Caminaba lo
más lo más animado por los pasillos del colegio, después de todo había pasado
un buen fin de semana, aunque quizá debía descartar el sábado, el día de los BIFF.
Pero incluso así lo había pasado relativamente bien. Ahora se sentía un poco
más despejado y contento ya que, había podido ver a su padre.
Había
llegado muy temprano el domingo a la mansión Kim, sorprendiéndose de que Hyunjoong
aún no llegara a la casa, pero le daba gusto ya que de ese modo podía ver a su
padre sin problemas.
Se había
quedado con él hasta después del mediodía, y Eungsoo se había mostrado muy
feliz de verlo y poder platicar con él de los temas que más le gustaban: el
cine y el teatro. Se quejaba amargamente del abandono en el que lo tenía su familia,
rodeado sólo de doctores y enfermeras que nada sabían de dirección y no podían
discutir con él la actuación de los nuevos nominados a los Asian Film (fue
gracias a su padre que se enteró de la nominación de Changmin como mejor
actor). Jaejoong le había sugerido dejar la escuela e irse a la mansión a
cuidarlo en persona para poder hablar con él de todos esos temas, pero su padre
se lo prohibió tajantemente.
El ama de
llaves llegó cerca de las cuatro de la tarde con la merienda y con mucho
disimulo fue que le avisó al pelinegro que su hermano iba llegando en el auto
de su padre, que era mejor que se marchara antes de que lo descubriera. No en
balde la mujer había trabajado con ellos desde hacía años y sabía de sobra las
peleas que el mayor de los Kim solía provocar cuando el menor se encontraba
presente. No tuvo más remedio que despedirse de aquel a quien quería tanto,
pero le prometió regresar muy pronto. El hombre le dejó ir con renuencia, pues
eran esas pocas ocasiones en que el modelo iba a visitarle que podía reír como
si en realidad no estuviese enfermo.
Después de
eso se había dirigido al hospital, directo a ver cómo le había ido a la
pequeña. Fue una enorme sorpresa ver el premio que ganara Changmin el día
anterior sobre el pequeño buró al lado de la cama de Lauren. El abuelo de la
niña, Park Yoosuk, le había contado que todo había salido muy bien, que los
médicos estaban muy optimistas de los resultados. Sobre todo, de la actitud de
la niña. Todo parecía indicar que las palabras de Changmin le habían infundido
ánimos y ahora estaba dispuesta a caminar, cosa que antes dudaba.
Cuando la
pequeña vio a Changmin y este le dio la estatuilla, se había sentido tan
emocionada y feliz que ahora aquella descarga de adrenalina había terminado por
dejarla dormida hacía relativamente poco tiempo. El actor se había presentado
muy temprano en el hospital y se había quedado con la niña hasta la una de la
tarde. Una de las enfermeras le había informado que incluso el chico había
llegado cargado de juguetes para todos los niños internados en ese hospital.
«¡Increíble
pero cierto!» pensó Jaejoong dando vuelta en los pasillos rumbo al salón de
clases. Ya se le había hecho tarde y lo peor es que había olvidado por completo
hacer la tarea, tendría que perder el almuerzo por tratar de resolverla porque
Yoochun aún no llegaba y Boa jamás se la prestaría.
Aquellas
palabras que Rain le hubiera dicho en los BIFF aún rondaban por su cabeza. “Una
novia”. Lo había pensado toda la noche y no le parecía tan mala idea, el único
problema era conseguir una, como ya lo había considerado antes. Iba a tener que
levantar una lista mental y barajar sus posibilidades, con su apariencia, tener
novia debería ser de lo más fácil. El detalle estaba en que no debía ser de la
escuela porque terminaría de pleito tarde o temprano.
«¿Taeyeon?
Al fin y al cabo ella dijo que le gustaba… ¡No, pero qué tonterías!» sacudió la
cabeza. Esa víbora resbalosa era insoportable, y él no quería pasar por cornudo
sin darse cuenta.
Quizá una
modelo, aunque eso también era complicado, ya que quien no sufría de bulimia o
anorexia estaba involucrada con las drogas. Viendo ahora ese panorama, iba a
resultar más difícil de lo que hubiera creído la noche anterior.
Empezaba a
sentirse como un adolescente desesperado.
–.—.—.—.—.—.–
Había hecho
ya casi todos los problemas de la clase de contabilidad, ya sólo le faltaba
uno. El salón se encontraba todavía solo, lo que le había dado oportunidad de
concentrarse en resolver la tarea, que no había resultado tan difícil. ¿Desde
cuándo se había vuelto tan bueno para las matemáticas? Oh sí, ya lo recordaba,
desde que ese frío actor le había revelado el resultado de uno de los problemas
en plena clase. Se había hecho la firme promesa de no volverse a dejar humillar
de esa manera.
El chirrido
de la puerta abriéndose le hizo voltear por puro reflejo. Quién sabe cómo le
hacía ese ególatra para controlar esos impulsos. Sonrió en grande al ver a Boa
acercarse hasta él con manzana en mano, la cual colocó frente a él y sobre la
paleta del pupitre.
—Ya que no
fuiste a desayunar, el desayuno vino a ti. —afirmó sonriendo.
—Gracias.
—le sonrió al tomar la manzana y morderla. Su estómago protestaba de hambre y
estaba seguro que no podría aguantar hasta el almuerzo; y todo era culpa de ese
infeliz de Changmin, si no hubiera perdido aquella apuesta no hubiera olvidado
hacer la tarea.
—Me dio
gusto verte en la tv —comentó ella, dándole tiempo conforme el pelinegro
terminaba de comer su fruta—, y que hayas visto a tu hermano —Jaejoong dejó de
sonreír al recordar al Hyunjoong y todo lo que le hubiera dicho en la premiación—.
Muchas revistas sacaron sus fotografías… —metió la mano en su mochila para
sacar algunas de las mencionadas, donde el modelo no tardó en hallar una
impresión de ambos mostrándoseles abrazados—. Se veían muy bien, los dos. Son
tuyas, Jae, sé que te gustaría tenerlas.
Boa sabía de
los problemas que tenía con su hermano, así que seguramente había sido una
sorpresa para ella verlos retratados de aquella manera tan familiar. Por ello
se las regalaba… Ella sabía que sería algo irrepetible, o quizá pensaba que su
hermano había cambiado.
—Sí,
gracias. —murmuró dejando deslizar un dedo por la fotografía. Si Boa supiera…
Lo bueno es
que no le había comentado nada sobre los comentarios de Changmin y suyos que
venían en las portadas de algunas de las revistas, aunque otras lo aparecían
relacionándolo con Jessica, así que seguro la pelicorto las estaba ignorando.
—Pero,
¿sabes? —la repentina emoción de la chica que buscó pararse frente suyo le hizo
olvidar de momento las revistas. Se mostraba animada, tanto como aquella vez en
que se hubiera enterado del ingreso de Changmin al colegio. Ojalá no tuviera
algo que ver con él…—. Quiero pedirte un gran, gran favor, y quisiera saber si
pudieras ayudarme.
—Claro, sólo
dime de qué se trata. —cedió mientras guardaba las publicaciones bajo el banco.
Hasta que escuchó de qué se trataba el favor, y sus cejas se arquearon con
disgusto. Podía ayudarle en lo que fuera, menos en eso.
—¡Por favor,
Jaejoong! ¡Por favor! —rogó juntando ambas manos—. Me hinco si quieres, ¡pero
por favor! —¿Por qué su amiga tenía que hacerle eso? Precisamente a él.
—No, no y no.
—agitó su dedo en negación. No quería ni verlo, menos hablar con él, después de
todo, había huido de él después de los BIFF y esa mirada fría que le había
dirigido a través de la ventanilla de la limusina de Jessica no le auguraba
nada bueno.
—Por favor,
habla con él… —suplicó de nuevo, subiendo su rodilla hasta donde el modelo se
encontraba sentado, haciéndole separar las piernas. Eso lo puso nervioso. ¿Boa
estaba intentando coquetearle?
—No sabes lo
que dices, es muy difícil hablar con él. —explicó, pero Boa sólo sonrió.
—No más
difícil que callar —Quizá sólo estaba malinterpretando las señales. Después de
todo, su relación con la pelicorto había terminado hace año y ahora eran sólo
amigos. Sí, tenía que estar malinterpretando—. Por favor, Jaejoong… —El tono
lastimero hizo al pelinegro morderse el labio inferior.
—No sabes
cómo odio que me hagas esto… —se lamentó, volviendo a hacer sonreír a la
chica—. Sí, sí, está bien, hablaré con él —Boa sonrió mucho más, por lo que se
dio prisa en aclarar—. Pero sólo voy a recomendarte con Changmin en el remoto
caso que me pregunte por algún diseñador. Debes recordar que él no suele
desfilar por la alfombra roja, así que aún si decidiera usar tu diseño, puede
que ni los reporteros ni los críticos de moda lleguen a verlo.
—Sí, lo
entiendo. Gracias, Jae, ¡gracias, gracias! —brincó abrazándolo por el cuello.
Jaejoong apenas pudo sujetarla con un brazo, en tanto se sostenía del banco con
el otro para que no cayeran ambos por el impulso de la chica.
—No me des
las gracias, todavía no hablo con él y tal vez nunca lo haga. —Boa se soltó de
su cuello y volvió a levantar la rodilla para situarla en el mismo lugar de
antes, mirando al pelinegro fijamente.
—Me conformo
con tu promesa. —se sinceró tomándolo por el cuello con ambas manos, y tras
hacerle alzar el rostro le regaló un inesperado beso en los labios.
El modelo
pudo sentir a la perfección el cálido roce, pero no le preocupó mucho, a veces
solían darse besos de ese estilo sin ninguna consecuencia. Era sólo un beso de
amigos, sin ningún sentimiento romántico involucrado.
El fuerte
eco de un portazo les hizo separarse con brusquedad y girar al frente, pero no
había nadie. Sintiendo una extraña agitación en el pecho viró la mirada hasta
el pupitre de Changmin sólo para encontrarse con que sus libros ya estaban ahí,
no habiéndolo notado por las prisas.
¡Maldición!
¿Changmin los habría visto? ¿Había sido él quien había entrado?
No supo si
había sido él o no, pues la puerta no volvió a abrirse sino hasta que el resto
de sus compañeros empezaron a llegar. Para cuando el actor entró al aula, el
corazón se le aceleró mientras trataba de ignorar la fría mirada que este le
dirigió enseguida, pero era más fuerte que él. Giró el rostro
involuntariamente, sólo para notar que la mirada del menor seguía clavada en su
persona. No supo interpretar esa mirada inquisitiva, tan fría y recelosa. Lo
miraba a él, a él y no a Boa, ¿entonces lo miraba así por el modo en que había
huido de los BIFF? ¿O era también por haberle visto besando a Boa?
Bajó el
rostro ya sonrojado. Si le había visto con Boa, entonces debía estar preparado
para la revancha del chico, como ya se lo hubiera advertido. Y si no… ¿si no?…
¿Qué iba a hacer Changmin?
—Chicos, ¿se
enteraron? —la voz de Boa le sacó de sus pensamientos. La pelicorto había
salido del aula luego de haber hablado con él, nerviosa de ser descubierta por
algún maestro, y ahora volvía con noticias… o un chisme, más bien.
Yoochun se
acercó hasta el pupitre del pelinegro y se sentó con la silla puesta al revés
para escuchar, habiendo sido la primera vez que llegaba al salón antes que el
maestro. Jaejoong se hizo el firme propósito de interrogar a su amigo cuando
fueran al almuerzo. «Quizá se enojó con su novia» Tendría que averiguarlo. El
músico miró de reojo en ese momento, notando que Changmin se mantenía atento
escuchando, aunque aparentara que no.
Boa lucía
agitada y emocionada por igual, lo que se reflejaba en su sonrisa y el eterno
vaivén. Esperaba porque ambos chicos le prestaran atención, pues le gustaba
causar drama cuando de alguna noticia importante se trataba, sólo que… Jaejoong
no tenía paciencia para seguirle el juego.
—Vamos, dilo
ya, aquí nos tienes como tontos esperando y tú sólo ríes como boba. —apuró el
pelinegro desesperado. Boa le miró con el ceño fruncido, llevándose las manos a
la cintura.
—Si me
sigues hablando de esa forma no les digo nada y corren el riesgo de perder todo
lo valioso que guarden en su habitación. —Jaejoong abrió los ojos enormes de la
impresión y Yoochun se acercó aún más para escuchar.
—¿Hay un
ladrón en el colegio? —preguntó el músico, dejando bien marcada su incredulidad.
El colegio
en el que estaban era de ricos, era casi imposible imaginarse a alguien robando
en él. Se suponía que para poder entrar, primero se verificaba la solvencia
económica de los aspirantes. ¿Entonces por qué? ¿Acaso había un cleptómano entre
los estudiantes?
—Así es. —la
pelicorto se sentó en su pupitre para contarles a modo más confidencial—. Vengo
en la oficina de Seohyun y me ha contado que en la última semana se han
levantado siete quejas de extravío de objetos de valor y dinero en algunas
habitaciones del primer y segundo piso. Al parecer el ladrón se cuela por las
noches en los cuartos, mientras todos duermen, y roba lo que encuentra en los
cajones. También parece que sabe quién tiene y quién no, por lo que piensan
podría ser un estudiante.
—¿Y qué
piensan hacer para detenerlo? —Jaejoong no daba crédito a lo que sucedía.
—De momento
se va a solicitar que las puertas de las habitaciones se cierren cuando salgan,
y están estudiando la posibilidad de poner cámaras de video por los pasillos.
—aseguró ella, y Yoochun arrugó el ceño. Jaejoong le miró y sonrió por
reacción. De esa forma su amigo ya no podría salir por las noches para ver a su
novia, se darían cuenta que entraba a su cuarto y no salía hasta la madrugada.
Aunque eso también implicaba que ya no habría maratones en la sala de estar.
—Nos van a
arruinar la diversión nocturna —Jaejoong hizo un puchero—. Ojalá encuentren a
ese ladrón antes de que pongan esas cámaras por los pasillos.
La puerta
del salón se abrió y todos volvieron a sus lugares al ver al maestro entrar al
aula. Y tal como Boa se los había adelantado, éste no tardó en solicitarles el
que cerraran las puertas para evitar los robos, llevándose buena parte de la
mañana en darles un largo sermón sobre la honestidad, olvidando por completo la
tarea que tanto trabajo le había costado hacer. Si no hubiera sido por esa
mirada fría sobre él y los escalofríos que le producía, quizá se hubiera
dormido.
–.—.—.—.—.—.–
Era ya la
última clase antes de salir a comer, literatura era una de sus asignaturas
preferidas y a la que más atención ponía, y esa no habría sido la excepción, si
aquel día el sonriente rostro de cierta rubia no se hubiera asomado por la
puerta del aula, con su largo cabello rubio deslizándose sugerente sobre las
curvas delanteras de su silueta. La mayor parte de los varones no tardaron en
empezar a exclamar en admiración, distrayendo incluso la atención del profesor
ante el escándalo.
—Disculpe
que interrumpa su clase —musitó la chica coqueta, agitando sus largas pestañas
para que el maestro sonriera amplio y complacido—, pero me urge hablar con Kim
Jaejoong. ¿Le puede dar permiso para salir?
Jaejoong
alzó la vista de su libro al sentir el codazo de Yoochun a su costado, había
estado tan concentrado en su lectura que ni se había percatado de la
interrupción, a lo cual, sus ojos mostraron toda su sorpresa al ubicar a su
amiga Jessica en la puerta. ¿Qué quería la rubia como para ir a buscarlo hasta
la escuela?
—Por
supuesto, señorita Jung —pronunció ligeramente nervioso, con una sonrisa—.
Jaejoong, puedes salir. —le indicó al modelo con la mano.
El pelinegro
se levantó ignorando la severa mirada de Boa sobre sí, así como la extrañada de
Changmin. Los murmullos mientras se encaminaba hasta Jessica no se hicieron
esperar, la envidia en la mayoría era notoria, y las preguntas se sentían en el
aire: ¿Serán novios? ¿Entonces serían falsos los rumores?
La puerta se
cerró y Jaejoong siguió los pasos de su amiga rubia, quien se detuvo justo a
mitad de los pasillos de las aulas. A esa hora no había nadie en los
corredores, faltando pocos minutos para que se llenaran de alumnos que iban
directo al comedor.
—¿Qué
sucede, Jessica? —la pregunta fue directa al verla de pie, dándole la espalda—.
¿Tienes algún problema? No es común que vengas a la escuela personalmente,
aunque no tengo idea de cómo le hiciste para entrar sin un pase especial, ¿o es
que conseguiste uno? —Jessica soltó una carcajada que resonó por todo el
pasillo.
—Los hombres
son todos iguales —murmuró girándose para verlo—. Les guiñas un ojo, les
pestañeas un poco, quizá un casto besito en la mejilla y los tienes comiendo de
tu mano.
—¡Vaya forma
de conseguir tu pase! —aseveró divertido—. Pero aún no me has dicho a qué has
venido.
—¿Has
escuchado los rumores? —preguntó Jessica muy seria. Jaejoong parpadeó
extrañado. Por supuesto que los había escuchado, si le tenían los nervios de
punta. Todos hablaban de una posible relación con Changmin, pese a que otros
les desmintieran por haberle visto saliendo de la premiación con ella. No
obstante, Sunny ya le había informado (el mismo domingo que él le hubiera
llamado) que algunas posibles campañas se estaban tambaleando a causa de esos
rumores.
—No me vas a
decir que estás creyendo que salgo con Shim Changmin —respondió a la
defensiva—. El hecho de que le haya acompañado a los BIFF no significa nada,
perdí una apuesta y ese fue mi castigo, que por cierto fue terrible. ¡No lo
soporto! —Jessica esbozó una sonrisa triste.
—No me
refiero a esos rumores, sino a los míos. —aclaró. La extrañeza acudió de nuevo
al rostro del modelo. ¿A qué rumores se refería la rubia? Muchos eran los que
sabían que ella salía con cuanto chico quería y siempre que podía, lo hacía
público. ¿Qué clase de rumores podrían tenerle así de desanimada?
—No. No he
escuchado nada acerca de ti. ¿Qué están diciendo? —preguntó curioso, ya que las
revistas que Boa le había dado continuaban todavía bajo su cama.
—Me están
relacionando con algunas chicas. —afirmó entre un enorme suspiro. Jaejoong
abrió enormemente los ojos ante tal afirmación.
—¡TÚ!
—señaló entre carcajadas—. Si eres la chica que más sale con hombres, ¿cómo es
posible que se les haya ocurrido semejante tontería? Esos son los rumores más estúpidos
que se les haya podido ocurrir. —Jessica no pudo evitar el voltear a verle y
sonreírle, aunque su sonrisa no era la de siempre. Era triste, algo que no le
gustaba. La rubia siempre era sarcástica y divertida, pero ahora… estaba más
que extraña, le hacía sentir mal.
—Sin
embargo… esos rumores me afectan, y por eso he venido a pedir tu ayuda. —se
acercó hasta él para tomar sus manos, dejándole sentir sus cálidas manos
húmedas por el sudor de los nervios; porque no podían ser más que nervios los
que le tenían así de extraña.
—¿Eh?
—balbuceó sin comprender.
—Sé mi
novio. —pidió acortando la distancia, en tanto un tenue rosado asaltaba las
mejillas del pelinegro—. No, no seríamos precisamente novios —se apresuró a
explicar al notar la expresión de su rostro—. Sería sólo un noviazgo de
revista. Yo les digo que somos novios, si te preguntan les dices que sí.
Salimos una que otra noche, te quedas en mi casa uno que otro día, no es
necesario que haya sexo entre nosotros —negó con una mano sin soltarle el rostro—.
Aunque me gustaría. Así los rumores que nos rodean desaparecerían. ¿Qué dices,
aceptas ayudarme?
—Pero
Jessica, yo no sé mentir… —le recordó no muy convencido. Era una buena idea,
Rain le había dicho que lo que necesitaba para encaminar su carrera era una
novia, y qué mejor que una de sus viejas amigas en quien confiaba y, sabía, no
se sentiría mal a la hora de terminar. Conseguir una novia real iba a ser
tardado.
—No estarías
mintiendo, seríamos novios, pero de los antiguos, de esos de ‘manita sudada’.
Me ayudarías mucho… —musitó triste—. Tenía un gran proyecto en puerta, pero
ahora con estos rumores lo han dejado en stand by. En verdad necesito tu ayuda…
—Jaejoong pudo ver en esa mirada una súplica que jamás utilizaba. Sabía que no
mentía, a pesar de ser actriz, ambos podrían ayudarse mutuamente. ¿Por qué no?
Sólo sería por un tiempo, mientras presentaba la audición y le daban un papel
que le mandara a Seúl, entonces terminarían oficialmente.
—Está bien.
—accedió con cierta seriedad. Si en sus manos estaba ayudarle, lo haría, aunque
eso significara meterse en líos con cierto actor que lo creía como de su
propiedad.
—¡Gracias,
mil gracias, Joongie! —ahogó colgándosele del cuello con suma alegría.
El timbre
sonó en ese momento y casi al mismo tiempo las puertas de los salones
comenzaron a abrirse, con todos los salones saliendo de los mismos a las
prisas. Se sintió nervioso conforme el pasillo empezó a llenarse de chicos y
chicas que les dedicaban miradas sorprendidas. Jessica aprovechó el que tuvieran
público para plantarle un beso en la boca a su ahora novio, eso serviría para
que hubiera más de uno que pudiera confirmar lo que le diría a la prensa.
Fueron dos
figuras, una alta y varonil, y otra mucho más bajita, femenina, quienes vieron
con enorme sorpresa aquella escena justo a mitad de los pasillos. Jaejoong
abrazaba a Jessica Jung mientras se besaban, sin importarles el que todos
estuvieran viéndoles.
—Te veré el
viernes para que me compenses, como sólo tú sabes, por esta eterna separación… —agregó
Jessica conforme se separaba de Jaejoong con una gran sonrisa, sin soltar su
mano y dejando a más de uno con los ojos abiertos por tal comentario tan
íntimo. Era una buena representación, la rubia se alejaba sin soltarle la mano
hasta el último instante, cuando la lejanía se lo obligó; como decirles a todos
que no querían separarse, y aquel último comentario sólo lo recalcaba.
—Ah… ajá…
—atinó a balbucear nervioso el modelo, mirándola alejarse con la mano todavía
extendida, como si quisiera mantener el contacto.
Para cuando
giró a ver, sólo alcanzó a notar cómo Yoochun cabeceaba en negativa y se daba
la vuelta, al tiempo que Boa se acercaba a zancadas con el ceño fruncido. Si
bien, lo que más le preocupó fueron aquellos ojos fríos que le observaban más
atrás como si quisieran matarle, aproximándose al igual que la pelicorto,
aunque mucho más lento.
No fue sino
el fuerte golpe sobre su mejilla lo que le hizo reacción, bajando la mirada
para notar a la pelicorto cuyos ojos se veían extrañamente vidriosos.
—Boa… ¿por
qué me pegas? —Pero la chica le pasó de lado sin dirigirle ni una palabra.
Jaejoong se giró para seguirla, con Changmin justo detrás de ambos—. ¡Boa,
espera! ¿Qué te dice para que me golpearas así?
—¿Cómo te
atreviste, Jaejoong? —masculló ella sin detenerse—. ¡Besarte en medio de todos
con esa promiscua! —Jaejoong se sintió molesto de golpe, no midiendo sus
palabras cuando se preparó para defenderla.
—¡No te
atrevas a hablar así de mi novia! —Quizá no lo eran en verdad, pero no permitiría
que nadie insultara así a su amiga.
Boa se
detuvo de golpe, volteándose para verlo. Las lágrimas comenzando a resbalar por
su rostro, pese a que Jaejoong sólo miró de reojo el cómo Changmin avanzaba más
rápido hasta ellos, pasando por un costado y perdiéndose en las escaleras del
ala Este. Quizá sabiendo que Jessica era su novia, le dejaría en paz.
—¿Tu novia,
dices? —cuestionó la débil voz entre quedos sollozos. Jaejoong regresó la vista
a su amiga empezando a sentirse mal, jamás le había gustado ver a una mujer
llorar, y mucho menos que esta fuera Boa. Tampoco le gustaba gritarle a las
chicas, pero el que su amiga atacara a la rubia no le había simpatizado, pues
ella no sabía los motivos por los que se comportaba así. No tenía derecho a
prejuzgarla.
—Sí.
—respondió más suave.
—Pero ella
no… —empezó, pero se interrumpió de golpe frunciendo el ceño y apretando los
puños—. ¡Jaejoong, te odio! —gritó un segundo antes de salir corriendo para
adentrarse al baño de chicas.
Él se quedó
de pie sin saber qué hacer. ¿Por qué Boa reaccionaba así? Si ellos habían
dejado de ser novios precisamente por esos arranques de celos… ¡Celos! No, no
era posible que Boa siguiera enamorada de él. ¿Cómo no se había dado cuenta?
Las miradas de rabia, esa forma de ser tan posesiva con él, esas sonrisas
cuando estaban juntos, la mirada dulce con la que le veía y los besos que en
supuesto, eran de ‘amigos’.
—Sí que eres
idiota, Kim Jaejoong —susurró para sí mismo, dándose un golpe en la cabeza. Su
mejor amiga y ex novia seguía enamorada de él, y ni cuenta se había dado. De
haberlo sabido, desde hace mucho hubiera hecho algo para remediarlo—. ¿Pero qué
puedo hacer si no he logrado quitarme de encima a ese otro problema? —resopló
suspirando, de camino hasta el comedor mientras ignoraba aquel ardor en la
mejilla.
«Pero me lo
tengo bien merecido, no por haber besado a Jessica, sí por no haberme dado
cuenta de los sentimientos de Boa»
Ahora tenía
más problemas que antes. Uno: Era novio de Jessica sin serlo y él no sabía
mentir, así que a ver cómo manejaba a los medios, porque sería mejor entre
menos hablara. Dos: Boa seguía enamorada de él y era imposible que pudiera
corresponder a tal sentimiento. Y tres…
¡TRES, CHANGMIN! ¡Dios, el punto tres era el que más le preocupaba!
–.—.—.—.—.—.–
Dentro del
baño de mujeres sólo podían escucharse los sollozos de la pelicorto. Todas las
chicas habían salido, dejándola sola. Jaejoong se había hecho novio de la chica
a la que más detestaba. Desde que salían juntos, siempre se había sentido
celosa de la cercanía de esa chica para con el pelinegro, aunque Jaejoong le
había aclarado que sólo eran amigos, no podía evitar que los celos se
apoderaran de ella cada vez que les veía juntos en revistas o televisión. Y a
final de cuentas, esos celos que le profesaba habían terminado con la relación.
«Y ahora con
esto» se dijo conforme apretaba con fuerza los puños sobre las baldosas del
piso donde se había sentado para ocultar su rostro, mojado por las lágrimas,
entre sus piernas. «Esto termina por hacerme notar que jamás lograré que
Jaejoong se vuelva a interesar en mí»
—Te odio,
Kim Jaejoong… —pronunció entre balbuceos producidos por el llanto contenido.
—Deberías
odiarte a ti misma y no a ese idiota que tienes por amigo…
Boa levantó
la vista asustada. Había pensado que estaba sola en el baño de mujeres, por lo
que se sorprendió al ver de pie delante de sí a aquel modelo, amigo de
Jaejoong. No entendía qué hacía ahí dentro, o cómo es que había logrado
colarse, pero no quería verlo… No quería ver a nadie.
—¿Qué estás
haciendo aquí? ¿Vienes a burlarte de mí? ¿O es que quieres fotografiarme en
este estado? —masculló mostrando su rostro lloroso.
—Y ya le
tengo el título —Yunho se cruzó de brazos, mirándola desde su altura—. Derrota.
—Eres un idiota.
—replicó furiosa, volteando el rostro para volver a esconderlo entre sus
piernas.
—No, la
idiota eres tú —El rostro de Boa enrojeció por sus palabras, girando de nuevo
para verle—. Jaejoong no es el único ser sobre la Tierra para que te obsesiones
con él. Se hizo novio de una rubia que cambia de novio como de calcetines… pues
bien por él. Sabes de antemano que esa relación acabará mal, y en lugar de
alegrarte porque sabrá que ha tenido todo el tiempo a una buena chica cerca de
él, te pones así. Eres más boba de lo que pensé.
—¡Yunho!
—ahogó más sorprendida que molesta por aquellas palabras.
—Sí, eres
boba. Hay más peces en el agua, ¿y tú sólo te fijas en una simple trucha
habiendo salmón? —Boa se levantó del suelo secando sus lágrimas con el dorso de
la mano, acercándose hasta el modelo con una sonrisa en los labios.
—¿Estás
comparando a Jaejoong con una trucha y a ti con un salmón? —cuestionó algo
divertida, lo que causó que Yunho retrocediera asustado y su rostro
enrojeciera.
—¿A mí?
¿Quién habló de mí? —evadió nervioso, logrando que la sonrisa en el rostro de
la pelicorto incrementara, caminando con las manos tras la espalda hasta la
salida del baño, no sin antes voltear un poco divertida, sonriéndole de forma
amplia y sincera.
—Tú.
—No, yo no
estoy hablando de mí, pero sí estoy hablando de ese alíen y estoy hablando de
ti. Siempre he creído que eres muy fuerte, más como para dejarte derrotar por
esa rubia. Si pudiste soportar toda la semana pasada mi sarcasmo sin decirme
nada, podrás soportar unos cuantos días a ese tonto modelo con esa actriz.
—explicó, mirando el cómo la chica abría la puerta disponiéndose a salir con
una sonrisa en los labios.
—Gracias,
Yunho. Jamás creí que fueses capaz de levantarme el ánimo y hacerme ver el
mundo de otra manera. —afirmó antes de salir muy tranquila, ignorando al grupo
de chicas que entraron después y gritaron al encontrarse al joven dentro del
sanitario. Boa sólo sonrió más, girándose a tiempo para ver al modelo salir
corriendo siendo golpeado por libros, manos y mochilas con vanos intentos de
defenderse usando sus brazos como escudo.
No cabía
duda que el salmón era interesante y muy atractivo…
–.—.—.—.—.—.–
Estaba
preocupado, mucho muy preocupado. Haberse hecho novio de Jessica le iba a
causar demasiados problemas, lo sabía bien, pero ya no había más qué hacer. Al
entrar al comedor se había ido a sentar con Yoochun y Hangeng, pensando que Boa
no llegaría para comer con ellos, pero se equivocó: la castaña se había
presentado pidiéndole disculpas por lo ocurrido y deseándole suerte con la
rubia, lo que de por sí lo había desconcertado. Quizá ella no estaba enamorada
de él como había creído, y sólo estaba molesta porque sabía que Jessica le
haría daño… si estuviera enamorado de ella, cosa que no era así.
Yoochun le
advirtió en un tono casual que lo pensara mejor, ya que la relación con la
rubia no le dejaría nada bueno, y que si sólo lo hacía por acallar los rumores
que había visto en los programas de chismes y los diarios del domingo, había
tomado la peor decisión. ¿Cómo sabía Yoochun que ese había sido el motivo real
para hacerse novio de Jessica? Prefirió no responder y seguir con su plato, si
bien su vista no resistió girar al frente para buscar a Changmin, cuya
presencia no parecía estar en el comedor. ¿Dónde diablos se habría metido?
«Quizá
estando nominado a los Asian Film lo veré menos en la escuela» consideró entre
pensamientos, sólo para suspirar con alivio.
El resto de
la comida se la pasó en un tenso silencio, hasta que llegó Yunho. El alto
modelo se dedicó a recitar todas las columnas de chistes de los diarios entre
carcajadas, contando lo que decían de Jessica, de Jaejoong y hasta de Changmin,
hasta que Hangeng le arrancó el diario de las manos y lo hizo pedazos. Por un
momento eso pareció disgustar a Yunho, tan sólo para notar que ellos le veían
igual o peor.
—Lo lamento.
—se disculpó sincero, despidiéndose para ir a buscar al maestro del taller de
fotografía.
Jaejoong se
despidió sintiéndose incómodo entre sus amigos, quienes no aceptaban su
relación con Jessica, algo que le parecía injusto. Él tenía derecho a escoger a
la persona con la que quería estar, y en esos momentos era su rubia amiga. Más
por conveniencia que por amor, pero eso de momento no podía decírselos. No
sabía si no la querían porque creyeran en los rumores o porque sabían que ella
terminaría poniéndole los cuernos en cualquier momento, pero tampoco se animó a
preguntar.
Lo que de
antemano sabía era que esos rumores eran una vil mentira. Aún no veía con
detenimiento las revistas que Boa le había dado, pero según había podido
enterarse por Yunho, los rumores sobre Jessica surgieron cuando a Im Nana le
robaron su celular y obtuvieron fotos comprometedoras de la excéntrica
millonaria con algunas chicas, incluyendo a la actriz. Aunque eso no quería
decir nada, a Nana ya la habían relacionado antes con mujeres, más no a su
rubia amiga, y en todo caso bien podrían ser fotos truqueadas.
Terminó por
decidirse ir al bosque a estudiar el libreto para la audición, que se llevaría
a cabo a finales de la siguiente semana, mientras llegaba la hora de entrar al
taller. Lo mejor era dejar de pensar en los problemas que iba a causarle el ser
novio ficticio de Jessica, total, él podía ser novio de quien quisiera, no
tenía ningún compromiso con nadie por más que el actor insistiera en creer que
era de su propiedad.
Pensativo,
avanzó hasta el árbol había llegado a discutir ya algunas veces con Changmin
–Prefería pensar en las discusiones y no en lo otro– y se sentó para disfrutar
de la sombra y el fresco del lugar. Era tranquilo, y le permitiría estudiar con
mayor libertad que estando en su habitación. Estar allá le recordaba lo que Boa
les había contado sobre el ladrón, y lo que menos quería ahora era
distracciones.
Comenzó a
actuar el personaje de Danny y a tararear sus canciones. Actuar era su mayor
pasión, lo haría toda la vida una vez le dieran un papel en la obra. Dejaría la
escuela, se mudaría a Seúl y vendría a Busán tan seguido como pudiera para ver
a su padre. Era una lástima que su estado de salud le impidiera viajar para que
le viera actuando.
«Estoy
seguro que obtendré un papel»
Interrumpió
de pronto la canción cuando distinguió la clara sombra de una persona por sobre
el verde pasto que se agitaba con el ligero viento. Jamás se le había ocurrido
voltear hacia las ramas de la parte alta del árbol. Levantó la vista y, ahí,
recargado en un grueso tronco y sentado sobre una rama, estaba su mayor
tormento.
—¡Changmin!
—le gritó, pero el actor ni siquiera se movió de su lugar, cual si no le
hubiera oído. O eso pensaba, hasta que habló.
—No sé por
qué te detuviste, cantas bien. Me entretenía la canción mientras veía unas
cosas. —No lo pretendió, pero Jaejoong se alegró de escucharle afirmar aquello,
pese a no ser la primera vez que lo hacía, oírlo de nuevo le brindaba toda esa
seguridad que necesitaba para cantar en la audición. Y… ¿desde cuándo le tomaba
tanta importancia a las palabras de ese tipo? Se mordió el labio inferior.
—No voy a
hacer de radio para tu entretención. ¿Por qué no me dijiste que estabas ahí
arriba? —bufó medio enfadado, pues el anterior elogio del menor le había
quitado la molestia y es que por más que se repetía que eso no debía
importarle… ¡le importaba! ¡Y mucho!
—Parecías
muy concentrado, no quise interrumpirte. —se encogió de hombros. Jaejoong
apretó los puños mirando hacia arriba.
—Sí claro,
lo único que hacías era espiarme. ¿Me seguiste? —inquirió sintiéndose enfadar
de nuevo. Aquello que había pensado al huir de los BIFF, que se estaba
enamorando del actor, era una tontería. No podía estar enamorado de alguien tan
arrogante y frío, que no se dignaba a bajar para hablar de frente con alguien.
—Yo no. ¿Lo
hiciste tú?
—Ni siquiera
sabía que estabas aquí. Como no comiste, pensé que estabas en alguna promoción
a tu película, con eso de que estás nominado para los Asian Film. —afirmó
sincero. Hubiera deseado no mencionar lo de los Asian Film, porque hacerlo era
recordar los BIFF.
—Ah, te
enteraste. —comentó tan despreocupado, que si no fuera porque sabía lo
importante que era ganar ese premio para poder declararse gay, creería que le
estaba hablando del clima.
—Mi padre me
lo dijo ayer por la mañana —aseguró. Changmin se enderezó en su lugar para
verlo desde arriba—. Él cree que mereces ganar, aunque si supiera por qué
quieres hacerlo creo que sería el primero en decirles a los de la academia que
no te lo dieran. —aseveró sin verlo. Sólo recordaba una breve conversación con
su padre sobre el actor, misma que se había encargado de cambiar con rapidez.
—¿Por qué no
deberían dármelo? —preguntó bajando del árbol de un salto, e hincándose a su
lado para quedar frente al pelinegro. Este parpadeó nervioso al encontrarse
reflejado en esa profunda mirada, tan fría y llena de algo que no alcanzaba a
comprender.
—Mi padre te
admira mucho y piensa que deberías seguir actuando hasta que seas un anciano y
mueras —explicó sin romper el mutuo miramiento—. Aunque yo desearía que lo
último fuera primero.
—Pero eso no
sucederá tan pronto —le restó importancia—, y ya que hablamos de los Asian
Film… —le tendió algo que traía en mano, y Jaejoong lo tomó sin entender—.
Necesito que me ayudes a escoger un traje para la ceremonia. Tengo que estar
más que presentable para esa ocasión.
—Pues si lo
que quieres es llamar la atención, deberías vestir de terciopelo morado, camisa
amarilla y zapatos blancos. —respondió por demás irónico. Tenía ganas de
levantarse, no le gustaba sentirse vulnerable estando sentado tan cerca del
menor, aunque era probable que si lo intentaba el chico trataría de impedírselo,
y si llegaba a tocarle no tenía idea de cómo reaccionaría a su tacto.
—No le voy a
copiar el atuendo a G-Dragon. —enarcó una ceja, y Jaejoong se molestó al acto
por el comentario, pese a que tuviera razón. G-Dragon solía vestir por demás
extravagante. Entonces recordó la promesa hecha a Boa, era la oportunidad que
tenía para recomendarla. No quería hacerlo, pero una promesa era una promesa y
la oportunidad venía servida en bandeja de plata.
—Yo no suelo
escoger mis ropas, siempre hay alguien que lo hace por mí. Aquí en la escuela,
lo hace Boa. ¿Por qué no le solicitas a ella que te haga un traje? Tiene muy
buenas ideas, estoy seguro de que no te decepcionaría. Esta mañana me hizo
prometerle que te lo diría, y yo no iba a hacerlo a menos que tú preguntaras y…
Changmin le
robó las palabras de la boca cuando le arrebató con violencia la revista de las
manos, arrojándola al suelo. Se acercó a él con un aura intimidante, haciéndole
retroceder hasta el tronco del árbol para cercarlo con sus brazos y cuerpo, sin
darle oportunidad a moverse ni un ápice. Su corazón latió a toda prisa,
sintiendo la boca secársele y un conocido calor comenzar a recorrerle el
cuerpo. Esa cercanía le ponía la piel de gallina, y ni siquiera sus cuerpos se
habían rozado… ¿Y ahora que le estaba pasando?
—¿Por eso la
estabas besando? —¡Entonces sí era él quien les había visto! Sintió que la
garganta se le cerraba, con su corazón martilleando dolorosamente dentro de su
pecho al momento en que las manos del actor le tomaron por la barbilla. ¡No, no
podía permitirle que le besara! Se quitó el agarre contrario de un movimiento
brusco, colocándose de pie. Changmin le imitó, parándose también.
—Sólo era un
beso de amigos. —aseguró bajando la vista para no sentirse perder en la
profundidad de esa mirada. Sólo hasta que sintió la mano del actor cerrarse
sobre su barbulla para obligarle a verle a los ojos, con la mano libre
anclándose contra el tronco del árbol, cercándole una de las posibles salidas.
—¿Y el de
Jessica también era un beso de amigos? —Jaejoong tragó saliva nervioso, no
pudiendo despegar la vista de la contraria. Se sentía descubierto, como si
Changmin pudiera leer en su interior, como si con sólo verle pudiera saber todo
lo que ocultaba. Lo vio acercarse con lentitud hasta sus labios, pero su cuerpo
se negó a moverse. Su cerebro gritaba y exigía que se moviera, que evitara que
el chico le besara, pero algo en su interior aún se negaba.
—¡No! —clamó
por fin, desviando el rostro para evitar que el roce entre sus bocas fuese
concretado. Alzó los brazos para empujarlo y tratar de regresar al colegio. Era
más seguro estar dentro que afuera, a solas con él. Sólo que, una fuerte mano
cerrada sobre su muñeca le impidió escapar.
Fue otro
cuerpo el que lo arrinconó contra la rasposa corteza. Changmin había vuelto a
cercarlo, restregando su pecho contra el suyo para evitar que fuera a moverse.
Se sintió estremecer ante la intimidad de sus cuerpos, por esas manos que
descargaban placenteras descargas por todo su ser, hasta que los labios del
actor llegaron a los suyos, obligándole a abrirlos para introducir su lengua,
saborear su interior y beber de ellos.
No quería
responder, quería alejarlo de él, pero su cuerpo se negaba a responder. Sus
brazos se habían alzado en un intento por empujarlo de nuevo, pero Changmin
había aprovechado para abrazarle contra sí e intensificar el beso, deslizando
sus manos por la espalda del modelo de camino a levantar el saco y moverse por
arriba de la delgada camisa blanca del uniforme. La lengua del menor le
recorría con maestría, robándole el aliento y nublando sus ideas, consiguiendo
que olvidara incluso el lugar donde se encontraba.
—He de
borrar los besos de otros con los míos, te lo he advertido muchas veces, y esta
vez no me vayas a decir que no te besaste con ellas porque te he visto hacerlo
dos veces esta mañana… —lo escuchó susurrar al separarse de sus labios
hinchados para recuperar algo del aire que ya les hacía falta. El pelinegro
entreabrió los ojos procesando las palabras del más chico. Sí, sabía que iba a
tomar revancha y sin embargo, no le importaba.
Sintió los
labios de Changmin de nuevo sobre los suyos, urgiéndole a abrir la boca para
introducir su lengua nuevamente. No quería dejarse, su cabeza gritaba ordenes
una y otra vez, pero su cuerpo se negaba a obedecer y deshacerse de aquello que
le causaba tanto placer. Las manos del actor se habían separado de su espalda
para comenzar a recorrer el bien formado cuerpo del modelo, primero con
lentitud, acariciando el dorso sobre la camisa y bajo el saco del uniforme,
para terminar sacándole la camisa y la playera del pantalón, acariciando de
forma maestra su espalda, pecho, y llegar hasta las tetillas erizadas por el
tipio contacto sobre ellas.
—No, basta…
—escapó de los labios de Jaejoong la ligera protesta producto de su
subconsciente, pues su consciente ya se encontraba más que rendido, como
aquella noche en el baño del Commodore Busan Hotel.
Como era de
esperarse, Changmin no hizo el menor caso y continuó torturando con los dedos aquellas
pequeñas protuberancias sensibles al tacto, pellizcando y masajeando con
lentitud, arrancando de los labios de Jaejoong pequeños y ahogados gemidos. Era
el modo en que las manos del actor se entretenían en su pecho, en tanto su boca
viajaba con toda sensualidad la extensión de su cuello deslizándose, besando,
acariciando y mordiendo al mismo tiempo.
No supo en
qué momento las hábiles manos del más chico le habían abierto la camisa,
permitiendo el paso libre de su lengua por su pecho, directo hasta aquello que
acariciara antes con sus dedos. La oleada de placer asoló por completo su
cuerpo cuando aquel húmedo músculo acarició y chupó una de sus tetillas,
haciéndole reaccionar.
—¡Basta! ¡Ya
basta! —exigió sintiendo cómo su miembro endurecido comenzaba a moverse dentro
de sus pantalones. Pero sus palabras, desesperadas, no hacían mella en el
actor, quien no parecía siquiera escucharle. Era sólo su respiración acelerada
chocando contra su piel, más ni una sola palabra proveniente de sus labios. No
podía negar que disfrutaba esa dulce tortura a la que se encontraba siendo
sometido, pero tampoco podía evitar recordar aquellas duras palabras que
Changmin le dijera días antes.
“No siento
nada por ti, ni por nadie”
—Te deseo…
—siseó el actor entre jadeos—. Sé mi amante, Jaejoong…
—No…
—murmuró entrecortado.
—Si no lo
eres ahora, lo serás más tarde —Sí, lo sabía, pero iba a ser tarde. Esas frías
palabras le devolvieron los pies a Tierra—. Si no hubieras huido, a estas horas
ya hubieras sido mío. Sé mío ahora…
Respiró
profundo tres veces antes de poder alzar los brazos y empujar a Changmin con un
rudo movimiento. El fuerte empujón tomó al menor por sorpresa, quien perdió el
equilibrio y cayó directo al suelo. Jaejoong sonrió amplio, colocándose a los
pies del chico mientras éste sólo alzaba la vista para verle, apoyándose en los
codos para incorporarse un poco.
—El día en
que el infierno se congele —ladeó su sonrisa socarrona—, o cuando aceptes darme
tu corazón… Cuando ocurran cualquiera de las dos, ese día aceptaré ser tu
amante. —Changmin guardó silencio, observándolo, pero el pelinegro no le
esperó.
Se dio la
media vuelta dispuesto a largarse a su taller lo más rápido que pudiera, hasta
que la fuerte mano del actor le detuvo por el pie haciéndole caer de bruces al
suelo. Giró a verle mientras luchaba por soltarse del agarre. Su cuerpo aún
ardía por lo ocurrido escasos momentos antes.
—¿Y ahora
qué diablos quieres? —masculló molesto, jalando sin cesar su pierna sin
conseguir soltarse. Su corazón latiendo a toda prisa y su cuerpo transpirando,
tampoco ayudaban mucho.
—Escucha,
Jaejoong —comenzó mirándole fijo—. Te doy mi permiso para exhibirte con Jessica
como tu novia, de antemano sé que no hay y jamás habrá nada entre ustedes, sólo
es un truco publicitario. Pero nadie más, ¿entendiste? —Jaejoong le miró
molesto, jaló su pierna de brusco movimiento consiguiendo soltarse, poniéndose
de pie de un salto para mirarle con el ceño fruncido.
—¡No, el que
debe de entender eres tú! —gritó en tanto Changmin también se levantaba,
sacudiendo sus ropas—. ¡YO NO SOY NADA TUYO! Maldito infeliz, por lo mismo no
necesito de tu permiso para nada. Puedo salir con Jessica, con Luna, con Boa o
con la misma Taeyeon si ese es mi gusto.
No pudo
seguir hablando aunque quisiera. Fue el fuerte e inesperado agarre sobre su
brazo el que lo llevó directo contra la figura del actor, quien le tomó de la
barbilla con su otra mano para plantarle un beso fugaz en los labios.
Ese contacto
ardiente le hizo saltar el corazón del pecho, lo que lanzó otra fuerte sacudida
a todo su cuerpo. No obstante, terminó demasiado rápido.
—Sólo con
Jessica. Y ahora vete, o llegarás tarde. —Changmin lo soltó de la barbilla,
empujándolo con el brazo del que le hubiera tenido sujeto.
El
pelinegro, sintiendo su rostro enrojecer, se giró y salió corriendo al interior
de la escuela, sacudiendo y arreglando sus ropas tan veloz como podía. Estaba
enojado, muy enojado. No necesitaba del permiso de Changmin para tener a
Jessica como su novia. Pero no entendía, ¿por qué le molestaba que fuese novio
de la rubia? Un momento… Él había dicho “Sé que no hay y jamás habrá nada entre
ustedes”. ¿Cómo lo sabía? ¿Era tan obvio que no sentía nada por ella? No, era
probable que Changmin se enterara por algún lado. Quizá el representante de la
rubia le había comentado a Rain y este le había dicho al actor. Eso iba a ser
muy difícil averiguarlo. Aunque eso de que jamás habría algo entre ellos, eso
sí no tenía forma de averiguarlo, y sin embargo Changmin había sonado muy
seguro al decirlo.
¿Por qué
diablos Changmin estaba tan seguro de que jamás habría algo entre Jessica y él?
–.—.—.—.—.—.–
Eran pasadas
las cuatro de la tarde, el taller de danza iba apenas en su primera hora cuando
una de las secretarias de dirección abrió la puerta y empezó a buscar con la
vista al maestro. Apenas lo ubicó se acercó a él para darle un recado, tras el
cual él puso de pie para llamar a Jaejoong.
—Jaejoong,
tienes una visita en la sala de prensa, vístete para que vayas a atenderle. —le
indicó.
El
mencionado se sobresaltó ante la noticia. No era común recibir visitas en el
colegio en horas de clase, estas frecuentemente se hacían los fines de semana y
si eran entre semana, era porque algo grave había ocurrido.
Se apresuró
en colocarse el uniforme y salir corriendo hasta la sala de prensa, su
hiperactiva imaginación hacía estragos en su mente, desde algo que pudiera
haberle ocurrido a su padre, hasta el que toda su familia hubiera muerto. Otra
fantasía era el que hubieran descubierto lo que ocurría con Changmin y vinieran
para interrogarle sobre el actor. Deseaba que no.
Agitado por
llegar casi corriendo, se detuvo delante de la puerta, prácticamente transpirando.
Intentó recuperar el aliento, tranquilizarse, y cuando creyó lucir lo bastante
presentable, abrió.
De espaldas
a él y con la frente a la ventana se encontraba un hombre alto y delgado,
vestido muy elegante, con las manos cruzadas tras su espalda. Al escuchar la
puerta abrirse éste se volteó de lleno exponiendo su rostro. Los ojos oscuros
de Jaejoong se abrieron en sorpresa al ver frente a sí a su hermano, a
Hyunjoong; su corazón se aceleró de golpe, su boca se secó y las piernas
amenazaron con dejarle caer. ¿Es que le había pasado algo a su padre?
—¡Hyung! ¿Le
pasó algo a papá? —su voz sonó temblorosa, sin animarse a dar un paso por temor
a caerse. Hyunjoong sonrió ante el sufrimiento de su hermano.
—No.
—respondió seco, haciendo que el alma le volviera a Jaejoong y suspirara de
alivio. Así, cerró al fin la puerta para ver qué se le ofrecía a su hermano al
ir al colegio.
—Qué alivio,
por un momento pensé que le había ocurrido algo… —confesó sonriéndole de manera
luminosa—. Es una agradable sorpresa el que estés aquí. ¿Puedo saber a qué has
venido?
El que su
hermano estuviera ahí ahora, delante de él, le daba una profunda felicidad.
Siempre que había ido a verle al colegio había sido acompañado de su padre, y
sólo porque éste le obligaba. Las palabras que le hubiera dicho en la
premiación las había dejado ya en el olvido, no le importaban, él le había
abrazado y ese gesto borraba todo lo malo que hubiera sucedido después.
—Claro,
‘hermanito’ —sonrió cínico, de la misma forma en la que solía sonreírle cuando
estaban en casa y su padre andaba cerca—. Papá está bien, por ahora —el corazón
de Jaejoong se sobresaltó de nuevo—, pero si sabe que peleamos puede ponerse
mal de nuevo y mandarlo al hospital con otro infarto que esta vez sí puede
matarlo.
—Pero
nosotros no hemos peleado, ni vamos a pelear. —aclaró viendo fijamente a los
ojos de su hermano. Había algo en esa mirada que le asustaba, esa maldad que
siempre veía en sus ojos cuando estaba a punto de golpearlo cuando eran niños.
—Tienes
razón, no vamos a pelear —Hyunjoong volvió a sonreír de esa misma extraña
manera, dando un paso hacia el modelo en tanto deslizaba una de sus manos por
entre su cabello—. Resulta ser que necesito un favor de tu parte. —mencionó,
provocando que Jaejoong sonriera.
—Claro,
hyung. Si está en mis manos cuenta con él. —afirmó emocionado. Hyunjoong jamás
le había pedido favores, era la primera vez en toda su vida que lo hacía, lo
que quería decir que quizá por fin, ¡por fin! Hyunjoong lo veía como a un
hermano y no como al ‘recogido’, como solía decirle.
—Claro que
está en tus manos —sonrió aún más al notar la expresión de niño en aquel rostro
pálido, tan llamativo—. Sólo tú puedes salvarme de los hombres con los que he
apostado —La sonrisa de Jaejoong se borró por completo de su rostro—. Ahora sí
fue una suma grande y si no pago me van a matar, y ya sabes que si algo me pasa
papá también puede morir, así que… —Fue acercándose más hasta Jaejoong,
tomándolo por la barbilla sin borrar aquella sonrisa cínica que había aparecido
desde la llegada del pelinegro a la sala de prensa—. Vas a cederme todas las
propiedades que papá te dio. Propiedades que son legítimamente mías.
Jaejoong se
sobresaltó y retrocedió alejándose de su hermano. Ese había sido el motivo del
pleito que habían tenido y por el cual su padre había tenido el infarto que lo
mantenía postrado en cama desde hacía tres años. No podía hacer lo que
Hyunjoong le pedía, se lo había prometido a su padre y no podía traicionar su
confianza. Conocía de antemano de los vicios del chico y sabía, en cuanto
tuviera las propiedades en sus manos las apostaría y perdería. No podía
cedérselas, aun y cuando dijera que estaba en peligro su vida. Una promesa era
una promesa y no estaba dispuesto a romperla.
—Sabes que
no puedo hacer eso, hyung… —La mirada de Hyunjoong centelló con furia, pero no
podía, no debía y no quería hacerlo.
—Esas
propiedades no te pertenecen. ¡Tú no eres un Kim, papá debió dármelas a mí, soy
su único hijo! Tú sólo eres basura… —Cada palabra iba cargada de un infinito
desprecio, y con cada paso que daba hacia el pelinegro éste retrocedía—. Tú
eres un recogido, no mereces llevar el apellido de nuestra familia. Desde que
llegaste a la casa me has arrebatado el cariño de papá y no conforme con eso
también me quitaste el dinero que por derecho me pertenecía… —conforme iba arrinconando a Jaejoong,
Hyunjoong llevó ambas manos contra el cuello de su hermano, quien alzó las
manos intentando que le soltara, sin embargo, la furia del mayor era demasiada;
comenzaba a ahogarle.
—No, hyung…
Papá te quiere, ¿cómo no ha de querer a la sangre de su sangre? Yo jamás te
arrebaté nada… —sus palabras se cortaron cuando Hyunjoong apretó más fuerte.
—Si no has
de cederme esas propiedades, entonces te quitaré del camino como debí hacerlo
aquella vez en la alberca, o cuando cubrí tu cara con la almohada. Si no
hubieras existido ahora sería yo el único dueño de esas propiedades y del
cariño de papá.
—Hyung… me
estás… ahorcando… —logró pronunciar a duras penas, luchando por soltarse.
Hyunjoong siempre había sido cruel con él desde niños, jamás le había querido,
siempre que podía le golpeaba, aunque en partes donde se no se notara, para que
su padre no le regañara. Hyunjoong sabía bien que un golpe visible en su cuerpo
era menos dinero en la cuenta familiar—. No… hyung…
—Regrésame
mis propiedades y te dejaré vivir. —aseveró soltándolo de golpe, a lo que
Jaejoong cayó al suelo tosiendo, luchando
por recuperar el aire perdido mientras sobaba su cuello. No obstante, su
hermano se dio prisa en tomarlo por las solapas del saco para levantarlo, sólo
para dejarle caer el puño cerrado en el estómago, robándole el poco aire que
aún conservaba.
Aquello
volvió a mandarlo al suelo, a ojos cerrados. Cómo recordaba esas palizas que su
hermano le daba. Por eso no le gustaba ir en verano o navidad a la mansión Kim,
Hyunjoong siempre le recibía con puñetazos en el estómago, y cuando le pedían
que bajara a cenar prefería no hacerlo para no tener que mentirle a su papá.
Jamás había acusado a su hermano de esos golpes. Siempre que su padre le veía
quejándose con la mano en el estómago era Hyunjoong quien le decía que a su
hermano le dolía el estómago y era mejor dejarlo descansar, nadie se enteró
jamás del odio que el chico sentía por él, hasta el día de la pelea que mandó a
su padre al hospital.
Hyunjoong
volvió a levantarlo del suelo y él, como en ocasiones anteriores, no metió las
manos para defenderse de los golpes. Se sentía demasiado culpable de la
antipatía que el mayor sentía hacia él, de ese odio que tanto le profesaba, y
el único modo de disminuir esa carga, era dejándose golpear…
—Te odio,
¡te odio! —resolló descargando sus puños sobre el estómago del pelinegro, quien
apretaba los dientes aguantando el dolor que aquello le causaba—. Devuélveme lo
que es mío o papá se enterará de esto y posiblemente vaya al hospital por tu
culpa, como la última vez. Y si muere será tu culpa, sólo tu culpa.
Jaejoong
cayó sobre la enorme mesa de fina madera que adornaba la sala de estar, ya no
tenía fuerzas para levantarse, Hyunjoong siempre había sido más fuerte que él,
siendo sus golpes en extremo dolorosos. El mayor se colocó encima suyo y dejó
caer una fuerte cachetada sobre su rostro. Con lo blanca que era su piel, el
enrojecimiento se haría por demás notorio.
—¿Vas a
firmar esa sucesión de propiedades? ¿Vas a darme todo lo que me quitaste?
—siseó alzando otra vez la mano, en tanto tomaba fuertemente a Jaejoong por el
cuello. Este abrió los ojos para ver la figura de su hermano sobre él con el
sabor metálico de la sangre inundándole la boca, la bofetada había sido tan
intensa que seguro había reventado algo en ella. Sin embargo, movió la cabeza
en negativa y apretó los ojos esperando sentir el siguiente golpe. Estaba
demasiado cansado y adolorido, rogaba que esto terminara pronto.
Por ello, el
sonido de un fuerte golpe y la liberación de su cuerpo le tomaron por sorpresa.
Cuando abrió los ojos, se encontró con la espalda de una alta figura que, al
parecer por el cuadro frente a él, había retirado a Hyunjoong de sobre él
dándole un buen golpe para mandarlo de lleno al piso, dejándole un labio
reventado.
Una leve
sonrisa acudió a su rostro cuando pudo reconocer aquella figura que se acercaba
a él para levantarlo y preguntarle en un preocupado tono si se encontraba bien.
Sólo había podido asentir con la cabeza, pues las palabras no salían de su
boca, ni siquiera sabía cómo agradecer lo que habí ahecho por él.
Hyunjoong
alzó una mano para limpiar la sangre que comenzaba a escurrir por su labio,
elevando la vista para ver el rostro de quien se hubiera atrevido a golpearle.
Entonces sonrió, de la misma manera en que le hubiera sonreído a Jaejoong, tan
descarado que dejaba entrever sus intenciones tan sólo al verle.
—Shim
Changmin —silabeó al ir poniéndose de pie, ayudándose de la pared—. Me habían
contado que tus golpes eran salvajes, pero este los supera, supongo —volvió a
limpiar su boca—. Voy a demandarte. —sonrió al verlo fijamente.
Changmin
guardó silencio, sólo observando al hermano del pelinegro. Era notoria la
felicidad que le causaba el haber sido golpeado por el actor, pero este lo
ignoró, dando la vuelta de camino a la mesa donde había dejado sus cosas; tomó
de la bolsa de su camisa un bolígrafo y abrió la chequera que descansaba sobre
la madera. Escribió algo rápido y arrancó el cheque.
Jaejoong
observó cómo el menor se encaminaba para extenderle el papel a su hermano.
Hyunjoong lo vio con sorpresa, pero no movió ni un músculo para tomarlo.
—Esto es lo
que siempre le doy a aquellos a quienes golpeo. Tómalo o déjalo. No obtendrás
ni un solo centavo más de mi parte.
El aludido
se dio prisa en tomar el cheque y ver la cantidad, no tardando nada en abrir
sus ojos enormes por la impresión, sonriendo con amplitud al instante. Changmin
no jugaba. Alzó la vista para ver a Jaejoong y esbozar una mueca por demás
burlona.
—Parece que
ser amante de alguien tan rico como Shim,
me da ventajas a mí —se abanicó con el cheque—. Está bien, me quedo con
los 350 millones de won —volteó a ver a Changmin—. No voy a demandarte por
agresión.
Jaejoong
frunció el entrecejo tras escuchar a su hermano, era claro para todos que eso
era lo que buscaba desde un principio: dinero. Quería el dinero de las
propiedades para seguir apostando, y ya que no parecía que lo fuese a conseguir
de él, se lo había sacado a Changmin amenazándolo con demandarle.
Pero no iba
a permitírselo. ¡Claro que no! Hyunjoong no tenía por qué tomar el dinero que
Changmin había ganado con su trabajo. Si su hermano quería dinero, ¡que
trabajara! Para eso tenía una carrera.
Con eso en mente,
fue hasta donde su hermano para arrebatarle el cheque de las manos, y antes de
que este pudiera siquiera quejarse, ya lo había hecho pedazos. Hyunjoong
enfureció.
—¿Cómo te
atreviste? —bramó con enojo, pero Jaejoong no se inmutó, encarándole con una
seria mirada.
—No, ¿cómo
te atreviste tú? —le interrumpió a la carrera cortando cualquier cosa que
pudiera decirle—. Para demandar a Changmin necesitas un testigo, y yo sólo vi
cómo te caíste y te reventaste el labio, no puedes hacer nada.
Hyunjoong se
irguió altivo y orgulloso, demostrando cuán alto era, tanto o más que Jaejoong.
Era notorio que ni siquiera eran parientes, si no se parecían en lo absoluto.
Al ver a ambos hombres frente a él frunció el entrecejo, pero no dijo nada. Se
dio la vuelta, abrió la puerta y salió azotándola con fuerza tras de sí.
Apenas
quedaron a solas, Jaejoong se llevó una mano al estómago para dejar descansar
su cuerpo en la primera silla que encontró, si bien no había sido una silla,
sino un cálido brazo, mucho más fuerte que el suyo el que alcanzó a sostenerle.
Al girar el rostro se encontró con la mirada del menor fija en él. Quiso
apartar la vista, pero no pudo, aquellos ojos le atraían cual imán polarizado,
y ese cuerpo cerca suyo lo proveía de todo el calor que los golpes de Hyunjoong
le habían quitado.
Changmin
pasó su brazo por la cintura del pelinegro, indicándole a este que pasara del
mismo modo el brazo por su cuello para ayudarle a caminar.
—Hay que ir
a la enfermería, ese loco te dejó mal. —observó el actor, pero Jaejoong se negó
a moverse.
—No, estoy
bien, sólo ayúdame a llegar a mi habitación.
—No estás
bien —aseveró serio—. Puedes tener alguna costilla rota. No sé qué pasó aquí,
pero creo que si no hubiera llegado, ese hermano tuyo pudo haberte matado.
—Hyunjoong
no me mataría hasta no asegurarse de que las propiedades de papá estén a su
nombre. Me golpeó como lo hace siempre, no me dañó ningún hueso, te lo aseguro.
Sólo quiero descansar, para mañana estaré bien. No quiero darle explicaciones
de estos golpes a nadie… —Se sentía terrible, aunque estaba seguro que de tener
algún hueso roto lo sabría; el dolor sería insoportable.
—¿Las
propiedades de tu padre? ¿Qué no se las habían quitado los acreedores cuando se
fue a la bancarrota? —preguntó Changmin sin comprender. Muchos eran los que
sabían que Kim Eungsoo estaba en quebrado por completo. ¿Entonces de dónde
sacaba Jaejoong que su padre aún tenía propiedades?
—Eso fue un
ardid de los abogados. Todas las casas y tierras que posee, así como algunas
acciones en la bolsa están a mi nombre, para evitar que los acreedores le
quitaran todo. Como yo trabajo desde que era niño no se les hizo extraño que
pudiera tener tanto, pero Hyunjoong se dio cuenta los movimientos de papá y le
reclamó por no ponerlo a él como dueño de todo. Fue una gran pelea, papá no
podía poner a mi hermano porque sabía lo que haría con las propiedades:
apostarlas. Hyunjoong es un jugador empedernido desde que estaba en la escuela
y nunca lo ha aceptado, ni creo que lo haga…
—Ya sabía lo
de tu hermano —admitió mientras le ayudaba a subir las escaleras—. ¿Quieres que
te cargue? —preguntó al ver que subía muy apenas los escalones. El color rojizo
tiñó de inmediato las blancas mejillas del modelo, complementando el
enrojecimiento que la bofetada de Hyunjoong le había dejado.
—¡Nooo!
—soltó a la carrera, tratando de que su corazón dejara de latir tan aprisa. Es
sólo que la cercanía de Changmin le ponía demasiado nervioso—. Puedo hacerlo.
—¿Por qué no
te defendiste? Golpeas bastante fuerte, pudiste haberlo mandado a la lona muy
fácil. Tu hermano no tiene músculos definidos, tiene tu misma complexión
delgada. —Jaejoong bajó la vista, avergonzado de revelarle a alguien el por qué
jamás se defendía o se defendería del chico. Si bien, sabía que Changmin no era
de los que hablaba mucho, así que podría confiar en él.
—Dejo que
hyung desquite conmigo la falta de atención de papá. Él cree que yo le arrebaté
su cariño, cuando realmente papá no ha tenido detalles cariñosos con ninguno de
los tres. Yo soy adoptado, es natural que no me quieran, sin embargo, soy al
que más solía visitar en el colegio. Aunque jamás me dijo que me quería.
Hyunjoong me acusa, desde que éramos niños, de que le quité todo lo que tenía.
Si me dejo golpear, es para sentirme menos culpable…
—No cabe
duda… —Changmin negó con gesto aburrido, abriendo la puerta de la habitación
del pelinegro—, eres de los buenos que rayan en lo tonto. Tu hermano se
aprovecha de ti y tú lo dejas. Así esto jamás va a acabar.
Jaejoong
guardó silencio ante tan duras palabras, pero lo sabía, lo sabía y sin embargo
no hacía nada por detenerlo. Cerró los ojos por el dolor cuando Changmin lo
recostó sobre la cama, abriéndolos con sorpresa cuando sintió las manos del
chico desabotonarle la camisa.
—¡No,
espera! ¿Qué haces? —acusó sintiéndose enrojecer, deteniendo las manos del actor.
No iba a pretender atacarlo ahora, ¿verdad?
—Quiero ver
cómo te dejó ese idiota —le aclaró retirándole las manos para seguir con su
tarea—. Ya que no quieres ir a la enfermería, me voy a asegurar de que no
tengas ningún hueso roto. —afirmó ya terminando de abrir la camisa,
levantándole más tarde la playera que cubría su torso.
Un calor
indescriptible invadió por completo el cuerpo del mayor al sentir las manos que
le despojaban de la prenda con sumo cuidado, sin poder apartar la mirada de
cada uno de sus movimientos. Estaba temeroso por lo que pudiera pasar, pues se
encontraba débil, cansado, y sumado a eso, nervioso. Sólo le quedaba hacer algo
para alejar esas imágenes que su hiperactiva imaginación se empeñaba en
mostrarle.
Empezó a
reír…
Changmin se
detuvo y levantó la mirada hasta el rostro contrario, el cual sonrojado, se
encontraba cubierto en parte por uno de sus brazos, lo que no detenía sus
carcajadas.
—Si te ríes
de esa forma no debes estar tan mal.
—No sé desde
cuándo me resultaste doctor —comentó entre risas—. ¿O es que esa película en la
que eras un niño genio convertido en médico te dejó algún conocimiento extra?
—preguntó despejándose el rostro para mirarle divertido. No sabía ni lo que
decía, en realidad, lo único que trataba de hacer era distraer sus propios
pensamientos de las manos del menor sobre su cuerpo.
No obstante,
Changmin no dijo nada, sonriendo muy ligeramente cuando volvió a pasar su mano
sobre las costillas del pelinegro de un movimiento firme pero suave, lo que
causó que un estremecimiento recorriera por completo al modelo. Esa
electricidad que sentía cada vez que Changmin le tocaba, provocaba también una
fiebre que nunca antes había sentido. Quería volver a reír, burlarse del chico,
pero al parecer éste había encontrado una manera de mantenerlo callado:
tocándolo.
—Sé de
defensa personal, ¿recuerdas? —Changmin presionó las sutiles líneas que
marcaban las costillas del pelinegro—. Sé reconocer un hueso roto de una simple
luxación. Ahora voy a presionar cada costilla y me dirás si tienes dolor.
—Jaejoong cabeceó en acuerdo.
No sintió
nada. Por lo menos no dolor ante lo que Changmin hacía, tan sólo ese cosquilleo
que le recorría el estómago por completo, como si una serie de mariposillas
revolotearan dentro del mismo.
—¿Te duele?
—preguntó haciendo algo más de presión. Jaejoong agitó la cabeza en negativa,
alejando todo pensamiento loco que llegaba hasta su cabeza a causa de ese tacto
sobre su piel—. Entonces no tienes nada roto. —concluyó alejando las manos de
forma abrupta, para alivio y desilusión del modelo.
—Hyunjoong
jamás me ha quebrado ningún hueso, sabe muy bien cómo no hacerlo. Si lo hiciera
significaría un buen tiempo sin recibir el dinero que gano por mi trabajo.
—explicó a la par que empuñaba ambas manos sobre sus ojos, tratando de detener
esa gama de sensaciones que las manos del actor le habían provocado.
Pero las
apartó de golpe, abriendo los ojos apenas sintió aquellas manos de nuevo, ahora
sobre su barbilla para obligarle a abrir la boca. Las apartó de un manotón
intentando levantarse, pero el cuerpo del chico se lo impidió.
—¡Qué
intentas! —acusó en un grito, pero Changmin volvió a detenerlo tomándolo por la
barbilla.
—Quiero ver
si con ese golpe tu hermano no te aflojó algún diente, aún tienes sangre en la
boca. —aclaró. Jaejoong soltó la carcajada y se dejó caer de nuevo en la cama.
Había pensado por un momento que el actor intentaría algo con él, tal parecía
que los golpes de su hermano y las manos del menor sobre su cuerpo lo habían
dejado muy afectado.
—¿Ahora
también eres dentista? —preguntó entre risas, pero Changmin enarcó una ceja—.
Ya sé, ya sé, sabes distinguir un diente flojo de una simple herida.
—Así es,
ahora abre la boca. —le indicó
inclinando con sus dedos la barbilla del modelo.
De nuevo,
los nervios por esa cercanía cada vez mayor con su rostro. La calidez de los
dedos de Changmin sobre su piel no dejaban de producirle ese cosquilleo que ya
le tenían el cuerpo por completo electrizado. No quería abrir la boca, pero la
insistencia de aquellos dedos terminaron por hacerle ceder con lentitud, a lo
que Changmin no tardó en introducir dos de sus dedos para tentar las paredes y
ver si sólo era una cortada o si algún diente se había aflojado y el modelo
necesitaría ir a un dentista.
Entre tanto,
Jaejoong tuvo que cerrar sus ojos con fuerza cuando sintió la profunda
necesidad de mover la lengua y acariciar con la punta de esta los dedos en su
boca. Quería morder sus labios, quería obligar a su lengua a permanecer en su
lugar mientras Changmin continuaba su inspección en busca de la procedencia de
la sangre.
El impulso
era demasiado…
¿Qué podría
suceder si cedía a él?
—Oye,
Jaejoong, no…
La
inconfundible voz de Yoochun le llevó a abrir los ojos con asombro sólo para
darse cuenta de la comprometedora situación en la que su amigo lo encontraba.
Con la camisa totalmente desabrochada y la playera levantada, Changmin casi
encima suyo y, para completar el cuadro, los dedos de este dentro de su boca.
Un furioso sonrojo ascendió a su rostro al ver de reojo la mirada asombrada de
Yoochun fija en ellos, con la boca por completo abierta, pensando quién sabe
qué cosas… Bueno, sí sabía qué cosas, ¡pero eso no era cierto!
—Creo… Creo
que vuelvo luego. —balbuceó consternado, pero Jaejoong se apresuró en sacar los
dedos de Changmin de su boca para detenerlo.
—¡No, Chun,
espera! —gritó desde la cama, sintiendo el dolor que los golpes de su hermano
le habían causado. Changmin se retiró de inmediato, sacando un pañuelo de la
bolsa de su saco para limpiarse con él.
Yoochun se
giró apenas, terminando por voltearse por entero cuando vislumbró el golpe
sobre la mejilla de su amigo.
—Al parecer
tampoco tienes ningún diente suelto —el actor terminó de limpiar sus manos—.
Fue sólo un corte en el interior de la mejilla, cerrará en poco tiempo. Tenías
razón, tu hermano sabe cómo golpearte para no dañarte por mucho tiempo.
—¿Golpes?
¿Hermano?… —repitió Yoochun sin entender. Jaejoong volteó sorprendido a ver al
menor, jamás le había dicho lo de Hyunjoong a nadie, ¿y ahora venía a revelar
su secreto?
—Por esa
mirada intuyo que no le has dicho nada de esto… —concluyó Changmin, pero igual
se giró de camino a la puerta—. Ya los dejo solos para que se pongan al día, yo
cumplí con revisarlo y ver que no tuviera ningún hueso roto. —se deslindó sin
mirar atrás, saliendo de la habitación. Jaejoong bajó la vista, mientras
Yoochun se acercaba a él.
—Esa escena
parecía de sexo, Jae… —señaló el músico, lo que provocó que el pelinegro se
sonrojara hasta las orejas, negando rápido con la cabeza.
—No fue así
—suspiró—. Déjame te cuento. Comenzaré por el inicio… —Y eso fue, Jaejoong tuvo
que contarle a Yoochun por todo lo que pasaba con Hyunjoong y las golpizas a
las que su hermano solía someterlo, lo que Changmin había medio evitado esta
vez.
–.—.—.—.—.—.–
Estaba
tendido en la cama desde hacía varias horas sin poder conciliar el sueño. A su
memoria regresaba la tremenda golpiza que Hyunjoong le había propinado y lo que
Changmin había hecho por evitarlo. Bebía, intentando que el dolor
desapareciera. Un trago era mucho mejor que cualquier analgésico.
Ahora ya se
sentía mucho mejor, pero seguía recordando su cuerpo ardiendo a mil al sentir
las manos del actor recorriéndole en busca de un hueso roto, y la tremenda necesidad
que aquellos dígitos en su boca habían despertado en él. Tenía que ser
productor del alcohol en su cabeza. Por lo mismo, esa noche, en ese momento,
quería algo más… Quería que Changmin le hubiese besado.
Aun ahora,
sentía que algo faltaba…
Un beso de
Changmin.
—¡Maldición!
¿En qué diablos estoy pensando? ¿Acaso ya estoy borracho? —se recriminó dando
la vuelta sobre la cama para quedar boca abajo y cubrirse la cabeza con la
almohada.
Pero para
qué engañarse, no estaba ebrio y aun así quería sentir la calidez de los labios
de Changmin sobre los suyos, que sus delgadas y suaves manos le recorrieran la
piel de arriba abajo. Quizá si no hubiese huido después de los BIFF, en esos
momentos su cuerpo no estaría sufriendo por la falta de atención que, bien
sabía, el actor podría brindarle.
¡Pero no!
Jamás sería
amante del Témpano de Hielo Shim, se lo había prometido a sí mismo y haría
hasta lo imposible por cumplirlo.
Necesitaba
dormir para alejar de sus pensamientos esas tonterías sobre Changmin. Sólo que
conciliar el sueño se hacía cada día más difícil…
Apenas se
estaba quedando dormido cuando el sonido de unos pasos apresurados resonaron
por el pasillo. Se giró boca arriba de nuevo y volteó a ver el reloj: las
2:00am. ¿Quién andaría corriendo por los corredores a esa hora?
No era de su
incumbencia, ahora sólo quería dormir. Y de nuevo, ya se había girado para
abrazar la almohada cuando alguien golpeando la puerta con desesperación
mencionó su nombre.
El susto
casi lo hace caer de la cama. Su corazón comenzó a latir apresurado al
identificar la voz de Seohyun, la secretaria y nieta del director. No se
permitía el paso de chicas al dormitorio de varones, y mucho menos de noche.
Ese pensamiento logró hacerle levantar a la carrera, ponerse una bata sobre su
ropa de dormir y correr descalzo hasta la puerta para abrir con el corazón en
la garganta.
—Seororo,
¿qué ocurre? —preguntó asustado, la preocupación en los ojos de la chica sólo
le ponía peor.
—Jaejoong,
lamento venir a estas horas, pero tienes una llamada de tu madre en dirección…
—explicó intentando medir sus palabras, pero el pelinegro sintió que la sangre
se le iba hasta el suelo. Su madre jamás hablaba y mucho menos de madrugada.
Salió
corriendo rumbo a dirección completamente perturbado, mientras su hiperactiva
imaginación le mostraba mil y una imágenes que se daba prisa en borrar. La que
más acudía a él, era la muerte de su padre.
Apenas el
día anterior le había ido a visitar aprovechando que Hyunjoong, más que seguro,
estaría borracho y no podría detenerle. Y al verlo había verificado que en
términos generales estaba bien, pese a lucir muy cansado. ¿Dónde había quedado
aquel hombre alto y guapo por el que suspiraban tantas mujeres? En tan pocos
años había envejecido mucho, y ahora su rostro y ojos mostraban el paso
irremediable de los años. Estaba seguro de que de sufrir otro infarto, su
cuerpo no lo resistiría; eso era lo que más temía.
Seohyun le
alcanzó apenas unos segundos antes de que tomara el auricular.
—¡Madre!
—pronunció en un jadeo, tratando de recuperar el aliento—. ¿Papá está bien?
—cuestionó esperando escuchar la más terrible de las noticias.
—¡Oh,
cariño! —Eso lo asustó mucho más. La mujer no usaba con frecuencia ese tono
cariñoso con él, tan sólo cuando quería algo—. Tu padre está bien, de momento,
el problema es con tu hermano…
El alivio
profundo llegó a él, con el alma regresando a su cuerpo. ¿Pero ahora qué podría
estar pasando con Hyunjoong? No hacía ni diez horas que se había marchado de
ahí perfectamente bien. Bueno, quizá sólo con el labio reventado, pero por lo
demás bien.
—Hyun tuvo
un fuerte accidente, lo tienen detenido —La mujer comenzó a llorar, haciendo
sentir mal a Jaejoong—. Estaba enojado porque no quisiste cederle las
propiedades de tu padre —De nuevo la señora Kim le hacía ver que él no debía
aparecer como sueño, sino su hijo—. Se fue a tomar y al salir del bar chocó el
Mercedes de tu padre contra una de las camionetas de los guardias de seguridad
de Im Nana…
—¿Pero mi
hermano está bien, mamá? —preguntó preocupado. Lo de menos era lo material, eso
ya lo cubriría el seguro, lo importante era que Hyunjoong estuviera bien.
—Sí, sí,
cariño, Hyun está bien, quizá un poco golpeado. Pero está detenido, piden 400
millones de won para liberarlo.
—Pero el
seguro… —intentó hablar, siendo interrumpido por la señora Kim.
—Tu hermano
iba tomado, el seguro no quiere hacerse responsable. Si no sacamos a tu hermano
de este problema va a salir en los diarios y bien sabes que tu padre es lo
único que lee… —El tono de la mujer era molesto, aunque al instante su ánimo
cambió para empezar a llorar—. Si tu padre se entera de que Hyun se peleó
contigo y eso le causó el accidente quizá sufra otro infarto y esta vez sí
muera. Jaejoong, ¡tienes que ayudarlo! —sollozó haciendo que el pelinegro
apretara los labios sin animarse a hablar.
Sentía que
de nuevo todo era su culpa. Su madre le acusaba, quizá sin quererlo, de ser el
causante del accidente de Hyunjoong, y si su padre volvía a tener otro infarto
que esta vez sí le matase, sabía que toda la familia le culparía si no hacía
algo por ayudarle. ¿Pero qué podía hacer? Él no contaba con 400 millones en su
cuenta, es más, no contaba ni con 100 millones. Todo iba a parar a manos de su
familia.
—Mamá, yo no
tengo ese dinero… —explicó desesperado, viendo cómo Seohyun observaba con
semblante preocupado. Trató de disimular su frustración sonriéndole un poco
para indicarle que todo estaba bien, así que la chica le devolvió la sonrisa y
le mostró la llave del despacho, la cual dejó sobre el escritorio. Apenas hubo
desaparecido, dejó de sonreír—. Todo lo que gano está en la cuenta de papá, yo
sólo tengo lo mínimo…
—Lo sé,
cariño —pronunció la mujer en un tono cariñoso que Jaejoong sabía, no era
sincero—. ¡Pero debes conseguir ese dinero! Fue por tu causa que Hyun se ha
accidentado.
—Estuvo
bebiendo… —se defendió, pero la mujer volvió a interrumpir.
—Hyun bebe
con moderación, siempre llega a casa lúcido —Eso era una mentira y su madre lo
sabía bien, estaba tratando de hacerle sentir culpable—. Pero esta vez estaba
ofuscado por la discusión que tuvo contigo en la escuela. ¡Él sólo quería tu
ayuda y se la negaste! Si se accidentó fue por tu culpa, y su tu padre muere
por enterarse de que su único hijo está en la cárcel, también será tu culpa.
Jaejoong
mordió su labio casi hasta hacerlo sangrar. ¿Sabía su madre cuánto daño le
causaban esas palabras? Hyunjoong no era su único hijo, él también lo era, pero
la señora Kim se empeñaba (desde la aparición de aquel reportaje que aseguraba
era hijo de Eungsoo y una de sus ayudantes) en recalcarle que el único que merecía
llevar el apellido Kim era Hyunjoong.
—Así que
apúrate a conseguir ese dinero. Me aseguraron que mantendrán esto en secreto
hasta las 5:00am, si para esas horas Hyun no ha salido todos los tabloides se
enterarán. Sabes que un disgusto como ese puede matar a tu padre.
—¿Pero de
dónde voy a sacar ese dinero, mamá? Y en tan poco tiempo… —Estaba desesperado.
¿Cómo conseguirlo?
—No sé, no
sé. Pídeselo a tu representante, cobra muy bien por tenerte en sus filas, quizá
ella pueda ayudarte. O quizá tengas algún amigo que pueda prestártelos en esa
escuela tan cara que te pagamos.
¿Amigo?
¿Préstamo? ¿Pero quién? ¿QUIÉN?
Una
repentina idea cruzó por su cabeza haciéndole abrir enorme los ojos.
¿Y si quizá
él pudiera…?
—Está bien,
mamá, te prometo que los conseguiré. Mi hermano saldrá antes de las 5:00am, ya
anoté en qué delegación está. Te llamaré en cuanto salga.
—Gracias,
cariño. —La mujer colgó el auricular, en tanto Jaejoong salía corriendo rumbo a
los dormitorios del ala Este de nuevo.
«Changmin»
Fue el
primer nombre que cruzó por su cabeza cuando su madre mencionó lo del amigo.
Justo en la tarde, le había extendido un cheque a su hermano por 350 millones
de won, que era lo que siempre daba a quienes lo demandaban por agresión. Quizá
pudiera lograr que le prestara 350 millones…
¿Prestar? ¿Y
con qué demonios iba a pagarle semejante suma? Por más adelantos que pidiera le
iba a resultar imposible reunir los 350 millones en 3 horas o 3 días, semanas o
meses. Las compañías generalmente prescindían de dar adelantos por los trabajos
realizados, pagaban una vez los comerciales fueran hechos, editados y sacados a
la luz. Por lo mismo aún no le pagaban los catálogos de Nak Classic. Salvo
raras excepciones, solía cobrar varios meses después de realizado el trabajo.
¿Entonces
con qué le iba a pagar a Changmin?
Sus pasos
apresurados se detuvieron justo delante de la puerta del actor. Respiraba
acelerado producto de la carrera desde dirección. Sentía su cuerpo temblar, las
piernas amenazándole con no sostenerle más. Intentó respirar varias veces para
normalizar su respiración, pero le resultaba en exceso difícil.
Cuando pudo
recuperarse –no del todo–, la respuesta que su cabeza le planteaba a la
pregunta antes hecha, ya no le resultaba tan descabellada.
Tocó la puerta
sintiendo su mano temblar y esperó por la respuesta del menor, pero este no
contestó. Volvió a tocar más fuerte volteando a todos lados, lo último que
quería era que otros estudiantes se enteraran de su visita a Changmin a tales
horas de la madrugada; ya iban a ser las 2:30am.
El rechinido
de la puerta le asustó logrando hacerle retroceder. Cuando centró la vista al
frente, ubicó a Changmin frente a él, el cabello todo revuelto, los ojos
adormilados que tallaba para acostumbrarse a la pequeña luz encendida al final
del pasillo. Estaba descalzo, usando aquel pijama azul que hubiese visto sobre
la cama aquella primera noche en que le besó.
Su rostro se
tiñó de rojo al recordarlo, su corazón amenazando con salírsele del pecho.
—Jaejoong…
—La voz ronca del actor sonó con eco entre aquellos pasillos desiertos—. ¿Sabes
qué maldita hora es? —acusó de malas. El pelinegro sintió que la voz se le
perdía en alguna parte de su garganta. No podía responderle, pero tenía que
hacerlo. Sentía que habían pasado años desde que hubiera llegado a esa puerta y
esta se abriera, pese a que sólo hubieran sido segundos.
—A… Acep…
Acepto —logró pronunciar nervioso, sintiendo el sudor frío recorrerle ante la
mirada extraña del castaño—. Acepto el trato que me ofreciste. —¿Qué demonios
estaba haciendo? Changmin frunció el ceño sin entender.
—¿Cua…? —Y
entonces sus ojos se abrieron con asombro, tomando el brazo del modelo con
fuerza para meterlo a la habitación. Cerró la puerta dejando a Jaejoong
recargado en la pared, cercándolo con su cuerpo como aquella primera vez en que
le besó—. ¿Estás aceptando ser mi amante? —susurró a su oído, acortando la
distancia entre sus rostros.
—S… Sí…
—musitó quedo.
Esperaba
alguna reacción del actor, que le besara, que le abrazara o quizá que lo
lanzara a la cama para hacerle el amor; pero lo único que hizo fue separarse de
él, mirándolo con detenimiento. Volvió a erguirse para verle, pero el menor
sólo le observaba.
—¿Qué te
hizo cambiar de opinión? Todavía ayer jurabas serías mi amante el día en que el
infierno se congelara. —le recordó
separándose de su cuerpo.
«El alcohol»
se dijo antes de sentirse temblar de frío, había resentido esa lejanía como
jamás lo hubiera pensado.
—Ya he
aceptado, que sea lo único que te importe. —afirmó sin moverse de su lugar. No
quería decirle nada, menos explicarle que se estaba sacrificando por su
hermano.
Sus muñecas
fueron apresadas sin cuidado alguno, siendo una vez más arrinconado contra la
pared.
—Te
equivocas, en lo que a ti respecta, todo me importa. ¿Qué te hizo cambiar de
opinión? —volvió a preguntar. Jaejoong apretó los labios y bajó la vista—.
Bien, si eso es lo que quieres, entonces así será.
Lo siguiente
que supo fue que era jalado de la muñeca por el castaño, siendo separado de la
pared con brusquedad para ser conducido directo a la cama. El corazón se le fue
a la garganta. ¿Acaso le iba a tomar ahora mismo? Esos delgados dedos
sujetándolo de la muñeca producían cosquillas, transmitían esa electricidad que
le sacudía el cuerpo. No podía negarse a sí mismo que lo que sucedía, en cierta
forma, le excitaba. Pero era imperativo sacar a su hermano de la cárcel.
—¡Espera!
—cortó soltándose del agarre. El menor volteó a verlo—. ¿Podemos…? Podemos…
—empezó a balbucear, el rostro enrojeciéndole ante la mirada ajena—. ¿Podemos
dejar esto para más tarde? Necesito 400 millones de won ahora…
—¿400
millones? —Changmin le miró con extrañeza—. Los tengo, pero sólo te los daré si
me dices para qué los quieres.
No, no iba a
decirle nada. Ya demasiado era que supiera que su hermano lo golpeaba, esta vez
no diría nada…
—¿No me
dirás? —cuestionó acercándose a él.
Jaejoong
retrocedió un paso, pero el fuerte brazo de Changmin lo pescó lanzándolo a la
cama, cercándolo con su cuerpo para sofocarlo con un beso demasiado impulsivo,
lo que le hizo abrir los labios para ceder el paso a que el chico le
recorriera. Necesitaba tanto sentir esa pasión que sólo los labios de Changmin
podía despertar en él. Pero aquello terminó demasiado pronto.
—¿Embarazaste
a alguna chica y ahora quieres deshacerte del problema? —cuestionó en un tono
que más parecía molesto, sorprendiendo al pelinegro—. ¿Por eso no quieres
decirme nada?
—¡Te
equivocas! —se exaltó, empujándolo para poder sentarse sobre la cama—. Es para
sacar a mi hermano de la cárcel… —le miró con el ceño fruncido—. Necesito que
mi padre no se entere, o podría causarle otro infarto… —explicó bajando la
vista. No cabía duda que el actor tenía formas bruscas de hacerle reaccionar.
Si tan sólo dejara de insultarle, si supiera guardar silencio en lugar de
atacarle…—. Eres un maldito malnacido —masculló lo suficientemente alto para que
le escuchara—. Me estoy vendiendo a ti y no haces más que insultarme. Jamás
embarazaría a una chica, sé cuidarme, y si por algún descuido o error lo
hiciera me haría cargo de mi hijo, como no lo hizo mi madre.
—Deja a tu
hermano que se pudra en la cárcel. —Changmin se levantó de la cama, abriendo el
cajón de su buró sin hacer caso a las palabras del mayor.
—Si por mí
fuera lo haría, pero de hacerlo papá puede morir y eso no lo soportaría… —se
mordió el labio inferior. Era lo que más temía, perder a la única persona que
realmente lo quería.
—Sabía que
dirías algo como eso. Ven conmigo.
Jaejoong
alzó la vista, notando cómo Changmin salía de la habitación con una bata puesta
sobre el pijama, llevando una agenda y su chequera en la mano. ¿Qué diablos iba
a hacer ahora?
—Me vas a
salir más barato de lo que pensé. —sonrió el castaño con esa mueca torcida.
—Bastardo…
—le respondió siguiéndolo por el pasillo, con rumbo a dirección—. ¿Y qué harás
ahora? Tengo que llevar el dinero a la comandancia antes de las 5:00am…
—No lo creo.
—afirmó muy seguro, lo que hizo a Jaejoong confiar en que todo saldría bien.
—¡Eso dijo
mi madre! Es el plazo que le dieron para no enterar a la prensa.
—Conozco al
comandante de la delegación, además está Michael Kim, mi abogado. Tu hermano
saldrá de ahí en menos de 20 minutos sin que nadie sepa nada. —Jaejoong
parpadeó confundido.
—Pe… ¿Pero
cómo?
—Ya estoy
acostumbrado. Digamos que esa delegación es para mí, como detención lo es para
ti. —Jaejoong comenzó a reír. En momentos como ese era que el actor parecía
alguien agradable.
—¿Cómo sabes
que yo no suelo salir de detención? —preguntó divertido.
—Tu
reputación te persigue, todo mundo lo sabe. Creo que este semestre has tenido
la suerte de que yo te salve un par de veces.
—¡Ah, eres
un presumido! —bufó fingiendo molestia, pese a que la sonrisa se le escapara
cuando el menor no le veía. Pero era cierto, en los meses que llevaba en el
colegio no había caído aún en detención, y eso había sido gracias a él.
Ambos ingresaron
a dirección, gracias a que Jaejoong todavía conservaba la llave que Seohyun le
había dejado. No era la primera vez que la chica le dejaba la puerta abierta al
modelo, así que sabía debía dejar la llave en el primer cajón del escritorio
para que ella la recogiera por la mañana.
Jaejoong se
sentó a un costado del castaño, en el amplio sillón, a observar cómo este hacía
varias llamadas, empezando por el comandante para saber qué tan graves eran los
daños. Y realmente eran muchos. Hyunjoong había destrozado el Mercedes del
señor Kim y la camioneta de uno de los guardaespaldas de Im Nana. La caprichosa
millonaria se había enojado tanto que ahora pedía mucho dinero por la
reparación del daño, eso sin contar que el pobre hombre permanecía internado en
un carísimo hospital de Busán.
La siguiente
llamada había sido a Michael Kim, si alguien podía sacar a Hyunjoong, ese era
el abogado que había liberado de la cárcel a Kang Daesung.
Jaejoong
empezó a bostezar, eran pasadas de las 3:00am y Changmin seguía hablando con
el hombre. Según escuchaba, el abogado iba en camino a la delegación y se
mantenía comunicado por el celular, aunque este ya no hablaba de su hermano.
Más bien, parecía haber aprovechado la llamada para determinar con Changmin
algún otro caso, quizá el de su madre.
Todavía
debían esperar la llamada de regreso del abogado una vez hubiesen sacado a
Hyunjoong de la cárcel, pero no podía mantener los ojos abiertos ni un minuto
más. Sin siquiera darse cuenta cayó dormido, sentado justo al lado del actor.
El sonido
del teléfono le sobresaltó haciéndole brincar en su lugar, pero fue una mano
cálida la que le palmeó ligeramente el hombro para tranquilizarle. Se sentía
cómodo, tibio y protegido, si bien al alzar la vista pudo darse cuenta que su
cabeza yacía recargada sobre las piernas de Changmin, mientras se aseguraba con
aquel toque de que el timbre del teléfono no le asustara.
—Changmin…
—susurró al verlo atender la llamada.
¿En qué
momento se había acostado sobre el regazo del chico? Se incorporó tallándose
los ojos. Se sentía tan bien, tan a gusto. Ni siquiera tenía idea de cuánto
tiempo había pasado, pero había sido maravilloso.
Al girar la
cabeza para ver el reloj que descansaba sobre la pared, notó la hora: 4:15am.
«¡Hyunjoong!»
—Tu hermano
ya salió, podemos ir adormir ahora.
Jaejoong
sonrió de manera luminosa, quiso decirle ‘Gracias’, quiso decirle mil cosas,
pero de su garganta no salió ni una sola palabra. Vio a Changmin levantarse y
tenderle la mano para ayudarle. Al estirar él la suya, se sintió perturbado,
sabía lo que seguía ahora y su corazón no podía evitar comenzar a latir
acelerado. El contacto con la mano del menor produjo nuevamente ese conocido
cosquilleo. La electricidad sacudía su cuerpo, la necesidad estaba impresa en
todo su ser.
«Maldición,
¿qué hice?» se lamentó al seguir al castaño por el pasillo, aquella mano
apresando la suya. Su corazón amenazaba con desbordarse presa del miedo, de la
vergüenza, de un sentimiento que no alcanzaba a comprender.
Quería
olvidar todas esas sensaciones, así que se limitó a hablar para alejarlas.
—¿Cómo fue
que tu abogado sacó a Hyunjoong tan pronto? Creí que esto no se arreglaría tan
fácil… —comentó sin animarse a soltar la mano del actor, aquella misma que le
proporcionaba una tibieza indescriptible, mitigando el frío del solitario
pasillo.
—Nana hizo
un escándalo por nada. La camioneta de su guardaespaldas sólo sufrió un raspón
en la defensa trasera y el hombre no tiene ningún daño severo. El verdadero
problema es el Mercedes, que ha sido una pérdida total. Michael pagó la fianza
de tu hermano y lo sacó libre, ya mañana arreglará el problema del auto con el
seguro.
—Oh… —soltó
bajito al darse cuenta que su madre había hecho una tormenta en un vaso de
agua.
Ambos se
detuvieron frente a la habitación del modelo. El frío acudió a su mano cuando
Changmin le soltó, su corazón martilló de nuevo y su estómago se contrajo.
Estaban a un par de pasos de convertirse
en lo que desde un principio el actor había querido. Estaba aterrado, tan
nervioso que cuando alzó la mano para abrir la puerta de su recámara se dio
cuenta que esta temblaba, lo mismo que sus piernas.
—Buenas
noches.
La
imperturbable voz de Changmin le hizo girar de manera abrupta. ¡Se estaba
alejando de él! ¿Por qué? ¿Qué acaso no iba a entrar con él a su habitación?
¿No iba a hacerle el amor? ¿A convertirlo en su amante esa noche?
—¡Changmin!
—El llamado salió de su garganta sin que le diera permiso, deteniéndolo antes
de que el castaño pudiera entrar a su propio cuarto. Quería preguntarle, pero
la vergüenza le impedía pronunciar cosa alguna. Cuando bajó la mirada, Changmin
le miró, regresando sobre sus pasos para tomarle por la barbilla y que le
viera.
Ese simple
contacto le hizo estremecer, arremolinando todo el calor que sentía por
completo en sus mejillas. Quería hablar, decirle mil cosas, pero sólo se
encontró balbuceando palabras sin sentido y sin voz, porque esta se negaba a
salir de su garganta.
Suspiró sólo
un poco, animándose a pronunciar algo.
—Yo…
—alargó, pero sólo consiguió que sus pálidas mejillas se tintaran de un rojizo
más intenso.
—Esperaré
—susurró acercándose a su oído, lo que le hizo estremecer de pies a cabeza una
vez más—. Esperaré todo el tiempo que sea necesario, hasta que estés seguro de
que esto es lo que realmente quieres. —aseguró antes de posar sus labios sobre
los del modelo con suavidad, sin presionarle, sin exigirle nada—. Además… —se
separó para verle a los ojos—, ya van a ser las cinco, y yo quiero dormir.
Jaejoong
volvió a reír más que contento, en tanto Changmin se giraba para adentrarse a
su recámara sin decir nada más.
—¡Changmin!
—llamó de vuelta desde la entrada de su cuarto. El menor se detuvo antes de
abrir la puerta para verle, momento que el pelinegro aprovechó para correr y
abrazarle, para sentir de nuevo la tibieza de su cuerpo, el calor en su piel
cuando el abrazo fue correspondido—. ¡Gracias! Muchas gracias por lo que
hiciste —musitó renuente a soltarlo—. Buenos días. —sonrió al fin soltándolo.
Con una
media sonrisa, Changmin negó y de adentró a su habitación, frente a la que
Jaejoong se quedó de pie observando la puerta cerrada por un momento más.
«Quizá no
tengas que esperar por mucho tiempo…» sonrió para sí mismo, dándose la vuelta
sólo para chocar contra otra persona.
—¿Y qué significó
todo eso? —Jaejoong se asustó al sentir aquel par de manos sostenerle por los
hombros, pero se alivió al encontrarse frente a frente con Yoochun. Aunque…
¿Qué hacía él ahí? ¿Y qué tanto había visto?
—¿Qué
significó qué, Chun? —Alzó las cejas haciéndose el inocente. Tenía que obtener
información sin meter la pata, ni modo de decirle: “Changmin me ha comprado por
la ridícula cantidad de 400 millones de won, pero ha decidido esperar has que
yo quiera ser su amante, lo cual me tiene entre feliz y desilusionado.
Realmente esperaba que me tomara ahora, pero el señor tiene sueño”.
—¿Qué
significa ese “Gracias” envuelto en lo que parecía ser un cálido abrazo a quien
consideras tu peor enemigo? —Jaejoong suspiró. Yoochun no había visto nada.
Lo siguiente
fue tener que resumirle a su amigo en pocas palabras todo lo que había pasado
en las últimas horas, omitiendo por supuesto, lo referente al pago pospuesto
por el favor prestado.
«Nunca nadie
debe saber lo que he hecho, ni siquiera Yoochun»
«Porque
JAMÁS debes decir JAMÁS…»
Pero las
palabras que Changmin le hubiera dicho días antes no desaparecerían tan pronto
de su cabeza…
“No siento
nada por ti, ni por nadie”
–.—.—.—.—.—.–
Apenas iban
a ser las 7:00am, ya había desayunado y se encontraba totalmente lista para
entrar a la primera clase, sólo debía pasar por el taller de diseño unos
segundos para anotar algunas ideas que se le habían ocurrido durante la noche
para ese traje que aún surcaba su cabeza y pugnaba por salir. Sólo necesitaba
al modelo, y eso dependía enteramente de Jaejoong.
«Sólo
Jaejoong puede recomendarme con Changmin» se decía Boa a sí misma, mientras se
encargaba de dar unos trazos al modelo diseñado en papel.
Estaba
segura de que su diseño luciría magnífico en el actor, pero ella no podía ir
directamente con él a ofrecer a diseñarle, muy apenas y le saludaba con una
inclinación de cabeza, y Jaejoong había ido con él a los BIFF. Quizá había
surgido una amistad entre ellos, eso en verdad no lo sabía, pero si podía
hablarle ya era ganancia. Ella apenas podía pararse frente a él y la garganta
se le secaba, las palabras se atoraban en su boca. Jamás podría hablarle sin
empezar a tartamudear de los nervios.
Justo en ese
momento, un riquísimo aroma a colonia le inundó la nariz, haciéndole girar el
rostro hasta la puerta del taller. Las aulas a esas horas estaban por completo
desiertas, ya que todas las clases comenzaban por la tarde, y aún si fuese un
maestro sólo le vería pasar por la puerta que había dejado entreabierta, pero nadie
pasó. La persona que usara esa colonia para caballero debía tener un magnífico
gusto. Con ese pensamiento fue que giró de nuevo la atención a su diseño, al
menos hasta que el rechinido de la puerta le obligó a ponerse de pie por el
sobresalto, quedando frente a la última persona que hubiera esperado ver por
ahí.
—Ch… Chang…
—Changmin.
Sí.
Sí, ahí,
frente a ella, usando su pulcro uniforme escolar, estaba aquel quien esperaba
pudiera ser su modelo. Tal como pasaba
siempre cuando se encontraba frente a él, su boca se secó y su cerebro quedó en
blanco. Sus ojos quedaron tan abiertos como su boca. Incluso trató de decir
algo, pero nada salió.
Se hizo a un
lado por mero impulso cuando vio que el alto chico caminaba hacia el interior
del salón, directo a sentarse sobre uno de los banquillos de diseño para verla.
—Jaejoong me
dijo que… —El corazón de Boa se agitó con violencia. ¿Jaejoong había cumplido
su palabra?—, podías diseñar un traje para mí.
—S… sí…
—logró responder. Pero si Changmin la veía así de nerviosa, probablemente no le
permitiría diseñarle un traje, debía controlarse y responderle con seguridad,
pues de lograr ser una diseñadora, en un futuro no muy lejano, trabajaría con
grandes artistas y no podría permitirse el tartamudear frente a ellos—. Sí
—afirmó apretando el puño—. Estoy segura de que de permitirme hacerte un traje
para la ceremonia, lucirías magnífico, llamarías la atención de toda la prensa.
—¿Estás
totalmente segura de poder hacerlo? —Changmin le miraba fijo, pero ella lo
estaba. Apretó más el puño y contestó.
—Totalmente.
—Tienes
menos de cuatro semanas. —El actor se puso de pie, de camino a la salida
mientras Boa apretaba los labios para evitar soltar las lágrimas.
Sin embargo,
Changmin pudo escuchar el cómo la chica rompía en llanto luego de que hubiese
cerrado la puerta. Lo que no pudo saber, es que ese llanto era de felicidad, y
no de miedo.
Su sueño
estaba por hacerse realidad.
–.—.—.—.—.—.–
Se había
dormido muy tarde, cerca de las 7:00am dando vueltas al trato que había
establecido con Changmin. Yoochun no había ido a despertarle porque le había
avisado que no se presentaría en las primeras clases gracias a la desvelada que
había tenido con el problema de su hermano. Eso sin contar que todavía se
sentía adolorido por los golpes que Hyunjoong le había dado y, aunado a eso, la
resaca por haber bebido anoche le tenía aún mareado.
Durante las
primeras horas de insomnio se le había ocurrido algo, haciéndose el firme
propósito de llevarlo a cabo durante la mañana. Por ello, había estado hablando
con Sunny muy temprano para ponerse luego a esperar por el mensajero que le
hubiera mandado ella con aquello que le había pedido, razón por la que perdió
casi todas las clases; le faltaba literatura, tenía que arreglar un asunto antes
de dirigirse al taller de pasarela. El timbre había sonado mientras caminaba
hasta el pasillo de aulas, teniendo que franquear todo el mar de gente que se
dirigía al comedor. Ya se daría la vuelta por ahí más tarde, ahora debía ir al
salón. Esperaba poder encontrar al maestro para entregarle la tarea pasada y
anotar la siguiente para no tener que pedírsela a Yoochun.
Últimamente
la mirada inquisitiva de su amigo músico le ponía algo nervioso. No era la
primera vez que le sorprendía cerca de Changmin, pese a que siempre que le
preguntaba le tenía una buena excusa. No eran mentiras, sólo excusas.
«¿Qué
pensará Chunnie cuando se entere de que he aceptado ser amante de Changmin?» se
cuestionó sintiéndose perturbado. «¿Me rechazará?» sacudió su cabeza con fuerza.
«¡No! No debe de enterarse, nadie debe enterarse. Además, Changmin debe
entender que estaba tomado, debe hacerlo. No puede obligarme a cumplir. Hablaré
con él antes de que entre al taller, voy a arreglar esto hoy mismo»
Ni siquiera
tuvo ganas de comer con sus amigos, así que sólo entró a la cocina por un
sándwich. Conocía a todas las ayudantes y al mayordomo de la cocina, por lo que
entrar con las manos vacías al lugar y salir con ellas llenas no era para
sorprenderse. Varias veces había hecho lo mismo por algún amigo enfermo o que
se había quedado estudiando, aunque en esta ocasión fuera para él.
Cuando llegó
al bosque detrás del comedor, ya había terminado de comer. Necesitaba tener el
estómago lleno para poder arreglar las cosas con Changmin. Metió la mano a la
bolsa del saco y tomó con fuerza aquello que Sunny le había enviado a
regañadientes. Sabía que su representante había hecho un gran esfuerzo por
conseguir lo que le había pedido con tanta desesperación.
Vio a
Changmin sentado bajo el árbol en el que siempre solía estar, con un libro en
la mano. Sólo esperaba que no fuera de leyes, porque si el asunto con su madre
aún no acababa, quizá no lo hallaría de humor para romper el trato.
Sí, romper
el trato.
De pronto
estaba inseguro. Detuvo sus pasos a centímetros del tronco del árbol.
¿Realmente deseaba romper con el trato? Sacudió fuerte la cabeza. ¡Claro que
deseaba romperlo! Changmin no le quería, sólo deseaba su cuerpo. ¿Cuántas veces
no se lo había dicho? No iba a enamorarse de él de la noche a la mañana, ¿o sí?
No, qué va, ese frío y arrogante chico no tenía corazón, sólo un trozo de hielo
en su lugar. Jamás le amaría, y por lo mismo desharía el acuerdo que había
hecho bajo los influjos del alcohol.
«¿Y por qué
duele tanto?»
—¿Se te ofrece
algo? —la serena voz de Changmin le despertó de sus pensamientos. Al bajar la
vista, se topó con aquellos ojos castaños que parecían esperar porque dijera
algo.
—Quería…
—comenzó nervioso, pero se repuso con rapidez para responder—. Quiero darte las
gracias por lo que hiciste por mi hermano. —aseguró. Changmin cerró el libro y
se puso de pie para verle de frente. Jaejoong empezó a sentirse nervioso de
nuevo. Iba a darle un rodeo para llegar al punto, pero tener al chico
escudriñando su cara no le ayudaba, sólo estaba consiguiendo sonrojarse ante
aquella mirada fija en sus labios.
—No creo que
hayas venido hasta aquí sólo para agradecerme. —¿Cómo es que Changmin lo sabía?
¿Acaso era tan transparente que el actor podía leerlo?
La mano del
menor se levantó para acariciarle el rostro, pero el pelinegro retrocedió un
paso atrás previendo aquello. Si el actor le tocaba, jamás lograría decirle
nada.
—Sólo quería
saber cómo estás —explicó Changmin, enarcando una ceja. Jaejoong se sintió un
poco más aliviado—. ¿Y entonces? ¿A qué has venido?
Esta era su
oportunidad, Changmin le estaba ayudando mucho. Metió la mano en la bolsa del
saco y sacó un trozo de papel, observándolo un momento para después tendérselo
al castaño, el corazón pulsando en su garganta. «He aquí el producto de medio
año de trabajo» Changmin tomó aquello, sus cejas arqueándose con disgusto
cuando levantó la vista para verlo con la mirada encendida.
—No, no te
molestes —se apresuró el pelinegro agitando las manos en negativa—. Sé que no
está completo, es lo que pude conseguir como adelanto del pago de algunos
proyectos —aclaró intentando sonreír. Changmin no decía nada—. Mira, Changmin,
sé que 150 millones de won es menos de la mitad de lo que me prestaste, pero todavía no me pagan el catálogo de Nak Classic y aún debo renovar el contrato con
Tony Moly, además Sunny está negociando un gran trabajo con una compañía que no
me quiso decir, pero en cuanto se concrete yo te pagaré todo y… —detuvo su
perorata cuando miró a Changmin doblar el cheque que le hubiera dado,
partiéndolo en pedacitos—. Cha… ¿Changmin? —Y entonces, una lluvia de papelitos
se estrelló contra su cara. Un extraño sentimiento acudió a él, como si
Changmin tomara revancha por las veces que él le hubiera hecho exactamente lo
mismo. Al abrir los ojos, la mirada del menor continuaba fija en él.
—Tenemos un
trato que no pienso romper. —aseguró haciéndole retroceder y recargarse contra
el árbol donde apoyó una de sus manos, justo a un costado del pelinegro.
Escuchar
aquello con tal frialdad le hizo sentir perturbado. Necesitaba que entendiera,
¿pero por qué? Sabía de antemano, para qué negarlo, Changmin le atraía mucho,
pero el actor no sentía nada por él. Si alguna vez consideraba el entregarse,
sería porque el menor sentía también algo por él. ¡Lo que fuera!
—¡Estaba
tomado! —se explicó intentando alejarse, pero la otra mano del actor le cercó
el único camino libre para huir.
—No como
para no saber lo que hacías.
Y con esas
palabras lo vio alejarse tan rápido como se había acercado a él, tomar su libro
del suelo y partir sin más. ¿Pero qué…? Iba a seguirle cuando algo en el césped
llamó su atención. Al agacharse para levantar lo que parecía una fotografía se
sorprendió de ver aquella foto que Changmin le había quitado cuando se le
habían caído en el pasillo.
«Ese maldito
la pudo haber perdido en la escuela» pensó al tiempo en que le daba la vuelta,
encontrando algo escrito en ella.
“Voy a poseerte y voy a herirte. Me amarás aun
que me odies, esa será mi venganza”
El
escalofrío le recorrió la espalda justo al mismo tiempo en que la fotografía
era arrancada de sus manos sin que pudiera evitarlo.
—¿Pero qué
rayos?… —Al alzar la vista, se topó de lleno con la mirada helada de Changmin—.
Esa es mi foto.
—Si no mal
recuerdo, me la regalaste. —afirmó sin más, guardándola en la bolsa de su saco.
Jaejoong frunció el ceño, no iba a quitársela forcejando con él. De todas
maneras, ¿qué significaban aquellas palabras?
—¿Por qué
escribiste eso en el reverso? —preguntó curioso, pero las cejas arqueadas con
disgusto del menor le hicieron callar. Changmin se dio la vuelta y partió rumbo
al colegio sin decir más.
“Voy a
poseerte y voy a herirte. Me amarás aun que me odies, esa será mi venganza”
Palabras
crueles dichas por alguien que sentía mucho rencor. Por lo menos eso le
parecieron a él. ¿Las escribiría Changmin? No, eso lo dudaba. Quizá el actor
era frío y no parecía tener corazón, pero dudaba mucho que fuese capaz de herir
a alguien de forma deliberada.
No, era
probable que Changmin leyese esas palabras en algún libreto y las hubiera
apuntado para aprendérselas mejor. Sí, eso tenía que ser.
–.—.—.—.—.—.–
Esa misma
noche, Boa se encontraba de nuevo observando hacia el segundo piso del edificio
del ala Este. Desde la vez en que se había equivocado de habitación y había
entrado a la de Changmin no había vuelto a la de Jaejoong. Sí, solía hacerlo
con frecuencia cuando eran novios para tener un poco de diversión, pero ahora
iba por otro motivo más importante. En sus manos llevaba un pequeño obsequio
para su amigo, sabiendo de antemano que no podría dárselo en el día. ¡Sería
mandada a detención si era descubierta! Además, no lo había visto en clases ni
en el comedor, era sólo por Yoochun que sabía que el pelinegro se había sentido
un poco mal, así que ahora iría a su cuarto.
Volvió a ver
las terrazas de las habitaciones. Dos de ellas que permanecían con la ventana
abierta y las luces apagadas se veían iguales, pero esta vez no cometería
ningún error, la de Jaejoong era la de la derecha. Volvió a fijar su vista en
la habitación, amarró la botella del pico a su cintura, subió por el tronco del
árbol y saltó a la terraza.
—¡Jaejoong,
sorpresa! —saludó entrando de lleno al interior del cuarto. El modelo se giró
de lleno hasta el balcón y sonrió con amplitud cuando vio a la pelicorto correr
hasta él para abrazarle con los ojos llenos de lágrimas, dándole las gracias
mil y una vez.
–.—.—.—.—.—.–
Pasaba de la
media noche cuando Boa se marchaba de su recámara y él se dejaba caer de
espaldas a la cama con una enorme sonrisa en el rostro. No cabía duda de la
locura e impulsividad de su amiga, nunca iba a cambiar, ya que se había colado
por la ventana del balcón, como cuando eran novios. Y todo para darle las
gracias por haberla recomendado con Changmin –le llevó una botella de licor–.
Boa se encontraba tan emocionada que no había podido medir el volumen de su
voz, se había paseado por su habitación riendo a carcajadas, imaginando lo que
los críticos de moda dirían sobre el traje que le confeccionaría al actor,
sobre lo mucho que le solicitarían después de eso. Varias veces se había visto
en la necesidad de callarla colocando su mano en la boca de la chica para que
guardara silencio –Changmin podría escucharle y eso la metería en problemas si
el Témpano de Hielo Shim se molestaba–.
Aunque era
de esperarse tanta alharaca, diseñar un traje para un actor nominado en uno de
los rubros más importantes de los Asian Film era motivo de locura; era darle el
impulso que su amiga necesitaba para adentrarse en el competitivo mundo de la
moda. Sabía que haría un magnífico papel, si algo así bien la pelicorto, era
diseñar. Y estaba tan emocionada por lo ocurrido que para calmarle los nervios y
energía había tenido que sacar la cuerda que guardaba bajo la cama para ponerla
a saltar.
«Pero ni eso
la hizo guardar silencio»
Ahora sólo
quería dormir. Giró en la cama boca abajo y se cubrió con la sábana hasta media
espalda. Estaba contento y aliviado, entre tanto alboroto hecho por su amiga
había escuchado una confesión… Ella había estado enamorada de él hasta el
momento en que descubrió que había otro chico que le gustaba «Qué alivio». Cuando
le hubo preguntado si era Changmin, de inmediato respondió que no, pero que sí
era alguien a quien conocía. Le mencionó mil nombres, pero todos había dicho
que no. Su alegría era ahora por dos razones: Primero, por haber escuchado la
confesión de Boa y el que su padre no se hubiera enterado del accidente de
Hyunjoong –seguro hubiese sufrido otro infarto–, y lo segundo fue gracias a
Changmin y a lo rápido que su abogado se había movido.
Changmin…
Por un
momento pensó que haría válido el trato esa misma noche, que entraría a su
habitación y lo tomaría en la misma cama en la que descansaba ahora. Tantas
veces que estuvo a punto de hacerlo, tantas… y sin embargo cuando tuvo su
consentimiento, no hizo nada.
“Esperaré
todo el tiempo que sea necesario, hasta que estés seguro de que esto es lo
quieres”
En ese
momento lo quería, no, más bien lo deseaba. ¿Pero ahora? Había ido a entregarle
el cheque que consiguió con Sunny, 150 millones de won, era poco menos de la
mitad y el muy desgraciado lo había roto para lanzárselo a la cara en pedazos.
Frunció el ceño con molestia al recordar las palabras que Changmin le había
espetado.
“Tenemos un
trato que no pienso romper”
Quería que
entendiera, que le comprendiera. No quería que lo tomara sólo porque se había
vendido a él… pero no había tenido el valor para decírselo a la cara. ¿Y por
qué no? Eso era sencillo de responder. ¿Cuántas veces no le había dicho que no
sentía nada por él… ni por nadie? Pero quería que sintiera algo para podérsele
entregar.
¡Sí! ¡Eso
iba a hacer!
Se le
entregaría hasta el día que le dijera que le quería. Quizá aquello que le
hubiera pedido mientras iban en la limusina había sido un modo de defensa
–defensa que no funcionó–, pero aquellas palabras soltadas en medio de su
desesperación se hacían realidad ante sus ojos.
Sería suyo
por completo el día que Changmin le dijera “Te quiero”, porque quizá un “Te
amo” sería imposible de pronunciar.
Cerró los
ojos sonriendo para sí, su hiperactiva imaginación le mostraba a Changmin una y
otra vez diciendo aquellas palabras que le aceleraban el corazón. Abrazó la
almohada para intentar conciliar el sueño, y lo logró a medias.
Estaba
adormilado, sintiendo el fresco del aire que se colaba por la ventana del
balcón abierta, cuando sintió que la cama se movía. No prestó atención,
pensando que era la sensación de su consciencia cayendo al sueño profundo,
hasta que algo empezó a recorrer la piel de su brazo que la manga corta no
alcanzaba a cubrir; y se estremeció. Se levantó de golpe, saltando por el lado
contrario de la cama y tratando de acostumbrar su visión a la oscuridad
reinante, pero no lograba ver nada. Sabía que no era un animal, habían sido los
dedos de alguien. De pronto, llegó hasta su memoria la noticia del día: ¡El
ladrón!
Una sombra
se movió frente suyo, dándose él prisa en saltar por encima de la cama para
huir, ese ladrón podría intentar hacerle daño por haberle descubierto y no iba
a permitirlo. Se agachó bajo la cama para obtener la cuerda. Si se le
presentaba la oportunidad, iba a capturarlo.
No supo
hacia dónde se movió aquella sombra, pues parecía caminar sigilosa, como si
conociera bien el lugar, cosa que le ponía nervioso. Bueno, tampoco era de
sorprenderse si todos los cuartos del segundo piso tenían la misma
distribución. Con cuerda en mano se convenció de que, si él no veía bien, era
más que probable que el ladrón tampoco. No escuchaba nada más que los latidos
acelerados de su propio corazón. No quería moverse, de pie al lado de su cama,
sólo observaba de reojo su entorno. De lo único que estaba seguro, era que el
ladrón aún no salía de su habitación.
—Sé que
estás aquí. —denotó con voz audible, luchando por imprimir una seguridad que
estaba muy lejos de sentir. Su pulso corría descontrolado a causa de los
nervios, pero tenía que sacarlo de donde quiera que estuviera.
Entonces, un
fuerte empujón lo derrumbó sobre la cama, aunque consiguió rodar y quedar de un
rápido movimiento al otro lado de la cama, pese a que su camiseta se atoró en
algo –o quizá ese tipo la jaló– y del fuerte tirón que dio para soltarse, quedó
partida en dos. La tela era bastante delgada y estando ya algo vieja, no
resistió el maltrato. La cuerda había quedado extendida sobre la cama, atorada
con su muñeca derecha. Quiso levantarse rápido para alejarse, pero la soga fue
jalada con fuerza llevándose su brazo con ella, y de paso, dejándolo boca
arriba en medio del colchón.
—¡Espera!
—gritó al sentir que las cuerdas enrolladas en su muñeca empezaban a
lastimarle, pero el ladrón no se detuvo. Por el contrario, sintió la cama
moverse por el peso extra y el momento en que tomaban su mano libre para
amarrarla al igual de como se encontraba la otra. Trató de soltarse, pataleando
y tirando de su brazo, pero el ladrón parecía más fuerte que él. Lo único que
conseguía era ver la silueta ante sus ojos y sentir el calor que emanaba cerca
suyo—. ¡Espera! —insistió al notar que el hombre (imposible que fuese una
mujer) no se detenía—. No tienes por qué usar la violencia, si lo que quieres
es dinero está en el cajón superior de la cómoda, pero no me hagas daño. Ya me
rendí, sé que fui un tonto al ponerme con un profesional…
El ladrón no
le hizo el menor caso. Sus manos atadas por la soga fueron amarradas al respaldo
de la cama. La persona sobre sí respiraba agitada, había podido sentir su
aliento golpearle la nuca cuando se estiró para amarrarle a la madera del
lecho. Estaba nervioso, asustado. Jamás había sido asaltado. Había escuchado
que en Seúl los asaltos ocurrían a cada instante, y seguro tendría que lidiar
con ese miedo cuando se mudara… ¡pero no ahora, cuando estaba en su propia
habitación, en su cama!
Al no
obtener respuesta del intruso logró armarse de valor. No iba a dejarse de un
maldito mal nacido. Si iba a robarle procuraría verle la cara para tomar
medidas al día siguiente con el director.
Así fue como giró ambos pies, como en un paso de baile, y de un golpe
lanzó la pequeña lámpara que mantenía en el buró directo al suelo. Había
intentado golpearlo, pero el ladrón se le había anticipado, agachándose para
esquivar el golpe que sólo le pasó rozando. Al estrellarse la lámpara en el
suelo, esta se encendió, si bien la luz que provocaba no era suficiente para
distinguirlo. La silueta fue tomando una forma más conocida, hasta incluso
familiar, y justo en ese momento, su corazón se aceleró con rapidez al sentir
como golpe a su nariz, aquel aroma a colonia cara. Una colonia que conocía de
sobra, porque su dueño siempre buscaba una oportunidad para estar sobre él
–literalmente–.
—¿Quién
quiere tu dinero? —la grave voz le confirmó sus sospechas—. Quiero algo más
importante…
—¡Cha…
Changmin! —balbuceó temblando de pies a cabeza. La escasa confianza que había
adquirido se esfumó de golpe al sentirlo sobre su cuerpo. Ahora era temor lo
que invadía su pecho. ¿Por qué le ataba a la cama? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué
iba a hacerle?—. ¡Changmin, suéltame! ¡Suéltame, suéltame ya! —trató de
forcejear con él, pero la fuerza del menor era enorme, algo que ya había comprobado
muchas veces antes. Estando a horcadas sobre sus caderas, teniéndolo boca
arriba y maniatado iba a ser imposible librarse de él por la fuerza.
—Estabas
bien acompañado… pues ahora seré yo quien te haga compañía. —Un sudor frío
escurrió por su frente al sentir las manos del castaño moverse por la piel de
su pecho. La libertad que la camiseta desgarrada le proporcionaba era
intimidante. No lo entendía. ¿Por qué se comportaba así con él? ¿Qué había
hecho ahora? El reclamo, si no viniera de él le parecería de alguien celoso.
¿Pero celoso por qué?
—¿Qué? ¿De
qué hablas? —su voz salió en un hilo, haciendo esfuerzos por controlar su miedo
y ese cosquilleo que comenzaba a sentir por todo su cuerpo ante la calidez
proveniente de su captor.
Las piernas
de Changmin a sus costados le apretaban con fuerza la cadera impidiéndole mover
los pies, mientras esas manos delgadas y cálidas le recorrían con lentitud y
sensualidad el pecho desprovisto de toda tela. Apretó fuerte los labios
evitando soltar algún gemido cuando los largos dedos pasaron rozando una de sus
tetillas. Changmin no podía darse cuenta del efecto que estaba teniendo en él.
—Estabas con
ella, los vi y los escuché. Te dije que no estaba dispuesto a compartirte con
nadie. —Jaejoong abrió sus ojos cuan grandes eran. Él estaba malinterpretando
las cosas con Boa, debió haberla visto entrando y…
—¡Boa y yo
sólo charlamos, no hicimos nada! —afirmó desesperado, Changmin se agachaba
sobre su cuerpo para acercar los labios a su oído. Esa cercanía le producía temblores
en todo su cuerpo, y aunque tratara de decirse que era debido al frío, algo en
su cabeza seguía gritando que era el cuerpo del actor. El pecho de Changmin
chocaba con el suyo provocando sensaciones indescriptibles, el aliento cálido
chocando contra su mejilla le hacía enrojecer. ¡No, no podía estar pasando
esto! Changmin no podía tomarle a la fuerza, no era de esta manera que debía
ocurrir. ¡No!…
—¿Nada? —el
susurro cayó sensual, dejando que su lengua delineara el interior de la oreja
del pelinegro haciéndole respingar—. Pues ‘nada’ es lo que haremos nosotros
ahora… —Jaejoong sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Por más que luchaba
por soltarse de las amarras sólo conseguía lastimarse. Tenía que detenerle de
alguna forma. ¿Acaso sería capaz de violarle?
—No, espera,
¿qué insinúas? ¿Estarías dispuesto a tomarme a la fuerza? Dijiste que
esperarías. —soltó a la carrera intentando hacerle recordar sus palabras. Sabía
que Changmin cumplía sus promesas, ¿entonces por qué el cambio de opinión?
—Esperar no
significa que puedas revolcarte con tu novia y ex novia. —Un momento, le había
dicho que podía exhibirse con Jessica, que al cabo él sabía que sólo era un
truco publicitario y que no había ni habría nada entre ellos. ¿Entonces a qué
se debía ahora ese reclamo? Prácticamente había tenido su permiso, aunque no
necesitaba el permiso de nadie para hacerlo.
—¡Lo de
Jessica sólo es un truco publicitario, lo sabes! —intentó exclamar, pero cerró
la boca con brusquedad al sentir los labios del actor comenzando a descender
por su pecho. Intentó soltarse una vez más, sólo consiguiendo un dolor agudo—.
¡Ah! —se quejó ante la fricción de las sogas quemaban la piel de sus muñecas.
—Ni lo
intentes —Changmin alzó la vista para verle—. Mis nudos han ganado premios —le
mostró esa breve mueca en forma de sonrisa, volviendo a donde se hubiera
quedado para recorrer lento con sus labios ese pecho que subía y bajaba agitado
por la respiración de su dueño—. Y lo digo por Boa. Voy a borrar con mi cuerpo
las huellas que su cuerpo te dejó. Voy a borrar con mis besos los besos que
ella te dio.
—¡Ah!
Changmin, no lo hagas… —pidió en un murmullo, presa de la tibieza que aquellos
labios recorriendo sugerentes su cuello le producían, dejando besos cálidos y
una sensibilidad que dolía.
Tenía que
mantenerse lúcido a las caricias que comenzaban a embriagarle. No sabía por qué
Changmin parecía molesto, más molesto que enfadado. Quizá pensaba que se había
acostado con Boa y actuaba como alguien loco de celos, pero era mentira, estaba
malinterpretando todo. Quiso abrir la boca para decirle, aclararle, pero esta
fue invadida por la contraria, que le inflamó el cuerpo entero ante su solo
roce.
Sus manos
atadas al respaldo de la cama le impedían moverse. Sus muñecas escocían por el
dolor que la cuerda le causaba. Le estaba hiriendo y aunque de cierta forma le
gustaba, también le espantaba. Se sentía a merced de Changmin, pese a que su
boca respondiera al beso salvaje que el actor le daba, enredando su lengua con
la invasora, dejando que le recorriera y saboreara, que le inflamara la sangre
como sólo él sabía haciéndole olvidar dónde y con quién estaba.
Las manos de
Changmin fueron moviéndose por debajo de la destrozada camiseta que solía usar
para dormir, levantándola de manera lenta y sensual, con los dedos recorriendo
cada centímetro de piel descubierta hasta dejar desnuda al resto de su piel. El
fresco de la noche ni lo sentía, su cuerpo quemaba, ardía por las caricias con
aquella figura que se frotaba contra sí y le arrancaba placenteros
estremecimientos que jamás había experimentado.
El castaño
abandonó su boca, deslizándose por su cuello entre mordidas suaves para limpiar
con su lengua el camino desde su lóbulo hasta la comisura de sus labios,
bajando más tarde hasta su cuello de nuevo, robando ligeras sacudidas al
modelo. De sus labios habían empezado a escapar quedos gemidos que no pudo
detener, en tanto las manos del actor terminaban por levantarle por completo la
playera y la dejaba envuelta entre sus manos atadas.
—Por favor,
detente… —alcanzó a murmurar cuando Changmin abandonó su boca, dejándole los
labios inflamados—. No hagas algo de lo que te arrepentirás mañana… —Si bien no
entendía por qué, los gritos en su cabeza le decían que el arrepentido sería él
si Changmin se detenía ahora.
—Arrepentido
estoy de no haber hecho esto ayer… —masculló contra la piel ardiente del
pelinegro.
—¡Suéltame,
Changmin! —exigió al sentir esos labios bajar por su pecho—. ¡Agh! —se quejó
cuando el menor atrapó con los mismos uno de sus pezones, el cual se irguió
ante el contacto—. ¡NO! ¡Detente, Changmin! Detente, no hagas esto… —suplicó al
percatarse de que algo despertaba en su entrepierna.
Ya era
tarde… Lo sabía, su cuerpo reaccionaba ante las caricias del chico. Se erguía y
temblaba dándole mayor movilidad a sus manos, que parecían tener vida propia
sobre su anatomía. Ya no era necesario que su cerebro ladrara órdenes a su
cuerpo, porque este, rebelde, se negaba a obedecerle. El aliento de Changmin
chocaba sobre su piel desnuda y él sólo podía sentirse arder ante los besos y
las caricias que el más joven le regalaba. ¿Por qué no podía hacer nada? ¿Por
qué su cuerpo reaccionaba ante sus toques? Sabía de antemano que Changmin sólo
deseaba su cuerpo y no era su intención entregarse a él, pero le era imposible
no responder a cada caricia y beso dado. Su mente se encontraba a punto de
renunciar a la batalla contra su cuerpo, incapaz de seguir negándose al placer
que sólo Changmin sabía despertarle.
Le deseaba,
al igual que él, lo deseaba y mucho. Pero sabía que Changmin no sentía nada por
él. ¿Entonces por qué parecía celoso?
—Sólo puedes
ser mío, Jaejoong… De nadie más… —escuchó la voz ronca respondiendo
involuntariamente a su pregunta mental, entristeciendo a su corazón.
Un
estremecimiento aún mayor le sacudió por entero el cuerpo cuando las manos del
actor descendieron sobre sus caderas, bajando el pantalón del pijama. A pesar
de las palabras soltadas tan frías, su cuerpo ardía ante las caricias. La
suavidad de las manos del castaño la sintió por toda la piel de su cadera,
hasta que llegaron a sus glúteos y se detuvieron ahí, masajeando con entera
maestría, moviendo y apretando, arrancándole gemidos mucho más sonoros.
Sus intentos
por sellar sus labios para evitar que los sonidos escaparan resultaba una tarea
imposible. Su boca se abría y sus ojos se cerraban al sentir los labios del
actor recorrer su vientre mientras aquellas manos bajaban por completo su
pantalón para dejarlo por entero desnudo. Su excitación quedó totalmente
visible, pero por continuaba atado a la cama, y por más que jalaba y tiraba,
sólo conseguía hacerse daño. Se sentía impotente… y excitado a más no poder.
—Eres
perfecto… —susurró la voz de Changmin a su oído, con un nuevo beso siendo
arrancado de sus labios, y respondido, pese a que no deseaba hacerlo. Una mano
del menor se deslizó furtiva hasta su miembro erecto, empezando a masturbarle.
—N… no…
Changmin, no… —pronunció entre jadeos cortados por su respiración agitada al
momento en que la boca del más chico se separó para tomar aire. Estaba siendo
violado y nada iba a poder quitárselo de la cabeza. Se negaba a ser tomado por
la fuerza.
—No mientas,
Jaejoong… —respondió con los labios pegados a su abdomen—. Lo deseas tanto como
yo… Tu cuerpo responde, tiembla y se estremece ante mis caricias. Lo deseas,
admítelo…
—N… no…
Deten… Detente… Por favor, detente… ¡AH! —Otro gemido más fuerte escapó apenas
sintió algo cálido y húmedo cerrarse sobre su excitación despierta.
¡Dios! Se
sintió de pronto transportado al cielo, jamás mujer alguna le había hecho
sentir de esa forma. Changmin era un experto, de eso no había duda, sabía bien
lo que hacía. Sin haber llegado a esos extremos ya lo tenía excitado, sólo con
haberlo besado y acariciado su cuerpo ya había respondido. Y ahora… ¿Ahora? Los
gemidos audibles escapaban de su boca sin poderlo evitar. Changmin sacaba y se
metía su miembro en la boca haciéndole estremecer y vibrar como jamás pensó
hacerlo. Lo tomaba sin obtener ninguna resistencia. Su miembro empezó a pulsar
en la boca ajena, en cualquier momento se vendría en la húmeda cavidad. En
cuestión de segundos, tuvo que apretar los labios cuando se sintió llegar al
límite y el semen salió disparado al interior de la boca del castaño. Esta vez
no había podido detenerse, no había nada que les interrumpiera de conseguir su
orgasmo con su amante… ¿AMANTE?
No, no era
su amante. Él le había obligado, le había pedido que se detuviera y no lo hizo.
Le había atado a la cama impidiéndole el defenderse. Aunque, ¿se habría
defendido?
Su respiración
estaba todavía agitada, su mente tremendamente confundida. Ni cuenta se había
dado de que Changmin se había quitado la ropa y volvía a colocarse a sus pies.
Sus ojos se abrieron de golpe al sentir las manos del actor abrirle las
piernas.
—¿Changmin?…
—susurró sin entender, su cuerpo tensándose.
—Relájate,
Jaejoong… o será doloroso para ambos. Aún no hemos terminado…
Fue una
sensación extraña, pero supo, fue uno de los dedos del actor el que comenzó a
abrirse paso en su interior, lastimándole. ¿Cómo le pedía que se relajara si
era la primera vez que estaba con un hombre? Pero entonces le sintió tomar su
miembro entre sus dedos para empezar a masturbarle una vez más.
—¡Aaahh! —Un
sonoro gemido escapó de su boca. Mientras una mano del menor le acariciaba la
otra le preparaba—. No… —masculló mordiendo su labio. Su miembro despertaba de
nuevo y el dolor se hacía menos intenso.
Pronto se
encontró moviendo sus caderas con lentitud, en tanto Changmin introducía un
segundo dedo que fue recibido con menos dolor. En sólo instantes, su miembro
estuvo por completo erecto y casi preparado porque un tercer dedo fue recibido
sin mucha resistencia.
—Pídeme
ahora que me detenga —escuchó la fría voz del actor, ronca por la pasión,
retumbar entre las cuatro paredes de su habitación. ¿Que se detuviera? ¿Acaso
estaba loco?—. ¡Pídemelo ahora, Jaejoong!
—¡Eres un
maldito desgraciado! —clamó entre jadeos, temblando presa de la pasión que
Changmin había despertado en él—. Eres un témpano de hielo, eres un…
—Ya te has
dado cuenta que no soy de hielo… —señaló introduciendo un cuarto dedo en su
interior, provocándole un gemido mucho más fuerte. Comenzó a sacar y meter sus
dígitos en la apretada abertura, haciéndole jadear. Jaejoong necesitaba más, su
miembro pulsaba en la mano del actor y sus caderas se mecían como
desenfrenadas—. ¡Pídelo ahora!
—¡Deja de
jugar! —ahogó molesto—. No quiero…, no quiero… ¡NO QUIERO QUE TE DETENGAS! —gritó
fuera de sí, rindiéndose a la pasión, suplicando por más.
Changmin
retiró sus dedos del interior de Jaejoong haciéndole respingar de desilusión,
sólo para al instante tomarlo por la cintura, posicionando su propio miembro
contra la entrada del mayor. Los jadeos del pelinegro se escuchaban por toda la
habitación, sabiendo de antemano que un gemido más fuerte podría descubrirlos.
Pasaba de la media noche, aunque no faltaba quién anduviera por los pasillos a
esas horas. Pero no podía callarse, era algo ajeno a su voluntad, por primera
vez, desde que había comenzado su vida sexual, no podía controlarse. Jamás con
mujer alguna había disfrutado tanto como con Changmin. Y esto aún no terminaba.
El castaño
colocó su mano sobre la boca del modelo, evitando que siguiera gimiendo tan
alto como lo hacía.
Entonces lo
sintió…
El miembro
caliente y pulsante del menor se introdujo de una sola arremetida en su
interior. Lo había preparado lo suficiente como para que no doliera tanto,
además de que pudo identificar el uso de un condón lubricado, y aun así… sintió
su interior desgarrarse, un fuerte dolor que pensó le partiría en dos. Muchas
veces lo había escuchado de sus amigos gays, pero vivirlo era peor. Mordió con
todas sus fuerzas la mano del actor para aguantar, al grado de probar el sabor
metálico de la sangre –¿Cuántas veces no lo había hecho al recibir los golpes
de su hermano?–, hasta que al cabo de unos segundos el dolor empezó a pasar,
convirtiéndose de a poco en un placer extraño.
Changmin se
mantuvo quieto, esperando a que Jaejoong se acostumbrara a la invasión y el
dolor de la primera vez se diluyera; una vez el modelo dejó de morderle, le
soltó. El cuerpo del pelinegro se movió de manera involuntaria, envolviendo las
caderas del menor con sus piernas, lo que llevó al miembro del chico hundirse
más en él para después salir y volver a entrar, dejándose arrastrar por la
grata sensación. La mano del actor volvió a atrapar el miembro del mayor para
continuar masturbándole, mientras su otra mano le sostenía de la cintura. Se
movieron a la par, en una danza de movimientos ascendentes y descendentes, subiendo
y bajando, jadeando y sudando juntos. Jaejoong sentía el cuerpo perlarse en
sudor, con el corazón desbocándose en su pecho. Las caricias de Changmin le
volvían loco, su erección pulsaba de nuevo entre las manos ajenas, a punto de
terminar.
—Maldito…
desgraciado… —siseó sofocado, apretando los dientes al escuchar un fuerte
gemido y el cómo el miembro del menor pulsaba en su interior para derramar su
semilla caliente en el condón que se hubiera puesto. Apenas sentirlo, su
semilla también escapó derramándose por completo en la mano del actor y parte
de su vientre.
Sus brazos
sufrían horrores, sus muñecas escocían por los raspones de la cuerda y sumado a
eso, la espalda le mataba y sin embargo… ¡No importaba!
Lento,
sintió el miembro de Changmin salir de su interior, un segundo antes de que se
desplomara sobre su cuerpo en tanto su respiración se normalizaba. Su propia
respiración estaba más que acelerada, por lo que cerró los ojos para disfrutar
del momento. Así, con Changmin sobre su cuerpo, con el calor extremo que otra
piel le proporcionaba.
—Mío… —le
escuchó murmurar, aquellos labios besando su pecho—. Sólo mío…
Jaejoong
abrió los ojos al escuchar la afirmación, molesto y profundamente herido. No
era de nadie, DE NADIE, ni siquiera de aquel que había poseído su cuerpo. Y
tenía su corazón, respondió algo en su interior.
—Yo no soy
de nadie. —sentenció molesto. Trató de empujar aquel cuerpo con el propio, pero
el dolor era tan grande que no logró moverse.
La figura de
Changmin se estiró sobre él, llegando a las sogas que mantenían sus muñecas
atadas al respaldo de la cama. La tibieza de los labios ajenos recayeron junto
a su oído al tiempo en que jalaba la cuerda para soltarle al fin.
—Será mejor
que no le digas esto a nadie, o sino… la próxima vez no seré tan considerado.
Jaejoong
apretó los ojos con fuerza, sintiéndose miserable. ¿Pero qué esperaba? ¿Que al
irse le dijera algunas palabras tiernas? ¿Un ‘Te quiero’ quizá? ¿Un ‘Gracias
por la magnífica noche, te llamaré mañana’? Cuando él se acostaba con alguna
mujer, si no sentía nada por ella procuraba irse haciéndolas sentir bien, les
decía cosas tiernas y les daba las gracias… pero el desgraciado se iba lanzando
una amenaza.
—¡TE ODIO! ¡TE
ODIO! —gritó entre jadeos de indignación, mientras su agresor se colocaba la
ropa a tientas.
—No,
Jaejoong. No me odias, estás enamorado de mí…
—¡MENTIRA! —negó
enfadado—. Voy a demandarte por violación. —Changmin no dijo nada por unos
momentos.
—Para
demandarme necesitaras alguna evidencia, y eso lo llevo conmigo al dejar tu
única prueba en el condón. Y no te engañes, Jaejoong, no fue una violación, tu
boca y tu cuerpo se pusieron de acuerdo en un momento. Te di la oportunidad de
detenerme y no la tomaste. Fuiste mío por voluntad propia.
—Mentira…
me… mentira… Te odio, Shim Changmin, ¡TE ODIO!
—Te he
poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente. Tu corazón no me importa y jamás
llegará a importarme, ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi
venganza…
“Voy a
poseerte y voy a herirte. Me amarás aun que me odies, esa será mi venganza”
Al escuchar
esas palabras dichas con tanto odio y coraje, abrió los ojos. El dolor en el
corazón se hizo insoportable.
«¿Venganza?»
Entonces aquellas palabras escritas eran para él. ¿Para él? ¿Por qué? ¿Por qué…?
«No, esto… jamás sucedió… Jamás sucedió… Jamás» repitió para sí mismo,
arrastrándose sobre el lecho de la cama hasta llegar al suelo, con un intenso
dolor, más dolor en el alma que en el cuerpo.
La poca
felicidad que había sentido se esfumó de golpe al escucharle. El muy infeliz se
marchaba sin mirar atrás, mientras él, de forma lastimosa y torpe lograba
ponerse el pantalón del pijama.
«Jamás pasó…»
se dijo por enésima, vez cerrando los ojos y jalando la cobija para cubrir su
cuerpo maltrecho. Fue ahí que notó bajo la cama la botella que Boa le trajera
momentos antes, seguramente había caído al suelo durante el forcejeo. Estiró la
mano y la tomó; con los dientes le retiró el corcho, disponiéndose a olvidar con alcohol todo lo ocurrido.
Iba a
olvidarlo, iba a hacerlo, así tuviera que beber toda la botella, iba a olvidar
que se había entregado a Changmin… Si tan sólo hubiera mantenido su maldita
boca cerrada…
Pero de
nuevo lo había arruinado todo…
TODO…
–.—.—.—.—.—.–
Changmin ni
siquiera se dio cuenta del cómo llegó hasta el balcón de su habitación, notando
la cortina que se colaba por una rendija de la ventana abierta. Abrió la puerta
de su cuarto con mano temblorosa, el aire frío de la noche golpeaba su piel ardiendo.
Cerró la puerta de manera instintiva, dejando recargar su cuerpo por completo, si
bien sus piernas no lograron sostenerle más, dejándole resbalar hasta el suelo.
Su mirada quedó fija en la nada, su cuerpo seguía aún temblando.
Temblando…
como jamás lo había hecho.
—¡Dios! Jamás va a perdonarme… —soltó en un murmullo, ocultando la cabeza entre sus piernas.
—.—.—
¡SORPRESA! ¿Qué tal? Llegamos al clímax -literal(?)-
No tengo mucho qué decir, sólo... creo que me ha dado mucho por mencionar a los chicos de BIGBANG en estos últimos capis, kkk. Ojalá les haya gustado.
No tengo mucho qué decir, sólo... creo que me ha dado mucho por mencionar a los chicos de BIGBANG en estos últimos capis, kkk. Ojalá les haya gustado.
2 comentarios:
Hola..
O.O este cap estuvo intenso Oh por dios Changmin que has hecho, ahora si que estoy mas interesada y con muchas preguntas, siento lastima por Jae se entrego a Min por amor que por calentura, y el solo esperaba algo lindo por parte de Min...
ah quede sentimental a este capitulo. quiero saber mas....
porfis no demores y sigue con los siguientes amo amo amo amo esta adaptación.
Saludos..............
Solo tengo un frase:
"Oh my god sun"
......
ChangMin sufre al final, luego de violar-no violar a Jae... Malditos celos suyos... ¿qué pasará ahora? Ay, ay, y quiero saber porqué tanto odio y venganza hacia él.. ¿porqué? ;;
Qué intensos ambos... ¡de verdad!
Y... JJ con Jessica... es que noooo. BoA ya se enamoró de YunHo HAAHAH.
Está genial Soulfighter, sigue, sigue, quedan más capítulos;;
Publicar un comentario