire, cuando Changmin lo tomó con fuerza por el brazo y
abrió la primera puerta a su alcance (la de Jaejoong) para lanzarlo dentro con
muy poco tacto.
Pronto se encontró volando directo al suelo. No sabía… No,
sí que sabía. La fuerza de Changmin había sido tanta y tan brusca que había
terminado yéndose de bruces contra la frialdad de las lozas, de un modo más que
doloroso. Vio el material pulido por un momento y distinguió la figura del
actor reflejado ahí, de pie detrás de él, con el ceño fruncido y los puños
apretados. Se giró en el suelo y le regresó esa misma mirada fría. No iba a
conseguir intimidarlo, esta vez iba a obtener la respuesta que tanto buscaba.
—¿Qué eres idiota? —acusó el menor con voz grave—. ¿Quería
que todo el mundo se enterara de mi vida? Sabes bien que no me gusta que la
gente sepa de mí. Y lo que mi madre te haya contado, me tiene sin cuidado.
Jaejoong se levantó de un salto para encararlo.
—¿Tu madre? —respondió irónico, y Changmin arrugó más el
ceño—. Creí que era tu tía, y te tiene… ¡sin cuidado! Sí, debí imaginarlo —gruñó
molesto—. Con esa reacción confirmas todo lo que ella me dijo —alzó la voz,
aunque intentara contener su ira—. Ya sé que sólo me has usado como un
instrumento de tu venganza en su contra. —La mirada de Changmin se abrió en
sorpresa por un instante, realmente breve, porque enseguida volvió a adoptar
esa máscara de frialdad que no veía desde la muerte de Kyuhyun.
—¿Eso te dijo ella? —le escuchó cuestionar en voz baja.
—¡Sí! —recalcó—. Eso y muchas cosas más. No voy a
preguntarte si es cierto otra vez, porque sé que eres capaz de eso y más —bajó
la cabeza al recordar, apretando los puños—. Me lo dijiste aquella noche en que
me violaste…
—Yo no te violé —interrumpió con cierto enojo en la voz—. Te
entregaste a mí de manera voluntaria. ¡Tú lo reconociste! —aseguró, pero
Jaejoong sólo le encaró enfadado.
—¡No, me violaste! Me ataste a la cama y me tomaste. Te pedí
que te detuvieras, pero no lo hiciste. ¡Eso es violación! —aseguró casi
gritando.
–.—.—.—.–
Fuera de la habitación de Jaejoong, los gritos de ambos se
escuchaban distorsionados por los murmullos generales de quienes cuchicheaban
arremolinados en el pasillo. Unos cuantos se dieron prisa en correr hasta la
puerta del modelo para intentar escuchar lo que ocurría, pero fueron un par de
brazos quienes les cortaron el camino.
—Hey, largo de aquí. Nadie tiene derecho a intervenir en un
pleito de dos. —Hangeng se había abierto paso para colocarse de barrera entre
sus compañeros y la puerta, impidiendo que alguien fuera a interrumpir lo que
ocurría dentro.
—¡Vamos, Hangeng! Sólo hazte a un lado, nosotros somos más. —soltó
uno de los chicos, dispuesto a usar la fuerza para mover al bailarín si es que
hacía falta.
—Pero él no está solo. Si alguien quiere meterse en lo que
no le importa tendrá que pasar por nuestros puños. —aseguró Yoochun que, al
igual que su amigo chino, se colocó frente a la puerta de Jaejoong para
franquear el paso.
Aquello bastó para que algunos de los chicos se retiraran
sin más, nada dispuestos a ganarse unos golpes por algo de lo que seguramente, sobrepasaría
aquella puerta en poco tiempo y todos terminarían enterándose. Si bien, una
buena parte de los estudiantes se quedó reunida en el pasillo, sólo a la espera
de lo que pasaría.
–.—.—.—.–
Jaejoong vio la cara del actor contraerse con molestia.
Sabía que lo que estaba gritándole era mentira, él le había dado la opción de
detenerse, pero no la tomó; por el contrario, le pidió seguir. Y aun ahora, se
entregaba por voluntad a él porque lo amaba… ¿Amor? Sí, amor de un solo lado,
ahora sabía que si había tenido alguna esperanza de que Changmin se enamorara
de él, esta se había esfumado al escuchar a su madre contarle sobre los planes
que había pretendido desde el inicio.
—Te odio, Shim Changmin. No sabes cuánto. —resolló lleno de
rencor, que el menor pudo notar. No obstante, lo vio entonces bajar el rostro
con una media sonrisa, en tanto se llevaba las manos a los bolsillos del
pantalón. Eso lo confundió. ¿Cuál era el maldito chiste en todo esto?—. ¿De qué
te ríes, maldito desgraciado?
—Tú no me odias, Jaejoong —aseguró al mirarle de nuevo. Su
mirada había empezado a recorrerle con deleite—. Me amas. —El carmín tiñó de
golpe las mejillas y parte del pálido rostro, cuyo corazón se había acelerado
frenético por escuchar aquellas palabras que hubieran escapado de sus labios
aquella noche de pasión compartida.
—¡No! ¡TE ODIO! —aseguró con desesperación, si bien su
cuerpo traidor comenzaba a reaccionar a la mirada provocativa con la que era
recorrido.
Luchaba porque aquellos sentimientos quedaran encerrados en
lo más profundo de su corazón, repitiéndose una y otra vez que Changmin no le
amaba, ni le amaría nunca. Que sólo había sido un arma en contra de su madre. Con
eso en mente, alzó la mirada con el ceño fruncido para enfrentarle.
—Te odio, y cómo no iba a odiarte, si tú también me odias a
mí. ¿O me dirás lo contrario? —inquirió ante la expresión burlona del menor—.
¿Me dirás que no odiabas que tu madre te comparara constantemente conmigo? —La
mirada de Changmin cambió entonces, tan seria—. ¿Me vas a decir que no odiabas
a ese niño que siempre sonreía, que tenía muchos amigos y salía feliz en cada
comercial o entrevista que le hacían? ¿Aquel a quien tu madre buscaba adoptar
para ser tu hermano? ¿Aquel que al crecer se convirtió en un Don Juan y salía
con modelos y actrices famosas, mientras tu reputación de agrio crecía como la
espuma y los rumores sobre ser gay se incrementaban día tras día?…
—¡Cállate! —ordenó tomándolo con tal rudeza por los hombros
contra la puerta del cuarto, que el golpe sordo retumbó en toda la habitación—.
¡Sí! Siempre odié que mi madre me comparara contigo, que me mostrara todo lo
que ganaría siendo como tú, que tratara de convertirme en alguien que yo no
era. Por eso, siempre te odié. —Escucharlo de la voz de Changmin era aún más
duro que escucharlo de su madre. Su corazón no lo soportaría más…
Intentó soltarse de las dos fuertes vigas de acero que
parecían los brazos del actor, pero no lo logró. Al alzar la mirada a los ojos
del menor notó un atisbo extraño, parecido al desconsuelo, reflejado en ellos.
Era esa misma expresión que había visto el día en que Kyuhyun hubiera muerto,
tan diferente a aquellas que siempre había visto, que se asustó. Pero fue
Changmin quien lo soltó entonces, alejándose dos pasos de él.
—Yo… —empezó el castaño, como buscando las palabras exactas—.
Yo quería que ella se sintiera orgullosa de mí —susurró con melancolía, algo
que Jaejoong jamás había visto en él, y le inquietaba—. Quería ser como ella
quería que fuera, pero por más que lo intentaba, ella seguía viéndote a ti… tus
logros, y no los míos. Jamás vio que yo también podía sonreír como tú lo
hacías. Hasta que me cansé, de que no me viera, de no existir para ella; sólo
existías tú. Decidí convertirme entonces en todo lo opuesto a lo que ella
quería de mí, porque por lo menos así me ponía atención, aunque fuera sólo para
regañarme… Por fin me miraba a mí, y no a ti.
«¡Por Dios, Changmin! Es como lo de Hyunjoong. Ambos me
tenían envidia por motivos equivocados. Changmin, tu madre siempre te ha
querido, pero es tan orgullosa como tú. ¿El orgullo se hereda o se aprende?
Porque ambos son iguales. Les hace falta sentarse y hablar largo y tendido,
aclarar sus sentimientos y confesarse cuánto se aman. Porque aunque lo niegues,
la quieres mucho» aseguraba Jaejoong en pensamientos, pero por más que trataba
de que aquello saliera de sus labios, jamás salió.
—¿Querías destruirme? —Sólo aquella pregunta logró escapar,
sin que la pensara siquiera.
—Sí… —y la respuesta hizo que el modelo bajara la mirada
hasta sus pies, aunque poco duró, antes de volver a enfrentarlo, herido.
—Pues te tengo noticias… —masculló sintiéndose enojar de
nuevo—. ¡LO LOGRASTE! —bramó dándose la vuelta para salir de la habitación,
pero las manos del menor volvieron a empujar la puerta para cerrarla. Quedó así
atrapado contra la puerta, con el actor a sus espaldas.
El calor de Changmin se impregnaba sobre su espalda, su
trasero y piernas, amoldándose a su cuerpo como si hubiesen sido el uno para el
otro. ¡Pero no lo eran!
—Jaejoong… —el susurro junto a su oído le hizo estremecer se
manera imperceptible—. Neind wollwn Einbuße —De nuevo ese idioma que no
entendía. ¿Y ahora qué estaba diciendo?—. No todo lo que le dije a ella fue
cierto, sólo quería hacerla enojar. —aseguró quedo, logrando que el corazón del
modelo se acelerara, pulsando en su garganta.
—¿Qué no era verdad? —cuestionó con voz áspera—. ¿Que no
somos amantes?
—Jaejoong, escúchame. —pidió quedo, pero él ya no estaba
dispuesto a soportar más, a escuchar sólo mentiras. Ya había confirmado lo que
Mia Shim le había dicho y no quería seguir más al lado del actor. Saturaría su
agenda con trabajo hasta que llegara la hora de marcharse del colegio y
alejarse de él.
—¡No! —gritó empujándolo lejos de él, acción que al parecer
tomó por sorpresa al menor, porque se fue de bruces al suelo, desde donde le
miró incrédulo—. No quiero saber más de ti. Ya he escuchado suficiente este
día, no quiero escucharte más. —afirmó tapándose los oídos como si buscara huir
o desaparecer. Changmin volvió a pararse, pero no se acercó.
—Escúchame. —insistió.
—No, no quiero. —y presionó más sus oídos, pero Changmin
acortó la distancia para obligarle a apartar las manos, forcejeando con el
modelo que no se la dejaba fácil.
—¡Pues aunque no quieras, vas a escucharme!
—No puedes obligarme. —acusó apresurándose a la puerta para
poder marcharse. No iba a permanecer un minuto más en su presencia. No
obstante, las siguientes palabras de Changmin le dejaron helado.
—¡Maldita sea, Jaejoong! ¡TE AMO! —alzó la voz para que le
escuchara bien—. Te amo…
Los ojos negros de Jaejoong se abrieron cuan grandes eran
por la sorpresa, y con su corazón latiendo a toda prisa sintió que las fuerzas
en sus piernas le abandonaban y la boca se le secaba de golpe. Esas palabras,
había soñado tantas veces con escucharlas salir de la boda del actor; pero no
así. No en ese momento. Si se las hubiese dicho aun el día anterior, si se las
hubiera dicho la última vez que hicieran el amor, podría haberle creído. Pero
no ahora. No cuando sabía cuál había sido el verdadero motivo para hacerle su
amante, de herirle y poseerle de esa forma.
—No cabe duda de que ganarás ese premio —Jaejoong se giró en
ese momento con una gran sonrisa que desconcertó a Changmin—. Sí, porque por
poco te creo. —soltó una risa amarga.
—Jaejoong, no te estoy mintiendo. —aseguró acercándose a él,
pero éste se retrajo contra la puerta haciendo que el menor se detuviera.
—Eres un gran actor, no veo por qué debería creer que amas
aquello que tanto odias. —afirmó sereno, con toda esa seguridad que estaba muy
lejos de sentir. Estaba seguro que de separarse de la puerta, incluso, podría
caer. Las palabras que Changmin habían bastado para debilitarle, para que su
cuerpo temblara y él luchara por no demostrárselo.
—No te odio… —intentó explicar, pero el pelinegro
interrumpió a la carrera.
—¡Acabas de decirlo! Dijiste que siempre me odiaste, por eso
me dijiste esas palabras sobre poseerme y herirme, para vengarte de tu madre.
Ella tiene razón, ¡eres un monstruo! —Changmin aguardó un momento, intentando
serenarse.
—Dije que te odiaba, no que te odio. Jamás te odié.
—¿Ah? —Él había dicho que le odiaba, ¿no? ¿Entonces qué le
quería decir? ¿Otra mentira?
Al ver el rostro del mayor, Changmin continuó, sin dejar de
ver directo a aquellos ojos oscuros.
—Sí, lo confieso —aseguró, y Jaejoong bajó la vista
previendo lo que seguiría—. Te busqué en este colegio con la firme intención de
destruirte, de hacerte mi amante para vengarme de mi madre. Se lo había
prometido a ella, y siempre cumplo lo que prometo —Sí, eso ya lo sabía—. Pero
no sabía dónde encontrarte, hasta que nos topamos en aquel estudio… —Eso le
sorprendió. Entonces realmente sí le había reconocido—. ¡Claro que te reconocí
de inmediato! Eras la persona de quien buscaba vengarme y lo primero que hice
fue darte un puñetazo.
—¡Desgraciado! Siempre negaste que me hubieras reconocido…
—Te conocía de antes, no de ese incidente.
—¡Eres un maldito desgraciado y mentiroso! —gruñó molesto—.
Por eso no te creo ni te creeré nada de lo que digas. Todo este tiempo me aseguraste
que no me recordabas y sabías perfectamente quién era yo. Todo este tiempo
buscaste hacerme tu amante, me presionaste tanto que al final terminé cayendo.
Me usaste como se usa un arma y ahora que está terminara tu venganza, ¿qué? ¿Me
dices que me amas? ¿Por qué, qué buscas ahora? ¿Que te acompañe a esos malditos
premios?
—No.
—¿Entonces por qué mientes de nuevo? ¡Tú no me amas! A una
persona que se ama no se le hace sufrir como tú me has hecho sufrir a mí. ¿En
qué momento te enamoraste de mí? Porque si es verdad, si tan sólo fuera verdad,
no sucedió de ayer a hoy. —Y había estado tan seguro de que Changmin no iría a
responder aquello, pero se equivocó.
—No lo sé… —admitió cerrando los ojos unos segundos,
mirándole de vuelta—. No sé cuándo sucedió, sólo sé que te amo.
—¡PUES NO TE CREO! No puedes amar a alguien a quien no
conoces lo suficiente, no sabes nada de mí, tan sólo lo poco que te he dejado
ver. —Pero Changmin arrugó el ceño molesto, acortando la distancia hasta que
ambos rostros estuvieron a pocos centímetros.
—¿Que no sé nada de ti? Sé más de ti de lo que tú mismo
sabes —Jaejoong empezó a negar con la cabeza, pero el menor continuó ignorando
sus intentos por protestar—. Tus ojos se oscurecen y cambian de gris a un
intenso color negro y ocre cuando estás enojado, se relajan cuando estás feliz
y brillan con intensidad inusual cuando estás a punto de hacer alguna
travesura. Tu propio cuerpo reacciona ante la presencia de amigos o enemigos, y
tu sonrisa es sólo una forma de defensa, porque también usas una máscara ante
todos… menos ante mí.
Jaejoong sintió que se sofocaba ante una descripción tan
acertada. ¿En verdad sus ojos cambiaban de color conforme su estado de ánimo?
—Puedo seguir describiéndote hasta llegar a la intimidad —Eso
le hizo enrojecer—, pero se me hace más sencillo mostrarte algo. —Y antes de
siquiera darle tiempo, le tomó con fuerza de la muñeca y abrió la puerta.
Se resistió al inicio del agarre intentando zafarse, pero
apenas la puerta se abrió y notó las espaldas de Yoochun y Hangeng franqueando
la entrada, se detuvo en seco. Ambos chicos se giraron para verlos y dejaron
ver la pequeña multitud que se asomaba por sobre sus hombros para ver lo que
sucedía. Changmin los ignoró y trató de arrastrarlo consigo de nuevo, pero se
negó plantando ambos pies firmes sobre el suelo.
—¡Suéltame! No iré a ningún lado contigo —aseguraba tratando
de soltarse. Changmin entonces se giró hacia él y, sin esperar por algún
alegato más del pelinegro, lo cargó sobre su hombro—. ¡BÁJAME! —Pero el grito
no detuvo al actor, quien de inmediato se adentró a su habitación ante la
mirada atónita de todos.
Sus compañeros se dieron prisa en correr de una habitación a
otra para lograr escuchar lo que sucedía, pero una vez más Yoochun y Hangeng
los apartaron de la puerta impidiéndolo. Eran talc como un par de
guardaespaldas custodiando a sus clientes, y así se iban a comportar.
Jaejoong se sintió siendo arrojado sobre la cama, donde
rebotó un par de veces. Intentó al instante pararse, pero la fría mirada de
Changmin le indicó que de hacerlo, era capaz de amarrarlo, como en otras
ocasiones había hecho ya.
—Voy a irme en cuanto te descuides —aseguró el modelo
frunciendo el ceño—. No puedes tenerme aquí y ni creas que vas a atarme, porque
gritaré y Yoochun o Hangeng me sacarán de aquí.
—No voy a atarte, y si crees que ellos entrarían si gritas… —se
encaminó a la puerta, echando el cerrojo—, lo dudo. —Jaejoong sintió el corazón
acelerarse en cuanto la mirada castaña descendió por su cuerpo. Por un momento
creyó que Changmin se le tiraría encima, pero se equivocó, porque en su lugar
caminó al armario de donde sacó un par de cajas de cartón; las mismas que había
visto el primer día en que entró a su habitación a dejarle la tarea.
—¿Qué vas a hacer con eso? —preguntó al verle alzar una de
ellas, cuyo contenido arrojó al instante a sus pies, haciendo más tarde lo
mismo con la siguiente caja.
Bajando con lentitud de la cama, Jaejoong se arrodilló para
observar mejor, y Changmin hizo lo mismo. Pudo ver el sinfín de revistas y
DVD’s, la mayoría con la imagen de Kim Jaejoong en portada y, aquellas que no,
era porque venían con alguna entrevista; desde que era un niño hasta la edad
actual. Todo estaba ahí, en montones y montones de revistas. Algunas las
recordaba, otras no. Incuso, al tomar uno de los DVD, se dio cuenta que eran
los comerciales en los que había salido cuando niño. También estaban ahí los
catálogos de ropa casual e interior. ¿Por qué Changmin tenía todo eso?
—Sé más de ti de lo que tú mismo sabes. —repitió el menor
tendiéndole un álbum fotográfico.
La primera página tenía una foto de él sentado en la playa
usando traje de baño. La recordaba, la había hecho cuando tenía nueve años.
¿Cómo había conseguido Changmin una foto de su portafolio?
—¿De dónde sacaste estas fotos? —miró intrigado aquellas
fotos que se suponía, eran exclusivas. Algunas eran de su portafolio personal,
otras ni siquiera las había visto, como aquellas en las que aparecía cubierto
de nieve y riendo a carcajadas. Recordaba la ocasión, era de cuando filmaba un
comercial para Chuncheon y aprendía a esquiar.
—Internet. —La simple respuesta sorprendió a Jaejoong un
poco, aunque después reaccionó.
—Esto… —se levantó sin verle, sintiéndose extraño. Alguna
vez había escuchado que para destruir algo tenías que conocer su debilidad, y
quizá era por eso que Changmin sabía tanto de él. Le había estudiado para
destruirle—. No significa nada. —negó encaminándose a la puerta. Changmin se
paró enseguida, observándole cuando tomó el picaporte.
Ya había escuchado suficiente, y no quería oír más.
—¡Jaejoong! —escuchó esa voz desagarrándole su, ya de por
sí, destrozado corazón. Pero no, esta vez no iba a detenerse, por lo que tomó
con más fuerza el pomo dispuesto a abrir, cuando la voz del menor le congeló—.
Te amo, y no quiero que me dejes: Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich
verlassen —Jaejoong volteó lento a verlo, creyendo quizá que sus oídos le
jugaban una broma. Eran las mismas palabras que había oído la noche que había
muerto Kyuhyun—. No quiero perderte: Neind wollwn Einbuße. Fue lo que te dije
aquella noche que me quedé en tu habitación… —Y también lo había oído momentos
antes.
¿Y por qué no se lo había dicho en un idioma que entendiera?
¿Era verdad? ¿Realmente le amaba, o sólo era una más de sus actuaciones dignas
de un maldito Bambú de Oro? Su mirada bajó confundida. De ahora en adelante
Changmin iba a batallar mucho para convencerle de algo, si es que aún quería
convencerlo.
Levantó la cabeza y sus ojos grises se clavaron en aquellos
castaños que parecían querer leer en su interior, sólo que su mirada fría se
había topado con otra igual de fría, aunque llena de rencor y desconfianza. Si
lo que Changmin había buscado desde el principio era destruirlo… ¡Lo había
logrado!
—Jaejoong, ¿me crees ahora?
—No. —La seriedad en aquella respuesta, sin pizca de
vacilación, logró que Changmin tensara la mandíbula—. No te creo nada.
—Dime, qué tengo que hacer para que me creas. Estoy
dispuesto a hacer cualquier cosa. —aseguró acercándose un paso a él, pero
Jaejoong giró el pomo de la puerta y el sonido del cerrojo abriéndose lo
detuvo.
—¿Cualquier cosa? ¿Estás seguro? —inquirió mirándole a los
ojos, sonriendo cuando el menor asintió—. Reconcíliate con tu madre. —La mirada
del actor se oscureció y sus cejas se arquearon con disgusto. Sabía que esa
sería su reacción, y por eso lo había pedido. Era tal cual la ocasión en que le
había pedido su corazón para entregarse a él… Aunque lo había hecho, sin
recibir nada a cambio. O quizá sí: Un par de patadas en el trasero.
—¿Por qué insistes con eso? —masculló tenso—. No voy a
pedirle disculpas. El juez desestimó los cargos, así que nadie puede obligarme,
ni tú. —Pero Jaejoong sonrió de nuevo. Ya lo sabía.
—Entonces no prometas algo que no piensas cumplir, porque en
tal caso la respuesta a tu pregunta sería: ¡Nada! No puedes hacer nada —se dio
la vuelta para salir, si bien deteniéndose por un instante sin abrir aún la
puerta—… Porque ni aunque lo gritaras a los cuatro vientos podría creerte. ¡Ya
le has dado jaque al rey! —Y diciendo aquello último, arrancó de su cuello el
anillo que pendía de su cadena y lo lanzó al suelo, donde rebotó contra las losas.
Entonces sí, salió de la habitación cerrando con fuerza tras de sí.
En el silencio de la habitación, Changmin observó la puerta
cerrada meditando todas y cada una de las palabras del modelo, mientras se
agachaba para recoger el anillo de oro con la cadena rota. ¿Gritarlo a los
cuatro vientos? Lo pensó por un momento, y sonrió. No creía necesitar hacer
algo tan drástico para convencerlo.
La ceremonia de los Asian Film Awards era ese domingo y
todavía no tenía a quien llevar, pero Jaejoong le había dado la solución a su
problema. Le iba a costar un poco, lo sabía bien, pero estaba seguro de que con
el plan que empezaba a maquinarse en su cabeza, podría convencerle de cuánto le
amaba…
—Debí haberte dicho el mismo día en que me di cuenta… lo
mucho que te amaba —murmuró con la vista baja, fija en el anillo que enseguida
apretó en su mano—. Pero aún no es demasiado tarde, el siguiente movimiento
sigue siendo mío…
«Jaque al Rey…» Y la enorme sonrisa se curvó en sus labios.
¹ Paquete de regalos o bolsa de regalos. Todos los nominados a los principales premios, sea mejor actor, actriz, principal o secundario; mejor director y todos los presentadores que aparecen en la ceremonia; son dotados de estas bolsas de regalo que en ocasiones tienen un costo de entre 2,000 y 20,000 dls. Incluyen joyería, celulares, lo último en electrónica, perfumes y estancias en lujosos complejos turísticos, así como asistencia a exclusivos spa.
Significado de las frases en Alemán.
▶ De Kyhyun a Jaejoong
Er recht haben, du besittzan glück, Kim Jaejoong || Él tenía razón, tienes suerte, Kim Jaejoong.
Ich wissen || Lo sé.
¡Auf Wiedersehen! || ¡Adiós!
▶ De Changmin a Jaejoong
Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich verlassen || Te amo, y no quiero que me dejes.
Neind wollwn Einbuße || No quiero perderte.
—.—.—
UFF, este capítulo estuvo largo. ¡Y ya estamos llegando al final! Chan-chan-cháaan~
Sé que me tardé (qué nuevo), pero hey... aunque parezca bobo, los comentarios ayudan a la motivación. Si no hay comentarios, luego ando pensando que nadie lee <|3 (y lo digo por las que me regañan por otros medios por no actualizar).
Kkk, en fin, espero les haya gustado. See ya~
Sé que me tardé (qué nuevo), pero hey... aunque parezca bobo, los comentarios ayudan a la motivación. Si no hay comentarios, luego ando pensando que nadie lee <|3 (y lo digo por las que me regañan por otros medios por no actualizar).
Kkk, en fin, espero les haya gustado. See ya~
3 comentarios:
Perdón, pero... no sé otra manera de expresarmr ahora(?) .
Asdfhjklhdyeuoorukcnvnmyeejejhsgkoudniekgdn.
Oh my god.
¡Realmente muy largo e intenso!
Al fin se reveló el porqué la maldita venganza.
Kyu :'(
Que feyo;; pero adgjlgkdjjdkdkg.
Changmin cayó en au pripia trampa(?);;
Espero ese par se acepten ya.
Yo tampoco creería al actor, no después de hablarme en alemán y asegurar que nunca lo amó ;-;
Agkldj me gustó mucho elcapítulo.
No me dejes con mucha intriga;-; quiero saber como lo va a convencer(?).
Te queyo Solfighter♥ Te seguiré acosando hasta que haya cap nuevo♪
gosh estuvo genial!! este capitulo realmente tubo de todo me encanto y realmente espero con ansias el proximo capitulo
No se que mas decir solo que me encanta esta adaptación <3
Tuuuuuuuuuuuuuuuuu!! mala persona, mataste a mi Kyu u.u
Este capitulo estuvo super largo, creo que esta vez casi me tarde media hora en leerlo.
De nuevo, a un principio me estaba riendo con el caliente de Yoochun y después llore, llore y casi me da un ataque cuando mataste a mi baby, se iba a casar!!!
Por fin salio a la luz el porque de la venganza. aunque ya tenia una sospecha y esta vez era cierta. Changmin escogió un muy mal momento para decirle al Alien que lo amaba, espero que al final todo se solucione y Jae lo pueda perdonar.
Los tres días que te veo en la escuela te voy a estar molestando para que actualices pronto, no puedes dejarme así, sino tendré que tomar medidas extremas ㅅ.ㅅ
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