Tortura: Capítulo 13

|

Yoochun entró corriendo a su habitación de un portazo. Se lanzó al baño y abrió el agua fría a toda su capacidad, tomándola con las manos para arrojársela al rostro, que aún ardía gracias a semejante escena que había visto protagonizar por Changmin y Jaejoong, y que seguro se quedaría grabada en su retina de por vida.

¿Jaejoong montando a Changmin?

¡Imposible!

Eso jamás se lo habría imaginado. Quizá, en algún otro momento, de Changmin sí, pero no de Jaejoong, de su amigo el Don Juan, el modelo que salía con un sinfín de chicas y parecía horrorizado de saber que también le atraía a los chicos; a Changmin en particular.

¿Pero en qué momento había pasado todo?

¿En qué momento que no se dio cuenta?

Porque si de algo podía estar seguro, es que de una violación no se trataba. Había podido ver a ambos disfrutarlo, ¡y mucho!

¡Vaya que sí!

No había visto tanto, pero lo que sí logró visualizar fue suficiente para sentir que su propia excitación crecía entre sus piernas y el pulso aceleraba a mil. Ahora sabía por qué Jaejoong reaccionaba como reaccionaba cuando el actor estaba presente.

—Lo que tanto ocultabas era tu relación con Changmin… —concluyó con el rostro empapado y rojo a más no poder—. No te culpo, yo también tengo un secreto parecido.

Apagó las luces del baño y se fue a la cama intentando calmar con sueño la creciente excitación que le embargaba. En esos momentos no tenía ánimo para nada más aunque la escena la tuviera grabada en la memoria –¡Y sí! Sí tenía ánimo para más gracias a eso, pero no tenía con quién saciarlo–.

«Guardaré tu secreto hasta que puedas decírmelo, o hasta que yo pueda compartirte el mío y termines por confesar el tuyo» se dijo en medio de una ridícula agonía, sintiendo que no podría soportar el dolor que empezaba a punzar en su entrepierna, teniendo que aliviarlo con sus manos.

Esas eran las consecuencias de estar enojado con Junsu…



–.—.—.—.—.—.–



Jaejoong vio con horror las muñecas de Changmin: Estaban rojas por las esposas. Su respiración todavía acelerada le impedía ver con claridad, pero sabía por experiencia que eso debía doler. Se levantó a toda prisa de la cama, aún desnudo con la mirada ajena fija en él, pero apenas encontró las llaves le soltó a toda prisa.

—¡Perdón! —cerró los ojos sintiéndose culpable—. ¡Perdóname, Changmin! ¡Perdón! —insistió sin animarse a verlo, no después de lo que había hecho. Se había imaginado muchas veces que la venganza era dulce, pero ahora que había tenido la oportunidad de probarla, sabía que era muy amarga.

Pronto sintió los fuertes brazos del chico tomarle con calidez por los hombros, lo que le llenó de miedo. Si ahora iba a vengarse estaba dispuesto a recibir su merecido castigo, pues era culpable. ¡Culpable! Comenzaba a sentirse como las cientos de veces en que el director Lee lo había atrapado infraganti en alguna travesura, pese a saber de antemano que el castigo a esta sería mucho peor que un mes en detención.

—No te sientas culpable… —le escuchó susurrar a su oído, haciéndole abrir los ojos por la sorpresa mientras Changmin lo atraía hacía sí. Sintió el cosquilleo que el cabello del actor producía al rozarle el cuello, así como el aliento cálido y embriagante que chocaba contra la piel desnuda de su espalda y le hacía estremecer. Decirle que no se sintiera culpable no le ayudaba a no sentirse así, no tenía la sangre tan fría como cierto chico arrogante que conocía.

—Perdóname… —repitió bajando la cabeza y apretando sus ojos cerrados. No podía ni verlo, presa del miedo que le daba la posibilidad de llegar a encontrar odio en aquellos ojos castaños.

—No debes sentirte culpable, porque yo lo permití.

—¿Qué? —intentó mirarle asombrado, pero Changmin le impidió voltear. Las finas manos del actor se movieron sobre sus brazos causándole cosquillas. ¿A qué se refería con eso?

—Sí… Dejé que me esposaras a la cama porque conocía tus intenciones, y lo permití. —Eso era mentira, no se había enterado. ¿O sí?

—¿Cómo que te dejaste? ¡Estabas dormido! —Necesitaba corroborar lo que sus palabras le hacían sospechar.

—No lo estaba. —Lo sabía. Aunque lo había visto dormido en su cama, ¿cierto?

—Pero yo te vi…

—Te escuché entrar y murmurar tu plan. Pude resistirme, incluso pude haberte cambiado los papeles, y no lo hice. —Qué miedo. Si estar atado a la cama le hacía sentirse importante, estar esposado le habría hecho sentir muchísimo peor. No, no debía haberlo hecho, dijese lo que dijese Changmin.

—Changmin… de cualquier modo, yo no debí…

—Sí debiste. —Y tras tomarlo por la barbilla para hacerle girar el rostro, lo acalló con sus labios buscando robar sus sentidos, que la culpa se evaporara conforme las caricias del menor se volvían más y más intensas. Su cuerpo ardía, y comenzaba a reaccionar a esas sensaciones. La pasión de Changmin parecía tan inmensa, tan difícil de saciar. Quizá por ello es que había buscado a Kyuhyun, porque él no le daba todo lo que necesitaba. ¿Acaso, antes de enfermar, no iba cada noche a buscarle para hacer el amor?

¿Amor?

No, no había amor de parte del actor para con él, y sin embargo… ¿le había permitido ser dominante esa noche?

¿Y Kyuhyun? El sólo hecho de pensar en él le hacía sentir la opresión en su pecho y una fuerte punzada en el estómago.

—Relájate, Jaejoong, te he dicho que no tienes por qué sentirte culpable. —Sus pensamientos le habían hecho tensarse al grado de dejarlo en evidencia ante el menor. Pero no era por sentirse culpable; bueno, no del todo.

—No es por eso… —respondió seco, logrando que el castaño se separara un poco para verle.

—¿Entonces? —indagó este. No sabía si cuestionarle o no, pero no podía quedarse tampoco callado. ¿Por qué siempre que alguien le hacía una pregunta directa terminaba por responderla? Su rostro giró por completo para evitar verle cuando se animó a pronunciar ese nombre que tanto le torturaba.

—Kyuhyun. —musitó empezando a sentirse avergonzado. No podía creer que pudiera sentirse tan celoso de ese corredor de autos, ¡pero lo estaba! Un suave beso depositado sobre su mejilla lo desconcertó, así como el notar el momento en que el alto chico hundía el rostro sobre el hueco de su hombro, tomándolo con ambas manos de los hombros.

—No seas idiota, Kyuhyun y yo sólo somos amigos. Entre él y yo jamás ha habido ni habrá nada. —Jaejoong se giró para verlo con sorpresa. ¿Cómo que nada? Mei lo había dicho, también Fukutaro, todos sabían que el primer amor de Changmin era Cho Kyuhyun. ¿Por qué mentía? ¿Qué caso tenía si él ya sabía la verdad? Ni siquiera había negado haberse acostado con él cuando le hubo golpeado la tarde anterior.

—Pero no fue eso lo que dijiste cuando te golpeé. Es más, ¡no dijiste nada! Me diste a entender que estuviste con él. Y traías el cabello todo revuelto, la camisa de fuera… —prosiguió frunciendo el ceño al recordar lo sucedido.

—Jamás te había visto tan celoso. Quería ver hasta dónde podías llegar, así que mentí —resolvió encogiéndose de hombros—. El cabello y la camisa, lo hice yo mismo.

—¡Eres un arrogante! ¡Idiota! ¡Mentiroso y engreído! —se quejó intentando golpearlo de nuevo como aquella vez, si bien el menor fue más rápido al lograr detenerlo para apresarlo con ambos brazos.

—Sí, soy todo eso y más… Pero tú eres el único a quien le he permitido estar dentro de mí. —le susurró al oído.

Cualquier cosa que fuera a decir fue bloqueada por los labios del castaño invadiendo su boca, acallando cualquier protesta mientras las manos ansiosas del chico lo empujaban a la cama para quedar, esta vez con él arriba.

¿Qué significaban las últimas palabras de Changmin?

¿Permitido? ¿El único? ¿‘Dentro de mí’?

Entonces, ¿Kim Jaejoong había sido el primer hombre en la vida de Shim Changmin? Relativamente.

Eso le hizo sonreír.

—Quiero saber… —pronunció entre besos y caricias—, quién fue la primera persona con la que tuviste relaciones… ¿No fue Kyuhyun? —cuestionó deteniendo sus avances para mirarle a los ojos.

—No, no fue Kyuhyun. Ya te dije que entre él y yo jamás ha habido nada, y te contaré toda la historia de qué, con quién y en qué momento si, sólo si, vas conmigo a los Asian Film. —La mirada del menor brilló. No era justo, Changmin sabía perfectamente que odiaba esos eventos y estaba tratando de sobornarlo con algo que le interesaba… –¡Qué millones ni qué nada, sólo información!–, pero no iba a ceder.

—¡No! Eso es trampa. —recriminó intentando sonar molesto—. Sabes a la perfección que soy muy curioso… pero aunque la curiosidad me queme por dentro, ¡NO! No voy a los Asian Film contigo. —No, no y no. Esta vez no iba a caer en sus trampas ni chantajes.

—Eso lo veremos. —Y tras la advertencia, los labios del modelo fueron asaltados una vez más.

—Mhmp, ¡Chang…! Mhm, ¡AH!…



–.—.—.—.—.—.–



La mañana pintaba de colores el cielo, augurando un buen día puesto que no se veían nubes algunas que lo empañaran. Jaejoong terminó de escoger su desayuno colocándolo sobre una bandeja y se giró para ver la mesa en la que siempre se sentaban sus amigos. Los vio a los tres ya comiendo –Malditos desesperados, ni quiera lo habían esperado–, pero luego alzó un poco la mirada y vio a Changmin, como siempre, sentado solo en aquella mesa que siempre ocupaba.

Se sintió pésimo al ver los brazos del chico ya que, al tomar los alimentos, un vendaje algo suelto había alcanzado a asomarse bajo las mangas del saco del uniforme. La culpabilidad lo carcomía, muy a pesar de las palabras de Changmin.

Fue la inercia la que lo llevó hasta la mesa donde todos le dieron los buenos días, pero su vista no se despegó del actor. Cuando éste giró el rostro, la intensa mirada descubriéndole le hizo enrojecer.

Desvió la vista para dirigirles una sonrisa a sus amigos, quienes le veían sin comprender su demora para acompañarles.

—Vamos, Jaejoong, siéntate. —instó Boa palmeando la silla a su lado, que se encontraba de espaldas al actor, pero Jaejoong negó y volvió a sonreírles. Tal vez estaba por cometer una locura, pero le nacía hacerlo y no habría poder humano que le hiciera desistir de aquel impulso.

—En esta ocasión desayunaré con otra persona. Nos vemos en clase. —Y diciendo esto, se encaminó a la mesa contigua, logrando la sorpresa general cuando todos le miraron sentarse junto a Changmin.

¿Qué no se supone eran enemigos jurados? Esa era la pregunta generalizada en la cafetería.

Yoochun levantó su vaso de juego y bebió cauto, dejando que su mirada se deslizara sin cuidado sobre los ocupantes de la mesa contigua. Observó a Jaejoong, quien en ese instante tomaba uno de los brazos del actor y le levantaba la manga del saco para deshacerle los vendajes que traía algo flojos, volviéndoselos a hacer. Eso le permitió ver las marcas negro-rojizas que las esposas le habían dejado. Los recuerdos de lo que hubiera llegado a ver por accidente la noche anterior llegaron entonces de golpe a su cabeza, no pudiendo evitar el sofocante calor que tiñó de un rojo intenso su rostro.

—¡Yoochun! ¡Estás todo rojo! —La alertada voz de Boa provocó que el músico escupiera el jugo y comenzara a toser—. ¡Ay, Chun! Te asusté, ¡perdón!

—No sólo a él, a mí también… —Hangeng tosía a su vez—. Pareciera que fuera un crimen el sonrojarse. —Yoochun sólo logró asentir mientras intentaba controlarse, era la oportunidad perfecta para evitar responderle a la pelicorto.

—Yo sé que no es un crimen —recriminó ella—, sólo que jamás había visto a Yoochun hacerlo.

—Pues ni que fuera un robot para no hacerlo. Es tan humano como tú o yo. —sentenció el bailarín. Boa se ruborizó al comprender que había dicho una verdadera tontería, pero Hangeng la estaba haciendo más grande.

—¡No estoy diciendo lo contrario! —se defendió. No sabía si el ‘rubio’ estaba bromeando o no, pero estaba consiguiendo hacerla sentir mal.

—Pues según entendimos —codeó a Yoochun en señal de complicidad—, le estabas diciendo inhumano. —Boa abrió mucho los ojos. ¡No! Jamás había querido decir algo así.

—¡No, no y no! Yo no quise decir eso, es sólo que…

—¡Nada! Te atreviste a insultarlo. —acusó Hangeng con un tono más serio, si bien Yoochun sabía que el chico sólo hacía una de sus acostumbradas bromas, le convenía que Boa se turbara tanto. Así se olvidaría de seguir preguntando por el sonrojo de su rostro.

—¡Yoochun, te lo juro! Yo no quise insultarte, no fue mi intención… —ahogó apenada.

—No te preocupes, sé que no querías insultarme. —¿Por qué Boa se tomaba las cosas tan en serio? ¿Qué no conocía la forma de ser de Hangeng?

La pelicorto tomó sus cosas sumamente avergonzada, musitó un ‘Lo siento’ y se fue lo más rápido que pudo. Apenas un segundo después, Hangeng soltó una sonora y escandalosa carcajada, de esas que llamaban de más la atención, sólo causando que todos voltearan a verlos.

Yoochun sonrió aliviado y agradecido con el bailarín, pues le había ayudado a librar el predicamento en el que casi lo metía su amiga diseñadora. Por lo visto, Boa no recordó lo bromista que podía llegar a ser su amigo bailarín. Desvió así después la vista a los comensales de la mesa contigua, pero aquellos parecían no haberse dado cuenta de semejante escándalo.

«Quién fuera ellos que parecen perderse en la profundidad de sus miradas sin ni notar lo que sucede a su alrededor» pensó el músico con el vivo recuerdo de las orbes de cierto violinista impresas en sus pensamientos.



–.—.—.—.—.—.–



Jaejoong había llegado a la mesa del menor para volver a disculparse, pero… ¿cómo hacerlo sin que los demás se enteraran? Hablar de ‘lo de anoche’ podría prestarse a malos (o buenos) entendidos y meterlos a ambos en problemas. Motivo por el cual, lo primero que se le ocurrió fue acomodar su bandeja en la mesa del menor sin pedirle siquiera permiso.

—Me voy a sentar contigo. —afirmó al sentarse frente a él. Changmin frunció el ceño, pero no, eso no iba a lograr intimidarlo; esa mirada de hielo jamás había podido asustarle.

—No es una buena idea. —musitó muy serio, pero el pelinegro sólo sonrió, extendió una mano para jalar uno de los brazos del actor y levantarle la manga, dejando ver así los vendajes. ¿Qué no se suponía que sabía primeros auxilios? Tal vez simplemente no pudo hacérselos él mismo.

—Al contrario —empezó a soltarle las vendas—. Por lo menos yo no te preguntaré qué pasó. —intentó bromear, pero la seriedad en el contrario le hizo entender que no estaba de humor para ello. Volvió su mirada a los vendajes.

—Eso es porque ya lo sabes. —recriminó por lo bajo, logrando que Jaejoong le soltara el brazo para tomar su tenedor y tratar de comer.

—Te dije que lo sentía. —aclaró con tono seco.

—Y te contesté que no eras culpable. —El modelo alzó la mirada para verle con el entrecejo arrugado.

—Pero me siento culpable. No sé qué hacer para sentirme mejor. —Bajó la vista sintiéndose apenado, un verdadero criminal. ¿Así se habría sentido Changmin cuando le hizo lo mismo aquella primera vez?

—¿Harías cualquier cosa? —Jaejoong clavó la vista en la contraria con inseguridad. ¿Cualquier cosa? ¿Más sexo como el de anoche? ¿Orgías? ¡NO! ¡Orgías no!

—¡No! —recalcó con el rostro enrojecido, su imaginación volvía a hacer de las suyas y, para peor, el menor lo había notado. Había dibujado una media sonrisa.

—Iba a pedirte que fueras conmigo a los Asian Film. —¡Idiota! ¡Mil veces idiota! Debía haberse imaginado algo como eso. ¿Qué no había tratado de comprarlo anoche cuando le ofreciera contarle sobre su primera vez? Pero no iba a ir.

—¡No! Eso en lugar de hacerme sentir mejor me haría sentir mal. ¿Por qué insistes en que te acompañe? —Después de todo, él podría llevar a quien quisiera. Muchas y muchos, estarían encantados de aparecer a su lado en la alfombra roja del Centro de Convenciones Plaza, en Seúl.

—Ya lo sabes. —encogió los hombros mientras terminaba su desayuno. Jaejoong dudó un poco. ¿Cómo que ya lo sabía? ¿Sería el mismo motivo de Jessica?

—¿Porque no me luciría como Taeyeon? —intentó adivinar.

—No.

—¿Porque soy más guapo que tú y las cámaras no perderían detalle de nosotros? —Changmin volvió a dibujar esa mueca que bien podría parecer una sonrisa, ante la broma del modelo.

—No.

—… ¿Porque no tienes quién te acompañe? —Era su última opción, aunque la menos probable.

—No.

—¿Entonces por qué? —espetó algo más desesperado. Y pensó que el menor ya no le respondería, pero se había equivocado.

—Porque se supone que un nominado o invitado a los Asian Film Awards siempre va con su pareja. —Las expresiones del pelinegro se congelaron, pero eso no impidió que el carmín las decorara. Él que tanto se cuidaba de no decir nada comprometedor y este estúpido tenía que arruinarlo todo. Giró la cabeza a los costado esperando que nadie les hubiera escuchado, y cuando notó a todos distraídos por la estruendosa risa de Erick, regresó a mirar a Changmin con el entrecejo fruncido.

—¡Eres un estúpido! No me agrada que digas eso ni en broma —Apenas el castaño sonrió, el mayor se levantó de golpe, alzando la voz para que todo el mundo escuchara—. Nosotros seguimos siendo tan amigos como siempre. —Changmin asintió, justo cuando las miradas giraban a verlos.

—Nosotros no somos amigos. —afirmó frío, sin cambiar el semblante. Jaejoong sonrió triunfal. No sabía si Changmin le estaba siguiendo el juego o si lo decía en verdad. ¡Esas eran las desventajas de que fuera un gran actor!

—¡Te has ganado el premio al idiota más listo! —Y dicho aquello, se dio la vuelta sin dar oportunidad de agregar nada más, saliendo a toda prisa del comedor con rumbo al salón; su rostro adornado con la más hermosa de las sonrisas.

Por lo menos el malestar por ‘lo de anoche’ ya se le estaba pasando, aunque ¿a Changmin le habría dolido igual? Si era así, aún le faltaban unas cuantas horas de arrastrar la pierna.

Ese sólo pensamiento le hizo reír.



–.—.—.—.—.—.–



Cuando llegó al salón, se le hizo extraño ver a Boa en su lugar, aunque no dudó en aproximarse a ella con la sonrisa aún impresa en sus labios. La pelicorto alzó la vista al escuchar los pasos ajenos resonar en el vacío lugar.

—¡Jaejoong! No te esperaba tan pronto. —afirmó alegre, pese a que en su semblante se notara la tristeza.

—A mí se me hace extraño verte sola. ¿Por qué no viniste con Yoochun? —Boa bajó la mirada apenada, y Jaejoong pudo darse cuenta de inmediato. Y es que la chica generalmente se la pasaba riñéndole sobre cualquier cosa que tuviera que ver con ese frío y arrogante actor, o si no le contaba sobre el traje que estaba por terminar.

—Dije una tontería y creo que Yoochun se molestó.

—Lo dudo. —respondió Jaejoong en automático. Se sentó en la paleta de su banco y la observó detenido—. Yoochun no se enoja tan fácil, y si en verdad lo hiciste enojar, para cuando llegue al salón ya se le habrá pasado.

—¿En serio? —le miró sin poder creerlo.

—Sí. El enojo no le dura mucho. —Boa suspiró. Debía ser cierto, Jaejoong y Yoochun tenían ya muchos años de conocerse, y no por nada eran buenos amigos. Debía ser cierto.

—¡Qué alivio! —El modelo rió—. Y bien, aprovechando que te veo, Jae… quería pedirte un favor. Sólo no me vayas a decir que no.

—Si no me dices cuál, no podré decirte nada.

—¿Podrías por favor, decirle a Changmin que ya está listo su traje y necesito que se lo pruebe?

—¿Qué? ¿Por qué yo? —reaccionó violento. Lo que menos quería es que lo vieran en la escuela acercándose al cubito.

—Estabas desayunando con él. —señaló sin entender.

—Sí, ¿y eso qué? También se puede desayunar con un condenado a muerte y no necesariamente tener una conversación amable con él. Sólo le hacía un favor. —Desvió la mirada. No estaba mintiendo, todas las conversaciones con el más chico terminaban en algún pleito. ¿Algún día podrían hablar de forma civilizada sin llegar a los insultos? Lo dudaba.

—¿Eso quiere decir que no son amigos?

—¡Por supuesto que no! —Eran amantes, pero no amigos; así que no estaba mintiendo.

—¡Oh! Yo creía que sí, pero… ¿podrías hacerme ese favor? —Volvió a insistir.

—¡No! No quiero hablar con él.

—¡Por favor!

—¡No!

—Oh, vamos, Jaejoong… Yo no puedo dirigirle la palabra sin tartamudear, me pongo muy nerviosa.

—Aun así, no. Algún día serás una diseñadora famosa y tendrías que lidiar con artistas incluso más famosos que Changmin. ¿Vas a ponerte siempre nerviosa y a tartamudear?

—Supongo que no…

—Entonces debes comenzar ya, porque si Changmin gana el Bambú de Oro, tu traje será más famoso que la propia película —Sí, sí, estaba exagerando, pero necesitaba convencerla para no ir con el actor—, y comenzarás a ser solicitada por grandes actores y actrices.

—¡Dios te oiga!

Los alumnos empezaron a llegar, y Changmin entre ellos. Boa se armó de valor, y fue a hablar con él.



–.—.—.—.—.—.–



Sentada dentro de la sala de costura, luchaba por todos los medios para no sentirse nerviosa. ¡Pero cómo no hacerlo! Si de lo que dijera ese chico dependía toda su calificación; y no sólo la del examen, sino la del semestre entero, porque el maestro le había dado la oportunidad de confeccionarle el traje que llevaría a los Asian Film. Lo peor del caso, es que la nota no dependía del maestro, ni siquiera del dueño del traje… Dependería por completo de los críticos de moda en la ceremonia de los Asian Film Awards.

Levantó la vista de nuevo para ver si podía leer algo en el semblante del actor, pero sus facciones seguían mostrándose igual de serias que un minuto antes. ¿Qué pensaba? ¿Le habría gustado el traje? ¿Se sentía a gusto con él? ¿Lo llevaría realmente a la ceremonia? No podía negar que había hecho su mayor esfuerzo y a ella le encantaba cómo lucía el alto chico, pero no podía obligarlo a usarlo, si no le gustaba, aún tenía oportunidad de buscar un Armani. Aunque, de no llevarlo a la ceremonia, estaría reprobada.

—¿Te… te gus-ta? —preguntó, poniéndose de pie de un brinco al notar que Changmin se giraba para verla. Había estado, lo que para ella era una eternidad, observándose al espejo, poniéndola cada vez más y más nerviosa.

El castaño alzó los brazos observando el largo de las mangas y acomodó el cuello mao del saco cerrando el primer botón en completo silencio. Boa comenzó a estrujarse los dedos con mayor nerviosismo al tiempo en que se mordía el labio inferior, esperando por la sentencia.

—¿De qué forma va este cuello? —preguntó el actor, girándose para verse de nuevo al espejo, desabrochando el botón que antes hubiese cerrado. Boa se aproximó a la carrera, subiéndose a un pequeño banco escalonado para quedar a su altura y mostrarle las posibilidades.

—Pue… Puedes usarlo de do-… dos formas —logró decir entre los nervios—. Una e… es abierta, tal como la usas ahora o cerrada, por lo cual no deberás preocuparte por una camisa atractiva —explicó tratando de recuperar la poca seguridad que sentía habérsele escapado—. Yo te recomendaría llevarlo cerrado, te hace verte más formal, y dado que vas a recibir un premio…

—No es seguro. —comentó todavía observándose a través del espejo, provocando el sonrojo en Boa.

—Yo creo que sí ganarás —sonrió—. ¡Oh! —alzó las cejas asombrada al observar una de las orejas del chico, quien giró a verla—. Tienes las orejas perforadas.

—Sí, fue para una película. —aseguró sin darle mayor importancia. Boa se bajó corriendo del banquito, para extrañeza del contrario.

La pelicorto llegó hasta su máquina de coser y se fue a buscar cajón por cajón hasta que por fin logró extraer del último una pequeña cajita. Sonrió al abrirla y regresó hasta donde el actor para subirse al banco.

—Esto cerrará tu look. —aseguró al tiempo en que le colocaba un pequeño pendiente de piedra blanca en su oreja izquierda.

Changmin sólo alzó una ceja al contemplarse en el espejo de cuerpo completo, logrando que Boa casi se arrepintiera de lo que había hecho. ¿Cómo se había trevido a tan siquiera tocarle sin haberse derretido?

—Lo siento —musitó por demás apenada—. No debí, parece que no te gusta y creo que…

—Tienes razón, no me gusta. —La sola afirmación le dio ganas de llorar.

Se había esforzado tanto en él, había trabajado tan duro, cosiendo incluso de madrugada y los fines de semana para tenerlo a tiempo para la ceremonia. Pero debía resignarse, no sería la primera vez que alguien le rechazara un diseño, y como ya no había tiempo para hacerle otro, era mejor resignarse y reprobar. Bajó la vista, aspiró hondo y tras alzarla de nuevo se preparó a escuchar lo que seguía.

—Me encanta —aseguró con una ligera sonrisa en sus labios. Boa sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, pero de la emoción. Jamás había visto al actor sonreír, y menos para ella—. Jaejoong tenía razón, eres muy buena en lo que haces. Llevaré tu diseño a la ceremonia del fin de semana.

—¡Gracias, gracias! —ahogó secándose el rostro con el dorso de la mano. Ya sólo faltaba lo que dijeran los críticos de moda en la alfombra roja—. Le diré a Jaejoong que llevarás puesto uno de los pendientes que me regaló cuando éramos novios. Sé que…

—No. —cortó el chico, quitándose enseguida el pendiente para dejarlo sobre el escritorio. Boa pudo notar las imperceptibles señas de la molestia en su voz y rostro. ¿Pero por qué? ¿Qué había dicho o hecho para que se molestara de pronto?

—Pero con ese pendiente complementas el…

—No me importa, no usaré nada que te hayan regalado. Prefiero no llevar nada. —aseveró entrando de vuelta al cuarto que había usado como vestidor, haciendo que Boa se extrañara de su reacción.

Todo había estado tan bien hasta que hubiera mencionado a Jaejoong y su regalo. ¿Sería acaso que Changmin se había sentido… celoso? ¿Podría ser? Pero según tenía entendido, se habían vuelto a pelear hacía unos días, todo lo habían visto, incluso habiendo sido comentado en K! News Live.

—Sí que soy idiota —se dijo agitando la cabeza en negativa—. Claro que Changmin se niega a usar algo regalado por Jaejoong, si ni se soportan. ¿Cómo va a usar algo que él me compró? Debo dejar de tener tantas ideas locas… —susurró con una sonrisa en los labios, a la espera de que el actor saliera para dar por terminado su trabajo.



–.—.—.—.—.—.–



Jaejoong esperaba a Boa fuera del salón de costura. Quería saber qué le había dicho Changmin, por lo que los había seguido a ambos cuando salieron del comedor rumbo a la sala donde su amiga le mostraría el traje que esperaba llevara a los Asian Film.

Esperó un buen rato, poniéndose nervioso hasta que vio al actor salir a toda prisa con un sonoro portazo, sólo para sacar después un cigarrillo de entre sus ropas. Seguro iría al bosque a fumar, pero… ¿por qué estaba tan enojado?

Se escondió rápido tras una columna para que no le viera y esperó a que Boa saliera. Una vez fuera se apresuró a alcanzarla para preguntarle por la sentencia. ¡Ja! Ni que hubiera estado en el banquillo de acusados.

—¿Cómo te fue? —cuestionó al llegar a su lado, acompañándola por el camino—. Vi a Changmin salir molesto. ¿Acaso no le gustó tu traje? —Boa sólo sonrió un tanto melancólica.

—Oh no, sí le gustó el traje.

—¿Entonces? —le miró sin comprender.

—Creo que hoy no estoy de suerte —suspiró la pelicorto—. Debí quedarme en la cama o definitivamente perder la voz por este día. —Jaejoong sacudió un poco la cabeza entendiendo cada vez menos.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir?

—¡Soy una estúpida! —ahogó ella vehemente—. Todavía me dijiste en la mañana que tú y él no eran amigos y aun así se me ocurre ofrecerle en préstamo los pendientes que me regalaste cuando éramos novios… ¡pero es que se veía tan bien con uno! No pensé que se fuera a enojar por eso.

—¿Changmin tiene las orejas perforadas? —repitió en voz alta, aunque fuera más para sí mismo. Y es que las veces en que estaban juntos lo último en lo que se fijaba era en sus orejas. Tenía cosas más interesantes qué ver, pese a que la mayoría de las ocasiones no alcanzaba a ver nada por la necesidad de cerrar los ojos al besarse.

—Sí, lo vi cuando me acerqué a arreglarle el cuello del saco. Pero es que son unos orificios tan pequeños que a simple vista no se notan.

—¡Hum! —resopló con desdén tratando de restarle importancia al asunto, aunque casi de inmediato llegó a su memoria algo que le hizo girarse para con Boa—. ¿Crees que se veía “genial” con un pendiente?

—Sí, aunque pienso que un color azul le quedaría aún mejor que los blancos que me diste.

—Bien. —soltó y pegó carrera sin decir más, dejando a Boa sorprendida y extrañada. Aunque de un tiempo a la fecha Jaejoong se venía comportando de manera extraña, así que sólo se encogió de hombros y continuó su camino.

Sonrió amplio cuando ubicó frente a sí una conocida figura caminando segura con una carpeta bajo el brazo. Corrió hasta él agitando la mano.

—¡Yunho! —se detuvo frente a él con una gran sonrisa que el contrario le correspondió del mismo modo—. ¿Qué crees? Changmin llevará el traje que le diseñé a los Asian Film —afirmó sumamente feliz—. ¡Gracias por recomendarme ver esos diseños chinos! —Yunho sonrió con orgullo al tiempo que un apenas notable sonrojo pintaba su rostro.

—Eso merece que me invites a salir. —Y eso bastó para que el color se contagiara al rostro de la diseñadora, quien asintió sintiendo que el pecho le estallaría de la felicidad. ¡Por fin saldría con Yunho!

—¡Claro que sí! —respondió a la carrera, esperando que en su tardanza para contestar el modelo no se hubiera arrepentido.

—Entonces, ¿es una cita? —cuestionó con cierta incertidumbre impresa en la voz.

—Sí, es una cita. —declaró la pelicorto sonriendo, feliz de conseguir lo que anhelaba desde que se hubiera dado cuenta de cuánto le gustaba.



–.—.—.—.—.—.–



Aún era temprano y muchos alumnos se encontraban reposando la comida antes de entrar a los talleres.

Jaejoong corrió por el pasillo hasta llegar al ala Este, subiendo a las carreras las escaleras para llegar a su habitación. Entró veloz directo hasta la cómoda, y del mismo modo comenzó a sacar la ropa del primer, segundo y tercer cajón hasta que encontró lo que buscaba: Una pequeña cajita de terciopelo negro con la marca ‘CARTIER’ impresa en letras doradas. Sonrió al abrirla y ver los pequeños destellos que aparecían al recibir la luz. Salió tan rápido como entró rumbo al bosquecillo que tan bien conocía.

Detuvo su paso a la carrera cuando vio al actor sentado en la rama de aquel árbol. ¿Por qué siempre acudía a ese sitio? Quizá lo hacía para alejarse de todos y despejarse antes de volver a enfrentarse a maestros y compañeros. Quizá lo atraía esa magia que el lugar parecía despertar también en él. Aunque eso realmente no lo sabía, y quizá nunca lo sabría.

—¡Oye tú! —le gritó desde abajo, llevando ambas manos a sus bolsillos. Changmin bajó la vista para verlo—. Quiero hablar contigo, ¡baja!

—¿Por qué? —cuestionó cerrando los ojos y cruzando ambos brazos para mayor comodidad. Jaejoong se sintió ignorado.

—Porque quiero hablar contigo. ¡Baja! —repitió molesto.

—¿Por qué? —Jaejoong arrugó el ceño más enojado.

—¡Ya te lo dije! ¿Acaso tanta frialdad ya te volvió sordo? —Pero Changmin ni siquiera se molestó en verle.

—Si no me pides ‘por favor’ tendrás que hablar desde donde estás.

—¡Eres un idiota! —recriminó muy molesto. Changmin se giró en la rama dejando ambos pies en el aire para mirarle, y Jaejoong suspiró calmándose. Si no lo hacía bajar no podría darle lo que traía para él. ¿Y a él qué le importaba si lo usaba o no? Bueno, sí le importaba, lo estaba haciendo por Boa. Sólo por ella, intentó convencerse—. Por favor, baja. —pidió más calmado. Changmin le miró un segundo y de un brinco bajó hasta quedar frente al pelinegro.

Jaejoong sintió aquella mirada recorrerle de arriba abajo y se estremeció. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba de esa forma ante algo tan simple? Cerró los ojos por un momento tratando de mantener ocultos sus sentimientos, pues no era el lugar, ni el momento.

—¿Qué quieres?

Se dio prisa en sacar la cajita de la bolsa de su pantalón pues, si no lo hacía ahora, no lo haría nunca. Si el valor le había surgido de repente, no podía darse el lujo de desperdiciarlo; extendió la mano con la cajita en la palma y, tras que el menor enarcara una ceja, la tomó con extrañeza.

—¿Qué es esto?

—Un obsequio. —El desconcierto terminó por adornar todas las facciones del castaño al ver al pelinegro sonreír. Al abrir la cajita, una mueca disconforme cruzó sus labios.

—¿Pendientes? ¿Qué crees que soy? ¿Una chica?

Jaejoong frunció el ceño otra vez molesto. ¿Qué no entendía nada? Le daba un hermoso regalo y el chico lo despreciaba de la manera más idiota posible. Y él que se había dado prisa en sacarlos de su cajón de ropa sin tomar en cuenta el desastre que había provocado con ello en su habitación.

—Boa me dijo que te ayudarían para lucir el traje de llevarás a los Asian Film —aclaró—. Ya que no quieres usar los que ella te prestaba, pensé que preferirías usar unos que yo te obsequiara. Pero dado que no los quieres… —le tendió la mano para que el actor le regresara la caja, aunque el más alto sólo apretó el objeto en su mano, dándose prisa en guardarlo en la bolsa de su pantalón—. ¡Eres un idiota!

—Y tú lo eres más —La mirada oscura del modelo centelleó de furia—. No necesitabas usar a Boa como excusa para regalarme algo. —Ese comentario le hizo enrojecer. ¿Cómo se atrevía a decirle eso?

—¿Qué? Yo no usé a Boa de excusa, es sólo que pensé que… que… —¿Era una excusa? Realmente, ¿lo era? Desde que conocía a Changmin había querido darle muchas cosas; golpes, que le había dado unas cuantas veces; regresarle cada una de las humillaciones que le había hecho; darle un par de patadas en el trasero; besarle; abrazarle; seducirle y, sí, por qué no, regalarle algo.

—Los cuidaré —Changmin observó la turbación y el sonrojo del mayor—. Boa me dijo que los de piedra blanca, los que quería prestarme, se los regalaste cuando eran novios. ¿De dónde sacaste estos? —señaló el bolsillo de su pantalón y Jaejoong sonrió, complacido de que la conversación hubiese cambiado de rumbo. Tomó asiento en la base del árbol sin perder su sonrisa.

—Del mismo lugar de donde salieron los primeros —rememoró—. El cliente de CARTIER me los regaló cuando terminé un comercial. Los vi bonitos y como Boa y yo teníamos poco de ser novios, decidí regalárselos cuando cumplimos un mes. El otro par los guardé para cuando tuviera otra novia —rió por el recuerdo, en tanto Changmin se sentaba a su lado con la atención centrada en la cajita ahora en su mano—. Sé que sonó pésimo y quizá debí regalarle ambos pares a Boa, pero considéralo premonición o algo por el estilo, que sabía que no duraría mucho con ella.

—¿Entonces? —La voz pausada del menor hizo que el modelo volteara a verle extrañado. El actor miraba muy detenidamente el objeto inanimado entre sus dedos, cual si esperara que éste le revelara algún secreto—. ¿Me estás considerando tu novio?

—¡NOOO! —ahogó demasiado asustado por tal cuestión, como si la simple pregunta le quemara la piel y los sentidos. ¿Su novio? No, noviazgo implicaba amor, un amor que Changmin no parecía sentir por él.

—Dijiste que habías guardado este par para tu siguiente novia, eso quiere decir que soy yo. ¿No? —Jaejoong sintió el calor ascender por todo su rostro, coloreándolo. Había sido más que idiota al decirle eso de su novia, o novio, ¡o lo que fuera! Sí, está bien que él estaba enamorado del actor, pero el actor de él no, así que no podía considerarlo su novio. ¡Por supuesto que no! Entre ellos sólo había sexo sin amor… ‘Sin amor’, se dijo a sí mismo bajando la mirada con tristeza.

—Un noviazgo se da entre personas que sienten algo una por la otra. Entre nosotros no hay nada de eso —alzó la mirada para clavarla en la ajena—. ¿O tú sientes algo por mí que no sea deseo? —Preguntar eso le hizo sentir más acalorado que antes.

No obstante, lo que llegó a ver en las facciones del actor le hizo bajar el calor y convertirlo en frío. Changmin parecía reír en voz baja, aunque no escuchó nada salir de sus labios; pero se estaba burlando, lo sabía, lo sentía. Changmin no tenía ningún sentimiento por él, sólo lo utilizaba para desahogarse, y nada más.

—No te hagas falsas ilusiones, Jaejoong —El pelinegro volvió a bajar la mirada—. Sabes muy bien qué hay y qué no hay en nuestra relación.

Ese frío con el que Changmin había pronunciado aquello lo sintió calar hasta el alma. Sí, sabía qué había en su relación: ¡Sexo! Y un muy buen sexo, debía admitir. Y qué no había: Amor, algo que indiscutiblemente le gustaría sentir, pero que sabía jamás llegaría.

Se puso de pie con puños apretados, furioso consigo mismo por sentir algo parecido al amor. ¡Odio! Eso es lo que debía sentir por él y sin embargo amaba a ese frío, egocéntrico y antisocial que le hacía hervir la sangre tan sólo con rozar sus labios o dirigirle una de esas miradas cargadas de deseo.

Changmin levantó la mirada para ver desde su posición los ojos oscuros del modelo, mismo que se veían de un profundo negro ante la sombra que les daba el enorme árbol bajo el que se encontraban. Jaejoong arrugó el ceño al notar esa mirada serena e imperturbable. ¿Qué podría hacerle cambiar? ¿Qué podría derretir ese corazón de hielo? ¿Qué?

—Lo sé muy bien —Su voz era seria—. Sé muy bien qué hay y qué no hay y qué jamás podrá haber. —Aquel tono de resignación debió causar algo en el actor, porque se puso de pie quedando a escasos centímetros de él.

Jaejoong no pudo moverse, se quedó perdido en esos ojos que parecían querer transmitir algo que no podía entender.  Era como aquella mirada que le hubiera dedicado el día que había entrado a su habitación buscando una respuesta a la ruptura del trato, una respuesta que fue afirmativa. Sí, habían roto el trato de entregarse a él por no enviar a la cárcel a Hyunjoong, pero ahora lo hacía por voluntad propia. ¿Sabía el actor que al entregarse a él lo hacía por amor y no sólo por buscar una satisfacción física? ¿Podía notarse ese amor, como se notaba cuando mentía? ¿Puede el amor ser así de transparente? ¡Más valía que no!

Se giró brusco tratando de alejarse de ese imán de problemas que tenía enfrente. Ya era hora de entrar al taller de pasarela. Sin embargo, una fuerte mano le tomó de la muñeca impidiéndole irse al arrojarlo contra el tronco del árbol donde estuvieran hablando momentos antes.

—Pero qué demonios… —se quejó al notar que no era otro sino Changmin quien le detenía. No entendía por qué, si todo lo que tenían que decirse lo habían dicho ya. Y sin embargo lo había vuelto a hacer, porque sus palabras quedaron a medias cuando el actor le asaltó con esos besos tan conocidos como deseados, truncándole el habla con aquella lengua que le torturaba al infiltrarse en su boca para recorrerla con plena libertad, saboreando y disfrutando con lo que hacía.

Intentó detenerlo, pero era un intento demasiado débil, porque los brazos de acero del actor le aprisionaron contra el tronco del árbol evitando como en otras ocasiones, que pudiera soltarse. Aunque, tampoco quería hacerlo…

Dejó que su boca respondiera a aquel roce apasionado, con su lengua danzando contra aquella que se daba prisa en dominar y él, se dejaba ser dominado. Lo disfrutaba como nunca antes, con una consciencia limpia, dueña de la situación y deseosa de seguir el juego. Porque sabía que eso era, un juego, y estaba dispuesto a jugarlo hasta el final. ¿Iba a salir lastimado? Sí, pero eso qué importaba si podía sentir esos labios contra los suyos, adentrándose a su boca y robándole los sentidos, la voluntad y la razón.

Sus brazos se alzaron intentando retirar el saco del actor por los hombros, pero éste lo impidió tirándoselos hacia atrás, semi abrazando el tronco del árbol en tanto su boca seguía devorándole con fervor. Poco a poco el control se le iba de las manos, podía notarlo tanto en su respiración como en la del actor, por igual de aceleradas.

Las manos del menor se guiaban sobre su pecho sin dejarle mover los brazos para abrazarle o acariciarle, como si quisiera que las cosas fueran como antes, cuando no le dejaba participar… Pero esta vez no iba a dejarse…

‘Click’

La sutil cacofonía junto a la sensación pesada y fría cerrándose sobre sus muñecas le obligó a alejarse de la boca del menor para mirarle jadeante y sorprendido.

—¿Q-Qué…? ¿Qué es… esto? ¿Qué haces? —cuestionó con la respiración entrecortada, pero por más que sacudía los brazos estos no podían despegarse del tronco del árbol. Estaba atado, pegado, esposado o algo, porque sus muñecas empezaban a escocer.

—Una pequeña venganza por lo que hiciste —Esa maldita sonrisita de autosuficiencia que a veces tanto odiaba. Changmin se llevó las manos a los bolsillos del pantalón—. Parece que dejaste olvidadas las esposas cuando te fuiste esta mañana.

—Eres un maldito… ¡Suéltame! —¿Qué pretendía? El desgraciado ni siquiera se veía agitado, pese a haber estado igual de excitados momentos antes. ¿Cómo había hecho para volver a la normalidad tan pronto?

—No.

—¡Suéltame! Tengo que ir a clases —se excusó intentando aludir a su sentido de la responsabilidad, pero el más alto sólo se giró comenzando a caminar—. ¡Chaaangmiiiiiin! —Y el castaño se detuvo, sólo para mirarle de reojo.

—Te soltaré si para la hora de la cena no te has presentado. Significaría que nadie te encontró o no pudiste soltarte. —explicó dejando caer las llaves de las esposas a sus pies, pero estaba algo retirado para el alcance del pelinegro. ¡Desgraciado! Iba a dejarle ahí, sin comida, sin agua y sin poder ir al baño.

—¿Vas a dejarme aquí esposado al árbol? —lo miró sin creérselo aún.

—Sí. —asintió resuelto, caminando sin prisa lejos de él.

—¡Changmin! ¡Ven acá, suéltame! ¡No seas desgraciado! —Sólo entonces, lo vio regresar sus pasos hasta acercarse a él, con la mirada fija en su rostro. Esa mirada recorriendo por completo cada una de sus facciones, posándose interminables segundos en sus labios y aproximándose peligrosamente a su boca; un rubor furioso lo embriagó y tuvo que desviar el rostro para evitar que el actor le besara… de nuevo.

—Este tipo de juegos se nos dan muy bien, ¿no crees, Jaejoong? —La voz del castaño le hizo girar para verle. Esa mueca tatuada a modo de sonrisa en su rostro le enfureció.

—¿Juegos? ¿Qué clase de juegos?

—Este. Es como si jugáramos ajedrez. Yo hago un movimiento y tú respondes al mío. ¿Quién comenzó?

—¿De qué diablos estás  hablando? —masculló sin entender, pese a que se dio prisa en responder sin siquiera meditarlo—. ¡Tú comenzaste todo cuando me besaste en tu habitación, cuando sólo había ido a dejarte la tarea! Me acusaste de irte a buscar, ¡estúpido y engreído! ¡Ni que fueras irresistible!

—Lo soy.

—¡ARROGANTE!

—Pero yo creo que fuiste tú quien comenzó este juego, cuando constantemente hacías bromas a mis espaldas. —Sí, lo recordaba. Había estado haciendo bromas de él con sus amigos, pero no era por comenzar ningún juego. Ni siquiera quería que le reconociera y… ¿realmente no le habría reconocido?

—Nunca aceptaste que te acordaras de mí, que sabías que fui yo quien rompió la foto y la lanzó a tu estúpida cara después de que me golpeaste. —Changmin enarcó una ceja.

—¿Recordarte? Por supuesto —Jaejoong sintió algo de emoción aunque no lo admitiera. El idiota lo había reconocido desde el inicio, pero siempre lo negó—. Eres inolvidable. —Ese tono sarcástico borró la sutil sonrisa que había empezado a formarse en su rostro.

—¡Estúpido! Nunca vas a cambiar. Seguirás siendo siempre un arrogante, engreído e insensible Témpano de Hielo Shim —recriminó en un ataque te cólera sin que el menor le tomara en cuenta, pues sólo se giró para irse—. ¡No te quiero en mi habitación ni en mi cama, ¿oíste?! ¡¿Cubito, oíste?!

—Auf Wiedersehen. —alzó la mano para despedirse sin mirar atrás.

JaeJoong abrió los ojos enormes al identificar aquella con la que el más alto se despedía, porque era la misma que Kyuhyun había usado con él cuando se fue. ¿Era eso alemán? Sí, era más que probable que lo fuera. Changmin sabía ese idioma, igual que aquel corredor de autos.

—¡Maldición! —se dejó caer al suelo bajo la base del árbol—. No sé alemán. ¿Por qué no me hablan en japonés, chino… o inglés? Por lo menos esos idiomas los conozco… —susurró ya deprimido, resignado a esperar que alguien lo encontrara—. Me lo tengo bien merecido… Por confiado, estúpido, idiota. Sabía que no se quedaría de brazos cruzados después de que lo esposé, debí tener más cuidado… —y por los siguientes minutos se dedicó a seguir murmurando maldiciones, pero todas dedicadas a él.



–.—.—.—.—.—.–



—¡SEOHYUN!

El fuerte grito de su abuelo, el director, le hizo cerrar de golpe la persiana por la que hubiera estado observando a aquellos dos chicos que, por accidente, había descubierto hacía relativamente poco tiempo.

El rubor cubría por completo su rostro al haber sido descubierta infraganti, girándose con el corazón latiendo a toda prisa, a la espera de encontrar la mirada furiosa de su abuelo; en su lugar, se encontró sola en la habitación.

—¡SEOHYUN! —volvió a escuchar al director, notando hasta entonces que la voz no venía sino del intercom que comunicaba de su oficina a la de su abuelo.

—¿Sí, Sr. Director? —respondió aliviada—. ¿En qué puedo ayudarle?

—Tráeme todas las facturas que se vencen este mes, también necesito los permisos de salida de los alumnos que saldrán este fin de semana para firmarlos de una vez.

—Enseguida, abuelo. —afirmó sacando un par de fólderes de su escritorio para llevarlos a prisa a la oficina contigua.

Una vez afuera salió corriendo de la dirección para llegar al bosque. Había visto casi todo, por casualidad. No tenía idea de que Jaejoong y Changmin estuvieran ahí, sólo quería un poco de sol y al levantar las persianas los había visto besarse y después discutir. Se había sentido, como en otras discusiones, hipnotizada por esa escena al grado de no lograr apartar la mirada de ellos. ¡Era una vouyerista! Lo sabía, pero no podía evitarlo. Muchas veces, desde que hubiera entrado a trabajar para su abuelo, había visto a Jaejoong bajo el mismo árbol, a veces solo, a veces acompañado de alguna chica, pero eran más veces en las que le veía en solitario.

Nunca había pasado por su cabeza, ni la de nadie, que fuera gay. Aunque ahora comprendía por qué sus relaciones amorosas no duraban mucho, unos cuantos meses, y a veces ni eso. Siempre que le veía ahí parado, recargado en aquel tronco, lo notaba triste. Jaejoong mostraba su verdadera naturaleza estando en soledad, porque en la escuela siempre era bromista y alegre, lleno de una energía envidiable. Pero estando solo… ¿Cómo era Jaejoong en solitario? ¿Cómo se comportaba cuando estaba a solas en su habitación? Tal vez de la misma manera en que lo hacía estando bajo aquel árbol, cuando creía que nadie le veía.

Corriendo, llegó hasta donde había visto a Jaejoong. Los matorrales que crecían alrededor impedían ver algo. Quizá Changmin sí había regresado y Jaejoong ya se encontraba en clases… pero no. Al acercarse más, se encontró con un par de llaves tiradas entre las hierbas. Las tomó entre sus manos y avanzó otro poco.

Jaejoong guardó silencio y alzó la vista al escuchar el crujir de una ramita siendo pisada, la esperanza regresó a su corazón al creer que Changmin se habría arrepentido y volvía para soltarlo. No obstante, grande fue su sorpresa al ver a Seohyun de pie delante suyo con las llaves de las esposas en mano. ¿Qué hacía ella ahí? ¿A esa hora? Cuando se suponía que debía estar trabajando con su abuelo.

—¡Oppa! ¡Por Dios! —la joven se apresuró a arrodillarse a su costado para empezar a soltarle. El pelinegro no sabía qué decirle, era preferible no hablar a hacerlo y meter la pata—. ¡Pero qué horrible broma la de dejarte aquí esposado! —¡Bingo! La excusa perfecta—. Qué desalmado, ¿iba a dejarte aquí toda la noche? ¿Por lo menos iba a regresar a soltarte?

—Si no me veía en la cena, sí —admitió triste, pero al segundo volvió a sonreír sobándose las muñecas—. Ese idiota jamás esperaría que me encontraras tan pronto, así que tengo oportunidad de vengarme. —se puso de pie con la mirada encendida. No iba a preguntarle cómo había dado con él. No quería ni saberlo.

—Oppa, no creo que sea conveniente… —se puso de pie y le entregó el juego de esposas y llaves—. Él buscará la revancha de nuevo y quién sabe qué intente después. —Jaejoong se volteó y le sonrió amplio.

—No te preocupes, Seororo, él y yo así nos llevamos —¡Vaya que sí!—. Estamos jugando un tipo de ajedrez humano —rió al ver la cara extrañada de la chica—, sólo que estoy a punto de darle jaque al rey. ¡Gracias por soltarme! —Y diciendo esto salió corriendo rumbo a la escuela.

No quería estar demasiado tiempo en presencia de la menor, tenía el vago presentimiento de que ella sabía mucho más de lo que aparentaba; su presencia en el bosque había sido más que oportuna. No había pasado tanto tiempo esposado, por lo que todavía podía llegar al taller, pero esa no era su idea… Su principal objetivo ahora, era vengarse de Changmin.

¡Ese idiota iba a pagárselas todas juntas!

Corrió por el bosque a toda velocidad con la furia creciendo dentro de él, subiendo por el estómago hasta llegar a la garganta, y no iba a quedarse con ella. Estaba seguro de que Changmin no esperaba que se soltara tan pronto, así que lo tomaría por sorpresa. Faltaban todavía unos minutos para dar comienzo a los talleres, así que planeaba encontrarlo ya en el interior del taller de Dirección. Esta vez no importaría lo que hiciera o pasara, desahogaría su ira con el causante.

A toda prisa por los pasillos fue que se abrió paso entre sus compañeros que aún se encontraban platicando fuera de los salones. El taller de Dirección se encontraba sólo a unos pasos del de Pasarela.

Y ahí estaba el desgraciado, de pie al costado de la puerta, platicando con el maestro del taller. ¡Y tan fresco el malnacido!

—¡CHANGMIN! —profirió al verlo, ya alzando el puño para avanzar hasta él. Ese fue su error, porque el más alto se giró apenas para tomarlo del brazo y, alzándolo sobre su hombro, lo lanzó al suelo.

Todo dio vueltas a su alrededor, con el fuerte golpe punzando en su espalda al ser azotada contra el frío suelo. Sí que había sido idiota por alertarlo, si el menor sabía de defensa personal. Aunque aún tenía un as guardado bajo la manga.

Changmin permanecía de pie a sus pies, mirándole con una ceja alzada y ese ‘Te gané’ tatuado en el rostro. Otros más se habían acercado para ver lo que sucedía, franqueándolos a sus costados para observarle tirado, ¡mas no derrotado! Porque enseguida estiró la pierna derecha y la enredó sobre la del castaño para mandarlo por igual al suelo, donde aprovechó para saltarle encima muy dispuesto a agarrarlo a puñetazos.

—Tranquilízate, Jaejoong. —Changmin le había detenido los brazos, haciéndolo girar para mandarlo al suelo de nuevo.

Pelea, pelea, pelea…

El coro de voces de quienes presenciaban el espectáculo no se hizo esperar. Aquello apenas había empezado y media escuela parecía estar ahí, apoyando a uno u otro contendiente.

—Eres un desgraciado, ¡vas a pagar lo que me hiciste! —vociferó el pelinegro, con su pálido rostro ya tomando un tono rojizo. Tanto era su coraje que le importaba poco que los vieran, ni mucho menos le importaban las posibles consecuencias.

En esas circunstancias dejó caer un golpe sobre el apuesto rostro del joven actor, aunque este estrelló a sí mismo el puño contra su estómago, dejándolo sin aire. Ese inconveniente no le detuvo por mucho, acostumbrado ya a recibir los golpes de Hyunjoong, por lo que se recuperó rápido para volver a levantar los brazos y asestar otro par de golpes sobre el cuerpo más alto, quien a su vez respondió deteniendo algunos y devolviendo otros.

Un instante después alguien le levantaba, deteniéndole y evitando que continuara peleando con Changmin, pese a ver que el castaño también era detenido por alguien más.

Yoochun trataba a toda costa de detener al modelo, quien a sus ojos, se veía casi tan molesto como cuando había intentado matar al actor. No entendía lo que había pasado, pero era indispensable detenerlos. Hangeng hacía lo suyo deteniendo a Changmin por el pecho, pero él estaba teniendo problemas para detener a Jaejoong por la espalda, sujetándolo por los brazos.

—¡Suéltame! —gritó ofuscado, luchando por recuperar el aire que la pelea le había robado—. Voy a destrozarle a golpes ese rostro de portada de revista.

—¿Acaso tienes dos mil y medio millones de won para pagar la demanda? —cuestionó Changmin con ese tono perfectamente controlado, ni siquiera sudando, mientras se masajeaba el rostro golpeado con el dorso de la mano.

—¡Tengo eso y más! ¡DEMÁNDAME! Si te atreves. —retó el modelo con una mueca de autosuficiencia que hacía mucho no mostraba. Esta vez el menor no iba a intimidarle con una amenaza como esa. No, ahora tenía todo lo que su padre había estado ahorrando por él.

—¡BASTA LOS DOS! —La fuerte voz del director provocó que el alumnado se replegara a un lado para dejarle pasar junto con el maestro de Dirección, el mismo que momento antes hablaba con Changmin. Jaejoong volteó a verlo, conteniéndose las ganas de gritarle “Chismoso”, porque el castigo sería peor—. Vengan ahora mismo conmigo. —sentenció para que ambos caminaran a su lado con destino a la dirección.

Yoochun y Hangeng se mantuvieron de pie observando a ambos chicos marcharse con las manos en los bolsillos, tal vez, para evitar seguir dándose puñetazos. El resto de sus compañeros se metieron a sus talleres con una sonrisa en los labios. ¡Por fin habían visto la pelea que tanto esperaban!

Tanto el músico como el bailarín voltearon a verse, soltando la carcajada.

—Esos dos se comportan como niños de kínder —afirmó Hangeng entre risas, ante lo que Yoochun asintió gracioso—. Sólo falta que nos pongamos a corearles ‘Se quieren y no son novios, se quieren y no son novios~’ —canturreó balanceándose al ritmo del estribillo.

—Quizá debamos hacerlo… —El músico sonreía. No estaba seguro de qué tanto sabía Hangeng, porque sus bromas al respecto eran muy constantes, pero no era una mala idea formar un coro para gritarles lo mucho que ambos se atraían.

—¿Entonces qué, amigo? ¿Formamos un pequeño coro para gritarles? —Hangeng pasó el brazo por sobre los hombros del músico, de camino ambos hasta sus respectivos talleres.

—No sería mala idea —sopesó Yoochun ya frente a su salón, pero mirando una última vez al moreno-rubio antes de abrir la puerta—. Avísame cuando lo hayas formado, yo pongo la música.

Hangeng rió tan fuerte que sus risas retumbaron en el vacío de los pasillos. Quizá después de todo, el bailarín sí estaba bromeando…



–.—.—.—.—.—.–



El viento nocturno de la noche agitaba las cortinas del balcón. Hacía rato que se había quedado dormido esperando a Changmin. Está bien que le había pedido que no fuera, pero no creía que el menor lo fuera a cumplir. Incluso después de haber peleado en pleno pasillo de talleres y haber sido mandados a detención por el resto de la tarde, sabía que esa pelea no le detendría y, sin embargo, no se apareció.

Algunas horas después se giró en su lugar para quedar bocarriba, despertándose a medias. Comenzaba a sentirse inquieto, pero se negaba a abrir los ojos. Sabía que aún era de noche y era más que probable que el ‘cubito’ no se presentara a esas horas de la madrugada. Estaba dispuesto a permanecer en esa posición hasta que volviera a sentirse cómodo o hasta que el sueño volviera a vencerle, o eso era hasta que una mano le cubrió la boca, despertándole sobresaltado. ¿Pero qué demonios estaba pasando? ¿Sería ese maldito ladrón que nunca atraparon?

—Soy yo. —escuchó la voz suave de Changmin en medio de la oscuridad, haciéndole respirar más calmado. ¿Qué pretendía? ¿Matarlo de un susto?—. No voy a hacerte nada, sólo quiero estar a tu lado un momento. —aseguró retirando la mano de su boca.

—Changmin… ¿qué sucede? —preguntó abriendo las sábanas por instinto para que el menor entrara, pero este no dijo nada, acomodándose a su costado para abrazarle con fuerza—. ¿Changmin? —volvió a llamar, pero no obtuvo mayor respuesta que aquel abrazo.

Se sentía extraño, como si Changmin estuviera triste. El que sólo se limitara a abrazarlo sin decir nada le daba escalofríos. ¿Por qué Changmin estaba así? Nunca lo había visto reaccionar de ese modo. Lo abrazaba como si quisiera evitar que se fuera… que se alejara de su lado.

—¿Changmin?…

—Sólo déjame descansar aquí, esta noche no quiero estar solo… —Los enormes ojos oscuros de Jaejoong se abrieron con sorpresa.

¿Changmin no quería estar solo? ¿Desde cuándo el Témpano de Hielo Shim necesitaba de compañía? Él siempre estaba solo, y cuando intentaba acercarse a él, sentía una barrera impenetrable cortándole el paso. Y aun así, en aquellas extrañas ocasiones en que había logrado abrirse a él, terminaba soltando alguna frase hiriente o comentario humillante que lo volvía a alejar. Sin embargo, ahora estaba ahí pidiéndole compañía, y no iba a negársela.

—Claro. —musitó cerca del oído del menor, dejando pasar sus dedos por los mechones castaños.

Así pasaron varios minutos, masajeando su espalda, tratando de darle consuelo a algo que no entendía. Pero no tenía tampoco otra manera de obtener alguna respuesta de su parte… una vez que Changmin decidía no hablar, no había poder humano que lograra sacarle una palabra.

—No te vayas… —susurró el menor. Jaejoong detuvo sus caricias sin entender y sonrió.

—Changmin, son las dos de la mañana y estás en mi habitación. Salir en estos momentos no es una buena opción. —intentó bromear, pero Changmin volvió a callar.

—Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich verlassen… —Aquella frase pintó un gran signo de interrogación en el rostro del modelo. ¿Changmin estaba hablando en otro idioma? Y uno que para su desgracia no conocía. En definitiva no era coreano, ni japonés. ¿Francés? ¿O quizá ruso? ¿Alemán? Pero incluso así, la frase era tan larga que aunque identificara el idioma sería imposible recordarla completa. ¡Uff! ¿Sería inglés? Al fin y al cabo la familia de su madre era de raíces estadounidenses, era de esperarse que dominara el idioma.

—Changmin… no entendí lo que dijiste, ¿puedes repetirlo? De preferencia en nuestro idioma. —pidió con la curiosidad y frustración al tope.

—No… —El abrazo en torno al modelo se apretó más—. Nein wollwn Einbuße. —Jaejoong volvió a fruncir el ceño. ¿Qué acaso era klingon?

—¿Por lo menos puedes decirme en qué idioma estás hablando? —Sabiendo aquello podría ponerse a estudiarlo de inmediato. Era bueno en los idiomas, aunque flojo para estudiarlos.

—No. —Ni modo, tendría que quedarse con la curiosidad.

Una tibia gota salina cayó hasta su brazo, sobresaltándole. ¿Y eso? ¿Changmin estaba llorando? ¿Por qué? En todo el tiempo de conocerlo jamás lo había visto así, lo veía como alguien demasiado fuerte como para mostrar una debilidad tal como el llanto. Si bien, estaba seguro que de preguntar, el menor sólo se encerraría en sí mismo y no diría nada. Tal vez hasta se fuera de su habitación, y no quería que lo hiciera, no ahora que le dejaba ver una parte suya que jamás creyó conocer.

Paciente, se limitó a corresponder al embrace de la misma forma en que Changmin le sostenía y masajear su espalda con las manos, intentando consolar aquel dolor que parecía brotar el chico por cada poro. Quizá después Changmin se animara a explicarle qué estaba pasando, pero por ahora se dedicaría a abrazarle de aquel modo hasta que el sueño les venciera a ambos.



–.—.—.—.—.—.–



Un intenso escalofrío recorriéndole el cuerpo obligó a Jaejoong a despertar y abrir los ojos de golpe. Estaba todavía oscuro, así que podía ver bien a su alrededor. Al alzar la mira hasta el buró notó que eran apenas pasadas las cinco de la mañana.

Pero estaba solo, por eso sintió frío.

¿Y Changmin?

Se incorporó en la cama buscando al actor. Apenas hacía unas horas que había llegado hasta él y ahora le dejaba ahí, preocupado. ¿Por qué estaba llorando?

—¿Changmin? —se levantó a buscarlo, pero no lo halló en el baño, ni en ninguna otra parte de la habitación. ¿Dónde se habría metido?

Anduvo hasta el balcón, que tenía las puertas abiertas de par en par. ¿Habría saltado de regreso a su recámara? Bueno, no perdía nada con buscar ahí; brincó de su recámara a la de Changmin.

—¿Changmin? —volvió a llamar, sin respuesta alguna más allá del silencio.

Ingresó a la habitación oscura, donde todo estaba en perfecto orden: la cama tendida y el pijama con el que había llegado a buscarlo, doblado sobre el colchón. Se dio prisa en tomar las prendas entre sus manos y el aroma a colonia cara inundó sus sentidos.

¿Pero qué diablos? ¿A dónde se había ido Changmin tan temprano? Ni siquiera se había dado cuenta de su salida del cuarto. No lo sintió levantarse e irse, mucho menos al brincar a su propia habitación para marcharse… ¿Pero a dónde? ¿A ejercitarse en el gimnasio? ¿A correr?

Estaba a punto de regresar a su habitación, convencido de que Changmin aún continuaba en algún lugar de la escuela, cuando notó una hoja doblada sobre el peinador. Le resultó conocida, porque él mismo solía recibirlas constantemente. La tomó y la leyó.

—¿Un permiso de salida?

¿Por qué Changmin tenía un permiso extendido la noche anterior para que saliera todo ese día? Y de ser así, ¿por qué no se había marchado desde ayer? ¿A qué hora había salido de la escuela? ¿De verdad habría salido?

Sí, era más que probable.

¿Esa salida tendría algo que ver con su comportamiento de anoche? ¿A dónde habría ido?

La duda no lo dejó seguir durmiendo, ni comer en el desayuno o concentrarse en clases. Volteaba cada tanto, buscándolo con la mirada, pero Changmin no apareció en todo el día, ni siquiera para el taller de teatro en la tarde.

Esa misma noche llevaba jugando ajedrez con Yoochun un par de horas, sentado en el taburete que siempre ocupaba cuando reñían una partida, pero no podía concentrarse y seguía perdiendo. Aunque el músico tampoco estaba en sus mejores condiciones, ya que no le había ganado tan fácil como lo hubiese hecho en otras ocasiones.

La TV estaba encendida a todo volumen, con los chicos de la sala de estar siguiendo las noticias del espectáculo bastante atentos, pero Yoochun y él continuaban sumidos en sus propios pensamientos, tratando de prestar atención a un juego que nadie daba por ganado o perdido.

Necesitaba distraer sus pensamientos, alejarlos de Changmin de algún modo. Alzó la vista y vio al músico con la mirada centrada en un punto fijo sobre el tablero, perdido en sus propios pensamientos. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Yoochun tenía problemas y debido a los propios con el actor es que casi se había olvidado de la única persona que siempre había estado junto a él, en las buenas y en las malas.

—¿Chun? —El mencionado le miró, sólo para encontrarse con la preocupación en los ojos oscuros del modelo—. ¿Por qué estás así?

—¿Así cómo? —regresó desdoblando el brazo en el que había tenido apoyada la barbilla para mover una pieza del juego.

—Muy serio, más de lo habitual. —explicó moviendo a su vez otra pieza.

—Sabes que así soy, no tengo nada. —Jaejoong lo vio evitar su mirada con disimulo y supo de inmediato que estaba eludiendo también sus preguntas. No por nada lo conocía de hacía varios años.

—Mientes. Estás enojado con tu novia, y no me digas que es mi imaginación o que estoy alucinando.

—No sé de qué hablas. —La seguridad impresa en la respuesta hizo al pelinegro dudar por un momento, pero no, estaba seguro de que todo era por esa chica con la que su amigo mantenía una relación.

—¡Vamos, Chun! Ya no llegas tarde los lunes, incluso te vi aquí el domingo pasado, y eso que antes te la pasabas todo el fin de semana con ella. Eso sin contar que ya no te escapas por mi balcón para ir a verla entre semana —«Eso sería imposible, porque estás con Changmin» se dijo el músico, sintiendo el calor ascender a sus mejillas—. Y te he visto así —El modelo le señaló—. Rojo, seguro por falta de actividad, ¿no? —Yoochun se sintió enrojecer mucho más.

—Sí, sí, está bien, está bien —respondió a la carrera para evitar tener que aclarar esa última cuestión—. Estamos enojados —suspiró pesado—. No, más bien, yo estoy enojado. —Jaejoong le observó a los ojos, como si buscara algo más—. No me mires así. Hay un tercero en discordia.

—¿Qué? No puedo creer que te esté engañando, yo…

—No —intentó aclarar, más para sí que para su amigo—. La verdad, no lo sé… —se pasó una mano por el cabello para despejarse—. En verdad no sé si me engaña o no, y no he querido preguntárselo de frente porque tengo miedo a que me diga que sí.

—Chunnie, no entiendo nada —Jaejoong intentaba hilar las palabras del músico—. Si no me explicas bien, no podré ayudarte.

Yoochun volvió a suspirar. Quizá hablar con el pelinegro le ayudara a aclarar esa terrible duda que le carcomía el alma, antes de hablar con Junsu. Sólo tenía que ser cuidadoso con sus palabras, todavía no estaba listo para revelarle su secreto a Jaejoong.

—Cuando empezamos a salir… —comenzó—, yo le consideraba alguien muy transparente, inocente, incapaz de mentir —explicó cuidando cada palabra—. Era una persona honesta y amable, pero de unos meses a la fecha ha cambiado mucho, al grado de que la gente que le rodea dice que hay alguien más además de mí.

—¿Qué? ¿Quién? ¿Tú la has visto con él?

—No. Yo no he visto nada —meditó Yoochun—. Pero le he escuchado hablar con él por teléfono de un modo muy cariñoso. Cuando le pregunté por la identidad del tipo sólo dijo que era un amigo que necesitaba ayuda. Le pregunté qué clase de ayuda le daba y sólo me dijo que hablaban, pero no le creí. Le interrogué para saber de qué hablaban, pero no pude sacarle una sola palabra, me dijo que era un secreto que no le pertenecía y aunque fuéramos novios no podía contarme. —Yoochun apretó los puños con fuerza al recordar sus discusiones con el chico de cabellos platinados. La última vez había preferido irse para no provocar una escena en pleno sepelio del padre de Jaejoong.

—¿Eso es lo que te tiene tan enojado? —Yoochun alzó la vista con asombro. ¿Por qué Jaejoong le hablaba en ese tono, como si le echara la culpa a él?—. No creo que te esté mintiendo. Hay amigos que te prestan ayuda sólo con escucharte. Y mira, ella podrá ser muy tu novia, pero es realmente leal con ese amigo con quien habla. O me dirás que a ti te gustaría que contara todos tus secretos al primero que se los preguntara…

—No. Pero creo que tengo cierto derecho a saber, por lo menos, quién es él.

—¿Y si esa persona con quien habla le pidió mantener el secreto? —Eso le hizo a Yoochun meditarlo un poco más. No cabía dudo que en ocasiones Jaejoong podía hacerlo pensar más de la cuenta, y eso le agradaba, porque podía ser que el errado fuera él—. Mira, te voy a contar algo sólo para que veas hasta qué punto puede llegar la lealtad de un amigo. ¿Recuerdas a la persona que me habló el miércoles y yo pensé que era un acosador?

—Sí, el que quería ser tu amigo y te dejó su número. ¿Cuál era?

—Pues sí le hablé —Yoochun abrió los ojos con sorpresa, olvidándose de su anterior pregunta—. Él se ha convertido en un buen amigo y confidente, le he contado muchas cosas que me han pasado, pero le pedí que me guardara el secreto. Si él hubiese querido, todo lo que le he contado ya estaría en los diarios o en la TV, pero no me ha traicionado, ni creo que lo haga.

—¿Le has contado muchas cosas? —Jaejoong asintió—. ¿Por qué no me lo has contado a mí? —El modelo se sonrojó de golpe, azotándose la cabeza mentalmente por haber dicho aquello.

—Porque hay cosas que no podría decirte jamás. —musitó bajando la vista avergonzado. Yoochun entendió de inmediato, pero eso no le impidió preguntar.

—¿Como lo del beso con Changmin?

—Entre otras cosas. —admitió aun azotándose la cabeza por haber sacado a colación ese tema. Daba gracias al cielo porque su amigo supiera interpretar sus palabras y dejara de preguntar por ello—. Pero lo que quiero que entiendas con esto, es que ese chico jamás revelará nada de lo que le he contado, aunque su novio lo presione.

—¿Su… novio? ¿Es gay? —La mirada de Yoochun se afiló.

—Sí, eso creo… Bueno, no me lo ha dicho, pero es fácil darse cuenta. —se explicó nervioso. Sabía de antemano que Yoochun no se sentía a gusto con ese tema, así que era mejor cambiarlo; sólo que su amigo tenía otros planes.

—¿Se te declaró? —preguntó asombrado, asustando al pelinegro.

—¡No! Cómo crees —respondió a prisa—. Sólo es un buen amigo a quien no conozco, un verdadero incondicional.

Incondicional.

Esa palabra se había tatuado en la cabeza del músico desde que la hubiese escuchado en el funeral del padre de Jaejoong. Escucharla ahora, le hizo prestar mayor atención a lo que el modelo decía.

—¿Sabes que me localizó en mi casa para darme el pésame por lo de papá? Y de nuevo se puso a mis órdenes, me dijo que podía hablarle cuando quisiera, a la hora que fuera. Incluso me dijo que…

—… Siempre estaré ahí para ti. —musitó Yoochun por demás bajo, aunque Jaejoong logró escucharlo.

—Sí, ¿cómo lo supiste? —Los ojos del músico se abrieron tanto como era posible. Sólo había recordado en voz alta lo que hubiera escuchado decir a Junsu por el celular aquella vez, pero aquello sí le había sorprendido. ¡ERA JUNSU! ¡Junsu con quien Jaejoong hablaba! ¿Entonces era Jaejoong de quien se encontraba tan celoso? Jaejoong, su mejor amigo, quien en esos momentos mantenía una secreta relación con Changmin.

¡ERA UN VERDADERO IDIOTA!

Yoochun se levantó de golpe, tirando de paso todas las piezas de ajedrez al suelo. Jaejoong lo siguió en movimiento, sorprendido por tal reacción. Jamás lo había visto así de… ¿asustado? ¿O sería sorprendido?

—Chun… ¿qué sucede?

—¿Cuál es el número telefónico? —preguntó de golpe, logrando que el pelinegro le mirara desubicado.

—¿El número? —repitió sin saber qué responder, pese a repetir los dígitos de memoria, confirmando lo que su amigo ya sabía.

Era Junsu, eran los números del conmutador de la mansión del chico, sólo cambiaban los últimos dos, lo que indicaba que era uno directo. Ya no había ninguna duda, Jaejoong era por quien había estado sintiendo aquellos celos, y ahora se daba cuenta que ni siquiera tenía por qué sentirlos.

—¡WOOOOOW!

El eco a coro de los alumnos en la sala de estar les obligó a girar hasta el televisor, olvidando por un momento lo antes sucedido. Lo que estaban transmitiendo en ese momento había conseguido atrapar la atención general. En ella, podía apreciarse la demostración de una carrera de la CART.

Jaejoong no prestó atención a lo que la reportera decía, porque fue la imagen en la TV lo que le hizo abrir al máximo los ojos, sintiendo que el corazón se le aceleraba de golpe. Era un auto color rojo y blanco que chocaba contra otro, siendo el primero el que salía volando por los aires para hacerse pedazos al impactar contra la barrera de contención. Y entonces, como si un rayo le tocase el cuerpo, las palabras de la reportera le hicieron comprender el llanto de Changmin la noche anterior.

El día de ayer por la noche, el ex actor y corredor de autos Cho Kyuhyun, murió en un accidente automovilístico al perder el control en una curva, en la demostración de lo que será la serie CART de este fin de semana. Esta mañana los restos mortales fueron cremados y enviados en avión especial a Alemania, donde sus padres le esperan para ser enterrado. Aquí, en Busán, fue despedido por algunos antiguos amigos, como su compañero de serie infantil, Shim Changmin y su antiguo representante, Jung Jihoon.

Descanse en paz, Cho Kyuhyun.

Jaejoong apretó los puños con fuerza y salió corriendo de la sala de estar a toda prisa. Changmin había estado presente en la cremación de Kyuhyun por la mañana, para el medio día pudo haber estado en el hangar donde estaba el avión que lo trasladaría, pero a esa hora ya tenía que estar en la escuela.

Si lo conocía aunque fuese un poco, era más que seguro que estuviera encerrado en su habitación, aislado del mundo como siempre, y era ahí donde iba ahora a toda prisa. Si fuese el medio día después de comer estaría en el bosque, pero como ya era de noche…

¡Ahora sabía que eso había sido lo que había dejado a Changmin tan vulnerable! ¡Por eso lloraba la noche anterior! Cho Kyuhyun había muerto, le habían avisado y él había reaccionado como cualquier persona que perdía a un ser querido: con lágrimas.

Sintió que su corazón se le estrujaba en el pecho al saberlo, que pese a que Changmin dijera lo contrario, pese a que dijera que entre ellos no había nada, sus sentimientos lo habían traicionado y había reaccionado al dolor.

¿Sentimientos?

Era raro pensar que el menor tuviera sentimientos cuando siempre se comportaba de una manera tan fría. Pero esas gotas que hubieran caído sobre su brazo se lo demostraban. Shim Changmin no era de hielo.

Llegó hasta la habitación del castaño con el corazón en la garganta y abrió de golpe sin pedir siquiera permiso, adentrándose en la semi oscuridad del lugar apenas irrumpida por la pequeña lámpara del techo. Y ahí, recargado en el respaldo de la cama, se encontró a Shim Changmin. Lo miró desde su lugar, pues el menor ni siquiera se había dignado a verlo, ni moverse de su posición, como si no le hubiera escuchado entrar pese a que el azotar la puerta al entrar hubiese sido de por sí bastante ruidoso.

—¿Changmin? —cuestionó al acercarse, pero este no pareció oírle, porque se mantuvo observando al techo. Esta vez el pelinegro no se molestó porque le ignorara, él lo comprendía, sabía muy bien lo que se sentía—. Changmin, ya sé por qué estás así… —continuó acercándose, dudando unos instantes tras los cuales se animó a sentarse cerca suyo—. Lo siento mucho. —musitó, tentando apenas el brazo del chico para darle apoyo, pero nada ocurrió.

Había estado esperando algún comentario, lo que fuera que le indicara que estaba bien y no debía preocuparse, pero al notarlo impávido sólo se sintió más intranquilo.

—Changmin, sé cómo te sientes, sólo quiero ayudarte, así como tú lo hiciste conmigo cuando murió papá… Sé que te duele, Kyuhyun era tu amigo, tu primer amor, así que sé que… —Pero la mirada que el castaño le dirigió le hizo callar. El menor había bajado la vista para clavarla con furia en el pelinegro. ¿Qué había dicho para que le viera así?

—Tú no sabes nada, Jaejoong. —siseó mordaz, logrando que el contrario se enderezara en su lugar sin comprender.

—Te equivocas. ¿No recuerdas que papá murió apenas la semana pasada? Creo que soy quien más sabe en este momento, y quiero ayudarte a pasar el mal trago. No estás solo, me tienes a mí. —Pero de nuevo, Changmin sólo enarcó una ceja.

—¿Te tengo a ti? ¿Y de qué forma te tengo? —atajó—. ¿Como amigo? Porque según pregonaste ayer por la mañana, nosotros no somos amigos —recordó irónico. Aunque era él quien lo hubiera dicho, pero prefirió no interrumpir—. ¿Como novio? Porque según me dijiste cuando me diste los pendientes, no lo somos. ¿Como un amante ocasional? Porque nos acostamos de vez en cuando. ¿Como qué, Jaejoong? ¿Como qué te tengo?

El pelinegro tragó gordo sin saber qué responder. Después de la pelea con Changmin en la que ambos habían ido a parar a detención (que por suerte sólo los detuvieron esa tarde por el luto del modelo), la subdirectora se encargó de darles a leer un artículo sobre las diferentes etapas que conlleva el duelo, pues según ella, Jaejoong se comportaba agresivo a causa de la pérdida de un ser querido.

«¡Bah! Qué sabe esa vieja amargada del verdadero motivo que me llevó a golpear a Changmin»

Ella se había referido al enojo. Seguro Changmin estaba pasando por esa etapa, y no podía culparle por todo lo que estaba diciendo.

La mirada del chico seguía sobre él, su semblante molesto con las cejas fruncidas y los brazos cruzados, lo que le hacía pensar que buscaba protegerse de algo, quizá de él y sus palabras.

Sin pensárselo demasiado estiró ambos brazos para pasarlos por el cuello del más joven y abrazarle firme contra su cuerpo. Quería transmitirle así que podía contar con él. Pero este se soltó de su abrazo, poniéndose de pie con brusquedad. No obstante eso no bastaría para alejarlo, no cuando sabía que le necesitaba más que nunca; por ello le siguió por el cuarto hasta abrazarlo, esta vez por la espalda.

—Suéltame, Jaejoong. —demandó tenso, las manos a cada costado de su cuerpo. Necesitaba hacer que se relajara, de una u otra forma.

—No voy a soltarte. No voy a dejarte cuando sé que me necesitas —afirmó dejando que su cabeza descansara en el hueco del hombro del menor—. Puedo ser todo lo que dijiste antes. Puedo ser tu amigo, tu novio o tu amante. Todo lo que necesites. —aseguró en voz baja, consiguiendo al fin que la tensión en el cuerpo contrario se disipara un poco.

—¿Por qué? ¿Por lástima? —preguntó al tomarle de los brazos, soltándose suave para girarse y verle a los ojos. Jaejoong lo notó, observó esos ojos castaños llenos de algo que no comprendía. ¿Había en esa mirada que parecía cuestionarle con tanta seriedad?

—No, porque yo… —‘Te amo’. Las palabras acudieron a su mente en milisegundos, pero jamás llegaron a su boca.

¿Podría decirle ahora lo que en verdad sentía por él, sin que lo considerara hueco? ¿Sin que creyera que lo decía sólo porque sentía lástima por él? No. Este no era el mejor momento. Por ello, optó por cerrar la boca y dejar la frase al aire.

El golpe a la puerta les hizo separarse de golpe, observando hasta la puerta como si ésta fuera a abrirse y alguien pudiera descubrirles. Pero no sucedió, en su lugar otro golpe volvió a escucharse. Changmin se giró para ver a Jaejoong con mirada dura.

—¿A quién más le dijiste que estaba aquí?

—A nadie —respondió a la carrera—. En cuanto supe lo de Kyuhyun vine corriendo para acá, no le dije a nadie que estabas aquí, porque no lo sabía. —Changmin asintió y tras un quedo suspiro, volvió a la cama, al lugar que antes hubiera ocupado.

—Adelante. —recitó sin ánimos, ante lo que el modelo no supo qué hacer.

La puerta se abrió y por ella entró Hangeng, seguido de Yoochun. Changmin clavó la mirada en Jaejoong, quien pudo distinguir la oleada de odio en ella. ¡Pero él no les había dicho nada! Ni siquiera sabía por qué estaban ahí, si ellos no conocían a Changmin lo suficiente como para acompañarle en su duelo.

—Changmin —saludó Yoochun colocándose al lado de la cama del actor, en tanto miraba de reojo a Jaejoong al pasar por su lado—. Nos acabamos de enterar de lo de Kyuhyun. —No sólo ellos, toda la escuela, suponía el modelo.

—Y vinimos a hacerte compañía. —secundó Hangeng, lo que sí era una sorpresa, porque lo que eran el bailarín y el actor no parecían llevarse muy bien, y sin embargo, los había visto platicar en el sepelio de su padre. Quizá esa ocasión y ahora esta sirviera para limar viejas asperezas.

—No es bueno para nadie estar solo en momentos como este. —aseguró el músico. Changmin sólo bajó la mirada sin decir nada. Jaejoong dudaba que dijera ‘Gracias’, pero aunque no lo dijera, sabía que se sentía agradecido—. Espero nos permitas acompañarte.

—Por lo menos hasta que apaguen las luces. —aclaró el chino intentando bromear.

—… Está bien. —Y aquella queda afirmación los sorprendió a todos.

Yoochun había esperado que se negara, es más, que los corriera de su habitación o incluso que los sacara a golpes; Hangeng que les dijera que no los necesitaba, que podía pasar eso solo ya que siempre estaba así, en completa soledad; y Jaejoong sabía bien a bien, que muy en el fondo iba a aceptar la compañía de aquellos a quienes consideraba cercanos. Y aunque lo negara, sabía que sus amigos eran los más cercanos que tenía, sólo faltaba que llegara Boa, aunque dudaba que se lo permitieran.

Estuvieron largo rato con él, platicando a gusto de diversos temas sin ahondar mucho en nada, sólo pasando el rato. Y aunque pareciera difícil, Changmin participaba en cada tema. Hablaron desde las condiciones climatológicas hasta del posible ganador del Bambú de Oro en los Asian Film Awards. Changmin ya sabía que Hangeng se iría a Rusia (lo había escuchado cuando se disculpó con Jaejoong por haberse propasado), pero ahora sabía también por qué aún no se marchaba.

—¡Qué difícil es obtener una visa de trabajo! —había dicho el moreno-rubio al ser cuestionado por el actor sobre su partida. Changmin ofreció ponerlo en contacto con el secretario particular del embajador ruso, amigo suyo. Jaejoong se sintió celoso por un momento, pero trató de aparentar que no le había afectado el saber sobre esa amistad.

—Tiene como 80 años, pero todavía escucha. —aclaró el actor cuando notó el ceño fruncido del pelinegro, lo que coloreó las mejillas del susodicho por la vergüenza. ¡Por qué diablos tenía que ser tan transparente!

Cuando las luces se apagaron todos se pusieron de pie para despedirse de Changmin. El tiempo se había pasado tan rápido que no creían que ya fueran las diez de la noche.

—Deberíamos repetirlo —sonrió Hangeng al estirar los brazos una vez fuera de la habitación del actor—. Me sentí muy a gusto, hacía tiempo que no me la pasaba tan bien.

—No te hagas ilusiones, quizá Changmin sólo estaba actuando —comentó Yoochun, no muy seguro de que algo así fuera a repetirse—. Aunque si no lo hacía, fue bastante agradable.

—Changmin no estaba actuando. —acotó Jaejoong con cierto tinte molesto. ¿Cómo era posible que no pudieran distinguir cuando el menor actuaba o no? Si bien él tampoco podía distinguirlo siempre, ahora estaba seguro de que no lo hacía.

—Sí, sí. Tú lo conoces más. —Yoochun palmeó su hombro a broma, lo que hizo al modelo arrugar el ceño.

—¡No digas idioteces! Todavía seguimos peleándonos por casi todo, pero no se me olvida lo que hizo por mí cuando papá murió. —musitó más bajo, tan bajo que ambos chicos tuvieron que acercarse para poder oír.

—¿Y qué hizo? —El bailarín le miró curioso, y Jaejoong levantó la cabeza con asombro. ¿Qué había hecho? ¿Y ahora qué iba a decirles?…

—Él… ah… —balbuceó sin lograr hacer funcionar sus ideas.

—Nos avisó de la muerte del padre de Jaejoong, Hangeng, ¿recuerdas? —Yoochun lo miró, consiguiendo un asentimiento del chino y un suspiro aliviado del pelinegro. El músico le había salvado sin darse cuenta—. Creo que deberías quedarte esta noche con él. —colocó una mano en el hombro de su amigo.

—¿Quéeeee? —Jaejoong lo miró por demás asombrado, como si este le hubiera condenado a muerte.

—Chicos, chicos —La voz del maestro de literatura los distrajo—. Ya es hora de dormir, mañana discuten todo lo que quieran. Ahora a la cama, los tres. —apuró empujándolos para alejarlos de la habitación de Changmin.

—Hazlo, Jae. —animó el músico ya en la entrada de su habitación, frente a la del modelo, en tanto el maestro seguía empujando a Hangeng hasta la suya.

—¡Estás loco! —musitó sólo para que él le escuchara—. No me voy a quedar con él.

—Pues deberías. —Y sin más, se volvió para ingresar a su cuarto.

Jaejoong se quedó observando la puerta de Yoochun por unos segundos, girándose después para entrar a su recámara con las palabras de su amigo en la cabeza. Sí, claro que iba a quedarse con Changmin, pero no iba a decírselos.

Muy a prisa se cambió de ropa para ponerse el pijama, quería llegar rápido a la habitación del actor, pues no deseaba dejarlo solo mucho tiempo. Le hubiese gustado darse un baño antes de ir con él, pero se contuvo, quizá pudiera bañarse en la habitación de Changmin después… El solo hecho de pensarlo le hacía sonrojar.

Corriendo saltó de un balcón a otro y entró a la habitación del actor, si alguien esperaba que entrara por la puerta estaban muy equivocados. Necesitaba mantener su relación en secreto, por la carrera de ambos. Sabía que Changmin no estaba interesado en su carrera, él quería decirle a medio mundo que era gay, pues no se dedicaría de por vida a la actuación… tenía otros planes para el futuro. ¡Pero él no!

Al entrar por la puerta corrediza lo encontró de nuevo sentado en la cama con la vista al techo, pero ya con el pijama puesto. Avanzó despacio hasta ahí, subiendo sobre el colchón para quedar frente a él.

—Ya vine. —avisó como si hiciera falta, la mirada del menor apenas bajando para verle con esa indiferencia usual.

—Si no lo dices no me doy cuenta. —Jaejoong suspiró ante el sarcasmo, por lo visto su humor no había mejorado nada—. Pero no es necesario que te quedes. Puedes irte a dormir, yo estoy bien.

Lo imaginaba. Imaginaba que Changmin haría algo como eso, alejarlo como hacía siempre. Quizá había pensado que permitir la compañía de Yoochun y Hangeng, además de la suya, había sido una debilidad que no debía repetirse. No se iría.

—Pero voy a quedarme esta noche, aquí, contigo. Si quieres dormiré en el suelo, pero de tu lado no me muevo. Estás sufriendo mucho, no voy a dejarte solo. —aseguró cruzándose de piernas y brazos frente a él con renuencia. Esa la clara muestra de que no le haría cambiar de opinión. Changmin se levantó de la cama para ir hasta el peinador, a lo que Jaejoong se giró e hincó para verlo.

—Tú no entiendes nada, Jaejoong —repitió aquella misma frase de hacía unas horas—. No estoy sufriendo por Kyuhyun. —afirmó de un modo tan frío que se le hizo imposible de creer.

—Pero… anoche estabas llorando por su muerte. ¡Estabas sufriendo! ¡No mientas, Changmin! Por una sola vez deberías reconocer tus sentimientos. —El mencionado giró para verle y Jaejoong pudo ver en sus ojos la determinación, iba a continuar negándolo y él no lo dejaría. Tenía que sacarlo todo ahora para que esa herida cicatrizara, si no nunca lo haría.

—¡Tú no entiendes nada! —vociferó esta vez—. Yo no estaba sufriendo por Kyuhyun, no sentí nada con su muerte. —Esas palabras en un tono tan alterado le sacudieron el corazón.

—¿Qué? ¿Cómo que no sentiste nada? ¡Era tu amigo! Quizá tu único amigo. Debiste sentir algo, estabas llorando… —aseguró sin creerle.

—Kyuhyun y yo éramos amigos hace casi 10 años —acotó girándose de nuevo, la mira perdida en sus manos—. Después de la cancelación de la serie él se fue a Alemania con su familia y lo que yo sentía o llegué a sentir por él se enfrió. Sí, nos hablamos una que otra vez, nos enviamos uno que otro e-mail, nos visitamos uno que otro día, pero nada más. Cuando supe de su muerte sentí pena, pero por él. Aunque no me lo creas, no me dolió su muerte como todos creen. —¡No era verdad! No podía ser tan insensible si había estado llorando.

—¿Entonces qué fue lo de anoche? —acusó poniéndose de pie para llegar hasta él. Changmin alzó la mirada, observando a Jaejoong por el reflejo del espejo en el peinador.

—Nada. —Y el pelinegro se molestó por tanta indiferencia.

—¿Nada era lo que salía de tus ojos y mojaba mi brazo? —Ojalá Changmin fuera como él, para poder leer en su semblante como todos leían en él, pero sabía que eso era imposible. Sin embargo, lo vio bajar la vista de nuevo hasta sus manos, y cómo estas se cerraban en puños.

¿Ahora qué le pasaba?

—Es que me di cuenta de algo. —El pelinegro se acercó más, extrañado.

—¿De qué te diste cuenta? —preguntó en el mismo tono bajo, pero Changmin no hacía más que apretar los puños. Pudo verlo incluso mordiendo su labio inferior, como si se contuviera para soltar algo—. ¿De qué te diste cuenta, Changmin? —insistió, observándolo abrir los puños para apoyar las palmas contra el peinador, regresándole la mirada a través del espejo.

—De que nadie tiene la vida comprada. —Jaejoong parpadeó confuso y el más alto se volteó para verle. Su mirada transmitía dolor, uno que él entendía tan bien, porque era el mismo que él sentía: el de la soledad—. No debemos pensar en el futuro porque no sabemos si vamos a llegar.

—Pero Changmin… —intentó abrazarlo, pero el menor avanzó hasta el buró y sacó un sobre que le tendió al pelinegro.

—Kyuhyun tenía pareja desde hacía cinco años e iban a casarse —explicó sin verle a los ojos—. Vino a verme para dejarme la invitación a su boda. —¡¿Qué?! Y él tan celoso que se había sentido al ver al corredor en la escuela. ¡Maldición! Al ver el otro nombre en la invitación, se dio cuenta de que Kyuhyun seguía siendo gay, tal como Mei lo había asegurado. Pero era un hombre enamorado, y no de Changmin.

Se sentía como un verdadero idiota, si tan sólo Changmin se lo hubiera aclarado…

—Lo siento… —susurró dejando la invitación sobre el buró.

—Nadie tiene la vida comprada. —repitió el actor. Jaejoong sintió que el menor intentaba tatuarse esa frase en la memoria, como si quisiera darse valor para hacer algo que había postergado desde hacía tiempo. Eso le dio una idea.

—¡Y tú desperdiciándola peleando con tu madre! —Changmin se enderezó sorprendido para verlo, pero ese gesto fue pronto remplazado por un notable fastidio. El mayor no supo si tal reacción era por sentirse descubierto, o porque había errado en sus suposiciones.

—No entiendes nada de lo que te digo —siseó exasperado—. ¿Qué tiene que ver mi madre en todo esto? —¿Dijo madre? ¡Lo sabía! Changmin nunca había dejado de quererla, aunque se empeñara por querer odiarla.

—¡Todo! Ni tú, ni ella ni nadie, tienen la vida asegurada. El día de mañana uno de los dos puede morir y no habrás perdido la oportunidad de hacer las paces con ella. —afirmó el modelo, aunque pensándolo mejor, ni él mismo tenía la vida comprada. Tal vez era hora de decirle a Changmin que lo amaba.

—¡Sí que eres terco!

—¡Y tú lo eres más! Olvida ese estúpido orgullo y pídele una disculpa. Es todo lo que te está pidiendo.

—No.

—Changmin… —suplicó.

—He dicho que no. —sentenció arrinconándolo contra la pared junto al peinador. Esa mirada fiera escudriñándole hasta lo más profundo de sus ojos le hacía estremecer; o quizá fuera culpa de aquel tono grueso y dominante—. Olvidemos esto de una buena vez. —Y sin darle oportunidad a queja le tomó de la barbilla, apresando por sorpresa sus labios con los propios.

Por un segundo, el mayor llegó a creer que Changmin le asaltaría con un beso rudo, igual a los primeros, cargados de pasión y salvajismo; pero se había equivocado en rotundo. Este beso era diferente, porque aunque estaba lleno de pasión, resultaba un tanto… ¿tierno? Era un roce suave sobre sus labios, susceptibles a la tibieza de la piel sobre ellos sin apenas tocarlos, provocando no sólo choques eléctricos, sino placenteras cosquillas que hormigueaban por toda su dermis y le hacían temblar. ¿Qué era esto nuevo que estaba experimentando? Esto que le aceleraba el corazón y los sentidos…

Los labios del castaño se presionaron contra los suyos, sintiendo después la cálida lengua del chico pidiendo permiso para ingresar, lo que consiguió casi de inmediato. ¿Cuándo había pedido antes Changmin permiso para entrar a su boca? Y entró despacio, saboreando, embriagando con su sabor.

Todo parecía dar vueltas a su alrededor, con la razón fugándose demasiado pronto de sí. Fue la exquisita sensación de aquella boca sobre la suya, la que le hizo olvidarse de todo. Poco a poco se fue dejando llevar por todo lo que Changmin conseguía hacerle sentir, cosas que sus anteriores besos no despertaban en él y que, aun los besos de las mujeres, no habían logrado despertado, ¿Por qué ese beso era tan diferente? ¿Por qué parecía transmitir algo que antes no había podido sentir? Y es que presa de toda esa marejada de emociones, se dejó envolver por el deseo que un solo beso -¡Uno solo!- había despertado en él.

Changmin lo tomó por la cintura, acercándolo para profundizar en tanto le empujaba con su cuerpo contra la pared. El contacto fue volviéndose más apasionado, cada vez más urgente mientras se peleaban por un control que ninguno quería ceder, pero que sólo servía para acrecentar la pasión que sus cuerpos se encargaban de exudar.

El cuerpo del mayor fue pronto conducido de espaldas por la habitación, hasta que el borde del colchón colisionó contra sus piernas y ambos cayeron sobre la cama, el castaño encima suyo. Este no dejaba de recorrerle por sobre la seda del pijama, movimientos suaves que se encargaban de impregnarse por completo en su cuerpo, robándole uno que otro suspiro. La ropa se hacía estorbosa, pero ya que Changmin no parecía tener intenciones de retirarla fue el mismo Jaejoong quien alzó sus manos para empezar a desabotonar la prenda superior del actor; acarició su pecho, y tras robarle un jadeo lanzó lejos la camisa del pijama para dejarlo descubierto.

—Jaejoong… —escuchó la voz ronca llamarle con una sensualidad que le hizo estremecer.

Se sentía arder por dentro, con la respiración acelerada y su cuerpo temblando sólo de sentir las manos del más joven tocarle, la piel caliente que recorría con sus dedos. Aquello era tan distinto, tan erótico que los jadeos no podían dejar de escapar de su boca, aun cuando esta se encontraba aún ocupada por la del actor.

Pero se separó de aquellos labios, dejando un camino húmedo en el recorrido por la cremosa piel del chico hasta su pecho, donde varios besos superficiales pero cargados de sensualidad llovieron sobre la bronceada dermis. Podía sentir al castaño temblar ante la exploración, disfrutar de algo a lo que él jamás había tenido tiempo ni oportunidad de aprovechar como lo hacía ahora.

—Changmin… —murmuró el nombre de su amante, obteniendo un gemido ahogado en respuesta.

Dedos largos empezaron a recorrer la espalda del modelo, alzando con lentitud el saco del pijama y dejándose vía libre para recorrer aquella piel pálida y perfecta. Jaejoong a su vez acariciaba los omóplatos del actor, de donde le siguió un cálido recorrido por la espina dorsal hasta la base, donde introdujo las manos hasta tentar sus glúteos.

—Despacio, Jaejoong… —se quejó el menor al sentir aquellas manos sobre él. El pelinegro sintió entonces la creciente excitación ajena chocar contra su vientre, y su sangre hirvió.

El saco de su pijama pronto fue olvidado en el suelo, en tanto Changmin comenzaba a bajar por su cuello y sus manos de apoderaban de las rosadas tetillas que adornaban el pecho del modelo, acariciándolas con movimientos circulares y sugerentes. Jaejoong apretó ambas manos sobre el trasero del castaño, estrujando la piel mientras gemía presa del ardor que el menor conseguía despertar en él, excitándolo cada vez más.

—Changmin, sigue… —suplicó, delirando por las sensaciones sobre su piel. Temblaba de pasión y poco le importaba hacérselo notar, consciente del sudor que ya perlaba el cuerpo de su compañero, justo igual que el suyo.

Los labios de Changmin se cerraron sobre una de las tetillas que antes acariciaba, dándole libertad a su mano para bajar por el vientre del pelinegro hasta llegar al elástico del pijama, por donde se introdujo para atrapar su miembro ya despierto.

—¡Changmin! —gimió al sentir aquellos dedos moviéndose sobre su dura intimidad, en tanto la otra mano del joven se apresuraba a bajarle el pantalón del pijama, rebelando así la ansiedad que se había estado escondiendo bajo la tela.

Sólo que Jaejoong no se quedó quieto, dejando el trasero del actor para buscar su miembro y acariciarlo por igual, robándole un sonoro gemido al contrario. Entre el masturbar y ser masturbado, una idea traviesa se coló entre sus pensamientos.

—Me dejarás volver a estar dentro de ti… —insinuó sensual, logrando que Changmin apenas se detuviera un segundo para alzar la mirada y asaltar sus labios.

—Lo haría… —aseguró, sorprendiendo al pelinegro—, pero aún estoy muy adolorido por lo de ayer. —afirmó volviendo a bajar por su blanca piel, haciéndolo reír.

—No aguantas nada —sonrió, arqueándose gracias a sus caricias—. Te aseguro que la segunda vez es menos…

No alcanzó a terminar. Un fuerte gemido escapó de sí cuando algo húmedo y tibio se cerró sobre su miembro, haciéndolo jadear de placer y arquear la espalda ante los rápidos movimientos que la boca ajena le proporcionaba.

—¡Aahh! Changmin, Changmin…

Las prendas restantes de Jaejoong terminaron en el suelo y sus caderas fueron sujetas por las manos del menor, quien le sujetaba con fuerza mientras devoraba aquella creciente intimidad, chupando, succionando, dejándolo salir con rapidez sólo para volver a entrar.

Jaejoong se sintió subir al cielo, presa de la excitación y el placer que Changmin sabía bien cómo despertar en él, lo que le nubló la mente lo suficiente para no sentir molestia alguna cuando un primer dedo empezó a sumergirse en su entrada. Su cuerpo hervía a punto de llegar al clímax, lo sabía porque su miembro palpitaba cada vez más fuerte y sus gemidos escapaban cada vez más alto.

—¡Chang…min! ¡AAHHH! —ahogó ruidoso, descargando finalmente su semilla en la boca del actor.

Su cuerpo tembló entero presa del orgasmo, pero a pesar de sentirse desfallecer logró notar aquello que se retiraba de su entrada. Al alzar la vista encontró a Changmin retirándose el resto de la ropa, girándose para abrir el primer cajón del buró y sacar un pequeño sobre de color metálico. Sabía lo que era, y no lo quería.

—Déjalo —pidió entre jadeos—. No lo necesitas… —Pero el castaño le ignoró, rasgando el pequeño sobre para abrirlo—. ¡He dicho que no! —protestó incorporándose a medias, lo suficiente para conseguir detener el brazo del actor.

—Es para que no te duela… —Jaejoong negó con la cabeza.

—Si no quieres que me duela sólo tómame ahora, ya no aguanto más sin ti…

Sonrió cuando vio el condón caer a la basura y aquella bien tonificada figura acomodarse entre sus piernas; los dedos hundiéndose una vez más en su abertura le obligaron a arquear la espalda. No sabía en qué momento Changmin había empezado a prepararlo, pero el dolor había quedado lejos, olvidado por el placer que ahora sacudía su cuerpo de arriba abajo.

Sus brazos se entrelazaron sobre el cuello del menor, besando la piel expuesta que arrancó ligeros gemidos en respuesta. Otro dedo más se abrió espacio para preparar aquel estrecho pasaje, anticipándose a lo que venía a continuación.

Changmin le levantó las caderas y Jaejoong entrelazó las piernas sobre su espalda para recibirlo.

—Jaejoong… —gimió, sofocado por aquel apretado orificio que apenas y conseguía dar de sí para dejarle entrar, atrapándolo entre sus cálidas paredes.

—Chang…min… Ugh…

Con un solo movimiento, rápido y certero, Changmin consiguió hundirse en su amante por completo, arrancándoles a ambos un grito jadeante e intenso. Las uñas de Jaejoong se clavaron en la morena espalda al sentirlo moverse sobre sí, salir y volver a sumergirse en su interior al inicio con lentitud, sintiendo todo de él, para después empezar a tomar cada vez más velocidad.

—Changmin…

—Jaejoong…

Este sintió al menor buscando una de sus manos para entrelazar sus dedos, mientras con la otra tomaba su miembro que ya volvía a despertar y lo masturbaba a la par de las embestidas, que chapoteaban contra su ingle. Lo sentía hundirse hasta el fondo, acariciar cada rincón y tocar cada uno de los puntos sensibles que desplegaban sensaciones electrizantes por cada uno de sus músculos, llevándolo al límite.

Cada vez más rápido…

Cada vez más fuerte…

Arrancando con cada penetración un gemido cada vez más alto…

—Changmin… ¡POR DIOS, CHANGMIN! —gemía alto y sin controlarse—. ¡Te amo! —soltó evitando el rostro del menor.

—Jaejoong…

Sólo le escuchó murmurar su nombre envuelto en pasión, y más tarde y con un último grito de placer, la esencia de ambos se liberó. Changmin en el confortable interior de Jaejoong, y Jaejoong sobre el estómago y mano de Changmin.

Presas del agotamiento consiguieron recostarse sobre la cama, desnudos y aún enredados en el cuerpo del otro. La mano de Changmin aún entrelazada con la suya, sin cubrir su desnudez, tan sólo disfrutando del contacto de sus pieles todavía ardiendo por la pasión.

La mirada oscura permanecía lejos, sin atreverse a ver a su compañero. Había sido todo muy diferente, y ambos lo sabían. Había dejado escapar lo que sentía por él tras haber jurado que jamás lo haría, aunque sabía que en algún momento tendría que decírselo, había sido en la cumbre del placer cuando se presentó su oportunidad. Y Changmin se había quedado callado. Nada le costaba decir un ‘Yo también’, si bien podría ser sólo por la pasión del momento y no porque realmente lo sintiera.

¿Y si eso era lo que pensaba el actor? Que había dicho aquello sólo por estar inmerso en la pasión del momento y no porque lo sintiera…

Al levantarse un poco de su pecho para verlo, se encontró con aquellos ojos castaños que al parecer, se habían quedado estudiándole desde hacía rato.

—Lo que dije… es verdad —soltó de pronto. El ceño de Changmin se arrugó—. Te amo.

Por un momento, creyó que el chico se levantaría y se alejaría de su lado, que se encerraría en el baño o lo correría de la habitación, tal vez diciéndole que eso no había sido nunca parte del trato y que no podía esperar lo mismo de él. Pero se equivocó.

Lejos de eso, Changmin llevó una mano hasta su nuca, acercándolo para volver a besarle de un modo tan vehemente que sólo consiguió incitarlo, retomando las caricias profusas y los besos fogosos hasta que minutos más tarde y presas del cansancio, el sueño los venció.



–.—.—.—.—.—.–



Yoochun se levantó de la cama un par de horas después de que las luces se hubieran apagado. Necesitaba hablar con Junsu, pero no podía escaparse por la habitación de Jaejoong. No quería ni asomarse por ahí por el mero temor de tener que toparse con una escena como la que había presenciado hacía poco. Y con esa perspectiva, mejor salió de su habitación rumbo a dirección. Esperaba encontrar la puerta abierta y tomar una de las líneas del teléfono de Seohyun; no se equivocó. La puerta estaba sin seguro y las luces todas apagadas, así que entró.

La luz que se colaba por la ventana abierta de la oficina permitía ver bien los números del teléfono, lo que le facilitó marcar los dígitos que Jaejoong le hubiese mencionado antes. Esperó.

—¿Jaejoong?… ¿Jaejoong, eres tú? —la voz adormilada de Junsu llegó clara. De pronto quiso decirle tantas cosas, reclamarle tantas cosas, pero al final nada salió de su boca—. ¿Jaejoong? ¿Estás bien, qué sucede? Sabes que puedes decirme cualquier cosa, haré hasta lo imposible por ayudarte… —Jaejoong tenía razón, Junsu sólo quería ayudarle. Y él que le había acusado tan injustamente.

Suspiró pesado.

—Soy Yoochun.

—¡Yoochun! —la voz de Junsu ahora sonó alarmada y clara. Al parecer, el susto le había terminado de despertar—. Yo… ¿cómo supiste? ¿Cómo conseguiste este número? ¿Le pasó algo a Jaejoong? —bombardeó preocupado ante el silencio contrario—. Vamos Chun, responde. Si tienes este número es que Jaejoong te contó sobre mí, ya debes saber que no hay nada entre él y yo, sólo escucho e intento ayudar…

—Lo sé.

—Entonces dime —suplicó—. ¿Le pasa algo? ¿Está bien? —El silencio siguió, y Junsu tuvo que morderse el labio porque no quería seguir preguntando y arriesgarse a echar de cabeza al modelo—. ¿Te ha dicho el motivo por el que me llama?…

—Sí —Yoochun guardó silencio y esta vez Junsu también calló—. Perdóname, Su… Fui muy injusto contigo…

—No digas eso. Tenías todos los motivos del mundo para creer que…

—No, no los tenía. Debí confiar en ti, debí… —musitó culpable. Se sentía como un criminal disculpándose ante su víctima—. ¡Maldición, Su! ¿Por qué no te enojas conmigo y me gritas que me vaya al diablo? ¿Por qué en lugar de disculparme no terminas conmigo y me dices que mereces algo mejor que yo?

—Porque tú eres lo mejor para mí, y… te amo, Yoochunnie.

Si Junsu hubiese podido ver el rostro de Yoochun en ese momento, habría podido ver cómo las lágrimas caían por sus mejillas, mojando la fina madera del escritorio donde se encontraba. Las palabras habían muerto en su boca al escucharle, por lo cual fue apenas capaz de pronunciar entrecortado un “Yo también… te amo”.



–.—.—.—.—.—.–



Al mediodía del lunes se podía sentir en la cafetería un extraño ambiente de exaltación. Muchos alumnos esperaban impacientes por las cartas de aceptación para el musical de Vaselina. No había otro tema de conversación más que el del mensajero que llegó por la mañana con un cargamento de sobre que debían ser distribuidos entre los jóvenes que habían hecho el casting hacía dos semanas ya.

Jaejoong giraba la mirada para todos lados, buscando al actor. Desde hacía días que no lo veía, para ser exactos, desde aquella noche en que se quedara con él después de la muerte de Kyuhyun. No sabía qué había sido de él, aunque lo había visto en diferentes eventos debido a la cada vez más próxima fecha de los Asian Film Awards. No obstante, no podía negar que se sentía preocupado por él. ¿Estaría realmente bien? Esperaba poder pasar el fin de semana con Changmin, pero había olvidado por completo que tenía trabajo pendiente y había tenido que salir a cumplir con él. Así que se fin de semana no lo había visto.

Ahora estaban a lunes, pera era hora que el actor no se aparecía por la escuela. ¿Iría a llegar en algún momento?

—Vamos, Jaejoong, no estés tan nervioso, seguro que obtendrás ese papel que tanto quieres. —animó Boa, haciendo que el pelinegro volteara verla y le sonriera.

—No estoy nervioso. Escuché de los maestros y algunos alumnos que hicieron la prueba que mi audición fue de las mejores, así que estoy seguro de obtener algún papel. No sé si será el de Danny, pero me conformo con cualquiera mientras no sea el de Sandy o Frenchie. —rió gracioso, contagiando del mismo modo a Boa y a Hangeng por la ocurrencia.

Pronto el silencio se hizo en el lugar y todos los presentes se giraron para ver atravesar las puertas del comedor a la subdirectora, seguida muy de cerca por Seohyun, quien cargaba un par de sobres color manila que se veían llenos.

Más de uno se removía en su sitio nervioso, y Jaejoong sintió que la seguridad que había aparentado con sus amigos se esfumaba de golpe. Seohyun llevaba en las manos su futuro profesional… y amoroso, porque si lo habían aceptado –Que estaba seguro de que era así– tendría que partir rumbo a Seúl en un mes, dejando la escuela… y a Changmin. Y si no había sido aceptado, permanecería otro año más en el colegio y con Changmin, pero tendría que empezar a tocar puertas una vez se graduara.

Un grito de júbilo le sacó de sus pensamientos, volteando hasta donde un grupo de estudiantes felicitaba a una chica que, según reconoció, había hecho el casting junto con él.

«Uno menos» se dijo ya respirando agitado por la excitación. La atención general continuaba puesta en la subdirectora, quien mencionaba nombre tras nombre y Seohyun les entregaba su sobre membretado con el inconfundible logo de la C-JeS.

Gritos de dicha y llanto de felicidad por haber sido aceptados, acompañados de maldiciones, palabras altisonantes y lágrimas de frustración y tristeza al haber sido rechazados; la cafetería se había convertido en un nido de histeria colectiva.

Jaejoong sentía que el sudor frío le corría por la espalda entre más pasaba el tiempo sin escuchar su nombre. Temblaba de miedo y emoción, pero no se animaba a ver hacia Seohyun o la subdirectora, temiendo que de hacerlo, su nombre sería mencionado enseguida y no, aún no quería saber el resultado.

—KIM JAEJOONG. —La voz alta de la subdirectora le puso los pelos de punta, levantándose de un salto ante la sonrisa de Boa, la expectativa de Yoochun y el pulgar alzado de Hangeng.

Cuando se acercó a tomar el sobre de manos de Seohyun pudo notar la encantadora sonrisa que esta le dedicaba, y por un momento sintió de nuevo la confianza. Sólo hasta que alzó la mano para tomar aquello, y se dio cuenta que aún temblaba. Lo tomó rápido y se fue a sentar a prisa ante las miradas inquisidoras de Boa, Yoochun, Hangeng y aquellos que estaban sentados cerca de su mesa.

—Vamos, ábrela —apremió la pelicorto emocionada—. Ya quiero saber qué papel te dieron.

—Sí, Jaejoong, ábrela ya. —secundó Hangeng, apoyado sobre sus brazos para acercarse más al pelinegro y la dichosa carta.

Jaejoong levantó el sobre con temor, iniciando por rasgarlo para sacar la sencilla hoja escrita a computadora. No pudo ver nada por interminables segundos, presa de la vista nublada que sólo le permitía notar algunas manchas. Parpadeó varias veces hasta aclararse la visión, a la expectativa de todos, y leyó:

“Sr. Kim Jaejoong:
Lamentamos mucho informarle que…”

La hoja bajó hasta la mesa sin continuar la lectura, incapaz de seguir leyendo. La mirada de Boa, anegada en lágrimas, era semejante a la de él. Había esperado tanto, soñado tanto, y esas simples palabras echaban todo por la borda.

Se levantó de la mesa y salió corriendo del comedor sin decir nada, pero no era necesario decirlo, sus amigos sabían bien cómo se sentía. No era momento para cuestionarle, ni darle opciones. Lo mejorera dejarlo solo para que meditara bien lo que haría de ahora en más.

Boa estiró la mano y tomó la hoja abandonada sobre la mesa, llamada por la curiosidad hacia el motivo del rechazo. El pelinegro había dado una magnífica audición, todo mundo lo sabía, lo había visto bailar, cantar y actuar. Era un gran actor y bailarín, certificado por los mejores del país. Jamás lo había escuchado cantar, pero según lo dijeron en la audición y comprobó personalmente, cantaba excelente. ¿Entonces, por qué?

“Sr. Kim Jaejoong:
Lamentamos mucho informarle que a pesar de haber presentado una de las mejores audiciones que hemos visto, nos hemos visto incapacitados para ofrecerle un papel en la obra VASELINA, siendo la causa los variados contratos como modelo que le impiden hacer modificaciones a su apariencia.
Es una pena que no podamos contar con usted en nuestra obra VASELINA.
Sin más por el momento, se despide de usted.
Kim Junho.
C-JeS Co.”

Boa bajó la vista con pesar. Quizá si hubiesen hablado con Jaejoong sobre su apariencia, quizá él… Pero qué caso tenía, le habían rechazado por algo que realmente tenía solución, ¿o no?



–.—.—.—.—.—.–



¿Por qué? ¿Por qué, al igual que Changmin, siempre acudía a ese lugar cuando se sentía triste?

Sentado bajo aquel gran roble, apoyando sus brazos sobre las rodillas, dejaba que sus ojos ensombrecidos por la tristeza vagaran sin rumbo fijo entre el paisaje de alrededor.

Ahí mismo, bajo las sombras de ese enorme árbol, había llorado cuando los niños del colegio le llamaban huérfano o adoptado. Siempre lo supo y nunca le importó, pero la forma despectiva en que lo llamaban, como si fuera un insulto, era lo que más había herido cuando apenas tenía 7 años. Había aprendido a ignorar ese sentimiento, y ahora ya no le lastimaba.

Ahí mismo, bajo ese árbol, estaba enterrado su primer y único hámster. Lo había metido de contrabando al colegio al cumplir 8 años, regalo de uno de los clientes para quien filmó un comercial de helados. Solía esconderlo bajo la cama cuando salía de su habitación y éste fue su mejor amigo hasta que, 12 meses después, murió de forma extraña. Se juró no volver a tener una mascota ni entregar su amistad, para que cuando esta se fuera o muriera no volviera a llorar por él. Y lo había cumplido, pero entonces apareció Yoochun y de nuevo volvió a tener un mejor amigo que hasta la fecha no lo había abandonado.

Ahí mismo, bajo ese árbol, había besado por primera vez a una chica. ¡Y no cualquier chica! Había sido su maestra de danza. Ella era 10 años mayor que él, tenía 24 y era realmente hermosa; nunca se arrepentiría de semejante bofetón que le plantó después de ese atrevimiento. Estaba enamorado y estaba seguro que ella también de él, aunque jamás llegó a averiguarlo porque al siguiente día se fue.

Ahí mismo, se le había declarado a Boa una bella tarde de verano y había sido realmente feliz cuando ella lo aceptó como novio.

Ahí mismo, también había terminado con ella y había quedado parte de su corazón tirado por el suelo cuando la vio llorar por él.

Ahí mismo, había discutido con Changmin y escuchado por primera vez la propuesta de ser su amante.

Ahí mismo, pero no por primera vez, se había besado con él.

Ahí mismo, se había enamorado de un hombre.

Ahí mismo. ¡Aquí mismo! Siempre venía a buscarle a él.

Quizá inconscientemente estaba esperando encontrarlo en las ramas de ese árbol, pero tal como en el salón de clases y el comedor, no estaba.

Después de haber leído el comienzo de la carta no tuvo valor para seguir leyendo. Había fincado sus esperanzas en el trabajo, pero lo habían rechazado. Ahora tenía dos opciones: Llorar o levantarse, y en definitiva no se iba a poner a llorar. Ya antes había contemplado la posibilidad de ser rechazado, pese a creerlo una posibilidad remota, pero había ocurrido.

Suspiró pesado y cerró los ojos, abriéndolos al poco. ¿Qué esperaba al ir a buscar a Changmin? ¿Contarle todo lo que pasaba por su cabeza? ¿Que le diera opciones? O quizá, ¿que le consiguiera un papel con su primo? ¡No! Se había prometido a sí mismo que jamás aceptaría algo que viniera directamente del actor, que se ganaría sus papeles porque era el indicado para él y no porque Changmin lo recomendase.

—No debí venir a buscarle… —se recriminó por lo bajo, dándose cuenta que seguro de haberle ido a contar a Changmin lo que pensaba, este lo hubiera malinterpretado todo. ¡Y como no tenía costumbre, el muy idiota!

—¿A quién venías a buscar?

La pregunta lo tomó por sorpresa, levantándose entonces a la carrera para toparse nariz con nariz con quien menos esperaba encontrar. Sonrió sin proponérselo y se prendó de su cuerpo, rodeándole con los brazos. El calor que el actor le proporcionaba le reconfortó, le hizo sentir seguro. Se había sentido tan solo que en ese momento no le importó demostrar por instantes cuánto le amaba, había sentido los brazos del chico rodearle por la espalda y corresponderle el abrazo. Quizá, él también había dejado que sus sentimientos se escaparan de ese caparazón de hielo que siempre parecía cubrirle.

—Changmin, creí que hoy tampoco te vería… —admitió separándose, buscando sus ojos. Notó la calidez en aquella mirada siempre fría y él frunció el ceño extrañado, pero el más joven no cambió su actitud, ni su mirada. Desde aquella noche, después de lo de Kyuhyun, lo venía sintiendo distinto, muy distinto.

—He estado muy ocupado con lo de los Asian Film Awards. Ya sabes, eventos, cenas y demás. Es bueno saber que me extrañaste. —El rubor asoló las mejillas del modelo.

—Yo no te extrañé. —le golpeó un hombro para darle la espalda y que no viera su vergüenza. Comenzaba a sentirse como si en realidad fuesen novios, y no lo eran, ¿o sí? Le había dicho que lo amaba pero, ¿eran novios, o algo por el estilo?

—Qué mal mentiroso eres, tu piel es tan pálida que te delata fácil —Aquel tono burlón bastó para que Jaejoong girara a verlo con el ceño fruncido—. Lo siento.

—¿Eh? —El enojo se evaporó, reemplazado por la extrañeza. ¿Changmin diciendo ‘Lo siento’? ¿Y eso por qué?—. ¿Por qué?…

—Voy llegando y me enteré de que fuiste rechazado —La mirada oscura del pelinegro bajó con tristeza. Por un momento, muy breve en verdad, había olvidado ese tema—. Si quieres, yo…

—¡NO! —negó enérgico. Sabía bien lo que iba a ofrecerle y no iba a aceptarlo—. Ya te he dicho que no quiero que te metas en mi vida profesional, todo lo que obtenga será por mis propios méritos y no porque tú y yo…

—¿Nos acostamos? —Esa sola mención le hizo retroceder.

¿Acostarse? ¿No hacer el amor? No, sólo sexo, nada más que sexo. ¿Qué caso tenía el pensar que había alguna relación seria entre ellos cuando Changmin siempre se empeñaba en hacerle saber que no era más que un objeto sexual para él?

—Si ya lo sabes, no veo el por qué siempre me ofreces lo mismo. ¿No sabes que me ofendes? Es como si quisieras pagarme por… por…

—Acostarnos —Jaejoong suspiró resignado, asintiendo sin decir nada—. Pero yo no estoy ofreciendo pagarte. La compañía teatral C-JeS tiene más obras de teatro, no sólo Vaselina. Puedes calificar para cualquier otra.

—Pero si no me llamaron, es que no sirvo para esto —musitó frustrado—. No terminé de leer la carta de rechazo, pero estoy casi seguro que fue por mi canto. No soy cantante y… —Algo suave y cálido sobre sus labios le acalló, regalándole un cosquilleo que comenzaba desde su boca y continuaba hasta sus pies.

Cerró los ojos y se dejó llevar, disfrutando de la caricia de aquella boca sobre la suya. Era un roce tierno, suave y ligero, pero lleno de la pasión que tanto le gustaba del actor; aunque era distinto, tan lleno de una ternura que era difícil creer que el chico pudiera tener. Los besos de Changmin habían comenzado siendo salvajes y apasionados, pasando por ser sensuales y apasionados, y ahora eran… ¿tiernos y apasionados?

La palabra ‘tierno’ no era aplicable al Témpano de Hielo Shim, y sin embargo, sentía la suavidad de sus manos recorriéndole el rostro centímetro a centímetro, despejando cada mechón de cabello que caía descuidadamente sobre su coloreado rostro. Como recorría su espalda, bajo el uniforme, amoldándolo suave a su cuerpo para profundizar aquel dulce contacto, en busca de recorrer toda su boca y torturarle suavemente con ello.

El aire se hizo necesario poco a poco, obligando a ambos a separarse.

—Yo te dirigí en esa audición —le susurró al modelo, apoyando su frente contra la de él—, y cantas muy bien. No te tortures por eso. Si hubieses terminado de leer la carta de Junho, sabrías la verdadera razón. No creo que haya sido por canto, baile o actuación, debió ser otra cosa.

—¿Lo crees? —Jaejoong intentaba recuperar aún el aliento.

—Lo creo. —aseguró. Tras ello, llevó una mano a la bolsa de su saco y extendió algo frente al mayor.

Jaejoong se quedó observando la cadena que oscilaba libre entre los dedos del más alto, de donde colaba un anillo de oro que destellaba al chocar con los rayos de sol que se colaban entre las hojas del árbol bajo el que estaban.

—¿Qué es?  —preguntó al tocar el anillo con los dedos, su mirada fija en la del actor que parecía brillar con una especie de… ¿emoción?

—Un presente.

—¿Por qué? —le miró extrañado. Jamás se hubiese imaginado recibiendo algo de la persona a quien más había admirado en el mundo. ¿Había? No, más admiraba en el mundo. Porque a pesar de haber sentido que lo odiaba por casi un año, no podía negar que sus cualidades como actor eran envidiables, y lo admiraba por ello.

—Tú me diste unos pendientes, yo te doy esto ahora. —explicó en tanto separaba el broche de la cadena y se lo colocaba al pelinegro alrededor del cuello, pasando sus brazos en torno al mismo, lo que le dejó al pelinegro sentir la suavidad de aquella piel rozar su rostro. Se sintió enrojecer de nuevo. Tal vez habría sido más fácil darse la vuelta, pero sospechaba que el menor disfrutaba de torturarle con su cercanía.

Tomó el anillo que colgaba como dije y sonrió al leer la inscripción.

—¿Tú y yo? Que romántico, Changmin —enarcó una ceja ante su propio sarcasmo—, y algo cursi.

—Sí, es cursi, lo sé, pero me pareció un buen presente. De todas formas, venía dentro del paquete de regalos a los nominados a los Asian Film¹. Yo también tengo uno. —le señaló el otro juego de cadena y anillo que pendían de su cuello.

Jaejoong sonrió complacido y se dio la vuelta para no verle. ¿Un presente? Un presente como se daban los enamorados. Pero entonces recordó que aquí el único enamorado era él. Lo había confesado, había abierto su corazón y Changmin no había dicho nada. Se había prometido que con su amor bastaba y sobraba para los dos pero, ¿realmente era así?

—¡JAEJOONG!

El llamado estridente y a coro de personas les obligó a separarse con rapidez. Podía distinguir la voz de Boa, la de Hangeng (parecía), e incluso la de Yoochun, pero la última no la ubicaba. Quería correr al encuentro, pero también quería estar con Changmin. Al girarse para verlo esperó encontrar comprensión a su muda cuestión, y el menor pareció entender, porque le indicó con un movimiento de cabeza que se fuera. Él le sonrió y salió a prisa de entre los arbustos para encontrarse con sus amigos.

—Hey, ¿qué pasa? —preguntó al ver a Hangeng, Yoochun, Boa y Seohyun. Esta última, notó, traía en mano un sobre con el logo de C-JeS Co. en la esquina superior izquierda.

—Te olvidaste de recoger esta carta. —le extendió el sobre, pero Jaejoong negó. ¿Olvidar? Él ya había recogido su sobre y leído su contenido. Tal vez la compañía había tenido un error y le habían mandado dos cartas de rechazo en lugar de uno.

—No, es un error, Seororo. Recogí mi carta hace rato. —negó el ofrecimiento a la carrera, sintiendo que de nuevo temblaba y la voz le sonaba extraña, cargada de una angustia que no lograba dominar.

—No, Jaejoong… —Esta vez fue Boa—. Varios chicos también recibieron dos cartas. Bueno, en realidad sólo tres, tú entre ellos. ¡Ábrela! Vamos, no tengas miedo. ¿Qué puedes perder?

¿Tres chicos habían recibido dos cartas? ¿Por qué? ¿Y cuál era el motivo de la segunda?

Con el pulso tembloroso tomó el sobre y lo rasgó para sacar su contenido, empezando a leer en voz alta:

“Sr. Kim Jaejoong:
Nos complace informarle que ha sido seleccionado para tomar parte en nuestra puesta en escena de EL FANTASMA DE LA ÓPERA, que se llevará a cabo el próximo mes de Septiembre, en Seúl”

—¡Dios mío, Jaejoong! —brincó la pelicorto emocionada, interrumpiendo la lectura de su amigo. Ni él podía creer lo que estaba pasando, la boca se le secaba y la emoción invadía su cuerpo, acelerándole el corazón. Reunió fuerzas y siguió.

“El papel que se le ha sido asignado, gracias a su talentosa voz, gran actuación y apariencia, es el de EL FANTASMA”

El grito de las dos chicas en el grupo se elevó en el lugar y Jaejoong volvió a interrumpirse por algunos segundos. Aprovechó la pequeña distracción para pasar saliva y humectar su garganta, esperando que la voz pudiera salir para terminar de leer.

“En breve nos pondremos en contacto con su representante para ultimar detalles.
¡Felicidades!
Kim Junho.
C-JeS Co.”

Jaejoong enmudeció con la mirada perdida en la hoja entre sus manos, mientras sus amigos le felicitaban. Boa y Seohyun empezaron a dar saltitos a su alrededor cual par de niñas bailando sobre su primer charco de agua, Hangeng le palmeó la espalda y Yoochun le sonreía en señal de apoyo.

¡Iba a actuar! ¡Dios mío, iba a actuar! Estaba tan emocionado que no sabía cómo reaccionar. Un segundo antes había estado triste por el rechazo y ahora, ¡iba a actuar! Y en una gran obra, una que tenía un sinfín de premios.

¡Iba a ser el Fantasma! El personaje principal. Ahora caía en cuenta sobre aquella segunda canción que le habían hecho interpretar, era de la obra que ahora iba a protagonizar. “The music of the night”. Por eso le resultaba tan familiar. Ahora lo recordaba, su padre, en un viaje relámpago a Seúl, cuando tenía 10 años, lo había llevado a ver esa obra y había quedado encantado. Se había prometido que, algún día, subiría al escenario a interpretar un personaje principal.

¡Y ahora era cuando esa promesa se iba a cumplir! Estaba tan emocionado, pero…

¿Y Changmin?

Giró la cabeza hasta aquel lugar donde momentos antes había estado con el actor y lo encontró ahí de pie, contemplándolo serio, con ambas manos en las bolsas del pantalón. Estaba seguro de que habría escuchado todo, y si era así debía saber que iba a irse pronto. Quizá no tan pronto de haber quedado seleccionado para Vaselina, pero sí debía irse una vez terminado el curso para empezar con los ensayos.

Changmin no dejó de observarle en ningún momento. Hubiese deseado estar solo para poder correr a su lado y juntos decidir lo mejor para ambos, pero había demasiada gente a su alrededor. Fue entonces que lo vio darse la vuelta de espaldas a él y caminar bosque adentro. ¡Dioses! Tenía que irse de la escuela a cumplir su sueño de actuar. Irse… de Changmin también, ahora que las cosas entre ambos parecían ir tan bien, como si realmente fuesen enamorados.

¿Qué hacer? ¿Qué?

¿Renunciar a su sueño de actuar por seguir a la persona que amaba? ¿O renunciar al amor por actuar?

La decisión era sólo suya, y no sabía qué hacer…



–.—.—.—.—.—.–



Había tratado de hablar con Changmin durante toda la tarde del lunes, pero había sido imposible. Por un momento creyó que por la noche lo tendría en su habitación, puesto que las anteriores tres no lo había visto, pero de nuevo se equivocó. Cuando brincó al balcón del actor para ir a su encuentro, sólo encontró una nota para él, al parecer previendo que iría a buscarlo. La nota le avisaba que no estaría en la escuela esa noche y quizá, tampoco por la mañana del día siguiente, pero que esperaba verlo por la siguiente noche.

«¿Changmin dejando notas?» Un punto más en esa lista de comportamiento extraño que debía comenzar a llevar.

El hecho de que Changmin le avisara que no llegaría en toda la noche y que quizá por la mañana tampoco estaría, no le evitó el voltear constantemente hacia cada puerta por la que pudiera aparecer. Al salir de su habitación para ir a desayunar, no pudo evitar el voltear a la recámara del menor para ver si de casualidad salía de ella. Cuando llegó al comedor, seguía volteando hacia la mesa que siempre ocupaba o la puerta por donde llegaban los demás alumnos, para ver si entraba. Cuando llegó al salón, su mirada giraba de tanto en tanto al banco que siempre ocupaba, o a la puerta, esperándolo llegar…

Y sin embargo, ya casi era medio día y no había señales de Shim Changmin. No sabía que podía extrañarlo tanto. Desde aquella noche en la que se había quedado con él, no habían vuelto a hacer el amor. ¿El amor? ¡Sí! Estaba a meses de dejarlo ir, bueno, aunque quien se iba era él… y Changmin lo sabía. Quizá ese era el verdadero motivo de su ausencia, y no tanto el estar ocupado con lo relativo a los Asian Film Awards.

Hubiera seguido cavilando, pero la puerta de la sala de prensa dos apareció ante sus ojos, sacándolo de sus pensamientos. ¡Y cuántas gracias daba a a eso! Ya estaba empezando a tornarse muy pesimista. Sujetó el picaporte, sintiéndose extraño. Cuando estaba en clases, escuchó que alguien le buscaba en ese lugar, así que decidió ir de inmediato. No sabía quién era, pero suponía no era Sunny, y eso era lo extraño.

Al abrir la puerta se encontró de frente contra esa mirada familia a la que tanto temía, al igual que esa sonrisa que sabía, cuando se le dirigía, es porque algo traía entre manos.

En cuanto se puso de pie para acercarse a él, retrocedió.

—Vamos, hermanito, no voy a hacerte nada. —La burlona voz de Hyunjoong lo despertó de lo que creía era una más de sus pesadillas infantiles, aquellas donde lo veía azotándolo contra el suelo y golpearlo hasta hacerle perder el sentido.

—Hyung… ¿Qué haces aquí? —Era la última persona a quien esperaba ver, pero de las pocas que tenían permiso para entrar; quizá por eso se sentía extraño, porque sabía que algún familiar estaba en la escuela para verlo.

Hyunjoong se acercó a él sin perder la sonrisa y lo tomó por los hombros, haciéndolo respingar. Sabía lo mucho que Jaejoong le temía, pero este sólo le sintió palmearle los hombros con las manos, tal como solía hacer su padre cuando vivía, para que se relajara y olvidara los nervios.

—Relájate, no vine a golpearte ni exigirte nada de lo que papá te dejó —aseguró con esa sonrisa que el pelinegro sintió real. Entonces lo soltó y giró para darle la espalda—. Sé que papá tenía toda la razón al protegernos como lo hizo. Si le dejaba todo a mamá ella seguro me lo daría para que yo siguiera apostando. —Jaejoong no sabía si creerle o no, era claro que su hermano sabía actuar cuando lo necesitaba—. Por lo mismo, necesito pedirte un favor.

—¿De dinero? —inquirió previendo la respuesta, pero Hyunjoong ni se inmutó, sólo avanzó hasta el escritorio y se sentó para observarlo desde ahí.

—Necesito comenzar de nuevo. Quiero corregirme y sentar cabeza, tal como papá quería, así que me voy a Japón. —Jaejoong tomó asiento en la silla frente al escritorio sin poder asimilar la seriedad con la que el mayor hablaba. Si tan sólo pudiera creerle, pensaba con tristeza—. Sé que no me crees, hermanito —El pelinegro se sintió poner a la defensiva. Hyun sólo usaba esa palabra cuando se burlaba de él—, pero te estoy diciendo la verdad. Voy a irme a trabajar a un casino en Yokohama, mira —sacó un boleto de avión y carta para mostrarle—. Me voy este domingo y comienzo el miércoles en este casino —señaló el membrete de la carta, que era realmente una de trabajo, donde lo aceptaban como crupier—, y necesito de tu ayuda para solventar los primeros gastos. Ya sabes, comida, casa…

—Hyung, yo… —Al ver el boleto y la carta, supo que todo era real. ¡Hyunjoong no mentía! Iba a irse a otro país a comenzar de nuevo. Y si en sus manos estaba ayudarle a enderezar su camino, lo haría.

—Además, ¡voy a casarme! —Jaejoong abrió enormes los ojos.

—¿Con la pelirroja despampanante que llevaste a los BIFF? —preguntó sorprendido, a lo que su hermano se mostró asombrado para soltar la carcajada después.

—Claro que no —aseguró entre risas—. Esa chica… en realidad se hace llamar Sunhee, y se fue con Lee Seungri. —volvió a reír. Jaejoong lo recordó en ese momento y no pudo sino reír también.

—Lo siento, hyung, pero como no te conozco novia, por un momento creí…

—Bueno, voy a casarme —le interrumpió—, pero aún no sé con quién —Jaejoong le miró nervioso. ¿Qué pensaba hacer?—. Voy a cumplir con los términos del fideicomiso, voy a casarme y a tener un hijo, así cobraré lo que papá me dejó y te pagaré lo que ahora me prestes. ¡Lo prometo! —alzó su mano derecha. Con ese gesto, sabía que Hyunjoong cumpliría. Podían acusar a su hermano de jugador, de manipulador, truan, pero no de romper una promesa.

—Espérame aquí —le pidió al ponerse de pie—. Voy por mi chequera.

—¡Gracias, hermano!

Tras aquello, salió de la sala de prensa, no sin esperar fuera de la misma un momento. Había dejado la puerta apenas un poco entreabierta, esperando quizá, alguna burla de su hermano. Pero sólo lo vio ahí, sentado, con  la cabeza baja y sin moverse ni decir nada. Cuando niños, si Hyunjoong le lograba sacar algo (algún juguete nuevo o dinero de su mensualidad), solía burlarse en cuanto él se daba la vuelta para traérselo; ahora no había sido así. Eso le terminó de dar la seguridad para ir a su habitación y extender un cheque por una fuerte cantidad, la que creía suficiente para que viviera unos 6 meses sin trabajar. Claro, a menos que los apostara, pero ese ya no sería su problema.

Rogaba porque en ese tiempo, estando solo, sin su madre que le protegiera y le sacara de problemas, lograra meditar mejor las cosas. Casarse sin amor le llevaría a un rompimiento doloroso, y traer a un hijo en un matrimonio así… No, ojalá lo pensara bien, si no quería que su hijo padeciera la falta de cariño que ellos también sufrido por igual.

Cuando Hyunjoong vio las cifras en aquel trozo de papel quedó pasmado. Nunca hubiera esperado que su hermano, aquel a quien siempre había hecho daño, le pudiera dar tanto.

—No cabe duda… que papá tenía la razón al quererte tanto. Eres el mejor, Joongie.

—No, hyung, papá nos quería a todos por igual. —«Pero no sabía demostrarlo», pensó.

—Él siempre tuvo un afecto especial por ti, pese a ser adoptado. Siempre fue a tus competencias y obras de teatro en la escuela, cuando yo siempre tuve que conformarme con la presencia de mamá —«Y yo jamás la vi en ellas», pensó—. Eso era porque nosotros jamás pudimos demostrarle nuestro cariño. Cuando llegaste a casa, pensé que estabas robando el poco amor que me tenía… Por eso te golpeaba, yo… Perdón, Jaejoong. —musitó al ir bajando la mirada.

—No hay nada qué perdonar, yo siempre entendí eso. Siempre supe por qué lo hacías, y lo entiendo. No tengo nada qué perdonar.

Sabía que a su hermano le costaba trabajo pedir un perdón. Nunca lo había hecho por sí mismo, pues cuando lo hacía era sólo porque su padre lo obligaba. Por ello sabía que hacerlo ahora frente a él, era algo difícil. No iba a torturarle con reclamos o burlas, era mejor dejar las cosas así. Si Hyunjoong mentía o no, el tiempo lo diría, y él rogaba porque la muerte de su padre fuera el detonante suficiente para hacerle aterrizar y cambiar.

—Te deseo suerte… hyung. —lo miró por segundos, dudoso. Hyunjoong lo notó, tomándolo por la ropa para jalarlo y darle un fuerte abrazo que tomó a su menor por sorpresa.

—¡Gracias!… Hermanito. —Y tras estrecharlo con más fuerza, lo soltó, dándose la vuelta para marchar sin ver otra vez atrás.

Jaejoong se quedó de pie, la mira fija en la puerta por donde su hermano se hubiera ido, preguntándose si aquello había sido una más de las ilusiones provocadas por su hiperactiva imaginación y las enormes ganas que tenía porque la situación con su familia se compusiera. Pero esa duda se despejaría, el día que viera su saldo en el banco.



–.—.—.—.—.—.–



El miércoles por la mañana se encontró de nuevo buscando a ese antipático y engreído de Shim Changmin. ¿Y ahora qué diablos le había pasado? Lo había estado esperando toda la noche, oh bueno, por lo menos hasta que el sueño lo venció. Pero al despertar, se dio cuenta que el día había llegado y que contaba con muy poco tiempo para arreglarse y bajar a desayunar.

—¿Por qué Yoochun ya no vendrá a despertarme? —se preguntó al ver su reflejo frente al espejo, perfectamente vestido y peinado.

Al salir de la habitación, se encontró a sí mismo volteando hasta la puerta de Changmin con ese profundo hueco punzando en el pecho. No podía imaginarse sin él, y sin embargo, estaba decidido a irse a Seúl. ¿Estaría Changmin dispuesto a seguirlo? ¿Y si le decía que no? Su relación física era perfecta, pero no había contacto entre sus corazones. ¿Sería eso suficiente como para hacer que Changmin le siguiera, abandonando la escuela y algún futuro proyecto? ¿Y si Changmin le decía que renunciara a su sueño y se quedara con él, estaría dispuesto a hacerlo? ¡No! No quería, no podía. La relación con Changmin terminaría tarde o temprano y ese día comenzaba a hacerse más visible, pues podía incluso ponerle fecha: el día que tuviera que irse.

—Jaejoong, ¿no vas a bajar a desayunar? —La voz de Yoochun le sacó de sus pensamientos. Se había quedado de pie observando en dirección a la recámara de Changmin, sin ni darse cuenta en qué momento el músico salía de la suya. Se dio la vuelta y le sonrió.

—Claro, muero de hambre. Vamos. —animó al seguirle el paso por el pasillo en silencio, pero Yoochun entendió de inmediato. Changmin no había vuelto a la escuela desde el jueves pasado y ya estaban a martes. Seguro el pelinegro lo extrañaba mucho, tanto como él extrañaba a Junsu; eso le recordó algo.

—Jaejoong, de una vez te aviso, esta noche voy a colarme a tu cuarto para escapar de la escuela. —El mencionado alzó la vista y volvió a sonreírle.

—¡Vaya! Ya era hora de que te contentaras con tu novia. ¿Pero por qué avisas? Usualmente sólo llegas a mi cuarto sin decirme nada, te vas al bar sin invitarme y regresas de madrugada sin un regalo para tu sediento amigo. —recitó haciéndose el ofendido, aunque las mejillas de su amigo se tintaron con suavidad.

—¡Cumplo con avisarte! —aclaró al acelerar el paso para llegar al comedor, donde ya el resto de sus amigos se encargarían de borrarle de la cabeza las preguntas que el modelo se empeñaba en hacer con respecto a su cambio de costumbre al avisarle de su salida. ¡Jaejoong seguía siendo igual o peor de despistado!

Y Changmin tampoco llegó a la hora del desayuno, ni durante las primeras clases. Rogaba porque se presentara al taller de teatro, aunque tampoco podría asegurar que lo haría. Según las noticias del espectáculo, las fiestas previas a los Asian Film estaban en su apogeo y a Changmin se le veía en todas y cada una de ellas, como siempre: frío, sin dar demasiados detalles sobre su vida ni pasado, sin aceptar o negar ningún romance con alguna mujer u hombre, lo que había vuelto a despertar una serie de rumores sobre su sexualidad alrededor. A cada evento que iba, se le veía llegar solo o en compañía de Rain. Si Taeyeon estaba presente, no se le veía a su lado, pero tampoco mujer u hombre. Jaejoong no había perdido detalle de eso, y se sentía aliviado de verlo así.

Mientras tomaba una de las últimas clases, volvió a escuchar su nombre a través del altavoz, resonando por todo el salón, citándolo en la sala de prensa dos, de nuevo. Se puso de pie con renuencia ante la mirada y seña del maestro que le instaba a salir a prisa, sin que siquiera interrumpiendo su clase, y lo hizo, sólo porque su mente había estado demasiado dispersa como para lograr haber puesto algo de atención a la lección del día.

Se encaminó lento hasta el lugar, sin ánimo de llegar porque suponía que sería Hyunjoong esperando por burlarse de él luego de haber cambiado el cheque. ¡Claro! Debía estar seguro de que no iba a cancelarlo una vez que hubiera salido de la escuela.

Suspiró pesado, animándose a ingresar a la sala de prensa en la que hubiera estado el día anterior, y… nada lo hubiese preparado para ver a semejante aparición delante suyo. ¡Jamás se lo hubiera imaginado! ¿Qué estaba haciendo ella ahí? Luciendo como siempre, como una diosa bajada del cielo… ¡De acuerdo! Era gay, estaba enamorado de Changmin y ella era una bruja con cuerpo de Miss Universo, pero nada le impedía reconocer la belleza de las damas; al fin y al cabo, seguía siendo hombre.

—¿Taeyeon-ssi, qué hace usted aquí?

Ella sonrió amplio al verle, se pasó una mano por el cabello y lo retiró hacia atrás con coquetería. Jaejoong prefirió quedarse en su lugar, parado junto a la puerta semi abierta. Aún recordaba la última vez que la había visto, y no iba a repetir tal escena.

¿Qué hacía ahí? Después de todo, se había ido más que enfadada de aquel baño de caballeros en los BIFF. ¿Qué quería?

—He venido a hablar contigo. —La pelirroja dio un paso al frente sin dejar de verle a los ojos. No sabía qué pensar o esperar de ella, si bien decían que las mujeres eran vengativas cuando estaban enojadas, pero de los BIFF a la fecha había pasado el tiempo suficiente como para que su enojo se diluyera—. Podemos sentarnos. —le indicó las sillas dispuestas alrededor del escritorio.

Jaejoong asintió sin animarse a decir o cuestionar nada. Sabía, por Jessica, que Taeyeon era de armas tomar, y no quería ninguna clase de escenita en la escuela, así que iría con cautela. Ella caminó hasta la silla con gracia, con un movimiento que hacía ver como si su vestido flotara a su alrededor. Se sentó frente a él y no del otro lado de la silla, como lo hacía casi todo el mundo.

—Sé que guardas un amargo recuerdo de mí, me porté muy mal y no sabes cómo lo siento. —comenzó la joven.

—Taeyeon-ssi, yo… —El pelinegro se mostró incómodo, pero ella alzó una mano para interrumpirle.

—Déjame terminar. No he venido para hablar de mí, sino de Jessica. —Eso logró que Jaejoong abriera los ojos de golpe y guardara silencio. ¿Por qué de Jessica? ¿Acaso estaba preocupada por ella? ¿Desde cuándo eran amigas? ¿O venía a pedirle ayuda para vengarse de su amiga rubia?

—No voy a ayudarte a hacerle daño. —le miró ceñudo, tomando su última suposición como cierta.

—No, no. No me mal entiendas, Jaejoong. —se puso de pie y él la imitó—. Yo no quiero hacerle daño, todo lo contrario.

—¿Eh? —balbuceó perdido—. Ustedes no son amigas, Jessica siempre me dijo que se odiaban, así que no me vengas a decir que estás preocupada por ella, porque no voy a creerte.

—Nos odiamos tanto o más que tú y Changmin. —Esa aseveración le coloreó el rostro al instante. Taeyeon sabía que entre Changmin y él había algo, el menor se lo había dado a entender en aquel baño de caballeros. ¿Qué quería darle ella a entender?—. No te sonrojes, Jaejoong. Jessica y yo somos amantes desde hace más de tres años.

Jaejoong quedó en shock. ¿Amantes? Eso era… imposible de creer, no de su rubia amiga y ex novia. La mujer que cambiaba de hombres como de calcetines, aquella que se iba con el primer par de pantalones que le cerrara el ojo. ¡No! No Jessica, tenía que ser un error.

—Mientes —apresuró intentando asimilarlo—. Jessica no es lesbiana, estás levantándole un falso para vengarte de ella. Y no sé qué pretendes con venir a mí a decírmelo, que no soy chismoso y no correré a la prensa a contarlo.

—Y no quiero que lo hagas —suplicó Taeyeon de pronto—. No te estoy diciendo esto para que nos eches de cabeza con la prensa y nos vuelques por tierra toda la carrera. No, Jaejoong. Te estoy contando esto porque necesito de tu ayuda para sacar a Jessica de la depresión en la que ha caído.

—… ¿Depresión?

—Sí. Está deprimida porque cree que al haber cortado con ella, su carrera se vendrá a pique.

—Pero si ustedes son pareja, ¿por qué salen con hombres? Muchos hombres. —señaló al recordar la forma de comportarse de su amiga, y de la propia Taeyeon.

—Por el bien de nuestras carreras —Con calma, volvió a sentarse en su silla—. Desde el inicio sabíamos que nuestra relación no podía salir a la luz pública o correríamos el riesgo de no volver a actuar en películas serias. Decidimos salir con otras personas, pero siempre, cada noche, debíamos volver a los brazos de la otra… —Ese comentario atrajo el rubor nuevamente al rostro del pelinegro—. No me incomoda contarte, supongo que el acuerdo que tienes con Changmin es igual. Por eso me sorprendí mucho cuando Jessica me contó que terminaste con ella. ¿Por qué, Jaejoong? Ese noviazgo les ayudaba mucho a ambos. No había nada entre ustedes como para que Changmin se sintiera celoso, él ya sabía de nuestra relación y contaba con que Jessica nunca se acostaría contigo, así como yo contaba con eso.

—¿Changmin sabía de su relación? —logró pronunciar, sorprendido por la revelación. Por eso le había ‘dado permiso’ de fingir una relación con ella, por eso no le molestaba el que todos dijeran que era su novia. Por eso sabía, cuando recién lo habían anunciado, que sólo era un truco publicitario. Entonces, ¿lo que había pasado en los BIFF…?—. Contéstame algo. Tu extraño comportamiento en los BIFF, no era para poner celoso a Changmin, ¿verdad? —Taeyeon rió con disimulo, cubriendo su boca con la mano, tal como hubiera hecho en aquella ceremonia de premiación.

—Lo siento, Jaejoong, pero quería poner celosa a Jessica. —Jaejoong gesticuló una mueca con un audible ‘Auch’, riendo igual que ella. Y eso Changmin lo sabía, por eso le había dicho también que era mal observador, el actor se había dado cuenta de todo y él no.

—¿Qué quieres que haga para ayudarte? —Lo que fuera menos regresar con Jessica, eso no podía cumplirlo.

—Sólo dile a la prensa que volvieron al siguiente día de pelearse, pero que esta vez fue ella quien te terminó. Hazla ver bien, la prensa la ha estado atacando mucho… Primero por no estar en el sepelio de tu padre, que por cierto —bajó la voz—, lo lamento. Y segundo —retomó—, porque fuiste tú quien terminó con ella cuando es ella quien siempre los termina. El proyecto que tenía en puerta se volvió a congelar por este último escándalo y creo que eso le ayudaría un poco. ¿Podrías hacerlo? ¡Por favor! —suplicó de nuevo. Aunque no era algo en realidad excesivo, y estaba seguro de que Changmin no se molestaría por decir que habían vuelto y luego terminado.

—Está bien. Hoy mismo llamo a cierta reportera que se la ha pasado llamándome y le daré la exclusiva. —le sonrió, pese a que algo le decía en el fondo que regresarle la llamada a Im Yoona iba a ser contraproducente.

—Gracias, Jaejoong… Estoy segura de que Jessica te lo agradecerá eternamente. —se puso de pie para estrecharle la mano entre las suyas, despidiéndose con una sonrisa aliviada.

Tras ella marcharse, el pelinegro se quedó en su lugar, meditando aquella noticia tan reveladora. ¿Jessica ocultando una relación por más de tres años? Y él que siempre la consideró demasiado voluble como para serle fiel a alguien. ¡Quién habría de imaginarlo! Bien decían que ‘Caras vemos, corazones no sabemos’.

Fue entonces que los gritos en la sala de prensa tres llegaron a sus oídos, sacándole de sus pensamientos. ¿Qué sucedía en la sala contigua? Pero de inmediato reconoció aquella voz hosca y varonil, aquella que le hacía poner los bellos de la nuca en punta y le aceleraba el corazón. Se puso de pie al segundo, con el corazón en la garganta.

¡Era Changmin!

La emoción lo llevó antes de darse cuenta hasta la puerta que le comunicaba a la sala tres. Sí, era Changmin, pero estaba gritando, y eso era impropio del Témpano de Hielo Shim, tan controlado y firme en toda situación. Siempre tan serio y formal. ¿Con quién estaba reunido? Peor aún, ¿quién había conseguido sacar ese carácter impulsivo y violento, que él no conocía?



–.—.—.—.—.—.–



Había llegado desde temprano a la escuela y, ¿para qué? Para encontrarse con la sorpresa de que su madre y ese maldito abogado que la representaba estaban esperándole. Ni siquiera pudo llegar a clases, consiguió apenas darse un baño y cambiarse de ropas, pues había mandado llamar a Kang, su abogado, y no pensaba estar frente a su mad… tía, hasta que no estuviera con él.

Kang acababa de salir de la pequeña sala de prensa convertida en oficina, la número tres. El abogado de su madre había terminado por informarles sobre la desestimación de los cargos, pues no había nada con qué ir a juicio. Changmin había mostrado esa sonrisa torcidas suya todo el tiempo. ¡Había ganado! Sin embargo, su madre aún quería hablar con él.

Por ello se quedó sentado en el escritorio, esperando por la mujer. No deseaba volver a la misma pelea de siempre, pero sabía que de no recibirla, no se iría del colegio hasta verle. No sabía si la terquedad se heredaba o se aprendía, porque ambos eran iguales, pero el hecho de recibirla no quería decir que tuviera que verla. Por ello y en cuanto la puerta se abrió, dio vuelta a la silla para quedar de espaldas.

—Changmin… hijo. —pronunció su madre al identificarle por las mangas del saco que sobresalían de los reposabrazos de la silla.

—No soy tu hijo.

—Por favor, dejémonos de pleitos, bien sabes que te quiero como si lo fueras. —respondió más tajante. Sabía que el único modo de enfrentar al menor era responder el mismo modo que él, o sólo le tocaría sufrir más.

—Pero no lo soy, así que como dices, dejémonos de pleitos… tía. ¿Qué quieres? —volteó para verla. Ella suspiró.

—Me olvidaré de la disculpa, si confiesas que usaste tu vida para la realización de esa película. —pidió serena. En sus ojos se notaba la súplica, no así en el resto de su rostro, que se rebelaba ante la frialdad con la que era tratada.

—No. —pronunció pausado, revelándose al igual que ella, a las imposiciones.

—¡Changmin! Lo merezco —insistió—. Sólo me lo dirás a mí. No te estoy pidiendo que vayas con la prensa o lo pongas por escrito. ¿Acaso es demasiado? ¿Te pido un imposible? Toda la familia sabe que lo hiciste, ¿por qué no sólo lo aceptas?

—Porque el juez ya dijo que no he tenido nada que ver. ¿O no fue por eso que se desestimó los cargos?

—¡Vamos, Changmin! Puedo intentar que me lo digas, por las buenas o por las malas. —El menor frunció el ceño con molestia al escucharle. ¿Amenazas de nuevo?

—No pudiste demandarme porque nada tengo que ver con el asunto, ¿y ahora quieres que confiese algo que no es cierto?

—¡Pero es cierto! —gritó vehemente. Changmin la exasperaba—. Todos lo sabemos.

—Tía… —inició él con tanta calma que apenas y podía creerse que estuviera así cuando ella lucía tan desesperada—. Si sólo para eso querías verme, puedes irte justo por donde viniste. —extendió la mano para señalarle la puerta. ¡La estaba corriendo! ¡Con cortesía, pero lo hacía!

—¡No me iré hasta que lo confieses!

—Entonces no te vayas —La esperanza brilló en los ojos de la mujer—. Me iré yo. —y diciendo aquello se levantó del escritorio tomando rumbo a la puerta, listo para irse.

La discusión con su madre ya estaba llegando demasiado lejos. Esa mujer, la señora Shim, no porque realmente fuera su madre, sino la esposa de su padre, y para colmo la hermana de su madre; estaba molesta, pero para una terca, un terco peor. Él no daría su brazo a torcer y estaba seguro que su tía tampoco. Ni él pediría una disculpa, ni ella aceptaría que él no tenía créditos en la película como escritor.

—¿Desde cuándo te has convertido en un patán? —reclamó la mujer al mirarle de espaldas.

Changmin se detuvo de golpe, se giró sobre sus talones y caminó dos pasos hasta la mujer, quedando frente a ella. ¿Cómo era posible que no lo supiera?

—¿Desde cuándo? ¿Te atreves a preguntar… desde cuándo? —siseó frunciendo el ceño, elevando de a poco la voz. Ella le mantuvo la mirada en claro desafío—. ¿Quizá fue el día en que comenzaste a compararme con él? —señaló la puerta tras la que Jaejoong se encontraba, para sorpresa de la mujer. Ambos habían escuchado el altavoz indicándole al modelo que le esperaban en la sala contigua—. ¿O quizá el día en que te escuché gritarle a mi padre que criarme era una molestia? Quizá el día en que supe que tú no eras mi madre, o quizá en el momento en que decidí convertirme en todo lo opuesto de lo que soñabas que fuera. ¿Preguntas desde cuándo me convertí en un patán? —repitió bajando el tono de voz, mordaz—. Quizá fue el día en el que me di cuenta que jamás me quisiste.

—¡Eso no es verdad, Changmin! —Pero las lágrimas que se habían acumulado al escuchar sus reclamos, empezaban a resbalar por sus mejillas—. Yo jamás te pedí que te convirtieras en Jaejoong, ¡JAMÁS! —aseguró en un grito desesperado, pero la fría mirada que el actor le dirigió, le dijo que no le creía nada.

—No era necesario que me pidieras nada —acusó sintiendo el odio crecer dentro de él—. Bastaba con escucharte decirme lo maravilloso que era él. Bastaba con que repitieras a cada momento lo mucho que te gustaría que yo fuera como él, que me comportara como él, que fuera así de alegre como él. Bastaba para hacerme entender que él era el hijo que deseabas tener, obligándome a mí a intentar imitarlo.

—No, Changmin, yo jamás… —sollozó, pero él la silenció con un dedo sobre sus labios.

—Hasta que me cansé de no poder darte gusto, porque nada de lo que hacía para parecerme a él te agradaba. Por eso, decidí que sería todo lo contrario.

—Cha… —pero volvió a interrumpirla con su índice.

—Jamás te diste cuenta del daño que me hacías. Fue suficiente para jurarme a mí mismo que destruiría aquello que tanto admirabas, así como me destruiste tú…

—¡Por Dios, Changmin! ¿Qué le has hecho a ese muchacho? —Pero continuaba mudo—. ¡Contéstame! ¿Qué le has hecho? Tu silencio te acusa… ¿Qué le hiciste?…

Al mirarla de nuevo, esbozó una media sonrisa.

—Lo he destruido.

—¿Qué? —se sintió preocupar al ver esa mueca en el rostro del menor. Jamás le había visto reflejar tanta amargura en una expresión—. ¿De qué… hablas? ¿Cómo que lo destruiste? —Y en ese momento, escuchó algo que hacía mucho no oía: La risa de Changmin. Aunque una amarga, cargada de rencor—. ¿Changmin?

—Ya no puedes compararme con él… madre —pronunció irónico—. Porque ahora Jaejoong es justo igual que yo —Los ojos de la señora Shim se abrieron en grande al escucharlo—. No me veas de esa forma, sabes perfectamente a lo que me refiero. Jaejoong es gay.

—¡Oh! —La exclamación de sorpresa en el rostro femenino le hizo curvar la boca con disgusto.

—Sí, es gay, tan gay como yo. ¿Y sabes por qué lo sé? Porque lo convertí en mi amante, por mera venganza.

—¡Changmin! ¿Qué estás diciendo? —ahogó horrorizada.

—¡Lo que oíste! —alzó la voz—. Sí, Jaejoong es mi amante a fuerzas. Lo obligué a acostarse conmigo, y ni creas que siento algo por él, no vayas a empezar con tus estúpidos romanticismos. No siento nada por él, y si lo convertí en gay fue para vengarme de ti, para que supieras que Jaejoong no es aquello que dicen los diarios ni el Don Juan que tanto pregonan. Para que aprendas que la gente no se puede amoldar a la imagen y semejanza de otra, para que dejes de llamarme hijo cuando sólo has sido la pro…

Plaf

La fuerte bofetada en el rostro le hizo callar. Su mirada encendida giró para atravesarla, respirando agitado. Estaba horrorizada, lo sabía, ese había sido su plan desde el principio. Alzó la mano para sobar el golpe con índice y medio, mostrando así una mueca cínica.

—Puedes pegarme todo lo que quieras, pero eso no quita el hecho de que Jaejoong sea mi amante… en turno.

Plaf

Sólo que esta vez, la mujer sólo consiguió golpear la mano que Changmin había levantado, evitando así otro golpe sobre su rostro enrojecido.

—No vuelvas a tocarme, si no quieres que te devuelva la caricia.

—¡Changmin!

—Y no vuelvas aquí a buscarme, porque no te recibiré más. —Dicho aquello, se dio la vuelta para salir de la habitación. Hasta que ella empezó a gritar.

—¡JAEJOONG NO TENÍA LA CULPA DE NADA! ¡Yo no sabía que te hacía tanto daño por querer que fueras más sociable, más abierto y…!

—¿Heterosexual? —la encaró al darse la vuelta con una ceja alzada.

—No, Changmin. Alegre. Tú sabes que el que seas gay nunca me importó…

—¡Mientes! —la acalló de golpe—. Cuando te dije que era gay pegaste el grito en el cielo. Tú querías verme como Jaejoong, retratado en todas las revistas, acompañado de una bella actriz o modelo. Siempre cargabas con ellas para todos lados, presumiendo cada uno de sus logros como si fuera tu hijo… Pero tu hijo debí haber sido yo. —Lleno de amargura, terminó por darse la vuelta y salir de la sala de prensa con un sonoro portazo.

La señora Shim se llevó las manos a la boca tratando de aguantar el fuerte llanto que toda la discusión le había provocado. Pero era más fuerte que ella, y sin poder evitarlo, dejó que las lágrimas bañaran su rostro y los lamentos histéricos escaparan de  su garganta sin poderles detener. ¿Pero qué había hecho? Si lo que había dicho Changmin era verdad, ella y sólo ella era la culpable de lo que el pobre de Jaejoong estuviera pasando.

Éste escuchó primero los gritos y luego los sollozos provenir de la sala contigua a la que había estado momentos antes con Taeyeon, y se intrigó. No era correcto interrumpir en una discusión, muy a pesar de que hubiera podido interrumpir la voz de Changmin, porque esos llanto desgarrador le inquietaba.

Finalmente, se decidió y abrió la puerta que la comunicaba con la sala contigua.

La señora Shim levantó la vista al escuchar la puerta abrirse, y el ver Jaejoong de pie en el umbral sólo hizo que el llanto aumentara.

Era su culpa, todo era su culpa e iba a tener decírselo a Jaejoong…

—¡Señora Shim!

La mujer se ahogaba en lágrimas. La había visto sólo un par de veces, y no le parecía mala. Todavía recordaba aquel beso que le diera cuando niño con mucho cariño. Changmin era un orgulloso al no hacer las paces con ella, pero… justo ahora, lo que le inquietaba era verla llorar así.

Por los gritos que había escuchado de Changmin, intuía ya la razón de la discusión. ¿Ese insensible era quien la había hecho llorar? Porque si era así, iría a reclamárselo en ese mismo instante. Le partía el corazón ver llorar a las mujeres, y más a alguien que había criado a un hijo ajeno como propio.

—Señora Shim… —llamó más suave, acercándose a ella para colocar una mano en su hombro a la espera de que se calmara—. No llore, por favor. Cualquier cosa que haya pasado con Changmin tiene solución, se lo seguro. —La mujer levantó la vista anegada en agua para posarla en los ojos oscuros de Jaejoong, quien sonrió para intentar hacerle sentir más cómodo, aunque las lágrimas seguían fluyendo.

—Jaejoong… ¡Perdóname! —soltó al lanzarse sobre el cuello del pelinegro, quien tuvo que agacharse para no perder el equilibrio y caer al suelo junto con ella. Esa reacción le había sorprendido e incomodado—. Todo lo que te pasa es por mi culpa… —Eso no lo entendió. Trató de separarse con sutileza para que le explicara, pero ella se negó a soltarlo, incapaz de verle a los ojos—. Todo lo que Changmin te ha hecho. Ya sé que eres su amante…

Jaejoong se soltó de golpe, retrocediendo hasta casi chocar con la puerta que daba a la salida de los pasillos con el rostro teñido por la vergüenza. ¡Changmin se lo había dicho! ¿Por qué? ¿Qué pretendía diciéndole eso a su madre? ¿Y a quién más se lo iría a contar? ¿A la prensa?

La mujer se giró en la silla para no verlo, las lágrimas cayendo raudas por sus mejillas.

—Perdóname, Jaejoong… —recitó de vuelta tras un instante, buscándolo aunque él siguiera en shock sin comprender nada—. Yo fui la culpable de que Changmin… De que tú… De que él… —balbuceaba, sin conseguir pronunciar nada coherente—. ¡Dios mío! —se llevó las manos al rostro—. ¡Es un monstruo! Tú no tenías la culpa de nada, tan sólo de que hubiera querido adoptarte.

Jaejoong la observaba desde su lugar en la puerta, absorto, intentando comprender con tan poca información. Pero de su boca no lograban salir las palabras. ¿Qué había hecho Changmin? Su corazón pulsaba tan fuerte y rápido que no conseguía formularlo en voz alta.

—Jaejoong… —Ella separó las manos de su rostro para verlo—. Él no te ama…

«Ya lo sé» quiso decirle, pero nada salió de su boca. Ni una sola palabra o expresión que confirmara o negara lo que la madre Changmin le decía, pero él lo sabía, dolorosamente lo sabía. Changmin jamás le confesó amor, por el contrario, le había dicho siempre que sólo deseaba su cuerpo, que sólo lo usaba cuando necesitaba una satisfacción física. Sí, lo sabía, y sin embargo no le importaba.

—Jaejoong, sólo te ha usado para vengarse de mí… Él sabía cuánto yo te admiraba, cuánto quería que él fuese como tú. Perdóname, Jaejoong… Si yo no hubiera estado tan empeñada en tenerte con nosotros, si me hubiera fijado más en lo que decía delante de Changmin cuando te veía en la TV o en las revistas, si yo hubiera… —se detuvo de golpe, poniéndose de pie para acercarse a él con lentitud—. Si yo hubiera visto más los logros de Changmin que los tuyos, quizá ahora tú no serías gay como él, ni te hubiera destruido para vengarse de mí…

Los ojos negros se abrieron de golpe al escucharla, y la voz de Changmin, esas palabras dichas durante la primera noche en que le tomó, regresaron a su memoria.

“Voy a poseerte y voy a herirte, me amarás aunque me odies… Esa será mi venganza”

¡Venganza! Pero contra su madre, no contra él. No obstante, él igual había salido perdiendo, porque su corazón ahora le pertenecía a alguien que jamás le querría, y que por el contrario, le odiaba. Lo había utilizado como un instrumento de venganza contra su madre, como un objeto. Ahora que la venganza estaba concluida, ya podía desecharlo.

—Jaejoong, sé que el hubiera no existe, pero nada me sacará de la cabeza que si Changmin no hubiese escuchado esa discusión con su madre, nada de esto hubiera pasado…

—Fue un accidente el que se enterara… —balbuceó a duras penas, sintiendo su corazón empezar a desquebrajarse. Había bajado la vista para que la señora Shim no le viera a los ojos, para que no supiera el daño que también le estaba haciendo a él al contarle todo aquello.

—¡Pero eso también fue mi culpa! —ahogó casi gritando—. Yo quería un hijo propio, no sólo cuidar del de mi hermana y mi esposo, pero él me negó la posibilidad de ser madre. Aunque ella esté muerta… aún la ama… —masculló limpiándose los ojos anegados con las manos, porque apenas y podía ver así. Jaejoong tampoco alzó la vista para verla, pero sentía su sufrimiento y era capaz de leer entre líneas para saber que aquel matrimonio, el sexo era ocasional o nulo—. Así fue como quise adoptar a un niño para que fuera el hermano de Changmin, su amigo, su confidente. Él siempre fue tan retraído y serio… Sólo hablaba cuando actuaba, adoptando el carácter del papel que interpretaba en esa serie infantil. ¡Pero ese no era el verdadero Changmin! Ni siquiera sé cómo logró convertirse en actor. A veces pienso que lo hizo sólo por darme el gusto, pero ya no estoy segura de nada con él. Su carácter no le ayudaba mucho a hacer amigos…
   » Por eso fue que empecé a buscar en los orfanatos a un niño con tu carácter, pero cuando te hallé Changmin estaba por presentar una prueba para una película y olvidé un poco el asunto por estar en su audición. Cuando regresé al orfanato con todos los papeles, supe que habías sido adoptado por la familia que pagaba tus clases de actuación. Lloré tanto… Tú eras perfecto, ¡perfecto! Contigo a su lado, él hubiera aprendido a ver la vida de un modo más alegre…

“Porque eres perfecto, Jaejoong”

La voz de Changmin volvió a acudir a su memoria. Justo eso, aquella misma frase había sido su respuesta al preguntarle por qué él, por qué escogerlo a él de entre tantos alumnos en la escuela. Y esa había sido su respuesta: “Porque eres perfecto”.

—Fui de inmediato a ver a tu padre, a Kim Eungsoo, para suplicarle que retirara la solicitud de adopción, pero ya se había enamorado de tu carácter y pensaba que con dos hermanos serías más feliz que con uno. —Jaejoong abrió los ojos al recordar esas mismas palabras de boca de su padre—. No volví a intentarlo, traté de fincar mis esfuerzos en hacer que Changmin cambiara, en hacerle disfrutar más de la vida, pero entre más le decía que debía parecerse a ti, más parecía odiarte…

«Sí, yo sé que me odia. Lo vi en su mirada desde el primer día, desde la primera vez en que sus ojos fríos me cautivaron y me dejaron helado el corazón» pensó él, pero no dijo nada.

—Ahora sé que fui yo quien propició todo… ¡aunque nunca fue mi intención! Yo sólo quería que fueras su ejemplo a seguir, que viera cómo eras tú; era la razón para siempre mostrarle tus comerciales y cuanto reportaje tuyo caía en mis manos. Ese fue mi error… —Jaejoong siguió mudo, viéndola e imaginando a Changmin de niño, siendo acosado por su madre para que cambiara su personalidad y la igualara a la de un total extraño; alguien que siempre se reía por todo, aunque por dentro sufría los golpes de su hermano y la indiferencia de su madre y hermana; alguien que ante todos mostraba una energía inusual, pero que tenía días en los que no quería ni levantarse de la cama por la depresión que sentía; alguien que al igual que él, sufría de la soledad por no tener a nadie que le entendiera, hallándose completo sólo cuando trabajaba.

—¿Por qué no le dijeron a Changmin la verdad cuando estuvo en edad? En el orfanato se recomienda decírselo lo antes posible, para evitar noticias malintencionadas después. La edad adecuada es de ocho, debieron decírselo, ¿o es que no pensaban hacerlo? —preguntó quedo, siempre manteniendo la cabeza gacha, donde los mechones de su cabello alcanzaran a cubrir parte de su faz y expresión.

Si ellos hubieran… Pero qué caso tenía tan sólo el pensarlo.

—No pensábamos decirle nada. —Aún en un lamentable estado, la señora Shim regresó a su asiento. Las lágrimas se habían vuelto menos constantes, incrementando sólo ante el recuerdo de algo doloroso—. Cuando Changmin nació, mi hermana quedó mal y murió a los pocos días, destrozándonos a todos. Sólo que… poco antes de morir, ella me pidió llorando que cuidara de su pequeño, y acepté casarme con quien fuese su esposo. Aunque sólo fue porque se lo prometí a ella en su lecho de muerte… —explicó observando al pelinegro, aunque este siguiera con la vista baja—. Mi nombre y el de mi hermana diferían sólo por una letra, ella era Mina, y yo Mia; por eso sólo hicimos una corrección en el acta. Nadie sospechó nada, todos creyeron que había sido un error al teclear mi nombre.

—Pero, ¿entonces? —alzó la vista para verla, sin entender—. ¿Qué pasó? ¿Su familia cometió alguna indiscreción? ¿O fue todo por aquella discusión? De cualquier forma, pudieron haberlo negado. Nadie sabía nada… según me informaron. —recordó a Mei Ling. ¿Cuál había sido aquella palabra dicha por la señora Shim que lastimó tanto a Changmin?

El llanto volvió a incrementar en la mujer, quien volvió a cubrir su rostro y sollozaba desesperada. Ni siquiera tuvo que decirle nada, esa reacción la acusaba, si bien también la redimía un poco, porque hacía notorio su arrepentimiento.

—¡Yo tuve la culpa! —volvió a acusarse—. Changmin me confrontó en cuanto me escuchó decirle a su padre que yo jamás había estado conforme con un hijo que no era mío. Jamás me imaginé que Changmin estuviera en la mansión, escuchando todo. Él bajó corriendo las escaleras y me preguntó si era verdad, pero yo estaba enojada por… motivos personales —¡Claro! Siempre dicen eso cuando alguno de los dos es infiel, se decía Jaejoong, al recordar cada una de las veces en que sus prospectos de novias daban esa misma declaración ante la prensa—, y no medí mis palabras. Yo quería herir a su padre, no a Changmin, y sin embargo lo hice, le dije que sí, que yo no era su madre… —Fue “Sí”. Cuando Changmin preguntó por la verdad, ella dijo que “Sí”, que no era su hijo, y eso fue lo que lo había mandado por el mal camino, según Mei.

A veces las personas no saben el daño que pueden causar cuando responden enfadados, sin meditar en sus respuestas, sin tomar en cuenta que al herir a esa persona, quizá, hieren a alguien más.

—Changmin era muy maduro para su edad, pero una noticia como esa no la pudo soportar. Además, casi al mismo tiempo se canceló la serie que protagonizaba y su mejor y único amigo se iba del país. Ninguno de nosotros pudo apoyarlo como era debido, su padre siempre viajaba y a mí no quería ni verme. Un día, nos llegó con las fotos de la boda de su padre y mi hermana, y me acusó de haber sido la amante… Jamás creyó que fue Mina quien me pidió casarme con quien fuera su esposo.
   » Ese día escapó de casa y se fue a vivir con su primo Junsu. Logró que su padre firmara un consentimiento para cancelarme como su representante y firmó con Rain, el representante de Kyuhyun. Sin embargo, la presión, los acontecimientos y la terrible depresión en la que cayó lo indujeron al alcohol. ¡Por mi culpa!

Por lo visto, ella jamás se iba a perdonar por todo lo que había causado, tal vez sin querer, aun cuando Changmin pudiera llegar a perdonarla.

—Fue cuando Rain lo metió a un centro de rehabilitación, a los 16 años, sin que la prensa se diera cuenta. Desde entonces no ha bebido una sola gota de alcohol… —recitó ahora Jaejoong sin darse cuenta, interrumpiendo el llanto de Mia Shim, quien lo miró sorprendida.

—Sí, eso hizo. Además de irse a vivir solo y llevarse a Mei y su familia con él. Aunque me cueste reconocerlo, lo ha hecho bien solo gracias a Rain. —afirmó con un fino tinte de orgullo en la voz.

«Solo y solitario no es lo mismo» se dijo Jaejoong con pesar.

—Pero, antes de irse —se limpió las lágrimas para verlo mejor—, me informó… No, más bien me amenazó —aclaró—, que me destruiría, destruyendo aquello que yo más quería. —Los  ojos negros de Jaejoong se abrieron sin comprender, o temiendo entender, porque su corazón se aceleró con el temor de preguntar. Sólo que Mia pudo verlo en su rostro.

—Él cree que eres tú, Jaejoong —afirmó seria—. Por todo lo que dije sobre ti a lo largo de los años, por mi admiración hacia tu trabajo y persona, por todo eso… Changmin cree que eres tú a quien más quiero, sin saber que… a quien yo más quiero es a él … —Lo sabía. Sabía que Mia Shim adoraba a su hijo, aunque le costara demostrarlo y batallara para decírselo. ¿Pero destruirlo a él por eso?—. Changmin acumuló mucho rencor contra ti. Por eso necesitas separarte de él… —Jaejoong la miró sorprendido, aunque era algo que ya sabía—. Déjalo, él sólo va a destruirte, como se está destruyendo a sí mismo. Jaejoong, no sé lo que sientas por Changmin, pero aún si lo amaras, debes alejarte de él… A su lado sólo vas a sufrir, y tú no lo mereces. Él sólo quería vengarse de mí, utilizándote…

Pero sus ojos seguían abiertos de horror al saber la verdad. Todo aquello por lo cual Changmin había trabajado. Todo por lo que le había hecho sufrir, había sido una venganza y no contra él, sino contra su madre.

Le destruía a él para destruir aquello que su madre admiraba tanto.

Le utilizaba a él para dañar a su madre.

Le usaba a él porque era la forma más sencilla de herirla a ella.

Le usaba a él… porque aún la amaba, y era su forma de demostrárselo.

Antes de darse cuenta, salió a toda prisa de la sala de prensa, dejando atrás a la señora Shim. Se sentía abatido, triste, tan usado y engañado. Porque Changmin no lo quería, ni le querría nunca. Quizá lo sabía, pero detestaba sentirse así: una basura. E iría a reclamárselo.

Con los ánimos aún encendidos llegó hasta el pasillo de las habitaciones en el segundo nivel del ala Este. No supo por qué sus pies le llevaron hasta ahí, pero tenía el presentimiento de que Changmin no se encontraba esta vez en el bosque, y no se había equivocado…

El menor iba llegando apenas a su habitación. Jaejoong no tenía idea de a dónde había ido antes como para estar llegando hasta ahora, pero poco le importaba. Necesitaba saber si era cierto, si realmente había sido usado para vengarse de su madre y ahora le botaría a la basura como se bota un trasto viejo.

—Changmin. —su voz sonó tan baja y lejana que ni siquiera él pudo oírla.

Este se abría paso entre los compañeros que se encaminaban a sus habitaciones para dejar útiles y cambiarse de ropas antes de ir a comer. No había mucha gente, porque la mayoría se iban directo de clases al comedor sin dejar libros o cambiarse, dejándolo para después de comer.

Quería alzar la voz, detenerlo para exigirle una respuesta en el momento, pero su garganta se atascó y nada logró salir.

—Changmin… —volvió a balbucear sin ninguna fuerza. Con cada segundo que pasaba más lejos lo veía y más alumnos se atravesaban a su vista.

¿Iba a dejarlo ir? ¿A dejar que todo se quedara como estaba? ¿Que en el momento en que lo determinara le dijera que se largara? ¿Que se fuera por su lado porque ya no lo necesitaba? ¿Porque su venganza ya estaba completa? ¡NO! No podía ser cierto lo que la señora Mia le había dicho. ¡Changmin no podía ser así de cruel y vengativo! ¡No podía! ¿O sí…? Sí, para qué negarlo, Changmin podía ser eso y más, mucho más. Era frío e insensible, talvez porque había aprendido a ignorar todo lo que los demás decían de él como método de defensa, para ignorar su propio dolor al saber la muerte de su verdadera madre y quien creía antes en ese lugar, era su tía.

Sí, podía ser tan cruel e insensible como para terminar con él en cualquier momento. Sí, podría ser tan frío como para hacerle el amor sin sentir nada por él. Sí, podía ser un completo témpano de hielo como para afirmar el no haber sentido nada con la muerte de Kyuhyun…

¡Pero no! No iba a permitir que le tratara como a una basura una vez más.

No quería creer en las palabras de Mia Shim, pero habían sido tan contundentes, tan crudas, que no podía ser una mentira. No obstante, necesitaba oír esa verdad de los labios de él, y entonces sería su corazón, hecho pedazos, quien decidiera qué hacer.

—¡CHANGMIN! —gritó avanzando a toda velocidad para darle alcance, logrando hacerle detener justo antes de abrir la puerta de su habitación y que muchos de sus compañeros se hicieran a un lado ante el alboroto.

—¿Jaejoong? —le miró cuando éste se detuvo a la altura de su propia habitación—. ¿Qué quieres?

—Ya lo sé todo. ¡Maldito desgraciado! —acusó furioso—. Tu madre me lo contó…

La expresión de Changmin se transformó, dejando ver así toda su sorpresa por más tiempo del que Jaejoong hubiera esperado. La mirada del actor cambiaba a veces por una desconcierto, pero siempre regresaba a su forma habitual demasiado rápido. Esta vez no había sido así, quizá porque nunca hubiera esperado que su madre le contara algo. ¡Pero lo había hecho!

—Quiero saber si es cierto. Quiero saber si tú… —pero la cuestión quedó en el aire, cuando Changmin lo tomó con fuerza por el brazo y abrió la primera puerta a su alcance (la de Jaejoong) para lanzarlo dentro con muy poco tacto.

Pronto se encontró volando directo al suelo. No sabía… No, sí que sabía. La fuerza de Changmin había sido tanta y tan brusca que había terminado yéndose de bruces contra la frialdad de las lozas, de un modo más que doloroso. Vio el material pulido por un momento y distinguió la figura del actor reflejado ahí, de pie detrás de él, con el ceño fruncido y los puños apretados. Se giró en el suelo y le regresó esa misma mirada fría. No iba a conseguir intimidarlo, esta vez iba a obtener la respuesta que tanto buscaba.

—¿Qué eres idiota? —acusó el menor con voz grave—. ¿Quería que todo el mundo se enterara de mi vida? Sabes bien que no me gusta que la gente sepa de mí. Y lo que mi madre te haya contado, me tiene sin cuidado.

Jaejoong se levantó de un salto para encararlo.

—¿Tu madre? —respondió irónico, y Changmin arrugó más el ceño—. Creí que era tu tía, y te tiene… ¡sin cuidado! Sí, debí imaginarlo —gruñó molesto—. Con esa reacción confirmas todo lo que ella me dijo —alzó la voz, aunque intentara contener su ira—. Ya sé que sólo me has usado como un instrumento de tu venganza en su contra. —La mirada de Changmin se abrió en sorpresa por un instante, realmente breve, porque enseguida volvió a adoptar esa máscara de frialdad que no veía desde la muerte de Kyuhyun.

—¿Eso te dijo ella? —le escuchó cuestionar en voz baja.

—¡Sí! —recalcó—. Eso y muchas cosas más. No voy a preguntarte si es cierto otra vez, porque sé que eres capaz de eso y más —bajó la cabeza al recordar, apretando los puños—. Me lo dijiste aquella noche en que me violaste…

—Yo no te violé —interrumpió con cierto enojo en la voz—. Te entregaste a mí de manera voluntaria. ¡Tú lo reconociste! —aseguró, pero Jaejoong sólo le encaró enfadado.

—¡No, me violaste! Me ataste a la cama y me tomaste. Te pedí que te detuvieras, pero no lo hiciste. ¡Eso es violación! —aseguró casi gritando.


–.—.—.—.–


Fuera de la habitación de Jaejoong, los gritos de ambos se escuchaban distorsionados por los murmullos generales de quienes cuchicheaban arremolinados en el pasillo. Unos cuantos se dieron prisa en correr hasta la puerta del modelo para intentar escuchar lo que ocurría, pero fueron un par de brazos quienes les cortaron el camino.

—Hey, largo de aquí. Nadie tiene derecho a intervenir en un pleito de dos. —Hangeng se había abierto paso para colocarse de barrera entre sus compañeros y la puerta, impidiendo que alguien fuera a interrumpir lo que ocurría dentro.

—¡Vamos, Hangeng! Sólo hazte a un lado, nosotros somos más. —soltó uno de los chicos, dispuesto a usar la fuerza para mover al bailarín si es que hacía falta.

—Pero él no está solo. Si alguien quiere meterse en lo que no le importa tendrá que pasar por nuestros puños. —aseguró Yoochun que, al igual que su amigo chino, se colocó frente a la puerta de Jaejoong para franquear el paso.

Aquello bastó para que algunos de los chicos se retiraran sin más, nada dispuestos a ganarse unos golpes por algo de lo que seguramente, sobrepasaría aquella puerta en poco tiempo y todos terminarían enterándose. Si bien, una buena parte de los estudiantes se quedó reunida en el pasillo, sólo a la espera de lo que pasaría.


–.—.—.—.–


Jaejoong vio la cara del actor contraerse con molestia. Sabía que lo que estaba gritándole era mentira, él le había dado la opción de detenerse, pero no la tomó; por el contrario, le pidió seguir. Y aun ahora, se entregaba por voluntad a él porque lo amaba… ¿Amor? Sí, amor de un solo lado, ahora sabía que si había tenido alguna esperanza de que Changmin se enamorara de él, esta se había esfumado al escuchar a su madre contarle sobre los planes que había pretendido desde el inicio.

—Te odio, Shim Changmin. No sabes cuánto. —resolló lleno de rencor, que el menor pudo notar. No obstante, lo vio entonces bajar el rostro con una media sonrisa, en tanto se llevaba las manos a los bolsillos del pantalón. Eso lo confundió. ¿Cuál era el maldito chiste en todo esto?—. ¿De qué te ríes, maldito desgraciado?

—Tú no me odias, Jaejoong —aseguró al mirarle de nuevo. Su mirada había empezado a recorrerle con deleite—. Me amas. —El carmín tiñó de golpe las mejillas y parte del pálido rostro, cuyo corazón se había acelerado frenético por escuchar aquellas palabras que hubieran escapado de sus labios aquella noche de pasión compartida.

—¡No! ¡TE ODIO! —aseguró con desesperación, si bien su cuerpo traidor comenzaba a reaccionar a la mirada provocativa con la que era recorrido.

Luchaba porque aquellos sentimientos quedaran encerrados en lo más profundo de su corazón, repitiéndose una y otra vez que Changmin no le amaba, ni le amaría nunca. Que sólo había sido un arma en contra de su madre. Con eso en mente, alzó la mirada con el ceño fruncido para enfrentarle.

—Te odio, y cómo no iba a odiarte, si tú también me odias a mí. ¿O me dirás lo contrario? —inquirió ante la expresión burlona del menor—. ¿Me dirás que no odiabas que tu madre te comparara constantemente conmigo? —La mirada de Changmin cambió entonces, tan seria—. ¿Me vas a decir que no odiabas a ese niño que siempre sonreía, que tenía muchos amigos y salía feliz en cada comercial o entrevista que le hacían? ¿Aquel a quien tu madre buscaba adoptar para ser tu hermano? ¿Aquel que al crecer se convirtió en un Don Juan y salía con modelos y actrices famosas, mientras tu reputación de agrio crecía como la espuma y los rumores sobre ser gay se incrementaban día tras día?…

—¡Cállate! —ordenó tomándolo con tal rudeza por los hombros contra la puerta del cuarto, que el golpe sordo retumbó en toda la habitación—. ¡Sí! Siempre odié que mi madre me comparara contigo, que me mostrara todo lo que ganaría siendo como tú, que tratara de convertirme en alguien que yo no era. Por eso, siempre te odié. —Escucharlo de la voz de Changmin era aún más duro que escucharlo de su madre. Su corazón no lo soportaría más…

Intentó soltarse de las dos fuertes vigas de acero que parecían los brazos del actor, pero no lo logró. Al alzar la mirada a los ojos del menor notó un atisbo extraño, parecido al desconsuelo, reflejado en ellos. Era esa misma expresión que había visto el día en que Kyuhyun hubiera muerto, tan diferente a aquellas que siempre había visto, que se asustó. Pero fue Changmin quien lo soltó entonces, alejándose dos pasos de él.

—Yo… —empezó el castaño, como buscando las palabras exactas—. Yo quería que ella se sintiera orgullosa de mí —susurró con melancolía, algo que Jaejoong jamás había visto en él, y le inquietaba—. Quería ser como ella quería que fuera, pero por más que lo intentaba, ella seguía viéndote a ti… tus logros, y no los míos. Jamás vio que yo también podía sonreír como tú lo hacías. Hasta que me cansé, de que no me viera, de no existir para ella; sólo existías tú. Decidí convertirme entonces en todo lo opuesto a lo que ella quería de mí, porque por lo menos así me ponía atención, aunque fuera sólo para regañarme… Por fin me miraba a mí, y no a ti.

«¡Por Dios, Changmin! Es como lo de Hyunjoong. Ambos me tenían envidia por motivos equivocados. Changmin, tu madre siempre te ha querido, pero es tan orgullosa como tú. ¿El orgullo se hereda o se aprende? Porque ambos son iguales. Les hace falta sentarse y hablar largo y tendido, aclarar sus sentimientos y confesarse cuánto se aman. Porque aunque lo niegues, la quieres mucho» aseguraba Jaejoong en pensamientos, pero por más que trataba de que aquello saliera de sus labios, jamás salió.

—¿Querías destruirme? —Sólo aquella pregunta logró escapar, sin que la pensara siquiera.

—Sí… —y la respuesta hizo que el modelo bajara la mirada hasta sus pies, aunque poco duró, antes de volver a enfrentarlo, herido.

—Pues te tengo noticias… —masculló sintiéndose enojar de nuevo—. ¡LO LOGRASTE! —bramó dándose la vuelta para salir de la habitación, pero las manos del menor volvieron a empujar la puerta para cerrarla. Quedó así atrapado contra la puerta, con el actor a sus espaldas.

El calor de Changmin se impregnaba sobre su espalda, su trasero y piernas, amoldándose a su cuerpo como si hubiesen sido el uno para el otro. ¡Pero no lo eran!

—Jaejoong… —el susurro junto a su oído le hizo estremecer se manera imperceptible—. Neind wollwn Einbuße —De nuevo ese idioma que no entendía. ¿Y ahora qué estaba diciendo?—. No todo lo que le dije a ella fue cierto, sólo quería hacerla enojar. —aseguró quedo, logrando que el corazón del modelo se acelerara, pulsando en su garganta.

—¿Qué no era verdad? —cuestionó con voz áspera—. ¿Que no somos amantes?

—Jaejoong, escúchame. —pidió quedo, pero él ya no estaba dispuesto a soportar más, a escuchar sólo mentiras. Ya había confirmado lo que Mia Shim le había dicho y no quería seguir más al lado del actor. Saturaría su agenda con trabajo hasta que llegara la hora de marcharse del colegio y alejarse de él.

—¡No! —gritó empujándolo lejos de él, acción que al parecer tomó por sorpresa al menor, porque se fue de bruces al suelo, desde donde le miró incrédulo—. No quiero saber más de ti. Ya he escuchado suficiente este día, no quiero escucharte más. —afirmó tapándose los oídos como si buscara huir o desaparecer. Changmin volvió a pararse, pero no se acercó.

—Escúchame. —insistió.

—No, no quiero. —y presionó más sus oídos, pero Changmin acortó la distancia para obligarle a apartar las manos, forcejeando con el modelo que no se la dejaba fácil.

—¡Pues aunque no quieras, vas a escucharme!

—No puedes obligarme. —acusó apresurándose a la puerta para poder marcharse. No iba a permanecer un minuto más en su presencia. No obstante, las siguientes palabras de Changmin le dejaron helado.

—¡Maldita sea, Jaejoong! ¡TE AMO! —alzó la voz para que le escuchara bien—. Te amo…

Los ojos negros de Jaejoong se abrieron cuan grandes eran por la sorpresa, y con su corazón latiendo a toda prisa sintió que las fuerzas en sus piernas le abandonaban y la boca se le secaba de golpe. Esas palabras, había soñado tantas veces con escucharlas salir de la boda del actor; pero no así. No en ese momento. Si se las hubiese dicho aun el día anterior, si se las hubiera dicho la última vez que hicieran el amor, podría haberle creído. Pero no ahora. No cuando sabía cuál había sido el verdadero motivo para hacerle su amante, de herirle y poseerle de esa forma.

—No cabe duda de que ganarás ese premio —Jaejoong se giró en ese momento con una gran sonrisa que desconcertó a Changmin—. Sí, porque por poco te creo. —soltó una risa amarga.

—Jaejoong, no te estoy mintiendo. —aseguró acercándose a él, pero éste se retrajo contra la puerta haciendo que el menor se detuviera.

—Eres un gran actor, no veo por qué debería creer que amas aquello que tanto odias. —afirmó sereno, con toda esa seguridad que estaba muy lejos de sentir. Estaba seguro que de separarse de la puerta, incluso, podría caer. Las palabras que Changmin habían bastado para debilitarle, para que su cuerpo temblara y él luchara por no demostrárselo.

—No te odio… —intentó explicar, pero el pelinegro interrumpió a la carrera.

—¡Acabas de decirlo! Dijiste que siempre me odiaste, por eso me dijiste esas palabras sobre poseerme y herirme, para vengarte de tu madre. Ella tiene razón, ¡eres un monstruo! —Changmin aguardó un momento, intentando serenarse.

—Dije que te odiaba, no que te odio. Jamás te odié.

—¿Ah? —Él había dicho que le odiaba, ¿no? ¿Entonces qué le quería decir? ¿Otra mentira?

Al ver el rostro del mayor, Changmin continuó, sin dejar de ver directo a aquellos ojos oscuros.

—Sí, lo confieso —aseguró, y Jaejoong bajó la vista previendo lo que seguiría—. Te busqué en este colegio con la firme intención de destruirte, de hacerte mi amante para vengarme de mi madre. Se lo había prometido a ella, y siempre cumplo lo que prometo —Sí, eso ya lo sabía—. Pero no sabía dónde encontrarte, hasta que nos topamos en aquel estudio… —Eso le sorprendió. Entonces realmente sí le había reconocido—. ¡Claro que te reconocí de inmediato! Eras la persona de quien buscaba vengarme y lo primero que hice fue darte un puñetazo.

—¡Desgraciado! Siempre negaste que me hubieras reconocido…

—Te conocía de antes, no de ese incidente.

—¡Eres un maldito desgraciado y mentiroso! —gruñó molesto—. Por eso no te creo ni te creeré nada de lo que digas. Todo este tiempo me aseguraste que no me recordabas y sabías perfectamente quién era yo. Todo este tiempo buscaste hacerme tu amante, me presionaste tanto que al final terminé cayendo. Me usaste como se usa un arma y ahora que está terminara tu venganza, ¿qué? ¿Me dices que me amas? ¿Por qué, qué buscas ahora? ¿Que te acompañe a esos malditos premios?

—No.

—¿Entonces por qué mientes de nuevo? ¡Tú no me amas! A una persona que se ama no se le hace sufrir como tú me has hecho sufrir a mí. ¿En qué momento te enamoraste de mí? Porque si es verdad, si tan sólo fuera verdad, no sucedió de ayer a hoy. —Y había estado tan seguro de que Changmin no iría a responder aquello, pero se equivocó.

—No lo sé… —admitió cerrando los ojos unos segundos, mirándole de vuelta—. No sé cuándo sucedió, sólo sé que te amo.

—¡PUES NO TE CREO! No puedes amar a alguien a quien no conoces lo suficiente, no sabes nada de mí, tan sólo lo poco que te he dejado ver. —Pero Changmin arrugó el ceño molesto, acortando la distancia hasta que ambos rostros estuvieron a pocos centímetros.

—¿Que no sé nada de ti? Sé más de ti de lo que tú mismo sabes —Jaejoong empezó a negar con la cabeza, pero el menor continuó ignorando sus intentos por protestar—. Tus ojos se oscurecen y cambian de gris a un intenso color negro y ocre cuando estás enojado, se relajan cuando estás feliz y brillan con intensidad inusual cuando estás a punto de hacer alguna travesura. Tu propio cuerpo reacciona ante la presencia de amigos o enemigos, y tu sonrisa es sólo una forma de defensa, porque también usas una máscara ante todos… menos ante mí.

Jaejoong sintió que se sofocaba ante una descripción tan acertada. ¿En verdad sus ojos cambiaban de color conforme su estado de ánimo?

—Puedo seguir describiéndote hasta llegar a la intimidad —Eso le hizo enrojecer—, pero se me hace más sencillo mostrarte algo. —Y antes de siquiera darle tiempo, le tomó con fuerza de la muñeca y abrió la puerta.

Se resistió al inicio del agarre intentando zafarse, pero apenas la puerta se abrió y notó las espaldas de Yoochun y Hangeng franqueando la entrada, se detuvo en seco. Ambos chicos se giraron para verlos y dejaron ver la pequeña multitud que se asomaba por sobre sus hombros para ver lo que sucedía. Changmin los ignoró y trató de arrastrarlo consigo de nuevo, pero se negó plantando ambos pies firmes sobre el suelo.

—¡Suéltame! No iré a ningún lado contigo —aseguraba tratando de soltarse. Changmin entonces se giró hacia él y, sin esperar por algún alegato más del pelinegro, lo cargó sobre su hombro—. ¡BÁJAME! —Pero el grito no detuvo al actor, quien de inmediato se adentró a su habitación ante la mirada atónita de todos.

Sus compañeros se dieron prisa en correr de una habitación a otra para lograr escuchar lo que sucedía, pero una vez más Yoochun y Hangeng los apartaron de la puerta impidiéndolo. Eran talc como un par de guardaespaldas custodiando a sus clientes, y así se iban a comportar.

Jaejoong se sintió siendo arrojado sobre la cama, donde rebotó un par de veces. Intentó al instante pararse, pero la fría mirada de Changmin le indicó que de hacerlo, era capaz de amarrarlo, como en otras ocasiones había hecho ya.

—Voy a irme en cuanto te descuides —aseguró el modelo frunciendo el ceño—. No puedes tenerme aquí y ni creas que vas a atarme, porque gritaré y Yoochun o Hangeng me sacarán de aquí.

—No voy a atarte, y si crees que ellos entrarían si gritas… —se encaminó a la puerta, echando el cerrojo—, lo dudo. —Jaejoong sintió el corazón acelerarse en cuanto la mirada castaña descendió por su cuerpo. Por un momento creyó que Changmin se le tiraría encima, pero se equivocó, porque en su lugar caminó al armario de donde sacó un par de cajas de cartón; las mismas que había visto el primer día en que entró a su habitación a dejarle la tarea.

—¿Qué vas a hacer con eso? —preguntó al verle alzar una de ellas, cuyo contenido arrojó al instante a sus pies, haciendo más tarde lo mismo con la siguiente caja.

Bajando con lentitud de la cama, Jaejoong se arrodilló para observar mejor, y Changmin hizo lo mismo. Pudo ver el sinfín de revistas y DVD’s, la mayoría con la imagen de Kim Jaejoong en portada y, aquellas que no, era porque venían con alguna entrevista; desde que era un niño hasta la edad actual. Todo estaba ahí, en montones y montones de revistas. Algunas las recordaba, otras no. Incuso, al tomar uno de los DVD, se dio cuenta que eran los comerciales en los que había salido cuando niño. También estaban ahí los catálogos de ropa casual e interior. ¿Por qué Changmin tenía todo eso?

—Sé más de ti de lo que tú mismo sabes. —repitió el menor tendiéndole un álbum fotográfico.

La primera página tenía una foto de él sentado en la playa usando traje de baño. La recordaba, la había hecho cuando tenía nueve años. ¿Cómo había conseguido Changmin una foto de su portafolio?

—¿De dónde sacaste estas fotos? —miró intrigado aquellas fotos que se suponía, eran exclusivas. Algunas eran de su portafolio personal, otras ni siquiera las había visto, como aquellas en las que aparecía cubierto de nieve y riendo a carcajadas. Recordaba la ocasión, era de cuando filmaba un comercial para Chuncheon y aprendía a esquiar.

—Internet. —La simple respuesta sorprendió a Jaejoong un poco, aunque después reaccionó.

—Esto… —se levantó sin verle, sintiéndose extraño. Alguna vez había escuchado que para destruir algo tenías que conocer su debilidad, y quizá era por eso que Changmin sabía tanto de él. Le había estudiado para destruirle—. No significa nada. —negó encaminándose a la puerta. Changmin se paró enseguida, observándole cuando tomó el picaporte.

Ya había escuchado suficiente, y no quería oír más.

—¡Jaejoong! —escuchó esa voz desagarrándole su, ya de por sí, destrozado corazón. Pero no, esta vez no iba a detenerse, por lo que tomó con más fuerza el pomo dispuesto a abrir, cuando la voz del menor le congeló—. Te amo, y no quiero que me dejes: Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich verlassen —Jaejoong volteó lento a verlo, creyendo quizá que sus oídos le jugaban una broma. Eran las mismas palabras que había oído la noche que había muerto Kyuhyun—. No quiero perderte: Neind wollwn Einbuße. Fue lo que te dije aquella noche que me quedé en tu habitación… —Y también lo había oído momentos antes.

¿Y por qué no se lo había dicho en un idioma que entendiera? ¿Era verdad? ¿Realmente le amaba, o sólo era una más de sus actuaciones dignas de un maldito Bambú de Oro? Su mirada bajó confundida. De ahora en adelante Changmin iba a batallar mucho para convencerle de algo, si es que aún quería convencerlo.

Levantó la cabeza y sus ojos grises se clavaron en aquellos castaños que parecían querer leer en su interior, sólo que su mirada fría se había topado con otra igual de fría, aunque llena de rencor y desconfianza. Si lo que Changmin había buscado desde el principio era destruirlo… ¡Lo había logrado!

—Jaejoong, ¿me crees ahora?

—No. —La seriedad en aquella respuesta, sin pizca de vacilación, logró que Changmin tensara la mandíbula—. No te creo nada.

—Dime, qué tengo que hacer para que me creas. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa. —aseguró acercándose un paso a él, pero Jaejoong giró el pomo de la puerta y el sonido del cerrojo abriéndose lo detuvo.

—¿Cualquier cosa? ¿Estás seguro? —inquirió mirándole a los ojos, sonriendo cuando el menor asintió—. Reconcíliate con tu madre. —La mirada del actor se oscureció y sus cejas se arquearon con disgusto. Sabía que esa sería su reacción, y por eso lo había pedido. Era tal cual la ocasión en que le había pedido su corazón para entregarse a él… Aunque lo había hecho, sin recibir nada a cambio. O quizá sí: Un par de patadas en el trasero.

—¿Por qué insistes con eso? —masculló tenso—. No voy a pedirle disculpas. El juez desestimó los cargos, así que nadie puede obligarme, ni tú. —Pero Jaejoong sonrió de nuevo. Ya lo sabía.

—Entonces no prometas algo que no piensas cumplir, porque en tal caso la respuesta a tu pregunta sería: ¡Nada! No puedes hacer nada —se dio la vuelta para salir, si bien deteniéndose por un instante sin abrir aún la puerta—… Porque ni aunque lo gritaras a los cuatro vientos podría creerte. ¡Ya le has dado jaque al rey! —Y diciendo aquello último, arrancó de su cuello el anillo que pendía de su cadena y lo lanzó al suelo, donde rebotó contra las losas. Entonces sí, salió de la habitación cerrando con fuerza tras de sí.

En el silencio de la habitación, Changmin observó la puerta cerrada meditando todas y cada una de las palabras del modelo, mientras se agachaba para recoger el anillo de oro con la cadena rota. ¿Gritarlo a los cuatro vientos? Lo pensó por un momento, y sonrió. No creía necesitar hacer algo tan drástico para convencerlo.

La ceremonia de los Asian Film Awards era ese domingo y todavía no tenía a quien llevar, pero Jaejoong le había dado la solución a su problema. Le iba a costar un poco, lo sabía bien, pero estaba seguro de que con el plan que empezaba a maquinarse en su cabeza, podría convencerle de cuánto le amaba…

—Debí haberte dicho el mismo día en que me di cuenta… lo mucho que te amaba —murmuró con la vista baja, fija en el anillo que enseguida apretó en su mano—. Pero aún no es demasiado tarde, el siguiente movimiento sigue siendo mío…

«Jaque al Rey…» Y la enorme sonrisa se curvó en sus labios.



 ❥ Fin del Capítulo Trece.



¹ Paquete de regalos o bolsa de regalos. Todos los nominados a los principales premios, sea mejor actor, actriz, principal o secundario; mejor director y todos los presentadores que aparecen en la ceremonia; son dotados de estas bolsas de regalo que en ocasiones tienen un costo de entre 2,000 y 20,000 dls. Incluyen joyería, celulares, lo último en electrónica, perfumes y estancias en lujosos complejos turísticos, así como asistencia a exclusivos spa.


Significado de las frases en Alemán.

 De Kyhyun a Jaejoong
Er recht haben, du besittzan glück, Kim Jaejoong || Él tenía razón, tienes suerte, Kim Jaejoong.
Ich wissen || Lo sé.
¡Auf Wiedersehen! || ¡Adiós!

 De Changmin a Jaejoong
Ich liebe dich, und neind wollwn da nein dich verlassen ||  Te amo, y no quiero que me dejes.
Neind wollwn Einbuße || No quiero perderte.



—.—.—



UFF, este capítulo estuvo largo. ¡Y ya estamos llegando al final! Chan-chan-cháaan~

Sé que me tardé (qué nuevo), pero hey... aunque parezca bobo, los comentarios ayudan a la motivación. Si no hay comentarios, luego ando pensando que nadie lee <|3 (y lo digo por las que me regañan por otros medios por no actualizar).

Kkk, en fin, espero les haya gustado. See ya~



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón, pero... no sé otra manera de expresarmr ahora(?) .

Asdfhjklhdyeuoorukcnvnmyeejejhsgkoudniekgdn.

Oh my god.
¡Realmente muy largo e intenso!

Al fin se reveló el porqué la maldita venganza.

Kyu :'(
Que feyo;; pero adgjlgkdjjdkdkg.

Changmin cayó en au pripia trampa(?);;
Espero ese par se acepten ya.

Yo tampoco creería al actor, no después de hablarme en alemán y asegurar que nunca lo amó ;-;

Agkldj me gustó mucho elcapítulo.

No me dejes con mucha intriga;-; quiero saber como lo va a convencer(?).

Te queyo Solfighter♥ Te seguiré acosando hasta que haya cap nuevo♪

Anónimo dijo...

gosh estuvo genial!! este capitulo realmente tubo de todo me encanto y realmente espero con ansias el proximo capitulo

No se que mas decir solo que me encanta esta adaptación <3

Unknown dijo...

Tuuuuuuuuuuuuuuuuu!! mala persona, mataste a mi Kyu u.u

Este capitulo estuvo super largo, creo que esta vez casi me tarde media hora en leerlo.
De nuevo, a un principio me estaba riendo con el caliente de Yoochun y después llore, llore y casi me da un ataque cuando mataste a mi baby, se iba a casar!!!

Por fin salio a la luz el porque de la venganza. aunque ya tenia una sospecha y esta vez era cierta. Changmin escogió un muy mal momento para decirle al Alien que lo amaba, espero que al final todo se solucione y Jae lo pueda perdonar.

Los tres días que te veo en la escuela te voy a estar molestando para que actualices pronto, no puedes dejarme así, sino tendré que tomar medidas extremas ㅅ.ㅅ

Publicar un comentario