Tortura: Capítulo 10

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Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, a pesar de que ya han pasado poco más de tres años…

Recibí la llamada de Sunny pocos días antes de que terminaran las clases y comenzaran las vacaciones de invierno. Me ofrecían hacer un comercial en Chuncheon, la capital de Gangwon, para promover el turismo. Era la oportunidad perfecta, yo no deseaba ir a casa a pasar las navidades y sufrir el desprecio de mi madre y hermana, además del repudio de mi hermano; y por qué no decirlo; su odio. Si no fuera por mi padre, jamás regresaría a la mansión Kim. Así que decidí aceptar el comercial. Los únicos requisitos eran: saber esquiar y patinar sobre hielo. Esquiar no sabía, pero el cliente se ofreció a pagarme un maestro para que me enseñara lo básico y ya patinaba sobre ruedas. ¿Qué tan difícil puede ser patinar sobre hielo?, me dije.

«¡Santo Dios!» Patinar sobre hielo es tan o más difícil que aprender a caminar sobre la cuerda floja. En principio, los patines son muy pesados, tanto que los pies se te hacen checos (hacia adentro o hacia afuera) y el dolor se hace insoportable, sobre todo si hace frío y créanme, en Chuncheon, hace frío; las caídas además de ser dolorosas te provocan raspones horribles, porque el hielo quema la piel; ropa excesiva no te permite moverte, pero ropa ligera hace que te congeles. ¡No, definitivamente aprender a patinar sobre hielo fue el infierno! Y aprender a esquiar no fue el cielo. Conservar el equilibrio sobre un par de barras de escasos centímetros de ancho es más difícil que aprender a pararte de puntillas en clases de ballet. Las caídas en la nieve fueron tan frecuentes que casi terminé en el hospital con costillas y piernas rotas. El frío ahí era tan fuerte que apenas salías del hotel, el viento te congelaba la cara. Quizá traía gruesos abrigos, botas y guantes, pero fue imposible cubrirme por completo el rostro que al final del día terminaba por completo rojo, si no es que azul.

Al final de las tres semanas en Chuncheon, había logrado mantenerme en pie sobre los skies cuando iba de bajada por la montaña y dar un par de giros en patines para filmar el comercial que fue trasmitido recién entrado el año. Pero mi cuerpo terminó tan maltratado, que por mucho tiempo deseé haber rechazado el comercial y aceptado ir a casa a recibir las palizas de Hyunjoong.

De todas formas no pude escapar a ellas.

Llegué a casa por la tarde, un par de días antes de año nuevo. Me sorprendí de no ver a nadie, pero di gracias por eso. Escuché cómo el ama de llaves tocaba a mi puerta para decirme que mi padre me esperaba en la biblioteca. No sabía que él estaba en casa, sino hubiese ido de inmediato a saludarle.

Bajé corriendo las escaleras y llegué de igual modo hasta donde mi padre me esperaba, entrando de golpe y lanzándome a sus brazos para darle un beso de navidades atrasadas, diciéndole cuánto lo extrañaba. Papá sólo me felicitó de forma seria y me pidió que me sentara. Kim Eungsoo era un hombre poco expresivo, rara vez dejaba ver sus emociones, pero siempre tenía un cálido recibimiento para conmigo. En esta ocasión no fue así, por lo que me dio la impresión de que algo malo pasaba. Y no estaba equivocado…

La familia Kim estaba en bancarrota, papá había invertido todo su capital en proyectos que no redituaron ganancias. Había solicitado prestamos al banco y ahora no tenía con qué responder. Sabía que las cosas con los negocios familiares no iban bien, por eso, parte de lo que ganaba iba a parar a manos de la familia; pero tampoco sabía que estaban tan mal. Me di prisa en ofrecerle mi sueldo completo como modelo y todo aquello que tenía en mi cuenta bancaria. Papá rió amable, todo aquello que yo poseía no alcanzaba para pagar sus deudas. Ni siquiera vendiendo la mansión, las pinturas, los autos o las propiedades. Eso me asustó mucho. Por lo mismo y a sabiendas de que no podría pagar, los abogados habían hecho algo que me involucraba directamente desde hacía un par de años: Todas las propiedades de la familia, incluyendo algunas acciones en la bolsa estaban a mi nombre.

—¡Papá!

Fue una sorpresa enorme enterarme de que papá sólo confiaba en mí, ya que mis hermanos habían demostrado no ser dignos de confianza. Lo único que me pedía era que, si él llegaba a faltar, no los desamparara, pero que tampoco pusiera las propiedades a nombre de Hyunjoong, ya que éste las utilizaría para saciar su vicio. Se lo prometí.

Escuchamos la puerta abrirse de golpe y azotarse contra la pared. Hyunjoong había entrado furioso con varios papeles en la mano, se había enterado que las propiedades estaban a mi nombre y llegaba reclamando lo que él consideraba suyo. Había apostado una enorme fortuna y quería poner la mansión como garantía de pago, pero al estar a mi nombre y no al de papá los hombres con los que había apostado no se la validaron. Al verme, Hyunjoong quiso golpearme, pero papá se interpuso y ambos comenzaron a discutir de forma acalorada. Quise detenerlos, me metí en medio y mi hermano siguió gritando cosas ofensivas, señalando todo el odio que sentía por mí y por el hombre que le dio la vida. Fue entonces que el grito de dolor de papá nos hizo detenernos, le vimos caer al suelo y yo corrí de inmediato a ayudarle, mientras Hyunjoong parecía haberse quedado pegado al suelo.

—¡Rápido, hyung, una ambulancia! ¡Una ambulancia! —grité, logrando que la servidumbre llegara hasta la habitación asustada.

Mamá y Hyuna llegaron en el momento justo en que los paramédicos levantaban a papá para llevárselo a un hospital, presa de un paro cardiaco.

—¡Es tu culpa, tu culpa! —chilló Hyunjoong empujándome dentro de la casa y evitando que me fuera con mi padre en la ambulancia, pero yo forcejeaba tanto que terminó mandándome al suelo de un puñetazo mientras él se marchaba con mi madre en su auto.

“Es tu culpa”

¿Cuántas veces no escuché esa misma frase a lo largo de las semanas, de los años? Hyunjoong le dijo a mamá que yo había convencido a papá para que me lo dejara todo. Mamá le apoyó diciendo que a mí me convenía que muriera, que dejara de ser un hipócrita yendo todos los días al hospital a verlo. No me creyeron cuando les dije que yo no sabía nada, tampoco le creyeron al abogado cuando les dijo que no podía ceder los derechos de todas las propiedades a mi hermano. Papá aún no moría y Hyunjoong ya estaba peleando por su herencia.

Yo rogaba porque papá viviera. Me quedaba con él por las noches, cuando todos se habían marchado y lograba colarme por la ventana de mi habitación (Mamá ordenó al director Lee que no me dieran permiso de salir de la escuela). Si el director se enteró de mis salidas, jamás dijo nada –Yo creo que sí se enteró, pero él sabía cuánto adoraba yo a mi padre–.

Papá regresó a casa al cabo de un par de meses, pero su salud quedó muy menguada. Debido al infarto, dejó de mover sus piernas y la parálisis facial le afectó la mitad de la cara y brazo derecho. Pasaron seis meses de continua terapia física para que pudiera volver a mover su brazo y los músculos de la cara regresaran a la normalidad, pero sus piernas no recuperaron su movimiento.

Mi cuerpo dolía por las caídas en Chuncheon, y al no tener la recuperación adecuada debido a la enfermedad de mi padre, tardé algún tiempo en recuperarme.

El frío de Chuncheon calaba hasta los huesos y me hacía estornudar constantemente, pero el frío en casa por parte de mi familia era aún más insoportable…



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—¡Achou!

El fuerte estornudo le hizo cerrar los ojos, sólo para abrirlos más tarde con dificultad sin que su vista lograra centrarse en nada, apenas y podía distinguir un bulto frente a sí que no sabía si era o no una persona, pero la ligera risa que llegó a sus oído le indicó que sí, había alguien frente a él.

Talló sus ojos para aclarar su visión y fue entonces que todo se esclareció. La mirada divertida de Yoochun le observaba con fijeza, sonriendo al por demás divertido. Traía en la mano una espiguita, que era con la que le había hecho cosquillas en la nariz para que estornudara.

—Parece que la fiesta de anoche estuvo buena. ¿Te bebiste tú solo todo este licor? —señaló con la espiga la botella vacía que reposaba a un costado del modelo—. Hasta dormiste en el piso. ¿O te caíste de la cama? —Jaejoong parpadeó un poco y comenzó a reír divertido mientras intentaba incorporarse, dejando que la cobija resbalara por su figura revelando su pecho desnudo. Apenas intentó pararse, un fuerte dolor en la espalda se lo impidió.

—¡Auch, auch! Por el dolor creo que me caí de la cama… —masculló cubriéndose el rostro con ambas manos. La cabeza había comenzado a dolerle al ver el brillante sol de la mañana.

—¿No lo recuerdas? —preguntó el músico aún desde su posición.

—No, no, no lo recuerdo y hazme un favor —susurró sin descubrirse los ojos—. No me grites. Me duele la cabeza. Ese maldito sol está brillando demasiado esta mañana… Me voy a enfermar.

—Enfermo ya estás, pero por la borrachera que te pusiste anoche. Voy a ir al comedor a prepararte algo para la ‘cruda realidad’. Traes un tufo que a 10 metros se darían cuenta que tomaste.

—Te lo agradezco, Chun. Voy a darme un baño rápido y te veo abajo.

—Date prisa o se te hará tarde.

—Sí, está bien.

Yoochun se levantó de la cama donde había permanecido boca abajo para ver a Jaejoong sentado en el suelo. Vio y escuchó la dificultad con la que su amigo se ponía de pie, mientras procedía a contarle su sueño.

—Soñé que estaba en Chuncheon, aprendiendo a patinar y esquiar. Quizá por eso me caí de la cama. Seguro traté de dar un giro sobre el colchón, pensando que era el hielo, y como entonces, terminé en el suelo. —relató sin verlo, dirigiéndose a la cómoda para sacar algo de ropa interior.

El músico sólo sonrió al recordar cómo había regresado Jaejoong de filmar aquel comercial: Totalmente amoratado, raspado y adolorido. Claro que además de las caídas en Chuncheon, debía sumarse el nulo descanso por la enfermedad de su padre. Jaejoong había pasado una pésima navidad y de ese momento a la fecha no había vuelto a su casa a pasar las fiestas, sólo llegaba de visita una que otra vez y hasta ahora que se enteraba por qué. Se giró un poco para ver a su amigo antes de abrir la puerta y salir. Jaejoong andaba sin la camisa del pijama, dando de una forma muy extraña hasta la cómoda para sacar ropa interior. Arqueó una ceja al ver al pelinegro tentarse la espalda entre un par de muecas de dolor… y los ojos del músico se abrieron enormes. ¿Estaría malinterpretando esas señales? Porque ese gesto, ese dolor, esos movimientos torpes al caminar… ya lo había visto antes.

—Jaejoong… —llamó, consiguiendo que el mencionado se girara con un signo de interrogación en el rostro. Él ya pensaba que su amigo se había ido desde hacía rato.

—¿Sucede algo? —preguntó al notar la extraña mirada que Yoochun le dirigía. De pronto se sintió como si estuviese robando algo y le hubieran atrapado con las manos en la masa. Pero el otro cabeceó en negativa.

—Nada, olvídalo. —Y cerró tras suyo dejando al pelinegro confundido.

Fuera de la habitación, Yoochun permaneció de pie frente a la puerta pensando en lo que había visto, pero era algo imposible de imaginar siquiera. ¿Jaejoong? ¿Pero con quién?

El sonido de una puerta al abrirse le distrajo de sus pensamientos, volteando hasta la habitación contigua a la de Jaejoong. Una alta figura salió de ahí, con quien intercambió una mirada por intensos segundos. Changmin había aparecido por completo vestido, mientras él aún usaba su pijama. No era extraño que el actor se levantara una hora antes que el resto de los alumnos para hacer ejercicio, eso lo había escuchado de los conserjes que solían topárselo en el gimnasio. El menor caminó en su dirección con paso seguro y no pudo evitar notar el vendaje que llevaba en su mano derecha –¿Producto del ejercicio, quizá?–. Por un momento le pareció que se detendría a preguntarle algo, pero sólo le vio cabecear a modo de saludo, luciendo un visible raspón en su mejilla izquierda; pasó a su costado sin pronunciar palabra, directo hacia las escaleras para perderse por ellas.

Yoochun parpadeó sin comprender nada, más confundido que nada por la idea que había cruzado por su cabeza.

—¿Jaejoong y Changmin?… No, eso es imposible. —negó regresando la vista del cuarto del pelinegro a las escaleras por donde el actor había desaparecido.

¿Sería acaso que los rumores eran ciertos?



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Jaejoong sentía todo su cuerpo molido. «Ese sueño fue bastante real» pensó para sí entre esfuerzos para llegar a la ducha. Tenía un hambre atroz, mucha sed y su cabeza dolía horrores. «Jamás vuelvo a beber» se prometió por enésima vez. Muy apenas pudo levantar la mano para pasársela por la cabeza y meterse bajo la regadera, donde el vapor cálido ya inundaba todo el cuarto.

Algo en él se sentía extraño, y no sólo por haber bebido. Estaba relajado y lleno de energía a pesar del dolor. «Como si hubiera tenido una noche de buen sexo» se dijo al sentir el agua tibia correr por su cuerpo. Cualquier cosa que hubiese ocurrido anoche, no quería recordarla mientras se siguiera sintiendo así de bien. Pero entonces su muñeca se vio cubierta de la espuma del jabón y algo comenzó a picar; al escurrir el agua para dejar limpia la piel, las marcas rojizas en ella resaltaron. ¿Dónde y cómo se las había hecho?

Y como en flashback, las imágenes de la noche anterior asolaron su memoria.

—No… —musitó perdido en las marcas que iban quedando descubiertas conforme el jabón caía al suelo.

En sus recuerdos veía la cuerda que él mismo había tomado de debajo de la cama, y el cómo había sido utilizada para ser atado a la cama…

—No, no… —su voz se fue elevando ante la imagen de Changmin sobre él, besándole, torturándole con sus caricias, logrando que su propio cuerpo respondiera a la pasión con la que era tomado.

Se agachó veloz a tomar el jabón del suelo para tallarse con frenesí en un intento por limpiar su cuerpo, por quitar el aroma del actor de su piel, de borrar las huellas que le hubiese dejado.

—No, no, no… —repitió cuando el jabón se le resbaló y sus manos viajaron directo a cubrir su rostro, recordándose a sí mismo gimiendo de placer al recibirle, suplicándole que no se detuviera cuando le había dado la oportunidad de hacerlo.

Se sentía sucio, usado y desechado. Por eso no quería recordar, por eso había bebido hasta la última gota de licor que había en la botella, por eso… ¿Pero de qué servía? Al siguiente día recordaba todo y sentía todo…

—¡NOOO! —ahogó poco antes de devolver el estómago, dándose cuenta de que había sido cruelmente utilizado, violado y desechado… porque lo que Changmin había hecho con él no era el amor, aunque en un principio lo pareció.

“Te he poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente. Tu corazón no me importa y jamás llegará a importarme. Ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi venganza…”

Recargado en la pared fue cayendo poco a poco, hasta que su cabeza llegó a ocultarse entre sus piernas, donde el agua mojara toda su piel, su cabeza, sus recuerdos… aunque algo como lo de anoche, jamás podría olvidarlo.

Changmin lo había violado…



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Yoochun no paraba de mirar su reloj. Había despertado a Jaejoong con suficiente tiempo como para que se arreglara y bajara a desayunar, su remedio para la ‘cruda’ le estaba esperando y el muy flojo seguramente se había vuelto a dormir. La risa de Boa al despedirse le distrajo de sus pensamientos, alzando la vista hasta la pelicorto frente a él aunque, más atrás, pudo captar el momento en que el vecino de su amigo, Changmin, veía hacia la puerta del comedor.

—Lo está esperando. —murmuró bajo, sin darse cuenta que Hangeng había podido escucharle.

—Lo que no sé es por qué no se sientan juntos. Son novios, después de todo, ¿no? —Yoochun volteó de golpe hasta su platinado amigo, en tanto Boa se alejaba sin percatarse de la conversación.

—¿De qué hablas? —inquirió sin comprender.

—De lo mismo que tú. —aseguró el moreno-rubio, limpiando su parte del mantel en la mesa para recoger su bandeja e irse, pero el agarre del músico sobre su brazo lo detuvo.

—Yo hablaba de Changmin y Jaejoong —le miró serio—. Ellos no pueden ser novios, en principio porque Jaejoong no es gay y en segunda porque se llevan terriblemente mal. —Hangeng empezó a reír estridente, llamando la atención de más de uno en el comedor. Incluso de Boa, quien se detuvo en la puerta para voltear a verlos.

—No, yo hablaba de Luna y Jinki. Son novios, pero tratan de mantenerlo oculto a los demás, por eso, creo, no se sientan juntos; y como él aún no llega creí que decías que lo esperaba porque habías visto a Luna mirando a la puerta.

Yoochun negó con la cabeza, regresando su vista al frente para encontrarse con la mirada inquisitiva de Changmin. El actor ya se había levantado con su bandeja en mano, pero sólo anduvo por un costado y le vio de reojo antes de salir del comedor.

Desde aquella vez en la sala de estar que sabía del interés de Changmin por Jaejoong, pese a que el modelo tuviera novia. Infiel, pero novia al fin y al cabo. Él no era gay, aunque… Sí, aunque a últimas fechas Jaejoong había hecho enormes esfuerzos porque Changmin lo notara. Quizá él no lo sabía, quizá actuaba sin saber. Quizá Jaejoong también estaba interesado en el actor y aún no se daba cuenta…

Sí, quizá…



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Poco antes del escándalo de la risa de Hangeng, Changmin había podido ver a Boa alejarse del comedor, decidiéndose por seguirla. Había una duda que le carcomía el alma. Al verla entrar al taller de costura aprovechó la hora temprana y el que este estuviera solo para llegar directo e interrogarle.

Boa sacaba unas hojas de diseño de una de las mesas de trabajo, observándolas bien antes de meterlas a la carpeta de dibujo. Estaba contenta, tarareando distraída una canción romántica cuando un golpe a la puerta la asustó.

—¡Changmin! —ahogó al verlo recargado sobre el umbral con los libros bajo el brazo. No lo había escuchado acercarse, y ahora estaba tan sorprendida como nerviosa—. No… no te… esperaba por aquí… —logró balbucear, las piernas temblándole. Está bien que eran compañeros de clase y ya hasta le saludaba, pero su cercanía todavía le intimidaba—. Justo iba a llevarte al salón unos diseños que quería mostrarte. Quería que me dijeras cuál te gustaba más y ponerme a trabajar en él. —explicó al sacar de su carpeta los diseños para tendérselos. Changmin los miró apenas un momento, pero no se movió ni se molestó en tomarlos. Boa se sintió avergonzada y bajó el brazo con los dibujos, esperando por lo que fuera a decirle.

—¿Qué caso tiene tener un diseñador si este va a preguntarte qué es lo que más te gusta? ¿No se supone que deberías saber qué es lo que mejor me queda? Armani nunca me preguntó nada, sólo iba a que me tomaran las medidas y me entregaban el traje, el cual siempre fue bien recibido. Estoy depositando mi confianza en ti por recomendación de Jaejoong. —Boa enrojeció por la reprimenda. ¡Tenía toda la razón! Changmin jamás hubiera accedido a ponerse un traje suyo si no fuera por el pelinegro. No iba a fallarle… No, iba a hacerle un traje con el que luciera espectacular.

—Lo lamento, Changmin-ssi… —musitó más repuesta y segura—. No voy a defraudarte, ni a ti ni a Jaejoong que fue quien me recomendó.

—¿Qué hacías en la habitación de Jaejoong anoche? —la inesperada pregunta, helada, espantó a la pelicorto. ¡Le había visto, le había visto e iba a delatarle! Lo sintió aproximarse, con esos delgados dedos tomándole por la barbilla de un fuerte agarre que le hizo por poco derretirse por el contacto—. ¿Qué hacías? —repitió—. ¿Te acostaste con él?

—¡NO! —reaccionó totalmente sonrojada, retrocediendo un paso para separarse de él—. No desde que… terminamos… —bajó la vista avergonzada. No se hubiera imaginado confesarle a Changmin algo semejante—. Él y yo somos amigos, sólo amigos, y anoche fui a agradecerle por haberme recomendado contigo, ya que no lo había visto en todo el día… —explicó de corrido, explicándose ante aquella mirada que le observaba escéptica.

—Te vi entrar a su habitación, se escucharon carcajadas y poco después jadeos —Boa enrojeció de nuevo, cubriendo sus ardientes mejillas con las manos—. No me vas a decir que no te acostaste con él, te despediste con un beso y le dijiste que era magnífico.

—Pero no se lo dije en ese sentido… —intentó aclarar. Paranoicamente, se sentía como si estuviera en medio de alguna clase de juicio siendo acusada por un intimidante fiscal. Como si fuera la santa inquisición y estuviera por ser quemada por hereje—. Y… los jadeos que escuchaste fue porque… me puse a brincar la cuerda en su habitación… Yo… y-yo no amo a Jaejoong, amo a… a…

—¿A quién? —exigió en un tono seco y demandante que hizo a Boa tragar saliva asustada.

—A Yunho…

La mirada de Changmin quedó oculta tras sus cabellos, mientras apretaba los puños y se volteaba hacia la pared, golpeándola con tanta fuerza que su mano izquierda terminó herida.

—Maldición… Me estaba diciendo la verdad…

Boa no pudo hacer más que mirarle cuando se alejó, no sabiendo qué hacer o pensar. Changmin se iba con la mano ensangrentada y ella no había podido moverse para intentar curarle. Changmin… parecía celoso. ¿Celoso?

—¡Dios! ¿Acaso los rumores sobre Jaejoong y Changmin son ciertos?



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Jaejoong avanzaba por los pasillos de la escuela rumbo a su salón de clases algo presuroso, el timbre de entrada estaba casi por sonar. Llevaba sus libros bajo el brazo, ni prestando atención a los saludos que algunos chicos le dirigían. Toda su atención iba puesta en una sus muñecas, cubierta por una banda deportiva; no había encontrado mejor forma de cubrir las heridas hecha por la soga que usando aquello.

Estaba tan distraído que jamás notó la presencia que se acercaba hasta él con la firme intención de detenerle. El escalofrío le recorrió la espalda y se detuvo de golpe para girar su rostro hacia atrás. Y ahí, abriéndose paso entre sus compañeros se encontraba el causante de su desdicha: ¡Shim Changmin! El actor se acercaba a toda prisa y justo su cuerpo eligió ese momento para no responder, como pegado al piso, con el corazón latiendo acelerado. ¿Y ahora qué iba a decirle? ¿Qué iba a hacerle? Aquellos ojos fijos en él, le veían como si fuese un león a punto de devorar a su presa. Quería correr, gritar, pero no podía reaccionar.

—¡Jaejoong! —el fuerte llamado le sacó de su parálisis mental y a escasos metros de ser alcanzado, giró y corrió.

Ni siquiera supo quién le había gritado o por qué, lo único que sabía es que debía huir de ahí. No quería volver a verlo, no quería saber nada del Témpano de Hielo Shim… No, no era un témpano de hielo, y bien que lo había comprobado la noche anterior.

Pero no volvería a pasar jamás, JAMÁS. Ya había cumplido con su parte del trato, había sido suyo, Changmin no tenía de qué quejarse. Ese maldito lo había tomado, ya no tenía nada con qué presionarlo.

—Quizá por fin me lo haya quitado de encima… —consideró al abrir la puerta del salón, ingresando al mismo para llegar a su lugar a toda prisa y sentarse.

—¡Maldición, Jae! —Yoochun llegaba detrás de él bastante cansado. Jaejoong abrió los ojos sin comprender nada—. Si no quieres el remedio sólo dímelo, pero no corras… —El pelinegro soltó la carcajada al ver el frasco que su amigo había dejado sobre el pupitre.

—Sólo huía. —explicó con una felicidad que estaba muy lejos de sentir. Podía sentirse morir por dentro, pero siempre mostraría una sonrisa para todos.

—Sí, ya sé que huías. El remedio sabe feo, pero es la única forma de que se te quite ese… —Yoochun se interrumpió de golpe y olfateó el aire varias veces—. Ya no hueles a crudo. ¿Qué hiciste? —Jaejoong sacudió sus manos con nerviosismo.

—Nada, nada, sólo vomité. —El músico mostró un gesto de reprobación. Pero no había sido intencional, el recordar todo lo que hubiera ocurrido con Changmin le había revuelto el estómago al punto de hacerle devolver todo lo que no había cenado la noche anterior.

—Vomitar también sirve, pero que no se te haga costumbre. No vayas a terminar convirtiéndote en bulímico —Yoochun se encaminaba a su lugar, entre el silencio que guardó el modelo—. Mejor aún, deja de tomar si no puedes controlarlo.

—Ya deja de regañarme —musitó fingiendo molestia. Esas mismas palabras las había escuchado de Changmin antes—. Me haces sentir como un niño. —se recargó sobre el pupitre haciendo un puchero involuntario.

—Pues deja de comportarte como un niño y…

La puerta abriéndose para dejar entrar a su torturador, logró que dejara de prestar atención a lo que fuera que Yoochun continuó diciéndole. Esa mirada intensa sobre sí le hizo sentir erizar los vellos de su nuca. En su hiperactiva imaginación veía a Changmin entrando por la puerta y gritando a los cuatro vientos que había sido suyo. El sutil rojizo tiñó sus mejillas al ver al menor acercarse a él. Él tampoco había dejado de verle, su corazón permanecía acelerado y si se ponía de pie, estaba seguro de que sus piernas temblando no lograrían sostenerle. ¿Qué quería? ¿Iba a decirle algo delante de todos? El salón ya estaba lleno, en cualquier momento el maestro entraría y entonces… ¿Entonces?

Pudo ver al actor parándose delante de él con sus finos zapatos, perfectamente boleados; su uniforme planchado, sin una sola arruga y sus libros bajo el brazo. Alzó la mirada hasta quedar sumido en la profundidad de sus ojos. Quería golpearle en ese momento, reclamarle, decirle cuánto le odiaba. Pero había algo en la mirada de ese egocéntrico actor que le hacía callar.

—Jaejoong, yo… —La queda voz del actor le hizo despertar de sus pensamientos e incorporarse en su pupitre sin llegar a levantarse. Nunca notó la mirada inquisitiva que Yoochun mantenía ante la escena, como si esperara algo.

—Siéntense todos —La presencia del profesor detuvo cualquier cosa que el castaño fuera a decirle. Todos regresaron a sus lugares menos Changmin, y Jaejoong se sorprendió de que el chico se quedara ahí frente a él sin moverse, ni decirle nada—. Señor Shim, esperaremos hasta que decida pasar a su asiento para comenzar la clase. —El tono del hombre era retador y autoritario, no obstante guardó silencio cuando la mirada del alto chico se clavó en él de forma intimidante, incomodándolo mientras este volvía a regresar su atención al modelo.

Jaejoong sintió la furia crecer dentro de sí. ¿Qué esperaba conseguir parándose así delante de él, observándolo sin decir nada? ¿Esperaba leerle la mente o la mirada? Si lo que buscaba era ponerlo nervioso, no iba a conseguirlo, en realidad empezaba a sentirse molesto por lo ocurrido. Changmin se había portado mal. No, no mal, terrible con él, y no iba a perdonárselo jamás.

Se puso de pie frente al actor, ganándose la mirada de todos los presentes. Todo parecía indicar que había una nueva pelea entre ellos.

—¡Lárgate! —masculló el pelinegro por lo bajo, el tono exacto para que sólo Changmin pudiera oírle.

—Necesito hablar contigo. —susurró el menor sólo moviendo los labios, pero Jaejoong entendió perfecto y frunció el ceño molesto. No iba a hablar con él jamás. Para él Shim Changmin ya no existía, había muerto la noche anterior, cuando lo había violado.

—Ustedes dos —el maestro sonaba molesto—. Si tienen algo de qué hablar, ¡salgan de mi clase! —Jaejoong se sentó al instante.

—Yo no tengo nada de qué hablar con este tipo, profesor. Yo he venido a estudiar, si él quiere hablar con alguien, que se busque a otra persona.

—Joven Shim, ¿va a permanecer en mi clase o no? —Changmin regresó la vista de vuelta al modelo, pero este ya ni le veía. Se dio la vuelta y regresó a su banco—. Muchas gracias, joven Shim —musitó el hombre sin disimular su molestia—. Ahora, vamos a comenzar la clase.

Yoochun se acercó con disimulo hasta Jaejoong para preguntarle aquella cuestión que todos se hacían. ¿De nuevo se pelearon? Jaejoong omitió la respuesta. ¿Pelea? Ojalá eso hubiera sucedido. Yoochun sabía bien que algo pasaba entre ellos, y era sólo cuestión de tiempo para que supiera todo, pues al paso que el pelinegro iba, un día terminaría saliendo todo de su propia boca. ¿Y entonces qué diría el músico? ¿Qué pensaría de él? ¿Le rechazaría?

Esperaba, con toda el alma, que jamás se enteraran ninguno de sus amigos y le rechazaran por ser gay.

Todo el día se lo había pasado incómodo. Primero, porque Yoochun no dejaba de preguntarle si había pasado algo entre Changmin y él, cosa que evitaba responder encontrando el medio perfecto: preguntarle por su novia y si es que estaban peleados, ya que el lunes había llegado temprano a la escuela y al preguntar por si esa noche pensaba colarse también por su ventana, el músico le había sorprendido diciendo que no. Él también evitó responder a la pregunta. Lo segundo que lo tenía incómodo era la mirada de Boa. Su amiga siempre era muy estridente, constantemente platicaba con todos, más con Yoochun y con él, pero esa mañana ni siquiera le había dirigido la palabra, ni un saludo, nada. Quiso preguntarle si estaba molesta con él, pero sentir la mirada de Changmin clavada en él se lo impidió. Ya tendría oportunidad de preguntarle luego.

Y lo último que le tenía incómodo, era justo esa mirada penetrante fija en él. Siempre que giraba el rostro a su izquierda, ahí estaba Changmin observándole. Había visto, con cierto desconcierto, que esa mañana el chico se había ofrecido, milagrosamente, a resolver todas las tareas que los profesores pedían fueran hechas en el pizarrón, pese a que al terminar aprovechaba para fijar su mirada de vuelta sobre él. Y eso lo hacía sentir incómodo, humillado. No podía evitar que sus mejillas enrojecieran de coraje al verle tan calmado después de lo que había hecho con él la noche anterior.

—Jaejoong…

La mano en su hombro le hizo saltar del banco, poniéndose de pie de un brinco. Yoochun también se sobresaltó, soltándolo al mirar su reacción. ¿Por qué estaba tan nervioso?

—Ya sonó el timbre para ir al comedor. ¿No piensas ir a comer? —preguntó el músico, estudiando en silencio el semblante del modelo. No cabía duda que algo le pasaba. ¿Hasta cuándo Jaejoong tendría la suficiente confianza como para hablar con él?

—No tengo hambre, Chun, discúlpame. —El pelinegro se levantó con cierto dolor del pupitre y caminó de manera lastimera hasta la salida del salón. Yoochun lo observó marcharse sin decir nada. Jaejoong no había probado bocado desde la mañana, tenía que averiguar qué había pasado… y el único que lo sabía, era Changmin.



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Había llegado algo tarde al comedor y sólo había alcanzado las sobras, motivo por el que tampoco vio a la persona que podría saber el motivo por el que Jaejoong se comportaba tan extraño.

Ahora caminaba por los pasillos del dormitorio para ver si de casualidad se encontraba a Changmin por ahí, ya que si no tendría que esperar hasta que estuviera en la sala de estar. Su preocupación por su amigo era mucha, y al no saber nada por parte de Jaejoong tendría que buscar información por la otra parte.

Apenas iba subiendo las escaleras cuando vislumbró la inconfundible y alta figura de Changmin doblar por el pasillo rumbo a las habitaciones. Estaba de suerte. Se apresuró a alcanzarlo antes de que el chico llegara a su recámara, encontrándose con varios alumnos que yacían platicando en los pasillos o recargados en los marcos de sus puertas. Faltaban todavía algunos minutos para que los talleres dieran inicio. Yoochun volteó en todas direcciones entre los chicos, esperaba que el actor no fuese a reaccionar mal a su pregunta como para dar un espectáculo tal como los que solía hacer con los miembros de la prensa.

—¡Changmin, espera! —le pidió para que se detuviera y girara el rostro para verle. El músico le dio alcance a escasos pasos de la puerta de Jaejoong. Él era el único que podía decirle qué le pasaba al modelo—. ¿Puedo preguntarte qué pasó entre Jaejoong y tú? —El asombro apareció por segundos en la mirada contraria, pero igual de rápido la disimuló.

—¿Dónde está él? Lo he estado buscando —preguntó a su vez, y Yoochun frunció el entrecejo. Lo estaba evadiendo, igual que Jaejoong.

—Te hice una pregunta. —reclamó endureciendo el tono de voz. No estaba dispuesto a conformarse con suposiciones.

—Si Jaejoong no te lo ha dicho, no tengo por qué decírtelo yo. ¿Dónde está ahora? —Yoochun se cruzó de brazos, el actor no iba a intimidarle con esa mirada hosca con la que solía asustar a otros.

—¿Qué le hiciste a Jaejoong? —insistió molesto.

—Nada que te importe.

—Le has reclamado lo que le prestaste para sacar a su hermano de la cárcel y se han vuelto a pelear —afirmó Yoochun. Changmin sólo esbozó una media sonrisa, encaminándose de vuelta a las escaleras cuando el músico atravesó su brazo para franquearle el paso—. Con esa arrogancia y frialdad que muestras jamás tendrás amigos.

Changmin le miró de reojo, alzó su brazo derecho con la mano que aún estaba vendada, tomó la del músico y la separó con fuerza para dejarse el camino libre.

—Las personas como yo no necesitan amigos. —aseguró al pasar por su costado. Yoochun se giró para verlo mientras el menor se alejaba.

—Todos necesitamos amigos. —replicó, Changmin se detuvo para girarse y acercarse a él. La sorpresa acudió al músico cuando el brazo del actor lo empujó contra la pared, arrinconándolo sin dejarle moverse.

—Lo único que necesito, no es algo que tú puedas darme. —siseó clavando su mirada en la contraria. Yoochun se sintió primero asustado por esa reacción, pero al comprender no pudo evitar esbozar una sonrisa.

—Yo no. ¿Y Jaejoong sí?

—¡Changmin! —La voz de Jaejoong distrajo a ambos. Changmin soltó al músico para alejarse del lugar entre los murmullos de chicos que había alcanzado a presenciar todo, mientras el pelinegro llegaba corriendo para ver cómo se encontraba su amigo y cuestionar qué había sido eso, pues nadie en realidad había alcanzado a escuchar nada de su conversación.

—Digamos que… tú tienes mucho qué ver. —fue lo único que pudo conseguir del músico, mientras ambos andaban con rumbo a sus respectivos talleres.

«Te atrapé, Shim Changmin» se dijo Yoochun mientras entraba a su taller de música y dejaba a Jaejoong en el suyo con un gran signo de interrogación pintado en la cara.



–.—.—.—.—.—.–



La noche se había dado su tiempo en caer, las horas habían pasado tan lentas que parecía jamás podría huir de él, pero estaba a poco de lograrlo, de escapar de Changmin por ese día; y si lo había logrado un día, lo lograría dos y tres, una semana o un mes. ¡Jamás volvería a hablar con Changmin! O a estar a solas con él. Una vez que llegara a su habitación la cerraría con cien… no, con mil candados y trancaría la puerta del balcón para evitar que brincara al suyo.

Desconocía cuál había sido el problema con Yoochun antes de entrar al taller, lo cual lo tenía preocupado, pero al menos estaba seguro de que el infeliz no le había contado a su amigo nada de lo que le había hecho. Por esa parte podía sentirse tranquilo. Aunque, ¿entonces por qué Yoochun decía que era por su causa que se habían hecho de palabras? Tampoco podía preguntarle de ello a Changmin, lo había evitado con éxito en el taller de teatro al sentarse con Sulli, quien no tenía pareja por estar filmando un drama. Era mil veces preferible soportar el acoso de la aspirante a actriz que el continuo acoso de su torturador. El maestro casi le obligaba a sentarse con él, pero cuando Sulli le dijo que Changmin estaba de acuerdo (aunque fuera mentira), ni el actor ni el maestro dijeron nada. De esa manera se libró de su ‘agradable’ compañía durante toda la tarde.

Al llegar la hora de la cena, prefirió meterse a la cocina y cenar con el personal de limpieza, quienes lo recibieron encantados (¡No se iba a quedar con hambre por culpa de ese imbécil!). Rió como nunca, logrando olvidar por momentos su sufrimiento, y en lugar de ir a la sala de estar como cada noche, tomó rumbo a su habitación para evitar tener que verlo.

—Sólo unos metros más… —se dijo apresurando el paso hasta llegar a su habitación.

Estaba terriblemente cansado, ya que huir de Changmin no había sido nada sencillo. Cada que le veía, aunque fuera de lejos, corría para el lado contrario; incluso había entrado a la biblioteca, donde era seguro que nadie le buscaría a sabiendas de que odiaba los libros, lo que lo convertía en el lugar más seguro de todos. Pese a que de lo aburrido se hubiera quedado incómodamente dormido sobre una de las mesas hasta esa hora. Esa era la razón por la que ahora llevaba el saco del uniforme en la mano, la corbata deshecha y los tres primeros botones de la camisa desabrochada. Le urgía llegar a la recámara para poder dormir a gusto y a sus anchas.

Tomó el picaporte de la puerta, no sin voltear a ambos lados antes, no quería que ese idiota pudiera interceptarle entrando a su habitación y le fuera a empujar al interior para tenerlo a su merced de nuevo. Pero el pasillo estaba desolado, apenas iluminado, y era gracias al alboroto que había podido escuchar en su camino ahí que sabía, todos se encontraban en la sala de estar viendo televisión o jugando ajedrez. Suspiró de alivio y entró a la oscuridad de su habitación, recargándose en la puerta a ojos cerrados, ya sintiéndose seguro tras haber trabado la puerta. Changmin no podría entrar, sólo faltaba cerrar el balcón y…

—¡Changmin! —ahogó apenas percibió la luz de la lámpara de su buró encenderse y sus ojos se abrieron de golpe, encontrándose con la inconfundible figura del menor sentado en la cama donde la noche anterior le hubiera atado y tomado.

Fue como si un fuerte rayo le golpeara el cuerpo. Sus piernas comenzaron a temblar, y si no fuera porque estaba recargado en la puerta y aún sujetado al picaporte de la misma, hubiera caído al suelo. Su corazón latió alocado al verlo levantarse de la cama, observándole muy fijamente. Se sintió de pronto cual si fuese un liliputiense a punto de ser aplastado por Gulliver. Su cerebro gritaba desesperado por tratar de hacerle reaccionar, que se alejara lo más rápido que pudiera, pero su maldito cuerpo dictaba lo contrario. Sus pies se mantenían fijos al piso tal cual estuvieran imantados, mientras su piel cosquilleaba al ser recorrida por la mirada ajena que, a pesar de su frialdad, parecían transmitirle un calor que quemaba.

—Jaejoong…

Escuchar su voz era lo que necesitaba para romper el hechizo en el que había caído. Cerró la boca, que había permanecido abierta por incontables segundos, y frunció el ceño molesto. Se obligó a tomar el control de su cuerpo y sus emociones para dejar de lado esa sensación de calor y el inconfundible aroma a colonia que inundaba su cuarto desde la noche anterior.

—¡Lárgate de mi habitación! —exigió arrojando los libros y el saco que aún llevaba bajo el brazo, ya que no había vuelto a su habitación desde que hubiera salido en la mañana. Changmin se quedó en su lugar mirándole con los ojos entrecerrados, ni inmutándose por su reacción. Eso lo hizo enfurecer—. ¡Te he dicho que te vayas! ¿Acaso eres sordo? —Changmin aguardó sin mover ni un músculo.

—Te he buscado todo el día —musitó apenas notó que el modelo guardaba silencio—. Necesito hablar contigo —Jaejoong se giró de golpe para tomar el picaporte de la puerta y quitar la llave dispuesto a abrirla y salir. No estaba dispuesto a escuchar a ese egocéntrico, así tuviera que irse a dormir a cualquier otra parte, ya fuera al patio, al gimnasio o a las aulas de clases. No hablaría con él, ¡si por eso lo evitaba! Pero la mano del chico fue más rápida, empujando la puerta y cerrándola de nuevo—. Vas a escucharme aunque tenga que perseguirte por toda la escuela. —Ambas miradas chocaron.

—No tengo nada qué hablar contigo, te lo dije en el salón de clases y te lo repito. —le miró de reojo, imprimiendo en su voz toda esa seguridad que estaba lejos de sentir.

Ese calor que la proximidad del cuerpo de Changmin le proporcionaba le hacía temblar de pies a cabeza. Ese aroma que impregnaba toda su habitación y el cuerpo del actor le estaban mareando. Tenía que salir de ahí ahora o acabaría haciendo alguna tontería. Trató de abrir la puerta de nuevo para huir, pero el fuerte brazo contrario volvió a empujarla impidiéndoselo, franqueando con todo su cuerpo cualquier salida. Jaejoong pasó saliva con nerviosismo, sin querer moverse sabiendo que cualquier roce con el contrario podría hacerle estallar la piel y el corazón.

—¿Quieres que te ate de nuevo?

La ronca voz del actor murmurando a su oído con tal sensualidad le erizó los vellos de la nuca. Cerró los ojos con fuerza tratando de empujar al fondo de su cabeza las imágenes que querían asaltarle. ¿Cómo era posible que ese tipo le atrajera tanto? ¿Cómo era posible que su cuerpo hubiese reaccionado a sus caricias? ¿Que hubiese gemido de placer cuando le tomó? “Estás enamorado de mí”, dijo el actor la noche anterior… ¡NO! No lo estaba, no podía estar enamorado de un infeliz que le había violado.

Y sin embargo su cuerpo temblaba ante su sola cercanía, ni siquiera necesitaba tocarlo para sentirse excitado, como bien lo había comprobado al perder aquella maldita apuesta. Si tan sólo el actor sintiera algo por él, si tan sólo no le hubiera dicho aquellas palabras la noche anterior, él quizá ahora…

—¡JAMÁS! —gritó negando sus pensamientos, al mismo tiempo que empujaba uno de los brazos del menor para hacerlo retroceder y verlo con el ceño fruncido. ¡Estaba totalmente loco! Sí, no había otra razón para tan siquiera pensar en seguir con el actor si este parecía odiarle. ¿Pero qué le había hecho para que este quisiera vengarse de él? ¿Romperle su foto y lanzársela a la cara? ¿Acaso había fracturado tanto su ego con eso? Sus ojos se clavaron en los contrarios que parecían desvestirle. No, no iba a permitir que Changmin volviera a tomarle, ya había obtenido lo que quería y no volvería a permitirse ceder. Sí, porque la noche anterior había cedido a la pasión que el chico sabía bien cómo despertarle—. ¿Qué diablos quieres? Dilo de una buena vez para que te vayas lo más pronto posible de mi habitación.

—Sólo quiero disculparme. —aseguró sin moverse. Jaejoong se sintió enfurecer. ¿Disculparse? ¿Así de fácil? ¿Como si estuviera hablando de una pluma perdida o un plato roto? No, Changmin pretendía algo, él mismo había dicho que no se disculpaba si no lo sentía y no parecía que lo sintiera mucho.

—No —frunció el ceño—. No te disculpo. ¿Crees que con un simple “Lo siento” vas a reparar todo el daño que me hiciste? ¿Crees que así de fácil voy a perdonarte o voy a olvidar lo sucedido? No, no te disculpo, ni te perdono.

—No te estoy pidiendo perdón, sólo me disculpo por la forma en que lo hice. —Eso fue lo último para que Jaejoong se sintiera estallar de indignación.

—¡Eres un cínico! —exclamó—. Deberías pedirme perdón de rodillas mil veces por lo que me hiciste en lugar de pedir disculpas. No deberías ni tener el valor de verme a los ojos, deberías sentirte avergonzado y sin embargo te das a la tarea de seguirme todo el día buscando, ¿qué? ¿Pedir una maldita disculpa? ¿Acaso crees que con eso reparas todo? ¿Una maldita disculpa? ¿Y qué si te disculpara? ¿Querrías volver a tomarme como anoche? ¿Como si hubiera sido algo realmente agradable y que quisiera repetir? ¡Ni por un millón de disculpas, idiota, maldito violador!

La mirada de Changmin centelló furiosa al escuchar tal acusación, y en menos de nada Jaejoong pudo sentir el cuerpo del menor apresar el suyo haciéndole golpear contra la pared. Su piel parecía reacción al tacto del actor, porque había empezado a mandar corrientes eléctricas por todo su ser.

—No soy un violador, ¿o ya no recuerdas la forma en la que te entregaste anoche? —Sus ojos oscuros se abrieron ante la mención. ¡Por supuesto que lo recordaba! Y cómo iba a olvidarlo si cada rincón de su habitación estaba impregnado con el aroma del actor y esa mirada intensa que se esmeraba en recordárselo una y otra vez. Pero no, no iba a dárselo a notar, no señor. Shim Changmin no iba a saber que sentía algo diferente al odio.

—Yo no me en… —intentó justificarse, pero Changmin le interrumpió.

—Lo hiciste, Jaejoong. Deja de mentirte, deja de hacerte la víctima conmigo porque no voy a dejar que me conviertas a mí en el victimario. Dime quién me pidió que no me detuviera, ¿eh? ¿Quién fue, Jaejoong? Porque parece que ya se te olvidó. Tú me perteneces. —Los ojos del mayor se abrieron aún más por el asombro, deteniendo su corazón por un instante para que más tarde comenzara a latir a toda prisa—. Sí, no me mires de esa forma. Recuerda que te vendiste a mí, yo sólo reclamé lo que me pertenecía.

—¡ERES UN MALDITO DESGRACIADO! —le gritó encolerizado, empujándolo tan fuerte que lo tiró al suelo, de espaldas a la cama. El asombro se asomó en aquellos ojos castaños, pero tan pronto como apareció se esfumó. El chico volvió a incorporarse con lentitud, sin romper el contacto visual con el pelinegro.

Jaejoong sentía la sangre hervirle por dentro, cual almacén lleno de pólvora capaz de estallar ante la más simple chispa. Sus puños apretados sólo esperaban por el momento justo para estrellarse contra aquel rostro de 2,500 millones de won.

Changmin mostró una sonrisa torcida, y antes de que el modelo pudiera darse cuenta lo tomó por ambos brazos lanzándolo a la cama, donde se subió sobre él para sujetarle ambas muñecas sobre la cabeza. Había sido un completo idiota al tan siquiera imaginarse ganándole al actor, Changmin sabía de Taekwondo y él no. Sus muñecas dolían horrores por las heridas y sin embargo, la furia que crecía dentro de él bastaba para mirarle a los ojos y reclamarle, luchando por olvidar lo que ese contacto le hacía sentir, que Changmin lo tenía por completo a su merced.

—Sí, soy lo que tú quieras. —el menor recorría su cuello con los labios, lanzando corrientes eléctricas por todo su cuerpo, obligándole a apretar los dientes.

Su corazón latía a toda prisa ante aquellos roces tan sugestivos, tratando de arrancarle los gemidos de la noche anterior, bajaba con sensualidad rozándole de forma delicada, cosquilleando, mordisqueando de a ratos para recorrer con la lengua la textura de aquella piel que había quedado expuesta gracias a los botones desabrochados. Jaejoong luchaba contra su propio cuerpo, porque pese a sentirse molesto, decepcionado y profundamente herido, no podía negar que las caricias de aquel chico le hacían reacción como ninguna mujer lo había logrado antes. ¿Qué era esto? ¿Qué?

«Deseo…» respondió algo en su interior.

El deseo, sí, sólo el deseo estaba haciendo, de nuevo, presa de él y no podía, no debía. Se había prometido que Changmin jamás volvería a tomarle y ahí se encontraba, otra vez, temblando bajo la pasión de sus besos, bajo el calor que le proporcionaba un cuerpo extraño y a la vez tan conocido. Su maldito cuerpo respondía como la primera vez en que le había besado. ¿Pero de qué se extrañaba? ¿No le había dicho Fukutaro que Changmin era muy bueno en la cama?

La lengua del menor abriéndose paso en su boca le hizo reaccionar de inmediato, endureciendo algo en su entrepierna mientras trataba de soltarse sin éxito. Esos besos cargados de deseo, de pasión, le arrebataban en un instante los sentidos, le hacían olvidar que le odiaba, que le había tomado a la fuerza… que había sido amante de Fukutaro.

Cuándo lo odiaba, amante de ese desgraciado de Fukutaro…

—Hiciste un trato conmigo, Jaejoong… —susurró el actor entrecortado al separarse de su boca para tomar aire. El pelinegro sintió el aliento caliente chocar contra su oído, así como aquella dura hombría chocando contra su vientre. Él también estaba excitado, y sólo se habían besado. Era increíble lo que podía lograr con sus besos—. Tú a cambio de la libertad de tu hermano. Y antes de que digas que él ya está libre, tu recuerdo que todavía hay un proceso en su contra por daños a terceros. Una llamada a Michael y tu hermano vuelve a la cárcel.

—¡Me estás chantajeando! —Jaejoong apretó los ojos, la pasión evaporándose de su cuerpo para hacer lugar a la ira. De nuevo, de nuevo Changmin abría la maldita boca para arruinar todo.

—No, sólo te recuerdo el trato —afirmó regresando a la tarea de besarle, pero la furia interior en el mayor era demasiada. De nuevo le decía que no le importaba en lo absoluto, que sólo era un objeto con el que hacía transacciones hasta que dejara de serle útil y pudiera botarlo—. Así que las cosas serán a mi manera, serás mío cuando yo quiera, donde yo quiera, como yo quiera y a la hora que quiera…

Le odiaba, realmente le odiaba y esta vez no iba a dejarse intimidar, no, jamás. No volvería a ser tomado a la fuerza como la noche anterior. No volvería a sentirse utilizado, una basura. El actor aprendería, aunque fuera a la mala, que a Kim Jaejoong nadie lo lastima.

De una fuerte patada lo empujó lejos de su cuerpo, el odio podía ser tan fuerte como el amor y esta vez el odio ganaba en su corazón. El impulso tumbó al actor de la cama y Jaejoong se dio prisa en alcanzarle en el suelo, colocando ambas manos en el cuello del chico para empezar a apretar con todas sus fuerzas.

—¡TE ODIO SHIM CHANGMIN, TE ODIO! —le gritó apretando el agarre, en tanto las manos del moreno hacían todo lo posible por soltarse—. Jamás será cuando, como y donde tú quieras…

—Jae… Jaejoong, me… —intentó decir en apenas un murmullo—. Me estás ahorcando… —Pero la ira le nublaba la cabeza al modelo. El color en la cara del otro empezó a pasar de un morado pálido a un azul, pese que aún luchara porque le soltara.

—¡MUÉRETE CHANGMIN, ASÍ DEJARÁS DE DAÑARME!

—¡JAEJOONG, ESTÁS LOCO!

Un par de fuertes brazos lo tomaron por el pecho obligándole a soltar a su presa, dándole a Changmin el tiempo para incorporarse a prisa tosiendo y recuperar el color, así como el aire perdido. Jaejoong había estado tan ofuscado tratando de matar a Changmin que no notó cuando Yoochun entró por la puerta, sin seguro, para preguntarle cómo estaba y se encontró con semejante escena que jamás creyó el modelo pudiera protagonizar.

—¡Te odio maldito desgraciado, TE ODIO! ¡Déjame Yoochun, voy a matarlo con mis propias manos! —exigía tratando de soltarse de los brazos del músico que muy apenas y podían sostenerle.

—¡Cálmate, Jaejoong, cálmate! —le pedía Yoochun entre intentos sobrehumanos por detener al modelo, quien seguía tratando de soltarse para atacar al actor—. Estabas a punto de matarlo, ¿qué no viste que ya estaba azul?

—¡Eso es lo que quería hacer! ¡MATARLO!

El forcejeo incesante logró finalmente soltarle del agarre del músico, sólo para salir corriendo con rumbo al balcón y saltar por él. Yoochun se dio prisa en seguirlo, pero lo único que puso hacer fue verlo perderse por los patios del colegio rumbo a la barda. Se giró rápido al actor, acusándolo con la mirada. ¿Qué diablos había pasado ahí? Changmin intentó seguirlo, pero Yoochun le detuvo.

—¿Qué le hiciste? ¿Por qué quería matarte? Jamás lo había visto actuar así y mira que ha tenido motivos suficientes para tratar de matar a alguien. —Changmin le miró sin interés, soltándose del agarre para girarse y salir de la habitación. No obstante, Yoochun se atravesó volviendo a impedirle el paso—. ¡Habla de una maldita vez! —le gritó. Jamás se había sentido tan molesto y asustado como para gritarle a alguien, como ahora. Él era más bien sereno, pero la escena que había presenciado lo había conseguido perturbar lo suficiente—. ¿Qué le hiciste a Jaejoong?

—Lo que pasa entre él y yo sólo es asunto de los dos —afirmó sin inmutarse—. Arregla tus propios asuntos primero, que ya llevas bastante tiempo postergándolos, antes de querer arreglar los de los demás. —Yoochun se incorporó en su lugar más que sorprendido, dándole al menor la oportunidad para pasar a toda prisa a su costado y salir del cuarto para entrar al suyo.

Yoochun quedó de pie observando a la nada, con el corazón en la garganta. ¿Qué tanto sabía Changmin de sus problemas como para decirle semejante cosa? Ya una vez le había insinuado algo, pero en esta ocasión… le había dicho muy claro que había un asunto al que ya le había dado muchas largas.

—¿Qué tanto sabes, Changmin? —se preguntó en un susurro.



–.—.—.—.—.—.–



Estaba tan enojado, tan lleno de ira, que ni siquiera sintió dolor cuando saltó por el balcón del segundo piso y cayó en dos pies. Tan pronto se vio fuera de su habitación corrió rumbo a la barda para salir del colegio y brincó. Sus pasos lo llevaron hasta el teléfono público que se encontraba en una esquina.  Con mano temblorosa hurgó en la bolsa de su pantalón y sacó de la cartera la tarjeta telefónica, marcando de memoria para obligarse a esperar nervioso que le contestaran del otro lado de la línea.

—Amigo… —pronunció entrecortado apenas escuchó que el teléfono era atendido, ni esperando que la otra parte saludara—. Estoy muy mal…

—Jaejoong, por Dios… ¿Qué te ha pasado? —No le fue difícil distinguir la preocupación de su amigo, como si pudiera verle, aunque no lo conociera. Su voz era tan clara, tan pura y agradable, que sabía bien, era el único en esos momentos que podría darle la paz que necesitaba.

—Lo peor, me ha pasado lo peor… —musitó pasándose las manos por la cara, tan débil que apenas y lograba apoyar los brazos en la cabina. Pelear con Changmin hasta casi matarlo no era lo que tenía pensado, pero el actor era tan frío, tan idiota que…—. Casi he matado a Changmin…

—¿Cómo?… ¿Estás detenido, necesitas un abogado? —Jaejoong soltó una risita amarga.

—Ojalá lo hubiera matado, realmente se lo merecía después de lo que me hizo… —Y a partir de ahí, sabía cuál sería la siguiente pregunta.

—¿Has… has tenido relaciones con él? —El pelinegro sintió que se le iba el aire, como si le hubieran dado un fuerte puñetazo en el estómago. ¿Cómo lo sabía? La última vez que hablaron él había adivinado que Changmin le gustaba, tan sólo con escucharle—. Lo siento, no debí decir esa tontería. Perdóname, no…

—Sí —La rápida y lánguida respuesta cortó las disculpas que el otro le daba. Ahora le tocó a él escuchar el silencio del amigo—. Pero las cosas no fueron como seguro imaginas. No fue nada romántico, ni por el estilo.

—¿Entonces?

—Mi hermano se metió en un problema, yo necesitaba dinero rápido… Sólo se me ocurrió pedírselo a Changmin, y para que aceptara, me ofrecí como pago a su préstamo —Más silencio por parte del amigo—. Seguramente después de esto ya no querrás escucharme o saber de mí…

—No, Jaejoong, te equivocas. Si no me escuchas es porque estoy sorprendido de hasta dónde ha llegado ese tipo. ¿Aceptaste ser su amante para que él ayudara a tu hermano? ¿Por qué no acudiste a mí? Yo pude prestarte cualquier cantidad que necesitaras sin que me dieras nada a cambio, yo…

—No se me ocurrió nada, en ese momento se me cerró el mundo y acudí a Changmin… —le interrumpió de nuevo. Sabía que hubiera podido haber acudido a alguien más, un día después había logrado juntar una buena suma con Sunny, sin embargo, en ese momento sólo pensó en él.

—Y tuviste relaciones con él esa noche para que te diera el dinero. ¡Qué desgraciado! ¡Se aprovechó de ti! —acusó enojado. Jaejoong golpeó con la mano la cabina y el chico guardó silencio mientras el pelinegro se dejaba caer al suelo, recargando el cuerpo sobre el tubo de metal que le sostenía.

—No, yo pensé… Yo creí… —intentó explicar, mirando al cielo. La noche estaba clara y estrellada. Estaba evitando a toda costa soltar el llanto, jamás iba a llorar por culpa del Témpano de Hielo Shim.

—¿Jaejoong…, estás llorando?

—No por fuera —respondió con calma—. Pero por dentro sí. Esa noche —continuó, esperando que el amigo no dijera nada por su afirmación—, yo lo deseaba. Yo quería que esa noche me tomara y me hiciera suyo. Quizá había sido un deseo producto del alcohol que había bebido, pero esa noche lo deseaba mucho. Sólo que… él tenía sueño, y prefirió marcharse. Me dijo que esperaría todo el tiempo que hiciera falta.

—¿Y entonces qué pasó? ¿Por qué si iba a esperar te encuentras en ese estado? ¿Qué te hizo? Me dices que tuviste relaciones con él, pero… ¡Por Dios, Jae! ¿Acaso él…? —¿Acaso este chico leía la mente? ¿Cómo era posible que hilara las cosas de una forma tan certera? Quizá por ese motivo le resultaba tan fácil hablar con él. No era necesario decirle mucho para que adivinara las cosas. Quizá sí leía la mente, pero eso le estaba evitando tener que contarle. Sólo tenía que confirmarle lo que ya suponía.

—Sí… —susurró quedamente—. Me ató a la cama la siguiente noche, ayer, y me tomó.

—¡Te violó! —aseveró casi en un grito, haciendo que Jaejoong saltara ante la palabra.

—¿QUE? ¡No, no me violó! No lo hizo, sólo que yo…, yo… —¿Cómo decirle? ¿Cómo contarle lo que había pasado si lo que quería era olvidarlo? ¿Cómo decirle que él…?

—¿Le pediste que no lo hiciera y él continuó? —De nueva cuenta el amigo sabía la continuación de la historia. Eso mismo era lo que no quería decirle y eso mismo era lo que él le evitaba decir.

—Sí, algo así. —le confirmó. A fin de cuentas, ya lo sabía.

—¡Entonces sí te violó! Debes denunciarlo a la policía de inmediato, él…

—¡No! No lo entiendes, él me dio la opción de detenerle y yo… —le cortó al escuchar lo que le proponía el chico. Ya lo había pensado, de hecho, la noche anterior le había amenazado con hacerlo. Pero sabía que no iba a ser nada fácil de probar, tan sólo con que Changmin dijera que había sido de mutuo acuerdo bastaría para que su versión de haber sido violado se viniera por los suelos. Además, él le había dado la opción de negarse y no la tomó, no quiso tomarla.

—¿Pero en qué momento, Jaejoong? —interrumpió el amigo sus pensamientos—. ¿Cuándo te dio esa opción? Porque bien debes saber que cuando se llega al punto máximo de la pasión uno ya no puede ni quiere detenerse aunque nos estén pidiendo detenernos o nos pregunten si queremos que se detengan. —Sabía que eso era verdad, tenía suficiente experiencia como para saberlo, pero Changmin se habría podido detener si él se lo hubiera pedido; sólo que no pudo. No, no es que no pudiera, es que no quería.

¡No quería!

—Es que yo… yo… yo lo deseaba, deseaba mucho que me tomara. Creo que de no haberlo hecho así, jamás habría tenido el valor… —murmuró al fin, más para sí mismo que para el amigo. La noche anterior había quedado tan satisfecho que había mandado al diablo sus pensamientos. Por un momento, no le importó lo que Changmin quería de él, y se entregó sin importarle las consecuencias. En ese instante lo había disfrutado, y estaba seguro que de volverse a repetir, lo volvería a disfrutar aunque después se arrepintiera.

—¿Qué dices? ¿Lo estás justificando? —Las palabras de su amigo le hicieron volver a la realidad. ¿Estaba justificando a Changmin por lo que le había hecho? ¿Realmente era a Changmin a quien justificaba? Para qué seguirlo negando, el amigo ya debía saberlo.

—No, no lo estoy justificando a él. Me… Me estoy justificando yo —Silencio al otro lado de la línea—. ¿Te asusta?

—No, sólo no comprendo y estoy tratando de entender. —Jaejoong sonrió con sinceridad ante el comentario. No cabía duda que hablar con el chico al otro lado de la línea le estaba ayudando mucho a entenderse a sí mismo.

—Es simple, yo… lo amo —confesó al fin en voz alta—. Amo a Shim Changmin —repitió sintiéndose liberado de un gran peso—. Y aunque sé que él me desprecia, no puedo negar que me gustó su forma ruda de poseerme. Quise negármelo, quise culparlo a él, cuando el único culpable soy yo.

—Tu eres una víctima, no eres culpable de lo que pasó. —El amigo se escuchaba preocupado, pero no tenía por qué estarlo. Se sentía bien, ahora sí se sentía bien. Changmin no era culpable y se lo haría notar.

—Te equivocas, soy culpable desde el mismo momento en que le ofrecí mi cuerpo como pago a su préstamo. Le prometí ser su amante y sólo hizo valido el trato. —Le aclaró.

—Te violó. —reafirmó acusadoramente.

—Me hizo el amor. A su manera, pero lo hizo. —Sí, Changmin lo había tomado de forma ruda al principio, diciendo palabras duras y frías, pero no podía negar que había sido considerado con él, muy considerado… al grado de no dolerle como le habían dicho muchos de sus amigos gay.

—Jaejoong… —Le oyó por fin algo más calmado, pero el sonido que escuchó por el auricular le hizo interrumpir cualquier cosa que el chico fuera a decirle.

—Amigo, se me está acabando el crédito en la tarjeta, voy a ver si consigo otra para volverte a llamar. Si no lo hago, de todas formas muchas gracias por escucharme.

—Jaejoong, espera, Jae…

Pero el único sonido que podía escucharse era el de la operadora solicitando el cambio de tarjeta.

Con un fuerte suspiro, el modelo dejó el auricular en su lugar. Se había desahogado un poco de aquello que le había pasado con Changmin. ¿Lo amaba? Sí. Lo había sacado a colación ahora que hablaba con el amigo. Por lo mismo había caído bajo el hechizo de su frialdad, de su seducción, y su cuerpo había correspondido a la pasión con la que había sido tomado… No podía culparlo por la forma en que lo había hecho.

«Yo tuve la culpa por venderme a él» se dijo de camino de vuelta al colegio.

Detrás del árbol que protegía a la pequeña cabina telefónica desde donde Jaejoong solía hablar cuando salía de la escuela, el humo de un cigarrillo había comenzado a formar una ligera cortina. La persona oculta tras el tronco dio un par de pasos hasta tener de frente la pantalla LCD que pedía el cambio de tarjeta telefónica; Jaejoong había olvidado retirarla. Arrojó el cigarro al suelo todavía encendido, levantó el auricular y presionó el botón de remarcar. Sus cejas oscuras y boca se curvearon con disgusto ya que, el número que apareció lo reconoció al instante. Molesto, retiró la tarjeta sin crédito e insertó una nueva que llevaba en su cartera.

—¡Jaejoong! Qué bueno que conseguiste otra tarjeta, tengo que decirte que…

—¿Qué crees que estás haciendo? —siseó a través del teléfono al escuchar la preocupada voz del amigo.

—¿Cha… Changmin?

—¿Por qué hablabas con Jaejoong? ¿Qué le has dicho de mí? ¿Te has atrevido a contarle algo de mi plan? —preguntó veloz.

—¡No! No le he dicho nada… ¡Pero cómo te atreviste, Changmin! Lo has forzado… —lo acusaba. Jaejoong estaba sufriendo y él era el único culpable.

—Eso es mentira. —El amigo guardó silencio de golpe. ¿Mentira? ¿Por qué decía eso? ¿Jaejoong le había mentido?

—Él me lo dijo, lo ataste a la cama y lo…

—Escuché lo que te contó —le interrumpió—, así que no mientas. —¿Qué? ¿Cómo que había escuchado?

—¿Escuchaste?… ¿Cuánto escuchaste? —preguntó asustado.

—Escuché todo. Desde el principio, escuché todo. —¡Dios, no! Jaejoong estaba en grandes problemas. Changmin había escuchado todo y eso le haría sufrir más de lo que ya lo hacía.

—Changmin… ¿Le dirás que lo escuchaste? —cuestionó preocupado.

—¿Decirle o no decirle? He ahí el dilema.

—Changmin… —suplicó—. Desiste de tu plan, le estás haciendo mucho daño. El pobre chico no tiene la culpa…

—No voy a desistir, el que va a desistir de hablar con él eres tú.

—¡Eso no! Voy a decirle lo que estás haciendo, le contaré todo como debí hacer desde el principio…

—No vas a decirle nada, y si lo haces te atendrás a las consecuencias.

—¡No te atreverías!

—Además, ¿crees que te creerá… primito? Supongo que no sabe quién eres, y si yo le digo que mi primo ha estado hablando con él para sacarle información y decirme, ¿a quién crees que va a creerle? Puedo decirle que fuiste tú quien me dijo que él me amaba…

—¡Changmin, no seas desgraciado! Él…

—Si no quieres que yo mismo le diga que todo el tiempo ha estado hablando con mi primo, vas a dejar de hablarle. Corta cualquier comunicación que tengas con él, ni siquiera se te ocurra verlo.

—No me conoce en persona, sólo hablamos por teléfono.

—Pues dejarás de hacerlo.

—¿Estás celoso? —cuestionó de pronto. Siempre que hablaban se comportaba de una forma fría y desinteresada, jamás dejaba ver sus emociones, pero en esta ocasión… Changmin parecía querer separarlo de Jaejoong a cualquier costo. ¿Serían celos?

—No te metas en lo que no te importa —¿Había evitado responder? Aunque esa era una de sus frases favoritas—. Y no estoy celoso, no quiero que lo prevengas. —De nueva cuenta ese maldito plan. ¿Hasta cuándo Changmin estaría con eso? ¿Hasta que le destruyera? ¿Pero por qué a él? Sólo porque… ¿Era eso? ¿Por eso quería destruir a Jaejoong?

—¡Changmin! Ves en él una forma de vengarte de ella, ¿verdad? ¡Admítelo! —Sí, eso tenía que ser. Todo había comenzado con la demanda y terminaba en Jaejoong—. Tú no lo odias a él, la odias a ella. ¡A tu madre!

—Ella no es mi madre. Y sí, está bien, lo admito —masculló cínico—. ¿Tuviste tantos años de terapia sólo para venir a darte cuenta de lo obvio? Destruyéndolo a él y todo lo que representa, la destruyo a ella.

—¡Por favor, Changmin! Deja ese rencor, sólo te va a destruir. Arregla tus asuntos con Jaejoong, dile por qué haces lo que haces y olvida esa absurda venganza que no te llevará a nada bueno.

—¡Cierra la maldita boca! Y antes de darme consejos de cómo manejar mi vida, arregla la tuya, maldito mentiroso. ¿Por qué no le dices a tu padre de una buena vez que eres gay? Deja de pretender ser lo que no eres ante sus ojos, tarde o temprano se enterará y te irá peor.

—Si le digo, ya no tendrías con qué chantajearme. —soltó una risita.

—Ya encontraría otra cosa, ¿quizá decirle quién es tu novio? ¿O quién fue el primero con quien hiciste el amor?

—¡Changmin!… —ahogó asustado—. ¡No te atreverías!

—Me conoces bien, ¡sabes que lo haría! Ya te dije, arregla tus asuntos primero y no te metas en mi camino, porque si no lo haces te llevaré de encuentro. —Y colgó el teléfono de golpe.

Changmin observó su mano apretando aún el auricular, sus nudillos blancos por la fuerza que imprimía. Se había enojado con su primo, con el único que le había entendido por años. “Su plan”, ese dichoso plan que había estado armando por todo un año, el mismo que le había llevado a buscar a ese niño por el que creía sentir tanto odio. Pero, ¿cuál plan? Si se había hecho añicos casi desde que le hubiera encontrado…

«No debí amenazarlo…» se dijo mientras regresaba a paso lento hacia la escuela, ambas manos en los bolsillos.

En esos precisos instantes iría a ver a Jaejoong. Quizá era hora de que él mismo le contara por qué le había dicho todo aquello la noche anterior.

«Mi venganza no es contra ti, es contra ella. Tú realmente no tienes la culpa de nada» aceptó para sí, dándole la razón a su primo.



–.—.—.—.—.—.–



Había vuelto a su habitación más calmado. Haber hablado con el amigo le había dado la paz que necesitaba. Se había metido a la ducha y tallado su cuerpo con fuerza para tratar de deshacerse del aroma de aquel chico que aún le impregnaba, pero era una tarea que al parecer tardaría días en lograr.

Había salido del baño lleno de preguntas y dudas, pero por más que intentaba aclararse o darse una respuesta, nada servía. Se sentía un completo idiota, después de todo, había sido sólo culpa suya, tal como le había dicho al chico en el teléfono. Él se había ofrecido como pago y Changmin sólo había cobrado lo que le correspondía. Y sí, para qué seguir negándolo, era más que probable que titubeara en el momento en que se entregara a él por primera vez, el miedo y la vergüenza acudirían y se detendría. Tal vez Changmin se detuviera,  tal vez no, eso ya jamás lo sabría.

Pero, de la forma en que lo hizo… de esa forma… No, no pudo, ni quiso detenerse. Ahora no sabía si el actor volvería, después de todo, había intentado matarlo, ¿no? Aunque, conociendo bien a Changmin, volvería a tomar lo que por derecho le pertenecía.

«Yo…» aceptó en su fuero interno, sentándose con sólo el pantalón del pijama puesto. Changmin le había roto la playera con la que solía dormir, ahora debería buscar otra entre sus cosas. Nunca usaría aquel pijama que le había regalado. ¿Cuántas veces no lo había tirado? Las mismas que aparecía lavada, planchada y doblada sobre su cama. Dándose por vencido, había decido guardarla en el último cajón de la cómoda.

Algo más de Changmin para recordar…

Todavía sentía su cuerpo arder de recordar la noche pasada. Miró sus muñecas marcadas y suspiró hondo. No cabía duda que la forma ruda en que había comenzado todo, le había encendido como jamás hubiera imaginado.

Atado a la cama…

Una triste sonrisa surcó su rostro ante el calor abrasador que recorrió su cuerpo al sólo recordarlo. Changmin le había atado a la cama y le había poseído de una manera alocada, apasionada y sensual. Si no hubiera sido por aquella palabras al final de todo, hubiese creído que el actor le amaba al igual que él.

Que a pesar de todo le amaba…

¿Le amaba?…

Sacudió la cabeza con fuerza. ¡No, para qué hacerse falsas ilusiones! Ese idiota no le amaba ni le amaría jamás, lo único que quería de él era su cuerpo y lo había conseguido. Bien que le había recordado que su corazón no le importaba.

“Te he poseído… He poseído tu cuerpo y tu mente, tu corazón no me importa y jamás llegará a importarme. Ahora sí tendrás motivos para odiarme. Esa es mi venganza…”

¿Venganza? ¿A qué venganza se referiría? Aunque estaba seguro que eso era algo de lo que posiblemente jamás se enteraría.

Se levantó de la cama para buscar una playera en la cómodo pegada a la pared, a un costado del balcón. Ya se hacía tarde y el fresco de la noche empezaba a molestarle. Todavía tenía mucho en qué pensar, sobre Changmin y sobre Yoochun. ¿Qué diablos le iba a decir al músico mañana que le preguntara por aquel intento de asesinato? Ese sí que iba a ser un problema, su amigo era muy intuitivo, sabía de antemano cuando mentía y era experto en atar cabos. Con él no funcionaban las verdades a medias, mucho menos las mentiras. Si no encontraba qué decirle, quizá tendría que decirle la verdad…

Probablemente perdería a un amigo, ya que Yoochun parecía ser homofóbico…

Volvió a suspirar profundo, cuando de pronto logró ver de reojo una figura de pie en el marco de la puerta del balcón. Los vellos de su nuca se pararon en punta. Era inconfundible, además el aroma a colonia cara comenzaba a hacerse más fuerte en la habitación. Sintió su corazón latir a toda prisa, ni animándose a soltar el mueble por temor a que sus piernas temblorosas no fueran capaces de responder si lo hacía. Quería hablar, pero su boca se había secado de golpe, sólo abriéndose y cerrándose sin soltar ningún sonido.

Se armó de valor y, sin animarse a verlo de frente, trató de imprimir la confianza suficiente a su voz para que esta no temblara y el actor pudiera darse cuenta de lo que su sola presencia le causaba.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó, y suspiró de alivio en su interior al notar que su voz no se había quebrado.

—Vine a verte. —Él se notaba tan seguro como siempre, no había ningún tono molesto en su voz por lo que hubiera hecho. Quizá debería disculparse ahora y no cuando lo sacara a colación, porque era seguro que tarde o temprano lo haría y más valía hacerlo ahora y no cuando estuviera enojado.

—Si a lo que has venido es a que te dé una disculpa por casi matarte… —empezó sin voltear a verlo—. Está bien, me disculpo por lo sucedido. —se separó de la cómoda para andar hacia el centro de la habitación. Por lo menos ahí se sentía un poco más seguro porque la cercanía del actor le ponía nervioso.

Changmin no se movió de lugar, lo que le hizo sentir entre aliviado y desilusionado.

—Digamos que estamos a mano. —Esa afirmación le hizo voltear a verle sorprendido.

—¿Eh? —Pudo distinguir, bajo la tenue luz de la lámpara, que Changmin aún usaba el pantalón del uniforme y la camisa blanca del mismo arremangada hasta la mitad de los codos. Ya era muy tarde, ¿por qué no se había cambiado?

—Sí —respondió dando un paso al interior del cuarto, llevándose una de sus manos hasta el cuello para abrir un poco la camisa y mostrarle—. Yo dejé marcas en tus muñecas y tú las dejaste en mi cuello. Estamos a mano. —Jaejoong intentó enfocar la mirada para ver, pero la luz de la lámpara era insuficiente y no llegaba hasta el menor. Él pareció darse cuenta, porque se acercó un poco más al modelo de modo que pudiera apreciar mejor aquello.

Y era verdad. Jaejoong no sabía si la piel de Changmin era tan delicada como la suya, pero sabía que esas marcas color parduzco en torno a su cuello se iban a notar mañana. Quizá tendría que hacer lo mismo que él cuando le dejó aquel chupetón, aunque dudaba que el menor usara pañoletas para ocultarlas.

Entonces se dio cuenta de algo de lo que no se había percatado: Changmin estaba a centímetros de él. Su aroma y su calor llegaban a torrentes provocándole estremecimientos sin que tuviera que tocarle. Se apresuró a dar un paso atrás para alejarse, sintiendo el temblor de todo su cuerpo. No sabía si el actor se habría dado cuenta de ello, pero al alzar la mirada, se dio cuenta de aquella media sonrisa en el rostro ajeno.

«Se dio cuenta» notó alarmado.

Intentó alejarse, pero había sido demasiado tarde, la mano del actor le sujetó de la muñeca e impidió alejarse. Ese simple resultó peor que un rayo sobre su piel, que comenzó a cosquillear por todo su cuerpo haciéndole estremecer de pies a cabeza.  El susto le impulsó a gritar.

—¡Suéltame! —tiró del agarre, pero éste le sostenía tan fuerte que su muñeca lastimada por la soga dolió—. No quiero que me toques. —volvió a rugir, pero el castaño permaneció quieto, sin dar ninguna seña de querer soltarle.

—Mientes. Lo deseas tanto como yo, tú me amas —Jaejoong sintió el balde de agua helada caerle encima. ¿Cómo lo sabía?—. Tu cuerpo tiembla cuando te toco, te encienden mis besos y mis caricias. Me amas, y lo de anoche me lo demostró, pero no sé por qué maldita razón ahora me rechazas.

Jaejoong empezó a molestarse. ¡No podía ser tan transparente! ¿Cómo es que Changmin podía saber lo que sentía? ¡Sí, sí, lo amaba! Pero no era algo que fuese a decirle. De su boca jamás saldría un “Te amo” para alguien tan frío y ególatra como él.

—No, no te equivoques conmigo —elevó su tono de voz—. Lo de anoche fue sólo sexo, ¡sexo! —recalcó—. No hubo nada parecido al amor involucrado. Yo no siento nada por ti. Ah, no… sí. ¡TE ODIO! Te detesto, eres el ser más insoportable que jamás haya conocido. Jamás llegaré a sentir algo parecido al amor por ti. Podrás tomar mi cuerpo cuantas veces quieras, pero nunca de los nuncas obtendrás mi corazón.

Pero ni bien hubo terminado de hablar los ojos castaños centellearon de enojo, soltándole del brazo con brusquedad. Por un momento temió que el actor le fuese a golpear, pero no, Changmin sólo se puso a caminar en círculos sin decir nada, pensando en algo mientras mordía uno de sus nudillos. ¿Por qué estaría de esa forma? ¿Y él? ¿Él qué iba a hacer ahora? ¿Por qué le había dicho todas esas cosas que no quería decir? Quizá sólo buscaba herirlo para desquitarse por cómo se sentía. ¿Pero de qué había servido? Todo era mentira y lo sabía. Ahora sólo se sentía derrotado, sin fuerzas como para seguir en pie, terminando por mejor sentarse en la cama con la vista baja. Si Changmin no le quería, con lo que había dicho no le querría jamás.

«¡Diablos!» se recriminó mordiendo su labio inferior.

—Está bien —La fría voz de Changmin le hizo alzar la vista y toparse en directo con esa mirada que parecía haber sida cubierta por hielo—. Si estás poniendo los puntos sobre las ‘ies’, deberás ponerlos también sobre las ‘jotas’ —Jaejoong le miró extraño. ¿Qué quería decir con eso de poner los puntos?—. ¿Cuánto más vas a querer por tus… “servicios”?

—¿Qué? —Sus oscuros ojos quedaron del todo abiertos, sintiéndose cual si una daga le atravesara el corazón. ¿Dinero? ¿Estaba hablando de dinero?

—Sí, ¿o te vas a quedar sólo con los 400 millones de won? —Una daga más lanzada con certera puntería sobre su de por sí ya roto corazón. Quería comprarle, como lo había intentado desde un principio. Eso terminó por hacerle sacudir de su loca imaginación la idea de que Changmin le quisiese aunque fuera un poco. ¡Ese estúpido no iba a seguir haciéndole daño!

—¡Yo no quiero tu maldito dinero! —reclamó apretando tanto los ojos como sus puños sobre el regazo. Mandaría al fondo de su corazón lo que sentía por ese engreído, no permitiría que le siguiera humillando. No, no volvería a permitírselo.

—¿Ah no? ¿Entonces qué quieres? Y no me salgas con esa tontería de que quieres mi corazón, porque…

—Tú no tienes corazón —le interrumpió con voz gélida, colocándose de pie para encararlo. Sus ojos chispeaban por el enojo que aquellas palabras le habían hecho sentir—. Tú sólo tienes un maldito trozo de hielo en su lugar. No eres capaz de sentir nada por nadie, eres frío, arrogante, insensible, ególatra, y… —el modelo daba un paso con cada afirmación, apuntando con su índice el pecho del actor haciéndole retroceder. No obstante, este le tomó de la muñeca y lo jaló hasta sí para robarle un beso y callarlo.

—¿Y qué hay de ti? —inquirió clavando su mirada en la sorprendida del pelinegro—. Tú eres un gran mentiroso, un malcriado, no sabes perder y te gusta mentirte a ti mismo. Te gusta mostrarte como no eres, ante el mundo eres perfecto, pero esa perfección es sólo física.

—Yo jamás he dicho que soy perfecto, no soy como tú, maldito ególatra. —recriminó intentando soltarse.

—Muestras al mundo una sonrisa que es más falsa que un billete de 3,000 won. No eres feliz y aparentas todo lo contrario. —agregó sin soltarle, mandando su brazo a la espalda para evitar que siguiera moviéndose.

—Yo soy feliz a mi manera, sonrío para darme ánimos a mí mismo y a los demás. ¿Qué caso tiene poner tu cara de hielo ante las adversidades? ¿Qué no sabes que una sonrisa cuesta menos y da más luz?

—Mientes mucho y crees que tus mentiras son verdad. Por eso te las crees tú mismo.

—Yo jamás miento —alzó la voz volviendo a intentar safarse—. ¡Dime una cosa, una sola en la que te haya mentido! —desafió con coraje. Jamás decía mentiras, no entendía por qué decía aquello, podía preguntarle a quien fuera y todos le dirían lo mismo: Jaejoong jamás miente.

—En que me odias. Si me odiaras como dices no estarías temblando. —Esa afirmación le hizo callar abrupto, enrojeciendo de golpe. ¡Touché!

—¡Eres un maldito desgraciado!… —vociferó al sentirse atrapado, pero no, se negaba a demostrarle  que estaba en lo correcto.

—Sí, y también soy temerario —sonrió de medio lado—. Pudiste matarme y sin embargo, aquí estoy.

—¡No soy un asesino!

—No me refiero a esa clase de muerte.

—¿Entonces?…

Las manos del actor le tomaron con fuerza por la espalda, apretando su cuerpo contra el suyo y presionando sus labios contra los contrarios para evitarle seguir discutiendo. ¡Dios! Podía sentir la lengua del castaño insistiendo para que abriera la boca y le dejara entrar, su brazo dolía por la presión que Changmin ejercía y entonces, el dolor se incrementó cuando el menor le dobló un poco más el brazo. Abrió la boca para gritar, lo que le dio la oportunidad al actor para introducir su lengua y torturarle con ella, para probar y jugar con la suya, degustando el interior sin prisa de la misma sensual forma en que sólo él sabía hacer. Le hizo estremecer de pies a cabeza. Quería soltarse, liberarse de aquel que le tenía preso, pero su cuerpo no respondía, no a sus órdenes, sino al cuerpo que se ceñía contra él y le robaba los sentidos.

—Changmin… —murmuró quedó cuando se separaron para tomar un poco de aire, tratando de soltar aquellas manos que le apresaban, sin lograrlo.

—Si creías que no iba a volver estás equivocado. Volveré cada día y cada noche, cada madrugada o amanecer, después de que Yoochun escape por tu ventana y antes de que amanezca estaré aquí.

—No…

Siendo aventado contra la pared, se sintió apresado por la figura del actor sin cuidado. No podía ser que amara a un imbécil como Shim Changmin, pero su cuerpo respondía a las caricias, a esas manos que se deslizaban por su pecho desnudo, a esos labios que le arrancaban gemidos de placer al recorrer sugerentes su cuello. Su corazón latía a toda prisa, sus piernas amenazaban con no sostenerle entre temblores, su sangre quemaba en su interior y su miembro comenzaba a despertar. ¿Cómo negarse a la pasión que el actor sabía bien cómo despertar?

Su boca fue invadida de nuevo por unos labios fogosos que le obligaron a abrir los suyos para dejar introducir aquella lengua que enseguida jugó con la suya. Chupaba, mordía y degustaba a su antojo dentro de su boca, sabiendo exactamente cómo, cuándo y dónde tocar mientras besaba. Sus sentidos le estaban arrastrando, su razón se encontraba debatiéndose, pero desde hacía tiempo que había perdido.

No hay razón cuando los sentidos están tan vivos.

—¡Detente! —gimió al sentirse inflamar por dentro. No quería volver a caer, no debía ceder ante los deseos de su cuerpo, pero era casi imposible detenerlos cuando sentía las manos de Changmin moverse sobre él.

—Lo deseas… —Escuchó la ronca voz del actor arrastrarse por su piel—. Lo deseas y tu subconsciente habló por ti hace rato.

—No…

—“Puedes tomar mi cuerpo cuantas veces quieras”. ¿No fue eso lo que dijiste?

—Maldito témpano de hielo…

—Oh no, sabes bien que no lo soy… Y voy a demostrártelo ahora mismo.

—¡Changmin!

Sintió sus manos ser arrastradas hacia arriba y enrolladas sobre algo suave. ¿En qué momento habían llegado a la cama? ¿Estaban tan nublados sus sentidos que no se percató de a dónde lo había conducido el actor? ¡Sí! ¡Mil veces sí! No sabía a ciencia cierta qué era lo que sujetaba sus muñecas, pero sabía que no era la soga de la noche anterior; fuera como fuera, de nuevo era atado a la cama. Su cuerpo estaba tan inflamado de pasión que en lugar de gritar por ayuda, se encontró gimiendo de placer por los provocativos roces que provocaban los labios del menor recorriendo su pecho con besos cortos, mientras una de sus manos llegaba a sus tetillas para estimularle y se iba despojando de la camisa del uniforme para quedar sólo con los pantalones.

—¡Basta! —jadeó quedo y entrecortado. Su corazón latía al límite y su cuerpo se arqueaba buscando el calor que la figura de castaño emanaba.

Pero Changmin no le hizo caso, siguiendo con su tarea de llegar hasta el rosado pezón para rodearlo con sus labios, succionando y acariciando, golpeando con la punta de la lengua brevemente y rodeando con pequeños círculos para mordisquear la delicada zona. El golpeteo incesante y la succión continuaron durante un tiempo más, tras el cual continuó su recorrido por el pálido pecho hasta llegar al otro y repetir el proceso, haciéndole lanzar gemidos quedos mientras se retorcía de placer en su lugar.

—Te gusta esto, Jaejoong… —escuchó en tanto esos labios torturaban su pecho—. ¿Por qué no lo reconoces?

—No… Ah, no… —gimió quedo, más como reacción a lo que hacía el actor que a lo que decía—. ¿Por qué yo?…  —dejó al aire sin realmente meditarlo.

—Porque eres perfecto… —oyó murmurar.

Lentamente la mano del actor fue bajando, en tanto sus labios volvían a capturar los del mayor en un beso sensual y apasionado, que fue recibido por una boca entreabierta por cada gemido que escapaba de ella, deseosa y arrojada, respondiendo al beso que le era arrebatado. La mano de Changmin viajó ávida hasta las caderas de Jaejoong, introduciéndose por debajo del pantalón del pijama de camino a recorrer los glúteos del pelinegro con entera libertad, más tarde pasándose con movimientos insinuantes hasta la parte delantera.

—¡Ah! Changmin… No, Min… —gemía su nombre al sentir esos delgados dedos llegar hasta su miembro endurecido, enrollándose en torno a este—. No… —replicaba ante esos delirantes movimientos que empezaron lentos al inicio, para ir tomando fuerza y velocidad. ¿Por qué esas simples caricias le encendían tan rápido? ¿Por qué? ¿Qué tenía este hombre que encendía con tanta rapidez?

«Experiencia…» le respondió algo en su cabeza.

Volvió a dejar escapar un gemido de éxtasis a la sensación de aquella mano sobre él, retorciéndose una y otra vez por la maestría con la que era tomado. Sus manos se aferraban a la sábana enrollada en sus muñecas, pero el dolor ya no era agudo sino sólo el de la fricción sobre las viejas heridas. Apretaba sus labios con fuerza para evitar que los gemidos más fuertes lograran salir. Sabía que su vecino, del lado derecho, tenía el sueño pesado, pero gritar de manera tan sonora –más bien, gemir– podría despertarle y eso implicaría ser descubiertos irremediablemente.

—¿Quieres que continúe? —La voz del actor sobre el lóbulo de su oreja sonó ronca, haciéndole estremecer de pies a cabeza. ¿Cómo se atrevía a preguntarle semejante cosa? ¡No, no quería que parara! Pero tampoco quería decirle que no lo hiciera.

De cualquier modo no hizo falta esperar una respuesta. La mano de Changmin le deslizó el pijama hasta la punta de los pies, regresando después a la punta de su miembro que ya goteaba en necesidad; un segundo después, fue la boca del actor la que se posicionó sobre él para golpear el glande con la lengua. El estruendoso gemido abandonó la boca del pelinegro ante la sensación calurosa y envolvente que no tardó en rodear su excitación.

¿Acaso leía sus pensamientos?

Ávidamente, el menor fue suministrándole placer, subiendo y bajando con su boca, recorriendo con su lengua de arriba abajo, tocando en cada posible momento la punta de su miembro con la misma, rodeando y sumergiéndolo entero entre la abrazadora calidez de sus labios.

—Ah, ah… Changmin, ¡no! —gimió al no poder más. Su respiración era errática y agitada, su corazón amenazaba con salírsele del pecho y su cuerpo se perlaba en sudor mientras él sólo cerraba los ojos y disfrutaba de aquellas nuevas sensaciones. Sensaciones que nunca antes mujer alguna logró proporcionarle.

Sintió su sexo punzar con mayor fuerza en la boca de su amante –Sí, ¡SU AMANTE! Para qué negarlo– y supo que se vendría. La boca de Changmin fue moviéndose más rápido sobre su palpitante excitación, metiendo y sacando, subiendo y bajando en una danza continua, arrancándole gemidos extasiados que le hacían olvidar todo lo que le rodeaba y sentía. En ese momento sólo podía disfrutar de hacer el amor…

¿El amor?… Sí, el amor con su amante.

¿Qué importaba que Changmin pareciera odiarle? ¿Qué importaba que amara a un frío y ególatra actor? ¿Qué importaba que todo fuera a terminar tarde o temprano? ¿Qué importaba eso ahora?…

Cuando se dio cuenta, las manos del castaño ya viajaban para colarse a su parte trasera, una de ellas acariciando la piel lisa de sus glúteos mientras la otra se colaba en dirección a su entrada. Gimió fuerte ante la repentina sensación de intrusión en su cuerpo, arqueándose como si con eso pudiera evitarla, pero esta quedó pronto en el olvido gracias a las atenciones de aquella boca maestra sobre su miembro casi realizado.

Inmóvil, aquel dedo había permanecido quieto hasta que el mayor se acostumbrara a la invasión, tras lo cual empezó a deslizarse lento, en medio de un movimiento envolvente que fue tomando forma de adentro hacia afuera, entrando y saliendo en medio de quejidos placenteros por parte del pelinegro. Quería apretar los labios, pero sólo conseguía tirar más de la tela en sus muñecas. Muy pronto sintió un segundo dedo hacerle compañía al segundo, y la sofocación fue tal que antes de darse cuenta sus caderas ya se movían de manera rítmica, lenta y sensual. Cuando el tercer dedo llegó, su cuerpo sufrió una intensa sacudida junto a un gemido más fuerte, así como la realización de su excitación dentro de la boca del menor.

Su respiración era agitada cuando sintió los labios de Changmin capturar los suyos en un beso urgente y hambriento, dejándole compartir un sabor almizclado que no supo identificar al principio, pero que de inmediato imaginó de dónde provenía.

Era la primera vez que probaba algo como eso, tan dulce y embriagante…

Ambas respiraciones lucieron igual de excitadas. Aún podía sentir los dedos de Changmin en su interior, moviéndose de adentro hacia fuera con facilidad, haciendo que el deseo creciera más que su resistencia ante la danza ávida y continua en su interior. Un punto, una parte estratégica en su interior que desconocía fue rozada obligándole a retorcerse y gemir de placer, pero no se detuvo ahí; volvió a golpear esa zona una vez más, y su cuerpo se arqueó, revolviéndose en su lugar una y otra vez.

Changmin retiró sus dígitos en ese momento, recibiendo a cambio un gemido de protesta de parte del modelo.

—Necesito retirarme los pantalones, ¿o prefieres que lo dejemos aquí?

—¡Eres un maldito desgraciado, imbécil, insensible, ególatra…!

—Está bien, ya entendí.

Sus labios fueron capturados nuevamente, en tanto sus piernas iban siendo abiertas para que el menor fuera colocándose entre ellas, la excitación rozando su entrada. Se sintió de pronto temeroso ante el dolor que había sentido la noche anterior, aunque poco a poco la pasión y el placer fueron haciéndole olvidar. Changmin pareció notarlo, porque ahondó en el beso, mandando al fondo de su corazón por un momento lo que seguía. Y lentamente, sumergió sólo la punta. Jaejoong soltó un quejido ahogado entre el beso, identificando de nueva cuenta el uso de un condón lubricado, lo que le hacía menos dolorosa la intrusión en tan estrecha cavidad. En ese momento, Changmin entró en él de una sola arremetida, arrancándole un fuerte gemido que quedó ahogado contra la boca del actor.

El placer era infinito e increíble, como ser transportado al cielo. Rápido, el poco dolor restante se fue diluyendo hasta hacerle levantar las piernas para rodear con ellas el cuerpo del menor, moviéndose a su compás. Era imposible que dos hombres se amoldaran tan bien y sin embargo, lo hacían.

Changmin comenzó a moverse con Jaejoong, saliendo levemente de su entrada hasta dejar la punta dentro, para enterrarse más tarde con una rápida embestida. El modelo se arqueó casi en su totalidad, con una flexibilidad que jamás pensó poseyera –aunque para eso estudiaba danza–, y abriendo la boca fue que empezaron a salir esos audibles gemidos a los que ya se estaba acostumbrando mientras el actor continuaba entrando y saliendo, una y otra vez.

—Jaejoong… —escuchó su nombre pronunciado en voz ronca, el sudor cayendo a su estómago brindándole deliciosos estremecimientos. Su propio cuerpo escurría de una calurosa transpiración.

—Changmin… —escapaba de sus labios con tal sensualidad y urgencia entre cada profundo empujón. Cada arremetida que lanzaba olas de infinito placer por su anatomía, apresurando su respiración y deseo, despertando de nueva cuenta su propia excitación—. ¡Ah, ChangMin!… —Una y otra vez, ese hombre hacía posesión de sus labios, cada vez con más necesidad.

El nivel, la fuerza y la velocidad fue aumentando en cada arremetida, el placer y los gemidos creciendo a cada paso. La sofocación incontrolable.

Jaejoong sintió su miembro despertar y moverse con necesidad, y Changmin pareció leerle la mente, porque de inmediato lo tomó con una mano para masturbarle al mismo ritmo de las embestidas.

—¡Changmin!… ¡Ah…! —gimió de placer sin poder contenerse, dando fin a sus últimas resistencias. Su cuerpo se tensó una vez más, y con una fuerte sacudida terminó por correrse en la mano de su amante, salpicando tantos sus dedos como estómago con su semilla. Un momento después, pudo sentir las mismas convulsiones en el cuerpo de Changmin, con las cuales y tras un profundo gemido gutural, su semilla salía disparada a su interior, siendo contenida por el plástico del condón.

El menor se desplomó sobre su cuerpo, mientras Jaejoong se sentía morir de nuevo. Otra vez, su cuerpo había reaccionado. ¿Pero cómo pararlo? Changmin le había tomado, haciéndole el amor a su manera. ¿No era eso lo que le había dicho a su amigo? Entonces no había de qué quejarse.

«Yo me lo busqué… y sin embargo, ahora no me importa»

Sintió el cuerpo de Changmin estirarse para soltarle de la sábana con la que le había mantenido atado a la cama. Los brazos le dolían, de nuevo. Pero la sensación placentera continuaba en su cuerpo. No cabía duda que el chico era excepcional, un verdadero maestro en la cama.

—No le… —empezó a escucharle, pero le interrumpió.

—Ya lo sé —No quería escucharlo. No quería terminar sintiéndose una basura, como la noche anterior—. ¿Quieres sólo guardar silencio y dejarme dormir? Muero de sueño. —cerró los ojos.

—Está bien, sólo descanso un poco y me iré. Espero que tengas la misma fuerza mañana. —comentó al jalar la sábana que había usado como soga para cubrirlos a ambos con ella.

—¿Mañana? —repitió abriendo los ojos con sorpresa.

—Mañana y pasado, y el siguiente día después de ese. I’ll be back. Te lo dije.

—¡Dios, estoy con Terminator! —ahogó agotado.

«No importa que me tome de esta forma» suspiró fuertemente dándole la espalda al menor. «Sólo sexo, me lo dijo. Jamás mintió. Ahora sé lo que sienten aquellas chicas en el bar» cerró los ojos tratando de descansar.

Podía sentir la tibieza que aquel cuerpo desnudo le proporcionaba, pero era sólo eso, la frialdad que con cada palabra le transmitía no se derretiría sólo porque su cuerpo ardía.

«Si es la única forma de tenerle… si es la única forma de amarle… No me importa…» se dijo por último, antes de dejarse caer preso del sueño y el cansancio que todo el acto le había causado.


De todas formas, más temprano que tarde, todo iba a terminar…



 ❥ Fin del Capítulo Diez.



—.—.—



Capítulo corto, salió más rápido, kkk. 

Jaejoong se ha resignado, ush. ¿Cómo creen que vaya a terminar todo esto? Aguarden, todavía faltan un par de sorpresas más en esta historia ~


3 comentarios:

Anónimo dijo...

OMG! esto esto se puso muy interesante adfsasdfas Min acepta que estas ya enromado de Jaejoong.

No aguanto mas necesito saber mas de la dichosa venganza y fasdfsad como va terminar esto o Goshh y cuando todos se enteren adfasdfasdfsd la espera me va matar

Gracias por el capitulo espero el proximo con muchas ansias

Junsa dijo...

O.O cada vez esta mejor.. porfa actualiza u.u

Anónimo dijo...

Es mucho tiempo sin actualizar :c

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